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Se muestran los artículos pertenecientes al tema sectas despreciables.

LOS ROBOS DE LA IGLESIA Y LA COMPLICIDAD DEL GOBIERNO INTRUSO.

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La democracia es una cuestión de principios, no de mayorías. Hasta que no asumamos esta incontrovertible realidad de filosofía política nunca alcanzaremos la verdera democracia ni podremos librarnos de las indeseables interferencias de ideologías involucionistas y antidemocráticas como el nacional-catolicismo-liberal-capitalista que las corruptas y parasitarias élites oligárquicas de España han impuesto como lugar común de un régimen, el de 1978, que difícilmente puede considerarse democrático y en modo alguno legítimo. 

De esa ilegitimidad manifiesta y de la ideología teocrático-dictatorial que la sustenta, surgen infinidad de actos criminales, abusivos, inmorales y despreciables que pasan como normales y hasta justos. Uno de ellos, sin duda, es la permisividad con la delincuencia organizada que la iglesia católica, constituida en verdadera mafia, ejerce atentando contra el pueblo, la libertad, el patrimonio público, la integridad moral de los ciudadanos y, en conjunto, contra la democracia en su máxima expresión política, social y filosófica. 

No hablaré aquí de los constantes robos de niños tolerados no solo por el franquismo y nunca investigados ni juzgados adecuadamente (ni siquiera en este malhadado siglo XXI), tampoco de la inmundicia del lavado de cerebro que representa la llamada "educación religiosa" ni el acto de prevaricación contínua que comete el gobierno intruso que padecemos detrayendo recursos de la pública para fomentar la más radical y contrarreformista enseñanza católica. No, no hablaré de estos despreciables crímenes ni de otros semejantes.

En este artículo nos centraremos en los atentados contra el patrimonio histórico que con la connivencia de este y pasados gobiernos intrusos el ilegítimo régimen está tolerando efectuar, en calidad de estafa, a la iglesia católica y por cuya responsabilidad algún día deberán ser castigados con la máxima dureza todos los culpables, sin excepción, sean políticos o jerarcas más o menos destacados de la secta católica. 

En realidad el robo de patrimonio está en el adn de la iglesia. En los evangelios vemos al mismo dios castigando con la muerte a un matrimonio de la secta que habiendo sido empujado a vender su patrimonio por los apóstoles, tuvo la sensata idea de quedarse con parte del dinero obtenido. Ya en plena época histórica, en el siglo IV, nos encontramos nada más y nada menos que a tres santos sinvergüenzas (San Jerónimo, San Ambrosio y San Agustín) participando en la estafa a Piniano y Melania. Las invasiones de Atila tuvieron su origen en el saqueo de las tumbas de sus antepasados a mano de una turba de monjes dirigidos por un obispo...más adelante, ya en plena edad media, las estafas y robos se sucedieron. Sin ir más lejos tenemos la llamada "Donación de Constantino" una monumental falsificación documental para engañar a Carlomagno y sacarle la mitad de Italia. ¿Más?...por supuesto que hay más: los monasterios medievales fueron a menudo centro de falsificación de documentos para arrebatar tierras a señores y reyes y para someter villas libres al dominio eclesiástico. Y encontramos también otros medios coercitivos tales como excomulgar o presionar a los propietarios haciéndolos peregrinar a Compostela o marchar a las cruzadas dejando sus posesiones en manos de la iglesia durante su ausencia. En ese tiempo las rentas devengadas pasaban principalmente a manos de los administradores eclesiásticos a los que había que contentar, al regreso, con la donación de parte de las tierras y posesiones administradas para evitar  en la medida de lo posible nuevos ataques. 

