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LA CHORRADA DE LA ESPAÑA FEDERAL

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El PSOE es una secta de oportunistas desnortados, una gangrena supurante que amenaza con corroer las entrañas de España y de la que no puede esperarse sino un cúmulo de toxinas que acaben por envenenar un organismo ya moribundo a causa de la iniquidad culpable y criminal de los vendepatrias oligárquicos del PP.

El PSOE es un partido (ya el mero hecho de ser un partido lo situa en la antidemocracia, en el intento de secuestro del bien común por parte de una facción dentro del amañado sistema del sufragismo liberal) de derechas que no quiere, por pura estética, parecerlo. Es la reencarnación del Partido Liberal en el neoturnismo del ilegítimo régimen de 1978 y lucha con todas sus fuerzas por ocultar su verdadero papel institucional (tan alejado de la democracia y de su origen como elemento dinamizador del asalto de la mayoría social al reducto del poder oligárquico) y por encontrar una "personalidad" propia que lo diferencie de su gemelo: el Partido Popular. En ese campo el erigirse en adalid de "lo progre" ojo: no del progreso ni del progresismo, ni siquiera de la modernidad o la vanguardia ideológica o social, solo de la impostura "pogre" de los burgueses (y asimilados) de mentalidad atrasada y conservadora, defendiendo un laicismo descafeinado, un feminismo radical pero viciado de ideología puritana y reaccionaria y con instintos filonazis aplicables después al conjunto de la legislación y la acción política, con la repetición de mantras y eslóganes vacíos de significado real y la cesión a los intereses oligárquicos tanto centralistas como periféricos le confiere un perfil en apariencia más moderado y diferente al del PP.

Pero, precisamente, esa necesidad de presentar una faz diferente para la misma realidad ideológica, social y política es lo que convierte al PSOE en un zombi, en una aberración política de la que no cabe esperar sino desgracias y decisiones que conduzcan al desastre de España.  

Ahora, en esa deriva absurda, peligrosa (y colindante con la traición a España y al pueblo y que deberá ser juzgada y castigada con dureza cuando se restablezca el orden en este país) le ha dado a sus jerifaltes por defender una España federal, lo que en la práctica es ceder a las fabulaciones históricas (e histéricas) de las oligarquías periféricas, especialmente la catalana y la vasca, y ahondar en el fracaso del estado liberal del que el PSOE es partícipe, fautor y cómplice. 

Ya explicamos esto hace poco en estas mismas páginas en un artículo titulado Los Pujol y la Falacia del Independentismo. No obstante resumiremos de nuevo la idea general. 

Los nacionalismos catalán y vasco nacen de una contradicción de intereses económicos entre los oligarcas de esas regiones y los de Madrid. Mientras estos últimos ,con una base económica eminentemente agraria, defendían el libre comercio y la caída de aranceles para enriquecerse con las crisis de la Guerra de Crimea, la filoxera y aún la Primera Guerra Mundial, los otros, cuya base económica eran las manufacturas, defendían el proteccionismo para no tener que competir con las industrias extranjeras (especialmente inglesas, francesas y alemanas). 

Para sustanciar su oposición a la oligarquía de Madrid las periféricas procedieron a reinterpretar la historia (es decir: a inventársela directamente) sobre las bases liberales y conservadoras del romanticismo creando unas fabulaciones que décadas, ya más de un siglo, de propaganda han convertido por el método goebbliano de repetir las mentiras hasta que son tomadas por verdades y de lavar el cerebro de las masas con esas mentiras desde la escuela y mediante todos los aparatos de propaganda posible (universidad, medios de comunicación, etc...) hasta que se convierten en dogma de fe, en realidades indiscutibles. 

Es en eso: en la repetición e imposición de las mentiras "históricas" en lo que se basan el nacionalismo catalán y vasco. Y esos nacionalismos encubren, simplemente, los intereses mafiosos de las oligarquías beneficiadas por ellos (como enseña perfectamente el caso de los Pujol). Por lo tanto cualquier cesión al poder de esas mentiras en la calle o las instituciones es un acto de traición a España y al pueblo y un error político inaceptable. 

Negar la independiencia de una parte de España pero ceder al poder oligárquico regional proponiendo una articulación federal del país es una abdicación de la verdad histórica, de los deberes patrióticos y de la integridad moral y política. Al hacerlo el PSOE demuestra su ceguera, su oportunismo y su inadecuación como instrumento de avance político. 

Por supuesto que el centralismo monolítico que defiende la oligarquía mesetaria no es una opción de futuro pero ceder a los intereses de las oligarquías periféricas tampoco. 

Aquí el problema no es de nacionalismos, secesiones y articulaciones territoriales, el problema es social y político: hablamos del fracaso del estado liberal en España, de la necesidad de sustituirlo y del absoluto imperativo democrático de eliminar a las oligarquías central y periféricas bajo nuevas bases de acción y unidad popular y socialista. 

Hemos de construir un estado nuevo, una democracia verdadera que como tal no puede ser liberal ni capitalista sino socialista e igualitaria y que desde luego no debe admitir la imposición de las fabulaciones ideológicas e "históricas" de las oligarquías que instrumentaron el fracasado estado liberal. Hemos de alcanzar un nuevo horizonte de unidad social y de avance político y ello pasa, indefectiblemente, por destruir el ilegítimo régimen de 1978 (incluyendo la tolerancia con los nacionalismos secesionistas) y establecer, por las malas si es preciso (mal que nos pese la tiranía fue siempre la antesala de la democracia), un nuevo discurso político, social y nacional. 

NOTA.- La fotografía es de Qsimple y es una buena metáfora sobre el bipartidismo del régimen: una morena y una rubia para vendernos la moto, o el coche, que tanto da.

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LOS PUJOL Y LA FALACIA DEL INDEPENDENTISMO.

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¿Quedarán independentistas en Cataluña después de la irrupción del Caso Pujol en la vida pública? Es evidente que sí. El fanatismo y la estupidez dificilmente atienden a razones y los memos tienden a abundar más que las personas sensatas sobre todo cuando el estado liberal ha tolerado durante demasiado tiempo un régimen escolar de lavado de cerebro y adoctrinamiento antiespañol en las escuelas, institutos, universidades y medios propagandísticos controlados por la oligarquía catalana.

No obstante el Caso Pujol permite contemplar en toda su impudicia el funcionamiento mafioso de la oligarquía catalana y comprender los verdaderos motivos que subyacen en sus demandas de independencia. 

Si la independencia catalana efectivamente se produjera ni los Pujol ni sus cómplices se verían en la tesitura de responder ante nada ni ante nadie. No existirían contrapesos a su poder, no habría instancias superiores que pudieran contralarles, jueces y policia (el cuerpo de los mozos de escuadra tiene todos los componentes de una policía política, corrupta, protofascista y represora al servicio de los intereses de la oligarquía catalana y, por lo tanto, destinada a sojuzgar al pueblo) estarían bajo el directo control de los mafiosos, como lo estarían todos los medios de propaganda y el fanatismo del falso nacionalismo catalán serviría para acallar cualquier voz disidente. 

La independencia que la oligarquía catalana desea y que muchos estúpidos de clase media y obrera aceptan comulgando con ruedas de molino es la instauración de un régimen tercermundista en el que las veinte o treinta familias de siempre acumulen todos los privilegios, manejen toda la riqueza y dominen despóticamente al resto de la población convertida en simples súbditos con obligaciones pero sin derechos.

Una Cataluña independiente se parecería más a la República Centroafricana de Bokassa que a cualquier país europeo, así nos lo indica con perfecta nitidez el Caso Pujol y todos los demás de corrupción que afectan no solo a CiU sino a todo el entramado independentista. 

Así las cosas la inevitable guerra que seguiría a la declaración independentista sería sobre todo una guerra de liberación popular y de saneamiento democrático que indudablemente exigiría la eliminación directa de cualquier elemento corrupto, la confección de una tábula rasa sobre la que volver a construir una región (que no debería denominarse Cataluña, a fin de cuentas nombre contingente, innecesario, que no significa históricamente otra cosa que la acumulación de condados sometidos a los carolingios en la Marca Hispánica que luego pasaron a ser controlados por Aragón y que ha quedado desacreditado a causa de su utilización "nacionalista" por la mafia oligárquica catalana para justificar sus desafueros) democráticamente sana, igualitaria, justa y libre de las miasmas de las falsedades históricas del llamado nacionalismo de la corrupta oligarquía barcelonesa, el puñado de familias que, en beneficio propio, vienen ensuciando y pudriendo la españolidad de Barcelona y su entorno desde el siglo XIX.

Naturalmente ese proceso sería enérgico y doloroso, tendría un elevadísimo precio en vidas, sacrificios y bienes materiales por eso es conveniente, en la medida de lo posible, evitarlo. 

Por eso hay que insistir en poner en evidencia la realidad para desengaño de ilusos: el nacionalismo catalán surgió a mediados del siglo XIX, sin ninguna base histórica, en la conjunción de carlistas que justificaban sus levantamientos impulsados por el fanatismo religioso con un desvaído foralismo y la burguesía barcelonesa, enfrentada a la castellana por causa de las disensiones sobre el proteccionismo y el libre comercio.

Los oligarcas que basaban su riqueza en la agricultura y en la atracción de capitales extranjeros, básicamente madrileños con intereses en Andalucía y otras regiones como Asturias, defendían el libre comercio. Los que basaban su fortuna en las manufacturas, especialmente los empresarios textiles catalanes, defendían el proteccionismo para no enfrentarse a los productos extranjeros, de mejor calidad y precio. Es decir: pretendían, aun proclamándose liberales, utilizar el estado para imponer sus productos caros y de mala calidad a un mercado cautivo. En otras palabras: estafar al pueblo parasitando el estado. No lo consiguieron. 

Y no lo consiguieron porque ceder a las intenciones de un sector minúsculo de la producción económica española hubiera significado un suicidio para España. Eran los tiempos de la Guerra de Crimea, de la filoxera, de la venta del azúcar y el tabaco cubanos...atender las demandas de los diez o quince productores textiles catalanes que por lo demás pretendían vender productos caros y de mala calidad, hubiera arruinado a la totalidad de la economía de España ( y del resto de Cataluña).

Fue a partir de ese momento cuando esos estafadores desairados comenzaron a conspirar, a "desespañolizarse" a odiar a "Madrid"...así surgió el nacionalismo catalán y todas sus falacias históricas, políticas y sociales, cada vez más elaboradas. 

La ineficacia y falta de patriotismo de los sucesivos regímenes liberales hicieron el resto permitiendo la propagación de ese cáncer. ¿Por qué? porque todos eran esencialmente clasistas y destinados a sostener los privilegios oligárquicos sobre los intereses del pueblo y de España como unidad nacional. Incluso el franquismo, que adoptó formas dictatoriales y pintorescas, llegando a perseguir las manifestaciones folclóricas del catalanismo, lo fomentó no desgajando de raíz a los oligarcas que lo impulsaban. Después de todo el franquismo iba dirigido contra el pueblo español en general no contra los oligarcas de cualquier condición. Si el franquismo hubiera sido verdaderamente patriótico y hubiera deseado una solución de los problemas españoles hubiera permitido a los catalanes seguir hablando en catalán si les parecía pero hubiera incautado y socializado o nacionalizado todos los bienes de la oligarquía desafecta y corrupta. De haber hecho eso hoy no existiría la "cuestión catalana".

En cuanto al régimen de 1978 apenas ha sido otro régimen liberal más y como tal absolutamente inoperante, ilegítimo, perjudicial y antiespañol, no ha servido sino para agravar los problemas históricos de España porque vino, como todos, a mantener en sus privilegios a los causantes de todos los problemas de España: los oligarcas centrales y periféricos. 

Lo bueno de una supuesta independencia catalana es que permitiría articular las fuerzas de renovación para eliminar esas células cancerígenas y restablecer una España saneada, del pueblo y para el pueblo, libre de oligarquías corruptas y mafiosas. 

No obstante, siempre es preferible llevar las cosas a cabo pacíficamente y con sensatez y para ello, en este caso, es preciso que los engañados por el sistema propagandístico y de lavado de cerebro de la mafiosa oligarquía catalana independentista recapaciten y sean ellos mismos los que le den la espalda a los "valores" prefabricados y falsos y a quienes los han impulsado volviendo al redil de la unidad y la concordia en un camino de convergencia que conduzca al restablecimiento de la verdadera democracia en España. 

Ahora ya habéis visto la podredumbre que se oculta tras la oriflama del independentismo, es hora de volver a la sensatez. 

PD.- Lo dicho aquí sobre Cataluña sirve también para las provincias llamadas vascas.

NOTA.- La fotografía es de Joan Sorolla.

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COMO ALCALDE VUESTRO QUE SOY...

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El debate político en España adolece, entre otras muchas cosas, de una profunda ignorancia sobre la historia y la tradición política del país. Y ello convierte la mayor parte de las discusiones en diálogos insulsos entre bobos sin conciencia, "repitemonas" que únicamente atinan a reproducir lo que sus asesores han leído en manuales de ideologías desarrolladas lejos de nuestras fronteras y que nadie se ha molestado en adaptar a nuestra peculiar historia jurídica, social e institucional.

Lo que está sucediendo estos días con la pretendida reforma de las elecciones municipales por parte del PP tiene mucho de eso. 

Dejaremos a un lado la evidente intención de los peperos de modificar las leyes para perpetuarse en el poder y el hecho de que eso sea una actitud antidemocrática y golpista por otro lado típica del sistema liberal-parlamentario que nos venden falsamente como democracia y que ha mantenido, con todo tipo de triquiñuelas y timos similares, a las élites en el poder en todos los países que han adoptado dicha forma de tiranía camuflada. Eso ya lo sabemos, y el que no lo sepa puede dedicarse a estudiar la persistencia de los burgos podridos en el parlamentarismo inglés o el movimiento cartista y su represión y los trucos de los republicanos para ganar las elecciones en los Estados Unidos en los últimos cincuenta años, por no ir más lejos. Es posible, incluso, que este otoño escribamos un artículo al respecto en estas páginas y os sirvamos la lección bien masticadita. Pero no es de esto de lo que vamos a ocuparnos ahora. 

Hay cosas peores, de fondo, en dicha pretendida reforma que seguramente no habréis advertido y que conviene tener muy en cuenta. 

Para entender adecuadamente lo que voy a decir hay que retrotraerse a uno de los momentos más repugnantes, asquerosos y despreciables de un caudillo pepero que hayamos vivido en los últimos tiempos: aquel aciago día en que la marquesa-lideresa, la estomagante individua conocida como Esperanza Aguirre, fue a lamer pollas al parlamento británico. Al parlamento de un país, no lo olvidemos, que sigue ocupando parte del territorio español y que por lo tanto es nuestro enemigo aunque no nos encontremos en un periodo de guerra abierta, a un país que fue el principal responsable (a través de la ideología liberal, la piratería, el boicot y la masonería) de la desmembración de España en el siglo XIX. Un país que es, en todo, la antítesis de España. Y acudió allí a proclamarse admiradora de lo británico y, por lo tanto, enemiga de lo español y, por ende, traidora a España y al pueblo. Un acto así debería haberle acarreado la atimia primero y un enérgico castigo después. No sucedió nada porque, entre otras cosas, hay una profunda falta de patriotismo, de españolismo y de conciencia de nuestra historia y nuestro ser nacional tanto en la oligarquía que parasita el régimen como en todos los estamentos políticos y culturales del mismo. 

No debe extrañarnos, ya hemos explicado en estas páginas en más de una ocasión que la mayor parte de la oligarquía de nuestro país tiene raíces extranjeras y llegó a España a lo largo de los siglos XVIII y XIX con una sola cosa en la cabeza: expoliarlo. Arrebatar la riqueza pública y enriquecerse a costa de España y del pueblo. Lo hicieron, lo siguen haciendo. 

Esos extranjeros nos convirtieron en una colonia, lo seguimos siendo y eso se nota en nuestra total falta de conciencia nacional. Somos como los niños de las reservas indias de los Estados Unidos cuando ven películas del oeste y abuchean a los indios y aplauden la llegada del séptimo de caballería. Hasta ese punto nos han manipulado. 

Con esas oligarquías mayoritariamente extranjeras y que nos han convertido en una colonia de nuestros enemigos, llegó su ideología: el liberalismo. Fue el liberalismo quien en 1833 quiso borrar de raíz la identidad de los antiguos territorios históricos españoles creando las provincias y dando carpetazo a la tradicional organización política de España (si ello se revirtió en parte se debió en gran medida al foralismo carlista y la necesidad de conjurarlo). Fue también el liberalismo el que llevó a la privatización de los terrenos comunales de los municipios para enriquecer a los capitalistas extranjeros establecidos en España y a sus cómplices, quien dió al traste con los montepíos para intriducir la usura de los bancos (con capitales mayoritariamente extranjeros)...y así todo.

No debemos olvidar que una de las costumbres más dañinas y constantes introducidas por esas oligarquías de raíz extranjera y que todavía se perpetúa es empeñarse en hacer estudiar a sus vástagos en el extranjero donde se les programa en la ideología de nuestros enemigos y se les enseña a despreciar nuestra esencia española, a desconocer nuestra historia política, institucional y jurídica. Un individuo formado en un colegio o en una universidad anglosajona o germánica nunca, bajo ninguna circunstancia, puede ser considerado un buen español y existe el grave riesgo de que se convierta, como Esperanza Aguirre y tantos otros, en un traidor a España y en un opresor del pueblo, al que no entiende como propio sino como ajeno, una mano de aborígenes de la que lucrarse. 

En ese escenario de colonización intensa, de profunda aculturación y de pérfida manipulación de lo español no debe extrañarnos que cada medida de los enemigos del pueblo encarnados en la ideología liberal (sean cuales sean las siglas que la escondan) lleve tanto a la perpetuación de la tiranía oligárquica como a la vulneración del ser histórico español.

La aberración municipal que ahora pretende imponer el PP, sobre golpista, impúdica e inmoral, representa un paso más en el consciente desconocimiento de la historia política de España. 

Esa gentuza sajonizante, esos enemigos de España enquistados en un régimen corrupto e ilegítimo, sucesor de una larga serie de regímenes corruptos e ilegítimos que también parasitaron, pretende ahora instituir unos ayuntamientos presidencialistas o, al menos, en tránsito hacia el presidencialismo olvidando que el municipio, como institución fue siempre en España, desde la época de los romanos, un órgano colegiado en el que el alcalde solo ganó protagonismo desde la imposición del autoritarismo real y centralista que condujo al absolutismo con el aplastamiento de la legitimidad que podemos definir como foral (en Villalar en 1523, en Épila en 1592, en los decretos de Nueva Planta en 1707, en la introducción de las provincias en 1833...) Se trata de una tendencia inveterada pero no por ello más legítima.

El municipio es la expresión de la entidad territorial como república (y res pública) y por lo tanto como organismo autónomo, tendente a la horizontalidad o cuanto menos al equilibrio social, con aspiración universalista y plural. El municipio es la verdadera expresión de la democracia, de la gestión de los asuntos públicos por el pueblo y en ese sentido debe ser lo más abierto y participativo posible prescindiendo de figuras impuestas desde el autoritarismo externo, como es la del alcalde concebido como jefe político único y más o menos delegado del gobernador civil o del jefe del movimiento (o del partido) regional de turno. 

España debe abanzar hacia la democratización librándose de su condición de colonia extranjera, eliminando a la oligarquía parasitaria de origen extranjero ( y su ideología liberal) y retornando a su propia historia institucional que nada tiene que ver con el constitucionalismo liberal ni hunde sus raíces en una fecha tan inmediata como el siglo XIX sino que puede rastrearse en muchos casos hasta época prerromana. 

Así las cosas la reforma municipal que pretenden los traidores del PP además de golpista y antidemocrática es radicalmente antiespañola y justo lo contrario  de aquello que dedemos hacer. Un paso más hacia nuestra desaparición. 

Y lo triste es que váis a permitirlo. 

NOTA.- La fotografía es de Iwillbehomesoon.

LA FRUTA Y EL CAPITALISMO

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El capitalismo es un sistema económico ineficaz que solo puede mantenerse con trampas, con la intervención estatal en apoyo de la iniciativa privada cuando conviene. Es decir: poniendo el dinero público al servicio de los intereses privados cuando es preciso socializando de este modo las pérdidas mientras se privatizan avariciosamente los beneficios. Esta es una realidad tan evidente que no necesita demostración pormenorizada. Basta con seguir con ojos atentos el desenvolvimiento de los "mercados". Podemos por lo tanto afirmar que el capitalismo es una estafa, una mentira conceptual impuesta como espejismo para favorecer los intereses de unos cuantos, de los oligarcas. Y, naturalmente, la conclusión evidente es que el capitalismo resulta incompatible con una organización eficiente, justa, democrática y moral de la sociedad y por lo tanto cualquier régimen basado en el capitalismo debe ser considerado una tiranía inmoral y derribado sin olvidar el castigo de sus fautores, beneficiarios, propagandistas e ideólogos.

Pues bien, en estos días la crisis del embargo ruso está poniendo de manifiesto una vez más tanto esa ineficacia del sistema capitalista (y la errónea concepción del sistema de producción y distribución agraria) como la equivocada política del ilegítimo régimen colonial español al servicio de los intereses de la potencia imperialista a la que se ha sometido: los Estados Unidos. 

El asunto ucraniano, que es a la postre lo que ha desatado todo el problema, no incumbe en absoluto a España y si le incumbe es para mostrarse en contra de toda forma de independentismo por la cuenta que nos tiene, por el contrario estamos, como sucedió en Yugoslavia, también al servicio de nuestros amos americanos y en contra de nuestros propios intereses, apoyando a los nazis ucranianos por el mero hecho de que los Estados Unidos están llevando a cabo una política de acoso a Rusia, de debilitamiento de su potencia rival aniquilando los régimenes a ella afectos (Libia, Iraq, Siria, lo que no deja de favorecer la extensión del yihadismo) y suscitándole enemigos en sus propias fronteras, tal el nuevo régimen nazi de Ucrania. Rusia, es obvio, se defiende y responde a los ataques de naturaleza económica con otros de similares características como el veto a la entrada de productos de los países satélites de su enemigo en sus fronteras. Medida por lo demás lógica y natural ¿o es que de verdad pretendíamos atacarles, bloquearles, acosarles financieramente y que siguieran dejándonos vender en su país?

Asi las cosas el principal responsable (y culpable) del veto ruso a la fruta española es el gobierno intruso del ilegítimo régimen colonial que padecemos. Gobierno que, es ocioso repetirlo, no está al servicio de los intereses del pueblo español sino de sus amos extranjeros en una actitud persistente que solo puede ser considerada, juzgada y castigada como traición al pueblo y a España. 

Ahora bien, dicho esto, que no por ser evidente conviene menos poner de manifiesto, es preciso que analicemos el escenario creado a raíz del veto ruso y el modo en que demuestra la ineficacia del capitalismo como sistema de producción y distribución y la necesidad de una reforma a fondo no solo del agro sino de todo el entramado económico de la nación. 

A saber: Rusia, inmersa en una guerra con los Estados Unidos y sus vasallos, entre los que desgraciadamente se encuentra España, veta los productos de estos dentro de sus fronteras. Ello hace que millones de toneladas de fruta sean devueltas a España donde los productores, en su mayor parte latifundistas, prefieren quemarlas para evitar las bajadas de precios y a la vez solicitan subvenciones estatales para resarcirse de las pérdidas sufridas cuando, es evidente, hubieran atesorado sin compartir en absoluto, los beneficios. Es más: esos beneficios hubieran ido destinados a aumentar el latifundio y por lo tanto en detrimento de los pequeños agricultores. Hubieran tenido como función el gasto inútil del lujo y el aumento del desequilibrio en los pueblos que sustentan la producción de fruta y por lo tanto el aumento de la pobreza general a cambio de que unos pocos se enriqueciesen. 

Tal es el mecanismo capitalista y asociada a él, no lo olvidemos, corre la ideología de la no intervención del estado en los asuntos privados...excepto cuando los poderosos fracasan por el motivo que sea en sus negocios en cuyo caso se recurre de inmediato al estado para que subvencione su avaricia privada o, incluso, como sucedió en España con Bankia, para que asuma como pública una deuda privada. Entonces sí es bueno el estado y entonces sí se requiere su intervención procurando, de paso, que empeoren las condiciones sociales y de trabajo de los sectores explotados por los productores que, además de recibir dinero público utilizan al parasitado estado para aumentar a su favor el desequilibrio social y económico existente y provocado por su avaricia privada. 

El escenario en el que esta jugada no por habitual menos inmoral y despreciable está sucediendo es uno en el que los propios desequilibrios e ineficiencias del capitalismo han generado unos niveles de miseria desconocidos en España en los últimos sesenta años. En un escenario así la existencia de fruta barata y asequible resultaría de gran ayuda para subvenir a la alimentación de miles de familias que apenas pueden comer. De hecho en un sistema eficiente y justo la producción y distribución de alimentos debería orientarse desde el minuto uno a colmar las necesidades de la población y no al enriquecimiento de los productores o al mantenimiento de explotaciones paupérrimas incapaces de sostenerse por sí solas en las fluctuaciones del mercado libre. 

Ergo, y no cabe otra, es preciso reformar a fondo el sistema de producción y distribución agraria superando los ineficaces cauces ideológicos del capitalismo para establecer un sistema público y nacional en el que las necesidades generales del pueblo se pongan por encima de la avaricia de los particulares. Ello requiere la nacionalización y colectivización inmediata de las tierras y los medios de distribución y orientar la producción y la distribución hacia las necesidades del pueblo español sin perjuicio de comercializar los excedentes a condición de que las plusvalías obtenidas reviertan en la mejora de la producción o, en su defecto, engrosen partidas destinadas a otros capítulos de interés social y nacional. 

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PRIMARIAS: OTRA FARSA DEMOCRÁTICA.

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Los partidos del régimen, especialmente los de derecha como el PSOE, los de extrema derecha como el PP ni siquiera tienen necesidad de planteárselo por el verticalismo despótico y borreguil de sus afiliados y seguidores, juegan a "democratizar" sus procesos internos por el procedimiento de las primarias. 

Ya en 2011, Democracia Real Ya y por extensión (y con una credulidad digna de infantes lactantes) la casi totalidad de los movilizados en el 15-M, insistían en la necesidad de primarias como forma de democratización del sistema sin darse cuenta del engaño, sin percatarse de la larga cambiada que les estaban dando desde las oscuras instancias que se movían en la trastienda de un movimiento popular pero altamente mediatizado por entramados de pescadores en aguas revueltas, quién sabe si incluso creadores intencionados de rápidos y almadrabas para pescaditos poco avisados.

Si por algo se distingue el régimen oligárquico estadounidense es precisamente por la existencia de primarias en los procesos electorales. ¿Quién triunfa en esas primarias? Aquellos a los que apoya el aparato de su partido y, a través de él, los inversores que puentean la voluntad ciudadana llevando a los puestos decisorios a sus propios candidatos. 

En efecto: las primarias son un método más de falsear la voluntad democrática del pueblo, un engañabobos más en la abigarrada panoplia de trucos del parlamentarismo liberal-capitalista que, como ya hemos explicado hasta la saciedad en estas páginas, no tiene nada que ver con la democracia. 

La verdadera democracia no precisa partidos políticos ni intermediarios entre los ciudadanos y las instituciones. Naturalmente pueden y hasta es necesario elegir delegados ejecutivos para llevar a cabo el mandato imperativo de la sociedad pero estos en modo alguno deben venir determinados por estructuras ajenas al propio proceso electivo, por grupos organizados que usurpen el papel del pueblo erigiéndose en actores indeseados e ilegítimos del proceso político. 

Cuando un partido (o unos cuantos articulados en comandita) usurpan el papel político y la soberanía del pueblo la democracia desaparece y aparece el gobierno oligárquico. Los delegados del pueblo dejan de responder ante este y empiezan a hacerlo ante sus estructuras jerárquicas siempre manejadas por las élites del régimen. 

En ese sentido las primarias siempre serán una farsa teledirigida desde detrás del escenario. Quienes las ganen siempre serán aquellos que sirvan a los intereses ocultos tras el teatrillo electoral (que no democrático). Del mismo modo que en las elecciones de los regímenes liberal-capitalistas no se enfrentan ideologías sino facciones, no se disputan cuestiones de fondo sino qué grupito chupa del bote durante una temporada determinada, en las primarias de los partidos no se juega nada de fondo, tan solo qué capilla oficia la misa durante el siguiente periodo litúrgico. 

La verdadera democracia no pasa por las primarias dentro de los partidos, pasa por la conquista del poder por el pueblo. El parlamentarismo liberal-capitalista solo es útil a los oligarcas y sus cómplices. La verdadera democracia se construye acabando con las instituciones del parlamentarismo que deben ser sustituídas por las verdaderamente democráticas. 

No necesitamos primarias dentro de los partidos, necesitamos acabar con los partidos vendidos a la oligarquía y el imperialismo extranjero, necesitamos una revolución que cree un régimen nuevo y verdaderamente democrático. 

Nota:-La fotografía es de Publikacción.

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EL CASO PIAZZOLE-CHAOUATI: UNA VISIÓN DE ESPAÑA (CON MORALEJA OPERATIVA).

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A veces hay que reírse...por no llorar. 

El caso citado en el título de esta entrada quizá no le suene demasiado a los lectores, pero tampoco es nada excepcional. Unos agentes de los servicios secretos franceses, rama de operaciones, fueron detenidos en Manresa allá por 2004 con armamento de guerra (concretamente un rifle artesanal monodisparo con silenciador y mira láser capaz de matar a un kilómetro de distancia). Evidentemente el equipo operativo compuesto por los agentes Piazzole y Chaouati iba a ejecutar a alguien, presumiblemente en territorio español, por orden de su gobierno. Ambos detenidos fueron puestos a disposición judicial y enseguida liberados por órdenes directas del fiscal general del estado y el entonces ministro del interior Mariano Rajoy, pasaron a Francia y no acudieron al juicio. Ahora, diez años después, la Audiencia de Barcelona declara sobreseído todo el asunto de tal modo que Piazzole y Chaouati pueden volver a pasearse libremente por nuestro país. 

En resumen: un típico asunto de alcantarillado estatal que puede escandalizarnos cuanto queramos pero que no deja de ser habitual...y de indicar el nivel democrático de los estados liberal-parlamentario-capitalistas en los que vivimos. Estados que practican habitualmente y con la complacencia de los restantes el terrorismo de estado. Pero no nos hemos caído de un guindo, eso ya lo sabíamos. 

No es el asunto en sí lo que me mueve a escribir estas líneas sino el regocijo causado por el análisis operativo de los servicios secretos franceses y lo que este ilustra sobre España y, más concretamente, sobre los mozos de escuadra. 

Por lo que he podido discernir de las informaciones periodísticas, el equipo estaba compuesto por dos agentes: el tirador y su soporte. El segundo era el encargado de transportar el arma y entregársela al primero, seguramente también el encargado de sacarle rápidamente de la zona de operaciones poniéndolo a salvo en Francia. Hasta ahí todo correcto. Pura rutina, nada podía fallar...y, sin embargo, falló. 

¿Dónde residió el error de este grupo operativo?...naturalmente resulta difícil saberlo con certeza, no disponemos de la suficiente información ni por supuesto somos especialistas en este tipo de acciones...sin embargo leyendo entre líneas y analizando la información publicada por la prensa algo podemos llegar a atisbar. 

Por lo que parece el tirador era Piazzole y su ayudante Chaouati, de nombre Rachid, en otras palabras: un hombre de ascendencia magrebí, lo que viene siendo en nuestra aguerrida piel de toro un moro de toda la vida. Un moro que atravesaba Cataluña con un coche seguramente de gran cilindrada...

...Un moro con un buen coche...atravesando Cataluña...¿verdaderamente alguien se extraña de que las fuerzas del orden le parasen en el primer arcén donde le viesen y le hiciesen un registro a fondo?...¿En qué país pensaban los agentes franceses que entraban?...

Sucedió lo inevitable: Chaouati fue interceptado, registrado, se le encontró el rifle y toda la operación se fue al traste. 

Moraleja operativa para servicios secretos varios que actúen en España y especialmente en Cataluña: la próxima vez que dispare el moreno y conduzca el rubio. 

NOTA:- La fotografia es de Orycles y está tomada en Manresa, donde se produjo la detención que originó el caso citado.

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INDEPENDENTISTAS Y APELLIDOS INEXISTENTES.

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El absoluto fracaso de todos y cada uno de los regímenes liberales impuestos por la oligarquía y el imperialismo extranjero en la colonizada España así como la total incompatibilidad de la ideología liberal (propia del racismo nórdico y de la teocracia de los protestantes pero en todo ajena a la idiosincracia y la identidad política y social de España hasta el punto que el mero hecho de ser liberal sirve para considerar a un español como traidor a castigar a aculturado a reeducar) ha permitido desde el siglo XIX la descomposición del país. 

El liberalismo fragmentó en primer lugar la España interoceánica, causando, para beneficio de ingleses y estadounidenses, el desmembramiento de América y su ruptura con la península. Más adelante sembró la sangre y la guerra civil en esta última para imponer la ideología y los intereses imperialistas de banqueros ingleses y franceses y sus títeres patrios, generalmente de sangre extranjera y convertir lo que quedaba de España en una colonia.

Finalmente, el enfrentamiento entre oligarquías centrales y periféricas y la inoperancia del sistema liberal, permitieron la germinación de semillas centrífugas que condujeron al pujante independentismo que estos días aqueja a España y debe ser atajado con la máxima celeridad y eficacia. 

En estas páginas hemos explicado muchas veces las causas y desarrollo del enfrentamiento entre dichas oligarquías y sus intereses. Hemos hablado menos de cómo esa división sirvió a menudo a intereses extranjeros y del modo en que unos y otros han manipulado e inventado la "historia" y la "cultura" para apoyar sus espúreos intereses antiespañoles (y conste que considero tan antiespañoles a los independentistas periféricos como a los centralistas madrileños). Hoy vamos a hacer algo un poco diferente. Vamos a tratar de llegar a la verdad histórica a través de sus efectos en algo tan cotidiano como la antroponimia.

Como hemos dicho, los indepentistas se han inventado su "historia" para conseguir sus fines. Y es sencillo de demostrar. 

La principal falacia de los independentistas es considerar "naciones" a lo que nunca fueron en realidad ni siquiera unidades políticas. Esto resulta especialmente evidente en el llamado Euzkadi que engloba territorios tradicionalmente independientes unos de otros como el Reino de Navarra, los señoríos de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa y los territorios del ducado de Guyena. Nunca estos territorios fueron una unidad, nunca siguieron destinos comunes y la mayor parte de ellos se integraron en Castilla voluntariamente, lo que anula de facto cualquier aspiración a un Gran Euzkadi y a mezclar churras con merinas (Navarra con Vizcaya, por ejemplo). Lo mismo sucede en Cataluña.

Cataluña fue un simple conglomerado de estados unificados bajo el paraguas de Aragón y sometidos a la influencia económica de los comerciantes barceloneses. Nunca, jamás, una unidad política o nacional. 

Las "naciones" vasca y catalana son un invento del siglo XIX y eso puede demostrarse de mil formas diferentes. Aquí utilizaremos una objetiva y a menudo olvidada: los apellidos.

El apellido es una evolución natural de la conformación social e histórica de un país y define a las claras los procesos constitutivos del mismo sobre todo en España donde acompañaron a las campañas de la reconquista y la conformación de los diferentes estados.

Pues bien existen los apellidos Castilla y Aragón porque estas fueron realidades históricas incontrovertibles durante toda la edad media y hasta la época moderna. Pero no existen los apellidos Cataluña o Euzkadi, menos aún País-Vasco o Euskal-Herría por la sencilla razón de que esas no fueron nunca realidades históricas o políticas. 

Sí existe el apellido catalán puesto que Cataluña era una indicación geográfica general para referirse a las tierras que existían entre Aragón y el Mediterráneo, pero no existe el apellido Cataluña por el sencillo motivo de que esta no era una realidad política y por lo tanto no puede bajo ninguna circunstancia considerarse una nación.

Tres cuarto de lo mismo sucede con Euzkadi. De modo que...cualquier independentismo en esas zonas solo puede ser interpretado como un cáncer oligárquico y  erradicado de raíz. 

NOTA.- la fotografía es de Tochis.

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EL GRAN JUEGO, UCRANIA Y LAS CARGAS DE SER UN ESTADO VASALLO.

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La inmoralidad y falta de patriotismo de los gobernantes de los sucesivos regímenes ilegítimos de España nos han convertido en un estado vasallo, en un simple satélite del imperialismo yanqui y en una colonia a la que explotar en todo el espectro de sus recursos, incluídos los humanos. Tal situación, lo vemos cada día, está llena de inconvenientes. Sufrimos porque nuestros dirigentes, traidores al pueblo y a España, nos han vendido al enemigo y así nos va. Ese es el verdadero intríngulis de lo que nos explican como crisis.

Por si fuera poco, nuestra condición de vasallos nos conduce a intervenir en guerras que ni nos van ni nos vienen y que en absoluto nos favorecen. Baste recordar a este respecto que nuestra inclusión en la OTAN no ha garantizado nuestro mando militar en el Estrecho (que mantienen los ingleses) ni la defensa de nuestras plazas en el norte de África, a la que no se comprometió la alianza, y menos aún la irrenunciable y necesaria ampliación de nuestro domino más allá de dichas plazas. Por el contrario nuestros "aliados" se posicionaron en 1975 a favor de Marruecos permitiéndole invadir el Sáhara Español e informando de los movimientos de nuestras tropas, barcos y aviones que monitorizaban desde sus instalaciones de radares sitas en nuestro propio territorio, territorio cedido por la ilegítima dictadura franquista con la excusa "luchar contra el comunismo" pero, en realidad, para hacerse perdonar su posicionamiento con el Eje durante la Segunda Guerra Mundial y garantizar la supervivencia del régimen que era la de las oligarquías encumbradas durante el Canovismo y que siguen dominando y parasitando este país que solo volverá a ser grande cuando se libere de su yugo.

Como estado vasallo, como satélites del imperialismo yanqui, hemos participado en una larga serie de guerras que iban incluso en contra de nuestros intereses. Nuestro aliado natural en los Balcanes era Serbia y a través de ella Rusia. Ambas se mostraban en contra de cualquier tipo de secesionismo al igual que debe hacerlo España en su ámbito nacional. En lugar de ello, obligados por nuestros amos, luchamos contra Serbia y a favor de todos los secesionismos balcánicos lo que dio alas a los secesionistas hispánicos llevándonos al actual punto de innecesario conflicto. 

Así es: nuestra sumisión a intereses extranjeros juega en nuestra contra. Y lo hace en el día a día de cada uno de nosotros, enfrentados a la imposición de leyes destinadas a consolidar la rapiña del capital extranjero y la explotación colonial del país pero también en el ámbito geoestratégico. 

Ahora, gracias a nuestras "alianzas", nos encontramos inmersos en el conflicto de Ucrania. Conflicto en el que no vamos a ganar nada y sí podemos perder al servicio de nuestros amos.

En suma lo que se dilucida allí no es sino otra batalla del Gran Juego. 

El Gran Juego fue la partida de ajedrez geoestratégica que Rusia e Inglaterra practicaron para dominar Asia a lo largo del siglo XIX y que se prolongó a lo largo del XX y hasta nuestros días.

Francia jugó su cuarto a espadas en dicha partida desde sus excéntricas posiciones de Indochina y nosotros, a su sombra, hicimos algún tímido movimiento interviniendo en Vietnam hacia 1860 pero nos expulsaron del juego en 1898, con la pérdida de las Filipinas (y de Cuba y Puerto Rico, y las Marquesas y otros archipiélagos oceánicos) a manos de nuestros actuales amos: los Estados Unidos. 

Desde entonces el Gran Juego no nos concierne. Pero estamos metidos en él hasta el cuello gracias a nuestra condición de estado vasallo. 

Tras la retirada de Inglaterra de la India (1948) y de Francia de Indochina (1958) fue Estados Unidos quien heredó su posición en la partida de ajedrez geoestratégico contra Rusia. Y durante  muchas décadas llevo las de perder: empató en Corea, lo que significaba una derrota, perdió en Vietnam...

Solo a partir de la caída de la Unión Soviética el imperialismo yanqui comenzó a ganar batallas en el Gran Juego. 

Desde 1991 podemos enumerar como batallas ganadas por los Estados Unidos: la desmembración de Yugoslavia (1993-2000), la invasión de Afganistán (desde el 2001, aunque esta es una guerra perdida por necesidad), la de Iraq (2003), la de Libia (2011)...

En 2008 fueron derrotados por Rusia en Osetia del Sur, aunque allí las espadas siguen en alto al conseguir los yanquis el no reconocimiento internacional de la independencia de esta república caucásica de su opresora Georgia. En Siria, desde 2011 también siguen las espadas en alto entre el régimen baasista de Damasco y los mercenarios y terroristas islámicos patrocinados en su contra por Arabia Saudi, Israel y los Estados Unidos. 

Ucrania es una nueva estación en ese camino, una nueva casilla del Gran Juego. 

Nada que nos debiera importar especialmente si el gobierno intruso del ilegítimo régimen que debemos derribar a la menor brevedad para instaurar una verdadera democracia y la independencia de España no nos hubiera convertido en parte del escudo antimisiles de nuestros amos yanquis y, por lo tanto, en objetivo militar de Rusia. 

Ser una colonia tiene estas cosas. 

Por cierto: luchar por la democracia, la soberanía nacional y la independencia del país son indeclinables obligaciones morales. Si no lo hacéis no se os puede considerar ciudadanos, ni siquiera personas. Únicamente esclavos infames. Gentuza de la peor calaña. Pero ese es el material "humano" del que disponemos. No hay más. 

NOTA.- La fotografía es de www.Sapr. in

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EL ABORTO Y LA EXCOMUNIÓN

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Hay cosas, pequeñas cosas, que a uno le hacen sonreir (y mucho).

La última ha sido la extemporánea intervención pública del portavoz de la Conferencia Episcopal (ese a modo de sínodo permanente que aspira a ocupar el puesto de los fenecidos concilios toledanos de la era católica del reino visigodo) amenazando de excomunión a todo aquel que participe de algún modo en un aborto.

Se trata de una intervención cómica sobre todo por lo que tiene de anacrónica. Lanzar esa amenaza implica una mentalidad que necesariamente vive en el pasado. O bien en el pasado medieval cuando una excomunión podía significar (aunque la historia demuestra que los curas rara vez lo conseguían) convertir en un marginado absoluto, en un apestado, al excomulgado al tiempo que autorizaban a cualquiera a robarle y matarle sin por ello cometer pecado o delito; O bien a la no tan lejana época franquista cuando el estado nacional-católico y por lo tanto dictatorial exigía para cualquier trámite civil o judicial un aval del párroco de turno asegurando que el ciudadano en cuestión cumplía con los prefectos de la Santa Madre Iglesia. Y también tuvieron que acabar envainándosela en ese aspecto, y mucho antes de 1975.

No obstante, a pesar de la mentalidad arcaizante de la jerarquía católica, no pueden ser tan estúpidos como para pensar que una amenaza de excomunión puede tener algún efecto disuasorio en una sociedad afortunadamente cada vez más descristianizada ( y por lo tanto más sana) en la que la inmensa mayoría de los ciudadanos ni va a misa ni se confiesa ni comulga...y no por odio a la secta católica sino por pura indiferencia hacia ella.

¿Entonces?

Eso es lo más gracioso de todo. El mensaje del portavoz de los obispos no va dirigido a la inmensa mayoría de la sociedad española que pasa absolutamente de la iglesia sino a sus propias bases, lo que indica bien a las claras que la jerarquía, compuesta por talibanes de extrema derecha (fruto de las décadas de pontificados retrógrados bajo los que solo eran promocionados los más extremistas) y las bases sociales de la iglesia piensan cosas distintas. 

La pregunta que cabe hacerse a este respecto es la siguiente: ¿Quién es la iglesia? ¿Los obispos, que ya no son nombrados por los fieles? ¿O los fieles mismos?

Y es una pregunta pertinente toda vez que ha habido obispos extremistas en España que descontentos por el rumbo pontifical del nuevo papa han osado vulnerar el dogma de la infabilidad del mismo asegurando que la iglesia está por encima del obispo de Roma (lo que representa un regreso al desastroso conciliarismo del siglo XV a la par que una desobediencia y una herejía). Pues bien: si los obispos pueden plantearse la superioridad del concilio (formado por ellos) sobre el papa los fieles no solo pueden sino que deben plantearse activamente quién debe dirigir la iglesia: los jerarcas ultras promocionados por papas talibanes que gobernaron de espaldas a su propio rebaño o las  comunidades  de base que en su mayor parte están compuestas por personas con dos dedos de frente, moderadas y que, en el fondo, no están tan alejados en cuanto a manera de pensar del resto de la sociedad. 

Claro que a mí, como pagano convencido, lo que puedan hacer o decir los cristianos me resulta indiferente (salvo por el peligro de imposición dictatorial e inquisitorial que siempre representan). Me limito a disfrutar los chistes de sus obispos, como es el caso.

NOTA.- La fotografía es de See-Ming Lee.

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ALGUNOS DATOS A TENER EN CUENTA SOBRE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA.

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No me extenderé, tan solo consignaré algunas cosas que es bueno recordar para conformar nuestra opinión sobre la monarquía española y los Borbones que la encarnan. A saber:

1713.- Tras someter a España a más de diez años de guerra civil para quedarse con ella Felipe V, primer Borbón que gobernó en España, firma el tratado de Utrecht regalando Gibraltar y Menorca a los ingleses. Gibraltar todavía no la hemos recuperado. Durante la guerra fueron anulados los fueros y libertades de los estados de la Corona de Aragón. 

1808.- Carlos IV, todos sus hijos y los miembros de la rama española de la Casa de Borbón abdican por sí y por sus herederos de sus derechos al trono en Napoleón Bonaparte, desde ese instante, jurídicamente hablando, ningún heredero de Carlos III puede ser legalmente rey de España. 

1808-1814.- La irreflexiva política de los Borbones y sus abdicaciones conducen a España a una larga y sangrienta guerra de independencia que, entre otras cosas, causará la pérdida de los territorios americanos.

1814-1833.- De regreso al trono Fernando VII, que había abdicado en Napoleón en 1808 como el resto de sus hermanos, establece una dictadura férrea que tras el paréntesis de 1820 restablece en 1823 recurriendo a una invasión francesa que dejaría endeudada a España durante décadas. 

1833-1876.- A pesar de que Carlos María Isidro de Borbón, hermano de Fernando VII, había abdicado de sus derechos dinásticos por sí y sus herederos en Napoleón, a la muerte de Fernando VII él y sus sucesores someten a España a un periodo de tres guerras civiles en 43 años. 

1833-1868.- Isabel II, hija de Fernando VII, abre España al capital extranjero enriqueciendo a su familia, especialmente a su madre y a sus primos, y conviertiendo España prácticamente en una colonia.

1874.- Alfonso XII, hijo de Isabel II (recuérdese que su abuelo Fernando VII había renunciado a sus derechos dinásticos por si y sus descendientes) pero no de su marido, incapacitado para la procreación, sino, al parecer, del capitán Puigmoltó, lo que de facto, según las leyes dinásticas, le convertía en bastardo y le incapacitaba legalmente para reinar, alcanza el poder mediante un GOLPE DE ESTADO, estableciendo un régimen bipartidista amañado donde la oligarquía en gran medida extranjera enriquecida durante el reinado de su madre puede asentar su dominio explotando al pueblo y expoliando el estado.

1923.- Alfonso XIII, hijo de Alfonso XII, establece una dictadura a imagen de la fascista italiana para reprimir las protestas del pueblo por el régimen generalizado de corrupción política que ha llevado entre otras cosas a una intervención en el norte de Marruecos, con el resultado de miles de muertes de españoles de clase obrera militarizados a la fuerza, para defender los intereses del rey y su camarilla, que tenían acciones de la Compañía de Minas del Rif. Es también responsabilidad de Alfonso XIII la promoción de los militares africanistas.

1932.- Un año después de instaurada la II República que vino a arrancar de España el régimen corrupto de los Borbones el general Sanjurjo protagoniza un intento fallido de golpe de estado para restablecer a Alfonso XIII, que hubiera reinado de nuevo en el marco de una dictadura fascista más férrea y sangrienta que la anterior (1923-1931).

1936.- Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII, participa en el golpe militar de Franco contra la II República y no se mostrará "demócrata" hasta que los nazis pierdan la guerra en 1945. En cualquier caso la familia Borbón al completo reconocerá como legítima y acatará la dictadura del General Franco (1936-1975) llegando a empatentar con él y permitiendo que guiase la educación del heredero, el futuro Juan Carlos I.

1969.- Juan Carlos de Borbón, hijo de Juan de Borbón y nieto de Alfonso XIII, es designado heredero por el general Franco. Su primo, Alfonso de Borbón, nieto igualmente de Alfonso XIII llega a emparentar vía matrimonio con la familia Franco. 

1978.- Juan Carlos I, rey desde 1975, establece un régimen "democrático" que no es sino la continuación del de Alfonso XII de 1874 destinado a permitir que las mismas familias oligárquicas de entonces, que han perdurado durante las dictaduras del siglo XX (1923-1931, 1934-1936, el bienio negro de la II República fue en la práctica una dictadura encubierta de la derecha, y 1936-1978).

1981.- Se produce un golpe de estado para "reconducir" el exceso de democracia en España. Lo dirige el preceptor y hombre de confianza de Juan Carlos I, que sigue bajo sospecha de haberlo orquestado y teledirigido, el General Armada. 

2011.- Juan Carlos I acepta sin rechistar el cambio constitucional que somete los intereses del pueblo español a los de la banca extranjera, comienzan a salir a la luz los casos de corrupción de la casa real, el monarca secunda el golpismo neoliberal del PP...etc.

Son estos algunos datos sucintos que deberíamos tener muy en cuenta a la hora de plantearnos la conveniencia de la monarquía y de que esta sea encarnada por los Borbones en España. 

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LA GRAN COALICIÓN EN ALEMANIA:¿ AUDI O VOLSKWAGEN?

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Todos los días la realidad nos proporciona lecciones que, bien aprendidas, nos muestran el camino correcto, hacia dónde orientarnos en el siempre proceloso maremágnum de la vida (no digamos ya de la política). Lo sucedido en Alemania con el SPD es una de esas lecciones a las que nos conviene prestar atención porque nos ilustra bien a las claras de la parafernalia del mercado y su cara oculta: la realidad industrial, permítaseme esta metáfora economicista que, como comprobará el lector, acabará siendo muy ilustrativa.

No debemos olvidar a este respecto que fue, precisamente, otra "gran coalición" entre democrata-cristianos (CDU-CSU) y social-demócratas (SPD) la que permitió el ascenso a la cancillería de Angela Merkel. En su segundo mandato esta nueva kaiser-fúhrer de la gangrena alemana de Europa se apoyó en un partido bisagra, el liberal, para seguir haciendo su política a favor de la oligarquía y el capital y ahora, aniquilado y fagocitado el FDP, vuelve a formar gobierno con su supuesto antagonista, que solo lo es en el terreno electoral no en el ideológico o político, el SPD. Nada nuevo bajo el sol, es el mismo mecanismo que conduce a los gobiernos de "unidad nacional" o que generó el pentapartido italiano que gobernó el país desde el restablecimiento del parlamentarismo liberal después de la Segunda Guerra Mundial hasta la berlusconización de la república que, en la práctica, supuso más de lo mismo. 

¿Qué lección nos enseña este tipo de maniobras?...pues una que no acabamos de aprender y que urge que interioricemos ya: que dentro del parlamentarismo liberal-capitalista no hay verdadera alternativa, existen marcas electorales con algunas diferencias de detalle entre sí pero en realidad vivimos en un régimen de partido único. Porque, no nos engañemos, bajo el gobierno de gran coalición alemana, continuarán las políticas de siempre: seguirá el expolio de los países periféricos para el sostenimiento de la banca privada alemana, seguirá avanzándose en programas de unificación bancaria y de tratados de libre comercio que solo benefician al capital especulativo llevando la ruina y la miseria a los pueblos, será todo igual porque no hay diferencias reales en los partidos que articulan el parlamentarismo liberal. Y no las hay porque desde su principio está pensado para que no las haya, para fingir una alternancia y una democracia que nunca es tal. 

Volvemos aquí a la metáfora economicista y automovilística que da origen a este artículo: por un lado está la parafernalia mercadotécnica de la venta de coches en la que se nos ofrecen unas cuantas marcas diferentes, sobre todo en apariencia y en su presentación comercial pero, si ahondamos un poco, comprobamos fácilmente que en realidad las diferencias son de detalle. Que a fin de cuentas el Audi 80 es un Volkswagen Passat o que un Audi 50 es un Volkswagen Polo. Tan solo cambia la envoltura, la marca y el sector social al que se dirige. 

Con los partidos políticos del parlamentarismo liberal-capitalista sucede lo mismo. Marcas hay muchas, pero la producción procede siempre de las mismas factorías y las diferencias entre ellas son únicamente cosméticas respondiendo en el fondo siempre a los mismos intereses, a los de los titiriteros ocultos que mueven los hilos en su propio beneficio: la oligarquía y el capital. 

Y la conclusión es sencilla: si deseamos una democracia verdadera que sirva a los intereses del pueblo y no a los de los especuladores el primer paso, indispensable, es periclitar el parlamentarismo liberal. Dentro de sus márgenes no hay respuesta, desbordémoslos pues. 

¡Sublevaos! ¡Derribad el régimen ilegítimo! ¡Solo tendréis democracia y justicia si las conquistais!

NOTA.- La fotografía es de Jeminke.

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LA CLASE MEDIA NO EXISTE.

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Da lo mismo escuchar a Obama, a la Merkel, al PP, al Tea Party o al PSOE, todos, sin excepción dirigen sus discursos a la "clase media" que definen como la mayoría, a menudo silenciosa y obediente, de sus respectivos estados. La parte sensata y estabilizante de la sociedad opuesta a todo aventurerismo político y a cualquier clase de extremismo, el cimiento firme del estado en cuyo obsequio e interés han de orientarse todas las medidas sin, por supuesto, arrancar los privilegios de la clase alta ni ceder a las demandas del denostado proletariado dibujado con el trazo grueso de la caricatura macabra para caracterizarlo con todas las lacras y vicios posibles provocando a la vez una falta de identificación con el cliché de la mayoría de la población y el desapego a las políticas de carácter social destinadas a cohesionar a la sociedad mediante la democratización económica en lugar de tender a su fragmentación jerárquica. Naturalmente mienten. Cuando los dirigentes de los regímenes liberal-capitalistas se dirigen a la clase media están haciendo demagogia y aplicando su nefasta ideología con base teocrática según la cual el pobre lo es no por la injusticia de las estructuras sociales y la criminal rapacidad de la oligarquía sino por sus propios defectos y su inmoralidad. 

Ya explicaba Weber en su clásico La Ética Protestante y El Espíritu Del Capitalismo, entre otras cosas, el modo en que para el liberalismo el enriquecimiento se considera un favor de dios otorgado a la virtud (entendida no como moral sino como ortodoxia dogmática y genética, el liberalismo aunque nos cuenten lo contrario es esencialmente racista) y la desigualdad social un efecto secundario, un daño colateral si preferimos esta expresión, que solo afecta a aquellos que no gozan de esa virtud ya sea por causas religiosas, genéticas (de ahí la inquina de los "mercados" y los países germano-sajones contra los "latinos" del sur que, además, en lugar de ser protestantes son católicos) o personales. 

En resumidas cuentas, para el liberal-capitalismo, la ciudadanía y los derechos están ligados a la riqueza y deben tener más derechos y más privilegios los más ricos por la sencilla razón de que son mejores. Luego las capas de la sociedad que por algún motivo han conseguido cierta comodidad económica constituyendo el elemento consumista que favorece el enriquecimiento de los más poderosos adquieren el derecho a votar para dirimir qué facción de esos poderosos se alterna periódicamente en la gestión del poder. 

La función de la "clase media" en ese esquema es soportar los privilegios de la oligarquía, ratificar sus manejos y aclamar sus medidas represivas para defenderse de "los otros", de las amenazas del sistema, indefectiblemente pintadas como alimañas despreciables y al acecho: los terroristas, los pederastas que rondan los colegios a los que acuden los hijos de las "buenas familias", los disidentes de todo tipo, los mugrientos, los viciosos...

Fomentando el miedo de los "mediocres" frente a los "otros" la oligarquía consigue cómplices dóciles para sus políticas de represión y extensión de la corrupción generalizada. Si existe el peligro ¿qué "persona sensata y de orden" no va a desear que lo defiendan del mismo? Y cuanto más aterrador sea ese peligro, más tolerantes serán esas "personas de orden" respecto a los medios represivos incluso aceptando la fórmula totalitaria del "el que no tiene nada que esconder, nada tiene que temer" permitiendo así que esos medios de vigilancia y represión engloben también, y sobre todo, a esa supuesta clase media.

Pero, hay que repetirlo, la clase media no existe, es un invento, un medio de jerarquizar la sociedad, de fragmentarla para que no identifique sus verdaderos intereses comunes y exija su implantación poniendo fin a las políticas que benefician a la oligarquía.

Pongamos las cosas en claro:

1.- La riqueza, por mucho que los propagandistas del neoliberalismo se empeñen, es limitada. Por lo tanto si unos tienen demasiado será a costa de que otros tengan demasiado poco. Además, los que tienen demasiado siempre van a querer más y, por lo tanto, seguirán arrebatándoselo a los que todavía poseen algo, es decir: a lo que llaman clase media.

2.- Por lo tanto los aliados naturales de los que "todavía tienen un poco" no son los que "tienen demasiado" que monopolizan el poder y lo instrumentalizan, como estamos viendo en lo que llaman crisis actual y no es sino un gigantesco proceso de robo, sino los que lo perdieron todo o casi todo previamente a causa de los manejos de los que "tienen demasiado" y lo han conseguido robándoselo a los demás, único medio de conseguirlo.

3.- En resumidas cuentas: si existe una oligarquía poderosa (y existe) hablar de clase media es un recurso demagógico, un engañabobos. No hay tal cosa. Si existe una oligarquía poderosa en realidad solo existen dos bandos: ellos y el común de la sociedad. Si existe una oligarquía poderosa que controla el poder político, económico, judicial, represivo y hasta cultural todos, incluso los acomodados, somos proletarios. Hasta que no asumamos esta verdad indiscutible, no avanzaremos hacia una verdadera democracia. 

NOTA.- La fotografía es de Juan Antonio Capó.

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FIESTA NACIONAL Y MILITARISMO CANOVISTA

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Llega el día de la fiesta nacional y ¿cómo lo celebramos?...con el rey (o el príncipe, en este caso), los militares, la guardia civil, los vendepatrias del gobierno y un cura...¿esos son los valores prodeminantes de la nación? Del régimen sí, está claro, ¿pero de la nación?...

Mientras la ciencia y las artes están siendo destrozadas por el golpismo neoliberal, mientras la población está siendo asaltada navaja en mano por instituciones públicas y privadas, mientras la nación está siendo subastada y desmantelada por unos políticos corruptos al servicio de intereses antidemocráticos e imperialistas, el régimen, que se arroga indebidamente el papel de nación, monta un festejo a mayor gloria de sus rancios valores, de su derechismo antiespañol de siempre.

Y no debe extrañarnos esa continuidad. Ya sabemos, lo hemos explicado cientos de veces en estas mismas páginas, que el actual régimen no es sino la continuación del franquista de 1939 y el franquista la del borbónico de 1874.

No debemos olvidar a este respecto que Alfonso XII llegó al poder mediante un golpe de estado en 1874 (y tras el asesinato del General Prim) y estableció un régimen parlamentario bipartidista destinado a favorecer a los ricos y oprimir a la mayor parte de la sociedad española mediante la represión continuada ejercida por el ejército y la guardia civil. 

Cuando el turnismo del sistema pergeñado por Cánovas del Castillo a través de la constitución de 1876 (sustentada, no lo olvidemos, en un golpe de estado, un asesinato y los disparos y las torturas de los militares y la guardia civil contra los pobres, que eran la mayoría de la población) se deterioró hasta el punto de no funcionar, y tras la desfachatez de los gobiernos de unidad nacional con sustento parlamentario, se llegó a la dictadura de Primo de Rivera, sustentada ya en los militares africanistas. Los chusqueros sin apenas formación que habían ascendido por "méritos de guerra" en las de Marruecos donde se defendían los intereses mineros y bursátiles de la alta burguesía hispana con la sangre y el sacrificio de los pobres. 

En 1931 el sistema no podía sostenerse más y llegó la República que los africanistas, la iglesia y la alta burguesía, temerosos de perder sus privilegios si se establecía una democracia real en España, tras un periodo de gobierno derechista que se sustanció en un casi continuo estado de excepción con las garantías constitucionales suspendidas, el pistolerismo falangista en la calle protegido por la policía y la guardia civil y la salvaje represión del movimiento obrero (1933-1936) y tras perder las elecciones de febrero de 1936 recurrieron al golpe de julio de ese mismo año y a su premeditado plan de exterminio de los demócratas españoles para recuperar el poder, que mantuvieron, Franco (chusquero africanista) mediante, hasta 1975. 

Luego, la transición, nos condujo, en 1978, de nuevo a 1876. De modo que no es de extrañar que el régimen al celebrar la "fiesta nacional", celebre "su" fiesta, no la del pueblo y reproduzca en ellas "sus" valores y no los del pueblo.

Hay que cambiar, derribar el régimen ilegítimo y establecer una verdadera democracia. Hoy mejor que mañana. ¡Sublevaos!

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PACO EL INFALIBLE.

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Al nacional-catolicismo militante e integrista que domina este país a viva fuerza y a sangre y fuego (recordemos los crímenes de la inquisición, el genocidio iniciado por ellos en 1936, etc.) le gusta hacernos comulgar con ruedas de molino e imponernos sus absurdos y retorcidos usos ideológicos y morales (véase la reforma del código penal llevada a cabo por ese opusiano integrista que es Ruiz Gallardón y el modo en que nos retrotrae dictatorialmente a los años cincuenta del siglo XX) que, como sabemos, están fuera de toda lógica y toda justificación racional.

Entre los dogmas más convenientes para el totalitarismo sectario del nacional-catolicismo y menos justificables desde el punto de vista filosófico e incluso teológico está el de la infalibilidad del Papa. Este dogma se impuso en el I concilio del Vaticano, allá por 1870, para reforzar la autoridad del papa-monarca sobre un mundo que iba escapándosele de las manos en pleno auge del "modernismo" y de la unificación italiana, que acabaría despojándole de su condición de jefe de estado terrenal hasta que se la devolvió, sin por ello hacer grandes concesiones territoriales, el católico (y por ello fascista) Mussolini. 

Que la supuesta infalibilidad de un tipo al que aconseja una palomita blanca bajada del cielo tan solo en virtud de un cargo electivo al que llega al final de su vida es una chorrada como un piano no se le oculta a nadie, pero ha sido un dogma incontrovertible para los integristas católicos desde que se impuso como tal a finales del siglo XIX (y no antes). 

De modo que los integristas nacional-católicos creen a pies juntillas en la infalibilidad del papa y deben obedecerle. 

¿Qué sucede? Que cuando el papa no es de su agrado, como se da con el actual, el tal Francisco, que les está saliendo rana medio centrista, empiezan a gritar, a insultar y a desacatar (como siempre: es su vena totalitaria y talibanesca que no pueden ni quieren controlar, son fascistas por la gracia de su dios y su cerrazón mental y moral es absoluta. Saben y apetecen imponer, incluso por las armas, sus retorcidas y contraproducentes ideas pero ni quieren ni saben obedecer y respetar a quien les lleva la contraria, aunque se su jefe infalible) y a retorcer el colmillo para zafarse de la obediencia debida. 

Pero despreciados integristas nacional-católicos: os jodéis. Hay que estar a las duras y a las maduras. Si el papa es infalible, lo es siempre y en todo momento incluso cuando os desautoriza y os obliga a bajaros de la burra. De modo que ajo y agua y a cambiar...(cosa que no haréis porque ni creeis en vuestro dios ni en vuestra iglesia, solo en vuestro totalitarismo sectario y eso, si tuvieséis algo de vergüenza y de verdadero sentido religioso, os debería hacer pensar). 

NOTA.- La fotografía es de Mara earth light free potential. 

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ESPERPENTO OLÍMPICO

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Afortunadamente el Comite Olímpico no le ha concedido a Madrid la organización de las olimpiadas de 2020. De este modo habrá menos déficit disipado en operaciones corruptas y en pelotazos turbios que luego debamos pagar indebidamente los ciudadanos. Se pone coto al latrocinio organizado de la oligarquía dominante y sus sirvientes políticos y freno al ridículo triunfalismo que llevó al gobierno intruso del ilegítimo régimen que padecemos a vender la piel del oso a través de sus órganos propagandísticos (y, señaladamente, TVE) antes de cazarlo. Podemos decir que hemos tenido suerte. 

Pero, pasado el suspiro de alivio, todavía con la sonrisa en los labios, conviene parar mientes en lo sucedido, profundizar y sacar conclusiones sobre lo ocurrido. 

La primera de ellas, y no resulta baladí, es constatar que el concierto internacional al que nuestros ilegítimos jerarcas obedecen genuflexos, dista mucho de apreciar, legitimar y tener en cuenta al régimen vigente y, muy especialmente, a sus actuales dirigentes peperos. 

Estos, queriendo olvidar interesadamente que España es un país y no una empresa, andan por esos mundos publicitando lo que llaman la "marca España" que, se ha visto claramente en las deliberaciones del COI, se sustancia en corrupción política, doping, ineficacia de gestión y fracaso económico. Eso y no otra cosa es lo que vende el actual régimen en el exterior y, muy especialmente, los gobiernos y jerarcas del PP. 

La marca España que han diseñado a su imagen y semejanza los retrata perfectamente lastrando de facto toda posible proyección internacional de España como país y como pueblo. La marca España es la gran apuesta del régimen, de los ideológos neoliberales del mismo y de la nefasta, corrupta e ineficaz oligarquía que lo respalda y parasita. Y es un fracaso. Es un fracaso porque ellos y su régimen lo son. Ni siquiera sus correligionarios del exterior les llegan a tomar en serio, a creérselos. Les desprecian y ese desprecio se hace extensivo a todo lo español. Por lo tanto queda claro que nuestra única posibilidad de futuro es hacer saltar el régimen, un régimen político, económico y social fracasado, sin legitimidad ni credibilidad que pesa sobre el pueblo, sobre todos y cada uno de nosotros, como una pesada losa de mármol funerario. Si queremos un futuro tenemos que buscarlo y pasa necesariamente por librarnos del yugo (y peso muerto) de la mentada oligarquía (cuyos haberes, en su mayor parte robados a España, deben ser puestos a disposición del estado) y sus siervos políticos, judiciales y propagandísticos. El régimen es un fracaso perpetuo porque ellos han fracasado, por lo tanto debe ser regenerado y cuando digo regenerado quiero decir remozado desde los cimientos al tejado. Hay que derribar y volver a construir. 

Pero no puede extrañarnos el fracaso del régimen y del PP si atendemos al aberrante espectáculo que han protagonizado en Buenos Aires. El partido envió para allá a lo más granado de sus filas, individuos investidos por mor de la estulticia de gran parte del pueblo español, de flamantes cargos institucionales. Individuos, todos ellos, sin ningún carisma, sin peso internacional, sin prestigio, con la sombra de la corrupción y la ineficacia acechando sus figuras y sus relaciones políticas y amistosas. Individuos incapaces de hablar inglés, cuando es la lengua del imperio al que rinden pleitesía y obedecen a p¡es juntillas, pero también incapaces, como el presidente intruso Rajoy, de dar un discurso en castellano sin leerlo. Aunque, qué cabe esperar de un tipo al que en la campaña electoral le hacen la clásica pregunta pactada en un programa televisivo de propaganda electoral y en lugar de responder (y era algo que debía saber de carrerilla si quería gobernar, tener al menos una idea, aunque fuera equivocada, clara de las medidas a tomar) salta con que no entiende su propia letra en el folio que lleva escrito...y sin embargo hubo millones de cenutrios que le votaron. Lo cual viene a demostrar que el fracaso del régimen trasciende al de sus fautores y que hay varios millones de españoles que lo comparten y lo perpetuan y que, constituidos en un problema de futuro, deberán ser tratados como tal en la necesaria (y siempre lejana) rectificación que precisamos. 

Luego está el ridículo mensaje que en vergonzoso spanglish trató de transmitir la alcaldesa no votada de Madrid vendiendo de nuevo el sol y fiesta españoles cuando lo que se requiere para organizar cualquier cosa es eficacia y capacidad de trabajo. Son tan inútiles, con tan escasas dotes intelectuales y políticas, que resultan incapaces de variar el discurso turístico franquista para adaptarse a las necesidades del momento. 

A ver, señores, un ejemplo práctico: yo soy un maestro de perder el tiempo tomando cañas y tapitas en las terrazas en verano y del café con leche y churros en los bares en invierno, cualquiera de ustedes que comparta estas cualidades conmigo seguramente lo pasará bien. Pero debemos convenir que no son la mejor carta de presentación para que se me incluya en la selección olímpica,o cualquier otra de personal, ni siquiera para hacer bulto. Lo suyo es lo mismo: no vayan a vender sol y fiesta cuando lo que se requiere es gestión y eficacia. Claro que ningún gobierno del PP puede vender gestión y eficacia, tan solo despilfarro, estupidez, ineficacia y corrupción y así es muy difícil conseguir nada. Ya les han visto el plumero y lo triste es que el sanbenito nos cae a todos los españoles por igual.

Eso aparte el esperpento de esos corruptos ignorantes lanzando las campanas al vuelo en TVE para intentar recuperar la iniciativa propagandística (lo que constituyó otro error más, otra estupidez que añadir a la lista) cuando todavía no se había conseguido ni había visos de conseguir el objetivo, haciendo el ridículo en la presentación (demostrando su ignorancia, su pequeñez como estadistas, su profunda incapacidad para los puestos que detentan) y luego llevándose la bofetada y la sorpresa de ser eliminados en la primera votación, lleva a reflexionar muy profundamente sobre algunos de los aspectos más destructivos y delictivos de sus políticas. 