En una institución como esta, que ha ejercitado siempre la extorsión, la estafa y el robo descarado no es de extrañar que aprovechara el triunfo lo que ellos siguen considerando "cruzada de 1936" y que en realidad fue un maquiavélico plan de la iglesia y la oligarquía aliada con ella para el genocidio del pueblo que empezaba a liberarse de su yugo, para seguir robando. De ahí la famosa ley franquista de 1946 que permitía la inmatriculación de bienes cuya posesión inmemorial hasta entonces correspondía al pueblo y no a la iglesia. En el fondo se trató de un robo más, una estafa más favorecida por la parasitación del estado. Pero hay que decir que esta ley, dado que es antidemocrática, puesta en vigor por un régimen ilegítimo y que atenta directamente contra toda noción de justicia y derecho, no tuvo ni tiene ninguna validez legal debiéndose considerar nulos todos sus efectos. 

Lo mismo sucede con las actualizaciones de la misma llevadas a cabo por los gobiernos nacional-católicos e intrusos de Aznar y Rajoy que en su momento, como queda consignado más arriba, deberán afrontar sus responsabilidades criminales ante tribunales del pueblo, junto con todos sus cómplices. También por la actualización de esas "leyes" que permiten el robo y la estafa a la secta en la que militan.

Finalmente hay que establecer como principio democrático indiscutible que el patrimonio cultural es propiedad del pueblo y en modo alguno puede reconocerse sobre él propiedad privada de ningún tipo, menos aún de una secta con amplio historial delictivo y de traición a España. Y, por supuesto, dicho patrimonio no debe quedar al albur de los rituales de dicha secta sino ser puesto al servicio del bien común a través de su utilización cultural, social o lúdica. Hasta que este principio no sea rector de las actuaciones políticas y jurídicas no viviremos en una verdadera democracia. 

PD.- Por cierto, otro de los ilegítimos y delictivos (por antidemocráticos y por representar uno de los efectos de la parasitación del estado por la secta y las oligarquías a ella afectas) privilegios de la iglesia católica en España es el recibir dinero del estado y mantener todo tipo de negocios turbios sin pagar impuestos, naturalmente la primera medida de una verdadera democracia será cobrar, con los recargos debidos, todos esos impuestos escamoteados. Mientras tanto, como están en deuda con el pueblo es lícito que este ocupe y administre en régimen colectivo para la consecución de una verdadera democracia todos aquellos bienes usurpados y robados. Allí donde el estado incumple sus obligaciones es labor del pueblo soberano en uso de sus derechos democráticos restablecer el orden.  

NOTA.- La fotografía es de 122.

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EGIPTO Y LA CIVILIZACIÓN.

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El fundamentalismo religioso en cualquiera de sus formas y de sus grados no solamente resulta incompatible con la democracia verdadera y con el progreso social y personal, además es inmoral.

Desde el mismo instante en que somos fruto de la evolución nuestra obligación moral es el progreso ético e intelectual tanto como individuos cuanto como especie y sociedad. El integrismo religioso, al negar la evolución, introducir factores irracionales en el análisis filosófico, social y ético y tender al inmobilismo conculca de raíz la principal obligación moral del ser humano en cuanto individuo y especie y se convierte por lo tanto en una rémora a eliminar, en una condición indigna, indeseable e inmoral que debe combatirse con la máxima energía y sin concesiones.

Cualquier concesión al integrismo religioso (y en esa categoría entra la mal llamada libertad religiosa de los regímenes liberal-parlamentarios) es de facto antidemocrática, indeseable e inmoral. Contraria en todo caso a la evolución de la especie y a la salud intelectual y moral de los individuos y de la sociedad que conforman.

Desde esta perspectiva verdaderamente democrática y no desde la siempre contraproducente y despreciable óptica liberal es desde la que tenemos que conceptuar y analizar lo que estos días está sucediendo en Egipto.