Me refiero a eso que llaman "reforma" educativa y  no es sino un atentado directo contra las posibilidades de formación superior de las clases menos pudientes, es decir: todas menos la suya. Ya sabíamos que no se trataba de un golpe inocente, que procedía de una ideología profunda y repugnantemente clasista y destinada a esclavizar a quienes no pertenezcan a la oligarquía dominante. Pero lo visto en Buenos Aires y teniendo en cuenta que pocos días antes 600 miembros jóvenes de esa misma oligarquía celebraron en Salamanca una mega-orgía con capeas y base de música de Julio Iglesias y carteles con el nada erótico careto de Rajoy, queda claro que la cosa va mucho más allá.

La casta dominante ha tomado conciencia de su retraso intelectual, de su falta de preparación (por muchos títulos privados que acumulen), de los estragos de la endogamia y de la formación clerical en sus filas y tiene pánico. A igualdad de posibilidades los vástagos de la oligarquía tienden a quedar en inferioridad de condiciones frente a los bien preparados jóvenes de las clases bajas. Las reformas educativas del ilegítimo gobierno más allá de la repugnante ideología neoliberal que aplican tienen como finalidad yugular la competencia, seguir reservando a los incompetentes de la clase alta los puestos decisivos del ordenamiento político y económico. En resumidas cuentas: seguir alimentando un régimen fracasado que nos lleve a esperpentos como el que tuvimos que soportar sonrojados en Buenos Aires.

¿Váis a consentirlo? ¡Sublevaos!

NOTA.- la fotografía es de Iwillbehomesoon.

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LOS MUERTOS DEL PP

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No voy a recordar aquí el genocidio tramado por el nacionalcatolicismo y la oligarquía contra el pueblo español que luchaba por la democracia y la justicia social en 1936. No voy a hablar de las torturas, asesinatos y violaciones indiscriminadas cometidas por los abuelos y los padres de los actuales militantes del PP, no voy a decir nada sobre las fosas que siguen escondiendo, nada sobre la represión salvaje y la corrupción intrínseca del régimen franquista que permitió, entre otras cosas, la organización por la iglesia de mafias dedicadas al robo de niños, delito que, no nos engañemos, sigue sin investigar en profundidad.

No. Los crímenes del franquismo pesan sin ninguna duda sobre la repugnante concienciencia de la derecha española, de los militantes, votantes y simpatizantes de ese partido criminal, antipatriota, desleal y corrupto que es el PP. Pero no voy a hablar de eso aquí. No quiero ponerles fácil la respuesta. Ya sabemos que tienen respuestas prefabricadas para todo. Si yo les nombrase los crímenes de sus mayores se rasgarían las vestiduras pronunciando el "palabro" guerracivilismo y criminalizando acciones que no fueron, en caso de darse, sino la legítima defensa del pueblo frente a un plan de exterminio premeditado y llevado a cabo con milimétrico sadismo fascista.

Dejaremos, pues, el pasado anterior a 1977.

No hablaré tampoco de los crímenes cometidos por la ultraderecha, más tarde desembocada en el PP, durante la llamada transición y que tantos jóvenes sanos y prometedores dejaron en el camino para asegurar un régimen liberal controlado por la oligarquía nacionalcatólica con la indispensable y culpable complicidad del PSOE.

Al hablar de los muertos que el PP carga sobre sus espaldas y demostrar la absoluta falta de respeto a la vida humana y a la ciudadanía de esa cuerda de facinerosos robaperas pijo-fascistas, me basta con centrarme en este siglo.

Tampoco voy a hablar de las personas que han muerto y van a morir por las privatizaciones de la sanidad, de las que han caído en la indigencia y seguramente morirán oscuramente a causa de las medidas de terrorismo social implementadas por el gobierno intruso y golpista de Rajoy. Nada de eso. Quiero hacer reflexionar a quienes todavía hoy simpatizan con unas siglas, con una organización tan incivilizada y nociva que debe desaparecer de la ecuación social y política de España para que en este país exista una remota posibilidad de progreso y democracia. Una organización criminal y corrupta que debe ser ilegalizada y cuyos responsables deben comparecer ante tribunales democráticos, tribunales del pueblo, para responder por sus constantes y numerosos crímenes que abarcan desde el terrorismo social a la alta traición.

No, para apelar a la conciencia de los todavía simpatizantes de la mafia pepera y hacerles reflexionar sobre la calaña de aquellos bajo cuyas banderas militan me basta con poner sobre la mesa algunos casos señeros y modernos:

1.- Los muertos en los atentados del 11 de marzo de 2004, causados por el seguidismo de un aznarato ultrarradical ( y luego bien recompensado) del imperialismo yanqui. Sin nuestra ilegal intervención en Iraq para que los Estados Unidos se pudiesen apoderar de los recursos de un país independiente convertido en colonia, no hubiéramos padecido esa masacre. Aquellas doscientas personas seguirían vivas. Hay que recordar también el modo en el que reaccionó el gobierno del PP en semejantes circunstancias. Con tal de ganar las elecciones y no afrontar la responsabilidad de sus líderes (Aznar, Rajoy) que todavía no ha sido adecuadamente juzgada, recurrieron a la mentira, la mixtificación y la desinformación. No les sirvió de nada. La sociedad reaccionó a tiempo y los desalojó de la Moncloa que ocupaban ilegítimamente desde el mismo instante en que empezaron a servir los intereses de una minoría y de unas potencias imperialistas extranjeras en lugar de los de la mayoría social, de la detentadora de la soberanía nacional. Es decir: desde 1996.

2.- Los muertos del Prestige. Pensará el lector que no hubo muertos en esa catástrofe, pero se equivoca. La inoperancia del ilegítimo gobierno de Aznar, comandado en aquel asunto por Mariano "Hilillos de Plastilina" Rajoy, causó una masiva marea negra que fue limpiada no por el estado sino por miles y miles de voluntarios que en muchos casos empezaron años después a padecer secuelas a causa del contacto con los agentes patógenos del crudo derramado con la mala suerte de que las políticas de privatizaciones de la sanidad pública del PP y de la precarización del nivel de vida les ha privado y seguirá privando de una atención adecuada. El PP causó la crisis y el PP está rematando a los heroicos voluntarios del 2002 en Galicia.

3.- Los 62 militares españoles muertos en el accidente del Yak-42 en Turquía el 26 de mayo de 2003...invito a todos los lectores, pero especialmente a los relacionados con el ejército (que, no nos engañemos, en España siempre ha sido derechista) a considerar no solo la falta de consideración hacia unos profesionales al servicio de España (y subcontratados por el gobierno para servir al imperialismo yanqui) que representaba trasladarlos en aparatos en semejantes condiciones, sino todas las desvergonzadas infamias que desde entonces y hasta el día de hoy se han sucedido por parte del PP contra la memoria y los familiares (también contra el respeto debido al ejército como institución y a sus miembros como profesionales con clara vocación de servicio) de aquellos caídos. Caídos por la desidia y la rácana falta de respeto de un gobierno.

4.- Los 43 muertos del accidente del metro de Valencia en 2006, bajo el gobierno regional del PP, y, de nuevo, la falta de respeto del partido y sus dirigentes hacia las víctimas y sus familiares, hacia el pueblo en general, y el modo siempre capcioso y torticero en el que tratan de eludir su responsabilidad.

Son solo ejemplos de los muertos que el PP carga a sus espaldas en los últimos años.

No digo nada más. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

NOTA.- La fotografía es de Kristyhall.

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MALVINAS: UN REFERENDUM SIN VALIDEZ LEGAL.

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Los piratas ingleses suelen utilizar siempre el mismo truco para quedarse con los territorios usurpados ilegítimamente en virtud de las razzias corsarias que les convirtieron en una nación, todavía lo son, indeseable, peligrosa, agresiva y por completo falta de moral.

Primero ocupan un territorio que no les pertenece, luego lo colonizan con colonos propios y cuando la nación afectada por su indebida e ilegítima usurpación exige la restitución de ese pedazo de suelo que le corresponde, en lugar de reconocer el hecho histórico e ilegítimo del latrocinio, que les desposee de todo derecho y les condena en cuanto nación agresora e infractora de todos los principios de jurisprudencia internacional, hacen una pamema "democrática" montando un referéndum entre sus colonos que carece de ninguna validez legal por el mero hecho de que la colonización es un acto subsiguiente a la apropición razón por la cual, al ser la apropiación indebida, la colonización es una consecuencia igualmente ilegítima y carente de validez legal. Los colonos británicos en territorios usurpados por el imperio británico no tienen derecho a decidir el futuro de esos territorios. Pretenderlo así es artimaña de leguleyos al servicio de piratas.

Por ese motivo, del mismo modo que los colonos británicos en Gibraltar no tienen derecho a opinar sobre el futuro de este trozo arrebatado de España que indefectiblemente debe regresar a la soberanía española libre de pobladores ilegítimos, el reciente referéndum de los ilegítimos colonos británicos de las Malvinas carece de toda validez jurídica y política. Los ocupantes ilegales de un territorio ilegalmente arrebatado no pueden decidir su futuro. Las Malvinas son y siempre serán argentinas.

Conviene ir poniendo en evidencia los modos torticeros y las maniobras propagandísticas del decadente imperialismo inglés. No existirá verdadera democracia en el mundo hasta que se rompan las barajas marcadas con las que juegan los imperialistas anglosajones.

NOTA.- La fotografía es de Gustavo Facci.

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MORALES O RAJOY

El autobombo y el triunfalismo son dos de las más acusadas características de los regímenes neoliberales. Instalados en la mentira constante, en la represión y la estafa perpetua, en la ineficacia y la traición, su única baza para mantenerse antes de recurrir a masacrar ferozmente a sus ciudadanos (véase los ejemplos de Chile o Argentina en los años setenta, que no están lejos de nuestro futuro inmediato), es la propaganda constante. Insultar y denigrar a las alternativas políticas, reiterar mantras y lemas sin base real pero que calan en la población (America es un gran país, España va bien, la culpa es de..., últimamente, en España, de Zapatero, pero la frase se puede completar con el nombre o la idea que convenga siempre y cuando la responsabilidad se aparte del gobierno de turno...)...conocemos el sistema, no es preciso analizarlo aquí en profundidad.

Cuando el triunfalismo va acompañado siquiera de una pátina de mlitarismo potente y capacidad de intervención imperialista puede, incluso, resultar impresionante y hasta desatar el patrioterismo histérico de las masas políticamente incultas, pero cuando se codea con la incompetencia y con la imposibilidad acaba convirtiéndose en ridículo sainete, en astracanada sardónica.

Imaginen a un hombre de pene minúsculo, edad avanzada e incapacidad probada para la erección intentando protagonizar, en competencia directa con, digamos, Nacho Vidal, una película pornográfica...¿imaginan su ridículo? Máxime si se las da de gran garañón y ocupa la pantalla profiriendo bravatas.

Bueno: pues esa es la viva imagen de los gobiernos intrusos de España. Recuerden a ese Aznar que regaló hasta los muebles, los de todos, el patrimonio común de los españoles, alardeando de superhábit (pan para hoy, hambre para mañana, como hemos visto) y correteando como un perrillo faldero para ocupar un puesto en la foto junto al emperador yanqui mientras cacareaba sirviendo a intereses especulativos extranjeros durante la invasión de Iraq como si todavía tuviéramos a disposición los tercios de Flandes y la segunda flota más poderosa del mundo para dejar luego que hasta Polonia enviara más tropas que nosotros. Observen también al golpista y traidor Rajoy convirtiendo lo que queda de España en colonia de los fondos de riesgo anglosajones y el imperialismo alemán, haciéndose el gallito cada vez que un país del otro lado del charco nacionaliza una parte de las empresas españolas privatizadas que conforman el verdadero e ilegítimo gobierno en la sombra del ilegítimo régimen que padecemos.

Hay fanfarrias, alardes, amenazas (que suenan a lloriqueos) y poco más. No bombardeamos Buenos Aires, en buena lógica imperialista, cuando nacionalizaron YPF no por bondad de nuestros gobernantes ni por pacifismo, sino, sencillamente, porque no fue posible. Si hubiéramos enviado los barcos al Plata nos los hubieran hundido y, a lo mejor, hubiéramos visto a la armada argentina bombardeando Cádiz o La Coruña. Por eso mismo no bombardearemos La Paz...porque las fraudulentas privatizaciones de Aznar conviritieron a España en el imperio hacia dios que proclamaba Franco...un imperio de chichinabo, ridículo, imcompetente, inviable, con los pies de barro y contrario a los propios intereses nacionales que se cifrarían más en colaborar con nuestros países hermanos en liberarnos conjuntamente del yugo anglosajón que en servir subsidiariamente al imperialismo yanqui-germánico en la hispanosfera.

Naturalmente, ahora asistiremos a un inaudito despliegue propagandístico en todos los medios del régimen (es decir: prácticamente en todos), una cascada de calumnias e insultos contra los gobiernos de Bolivia, de Argentina, de Ecuador, de Cuba, de Venezuela...pero conviene tener muy claras las cosas, apunten: Evo Morales nacionaliza unas empresas que especulan en un sector estratégico clave para el desarrollo nacional con la intención de conseguir un precio justo y razonable de la luz en todo el país. Rajoy, por el contrario, mantiene la privatización y los privilegios de esas mismas empresas, que deberían estar nacionalizadas, para que unos cuantos especuladores privados ganen más a costa de que el recibo de la luz no deje de subir y multiplicarse para los ciudadanos de España. ¿Quien es el traidor al pueblo?¿quien el delincuente?¿quien el golpista indeseable?...

El ilegítimo régimen español es corrupto, enemigo del pueblo, ineficaz, ridículo e inviable. Las cosas no pueden seguir así: subleváos. Cambiadlas.

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EL RÉGIMEN Y LA REALIDAD.

O sea que sale el rey en su discursito anual (en el que, por cierto, tiene la desvergüenza de felicitar las navidades pasandose por el forro de los reales y borbónicos cojones la neutralidad institucional propia de un estado laico y que como mucho le hubiera autorizado a felicitar las fiestas) diciendo cuatro tonterías hueras, sin más significado más allá de la retórica falaz del ilegítimo régimen que padecemos y a los partidos turnistas, excepto los que andan buscando uvas por los márgenes del corrupto sistema para ser más corruptos y afianzar con mayor ímpetu fascista su proyecto de dominación oligárquica y acaso acaben trasquilados incluso por sus pares, se les hace, como vulgarmente se dice, el culo pepsi-cola lanzándose a aplaudir incluso con las orejas las insulsas, hipócritas y perfectamente prescindibles palabrejas de un jefe de estado de probidad más que dudosa que luego se fue a cenar con su familia, incluyendo al yerno imputado, del mismo modo que los turnistas brindaron felices con sus afiliados y socios salpicados por todos los indignos niveles de corrupción de  esta monarquía filofranquista y bananera que solo con mucho, muchísimo morro, puede llamarse democracia.

Por lo visto hoy por hoy el mayor problema de España es la meada fuera del tiesto de determinados partidos turnistas empeñados ahora en envolverse en las barras de Aragón (ellos las llaman senyera) para justificar sus latrocinios y su dominación al margen de la convivencia de familias mafiosas que representa el ilegítimo régimen.

Los parados, los recortes, la privatización salvaje de todo lo público, la emigración forzada de lo mejor de nuestra juventud, los miles de niños que probablemente no probarán el turrón estas navidades, las miles de personas arrojadas de sus casas, la conversión de la mano de obra en semi-esclava, las legítimas protestas ciudadanas, las ansias de cambio y mejora...nada de eso es importante. Nada que no sea la dinámica interna del régimen parece importar...

Es en las ocasiones difíciles, en los tránsitos peligrosos en los que los jefes se legitiman o se hunden. Aquellos valientes que se zambullen en el barro para luchar codo con codo con sus pueblos, para vivir o morir con ellos, son los que perduran. Sin embargo el autismo institucional sobre ser demostración de regímenes escasamente democráticos conduce directamente a la pérdida de sostenimiento social, a la ilegitimidad y a la caída.

Si algo demostró el discurso del rey en 2012 es que el régimen está condenado.

De quienes lo integran y representan no podemos esperar nada que responda a nuestras demandas, ninguna renovación efectiva, ninguna respuesta al pueblo, porque el pueblo no forma parte del régimen, sino que lo sufre. Las únicas voces que cuentan en el interior del turnismo liberal-capitalista son las surgidas de los conciliábulos fácticos: los bancos patrios y nuestros colonizadores extranjeros. El pueblo, simplemente, es un recurso que explotar y poner al servicio de los intereses oligárquicos e imperialistas. Acabada la representación, agotadas las mentiras, solo nos espera el palo y tentetieso, la represión que ya hemos empezado a conocer desde el 2011...

Es decir: solo nos queda un camino. LA REVOLUCIÓN.

HEMOS DE RECUPERAR EL CONTROL SOBRE NUESTRO DESTINO, ESTABLECER UNA VERDADERA DEMOCRACIA DISEÑADA PARA EL BIEN COMÚN Y NO AL SERVICIO DE INTERESES DE UNOS POCOS Y SUS AMOS EXTRANJEROS.

Y ESO HAY QUE CONQUISTARLO, NO NOS LLEGARÁ LLORIQUEANDO NI ESPERANDO EN CASA. ¡SUBLEVAOS!...

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DE AQUELLOS CORRUPTOS POLVOS...

El siglo XVIII fue un hervidero de sinvergüenzas, ventajistas, estafadores y vividores que, copiando las fórmulas de explotación y estafa del pujante capitalismo inglés (sustentado, nunca lo olvidemos, en la piratería), trataban de aplicarlas en el continente so capa de "modernización" para robar a manos llenas.

En aquel tiempo la diferencia de mentalidad entre el mundo social e ideológico representado en el llamado Antiguo Régimen y el latrocinio legalizado representado por el liberalismo inglés que con tanto ímpetu trataban de trasplantar esos vividores al resto de Europa era enorme. Un abismo tan grande que hombres brillantes educados en el primero acababan por lo común estafados y arruinados en el segundo. Se me ocurren muchos ejemplos al respecto pero ninguno mejor que el de Daponte (libretista de algunas de las mejores óperas de Mozart y Martín y Soler) que cometió el error de trasladarse a Inglaterra primero y a Estados Unidos después acabando encarcelado por deudas, estafado, vilipendiado y apartado de toda vida cultural (esta siempre fue incompatible con el capitalismo liberal) hasta el punto de verse reducido a la condición de tendero en los alrededores de Nueva York.

Naturalmente esa canalla, que recorría las cortes europeas y en muchos casos ahora son venerados por la ortodoxia liberal-capitalista como apóstoles de la causa y popes de la libertad, recaló también en España generando negocios y modos de hacer que todavía perduran causándonos infinitos problemas y que estuvieron amañados desde el primer instante de su instauración.

Un buen ejemplo de la catadura moral de los individuos que pulularon por la corte española allá por el XVIII tratando de implantar el "liberalismo" y el capitalismo al modo inglés para su propio beneficio lo tenemos en 1768 cuando el mismísimo Giacomo Casanova apareció por Madrid tratando de poner en marcha un negocio de lotería que naturalmente pretendía gestionar él. No consiguió nada y eso que contó con la protección del Marqués de Mora y Conde de Fuentes, un Pignatelli (el padre de Ramón, constructor del Canal Imperial, cuya obra impulsó con una sociedad anónima de acciones víctima a su vez de una burbuja y una quiebra espectacular, aunque al cabo lograra recapitalizarse, y de José, que llegaría a santo en el fragor de la batalla feudal entre Pignatellis y Palafox, que se prolongaba desde el siglo XVII y alcanzó su cénit durante los sitios de Zaragoza), de origen italiano que disfrutaba de gran influencia en la corte española por su vinculación con el partido aragonés.

En 1766 el Conde de Aranda, a la postre general y cabeza de la nobleza aragonesa, aprovechando el Motín de Esquilache, dio un golpe de estado llevando tropas desde Valencia a Aranjuez para "proteger al rey" convirtiéndose en el hombre fuerte del momento, estatus que trató de blindar valiéndose de amigos y parientes para ocupar los puestos claves del gobierno. Así se formó el influyente partido aragonés que contaba entre sus miembros con los Pignatelli y otras muchas familias emparentadas con la nobleza italiana (los propios Palafox habían emparentado con los Melzi de Milán) y el comerció barcelonés y , a través de ambos, a los intereses de la banca toscana y milanesa y por lo tanto a las nuevas formas económicas del capitalismo inglés. No en balde los masones españoles del siglo XIX quisieron incluir al conde de Aranda entre los introductores de la masonería (quintaesencia de la ideología liberal-capitalista anglosajona) en España aunque se trate de una noticia absolutamente falsa.

Para comprender del todo la dimensión de estos intereses y de la influencia del parentesco en la ideología de ese grupo baste poner un ejemplo. El citado marqués de Mora y conde de Fuentes tuvo muchos hijos, la mayor parte de ellos clérigos, y solo un heredero: Joaquín que contrajo matrimonio con una italiana: Maria Luisa Gonzaga, duquesa de Solferino, muriendo sin descendencia directa. El condado de Fuentes lo heredó un sobrino suyo: Armando Pignatelli, un francés partidario del régimen napoleónico que en 1808 fue enviado por el emperador a Zaragoza para ejercer el cargo de Capitán General de Aragón durante el régimen intruso de José Bonaparte y con el apoyo del Conde de Cabarrús. Ambos, Cabarrús y el Conde de Fuentes, fueron detenidos por el General Palafox como traidores. Pero hay que tener muy en cuenta que el régimen de Pepe Botella fue uno de los primeros intentos liberal-capitalistas de hacerse con el control social y político de España.

Naturalmente todo ese proceso es demasiado complejo para desarrollarlo a fondo en un artículo de blog, de modo que aquí nos veremos obligados a sintetizar pero servirá lo que expongamos para comprender cual es el origen de la actual oligarquía española y las estructuras que nos han conducido al vórtice que nos arrastra al abismo. Y para conducir ese estudio es bueno que nos fijemos precisamente en Cabarrús cuya vida personal y familiar constituye inmejorable hilo de Ariadna para el seguimiento de los acontecimientos que debemos explicar.

Francisco Cabarrús fue un inmigrante francés en Zaragoza. Esta figura, que ahora se nos antoja extraña, era frecuentísima en los siglos XVI al XIX. Muchos jóvenes del medio día francés (Cabarrús procedía de Bayona) se instalaban en Zaragoza para prosperar (de ahí la gran cantidad de apellidos de origen francés que existen en todo Aragón). Este fenómeno concluyó con la invasión napoleónica. Pues bien: Cabarrús siguió un esquema típico. Entró a servir en casa de otro inmigrante francés anterior dedicado con éxito al comercio y heredó el negocio casándose con su hija. Cabarrús llegó a España en torno al 1770, cuando el partido aragonés se encontraba en lo más alto y sus "ilustradas" medidas de liberalización y "modernización" empezaban a ponerse en marcha, y aprovechó sus contactos en Zaragoza (donde tenían palacios abiertos, familiares y clientes hombres como el Marqués de Mora o el Conde de Aranda) para labrarse un futuro en Madrid.

En 1779, cuando estalló la guerra con francia ( y él tenía unos 27 años), propuso al gobierno de la época un novedoso medio de financiación: la emisión de vales reales...exactamente: introdujo en España lo que ahora conocemos como deuda pública y todos sus problemas derivados. Además fundó en 1782 el Banco de San Carlos (antecedente directo del Banco de España) y especuló en diversos campos económicos y comerciales mediante la novedosa (entonces) artimaña capitalizadora de la sociedad anónima de acciones poniéndose en contacto de ese modo con la importante colonia de especuladores extranjeros (especialmente irlandeses que ejercían como intermediarios con los intereses comerciales y coloniales ingleses) de Cádiz.

Finalmente la carrera de Cabarrús se truncó como la de todos estos grandes financieros: se descubrió que había estado robando a manos llenas tanto del Banco de San Carlos como del negocio de los vales reales y en 1790 fue encarcelado.

Y en la cárcel se hubiera quedado de no tener una hija digamos...bastante ligera de cascos: la celebérrima Teresa Cabarrús, Notre Dame de Thermidor.

Teresita había nacido en Carabanchel allá por 1773 mientras su padre buscaba el modo de prosperar en la corte española. En 1785 marchó a estudiar a Francia y a los quince años contrajo matrimonio con el marqués de Fontenoy. Divorciada en 1792 se trasladó a Burdeos y allí se hizo amante del influyente revolucionario Tallien con quien se casaría en 1794 después de haber establecido una firme amistad con Josefina Beauharnais. Ese mismo año fue una de las personalidades que más influyeron en la caída de Robespierre...evidentemente todo ello la convertía en una excelente pieza política y de información para el régimen español que en 1792 liberó a su padre para tenerla a favor.

En los años siguientes Teresa Cabarrús sería amante de muchos de los más destacados revolucionarios (entre ellos Barrás) mientras participaba en el ascenso de Napoleón (quien, más tarde, la excluiría de su corte imperial por considerarla demasiado libertina). Entre sus amantes hubo uno: el banquero Ouvrard, que iba a tener enorme trascendencia para la historia de España.

En 1808 Cabarrús se pasó con armas y bagaje al régimen intruso de José Bonaparte, no podía esperarse otra cosa, y, a pesar de haber sido detenido ese mismo año en Zaragoza por el general Palafox, logró llegar a Madrid donde Pepe Botella le elevó al cargo de ministro de Finanzas, en el que murió en 1810 aplicando una política típicamente liberal y capitalista. Su hija, Teresa, tras muchos escándalos, acabó casándose con el Príncipe de Chimay y retirándose de la vida pública. Murió en 1835, alejada ya de toda influencia pero no sin antes haber dejado a su amante Ouvrard metido hasta el cuello en la expoliación de España y en la manipulación de sus asuntos.

Ouvrard era el típico financiero liberal: oportunista, especulador, partidario de un estado débil en relación con sus manejos económicos pero absolutamente dispuesto a enriquecerse obscenamente gracias al estado y a sus contactos con el poder que lo maneja. Su ascenso fue meteórico y típico. Hijo de un comerciante, se dedicó al comercio estabilizando su fortuna casándose en 1794 con la hija de otro comerciante rico. En 1798 consiguió un contrato para aprovisionar a la armada francesa y comenzó sus lucrativas relaciones amorosas con Teresa Cabarrús que, no olvidemos, era amiga de la esposa de Napoleón Bonaparte. Y no solo eso. Mantenía además una excelente relación con el gobierno español, dirigido por Godoy.

Godoy había alcanzado el poder en 1792 y pretendía encabezar un reformismo ilustrado al modo liberal- capitalista anglosajón por supuesto sin caer en el parlamentarismo. Con esa intención se rodeó de un gabinete de "ilustrados" liberales y, posponiendo los recelos familiares de los Borbones, comenzó un acercamiento a la Francia de Napoleón con la que se alió en 1796. Para ello utilizó los buenos oficios de Teresa Cabarrús que consiguió la libertad de su padre y su nombramiento como embajador de España en París en 1797.

Gracias a sus relaciones con Teresa Cabarrús, Ouvrard consiguió en 1799 la concesión de un nuevo contrato de abastecimiento para la flota española establecida en Brest y que en 1800 su detención a causa de ciertas operaciones comerciales fraudulentas quedase en mera anécdota. Para entonces ya estaba plenamente integrado en la política y los tejemanejes financieros españoles y en 1803 logró multiplicar su fortuna especulando, en connivencia con el regente del Banco de Francia, con obligaciones adscritas a los subsidios que España debía pagar a Francia en cumplimiento de los tratados firmados. Pero no quedó ahí la cosa. En 1804 consiguió el monopolio del comercio con la América española, dinero con el que salvó de la quiebra al Banco de Francia en 1806.

Por desgracia para él ya entonces había tenido lugar la derrota de Trafalgar, que paralizó virtualmente el comercio español con América y, por lo tanto, la afluencia de dinero a las arcas de Ouvrard para quien resultaba evidente que solo la paz con Inglaterra, y para ello era preciso permitirle hincar el diente en el comercio americano que tanto ansiaba, le permitiría recuperar el negocio que había conseguido en 1804, de modo que comenzó a negociar la paz con Inglaterra a espaldas de Francia y España lo que acabó llevándole a la cárcel por traición hayá por 1806.

Mientras tanto, en España, se iba gestando una reacción contra el dominio de Godoy y el partido "ilustrado", es decir: liberal. Esta oposición se nucleó en torno al príncipe de Asturias, futuro Fernando VII, y estalló en el motín de Aranjuez que produjo la caída del Príncipe de la Paz en marzo de 1808, para entonces ya era tarde. Los tratados con Napoleón habían permitido la entrada en España de tropas francesas y el partido liberal se las apañó para sustituir el régimen de Godoy por el de José Bonaparte, a la postre tan solo un paso más en el camino de subordinación al capitalismo francés que venían siguiendo desde hacía décadas. El otro partido, el del ya Fernando VII, tradicionalmente conocido como absolutista pero que puede definirse también como nacionalista, canalizó su oposición a través de la insurección armada dando origen a la guerra de Independencia, que fue también una guerra civil entre nacionalistas y partidarios de la sumisión de España a poderes económicos extranjeros.

Esta guerra se trasladó también al otro lado del Atlántico donde más que la independencia de las colonias se jugaba el interés de la oligarquía criolla por enriquecerse a través de un comercio directo con los ingleses que se hicieron los amos de América del sur a partir de esas fechas.

La guerra en España se prolongó hasta 1814 y, lógicamente, el régimen salido de ella, una vez derrotado Napoleón, no podía ser en absoluto similar al de Godoy.

Godoy había dominado la política española entre 1792 y 1808 con criterios "liberales" y tendentes a someter el país al capitalismo francés como forma de ganar fuerza frente al imperialismo inglés. El resultado había sido la invasión de España y la pérdida de gran parte de las colonias. Por lo tanto los liberales no podían pretender jugar ningún papel relevante en la España de 1814, menos aún tras la derrota de su gran valedor y titiritero: Napoleón.
Lógicamente, y sin otras referencias, el régimen de Fernando VII tendió hacia la tradición, a restablecer los parámetros políticos y económicos anteriores a Godoy lo que ya entonces resultaba anacrónico e imposible. Surgiría así esa nostalgia por la "España Eterna" idealizada tan cara al conservadurismo hispano, incluido el liberal.

Para entonces Ouvrard había salido de la cárcel y aprovechaba su halo de disidencia frente a Napoleón para encaramarse a los círculos de poder de la Francia de la restauración. Esta tenía un problema gravísimo: el pago de las grandes indemnizaciones de guerra y el mantenimiento de los ejércitos invasores. Ouvrard lo solucionó en tiempo récord con su proverbial capacidad para la ingeniería financiera y los contactos a alto nivel de modo que en 1817 lograba resolver ambos problemas al tiempo que casaba a su hija con un general francés al servicio de Rusia logrando que asistieran a la boda Luis XVIII y el Conde de Artois.

Inmediatamente comenzó a maniobrar para recuperar su poder y sus negocios en España. Naturalmente mientras el partido de Fernando VII se mantuviera en el poder no podía esperar nada. Después de todo él había sido uno de los más importantes colaboradores de Godoy. ¿Qué hacer?...sencillo: recurrir al golpe de estado.

Las cortes de Cádiz, donde era numeroso el elemento liberal, habían proclamado una constitución que avanzaba en la ortodoxia liberal-capitalista posponiendo el autoritarismo personalista de Godoy en aras de un parlamentarismo típico al gusto anglosajón. Por supuesto Fernando VII y su partido nacional-conservador no podían aceptar semejante deriva y la constitución de Cádiz quedó olvidada y sin demasiadas posibilidades de retornar a la historia al estar la mayor parte de sus partidarios en el exilio y no ser más que una pequeña élite "ilustrada".

En 1820 el liberalismo en España estaba muerto pero Ouvrard lo necesitaba y estimuló el irreflexivo idealismo del teniente coronel Del Riego (prisionero en Francia entre 1809 y 1814, donde se había hecho masón y convertido al liberalismo) para propiciar una sublevación militar que supuso el fin de las posibilidades de recuperar América, la definitiva conversión de España en una potencia de tercera y, eso sí, el restablecimiento de la constitución de 1812 permitiendo el regreso a España de miles de exiliados liberales y el ascenso político de los comerciantes gaditanos, muchos de ideología liberal y genealogía poco española. De este modo el partido liberal, desestructurado y disperso, recuperó todo su poder en España.

Ouvrard tenía grandes esperanzas en el régimen liberal español de 1820 pero estas se vieron pronto defraudadas. Para empezar no existía ya un comercio con América que él pudiera monopolizar, el boom económico-especulativo que significarían los ferrocarriles aún quedaba muy lejos y, en general, perduraba el recuerdo de sus actividades en tiempo de Godoy y el modo en que estas habían llevado a la derrota de Trafalgar y a sustentar el banco de Francia con dinero español, de modo que ni siquiera los políticos liberales estaban dispuestos a permitirle volver a las andadas. Para entonces Cabarrús llevaba diez años muerto, Teresa Cabarrús otros tantos casada felizmente con el Príncipe de Chimay y retirada de los asuntos, Napoleón más de un lustro en Santa Elena...y Luis XVIII no era capaz de influir al sur de los Pirineos si Fernando VII no disponía de poder omnímodo. De modo que los manejos de Ouvrard se vieron pronto frustrados.

No importó. El gran financiero cambió enseguida de bando poniéndose a disposición de la Santa Alianza concertando un negocio que conocía bien: el abastecimiento del ejército invasor de España. En 1823 los Cien Mil Hijos de San Luis invadieron España para derrocar el régimen liberal y restablecer el poder de Fernando VII y Ouvrard ganó una enorme fortuna abasteciéndolo, dinero que en gran medida salió de las arcas españolas en concepto de compensación económica a Francia por su actuación (porque el ejército francés ocupó ciudades y plazas fuertes quedándose en España hasta que Fernando VII pagó todo el monto de la operación). Pero no solo eso. Ouvrard intentó otra jugada conocida: emitir vales, acciones, sobre el valor de las indemnizaciones españolas para especular con ellas en la bolsa. En otras ocasiones operaciones similares le habían hecho multimillonario, esta vez, en cambio, significó su ruina. España llevaba en guerra desde 1808, el comercio con América estaba interrumpido en su mayor parte desde 1805...las arcas del estado estaban vacías y por lo tanto no pudieron ser saqueadas por los franceses. Esto hundió la cotización en bolsa de las acciones sobre el pago de indemnizaciones españolas y Ouvrard, arruinado, fue detenido por estafa. Ahí terminó su carrera. Vivió todavía algunos años exiliado en Londres, pero ya sin relevancia.

No obstante, sus manejos de 1820 y 1823 habían dejado sentenciada la inmediata historia de España.

La llamada, por los propagandistas e historiadores liberales, Década Ominosa (1823-1833), los últimos diez años del reinado de Fernando VII, no supuso otra cosa que un aplazamiento en el enfrentamiento. Para entonces, y sobre todo después de 1830, resultaba mucho más que evidente que el inmobilismo que este pretendía era ya poco más que una utopía. Ni España ni el mundo volverían a ser como antes de 1789. Es en esta época cuando comienzan a fermentar todos los traumas de la derecha española (el imperio ya perdido e irrecuperable pero añorado, el integrismo católico equiparado a identidad hispana, el centralismo borbónico como única forma de estructuración de España...) que curiosamente heredarán los regímenes liberales posteriores. Por otro lado los franceses, que andaban por la senda de un conservadurismo parlamentario (el ejército francés seguía siendo mayoritariamente bonapartista y ni Luis XVIII ni Carlos X pudieron lanzarse alegremente al absolutismo) impusieron en España un régimen similar. Oficialmente Fernando VII era absolutista pero bajo esa máscara podían moverse con cierta libertad muchos liberales siempre y cuando no alcanzasen un pérfil demasiado alto. Es más: en muchos casos los más posibilistas del partido fernandino, conscientes de que su inmobilismo era ya una reliquia del pasado, se encargaban de tender puentes o, al menos, de buscar nuevas vías.

En cualquier caso estaba cantado que a la muerte de Fernando VII iba estallar de nuevo la contienda entre ambos partidos. Entre los ilustrados-liberales y los nacionalistas-conservadores que llevaban a la gresca al menos desde 1792 por no decir desde 1766. No otra cosa sucedió bajo la apariencia de guerra dinástica.

El primer ciclo de guerras carlistas (1833-1849) fue en realidad un enfrentamiento entre ambos partidos que, sin embargo, estaban llamados a entenderse. Aparte de los intereses personales, muy importantes y de gran trascendencia política, como veremos, dos eran las grandes fallas que separaban a carlistas y cristinos, herederos de los partidos de Godoy y Fernando VII. Por un lado el papel de la iglesia. Los liberales se mostraban ferozmente anticlericales pero no dejaba de ser una pose. En su anticlericalismo alentaba, por supuesto, el odio liberal (y por lo tanto protestante y en gran medida masónico) contra la iglesia y los meridionales. Pero, sobre todo, la avaricia. La iglesia era una entidad riquísima a la que despojar. Y la avaricia es el principal rasgo psicológico y moral de los liberal-capitalistas. De modo que se lanzaron sobre ella como buitres poniendo en marcha las sucesivas desamortizaciones que vinieron a significar el cambio de manos de grandes cantidades de tierras y patrimonio pasando de la iglesia como institución a especuladores privados que cimentaron así sus fortunas. Algunas décadas más tarde, restablecido el equilibrio, iglesia y nuevos ricos se reconciliarían cerrando filas contra el pueblo.

Pero no debemos creer que las desamortizaciones se dirigieron tan solo contra la iglesia. En realidad supusieron un asalto a los bienes comunales y una privatización de millones de hectáreas de espacio público que pasaron de los municipios a la propiedad privada de esos mismos especuladores. Del mismo modo, muchas instituciones pías y municipales destinadas a asegurar a los campesinos frente a malas cosechas se convirtieron en propiedad privada de usureros y especuladores llevando a muchos campesinos al bando carlista para defenderse de dichas privatizaciones rapaces.

Por otro lado era la iglesia la más acérrima defensora de los expedientes de limpieza de sangre que mantenían apartados del poder a muchos de los especuladores del partido liberal de genealogías poco claras y, lo más importante, confusos intereses económicos y políticos asociados a las mismas. Había que derribar esas barreras para que los usureros y especuladores procedentes de mil padres y a menudo asociados en logias masónicas al servicio de los intereses coloniales ingleses, pudiesen "españolizarse" y manejar el poder.

El otro gran caballo de batalla fue el centralismo. Los liberales tenían como principal interés destruir el pasado. En su mentalidad individualista y rapaz ninguna institución que pueda representar un medio de solidaridad e identificación entre individuos o un límite para su rapacidad es aceptable. De ahí que los revolucionarios franceses destruyesen las regiones históricas de Francia instituyendo los departamentos. En España los liberales hicieron lo propio con las provincias. Asumían el centralismo borbónico y lo acentuaban destruyendo las comunidades históricas. Frente a eso, sobre todo en aquellas de más rancia tradición foral, surgió una poderosa reacción foralista. Y todavía hoy el liberalismo español anda enredado en esa guerra santa de imposición del centralismo sobre la diversidad de pueblos españoles. Y así nos va.

En medio de esta guerra civil, la reina regente decidió jugar sus cartas para arrimar el ascua a su sardina. Puesto que Don Carlos heredaba la jefatura del partido de su hermano, ella pugnaba por valerse del de Godoy para sus propios fines. Fue, con toda probabilidad la primer Borbón española en cambiar el absolutismo por el parlamentarismo y la corrupción como forma de vida y de estado.

Fernando VII murió el 29 de septiembre de 1833, el 28 de diciembre su viuda, María Cristina de Borbón- Dos Sicilias, madre a su vez de Isabel II, contraía matrimonio morganático y secreto con Agustín Muñoz, simple alabardero del palacio al que elevó a la categoría de duque de Riánsares. Ello no impidió que fuera reconocida como regente de Isabel II y se conviertiera durante siete años en la virtual jefa de estado. Durante ese periodo el duque de Riánsares se las arregló para lucrarse a comisión de casi todos los negocios españoles centrándose con el tiempo en dos: minas y ferrocarriles. Tal circunstancia hizo que los afectados por las extorsiones de Muñoz y sus rivales comerciales fueran buscando una figura que contraponerle y fue escindiendo el partido liberal originario en moderados y progresistas cuyas aparentes discrepancias políticas escondían en realidad oscuros intereses económicos de distintas facciones.

Acabada la Primera Guerra Carlista, el general Espartero pudo al fin convertirse en cabeza del partido contrario a los tejemanejes de la reina madre y su marido morganático siendo aupado a la regencia en 1840. Maria Cristina y su marido tuvieron que marchar al exilio estableciéndose en París tras pasar por Marsella y Roma.

En París Maria Cristina de Borbón-Dos Sicilias y su marido Agustín Muñoz encontraron el inopinado apoyo económico de un poderoso banquero, Luzárraga, dueño de una de esas extraordinarias y contradictorias biografías que generó la independencia de América y que a menudo tan poco conocemos y estudiamos.

Luzárraga padre, Manuel Antonio, había nacido en Bilbao en 1796. En 1811 embarcó como guardiamarina y en 1814 llegó a Guayaquil donde desertó para dedicarse al comercio. Molesto con la política impositiva del virreinato y viendo posibilidades de enriquecimiento con la entrada de los ingleses en América, se hizo liberal e independentista traicionando al rey y a España. En efecto se hizo millonario con el comercio de cacao y la usura en Guayaquil y a partir de 1830 alcanzó una gran influencia política en Ecuador gracias a su amistad con los presidentes Rocafuerte (suegro suyo) y Flores. En 1853, apesadumbrado por el remordimiento de su traición, decidió regresar a España para obtener el perdón de sus padres. Lo hizo con dos barcos cargados de cacao para limar asperazas. Sus padres no quisieron recibirle, de modo que empleó el dinero de los cargamentos en enriquecer varias iglesias vizcaínas y se retiró a Cádiz, cuna del liberalismo español y con gran presencia entonces de sus socios ingleses, donde murió en 1855.

Le heredaron sus hijos, que en 1859 lograron que Ecuador les permitiese fundar el Banco de Circulación y Descuentos, con emisión de dinero propio con el retrato de su padre en los billetes, emitidos en Londres. En general todos los herederos fueron malos gestores y la casa quebró en 1895.

Cuando Maria-Cristina y Agustín Muñoz llegaron a París se encontraron allí a Francisco Javier de Luzárraga, uno de los hijos de Antonio, que financió con esplendidez todos los lujos, caprichos y negocios del matrimonio pensando en inmejorables réditos futuros tanto en España como en América. Aunque tuvo la mala suerte de que todos sus planes se vinieron abajo. En España porque Maria-Cristina y Agustín Muñoz en lugar de devolverle el dinero que le debían, le premiaron con el título de Conde de Luzarraga y en América porque los ecuatorianos no estuvieron dispuestos a embarcarse en una nueva guerra.

En 1844 María-Cristina y Agustín Muñoz regresaron a Madrid donde se aliaron económica y políticamente con el general Narváez contra el general Espartero, lo que continuó la división partidista del régimen isabelino. Pero ya entonces tenían otros planes en América. El general venezolano Flores había llegado por tercera vez a la presidencia de Ecuador y pretendía extender su poder por Perú y Bolivia con una campaña de conquistas. Pero no podía presentar esta guerra como una ambición personal de modo que se sacó de la manga un proyecto político monárquico en el cual la unidad de América o de gran parte de la misma se garantizaba con la figura ecuánime de un rey. No era un proyecto original. Ya el conde de Aranda había pretendido preservar el dominio español en América con la conversión de los virreinatos en reinos y al final de la guerra americana se estudió la posibilidad de un reino de Perú filoespañol bajo el reinado del infante Francisco de Paula. Ahora el elegido fue Agustín Muñoz y de Borbón, hijo del matrimonio entre la reina madre y el alabardero Muñoz. El proyecto fracasó por el derrocamiento de Flores en 1845. Tal circunstancia hirió de muerte la influencia política de Luzárraga y acabaría dando al traste con la fortuna de sus hijos al tiempo que cerraba definitivamente la puerta de América a los hijos de Muñoz y María Cristina.

Estos, a partir de esa fecha, centraron sus intereses en España en perpetuo conflicto con Espartero y sus seguidores (entre los que se contaba la mismísima Isabel II) hasta que en 1854  volvieron a perder la batalla saliendo definitivamente hacia el exilio.

A partir de ese instante, lo que restaba del reinado de Isabel II (1854-1868) supuso el predominio incontestado de una sola facción del régimen, lo que condujo al golpe de 1868 y, tras distintas alternativas politicas, a la restauración de 1875 y la constitución de 1876.

A lo largo del poco más de un siglo que medió entre la subida al poder del Marqués de Esquilache en 1763 y la instauración del turnismo canovista en 1876 se gestó en España una oligarquía nueva, burguesa, en muchos casos de origen extranjero, que reunía un gran poder político y económico y solo veía en España un medio de enriquecimiento y en el pueblo español una fuente de trabajo que explotar. Acabado el comercio de América esta oligarquía se afianzó con los negocios de minas, ferrocarriles y financieros sin olvidar la exportación de productos coloniales (azúcar, café, cacao...) casi todos ellos dependientes de capital extranjero que aumentó la dependencia española del exterior y su subordinación a intereses colonialistas, especialmente ingleses. Con el capital llegaron también un gran número de aventureros y especuladores extranjeros que vinieron a integrarse en la oligarquía dominante española, siempre, hay que insistir en ello, supeditada a los intereses y el capital extranjero.

Hasta 1868 las divisiones fácticas dentro de esa oligarquía procedían de la pertenencia a unas camarillas u otras. Más tarde el conflicto surgió entre la oligarquía central y centralista (mayoritariamente latifundista y con intereses en la exportación) y las periféricas (mayoritariamente industriales y necesitadas de la protección arancelaria de sus productos) así surgió la escisión territorial y la aparición de nacionalismos como el catalán o el vasco cuya finalidad última consistía en defender los intereses económicos de las oligarquías locales frente al predominio de la central.

En la Primera Guerra de Marruecos esa escisión, si bien ya esbozada a consecuencia de la guerra de Crimea (1853-1856) y la expansión del negocio del grano castellano, todavía no se había producido y los más entusiastas expedicionarios de 1860 fueron precisamente los catalanes, a quienes dirigió el general Prim. Cuyo asesinato en 1870 abrió el camino al regreso de los Borbones a España y también el predominio con visos absolutos de la oligarquía madrileña frente a las periféricas, lo que suscitó el catalanismo político y, superado el carlismo integrista, el nacionalismo vasco.

No obstante en 1875 esa fractura territorial seguía siendo pequeña y el nuevo régimen de Alfonso XII andaba buscando un marco estable en el que la ya poderosa oligarquía española consolidase su dominio sobre la clase obrera, que desde 1870 se había organizado  en la Federación Regional Española de la I Internacional. Fue así como Cánovas del Castillo, copiando el modelo inglés, impuso un parlamentarismo bicameral amañado para producir un turno regulado entre el partido liberal y el conservador. Dos "marcas" que representaban en la práctica idénticos intereses mientras el "sistema democrático" instaurado se dirigía a reprimir las justas demandas del pueblo, la clase obrera.

El turnismo duró, y fue pudriéndose, hasta 1923 en que fue preciso recurrir a la dictadura de Primo de Rivera para mantener el régimen.

En 1931 la II República supuso una efectiva y esperanzadora posibilidad de renovación social, cultural, política y económica truncada por el levantamiento del general Franco que impuso un largo paréntesis de represión al servicio de la oligarquía hasta que en 1978 se restableció el turnismo canovista...y hasta hoy.

De aquellos polvos provienen los actuales lodos y queda absolutamente claro que el único medio de evolucionar es quebrando la cerviz de la oligarquía que en los últimos cientocincuenta años ha dominado España. Ahora es la hora del pueblo y no tendremos verdadera democracia hasta que no acabemos con la oligarquía corrupta, decadente, inmoral y subordinada a intereses extranjeros que domina el país desde el siglo XVIII.

 

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EL FIASCO PICTÓRICO DE BORJA Y EL PROBLEMA DEL PATRIMONIO.

La España profunda (que es tanto una tara moral como una enfermedad mental) no deja de asomar su grotesco rostro por este siglo XXI tan poco parecido a nuestras fantasías futuristas de hace unas décadas y tan peligrosamente parecido al XIX. De hecho, gracias al PP, a CiU, al PNV y a otros partidos caciquiles y franquistas la tenemos instalada en el gobierno, en las autonomías, en los ayuntamientos, en todas partes. Es una España tan buñuelescamente surrealista que daría risa si sus consecuencias en la vida real y la rémora que representa para el futuro de la parte sana de la sociedad no causaran grima.

Una España inculta, atrasada, clerical, con mucho en común con el talibanismo afgano traducido al integrismo católico y que bebe directamente de la ideología joseantoniana (es decir: falangista) y opusdeista que define la pobreza y el atraso social y cultural como una bendición que mantiene al pueblo cerca de la verdad sectaria de su absurdo dios único y lejos de la "corrupción" del modernismo.

Tal noción es omnipresente en toda la superstructura del caciquismo clerical que, a veces, damos en llamar derecha y asoma, como las orejas del lobo, a menudo detrás de la peña más insulsa y anodina. No hace mucho podíamos escuchar al presidente golpista, intruso y traidor del ilegítimo gobierno de la nación decir en una peregrinación religiosa (absolutamente impropia e incluso inmoral y delictiva en un estado verdaderamente democrático, pero no debemos olvidar que el régimen actual  se autodefine como  laico, ni siquiera aconfesional) que el problema de los españoles, a los que sus medidas económicas, sociales y políticas, instaladas en la traición, el terrorismo social y la desvergüenza, han lanzado a la miseria tenían el defecto de preocuparse demasiado por lo material (lógico en un escenario con un 25 % de las familias arrojadas a la pobreza sin más motivo que enriquecer a los especuladores propios y extraños y en el que el hambre y las chabolas vuelven a ser un terrible fantasma que acecha las insomnes noches de muchos y en la que el nivel y la calidad de vida han empeorado drásticamente para todos, salvo para una minúscula minoría beneficiada por el filibusterismo del gobierno intruso) y muy poco por lo espiritual. Era, en el fondo, un replanteamiento de la mentada idea joseantoniano-opusdeísta (nacional-católica en suma) de que la miseria acerca al pueblo a la salvación cristiana mientras los ricos, que se salvan mediante las donaciones económicas a la secta, se ponen las botas a su costa.

En un escenario ideológico y social semejante. En un país donde la tara moral y la enfermedad mental que representa la España profunda se ha elevado a norma y ha alcanzado de nuevo el poder (si es que alguna vez lo perdió) no es extraño que sucedan todo tipo de lances ridículos y grotescos, a la par que pintorescos, que, de haber sido retratados en una película de Buñuel, hubieran merecido las iras de la censura nacional-católica y que, sin embargo, mira tú por donde, son pura, simple y dura realidad. Efectos kafkianos de la perversa lacra que padecemos.

Últimamente, en Borja, hemos tenido uno de esos episodios absurdos y que deberían hacernos meditar muy seriamente sobre la necesidad de replantearnos España, de proceder de inmediato a una efectiva regeneración moral, social e ideológica (y es triste que cien años más tarde tenga que seguir diciendo las mismas cosas que ya decía Joaquín Costa) que nos permita superar de una vez y para siempre la tara moral y la enfermedad mental que nos aqueja.

El hecho es bien conocido y nos ha provocado la risa a muchos. Ha tenido, incluso, trascendencia internacional y raya a la altura moral de otras manifestaciones de la España profunda como el  Toro de la Vega o  la falta de verdadera democracia y del terrorismo social del gobierno intruso y traidor del ilegítimo régimen que padecemos. Y está a la misma altura moral porque procede de idénticas causas.

Me refiero, claro está, a la fallida (por no decir desastrosa) restauración del Ecce Homo llevada a cabo por una espontánea octogenaria en dicha localidad aragonesa.

Perpetrado el atentado contra el patrimonio y sin posibilidad de dejarlo oculto la octogenaria avisó finalmente al concejal de cultura del ayuntamiento. No se sentía culpable ni avergonzada de sus actos porque como se ha encargado de declarar ante la prensa y figura en el vídeo introductorio de esta entrada resulta que el cura no solo conocía sus intenciones sino que, además, las aprobaba y alentaba convirtiéndose en cómplice del desaguisado artístico. Y es precisamente en este punto donde debemos empezar a replantearnos los usos absurdos derivados de la perduración y dominio social y político del nacional-catolicismo y sus desastrosas consecuencias. Empezando por la gestión del patrimonio y su verdadera titularidad.

La iglesia católica ha sido siempre una eficaz máquina de estafas y falsificaciones al menos desde que en el siglo IV San Ambrosio, San Agustín y San Jerónimo se las arreglaron para engañar y arrebatar su inmenso patrimonio a los ricos herederos Melania y Piniano. Sin duda su falsificación más lucrativa y trascendente fue la llamada "Donación de Constantino" que le permitió engañar a Carlomagno para quedarse con la titularidad y soberanía de inmensos territorios italianos dando origen a los Estados Pontificios. Pero, a menor escala, y durante toda la edad media, se multiplicaron los monasterios especializados en la falsificación de títulos de propiedad para arrebatarle a pueblos, ciudades y príncipes aquellas tierras y edificios que ambicionaban poseer. Oponerse a sus latrocinios, a sus estafas manifiestas, conllevaba el castigo de la excomunión que solo podía revertirse a fuerza de donaciones añadidas a lo que ya había robado o podía conducir directamente a la cárcel, la tortura y la hoguera. Además de falsaria y estafadora la iglesia católica ha sido siempre violenta, totalitaria y asesina. Es su naturaleza y no cabe cambiarla.

Con el tiempo los mecanismos de estafa se sofisticaron y llegaron a través de las leyes estatales. De hecho la España del nacional-catolicismo otorgó más poder y más herramientas de falsificación y robo a la iglesia católica que la de la inquisición. En esta segunda el rey, los nobles y hasta las ciudades representaban un eficaz contrapeso contra la avaricia eclesiástica. El nacional-catolicismo, por el contrario, puso el estado al servicio de la misma. De ahí los todavía impunes robos de niños, las todavía no reconocidas en España torturas y violaciones también de niños, las infinitas e injustas exacciones de todo tipo...y leyes como la Hipotecaria de 1946 que permitieron a la iglesia apropiarse legalmente de inmuebles y patrimonio que nunca le habían pertenecido y que, en el caso del patrimonio artístico, se dedicaron a malvender en el mercado negro desde los años cincuenta hasta bien entrados los ochenta. Los delincuentes no cambian y la iglesia católica lleva la delincuencia en lo más profundo de su adn.

La ley de 1946, ya de por sí suficientemente favorecedora de la avaricia eclesiástica y de sus robos no cubría, sin embargo, todas las ambiciones de la secta que se las arregló, una vez llegado de nuevo los franquistas al poder en 1996, para ampliarla. Lo hizo el gobierno del traidor a España, criminal de guerra y notorio franquista, a la par que ilegítimo presidente, Jose María Aznar que en 1998, sin pasar por el parlamento (ya sabemos, y si alguien lo dudaba tiene sobradas pruebas en la etapa del gobierno intruso de Rajoy, el escaso apego parlamentario del PP y su gusto casi morboso por el decreto ley y las imposiciones subrepticias), amplió la ley permitiendo a la iglesia robar todavía más patrimonio a las ciudades y pueblos de España en una inmensa estafa que debería llevar a la cárcel a sus autores, tanto eclesiásticos como políticos. Y que de hecho los llevará si es que logramos establecer un régimen verdaderamente democrático en los próximos años.

El caso es que con la complicidad de un régimen ilegítimo (tan ilegítimo es el de 1978 como lo fue el de 1939) la secta católica se ha apoderado de un inmenso patriminio que nunca le perteneció y que malversa en régimen de usura siempre con la connivencia de políticos corruptos que destinan dinero público al sostenimiento de un patrimonio oficialmente privado y que se utiliza en muchos, demasiados casos, como fuente ilegítima de lucro de la secta. Por ejemplo: ¿cuantas catedrales se han restaurado con dinero público con la excusa de ser parte del patrimonio artístico español y luego se han dejado en manos de la iglesia para que las explote como bienes de interés turístico cobrando entrada a quienes desean visitarlas?...si eso no es prevaricación que baje Mercurio, que sería el dios de los ladrones y los comerciantes si no lo fuera el Yahvé judio, y lo vea.

Pues bien, en ese inconcebible, perverso y kafkiano marco jurídico, social y político cosas como la sucedida en Borja no son de extrañar.

Para lo único que sirve que el patrimonio histórico y artístico español, o gran parte de él, esté en manos de la iglesia católica es para su deterioro y su expolio. Se trata, simplemente, de uno más de los injustos e inaceptables privilegios que esta secta detenta en la España actual cuyas consecuencias son siempre indeseables y lamentables. Esta vez ha sido una octogenaria la que con el permiso del cura ha destrozado una pintura de no excesivo valor pero el año pasado fue un electricista de la catedral de Compostela el que robó (y pudo haber destruido) el Códice Calixtino...y son solo ejemplos mediáticos. En Zaragoza, me viene a la memoria, la incuria de las escolapias dejó venirse abajo la cúpula de la iglesia de la Mantería, frente a la que vivió el joven Goya y que estaba decorada con irremplazables frescos de Claudio Coello realizados entre 1683 y 1685...los ejemplos son infinitos.

Y resulta evidente que una España moderna y verdaderamente democrática no puede, no podría, hay todavía que construirla tras derribar el actual régimen ilegítimo, tolerar ese estado de cosas. El patrimonio artístico y cultural es un bien común de todos los españoles que no puede quedar al albur de los privilegios de una secta determinada cuyos siempre dudosos títulos de propiedad deben quedar sometidos a la idea del bien general y al progreso de un estado férreamente comprometido, como corresponde a la verdadera democracia, contra la superstición y la ignorancia y con la clara conciencia de que el mantenimiento y supervivencia de ese patrimonio pasa indefectiblemente por acomodarlo a nuevos y más fructíferos usos centrados en la vida cultural y social. Frente al oscuro sopor de los templos debemos preconizar y propulsar la luminosa actividad de los museos, las bibliotecas, las salas de concierto o de teatro, incluso, de los centros cívicos de convivencia y diversión.Ese es el futuro. La España profunda, una rémora que nos impide conseguirlo y de la que debemos librarnos.

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LA EXPROPIACIÓN COMO NECESIDAD DEMOCRÁTICA.

El 27 de mayo de 1847 la villa de Avilés, en Asturias, amaneció en medio de una tensión máxima, reflejo efectivo de lo que representa la verdadera cara del dominio liberal-capitalista, sus formas criminales y sus modos repugnantes que muy bien podemos equiparar con la actual situación de España extrayendo las conclusiones precisas.

Era una época de crisis. Las cosechas de trigo y maíz, únicas de la comarca, habían sido paupérrimas abocando al hambre a la mayor parte de la población. Aun quedándose el grano en Avilés, los precios hubieran resultado prohibitivos y la miseria se hubiera instalado entre las clases bajas. Pero por muy altos que pudieran ser los precios en Avilés nunca lo serían tanto como en Gijón, localidad de mayor población donde la demanda hinchaba más los precios permitiendo un mayor enriquecimiento de los especuladores, que son quienes cortan el bacalao en todo régimen liberal-capitalista como el que padecemos y nunca han sido otra cosa que despreciables mafiosos sin moral ni vergüenza que en una sociedad bien ordenada tendrían muy difícil librarse sino del cadalso al menos de la cárcel.

Pero en los nauseabundos regímenes liberal-capitalistas son precisamente las hienas más hediondas e inmorales quienes marcan las normas legales y de represión. Es algo sabido.

En el Avilés de 1847 "los mercados" tenían nombre y apellidos, exactamente igual que sucede ahora con los especuladores que nos abocan a la miseria para enriquecerse a nuestra costa. En este caso era un facineroso dispuesto a dejar morir de hambre a una villa entera con el fin de llenarse un poco más los bolsillos. El tipejo en cuestión se llamaba Dionisio Acebal y era un especulador de Gijón que pretendía sacar por mar el grano de Avilés, vaciando sus mercados y condenando a morir de hambre a varios miles de pobres, para venderlo en Gijón a más alto precio. Obviamente sabía que iba a haber protestas e incluso alteraciones porque son la respuesta natural contra la injusticia y el abuso de los poderosos sin moral. De hecho esos abusos son una forma de tiranía y la rebelión contra esta no solo es legítima sino moralmente insoslayable.

¿Qué hizo el tal Acebal?...lo que hacen siempre los oligarcas (y él lo era: tenía la condición de mayor contribuyente de la provincia) recurrir a los políticos corruptos, en este caso el gobernador civil, para que pongan al servicio de sus intereses mafiosos los recursos del estado. El lacayo del oligarca, el gobernador civil, se trasladó en persona a Avilés con 200 hombres armados para proteger los carros cargados del necesario grano que iba a ser exportado a Gijón para enriquecer más a un solo hombre a costa del hambre de miles de hombres, mujeres y niños.

Obviamente la población de Avilés se concentró desde primeras horas de la mañana ante los silos donde se almacenaban el trigo y el maíz para protestar por la injusticia y reclamar que se vendieran en la población, aunque fuera a alto precio. Al menos así, aunque poco y no todos, podrían comer aquel verano. Lo único que consiguieron es que las autoridades, es decir: los políticos corruptos a sueldo del oligarca, comparecieran ante ellos para exigirles cordura, moderación y respeto a la sacrosanta propiedad privada. El oligarca había pagado aquel grano a precio de saldo aprovechando la miseria existente y podía lucrarse de él como quisiera aun a costa de dejar morir de hambre a una ciudad entera.

Desde el amanecer la tensión fue creciendo ante los silos del oligarca y hasta fueron apedreados. Ello no impidió que se sacaran los carros cargados de sacos de trigo y maíz y se llevaran hacia el puerto escoltados por la fuerza pública. Algunos hombres, más decididos o más desesperados, se lanzaron sobre los carros y lograron rasgar algunos sacos. Fueron pronto rechazados por la escolta, una fuerza pública al servicio de los intereses privados de una hiena especuladora. Ello provocó que los carros fueran dejando a su paso un reguero de grano que, ya en el puerto, intentaron recoger del suelo madres hambrientas con sus hijos incipientemente raquíticos. Era la única esperanza de la que disponían para poder comer aquel año.

Pero el escaso grano que había caído al suelo seguía siendo propiedad privada y el oligarca de turno, el tal Acebal, consideraba un robo que los pobres a los que su avaricia y su usura habían arruinado, se hicieran con un poco de aquel maíz o aquel trigo, de modo que elevó acaloradas protestas ante el alcalde y el gobernador civil y estos mandaron abrir fuego a la tropa contra las mujeres y niños que estaban cometiendo semejante desafuero. Hubo media docena de muertos, la mayoría niños que de todos modos hubieran muerto de hambre aquel verano.

El grano se embarcó en el puerto de Avilés y se trasladó a Gijón donde el despreciable mayor contribuyente de la provincia, el repugnante Dionisio Acebal, lo vendió a precios muy superiores a su valor real aprovechándose también de la necesidad y el hambre de los gijoneses para llenarse los bolsillos.

Esta historia real, apenas una anécdota más de las que pueden acumularse a miles como verdadera cara del liberal-capitalismo, es sobradamente elocuente y muestra bien a las claras los mecanismos perversos y la viciada filosofía que sustentan los regímenes liberal-capitalistas donde los execrables crímenes de los poderosos se llaman negocios y se protegen con la fuerza de las leyes, los jueces, la policía y hasta el ejército y la justicia redistributiva del pueblo, en quien realmente reside la soberanía, es tachada de delito y perseguida con saña y denuedo por los corruptos estados que son cualquier cosa menos realmente democráticos.

Hoy por hoy no ha cambiado nada. Seguimos como en 1847...y basta cualquier pequeña anécdota para comprenderlo.

Ahí tenemos, sin ir más lejos, el escándalo que los buitres del poder (oligarcas criminales y sus políticos a sueldo) han generado con un acto nimio, testimonial y, por otra parte lógico, natural y necesario como ha sido la acción redestributiva del SAT sobre efectos acaparados por algunos supermercados como Mercadona.

La ortodoxia insana e inmoral del totalitarismo neoliberal lleva décadas actuando desde todos los ilegítimos mecanismos que controla (desde los ayuntamientos a las políticas agrarias de la ONU, desde la UE al FMI) para imponer una creciente concentración de poder político, económico y especulativo que enriquezca a los pocos oligarcas mundiales y a sus clientelas a costa de la prosperidad, la independencia alimentaria, la calidad de los productos y la salud de los pueblos. Los supermercados son uno de los más alarmantes indicadores de ese modelo que está acabando con los pequeños y medianos productores para poner sus tierras en manos de grandes latifundistas, con el pequeño y mediano comercio para dejar la distribución y la especulación en manos de unos cuantos y con la producción nacional y legislada para fomentar una nueva forma de esclavitud mediante la deslocalización. Los supermercados son la cara más cercana de la globalización y, por lo tanto, responsables morales y políticos de todas sus demasías, comenzando por la estafa al consumidor por el descenso de la calidad de los productos que venden, siguiendo por el atentado contra los derechos de los trabajadores puesto que se benefician de la neoesclavitud oculta en países lejanos y precarizan las condiciones de trabajo de los empleados locales (por cierto, no puede resultar más vergonzosa y repugnante la imagen de esos lacayos de Mercadona peleando con los sindicalistas por los intereses de su amo cuando deberían organizarse para colectivizar sus medios de especulación) y acabando por la traición que representa debilitar la efectiva independencia económica del país.

De hecho, en una verdadera democracia, no existe lugar para el modelo de explotación y especulación que representan los supermercados, ni para la concentración de poder económico, político y especulativo. La democracia es el bien de la mayoría y los medios de subsistencia deben estar repartidos permitiendo la actividad económica individual ahora impedida por la concentración de intereses oligárquicos.

En el fondo lo que subyace en el asunto de las confiscaciones del SAT sobre productos acaparados ilegítimamente por los supermercados, es el mismo que subyacía en el Avilés de 1847: si la legalidad y la justicia no coinciden ¿qué debe prevalecer?...si contesta la razón es obvio que la justicia. Si responden los oligarcas mafiosos y su pléyade de políticos y autoridades corruptas dirán que la legalidad.

Lo cual nos lleva a otra pregunta incluso más fundamental: ¿qué entendemos por democracia?...¿la soberanía del pueblo y la escenificación de la misma en leyes y actividades políticas y económicas que favorezcan el bien común y la prosperidad general o la usurpación del poder por una minoría corrupta que perjudique a la mayoría para enriquecerse todavía más?...¿en el Avilés de 1847 que sirvió de ejemplo para introducir este artículo cual hubiera sido la actuación verdaderamente democrática?¿Proteger los intereses del cacique aun a costa de tirotear al pueblo y dejarlo morir de hambre o proceder a la confiscación del grano ilegítima aunque legalmente acaparado por este y utilizarlo al servicio del bien público y general?...

La respuesta es sencilla. Y la conclusión obvia: democracia y capitalismo son incompatibles. El parlamentarismo liberal es antidemocrático y contrario a la soberanía nacional y a los intereses generales, debe por ello ser derribado y sus defensores exterminados sin contemplaciones como las repugnantes ratas traidoras, avariciosas y terroristas que son.

La verdadera democracia pasa por la nacionalización de los bancos y las grandes multinacionales, por la destrucción del latifundismo y el caciquismo oligárquico, por la ruptura de lazos y sumisión a instituciones internacionales claramente mafiosas y sectarias y el establecimiento de la soberanía popular y el interés general como centro de gravedad de la moral política.

Y, después de todo, quien roba a un ladrón...o quien ejecuta a un tirano...

¡Sublevaos! Hay que derribar el régimen y castigar con la máxima dureza a todos los culpables, hoy mejor que mañana.

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¿DEBE DIMITIR RAJOY?

Hoy vamos a hablar como si el de Rajoy no fuera un gobierno intruso y golpista en un sistema ilegítimo que pretende llevarnos al tercer mundo y a la esclavitud para que unos pocos oligarcas patrios y extranjeros se lucren a nuestra costa, como si no fuera un repugnante aquelarre de traidores a los que tarde o temprano habrá que castigar con la máxima dureza siendo dicho castigo una de las condiciones indispensables para la instauración de la verdadera democracia en España.

Hoy vamos a hablar como si nos creyésemos la propaganda del totalitarismo liberal capitalista y sin salirnos de sus corruptas y obsoletas instituciones "democráticas".

Y dentro de esa ficción institucional del ilegítimo régimen que padecemos, nos haremos esa misma pregunta:¿Debe dimitir Rajoy?...

La excusa para no hacerlo es la mayoría absoluta parlamentaria obtenida en las últimas elecciones. Mayoría ilusoria puesto que sabemos que se consiguió con menos de un tercio de los votos posibles. Pero aceptemos barco como animal de compañía.

Vale: existe una mayoría parlamentaria. Pero hablando en sentido estricto a quien corresponde ¿A Rajoy o al Partido Popular?...no nos engañemos: dentro del sistema de listas cerradas, que es el impuesto en el régimen vigente, los escaños y las mayorías parlamentarias no pertenecen a los individuos, sino a los partidos. Así las cosas no es Rajoy sino el PP quien ostenta la actual mayoría parlamentaria y en ningún lado está escrito que Rajoy deba ser el presidente del gobierno mientras dicha mayoría dure. De hecho la presidencia del gobierno depende del sustento parlamentario y , si el sistema fuera realmente democrático o simplemente cumplidor de los mecanismos parlamentarios de la partitocracia actual, Rajoy podría ser perfectamente sustituido al frente del gobierno por otro miembro de su partido dispuesto a asumir la responsabilidad y modificar el rumbo. Negar esa posibilidad es simple caudillismo, una evidencia más del tic dictatorial de la derecha española y su sumisión incondicional al líder de turno. Una muestra más de la escasísima calidad democrática del régimen incapaz, incluso, de llegar hasta los parcos márgenes marcados por el parlamentarismo liberal.

Ello no obstante, resulta obvio que Rajoy y sus mariachis han fracasado, es más: están quedando en ridículo.