Los propagandistas del liberalismo dominante, que lo son también de la criptoteocracia que configura su esencia más íntima de raíz calvinista, y llaman indebidamente democracia a lo que no es sino parlamentarismo de raíz protestante y configuración medieval, tratan de vender la equivocada idea de que la democracia se basa en las mayorías (siempre ignorantes y manipulables) y en el "respeto" (en realidad acatamiento)  a las imposiciones de la teocracia sobre la sociedad. Naturalmente se equivocan desde un punto de vista filosófico y desde un punto de vista político y social son conscientemente culpables de defender una perspectiva retrógrada y totalitaria que, tolerando manifiestas teocracias periféricas en el llamado tercer mundo les permite a ellos imponer una criptoteocracia (que justifica la estructura piramidal, clasista y desigual de la sociedad) en los países centrales que controlan, las mal llamadas democracias occidentales que no son, insisto, sino regímenes parlamentarios de ideología monolítica porque el liberalismo es totalitario y unívoco no permitiendo la disidencia.

En esa tesitura los propagandistas del liberal-capitalismo, para justificar sus posturas en "occidente" y asentar sus presupuestos ideológicos, en todo contrarios a la democracia verdadera y al progreso social y como especie, van a aplicar sus herrumbrosos esquemas a lo que está sucediendo en Egipto.

Primeramente insistirán en defender una institución tan manipulable y potencialmente antidemocrática como las elecciones de corte parlamentario liberal. Dirán luego que acatar la voluntad mayoritaria de la población es la esencia de la democracia y esgrimirán contra el gobierno y el ejército egipcios la falsa tesis de la libertad religiosa. Pero no nos debemos dejar engañar.

La democracia, si es verdadera, no es una cuestión de mayorías sino de posicionamiento moral. La democracia es igualitaria y progresista, tiene la misión de sacar a la especie humana de las tinieblas de sus condicionamientos teocráticos y conducirla por la senda de la civilización. No existe, como quieren hacernos creer desde los búnkeres liberales (y religiosos, puesto que el liberalismo es la faceta política del calvinismo radical), una lucha entre el bien y el mal sino entre la civilización y la barbarie.

El fundamentalismo religioso, especialmente el judeo-cristiano-islámico, que transmite ideología fosilizada en la edad del bronce, representa la barbarie y no puede dársele voz en el concierto de la verdadera democracia. Da lo mismo que los fundamentalistas sean cuatro sectarios en un rancho apartado o que sean millones, la mayoría de la población. En cualquier caso el radicalismo religioso ni tiene ni debe tener voz en un estado verdaderamente democrático que está obligado a combatirlo constante y eficazmente por supuesto a través de la educación y la formación de un pueblo abandonado durante siglos, milenios a veces, al lavado de cerebro de las despreciables sectas yahvistas, pero si las circunstancias lo requieren (y en Egipto lo requieren, como lo requieren en Estados Unidos y Europa) lo moral y lo democrático es recurrir a soluciones expeditivas. Un fundamentalista religioso no es un ser humano, es una célula cancerígena que debe eliminarse para asegurar la salud de la sociedad y de la especie en la que se enquista. Carece, pues, de derechos.

Lo que estamos viendo en Egipto ( y desgraciadamente no vemos en las llamadas democracias occidentales) es una lucha entre la civilización, representada por la parte más sana de la sociedad, y la barbarie, representada por los Hermanos Musulmanes. Y en este caso lo democrático (lo verdaderamente democrático, olvidemos la propaganda del totalitarismo liberal) es cortar por lo sano.

Esperemos que podamos hacer lo mismo en Europa y Estados Unidos en algún momento no demasiado lejano del futuro.

 NOTA.- La fotografía es de Cliff Hellis.

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EL PAPA PACO.

Ya tienen los sectarios católicos un nuevo jefe. Y el nuevo jefe tiene las manos manchadas de sangre. Es un colaborador de la sangrienta dictadura argentina que hizo torturar, asesinar y desaparecer a miles de ciudadanos por el mero hecho de defender la justicia social, la independencia nacional y la libertad personal.