No cabía esperar otra cosa, nadie que haya escuchado los ramplones y pobres razonamientos y argumentaciones del líder gallego, su dificultad para el debate y para recordar sus propios argumentos propagandísticos, su incapacidad para la lógica  tendría dudas de su incapacidad para el gobierno. Es más: llegaría a preguntarse cómo logró sacarse la carrera y las oposiciones. Y eso nos conduce de nuevo a la evidencia del caudillismo pseudodictatorial en el ámbito pepero. Rajoy alcanzó la primacía en el partido por designación del anterior caudillo, del mismo modo que la consiguió este por designación de Fraga. Ese es el mecanismo "democrático" de toma de poder en el PP, mecanismo que de facto incapacita a todo el partido para ejercer labores de peso en el estado y lo convierte en un lastre que amenaza con arrastrar al propio sistema al  fango y las alcantarillas. Cuando el enchufismo y la sumisión al poder estatuido llegan a tal punto que permiten el ascenso al poder de un inútil capaz de arruinar el país, queda claro que se pierde cualquier legitimidad ante el pueblo y ante el sistema mismo. Y el PP, más allá de su nefasta ideología, no solo ha permitido llegar a la presidencia del gobierno a un inútil sino que además, constatada su inutilidad, no es capaz de expulsarlo y poner su mayoría al servicio de alguien más capaz.

Por lo tanto, incluso desde una perspectiva interior del régimen, el PP se ha convertido en una estructura nociva e indeseable cuyos tics dictatoriales y el escaso nivel intelectual y moral de sus diputados, militantes y votantes va a arrastrarnos a todos a la mayor catástrofe que ha sufrido España en los últimos mil años.

Bien: ahora que sabemos que dentro del espíritu parlamentario de la partitocracia vigente en España está la posibilidad de que un partido mayoritario retire su confianza a un presidente inadecuado para encumbrar a otro que provenga de esa misma mayoría y lo haga mejor, hemos de volver a la primera pregunta: ¿debe Rajoy dimitir?

La respuesta es sí.

¿Porqué?...Resulta evidente: después de lanzarse por la senda de los recortes sin escuchar al pueblo ni a la razón, tan solo al dictado de los intereses de la banca alemana (lo que de facto le convierte en un traidor a España) empobreciendo al país en cuatro meses hasta niveles de hace treinta años, resulta que su mentora, la canciller alemana, le da la espalda y empieza a hablar de hacer la política justamente contraria, de estímulos a la economía, por el simple hecho de que el "socialista" Hollande tenga posibilidad de ganar las presidenciales francesas. Tal circunstancia no solo es un error y una traición al pueblo, es también ponerse en ridículo.

A pesar de todos los recortes y de aplicar fielmente políticas contra el pueblo, de llevar a cabo el mayor y más salvaje recorte de derechos democráticos de la historia desde 1936, de llevarnos a la condición de trabajadores tercermundistas, de hacer como un niño bueno todo lo que le ordenan "los mercados" el hecho es que esos mismos mercados siguen bajándole la nota crediticia a España y la prima de riesgo no cesa de incrementarse. Tal circunstancia no solo es un error y una traición al pueblo, es también ponerse en ridículo y una prueba más que evidente de que se están tomando medidas equivocadas y empecinarse en ellas supone tan solo una evidencia de incapacidad y de fanatismo.

Por si lo dicho fuera poco, resulta que Argentina nacionaliza Repsol, Bolivia la red eléctrica...y Rajoy no es capaz de reaccionar de otro modo que yendo a llorarle a los Estados Unidos (cosa que, por otra parte, ya hizo Aznar cuando lo de Peregil, por mucho que después se vendiera la recuperación del islote como un éxito militar) para encontrarse con un apoyo tibio y más inspirado por la cortesía que por el interés...

Después de todo lo dicho  ha quedado claro que el gobierno de Rajoy y de sus secuaces  es un gobierno de inútiles que debe ser derribado antes del verano para cambiar de personas y de rumbo...y que, dada la mayoría parlamentaria que espúreamente disfruta, corresponde al propio PP hacer dimitir al actual presidente o retirarle su confianza. No hará ninguna de las dos cosas por motivos ya explicados arriba.

La consecuencia ya la conocemos: si ellos no enmendan el rumbo, la historia se los tragará y de las ruinas humeantes que dejen atrás surgirá un régimen nuevo. Con un poco de suerte una verdadera democracia, casi con toda seguridad: una dictadura todavía más inútil y destructiva que sus gobiernos "democráticos".

 

 

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LAS OPINIONES DE UN JEFE DE SECTA DESTRUCTIVA Y FASCISTA.

El jefe de la destructiva secta católica, ese que llaman papa Benedicto XVI, antiguo militante de las juventudes hitlerianas, viaja a Cuba para tratar de sacar provecho del asedio a que el criptofascismo de los Estados Unidos ha sometido al país desde que eligió dejar de ser su colonia para marchar hacia la independencia y la libertad.

El repugnante individuo, apellidado Ratzinger (¿z?), pretende situar a su despreciable secta en un lugar de privilegio, como el que ,desgraciadamente para el progreso y la democracia tiene en España, en caso de que el régimen cubano quiebre con la muerte de quienes lo forjaron. Busca, simple y llanamente, extender el oscurantismo teocrático y el privilegio clasista a la isla caribeña tratando de aprovechar que esta perteneció a España hasta 1898 (y fue dirigida por los más ultramontanos y atrasados miembros de su oligarquía, esclavistas y protofascistas en su mayor parte) y que el extremismo derechista de los exiliados en Miami puede acabar, en caso de derrocamiento del régimen actual, con la instauración de otro, atrasado y explotador, a medio camino entre la farsa democrática estadounidense y el nacionalcatolicismo imperante en España.

Con esas miras viaja el jerifalte de la secta católica, secta incompatible, como todas las semitas, con la verdadera democracia, a Cuba permitiéndose, además, opinar sobre el país que le recibe, lo que demuestra bien a las claras la poca vergüenza y la ninguna educación de este individuo de insana mentalidad.

El tal Ratzinger que en un mundo civilizado y decente estaría encarcelado por multiples y variados delitos de los que es responsable máximo, se ha permitido declarar públicamente, en medio de esta avalancha ultraderechista que experimentamos (y que habrá que frenar enérgicamente más temprano que tarde) y con evidente afán propagandístico, que el marxismo ya no sirve.

Es su opinión, claro.

¿Pero que opinión podría esperarse del jefe de una secta cuyo ideal social desde la Rerum Novarum ha sido el corporativismo fascista y que sobre ser miembro cualificado de la nociva y destructiva secta católica militó en el nazismo?...

El fascismo acecha sobre el mundo. Y Benedicto XVI es uno de sus portavoces.

Por cierto: en España sigue y arrecia la represión del nacionalcatolicismo contra la parte sana de la sociedad. Avanzamos rápidamente hacia una reedición del régimen franquista. Es hora de salir a la calle para poner al fascismo y al ilegítimo régimen que parasitan en su sitio. Es hora de conseguir una verdadera democracia.

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LA SOSPECHOSA POLÍTICA ÁRABE DE ESTADOS UNIDOS Y SUS VASALLOS EUROPEOS

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Ya sabemos que los Estados Unidos y sus vasallos europeos de la OTAN son los buenos, líbrennos los dioses de pensar otra cosa. Bajo esta premisa de la ortodoxia totalitaria del imperialismo capitalista anglosajón todas las acciones violentas e ilegítimas del imperio y sus estados vasallos se nos presentan como necesidades objetivas indiscutiblemente avaladas por una moral incontestable. Sea: admitamos pulpo como animal de compañía ya que las circunstancias nos fuerzas a comulgar con indigestas y absurdas ruedas de molino.

Y sin embargo...

No deja de ser curioso y mucho más que significativo el hecho de que el imperialismo anglosajón, de raigambre furibundamente teocrática por mucho que se esfuerce en negarlo, lleve desde comienzos del siglo XX, desde la época rectora de Inglaterra, antes de que los Estados Unidos heredaran su papel metropolitano después de 1945, impulsando los regímenes más arcaizantes, retrógrados y teocráticos del islam sunnita como medio de extensión de su poder. Arabia Saudi y los restantes principados del Golfo Pérsico son un inmejorable ejemplo de ello.

Acabada la Primera Guerra Mundial y puesto que el Sultanato Otomano había apollado a las derrotadas potencias centrales, los poderes coloniales europeos, Francia e Inglaterra especialmente, ocuparon su puesto en Oriente Medio y reorganizaron la zona en torno al más recalcitrante integrismo sunní, reinstaurando el poder saudí en Arabia y realojando a los Hachemitas de La Meca, en Siria, Iraq y Jordania como medio de imponer su dominación colonial tan profundamente radical y teocrática en el aspecto cristiano como el integrismo sunní en el islámico.

En ese escenario el nacionalismo árabe, no confesional y contrario a la dominación colonial, se convirtió en el gran enemigo del imperialismo anglosajón buscando sus aliados entre los enemigos de este: Bérlín, primero; más tarde: Moscú. Fue así como el Baasismo logró imponerse en diferentes países de la zona y expandirse por el mundo árabe con todas sus limitaciones y con variaciones locales pero con el designio incontestable de defender la independencia del mundo árabe frente al imperialismo anglosajón y de conducir esa independencia por caminos de laicidad y modernización en todo contrarios a los paradigmas teocráticos defendidos por los regímenes pro-americanos.

 Tampoco deja de ser curioso y mucho más que significativo que las bases del imperio yanqui se estructuren en una estrecha alianza con los regimenes más atrasados y teocráticos del mundo islámico  en torno a los intereses petrolíferos y que precisamente el ímpetu de las clases más radicales de dichos regímenes hayan permitido al totalitarismo estadounidense tanto expandir sus fronteras de dominio imperial bajo la bandera del integrismo islámico (como sucedió en Afganistán y no solo en los tiempos de la invasión soviética sino como justificación de la propia invasión yanqui del territorio) como justificar sus atroces recortes de libertades públicas con la excusa de "proteger" al pueblo americano de los peligros del terrorismo islámico. Un terrorismo, el de Al Qaeda, acaudillado por un fiel peón de la CIA como fue Bin Laden.

En efecto: el integrismo islámico es un magnífico y dócil aliado del imperialismo yanqui y ambos comparten la esencia de su pensamiento teocrático que quieren imponer al mundo.

Por el contrario el nacionalismo árabe, sea bajo las estructuras del Baaz o bajo distintas siglas, se ha opuesto siempre al vasallaje proamericano.

Así las cosas no deja de ser sospechoso que toda la política del imperialismo yanqui y sus vasallos europeos desde la caída de la Unión Soviética haya ido encaminada a deshacerse de los regímenes nacionalistas árabes en beneficio de la imposición de regímenes teocráticos sunníes.

Lo sucedido en Iraq ya lo conocemos. Pero no debemos despreocuparnos de la ofensiva desatada en 2011 bajo el triunfalista epígrafe, acuñado y difundido a bombo y platillo por los medios de comunicación occidentales, siempre afines al imperialismo yanqui, de "primavera árabe". Ese año los regímenes nacionalistas de Tunez ,Libia y Egipto fueron derrocados por medios más o menos indirectos para abrir paso a la toma del poder, vía urnas o golpe militar, al integrismo teocrático musulmán. ¿Quién sino el integrismo sunní ha tomado el poder en esos países después de las teledirigidas revoluciones padecidas el año pasado?...item más: ahora, en 2012, el nuevo objetivo es Siria y no tardará en serlo Irán.

En Siria existe un régimen no más tiránico y dictatorial que el de los aliados del imperialismo yanqui en el golfo, que es baasista: nacionalista, laico y dirigido por una minoría no sunnita: los alahuitas (que no deben confundirse con la dinastía marroquí). ¿Qué está sucediendo en torno a Damasco?...Un nuevo episodio de la "primavera árabe" que derribará un régimen laico y moderno para imponer una dictadura teocrática fiel a los designios de Washington.

Y luego se atacará al díscolo chiismo iraní.

Tal cúmulo de circunstancias debería hacernos pensar sobre lo que realmente está ocurriendo en los países árabes, máxime en una tesitura como la actual en la que el golpismo neoliberal está maniobrando en todo el mundo, y muy especialmente en Europa, para perpetuar el conglomerado de intereses económicos y políticos sobre los que se basa el imperialismo yanqui: predominio del petróleo como combustible, de las nucleares sobre las energías renovables, del complejo militar-industrial y de la guerra cíclica como medio de mantener el poder de unas élites que han demostrado no ser democráticas ni eficientes ni justas...

Los pueblos europeos deben levantarse contra los regímenes vasallos del imperialismo yanqui surgido en Bretton Woods y tomar las riendas de su libertad y su destino y eso será más difícil de hacer si, como ha sucedido en los últimos meses, los últimos reductos de independencia nacional árabe caen bajo la bota del integrismo sunní leal al imperialismo yanqui y los viejos usos económicos, sociales y de explotación de recursos que desde 2008 se han demostrado no solo ineficaces sino también perjudiciales para la mayoría.

 

NOTA.- La fotografía es de Sean Granier.

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ESPAÑA: FASCISTA Y KAFKIANA.

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Todavía me rondan por la memoria los jubilosos balidos del aborregado vulgo hispano desgañitándose después de la inútil victoria en el mundial de fútbol con el soniquete triunfalista y no por ello menos absurdo de "¡yo soy español, español, español...español!...

Estaban orgullosos de serlo, y lo proclamaban como si el mero hecho de poseer dicha condición supusiese un mérito per se, por la intrascendente circunstancia de que una selección patria de un deporte amañado, embrutecedor y sin verdadera trascendencia deportiva (¿cuantos éxitos internacionales ha conseguido la selección española de fútbol en comparación con las de otros deportes...si el futbol no estuviera apoyado por el sistema y constituyera un sencillo medio de faccionalización irreflexiva y filofascistoide para millones de ignorantes que se creen grandes intelectuales por comprender la ridícula regla del fuera de juego y que pierden el tiempo en los bares bebiendo cerveza y sentando cátedra a gritos sobre los irrelevantes asuntos futbolísticos para luego ir a votar como los borregos que son con el mismo espíritu faccionalista y de hinchada enfervorizada sin haber dedicado ni un solo segundo a reflexionar mínimamente sobre lo que verdaderamente conviene o interesa al país; si no fuera por eso, decía, el peso específico del futbol en el universo deportivo español resultaría irrelevante, tanto como paupérrimos son sus logros en cuanto selección) había conseguido por primera vez en su historia un campeonato mundial.

Pero, una vez sentado el hecho irrefutable de que el triunfo aislado de la selección española de fútbol tras décadas de fracasos y ridículos en el mundial no constituye por sí solo un factor relevante de orgullo, cabe preguntarse si en otros campos más trascendentes y de mayor importancia podemos sentirnos orgullosos de ser españoles.

¿A la vista del panorama que nos rodea de verdad podemos salir a la calle gritando "yo soy español, español, español..." como si ello fuera motivo de orgullo?

Yo, que soy español y nacionalista ferviente, afirmo taxativamente que no. Que vivimos, como enuncia el título de este artículo, en un país fascista y kafkiano, una monarquía bananera arrumbada en un callejón sin salida no solo por sus políticos sino por el tono general de ignorancia, estupidez, fanatismo, torpeza e inmoralidad de la mayor parte de sus ciudadanos. Precisamente esa inmensa mayoría aborregada por el fútbol, o por gran hermano o por cualquiera de las falsas trincheras en las que militar irreflexivamente perorando a gritos en el bar sin preocuparse de asuntos verdaderamente importantes pero que, claro, exigen un esfuerzo de aprendizaje y reflexión y otro, todavía más difícil, de flexibilidad conceptual incompatible con el fanatismo ciego y seguidista del ruidoso borrego patrio. Hay que informarse, meditar, obrar rectamente y hablar con mesura...justo todo lo contrario de salir a la calle gritando "¡soy español, español, español..." por el mero hecho de que la selección de fútbol haya cumplido por una vez con las generalmente infundadas espectativas generadas por los medios afines al sistema y que rarísima vez, por no decir nunca, se dedican a explicar la causa de los fracasos de la selección, tan ligadas a las deficiencias organizativas del propio deporte que, por otro lado, no son otra cosa que mera consecuencia de las deficiencias generales del país.

Hagamos un recuento somero de hechos sucedidos en los últimos tiempos y luego juzguemos el panorama en que nos movemos.

 Vivimos en un país donde todavía no se han reconocido los crímenes de la dictadura fascista que lo atenazó durante cuarenta años y que abarcan desde el genocidio premeditado y ejecutado con fría meticulosidad hasta el robo de niños pasando por todos los grados de perversión y crueldad y en el que los herederos ideológicos, y en muchos casos biológicos, de dicha dictadura tienen todavía la desvergüenza de erigirse en víctimas y criminalizar a quienes sufrieron esos crímenes por el mero hecho de defender la democracia y la justicia social. Un país donde se rinden honores de estado a un ministro franquista con las manos manchadas de sangre y se mantiene el cadáver del dictador en su mauselo mientras cientos de miles de asesinados siguen desperdigados por fosas comunes y cunetas y la justicia y gran parte de los medios no solo obstaculizan sino que directamente satanizan e insultan a quienes no tienen más interés que el de proporcionar una sepultura digna a sus familiares.

Vivimos en un país donde la corrupción, elevada a norma, especialmente por unas siglas determinadas (aunque el mal está tan generalizado que puede considerarse un elemento estructural de la monarquía tercermundista que es el régimen de 1978) hasta el punto de haber saqueado descaradamente las arcas públicas restando al estado en sus diferentes niveles capacidad de hacer frente a sus funciones, no solo se tolera sino que se premia en las urnas. Un país donde el juez que la investiga es acusado, y seguramente castigado, por aquellos a quienes investiga y en la que un reo objetivamente inculpado en graves delitos es absuelto por un tribunal popular donde, sin duda, predomina la adhesión fanática al líder frente al sereno raciocinio y el recto afán de justicia. Un país donde los corruptos y aquellos que hacen políticas contrarias a los intereses generales son premiados con mayorías absolutas y quienes exigen democracia verdadera y justicia social, a veces tan solo un poco de cordura, son ninguneados, ridiculizados y perseguidos.

En un país donde la justicia ni es igual para todos ni se pretende que lo sea.

Donde los recortes causados por el latrocinio de unos pocos llegan a todas partes, excepto a las subvenciones de la secta católica por el mero hecho de que aquí sigue alentando el eterno nacional-catolicismo de unos cuantos señoritos a los que el pueblo en lugar de derrocar, reverencia.

Vivimos en un país con cinco millones y medio de parados y ninguna revolución. Un país en el que los obreros en paro votan y jalean a sus verdugos y no tienen cojones ni vergüenza para acudir a las movilizaciones de protesta y mucho menos para parar el país hasta que se apliquen los cambios necesarios que son aquellos que benefician a la mayoría y no a un reducida oligarquía (1400 indiviudos controlan el 80% de los recursos económicos en un país de más de 40 millones de personas)...

Y podría seguir...pero ¿para qué?...España, y es lástima decirlo, es un país atrasado, inculto, fascista y kafkiano.

 

 

 

NOTA.- La fotografía es de RozSheffield.

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SINDICALISMO PACTISTA Y FUTURO SOCIAL.

Si hay algo que se aprende en la infancia, antes incluso de cumplir los diez años, es que con los matones no se contemporiza. Toda negociación es inútil con un matón, conduce únicamente a cesiones cada vez más duras y vergonzosas, a convertirse finalmente en un esclavo aterrotrizado del matón. Esto es un hecho que todos conocemos. La única forma de conservar la dignidad y la libertad frente al matón de turno es frenarlo en seco: utilizar sus mismas armas para ponerlo en su sitio y destruir su amenaza. Si los matones se unen y se rodean de cómplices serviles debe aplicarse la misma política mediante alianzas de los que sufren sus abusos. Solo la firmeza y el miedo mantienen a raya a los malvados, a los abusones, a los sinvergüenzas. Y esta es una lección que sirve para el resto de la vida tanto a nivel individual como colectivo, privado como público.

Esta realidad indiscutible se traduce, cuando le conviene al Poder, en la frase "no negociamos con terroristas"...y es una buena medida. ¿Pero qué sucede cuando el terrorismo procede de ese Poder, de la oligarquía y los mercenarios a su servicio en los ámbitos político, judicial, represivo y propagandístico?...pues debe aplicarse idéntico principio: negociar y ceder es perder, solo resistir y vencer sirve para mantener impoluta la democracia y la justicia social, que son conceptos solidarios e indisolubles el uno del otro.

 En cambio la actitud de los sindicatos mayoritarios españoles, UGT y CCOO, ha sido exactamente la contraria a la norma evidente aprendida en la infancia desde la instauración del régimen de 1978. Cosa que no debe extrañarnos pues ambas formaciones, sostenidas y promocionadas por el régimen al que concurren con idéntica función que el sindicato vertical franquista, nacieron domesticadas por el capital. Ya hemos estudiado en los artículos dedicados a la Historia Secreta de la Democracia Española como la UGT fue financiada y dirigida desde la Fundación Ebert (una sucursal encubierta de la CIA) para asimilarse al domesticado y desideologizado sindicalismo alemán de posguerra y como CCOO fue minada desde el principio por elementos católicos, derechistas y eurocomunistas hasta convertirla en un instrumento dócil de la oligarquía.

Desde los Pactos de la Moncloa ambos sindicatos colaboracionistas se han dedicado a negociar con el abusón, a ceder, ceder y ceder...a ceder los derechos de los trabajadores y los ciudadanos mientras sus líderes en la mayor parte de los casos prosperaban y resolvían su futuro personal. Esto también es una realidad indiscutible.

Aun admitiendo que el pactismo sindical de UGT y CCOO desde 1977 no procediera de la corrupción de sus dirigentes sino de su estupidez y falta de preparación, el resultado es el mismo. Si cedes ante el chantaje una vez, deberás hacerlo siempre. Si cedes ante el matón, te esclavizará. El pactismo es un error táctico que solo lleva a la debilitación de las posibilidades de resistencia.

Hoy en día esto no solo ha quedado en perfecta evidencia sino que nos encontramos en un momento crítico frente a los ataques del terrorismo capitalista, y los sindicatos pactistas, adocenados por décadas de prebendas y buena vida, no quieren darse cuenta de su error, y mucho menos repararlo porque ello implicaría, entre otras cosas, la pérdida de poder y prestigio de sus dirigentes corruptos o estúpidos. Junto al pactismo UGT y CCOO  están desarrollando un cobarde negacionismo de la evidencia a la par que un despreciable proceso de ataque y desprestigio a cuantos les exigen reaccionar, abandonar sus posiciones erradas para hacer frente al asalto neoliberal. De ambos sindicatos llegan todo tipo de excusas e insultos, pero ninguna solución, solo continuismo.

Pero la situación exacta en la que nos encontramos es la siguiente: en un contexto de golpe de estado neoliberal para saquear el estado y arrebatar sus derechos a las clases medias y bajas, la patronal está lanzando un órdago con la connivencia mafiosa del gobierno de turno y del gran capital extranjero. La CEOE se niega a cualquier cesión porque el gobierno del PP ya ha advertido que, llegados a cierta fecha, si no hay acuerdo, impondrá sus reformas, que son las de la patronal y, de paso, las agencias de calificación estadounidenses presionan advirtiendo a su vez que si la reforma laboral no se aplica bajarán la nota crediticia de España. Es decir: se trata de una imposición por la fuerza, un atraco a mano armada que ni deja ni pretende dejar resquicio para la negociación. La pregunta es: ¿resulta verdaderamente necesaria esa reforma laboral y otras tantas encaminadas a la destrucción del estado del bienestar y la precarización de las condiciones laborales y económicas de los ciudadanos para crear empleo?...La respuesta es no. Durante treinta años el pactismo suicida y culpable de CCOO y UGT ha conducido a constantes renuncias, a cíclicas claudicaciones bajo idénticas premisas y jamás han servido para crear más empleo. Solo para que la patronal exija más y busque medios de realizar lock-outs encubiertos (como patronal y banca están haciendo desde la crisis de 2008) que hagan todavía más precaria la situación de los ciudadanos no solo como trabajadores, autónomos o pequeños empresarios, también como consumidores y ciudadanos.

El pactismo sindical, lo demuestran tres décadas de concesiones inútiles, únicamente nos arrastra hacia la miseria y la esclavitud. Y hemos llegado a un punto de no retorno. O cambiamos de rumbo ahora o no podremos rectificar nunca, habremos labrado nuestra propia esclavitud.

Desgraciadamente cuando se trata de hacer ver esta realidad a miembros destacados de los sindicatos pactistas se encastillan en la moderación, tachan a su interlocutor de radical antisistema (utilizando significativamente un modo de hablar netamente neoliberal que demuestra hasta que punto ha carcomido su mente la ideología de los golpistas) y optan por el desdén o la burla, lo que deja muy poca esperanza en la renovación de ambos sindicatos convertidos desde 1977 en meros apéndices de la oligarquía, sindicatos amarillistas sin ideología de clase ni conciencia ciudadana ni democrática. Enemigos, en suma, del pueblo, y tan ilegítimos como el régimen mismo que sustentan.

Pero, hay que insistir en ello, nos encontramos en un punto de no retorno en el que el pactismo resulta culpable y suicida. Si los sindicatos mayoritarios no abandonan su complicidad con el capital y la oligarquía deberán ser arrumbados al basurero de la historia y deberá crearse una nueva estructura sindical unitaria que aune los intereses de las clases bajas y medias frente a los de la oligarquía en una estrategia consciente de reivindicación y confrontación que ya no podrá contentarse con pactar con el ilegítimo régimen de 1978 sino sustituirlo por otro verdaderamente democrático e igualitario en el que la riqueza ,lejos de concentarse en unas pocas manos empobreciendo al resto, fluya y se redistribuya generando una común prosperidad que no tiene por qué ser estrictamente homogénea pero sí evitar conscientemente el poder excesivo de unos pocos.

El pactismo suicida y culpable de los sindicatos mayoritarios solo nos depara un futuro social de esclavitud y miseria. Si deseamos libertad, democracia, prosperidad y justicia para nosotros y nuestros hijos deberemos conquistarlas en la calle...este año.

PD (16 de enero de 2012).- Claro que si existe el pactismo sindical es porque la clase trabajadora vive instalada en el derrotismo y el conformismo. Hay que repetirlo siempre: los principales responsables de la situación en la que nos encontramos somos nosotros mismos. No estaríamos donde estamos si no nos hubiéramos dejado arrastar por la codicia y el egoismo convirtiéndonos en unos desclasados que aceptaron con los ojos cerrados la ideología de nuestros explotadores que son los mismos que nos timaron, ni estaríamos donde estamos si la mayor parte de los trabajadores en lugar de hacerse los suecos hubieran tenido los cojones de no delegar y luchar por sus intereses y los de sus hijos...no estaríamos donde estamos si no viviéramos en una sociedad enferma de ignorancia, cobardía y codicia. Si los orgullosos españoles de antaño no se hubieran convertido en una tropa ridícula de lameculos cómplices del patrón...los típicos mindundis con la boina entre las manos diciendo sí a todo y robando lo que pueden de la despensa. Y el verdadero problema que tenemos es ese: no el pactismo de sindicatos que muy bien pueden dejarse al margen como artefactos obsoletos, si no la cobardía, el derrotismo y el conformismo suicida de un cúmulo de desclasados con el cerebro lavado por la ideología de sus amos y sin testículos para erigirse en rectores de su propio destino.

Hasta ahora lo único que esta sociedad ha sabido hacer ha sido lloriquear en las plazas rogando a sus amos que no sean malos...y aun así, en un país con cinco millones de parados, los que salimos a lloriquear no alcanzamos ni el millón. ¿Puede sentirse algo que no sea desprecio y asco por vosotros?...

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LOS AEROPUERTOS COMO SÍNTOMA DE ESTUPIDEZ (POLÍTICA)

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Los aeropuertos regionales en España están de capa caida. No resultan rentables y hay que ir cerrándolos uno a uno, y eso en el caso de que hayan llegado a funcionar. ¿Supone esto una sorpresa?...evidentemente solo para los más estúpidos entre los que se cuentan, tampoco resulta un dato sorprendente, la inmensa mayoría de nuestros egregios dirigentes. España es un país demasiado pequeño para tener que recurrir al transporte aéreo interregional, tan sencillo como eso. Con una buena red de carreteras y ferroviaria vamos servidos.

¿Entonces por qué en la última década y media nuestros políticos se lanzaron a la construcción de innecesarios e inviables aeropuertos regionales? Obviamente una parte importante de esa pulsión radicaba en las comisiones, en la pura y simple corrupción que caracteriza al ilegítimo régimen de 1978 y a la inmensa mayoría de sus gestores. A todos, en realidad, porque en este país el político que no trinca, calla para seguir amarrado a la poltrona y poder prosperar. Es así aunque luego traten de hacernos ver lo contrario, de decirnos que los corruptos son una minoría cuando de hecho la corrupción es la esencia misma de un régimen que nació corrupto. Otra parte no desdeñable del problema es la necesidad de prestigio y el ansia de emulación vecinal como medio de desviar la atención sobre los tejemanejes sucios y dudosos del jerifalte de turno. Un alcalde o un presidente de comunidad autónoma puede hacer de su capa un sayo si cuando los vecinos levantan una torre él construye otra más alta para que el orgullo local y regional quede intacto. Es tan triste como eso. Dejamos que nuestros próceres nos mangoneen, nos roben y nos engañen con tal de poder quebrarle el ojo al vecino. Y en ese sentido tan culpables son los políticos corruptos como la plebe ignorante que los jalea.

Pero la causa más importante de esa innecesaria proliferación de aeropuertos inviables es la inmensa incultura política de nuestra clase dirigente, su ineptitud congénita que les lleva a imitar, sin crítica ninguna, todo lo que ven hacer en la metrópoli imperial, en los Estados Unidos. Su estúpido y nocivo mimetismo con los modelos del a menudo inoperante y contraproducente desarrollismo norteamericano. Copian igual modelos de desarrollo económico y urbanístico cuya inadecuación está demostrada desde hace treinta años en los propios Estados Unidos (por ejemplo fomentar las grandes superficies en detrimento del pequeño y mediano comercio y de la producción local y el abandono de los núcleos históricos para erigir urbanizaciones residenciales, que multiplican la contaminación, el gasto, el endeudamiento y contribuyen junto con la implantación de las grandes superficies a arruinar las ciudades) como otros que son útiles en territorios en todo diferentes a los españoles y por lo tanto inadecuados para España.

En Estados Unidos los aeropuertos regionales funcionan y tienen utilidad por el mero hecho de que las distancias son enormes y el transporte aéreo es económicamente competitivo y ahorra muchísimo tiempo. Pero España (504 645 km cuadrados) es más pequeña que Texas (696 241) y solo un poco más grande que California (423 971), cálculese la extensión añadida de todos los demás estados. Por lo tanto, el modelo de aeropuertos regionales, que es extremadamente útil en los Estados Unidos, resulta por completo inadecuado e inviable en España y solo la incompetancia y la estupidez pueden conducir a adoptarlo como propio.

Por desgracia el de los aeropuertos regionales no es una excepción sino un síntoma, una muestra clara de la generalizada corrupción e ignorancia de nuestra clase política y de como esa estupidez afecta directamente a los ciudadanos. Estamos como estamos en gran medida por el mimetismo ciego y suicida de nuestros políticos con modelos e idearios exógenos.

España debe administrarse y gobernarse con criterios propios, adaptados a nuestras necesidades y posibilidades, no copiando estúpidamente lo que hacen otros u obedeciendo a intereses foráneos. Empieza a ser necesario que impongamos esta máxima como clave rectora de nuestro comportamiento político.

Y que castiguemos con la máxima dureza la estulticia, la corrupción y el seguidismo sajonizante de nuestra corrupta e inepta clase política.

NOTA.- La fotografía es de Garry Knight.

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YA LES CONOCEMOS

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Bueno, si alguien tenía alguna duda de lo que iba a dar de sí el ilegítimo gobierno del PP han bastado unos pocos días para ilustrarle. Ya no caben ambigüedades, medias tintas ni vacuas demagogias, tampoco fanatismos y fés trasnochadas. La realidad ha quedado bien patente. Ya les conocemos. Incluso sus propios votantes han comenzado a conocerles.

En primer lugar basta examinar la procedencia de sus ministros para comprender no solo su vinculación con intereses ilegítimos e incompatibles con la prosperidad común sino también su inadecuación e incompetencia para pensar ni de lejos en que puedan tomar medidas adecuadas para sacarnos del hoyo cuando ellos pertenecen precisamente a los que nos arrojaron a él y se benefician de nuestra desgracia. Trabajan para esa minoría de especuladores y banqueros corruptos que siguen enriqueciéndose (un 6% más en 2011) a costa de que todos los demás nos empobrezcamos y perdamos derechos, igualdad y oportunidades. Son hombres de paja de nuestros verdugos, nuestros verdugos mismos en muchos casos.

Empezando por el ministro de economía, Luis de Guindos, antiguo jefe de Lehman Brothers en España y Portugal hasta que esa firma, basada en la estafa y la mentira, en la especulación y la concentración de capital en pocas manos a costa de empobrecer a los pequeños inversores, quebró. Por si ello fuera poco ejercía de consejero de Endesa, lo que le convierte en títere de los nefandos intereses de una industria, la energética, que constituye la quintaesencia del desafuero liberal capitalista ya que consiste en gestionar privadamente recursos comunes para enriquecerse fraudulentamente con un servicio público que debería ser gestionado públicamente. Además, y vamos sumando, era también partícipe del Banco Mare Nostrum, antigua Caja de Murcia y, por lo tanto, artífice y beneficiario en uno de los actos de estafa más conspicuos y vergonzosos de los últimos años contra los intereses del pueblo: la conversión de las cajas de ahorros en bancos de inversión en muchos casos tras reflotarlas con dinero público. En otras palabras: un robo consistente en utilizar el dinero de todos para proporcionar un medio de enriquecimiento especulativo al gran capital privado a costa de perjudicar los intereses de los pequeños ahorradores. Y no debemos olvidar tampoco que fue también consejero de la editora de El Mundo (periódico cómplice en el asalto al gobierno del Aznarismo, que no dudó en poner contra las cuerdas al estado con el único fin de conseguir el poder y principal impulsor de las teorías conspiranoicas sobre el 11-M que sobre constituir un insulto directo contra el pueblo y su inteligencia estuvieron a punto de servir para un golpismo revanchista muy propio de esas atrasadas y primitivas mentalidades fascistas) y de Expansión (órgano de la propaganda más aciaga del neoliberalismo hispano). En resumidas cuentas, que el individuo designado para dirigir las políticas económicas del país más que en el gobierno o el parlamento, si viviéramos en una verdadera democracia, debería estar en la cárcel y sometido a reeducación intensiva como traidor al pueblo. Y no es el único.

Hay que citar también al ministro de hacienda y administraciones públicas, Montoro, procedente del Instituto de Estudios Económicos, uno de los órganos propagandísticos de la CEOE y por lo tanto portavoz y títere de las erróneas y nefastas ideas que los grandes empresarios pretenden imponer al pueblo. Prácticas consistentes en la pérdida de derechos laborales, de libertades ciudadanas y como consumidores y en la precarización de la situación de las clases medias y bajas para aumentar las plusvalías de una menguada clase parasitaria e ineficaz cuya situación de privilegio y poder ha servido en las últimas décadas únicamente para empobrecer al pueblo y atrasar al país en relación con el necesario horizonte de formación y progreso que su propia incapacidad les incapacita para ver en su calidad de beneficio común para todos: contratantes y contratados. Una minoría parasitaria, en suma, cuya ineficacia y avaricia la haría acreedora a la exoneración en cualquier sistema medianamente democrático y sensato y que sin embargo, dentro del ilegítimo régimen de 1978, no ve confiscados o colectivizados sus medios de producción sino que, para más inri, es elevada a la condición de timonel de las políticas sociales y económicas.

Tampoco podemos olvidar al ministro de defensa, Morenés, procedente del lobby armamentístico, quizá no tan decisivo en la política interior española, pero determinante en el núcleo duro de la revolución neocon que padecemos, en los Estados Unidos, siempre en perfecta concatenación con el lobby del petróleo y la energía nuclear y en relación directa con la preocupante privatización de las fuerzas armadas y policiales (piénsese en el papel de agencias privadas de mercenarios como Blackwater en la invasión de Iraq, precisamente para apoderarse de su petróleo y hacer negocio con su reconstrucción o en el papel que las empresas de seguridad privada están asumiendo en los Estados Unidos en la construcción y puesta en marcha de eventuales campos de concentración, pequeños Guantánamos, para encarcelar sin juicio a ciudadanos disidentes). A ese respecto el señor Morenés añade a su curriculum el inquietante dato de ser presidente de Seguribérica, una empresa de seguridad privada que, de momento, está haciendo La Habana con la protección de los atuneros vascos en el Índico, es decir: con el desempeñó privado de una tarea pública que correspondería al ejército o la marina. No es mucho pero ya representa un ejemplo claro de hacia donde van los tiros, nunca mejor dicho. Y poner en manos de mercenarios sin ningún control democrático el orden y la defensa públicas es siempre, a la par que una muy mala idea, incompatible en cualquier caso con la democracia, un acto absolutamente preocupante para la libertad del pueblo y su necesaria lucha por la justicia social y el imprescindible encausamiento de quienes ejercen la usura, la explotación y la tiranía contra la mayoría para concentrar poder y capital en unas pocas manos.

Y tampoco podemos olvidar a Fernandez Díaz, el ministro del interior, un peligroso fanático de la más influyente y peligrosa secta con la que debe lidiar la democracia española: el catolicismo, al que parece se convirtió clamorosamente hace dos años alineándose con el sector más feroz y radicalmente nacional-católico, más próximo a la teocracia y el fascismo. Si bajo un gobierno de centro-derecha como el del PSOE y con un ministro del interior formalmente laico los que se atrevieron a manifestarse contra la carnavalada papista de las JMJ fueron salvajemente apaleados por una policía clerical que permitió las provocaciones de los fanáticos sectarios de la iglesia y las aprovecharon para agredir a los pacíficos manifetantes de una sana ciudadanía que únicamente pedía la separación efectiva entre la iglesia y el estado y el fin de los inconcebicles privilegios de los jerarcas católicos, podemos imaginar qué no sucedera bajo el mando de un furibundo y peligroso converso como este.

Y así podríamos seguir con toda la lista de ministros. El nombramiento de uno solo de los cuales invalidaría moralmente cualquier gobierno que lo admitiera en su consejo, tanto más el nómina completa.

Y, claro, la acumulación de nombramientos innobles como síntoma de una ideología nauseabunda solo puede conducir a la implementación de políticas moralmente despreciables y técnicamente inadecuadas. Lo hemos visto con las primeras medidas del ilegítimo gobierno del señor Rajoy que si no fuera ilegítimo de raíz (por motivos harta y largamente explicados en estas mismas páginas) se ilegitimaría precisamente por ese cúmulo de actos contra el bien común.

Sus primeras medidas (y son solo el principio del principio en palabras de la vicepresidenta) han constituido un ataque en toda regla contra las clases medias y bajas, un acto de piratería de clase, de terrorismo fiscal, con la única función de socializar las pérdidas, es decir: de hacer pagar los excesos y desmanes de la parasitaria clase oligárquica a las clases medias y bajas, al pueblo. No de otra forma se puede conceptuar la congelación del salario mínimo interprofesional sin ninguna repercusión contable para el estado pero que viene a colmar los más sucios deseos explotadores de la patronal a la que se seguirá satisfaciendo con una reforma laboral absolutamente innecesaria para la creación de empleo y solo útil para el aumento de las plusvalías patronales, en suma: se empobrece al pueblo y se le quitan derechos con la única intención de que los ricos se hagan más ricos con el mismo esfuerzo e idéntica inversión. En otras palabras: se favorece la concentración de capital en pocas manos dentro de un escenario de empobrecimiento general. Los muy ricos se harán más ricos con esas medidas y los demás nos empobreceremos y perderemos derechos. Ese es el verdadero alcance de la congelación del salario mínimo y de la reforma laboral que está por venir.

Más aún: se han subido los impuestos desde la premisa, puro terrorismo fiscal y social, de que los pobres y las clases medias carguen con el grueso de la deuda. Esto no representa una novedad, el impuesto de la renta lleva décadas expoliando con más severidad a los menos afortunados e ignorando a los más ricos. Es una constante innoble, ilegítima y altamente ineficaz de la ortodoxia neoliberal que padecemos. Ahora se ha agravado esa tendencia haciendo que las rentas del trabajo carguen con 2/3 del esfuerzo fiscal, pero, lo que resulta todavía más despreciable (y acabará constituyendo un delito de lesa patria cuando cambie el régimen) se tiene la desvergüenza de implementar un supuesto impuesto sobre el capital, alardeando además hipócritamente de que es equitativo en virtud de su cacareada progresividad y que, por lo tanto, afecta por igual a ricos y pobres, haciendo que los primeros paguen más. Es mentira. Desde el momento en que dicho impuesto debe tributarse desde el primer euro ahorrado no se trata de un impuesto sobre el capital sino sobre el ahorro. Y desde el instante en que la progresividad concluye en los 24000 euros no afecta por igual a familias ahorradoras y capitalistas sin escrúpulos. Una vez más, proporcionalmente la mayor carga cae sobre los pequeños y medianos ahorradores pasando de largo por los grandes capitalistas y, de nuevo, se aprovecha para expoliar a las clases  medias y bajas con baratas excusas demagógicas. Somos los pobres los que estamos pagando los errores de los ricos, y lo estamos haciendo porque nos dirigen vicarios de los caciques de turno. Dentro del actual régimen no podemos esperar otra cosa. En él solo somos comparsas a los que explotar y esquilmar en beneficio de los verdaderos beneficiados de la estafa piramidal que constituye: los oligarcas, los caciques de siempre cuya posición política y social, hay que repetirlo hasta la saciedad, es incompatible con la existencia de una verdadera democracia.

¿Más aún?...por supuesto que sí. Se sigue atacando la posición de los funcionarios, ratoneándoles los emolumentos y disminuyendo su número con un solo pensamiento en mente: debilitar los servicios públicos, empeorar su calidad y acabar teniendo una excusa para su privatización para que una vez más los capitalistas privados, los caciques parasitarios que manipulan los hilos, puedan lucrarse a costa del bien común tal y como marcan las directrices de la OMC desde 1994 y eso, amigos míos, como ya he explicado en más de una ocasión en estas mismas páginas, es pura y simple prevaricación. Y la prevaricación es un delito con pena de cárcel.

 Aparte de lo dicho se paraliza la ley de dependencia, se congelan las pensiones (actualizarlas un 1% con una inflación del 2 o más y tras la congelación de los últimos años y con un cambio restrictivo en la tributación del IRPF es más que congelarlas, es menguarlas), se apuntan recortes sanitarios y educativos...otra vez para favorecer los negocios privados del gran capital...se ataca el alquiler fomentando de nuevo la burbuja inmobiliaria cuyos nefastos efectos todos conocemos...

Pero eso sí, se gastan millones en gases lacrimógenos y en pelotas de goma para combatir las legítimas protestas del pueblo contra el robo del que está siendo víctima, se legisla permitiendo que las cajas de ahorro eludan leyes que las apartarían del control de los bancos financieros que han creado, se siguen otorgando millones de euros a la secta católica, a los bancos que nos han arrastrado a la recesión...

Sí, ciertamente ya los conocemos, ya no pueden quedarnos dudas de que son enemigos del pueblo y del bien común, de que no van a sacarnos de la crisis sino a agudizarla para favorecer el enriquecimiento de los oligarcas. Ya sabemos que la alternancia dentro del régimen partitocrático de 1978 no sirve para el cambio. Que solo tenemos un camino para restablecer el orden, la democracia, la libertad y la justicia...este es el momento de hacernos dueños de nuestra propia historia, de demostrar lo que valemos.

Personalmente pienso, y los acontecimientos lo han demostrado, que la mayor parte de vosotros valéis muy poco. Espero equivocarme.

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UN SÍMBOLO ELOCUENTE

Hay que tomar nota de lo que se ve, de los detalles, lo digo siempre, porque en ellos se esconde el subtexto de la demagogia política, la verdad que nos escamotean en los discursos y la constante propaganda del régimen sea abierta o encubierta en los medios informativos controlados por el Poder.

Y hoy, en la inauguración de la X legislatura del régimen de 1978, esta partitocracia mal llamada democracia y que ha perdido toda legitimidad al convertirse en un medio tiránico de imponer los intereses del gran capital sobre las necesidades del pueblo, el lucro privado de unos pocos sobre el bien general de todos, hemos asistido a un símbolo muy elocuente sobre la realidad en la que nos movemos.

Hoy, como parte del acto institucional y complemento de las proclamas en el parlamento, cuya sede, lo hemos visto con nítida claridad este año de respetuosas y fundadas protestas ciudadanas, está vetada al pueblo marcando una evidente diferencia entre los supuestos representantes del mismo (que hacen el trabajo sucio del gran capital) y la ciudadanía a la que se multa, golpea y agrede con medios públicos (la policía) si trata de acceder en sus protestas si quiera a los aledaños de un edificio que no es, o no debería ser, una institución aparte de aquellos que se suponen en ella representados, hoy, decía, han culminado los actos institucionales con un desfile militar delante del parlamento.

El símbolo, y más después de lo que llevamos visto estos meses, está bien claro: las instituciones del régimen no son patrimonio de la soberanía nacional sino del régimen y quienes lo manejan en la sombra sin someterse al arbitrio electoral del pueblo en un esquema partitocrático destinado a dar una pátina de legitimidad democrática a decisiones que consisten básicamente en vender el país a los intereses privados y esclavizar al pueblo. Cuando el pueblo protesta se acumulan antidisturbios en las puertas del parlamento para disolverlo a palos o dedicarse a multar indebidamente a quienes reclaman justicia, patriotismo y democracia. Cuando los próceres convocan sus aquelarres ceremoniales es el ejército el que desfila por unas calles vetadas de ordinario a la protesta popular a guisa de tan elocuente como tácita advertencia.

En los próximos años el ilegítimo gobierno salido de las ilegítimas elecciones de noviembre de 2011 dejará de contratar funcionarios salvo en las ramas del ejército y la policía. ¿Por qué?...porque las instituciones del régimen ni nos representan ni pretenden hacerlo, forman una superestructura ajena al pueblo cuyos magnates están dispuestos, como ya vimos en Cataluña, a imponer su desvergüenza y su falta de patriotismo de un solo modo: por la fuerza de las armas. Esa es su democracia.

Urge, por lo tanto, que nos movilicemos para hacer valer la soberanía popular e implantar una verdadera democracia, del pueblo y para el pueblo.

NOTA.- El vídeo que ilustra este artículo corresponde al día de la hispanidad, pero el mensaje viene a ser el mismo. Igual que se reitera en el de al constitución.

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EL ESCÁNDALO AMAIUR

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En un escenario político en el que el PP con menos de un tercio de los votos posibles se considera legitimado para desmantelar el estado y arrebatar al pueblo los escasos derechos que le quedan en lo que no es otra cosa que la escenificación de un disimulado golpe de estado institucional al servicio del gran capital extranjero, el mero hecho de dejar a un grupo de diputados elegidos democráticamente como son los de Amaiur sin grupo parlamentario propio, cuando de hecho les corresponde, solo puede ser considerado un escándalo mayúsculo, un ejemplo más del déficit democrático del régimen de 1978.

No nos engañemos, en estas páginas seguimos defendiendo que dicho régimen carece de legitimidad, como poco desde el volantazo de mayo de 2010,  y por lo tanto todos sus actos son ilegales e impuestos como simple tiranía, incluyendo las elecciones generales. En ese sentido no concedemos a los representantes de Amaiur más legitimidad que a los del PP o del PSOE. Pero el hecho es que el corrupto sistema todavía no ha sido derribado y que sus reglas de juego siguen rigiendo para quienes participan en él.

La principal de esas normas es la igualdad ante la ley. Ya sabemos que no se cumple, que ante la ley unos siempre son más iguales que otros y que precisamente uno de los más claros síntomas del citado déficit democrático es esa asimetría legal, el hecho de que las leyes se redacten para favorecer a una minoría en detrimento de la mayoría y de que se las interprete siempre aplicando la ley del embudo. El caso de Amaiur es tan solo un episodio más de una constante clamorosa e indecorosa que ensucia desde antiguo el régimen vigente.

La excusa para discriminar a los diputados de Amaiur impidiéndoles tener un grupo parlamentario propio es su vinculación con ETA (acusación socorrida que, por ejemplo, también se intentó para lanzar el anatema contra los indignados), la eterna criminalización del diferente, del disidente.

Personalmente no siento ninguna simpatía por el terrorismo etarra (que a menudo ha jugado un papel en exceso conveniente para la limitación del avance democrático en España sirviendo a los intereses de la extrema derecha) y no acepto ni filosófica ni históricamente el nacionalismo vasco, que como el centralista-castellanista y el catalán son una simple construcción de las respectivas oligarquías para defender sus privilegios locales, tampoco soy partidario de la independencia de ninguna parte de España (incluyendo a Gibraltar) pero sí soy un partidario radical de aquello que es justo y de la democracia.

Y, por mucho que le pese a la derecha española, empezando por el rey (que mostró la más pésima educación democrática en su recibimiento al representante de Amaiur en la Zarzuela) tan democrática y legítima fue la elección de los diputados de la coalición nacionalista vasca como la de los vendepatrias del PP, de Foro Ciudadano o de UPyD (a quienes, precisamente por representar opciones derechistas, se les ha permitido forzar el reglamento parlamentario para constituir un pastiche con derecho a grupo propio). No debe olvidarse que Amaiur recibió aproximadamente el 20 % de los votos en Álava y Vizcaya, el 15 % en Navarra y el 35 en Guipuzcoa...y que, independentistas o no, los ciudadanos que emitieron esos votos siguen siendo ciudadanos españoles con el mismo derecho que todos los demás a ver representado su voto en el parlamento. Aplicarles la consabida ley del embudo, aparte de una torpeza monumental (el independentismo se combate mejor con la justicia, la equidad y el consenso que con la imposición, el caciquismo y la prestidigitación política), es sencillamente un insulto a la democracia. Una prueba incontrovertible de que el régimen partitocrático de 1978 no es más que la prosecución del franquismo por otros (y amañados) medios.

Así que lo dicho: la injusticia sufrida por los diputados de Amaiur en el congreso de los diputados no solo es escandalosa, es un síntoma de la putrefacción del régimen, un acto estúpido y antidemocrático que, si cabe, resta todavía más legitimidad a un régimen ya de por sí tiránico e incompetente en cuanto sistema democrático.

NOTA.- La fotografía es de bizantine.

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HISTORIA SECRETA DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA- IV

IV.- AZNARISMO Y AZNARATO (1989-2004)

 

Ya vimos en el primer capítulo de esta serie la quiebra que dentro de la derecha española supuso el viraje táctico e ideológico del Vaticano para alinearse bajo el nuevo domino colonial estadounidense en Europa occidental, fractura que aunque tenía un antecedente lejano en el Manifiesto de Lausana del pretendiente Juan de Borbón en 1945, solo llegó a escenificarse explícitamente después del llamado Contubernio de Munich en 1962.

Al final del régimen franquista, y a pesar de que la llegada a la jefatura del estado del colaboracionista (con el dominio imperial yanqui) Juan Carlos de Borbón, a más que cuestiobable título de rey, permitió el ascenso a los puestos decisivos del gobierno a los partidarios de la "normalización estética" del régimen, lo cierto era que la escisión entre ambas corrientes de la derecha española seguía viva y en pie no decantándose hasta las primeras elecciones partitocráticas de 1977.

En efecto, como vimos, en julio de 1976 llegaba a la jefatura del gobierno Adolfo Suarez, partidario de la adaptación institucional a las normas coloniales que regían en la Europa occidental y tan solo unos meses más tarde, en octubre, empezaba a conformarse la alternativa derechista con la fundación de Alianza Popular a manos de varios prohombres del régimen, los famosos siete magníficos, acaudillados por Manuel Fraga. Estos tuvieron la habilidad de no oponerse a lo que ya parecía inevitable pero se postulaban para dirigir los cambios adaptándolos lo más posible a sus pretensiones previas, que después del asesinato de Carrero Blanco en 1973 ya no podían aspirar al maximalismo.

La batalla definitiva entre ambas corrientes tuvo lugar en las elecciones de mayo de 1977 en las que la UCD pilotada por Suarez alcanzó una mayoría suficiente para gobernar mientras su facción rival, Alianza Popular, quedaba reducida a escasamente 16 escaños. A partir de ahí la cosa quedaba clara: no existía otro campo de maniobras que el de los partidarios de la "normalización" y a la derecha no le restaba más camino que la unificación dentro de un supuesto centrismo que enmascarase su realidad ideológica permitiendo la puesta en marcha de la ficción bipartidista propia de las falsas democracias occidentales. Ya no cabían interpretaciones en qué hacer y cómo hacerlo, tan solo una fraticida lucha de facciones.

Con toda probabilidad, en otras circunstancias, AP se hubiera disuelto rápidamente e ingresado en la UCD pero ya en 1977 resultaba claro que este partido carecía de futuro, creado artificialmente, carecía de base social civil y, en los verdaderos círculos de poder, tenía menos peso específico que su rival, de modo que el partido de Fraga podía permitirse esperar e ir maniobrando para heredar el espacio político falsamente definido como centrista tras la debacle de UCD.

Sus primeros pasos en ese sentido se dieron ya en las elecciones de 1979 en la que la antigua AP de los siete magníficos del franquismo trató de maquillarse de centrismo concurriendo en coalición con otros grupúsculos derechistas que se las daban de centristas (Acción Ciudadana Liberal, Partido Democrático Progresista, Partido Popular de Cataluña...) y cosechó un nuevo fracaso. Bajó de 16 a 10 diputados. En ese momento eran Suarez y la UCD quienes ocupaban el espacio del falso centrismo derechista en España, contaban con el plus de haberlo habilitado a lo largo de 1976, y no resultaba plausible vencerles en su propio terreno.

Las cosas empezaron a cambiar en 1981 con una UCD en descomposición y haciendo funcionar las redes clientelares del caciquismo gallego íntimamente ligado a la figura de Fraga que consiguió de este modo el triunfo en las elecciones autonómicas en Galicia que en 1983 ampliaría dentro de una estrategia típicamente cedista a Baleares y Cantabria.

La implosión de UCD en las elecciones de 1982 facilitó a AP la ansiada herencia del falso centro derechista para lo cual volvió a concurrir en coalición con grupos procedentes de la propia UCD (Partido Demócrata Popular, Partido Liberal...) y de sus estrategias cedistas en la periferia (Unión del Pueblo Valenciano, Unión del Pueblo Navarro, Partido Aragonés Regionalista...) de modo que pudo constituirse en principal fuerza de la derecha española habiendo abandonado ya por completo las tesis aislacionistas y buscando ganar credibilidad como fuerza de la "normalización colonial". El PSOE, nueva fuerza hegemónica de la partitocracia turnista sometida a la colonización del capitalismo extranjero, hizo todo lo posible por favorecer esa nueva situación de AP otorgando a Fraga el inconstitucional, sajonizante, antidemocrático, caciquil y muy elocuente tratamiento de "jefe de la oposición", sin embargo la escisión persistía en la derecha española.

Lo esperado era que Suarez, una vez cumplida su misión, se retirase elegantemente de escena. Se le premiaría con una jubilación dorada en el sector privado y la historia prefabricada seguiría su curso predeterminado con la metódica sumisión del pueblo español al dominio imperialista del gran capital extranjero. No contaban los guionistas del cuento con la ambición política de Suarez quien, lejos de retirarse, pretendió continuar la lucha por el falso centrismo derechista fundando un nuevo partido, el CDS.

Lógicamente Suarez tenía más pedigrí centrista que Fraga y los suyos, máxime después de definir a su partido como "centro democrático" y darle un matiz "social" llegando a coquetear con la socialdemocrácia desde un demagógico liberalismo de rostro humano. Mientras el CDS existiera AP no podía cerrar la frecha abierta en la derecha en 1962 y mucho menos afrontar con tranquilidad su papel de alternativa turnista en el partitocracia parlamentaria en que se había convertido la supuesta democracia de 1978.

De hecho, la incapacidad para erigirse en alternativa de gobierno en gran parte por la competencia del CDS en el espacio de falso centro derechista, acabó terminando con el liderazgo de Fraga quien, en gran medida, era incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos y a las necesidades propagandísticas y estéticas que exigía la conquista de ese invento de las partitocracias que tan conveniente resulta para cautivar la cobardía y la ignorancia de un cuerpo electoral sin formación política y gris que pretende no destacar y mucho menos enfrentarse al poder y para ello se situa en una moderación tan respetuosa con los que mandan y con el sistema como suicida para sus propios intereses (como el régimen de 1978 ha demostrado sobradamente y en especial desde el estallido de esta última crisis que tiene más de lock-out, que de crisis). Así pues, el VIII congreso de AP dio al traste con Fraga y elevó a la dirección del partido a un antiguo condiscípulo de su hijo en la universidad (el nepotismo y la endogamia en la derecha española son normas de primer orden): Hernandez Mancha, que se suicidó políticamente en la moción de censura contra el gobierno poco después obligando a una nueva renovación de cuadros dirigentes en el partido.

Corría el año 1987 y a pesar de la agitación interna la estrategia cedista de AP le procuró dos nuevos gobiernos autónomos: La Rioja en concatenación con el Partido Riojano y Castilla y León (que ocuparía el ascendente Aznar) precisamente en coalición con el CDS. Poco a poco AP iba cumpliendo su destino prefabricado de opción B del turnismo monárquico. La caida en desgracia de Hernandez Mancha acabó de precipitar su transformación.

En realidad la "refundación" de Alianza Popular en Partido Popular en 1989 que pretendía escenificar la definitiva reunificación de las facciones derechistas y la plena aceptación de los postulados de la "normalización" supuso poco más que un simple relevo generacional. La vieja guardia que había vivido sus días de gloria durante el franquismo cedía el protagonismo a sus hijos (a menudo literalmente) cuya ideología estaba ya por completo conformada por el giro estratégico del Vaticano y la influencia de la revolución conservadora anglosajona y sus nefastas consecuencias morales y sociales. Sin embargo no significó en absoluto una renovación sanguínea. Como ya hemos dicho más arriba el nepotismo y la endogamia son una ley no escrita en la derecha de cualquier país pero muy especialmente en la española y el núcleo dirigente de la misma es, en realidad, extraordinariamente reducido y muy apegado al núcleo duro de la oligarquía dominante. El mejor ejemplo de lo cual es, precisamente, el nuevo líder del partido: José María Aznar. Basta estudiar sus antecedentes familiares para comprenderlo.

Manuel Aznar Zubigaray, el abuelo del futuro presidente del gobierno más colaboracionista con el imperialismo yanqui y más antiespañol de la historia del régimen de 1978, puede parecer, en principio, como una rareza exótica en comparación con su nieto, sobre todo teniendo en cuenta su militancia en el nacionalismo vasco más radical durante algunos años de su vida. Navarro de origen, en los años veinte y parte de los treinta militó en el PNV mostrando un perfil básicamente independentista. Sin embargo esa no era la base real de su ideología, tan solo un aspecto secundario de una realidad más profunda. El individuo en cuestión se inició en el carlismo, entonces regido por el foralismo y, sobre todo, el integrismo católico. Su traslado por motivos profesionales a Bilbao le indujo a la militancia en el PNV (a la postre un partido heredero directo del carlismo) y cuando también por motivos profesionales hubo de trasladarse a Madrid  acabó pasando, allá por los años de la Segunda República, al maurismo (a la postre derecha centralista igualmente comprometida con el integrismo católico) y en 1936, no podía ser de otro modo, acabó incrustándose en la cruzada nacional-católica que acaudillo el general Franco.

Aznar Zubigaray, que era periodista de profesión, trabajó siempre para la oligarquía dominante que era, y es, en España, un hálito pestilente del más exacerbado integrismo sectario nacional-católico. Lo único que hizo a lo largo de su vida fue cambiar de amos. Empezó sirviendo a los oligarcas vascos y luego se pasó a los oligarcas centralistas, que en realidad, junto con los catalanes, tienen la misma ideología de base. La única diferencia entre ellos son los diferentes nacionalismos que, como sabemos, surgieron en la segunda mitad del siglo XIX por el único motivo de que unos defendían el proteccionismo y otros no a causa de sus diferentes fuentes de ingresos (agrícolas e industriales). Esa contraposición de egoismos avarientos fue la que generó, como excusa barata, el desarrollo del catalanismo, del nacionalismo vasco y del centralismo castellanista de las diversas facciones amenezando con la ruptura de España por tan solo el interés económico de unos cuantos explotadores y especuladores sin más moral que el enriquecimiento rápido y la defensa de sus privilegios. Pero independientemente de sus diversos intereses, lo que unía y une a las diversas facciones oligárquicas españolas es el ansia de explotar y expoliar al pueblo y la vinculación al sectarismo católico. De hecho, la ideología política de todas ellas en el primer tercio del siglo XX fue el corporativismo protofascista propugnado por el Vaticano. Solo el hecho de que con el franquismo se acabaran imponiendo los criterios centralistas y excluyentemente castellanistas de la oligarquía madrileño-andaluza, arrastró a las oligarquías periféricas en otras direcciones más acordes con la "normalización" que pretendía el imperialismo yanqui y la facción monárquica después de 1945.

Pues bien, al servicio de ese integrismo católico fue ascendiendo Aznar Zubigaray llegando a integrarse en los círculos oligárquicos de Madrid con su llegada a la dirección del Sol y al maurismo y acabando de situarse en ella con el programa de genocidio llevado a cabo por la oligarquía, la iglesia y la parte más indigna y falta de honor del ejército español a partir de 1936 que él justificó desde el radicalismo más nacional-católico en su libro Historia de la Cruzada, publicado en 1943.

El franquismo le facilitó el acceso a la carrera diplomática llegando a ser embajador en la ONU (1964-1967) y en los Estados Unidos.

El hijo de Aznar Zubigaray y padre del futuro presidente del gobierno, Manuel Aznar Acedo, nacido Imanol por de la entonces militancia vasquista de su padre, siguió sus inclinaciones profesionales e ideológicas, dedicándose al periodismo y afiliándose a la Falange con los primeros derramamientos de sangre del golpe de Franco.

A la sombra de su padre, y siempre dentro del más estricto nacional-catolicismo corporativista, Aznar Acedo prosperó profesionalmente dentro del exiguo reducto de alevines de la oligarquía dominante. Fue jefe de radiodifusión y propaganda de Falange, director de programación de la cadena SER (1942-1962), director de Radio Nacional (1962-1965) y director adjunto de radidifusión del ministerio de Información y Turismo siendo ministro Fraga, de donde procedería la vinculación de su hijo con el futuro jefe de AP.

Con esos antecedentes, naturalmente, el niño, José María, que no por casualidad lleva el nombre del fundador del Opus Dei, no podía ser otra cosa que un digno émulo de sus antecesores, un peligroso y radical militante del integrismo católico con todos los vicios y taras morales e ideológicas del pijerío facha hispano. Así las cosas no es de extrañar que comenzara su vida política militando en el Frente de Estudiantes Sindicalistas (es decir: nacional-sindicalistas, los mismos que se dedicaban a denunciar y apalear en los campus a los estudiantes progresistas) y en la Falange Independiente...luego la lógica se impondría y optaría por transitar senderos igualmente emponzoñados pero más propicios al medro personal: se afilió a AP, que dirigía el antiguo jefe de su padre en el ministerio de Información y Turismo: Fraga. Lo demás fue ir utilizando el enchufe y los contactos personales para ir ascendiendo dentro del partido. Cuando se hizo con su liderazgo en 1989 no era una excepción, la inmensa mayoría de quienes le rodeaban en los puestos directivos tenían perfiles similares al suyo, la endogamia de la oligarquía siempre se ha extendido a sus órganos políticos. Por eso entre otras cosas es estúpido ser de derechas en este país porque cualquier niño de papá va a subir antes que otro ajeno al grupito de mandamases de toda la vida. Y, sin embargo, hay memos que se afilian constantemente al PP...en fin, la estupidez humana es infinita, ya lo sabemos.

La nueva generación de líderes del PP se había educado después del giro táctico del Vaticano hacia la sumisión a los modos ideológicos del imperialismo yanqui y asistieron en su juventud a los inicios de la revolución conservadora, tanto en Francia a partir de 1976 como en Inglaterra y en los Estados Unidos. Su credo era ya completamente afín al de sus homólogos tatcheristas y reaganistas: neoliberalismo salvaje en lo económico, conservadurismo sectario cristiano en todo lo demás. Con su llegada al frente del PP quedaba definitivamente saldada la escisión de la derecha de 1962 y la derecha española podía ponerse en masa bajo los auspicios del imperialismo yanqui, dispuesta a vender los intereses de la mayoría de los españoles para salvaguardar los de la oligarquía y los suyos personales. Porque, por mucho que presuman de ser los únicos españoles buenos y verdaderos, nunca ha habido gente con menos sentimiento nacional que los derechistas. Para estos solo existe el lucro personal y la imposición sectaria de sus prejuicios religiosos, lo demás no importa...de ahí su obsesión por socavar la soberanía nacional y por crear instituciones internacionales manejadas por las grandes corporaciones sin ningún control democrático. No solo son autoritarios en el sesgo de su comportamiento político, también profundamente antipatriotas, simples traidores al pueblo.

Y precisamente de esa ambición y de la absoluta falta de patriotismo surgió el modo de oposición que el PP perpetró entre 1989 y 1996. Lo único que importaba era doblegar al PSOE y llegar al poder, aunque por el camino se destruyera España y hubiera que provocar una crisis económica (la de 1993). Durante siete años el PP exhibió su deslealtad poniendo al estado contra las cuerdas, difamándolo y minando su prestigio internacional con un solo designio: alcanzar el gobierno, llegar del aznarismo al aznarato.

Naturalmente, una vez alcanzado el poder, no cabía esperar otra cosa del PP que la aplicación disciplinada de la ortodoxia de la revolución conservadora desposeyendo al pueblo de sus derechos y libertades y favoreciendo con sus medidas el enriquecimiento de los más ricos a costa del empobrecimiento de los más pobres. Si el régimen de 1978 representaba la sumisión absoluta al imperialismo yanqui de España, la llegada al gobierno del aznarismo supuso la culminación culpable de esa sumisión y, sobre todo, su aprovechamiento por la oligarquía para encastrarse en los circuitos económicos del gran capital mundial traicionando los verdaderos intereses de España y de su pueblo. Las políticas del aznarato constituyeron una traición en toda regla al pueblo que todavía padecemos.

UCD nos introdujo en la OTAN en 1982 y el PSOE se las arregló para que permaneciéramos en ella en 1986, pero Aznar fue todavía más allá conviertiendo a España no solo en un vasallo del imperialismo yanqui, que ya lo era, sino en un siervo obediente y a completa disposición de los requerimientos del amo extranjero, cosa que en algún momento habrá que demandarle y castigarle. Aznar nos introdujo en la estructura militar de la OTAN y acabó demagógicamente con el servicio militar para establecer un ejército profesional, es decir: de mercenarios, que como todos los ejércitos que no están compuestos por ciudadanos sino por mercenarios lejos de servir a los intereses del pueblo acaban siendo utilizados para defender los intereses espúreos de la oligarquía.

De hecho las fechas son bien significativas. En 1996 se acabó con el servicio militar, en 1999 estábamos bombardeando Serbia y en 2001 enviando tropas a Afganistán dentro de una operación destinada a consolidar el control de los Estados Unidos en Asia Central, un ámbito en el que España no tenía ni tiene intereses. Pero el esquema militar americano era bien claro y perfectamente egoista: sus fuerzas de choque inician la ocupación de sus nuevos establecimientos coloniales y los estados vasallos, como España, envían tropas para hacerse cargo del trabajo sucio: la permanencia y la lucha contra la insurgencia. En 2003 estuvimos a punto de experimentar un salto cualitativo del colaboracionismo con el imperialismo yanqui cuando después de la bochornosa y repugnante reunión de las Azores, Aznar pretendió enviar tropas españolas a la ilegítima invasión de Iraq, solo el evidente descontento popular (que acabaría costándole el cargo) impidió semejante ignonimia. No obstante, España volvió a representar el mismo papel de comparsa encargada del trabajo sucio del imperialismo yanqui que venía y viene cumpliendo en Afganistán desde 2001, al menos hasta que el gobierno Zapatero nos retiró de allí, de Iraq.

 La sumisión del aznarato a los imperativos económicos y financieros del imperialismo yanqui no fue menos servil y, desde luego, resultó infinitamente mucho más perjudicial para el pueblo español. Entre otras razones porque se hizo con la única perspectiva de favorecer el enriquecimiento de la oligarquía en detrimento, no puede ser de otro modo, de la mayoría social.

Así las cosas se obedecieron las órdenes de la OMC y el FMI para privatizar las empresas públicas y empobrecer al estado. Ya el PSOE había tomado medidas en ese sentido, por lo que no se le puede exculpar, durante el felipismo, tales como el reflotamiento y privatización de la SEAT a favor de Volkswagen (pagando así parte de las ayudas recibidas desde la Fundación Ebert desde 1974) en 1986 y desmantelando el INI, el último resto del corporativismo, en 1992. El aznarato, por su parte, obedeció las órdenes de los órganos mundiales del neoliberalismo (lo que vuelve a constituir un acto de alta traición) privatizando a la carrera las empresas públicas en 1996 y 1997 de tal modo que el proceso enriqueciese especulativamente a la oligarquía española antes de poner la antigua riqueza del estado en manos extranjeras.

Paralelamente, y en relación con lo anterior, se favoreció la consolidación de dos bancos (Santander y BBVA) que agrupaban los intereses de la mayor parte de las familias históricas de la banca española y se les permitió multiplicar indebidamente sus riquezas con la manipulación fraudulenta del mercado inmobiliario. De hecho toda la política inmobiliaria tanto pública como privada de aquellos años puede ser catalogada como especulación y estafa y solo existe un camino democrático de hacerse cargo de la misma: rectificarla y castigar con la máxima dureza a sus promotores y cómplices.

El caso es que durante el aznarato el precio de la vivienda aumentó especulativamente un 30 % y el de las hipotecas un 50 con leyes que permitían usos absolutamente abusivos, ilegítimos y que no constituyeron delito por el simple hecho de que el gobierno, y el régimen eran y son cómplices de los especuladores y estafadores.