Si fuera una excepción...pero la pregunta es: ¿ha habido alguna dictadura fascista y capitalista, algún movimiento oscuro del imperialismo, algún plan organizado de genocidio contra defensores de la libertad y la justicia social, alguna matanza contra el pueblo en la que los católicos no se hayan manchado las manos en el siglo XX?...¿Ha habido algún crimen (citemos las violaciones y el robo de niños, el blanqueo de dinero a través del banco del Vaticano, las connivencias con la CIA en los años más salvajes de la estrategia de la tensión, de la red gladio, del narcotráfico institucional, la connivencia con la mafia a través de la Democracia Cristiana...y tantos otros) en los que los católicos no se hayan manchado hasta impregnarse del más nauseabundo hedor del demonio?...

El nuevo papa, ese tal Francisco, Paco para los amigos, es un criminal, un asesino, un enemigo de su pueblo, un enemigo de la libertad, la razón y la justicia, un cómplice del imperialismo y del fascismo más abyecto, en suma: un cabronazo hijo de puta.

Pero ¿cabía esperar otra cosa? ¿hay algún cardenal, arzobispo, obispo, provincial o jerarca católico que no sea un indeseable?...

...Y, por cierto, católicos practicantes y no practicantes: todos sois culpables, todos sois cómplices de los crímenes y abusos de la secta a la que pertenecéis y a la que sustentáis...¿hasta cuando seguiréis militando en esa mierda?

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SIETE MILLONES Y CUARTO DE PROBLEMAS.

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7260138...ese es el número de "españoles" que, según el ministerio de hacienda, tachó el año pasado la casilla (absurda, indebida, antidemocrática, oscurantista y claramente perjudicial) que financia directamente a la secta católica. Entrecomillo lo de españoles porque nadie que ayude a financiar una secta perjudicial para España a lo largo de toda su historia y que, para más inri, fija su centro jerárquico fuera de la península dibujando un esquema piramidal supranacional, puede ser considerado español. Ni bueno ni malo. Quien es cristiano (o musulmán o budista o lo que sea) antes que español no merece ni la nacionalidad ni el título.

Ya sabemos que el estado español es una tiranía ilegítima porque se encuentra al servicio de los intereses de la banca y de las multinacionales extranjeras y no del bien común de los españoles. Pero no solo por ese motivo, ya de por sí bastante grave, cabe poner en solfa la legitimidad de esa partitocracia parlamentarista que solo desde una estulticia benevolente puede considerarse remotamente una democracia.

La democracia, más que una difinición política, es un concepto moral. No se basa tanto en las formas cuanto en sus consecuencias sociales. La verdadera democracia debe cumplir, para serlo, dos requisitos fundamentales: estar al servicio de la comunidad estableciendo reglas de juego justas e igualitarias y combatir el oscurantismo en todas sus formas. Un estado verdaderamente democrático no puede ser en modo alguno neutral (y mucho menos complaciente) con las sectas religiosas, menos aún si son tradicionalmente destructivas y contrarias a la civilización como lo es el cristianismo. Importa muy poco el número de seguidores con que cuente una secta. La cualidad y no la cantidad es la base ideológica de una verdadera democracia. Y considerar lo contrario, como ahora ocurre, es una perversión interesada del concepto democrático, es un modo de atentar contra la civilización y el progreso favoreciendo la teocracia.

Puesto que la legalidad internacional (empezando por la Declaración de los Derechos Humanos) viene dictada por un imperialismo teocrático cual es el anglosajón, obviamente dicha legalidad (claramente inmoral e ilegítima) favorece la teocracia encubierta perjudicando la difusión del progreso y la civilización en todo el mundo. Y esto es particularmente evidente en un país como España donde a la par que se permite la proliferación de sectas invasoras de las que antes estábamos libres (islam, evangelismo...) en virtud de esa contraproducente legislación internacional proteocrática, se favorece la preeminencia de otra secta no menos perjudicial y enemiga de la libertad, la salud mental, el buen orden, el progreso y la civilización como es el catolicismo.