Mientras tanto se siguió un proceso, igualmente repugnante desde cualquier perspectiva moral, de subir los impuestos a las clases medias y bajas mientras se bajaban los de las clases altas utilizando la excusa del déficit (provocado por la privatización de las empresas públicas y la rebaja de impuestos a la oligarquía) para recortar derechos sociales en educación, pensiones, sanidad e incluso seguridad ciudadana. El paro, lógicamente, aumentó, pero se alteraron los medios de contabilizarlo y se criminalizó a las víctimas del mismo (los parados) para mantener la imagen demagógica de que las políticas neoliberales crean riqueza y que quien es excluido por ellas en realidad es un vago. Al mismo tiempo, para debilitar la posición del trabajador español, se favoreció la inmigración extranjera aprovechándola para empeorar las condiciones laborales de todos, nacionales y extranjeros.

Finalmente, y en plena euforia neoliberal de enriquecimiento fraudulento de la oligarquía española y el gran capital extranjero a costa del empobrecimiento del pueblo, después de haber recortado las prestaciones por jubilación y desempleo arrojando a la pobreza a millones de españoles, de haber empobrecido al estado con privatizaciones decretadas desde organismos externos a los mecanismos democráticos, de haber atentado contra la libertad, la independencia y la estabilidad de España y del bien común de su pueblo desde todas las direcciones posibles, en 2002 el aznarato preparó un nuevo paquete de precarización del empleo y  desprotección de las clases medias y bajas que logró ser frenado por una huelga general en junio de aquel año. En otoño llegaría el escándalo del Prestige y poco después el "no a la guerra". El descontento popular creció, aumentaron las movilizaciones en un antecedente directo de lo que más tarde llegaría a ser el 15-M y, en consecuencia, la pérdida de las elecciones en 2004.

El PP pasó cuatro años quejándose de que el motivo de su derrota electoral fueron los atentados del 11 de marzo de 2004...nada más falso: fue el hecho de tratar de manipular a una opinión pública entre la que ya había prendido el descontento desde hacía tiempo y que estaba tratando de buscar alternativas a un régimen que tiene como principio último la hipocresía y el perjuicio de los mismos para favorecer siempre los intereses de la oligarquía y sus amos extranjeros. Las mentiras del gobierno para tratar de repetir victoria en las elecciones fue lo que le costó la derrota y la desconfianza tanto en el sistema mismo como en un partido ultraderechista que siempre maniobra contra el pueblo, es lo que ha hecho que a pesar de obtener una mayoría absoluta en 2011 lo haya conseguido sin apenas aumentar el número de votantes a pesar de haberse incrementado el censo. El régimen empieza a no engañar a la mayor parte del pueblo, a demostrar su ilegitimidad y su inadecuación para favorecer los intereses generales. El turnismo empieza a deteriorarse y un nuevo gobierno del PP es posible que acabe por derruirlo por completo porque está claro que no nos representan. El régimen de 1978 no es un régimen al servicio del pueblo sino de delincuentes de cuello blanco. Derribarlo es una obligación moral además del único medio de supervivencia del pueblo.

V.- LA ERA ZAPATERO.

El descontento era tan generalizado en 2004 y el régimen comenzaba a deteriorarse de tal modo que al turnismo no le quedaba otro remedio que tirar de demagogia y tratar de calmar los ánimos con una alternativa que realmente pareciera serlo. De ahí algunos de los gestos del nuevo presidente del gobierno como retirar las tropas de Iraq (aunque no de Afganistán) o implementar algunas medidas de supuesta protección social (como el cheque bebe) junto con otras, como el matrimonio homosexual, que venían a contentar a la mayoría laíca y progresista de España después del empacho nacionalcatólico que supuso el gobierno del PP. Pero en realidad nada cambió. La burbuja inmobiliaria siguió potenciándose, la privatización de la enseñanza universitaria siguió adelante...todo,en el fondo, fue igual bajo Zapatero porque, sencillamente, nada puede cambiar dentro del régimen prefabricado y teledirigido de 1978.

Más tarde, cuando estalló la crisis de 2008, las primeras medidas de Zapatero fueron encaminadas a primar los intereses de los ricos (como quitar el impuesto de patrimonio y seguir aumentando la carga fiscal de las clases bajas aliviando las de las altas) y, en cuanto los amos de Washington y Bruselas le dieron el toque, se acabó la demagogia y comenzó de nuevo la aplicación de la ortodoxia de la Escuela de Chicago, el liberalismo salvaje que se implementará con el gobierno de Rajoy.

Lo que Aznar no pudo conseguir por la huelga de 2002 se quedará pequeño en comparación con lo que nos van a imponer.

Y ahora las cosas están ya claras. El régimen no nos representa, debe ser derribado para establecer una verdadera democracia.

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HISTORIA SECRETA DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA- III

III.- EL FELIPISMO (1982-1996)

 El PSOE ganó las elecciones de 1982 mintiendo. Aprovechando el revulsivo que supuso el intento de golpe de estado de 1981, en el que no fueron inocentes (véase en este mismo blog La Gran Mentira del 23-F), y el deseo popular de eludir un retorno a la dictadura , se presentaron a las elecciones con un lema: El Cambio. Y recibieron un voto masivo precisamente para que llevaran a cabo esa política: la de rectificar la deriva clasista y ultracapitalista que había supuesto el régimen franquista y evolucionar, como prometían, hacia un régimen donde imperasen la justicia social, la igualdad de oportunidades, la protección e inclusión social de los desposeídos, la verdadera democracia y el respeto a la soberanía popular. Ahora sabemos (lo hemos visto en el capítulo anterior) que el PSOE, al menos desde 1974, no estaba dispuesto a seguir ese camino. Era un partido colonizado y domesticado por el imperialismo yanqui y por el capitalismo a través de los fondos recibidos de la Fundación Ebert, tras la que, como sabemos también, se encontraba la CIA. El PSOE había sido llevado al redil neoliberal y sus políticas no podían ser otras que aquellas que beneficiasen al gran capital extranjero y a la oligarquía local que hubiera sabido encastrarse en sus circuitos y clientelas económicas. El PSOE era apenas una marioneta del capitalismo y del dominio yanqui que respondía a intereses extranjeros y no obraba, ni podía hacerlo, a favor de las necesidades e intereses del pueblo español. Lo único que cabía esperar de este partido teledirigido desde el SPD y, a través de este,desde Washington, era la aplicación de las políticas propias del imperialismo capitalista: el beneficio de las grandes corporaciones y el consiguiente perjuicio de las clases medias y bajas. Lo demás era simple demagogia, pura palabrería para esconder una repugnante traición política al pueblo y la ilegitimidad del régimen de 1978 diseñado para "normalizar" la colonia hispana dentro de la homogeneidad del dominio yanqui capitalista del dominio europeo occidental.

El PSOE, catapultado a la mayoría absoluta en 1982 por la estrategia de la tensión impulsada desde el Poder durante la transición (no es casualidad que terrorismo, delincuencia y golpismo concurran a la vez en la vida española precisamente durante ese periodo que arranca con la muerte de Franco y acaba con la inclusión definitiva de España en la OTAN y la Unión Europea), tenía una misión clave en los designios imperialistas: llevar a cabo las políticas de encaje de la economía española en los circuitos del imperialismo capitalista desarrollando políticas laborales, económicas y sociales que hubieran sido inaceptables en caso de llegar de un partido caracterizado como " de derechas". Lo que bajo un gobierno públicamente derechista se hubiera visto como pura ideología, bajo este partido socialdemócrata que se vendía falsamente como " de izquierdas" podía presentarse ante el público como necesidad. Era un medio de engañar al pueblo, un caballo de Troya para expugnar las posiciones y burlar los anhelos y esperanzas de los españoles a los que se debía poner a los pies de los caballos capitalistas. En suma, la culminación de un acto deliberado de traición a España que deberá ser castigado con la máxima dureza cuando el ilegítimo y perjudicial régimen de 1978 sea derribado.

Los catorce años de felipismo fueron perfectamente definidos por su gran mago con absoluta exactitud: se trataba de una revolución liberal. En otras palabras: el cambio del que hablaban los carteles electorales de 1982 consistía en realidad en convertir a España en un estado neoliberal de libro adoptando dogmáticamente las prédicas de la Escuela de Chicago e imponiéndolas para conseguir que el gran capital se lucrase a costa del empobrecimiento y la progresiva desprotección y esclavización del pueblo, tanto de las clases medias, cada vez más precarias, como de la clase obrera iniciándose un camino, un proceso histórico, que está culminando en nuestros días bajo la eterna excusa de hacer recortes necesarios (y que siempre perjudican y benefician a los mismos) para salir de una crisis ficticia, prefabricada (como fueron las de 1973 y 1993).

Basta un somero examen de las políticas desarrolladas en aquellos tres lustros de infamia para comprender su verdadero sentido, su exacta intención y su calidad de traición y perjuicio para el pueblo.

Una de las más caras ambiciones del imperialismo yanqui es la de subordinar cualquier soberanía nacional a sus intereses geopolíticos y económicos, tal es la función que cumplen organizaciones internacionales como el FMI pero también otras de ámbito regional como la OTAN o la UE. Ya el franquismo, lo vimos en la primera entrega de este artículo, nos introdujo en la ortodoxia del FMI con el plan de estabilización de 1959 (que supuso una pérdida de poder adquisitivo de la población del 40 % ), la derecha "normalizada" siguió haciendo su papel introduciéndonos en la estructura militar el imperio en 1982 y, traicionando sus promesas y los verdaderos intereses del pueblo español el domesticado PSOE del felipismo (convertido por su "renovación" teledirigida por la CIA desde la Fundación Ebert en un simple zombi del neoliberalismo imperialista) nos mantuvo dentro.

Sencillamente el PSOE y el felipismo en su conjunto tenían una ideología oculta que se desarrollaba en el gobierno reservándose para los procesos electorales la demagogia que todavía mantienen de "izquierda"...pero el hecho es que los compromisos adquiridos por la cúpula del nuevo y refundado PSOE liberal y turnista así como las ingentes ayudas económicas recibidas por la organización y sus dirigentes, les ataban las manos obligándoles a mantenerse dentro de la ortodoxia imperialista del gran capital. El felipismo, sus indignos dirigentes abismados en la corrupción y la traición, no se plantearon ni por un instante deshacer el entuerto del ingreso de la OTAN (y de nuestra consiguiente pérdida de soberanía y, por lo tanto, de legitimidad democrática), la orden defendida era defendella y no enmendalla. Surgió así el torticero asunto del referéndum de 1985 planteado para que ganara el "sí", la permanencia. Y con esta jugada surgió un preocupante fenómeno que da la exacta medida de la estulticia del votante español, de su innato borreguismo, de su profunda incapacidad para hacerse cargo de su propio destino abandonándolo en manos de caudillos manejados por poderes externos, simples títeres que se mueven delante de un telón colorido tras el cual, en las sombras, se deslizan realidades muy distintas a las que se muestran y obnubilan al electorado. La gran baza del "sí" en aquel referéndum fue la confianza en el jefe del gobierno. Una mayoritaria masa de quienes votaron afirmativamente lo hicieron confiando en el caudillo del momento y esta peligrosa tendencia se prolongaría hasta nuestros días cada vez que se ha propuesto un referéndum, piénsese por ejemplo en el último: el que se hizo para aprobar el Tratado de Lisboa. España fue uno de los pocos países que lo aceptó en consulta popular y ello sin que se nos dejase leer el texto completo y por el mero hecho de que el líder del momento abogaba por el sí. Porque la culpa de nuestra situación, hay que decirlo, no es solo de la corrupción y la traición de nuestra clase política sino por el borreguismo, la ignorancia, la irresponsabilidad y la estupidez de una enorme masa de la población.

El hecho es que por mor del amañado referéndum de 1985 permanecimos dentro de la OTAN, nuestras tropas pasaron a depender de mandos extranjeros, principalmente yanquis, sin que la OTAN nos entregase el mando estratégico en el Estrecho ni se comprometiese a defender nuestra soberanía sobre las plazas del norte de África ni de las Canarias...más que entrar en una alianza la entrada y permanencia en la OTAN supuso, y sigue suponiendo, la absoluta sumisión de España a los intereses militares de los Estados Unidos, convertirse en una simple estado vasallo, un protectorado.

 Una vez salvado el obstáculo de la oposición formal a la OTAN (la social persistió pero después de un referéndum ganado con la manipulación de la borregada el verdadero interés y sentimiento del pueblo ya no importaba) los acontecimientos se precipitaron. España, en su papel de comparsa del imperialismo yanqui, de simple estado vasallo, empezó a actuar al servicio de sus amos. De nuestro suelo salieron los aviones que bombardearon Libia en 1986, más tarde (y contra nuestros propios intereses) participamos en el desmembramiento de Yugoslavia y los salvajes bombardeos de la OTAN sobre Serbia que no tenían más objetivo que minar la influencia rusa en los Balcanes, en la guerra del golfo en 1991...el colaboracionismo militarista del aznarato con Bush no hubiera podido existir sin el colaboracionismo previo del felipismo con el imperialismo yanqui. No existe solución de continuidad, ambos caudillos teledirigidos hicieron la misma política: la de administradores de un protectorado, obligados a complacer y satisfacer los intereses de sus amos aun en contra de los de su pueblo.

Pero una vez integrados en el engranaje militar del imperio había que hacerlo en sus circuitos comerciales. Ello conllevaba el ingreso en lo que sería la Unión Europea, objetivo, no lo olvidemos, ya perseguido por la derecha española desde el cambio de rumbo de 1959 y admitido como necesidad por la izquierda domesticada desde mediados de los años setenta.

Nos metieron en esa mafia neoliberal preparada para socavar la soberanía popular y permitir el dominio irrestricto de la gran oligarquía centroeuropea en comandita con el gran capital yanqui en 1986. Ello exigió dos salvajes reconversiones industriales (en 1981 y 1991) que generaron, al igual que el plan de estabilización de 1959 y las sempiternas medidas de la ortodoxia neoliberal, paro, pérdida del nivel adquisitivo, deshaucios y gran número de familias arruinadas.  Exigió también que abandonásemos nuestro tejido productivo afrontando graves e innecesarios recortes de producción en sectores punteros como la leche, el aceite y otros, medidas que generaron mayores niveles de empobrecimiento y paro y que supusieron el comienzo de un largo proceso de desmantelamiento de nuestra producción, de nuestra economía real en beneficio de la especulación financiera y de la terciarización de nuestra economía para no competir con los países fuertes de Europa que ha tenido como consecuencia inmediata nuestra situación actual. En 2011 no tendríamos cinco millones de parados si en lugar de hacer la política que le convenía al gran capital europeo y yanqui, hubiéramos hecho la política económica que le convenía a España y al pueblo: mantener nuestro tejido productivo, mejorar la competitividad y favorecer la pequeña y mediana empresa en lugar de a las grandes corporaciones. Pero de aquellos polvos vinieron estos lodos. Y la ortodoxia neoliberal, impuesta por quienes se benefician de ella, solo nos ofrece más de lo mismo. Y es lo que vamos a tener porque el régimen de 1978 es una forma de convertirnos en colonia del gran capital extranjero, solo derribándolo y haciendo las cosas de modo distinto podremos librarnos de políticas pensadas para enriquecer a unos cuantos a costa de empobrecernos a todos y de ir recortando cada vez más nuestras esperanzas de futuro.

Pero las medidas económicas impuestas a España por los intereses de nuestros amos coloniales durante el felipismo no se limitaron a desmantelar nuestro tejido productivo, también agredieron de lleno a la clase trabajadora comenzando un ataque en toda regla que todavía seguimos padeciendo.

Los Pactos de la Moncloa en 1977 supusieron una tregua, había demasiado en juego como para excitar el descontento popular, de modo que las fuerzas del régimen, mientras jugaban la baza de la estrategia de la tensión para infundir temor en la población alejándola de la ruptura democrática y empujándola a aceptar la fórmula de la transición (de una democracia limitada y vigilada donde la soberanía popular sería una entelequia cada vez más lejana), procuraban calmar los ánimos con una cierta apertura moral (el destape hizo mucho más de lo que creemos para mantener a la población inmovilizada y convencida de que avanzaba hacia algo distinto del franquismo, sin embargo no deja de ser significativo el hecho de que se yugulara por ley apenas el PSOE alcanzó el poder y el cine español se redirigiera hacia posiciones absolutamente apolíticas y cada vez más concordantes con la imposición de las premisas retrógradas de la revolución conservadora americana) y el mantenimiento de un cierto nivel adquisitivo y de compromiso social que, una vez completada la transición, ya no tenían sentido para nuestros amos del gran capital.

De hecho el felipismo, como buen caballo de Troya del neoliberalismo más salvaje que fue, se aplicó a atacar los derechos sociales y la posición y dignidad de los trabajadores casi desde el principio de su mandato. No podía hacerse otra cosa dentro de la colonia en que nos habíamos convertido. El papel que nos deparaba el imperialismo capitalista, el que no sigue atribuyendo, es el de un país subordinado, centrado en el sector servicios, con mano de obra barata y poco cualificada (la cualificada se exporta a los núcleos centrales del dominio para dinamizar su economía empobreciendo de paso la nuestra) y en absoluto competitivo. Si alguna vez tuvimos oportunidad de prosperar y convertirnos en competencia de alemanes y franceses, la perdimos con la entrada y permanencia en la UE y sometiéndonos a los dictados del FMI.

Había, pues, que precarizar la situación del obrero español, escatimarle avances sociales, acercarlo lo más posible a las codiciones de trabajo de los esclavos de las maquiladoras tercermundistas, y el proceso comenzó bajo el gobierno de Felipe González llegando hasta nuestros días en los que se nos están arrebatando la sanidad y la educación públicas y en la que el gran capital trata de imponer un contrato de trabajo de apenas 400 euros con el cual el propio trabajador debería pagarse la seguridad social...la excusa es siempre la misma: la creación de empleo, pero la política no cambia, es constantemente la que interesa al imperialismo yanqui y a su dogmatismo totalitario neoliberal, desde 1982. Ya entonces, en plena reconversión industrial, con la liquidación de nuestro sistema productivo en marcha, el régimen (que lleva siempre la misma dirección de perjuicio al pueblo y favorecimiento de la oligarquía y del capital explotador y especulativo nacional y, sobre todo extranjero) comenzó sus ataques contra las clases media y obrera y de privatización de servicios públicos (y la conversión de obligaciones estatales en oportunidades de abusivo enriquecimiento privado lo que en sí mismo supone un acto de traición que deberemos reclamar y castigar en algún momento). Ya entonces, para empezar a socavar las concesiones estratégicas hechas mediante los pactos de la Moncloa a la clase obrera, el gobierno se sacó de la manga un plan de empleo juvenil consistente (como no) en contratos basura, con ínfima remuneración y salvaje reducción de la protección social, siguió (como siempre dentro del dogmatismo neoliberal que constituye la verdadera naturaleza de los regímenes europeos sometidos al imperialismo yanqui) con el recorte de las prestaciones por desempleo y un primer medicamentazo. El descontento social generado por estas políticas obligó a los sindicatos del régimen (UGT y CCOO) a convocar la primera huelga general de la historia del mismo en diciembre de 1988.

Dicha huelga fue efectiva: paralizó las políticas económicas del gobierno...por un tiempo. En 1994 fue preciso convocar una segunda huelga general porque las mismas medidas frenadas en 1988 se habían llevado a cabo en fecha posterior con la insidia sobreañadida de la legalización de las empresas de trabajo temporal que no solo precarizaban más aún las condiciones laborales de los trabajadores sino que suponían, además, un abandono de las  obligaciones estatales a la avaricia privada de oligarcas y explotadores. Tampoco esta segunda huelga general sirvió de nada.

Lo que nos enseñaron ambas, la de 1988 y la de 1994 así como las siguientes, es que una huelga general no sirve nunca de nada si no es revolucionaria y persiste hasta derribar el régimen. Del mismo modo, eso lo hemos aprendido a lo largo de los años, los procesos electorales cambian nada. La política a desarrollar está prediseñada desde ámbitos externos a la soberanía nacional y se aplica gane quien gane y pase lo que pase. El único medio para frenar esa lógica dictatorial del totalitarismo capitalista es la toma del poder por el pueblo. Solo derribando un régimen corrupto y sin legitimidad democrática y sustituyéndolo por una verdadera democracia puede modificarse el rumbo que nos arrastra a la esclavitud y la miseria. Dentro del régimen de 1978, dentro de la Unión Europea, no hay salvación posible. Debemos asumirlo como un hecho incontrovertible.

Paralelamente, mientras se arrebataban sus derechos al pueblo y se abría todavía más la puerta a la penetración del capital especulativo extranjero propiciando la destrucción de nuestro tejido productivo (y perjudicando con ello por igual a las clases obrera y media) el gobierno se aseguraba de conservar los privilegios de la oligarquía española, empezando por la iglesia, cuyos privilegios se respetaron escrupulosamente, y siguiendo por el medio centenar de familias que llevan controlando nuestros destinos desde mediados del siglo XIX. Para ello se utilizaron los medios de los fondos de cohesión y de la PAC para favorecer el desarrollo de la especulación urbanística y la dinámica lucrativa de los latifundios (nunca hubo, ni siquiera se insinuó, una reforma agraria en nuestro país después del franquismo) manteniendo el arcaismo básico de la economía española en los campos que venían haciendo ricos a los de siempre desde el plan de estabilización de 1959: turismo, ladrillazo y latifundismo decimonónico.

Por el camino algunos advenedizos cercanos al poder central y regional fueron admitidos en ciertos escalones de la pirámide del latrocinio oligárquico por el mero hecho de que tal concesión lubricaba y estabilizaba el sistema multiplicando la corrupción pero el gobierno tuvo buen cuidado de segar las cabezas que inquietaban en exceso los intereses de la oligarquía (Ruiz-Mateos, Mario Conde...) porque, como ya escribí en El Techo de Cristal del Enriquecimiento en España, existe un límite al mismo en este país. Nadie que venga de fuera de las familias de la oligarquía puede alcanzar su nivel, mucho antes de que eso ocurra de un modo u otro es defenestrado. Esa es la realidad económica y política de este sucio cortijo que llamamos España y debemos limpiar con decisión y sin que nos tiemble la mano a la mayor brevedad posible.

 En general, y como no podía ser de otro modo, toda la política del felipismo fue una deriva hacia el neoliberalismo, hacia la sumisión del país bajo la bota del imperialismo yanqui, del gran capital, manteniendo el poder de la oligarquía franquista y empobreciendo y privando de derechos al pueblo. Cierto es que por el camino se produjeron algunos avances sociales (legalización del divorcio, del aborto, cierta flexibilización de los usos morales...) que solo representaron un atenuamiento del totalitarismo sectario del nacional-catolicismo sin que ello se tradujera en una efectiva pérdida de privilegios e influencia nociva por parte de la secta católica en la vida del país. Evitar esos avances era impensable en el contexto internacional de la época pero distan mucho de ser conquistas permanentes. Desde entonces la revolución conservadora ha ganado enorme poder en todo el mundo y podemos llegar a asistir a una rápida regresión porque, no nos equivoquemos: capitalismo y neoliberalismo son incompatibles con modernidad y progreso. Son dos caras del mismo totalitarismo calvinista y tienen como objetivo último devolvernos a lo peor de la edad media.

Para terminar este capítulo pondremos de manifiesto el hecho de que el totalitarismo del régimen de 1978 bajo la época felipista (y por supuesto en las sucesivas) alcanzó todos y cada uno de los rincones de la vida nacional contaminando incluso la cultural donde se impuso la moda ideológica del posmodernismo, cuya base dogmática es afirmar (a ver si les suena) que la lucha de clases se ha superado y hemos entrado en una nueva dimensión donde el capitalismo y sus nocivas consecuencias no pueden ni deben discutirse. Tal idea de base se extendió deliberadamente en toda la producción artística y cultural del régimen convirtiéndola en simple espectáculo con el que especular y vaciando de contenido, significado y utilidad la mayor parte de todo lo que se ha hecho y popularizado desde entonces en las artes plásticas, la literatura, la música y el cine. La misma Movida Madrileña, tan alabada, y curiosamente promocionada por el alcalde Tierno Galván (véase el II capítulo de esta serie) y los gobiernos felipistas, no fue otra cosa que una banalización de la música con vistas a desmovilizar políticamente a la juventud promocionando una serie de grupitos pijos pedorros sin conciencia social ni más horizonte que la imitación provinciana del mundillo disco-guay de Nueva York.

No obstante el felipismo no se salió con la suya, tuvo que hacer frente a la movilización juvenil en las huelgas estudiantiles de 1989...y las ahogaron con la más vieja de las estrategias: reventándolas desde dentro con infiltrados violentos que justificaran la actuación de los antidisturbios que en aquellas fechas, recordémoslo, no se limitaron a apalear a los manifestantes, hubo hasta quinceañeros heridos de bala...así las gasta el régimen de 1978 y no sabemos donde hubieran ido a parar las cosas (no debe olvidarse que el felipismo estaba usando los métodos de guerra sucia de la CIA contra el terrorismo etarra, seguramente copiando los manejos del estado alemán contra la Baader-Meinhoff en los setenta) si aquellas huelgas y manifestaciones no hubieran sido desactivadas con facilidad y el ilegítimo estado surgido en 1936 y disfrazado en 1978, se hubiera visto contra las cuerdas.

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HISTORIA SECRETA DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA- II

 

II.- LA IZQUIERDA HASTA 1982.

 

El esquema de la dominación imperialista en la Europa occidental desde 1945 tenía como finalidad última imponer el totalitarismo de la ortodoxia liberal capitalista sobre el continente impidiendo cualquier forma de disidencia política y, sobre todo, el desarrollo de verdaderas alternativas políticas y sociales que pudieran suponer un obstáculo al dominio imperialista de la oligarquía estadounidense y de sus aliadas, las oligarquías locales, subordinadas a sus intereses políticos e integradas en los circuitos económicos de la nueva potencia colonial. Tal premisa adoptó rápidamente un tinte anticomunista muy fácilmente asimilable por las élites europeas tradicionalmente opuestas a las justas demandas sociales del proletariado y dedicadas a la represión violenta de cualquier intento de avance social en el continente. En ese sentido el auge de los fascismos no había sido otra cosa que el medio de las oligarquías europeas para poder perseguir, reprimir y desarticular a las asociaciones obreras tras el éxito de la revolución soviética en 1917.

La verdadera naturaleza política de las oligarquías capitalistas a ambos lados del Atlántico era, y sigue siendo, el mantenimiento de la injusticia, de la explotación, de la expoliación de los pueblos, permitir que las élites que se hicieron con el poder a raíz de la Revolución Francesa siguieran manteniendo sus prerrogativas, que pudieran seguir acumulando riquezas a fuerza de sojuzgar a la mayor parte de sus poblaciones y, de paso, mantener el poder de las sectas semitas que constituyen la base ideológica de ese indebido dominio. Por lo tanto el entendimiento fue sencillo. El fascismo y el nazismo habían sido instrumentos eficaces para el exterminio de las organizaciones obreras desde los años veinte a los cuarenta. Una vez derrotadas, el dominio imperial estadounidense venía a cumplir idéntico papel. A fin de cuentas se trataba de seguir manteniendo la represión y la explotación del pueblo en beneficio de las oligarquías de siempre. Para eso el color del uniforme que apalea a los manifestantes o la retórica de la palabrería que los estafa es lo de menos. Hoy puede ser Hitler, mañana la partitocracia parlamentaria. Cualquier cosa sirve para mantener a los poderosos en el poder y a los sometidos esclavizados.

Cierto es que el temor a la poderosa Unión Soviética hizo que durante décadas la ortodoxia de la Escuela de Chicago se viera atenuada en la Europa occidental por un cierto keynesianismo que garantizó más o menos el nivel de vida de las poblaciones no oligárquicas hasta la caída del coloso moscovita, pero tal circunstancia se debía al cálculo y no al convencimiento. Se trataba de evitar en lo posible la conflictividad social para no tener que enfrentarse a las demandas obreras que contarían, en este caso, con el respaldo de un aliado temible. La idea era robar menos y repartir algo para poder seguir robando.

De todos modos el esquema ideal de las partitocracias parlamentarias liberal capitalistas instauradas por el imperialismo estadounidense en la Europa occidental excluía por completo la existencia de partidos verdaderamente transformadores. Se pretendía instaurar el clásico y excluyente juego bipartidista entre liberales y conservadores tras el cual el núcleo de poder de los oligarcas se mantiene inalterable. Este esquema fue imposible de aplicar en sus cotas máximas debido a la existencia de fuertes organizaciones (y muy acreditadas en la lucha contra el nazismo) obreras en algunos de los países "liberados" tales como Italia o la propia Francia. La solución para este problema fue doble: por un lado el diseño de tramas golpistas ocultas (véase a este respecto en estas mismas páginas el artículo Historia Criminal del Imperialismo Yanqui) y por otro la infiltración en partidos y sindicatos para reconducirlos hacia el acatamiento del sistema vigente llevándolos del socialismo a la socialdemocracia y de esta al simple y llano liberalismo de tal modo que el juego parlamentario lejos de expresar la soberanía popular la imitase al gusto de la élite dominante.

Tal es la verdadera naturaleza de los ilegítimos y en absoluto democráticos regímenes existentes en Europa occidental.

En cuanto se decidió que la excepcionalidad española debía ser reducida a la normalidad dogmática e ideológica impuesta por el imperialismo yanqui, este comenzó a actuar para transformar a su conveniencia el régimen franquista y todo el bloque derechista. Lo hemos visto en el capítulo anterior. Pero tampoco la izquierda escapó a las manipulaciones imperialistas, como vamos a ver en este.

En principio el PCE quedó del todo excluido de los planes de "normalización" española. También la CNT que, sin respaldo de ninguna potencia y perseguida furiosamente tanto por España como por Francia (incluso antes de 1940) y por supuesto la Alemania nazi, quedó tan debilitada que pudo ser facilmente borrada no solo del escenario político sino incluso de la historia hasta el punto de que el nuevo régimen de 1978 se permitió la deshonestidad de devolver su patrimonio a la colaboracionista UGT escamoteándoselo en cambio a la CNT para favorecer con él a las también colaboracionista CCOO.

De modo que el primer y principal objeto de la manipulación del imperialismo yanqui fue el PSOE, partido que, por lo demás, ya había colaborado con la dictadura de Primo de Rivera en los años veinte, con la izquierda burguesa durante la II República y que en 1962 aceptó participar en la reunión de Munich llegando a coquetear con la posibilidad de acatar un régimen monárquico bipartidista y corrupto como había sido el borbónico de 1876 y acabó siendo el también borbónico de 1978.

En ese tiempo el PSOE estaba dirigido por Rodolfo Llopis que, siguiendo la deriva de los acontecimientos, evolucionaría desde el colaboracionismo de 1962 a convertirse en un obstáculo para los manejos secretos del imperialismo yanqui a comienzos de los setenta, circunstancia que, como veremos, acabaría con su prolongada carrera política apartándolo de todo protagonismo en la transición.

Vimos en el capítulo anterior como el giro del Vaticano poniéndose al servicio de los intereses imperialistas yanquis en Europa occidental había generado una rápida evolución de los acontecimientos en el régimen franquista con la llegada al gobierno de los tecnócratas del Opus, la puesta en marcha del Plan de Estabilización de 1959 y la solicitud de entrada en la Comunidad Europea y como todo ello significaba un desplazamiento de lealtades desde la figura de Franco a la del pretendiente Juan de Borbón en el marco de un intento de "normalización" del sistema político español, de reducción a la ortodoxia y la estética del dominio americano. Y vimos también cómo el propio Franco, apoyándose en sectores proteccionistas de la oligarquía, cortó de raíz esa maniobra frenando en seco un proceso de "modernización" que no se retomaría hasta 1976.

Pues bien, la izquierda no permanecería ajena a estos acontecimientos, especialmente el PSOE. Hemos constatado ya su participación en el llamado Contubernio de Munich y su casi aceptación del régimen monárquico constitucional que proponía el pretendiente Juan de Borbón con el respaldo de la CIA. Ya entonces se pretendía desarrollar una transición amañada como la que pilotó Suárez.

Paralelamente a la reunión de Munich, también en 1962, tuvieron lugar las elecciones de representantes en los sindicatos verticales franquistas. Tanto la UGT como la CNT las consideraban, lógicamente, una simple mascarada, pura propaganda del régimen para justificar su existencia y su supuesta vertiente social frente a las clases bajas de la sociedad española a las que de todos modos había empujado a la miseria y la emigración con la aplicación de las medidas apuntadas por el FMI con el Plan de Estabilización de 1959. No obstante los planes del imperialismo yanqui apuntaban en otra dirección, seguían empeñados en una evolución del régimen hacia la típica partitocracia parlamentaria conservadora y solo aparentemente democrática que habían impuesto en la Europa occidental y que todavía padecemos. Para ello tanto el reconocimiento de la legitimidad de aquellas elecciones sindicales com el hecho de aprovecharlas para infiltrar "transicionistas" en el aparato sindical era de la máxima importancia y ahí fue donde entraron en escena el sindicato alemán IG-Metall y la Fundación Frederich Ebert, adscrita al SPD.

El poder de los Estados Unidos en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial era absoluto y lo empleó, en connivencia con Francia e Inglaterra, para diseñar un estado aparentemente democrático pero bien controlado por la oligarquía económica del país y por la potencia colonial. Se desarrolló así el clásico sistema parlamentario básicamente bipartidista monopolizado prácticamente por demócrata-cristianos y social-demócratas, con alguna influencia de los liberales (sistema todavía vigente con la inclusión de los verdes que pueden ser considerados una escisión social-demócrata) y un mundo sindical por completo ajeno a la lucha de clases. Los sindicatos creados en la Alemania occidental posterior a 1945 copiaron de facto la orientación de los americanos ejerciendo de negociadores de mejoras puntuales de las condiciones profesionales pero acatando el régimen capitalista y sus reglas de juego neoliberales. Tal era la fisonomía sindical que el dominio estadounidense pretendía para su área de control y exactamente esa fue la que tuvieron (y tienen) los sindicatos en ella.

 En este contexto de reorganización alemana al gusto americano se fundó el IG-Metall, el sindicato del sector industrial que, como no podía ser de otro modo, acabó convirtiéndose en uno de los más poderosos de la RFA.

Paralelamente, con la finalidad de controlar el movimiento sindical y de dirigir una guerra oculta contra el comunismo dentro de aquellos países donde el imperialismo yanqui asentaba subrepticiamente el pie, la CIA creó una fundación, la Frederich Ebert, aparentemente financiada por dinero público y privado alemán y dirigida por el SPD y los sindicatos alemanes, con especial influencia del IG-Metall que, en realidad, era un instrumento de la CIA para reconducir la ideología de los partidos y sindicatos hacia una aceptación del estado de cosas absolutamente alejada tanto de la revolución como del simple reformismo.

Evidentemente para la CIA la tradición sindical tanto de la UGT como de la CNT resultaba absolutamente inaceptable, completamente imposible de digerir en sus planes de estabilidad y sometimiento de la Europa occidental, había que amortizarla y trasmutarla en el conformismo capitalista del resto de los sindicatos europeos. Además, el empeño de ambas directivas en no reconocer legitimidad a las elecciones del sindicalismo vertical franquista de 1962 frustraba los planes americanos no solo de provocar la controlada transición que pretendían sino, incluso, de impedir que los comunistas de la Oposición Sindical Obrera ocupasen un gran número de puestos en el esquema del verticalismo en el que buscaban infiltrarse.

 De modo que el IG-Metall y el Fundación Ebert tomaron cartas en el asunto y se lanzaron a desarrollar la política encubierta de la CIA. ¿Que las cúpulas de UGT y CNT no querían participar en las elecciones sindicales de 1962?...muy bien, no había problema: se las puenteaba. ¿Cómo?...del modo más sencillo y viejo del mundo: reconociendo y subvencionando a los disidentes de la línea oficial. Así fue como, de pronto, dirigentes disidentes de la UGT y la CNT se separaron de las directrices de sus respectivas directivas y empezaron a propugnar la participación en las elecciones de 1962 y, por si fuera poco, a hacerlo de la mano de sindicalistas católicos. Nada extraño si tenemos en cuenta que los cursos que ofrecía la Fundación Ebert para dirigentes sindicales y políticos aunaban en sus aulas tanto a "socialistas" partidarios del capitalismo como a activistas cristianos para generar unos cuadros colaboracionistas que apartasen cualquier veleidad revolucionaria de las organizaciones sindicales y políticas del proletariado. Así surgió la Alianza Sindical Obrera destinada por la CIA, sobre todo, a evitar el éxito de la infiltración comunista en los sindicatos verticales franquistas en previsión de una supuesta transición.

La ASO (Alianza Sindical Obrera) compuesta por ugetistas y cenetistas disidentes y por sindicalistas católicos duró muy poco. En las siguientes elecciones sindicales de 1966 apenas jugó ningún papel. Pata entonces las miras de la CIA estaban ya en la domesticación de CCOO y el apoyo a USO.

IG-Metall y la Fundación Ebert, por su parte, siempre siguiendo las directrices de la CIA, habían comenzado un nuevo acercamiento al PSOE de Llopis no sin antes haber debilitado su posición reconociendo a otros representantes del socialismo en España y comenzando a financiarlos. No obstante las siglas del PSOE eran de gran peso en la historia española y convenía captarlas para el proceso de transición y domesticación, había que transigir con Llopis que, tras el episodio de la ASO, no confiaba ya en la Fundación Ebert ni en el IG-Metall aunque era consciente de no poder enfrentarse a ellos.

De modo que en 1967 hubo una nueva reunión entre Llopis, dirigentes de la UGT y de IG-Metall y la Fundación Ebert. Por entonces Llopis, aunque desconfiaba de sus interlocutores alemanes, todavía estaba en la senda del pacto como demostró, entre otras cosas, que el XXIII congreso del PSOE celebrado en Toulouse aquel mismo año cediera a la interpretación social-cristiana y antirrevolucionaria que difundía el sindicalismo alemán (y tras él la CIA) aceptando la compatibilidad entre el cristianismo y el socialismo, apertura que tanto daño hizo al proyecto socialista español permitiendo la incorporación al PSOE durante la transición de gran número de elementos social-liberales y social-cristianos que lo convirtieron en un partido de centro-derecha y, por lo tanto, absolutamente incompetente para la transformación social y política que necesitamos.

No obstante, el momento de entendimiento entre Llopis y los representantes de IG-Metall y la Fundación Ebert pasó enseguida. El veterano dirigente socialista optó por la independencia del partido y se convirtió en un obstáculo para los planes que orquestaba la CIA entre las bambalinas de la socialdemocracia teutona. Las consecuencias no se hicieron esperar.

La Fundación Ebert retiró su apoyo a Llopis y a la estructura histórica del PSOE con sede en Toulouse y volvió a reconocer la legitimidad de disidentes escindidos, como su nuevo mirlo blanco, Tierno Galván, que era tan socialista que jamás hubo de exiliarse (aunque perdió su cátedra por apoyar las huelgas estudiantiles de finales de los cincuenta) y había vivido en los Estados Unidos dando clases en la universidad de Princeton. Un perfil, como vemos, mucho más aceptable para el imperialismo yanqui y su afán de desactivación de los verdaderos procesos democráticos.

Pero la Fundación Ebert no solo se limitó a retirar su apoyo a Llopis, seguía necesitando controlar las históricas siglas del PSOE para que la CIA pudiera orquestar una transición controlada en España, de modo que empezaron a minar su posición hasta conseguir que el XXV congreso del PSOE, celebrado en Toulouse en 1972, le apartase del mando del partido poniendo este en manos de una coordinadora de jóvenes del interior, más afines a las tesis de la fundación y propicios a traicionar el socialismo y la democracia para integrarse en un régimen partitocrático liberal capitalista al uso bajo el dominio del imperialismo yanqui en Europa. Entre los miembros de esta coordinadora se contaba Felipe González que en el siguiente congreso, el famosísimo de Suresnes en 1974, acabaría convertido en líder del PSOE renovado mientras Llopis, al frente del sector histórico, caía en el ostracismo y el olvido. Con él se perdía la poca vergüenza y la escasa integridad que le quedaba al PSOE como fuerza democrática y comenzaba la etapa, que todavía vivimos, de vergonzosa entrega a los intereses del gran capital y traición constante al pueblo.

En 1975 la nueva dirección del PSOE aceptó someterse al control de un delegado de la Fundación Ebert que se estableció como residente en Madrid y Felipe González comenzó a vivir de un sueldo del partido financiado por esta fundación y a ser presentado a numerosas personalidades económicas y políticas del interior preparando su futura consagración como presidente del gobierno en el turnismo partitocrático del régimen de 1978.

A partir de ese instante la Fundación Ebert abandonó a Tierno Galván que hubo de conformarse con reintegrarse al PSOE renovado, y volcó todo sus recursos (hasta un millón de dólares) en apoyar a Felipe González quien todavía tenía un trabajo que cumplir: conseguir que el PSOE renegara del marxismo.

Lo intentó en el XXVIII congreso del partido celebrado en marzo de 1979 y le costó el puesto, pero tenía suficientes bazas y apoyo para maniobrar en las sombras y sacarse de la manga un congreso extraordinario en septiembre de ese mismo año que le devolvió a la secretaría general imponiendo sus tesis y su control absoluto. Desde ese momento el PSOE dejó de ser un partido marxista y nunca volvió a ser socialista. Su domesticación por parte del imperialismo yanqui se había completado y pasaba a convertirse en lo que es: una simple pantalla del turnismo partitocrático que usurpa la soberanía popular manteniéndola en manos de la oligarquía y el gran capital.

De hecho (véase La Gran Mentira del 23-F en estas mismas páginas) el PSOE fue cómplice de la operación que conocemos como intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981 y que supuso la culminación de la estrategia de la tensión para cercenar cualquier avance social y democrático limitando severamente los vuelos de la transición dejándola en lo que fue: una simple pantomima, un cambio estético tras el cual las fuerzas oscuras del imperialismo capitalista seguían dominando el tablero de juego.

Y tampoco debemos pensar que el PCE estuvo libre de culpa.

Santiago Carrillo llegó a la secretaría general del partido comunista en 1962, en medio de grandes tensiones provocadas por la desestalinización y la denuncia al culto a la personalidad del dictador soviético y  dedicó gran parte de la década de los sesenta a afianzarse como líder único de la organización. Hitos de esta lucha fueron la expulsión de Claudín y Semprúm en 1964 que provocó una primera excisión en el partido, el VII congreso de 1965 y la condena a la invasión soviética de checoslovaquia en 1968 que acarreó una nueva excisión, culminando en el VIII congreso de 1972 con la imposición del eurocomunismo como ideología rectora del PCE.

Oficialmente el eurocomunismo se nos vende como una línea marxista y revolucionaria independiente del imperialismo soviético y los medios de comunicación de los años setenta y ochenta se encargaron de procurarle buena prensa con la intención última de atraer a militantes y votantes a sus filas y conseguir que las domesticadas estructuras eurocomunistas desactivasen, como de hecho hicieron, cualquier atisbo de movilización social o de cuestionamiento del sistema vigente. Para comprenderlo mejor es preciso que volvamos nuestros ojos al origen mismo del eurocomunismo: Italia.

El poderoso Partido Comunista de Italia (PCI) fue siempre una enorme preocupación para los Estados Unidos y la iglesia católica y sus acólitos de la oligarquía italiana, que siempre buscaron el modo de reprimirlo o, en última instancia, de mantenerlo alejado del poder. El Vaticano y sus sectarios del gran capital se sacaron de la manga el fascismo para conseguir ese propósito entre 1922 y 1943. Pero después de la derrota en la guerra mundial esa baza quedó obsoleta y la nueva potencia colonial, los Estados Unidos, debió inventar nuevas formas de control. Ya en 1946 pusieron en marcha, no solo en Italia, en toda la Europa que ocupaban, operaciones de control con sus batallones de la muerte preparados para asesinar líderes izquierdistas y antiguos militares del Eje dispuestos a dar golpes de estado allí donde fuera necesario (véase Historia Criminal del Imperialismo Yanqui en este mismo blog) sería el origen de la Operación Gladio que oficialmente se clausuró (o más bien cambió de nombre) cuando fue descubierta en los años noventa pero que con toda seguridad continua mediatizando los destinos del continente hasta nuestros días.

 No obstante dar golpes de estado y activar escuadrones de la muerte era la última opción (que de todos modos se jugó en países como Grecia), resultaba preferible establecer un remedo de democracia, una partitocracia corrupta que mantuviese intacto el statu quo y las injusticias sociales. Ese, como hemos visto, fue el método de control colonial adoptado por los Estados Unidos en la Europa occidental e Italia no fue una excepción. Allí los habituales partidos controlados de la partitocracia liberal-capitalista (democrata-cristianos, social-demócratas, centristas republicanos, liberales y socialistas domesticados) iniciaron un amañado juego electoral y parlamentario que tenía como únicos objetivos permitir que la oligarquía siguiera enriqueciéndose e impedir que el PCI alcanzase el gobierno. De hecho la Red Gladio tenía preparado un golpe de estado al estilo del sufrido por Grecia en caso de que tal eventualidad sucediera.

Pero eso no era suficiente. Había que desactivar el partido disidente, infiltrarse en él para domesticarlo y convertirlo en un pelele más de la farsa parlamentaria que ocultaba los manejos del imperialismo yanqui y la libre acción de la corrupción y el latrocinio de los plutócratas nacionales y extranjeros. El elegido, consciente o inconscientemente,  para esa misión fue Enrico Berlinguer.

No debe olvidarse nunca que Berlinguer procedía de la oligarquía local sarda, nunca fue un proletario, jamás entendió las demandas del pueblo, que a él le eran ajenas, y en modo alguno puede ser tenido por algo más que por el clásico pijo snob con pretensiones de revolucionario. Dos hechos muy significativos a ese respecto son su estrecho parentesco (eran primos hermanos) con el líder democrata-cristiano Francesco Cossiga con quien jugó un vomitivo pas a deux, durante los años setenta y que su entrada en el PCI se efectuara directamente a los círculos dirigentes y por enchufe ya que su padre, catedrático en la universidad de Sassari, se lo presentó al entonces líder del partido, Togliatti, que había sido alumno suyo. Desde ese instante puede considerarse a Berlinguer un submarino del imperialismo yanqui dentro de la estructura del PCI que estaba destinado a dinamitar o a domesticar.

 Así las cosas no es extraño que acaudillase una política de distanciamiento con la URSS apelando a la "independencia" del partido y que utilizase la excusa del acercamiento a las clases medias italianas para sustituir el discurso revolucionario e igualitario por un culpablemente descafeinado sesgo social-demócrata al uso de los ineficaces (en cuanto agentes de transformación política, avance histórico y justicia social) partidos socialistas y social-demócratas de la Europa Occidental. Tampoco debe extrañarnos que su modo de hacer las cosas se exportara, por ejemplo a Francia, donde el Partido Comunista Francés adoptó muy pronto el eurocomunismo. En cuanto al PCE de Carrillo, una vez enfrentado a la URSS, solo le quedaba, independientemente cual fuera su ideología de fondo, buscar refugio en el ámbito eurocomunista. Era eso o el aislamiento y la desaparición. Así fue comprado y domesticado el PCE por el imperialismo yanqui y comenzó su traición al pueblo español.

A partir de 1968 Berlinguer decidió quitarse del todo la careta y comenzó una serie de actos no por públicos menos vergonzosos que mostraban bien a las claras su sumisión a los dictados del capital y no solo eso, también su integración consciente en una estrategia de recorte de libertades del pueblo a través de la represión y la guerra psicológica. Más o menos por aquella época se puso en marcha la estrategia de la tensión en Italia. Se trataba de conseguir que el pueblo viera con buenos ojos la imposición de medidas represivas que empeoraban la calidad democrática del estado e incluso una dictadura (hubo un golpe de estado en 1974) en momentos en los que la oposición a la guerra de Vietnam estaba poniendo contra las cuerdas el dominio estadounidense sobre Europa occidental. Comenzó así una larga y terrible campaña de terrorismo "izquierdista" manejada por los propios servicios secretos americanos e italianos que se prolongó durante toda la década de los setenta y llegó, en última instancia, hasta el atentado contra Juan Pablo II en 1981.

El "desvío terrorista" de esos supuestos elementos radicales de la izquierda y el temor a las bombas y a la posible dictadura (exactamente el mismo guión que se aplicó en España durante la transición) permitió a Berlinguer escorarse a la derecha sin rebozo y convertir el PCI no ya en un partido social-demócrata sino abiertamente social-liberal en lo estético y liberal-laborista en la práctica.

Ya en 1970 hizo un llamamiento a la oligarquía italiana explicando que el PCI se situaba a favor de un Nuevo Modelo de Desarrollo consistente en aceptar el capitalismo en toda su crudeza garantizando a las masas trabajadoras tan solo algunas mejoras salariales y sociales (una vez más: el modelo español del régimen de 1978 hasta que la avaricia del gran capital, desaparecida la URSS y desactivada por los propios sindicatos y partidos de "izquierda" la capacidad reivindicativa del pueblo, se lanzaron a por el pleno en 2008).  En 1973 propuso una coalición de gobierno con la democracia-cristiana "para evitar un golpe de estado" y se sacó de la manga el Compromiso Histórico Italiano que situaba al PCI de lleno en el espectro de los partidos leales al sistema. En 1976, sin escenificar explícitamente la coalición de gobierno, apoyó parlamentariamente a la Democraciacristiana (su primo, Cossiga, era ministro del interior) hasta que el asesinato de Aldo Moro en 1978 forzó la ruptura y el establecimiento del pentapartido dejó fuera de juego y alejado del poder al PCI.

Con el tiempo, ya en el siglo XXI, el PCI acabaría amalgamándose con sectores socialdemócratas y democratacristianos para fundar el Partido Demócrata que tiene como referencia "revolucionaria" y política al partido estadounidense del mismo nombre...¿cabía esperar otra cosa?

El PCE de Santiago Carrillo, una vez adscrito a la corriente eurocomunista, tampoco mostró una trayectoria más digna ni menos traidora hacia la verdadera democracia y las necesidades del pueblo español.

Bastará señalar que después del VIII congreso del PCE en París en 1972, el partido entró a formar parte de la Junta Democrática Española en 1974 junto con el partido socialista de Tierno Galván, los carlistas y derechistas conspicuos como el opusdeista Calvo Serer o el aristócrata monárquico Villalonga. Para entonces el PCE ya se había hecho con el control de CCOO, sindicato que ganó por goleada las elecciones sindicales franquistas de 1975 erigiéndose no en un factor de ruptura democrática sino de estabilidad y reforma, es decir: un sumiso agente de la "normalización" española dentro del esquema de dominio del imperialismo yanqui en Europa que fue excelentemente recompensando heredando el patrimonio sindical de la CNT (apartada del escenario y aún perseguida por su lealtad al pueblo y a sus ideas revolucionarias). Y luego nos extrañamos de lo que ha sido la lucha sindical en la España del régimen de 1978...en fin...

En 1976 la Junta Democrática se unió a la operación del PSOE teledirigida y financiada por la CIA a través de la Fundación Ebert y se fusionaron la Plataforma Democrática acaudillada por los socialistas y la Junta dando origen a la llamada Platajunta.

En 1977, jugando con cartas marcadas, el gobierno de Adolfo Suarez legalizó al PCE (no así a otros partidos comunistas y de izquierda revolucionaria que fueron deliberadamente apartados de las primeras elecciones "democráticas" de la transición) y este reconoció la monarquía, el sistema partitocrático que iba a imponerse y lo que significaba.

Finalmente, en 1978, en el IX Congreso, el PCE dejó oficialmente de ser un partido marxista-leninista...

Lo demás estaba cantado: debacle electoral en beneficio del PSOE que le costó el cargo a Santiago Carrillo en 1982, escisión del sector liderado por este para formar el PTE-UC y, al cabo, ingreso de ese partido en el PSOE en la década de los noventa. Con estos mimbres está construida nuestra supuesta democracia, el corrupto e ilegítimo régimen de 1978.

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HISTORIA SECRETA DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA- I

INTRODUCCIÓN.

El de 1978 es un régimen prefabricado y teledirigido incluso antes de su origen desde instancias en absoluto democráticas y bajo criterios puramente imperialistas dentro de la colonia estadounidense en que se había convertido, y sigue siendo, la Europa occidental tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Los verdaderos mimbres que construyeron nuestra "democracia" ,pese a ser hechos históricamente conocidos, se ocultan cuidadosamente al común de la ciudadanía a la que se explica una versión edulcorada, interesada y básicamente falsa de la historia española de los últimos cincuenta años. Deben hacerlo así para conseguir el acatamiento popular y no enfrentarse a demandas de verdadera democracia y a una subversión institucional que acabaría con el lucrativo chiringuito que los oligarcas patrios y sus amos externos tienen montado. Pero precisamente ahora, en estos momentos de zozobra en los que la avaricia capitalista se acerca al paroxismo y en que con nuevas mentiras y amparándose en la supuesta (y falaz) legitimidad del régimen partitocrático pretenden acabar de sojuzgarnos arrebatándonos nuestros más elementales derechos sociales y políticos y convertir en negocio la privatización de los servicios sociales, es momento de intentar acercar a la mayoría social la verdadera (y deliberadamente ocultada hasta hacerla secreta) historia de España y su partitocracia en los últimos cincuenta años.

Historia que, no podía ser de otro modo, España jamás fue un compartimento estanco por mucho que nos hayan querido convencer de su singularidad y aislamiento, corrió estrechamente ligada a los acontecimientos de la Europa occidental y al afianzamiento en ella de los intereses coloniales de los Estados Unidos, nueva y única potencia dominante desde 1945.

Desde su posición hegemónica los Estados Unidos procedieron a convertir a sus nuevas colonias europeas en un entramado político, económico, financiero e ideológico acorde con sus intereses de metrópoli sobrevenida y portadora de una muy específica ideología: ultraconservadora en lo moral y liberal capitalista en lo político. A partir de 1945 el imperio yanqui se aseguró de conformar en la Europa que dominaba regímenes sojuzgados por su poder y férreamente adscritos al totalitarismo ideológico que Washington (y Wall Street) representaban y representan. En ese sentido los estados "liberados" por las armas americanas y "reflotados" por el Plan Marshall nunca fueron paises verdaderamente libres sino simples protectorados y tales fueron las políticas que hasta el día de hoy han venido desarrollando (las de simples protectorados de los yanquis donde una élite social y financiera se beneficia del colaboracionismo con el imperio a costa de los intereses y el progreso de la mayor parte de la población, premeditadamente sometida, expoliada y explotada por la situación colonial). Y así nos va.

El caso español resultó algo más complejo debido a la dictadura de Franco pero no quedó en absoluto fuera de los planes imperialistas ni del esquema general de protectorados yanquis en la Europa Occidental. La verdadera (y ocultada) historia de nuestra "democracia", del régimen de 1978 que padecemos, y por ende de todos nuestros problemas actuales es precisamente esa: la de la domesticación y normalización (en cuanto  reducción a la norma impuesta) de las diferentes fuerzas políticas españolas (de derecha y de izquierda) y su sometimiento a los dictados del imperio.

Analicemos, pues, los pasos dados y el modo en que nos han conducido hasta la actual crisis y la consecuente evidenciación de la absoluta falta de legitimidad del régimen.

 I.- LA DERECHA HASTA 1982.

El auge del fascismo en la Europa de la primera mitad del siglo XX supuso, entre otras cosas, la imposición del modelo social y económico diseñado por el integrismo católico a finales del XIX. La tan cacareada doctrina social de la iglesia que tiene su origen en la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII en 1891 condujo directamente al corporativismo verticalista y tendente a la autarquía impuesto por el Duce en 1922 y copiado, entre otros, por el también católico Hitler para Alemania en 1933.

En España, donde la oligarquía dominante era, y sigue siendo, un bastión del más alucinado e irredentista integrismo de la secta católica, la respuesta a las justas demandas sociales del proletariado no podía ser otra que la diseñada por el Vaticano. Una vez periclitado el régimen canovista en 1931 la reestructuración de la derecha española solo podía hacerse copiando el modelo fascista italiano (no fue casualidad que Alfonso XIII se exiliase precisamente en Roma) en todo lo que tenía de autoritaria imposición de los intereses políticos y económicos de la oligarquía, del poder omnímodo del clericalismo y, consecuentemente, del modelo económico y social corporativo-verticalista tendente a la utópica autarquía. No supuso, por lo tanto, ninguna sorpresa que el régimen franquista surgido del alzamiento de 1936 y del genocidio nacional-católico contra el pueblo español subsiguiente (que se prolongó de manera diversa hasta 1975), reflejara fielmente el ideario social y político del Vaticano. Máxime cuando en aquel momento, 1939, este conformaba la realidad de las más altivas y pujantes potencias europeas del momento: la Italia fascista y la Alemania nazi exportándose de inmediato a la derrotada Francia de Vichy en 1940 y a otros países satélites de los agresivos imperialismos del Eje.

El problema sobrevino cuando Alemania y sus aliados fueron completamente derrotados en 1945. Entonces la nueva potencia hegemónica, los Estados Unidos, impuso su propio sistema ideológico de dominio y explotación de base calvinista, el liberal capitalismo que ahora padecemos y que resulta igual de inmoral, nocivo para el pueblo y empobrecedor que el corporativismo fascista.

A partir de ese instante la España franquista, que había apostado por el modelo vaticano en 1939 y que no había sido derrotada en 1945, se convirtió en un régimen atávico y pintoresco dentro del concierto colonial estadounidense, tolerado solo en cuanto bastión anticomunista en un contexto ferozmente polarizado en el ámbito internacional. Sin embargo era preciso "normalizar" la organización económica (no tanto la política) de la España franquista y adaptar su ideología a la impuesta por los Estados Unidos. Ello no fue posible en tanto el Vaticano mantuvo sus posiciones ideológicas anteriores a la Segunda Guerra Mundial.

No obstante los Estados Unidos no estaban dispuestos a tolerar disidencias ideológicas dentro de sus colonias europeas y acabaron forzando al Vaticano a plegarse a su esquema político e ideológico de corte calvinista mediante el aggiornamiento del concilio Vaticano II. Ya para entonces importantes grupos católicos en Francia, Alemania, Bélgica y la propia Italia, estaban moviéndose en ese sentido, generando una nueva realidad política que permitiría el movimiento de grandes capitales en Europa y el afianzamiento de las diversas oligarquías locales bajo el protectorado estadounidense. Con el tiempo los movimientos de aquellos católicos que ahora renegaban del corporativismo nacionalista y dibujaban una retórica paneuropea darían origen a la Unión Europea de la que, inmediatamente antes del inicio del Vaticano II en 1959, se dieron los primeros pasos con la Comunidad del Carbón y del Acero en 1957 y el Tratado de Roma en 1958. Era todo uno y el mismo movimiento de adaptación a los intereses coloniales de los Estados Unidos.

Así las cosas no es de extrañar que fueran precisamente "tecnócratas" del Opus Dei los que finiquitasen el régimen autárquico español y que lo hicieran precisamente a partir de 1959. Era un episodio más en el cambio de posición de la iglesia católica y su puesta al servicio de los intereses coloniales estadounidenses en la Europa occidental.

El Plan de Estabilización español de 1959 supuso no solo el abandono del modelo corporativista nacional católico sino la entrada por la puerta grande en el redil liberal capitalista de raigambre calvinista que pretendían imponer los estadounidenses. Supuso el supeditarse de España a los acuerdos de Bretton Woods y al sistema de dominio ideológico y financiero surgido de los mismos.

España, además de aceptar las bases americanas dentro de territorio español, y después de haber sido ignorada por el Plan Marshall, se supeditó a la usura del imperialismo yanqui aceptando dinero y directrices del FMI y la entrada de capitales extranjeros que si acaso aportaron liquidez al mercado interno acabaron vampirizándolo y sometiéndolo a las grandes corporaciones extranjeras.

Las medidas decretadas por el FMI fueron las habituales, las constantes recetas dogmáticas de este organismo, pura ortodoxia neoliberal de capitalismo salvaje para beneficiar a unas exiguas minorías perjudicando a la inmensa mayoría del pueblo. Se redujo el gasto público con la excusa de controlar el déficit, se elevaron los tipos de interés, se congelaron los salarios y, como consecuencia de lo anterior se disparó el paro.

La asunción de las normas impuestas por el FMI, como siempre sucede, generó un devastador panorama social de dramática pérdida de poder adquisitivo entre las clases bajas y medias y unas abultadísimas tasas de paro a la par que un absoluto deterioro del tejido económico relacionado con la pequeña y la mediana empresa y con los autónomos que se tradujó en un incremento acelerado de la emigración y, con ella, de la despoblación del interior peninsular y el agudizamiento de los desequilibrios interiores de todo tipo. En contrapartida, se potenció el turismo lo que permitió a los oligarcas previamente ricos multiplicar sus fortunas centrando la inversión en la hostelería y la construcción...como vemos un escenario más que conocido, nunca hay nada nuevo bajo el sol cuando lo gestiona el dogmatismo liberal capitalista, y siempre salimos perjudicados los mismos.

La intención del imperialismo yanqui era someter lo más rápida y brutalmente posible a España a los azares del capitalismo salvaje controlado por ellos pero no pudieron hacerlo durante el franquismo. El régimen de 1939 había llegado de la mano de las oligarquías hispanas, de las cuarenta o cincuenta familias que desde mediados del siglo XIX cortan el bacalao entre los Pirineos y Portugal, y tenía como única finalidad mantener sus privilegios entre los que se contaban los de la iglesia. De modo que el mismo equipo de "tecnócratas" opusdeistas comandados por el almirante Carrero Blanco que lanzó el Plan de Estabilización, que debería ser denominado más propiamente de liberalización, de imposición del dogmatismo neoliberal, dedicó toda la década de los sesenta y parte de la de los setenta a contrapesar las obligadas medidas a favor del "libre mercado" anglosajón en España y a su penetración rapaz en nuestro tejido económico impuestas por el cambio de rumbo de 1959 con medidas proteccionistas destinadas a salvaguardar los intereses de la oligarquía lo que, de facto, impidió que España, durante esos años, se convirtiera en una colonia absoluta de los Estados Unidos.

De hecho es reseñable y significativa una serie de hechos aislados que, entendidos como causas y efectos ilustran perfectamente esa lucha interna dentro del régimen entre el corporativismo afín al integrismo católico y el proteccionismo de los intereses de las élites que financiaron y secundaron el alzamiento del 18 de julio y la derecha "renovadora" que pretendía seguir el cambio de rumbo pilotado por el Vaticano y someter el país a la estructura imperialista yanqui. Muy poco después de la puesta en marcha del Plan de Estabilización sus impulsores pretendieron ya introducir a España en la recién creada Comunidad Europea. Y esta, a la postre una hechura del dominio colonial estadounidense tanto como una construcción política de la internacional demócrata cristiana, de la mafia clerical y clasista que comulgaba con las directrices de la Roma papal (y no es casualidad que el tratado fundacional se firmase precisamente en la ciudad eterna) estaba dispuesta a transigir con esa integración. Claro está que para ello se precisaba una transformación estética del régimen español. Resultaba preciso terminar con la dictadura explícita y sustituirla por otra implícita, la ordinaria dictadura parlamentaria de las partitocracias occidentales. Así fue como se llegó al famoso Contubernio de Munich en 1962, apenas tres años después de la puesta en marcha del Plan de Estabilización.

En Munich se reunieron, por primera vez, las fuerzas que podían articular un nuevo régimen partitocrático al modo de Italia, Francia o la propia Alemania. Incluso el PSOE se prestó a participar en unas conversaciones que solo excluyeron, y muy significativamente, a comunistas y anarquistas. Junto a los socialdemócratas más dispuestos al colaboracionismo se reunieron allí liberales y democratacristianos tratando de hacer un quiebro que sacase del campo de juego al corporativista Franco poniendo en su lugar al pretendiente monárquico Juan de Borbón que, después de haber apoyado el alzamiento franquista en 1936 y de que el Tercer Reich perdiera la guerra en 1945, se había pasado de bando poniéndose al servicio de los intereses imperialistas estadounidenses mediante el Manifiesto de Lausana publicado en la primavera de ese mismo 1945.

Todos estos acontecimientos (Plan de Estabilización, intento de entrada en las Comunidades Europeas y reunión en Munich de las fuerzas partitocráticas) conformaron parte de la misma estrategia de "normalización" hispana bajo las nuevas normas del control yanqui y se desarrollaron en una estrecha horquilla temporal, entre 1959 y 1962.

Naturalmente Franco no estaba dispuesto a dejarse segar la hierba bajo los pies y los oligarcas que le apoyaban, especialmente los enriquecidos tras la guerra, que se encontraban todavía consolidando su posición, cerraron filas en torno a su figura. Muchos de los participantes derechistas de la reunión de Munich fueron represaliados a su regreso a España y la operación quedó abortada y, con ella, las posibilidades de acceso de España a la Comunidad Europea. Sería necesario el asesinato de Carrero Blanco en 1973 y la muerte del dictador en 1975 para que la derecha española reiniciase de nuevo su andadura hacia el redil gringo en la Europa occidental.

Durante quince años el régimen de Franco se resistió a rendirse por completo a los intereses del imperialismo anglosajón y ello tuvo un efecto muy acentuado en la personalidad de la derecha española.

Al contrario que las derechas europeas, la española del periodo 1959-1973 distó mucho de allanarse por completo a los deseos de Washington y mantuvo una personalidad propia, un camino de semi-independencia que, a pesar de tener como finalidad beneficiar únicamente a las élites del país en perjuicio de las clases medias y populares, aporta al régimen, y especialmente al almirante Carrero Blanco, una grandeza, un patriotismo (sesgado, pero patriotismo al fin) y una dignidad que, como veremos, se perdió por completo con la "modernización" de dicha facción política con la refundación del Partido Popular en 1987.

Por supuesto el imperialismo yanqui no podía tolerar la excepción española, no al menos después de la dictadura del general Franco. España debía someterse por completo a los dictados de Washington y ello requería el establecimiento de un régimen partitocrático parlamentario similar a los que en el resto de la Europa Occidental servían de coartada al dominio americano. Fue así como la derecha española comenzó a ser coaccionada y manipulada para que abandonase la lealtad a Franco y al nacional-catolicismo y empezase a caminar hacia el yugo yanqui.

El principal impedimento en esa deriva era, sin ningún lugar a dudas, el Almirante Carrero Blanco, devoto franquista, heredero cantado, férreo nacional-católico y prominente patriota que luchaba por mantener la independencia nacional frente al imperio. Carrero tenía, además, el empeño de dotar a España de la bomba atómica para incrementar su peso en el mundo y tomó decisiones como prohibir el uso de las bases americanas en España para ayudar a Israel durante la guerra de Yom Kipur.

La ecuación se resolvió del modo que ya conocemos: el 20 de diciembre de 1973 el almirante Carrero Blanco fue asesinado, oficialmente por ETA, aunque siguen existiendo muy fundadas sospechas de la implicación de la CIA en el atentado, y el 12 de febrero de 1974, su sucesor como presidente del gobierno, Carlos Arias Navarro, pronunciaba un discurso en las cortes que presagiaba ya el aperturismo político, la mutación de la derecha española hacia la ortodoxia de Washington.

Más tarde Arias Navarro enfriaría su aperturismo y con Juan Carlos I ya en el poder, se vio defenestrado y sustituido por el mucho más dúctil Adolfo Suarez.

Entre mediados de 1974 y julio de 1976 el régimen de 1939 trató de aferrarse a su excepcionalidad sin éxito. Por el camino, además de la muerte de Franco, se produjo la pérdida del Sáhara que, entre otras cosas, suponía un castigo por parte de los Estados Unidos (que utilizaron su presencia en España para informar a Marruecos de los movimientos del ejército español durante la Marcha Verde) y a la par el cese de cualquier veleidad española en el desarrollo de una bomba nuclear. Perdido el único lugar posible de pruebas, se abortaba el proyecto que languidecía desde el asesinato de Carrero Blanco y al que Suarez daría definitivo carpetazo allá por 1977.

La llegada de Juan Carlos I a la jefatura del estado vino a consagrar el cambio de rumbo de la derecha española. Ya vimos como su padre se había plegado al esquema de dominio estadounidense antes incluso de que acabara la Segunda Guerra Mundial, él se limitó a retomar esa estrategia política apartando de los puestos de poder a los más acérrimos defensores de la excepcionalidad hispana y colocando en ellos a los partidarios de la "normalización", los fautores de la reunión de Munich. A la postre la tan cacareada Transición tan solo fue la consecuencia lógica de las maniobras de 1959-1962, motivadas por la sumisión del Vaticano y la derecha europea al esquema político impuesto desde Washington y que el fanatismo de unos y los intereses proteccionistas de otros habían pospuesto hasta 1976. Con todo la maniobra no pudo hacerse sin evidenciar la profunda fractura en el seno de la derecha, escenificada en la capitalización de su espacio por dos partidos (UCD y AP) que expresaban esas dos sensibilidades originarias y que no superarían la escisión hasta bien entrada la década de los noventa.

Nos han vendido la Transición como un prodigioso proceso democratizador en el que la soberanía, después de cuarenta años de dictadura, volvía al pueblo. Es mentira. La Transición no supuso otra cosa que la adaptación estética de la dictadura hispana al telón de fondo de las partitocracias de los países satélites de los Estados Unidos en la Europa occidental y la total sumisión de la economía española a los intereses, maniobras y circuitos tanto de los Estados Unidos como de las oligarquías europeas centrales. Circunstancias ambas que, sobre acentuar nuestra colonización, nos ha conducido al callejón sin salida que desde 2008 llamamos crisis.

Y además esa adapatación se hizo de un modo absolutamente controlado y con unos límites absolutamente nítidos que no pretendían llegar, ni llegaron nunca, a una verdadera democratización del país sino a una usurpación encubierta de su soberanía por instancias ocultas (más bien ocultadas) que se movían y siguen moviéndose con la coartada de la partitocracia parlamentaria que sirve para legitimar unos manejos que lindan simple y llanamente con la alta traición y la estafa generalizada al pueblo.

Durante los años de Suarez al frente del gobierno (1976-1982) los cambios cosméticos corrieron parejos con una estudiadísima estrategia de la tensión que había dado excelentes resultados en Italia para yugular cualquier posible avance de la izquierda y de la democracia verdadera. No es casualidad que aquellos años sean precisamente los de más actividad terrorista (de ETA, del GRAPO, de otros grupos diversos...) y que el golpismo militar se cerniese sobre el país como una sombra amenazante. De ese modo, con el miedo de la población al caos o una nueva dictadura, se pudieron limitar los cambios y dejarlo todo prácticamente como estaba, consiguiendo que en lugar de un profundo cambio democrático (la "ruptura") se efectuara un simple cambio cosmético ("la transición"). Fue, a la postre, un bonito truco político teledirigido desde fuera y que en modo alguno supuso un cambio real. Los actores de aquel teatrillo jugaron desde el principio con cartas marcadas y no precisamente defendiendo los intereses del pueblo, sino obedeciendo a los requerimientos del imperialismo dominante y, en todo caso, en aras de su propio beneficio personal.

En aquellos años se manipuló la realidad para prefabricar un "estado democrático" que no fuera más allá de los límites establecidos por la ortodoxia liberal capitalista del gran capital dominante. Los partidos de "izquierda", lo veremos en el siguiente capítulo, fueron edulcorados hasta el liberalismo, los antiguos sindicatos de clase asumieron el papel de los verticales posponiendo su obligación transformadora para convertirse en meros gestores de demandas profesionales sin verdadera voluntad de cambio político, las asociaciones (como la CNT) que no se prestaron al enjuague fueron simplemente ignoradas y perseguidas de diversos modos, la iglesia católica siguió manteniendo su poder al igual que la oligarquía que había provocado el golpe de 1936 y mantenido el régimen franquista (con lo cual cualquier cambio real era pura fantasía), se pervirtió el concepto de centro político desplazándolo hacia la derecha como es norma en todas las partitocracias liberal capitalistas en que este centro no se encuentra en la equidistancia política entre la derecha y la izquierda sino en la parlamentaria entre la derecha moderada y la extrema derecha...

Y todo ello se realizo en el marco de la transformación de la derecha española desde el proteccionismo autárquico a la integración en los circuitos económicos del imperio dominante. Cambio que, sin embargo, no condujo a la integración de las diversas facciones territoriales de la oligarquía española, circunstancia que sigue fraccionando su representatividad parlamentaria (aunque todas las facciones hayan acabado transitando los mismos caminos y en el mismo saco) y dando pábulo a expresiones partitocráticas territoriales (CiU, PNV...) no menos nefastas, ultraderechistas y culpables que su homólogo centralista, el PP.

Para terminar este primer capítulo es preciso manifestar que dicho proceso no hubiera sido posible sin la connivencia de los partidos de "izquierda" por ese motivo en el segundo nos ocuparemos de estudiar el modo en que estos partidos, especialmente el PSOE y el PCE, fueron reducidos a los esquemas del imperialismo yanqui en la Europa occidental posibilitando su necesaria participación en el engañabobos que conocemos como Transición Española.

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EL TECHO DE CRISTAL DEL ENRIQUECIMIENTO EN ESPAÑA

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Como suele decirse: hay de todo en la viña del Señor, de modo que toda generalización, aunque a menudo necesaria, resulta odiosa. No obstante tengo la arraigada sensación, madurada a lo largo de años y años de tratar con todo tipo de gente, de que a la inmensa mayoría de los más acérrimos defensores del neoliberalismo en España les caracterizan, además de un incomensurable cinismo, una feroz falta de moral y una personalidad antisocial profundamente repugnante, una ignorancia supina (independientemente de las licenciaturas, grados, doctorados y masters que acumulen) y una ingenuidad propia de niños muy, muy pequeños.

El ideal de estos indiviudos es "forrarse" lo más deprisa posible y a costa de quien sea o de lo que sea. Nada, salvo la rápida acumulación de dinero, les importa. Y son optimistas, suelen creer que su ascenso social y su enriquecimiento carecen de tasa y solo pueden verse frenados por algún escrúpulo inoportuno, la mala suerte o la mayor rapacidad de sus competidores. Son tipos (y tipas) que jamás piensan en las vacas flacas cuando las reses se engordan rápidamente. De modo que son individuos (e individuas) propicios a vivir espectaculares apocalipsis personales en los cambios de ciclo. Más cigarras egoístas y obtusas que hormigas con sentido común.

Tienen, además, la costumbre de identificarse con los iconos de la élite social y económica. Ninguno, o muy pocos de ellos, menos aún cuando están en el periodo ascendente de su carrera, quieren ser conscientes de su origen. Todos, sin excepción, creen en el mito anglosajón del "hombre hecho a sí mismo" y están convencidos de encarnarlo. Por ello cuando escuchan hablar de términos como "oligarquía" o "caciquismo" y tratas de explicarles el peso de ambos sobre la sociedad y la capacidad de desarrollo en España suelen mirarte con ironía o desprecio, llamarte desdeñosamente rojo o perroflauta y hacer oídos sordos.

Y, sin embargo, es un hecho incontrovertible: en España existe un techo de cristal para el enriquecimiento personal. La verdad oficial, la ortodoxia del régimen, es que vivimos en un mercado libre y que no hay límite para el enriquecimiento de nadie, que todo depende de los méritos personales. Pero es mentira. Se trata solo de una ficción conveniente, de una apariencia lucrativa, de una expresión de la hipocresía del estado de cosas existente que tiene muy poco que ver con la realidad.

Para empezar es falso que exista igualdad de oportunidades desde el momento en que hay diferencia entre la enseñanza pública y la privada (ojo: la segunda raramente es la mejor pero sí está mejor vista por la estupidez social), en el acceso a determinadas oportunidades laborales y de crédito dependiendo de la filiación del aspirante y de otra serie de variables siempre en concordancia con el origen social y económico del sujeto. En segundo lugar, es falso que exista un mercado libre, en realidad nos movemos en el marco de un cripto-oligopolio manipulado por muy pocas manos y al que solo se facilita el acceso a los ajenos cuando se trata de desplumarles dentro de un contexto de simple y llana corrupción y un género de especulación que frisa, cuando no entra de lleno, con la estafa. Aquí solo tienen patente de corso unos cuantos, siempre los mismos, que son los que se enriquecen a costa de todos los demás, incluidos aquellos que quieren jugar a tiburones pensando encontrarse en el mar sin darse cuenta de que nadan en una piscina donde son simples sardinas al albur de los  ocultos y verdaderamente grandes predadores del sistema.

Finalmente, y esta es una consecuencia lógica de todo lo anterior, hay que admitir la existencia de un techo de cristal para el enriquecimiento en España. Cualquiera que no pertenezca por nacimiento a las cuarenta o cincuenta familias que cortan el bacalao en este país tiene un límite preestablecido para su ascenso social y económico: aquel que empieza a poner nerviosas a dichas familias.

El problema de la oligarquía en España no lo es solo para la democracia, la justicia social y las clases medias y bajas, también para los ambiciosos que no acepten su lugar subordinado en la piscina controlada que nos venden como mar. Aquel que sobrepasa el límite solo puede esperar una cosa: una rápida y brutal caída desde el techo de cristal teledirigida desde las sombras y con actores en los bancos y en las propias estructuras de sus equipos, eso cuando el rayo vengador no viene directamente de la justicia o el ámbito político.

¿Las pruebas?...sencillo: estudien el auge y caída de cuantos titanes advenedizos trataron de alcanzar el Olimpo de la élite en los últimos cuarenta años.

Tal es la verdadera naturaleza de nuestro sistema político, social y económico.

 NOTA.- la fotografía es de Danferb.

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DESCLASADOS Y DISFUNCIONALES (LOS MEMOS TAMBIÉN VOTAN)

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Pues ya está, con menos de un tercio de los votos posibles y en unos comicios ilegítimos sin verdadera validez legal (España se haya moral y legítimamente en un periodo constituyente desde que las intervenciones de la Unión Europea y de los Estados Unidos en 2010 forzaron las "reformas" para favorecer al gran capital en medio de una crisis causada por la incompetencia  y la avaricia de ese mismo gran capital) los más entusiastas lacayos vendepatrias del neoliberalismo patrio, el PP, han conseguido una mayoría absoluta en las, por lo demás, dictatoriales por ilegítimas, cámaras de representantes españolas.

Y esa sucia victoria electoral (sucia por producirse en circunstancias de clara ilegalidad dentro de un régimen ilegitimizado por su subordinación a intereses diferentes a los del pueblo y sucia por otorgar ficticas mayorías absolutas parlamentarias con menos de un tercio de los votos posibles) se ha conseguido con el voto masivo y suicida de las mismas clases (bajas y medias) que van a ser sacrificadas por los verdugos vendepatrias peperos en el altar del abuso y la avaricia capitalista. Los mismos que van a perder sus derechos laborales, los servicios públicos, su derecho a la jubiliación digna, a prosperar sin verse sometidos al matonismo mafioso de los bancos y los ultramillonarios, que van a pagar impuestos mientras los ricos se van de rositas, esos mismos, que no pueden ser tachados más que de imbéciles (sí, solo dos tipos de personas pueden votar a la extrema derecha pepera, los hijos de puta y los imbéciles y si votas contra tus propios intereses solo puedes ser tachado de los segundo aunque también seas lo primero), son los que le han otorgado la victoria absoluta a quienes comenzaron a destruir la España social con las privatizaciones y el recorte de derechos sociales bajo el Aznarato y continuaron extendiendo la corrupción y el oscurantismo sectario desde sus reductos feudales en las últimas dos legislaturas.

¿Como puede entenderse semejante contrasentido, tamaña estupidez, tal suicidio político y social?

Es sencillo: el gran drama de España no es su poderosa oligarquía que domina el escenario político y económico a su antojo, ni los políticos corruptos vendidos al capital, el verdadero drama de nuestro país es el clásico paleto disfuncional del bar de la esquina, el tipejo de la caña sempiterna que se queja porque no le dejan fumar en el interior del local y pierde media vida en lanzar consignas a gritos sobre su equipo de fútbol y que está persuadido de que su oceánica ignorancia y su supina falta de ética (salvo en determinados momentos de emotividad fácilmente superables y que jamás minan la omnipresencia de su proverbial egoísmo) le convierten, por el mero hecho de gritar más que otros y de emitir frases gramaticalmente dudosas pero taxativamente rotundas, en un tipo listo y cuya opinión tiene algún valor.

Nadie hará dudar a ese memo disfuncional de su condición de "tipo listo" porque sabe engañar al prójimo y aprovecharse de las necesidades de los otros constituye en él una naturaleza. Por desgracia en este país los ignorantes y los pillos de cuarta se creen ciudadanos respetables por el mero hecho de saber engañar y aprovecharse del débil lo que, bien mirado, constituye una de las más destacadas señas de identidad de la derecha neoliberal.

Son los listos (ladrones, borrachos, voceras y sin cultura), paletos disfuncionales de mentes próximas a la absoluta indigencia intelectual, los que han sustentado en los barrios obreros y de clase media baja el desastroso triunfo electoral del PP. Los listos que especularon en pequeña escala durante el boom subiendo los alquileres de sus pisos y empeorando las condiciones del inquilino, pretendiendo enriquecerse con la venta de esos mismos pisos, los que explotaron cuanto pudieron al inmigrante y al trabajador necesitado. Son esos mismos analfabetos soldaditos de la infantería del ladrillo que miraban por encima del hombro a quienes estudiaban porque ganaban más que ellos y se creían potentados por el mero hecho de poder endeudarse por encima de sus posibilidades con viajes al Caribe, coches caros y adosados...ese género de mindundis desclasados ignorantes y sin moral ni vergüenza son el verdadero drama de España, ese mundo de gallofa despreciable es la base del triunfo del neoliberalismo salvaje y confeso en España.

Y lo peor del caso es que no podemos librarnos de ellos, seguiremos corriendo hacia el abismo mientras su estulticia y su egoismo pese sobre nuestro futuro.

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VOTO Y DEMOCRACIA

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El liberalismo capitalista lleva décadas, cuando no siglos, vendiéndonos humo, una falsa caracterización de la democracia expresada en un sistema electoral partitocrático y parlamentarista. Diciéndonos que la verdadera democracia pasa por las urnas, más aún: que termina en ellas. Nada más falso ni más incompatible con la verdadera democracia.

Desde que se inventó la democracia, hace dos mil quinientos años en Atenas, ha existido la misma impostura. Las oligarquías han tratado de confundir elección de representantes y democracia sin que sean en realidad términos intercambiables. Tanto es así que existen dos periodos perfectamente distinguibles en la historia de la democracia ateniense: uno de falsa democracia, la timocracia soloniana pensada para mantener en el poder a los oligarcas y permitierles seguir explotando y robando al resto de la población, caracterizada precisamente por la elección mediante sufragio de los cargos públicos, y otro de democracia verdadera, posterior  a las reformas de Clístenes, en la que los cargos públicos eran decididos por sorteo.

Contaminados durante décadas, siglos incluso, de timocrática propaganda liberal capitalista es muy posible que en un primer momento no seamos capaces de entender la falacia del voto electoral, del parlamentarismo y de la partitocracia en cuanto caracterizaciones de la democracia. Nos han enseñado que ese tipo de timocracia partitocrática es el único modo de democracia posible. Y nos han mentido, como siempre. Porque les conviene hacerlo, mantenernos en el convencimiento de que el modo de gobernarnos para su interés es el único y mejor posible. Pero conviene que empecemos a poner de manifiesto sus mentiras, a contrarrestar su propaganda, los lavados de cerebro a los que nos someten a través de la escuela y los medios. Hay que hacerlo porque debemos cambiar las cosas, establecer una verdadera democracia.

La diferencia entre la elección de los cargos públicos y su designación por sorteo y la imposibilidad de conseguir instituciones que representen verdaderamente al pueblo si están controladas por partidos es sencilla de comprender.

Todo proceso electoral exige una financiación de los candidatos y, a la postre, el elegido no se debe a sus electores sino a quienes financiaron su campaña que, lógicamente, suelen ser aquellos que disponen de más medios para influir en el electorado y cuyos intereses necesariamente son diferentes y muy a menudo en todo contrarios a los de la mayoría porque los oligarcas necesitan leyes injustas que permitan la corrupción, la estafa, la privatización de los servicios públicos y la explotación de los ciudadanos para mantener su estatus e incluso aumentarlo. Por lo tanto ningún candidato financiado por la oligarquía trabajará para el bien común sino para el bien de quienes hayan financiado su campaña. De ahí que el sistema electoral resulte de facto incompatible con la verdadera democracia. Sirve únicamente para poner la capacidad de decisión en manos de los poderosos y apartar al pueblo, a la mayoría, de la misma. Así pues, dentro de un sistema de elecciones periódicas para los cargos públicos no puede existir nunca la verdadera democracia porque los intereses del pueblo, de la mayoría, permanecerán secuestrados por los oligarcas que financien las campañas y que acabarán imponiendo sus intereses corruptos sobre el bien común. Lo estamos viendo cada día en nuestras "democracias" liberal capitalistas.

El cargo público no debe conceptuarse como una recompensa social como  coronación de carreras profesionales brillantes (porque, entre otras cosas, las carreras profesionales brillantes siempre van asociadas a la conveniencia de quienes las pueden propiciar, esto es: de la oligarquía y, además, acaban generando una peligrosa deriva populista que hace concurrir a las elecciones a indiviudos que han alcanzado una alta consideración social mediante actividades que son contrarias a los intereses generales o que, simplemente, ponen su fama al servicio de intereses ocultos, del mismo modo que podrían llegar a protagonizar un anuncio) sino como un servicio público que no representa un honor en sí mismo. El honor debe proceder del recto desempeño del servicio público no de la consecucíón de un cargo que faculte para desempeñar dicho servicio.

Por lo tanto la verdadera democracia es en todo incompatible con los procesos electorales, con la partitocracia y el parlamentarismo liberal. La verdadera democracia es otra cosa. Las elecciones simplemente son cortinas de humo para seguir manteniendo y legitimando la corrupción subyacente en un sistema oligárquico que perjudica al 99 % de la población para que pueda beneficiarse indebidamente el 1%.

Si queréis votar en las próximas elecciones sois muy dueños de hacerlo, pero también debéis ser conscientes de que no estaréis participando en un proceso democrático sino en un juego amañado que os desprecia y os esclaviza y que la verdadera democracia es otra cosa.

NOTA.- La fotografía es de paetandopiedrasweb.

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LA UNIÓN EUROPEA Y LA GUERRA SOCIAL EN LA REPÚBLICA ROMANA

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La historia es  excelente maestra, por ese motivo conviene siempre recurrir a ella para encontrar modelos de futuro. Aunque creamos otra cosa lo cierto es que en situaciones similares casi todo tiende a funcionar del mismo modo aunque existan siglos e incluso milenios de por medio. Todo el curso de la historia es apenas un soplo en la evolución de la especie. Somos tan homo sapiens como los sumerios, los asirios, los viejos egipcios o las gentes del neolítico, no hemos cambiado y, por lo tanto, los casos tienden a repetirse y los modelos se tornan estándares previsibles y efectivas guías de futuro. Viene esto a cuento porque andaba hoy considerando la situación de la Unión Europea y, sin pretenderlo, me vino a la cabeza un modelo antiguo bastante extrapolable: el de la guerra social romana.

En el fondo la república romana no había alcanzado su primacía en Italia solamente como potencia conquistadora. Si había podido encaramarse al estatus de estado hegemónico se debía en gran medida a su inclusión en la Liga Latina, una suerte de federación de estados que, saltando todas las distancias, podía equipararse a la actual Unión Europea: un cúmulo de estados independientes, incapaces de valerse por sí solos frente a las enormes fuerzas externas que significaban el poder de Cartago, de los etruscos o de los reinos helenísticos de oriente. Esa unión hizo fuertes a los diferentes estados y fortaleció sobre todo a la oligarquía del más poderoso: Roma.

Inmediatamente, no existe oligarquía que lo tenga casi todo y no aspire a más, los oligarcas romanos intentaron forzar las cosas para que la hegemonía de Roma dentro de la Liga Latina se convirtiera en la casa de tócamerroque para sus intereses. De la alianza quisieron pasar al abuso y cuando acabaron por agotar la paciencia de los estados más débiles acabaron encontrándose con una sublevación que condujo a una larguísima guerra tras la cual los romanos, a pesar de vencer en el campo de batalla, hubieron de ceder a las justas demandas de sus socios itálicos.

La Unión Europea vive en estos días una situación similar a la que vivía la Liga Latina hace poco más de 2000 años. Las oligarquías dominantes de la federación, la alemana y la francesa, pretenden salvar la crisis que su propia incompetencia ha generado esquilmando a los estados más débiles (Grecia por supuesto, también Italia, Portugal y España)...la pregunta es: ¿van a forzar tanto la máquina que acabaremos teniendo nuestra propia sublevación, armada o no, y  nuestra guerra social?...o lo que viene a ser lo mismo ¿seguirán los pueblos de esos estados periféricos acatando las imposiciones de las oligarquías centrales?¿Llegarán a defenestrar a sus regímenes políticos corrompidos e intervenidos por el imperialismo generando realidades políticas nuevas que confrontar con la ortodoxia del totalitarismo liberal capitalista?

 

NOTA.-La fotografía es de Seier+Seier

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SÍNTOMAS DE UNA ENFERMEDAD TERMINAL

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Para saber si alguien nos miente o se equivoca basta con cruzar datos. Si estos se contradicen el error o la mentira quedan patentes. No hay que ser demasiado listo para comprender y utilizar este sistema, esta sencilla prueba del nueve de la realidad objetiva.

En estas mismas páginas la utilizamos el año pasado para constatar la falacia de la crisis demostrando, con datos oficiales, que mientras la mayoría de las personas a lo largo y ancho del mundo se estaban empobreciendo a causa de las medidas económicas y sociales tomadas por gobiernos y organizaciones internacionales una exigua minoría se enriquecía con la especulación que estas favorecían.

Los periódicos nos proporcionan a diario pruebas similares con respecto a los beneficios obtenidos por la banca y las multinacionales, y sobre todo por sus directivos, mientras las políticas que dichas empresas imponen a los títeres políticos que manejan los hilos de un estado corrupto e ilegítimo, abundan en el empobrecimiento de la mayor parte del pueblo al que ellos, de paso, insisten en ahogar todavía más con el cierre del crédito.

Hoy, 28 de octubre de 2011, han visto la luz nuevos datos contradictorios que expresan bien a las claras la enfermedad terminal del sistema económico de la oligarquía española que desde los años sesenta busca capitalización en la especulación urbanística que genera el turismo y justifica su avaricia y los despropósitos políticos y medioambientales que dicha especulación genera con la excusa del empleo.

 -Es cierto-dicen con su habitual cinismo-estamos destruyendo la costa, especulando, extendiendo la corrupción en los ayuntamientos y gobiernos autónomos...pero eso crea empleo. Un empleo temporal, mal pagado y en los umbrales de la explotación tercermundista, pero empleo a fin de cuentas. Y no solo en la costa, esas ganancias se reinvierten en otros sectores y crean empleo también en el interior...en el fondo somos necesarios y beneficiosos.

Pues bien, este año los ingresos generados por el turismo son los más altos desde 2004, han subido un 8% con respecto al año anterior...y, sin embargo, el paro lo ha hecho un 9%.

La especulación urbanística, la corrupción política, la destrucción de nuestras costas no generan riqueza sino plusvalías y, desde luego, no generan empleo, lo destruyen. El habitual esquema económico franquista, que es el mismo que han seguido los oligarcas españoles hasta nuestros días porque la instauración del régimen de 1978 solo fue la continuación del franquismo por otros medios, ha demostrado su improductividad. No es un esquema válido de desarrollo ni un medio útil de mejora social. Las cifras lo demuestran. El único camino que nos queda es sustituirlo por otro más racional y eso pasa por derribar el régimen corrupto, inoperante e ilegítimo que ha garantizado dicha continuidad y sustituirlo por otro verdaderamente democrático que, como tal, solo puede tener un profundo contenido social y una ideología que haga prevalecer la noción del bien común sobre la codicia individual de unos pocos.

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COPAGO, PREVARICACIÓN Y TERRORISMO SOCIAL.

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El copago se ha convertido en una letanía de los oligarcas y sus títeres políticos en España. Trata de justificarse con la eterna excusa de la crisis pero, como tantas otras coartadas de esa gentuza, es una burda patraña tras la que se esconden sucios intereses personales y corporativos. No es que la sanidad o la educación resulten insostenibles o caras, es que se pretende convertirlas en un negocio para que, con perjuicio  común del pueblo, obtengan indebidos beneficios los mismos que nos arrojaron a la crisis con su incompetencia y su avaricia: los bancos, las multinacionales y los oligarcas de todo tipo, gente que se han dedicado toda su vida, y ahora con mayor virulencia e impunidad que nunca, al terrorismo social, a sumir deliberadamente en la pobreza y pérdida de derechos a millones de personas para poder explotarlas mejor y aumentar sus márgenes de beneficio. No debemos creer que estas indignas aspiraciones son una pulsión propia y exclusiva de nuestros terroristas socio-económicos, de nuestros banqueros y grandes empresarios. En realidad se trata de una política acordada por la Organización Mundial del Comercio en 1994 con la única finalidad de dinamitar los estados (y con ellos los derechos sociales, laborales y políticos de millones de ciudadanos reducidos a la condición de siervos) y convertir en negocio para las multinacionales y los bancos los servicios públicos que son la única justificación de los estados modernos frente a sus pueblos. Y, por supuesto, no cabe dudarlo, nuestros políticos, simples títeres de los intereses oligárquicos, del Gran Capital internacional, cederán gustosamente a esas aspiraciones conspirativas de los terroristas sociales y económicos traicionando una vez más al pueblo. Esa es la verdadera naturaleza del régimen que padecemos y que solo con muchísimo cinismo puede ser definido como democrático.

Ya en otros momentos, evidenciando esa quiebra del contrato social, puse de manifiesto en estas mismas páginas que el régimen cae en la ilegitimidad, que el poder revierte al pueblo y se abre de facto un periodo constituyente que incluye el justificado derrocamiento del régimen ilegítimo. Los regímenes occidentales, guiados por sus intereses petrolíferos, aplaudieron y sancionaron favorablemente la revuelta de los libios contra Gadafi, esa misma argumentación justifica y avala la inaplazable rebelión de los ciudadanos europeos contra sus tiranos y los terroristas socio-económicos que los manejan. No obstante, por un instante vamos a dar por bueno el régimen vigente y a fijarnos en sus leyes y en cómo no se aplican contra individuos y corporaciones que, de facto, están violando el ordenamiento jurídico español y atentando directamente contra el código penal vigente. Un código penal que solo surte efecto en determinadas direcciones. El régimen solo castiga a sus enemigos, jamás aplica las leyes a quienes lo manejan en la sombra, lo cual es evidencia más que suficiente de su ilegitimidad y de su falsa condición democrática.

Pero juguemos a creer que el régimen es una verdadera democracia y veamos como podrían aplicarse sus propias leyes contra traidores, terroristas económicos y sociales y prevaricadores si no fueran papel mojado o, peor, medios de reprimir la disidencia política.

Hemos visto, y no es ningún secreto, son acuerdos públicos y publicados por la OMC, que la insistencia en desmontar los sistemas públicos de salud y educación no responden a una necesidad sino a los ambiciosos intereses de unas determinadas corporaciones privadas empeñadas en enriquecerse a costa del empobrecimiento y la pérdida de derechos de los ciudadanos de todo el mundo y, en lo que nos toca, españoles. Hemos visto como ese y otros organismos internacionales (como el FMI) están imponiendo medidas innecesarias con el único fin de favorecer el ilegítimo enriquecimiento de grandes corporaciones y como políticos, propagandistas, banqueros y empresarios españoles se han coordinado con los organismos internacionales para implementar dichas medidas ilegítimas y nocivas en España. Y eso, a parte de en el campo del terrorismo, como luego veremos, y de la prevaricación en el caso de autoridades públicas, cae directamente en el terreno de la traición.

Y la traición es un delito que está tipificado en el código penal español. De hecho el artículo 589 del mismo dice textualmente: "El que publicare o ejecutare en España cualquier orden, disposición o decreto de un Gobierno extranjero que atente contra la independencia o seguridad del Estado, se oponga a la observación de sus leyes o provoque su incumplimiento será castigado con la pena de 1 a 3 años de prisión" y el 592 abunda en ello diciendo: " Serán castigados con la pena de prisión de cuatro a ocho años los que con el fin de perjudicar la autoridad del Estado o comprometer la dignidad o los intereses de España mantuvieren inteligencia o relación de cualquier género con Gobiernos extranjeros, Organismos o Asociaciones internacionales o extranjeras."...¿Más claro?...siempre que entendamos, como debe hacerse, que el Estado y España no son sus autoridades y los intereses de sus oligarcas sino el conjunto del pueblo.

Pero hay más: previamente el artículo 581 prevé de doce a veinte años de prisión para el español que " facilite al enemigo la entrada en España" o "suministre armas (...) u otros medios para hacer la guerra a España." Volvemos a lo mismo, si por España entendemos, como debe hacerse, el pueblo español debemos convenir que aquellos que vienen a arrebatarle sus derechos sociales, económicos y políticos son sus enemigos y que los españoles (banqueros, políticos, empresarios, periodistas...) que los ayudan incurren directamente en el delito tipificado por el artículo 581 y deben ser castigados por ello como los simples delincuentes que son.

Por si fuera poco, el 582 reserva de doce a veinte años de prisión  para "el español que suministre al enemigo caudales (...) u otros medios directos o indirectos y eficaces para hostilizar a España"...¿cuantos años de cárcel deberían caerles a tantos y tantos que andan por ahí tratando de poner al pueblo a los pies de los caballos de los intereses corporativos del Gran Capital extranjero?...

Y no hemos acabado.

El copago en educación y, sobre todo en sanidad, condena de facto a las clases menos pudientes a condiciones de vida peores. Habrá gente que muera, como sucede en Estados Unidos, por no poder acceder a la ayuda médica. Quienes vean condenada su existencia a la miseria por falta de educación adecuada. Pretender eso es ejercer el terrorismo social contra el pueblo y también el código penal español tiene cosas que decir al respecto.

A saber, de quince a veinte años de prisión (artículo 571) para "los que perteneciendo, actuando al servicio o colaborando con bandas armadas, organizaciones o grupos cuya finalidad sea la de subvertir el orden constitucional (que considera la educación y la sanidad públicas y gratuitas como derechos del ciudadano) o alterar gravemente la paz pública...(artículo 572) atenten contra las personas causándoles lesiones (penas de diez a veinte años) o la muerte" (penas de veinte a treinta años).

Y añade el 575 que "los que con el fin de allegar fondos a las bandas armadas, organizaciones o grupos terroristas o con el propósito de financiar sus finalidades atenten contra el patrimonio serán condenados con la pena superior en grado a la correspondiente por el delito cometido"...y obligar al pueblo a pagar por un servicio público y gratuito para que se enriquezcan las organizaciones corporativas de los terroristas sociales es exactamente el comportamiento descrito por este artículo, ergo...

Y el 576 impone penas a la cooperación, ayuda o mediación, económica o de otro género a las actividades de los grupos terroristas. El 578 a quienes enaltezcan o justifiquen sus actividades y el 579 a quienes  provoquen, conspiren para o propongan dichas actividades. ¿Cuantos años de cárcel hemos añadido a las hipotéticas condenas de nuestros egregios próceres salvapatrias?...

Podríamos alargar mucho más este artículo, pero lo concluiremos aquí con una última mención, concretamente al artículo 404 del código penal que dice textualmente: " A la autoridad o funcionario público que, a sabiendas de su injusticia, dictare una resolución arbitraria en un asunto administrativo, se le castigará con la pena de inhabilitación especial para el empleo o cargo público por tiempo de siete a diez años."

Resumiendo: al defender el copago y las privatizaciones y hacerlo injustificadamente, con la sola intención de permitir el ilegítimo enriquecimiento de unos cuantos terroristas socio-económicos a costa de los intereses generales del pueblo y del bien común, se están cometiendo muchos y muy graves delitos. Si el régimen vigente quiere acreditar su legitimidad solo tiene un camino: cumplir la ley.

NOTA.- La fotografía es de Nomadic Lass.

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VUELVEN A CORRERNOS LA MANO.

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Cuando en las manifestaciones del 15-M se grita "no es crisis es estafa" es cierto. No estamos asistiendo a una concatenación de hechos inevitables que nos conduzcan a un abismo del que solamente puede salirse al modo que dicta la oligarquía mundial. En realidad estamos asistiendo a una estrategia premeditada y perfectamente estudiada para imponer al pueblo una organización económica, política y social absolutamente innecesaria y cuya única virtud es permitir a dicha oligarquía esclavizarnos más en todos los sentidos y arrebatarnos los pocos derechos que nuestros abuelos nos legaron a fuerza de dejarse la sangre y el sudor por las calles, las cunetas y los campos. Se trata de un episodio más de la lucha de clases, del asalto al poder total, a la dictadura absoluta, de un reducido grupo de magnates en perjuicio de la inmensa mayoría del pueblo, de aplicar a Europa las mismas políticas que han venido aplicándose al tercer mundo (y por cuya causa se convirtió en el tercer mundo) desde el final de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, y esto es algo que a muchos les cuesta entender, estamos viviendo no solo un encubierto golpe de estado a nivel mundial sino un verdadero episodio de guerra de cuarta generación en la que los contendientes son la oligarquía mundial (que la ha iniciado) y el resto de la población (que en la inmensa mayoría de los casos sigue ignorando que, de hecho, se encuentra envuelta en una guerra subrepticia de la que es a la vez contendiente y por la propia ignorancia de este hecho, víctima constante).

Todo obedece a una estrategia acordada (por cierto: públicamente, no nos movemos en el campo de las conspiranoias) por la Organización Mundial del Comercio en 1994, apenas tres años después de la caída de la Unión Soviética, para hacerse con los servicios públicos y pasarlos al sector privado permitiendo enriquecerse todavía más a los oligarcas de siempre y desprotegiendo a los ciudadanos privados de derechos adquiridos y que no estamos sabiendo defender. Por supuesto llevar adelante dicha política no resultaba sencillo y tuvieron que seguir pasos, al principio cortos y escondidos, luego cada vez más agigantados y ahora, que están ganando la partida, ya definitivos y sin ningún rebozo. Sería largo explicar todo el proceso seguido desde 1994 y no es este ni el lugar ni el momento adecuado para hacerlo. Baste, pues, con apuntar el hecho y advertir que nada de lo que sucede es casual. Todo busca un mismo fin, como resulta evidente puesto que pase lo que pase el resultado es siempre el mismo y pagamos siempre los mismos y, si protestamos, somos reprimidos siempre los mismos.

Nada, y mucho menos desde el estallido de la crisis en 2008, es casual. El orden mundial impuesto desde instituciones internacionales que generan una ficción de legalidad que todos debemos acatar sin haber tenido voz ni voto en su implementación y en cuyo favor han cedido soberanía los estados democráticos, perdiendo de ese modo su condición de estados democráticos al servicio del pueblo (de hecho los estados, bajo los actuales regímenes liberal-capitalistas, son apenas otra cosa que sucursales de la gran oligarquía mundial sin otras funciones que las de reprimir al pueblo cuando este se levanta en defensa de la democracia, de la soberanía nacional y de la justicia social) está actuando deliberadamente contra los ciudadanos, es poco más que una mafia infecta a la que pertenecen los propios mandatarios nacionales (espléndidamente remunerados en lo privado por sus traiciones al pueblo) con la intención de poner todos los triunfos y todos los servicios públicos en manos de una minoría de ricos sin escrúpulos. Y están actuando coordinada y deliberadamente para llevarnos a nuestra perdición.

Precisamente en estos días hemos tenido una concatenación de declaraciones que anuncian nuevos ataques contra nuestra libertad, nuestros derechos, nuestros servicios públicos y nuestro bolsillo.

Por ejemplo, Christine Lagarde, la actual directora del FMI, la misma que después de aconsejar austeridad a los estados se subió el sueldo, un sueldo que pagamos entre todos, ha hablado otra vez de la necesidad imperiosa "de fomentar el ahorro estatal" y de "recapitalizar los bancos europeos"...es una música conocida ¿verdad?, la misma melodía de 2009: reflotar la banca privada con dinero público, de todos, a costa de privatizar servicios públicos que pasarán a ser negocios privados para unos pocos a costa de la mayoría del pueblo. Paralelamente el Banco Mundial (otro infecto subproducto de Bretton Woods) ha pedido a los líderes europeos "decisiones adecuadas"...ya sabemos cuales, de qué tipo a quien beneficiarán y a quien perjudicarán...

Por su parte el Consejo para el Futuro de Europa, integrado por conspicuos traidores al pueblo como Felipe González o Jacques Delors que llevan treinta o más años haciendo política al dictado del gran capital, se descuelga pidiendo "más integración europea", es decir: más pérdida de soberanía nacional, menos democracia para que el pueblo cada vez tenga menos capacidad de decisión sobre su propio destino.

Y mientras tanto, aquí, en España, los partidos del régimen vigente, los partidos turnistas al servicio de los intereses de la oligarquía y del gran capital y, por lo tanto, enemigos del pueblo, reforman apresurada e ilegítimamente la constitución para introducir en su enunciado un principio político en absoluto neutral cuya finalidad no es otra que la de permitir y favorecer la privatización de los escasos servicios públicos y de sancionar un modo de hacer las cosas acreditadamente nocivo para el conjunto del pueblo y que tan solo beneficia a los oligarcas de siempre.

Eso sí, uno de los candidatos turnistas habla demagógicamente de subir los impuestos a los ricos cuando ha venido perteneciendo a un gobierno que durante dos legislaturas ha tendido a echar la carga impositiva sobre los hombros del proletariado (un parado paga impuestos por cobrar el paro mientras que un ultramillonario no paga nada por serlo) y el otro habla de ayudar a los "emprendedores" cuando sabemos que la idea del emprendedor es una simple estafa, un espejismo conveniente para el régimen. La inmensa mayoría de los nuevos negocios en España mueren ahogados antes del año por los intereses de los préstamos recibidos de la banca privada y por los impuestos del estado. Fomentar la cantidad de emprendedores es dinamizar esa forma de estafa: los bancos y el estado ganarán más a costa de ciudadanos estafados por sus propias instituciones. Pero aun cuando esto no fuera así el hecho es que todas las políticas del régimen van encaminadas a favorecer a las grandes multinacionales, lo que de facto imposibilita la capacidad de negocio para el mediano y pequeño empresario.

Nos han corrido la mano y nos la están volviendo a correr. Y nosotros entramos al trapo sin percatarnos de que nuestro fin es acabar descabellados y arrastrados por las mulillas. Dentro de la plaza el toro no tiene escapatoria. Su única opción es no aceptar el juego amañado de la corrida donde todo está preparado para que gane el torero.

Bien, nosotros, el pueblo, somos el toro en esta corrida y mientras aceptemos las reglas de juego establecidas por nuestros verdugos, solo conseguiremos perder. Ergo, hay que cambiarlas: derribar el régimen y recuperar la soberanía nacional y la idea del bien común frente al beneficio de los oligarcas. Es decir: establecer una verdadera democracia.

 NOTA.- La fotografía es de Ferrán Nogués.

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GADAFI, LIBIA Y DOS CERTEZAS INQUIETANTES.

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Los medios de comunicación nos venden ahora la casi segura derrota del régimen de Gadafi como el fin de una dictadura (no dicen que seguramente es el principio de otra) y como un triunfo de la democracia (de su democracia, que no es precisamente democrática).

Al hilo de ese triunfalismo del imperialismo occidental, que siempre es temible y sospechoso porque siempre se construye sobre la sangre y el sufrimiento de millones de seres humanos para el beneficio de una exigua minoría de superricos que manejan el cotarro, y tras meditar en el crepúsculo tibiamente gris de este amanecer de agosto, me han quedado en el corazón dos certezas inquietantes.

La primera, que me acompaña desde la primavera, es que no hemos asistido a una revolución espontánea y que, desde luego, la intervención de la OTAN no ha estado orientada a defender a la población civil de un dictador al que se había apoyado hasta hace apenas unos meses. El verdadero sentido de todo lo sucedido es muy diferente. A saber: el año pasado Gadafi amenazó con nacionalizar el petróleo, las multinacionales que se benefician de ese negocio en Libia se pusieron nerviosas, recurrieron a los títeres corruptos que manejan en los gobiernos, estos pusieron en marcha su maquinaria de guerra sucia y al cabo de unos meses de sangre, sufrimiento y guerra, el petróleo volverá a manos de las multinacionales que lo manejaban sin que el nuevo régimen surgido del conflicto, sea cual sea, incluso si Gadafi fuera sucedido por el propio Gadafi, ose si quiera pensar en nacionalizarlo. Pura, simple y llana política del imperialismo capitalista. Una ecuación perfecta de explotación, intervencionismo, sufrimiento ajeno y beneficio de los de siempre. Un ejemplo de libro del mundo corrompido en el que vivimos.

La segunda certeza es todavía más inquietante, aterradora incluso, pero no menos evidente. Y es que dentro de ese círculo de hierro que representa el liberal capitalismo imperante si cualquier pueblo europeo saliese a la calle para exigir verdadera democracia y el fin del ilegítimo predominio de unas élites corruptas constituidas en mafias destinadas a saquear el bien común utilizando un estado parasitado para ello y, si como es siempre legítimo contra la tiranía de cualquier tipo, este pueblo, como se ha alabado al libio, recurriese al uso de las armas para deshacerse de los aparatos de represión habilitados por el estado para mantener el beneficio y las políticas de latrocinio organizado de la oligarquía, la OTAN no vendría en ayuda de ese pueblo sin petróleo como ha hecho con los sublevados libios. La OTAN se dedicaría a bombardear a los sublevados y a organizar su detención, tortura y desaparición... no olvidemos que esa gente es responsable de salvajadas como la Operación Cóndor y que todavía mantiene cárceles secretas a lo largo y ancho del mundo. No olvidemos tampoco que ya la CIA, con el beneplácito de la Comisión Europea, amenazó a Grecia y otros países de la eurozona con dictaduras militares si sus poblaciones no aceptaban sumisamente las imposiciones de la mafia internacional capitalista al hilo de lo cual en España la ministra de defensa sacó, subrepticiamente, y amaparándose en la supuesta posibilidad de un gran atentado de ETA, un real decreto que permite al ejército patrullar las calles, detener civiles y ejercer labores policiales en ciudades y pueblos de nuestro país...es decir: establecer una preocupante ley marcial si las protestas ciudadanas desbordan a la policía. Y eso en un marco como el recientemente vivido en Madrid, con la legión desfilando en los actos papales con los asistentes levantando la mano e invocando a Franco y a Cristo Rey no deja de ser una perspectiva muy, pero que muy preocupante.

En otras palabras: que podemos tener la certeza de que la mafia internacional capitalista está dispuesta a imponer su estafa sobre el pueblo, a privatizarlo todo, a arrebatarnos derechos fundamentales y convertirnos en esclavos aunque para ello deban recurrir, como siempre han hecho, a la dictadura, la sangre, las torturas, las desapariciones y la fuerza bruta. El salvajismo de la policía en Madrid contra los disidentes del régimen, los ciudadanos que se limitaban a pedir una efectiva separación entre la iglesia y el estado, el fin del nacional catolicismo franquista que todavía padecemos y que caracteriza al régimen de 1978 es tan solo un pequeño aperitivo de lo que se nos viene encima.

Y, sin embargo, tenemos que luchar.

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LOS POLÍTICOS Y LA HIPOCRESÍA.

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Vivimos en una sociedad puritana donde el peso de la estúpida moral impuesta por la superstición semita es todavía inmenso, excesivo. Eso hace que con cierta frecuencia los políticos choquen con ese escollo que a menudo tratan de imponer a la sociedad quedando en evidencia frente a los ciudadanos. Cuando se trata de ideología, de incumplir promesas electorales, de vender el país a intereses de la mafia internacional capitalista, de meterse hasta las cejas en la corrupción una mano lava la otra y, por lo general, esos oportunistas de la partitocracia vigente quedan a cubierto de miradas indiscretas y pueden seguir fingiéndose honrados y sacar pecho como "gloriosos y sacrosantos representantes del pueblo y la democracia"...cuando chocan con el puritanismo que protegen y defienden la cosa ya es muy distinta. Aquí, y en todas partes, sigue mandando el sector más recalcitrante de las sectas semitas dominantes, los talibanes de todo pelaje (católicos, luteranos, evangelistas, judíos, musulmanes...) camuflados de personas modernas con sus trajes y sus corbatas y rigiendo la enfermiza moralidad heredada de los incultos cabreros del desierto, siempre periféricos de cualquier civilización, que constituye la ideología básica de estas despreciables sectas. Por eso cuando uno de estos politicastros de tres al cuarto, arribistas inmorales que son propios de la partitocracia liberal capitalista, choca con ese iceberg impropio de la democracia, la civilización  y el progreso que representa dicha moralidad arcaizante, se hunden con todo el equipo y quedan expuestos en toda su falta de ética y toda su ladina hipocresía ante la ciudadanía.

Este año hemos tenido unos cuantos de estos interesantes episodios.

Hace apenas unos pocos días un importante político de la democracia cristiana alemana ha tenido que dimitir y ha visto arruinada su carrera política al descubrirse que sostenía un romance con una chica de dieciseis años. Cosa legal, por otra parte, pero impropia de la provinciana moralidad impuesta por esa atrasada y perjudicial ideología que es la democracia cristiana. Entendámonos: yo no veo mal ese romance, soy pagano y no creo ni en el pecado ni en las restricciones del amor y el sexo puesto que no considero malignos ni el placer ni el sentimiento. No condeno en absoluto esa relación pero sí censuro que la lleve a cabo un tipo que en su programa electoral defiende, entre otras cosas, la imposición de la moral semita al conjunto de la sociedad. Que trata de prohibir a otros lo que él hace y de criminalizarlos ya no solo por hacerlo sino por defender la posibilidad de hacerlo. Pasa lo mismo con tantos y tantos beatos de la política norteamericana, feroces defensores de la familia tradicional y perseguidores acérrimos de la prostitución y la pornografía que acaban siendo sorprendidos en tratos con putas.

O, en otro orden de cosas, con esa concejala de un partido racista catalán que ha tenido que dimitir cuando sus correligionarios han descubierto que estaba liada con un negro y, encima, ha tenido el descaro de decir que el partido en cuestión estaba lleno de nazis...¿es que no había leído su programa, escuchado los discursos de sus candidatos?...pero, claro, hay que alcanzar una silla al precio que sea.

Estos ridículos y pequeños escándalos que nos depara el hecho incontrobertible de que la sociedad occidental sigue dominada por el talibanismo semita son inmensamente interesantes como sujetos de estudio. Sobre todo porque nos permiten percatarnos de un hecho que, como hemos dicho, queda oscurecido en otros ámbitos del desempeño político. Concretamente de la hipocresía de la inmensa mayoría de quienes se dedican a la política en la corrupta partitocracia liberal capitalista. Gente capaz de hablar incluso en contra de su propia naturaleza, de sus propios actos, con tal de medrar y alcanzar poder y posibilidades de enriquecerse fraudulentamente a la par que disfrutan de privilegios y prebendas.

Esa es la verdadera naturaleza de nuestros políticos y de nuestro sistema "democrático" y así nos luce el pelo.

Por desgracia solo en muy contados casos, y casi siempre por asuntos intrascendentes (como con quien se acuestan), esa hipocresía constitutiva de los arribistas escondidos en las siglas del turnismo parlamentario se pone de manifiesto.

Pero conviene que la tengamos muy en cuenta, porque el sistema hace aguas y no podemos seguir tolerando que las cosas sigan como siempre.

NOTA.- La fotografía es de Setephan Maloman.

 

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INSTANTÁNEAS DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL. 2

INGLATERRA.- Arde Londres por los cuatro costados en medio del vandalismo y los saqueos y las autoridades inglesas, ayunas de otros horizontes políticos, sociales e intelectuales que los dogmáticamente establecidos por el totalitarismo neoliberal que profesan y que a estas alturas ya no cabe duda de que se trata de un sectarismo irracional ciego y sordo a cualquier contacto con la realidad, la vergüenza y la sesatez, solo atinan a responder con la amenaza y la represión y a preguntarse, en cierta medida estúpidamente, pero sobre todo con inmensa hipocresía, de donde han salido esos vándalos juveniles que han puesto patas arriba el idílico decorado de sus depredaciones especulativas y de sus abusos explotadores.

Voluntariamente cegados por la falsa propaganda según la cual el capitalismo crea riqueza y los mercados lo arreglan todo. Tan acostumbrados desde los años veinte y treinta a repetir esa mentira (que han acabado creyendo) y que se complementa con otra no menos evidente cual es que la responsabilidad y solidaridad social generan pobreza, no quieren ver la raíz de lo que les está sucediendo y que no es nuevo. En realidad se trata de la reedición de fenómenos ya vistos en el pasado, concretamente en los primeros años ochenta cuando las políticas salvajemente neoliberales de Margaret Tatcher empezaron a dejarse sentir de verdad sobre las clases marginales inglesas llevando a la desesperación a millores de personas abandonadas a su suerte, convertidas en simples despojos pisoteados por las botas de hierro del fascismo represivo que caracteriza a los estados de la partitocracia capitalista y víctima de los abusos y el cinismo del sistema, que solo tiene rostro humano para los acaudalados y favorecidos por la fortuna pero se comporta como un monstruo cruel, sanguinario y con instintos sádicamente psicopáticos contra los más o menos perjudicados y excluidos cuyo número crece a medida que la riqueza y el poder se van concentrando cada vez en menos manos. 

Los estados liberal capitalistas están demasiado acostumbrados a fomentar y habitar en los prejuicios de una clase media burguesa por lo demás cada vez más proletarizada a pesar de su estúpida y culpable sumisión a los intereses de las oligarquías occidentales durante décadas. En esa tergiversada interpretación de la realidad un pobre, un excluido, es siempre un sospechoso, alguien de quien huir si te lo encuentras en un callejón poco transitado y de quien aprovecharse si la necesidad que padece le pone en tus manos. Y mucho más, no vamos a ocultarlo, si el color de su piel o su origen étnico no es el adecuado. Para los beneficiados por el sistema, para los cada vez menos que están en la cima de la pirámide, los que se encuentran en la base son sospechosos habituales, gente a la que despreciar, menos que eso: gentuza. Y en eso han convertido a millones de seres humanos a los que han despojado de su dignidad, de su futuro, de sus sueños, a los que han condenado a la barbarie y el hacinamiento, a vivir una suerte de apartheid no escrito pero que funciona de hecho cada día, cada minuto, en cada calle, cada vez que van a buscar trabajo o se mueven por el centro de las ciudades.

¿Cual es el origen de los disturbios de Londres y otras ciudades inglesas?...No es difícil averiguarlo: casi cuarenta años de neoliberalismo salvaje. De servicios sociales privatizados, de falta de compromiso educativo público, de capitalismo puro y duro. Lo decíamos ya al tratar sobre la matanza de Utoya. Aquello era la verdadera cara del capitalismo, de los regímenes partitocráticos liberales. Pues bien, esto también. Nada de esto hubiera sucedido con políticas sociales adecuadas, con el impedimento de la especulación, la explotación y la concentración de la riqueza y el poder en unas pocas manos, con unos servicios públicos cumpliendo decididamente con su labor...es una prueba más de que el neoliberalismo, de que el capitalismo partitocrático, sencillamente no funciona. Es un error. Un totalitarismo dogmático completamente incompatible con el progreso social y moral de los pueblos. Un sectarismo bárbaro que debemos derribar porque no ofrece respuestas útiles a los problemas que padecemos y que él mismo ha generado.

CHILE.- Hay un cierto patrioterismo en los países hispanoamericanos que a sus propios habitantes les convendría ir revisando. Esas gloriosas gestas de los Libertadores contra el opresivo dominio español, esa retórica triunfalista y dogmática no hace otra cosa que esconder realidades históricas escasamente positivas que todavía pesan sobre los pueblos de la América hispana condicionando negativamente el desarrollo de sus pueblos. Lo cierto es que las guerras de independencia en los antiguos virreinatos españoles no fueron otra cosa que revoluciones de ideología liberal destinadas a la conquista del poder por las oligarquías locales. Sirvieron para poco más que para erigir dichas oligarquías en el centro del poder político y económico, imponer el desarrollo, siempre nocivo, de los modos y maneras de la ideología liberal capitalista y cambiar del dominio español por la tutela del imperialismo inglés primero y estadounidense después. Imperialismos que permitían el enriquecimiento desmedido de esas oligarquías locales al tiempo que se ahondaban las diferencias sociales y se condenaba a la mayoría de la población a un ostracismo perpetuo que en muchos casos todavía padece.

Más tarde, en el siglo XX, siempre que esas oligarquías y sus patrones colonialistas de Wanshington, vieron peligrar sus indebidos privilegios, actuaron del mismo modo, del único que sabe el capitalismo liberal partitocrático: con la violencia y la represión.

Fue así, por la violencia y la barbarie, como los países de la América hispana, que podrían haber llegado a ser potencias económicas y políticas de primer orden en caso de haberse desarrollado equilibradamente y con el imperativo de la verdadera democracia y la justicia social, acabaron abismadas en el dominio colonial anglosajón y sangradas por unas medidas, las del neoliberalismo, que saquearon los estados y sumieron en la miseria a millones de ciudadanos desposeidos de todo, incluso de sus derechos más irrenunciables, a manos de sangrientas dictaduras militares destinadas a proteger los intereses de esas oligarquías inoperantes, parasitarias, atrasadas y vendepatrias que tomaron el poder con las gloriosas gestas de los Libertadores que pertenecían a esas mismas clases oligarquías, buscaban ese predominio tiránico (no otra cosa fueron las independencias americanas) y cuyas figuras deben ser redimensionadas si es que el continente pretende efectivamente avanzar hacia el progreso social, económico y político.

Chile no fue una excepción a ese proceso. Todo lo contrario, sufrió la traición y la crueldad de su oligarquía, vendida a los intereses estadounidenses para preservar los indebidos privilegios conseguidos con su revuelta contra España y seguir manteniendo a su pueblo en la sujección y la miseria. No otra cosa significó el golpe de 1973 y la sanguinaria y bárbara dictadura posterior del general Pinochet adherido, no lo olvidemos ni por un momento, desde el principio a la genocida Operación Cóndor de captura, tortura y exterminio de ciudadanos honrados, partidarios de la igualdad, la libertad, la verdadera independencia del país y la justicia social, que implementó la CIA.

La consecuencia inmediata de semejante desafuero fue sumir la economía del país en la más feroz lógica del dogmatismo totalitario neoliberal. Y a día de hoy los ciudadanos chilenos siguen pagando los inmensos errores y terribles consecuencias de tamaña y estúpida ignonimia.

No puede extrañarnos por tanto ver a cientos de miles de estudiantes protestando en las calles contra un sistema educativo, el mismo que el Plan Bolonia pretende imponer en Europa, modelado por el dogmatismo neoliberal y que muestra todas las limitaciones, errores e injusticias que esta doctrina inviable y absurda carga sobre los ciudadanos cuando los políticos vendidos al capital insisten en aplicarla para enriquecer a los que ya son ricos a costa de la mayoría de la población y de vacíar de significado al estado dejando convertido en una simple herramienta de estafa y represión al pueblo (que es exactamente lo que está sucediendo estos días en Europa).

ESTADOS UNIDOS.- El evangelismo es una enfermedad mental, una forma de lavado de cerebro que abisma a sus víctimas en el fanatismo más exacerbado aislándolas de la realidad y llevándolas, allí donde son mayoría o pueden hacerse influyentes, a imponer sus apriorismos y prejuicios sobre la sociedad mediante la fuerza y la represión. Es la rama más radical y despreciable del ya de por sí radical y despreciable calvinismo y, como tal, un eructo medieval de la atrasada burguesía centroeuropea que ha llegado hasta nuestros días a través del provinciano fanatismo de los Estados Unidos. Es una de las bases ideológicas del capitalismo liberal que, como el propio sectarismo evangélico, funciona imponiendo sus apriorismos, y los intereses de sus dirigentes, sobre la realidad al precio que sea. Generalmente mediante la violencia, la represión y la propaganda mendaz convirtiendo al estado en instrumento inquisitorial al servicio de la ideología religiosa y política de estos enfermos radicales que son poco más que células cancerígenas en el tejido de una humanidad enferma que solo recuperará la salud librándose de los nódulos que generan la enfermedad.

La Revolución Conservadora que arrancó en Estados Unidos en 1977 y que ha impuesto desde entonces sus viciados puntos de vista, su nociva y absurda forma de hacer las cosas sobre el mundo, fue, básicamente, una revuelta evangélica que está alcanzando su paroxismo con el Tea Party.

Los miembros de esa corriente ultraderechista norteamericana son tan fundamentalistas, están tan cegados por su autosuficiencia dogmática, tan alejados de la sensatez, la razón y la realidad que amenazan con destruir el propio imperio que pretenden defender. Se ha demostrado hace unas semanas con su actuación en relación con la amenaza de suspensión de pagos de Wahington. Sí, ciertamente el Tea Party es tanto una gran esperanza para el mundo como un ejemplo inmejorable de la enfermedad sectaria que lo atenaza y que debemos atajar a la mayor brevedad para no vernos arrastrados por el hundimiento de un sistema sencillamente estúpido e inviable.

Tenemos que generar realidades nuevas partiendo de la realidad objetiva y mediante la razón. Cualquier político que, como ahora sucede, se limite a seguir la corriente de los acontecimientos impuestos desde la central del imperio es simplemente un imbécil, un incompetente y un traidor. Como resulta obvio que no hacen otra cosa, es evidente que las nuevas realidades deben llegar desde fuera del sistema. La revolución ya no solo es un imperativo moral, es una necesidad perentoria de la humanidad.

ESPAÑA.- Y, mientras tanto, aquí los problemas generados por el sempiterno nacionalcatolicismo, por el enquistado franquismo sociológico, se mezclan con los importados a causa de la sumisión de esa oligarquía filofascista al imperialismo anglosajón y su imposición de unos modos de hacer que no son otra cosa que un golpe de estado encubierto para imponer la estafa y el robo en beneficio de los muy ricos a costa del bien común de la ciudadanía.

Estamos asistiendo al modo en que esos cabrones que presumen de sacrosantos representantes del pueblo y no son otra cosa que prevaricadores y traidores, blindan su ya de por sí blindada posición institucional con reformas electorales que tan solo pretenden impedir la participación en las elecciones de nuevos partidos o de partidos actualmente sin representación parlamentaria para asegurarse así la integridad del pastel electoral. El régimen de 1978 dista mucho de ser una democracia, es tan solo una partitocracia turnista con todos los vicios y desviaciones de su modelo directo, la establecida por Cánovas del Castillo en 1876, y ya ni siquiera se molestan en ocultarlo.

Eso sí, cuando el pueblo les exige explicaciones y acude a las puertas de los edificios que albergan instituciones que son del pueblo, no de los partidos ni de los diputados, saltan enseguida a la palestra gritando que son, y cito textualmente, lugares sagrados que albergan la soberanía nacional de la que ellos, y cito de nuevo, son sagrados representantes. Hace apenas un mes a toda esa panda de desvergonzados con corbata a sueldo del gran capital que manejan nuestros asuntos en detrimento nuestro se les llenaba la boca en las radios y las televisiones con esas expresiones grandilocuentes cuando el pueblo apenas hizo ademán de acampar ante las puertas del parlamento nacional para exigir algo que, en democracia, cae por su propio peso y que no sucede en nuestro país desde hace al menos treinta años: que el parlamento y los gobiernos se dediquen a resolver los problemas del pueblo y no a favorecer intereses privados y, a menudo, extranjeros. O cuando en Barcelona, en medio de unas sesiones ignominiosas e indecentes constitutivas de alta traición al pueblo (y que algún día los responsables de las medidas tomadas deberán pagar con la máxima dureza) unos ciudadanos justamente indignados expresaron con más energía esa verdad irrenunciable que no me cansaré de repetir: la soberanía reside en el pueblo y cuando las instituciones y gobiernos dejan de representar y cubrir los intereses de este para venderse a la prevaricación, el cohecho y la traición prostituyéndose con poderes económicos ajenos al pueblo, dichas instituciones y gobiernos pierden su legitimidad, devienen tiránicos y deben ser derribados por que, de facto, la soberanía regresa al pueblo y se abre un periodo constituyente.

A esos prevaricadores, a esos traidores al pueblo se les llenaba la boca,decía, con su supuesta sacralidad democrática y pidiendo mano dura contra unos "sediciosos" que solamente trataban de conseguir el restablecimiento de la democracia y la decencia en una institución prostituida por sus integrantes.

Hoy ya estamos viendo las primeras consecuencias de aquellas reuniones sacrosantas de traidores y corruptos: los servicios sanitarios catalanes diezmados, a pique de ser privatizados y entregados a empresas amigas de los mismos que han desprotegido al pueblo para beneficiar a los especuladores de siempre. Las ayudas retiradas, la educación pública restringida al máximo...y todo un programa de contratación de antidisturbios y medios de represión para acallar con el peso de leyes injustas y de violencia policial la justa indignación del pueblo. Esa es la sacrosanta política "democrática" de esos hijos de puta que han asaltado el poder para robar al pueblo y enriquecerse a costa de todos. Esa es su democracia. Luego se extrañarán si la próxima vez en lugar de protestar en la calle el pueblo asalta los prostíbulos que llaman parlamentos, los ocupan y a ellos les dan su merecido en un acto de democracia directa y participativa algo expeditivo.

Y lo peor es que Cataluña es solo el primer paso. La oligarquía está dando un golpe de estado encubierto bajo la capa de las instituciones y las elecciones amañadas y utiliza para ello, lleva años haciéndolo, a los políticos que no sirven al pueblo sino a sus amos. Tarde o temprano habrá que restituir el orden y el primer paso es dejar de obedecer y de creer. No nos representan porque han elegido no hacerlo, porque se han vendido al mejor postor, porque son traidores. Su retórica propagandística ha dejado de tener valor. Y si no nos representan, si nos han traicionado, tampoco pueden mandarnos, sus leyes tampoco tienen valor. A partir de ahora valen lo que valgan sus medios represivos. El régimen está llegando a un callejón sin salida. Podrán sostenerse a flote mediante la represión, como tantas otras veces, pero ningún régimen sobrevive arrinconado, aislado de la sociedad que lo sustenta.

Y mientras tanto en Madrid estamos asistiendo a una carnavalada indigna, vergonzante en la que se está pagando con dinero público y mediante la financiación de empresas públicas indebida (y delictivamente) privatizadas durante el gobierno de Aznar un acto megalómano de propaganda sectaria de la minoría más radical y poderosa del catolicismo. Ese pequeño grupúsculo fascista que domina no solo la iglesia española y mundial sino que es la naturaleza misma de la oligarquía corrupta que nos expolia. Un acto propagandístico dirigido directamente contra la parte sana del pueblo español, la misma que se dedicaron a masacrar en su golpe de 1936. Y todo ello con la proteccíón y el apoyo de las instituciones públicas dedicadas impenitentemente a sofocar y reprimir cualquier muestra de disidencia frente al predominio de semejante y nocivo grupo sectario.

Así vivimos. Así nos arrastramos en el fango canovista de un régimen corrupto.

Luego, si el pueblo se lanza a quemar los parlamentos, los ayuntamientos, las casas de los políticos, de los poderosos y las iglesias se mesarán de los cabellos y llamarán al ejército para que imponga de nuevo la paz de las sepulturas. Son como fueron, no han cambiado.

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UTOYA Y LA SUPUESTA DEMOCRACIA LIBERAL.

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Ante un suceso despreciable y cruel como la matanza de la isla de Utoya y el previo atentado en Oslo todos nos horrorizamos y nos indignamos dando por hecho que no hay nada en común entre nosotros y el monstruo capaz de cometer semejantes hechos. Y muy posiblemente es así. Siempre hubo algo que diferenció a los psicópatas de las personas normales.

Sin embargo la cosa resulta completamente distinta si nos referimos a las instituciones de la supuesta democracia liberal y sus gestores, los políticos.  

En estos días, no podía ser de otro modo, hemos asistido a todo un rosario de hípócritas condenas escandalizadas y a un juego de propaganda perversa que trata de poner distancia entre el carnicero de Utoya y las instituciones de la partitocracia liberal capitalista. El propio primer ministro noruego compereció para anteponer el sistema vigente a las actuaciones del asesino fascista cuyo nombre no estoy dispuesto a escribir.

En principio, y conmocionados por los hechos atroces y  la inconsciente identificación en un "nosotros" antagónico de la acción reprobada, todos nos hemos identificado con esa declaración. Pero no podemos quedarnos ahí, en la superficie. Es preciso profundizar, analizar los hechos para darnos cuenta del terreno que pisamos.

Nos gusta pensar, y los propagandistas del sistema hacen todo lo posible para que pensemos así, que sucesos como el de Utoya son puntuales, ajenos al sistema y opuestos a él. Pero es mentira. Por desgracia son una consecuencia lógica del mismo, patente demostración de su incapacidad como motor de modernización y democratización y prueba irrefutable de que la partitocracia liberal capitalista es cosa del pasado y debe ser arrumbada al olvido para conseguir nuevas y mejores formas de democracia que en modo alguno pueden estar manchadas por los usos, costumbres e ideologías del liberalismo protestante. No olvidemos nunca que el mundo liberal no es propiamente una democracia moderna sino la puesta en práctica de las ambiciones ideológicas y crematísticas de la más oscurantista burguesía de los siglos XVI, XVII y XVIII y que en el fondo es solo un efecto de la reforma protestante y, por lo tanto, parte inextricable del rechazo a la civilización, la libertad y el progreso que esta significó.

No debemos pasar por alto el hecho de que fue precisamente en un ambiente de partitocracia liberal donde nacieron y crecieron todos los movimientos fascistas de la historia. Que Hitler, sin ir más lejos, alcanzó el poder en las urnas. Que Mussolini se bregó en un sistema de turnismo parlamentario del que solo supuso un paréntesis de excepción entre dos periodos parlamentarios (el monárquico y el de la república democrata-cristiana) y que en los tres periodos el poder social, económico y político permaneció en manos de la misma oligarquía. Que el ideario franquista es la herencia directa del turnismo canovista que reeditó la constitución de 1978 y que se articula en el turno entre un partido de derecha (el PSOE) y otro de extrema derecha (el PP)...

En ese sentido el surgimiento de elementos perturbados como el que perpetró la matanza de Utoya y el hecho evidente del ascenso constante de partidos y políticas afines al fascismo no son una excepción dentro de la partitocracia liberal capitalista sino una consecuencia inevitable de la propia dinámica de su ideología subyacente y de los intereses de los únicos beneficiados por el sistema: las oligarquías especuladoras, explotadoras, insolidarias y antipatrióticas que asumen una careta de laxa tolerancia cuando nada amenaza sus sucios manejos y cuestionables intereses y se descubren como los radicales fascistoides que son  en cuanto las circunstancias tienden a desenmascararlos. En ese sentido los ultraderechistas, que proceden no solo de la ignorancia sino de una educación determinada ( los colegios religiosos y la influencia de sus credos en la educación general son culpables de máximo rango y cómplices orgullosos de la corrupción de la mentalidad infantil y juvenil dentro de esquemas totalitarios y antirracionales), son apenas otra cosa que tontos útiles al servicio de los intereses oligárquicos que, paradójicamente, también a ellos les perjudican.

La verdadera democracia debe caracterizarse por un posicionamiento positivo hacia la democratización de la sociedad. No puede ser neutral ni permitir el desarrollo en su seno de bolsas ideológicas refractarias a la noción democrática.

Así las cosas el primer paso para una verdadera democracia es la democratización social. La existencia de las oligarquías es incompatible con la democracia de modo que estas deben ser destruidas y la economía organizada de modo que la prosperidad sea generalizada y no asimétrica. Unos pocos no pueden acaparar la mayor parte de la riqueza en detrimento de la mayoría dentro de un esquema verdaderamente democrático. Y tampoco pueden acaparar el poder y las influencias. la democracia verdadera es esencialmente una democracia social e igualitaria. Un sistema político que no impone como prioridad esa meta ni es ni será nunca una verdadera democracia. Menos aún si estimula y permite precisamente las acciones contrarias.

En segundo lugar una verdadera democracia debe asegurarse de que la cultura y la educación sean verdaderamente democráticas y ello excluye de raíz la tolerancia con la proliferación, propaganda y presencia de sectas irracionales, totalitarias y basadas en mitos absurdos y supersticiones nocivas como son todas y cada una de las sectas semitas (cristianas, judías o musulmanas). Si nos percatamos bien, detrás de todo radical violento, de toda ley injusta o absurda, de todo retroceso social, ético, cultural y civilizatorio se encuentran siempre una o varias de estas sectas. Por lo tanto la tan cacareadas libertades de enseñanza y de religión del liberalismo capitalista deben estar sometidas, si deseamos el establecimiento de una verdadera democracia y evitar que surjan talibanes de uno u otro signo (me da lo mismo que lleven turbante y barba, uniforme color garbanzo, traje y corbata o alzacuellos), a un severo control. La democracia no puede permitir, si es verdadera, la corrupción de las mentalidades por parte de superticiones totalitarias contrarias a la democracia y el progreso humano ni el aleccionamiento de sus ciudadanos por parte de sectas destructivas que, evolutivamente, representan un síntoma de retroceso.

Los asesinatos de Utoya no hubieran existido sin la base doctrinal del cristianismo que todavía imprecta los regímenes liberales capitalistas y sin el excesivo poder de unas oligarquías determinadas a seguir explotando y robando a sus conciudadanos al precio que sea. La matanza de Utoya, nos guste o no, es el verdadero rostro de la partitocracia liberal capitalista.

Y si no nos gusta esa cara, obviamente no tenemos otro remedio que cambiarla.

A estas alturas la revolución es una obligación moral de toda persona decente.

NOTA.- La fotografía es de Kim Marius Flagstad y representa un paisaje noruego.

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¿POLÍTICOS O PAYASOS? (EL SENADOR Y LA PUTA)

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Estoy empezando a creer que nuestros gobernantes sí se preocupan seriamente por nosotros y, para aliviar las tensiones y fatigas generadas por la persistente crisis provocada y mantenida por esta insostenible estafa piramidal que han dado en llamar democracia y tanto dista de serlo, se han preocupado de preparar performances con artistas del humor disfrazados de políticos con sus sacras posaderas de supuestos representantes del pueblo bien acomodadas en esos panteones de la libertad que ellos llaman templos de la democracia y son poco más que prostíbulos donde malbaratar el futuro del pueblo. Y hay que reconocer que estos payasos a veces consiguen actuaciones de traca que conducen indefectiblemente a la carcajada.

Es más: reconozco que uno de ellos, haciéndose pasar por senador del PSOE (que no socialista), me ha deparado uno de esos momentos inacabables de risa floja que sin duda se reeditará a menudo en las próximas semanas. Un momento cómico que, sin embargo, y es lo triste del caso, representa muy a las claras la mentalidad de esos tipos que nos gobiernan y andan por ahí pavoneándose de su pedigrí democrático y su importancia social.

El caso es que, según he leído en la prensa, el tipo, cuyo nombre obviaré (ya es sobradamente conocido) se fue de copas y putas por esos andurriales de mal vivir que tanto frecuentan nuestros eximinos gobernantes aunque pretendan aparentar lo contrario.

 Llegado cierto momento de la noche, ya convenientemente surtido de alcohol del caro, el tipo pensó que era buen momento para solicitar los servicios de una prostituta. Hasta aquí nada fuera de lo normal. El chiste comienza ahora.

Resulta que el prócer, canario para más señas, decidió que los servicios de la señorita debían serle proporcionados gratuitamente. Intuyo que en virtud de su condición de sagrado representante del pueblo. Les debemos tanto a nuestros senadores y diputados que sin duda resulta ingrato y egoista cobrarles por hacerles un servicio, máxime de índole sexual. Pero ya se sabe que las putas, como los banqueros, nunca perdonan un pago. Y la que nos ocupa se negó en redondo a acostarse con el senador de balde.

¿Qué hizo este?...¿resignarse y pagar?...evidentemente, no. ¿Resignarse y aliviarse manualmente?...pues tampoco. Hizo algo mucho más lógico y sensato: ¡recurrir a la fuerza pública!

Es lógico, si lo pensamos. Todo un senador, un sagrado representante del pueblo, no puede comprender que una señorita de mala vida, una indocumentada perteneciente a un colectivo infraclase, sin reconocimiento social ni político alguno, al que por cierto no solo se le margina del estado (en una clara dejación de funciones sociales) sino al que se pretende perseguir en breve obedeciendo consignas del imperialismo neocon, ose negarse a acceder a sus caprichos. El egregio prócer no puede comprender que la gente que trabaja para comer se obstine en cobrar cuando realiza un trabajo. Ni lo comprende este ni tantos gestores municipales y autonómicos que han llevado empresas y familias enteras a la ruina a causa de su pertinaz morosidad (ya se que algunos se mosquearán porque los compare con una prostituta, pero la situación es la misma: se realiza un trabajo por un precio concertado y este debe abonarse en plazo y forma).