Que esta secta despreciable haya detentado un poder omnímodo en el pasado no es excusa, más bien acicate en contrario, para tolerar una situación de privilegio como la existente. El poder adquirido por el catolicismo en España, en todo occidente, no procede, como sus propagandistas pretenden hacer creer, de una conversión masiva, pacífica e irreversible. Antes al contrario el dominio eclesiástico se labró en todo occidente y en España mediante la violencia (en el siglo VI, por ejemplo, se legisló azotar hasta la muerte a quien no acudiese a misa los domingos, vinieron luego las hogueras de la inquisición, la censura eclesiástica...), la estafa y el lavado de cerebro. En esta misma sección analizaremos en un futuro no lejano hasta qué punto ceremonias como la misa participan de los elementos sectarios del lavado de cerebro (por no hablar ya de la "educación" que se convierte en manos de estos sucios elementos en perversión de la juventud a cuyos miembros se les inculcan como verdades falsos mitos, mentiras históricas y una serie de tabúes ridículos basados en una ideología enfermiza y anquilosada)...por el momento queda apuntado el hecho.

Pero el hecho verdaderamente grave no es tanto que un estado ilegítimo, tiránico y proteocrático como el establecido en España con la constitución de 1978 financie a las sectas que debería combatir de ser una verdadera democracia y permita, además, una financiación privilegia y el acceso a parcelas de poder que deberían estarle vetadas (en el ámbito educativo, en el financiero...en tantos otros) a la secta dominante. El hecho verdaderamente grave es que dicha secta disponga de más de siete millones de acólitos dispuestos a financiarla. Algo se ha hecho muy mal, y evidencia que no vivimos en una verdadera democracia, si a estas alturas sigue habiendo número tan crecido de sectarios católicos activos en España. Así las cosas no es de extrañar que en este país ¡en pleno siglo XXI! sigan sucediendo hechos extemporáneos, más dignos de la edad media, como que continuen fundándose órdenes religiosas (y por supuesto adscritas ideológicamente a la ultraderecha más extrema) o que partidos confesionales como el PP, que a la par incorporan no solo la herencia nauseabunda del nacional-catolicismo y la hedionda de la democracia-cristiana (vocablo que en si mismo representa un contrasentido: el cristianismo es lo más opuesto, junto con el resto de las sectas semitas a la democracia) sino también los resabios teocráticos de la ultraderecha calvinista norteamericana, sigan siendo opciones mayoritarias y capaces, a pesar de su corrupción intrínseca, de sus postulados políticos antidemocráticos (en cuanto religiosos y afines al dominio del gran capital sobre los intereses generales), de llegar a alcanzar el gobierno.

El camino hacia la verdadera democracia, que obviamente es incompatible con el actual régimen, pasa indefectiblemente por resolver cada uno de esos siete millones y cuarto de problemas que genera la secta predominante. Hay que partir de la base de que son enfermos mentales, gente a la que la secta  ha lavado el cerebro desde la infancia mediante su implicación en la enseñanza (los sectarios semitas deben ser apartados a la mayor brevedad de la infancia y la juventud) y sigue haciéndolo tanto a través de sus actos de propaganda litúrgica (misas, procesiones, catequesis diversas...) como mediática. Es importante partir de esa base porque conviene tener en cuenta que los enfermos mentales no pueden tener ni opinión ni voto válido. No son sujetos políticos sino objeto de reeducación inmediata.

Ahora ya lo sabemos, y disponemos de sus nombres y apellidos: tenemos 7260138 enfermos mentales, alobados del catolicismo, que deberán ser redimidos de sus mutilaciones psíquicas para alcanzar la condición de ciudadanos. Ningún régimen será verdaderamente democrático hasta que no aborde dicha reeducación e impida no solo que la infraestructura de la secta sino los propios padres contaminen a las nuevas generaciones con sus supersticiones despreciables y contrarias a la civilización y el progreso.

Hay mucho trabajo por hacer.

 

NOTA:- la fotografía es de Conarte69

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