En fin que el senador borrachuzo y caradura resultó ser también lo que en mis tiempos escolares se denominaba (antes de proceder a la correspondiente tanda de collejas) un acusica. Salió del puticlub, se presentó en la comisaría más cercana y se chivó al agente que servía en la puerta.

Me lo imagino llegando con paso inseguro, el traje arrugado, la corbata aflojada, sudoroso, con olor a juerga y mala vida, y espetándole al uniformado:

-¡Señor, guardia, señor guardia! Hay ahí, en ese puticlub, una puta mala que no quiere hacérmelo gratis ¡A mí, que soy senador!...

También puedo imaginarme la cara del policía.

Sea como fuere este le informó de que no podía hacer nada. A pesar de la monarquía bananera en que han convertido España y de la befa constante hacia la constitución a la que unos y otros nos tienen acostumbrados, todavía no hemos llegado al extremo de que un policía nacional tenga que obligar a una prostituta a yacer con un representante del pueblo sin cobrar porque a este, en una noche de picos pardos, le de por ahí. Aunque si seguimos así, todo llegará.

Total, que el eximio senador, frustrado por la indiferencia del policía, no tuvo mejor idea que abofetearlo como si estuviéramos hablando de un gran duque y un cosaco en los tiempos del zar. Claro: acabó detenido.

Yo no sé vosotros, queridos lectores, pero yo me he reído bastante con esta historieta, por otro lado tan ilustrativa.

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OTRA VUELTA DE TUERCA

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La voracidad y desvergüenza de los que manejan la estafa masiva en que se ha convertido el actual orden mundial no tienen freno ni fin. Hace apenas una semana explicábamos en el artículo anterior el modo en que habían maniobrado para convertir a los antiguos estados soberanos en simples elementos de represión y propaganda contra sus propios pueblos y poníamos como ejemplo lo sucedido tanto en España como en Grecia.

Hoy podemos evidenciar una nueva vuelta de tuerca en esa marcha imparable hacia la total destrucción del estado y constatar de nuevo la imprescindible aparición de enérgicos movimientos populares (mucho más radicales y profundos que el del 15-M que corre el riesgo de desvanecerse en un simple conglomerado voluntarista de reformismo utópico bien intencionado pero escasamente peligroso para el Poder) que restablezcan el orden natural democrático derribando un orden mundial pensado para empobrecer a la mayoría en beneficio de una oligarquía dominante y sus redes clientelares y castigando con la máxima dureza a todos los responsables del actual estado de cosas, incluyendo a políticos, banqueros, especuladores y propagandistas diversos. El neoliberalismo debe ser destronado como ideología, abismado en la nada como inmoral totalitarismo fascistoide y olvidado de inmediato para abrir nuevos cauces al verdadero desarrollo humano y civilizatorio.

Mientras eso no se haga, cada día que pase, cada minuto en que los pueblos de Europa y del mundo no se lancen a las calles a derribar sus sistemas corruptos y a establecer nuevas realidades democráticas sobre las ruinas de este mundo decadente, insostenible, insolidario y pensado para el lucro particular de unos cuantos, veremos avanzar más y cada vez con mayor denuedo el asalto de los especuladores y sus títeres políticos al estado y su desmembramiento irremediable.

Hace apenas un mes, confiando en la lógica torticera del bipartidismo de la partitocracia liberal (que, como sabemos, tiene muy poco que ver con la democracia verdadera) los portugueses dieron la espalda a su anterior gobierno (formalmente de centro izquierda aunque en el bipartidismo liberal solo existen como opciones de gobierno la derecha y la extrema derecha que en España encarnan respectivamente el PSOE y el PP) para tratar de implorar la benevolencia de los "mercados" con los recortes impuestos por el partido de la extrema derecha. No les ha servido de nada. Cierto que el nuevo gobierno se ha lanzado de cabeza a los recortes sociales llegando incluso a establecer un impuesto del cincuenta por ciento sobre la paga de navidad (es decir: a los obreros) sin tocar para nada los bolsillos de los ricos pero quienes juegan al monopoli con el mundo no entienden de paños calientes cuando de lucrarse se trata y ayer mismo las empozoñadas empresas de calificación norteamericanas repitieron la jugada de Grecia contra Portugal: le bajaron la calificación a sus bonos de deuda pública privándole de la única vía de financiación que le quedaba al estado portugués con la intención de forzar un nuevo rescate que significará, como ha significado en Grecia, la destrucción total del estado que acabará en manos privadas y el fin de Portugal como entidad política dejando al pueblo en manos de un imperialismo sin cara que lo arrojará a la esclavitud y la miseria como llevan décadas haciendo con el tercer mundo.

Mientras tanto la nueva directora del FMI empieza su mandato subiéndose el sueldo cuando la ortodoxia impuesta por su mafiosa organización apunta precisamente hacia el ahorro y la contención del gasto (claro: del gasto que beneficia al pueblo, nunca de los beneficios privados de los especuladores ni de sus colaboradores necesarios los políticos) y acto continuo señala al endeudamiento público como una de sus máximas preocupaciones y pide a los gobiernos "acciones valientes" contra el mismo. Ya sabemos de qué va el juego y lo que quiere decir: la oligarquía ha decidido lucrarse a costa del desmantelamiento de lo que queda de los ricos estados de Europa y urgen a los políticos-títeres que manejan a que liquiden los restos de los mismos a precio de saldo destruyéndolos y poniendo al pueblo en sus manos, como simples esclavos.

Así las cosas son los pueblos los que, sin demora, deben tomar medidas valientes contra los regímenes imperantes, derribarlos y reemplazarlos por otros verdaderamente democráticos. La revolución llama a nuestras puertas. Y debemos elegir: o luchamos y lo ganamos todo o seguimos siendo unos despreciables borregos y dejamos que nos lo quiten todo. No existen opciones intermedias.

PD (a 8 de julio de 2011).- Y para que todos sepamos quién es quién en España y nos quede claro hay que recordar que al responsable de asuntos económicos del PP, Cristobal Montoro, le faltó tiempo ayer para salir a la palestra mediática a cacarear  el servilismo pepero a los "mercados". El tipo tuvo la desfachatez de desautorizar las generalizadas críticas a las agencias estadounidenses de calificación (a las que en esta ocasión hasta el BCE había puesto en solfa) afirmando con todo el morro y sin que se le cayera la cara de vergüenza, que no se debe criticar a dichas agencias sino tratar de convencerlas de que la economía española es "viable". Más aún: afirmó sin rebozo, y es una declaración de culpabilidad en toda regla, que ese ha sido siempre el modo de actuar de su partido. Que de ese modo "resolvieron" la crisis de los noventa...ya hemos explicado en muchas páginas de este blog lo que las medidas económicas y sociales del aznarato significaron y supusieron, no lo repetiremos aquí. Pero queda constatado no solamente que los fascistas neoliberales del PP fueron culpables del desmantelamiento del estado en los años noventa y el empeoramiento de las condiciones sociales del pueblo y, por lo tanto, responsables principales de la crisis de 2008 y el asalto que está sufriendo la democracia por parte de los "mercados" desde entonces sino que, además, no han aprendido nada. Del mismo modo que ellos impusieron la prohibición de Batasuna por la connivencia con el terrorismo etarra llegará el día, y yo lo exijo ya, en que deba prohibirse el PP (y castigar a sus dirigentes) por connivencia con el terrorismo económico y antisocial del Gran Capital. Porque, además, las declaraciones de Montoro y las propuestas de Rajoy y otros dirigentes del PP demuestra que no han aprendido nada y persisten con contumacia en sus errores, que pagaremos todos.

NOTA.- Hay gente que no acaba de entender el significado de la fotografía que ilustra este artículo y su relación con su contenido. Diré a ese respecto que se trata de una metáfora. La fotografía en sí es una de las primeras de la historia, data de 1855 y no conocemos su autor (que en la época hubiera pisado probablemente la cárcel por obsceno y pornógrafo de haberse sabido su identidad). Yo he querido representar en ella a la esperanza (no Aguirre, precisamente) que joven, lozana, pura, lee en el libro del futuro un mañana mejor que construiremos entre todos. Quizá es una metáfora rebuscada y ñoña pero, oye, no doy más de sí. Y, en última instancia, si la metáfora no gusta, me quedo con lo que apuntaba una amiga mía ayer mismo por la noche ( y que como chiste y comentario es poco original): " Y aluego el culo que tiene..." En fin...

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LA RAIZ DE NUESTROS PROBLEMAS.

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La base de toda estafa radica en controlar, escatimar y deformar la información de la que dispone el estafado para así llevarlo a tomar decisiones erróneas que obren en su contra ( y en beneficio de los estafadores) y que, de tener a su dispoción y sin deformar toda la información, jamás tomaría. Con nosotros la oligarquía mundial y sus títeres mercenarios, nuestros políticos, decididos a estafarnos, llevan décadas procediendo de ese modo: hurtándonos la información, manipulando los hechos y jugando con nuestra ignorancia para llevarnos silenciosa y dócilmente al matadero. No quieren ciudadanos sino esclavos sometidos a la salvaje explotación de unos pocos y saben que solo engañándonos pueden salirse con la suya, de ahí el enorme proceso de desinformación que han acometido y siguen llevando a cabo contra la población del mundo en general y de Europa en particular. Por ese motivo conviene aclarar el bosque, derribar los árboles que nos impiden ver el verdadero panorama y exponer sencilla y directamente las claves básicas de dicha estafa. La raíz de nuestros actuales y venideros problemas.

La cosa no es complicada de entender y se resume en unos pocos puntos que políticos, medios de comunicación y especuladores capitalistas se encargan de cubrir con miles y miles de pistas falsas, palabras raras, fintas a la veracidad y demás arsenal de trucos propios de embaucadores profesionales, de delincuentes sin vergüenza, de tocomocheros de corbata y yate, que es lo que son.

En primer lugar existe una organización económica a nivel mundial que los Estados Unidos impusieron en 1944, cuando todavía duraba la Segunda Guerra Mundial y ellos podían maniobrar a su gusto dentro de una situación asimétrica con sus "aliados" (en la práctica en un plano de inferioridad), logrando el establecimiento de un imperialismo subrepticio de sus clases oligárquicas que tras la guerra se extendió también a las naciones del Eje y a los restos descolonizados de los imperios de los "aliados". A todos los lugares, en definitiva, que no cayeron bajo el paraguas de la Unión Soviética.

La jugada, lanzada en un momento de debilidad general de las naciones europeas, le salió bien a los americanos que lograron salir de la guerra como nación hegemónica. Ahora bien, el gobierno de los Estados Unidos no actuaba como un gobierno democrático defensor de los intereses de su pueblo sino como un gobierno oligárquico defensor de los intereses de un grupo muy concreto de megacapitalistas que lanzaron una campaña de dominio de sus intereses a gran escala no solo fuera de sus fronteras sino también dentro de los mismos Estados Unidos. El crack de 1929, motivado por los mismos excesos y errores que todas las demás crisis capitalistas (incluyendo la de 2008) y que demostró algo que ya se sabía y seguimos sabiendo aunque pretendan ocultárnoslo, a saber: que el capitalismo sencillamente no funciona como medio racional de creación de riqueza y organización económica y sirve únicamente para enriquecer a unos pocos empobreciendo a la gran mayoría y que esa concentración especulativa de la riqueza conduce siempre, en ciclos previsibles, a una hecatombe que aumenta la concentración de riqueza y ,por lo tanto, el empobrecimiento de los pobres y el enriquecimiento de los ricos, iniciando un nuevo ciclo hacia una hecatombe todavía mayor...el crack del 29, decía, debilitó a esa élite capitalista estadounidense que había venido promocionando la desprotección de los trabajadores desde la represión de las huelgas del ferrocarril de la década de 1870 e imponiendo la ortodoxia del capitalismo salvaje en los Estados Unidos. La situación después de 1929 fue tan grave que el gobierno hubo de recurrir al keynesianismo para sacar adelante el país. Y el keynesianismo no es otra cosa que el reconocimiento de la inviabilidad del capitalismo pero sin querer dar el paso definitivo para acabar con un sistema injusto y catastrófico que solo beneficia a unos pocos a costa de empobrecer a la gran mayoría.

En los años treinta la oligarquía estadounidense hubo de soportar la regulación de sus tejemanejes financieros por parte del estado, la intervención pública para rescatar  una economía semidifunta y la concesión de derechos sociales a la clase obrera. La Segunda Guerra Mundial lo cambió todo. El gran esfuerzo bélico reactivó la economía de dicha oligarquía moribunda y de nuevo se lanzaron a la conquista del espacio político y económico esta vez a nivel mundial imponiendo los tratados de Bretton Woods en 1944 y todo un entramado de "instituciones internacionales" después de 1945, entre ellas el FMI y el Banco Mundial, para garantizar no solo la imposición de su ortodoxia político-económica sobre el mundo sino también su posición de predominio financiero estableciendo un sistema asimétrico de producción y explotación de recursos que siempre les enriquece a ellos empobreciendo a países enteros, en suma: una gran estafa internacional en la que un reducido círculo obtiene los máximos beneficios permitiendo enriquecerse también (aunque en menor medida) a oligarquías locales clientelares necesarias para gestionar sus intereses sobre el terreno.

Los países surgidos de la descolonización fueron pasto fácil de esos manejos mafiosos de la oligarquía estadounidense y de sus oligarquías sufectas. De ahí que durante décadas se haya perpetuado una pobreza generalizada en dichos países controlados por unas exiguas élites enriquecidas gracias a su entronque con los intereses de la gran oligarquía norteamericana y fieles aplicadoras de su ortodoxia político-económica gestionada por el FMI y el Banco Mundial. La maniobra siempre fue la misma: un préstamo de dinero que hubiera sido innecesario si los recursos del país hubieran estado en manos del gobierno de turno y no de multinacionales, condicionado a la imposición de draconianas medidas de desregulación y de desprotección de los ciudadanos que a la larga significaban la colonización del país por un poder capitalista sin rostro reconocible pero ferozmente rapaz que sumía al país de turno en la miseria y el hambre. Cuando el pueblo protestaba se recurría a la dictadura, al exterminio y la tortura.

 Este procedimiento se llevó también a cabo contra países prósperos y civilizados que amenazaban con su pujanza el predominio de la clase dominante norteamericana. Por ejemplo Argentina que, intervenida por el colonialismo yanqui, llegó de ser una potencia económica a principios del siglo XX a estar amenazada de tercermundización a finales de ese mismo siglo y todo ello pasando por periodos de feroz dictadura militar. Y, de hecho, Argentina, es un dato a tener muy en cuenta, no empezó a salir del pozo hasta que se quitó de encima al FMI y comenzó a hacer las políticas económicas que a ella le interesaban y no las que trataba de imponerle la oligarquía imperialista de los Estados Unidos.

Dicha oligarquía utilizó todos los medios a su alcance (incluyendo los crímenes contra la humanidad y el genocidio, véase a este respecto el artículo Historia Criminal del Imperialismo Yanqui, en estas mismas páginas) para imponer su ortodoxia neoliberal y neocon en el mundo. En otras palabras: para extender a escala planetaria un sistema inviable, viciado y criminal que a ellos y sus cooperadores necesarios les hace siempre más y más ricos a costa no solo de empobrecer a la inmensa mayoría de la población mundial sino de poner al borde de extinción a la humanidad entera mediante la implementación de unos métodos abusivos e irracionales de explotación de los recursos naturales.

 El gran enemigo de estos criminales era la Unión Soviética. Primero porque era la demostración evidente de que existían otros modos exitosos de organización económica y social y segundo porque tenía la capacidad suficiente para oponerse al imperialismo yanqui y ayudar a otros pueblos sojuzgados a hacerlo. De ahí la obsesión anticomunista de "occidente" durante medio siglo.

Pero la Unión Soviética cayó (por cierto no a causa de la inviabilidad económica de su organización sino por fallos de la estructura política) en 1991 y la Gran Oligarquía que venía manipulando los destinos de occidente, el irónica y propagandísticamente llamado "mundo libre", se preparó para jugar al copo y quedarse con todo. Había grandes zonas, otrora bajo el paraguas soviético, donde expandir su codicia destructiva y entre ellas se encontraba Europa, que había sido objeto de un trato de excepción, permitiéndole la implementación de políticas keynesianas por temor a la influencia en parte tan estratégica del mundo de la Unión Soviética.

 El Poder, la Gran Oligarquía, no tardó en reorganizarse para su asalto al poder total. En 1994 ya se había sacado de la manga una nueva "organización internacional" que instrumentalizar como herramienta de sus propósitos y prácticas mafiosas: la Organización Mundial del Comercio, que iba a marchar de la mano del FMI y del Banco Mundial para extender su habitual fórmula de estafa a las zonas del planeta que hasta entonces habían escapado de su dominio.

La OMC, de acuerdo con el FMI, decretó como ortodoxia político-económica, que los estados debían ceder su protagonismo a la globalización. Es decir: desaparecer (o permanecer tan solo como gestores de las represiones locales) arrojando a los antiguos ciudadanos a la categoría de siervos inertes frente al capitalismo salvaje manejado por esa Gran Oligarquía que está detrás de todos los males de la humanidad desde 1945. Se estableció también como dogma irrebatible que los servicios públicos debían ser privatizados, convertidos en negocios lucrativos manejados por esa misma Gran Oligarquía y sus oligarquías clientelares locales.  Y a ello se procedió de inmediato.

En Europa el inicio de dicho asalto fue el Tratado de Maastricht en 1992 y continuó con la implantación del euro y el Tratado de Lisboa de 2007 hasta conducirnos a la actual situación de cuasi total sometimiento a los "mercados", es decir: a la Gran Oligarquía y sus redes clientelares en Europa.

 El primer paso para conseguir sus turbios propósitos, para destruir los estados y ponerlos en manos del capital privado, para convertir en siervos y consumidores sin derechos a los ciudadanos, era desmantelar la capacidad de influencia en sectores estratégicos y de autofinanciación de los estados. Para ello se procedió, y es un acto que debe ser considerado como alta traición, al desmantelamiento de las empresas públicas. En España esa política suicida de privatizaciones salvajes la llevó a cabo el gobierno del señor Aznar (cuyos presidente, ministros, cargos secundarios y demás responsables y colaboradores necesarios deberán algún día ser juzgados por el pueblo con absoluta severidad y castigados con la máxima dureza como traidores) y de un modo puramente corupto y prevaricador. A saber: las empresas eran saneadas con dinero público y luego regaladas por cantidades ridículas a amigos políticos del gobierno (lo que supone un acto claro de prevaricación que sumar a la traición). Estos nuevos (e ilegítimos) propietarios que también deberán ser juzgados como partícipes de la estafa y la traición procedían de inmediato a una "ampliación de capital" es decir: a vender por cifras astronómicas a los especuladores internacionales un bien nacional que habían recibido a precio de saldo. Enseguida las "nuevas necesidades" de estas empresas privatizadas "exigían" una reestructuración de personal y se procedía a despidos masivos (todavía este año Telefónica ha anunciado que va a despedir a casi 7000 de sus trabajadores, precisamente en un año en el que sus beneficios son de récord) y acto contínuo salían a bolsa para incrementar una política económica de especulación improductiva que tan solo producía beneficios indebidos a los directivos y principales accionistas empobreciendo de facto al país, la sociedad y el estado.

A cambio de traicionar de ese modo a España los traidores recibieron todo tipo de prebendas en el ámbito privado. Por ejemplo Aznar fue contratado con un sueldo disparato por el holding de Murdoch, recibió millonarios réditos como profesor en la universidad jesuítica de Georgetown, etc...Rato, alcanzó la presidencia del FMI y ahora le han regalado la gestión de Bankia...y así todos. Es muy importante retener estos hechos: nuestros políticos, especialmente los del PP (aunque el PSOE tampoco está limpio de polvo y paja), actuaron premeditadamente en contra de los intereses de España como estado y del pueblo español como conjunto recibiendo a cambio de enormes beneficios privados obtenidos de la Gran Oligarquía. Son por lo tanto traidores y prevaricadores con premeditación y alevosía.

 Y la cosa es peor: ahora la Gran Oligarquía, el Poder, busca una segunda fase de desmatelamiento del estado. Ahora le toca el turno a la educación, las pensiones y la sanidad. En cuanto a la educación, que ya venía siendo un sector lastrado por políticas tales como la concertación de lo centros privados de primaria y secundaria en competencia directa con los públicos o por políticas que privaban a universidades públicas de determinadas carreras para favorecer la implantación local de innecesarias universidades privadas, se le dió  el golpe de gracia con la implementación del Plan Bolonia al respecto del cual hay que recordar que también fue una imposición del gobierno Aznar (y no olvidar nunca la salvaje represión que las llamadas fuerzas de seguridad del estado, en realidad, y mientras no demuestren su compromiso con el pueblo tan solo de represión de la oligarquía, contra los ciudadanos que se oponían a semejante ignonimia) que no deshizo en ningún momento el gobierno de Zapatero. ¿Por qué?...sencillo: se trataba de una imposición de la Unión Europea convertida desde su mismo origen en un instrumento ilegítimo y nada democrático al servicio de la Gran Oligarquía que nos controla y trata de desposeernos de todo lo que nos pertenece, incluyendo nuestra libertad y nuestra dignidad como seres humanos y como pueblo.

En cuanto a las pensiones ya ha comenzado el asalto. Todos recordaremos una llamada de Obama a Zapatero allá por el 2010, las presiones de Merkel y Sarkozy y,últimamente, la visita de inspección de doña Clinton. La primera consecuencia fue el aplazamiento de la edad de jubilación a los 67 años, el descenso de la cantidad y calidad de las pensiones recibidas y, en última instancia, la potenciación, que por otra parte viene de antiguo, de los planes de pensiones privados. Una vez más se obra para convertir un servicio público en un negocio privado que enriquezca a los de siempre a costa de perjudicar y empobrecer a un pueblo al que, además, se le priva de sus derechos.

En lo que respecta a la sanidad también está en peligro. Llevamos muchos años escuchando hablar de su coste, algunas administraciones autonómicas (muchas del PSOE) han tenido la desfachatez de emitir facturas "informativas" para concienciar a los ciudadanos y en estos últimos meses cada vez se escuchan más voces del sistema hablando del copago, es decir: de convertir a la seguridad social en un servicio de cobro que haga rentables las empresas privadas que empiezan a anunciarse sin ningún rubor en la televisión. Es más Rajoy ha tenido la escasa vergüenza de solicitar a la FAES, la fundación que permite a Aznar seguir siendo una voz influyente en España e Hispanoamérica, siempre al servico del Gran Capital y en contra del pueblo, y obtener parte de sus crecidos emolumentos de traidor de manera asaz opaca, un informe sobre el copago. Una vez más la prevarización al servicio de la traición al pueblo en la política española: el arrebatar al pueblo un servicio público para convertirlo en un negocio privado y cerrado para unos cuantos especuladores en su mayor parte extranjeros. Tal es la gentuza que nos gobierna y a la que en algún momento deberemos exigir responsabilidades por sus actos.

Pero sobre todo, donde se cargaron las tintas de la traición poniendo a los estados, y por lo tanto al pueblo, en manos de las empresas privadas, de la banca y los especuladores, fue en el proceso de implantación del euro.

 El tradicional, y efectivo, modelo que funcionaba en toda Europa con las monedas nacionales era el de un banco central emisor controlado por el estado que prestaba sus emisiones directamente al estado. Es decir: un sistema plenamente público que ni necesitaba para nada a la banca privada ni le permitía beneficio alguno en un sector que, todos convendremos en ello, es especialmente sensible y estratégico. 

La introducción del euro exigía la cesión de la soberanía monetaria desde los países y bancos centrales a un único banco central europeo que asumiera sus competencias. Nada especialmente preocupante si se hubiera mantenido el sistema público de banca central pero no sucedió así. La Unión Europea, lo hemos dicho ya, es un instrumento de los intereses del Gran Capital, de la Gran Oligarquía imperialista, y no obra a favor sino en contra de los intereses de los pueblos de Europa en una dinámica premeditada para reducirnos a condiciones de vida tercermundistas. Se pretende someter a los europeos a las mismas condiciones de vida que tuvieron y tienen que padecer los africanos o los asiáticos, para que sigan enriqueciéndose los mismos de siempre.

De modo que, sin venir a cuento, se introdujo a los bancos privados en el esquema de relación económica entre el Banco Central Europeo y los gobiernos. Se quebró, premeditademente y con una alevosía que también deberá ser castigada con dureza, el sistema exclusivamente público que había venido funcionando con éxito  desde al menos el siglo XVIII. El BCE no negocia la entrega de capital directamente a los estados. Todo lo contrario: presta el dinero que fabrica a los bancos privados a un tipo de interés bajo (en torno al 1%) y estos a su vez están facultados para ejercer la usura con los gobiernos prestándoles un dinero que en la práctica no deberían manejar, que nunca habían manejado, a tipos del 4, el 5 o el 6 % quintuplicando sus beneficios y obligando a los estados a endeudarse sin necesidad para conseguir unos recursos que en el sistema público anterior a la innecesaria introducción de la banca privada en el circuito de la emisión y distribución de moneda conseguían gratuitamente. De ahí proviene el endeudamiento de los estados y esos déficits que los "expertos" piden enjugar pasando al sector privado los servicios públicos.

Si a eso añadimos que se ha privado a los estados de sus sectores industriales públicos nos encontramos con el hecho cierto de que las políticas neoliberales que estamos sufriendo y que constituyen la ortodoxia del FMI y de la Unión Europea, suponen un empobrecimiento absoluto y un debilitamiento terminal de los estados que perjudica abiertamente a los ciudadanos desprotegidos ante una estafa de dimensiones monumentales dirigida desde los organismos internacionales controlados por el Gran Capital, la Gran Oligarqúía, y que se está llevando a cabo sin ningún tipo de control ni refrendo democrático. Sin ninguna legitimidad por gentuza sin escrúpulos que obtienen enormes beneficios personales a costa de vender a sus pueblos.

Así las cosas el único medio de financiación que le queda a los estados es el de la venta de bonos, lo que le pone en manos de los "mercados" o, dicho en otras palabras: de las tres o cuatro agencias de calificación, todas norteamericanas y al servicio de los intereses de la Gran Oligarquía que actúan con criterios de pura avaricia y con estrategias destructivas, persiguiendo el enriquecimiento abusivo de los círculos de la Gran Oligarquía a costa de pueblos enteros. Ahora van contra Europa pero han actuado del mismo modo en el resto de los continentes desde 1945.

Así las cosas los problemas de Grecia son un paradigma de lo que nos espera a todos los demás países de la Unión Europea si no le ponemos remedio. Privado el país de sus medios naturales de financiación por las políticas económicas de la Unión Europea que ya hemos visto dirigidas a servir a los estafadores en perjuicio del pueblo y tras un gobierno de derechas que mintió a su pueblo para poder aplicar dichas medidas endeudando al país sin necesidad, la llegada de un gobierno menos derechista que hizo un tímido esfuerzo por reencauzar las cosas, llevó a una maniobra de las agencias de calificación que convirtieron el bono griego en un bono basura estrangulando de hecho y con plena consciencia económicamente a Grecia que se ha visto obligada a dejarse "rescatar" es decir: a recibir prestado y a tipos de interés de pura usura un dinero que sin haber llevado a cabo las reformas del euro (introducir indebidamente a la banca privada en el circuito del dinero público) hubiera tenido de manera natural, y a responder a la usura de los pagos implementando las políticas de privatización y total destrucción del estado que ese Gran Capital internacional que manipula a nuestras instituciones y compra a nuestros políticos pretende imponer en Europa para convertirnos en un continente tercermundista.

Esa es la raíz de  nuestros problemas.

Y la conclusión resulta evidente: puesto que las medidas impuestas por la Unión Europea no son otra cosa que una estafa flagrante, un seguidismo servil de las doctrinas de la ortodoxia neoliberal emanadas del dominio imperialista de la Gran Oligarquía a través de instituciones internacionales (FMI, BM, OMC...) que no son sino franquicias de un comportamiento mafioso, antisocial, socialmente criminal y ecológicamente insostenible, deben ser rectificadas y sus responsables juzgados y castigados. La Unión Europea ha demostrado ser una franquicia del Gran Capital, un medio de dominación mafiosa sobre los pueblos, carece por lo tanto de legitimidad y debe ser derribada para construir una realidad social, política y económica alternativa al verdadero servicio de los pueblos de Europa y de la renovación moral, política, ecológica, económica y social del planeta. Podemos equiparar, sin excedernos, a la Unión Europea con una forma enquistada y encubierta de fascismo, un a modo de IV Reich absolutamente incompatible con el progreso y la democracia. Por lo tanto frente a ella solo cabe la desobediencia y la rebelión. La Unión Europea y sus políticas neoliberales deben ser destruidas para que los pueblos de Europa sobrevivan. Es también inaplazable y prioritario apartar a las entidades privadas del circuito público de financiación y castigar con dureza a las que se han lucrado de dicha estafa, los estados deben recuperar un fuerte sector público sobre todo en los ámbitos estratégicos mediante nacionalizaciones y, llegado el caso, colectivizaciones y debe considerarse también, y prioritariamente, el bancario y financiero un ámbito estratégico procediéndose a la inmediata nacionalización de la banca privada y su reforma para ponerla al servicio del progreso social. Del mismo modo deben ser desacatados en primera instancia y combatidos después todos los organismos internacionales relacionados con el predominio del imperialismo yanqui y de la ideología neoliberal (FMI, BM, OMC...) y esto tanto por higiene democrática cuanto porque la historia (y sobran los ejemplos) demuestra que la prosperidad solo llega a los países cuando las políticas impulsadas por dichas instituciones se desechan.

Debe procederse a la inmediata regeneración democrática de los diferentes países incluyendo dos medidas claves e indeclinables: la implantación de un concepto de riqueza sostenible y de caracter social (un país no es rico porque tenga una clase inmensamente rica sino porque sus ciudadanos son aceptablemente prósperos y se desenvuelven en unas condiciones de equidad y limpieza) y la detención y castigo de todos y cada uno de los responsables (políticos, económicos, sociales y propagandísticos) de la estafa y traición cocinada en las últimas décadas.

Si establecemos la analogía de un barco, y de ahí que haya elegido como ilustración de este artículo este cuadro de Gericault que representa un naufragio, resulta que nuestros capitanes y oficiales, impulsados por los armadores ansiosos de enriquecerse con los seguros de la nave, nos han llevado premeditadamente a naufragar. Sabiendo esto solo queda una salida: hacerse con el barco, lanzar a los oficiales por la borda, corregir el rumbo y, ya en puerto, ahorcar a los armadores. Ese es nuestro futuro si es que pretendemos tener alguno.

 

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INSTANTÁNEAS DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL.1

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En los tiempos que corren no estará de más ir recogiendo pequeños apuntes de cómo funcinan las cosas para acabar construyendo un gran fresco esclarecedor. Porque, a pesar de los pesares, todavía hay gente que duda o continua obnuvilada por la propaganda neoliberal. Ocupémonos, pues, de ello.

GRECIA.- Después de que el dogmatismo neoliberal arruinara el país, el gran capital europeo, comandado por la oligarquía alemana, ha forzado al gobierno a aceptar un "rescate" que consiste en la aplicación salvaje de las eternas medidas del FMI (institución internacional sin otra función que imponer a escala mundial el dogmatismo ultraneoliberal que permite el enriquecimiento de las elites mundiales a costa del empobrecimiento de los pueblos, institución dedicada en exclusiva al terrorismo económico y social que es incompatible con el progreso y la justicia social, institución, en definitiva, encargada de hacer cumplir los designios imperialistas de la gran oligarquía mundial so capa de imparcialidad técnica e inexorabilidad burocrática). Dentro de esas medidas se encuentra el desmantelamiento del estado (no solo del griego, de cualquier estado: en España el gobierno de Aznar se encargó de llevar a cabo esta política de desmantelamiento en favor del sector privado  en un acto criminal de prevaricación consciente y traición al pueblo) que se decidió como política clave del nuevo orden mundial en 1994. En esa fecha el FMI y la Organización Mundial del Comercio acordaron que las empresas y los servicios públicos debían privatizarse para beneficiar a las grandes corporaciones consiguiendo de paso que los estados perdiesen capacidad de oposición a los manejos de la especulación (y ya sabemos a donde nos ha conducido esa política). Dentro de esa estrategia, el habilitar un gran espacio económico para la especulación (como es la Unión Europea) donde rija una moneda que favorezca los intereses del Gran Capital y de las élites continentales (especialmente alemanas y francesas) a costa del empobrecimiento de sus respectivos pueblos y, sobre todo, de los estados y sociedades periféricas es un simple paso más. Ahora Grecia está padeciendo la imposición salvaje de esa política imperialista y depredadora. Y hemos asistido a dos lances reseñables: el pueblo, como es natural, protesta y se echa a la calle recibiendo enseguida un recadito de la CIA: si no tragáis con la colonización, con el robo y la esclavización, tendréis un golpe de estado y seréis barridos, tortutados, hechos desaparecer, por una dictadura. Y el gobierno comienza a privatizar las empresas públicas para beneficio de los buitres especuladores que acechan. Se "vende" (es un decir porque estas privatizaciones siempre se regalan a precio de saldo en operaciones que son pura corrupción y prevaricación) en primer lugar la empresa de telecomunicaciones griega...¿quién se la adjudica?...exactamente: la Deutsche Telekom. De este modo el circuito se completa y queda meridianamente claro todo. Los mismos que urgen a la demolición del estado son los que van a quedarse con sus restos a módico precio. Esa es la verdadera naturaleza de la Unión Europea y su verdadero sentido.

Como anécdota señalaré que unos diputados liberales alemanes (el liberalismo es hoy por hoy una de las ideologías más despreciables, perjudiciales e inaceptables que existen) "aconsejaron" el año pasado al gobierno griego que para saldar su deuda privatizaran sus islas: que vendiesen a precio de saldo partes del territorio nacional para lucro de especuladores privados. Y ese consejo es algo que debemos tener muy en cuenta en España con una isla de Mallorca llena de alemanes y con gobiernos despreciables vendidos por completo a los intereses del Gran Capital y capaces de cualquier cosa con tal de complacer a sus amos, los mismos que les premiarán cuando dejen la carrera política con altísimos y muy bien remunerados puestos en el sector privado. ¿Veremos algún día a Alemania forzándonos a vender Mallorca a inversores alemanes?...Hace unos años esta posibilidad parecía incluso ridícula, ahora...

PERU.- Gana las elecciones un candidato nacionalista insólitamente apoyado por grupos de izquierda (el curriculum de Humala como ex-alumno de la Escuela de las Américas, de una universidad católica y como ex-golpista y participante en la guerra sucia del estado contra Sendero Luminoso le hace poco recomendable como compañero de viaje de ninguna opción izquierdista) y de inmediato baja dramáticamente la bolsa de Lima porque los especuladores pretendían el triunfo de la hija de Fujimori y el restablecimiento del corrupto régimen que este implantó al servicio del imperialismo yanqui y su totalitarismo neoliberal. Así funcionan las cosas: cuando un pueblo trata de recuperar el control sobre su futuro y sus recursos se le sabotea hasta arruinarlo, se promocionan dictaduras...lo que sea para que triunfen los corruptos al servicio del Gran Capital. Los sistemas especulativos en la economía (empezando por e incluyendo especialmente a la bolsa) son instrumentos de sometimiento al dominio del Gran Capital. Por lo tanto es imprescindible, a la mayor celeridad, si pretendemos retomar el control de nuestro destino, establecer verdaderas democracias, acabar con dichos sistemas. Cerrar las bolsas es una necesidad histórica y política de primer orden, tan imprescindible como renacionalizar las empresas de sectores estratégicos y servicio público y nacionalizar los bancos. (Así como juzgar a los cómplices de ese sistema y del predominio imperialista del Gran Capital).

FRANCIA.- El presidente Sarkozy, que ya dio muestras más que sobradas de sus ansias represivas contra los movimientos populares que están organizándose en Europa contra los intolerables ataques del Gran Capital, contra la ejecución de las políticas implementadas por el FMI y la OMC en 1994 y que se están imponiendo salvajemente en toda Europa con la excusa de la crisis de 2008, acaba de prohibir que en la televisión y la radio se pronuncien los nombres de Facebook y de Twitter, precisamente las redes sociales que permitieron las revoluciones árabes y han permitido la organización de las movilizaciones españolas y su internacionalización en Europa. Oficialmente se trata de evitar con esa prohibición la publicidad para dos grandes empresas...pero hay que tener en cuenta que en Francia también han proliferado las acampadas, que la policía las ha desmantelado con métodos más que expeditivos (ha habido palos, gases lacrimógenos... represión en general), que las movilizaciones se extienden por el país...y que precisamente estas movilizaciones se están organizando a través de Facebook y Twitter y a través de estas mismas redes están en contacto con las movilizaciones del resto de los países. De modo que más que una medida de protección a empresas menos poderosas como tratan de hacernos creer esta prohibición es una forma encubierta (y torpe) de censura para alejar a quienes todavía permanecen desinformados de los cauces por los cuales pueden informarse.

Seguiremos trazando estampas instantáneas del nuevo orden imperialista y neoliberal en futuras entregas.

NOTA.- La fotografía es de Beverly and Pack.

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EN PORTUGAL HA VUELTO A SUCEDER.

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Ya conocemos los resultados electorales en Portugal y, como era de esperar, no son ninguna sorpresa: la derecha ultraneoliberal ha vencido. Se trata de un escenario ya conocido y que, en su reiteración, al menos desde 1933, demuestra bien a las claras el hecho incontrovertible de que la democracia parlamentaria liberal es incompatible con el progreso social y moral de las sociedades que la padecen.

La cadena de hechos, lo estudiábamos hace poco en estas mismas páginas, es siempre la misma: los ciudadanos más conscientes y preparados, aquellos que deberían pilotar el avance social, las necesarias transformaciones económicas, sociales y políticas para sacar a la sociedad del anquilosado, obsoleto, perjudicial, despreciable y arcaíco sistema del capitalismo burgués (que siempre fue contrario al progreso humano, no se olvide que desde su mismo comienzo anduvo de la mano con el más reaccionario fundamentalismo religioso, el que condujo a la reforma protestante que no fue una reacción contra la corrupción de la iglesia romana, como pretenden hacernos creer sus defensores, sino contra los avances civilizatorios del Renacimiento, que siguen combatiendo con saña) toman conciencia del déficit de legitimidad que aqueja al sistema. Un sistema básicamente al servicio de las oligarquías que suele expresarse con un más o menos forzado bipartidismo en el que las siglas tan solo marcan diferencias puramente estéticas o, todo lo más, entre un conservadurismo escasamente moderado y un ultraconservadurismo radical y obsceno.

Dentro del sistema liberal parlamentario no existen más opciones. Desde su origen es profundamente antidemocrático, restrictivo y destinado al inmovilismo social y político que favorece el enriquecimiento cada vez más abusivo de unas élites a costa del conjunto de la sociedad. Es todo lo que hay. Luego, en función de las luchas sociales, de las estrategias geopolíticas, de la estética del momento, el parlamentarismo liberal puede adquirir una fisonomía más o menos populista, más o menos "humana", incluso más o menos participativa, pero los límites del juego se encuentran siempre perfectamente acotados para que el sistema mantenga sus constantes, siga beneficiando a los mismos y perjudicando a la mayor parte de los ciudadanos y, cuando existe el riesgo de que esos límites se rompan el sistema acaba recurriendo siempre a la represión y la violencia. De hecho el sistema parlamentario liberal es poco más que la dictadura encubierta de una oligarquía ilícitamente enriquecida y sobredimensionada en su poder por unas reglas del juego hábilmente amañadas.

Cuando los elementos más sanos de la sociedad advierten esta condición inmovilista y de estafa perfectamente estudiada del sistema,decíamos, y ello suele ocurrir más intensamente en momentos cruciales donde se lucha por cambiar la historia, se aleja del mismo, bien con un desencanto crítico y pasivo o buscando fórmulas de desbordamiento que el propio sistema, esa dictadura disfrazada de democracia que padecemos, se encarga de reprimir en cuanto alcanza algún tipo de legitimación en las urnas, y eso suele suceder enseguida porque existe un núcleo enfermo de la sociedad lo suficientemente numeroso como para aupar al poder a partidos de derechas cuando la abstención de izquierdas crece. Se trata de individuos cuyo sistema de valores está mediatizado por los reiterados lavados de cerebro de las sectas semitas y que en consecuencia votan en contra de sus propios intereses al dictado de sus líderes sectarios (en España y Portugal serán decenas de miles, sino millones, los votantes que esta primavera hayan votado a la derecha, vendiendo su propio futuro, siguiendo el adoctrinamiento de obispos y párrocos católicos), de burguesillos de clase media que votan en contra de sus propios intereses (no llegan a comprender que en el fondo ellos también forman parte del proletariado) cegados por la ilusión de pertenecer a la oligarquía con cuyos valores estúpidamente se identifican, de iletrados diversos manipulados por ideologías elementales y viscerales (principio de orden, sentimientos deportivos, odios irracionales sembrados desde los medios de comunicación...)

En fin, que constatado que el sistema es una dictadura encubierta y una estafa piramidal los elementos más sanos y mejores de la sociedad se apartan del mismo mientras que la grey más despreciable vota en masa y lo hace a la extrema derecha poniendo el poder en manos de aquellos que con más saña van a destruir el futuro del país desguazándolo en beneficio de los especuladores corruptos de siempre. Y así, de nuevo, el sistema parlamentario cumple con su papel de perpetuador del dominio oligárquico.

Si suciera otra cosa y emergiera una verdadera opción de cambio tampoco sucedería nada. Para eso están los "mercados" para desestabilizar cualquier intento de gobierno díscolo hasta dominarlo o conseguir su cambio. O bien, si esto falla, resta el ejército para establecer una dictadura y proceder a la represión salvaje de los elementos más sanos y mejores de la sociedad. Lo hemos visto suceder muchas veces en las últimas décadas y no se trata de una opción tan lejana como pueda parecernos en esta Europa nuestra tan hipócrita y llena de falsas apariencias. No hace mucho la CIA manifestaba que si la resistencia de los griegos a la imposición del criminal plan de "rescate" neoliberal impuesto por el FMI y la UE (instituciones que practican el terrorismo social y económico y que deben ser combatidas sin contemplaciones) "temía" la posibilidad de un golpe de estado. El año pasado, en conversaciones con representantes sindicales, Durao Barroso, presidente de la comisión europea y ejemplo magnífico de esos políticos corruptos, despreciables y traidores a sus propios pueblos, sucios lacayos del imperialismo yanqui y sayones del gran capital, advertía sin rubor de lo mismo: o los países del sur tragaban con las medidas de austeridad impuestas desde Wall Street o la alternativa era la dictadura militar. Ese es el verdadero rostro de la "democracia" que dicen que tenemos, del sistema parlamentario liberal.

Se trata evidentemente de un estado de cosas que no se puede tolerar, que debe cambiarse en aras de una verdadera democracia que beneficie a la mayoría y no a la oligarquía de siempre.

El problema es que una y otra vez se repite el mismo esquema: descontentos los elementos progresistas se vuelcan hacia la abstención, los fanáticos, iletrados e ignorantes votan en masa a la derecha y cualquier movimiento reformista surgido al margen del sistema vigente acaba reprimido y disuelto. Sucedió en Francia después de mayo de 1968, en Estados Unidos en 1972 y de nuevo en 1980, en España el 22 de mayo pasado y ayer mismo en Portugal. Son algunos ejemplos de un esquema reiterado y que deberíamos meditar en profundidad.

El hecho es que dentro del sistema liberal parlamentario no hay cambio posible y que ningún reformismo puede llegar muy lejos intentando actuar en los márgenes tolerados del mismo. La única opción de cambio real es una revolución en toda regla: o conquistamos el estado y el poder, y en un número significativo de países, o estamos abocados a una nueva represión y una perpetuación de la misma dictadura corrupta que padecemos. Y ahora la cosa va muy en serio porque el gran capital nos lo quiere quitar todo. Ahora ya solo hay dos opciones: o conquistamos nuestro futuro, o seremos esclavos tercermundistas.

NOTA:-la fotografía es de Publikacción.es

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UNA SOCIEDAD PROFUNDAMENTE ENFERMA.

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El pasado domingo 22 de mayo el sistema parlamentario liberal demostró su incompatibilidad con el cambio social y político, su tendencia innata a la inercia y el conservadurismo y su innegable calidad como herramienta de legitimación de las oligarquías que lo controlan dando una mayoría instucional aplastante a unas siglas políticas socialmente minoritarias (y que lo serían todavía más sin el peso histórico de las matanzas franquistas y la ilegal, ilegítima, sucia pero incansable labor propagandística,  próxima al lavado de cerebro, de la iglesia católica) que en conjunto han recibido el apoyo de menos de una cuarta parte del censo electoral. No es un fenómeno nuevo, ya hablábamos días pasados de ello. De como los estados liberal capitalistas llevan funcionando con elecciones que no podrían considerarse válidas por falta de quorum y que, además, precisamente por ello, otorgan aplastantes mayorías a los partidos oligárquicos de la extrema derecha que, socialmente, tienen un peso inmensamente menor que el obtenido en las urnas.

Es un fenómeno ya antiguo que hemos visto repetirse a menudo en todo el orbe occidental y que, de hecho, acabó dando al traste con otros movimientos sociales revolucionarios como el mayo de 1968. El sistema parlamentario liberal capitalista queda deslegitimado ante la mayor parte de la población por su propia naturaleza de herramienta al servicio del dominio capitalista. La gente consciente lo repudia pero un número de ciudadanos alienados o ideológicamente afines al dominio de la oligarquía retrógrada sigue participando en las elecciones y acaba dando la victoria a las siglas más radicales de la oligarquía. Fue así como, por ejemplo, en Francia después de 1968 el gaullismo más derechista logró ganar las elecciones de 1974 lanzándose a la neutralización de los avances conseguidos por el movimiento social de mayo. Lo mismo sucedió en otros países a lo largo de la década de los setenta, singularmente en Inglaterra y los Estados Unidos, originándose la Revolución Conservadora que todavía padecemos. La lección aprendida es sencilla: el único modo de cambiar las cosas, de hacerlas avanzar, es destruir el sistema liberal parlamentario. ¿Cómo?...desbordándolo socialmente y creando una realidad política y social alternativa capaz de conquistar el poder y transformar el estado. No hay otro camino.

En España hemos sufrido el mismo fenómeno en un plazo de tiempo mucho más corto. Desde la indignación del 15 de mayo y siguientes al triunfo electoral del extremismo radical ultraderechista del PP el 22 de mayo apenas ha transcurrido una semana. Y la receta para evitar las inevitables secuelas sociales y políticas de dicho triunfo que, desgraciadamente, solo es el anticipo del que obtendrán en las generales del año que viene (si es que no se adelantan a este año) es la enunciada en el párrafo anterior: desbordar el régimen, derribarlo y construir una realidad nueva desde la sociedad y la calle. Ahora que hemos comenzado algo que parece una revolución no podemos parar hasta que lo sea de verdad. De lo contrario las represalias desde el poder van a ser terribles: un retorno salvaje al reaccionarismo más cerril. La verdadera cara del sistema es la del neoliberalismo ultraconservador de los Tea Party americanos y eso nos espera si no logramos consolidar una realidad alternativa al actual sistema liberal parlamentario que padecemos.

Sin embargo, a parte de evidenciar el hecho de la maquiavélica naturaleza del sistema parlamentario como medio de perpetuación del dominio de las oligarquías sobre el estado y la sociedad y la necesidad de desbordarlo para conseguir cualquier avance político y social que se pretenda, quería reflexionar en este artículo sobre una sociedad que solo puede conceptuarse como profundamente enferma. Es inaudito lo que ha sucedido en comunidades como Valencia, Madrid y Murcia donde los votantes, lejos de castigar la corrupción evidente de los dirigentes peperos, que la han constituido en sistema y norma prostituyendo de facto la cosa pública (que desprecian) convirtiendo dichas comunidades en virtuales repúblicas bananeras, han respaldado mayoritariamente un modo de hacer las cosas que es impropio tanto de la democracia como de sociedades avanzadas. ¿Qué clase de enfermas mentalidades pueden respaldar a un Camps o a un Fabra?...¿de donde proceden esos votos? ¿del clientelismo?¿del adoctrinamiento ideológico?¿de un franquismo sociológico perpetuado y potenciado desde el poder político por el PP, desde el económico por los bancos y desde el religioso por la iglesia católica?...En cualquier caso de la ignorancia supina, del resentimiento ideológico de la ultraderecha más incivilizada y de un desconocimiento absoluto del significado de la democracia. Esas mentalidades, los votantes del PP, especialmente en Valencia y Murcia, han permanecido impermeables a la modernización experimentada por España en los últimos treinta años. Siguen siendo mentalidades afines al caciquismo decimonónico y su profunda carga feudal (y por lo tanto contraria a lo público)...son un signo inquietante de lo profundamente enferma de un atavismo arcaizante en la concepción del estado que está gran parte de la sociedad española. Aunque esos votantes parezcan gente normal, moderna e integrada con sus actos demuestran que, moral y mentalmente, andan con lanza y taparrabos. Y el gran problema para el progreso social y político de España consiste en tener que cargar con semejante rémora. Cualquier avance que se pretenda en este país pasa, indefectiblemente, por una profunda pedagogía política y social, por la yugulación de los elementos de adoctrinamiento de la caverna (la iglesia católica, singularmente) y la marginación política de aquellos que siguen llevando la camisa azul y el hábito nazareno debajo de su ropa de marca. Mientras esto no suceda, seguiremos en pleno franquismo.

 Por cierto, como colofón de estas líneas y demostración empírica de la supina ignorancia que domina a esos votantes carcas del levante español (y del centro), me gustaría poner el foco en la localidad de Lorca donde los acontecimientos permiten observar a la perfección la calidad del proceso mental de dichos votantes y lo necesitados que están de una enérgica pedagogía no solo democrática sino de simple "conocimiento del medio". Resulta que menos de quince días antes de las elecciones sufren un terremoto. En ese terremoto se producen víctimas mortales y una enorme cantidad de daños materiales, especialmente a causa de la mala calidad de las casas modernas, las construídas bajo el régimen del ladrillazo pepero. Ha habido muertos y familias arruinadas porque el sistema de corrupción generalizada que promociona el PP allí donde gobierna y la perpetuación por parte de sus políticos (tan ignorantes como corruptos y prepotentes) de esa cultura del pelotazo urbanístico tan nociva para el país. Una política, un modo de hacer las cosas, que fomenta el hecho de que el empresario favorecido por el cacique político de turno aumente sus beneficios recortando gastos en la construcción entregando a los compradores estafados productos de pésima calidad que acaban sufirendo terribles daños estructurales a la menor oportunidad. Pues bien, en Lorca, lejos de indignarse con políticos que han propiciado las muertes y las pérdidas económicas sufridas por los habitantes del municipio, van y le otorgan la victoria política al PP. ¿Se puede ser más estúpido?¿Se puede demostrar con mayor claridad la absoluta ignorancia política, la total estulticia social de un grupo humano?...Desgraciadamente ese tipo de mentalidades limitadas y arcáicas estan decidiendo nuestro futuro.

Si tuviera la desgracia de ser cristiano acabaría este artículo con un "que dios nos coja confesados"...

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SOBRE EL ASESINATO (ILEGAL) DE BIN LADEN.

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Por supuesto que Bin Laden no merece ninguna compasión ni ninguna simpatía. Aunque no hubiera sido un conspicuo terrorista responsable directo de miles de muertes innecesarias, era adalid de una ideología teocrática, oscurantista y arcaizante que desde posiciones acordes con la civilización y el progreso solo puede ser tildada de nauseabunda. De modo que en estas páginas no vamos a dedicarle ningún panegírico.

Sin embargo la muerte de Bin Laden, si realmente ha tenido lugar (los americanos hablan y hablan pero no aportan pruebas), por muy llamativa que resulte como titular no reviste ni gran interés ni excesiva importancia por sí misma. Si conviene prestarle atención es por su caracter de síntoma, de eslabón insoslayable de una cadena cuya lógica conocemos demasiado bien y que delata con su propio desarrollo la naturaleza misma del imperialismo anglosajón que todos, musulmanes y no musulmanes, padecemos en estos días aciagos de conculcación de derechos y empobrecimiento generalizado para beneficio de un reducido grupo de familias que se mueven entre bastidores manejando los hilos de la política internacional para lucro personal a través de sus empresas que  no por ser sociedades anónimas les resultan menos productivas ni están menos controladas por ellos.

Los americanos andan ahora pavoneándose ante el mundo diciendo que han hecho justicia con la ejecución extrajudicial (y por lo tanto ilegal y contraria a todas las convenciones del derecho internacional) perpetrada en la persona de Osama Bin Laden. Tal actitud demuestra, como mínimo, un desprecio total contra dichas leyes y convierte de facto a sus autores materiales e intelectuales en criminales de guerra que deberían ser juzgados exactamente igual que otros muchos obligados a comparecer ante la corte internacional no tanto por sus crímenes cuanto por su enemistad con el poder imperial hegemónico de Washington.

Esta ambivalencia, este doble rasero, no es nuevo sino un modo típico de actuación del imperialismo yanqui que puede rastrearse como poco hasta 1945 cuando se sacaron de la manga las juicios de Nuremberg que de facto carecían de validez legal por un hecho elemental: se juzgaba a los jerarcas nazis en virtud de delitos que solo se tipificaron como tales después de haber acabado la guerra y que por lo tanto no podían tener un carácter retroactivo. Pero los yanquis querían ejecutar a sus enemigos más peligrosos y lo hicieron amparándose en una ficción legal y en una profunda y agresiva hipocresía propagandística que todavía mantienen, incluso a sangre y fuego, encargándose, junto con sus aliados sionistas, de prohibir cualquier tipo de revisión sobre aquellos hechos. Pero la hipocresía llegaba mucho más allá. Los vínculos ideológicos entre el nazismo y la "democracia" estadounidense eran mucho más profundos y las semejanzas mucho más evidentes de lo que los mismos americanos estaban dispuestos a reconocer. Los propios jerarcas nazis expusieron su perplejidad en el juicio cuando se les acusaba de sus políticas racistas y de segregación de los deficientes mentales poniendo en evidencia que las leyes nazis en esos campos eran poco más que una simple copia de las americanas. No debe olvidarse que hasta finales de los años sesenta los negros sufrieron una estricta segregación racial en los Estados Unidos, que ni los judíos ni los hispanos eran admitidos en determinados clubes o universidades...que las leyes de inmigración dificultaban la entrada en los Estados Unidos a todos aquellos que no fueran "arios" y de religión protestante estableciendo cupos que podían ser más tolerantes con ciertos grupos católicos como los irlandeses y los italianos pero que impedían por completo la llegada de orientales, sobre todo a partir de las primeras décadas del siglo XX...

Y, por si lo dicho fuera poco, cabe añadir que en Nuremberg se juzgó a los nazis como criminales de guerra cuando los propios aliados no estaban en modo alguno exentos de crímenes similares, empezando por las masacres nucleares de Hiroshima y Nagasaki y acabando por bombardeos innecesarios y extremadamente sangrientos contra la población civil en ciudades como Hamburgo cuando la guerra ya estaba ganada y la única finalidad de aquellas matanzas era la simple y pura venganza.

Pero los Estados Unidos y sus aliados ganaron la guerra y se ocuparon de dar a su barbarie un aspecto legal y políticamente correcto inventándose leyes a su conveniencia y haciéndolas retroactivas y escenificando bonitos juicios sobre argumentos que, de aplicarse en su sentido estricto, también a ellos les hubieran conducido a la horca.

Y no han cambiado. Ahí sigue Guantánamo y todo el rosario de cárceles secretas que el imperialismo yanqui mantiene por el mundo a despecho de una declaración de Derechos Humanos que ellos mismos impulsaron como ley internacional fundamental y que, directamente, no respetan ni cumplen en ningún aspecto. Hay que recordar que Guantánamo y las cárceles secretas no surgen de la nada. Antes de aplicar el concepto a la represión política llevaban décadas exprimiendolo como medio de explotación capitalista y para el desarrollo de una competencia desleal que enriquecía a las multinacionales (a los de siempre) sometiendo a la práctica esclavitud a poblaciones enteras del tercer mundo y dejando sin empleo, mediante la deslocalización, a las del primero. Me refiero, por supuesto, a las zonas económicas especiales que los Estados Unidos impusieron en todo el tercer mundo a lo largo de los años ochenta y noventa y que consistían en enclaves donde no regían las leyes de protección social ni los derechos humanos y en la que los trabajadores eran sometidos, con el consentimiento de gobiernos locales corruptos, a la esclavitud más salvaje (gente encadenada a las máquinas, personas drogadas a la fuerza para que rindiesen sin dormir durante periodos de setenta y dos horas o más, niños pequeños explotados al máximo...) Esa es la verdadera naturaleza del imperialismo yanqui y no existe ninguna solución de continuidad entre una ejecución extrajudicial como la de Bin Laden y las medidas sociales y económicas que se están imponiendo a la mayor parte de los países occidentales con la excusa de la crisis.

Del mismo modo que Guantánamo y las zonas económicas especiales son el mismo concepto de ilegalidad internacional aplicados a dos objetivos diferentes de la misma oligarquía hegemónica, la pérdida del estado de bienestar en Europa y de derechos y libertades en todo el mundo tienen la misma raíz que el asesinato de estado de un indiviudo en Paquistán por muy jefe de una trama terrorista que fuera y muchos los delitos que pudiera acumular. El modo legal de proceder hubiera sido detenerlo y ponerlo en manos de un tribunal competente. Asesinarlo y pretender que se está haciendo justicia es burlarse de la ley internacional y demostrar que su respeto no se encuentra en el adn del imperialismo yanqui.

Aunque lleven corbata y trajes carísimos esos tipos no son otra cosa que mafiosos, asesinos, criminales de guerra con los que no cabe simpatizar y a los que solo se puede combatir en todos los frentes, si es que realmente deseamos un mundo libre, democrático, sostenible y justo.

El asesinato de Bin Laden no nos puede alegrar porque, como Guantánamo, es una demostración patente de que las leyes y derechos que supuestamente rigen el comportamiento de nuestros estados (la metrópoli yanqui y sus adléteres vasallos, entre los que se incluyen los países europeos) son simple papel mojado. Aquí y ahora rige el capricho y la tiranía y se ejercen indistintamente contra todos aquellos que se opongan al dominio de ese pequeño grupo de oligarcas que rigen el mundo.

Hoy ha sido Bin Laden y no nos parece mal porque era un terrorista peligroso. Ayer un hijo y tres nietos de Gadafi y tampoco nos importa. No hace mucho tiempo fue el ahorcamiento de Sadam Hussein y el asesinato de sus hijos y tampoco nos inmutó, como eran los malos de la película...¿pero qué pasará con nosotros cuando empecemos a exigir nuestros derechos y a decir que queremos un mundo democrático, libre,  y justo y pretendamos cambiar el actual estado de cosas que es inmoral, ilegítimo e insostenible?...Esa es la pregunta que debemos hacernos.

 PD.- No debemos pensar tampoco que el método de las desapariciones de enemigos políticos (acusados o no de terrorismo, disidentes en cualquier caso), de las cárceles secretas y de las torturas sistemáticas (Abu Graib, Guantánamo) es una innovación de los últimos años. Todo lo contrario: los yanquis los utilizaron ya con profusión en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo XX tanto en Vietnam como en el cono sur americano utilizando como intermediarios a sectores corruptos y antipatrióticos de esos mismos países organizados en dictaduras "cristianas y anticomunistas". Y eso es así por el sencillo hecho de que el imperialismo yanqui y la ideología totalitaria que lo sustenta (el liberalismo capitalista) es simple y llanamente un régimen genocida que debe ser derribado.

PD (a 11 de mayo de 2011).- Ahora los Estados Unidos dicen que quieren interrogar a las viudas y, probablemente, a los hijos de Bin Laden. Y la pregunta a tener muy en cuenta es con qué métodos. Puesto que han tenido la desvergüenza no solo de utilizar la tortura sino de justificar su utilización ¿podemos estar seguros de que no utilizarán contra estas mujeres y estos niños esos métodos salvajes e ilegales?...¿de verdad podemos quedarnos cruzados de brazos viendo como una superpotencia fascista y genocida tortura mujeres y niños por muy emparentados que estén con el terrorista más buscado de la historia?...¿estamos dispuestos a caer tan bajo como para aceptar algo así en silencio y mirando para otro lado?...he aquí algo en lo que deberíamos reflexionar profundamente.

NOTA.- la fotografía es de Mr. Throk.

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EN MANOS EXTRANJERAS ¿O QUIZÁ NO?

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Que las doctrinas neoliberales y las políticas de la Unión Europea son ridículas, perjudiciales, contraproducentes y totalmente absurdas es un hecho tan evidente que parece inútil molestarse en probarlo.

No obstante esa evidencia cada día salta más a la vista, incluso de aquellos despreocupados o poco avispados. Hoy, concretamente, basta tan solo con repasar los titulares de los periódicos para comprender qué clase de gentuza nos gobierna y qué tipo de políticas están aplicando.

Con casi CINCO MILLONES de españoles en paro, con prácticamente DOS MILLONES de españoles forzados de nuevo a la emigración como en los peores años del franquismo resulta que los partidos políticos que se presentan a las elecciones del próximo 22 de mayo tienen que esforzarse en hacerle la pelota a varios millones de votantes extranjeros a los que se permite decidir sobre el futuro de España. Incluso tienen la desvergüenza de presentar millares de candidatos extranjeros para ocupar cargos políticos en España.

Peor aún, hay pueblos donde los extranjeros (británicos y alemanes en la costa, rumanos en Aragón y otras partes del interior) disponen de sus propios partidos que amenazan con hacerse con el poder local desplazando a los españoles de tal modo que gente que lleva menos de cinco años en España puede acabar decidiendo el destino de familias arraigadas en ellos desde la reconquista. Esa es la política que se está aplicando desde el totalitarismo neoliberal y desde la Unión Europea. Se trata de una vieja estrategia capitalista para fragmentar a la sociedad, dividirla y poderla manejar mejor.

Hoy, junto con el socialismo militante (no ese de boquilla del que alardea el PSOE), el nacionalismo es una exigencia irrenunciable. Por mucho que aspire a ello el capitalismo internacional los pueblos no pueden permitir que su destino sea decidido por advenedizos.

El régimen que se nos ha impuesto, de totalitarismo liberal, es inadecuado, ilegítimo e inmoral. No me cansaré de repetirlo. Hay que derribarlo. ¡Despertad y echadle cojones!

 

PD.- A pesar de lo dicho no debe caerse en la fácil xenofobia de culpar de todo a la inmigración (muchos de los que disponen de derecho a voto en España por mor de las inadecuadas políticas liberales de la Unión Europea no pueden considerarse como tales sino más bien como turistas residentes, lo cual hace todavía más grave el problema porque estamos hablando de un elemento envejecido e improductivo con mentalidades atrasadas, ancladas en un ridículo conservadurismo al estilo de los años cincuenta que solo pueden aportar al voto un perjudicial giro derechista y proneoliberal). Ese argumento es el que utiliza la oligarquía dominante para manipular a las masas descontentas por una política evidentemente equivocada y perjudicial. Primero fomentan una inmigración excesiva y, por lo general, de bajo perfil y luego, cuando el exceso de dicha política deja ver sus negativas consecuencias ellos mismos enarbolan la bandera anti-inmigración para seguir manteniendo a la masa dentro del juego electoral que sustenta su ficción de democracia. Pero en realidad las políticas de inmigración llevadas a cabo en los últimos veinte años en España bajo el paraguas doctrinal del neoliberalismo son perjudiciales para todos, para españoles y extranjeros, y forman parte de las estrategias de estafa legalizada y soportada por un estado ilegítimo centrado en favorecer los intereses de una élite instalada en el latrocinio, una casta parásita que solo es capaz de perjudicar a España y al común de sus pobladores, sean nacionales o foráneos.

La funcionalidad de la inmigración masiva favorecida en España desde el Aznarato (en concatenación con la privatización salvaje y fraudulenta de todo el sector público y la promoción de la economía de burbujas y pelotazo) era muy clara: por un lado se pretendía debilitar a la clase media y obrera española trayendo trabajadores más necesitados y menos arraigados que reventaran el mercado laboral, ejercieran de esquiroles sociales y pudieran ser más y con más saña explotados. Además se les enroló enseguida en el mercado inmobiliario dándoles todo tipo de facilidades para endeudarse a sabiendas de que no tardaría en estallar la burbuja del consumo y entonces, mediante el consabido embargo, sus pisos volverían a manos de los bancos prestatarios que podrían volver a venderlos a nuevos incautos sin dejar de cobrar los intereses a los anteriores desposeídos. En suma: una estafa permitida por las leyes y el estado.

En otras palabras: los inmigrantes, como los nacionales, fueron sometidos a los intereses de la oligarquía (bancos, multinacionales, apenas un puñado de familias que llevan robando al pueblo gracias a su dominio de las instituciones del estado desde hace al menos seis generaciones) y víctimas como los españoles de explotación y estafa. Los culpables no son los inmigrantes sino los oligarcas y los politicastros que gobiernan a su servicio. El camino que debemos emprender es el de una nueva república que desgaje a dicha oligarquía y establezca un estado verdaderamente democrático que favorezca los intereses de la mayoría, del pueblo.

 

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DESIGUALANDO POR ARRIBA.

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Hace unos pocos días aparecía en la prensa el dato de que la población sin techo solo en la ciudad de Nueva York supera los 113 000 individuos, es decir casi la población de Jaén. Decía también la noticia que esta cifra había aumentado en el último año a causa de la crisis económica.

Más o menos por las mismas fechas uno de los personajes más nauseabundos de este país, adalid repugnante del dogmatismo neoliberal y nacional-católico español, la impresentable Esperanza Aguirre tenía la desfachatez (esa gente no ha conocido nunca la vergüenza) de proclamar a los cuatro vientos uno de los habituales sofismas del totalitarismo capitalista: que el socialismo quiere igualar a todos por abajo.

Esa gentuza del teapartismo internacional tiende a repetir como letanías unas consignas y unos dogmas que los hechos desmienten constantemente y que no resisten el más mínimo análisis racional pero que acaban calando en una opinión pública encanallada en la ignorancia por una constante y premeditada labor de desinformación emanada desde todos los medios, simples instrumentos de propaganda ideológica del gran capital que en su momento deberán ser incautados por el pueblo y  castigados sus responsables con el mayor rigor como traidores.

Tratan de vender el sofisma de que la concentración de riqueza y de poder en muy pocas manos es en realidad creación de riqueza y extensión de la democracia cuando lo que en realidad sucede con la aplicación de las políticas neoliberales es que aumenta la pobreza al disminuir la circulación de dinero al acumularse en unas pocas manos que lo amortizan con la tesaurización y lo dilapidan con una esteril política de gastos suntuarios y economía especulativa en todo punto alejada de la verdadera economía, la que genera empleo y genera y reparte la riqueza.

Es el capitalismo el responsable de que cientos de miles de personas en el mundo desarrollado vivan en la más absoluta pobreza y que cientos de millones de personas mueran de hambre, de sed y de enfermedades fácilmente curables en el resto del planeta. Por mucho que esta realidad moleste a los ideólogos y propagandistas del neoliberalismo, lo cierto es que el socialismo allí donde se implantó generó riqueza y fue un factor de desarrollo fundamental.

Por supuesto se aferran, para envolver de credibilidad  sus indefendibles argumentos, a ejemplos en apariencia negativos señalando a Corea del Norte o a Cuba sin caer en la cuenta de que el socialismo cubano universalizó la educación de calidad y la salud pública mientras que ambos derechos distan mucho de ser universales en los Estados Unidos donde se consideran negocios privados y no servicios públicos sirviendo por lo tanto para el enriquecimiento de unos pocos y estando abiertos tan solo para quienes los pueden pagar y todo ello en un marco de empobrecimiento del servicio común a toda privatización de servicios públicos. Se olvidan intencionadamente de que en los países del bloque soviético no hubo mendigos hasta que se pasaron con armas y bagajes al capitalismo. La diferencia entre la Unión Soviética y la Rusia actual son los cientos de miles de rusos que han perdido sus hogares y caído en la extrema pobreza, incluyendo a un elevado porcentaje de niños.

En 1989 todos los niños soviéticos estaban escolarizados y tenían garantizadas tres comidas diarias, los estudios y la atención médica. En 1992 había decenas de miles de niños viviendo en las calles, en las estaciones de metro, en las alcantarillas, niños que en lugar de tener un techo sobre sus cabezas, un colegio y un cuidado adecuado, se veían abandonados, incitados a la delincuencia y a la prostitución para que los ricos fueran cada vez más ricos. Esa es la verdadera naturaleza del capitalismo y de la ideología neoliberal de los hijos de puta (no cabe calificarlos de otro modo) que gobiernan el mundo.

Solo los muy estúpidos o los muy cabrones pueden estar de acuerdo con los dogmas del totalitarismo liberal-capitalista y empieza a ser más que urgente plantarse y decir NO.

No es que el socialismo iguale por abajo es que el capitalismo desiguala por arriba. Beneficia a los que ya son ricos a costa de los pobres, vacía de significado al sistema democrático convirtiéndolo de hecho en una dictadura encubierta con elecciones periódicas que no sirven para nada y compromete el futuro de la humanidad con unas políticas económicas y sociales obsoletas y basadas en la simple depredación de recursos, la especulación esteril y la explotación de individuos a los que no se considera ciudadanos sino productores y consumidores sin derechos.

Por la verdadera democracia es preciso plantarse, hoy mejor que mañana, y acabar con el dominio fascista del dogmatismo neoliberal. ¡Despertad!

NOTA.- La fotografía es de Eva Abreu

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JUSTIN BIEBER Y LA SESGADA PERSPECTIVA SOCIAL DE LAS TELEVISIONES.

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Los medios de comunicación, y especialmente la televisión, tienen como función última la propaganda ideológica: lo que vemos en ellos no es la realidad sino una recreación de la misma. Un ejemplo claro de lo que digo lo tenemos tanto en los llamados realitys como en los programas "del corazón" donde se ofrece al telespectador una "realidad" absolutamente artificial, prefabricada y alejada de la verdad. Sirven, además, estos programas para captar la atención del público más ignorante generando polémicas también artificiales y sin trascendencia ninguna que, sin embargo, pueden llegar a dividir un país. Piénsese, por ejemplo, en el famoso culebrón Belén Esteban-Jesulín de Ubrique que viene a ser la quintaesencia del género aunque se trate únicamente de uno más de entre tantos. No se trata en realidad de nada nuevo, es la repetición del esquema de intrascendentes rivalidades futbolísticas que se perpetúa en nuestros días pero procede de los  gloriosos de la desinformación franquista. Creando polémicas artificiales basadas en supuestas "realidades" controladas desde el poder se consigue que el pueblo se apasione y se desfogue afirmando la propia individualidad en asuntos que no perjudican al poder y ocultan los verdaderos problemas que, de considerarse, indignarían a las masas y harían peligrar el conveniente orden imperante. Por supuesto tampoco en la época franquista esta táctica de desinformación y control social era nueva. De hecho el enfrentamiento entre merengues y culés o entre béticos y sevillistas venía a reeditar el existente entre los verdes y los azules en los hipódromos de Bizancio y Roma y, en última instancia, respondían a la máxima del dictador César: Pan y Circo.

Pero no debemos pensar que esa recreación de la realidad destinada a mantener desinformada a la masa y pensada para ocultar los verdaderos problemas y las perspectivas poco convenientes al Poder vigente se quedan en los realitys, en los programas de corazón o en los deportivos. Antes al contrario alcanza, por supuestísimo, a los de entretenimiento, y es la esencia última de los llamados informativos.

Sin parar mientes en magacines supuestamente informativos que se dedican a organizar tertulias políticas al servicio de un conveniente y solo aparentemente virulento bipartidismo o que buscan la recreación de la realidad a través del morbo también convenientemente moralizante y transmisor de una ideología determinada procedente de las páginas de sucesos conviene que nos fijemos en los popularmente llamados telediarios para comprender que también son instrumento al servicio de esa recreación de la realidad del poder para desinformar al pueblo en una maniobra no por burda menos efectiva.

Por supuesto, y esto resulta evidentísimo en los de cadenas privadas, los telediarios están infectados por todos los vicios de los restantes programas "informativos" dedicando una gran parte de su tiempo al fútbol (ni siquiera al deporte) alimentando convenientemente las polémicas insulsas y los enfrentamientos entre equipos salvo cuando venden patrioterismo barato en torno a la selección española o algún coyuntural triunfo deportivo. De hecho en muchas ocasiones tienen la desvergüenza de abrir los informativos con intrascendentes noticias deportivas cuando en realidad están sucediendo cosas mucho más importantes en el mundo que, muy posiblemente, ni siquiera llegarán a comentar. También se dedican consciente y culpablemente a fomentar la realidad artificial de un bipartidismo natural e inevitable silenciando la existencia de otros partidos al margen de los dominantes (lo cual, puntualmente, puede incluir a algunos de los nacionalistas periféricos) y obviando cualquier referencia a  incómodos movimientos sociales que, en última instancia, solo se referencian de un modo negativo. Un ejemplo reciente del cinismo con el que los profesionales del medio se comportan se produjo no hace mucho en una conversación entre Mamen Mendizabal y los internautas en el diario Público. Alguien le preguntó por qué su telediario no hablaba de Izquierda Unida y ella respondió que IU no le interesaba ni a sus propios votantes y que, por lo tanto, podían ir perdiendo la esperanza de que se hablase de otros partidos que no fueran los dominantes. Tal respuesta, y el tono un tanto chulesco y agriamente cínico en que se produjo, generó una reacción airada entre algunos sectores próximos a dicha formación y la periodista no tardó en matizar su respuesta tratando de mostrarse más conciliadora. Pero, como en las declaraciones policiales, es la primera respuesta la más próxima a la verdad y , en ese sentido, Mamen Mendizabal resultó perfectamente ilustrativa. También se enfangan los telediarios en el sensacionalismo de sucesos con una dirección ideológica muy clara (en el sentido de los posicionamientos ultraconservadores emanados del imperio anglosajón) y se prostituyen dando como noticias lo que no es sino encubierta propaganda de las multinacionales del entretenimiento (básicamente sobre películas, cantantes y videojuegos). Son, en suma, los telediarios, poco más que prensa amarilla disfrazada de seriedad, medios de propaganda del gran capital que jamás abren su perspectiva más allá de lo que conviene a los que mandan. Creadores de una realidad artificial que tratan de presentar como única y monolítica.

Un ejemplo sangrante de lo que digo se está dando estos días en los que por todas partes cunde el descontento y en los que la juventud empieza a movilizarse para exigir sus derechos y manifestarse contra las políticas neoliberales del régimen que nos llevan a la ruina y a la pérdida de derechos y libertades para enriquecer a un minúsculo porcentaje de la sociedad. Y, lo que resulta más peligroso, se están produciendo movimientos intergeneracionales de unidad ya que el descontento es generalizado.

Pues bien: durante semanas las únicas noticias sobre la juventud que se han visto en los telediarios han sido sobre botellones y con la intención, nada inocente, de enfrentar a las generaciones. Si un movimiento masivo de descontento no se puede evitar conviene que pase como una simple algarada de jóvenes alborotadores, seguramente extremistas y drogados o borrachos que horrorice y mantenga en sus casas a los adultos. De hecho lo que hizo peligroso para el Poder al mayo del 68 fue que los jóvenes universitarios y los obreros se unieron en un solo frente que desafió al poder. Y lo que evitó la subersión total del mismo fue, precisamente, la habilidad del gobierno francés para acabar quebrando dicha unidad de acción. Ahora se está jugando y, repito, en absoluto inocentemente, a ese mismo juego: dividir para que el estallido de violencia sea tan solo una serie de disturbios juveniles sin mayor trascendencia. Por cierto que en ese sentido no deja de ser interesante hacer notar cómo siempre que los informativos hablan de las revueltas en el mundo árabe o de las manifestaciones en países europeos se refieren invariablemente a jóvenes...cuando las imágenes, por muy editadas que estén, permiten a la perfección darse cuenta de que hay mucho más que jóvenes en las calles. Se trata, insisto, de una simple y llana táctica de desinformación propia de la guerra de cuarta generación en la que, sin saberlo, nos encontramos inmersos.

Y esta semana, cuando por fin los informativos dejan de dar la tabarra con los botellones y macrobotellones y de extender sobre los jóvenes el sambenito del ninismo (de nuevo en un hábil intento de separar generaciones con los mismos problemas, las mismas frustraciones y las mismas ganas de cambio que, unidas, acabarían derribando el régimen) vuelven a presentar, siempre interesadamente, otra realidad artificial como realidad única, monolítica e malintencionadamente denigrante hacia los jóvenes con esa finalidad de distanciarlos de sus mayores con los que tantas cosas en común tienen. ¿Qué es ello? pues no otra cosa que la sobrecobertura de las andanzas de uno de esos niñatos amariconadillos y prefabricados por las multinacionales del disco (esas que tanto persiguen a la "piratería" porque ya no les salen las cuentas de un negocio anquilosado y vetusto) en nuestro país, un tipejillo sin ningún interés como artista ni como cantante ni como persona (demasiado éxito demasiado temprano no va a contribuir precisamente a hacer de él un hombre de provecho, de hecho ya sabemos como acaban la mayor parte de todos estos "niños prodigios" lanzados por la industria del entretenimiento) del cual, en una vuelta de tuerca al juego de la realidad artifical, se ha hecho incluso un "documental biográfico"...me refiero, claro está, al tal Justin Bieber.

 En principio esa sobrecobertura no sería más que otra de las habituales jugadas de mercadotecnia de las multinacionales a las que los informativos se prestan habitualmente. Pero en las actuales circunstancias la carga de profundidad es mucho mayor. Después de presentarnos a una juventud encenagada en los botellones, el consumo de drogas y el ninismo, nos ofrecen otra imagen igualmente denigrante: la de los fans enloquecidos que no tienen ningún otro interés social, político ni vital que ver a su ídolo prefabricado, entregados a un histérico fanatismo artificial e intrascendente como el generado por el futbol, los realitys o los programas del corazón. Y esa imagen pretende convertirse en una realidad absoluta e indiscutible de la totalidad...todos los jóvenes que no respondan a ella y osen movilizarse podrán ser tratados entonces como radicales antisistema y sujetos peligrosos a los que anatemizar en contraposición a los inocentes y pacíficos fans...

Así nos manipulan, conviene que vayamos abriendo los ojos.

 

 

NOTA.- la fotografia es de icklekitty

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EL FACTOR ZAPATERO.

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Con toda seguridad hoy, 2 de abril de 2011, comienza una nueva etapa en la demolición del estado de bienestar y en la liquidación de los escasos restos democráticos que le quedan al régimen español de 1978. Nuestro presidente de gobierno acaba de anunciar que no se presentará como candidato en las elecciones generales del año 2012. Ello quiere decir que no tiene que preocuparse por su futuro político pero sí por el personal. Y ya sabemos como funcionan esas cosas. Como ha sucedido con Aznar o con Felipe González quienes de verdad van a asegurarle un futuro económico mucho más que desahogado son los enemigos del pueblo, los oligarcas nacionales o extranjeros que pueden colocarle en consejos directivos, contratarle como "asesor" o financiarle fundaciones o todo ello a la vez y siempre asegurándole enormes emolumentos. De modo que si teníamos alguna duda de qué tipo de política iba a desarrollar en estos últimos meses de gobierno, podemos desecharla. Ya sabemos que se acentuarán las medidas en favor del gran capital y en contra de los intereses generales del pueblo español. Máxime teniendo en cuenta que en el último sanedrín celebrado precisamente con esos popes de la oligarquía patria recibió un mandato preciso de labios de Emilio Botín: mantenerse en su puesto hasta las próximas elecciones ¿para qué?...la excusa pública era la estabilidad. La razón real: acentuar el asalto del gran capital al estado. Llegan medidas mucho más impopulares que las tomadas hasta ahora y conviene que las lleve a cabo un político ya quemado y sin futuro dentro del juego electoral pero al que se le asegura un porvenir de oro en el sector privado en virtud de pago a servicios prestados.

No es una jugada ni original ni poco frecuente. De hecho es un mecanismo habitual en el bipartidismo anglosajón que España está copiando conscientemente (y no precisamente en cumplimiento y desarrollo de una constitución por lo demás bastante discutible) al menos desde 1982. Sin entrar en otras consideraciones ni en más detalles baste para ilustrarlo  el ejemplo de la presidencia de los Estados Unidos. Allí, como aquí, se tiende conscientemente al personalismo. Se vota un nombre, una marca temporal de prestigio que puede venderse con las argucias de la mercadotecnia y el apoyo propagandístico de los medios de comunicación al servicio del régimen y de los poderes económicos que lo manejan. Si todo va bien esa marca puede perpetuarse en el poder durante dos legislaturas y en la segunda, libre de la enojosa preocupación de la reelección, astutamente vedada por la ley, puede dedicarse a hacer abiertamente políticas escasamente populares pero extraordinariamente útiles para la oligarquía que verdaderamente se beneficia del régimen existente en los Estados Unidos y que, a pesar de la intensa propaganda y las numerosas elecciones, dista de ser una verdadera democracia. Pasados los ocho años la marca promocionada al inicio del ciclo está ya quemada y se sustituye por otra. El aparato se pone al servicio de un nuevo rostro que se presenta como opción distinta y nueva pero que a la postre representa los mismos intereses que la anterior, que cualquiera que puede aspirar a despuntar dentro del régimen: los de la oligarquía dominante. Se trata, en realidad, de un teatrillo de títeres en el que los candidatos tan solo son productos que se venden con mentiras y demagogia para ganar un proceso electoral en el que se enfrentan a otros títeres similares, que sirven igualmente a los mismos intereses ocultos, y que, en cualquier caso, harán siempre las mismas políticas y a menudo con los mismos equipos. Así se le da al pueblo inculto la sensación de que las cosas cambian y se mueven, de que hay esperanza y alternativas dentro del sistema mientras las verdaderas estructuras de poder permanecen en la sombra, intactas y manejando los hilos entre bambalinas. Los partidos, en ese esquema, son solo maquinarias electorales y viveros de ambiciosos sin verdadera entidad ideológica, y son manejadas por la oligarquía que realmente detenta el poder. Aquí hemos seguido el mismo camino. Vivimos una ficción democrática en la que los rostros que detentan cargos son indiferentes, simples marcas al servicio de una política única: la del gran capital.

Y ahora Zapatero no tiene por qué mantener su careta. Su futuro no está en la vida pública sino en el suntuoso retiro privado. Ello quiere decir que tiene las manos libres para imponer las medidas que le convienen a la oligarquía (a Botín y semejantes) perjudicando al conjunto de la sociedad. Luego, en 2012, quizá el PSOE pierda las elecciones, pero no importará, porque ahí está el PP para seguir haciendo las políticas de destrucción del estado del bienestar, de retirada de derechos a los trabajadores, de favor a las multinacionales y de adelgazamiento y ya total consunción de la escasa democracia de la que todavía disfrutamos.

Ciertamente hoy, 2 de abril de 2011, comienza una era nueva en la demolición de la democracia y del estado del bienestar en España. Y es una etapa definitiva. Desde hoy, cada vez más la lucha es a vida o muerte. O ellos (la oligarquía, el Poder, la dictadura encubierta, la privación de derechos, la malversación del estado en beneficio de manos privadas) o nosotros (el pueblo, la justicia y la democracia). No hay más.

 Y, si algo hemos aprendido en estos últimos años, es que de nada sirve votar. De poco manifestarse un día. Si queremos cambiar las cosas necesitamos un movimiento ciudadano firme y sostenido en el tiempo. El actual régimen ni nos representa ni está al servicio de nuestros intereses. La premisa básica de la democracia, el hecho de que la soberanía radica en el pueblo, ha sido vulnerada. La partitocracia tal y como la conocemos hurtó esa soberanía encastillándola en instituciones cada vez menos representativas y ahora está traspasándola rápidamente del pueblo a los bancos y las multinacionales, a la oligarquía, en una palabra. Evidentemente no podemos consentirlo. Tenemos que unirnos, movilizarnos, salir a la calle y paralizar el país para reclamar precisamente esa premisa básica de la democracia: que el estado es del pueblo y para el pueblo y que cualquier uso o institución que se aparte de esta verdad inalienable es de facto tiránica e ilegítima.

 Debemos tener muy presente que la verdadera vacuna contra el golpismo después del 23 de febrero de 1981 fueron las masivas manifestaciones populares afirmando que se deseaba la democracia y que el pueblo, todos nosotros, no estaba dispuesto a permitir un retorno a la dictadura. Debemos recordar, igualmente, que el fin del Aznarato en 2004 se produjo por un movimiento similar: la inmensa mayoría del pueblo manifestándose masivamente contra la participación en una guerra ilegal e ilegítima que hubo de abandonarse y reaccionando en las urnas frente a un deplorable intento del gobierno de turno de arrebatar la verdad al pueblo y, por lo tanto, de optar a la tiranía. Ahora estamos en las mismas circunstancias pero no se trata ya de cambiar un gobierno por otro, de variar de siglas. Se trata de cambiar el sistema, de conseguir una verdadera democracia por y para el pueblo. Tenemos que conquistarla en la calle en los próximos meses o años, la alternativa ya la conocemos: no pintar nada, que nos lo quiten todo y que los ricos cada vez sean más ricos y poderosos y los pobres (y en esta categoría se incluye incluso gran parte de la clase alta mal que le pese, frente al gran capital todos somos proletarios) más pobres y contando menos.

Por ese motivo desde estas páginas apoyamos todas las iniciativas de movilización que se están produciendo en momentos tan decisivos. Así hace poco nos adherimos a la Plataforma 15 de Mayo y hoy mismo acabamos de hacerlo al manifiesto de Juventud Sin Futuro. Hay que luchar y hay que hacerlo ya.

Para los interesados añado la dirección de ambas plataformas:

http://democraciarealya.es

www.juventudsinfuturo.net

 Así como la de la Red de Convergencia Social en el convencimiento de que todos estos proyectos más temprano que tarde deberán unificarse y coordinarse:

www.redconvergenciasocial.org

NOTA.- la fotografía es de Javi S&M.

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LIBIA, SÍ; BAHREIN, NO.

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Esa cuadrilla de superhéroes marvelianos conocida con el nombre de "Los Aliados" han comenzado una nueva ofensiva contra otro tirano. En este caso contra el libio Gadafi. Y todos aplaudimos fervorosos porque en esta ocasión, como en el caso de Yugoslavia, tienen la sacrosanta bendición de la ONU.

No hay fisuras en la opinión pública porque, como suele suceder, los medios de comunicación, al servicio de la propaganda oficial, ya se han encargado de hacernos saber que Gadafi, como en su día Sadam Husein o Milosevic es un asesino, un dictador, un represor de su pueblo. Un supervillano con todas las de la ley. Y es cierto. Tan cierto ahora que conviene bombardearle como antes, hace unos años, cuando lo conveniente era mirar para otro lado y ensalzarle.

¿Donde estuvo el punto de inflexión?¿Cuando el extravagante mandatario se convirtió en un ogro bombardeable?...¿cuando se sublevó su pueblo o cuando, en un acto de independencia intolerable para el imperialismo yanqui manejado por las multinacionales, amenazó con nacionalizar el petróleo de su país?... Debió ser cuando amenazó con la nacionalización porque, si lo consideramos bien, también en Bahreín y en Yemen, y en Arabia Saudí, monarquías feudales regidas por tiranos tan sanguinarios y repugnantes como el propio Gadafi, está protestando el pueblo y las potencias occidentales, esos ilegítimos instrumentos del gran capital, están mirando para otro lado y tolerando represiones igual de salvajes y duras que las del caudillo libio. 

No debe olvidarse que Bahrein, Yemen y Arabia Saudí, las arcáicas monarquías medievales e islamistas del golfo, son aliados tradicionales del imperialismo anglosajón desde que los ingleses expulsaron de Medio Oriente a los turcos y heredaron sus posesiones durante la I Guerra Mundial. Así las cosas los únicos tiranos a los que bombardea la OTAN son los que siempre, desde al menos la época de la Guerra Fría, se mostraron poco dóciles al imperialismo del Gran Capital que utiliza a los Estados Unidos y la OTAN como instrumentos de sus intereses globales de dominio económico, político, ideológico y social. Lo que se está haciendo en Libia en estos días no es diferente de lo que se hizo en Iraq y representa solamente un episodio más en el expansionismo imperialista de los Estados Unidos ayudados por sus países vasallos de Europa y la aquiesciencia de una institución como la ONU, al servicio de sus intereses mundiales, sobre el control del petróleo y la destrucción de los regímenes nacionalistas del mundo árabe.

En suma: nada de lo que alegrarse. Salvo en el caso de ser uno de los heroicos sublevados que resisten en Bengasi. Pero estos ya tendrán tiempo de lamentar el haber sido "liberados" por los Estados Unidos y la OTAN. De momento dejemos que lo disfruten.

Nosotros, como ciudadanos occidentales conscientes, no podemos estar contentos con lo que sucede. Por muy poca que sea la estima en que tengamos a Gadafi, que en mi caso, es nula.

 PD.- La participación de España en esta carnavalada sangrienta bajo un gobierno del PSOE permite comprobar bien a las claras cual es la verdadera naturaleza del régimen de 1978 y de los dos partidos turnistas en el poder. Del mismo modo que gobierne cual gobierne las medidas económicas y sociales que llevan tomando los últimos 30 añós lejos de favorecer al pueblo son las que interesan al gran capital extranjero e imperialista y a las oligarquías locales vendidas al mismo y seguirá sucediendo así mientras permanezcamos dentro de esta monarquía borbónico-bananera que llaman con suma desvergüenza propagandística democracia, del mismo modo, digo, seguiremos a nuestros amos yanquis a las guerras que a ellos les interesen (no en vano seguimos en Afganistán y luchamos contra nuestros propios intereses en los Balcanes y participamos en la carnavalada iraquí).

Nos gobiernan traidores al servicio de los intereses del imperialismo yanqui y enemigos del pueblo. Solo podremos considerarnos en una verdadera democracia cuando derribemos el actual régimen y establezcamos una república libre del yugo a que nos han sometido nuestros gobernantes desde el franquismo. Nuestra presencia en Libia es un recordatorio constante de esta verdad indiscutible.

PD (21 de marzo de 2011).- Además nos están vendiendo la milonga de que se trata de una guerra legal porque se está cumpliendo una más que sospechosa resolución de la ONU. Pero cuidado: dicha resolución habla del establecimiento de una zona de exclusión aérea para evitar que Gadafi bombardee a la población civil, sin embargo la coalición (es decir: los Estados Unidos y sus acólitos más serviles, entre ellos, y para deshonor del pueblo y el ejército, España) está aprovechando para atacar vehículos blindados en tierra, instalaciones de todo tipo y tratar de asesinar a Gadafi bombardeando sus palacios. En la práctica, y nos cuenten lo que nos cuenten, la Odisea al Amanecer (habría que ver, por cierto, quién es el hortera que le pone nombre a las operaciones de la OTAN) es de facto una guerra ilegal del mismo corte que la llevada a cabo contra Iraq en 2003 y con las mismas motivaciones: permitir que las empresas del gran capital imperialista, especialmente las anglosajonas, se apropien del petróleo libio y del inmenso negocio de la reconstrucción. Porque una parte fundamental de este tipo de guerras es que el ejército agresor (en teoría al servicio de la defensa y el bien público) destruya la mayor cantidad de infraestructuras posibles para que las empresas privadas del sector puedan hacer más ricos a sus acaudalados propietarios con el pelotazo de la reconstrucción. Además, claro está, de acabar estableciendo gobiernos títeres y dóciles a los intereses de las multinacionales que, en la práctica, son las que se encuentran detrás de todos estos movimientos bélicos utilizando, como es habitual en el actual sistema político-económico, los medios públicos (el ejército en este caso) para fines privados (los de las multinacionales).

Cada minuto que pasa confirma con mayor rotundidad que nos encontramos ante una ilegítima agresión imperialista del gran capital sobre un país que, con un régimen tan cuestionable como las monarquías del golfo a las que ni se ataca ni se atacará, se mostró siempre poco dócil al neocolonialismo globalizador del gran capital que está pugnando por dominar el mundo. Apoyar semejante desafuero es indigno y convierte a quienes lo hacen en cómplices de los crímenes que se cometan (empezando por la estafa y la apropiación indebida y acabando por los de lesa humanidad) y, en definitiva, como sus medidas antisociales venían demostrando ya, nos permiten ver que Zapatero era poco más que un demagogo. Llegó al poder aupado en la ola de descontento popular por la ilegítima y colonialista guerra de Iraq y va a acabarlo sin habernos sacado de la ilegítima y colonialista guerra de Afganistán y metiéndonos en la ilegítima y colonialista guerra de Libia. Llegó al poder presumiendo de hacer una política social "de izquierdas" y está haciéndole el caldo gordo al gran capital. Queda claro que dentro del actual turnismo no existe solución a ningún problema. El régimen bananero e ilegítimo establecido en 1978 como sucesor directo del de 1936, debe ser destruido para establecer una verdadera democracia. Mientras tanto todos sus actos carecen de legitimidad.

PD( 23 de marzo de 2011).-Una bonita prueba del cinismo de nuestros dirigentes es la justificación que el presidente Zapatero dio en el congreso para justificar nuestra participación en el asalto a Libia cuando él se aprovechó para llegar a la Moncloa de la ola de descontento causada por la participación en el asalto a Iraq. Dijo que había estado en contra de la guerra de Irak pero a favor de la de Afganistán "donde no hay petróleo"...¡por favor!...No hay petróleo pero sí gaseoductos y oleoductos además de ser una excelente plataforma para los Estados Unidos en su afán de arrebatar a Rusia el control del petróleo de las repúblicas ex-soviéticas de Asia central. Luego, la de Afganistán, es una guerra por el control del petróleo exactamente igual que las de Iraq y Libia y un paso más en el camino hacia el dominio mundial del gran capital anglosajón al servicio del cual, ya no queda duda, están todos los políticos que manejan las supuestas y falsas democracias occidentales.

NOTA.- La fotografía es de Steven Riley

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ESTRASBURGO Y EL CRUCIFIJO

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La Unión Europea es un invento de la democracia cristiana sometida al imperialismo estadounidense destinado a imponer en la Europa occidental un modelo político similar al imperante en los Estados Unidos: anticomunista, conservador y subrepticiamente teocrático. Desde sus comienzos con la Comunidad Económica del Carbón y del Acero hasta nuestros días, la UE ha cumplido simplemente ese papel: el de servir a la imposición del conservadurismo más zafio sobre las sociedades europeas y la de crear un amplio espacio para la especulación financiera bajo el signo de una moneda común cuya existencia y permanencia, se está viendo cada día, beneficia tan solo a una oligarquía reducida (especialmente de caracter franco-alemán) perjudicando los intereses generales de los pueblos europeos. Es, por lo tanto, una institución ilegítima e inmoral cuya existencia solo ha servido para instrumentalizar al continente en beneficio de los intereses de las élites ultraconservadoras claramente identificadas y mimetizadas con el modelo político, filosófico, económico y social del imperialismo anglosajón. Una institución, por tanto, incompatible con la democracia y el progreso cuya existencia supone una rémora para el conjunto de los pueblos de Europa.

No es casualidad que la bandera de la Unión Europea aluda a la corona de la Inmaculada Concepción, no es casualidad que sus premios más importantes honren a Carlomagno, no es casualidad, en fin, que base su ideología en el sofisma romántico de que las raíces de Europa son cristianas y mediavales cuando, en realidad, son paganas y retrotraibles al menos al vaso campaniforme. No es casual ni de recibo. La Unión Europea no es una institución democrática sino un medio de imposición de las creencias más ultraconservadoras y derechistas que dominan el continente en perfecta conjunción con el dominio imperialista de los yanquis.

Europa debe librarse del yugo estadounidense para alcanzar su propio ser y su verdadero destino y para ello debe, indefectiblemente, librarse de la dogmática superestuctura de la UE que solo es un reflejo y un instrumento de dicho yugo. Europa debe construirse desde nuevas perspectivas que en modo alguno pueden estar contaminadas del miasma teocrático propio del liberalismo romántico. Hemos de liberarnos de una vez del siglo XVIII para ganar definitivamente el XXI y para ello hemos de romper definitivamente con la ideología que anima a la Unión Europea. Necesitamos construir una nueva Europa desde la izquierda, desde la democracia verdadera y el sentido ciudadano helénico. Una Europa consciente de su ancestral paganismo y de la impostura de las interesadas reconstrucciones medievalistas del ultraconservadurismo clerical y teocrático que todavía dominan el panorama ideológico dominante. El liberalismo capitalista es ya una reliquia arcaizante de un pasado indeseable que debe ser sepultado y olvidado.

En ese orden de cosas no deja de ser revelador y al tiempo vergonzosamente escandaloso que las instituciones europeas sigan haciendo gala de su ideología clerical y anquilosada en todos sus actos. Sin ir más lejos con la reciente sentencia del Tribunal de Estrasburgo (cuya jurisprudencia es una emanación tóxica de la ideología liberal-conservadora que anima a la UE) con respecto a la permanencia de los crucifijos en las aulas escolares. Pretenden los ilegítimos jueces del tribunal europeo que su presencia en las mismas no es un atentado contra la libertad de conciencia de los alumnos cuando, de hecho, representan una intromisión inaceptable de las sectas semitas dentro de un ámbito, el educativo, que debería consagrarse a la razón y quedar por completo libre de las influencias de la superstición. Vamos para atrás. En lugar de avanzar hacia la razón y el progreso nos están arrastrando hacia el dogmatismo teocrático, hacia un conservadurismo trasnochado e inaceptable que cada día gana más espacio en un continente que fue, durante parte de los años sesenta y setena del siglo XX una esperanza de liberación y futuro. Si seguimos así volveremos a ver a la inquisición quemando herejes y brujas en las plazas de las ciudades europeas. Hay que impedirlo.

Necesitamos una Europa nueva para construir un mundo nuevo y mejor y está claro que la Unión Europea, tal y como la conocemos, no es sino una rémora para alcanzar esa nueva Europa.

La Unión Europea, tal y como la conocemos, es una institución ilegítima, inmoral y reaccionaria que debe ser destruida. Hoy mejor que mañana.

NOTA.- La fotografía es de IzuenGordelekua.

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DE LA MILI

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Andan estos días los medios propagandísticos del régimen (sí: las televisiones, las radios y los periódicos mayoritarios que tienen la desfachatez de proclamarse prensa libre y ejercen, sin embargo, al modo del Nodo y de la prensa del Movimiento) celebrando el décimo aniversario del fin del servicio militar obligatorio en España y presentando tal medida como algo bueno y moderno. Imagino que muchos de mis lectores estarán de acuerdo con ese punto de vista y no entenderán, al menos a primera vista, mi disconformidad con él.

Es cierto que el invento del servicio militar obligatorio allá por el siglo XIX fue un medio más de explotación de las emergentes oligarquías sobre el pueblo. Para defender los intereses de los ricos se enviaba a los pobres a luchar allí donde fuera preciso bajo la premisa del patriotismo que siempre ha sido la mejor forma de encubrir los intereses bastardos de las oligarquías dominantes. De hecho, puede observarse en cualquier periodo de la historia, el concepto de patria se ha identificado siempre con los intereses y nociones de quienes dominan el juego político. La única patria de los pobres es el sometimiento hasta que se hartan y se sublevan. Hoy seguimos igual: identificando a las patrias con sus bancos y sus multinacionales y haciendo la política en beneficio de estos en lugar de a favor del pueblo, no hemos evolucionado, en la práctica, nada desde el siglo XIX.

Centrándonos en España el mejor ejemplo de como el servicio militar obligatorio sirvió para poner la fuerza de trabajo del proletariado al dictado interesado de la oligarquía es la Guerra de Marruecos que no en vano generó todo un movimiento de oposición y desapego del pueblo y la aparición de nocivos elementos militares, los africanistas, identificados con los presupuestos ideológicos de la oligarquía que más adelante, en 1936, serían la punta de lanza del golpe fascista y de su premeditada limpieza étnica contra el elemento progresista y modernizador de España. Me consta que las nuevas generaciones lo ignoran casi todo sobre su propia historia y es muy posible que en estas mismas páginas dediquemos algún artículo a dicha guerra y su interpretación. Pero, mientras eso llega, invito a mis lectores a que se informen por su cuenta.

En ese marco en el que la oligarquía impone sus intereses al pueblo enviándole a guerras coloniales de las que solo se beneficiarán los ricos el servicio militar obligatorio, estoy de acuerdo, era tan solo una forma de explotación sobre el proletariado a la par que un medio de adoctrinamiento político. De ahí que hubiera una arraigada contestación al mismo en los estamentos progresistas e izquierdistas que en este caso, como en otros muchos, demostraron escasa capacidad de maniobra, de innovación, nula perspicacia con respecto al cambio de los tiempos y una inercia dogmática muy poco saludable que, a la postre, les ha conducido en los últimos veinte años a la debacle total.

 Esos estamentos solo sentimentalmente izquierdistas, apoyados por los militantes acérrimos y por lo tanto férreamente doctrinarios y escasamente autocríticos y proclives a la evolución (que el partido comunista llegase a monopolizar y pretenda seguir haciéndolo el espectro de izquierda en España supuso una terrible catástrofe que comenzó con las matanzas de 1937 y de la que todavía no nos hemos librado), siguieron con sus románticas ideas pacificistas y antimilitaristas a lo largo de los años ochenta y noventa apoyando y fomentando el movimiento de objección de conciencia (sin querer tener en cuenta que la objección de conciencia es un invento de las sectas cristianas para no cumplir las leyes de progreso) y a favor de un ejército profesional sin percatarse de que eso, en el fondo, con el cambio experimentado por España y la geoestrategia mundial desde mediados de los sesenta, era, en la práctica, ponerse al servicio de los intereses de las oligarquías.

Guste o no, hubo un avance social a partir de los años sesenta, una evolución democrática impulsada por los medios contestatarios que habían ido dotando de personalidad jurídica a los reclutas. En los años ochenta, aunque el trato siguiera siendo despótico, un recluta no estaba desprovisto completamente de sus derechos ciudadanos y, desde luego, no se le podía enviar a morir en cualquier país lejano por los intereses de oligarquías que ni siquiera eran ya nacionales. En cierta medida el servicio militar obligatorio era una forma (insuficiente y depauperada, es cierto) de ejército ciudadano que no servía ya a los objetivos e intereses de las oligarquías mundiales que impusieron su yugo sobre las nacionales en el transcurso de los años sesenta.

La nueva forma de explotación de los recursos públicos militares al servicio de intereses privados por parte de la oligarquía exigía un nuevo modelo de ejército: uno profesional, en otras palabras: de mercenarios. Que es el modelo que se impuso.

Nuestra entrada en la OTAN en 1984 y en la Unión Europea en 1986 supuso nuestra total sumisión a los intereses y dictados de la gran oligarquía anglosajona, del Poder mundial que nos domina, y era preciso adaptar nuestro modelo de ejército a los nuevos intereses de nuestros amos. No resultaba una medida sencilla de llevar a cabo en parte por el inmovilismo de un estamento militar franquista acostumbrado al modelo de conscripción obligatoria y en parte por la impopularidad social que dicho sometimiento a los intereses del Gran Capital mundial generaba en una sociedad como la española que en los años ochenta y noventa era todavía bastante sana.

Había que esperar el momento preciso y alentar la propaganda adecuada. El Felipismo jugó por un lado la baza de tolerar y alentar el movimiento de objección de conciencia como un movimiento pregresista y modernizador (cuando en la práctica obraba ya a favor de los intereses oligárquicos) y por otro la de las "misiones de paz" al servicio de la ONU que consisten en la práctica en intervenir allí donde le conviene a la oligarquía mundial dominante con un disfraz legal y buenrrollista de fuerzas de paz. De hecho nuestras intervenciones en los Balcanes en los años noventa fueron, aparte de una monumental bajada de pantalones ante los Estados Unidos, una prueba más que flagrante de la inadecuación entre los intereses de la oligarquía mundial dominante y los de España como nación y de cómo, en caso de conflicto, nuestros políticos en lugar de legislar y maniobrar en favor de España lo hacen a favor de las oligarquías extranjeras conviriténdonos de facto en una colonia de dichas oligarquías. De aquellos lodos balcánicos y de adhesiones suicidas a ligas militares y económicas pensadas para el beneficio del Gran Capital, vienen los lodos que padecemos en el modo de "resolver" una crisis económica y social siempre a favor de los intereses de esas oligarquías y en contra de los intereses del pueblo.

En fin, que a los intereses geoestratégicos de las oligarquías angloprotestantes y judeosionistas que manejan el imperialismo estadounidense convenía un ejército español que pudiera llevarse a combatir a cualquier lado donde les fuera preciso. Y eso no podía hacerse con soldados de reemplazo. Había que sacarse de la manga un ejército "profesional" es decir: mercenario cuyos integrantes pudieran morir en Iraq, Afganistan o Marte sin que ello provocase un rechazo social. Se trataba, en suma, de seguir el modelo del ejército estadounidense que a lo largo de la guerra de Vietnam, y precisamente por la contestación ciudadana (el caso era similar al de la guerra de Marruecos en España a comienzos del siglo XX), abandonó el servicio militar obligatorio para pasar a convertirse en una fuerza "profesional".

En eso, como en todo, la España de la monarquía parlamentaria, el régimen de 1978, con el respaldo más o menos consciente de fuerzas aparentemente progresistas pero convertidas desde el principio en peones de las oligarquías dominantes, en lugar de llevar a cabo una política basada en el interés nacional, se limitó a aceptar la imposición de modelos estadounidenses ajenos a nuestros intereses y solo favorables a los de la oligarquía dominante. Se ha hecho así en todos los campos de la economía, la sociedad, le educación, la salud, la legislación...el campo militar no iba a ser una excepción.

Así las cosas no deja de ser muy significativo que Aznar, un conspicuo lacayo de los intereses de la oligarquía mundial dominante (y por lo tanto un despreciable traidor a España), fuera quien acelerara el fin del servicio militar obligatorio en España y precisamente en una fecha tan paradigmática como 2001 cuando la administración Bush andaba ya buscando la excusa para intervenir en Iraq y Afganistan para apoderarse del crudo y los gaseoductos del centro de Asia y el Golfo Pérsico. Nos contaron lo de las armas de destrucción masiva y vimos los atentados de las Torres Gemelas presentándonoslos como perfectas excusas, pero la decisión de intervenir estaba tomada de antemano y les hubiera servido cualquier otra excusa. Y Aznar, como servidor de intereses espúreos, siervo indigno del Gran Capital mundial, tenía que asestar rápidamente el último golpe al ejército ciudadano español convirtiéndolo en un arma mercenaria al servicio de los intereses de nuestros amos extranjeros. Del mismo modo que liquidó el sector público español (léase en estas mismas páginas el artículo Destruyendo el Patrimonio Común) para beneficiar a dichas oligarquías en detrimento de los intereses del pueblo, acabó con el servicio militar obligatorio con el mismo objetivo.

Podemos afirmar, pues, que el fin del servicio militar obligatorio en España en 2001 lejos de ser una buena noticia significó un paso más en nuestra subordinación al dominio de las poderosas oligarquías del capitalismo anglosajón y sionista. Un paso más en la destrucción de España y nuestra conversión en colonia tercermundista que es en lo que nuestros políticos nos acabarán convirtiendo si seguimos permitiendo el actual estado de cosas y que el régimen de 1978 perviva.

Hay un hecho cierto que se constata a lo largo de toda la historia desde la más remota antiguedad: un ejército ciudadano es siempre el instrumento propio de la verdadera democracia mientras que un ejército mercenario sirve solo a intereses tiránicos. Era ya así en la antigua Grecia, lo fue desde entonces y sigue siendo así en nuestros días.

Nos guste o no una democracia debe articular su defensa en torno a un modelo de ejército ciudadano basado en el servicio militar obligatorio como una forma más de ejercer la ciudadanía. El desvincularse de las tareas militares y pretender que la vida privada no debe compatibilizarse con los deberes públicos es solo ignorancia y egoismo que conducen al sometimiento, a la pérdida de categoría de ciudadanos y la conversión en siervos.

Ser ciudadano es más que votar (o no) cada cuatro años. Exige una implicación total y plena en los intereses del estado y ello incluye, indefectiblemente, los aspectos militares del mismo. La haraganería, la flojez o el egoismo no caben dentro de una verdadera democracia. El ciudadano ha de serlo cada minuto de su vida, en la paz o en la guerra, con férrea vocación de servicio al bien común expresado en un estado (y un ejército) que sean expresión cierta de la voluntad y los intereses del pueblo. De modo que sí: la republica venidera restablecerá el servicio militar obligatorio. Al menos si pretende constituirse, como debe, en una verdadera democracia.

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LAS LIMITACIONES DEL SOCIALISMO ÁRABE.

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Si algo ha demostrado la última década y, especialmente, los últimos dos meses, son las limitaciones del socialismo árabe y su inadecuación como elemento de modernización social y política. Ya sé que esta frase animará y hará felices a muchos de esos parafascistas neoliberales que con tal de denigrar al socialismo y a las opciones de avance social, racionalismo político y justicia democrática saltan a la yugular de cualquier cosa que les huela a izquierdismo y que lleve en sus enunciados la palabra socialista llegando, en su infinita ignorancia y deprimente estulticia, a equiparar con deleite nacional-socialismo, social-democracia, marxismo y stalinismo...bien, ya sabemos que esos imbéciles existen, abundan y tienen la desfachatez, sobre todo últimamente puesto que se ven respaldados por poderes económicos y mediáticos tan ridículos y repugnantes como ellos, de hacer ruido y alardear de su congénita memez allí por donde pasan. Pero también sabemos que este blog es para todos los demás. Para la gente sensata y con ansias de justicia, progreso y verdadera democracia.

Ya, ahora que nos hemos librado de los fascistas neoliberales y sus ruidosos acólitos devotos de la cleptocracia memocrática del liberalismo ultracapitalista, recomencemos. 

Decíamos que si algo están demostrando los últimos acontecimientos en el norte de África, pero también la evolución de los regímenes árabes del Próximo Oriente, es que el llamado socialismo árabe no ha servido para modernizar dichos países del mismo modo que las opciones teocráticas arcaizantes han contribuido, por cierto con el apoyo de los imperialismos anglosajones que de ese modo retratan su verdadera naturaleza ideológica (teocrática y arcaizante), solo sirven y han servido para escenificar una falsa imagen del complejo mundo árabe e islámico bajo el yugo de un totalitarismo coránico aberrante propio de extremistas alucinados que no hubieran sido nada si los imperialismos dominantes no los hubiesen protegido en contra de opciones plurales y de progreso que hubieran reconducido el mundo islámico en direcciones más sensatas, productivas y avanzadas al modo turco. Pero, claro, el modelo turco excluía, al menos en principio, la ingerencia colonial y eso perjudicaba a los intereses imperialistas de Francia e Inglaterra primero y de los Estados Unidos después. Para estos, para las oligarquías financieras que manejaban y manejan sus negocios, resultaba más productivo respaldar el siempre impopular totalitarismo teocrático de sectas como los wahabitas o los salafistas que a cambio les permitiesen apropiarse de las materias primas y riquezas de sus territorios que favorecer el desarrollo de sociedades avanzadas y democráticas que, lógicamente, dificultarían en mayor grado el impune expolio al que han sido y son sometidas las naciones árabes y musulmanas. En ese sentido podemos afirmar con absoluta certeza que los mayores culpables de la expansión del integrismo islámico por el mundo son las potencias imperialistas anglosajonas que, sistemáticamente, apoyaron los regímenes corruptos y teocráticos frente a aquellos otras opciones más modernizadoras y, consecuentemente, menos permeables a la sumisión colonial.

 Sin embargo esas opciones, inspiradas en el socialismo árabe y más o menos relacionadas con el baasismo, que abarcaron desde Iraq y Siria hasta Egipto o la propia Libia, acabaron demostrando que, pese a un barniz externo de modernización, contribuyeron a mantener las antiguas estructuras sociales engendrando regímenes en absoluto democráticos y en cambio profundamente corruptos e inmobilistas. Conviene, en estos momentos de cambio, analizar la verdadera naturaleza ideológica y política del socialismo árabe y por qué fracasó en la modernización que de él se esperaba para, en todo caso, entender lo que sucede y, acaso, prever lo que pueda acaecer.

 Los padres reconocidos del socialismo árabe son Michel Aflaq y Salah Bital, dos sirios, cristiano greco-ortodoxo el uno, musulman sunní el otro, que a comienzos de los años treinta, se enfrentaron a la presencia colonial europea que venía a sustituir el imperialismo otomano en todo el Próximo Oriente, y empezaron a buscar caminos para conseguir la libertad del pueblo árabe, tantos siglos sojuzgado por los turcos y, después de la I Guerra Mundial, por los franceses e ingleses.

Precisamente esa es la principal fuente de limitaciones del socialismo árabe en cuanto fuerza modernizadora: que nunca buscó un cambio real en las estructuras sociales árabes siendo en eso profundamente conservador. Su único objetivo era deshacerse del yugo colonial. Así, cuando a partir de 1932 empezó a hablarse de nacionalizaciones y desde 1953 empezaron a aplicarse, los teóricos y políticos del socialismo árabe se referían a los intereses de las potencias coloniales pero en modo alguno a las fortunas de los nacionales. Cuando se hablaba de modernización se hablaba, al modo salafista, de adaptar los avances técnicos del siglo a estructuras sociales arcaicas y arcaizantes. En otras palabras: se hacían políticas para desplazar el dominio colonial en favor de las ya preexistentes oligarquías árabes. Luego la principal limitacíón del socialismo árabe en cuanto fuerza modernizadora fue, desde su mismo comienzo, el hecho cierto de que distaba mucho de ser verdadero socialismo. Se trataba tan solo de un asalto al poder de las oligarquías árabes deseosas de quedarse con los restos del extinto imperio otomano. El lenguaje que envolvía los actos era moderno, propio del siglo XX, pero la realidad era la misma de los últimos siglos: la depredación pura y dura de cualquier ámbito no controlado por el imperio de turno. Y los dirigentes árabes tuvieron en ese sentido la enorme suerte de que el imperio turco llevaba siglos agonizando antes de su desaparición y de que Francia e Inglaterra apenas dispusieron de dos décadas (1919-1939) para afianzarse en Oriente Próximo al tiempo que a su heredero directo a partir de 1945, los Estados Unidos, le surgió, especialmente a partir de 1948, un poderoso antagonista con el que poder aliarse: la Unión Soviética.

 En esa tesitura de imperios débiles y cambiantes, las oligarquías árabes pudieron hacerse con el poder político y acaparar el económico con criterios puramente clasistas y verticales más próximos a una organización fascista (autoritarismo conservador, predominio social oligárquico dentro de un marco clientelar, control férreo del estado sobre la sociedad) que a cualquier experimento socialista. No en vano durante la II Guerra Mundial el nacionalismo árabe, antes que identificarse con la Unión Soviética, miró con arrobo a las potencias del Eje.

El pensamiento de Michel Aflaq y de Salah Bital y de cuantos siguieron sus consignas fue ensencialmente el de las oligarquías árabes medioorientales deseosas de acaparar mayor riqueza y poder pero sin modernizar ni mucho menos modificar un ápice la estructura social que dominaban y aspiraban a seguir dominando. Fue así como el socialismo árabe, exactamente igual que las monarquías teocráticas, se esmeró en mantener las arcáicas estructuras tribales y feudales como "seña de identidad árabe" lo que en la práctica equivalía a una renuncia consciente a la modernización de la sociedad y de sus usos, porque, evidentemente, tampoco se transformó el derecho de familia dándose por buenos los usos legados por un pasado esencialmente islámico. Y eso ha sido así hasta nuestros días, de modo que podemos afirmar que el predominio del llamado socialismo árabe algunos de cuyos regímenes hemos visto caer en los últimos tiempos (iraq en 2003, Egipto, Tunez y muy posiblemente Libia en estos primeros meses de 2011) han sido sesenta años tirados a la basura en lo referente a la modernización de las sociedades árabes. Visto lo cual es muy probable que el modo en que dichas sociedades resuelvan las crisis actuales en las que se encuentran tiendan más al conservadurismo, a la sustitución de unas estructuras oligárquicas por otras, que a una verdadera evolución democrática. Y, dentro de esas luchas horizontales entre oligarcas conservadores siempre cabe la posibilidad de que el factor religioso empiece a jugar un papel relevante destinado a consolidar el poder de la facción dominante mediante el totalitarismo teocrático.

El socialismo árabe fue siempre formalmente panarabista y , de hecho, esa ideología se reflejó en los astracanescos intentos de conformar una República Árabe Unida eternamente arruinados por los intereses de las oligarquías locales y el personalismo de los caudillos que las dirigían. Ni los propios baasistas de Siria e Iraq lograron ponerse de acuerdo en los años sesenta apareciendo las dictaduras de Hafez El-Asad y Sadam Husein ni Naser pudo imponer el peso de Egipto para conseguir una unidad que muy a menudo ni siquiera era monolítica dentro de sus propios estados.

Así las cosas, el único rasgo medianamente modernizador del socialismo árabe fue su laicismo y aun este debe ser objeto de un examen crítico.

 No debemos olvidar a ese respecto el hecho de que uno de los padres de esta ideología, quizá el principal, Michel Aflaq era árabe y sirio pero de confesión cristiana bajo la autoridad del patriarca de Constantinopla. Desde esa posición difícilmente podía asumir la falsa ecucación, que por otra parte conforma la base de la ideología tecrática del radicalismo islámico, de que árabe es en todo caso igual a musulman. Ecuación, no lo olvidemos, que el imperialismo anglosajón (inglés primero, desde 1945 estadounidense) ha potenciado con su apoyo a monarquías confesionales y su oposición a los regímenes laicos conformados por el socialismo árabe.

Esa no aceptación religiosa de que el mundo árabe no es una equivalencia exacta del mundo islámico, que el cosmos social del Medio Oriente es plural y complejo, heredero directo de una larga historia donde le islam solo es un elemento más y mayoritario únicamente debido al control político de los estados que allí gobernaron, que abarca desde el islam sunní a las tribus que todavía adoran el fuego en Irán, pasando por el chiismo, por todos los grados y formas de cristianismo, incluyendo sectas más o menos mixtas y esotéricas como los drusos o los alahuitas (no confundirlos con la dinastía marroquí) fue una baza obligada por el mismo origen de Aflaq pero que permitió dibujar una sociedad y un ordenamiento político plural y enriquecedor que prometía superar los antiguos esquemas de predominio sunnita implantado por el imperio otomano y que el imperialismo inglés pretendió perpetuar con la creación de reinos hachemitas en todas las tierras sustraidas al poder turco después de la I guerra mundial y el reconocimiento de la dinastía saudita en Arabia. En Egipto mantuvieron la dinastía albanesa ya existente pero, en la práctica, siendo esta una evolución de la administracíón provincial otomana, mantuvo sus formas y sus moldes ideológicos contribuyendo al continuismo inglés.

El modelo plural y laico del socialismo árabe permitió esperanzadoras imágenes como las de chicas jóvenes acudiendo a la universidad en vaqueros y pintadas en Bagdad o Damasco allá por los años setenta y que hubiera cristianos o alahuitas en importantes puestos políticos pero no bastó para desarraigar el predominio religioso de las diversas sociedades. Incluso, hacia finales de los ochenta, se produjeron retrocesos importantes relacionados con el intento de afianzamiento de los regímenes frente a la presión del imperialismo yanqui, siempre partidario de las teocracias sunnitas (es Estados Unidos el principal responsable de la existencia de Al-Qaeda) como pudo verse claramente, sin ir más lejos, en el propio Iraq.

En otros países, por ejemplo Egipto, el régimen implementado por los socialistas árabes era laico y oficialmente enfrentado a los teócratas fundamentalistas (herramientas de desestabilización al servicio de la monarquía saudí y, a través de ella, de los Estados Unidos) pero jamás admitió el progreso político de quienes no fueran musulmanes sunnitas de tal modo que los cristianos coptos estuvieron en su mayor parte tan marginados de la vida política como lo hubieran estado bajo un régimen fundamentalista aunque, seguramente, menos perseguidos.

Sin embargo el laicismo es un error si lo que se pretende es el progreso de los pueblos. Un error, ojo, que está en la base de la ideología de las democracias occidentales razón por la cual se convierten en instrumentos inadecuados para el progreso social y cultural de la población. Frente al fanatismo religioso (y todo creyente es un fanático en el fondo) no cabe la tolerancia ni el colaboracionismo. La verdadera democracia ha de ser convencida y militantemente antirreligiosa porque, de lo contrario, siempre permite la supervivencia saludable de las estructuras sectarias que se incardinan de un modo u otro en el entramado social y político logrando imponer sus posicionamientos arcaizantes y acaban imponiéndose a la democracia y anulando el progreso (véase sin ir más lejos lo que sucede en los Estados Unidos). Las sectas religiosas son parasitarias del estado hasta que logran dominarlo e imponer su doctrina al conjunto de la sociedad. Frente a esa realidad el laicismo es solo un paréntesis insuficiente que tiende siempre al retroceso y la claudicación.

Desgraciadamente Michel Afleq y Salah Bital eran creyentes. No podía ser de otro modo. Habían nacido y crecido en un medio confesional y sus mentalidades, atrasadas, no pudieron dar el salto necesario para entender que la democracia debe ser necesaria y militantemente antirreligiosa. Es más: ni siquiera tenían un concepto claro de democracia como demostraba el hecho de que no consideraban ni de lejos una transformación de la sociedad tribal, jerárquica y patriarcal de la que procedían sino tan solo sublimarla con el predominio árabe libre del control turco o europeo. El socialismo árabe nunca fue socialismo, nunca fue democrático y, en la práctica, jamás fue sinceramente panarabista. Tan solo una herramienta de las oligarquías locales para consolidar su dominio social en un entorno geográfico preciso. Dentro de esa realidad el laicismo que preconizaba resultaba puramente accidental y no encerraba en la práctica ninguna intención modernizadora ni de cambio motivo por el cual su función de progreso y de modernización fue absolutamente nula en el fondo aunque aportase algunos indicios esperanzadores en la forma.

Resumiendo: las limitaciones del socialismo árabe provienen de que ni fue socialista, ni progresista, ni democrático. Se limitó a perpetuar los viejos esquemas sociales dentro de unos estados autoritarios donde el clientelismo propio de la sociedad tribal (esto es: feudal) árabe se desarrolló en torno a caudillos que contaban con el poder del aparato militar y estatal aspirando a crear dinastías que se perpetuaran en el mismo. Eso generaba unas oligarquías corruptas y multimillonarias sustentadas por un pueblo explotado, hambriento y excluido. La revolución era simple cuestión de tiempo. Toda tiranía llevada a su extremo genera una revolución, es una ley política e histórica.

Ahora bien ¿qué podemos esperar de esas revoluciones?...Ya hemos visto que los casi sesenta años de poder del socialismo árabe han sido décadas perdidas en lo tocante a cambios sociales y mentales. Las sociedades que se desarrollaron bajo los estados baasistas o similares se limitaron a perpetuar los ancestrales esquemas jerárquicos del poder oligárquico de base feudal sin molestarse en desterrar la influencia religiosa de la sociedad. De modo que el legado que nos dejarán tras las revoluciones que los están derribando muy probablemente sea total y absolutamente regresivo.

Y conste: me encantaría equivocarme. Pero eso dependerá, entre otras cosas, de que los nuevos poderes hagan caer la censura en la red y los medios de comunicación y los jóvenes árabes puedan acceder a la información global sin filtros. También de que los emigrados en Europa hayan asimilado la mentalidad de este continente y no sigan considerando su pensamiento arcaizante como seña de superioridad e identidad y al volver a sus paises contribuyan a modernizar sus mentalidades. Veremos.

NOTA.- la fotografía es de gnuckx.  

 

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LA GRAN MENTIRA DEL 23-F

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La versión canónica y mil veces difundida de lo sucedido el 23 de febrero de 1981 obra como recurso propagandístico de primer orden del régimen establecido en 1978. Es una verdad oficial y beneficiosa para los archimandritas del sistema (el rey, los partidos turnistas...) que, gracias a ella, pueden postularse como grandes héroes de la democracia a los que el pueblo debe estar agradecido.

Sin embargo las verdades oficiales suelen ser poco más que eso: un simple recurso propagandístico, una construcción mitológica destinada a legitimar a sus emisores, al régimen dominante y las élites a él adscritas. En otras palabras: son manipulaciones interesadas  de la realidad realizadas con el único fin de sostener regímenes necesitados de cortinas de humo gloriosas para esconder su verdadera naturaleza, a menudo mucho más tenebrosa, sucia y detestable de lo que el pueblo estaría dispuesto a soportar.

Lo que consiguió las mil veces repetida versión canónica de lo sucedido el 23 de febrero de 1981 ha sido crear unos héroes ficticios dentro de una reinterpretación de los hechos destinada a arrebatar el protagonismo del pueblo y depositarlo en la clase política cuyos verdaderos movimientos en los meses anteriores al golpe llevaban una dirección muy diferente a la que quisieron hacer ver después de la algarada tras la que, por cierto, como veremos, nada cambió en las altas esferas de la política española.

El momento apoteósico de aquella jornada, el que más ha encumbrado la monarquía y ha servido para incensar la figura del Borbón reinante, es el discurso de Juan Carlos I por televisión en la madrugada del 23 al 24 de febrero de 1981 declarando que no aceptaba otra legalidad que la vigente dentro de la constitución de 1978. Se dice que con ese discurso salvo la democracia. Sin embargo hay que tener muy en cuenta que este discurso no tuvo lugar hasta después de que el teniente coronel Tejero impidiera que el general Armada, preceptor del rey, hablara ante el pleno de las cámaras. Fue cuando esa posibilidad se difuminó como efecto de la chapuza que supuso la perpetración del golpe "blando" aprovechando las tramas de los golpes "duros" cuando el rey apareció en televisión. Y debe tenerse muy en cuenta a ese respecto que el único capitán general que sacó tropas a la calle en aquellas horas fue precisamente el más monárquico de todos: Milans del Bosch. Razón por la cual cabe suponer que el rey no se encontraba ayuno de información e incluso es muy posible que la historia, en un futuro libre del actual régimen pretendidamente democrático pero lleno de limitaciones a la libertad de expresión, de reticencias y de mentiras interesadas, señale muy directamente la responsabilidad de la cabeza del estado en un torpe proyecto que fracasó.

La clave de todo se encuentra en el llamado "golpe blando" una operación paraconstitucional dirigida a forzar la creación de un gobierno de unidad nacional que sirviera para limitar lo que se consideraban excesos democráticos inherentes a la transición, frenar la efervescencia social que amenazaba con desbordar el limitado marco de la monarquía parlamentaria para acabar desembocando en una esperanzadora tercera república y legitimar la mano dura respecto a ETA. El modelo a seguir fue el golpe de estado de De Gaulle cuando en 1958 acabó con la IV república francesa y organizó la ultraconservadora V república. En un momento de caos, con tropas paracaidistas avanzando desde Argelia hacia París para establecer una dictadura militar, el general De Gaulle se plantó ante la asamblea parlamentaria y expuso un escueto mensaje: o yo, o la dictadura pura y dura. Y la IV república se hizo el harakiri poniendo el poder absoluto en manos del general "salvador" (en la práctica con un ideario muy similar del de Franco) que pudo constituir una nueva realidad política, como he dicho, mucho más conservadora y derechista.

Eso mismo se pretendía hacer en España. La transición y las libertades consagradas en la constitución de 1978 estaban amenazando con dar al traste con la restauración borbónica que pretendía no ir más allá del restablecimiento del parlamentarismo turnista y caciquil de 1876. Y en este aspecto no debemos engañarnos. Nunca los monárquicos tuvieron en mente otra posibilidad. Todas las proclamas "democráticas" del Conde de Barcelona y todos los esfuerzos de sus seguidores iban encaminados única y exclusivamente a restaurar el régimen de Alfonso XII y Alfonso XIII con sus mismos límites e idénticos vicios. El ideario político de Juan Carlos I tampoco fue, en ese sentido, diferente.

El que fuera pretendiente al trono y pertinaz lameculos del caudillo, criado y educado en círculos monárquicos y dentro del régimen franquista, no podía ser un democráta convencido ni tener inquietudes políticas más allá de la simple y corrupta tradición borbónica. Nos lo han vendido como un gran estadista, un héroe al que le debemos la democracia, un padre-salvador...y nos han mentido. Es, simple y llanamente, otro Borbón más y, como tal, defensor de un régimen cutre, oligárquico, escasamente democrático, corrupto desde su ápice, corto de miras y fieramente anclado en la defensa de las oligarquías de siempre. Las que trajeron a Alfonso XII como garantía de orden (es decir: represión) en 1874 y propiciaron el golpe de 1936 para mantener sus privilegios.

En 1975 esos oligarcas eran los mismos que en 1936, no habían cambiado los perros aunque resultaba evidente que debían cambiar los collares. No otra cosa fue el tránsito de las leyes fundamentales del movimiento a la constitución de 1978.

No obstante en la calle estaba vivo el debate entre transición y ruptura, entre aceptar la restauración del turnismo canovista o la de avanzar hacia una verdadera democracia. Y en esa época había tejido social suficiente y suficiente movilización para conseguir esto último a despecho de los señoritos que apoyaban al rey con la condición de seguir manteniendo sus privilegios, había que hacer algo. El peligro para el rey y quienes deseaban medrar en la nueva situación radicaba en la impaciencia e intransigencia de un ejército mayoritariamente franquista y poco partidario de aventuras ajenas a las citadas leyes fundamentales. Había que actuar rápida y decisivamente para garantizar el control de la tarta que representaba España.

Los primeros pasos se dieron entre 1977 y 1979. En ese bienio, aparte de elaborarse una constitución llena de buenas intenciones que estaban desde el primer instante destinadas a convertirse en papel mojado, se jugaron varias bazas decisivas como, por ejemplo, transliterar al nuevo régimen los sindicatos verticales franquistas que tanta importancia tenían (y siguen teniendo) para anestesiar a la clase obrera y mantenerla controlada. ¿Como hacerlo?...sencillamente domesticando a los domesticables. Se generó todo un sistema de subvenciones públicas que, en la práctica, convertían a los sindicatos mayoritarios en cómplices del nuevo régimen eso sí: asegurándose de que las organizaciones poco dóciles como la CNT quedaran apartadas del reparto (de hecho este sindicato todavía no ha recuperado su patrimonio histórico) y arrumbados en las catacumbas de la marginalidad. El segundo paso para domesticar a los sindicatos dominantes y convertirlos en "verticales" fue imponer la idea de consenso social a través de los llamados Pactos de la Moncloa. Desde ese instante los sindicatos dejaron de cumplir su función de clase para convertirse en apéndices del poder y, por lo tanto, de la dominación oligárquica. Y en ese mismo papel continuan.

 Otra jugada importante consistió en articular el turnismo en torno a dos partidos principales y se consiguió un triunfo muy importante cuando en 1979 el PSOE renunció al marxismo para convertirse en "progresista" en otras palabras: en remedo del partido liberal del turnismo canovista. Hasta 1982 no se definió con claridad la opción conservadora estando en pugna entre una UCD en descomposición y una AP todavía aquejada de su evidente lastre franquista.

En ese caldo de cultivo, y con el pueblo pugnando todavía por la ruptura y la conquista de una verdadera democracia, tocaba dar un golpe de timón, un volantazo hacia la derecha que atase en corto al pueblo y garantizase el control de una transición de cortos vuelos, hacia el turnismo y el caciquismo confesional propio de los regímenes borbónicos. Ahí empezó a diseñarse la Operación Armada, el golpe blando, la imitación del golpe de De Gaulle en 1958.

No suponía un secreto para nadie que los militares eran poco partidarios de las nuevas alegrías democráticas, que se inclinaban a retornar al franquismo puro y que algunos de ellos estaban conspirando para hacerlo mediante un golpe de estado. El ruido de sables en 1979 y 1980 era un clamor y la baza de los partidarios del turnismo caciquil era presentarse a sí mismos como una alternativa aceptable para el pueblo. Como en 1958 era preferible un régimen ultraconservador, corrupto, oligárquico y cerrado que una dictadura militar y a eso jugaron los monárquicos.

La idea era aprovechar las tramas militares en marcha para propiciar un golpe y reconducirlo presentando la alternativa intermedia: un hombre del rey, el general Armada.

Adolfo Suarez se oponía a esas medidas y resultaba preciso derribarle. Se hizo pero no antes de que, junto con el general Gutierrez Mellado, lograra desalojar a los hombres claves de la trama de sus puestos en Madrid. Armada fue destinado a Lérida, Milans del Bosch a Valencia, el jefe de la Acorazada Brunete a La Coruña...

El golpe blando perseguía la formación de un gobierno de unidad nacional con participación del PSOE (que por lo demás había colaborado con Primo de Rivera durante le dictadura de 1923-1931) que redefiniera la transición dejando la constitución y su verdadero significado social en simple papel mojado.

Para conseguirlo, y siguiendo el modelo de De Gaulle en 1958, se utilizó una algarada de los "duros" ,de los militares franquistas, para meter el miedo en el cuerpo, amagar el golpe con un puño y darlo con el otro. Tejero debía, como en efecto hizo, ocupar el congreso durante una sesión plenaria y ceder la tribuna a un general que se dirigiría a los diputados proponiéndoles un gobierno de salvación y unidad nacional que, por lo demás, estaba ya pactado. El general que debería lanzar esa arenga y postularse como presidente de aquel engendro pseudoconstitucional, el famoso "Elefante Blanco", era precisamente el general Armada, preceptor, consejero íntimo y muy seguramente testaferro político de los deseos reales.

Con lo que los conjurados no contaban era con el hecho de que el teniente coronel Tejero era un franquista convencido, un hombre íntegro en sus ideas (eso hay que reconocerlo aunque estas no se compartan como, evidentemente, es mi caso) y que no estaba dispuesto a tolerar el típico pasteleo monárquico. Cuando el general Armada llegó al congreso dispuesto a dar su discursito y ser elegido prácticamente por aclamación como héroe patrio y presidente del gobierno de unidad nacional Tejero, que a fin de cuentas tenía las armas y controlaba el edificio, enterado de lo que se proponía, se negó a dejarle hablar. El golpe blando, sencillamente, había fracasado. Era momento de recoger velas y tratar de quedar bien ante la opinión pública dejando en la estacada, eso sí, a los que habían dado la cara. El general Milans del Bosch, poco después de la media noche, menos de una hora después de que el general Armada desistiera de convencer a Tejero, retiró los carros de combate de las calles de Valencia. Poco después el rey salía a defender públicamente la constitución.

Llegaba el momento de reelaborar los hechos para que tanto el rey como los conjurados en el golpe blando (incluyendo a los dirigentes del PSOE) se erigieran en héroes y salvadores de la democracia cuando, en realidad, la verdadera vacuna frente al golpismo no fueron ellos, a la postre unos golpistas, sino los millones de españoles de toda edad, clase y condición que se arrojaron a la calle en los días siguientes al grito de democracia y libertad. Ese fue el verdadero revulsivo contra el golpismo: un pueblo decidido y en la calle. Un pueblo al que desde 1981 se hizo todo lo posible por desmovilizar y engañar.

 Por supuesto los conspiradores no cesaron en sus designios y los intentaron de otro modo. Cuando en 1982 el PSOE, convertido de tapadillo en partido monárquico y turnista, llegó al poder por mayoría absoluta como supuesto representante de la opción más democrática de las moderadas, el partido del cambio como se postulaba, puso de inmediato en práctica los pactos que habían conducido al fracasado golpe blando del 23 de febrero de 1981. Fue entonces cuando empezó a hablarse del "jefe de la oposición" figura inconstitucional pero propia del turnismo canovista que se perpetuó desde esa fecha. Cuando se implementó la guerra sucia contra ETA, la sumisión a los deseos del imperialismo yanqui, cuando se iniciaron políticas sociales y económicas abiertamente neoliberales, empezando por la reconversión industrial y acabando con las privatizaciones subsiguientes a la entrada en la UE (véase a este efecto el artículo Destruyendo El Patrimonio Comun, julio de 2010, en este mismo blog)...y por supuesto cuando se extendió la cultura del pelotazo, la corrupción masiva como forma de gobierno que todavía padecemos y de la que la corona, como demostrará la historia cuando acabe el régimen vigente y podamos estudiar y hablar con libertad, seguramente no está libre (piénsese que los mejores amigos del rey han sido condenados por corrupción y estafa: De La Rosa, Mario Conde, Prado y Colón de Carvajal...demasiadas amistades sospechosas como para pensar que la corona tiene las manos limpias).

En fin, y para no alargarme más: que el modo en que nos cuentan el 23-f es pura y simple mentira, que la realidad es mucho más sucia y oscura y que los pactos que condujeron a aquella chapuza son los que han conformado la triste realidad política y social que padecemos. Tan solo el pueblo unido, movilizado y reivindicando en la calle una verdadera democracia puede cambiar las cosas. Nos la robaron en 1981 pero todavía estamos a tiempo de recuperarla. 2011 podría ser una bonita fecha para deshacernos del turnismo corrupto y caduco, de la oligarquía que lo sustenta y que se aprovecha de él perjudicándonos a todos y para conquistar una III República verdaderamente democrática y social.

NOTA.- la fotografía es de Mataparda.

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SISTEMA PÚBLICO-PRIVADO

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La desvergüenza de nuestros políticos, ya lo sabemos, no tiene límites. Es decir, tiene uno: la indignación ciudadana pero, por desgracia no hay ciudadanos, solo borregos que siguen dócil y silenciosamente las consignas de los pastores corruptos dejándose llevar al matadero.

Pero volviendo al asunto de este pequeño apunte: la desvergüenza de nuestros políticos (y la estulticia infinita de quienes les apoyan) no tiene límites. El Poder, eso que llaman vulgarmente "los mercados" y que son en realidad un hatajo de especuladores hijos de puta, imponen como doctrina económica, social y política única el neoliberalismo radical. Vivimos, en ese sentido, dentro de un sistema totalitario y dogmático que solo atiende a la imposición ciega de unas ideas preconcebidas que perjudican al común de la sociedad para beneficiar a una minoría de ricos y poderosos que aspiran a serlo más empobreciendo a la masa (incluyendo a las clases medias, que viven en un país de Nuncajamás que las aletarga sin permitirles darse cuenta de que, por mucho que les pese, no forman parte de la clase alta sino del proletariado).

Dentro del actual régimen, del liberalismo turnista de corte anglosajón, no existe alternativa. Mande quien mande estará al servicio de los bancos, de los especuladores internacionales y del dogmatismo totalitario imperante.

En ese marco aparece una nueva nota de infamia para el gobierno en curso.

En un escenario con casi cinco millones de parados causados por la inadecuación del modelo económico del gran capital que se basa en el enriquecimiento rápido de los bancos y las grandes empresas dentro de un sistema viciado que no aspira a producir riqueza dentro de la economía real sino plusvalías inmediatas mediante la estafa y el juego sucio en un campo de juego trucado y anquilosado, que repite los mismos esquemas desde hace cincuenta años y que resulta, a medio y largo plazo, empobrecedor. En un escenario con casi cinco millones de parados en gran medida creados artificialmente por el gran capital para conseguir la imposición de sus "reformas" dogmáticas como si fueran las únicas medidas capaces de conseguir la reactivación del empleo (cuando solo buscan su preacarización)...en un contexto como ese donde estamos pagando las consecuencias terribles de las mismas políticas que quieren imponer y que consisten en privatizar lo público dejando al ciudadano en manos de tiburones financieros, la medida estrella que se le ocurre imponer a los responsables ministeriales sobre el empleo consiste, no podía ser de otro modo, en más de lo mismo. Nuevas paletadas de la misma mierda.

Por un lado se criminaliza al parado por su situación (ya lo hizo en su momento el PP, verdadero eructo del neoliberalismo salvaje en España, obligando al parado a firmar un papel jurando que se comprometía a buscar empleo cuando se quedaba sin él) y se carga en sus espaldas la reponsabilidad de su situación (cuando, evidentemente, es del sistema económico vigente y de los explotadores que lo imponen y gestionan) y por otro se "liberaliza" el sector...es decir: se da entrada a empresas privadas para la gestión de una responsabilidad pública. En otras palabras: se privatiza otro nuevo campo de gestión pública para que el gran capital privado pueda forrarse más a costa de la desgracia generada por ellos mismos en la masa de la población.

Nada que no hayamos visto ya, en efecto. Pero si nadie se echó a la calle cuando las grandes privatizaciones del Aznarismo que finiquitaron el sector público español, si nadie protestó cuando se implementó el antecitado contrato-juramento que criminalizaba al parado comprometiéndolo a hacer algo que, en cualquier modo, las circunstancias le forzaban a hacer (buscar trabajo después de acabar un contrato temporal, de ser víctima de un ERE generalmente tolerado pero injustificado, de la temporalidad o de cualquier otro de los defectos congénitos generados por un sistema económico mal estructurado y cuya mala estructura se permite y se fomenta desde el poder político), si todo el mundo estuvo conforme cuando se permitío la infamia de las empresas de trabajo temporal...¿qué podemos esperar?...

Y lo peor del caso son los millones de memos a los que, descontentos con la situación actual, solo se les ocurrirá votar al otro partido turnista para solucionarla. Como Rajoy ya no es Aznar y Zapatero está quemado...pero los carteles electorales solo son cebos de colores diversos que esconden los mismos anzuelos. Los votantes "responsables" los "demócratas centristas" son el verdadero problema de las democracias occidentales, los más conspicuos de los borregos que lastran la sociedad y el futuro de los países ciñéndoles las cadenas de la esclavitud.

A ver si nos vamos enterando de una vez, a ver si despertamos:dentro del sistema actual solo tendremos más de lo mismo. ¿Queréis mejorar vuestra propia situación? pues no os queda más remedio que luchar. Lástima, y por desgracia tengo que decirlo a menudo en estas páginas, que no seaís más que simples borregos dispuestos a dejarse llevar al matadero.

¿Quién tiene la culpa de todo lo malo que sucede?...Vosotros, mediocres y cobardes, por no ejercer responsablemente una ciudadanía que no os merecéis y permitir que os gobiernen tipejos que, en el mejor de los casos, deberían estar en la cárcel. ¿Queréis un cambio?...más aún: lo necesitáis...y solo hay un camino: conseguirlo, y no será en las urnas.

 NOTA.- la fotografía es de Bizantine.

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TUNEZ, EGIPTO...¿EUROPA?

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Si algo han demostrado los ciudadanos de Tunez y están a punto de demostrar los egipcios es que no existe régimen, por muy tiránico que sea, capaz de resistir ante la masiva contestación popular. Y esa es una excelente lección que los europeos debemos asimilar.

Claro: vivimos en nuestra burbuja de cristal creyéndonos superiores a todos los demás, mirando por encima del hombro a naciones que consideramos subdesarrolladas (y que, en efecto, lo son: pero por culpa en gran medida del injusto entramado geopolítico establecido por el imperialismo yanqui del que nuestros países también forman parte como colonias. Es el capitalismo salvaje y el sistema económico establecido en Bretton Woods en 1944 y que consiste en trucar las relaciones económicas mundiales para que la riqueza afluya en una sola dirección: la de los especuladores anglosajones y sus socios de las oligarquías locales, el que ha creado el concepto de tercer mundo y las características que lo describen) y a cuyos ciudadanos, obligados a emigrar, explotamos en nuestros propios países convirtiéndonos en cómplices miserables del gran capital. Y por cierto que deberíamos plantearnos en qué nos convierte apoyar un sistema basado en la explotación, la  estafa y el latrocinio a gran escala porque ello nos permite explotar y robar a pequeña. Pero decía que vivimos en nuestra burbuja europea sin darnos cuenta de que ni somos mejores ni distintos a los demás. Más aún de que el sistema ha abandonado definitivamente la careta utópica (e irreal, nunca existió esa voluntad) de que poco a poco los países pobres irían equiparándose con los ricos. Ahora se trata justo de lo contrario: de hundir a la clase obrera y eso incluye a prácticamente toda la clase media con sus profesionales liberales y sus pequeños y medianos empresarios de Europa, hasta el nivel de los países pobres. No son los chinos o los africanos los que van a vivir como europeos, sino los europeos los que perderemos derechos y capacidad adquisitiva hasta alcanzar los niveles tercermundistas que convienen al gran capital. Mal que nos pese TODOS SOMOS PROLETARIOS en los planes del gran capital y NADA ESTÁ SUCEDIENDO POR CASUALIDAD. La crisis, en la práctica, es una ficción interesada para quebrar definitivamente el estado del bienestar y poner lo poco que resta de la idea democrática del estado como servicio común a la sociedad a los pies de los caballos del neoliberalismo totalitario, de eso que llaman mercados y no es sino un cúmulo de hijos de puta que bien podrían definirse como terroristas sociales. Sabemos quienes son y qué pretenden, no es ningún secreto, de modo que podemos derrotarles tomando conciencia y plantándoles cara.

Decía que nada sucede por casualidad y es así. Todo lo que está ocurriendo obedece a un plan que ni siquiera es secreto. El desequilibrio que se arrastra entre el primer mundo y el tercero desde el final de la segunda guerra mundial es artificial. A menudo se nos habla de los años sesenta y setenta como de las décadas de la descolonización, es mentira: una interesada manipulación de la historia reciente. En realidad fueron los años de la sustitución del colonialismo directo de las metrópolis europeas por el indirecto del capitalismo estadounidense con la particularidad de que la propia Europa (y pujantes naciones de otras partes del mundo como Argentina y otras hispanoamericanas llamadas antes de 1939 a convertirse en grandes potencias y arruinadas después por el capitalismo imperialista yanqui con la triste connnivencia de las oligarquías locales) quedaron también bajo la férula imperial.

Esos regímenes europeos establecidos en 1945 (en algunos paises periféricos como España mucho más tarde aunque la sumisión al imperio procedía de mucho antes) y que nos venden como democracias son en realidad teatrillos con votaciones periódicas en los que siempren ganan los mismos (porque, no me cansaré de repetirlo, da igual quien gane) y todo permanece bien atado en beneficio del gran capital anglosajón y las oligarquías locales a él subordinadas. Del mismo modo que todo está pensado para que la riqueza del llamado tercer mundo afluya sin remisión a las arcas yanquis y de sus socios, todo se mantiene en Europa en beneficio de ese mismo dominio imperial e ilegítimo del que son cómplices culpables las grandes empresas y los grandes bancos y las familias que los poseen y manejan a su antojo a los políticos. Todo es mentira y todo está dispuesto en perjuicio de la mayoría sin que el sistema político establecido sirva en realidad para cambiar nada. Incluso la tan traída y llevada crisis que está resultando en realidad una útil artimañana para doblegar a la sociedad e imponerle las medidas supuestamente indispensables (en realidad fruto de una ideología determinada y encaminadas a fortalecer el dominio de los poderosos y empobrecer al común de la sociedad) para superar una crisis orquestada en gran medida y tan artificial como el sistema económico emanado de Bretton Woods. Lo que está pasando no pasa porque sea inevitable sino porque le interesa al gran capital. Nuestros problemas, las deficiencias de la economía, sus inclongruencias podrían subsanarse de otro modo, de uno que nos beneficiase a todos, más democrático, pero claro: eso impediría el dominio totalitario de los magnates, por eso los títeres políticos que nos gobiernan (sucios traidores, asqueoros mercenarios del gran capital contratado para hacer la santa voluntad de este en perjuicio de la inmensa mayoría de los ciudadanos) tratan de hacernos creer ( y lo triste es que hay una mayoría borreguil que les cree) que las cosas no pueden hacerse de otro modo y que hay que solo existen dos opciones: o sumisión a los mercados o debacle, cuando en realidad, como ya se ha dicho existe otra: más democracia, mayor justicia, mayor raciocionio y equilibrio en las políticas sociales y económicas. Que unos pocos, por muy poderosos que sean, no puedan imponerse a la mayoría.

Los ciudadanos de Tunez y de Egipto se han sublevado hartos de la tiranía y de la corrupción que conlleva. Y no son diferentes a nosotros. Cierto es que les ha tocado una posición peor en el reparto geoestratégico mundial y su posición económica y política es mucho más desesperada que la de los europeos, pero no diferente. Además, es preciso resaltar la hipocresía infinita tanto de los regímenes europeos como de su cabeza rectora, el imperio yanqui, en lo referente a dichos regímenes que han mantenido y alentado con la excusa de la lucha contra el terrorismo (siempre el terrorismo o la moral como excelentes excusas para mantener un imperialismo ilegítimo), piénsense que el dictador de Tunez fue admitido en la internacional socialista por esos mismos partidos socialdemócratas europeos que se fingen de izquierdas pero han abrazado de facto las políticas del gran capital (por ejemplo el PSOE español), o que Mubarak fue durante décadas el ojito derecho de los Estados Unidos y que ahora tanto estos como sus esclavos europeos, ante hechos irremediables, han cambiado de chaqueta empezando a hablar de democracia y de derechos de los ciudadanos sublevados en un claro intento de reconducir las revoluciones hacia regímenes partitocráticos bien domesticados como son los europeos. Para, en suma, mantener el dominio y el status quo cambiando la cara del dominio con el fin de que este persista.

Nosotros, los europeos, somos víctimas de las mismas manipulaciones y mentiras, de la misma gentuza. Disfrutamos de un capitalismo atenuado por el keynesianismo mientras el imperio yanqui temió a la Unión Soviética, la consigna desde 1991 es aplastar el estado del bienestar europeo y arrastrarnos a una situación tercermundista y a ella se han aplicado nuestros propios gobiernos en la práctica tan corruptos e ilegítimos como las tiranías tercemundistas porque no trabajan en la defensa de los intereses del pueblo sino de los intereses del gran capital. No existe en realidad diferencia entre Mubarak o Merkel: son dos títeres del imperialismo anglosajón, del capitalismo salvaje...y lo mismo indeseables como Aznar o Blair...Europa vive un totalitarismo capitalista y una sumisión al imperio yanqui mal disimulada por votaciones periódicas entre opciones que no suponen diferencia alguna. Jamás se toleró que la disidencia llegara al poder en la democracia liberal (piénsese en la red gladio, sin ir más lejos). En la práctica las "democracias" europeas son poco más que repúblicas bananeras y es preciso que vayamos tomando conciencia de ello.

En suma: Europa también necesita librarse de sus tiranos y la lección del norte de África es que el pueblo, unido, puede quebrar cualquier tiranía y labrarse un destino nuevo.

Así que Tunez, Egipto...¿y Europa?...

 

NOTA.- la fotografía es de Sebastiá Giralt

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OBRAS EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS.

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Andan estos días mosqueados los fotógrafos de prensa que trabajan en el Congreso de los Diputados por las nuevas obras que se están realizando para confinarlos en una "jaula" que dificulte sus movimientos y tiros de cámara, en otras palabras: su libertad de trabajo. Puede parecer este un asunto menor, pero no lo es. Volvemos a ese examen de los pequeños detalles que tan a menudo esgrimimos en este blog para tratar de comprender la realidad que nos rodea y el modo en que está cambiando, y no precisamente para bien.

El hecho es que tanto las instituciones como los cargos públicos se alejan cada día más del pueblo y de la opinión pública. Cada vez hay menos espacio para el contacto y la réplica y se tiende cada día más a la elaboración de productos cerrados que obran como publirreportajes en detrimento de ruedas de prensa o comparecencias públicas que, cuando se producen, son siempre mítines o actos institucionales, en cualquier caso, representaciones propagandísticas impermeables a la crítica o a la expresión del descontento ciudadano. Por otro lado, cada día es más difícil que un ciudadano cualquiera pueda acceder a un cargo público en ejercicio. No pensemos ya en presidentes del gobierno o ministros, fijémonos en alcaldes, concejales, consejeros de gobiernos autonómicos, en los mismos centros oficiales. Con la excusa de la seguridad lo cierto es que cada vez se ponen más barreras entre los ciudadanos y sus supuestos representantes.

Y no es casualidad sino síntoma cierto de un mal propio de todas las llamadas democracias occidentales.

El mundo en el que viven los políticos y el de los ciudadanos son completamente diferentes y se rigen no solo por normas diversas sino por intereses antagónicos. Lo cierto es que ningún banquero, industrial o terrateniente tiene dificil el acceso a los despachos de cargos oficialmente públicos, tampoco, lo hemos visto recientemente gracias a las filtraciones de Wikileaks, los representantes del imperialismo dominante. Sin embargo es prácticamente imposible que un ciudadano de a pie acceda a esos mismos despachos, y mucho menos si es para protestar. Los políticos viven en un cómodo empíreo cuyas normas determinantes no emanan de la calle ni de las urnas sino de las sombras putrefactas del alcantarillado financiero. En ese paraíso artificial el ciudadano o el informador son entes molestos, peligrosos, indeseados y tanto los cargos políticos como las instituciones, trabajan para, poco a poco, ir librándose en lo posible de semejantes molestias.

El sistema vigente, aunque se empeñe en decir lo contrario, dista mucho de ser democrático y abierto. Por el contrario es cada vez más autoritario, cerrado y corrupto y por ello tiende al secretismo y al elitismo. En ese sentido un hecho anecdótico como pudieran ser las obras del Congreso de los Diputados en relación con la libertad de movimiento de los fotógrafos, deviene en realidad  un síntoma, un signo cierto del alejamiento entre el mundo político (orientado al servilismo caciquil y a los intereses del gran capital) y el del pueblo y, por lo tanto, del deterioro acelerado de la llamada democracia. No puede existir democracia sin luz y taquígrafos, sin transparencia, sin contacto íntimo entre gobernantes y gobernados. Tampoco debe olvidarse a este respecto que los "gobernantes", si de democracia hablamos, son simples delegados, empleados si se quiere, de los "gobernados"...es muy difícil que quienes se mueven en coche oficial, con escoltas, rodeados con séquitos de personas con "cargo de confianza" cuya permanencia en el mismo depende de la voluntad del vip (ministro, presidente, alcalde, consejero...tanto da) y que tienden por lo tanto al halago y el puro pelotilleo servil, acostumbrados a cebarse en los mejores restaurantes a costa del contribuyente mientras se codean turbiamente con banqueros y financieros, mantengan la conciencia de que son servidores del pueblo y no sátrapas apoltronados en sinecuras ilícitamente lucrativas. Pero cuando esa conciencia se pierde, y dudo que haya existido alguna vez en España desde 1978, la realidad muta rapidísimamente de la democracia al autoritarismo. Y en eso estamos: los políticos no quieren vernos ni oírnos ni quieren que les veamos ni oigamos. Necesitan el ocultamiento para tratar de esconder todas sus miserias y, entre todas, la mayor: que han dejado de ser servidores del pueblo para convertirse en sicarios encorbatados de los banqueros y los especuladores. Que el sistema democrático hace tiempo que ha dejado de serlo. Que tan solo son tiranuelos al servicio de la tiranía absoluta del capital.

Por supuesto, mal que nos pese, nos corresponde a nosotros cambiar ese estado de cosas y restablecer una verdadera democracia. Lástima que, como han demostrado los hechos, seamos la más penosa generación que han visto los últimos siglos.

Para finalizar recordaré algo: solo es esclavo quien no merece ser libre. Si queréis una verdadera democracia debéis ser dignos de ella. Y no hay truchas a bragas enjutas.

NOTA.- La fotografía es de Mike Baird

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SOBRE LA REFORMA DEL SISTEMA DE PENSIONES.

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La reflexión que haré en esta entrada sobre la tan cacareada necesidad de la reforma del sistema de pensiones será breve y concisa.

La motivación esgrimida por los partidarios de la misma es puramente demográfica: crece la población pasiva mientras disminuye la activa. Este es un hecho contrastado que no cabe discutir. Pero sí es necesario plantearse su origen.

¿Por qué disminuye la población activa en España?...naturalmente el primer factor es el desequilibrio generado por las políticas natalicias del franquismo. Políticas inspiradas en el integrismo católico dominante en aquellos tiempos. Aquel "babyboom" de los sesenta trajo los lodos que ahora padecemos y es importante tenerlo en cuenta en una época como la actual en la que el integrismo de la superstición semita en varias de sus formas (catolicismo, evangelismo, islamismo) amenazan de nuevo con acabar controlando la sociedad y sus políticas. La superstición semita, nunca me cansaré de repetirlo, es incompatible con la sensatez y la razón, parte de apriorismos absurdos y demenciales y solo conduce al desastre. Tomarla, por lo tanto, como guía de la legislación o la política es una soberana, absoluta y total estupidez. Hay que barrer de los centros decisorios a los cristianos, musulmanes y judíos militantes. Este también es un hecho irrebatible y contrastado (y solo desde el fanatismo religioso puede intentar discutirse con demagogia y mentiras, que son sus armas hasta que pueden recurrir a la represión.)

Una vez establecido que las equivocadas e irresponsables políticas natalicias del franquismo nacional-católico son un factor determinante en la mayor parte de los problemas sociales y económicos que actualmente padecemos, es preciso ahondar en el análisis.

Otro hecho contrastado e indiscutible es que desde 1978 la natalidad ha descendido retrasándose la edad de paternidad, y sobre todo de maternidad, hasta límites casi insostenibles. ¿Cual es el motivo de ello?...si escuchamos a los retrógrados portavoces del siempre latente nacional-catolicismo y a sus adléteres del integrismo cristiano extranjerizante (los emergentes evangelistas que suponen una amenaza de no menor calado que el islamismo radical o el propio integrismo católico) se debe precisamente al abandono de las anquilosadas y contraproducentes estructuras morales que condujeron a la excesiva natalidad de los sesenta. Por supuesto mienten y se equivocan haciéndolo.

La liberación de la mujer de su sometimiento al exiguo papel que le otorga la superstición semita ( simple reproductora supeditada al varón dentro de una estructura social piramidal y enfermizamente patriarcal surgida de la estricta interpretación de textos supuestamente sagrados que apenas transmiten otra verdad que la estulticia de sus autores, que representaban ya en su época el atraso de mentalidades incompatibles con la civilización e ideas propias de la edad del bronce cuando la de hierro estaba dejando paso a nuevas realidades) y el retroceso del malsano concepto de familia emanado de la ideología judeo-cristiana no son factores realmente determinantes en el retraso de la maternidad.

La verdadera causa se encuentra en el sistema económico y social de explotación para beneficio de unos pocos que la oligarquía dirigente ha impuesto al conjunto de la sociedad con la complicidad de la clase política.

Cuando el paro, la temporalidad y la inestabilidad laborales se ceban en los jóvenes, cuando los horarios abusivos y los sueldos pequeños se conjugan con la constante pérdida de derechos y ayudas sociales, cuando un embarazo conlleva de facto un despido y la imposibilidad de conseguir trabajo durante años, cuando los precios son abusivos y suben constantemente en todos los sectores comerciales concebidos como campos especulativos para unos pocos tiburones amparados por el poder político y el ciudadano sufre indefensión constante en cuanto consumidor y productor, cuando se fomenta no solo la especulación sino la inflación sostenida e injustificada que ello conlleva (especialmente en el sector de la vivienda, pero tampoco pueden obviarse otros, como el de la automoción o los servicios básicos indebidamente privatizados)...cuando las cosas son así los jóvenes dificilmente pueden permitirse el lujo de tener hijos y cuando lo logran (si lo logran) es tardíamente y con tantas dificultades para mantenerlos que muy raramente pueden lograr permitirse más de uno.

Ergo la culpa de la situación demográfica que justifica la reforma de las pensiones es del sistema mismo. Una nociva consecuencia más de la perjudicial estructura social, económica y política que padece España. Pero claro, como de costumbre, la solución propuesta por los políticos consiste en preservar dicha estructura obsoleta e insostenible y cargar el peso del desequilibrio sobre los débiles, sobre el ciudadano de a pie.

El problema que conduce a esa draconiana reforma de las pensiones que nos van a imponer por la fuerza y de modo tiránico (en este caso el gobierno de Zapatero, pero sabemos que las siglas son indiferentes en esta supuesta democracia que padecemos y en la que todos los partidos sirven al mismo amo) sería innecesaria si se reformara el viciado y perjudicial sistema impuesto por la oligarquía dominante que debe ver quebrada su cerviz para la salud nacional. En lugar de eso se mantienen las cosas como están y seremos el grueso de los ciudadanos quienes paguemos los excesos especulativos y el constante enriquecimiento de los que ya son ricos. Como de costumbre.

A eso lo llaman democracia.

Nota.- La fotografía es de Mike Baird.

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LA PUERTA DE ATRÁS DEL TOTALITARISMO.

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A menudo los gritos (y suele haber muchos) no nos dejan escuchar la música de fondo. Y es precisamente esta la que marca el compás de nuestro devenir futuro. En otras palabras, y como ya se explicado muchas veces en estas mismas páginas, es preciso prestar atención a los pequeños detalles para comprender el terreno, cada vez más inestable, en el que nos movemos. Avanzamos a pasos agigantados hacia una dictadura encubierta y no nos percatamos de ello. Cada vez resulta más difícil ocultar la realidad del sistema en el que vivimos y su abismal distancia con una verdadera democracia y el Poder (los bancos y las grandes corporaciones que manejan como títeres a los políticos que supuestamente nos representan) está afilando sus cuchillos para mantener sus privilegios y aumentarlos a costa del común de la sociedad. Cuando el engaño no funciona, y está empezando a dejar de funcionar, se recurre a la represión. Una represión hipócrita, disfrazada siempre de legalidad e implementada sobre una retórica moralista, paternalista y tan autoritaria  como aparentemente (solo aparentemente) llena de buenas intenciones. No se trata de un fenómeno que desconozcamos. De un modo u otro aunque formalmente se nos diga que no existe la censura todos sabemos que los límites de la expresión están recortados por los intereses dominantes y que, sencillamente, hay cosas que no se pueden decir o hacer sin pagar un alto precio político perfectamente sancionado por las leyes. Y, curiosamente, entre los nuevos delitos implantados por el reciente Código Penal, encontramos nuevos recortes de la libertad de expresión en relación con las grandes corporaciones. Ya no puede uno criticar al rey ni a la iglesia ni al ejército ni a la policía pero tampoco a los bancos o las multinacionales. Claro, la medida se disfraza de protección contra la difamación en asuntos bursátiles ¿pero cuanto tiempo tardarán las grandes empresas en utilizar ese resquicio para imponer una feroz censura contra sus críticos?...El verano pasado se hablaba, y se hará, de reformar el derecho de huelga para, naturalmente, restringirlo, este mes de diciembre hemos asistido a medidas excepcionales (y fascistas) para facilitar la privatización (el lucro privado a costa de un servicio público) de AENA, ahora se nos dificulta la crítica a bancos y multinacionales...la cosa pinta mal. Pero existen detalles todavía más preocupantes.

Por un lado está el cúmulo de nuevos delitos que están apareciendo de la nada y que se castigan durísimamente "por nuestro propio bien"...un cúmulo de nuevos delitos en apariencia centrados en la convivencia y en el ansia de salvar vidas pero que pueden anteceder (y esconder) la tipificación de otros menos neutrales y, desde luego, mucho más enfilados al establecimiento de un totalitarismo bancario y empresarial sobre la sociedad. Tampoco es un escenario que no tengamos ahora presente y activo: no ha habido ley ni reglamento en las últimas tres décadas que no haya colocado a bancos y multinacionales en una situación abusiva sobre el consumidor y a este limitado en sus derechos hasta el punto de haber convertido el país en una magnífica estafa piramidal en la que siempre se benefician los mismos y salimos perjudicados la mayoría y ello con el respaldo de la ley y el estado que sirve solo al Poder.

Él último zarpazo, y uno de los más comentados, en ese sentido fue la de momento finiquitada Ley Sinde destinada a favorecer a las grandes distribuidoras de productos de entretenimiento (mal llamados culturales). Ley que, no nos engañemos, encalló únicamente por la hipocresía del PP, empeñado en ganar votos como sea para, una vez alcanzado el poder, implementar políticas ultraliberales mucho más radicales y salvajes al modo de los neocon norteamericanos. Pero ley, sigamos sin engañarnos, que se llevará a efecto con uno u otro nombre en un futuro no muy lejano y convirtiendo en delincuente al ciudadano para solaz y abuso de las multinacionales que de momento son las que mandan en nuestra supuesta democracia. Pero no nos engañemos. La Ley Sinde no es algo nuevo. Como he dicho las últimas tres décadas están repletas de leyes y reglamentos que en la práctica nos han vendido a los bancos y las grandes corporaciones empeorando de facto nuestra calidad de vida y nuestras posibilidades de progreso. Nuestra mal llamada democracia, todas las basadas en el capitalismo neoliberal, está organizada así y no hay más que hablar. El pueblo solo se ve como una fuente de ingresos para los bancos y las multinacionales y se pretende que sea una masa amorfa y manejable absorta por el egoismo personal y el consumismo compulsivo, y a fé que lo han conseguido. Pero está llegando el tiempo de la reacción, de la confrontación para recuperar nuestros derechos y nuestro ser de ciudadanos dejando atrás las cadenas de esclavos del interés de los poderosos.

Y para ello hay que ser conscientes de las redes que van tejiendo a nuestro alrededor y que podrán cerrarse en un futuro yugulando nuestra legítima protesta y convirtiéndonos en siervos de un estado totalitario al servicio de los intereses de las grandes multinacionales y de los bancos.

Como decíamos: en los últimos meses estamos asistiendo a la tipificación de una enorme cantidad de nuevos delitos en lo que representa el inicio de un alud de prohibiciones y limitaciones que a la larga conformarán un entramado legal que nos encerrará dentro de una encubierta dictadura en la que se votará periódicamente para que siempre manden los mismos (como ya sucede ahora, por otro lado). Y en ese sentido es tan preocupante como aleccionador darse cuenta de cómo los nuevos delitos y las leyes que los definen se saltan a la tolera, ignoran olímpicamente, principios jurídicos básicos como la presunción de inocencia bajo la excusa de ofrecer protección a determinados colectivos. Es la clásica táctica que los neocon estadounidense han empleado siempre para imponer sus leyes más restrictivas. La hipocresía es un arma poderosa que los ultraconservadores ( beatos ignorantes y vociferantes empeñados en dominar el mundo y en arrastrarlo de nuevo al siglo XIII) lógicamente manejan muy bien. La hipocresía es el resultado natural de la imposición de la absurda mentalidad semita sobre la naturaleza y la razón. Las leyes dictatoriales de estos individuos, destinadas indefectiblemente a mantener su posición de poder sobre la sociedad, siempre se presentan como un instrumento para la protección de colectivos vulnerables, especialmente la juventud y la infancia cuyo control les conviene mantener para lavarles debidamente el cerebro.

En España la presunción de inocencia se ha vulnerado en las disposiciones legales contra los maltratadores y se ha hecho supuestamente para proteger a las mujeres maltratadas. Pero el hecho es que ahora basta una simple denuncia para que un hombre sea encarcelado, pierda la patria potestad de sus hijos y cuanto le pertenece de los gananciales acumulados por la pareja porque, sin remedio, la mujer se quedará con la casa, el coche...con todo, al menos mientras no se celebre un juicio que puede tardar años. Y basta, vuelvo a insistir, una sola denuncia. ¿Es preciso defender a las mujeres maltratadas? Por supuesto ¿pero es correcto hacerlo vulnerando uno de los más acendrados principios de nuestro derecho, la presunción de inocencia?...pero, sobre todo ¿qué consecuencias puede llegar a tener ese desprecio por un principio tan básico? Porque en derecho la costumbre acaba convirtiéndose en ley y si admitimos que es lícito prescindir de la presunción de inocencia por cualquier causa que sea, admitimos que dicho principio desaparezca, cuando convenga de nuestro ordenamiento jurídico. De ahí a las desapariciones o los Guantánamos (que por cierto tampoco son fruta exótica en nuestro jardín) existe un solo paso. ¿Cuanto tardará el Poder en sacarse de la manga nuevos delitos en los que, por nuestro bien (es decir: el suyo) se pueda prescindir de dicha presunción de inocencia?...una vez vulnerado este, restituirlo será dificil y sabemos quién hace las leyes y para beneficiar a quién ¿podemos permitirnos una irresponsabilidad así?...sé que sobran los optimistas, los ignorantes que no ven más allá de sus narices y que se creen los telediarios y las películas...no perderé el tiempo en tratar de convencerles. Simplemente les diré que se documenten en lo sucedido en los Estados Unidos desde 1981 pero sobre todo desde 2001 y verán cómo bajo el manto de la democracia se puede acabar viviendo en una dictadura feroz.

Otro ejemplo preocupante lo hemos tenido estos días en la Ley Antitabaco que favorece las denuncias anónimas y, con ellas, la delación.

Una vez más la introducción sea en el ordenamiento jurídico sea en los usos sociales y legales de instrumentos propios del totalitarismo es absolutamente preocupante no por el momento actual sino por el recorrido futuro que ello pueda llegar a tener. En los países anglosajones, especialmente en los Estados Unidos, ejemplo de criptofascismo que siguen nuestras élites, la figura del delator está perfectamente definida y utilizada a fondo desde el delincuente al que se le perdona la pena por denunciar a otros (o al hijo al que se estimula para denunciar a sus padres) hasta el sicofante privado que se dedica a delatar a sus vecinos cuando estima que no se ajustan a las directrices ideológicas o morales que le son gratas al Poder y que predicadores y medios de comunicación se encargan de convertir mediante técnicas propagandísticas en supuesto consenso social.

Parte de ese entramado de censura totalitaria ejercida desde el sector privado procede de asociaciones numerosas en cuanto al número de siglas, escasas en número de asocidados, destinadas a protestar por lo que no se ajusta a la norma en la televisión, el cine, la literatura e incluso los libros de texto. O de aquellos que peinan las bibliotecas públicas para hacer retirar de las mismas libros "peligrosos" cuya consulta, en cualquier caso, ha de notificarse, al menos en Estados Unidos, al FBI. Otros son los que se dedican a escrutar internet para denunciar a los disidentes de cualquier tipo y, desde luego, con la aplicación de las leyes patrióticas en Estados Unidos después de 2001 ha habido gente que ha terminado en prisión por comentar entre sus amigos un mínimo desacuerdo sobre la política nacional. No son inventos, son cosas que llevan sucediendo más de una década en Yanquilandia y que debemos, a juzgar por la deriva de las nuevas leyes en nuestro país, comenzar a temer. Y no podemos ser ilusos, los cacareos del PP en ese sentido no implican una diferencia ideológica con el gobierno, aquí, como en todas las supuestas democracias capitalistas, todas las siglas responden a un mismo poder: el de los bancos y las multinacionales. Las alharacas peperas son solo un efluvio más de su inmoralidad intrínseca, un modo demagógico de ganar votos para regresar al poder y aplicar la misma política con muchísima más dureza y mayor cinismo. Dentro del actual estado de cosas no existe solución. La única solución efectiva es cambiarlo.

El sistema se sostiene, siempre que es posible, con el engaño. Cuando este ya no sirve comienza la represión. La crisis ha terminado con el encantamiento del mago, ahora estamos inaugurando una nueva etapa: el criptofascismo de las grandes corporaciones no tardará en abatirse sobre nosotros y es preciso que seamos conscientes de ello. Y sería bueno que nos movilizáramos para tratar de liberarnos de semejante yugo.

PD (a 7 de enero de 2011).- Para variar una nueva ley que tipifica nuevos delitos (la de igualdad de trato) y que, curiosamente parte también del negociado de la Pajín (hay que denominarla ya así, como estrella del criptofascismo que es) vuelve a vulnerar lindamente la presunción de inocencia. ¡Más madera!...

NOTA.-La fotografía es de Azrainman

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ESPAÑA ¿UN PAÍS DE GILIPOLLAS?

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Por supuesto la del título es simplemente un pregunta retórica. No es preciso discurrir demasiado para comprender que la respuesta a esta pregunta tan solo puede ser afirmativa. Y así nos va. Si la mayoría social de los españoles no fuera una masa de arribistas ignorantes, de nuevos ricos toscamente identificados con el ideario de los señoritos de toda la vida, que se aprovechan de esa circunstancia para seguir estafándolos y aprovechándose de ellos, otro gallo nos cantaría. Pero ese grueso vociferante e inculto (incultos a pesar de que muchos tengan incluso estudios superiores, en España la universidad capacita, mal, para el desarrollo técnico de las profesiones pero no forma) del populacho encantado de sí mismo porque sus abuelos criaban cabras en el pueblo, sus padres acaso tuvieron que emigrar y ellos han conseguido tener coche y adosado (que deben) y una interna mal pagada y sin papeles (cumpliendo así el sueño tantas veces expresado en el cine español del franquismo de la clase media baja con servicio en casa), ese vivero inagotable de votantes conformistas dentro del turnismo de corte canovista y nula representatividad democrática que llaman democracia representa un problema de tal calado y genera tal inercia negativa en el devenir político y social de España que finalmente hay que admitirlo. Por supuesto que no todos los españoles son gilipollas pero, por desgracia, el futuro del país está decidido por una élite de sinvergüenzas directamente sostenida por una masa amorfa de gilipollas que engloba individuos desde la clase media alta hasta las más bajas (se da mucho en ciertos bares de las barriadas humildes el especimen del pobre franquista, especialmente si la iglesia tiene alguna implantación en el barrio desde los años sesenta o setenta), algunos de los cuales incluso se creen modernos, progresistas y hasta "de izquierdas" cuando apenas son otra cosa que repitemonas de la propaganda ideológica del régimen vigente, a la postre caciquil, estamental, injusto y sometido a intereses extranjeros.

Algún día, cuando se estudie la historia de España desde 1978, el peso mayor del estudio deberá recaer en dicha masa manipulable de paletos vestidos de marca y obcecados de consumismo y televisión.

El canovismo de 1876 se mantuvo en pie por las redes clientelares que los caciques tendían en sus respectivos territorios en perfecta comunión con la represión más salvaje y constante. Su émulo de 1978 se sustenta, sin que por supuesto las redes clientelares hayan desaparecido y persistiendo la represión (omnipresente aunque subrepticia), en cambio en esa masa desclasada prefabricada con el desarrollismo franquista de los sesenta dentro de un designio general dentro de la política imperialista de los Estados Unidos.

Nos vendieron, y a menudo lo creemos a pies juntillas, que durante el franquismo España fue diferente. Es mentira. Aquí, aunque con cierto retraso por cuestiones puramente estéticas que retrasaron nuestra integración formal en el modelo imperialista yanqui (implantado en toda Europa en 1945) hasta 1956, se aplicaron las mismas políticas sociales, políticas y económicas que en el resto de Europa. De hecho el desarrollismo franquista no fue otra cosa que la importación del modelo de la democracia cristiana italiana al ámbito hispano con las pertinentes adaptaciones a los peculiares usos locales.

De aquellos polvos (con perdón) proceden estos lodos que embarran el normal devenir de España aborregándonos hasta la máxima estulticia. Y lo peor es que no parece que exista revulsivo posible para semejante situación. El memo es memo desde la cuna hasta la tumba y ese peligroso lastre con hechuras de "mayoría social" que vota más o menos religiosamente cada vez que toca dentro de las opciones turnistas, que se declara apolítico y que aplaude con fruición cuando la patronal clama por el "derecho al trabajo" en medio de una más que justificada huelga general o cuando aplaude procedimientos franquistas como la militarización para que "unos privilegiados" (y no se dan cuenta que dentro del esquema neoliberal que nos imponen privilegiados son todos aquellos a quienes todavía se respetan sus derechos) no "hagan chantaje al estado" (sin percatarse de que ese mismo argumento fascista servirá en el futuro para atajar manu militari cualquier protesta y toda disidencia), que se ha contagiado de la reverencia a la "propiedad privada" y al "libre mercado" de las clases altas porque se cree propietario de los bienes que todavía debe e inversor porque se dejó estafar por unos brokers para perder su dinero en la bolsa, ese peligroso lastre social que los políticos apodan eufemísticamente, "clase media", no va a cambiar condenando de facto todo cambio real en España por muy necesario y acuciante que sea.

Y cuidado: cuando hablo de cambios necesarios y acuciantes no me estoy refiriendo a los que el gran capital y la banca están tratando de imponer como supuesta receta contra la crisis y que consiste en doblar la dosis de las políticas que nos han traido hasta aquí sino justo lo contrario: plantarse frente al dogmatismo ultraliberal, frenar las ambiciones del capitalismo salvaje y reconstruir el sistema para que deje de ser una estafa legal que siempre favorece a los mismos y se convierta en un hábitat beneficioso para todos.

Pero en fin...esa gente sigue siendo un factor de "estabilidad" y están orgullosos de ello sin darse cuenta de que la estabilidad, cuando te conduce al matadero, ni es buena ni deseable. Pero un borrego es siempre un borrego, temeroso de los perros (las fuerzas represoras) del qué dirán (el superyo del rebaño, siempre tendente a la sumisión y el comportamiento gregario) y sintiendo afecto por su pastor sin percatarse de que este cuida tan solo sus propios intereses y les reserva únicamente un destino, y nada halagüeño.

Esa masa aborregada es la verdadera culpable de los problemas estructurales que padecemos y de que sea prácticamente imposible arreglarlos. Su estupidez, inmensa, oceánica, es de tal calibre que se convierten en factor de inmovilismo y en palmeros de la derechización que experimentamos. Se manifiesta, además, en cada ocasión que se le permite. Por ejemplo con la persistencia en el voto (cuando resulta evidente que votar es legitimar un sistema que no representa al votante) y su constante pendular entre las opciones mayoritarias del teatrillo de títeres que nos venden como democracia. Pero también  en ocasiones más trascendentales como cuando se votó mayoritariamente ( y sin conocerlo, tan solo porque sus líderes les dijeron que lo hicieran) el tratado de la Unión Europea que consagraba muchos de los problemas y malas actuaciones sociales, económicas y políticas que ahora padecemos.

 Se manifiesta en cada ocasión en que esa masa de memos puede expresarse.

Por ejemplo en las encuestas.

Leía hace poco algunos resultados del barómetro del Real Instituto Elcano y sus conclusiones no hicieron otra cosa que confirmar mi impresión de que existe una peligrosa masa de imbéciles aborregados de los cuales depende mi futuro y el de España.

Resulta que la canciller alemana Angela Merkel es la figura internacional más valorada por la opinión pública española, que le da una puntuación de 5´9. ¿Puede entenderse semejante cosa?...sí, desde la total ignorancia de quienes opinan.

Alemania es la mayor beneficiada con el euro y con la crisis. Está jugando a beneficiarse a costa de difamar y enmerdar a sus socios europeos, especialemente a España. Nuestro país está teniendo enormes pérdidas y grandes dificultades económicias y financieras por su actuación insolidaria y deliberadamente perjudicial para nosotros y resulta que los españolitos de a pie sienten simpatía por ella. Esta tipa representa la derecha más rancia, más sucia, más clasista y más ultraliberal de Europa, responsable directa tanto de la crisis actual como del ataque a nuestros derechos ciudadanos y laborales y es la más admirada...no puede llegarse a otra conclusión salvo la que ilustra el título de este artículo: España es un país de gilipollas.

Pero no queda ahí la cosa. Resulta que el 60 % de los españoles, según la misma encuesta, sigue identificando Unión Europea con futuro y progreso cuando a la vista está que tan solo sirve para imponer las políticas del gran capital y la ultraderecha y para perjudicar al pueblo, a todos y cada uno de los pueblos de Europa y con mayor saña a los periféricos como el español.

No importa, la Unión Europa es valorada con un 5’5 y, lo que ya es absolutamente ridículo teniendo en cuenta que no sirve para ayudarnos a defender las Canarias, Ceuta o Melilla ni para recuperar Gibraltar ni el control del estrecho y tan solo para embarcarnos en operaciones exteriores como comparsas y servidores del imperialismo yanqui, la OTAN con un 5´1. Y el BCE con un 4´8...

Eso dentro de un marco social en el que las instituciones más valoradas son el ejército (heredero directo del franquismo, nido de derechismo, institución que perdió su honor al sublevarse en 1936 y al permitir la implantación de bases extranjeras en nuestro territorio y que se cuenta entre las herramientas que el poder empleará para la represión cuando llegue el caso) y el rey (vértice indiscutible de un sistema económico y político intrínsecamente corrupto en todas sus facetas y controlado por las oligarquías de siempre en perfecta comunión con la arcaizante y totalitaria iglesia católica)...

Lo decía hace unas semanas: sois putas, ponéis la cama y encima pagáis la habitación.

En conclusión: sí, España es un país de gilipollas.

NOTA.- la fotografía es de Jerrycharlotte.

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CONCLUSIÓN SOBRE LA HUELGA DE CONTROLADORES AÉREOS EN ESPAÑA.

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Bueno, ahora que ha pasado el sofocón quizá sería interesante repasar los hechos para comprender lo sucedido y extraer las oportunas consecuencias. Sintetizando mucho podemos establecer la siguiente sucesión de acontecimientos:

1- El gran capital, que teledirige a nuestros políticos elegidos en las urnas pero indefectiblemente al servicio de los bancos y las multinacionales en lugar de a nuestros intereses, maniobra entre bastidores para imponer, con la excusa de la crisis (una crisis generada por el propio gran capital y sus irresponsables políticas neoliberales), más neoliberalismo. Las fraudulentas e indebidas privatizaciones llevadas a cabo por Aznar en los años noventa supusieron, al mismo tiempo que una pérdida de soberanía y maniobra para el estado, un enorme (e insisto: fraudulento) negocio para el gran capital. La receta de esta gentuza, por lo tanto, es la de acabar de privatizar todo lo que queda bajo el control del estado. La enseñanza superior se ha privatizado ya indirectamente mediante el Plan Bolonia, de aquí a unos pocos años veremos la privatización de la sanidad y demás servicios públicos, incluyendo la RENFE. Ahora le toca el turno a AENA.

2-Una vez privatizada Iberia en los noventa, el gran capital pretende la privatización de la gestión de los aeropuertos. El presidente del gobierno reunido con el gran sanedrín de los vendepatrias financieros (esos casi cuarenta "grandes empresarios" que citó para "hablar sobre la recuperación de la economía") promete nuevas privatizaciones, y en primer lugar, cómo no, la de AENA.

3-Toda privatización lleva indefectiblemente aparejada una reducción de personal y un empeoramiento de las condiciones de trabajo de los empleados. Es, además, tradición desde los tiempos de Felipe González (y Aznar fue seguidor entusiasta de esta política) que el estado le haga el trabajo sucio a los especuladores a los que beneficia ilegítimamente mediante las privatizaciones (lo que, por cierto, constituye dos clarísimos delitos, uno perfectamente tipificado: prevaricación y otro que la república venidera deberá tipificar y castigar con la máxima pena: traición al pueblo y a España). En otros casos el estado gastó miles de millones para sanear empresas que luego se entregaban sin apenas contrapartidas y con superhábit a los especuladores de turno. En este convenía machacar a un colectivo de trabajadores cualificados cuyas condiciones laborales son incompatibles con los hábitos de especulación y explotación del sector privado español (que, como sabemos, lejos de ser empresarios son oportunistas, estafadores, especuladores y negreros).

4- El gobierno introdujo un nuevo reglamento de trabajo según el cual las guardias de los controladores no se consideraban horas extraordinarias, en el que se aumentaban sus horas de trabajo anuales y, en general, se precarizaban sus condiciones de trabajo en previsión de la ansiada (por el gran capital especulador) privatización de AENA.

5.- Lógicamente el colectivo de controladores se defendió y tomó medidas encamiadas a conservar sus condiciones de trabajo que el propio gobierno, en una operación de propaganda y desinformación digna del ministerio de propaganda nazi, empezó a denominar privilegios. (Y es un dato muy a tener en cuenta de cara al futuro, a partir de ahora veremos muy a menudo que los derechos laborales y sociales ganados con tanto esfuerzo se llamarán privilegios para obtener demagógicamente el apoyo de aquellos que ya los perdieron y no entienden que el camino es la recuperación de los mismos para todos en lugar de su eliminación general).

6.- La impaciencia del gran capital especulador crecía y esto no debió de dejar de expresarse en el contubernio del presidente con el sanedrín de explotadores y especuladores con el que tuvo la desvergüenza de reunirse hace unos días. Había que privatizar AENA a la carrera y para ello resultaba imprescindible aplastar la resistencia de los controladores por cualquier medio, incluso alguno de tan arraigado regusto franquista como la militarización.

7.- Consecuentemente había que generar un escenario que la justificase ante una opinión pública lo suficientemente ofuscada como para que no comprendiese los sucios métodos que se estaban utilizando no en beneficio de España sino del sector privado, para que no viesen que, en el fondo, se estaba prevaricando de nuevo como se viene prevaricando en todo el proceso de privatizaciones desde los años ochenta. (Podemos decir que todo el régimen de 1978 es en realidad una gran prevarización en contra de España y a favor de una casta de explotadores y especuladores que la dirigen en la sombra y que ningún presidente del gobierno está libre de culpa al menos desde 1982).

8.- Así que A).-El presidente se reúne con los "grandes Empresarios"

                B).- El presidente anuncia que no acudirá a la cumbre iberoamericana.

                C).- Justo en vísperas del puente se aprueba un decreto que obliga a los controladores a defender sus condiciones de trabajo, que les fuerza, en definitiva, a la huelga.

                 D).- Gobierno y medios de comunicación se lanzan a una orgía de desinformación que ya explicábamos en el artículo anterior y que constituye de hecho una lapidación de los "privilegiados" controladores en la que participa activamente una ciudadanía (privilegiada, puesto que tiene dinero para irse de vacaciones, y en avión, cosa no tan frecuente en los días que corren) enfadada por la imposibilidad de coger sus vuelos.

               y E).- Se procede a la militarización (medida franquista donde las haya) para sojuzgar a los controladores, acabar con su resistencia, terminar con sus condiciones de trabajo, precarizarlas y proceder a la privatización de AENA en los términos que el gran capital quería para obtener el máximo de beneficios de una empresa que era y debería seguir siendo pública.

En resumen: hemos visto como el gobierno ha utilizado los métodos más sucios para seguir regalando el patrimonio nacional al sector privado insistiendo en una política que es la culpable de la crisis actual. Y, en consecuencia, hemos constatado una vez más que el régimen actual, sobre perjudicial, es ilegítimo porque no sirve a los intereses generales de España sino a los de los especuladores nacionales e internacionales. Hay, por lo tanto, que plantarse y cambiar las reglas del juego. E insisto: hoy mejor que mañana.

NOTA.- la fotografía es de davidreid.

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NINGUNA SORPRESA EN CATALUÑA

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Los mecanismos del parlamentarismo turnista son previsibles y constantes, por ese motivo no cabe esperar de facto ninguna innovación dentro del sistema, ninguna sorpresa. En las elecciones catalanas todo ha funcionado como cabía esperar y como veremos que funcionará en futuras citas electorales.

Dentro del turnismo entre conservadores y liberales (los mismos perros con distintos collares y que representan ambos las opciones y opiniones del gran capital en detrimento de los verdaderos intereses del pueblo) cuando un equipo se desgasta lo suficiente, es sustituido por el otro que llevará a cabo la misma política con un sesgo más radicalmente neoliberal bajo el epígrafe del cambio. En Cataluña el esquema bipartidista se complica un tanto a causa de la división de cada sector por el factor nacionalista lo que provoca una profusión de siglas. Pero en la práctica no existen grandes diferencias con el esquema general. Las derechas periféricas solo se diferencian del PP centralista en el color de su trasnochado y contraproducente nacionalismo. Mientras el PP es directo heredero de las oligarquías mesetarias y de sus intereses, los nacionalismos periféricos son herederos y representantes de las oligarquías costeras que se inventaron los diversos nacionalismos allá por el siglo XIX dentro de un marco de confrontación con las mesetarias. De hecho todos esos nacionalismos decimonónicos, el españolismo rancio y protofranquista y los no menos absurdos de la periferia, son un simple invento del liberalismo de la segunda mitad del XIX ya en pleno viraje hacia posiciones ultraconservadoras que solo ha servido, desde siempre, para aumentar el poder territorial de las diversas oligarquías y convertir al pueblo en rehen de unos valores que en absoluto representan sus intereses y aspiraciones. Pero, en cualquier caso, independientemente del matiz del nacionalismo de la derecha, todos los partidos incluidos en el ámbito conservador de la ecuación turnista comparten los mismos presupuestos ideológicos: neoliberalismo, insano confesionalismo, clasismo, corrupción...el PP y CiU son, en la práctica, lo mismo.

De modo que lo sucedido en Cataluña no representa sino el lógico cumplimiento del esquema turnista que veremos cumplirse inexorablemente en otros lugares y en las elecciones generales en los próximos meses y años: cambiar de gobierno y partido gobernante para que no cambie nada.

Tampoco los restantes fenómenos electorales sucedidos en Cataluña son nuevos ni sorprendentes, ni siquiera exclusivos de nuestro sistema electoral, sino propios de la vida electoral del liberalismo parlamentario. Por ejemplo: la debacle de ERC. Sucede siempre: cuando un partido pequeño pero con perspectivas de gobierno a medio plazo entra en una coalición de gobierno con otro mayor y llega el agotamiento del proyecto sufre un castigo mucho más severo que el socio dominante. Nada, pues, que no supiéramos que iba a suceder. Máxime si se cometen errores como el de hacer votar en mascaradas independentistas a inmigrantes de toda procedencia en un contexto donde la inmigración se percibe por la ciudadanía como un grave problema que se padece cada día y en cada aspecto de la vida cotidiana. Pero es lo que tiene el radicalismo, que aleja al político de la realidad y le conduce a cometer estupideces.

Por supuesto el hecho de que en un periodo de grave descontento de la ciudadanía entren nuevas (y aparentemente diferentes) siglas en el parlamento es lógico. Frente a la masa "centrista" que se mueve ovinamente entre las opciones más poderosas del turnismo en una compulsiva búsqueda de mediocridad y estabilidad, surge siempre una minoría de aventureros "posibilistas" que votan siglas diferentes sin percatarse de que muy a menudo estas se mueven en los mismos parámetros que las grandes siglas turnistas estando tan solo al servicio de ambiciones personales o escisiones internas de los grandes partidos.

Y, por último, no es tampoco extraño el repunte del voto xenófobo. A fin de cuentas entra dentro del juego político del turnismo neoliberal dominante en toda Europa y que tan eficientemente actúa en España. Primero se llena el país de inmigrantes para romper el mercado laboral y precarizar la situación de los nacionales al tiempo que se atraen  nuevos incautos al timo piramidal en que se ha constituido la economía (lo de libre mercado es uno de tantos chistes malos que nos cuentan) favoreciendo de hecho las estafas legales de los grandes bancos y de las constructoras, compañías de seguros, de energía, de telecomunicaciones... naturalmente el descontento de la ciudadanía crece ante el exceso de competencia que le perjudica ilegítimamente y de los problemas que un cúmulo de nuevos pobladores con mentalidades en muchos casos arcaícas y tercermundistas, casi nunca conciliadoras ni aptas para la integración, provocan en la vida diaria pero ese descontento no es atendido desde el poder mientras duran las vacas gordas. Concluido el ciclo alcista, entonces sí: el poder económico ha de justificar los efectos de sus malas políticas (que son buenos negocios para ellos) y quitarse de encima la culpa. Se responsabiliza entonces a los inmigrantes y se consigue de este modo que el descontento de los ciudadanos se aleje de opciones políticas que verdaderamente podrían cambiar el panorama y las relaciones de poder manteniéndolos dentro del turnismo corrupto mediante una radicalización que, en casos extremos, si conviene a la oligarquía, deriva rápidamente hacia el fascismo. Es un esquema viejo (Italia, 1922; Alemania, 1933; España, 1936...) pero que sigue funcionando gracias a la inmensa ignorancia de la masa votante.

En fin: lo dicho, nada que no se haya visto mil veces a lo largo del siglo XX y que no vayamos a ver otras tantas en los próximos años.

Dentro del parlamentarismo liberal no hay ninguna posibilidad real de cambio.

 Lo cual nos deja solo una salida para cambiar las cosas y establecer un sistema justo y viable que nos beneficie a todos y no solo a unos pocos ultramillonarios sin moral ni vergüenza. A lo mejor les suena: se llama revolución. Es preciso desbordar el estado, conquistarlo y ponerlo al servicio de la sociedad.

NOTA.- La fotografía es de Publikacción.

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CONTUBERNIO EN MONCLOA.

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La política española resultaría hilarante sino fuera absolutamente vomitiva. La última de nuestro egregio presidente del gobierno, mientras el jefe de la oposición (figura consagrada por los intereses del turnismo dominante pero absolutamente extraña a la constitución, que es mala y, para colmo, no se cumple) sigue encenagado en la planetaria corrupción de su partido y obstinado en no decir lo que todos sabemos: que en caso de alcanzar el poder se lanzara a una orgía de privatizaciones y recetas neoliberales que destruirán el estado beneficiando a los cuatro de siempre y dando al traste con nuestros servicios sociales y nuestros derechos como ciudadanos y trabajadores, el amigo Zapatero ha decidido reunirse con los "treinta mayores empresarios" del país con la finalidad de relanzar la economía.

La idea, vista desde la ignorancia, puede parecer incluso buena, y habrá quien la aplauda desde el habitual seguidismo caudillista tan propio de nuestra escena política y que tan perjudicial resulta. Pero no deja de ser uno de tantos malos chistes que estamos viendo aflorar en estos años de crisis.

Analicemos quienes han sido invitados a dicha reunión y saquemos conclusiones.

Lo más llamativo es que una parte de los "grandes empresarios" citados en Moncloa son en realidad gestores de empresas indebidamente privatizadas durante el Aznarato (léase a ese respecto el artículo Malversando el Patrimonio Común, publicado en estas mismas páginas en julio de 2010).

Aquellas privatizaciones se hicieron sin necesidad bajo el dogmatismo del ultraneoliberalismo dominante y con la clara intención de beneficiar a los grandes especuladores en detrimento de los intereses del pueblo. Se cubrieron con la dudosa legalidad del Tratado de Convergencia que nos condujo al euro cuya única finalidad es la de favorecer los tejemanejes del gran capital financiero, de la especulación y la explotación y, por lo tanto,  perjudicar a los ciudadanos europeos. Además aquellas privatizaciones se hicieron de un modo más que dudoso: entregando lindamente el control de las compañías privatizadas a quienes las dirigían cuando eran públicas y que, por lo tanto, eran amigos y cómplices políticos de quienes gobernaban en aquel momento (el señor Aznar y sus compinches, que, como es público y notorio, lejos de trabajar para España están a sueldo de los peores especuladores anglosajones). Aquellas privatizaciones del 96 y el 97 sobre poder ser calificadas como abierta traición a España, fueron una clara muestra de la galopante corrupción político-financiera que define el régimen de la monarquía parlamentaria borbónica alejándolo de la verdadera democracia y deberán ser tratadas algún día judicialmente bajo el epígrafe llano de la prevaricación.

Pues bien, estos enormes recursos del estado entregados fraudulenta e indebidamente al sector privado (Repsol, Gas Natural, Iberia...) son parte de las "grandes empresas" convocadas por el gobierno para mendigar medidas de activación de la economía que no obtendrá salvo a cambio de una intensificación de las políticas de desprotección del trabajador y del consumidor. Obviamente, si hubieran permanecido, como era lógico y decente, bajo el directo control del estado las cosas serían diferentes. De hecho, la renacionalización de estas empresas, junto con la nacionalización de otras, incluyendo algunos bancos y cajas, sería el mejor paso para retomar el control económico del país, pero en esto, como en todo, prima el fundamentalismo neoliberal impuesto desde los países anglosajones.

Otro grupo de empresas citadas en Moncloa representan, simple y llanamente, las peores  prácticas económicas y sociales del gran capital en España, prácticas que se encuentran directamente en la raíz de la actual crisis. Por supuesto en ese saco se incluyen los bancos, pero de esos ya nos ocuparemos después.

Antes tenemos que hablar de las grandes empresas del ladrillazo, de la especulación urbanística, como ACS, Acciona, Sacyr, Ferrovial o FCC que están clarísimamente en la base de un modelo de especulación económica completamente inadecuado que condujo a la burbuja inmobiliaria y no creó otra cosa que problemas medioambientales, endeudamiento privado, corrupción política a todos los niveles, aumento incontrolado de la inmigración y, en última instancia, un abismo crediticio y social del que todavía nos estamos recuperando. Lo único que podemos esperar de esa cuadrilla de ladrones ineptos es que impongan la continuidad del modelo que les ha hecho ricos. Y ya sabemos a donde conduce eso. En lugar de expropiárseles, como debería hacerse habida cuenta de su gravísima responsabilidad en los problemas que nos aquejan , se les jalea y escucha. A este respecto es significativo que no se hayan visto representantes ciudadanos en Moncloa pero sí a los empresarios causantes del desaguisado en que nos encontramos. No debe extrañarnos: el turnismo neoliberal en que se ha convertido esto que llaman democracia funciona de ese modo. Nada para el pueblo, todo para los especuladores en un régimen de votaciones periódicas que no cambian nada porque son siempre los mismos perros con distintos collares los que llegan al gobierno.

En esa misma línea de premiar a los impresentables, de escuchar a los responsables del problema en lugar de penalizarlos duramente con la nacionalización de las plusvalías conseguidas indebidamente y su puesta al servicio de los intereses comunes, el presidente del gobierno cita a empresarios ejemplares en las peores y más antiespañolas y antidemocráticas prácticas económicas y sociales que tenemos en este país. Empezando, por supuesto, por las hidroeléctricas cuyo modelo de negocio se basa en especular con recursos naturales comunes que se les entregan como bienes privados para que hagan su agosto a costa de los derechos y el bolsillo de todos los ciudadanos. No cabe mayor perversión del ideal democrático ni de la gestión de bienes comunes, pero también a ellos, en lugar de nacionalizarles, les van a mendigar que hagan algunos gestos de cara a la galería a cambio de blindar su modelo de mercado. Pero en ese paquete de impresentables están también El Corte Inglés, que persigue y reprime la actividad sindical de sus empleados, Inditex, uno de los más egregios ejemplos de deslocalización (y por lo tanto culpable del aumento del paro, de la disminución de la riqueza y del empeoramiento de los productos que consumimos), Mapfre, empresa de seguros, uno de los sectores donde más se utiliza la estafa y el abuso contra el consumidor junto con las empresas de telefonía y los bancos...

En fín, no voy a abundar en la lista de los convocados a Moncloa. Cualquiera puede acceder a ella en los medios de comunicación. Tan solo me interesa recalcar la idea de que recurrir a esta gente en lugar de disciplinarlos e imponerles las penas que merecen equivale a vender el alma al diablo y que, como siempre, ellos obtendrán beneficio a costa de todos nosotros. Porque, no nos engañemos, se gobierna a favor de estos especuladores sin moral ni vergüenza y en contra del pueblo. Y esto seguirá siendo así mientras el pueblo no de un puñetazo encima de la mesa y exija el cambio de conducta económica y social. La economía debe estar al servicio del bien común y no organizada de tal modo que se beneficien cuatro hijos de puta a costa de explotarnos como trabajadores y estafarnos como consumidores.

Por supuesto, no puedo acabar este artículo sin referirme a los bancos convocados. Todos y cada uno de ellos ha obtenido plusvalías aprovechándose de la política ultraneoliberal indebidamente implementada por los gobiernos turnistas de la mal llamada democracia española. Son, por lo tanto, los principales culpables de los problemas que atravesamos y siguen incurriendo en prácticas próximas a la estafa con sus clientes (pienso, por ejemplo, en la subida del precio de las tarjetas de crédito a sus clientes que ha llevado recientemente a cabo el BBVA mediante un bonito método que mezcla la mentira propagandística, el engaño a los incautos y el recurso a las lentejas mediante letra pequeña en el contrato)...de tal modo que deberían ser los primeros en sufrir la nacionalización. Pero, lejos de eso, asistimos a su enriquecimiento aun en medio de la crisis, a su despilfarro propagandístico (desde el dinero que gasta el Santander en la Fórmula 1, con todo el cortejo de corrupción que ese negocio esconde y que habrá que investigar en Valencia y en los negocios de Agag y Aznar, hasta el que el BBVA está gastando en el fútbol español o en eventos deportivos de los Estados Unidos) y vemos como se les convoca en Moncloa para pedirles consejo. Un consejo que ya sabemos cual será: más neoliberalismo.

Y eso habrá.

No debemos olvidar que previamente estos tipejos, junto con otros de su calaña, han acudido al rey (cuya responsabilidad en los manejos financieros y económicos del país y en la corrupción propia del sistema político-financiero que padecemos habrá que dilucidar algún día) para pedir "cambios estructurales profundos" es decir: más ventajas para ellos y más esclavitud y desprotección para el común del pueblo. Difícil será que no se les conceda su deseo.

Una cosa está clara a estas alturas: el régimen vigente no es una democracia puesto que ni beneficia al pueblo ni este tiene parte en las decisiones ni estas se toman en previsión del bien común. Vivimos en una forma de tiranía oligárquica y por lo tanto en un estado ilegítimo sin ninguna representatividad y que representa un mal común para el pueblo. El camino a seguir, por lo tanto, resulta obvio.

NOTA:_ La fotografía es de l.c. Nottassen.

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UNA CLAUDICACIÓN VERGONZOSA.

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Me carga tener que volver continuamente sobre ciertos temas, pero la realidad es terca y acaba por imponerse. Este verano ya tuve que escribir sobre la errónea política que nuestras forzadas alianzas "atlantistas" nos imponen con respecto a esa aberración imperialista, corrupta, racista, fundamentalista y expansionista que es el reino de los alahuitas marroquíes. Hoy, en relación al genocidio y los crímenes de guerra que dicha maquinaria no por atrasada y tercermundista menos imperialista está efectuando en el Sáhara Occidental he de volver sobre el asunto.

En primer lugar hay que dejar bien sentado que la supuesta soberanía de Marruecos sobre dicho territorio, como sobre Ceuta y Melilla o el propio Rif es una autoatribución ilegítima de los sultanes alahuitas. Estos jefes de cábila se sublevaron en su oasis natal allá por el siglo XVII y consiguieron una rápida expansión imponiéndose sobre tribus y territorios diversos y asumiendo el título real mediante la guerra y la represión sin representar entonces ni ahora ninguna continuidad estatal ni institucional con ningún reino anterior que hubiera existido en esos mismos territorios, luego todas sus reivindicaciones basadas en la historia o en supuestos derechos heredados son falsas y en todo punto inaceptables.

En segundo lugar hay que explicar que la descolonización del Sáhara Español no fue tal. No se trató de que la potencia colonial, que de todos modos había convertido el Sáhara en una provincia española en la que sus habitantes tenían los mismos derechos que los peninsulares, se retirara del territorio colonizado para otorgarle una independencia total y organizada. En realidad la retirada española fue el resultado de maniobras ocultas de nuestro "aliado" americano (los Estados Unidos nunca han sido aliados de España, solo enemigos y dominadores y cuanto antes lo aceptemos mejor nos irá) para conseguir dos objetivos claves: impedir el desarrollo de nuestro programa nuclear (que impulsaba el almirante Carrero Blanco cuyo asesinato a manos de ETA quizá contó con mucho más apoyo de la CIA de lo que cabría suponer) ya que las pruebas de nuestras bombas iban a realizarse en el desierto y, por supuesto, poder acceder con mayor facilidad a las minas de fosfatos y otras riquezas minerales existentes en la zona.

De modo que los Estados Unidos manipularon en la ONU favoreciendo los intereses de Marruecos y Mauritania, dos países mucho más manipulables y corruptos (aunque pueda parecer difícil) que España, para impedir nuestro ingreso en el club nuclear y arrebatarnos los recursos del Sáhara igual que hicieron con Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898 o con el resto del imperio americano mediante la doctrina Monroe de 1824. En suma nada nuevo en la conducta de estos "aliados" con respecto a nosotros.

Nada en las intenciones de los Estados Unidos ni de la ONU preveía la legítima independencia del pueblo saharahui. No se trataba de eso, sino de extender el dominio colonial indirecto de determinadas multinacionales sobre unos determinados recursos. Por eso se permitió la invasión del territorio por Marruecos y Mauritania. Lógicamente los saharauis se defendieron y lograron derrotar al debil estado de Mauritania en 1984, no así a los marroquíes que no solo contaban con el apoyo de los Estados Unidos sino también con el de Francia, proveedores fervientes de material bélico para esa máquina imperialista de cuarta que es el reino alahuita.

Naturalmente toda esa artimaña debía ser hipócritamente envuelta en un halo de legitimidad institucional que encubriera con un velo de supuesta legalidad democrática la sucia jugarreta imperialista efectuada por los Estados Unidos. Fue así como la ONU intentó jugar la baza del referendum. Por supuesto no inmediatamente, primero permitió durante años los manejos genocidas del régimen de Rabat.

No olvidemos que desde 1975 los marroquíes han estado asentando colonos del norte en el Sáhara y expulsando por la fuerza, cuando no masacrando abiertamente, a los saharauis para que, llegado el momento de votar, el referendum salga a su gusto, al de la ONU y al de los Estados Unidos. En ese sentido el drama del pueblo saharaui es el de todos los pueblos de la tierra, sometidos a los intereses del Gran Capital convertido en un ogro dominador ciego y sin sentimientos cuyo poder se basa  en el crimen y el genocidio directo o indirecto (mediante el hambre, las enfermedades y la miseria que provoca)...ellos no importan, importan tan solo los intereses económicos de las multinacionales implicadas. En ese sentido su problema no es muy diferente al que tienen por ejemplo los ciudadanos del Congo.

 Lo que estamos viviendo estos días no es sino un episodio más de la política genocida que el Reino de Marruecos está llevando a cabo en el Sáhara Occidental con el beneplácito de la ONU y la interesada complacencia de los Estados Unidos desde 1975 y la actitud del gobierno español frente a eso no deja de ser la habitual claudicación vergonzosa de nuestros gobiernos que viene a demostrar hasta qué punto somos esclavos y qué distantes estamos de ser un país soberano, cosa que debería hacernos pensar y replantearnos muy en serio qué demonios estamos haciendo con nuestro país y en qué dirección estamos derivando (puesto que vamos sin rumbo).

Pero no está de más que tomemos nota de lo que está pasando en El Aaiún porque puede que algún día lo veamos suceder en Ceuta y Melilla (incluso en barrios enteros de ciudades peninsulares repletos de marroquíes) con el beneplácito de nuestros "aliados" de la OTAN. Allí la maquinaria represiva de Marruecos, su ejército y su policía, auxiliada por turbamultas de civiles armados, asaltan las casas de los saharauis para expulsarlos y asesinarlos e imponer así definitivamente el dominio alahuita sobre un territorio al que no tienen derecho, que han usurpado. Lo que está sucediendo hoy en el Sáhara no es un hecho lejano sino algo que puede llegar a sucederle a ciudadanos españoles en un plazo no muy distante...¿y cual es la política de nuestro gobierno?...¿la de proteger los intereses de España?...¡No!, eso nunca ha sido así en los últimos cincuenta años (mande quien mande) sino la de obeder las consignas de nuestros amos americanos. En lugar de actuar enérgicamente para frenar el imperialismo marroquí, de limitar la peligrosa presencia de marroquíes en nuestras tierras, de auxiliar a nuestros aliados naturales los saharauis y abrir un segundo frente al sur del imperialismo marroquí, se limitan a cerrar los ojos, bajarse los pantalones y dejarse sodomizar lindamente...a claudicar vergonzosamente.

Cualquiera que me lea asiduamente ya lo sabe pero debo repetirlo: estoy harto de esta España sometida a los intereses extranjeros, gobernada en beneficio de unos pocos y en perjucio de la mayoría que llaman democrática y solo es parlamentarista. Es un estado fallido e ilegítimo que debemos cambiar. Hoy mejor que mañana.

NOTA.- la fotografía es de Erjkprunczyk

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LA QUE SE AVECINA EN SANIDAD

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Me consta que los lectores de este blog son gente avisada e inteligente por ese motivo supongo que habrán advertido en estas últimas semanas la aparición de anuncios en televisión de varias empresas de sanidad privada y que, sin ningún lugar a dudas, habrán extraido las correspondientes consecuencias. De modo que no me extenderé al respecto.

Estamos viviendo un ataque en toda regla contra el estado del bienestar y los derechos adquiridos por los ciudadanos a lo largo de décadas de lucha social. La excusa para llevar a cabo ese ataque sin precedentes es la crisis. El verdadero motivo es la rapacidad del gran capital empeñado en convertir en "oportunidades de negocio" todos aquellos sectores que por su importancia estratégica o social o por su implicación directa en el mantenimiento de los derechos de la ciudadanía deben estar en manos del estado y gestionarse como servicios públicos. A mediados de los noventa sectores claves de la economía se pusieron (de un modo más que dudoso y rozando la estafa y la prevaricación) en manos del sector privado, y todavía estamos sufriendo las consecuencias en forma de precios abusivos, servicios deficientes, prácticas oligopolistas y claramente atentatorias contra nuestros derechos como consumidores y ciudadanos...piénsese en los sectores de la telefonía, de la energía y otros afines y se verá perfectamente a qué me refiero.

Pero los especuladores quieren siempre más. Ahora le empieza a tocar el turno a servicios fundamentales en la configuración del estado de bienestar como la enseñanza o la sanidad.

En lo tocante a la enseñanza podemos referirnos al Plan Bolonia, un claro ejemplo de la privatización forzada de la enseñanza universitaria y de impulso indebido al sector privado en claro detrimento del público. Y aunque es la principal batalla en ese sentido no es la única, se dan a menudo otras prácticas igualmente abyectas para favorecer instituciones privadas (claramente orientadas en lo ideológico hacia el extremismo de derechas y muy a menudo auspiciadas por la iglesia u otras sectas peligrosas) tales como negar la habilitación de determinadas titulaciones a determinadas universidades públicas para que en la misma ubicación territorial puedan ofrecerlas en exclusiva las privadas. Y, como digo siempre, son solo ejemplos al azar y sin ánimo de agotar la nómina al respecto. Los usos fraudulentos para desposeer al estado (y por lo tanto al ciudadano) de servicios esenciales en beneficio de la especulación privada son infinitos y constante absoluta de nuestra vida política, económica e institucional. De hecho estamos en manos de testaferros de los grandes capitalistas, no de administradores públicos que sirvan al pueblo.

Por eso ninguno de los servicios públicos a los que estamos acostumbrados se encuentra a salvo de su privatización directa o indirecta. En gran media mucha de la atención médica de la que ahora disponemos beneficia directa y conscientemente al sector privado (desde servicios como los odontológicos o los relacionados con la sordera que no se dan hasta la deriva a clínicas privadas de pacientes con la excusa de las listas de espera), pero debemos esperar una mayor privatización.

En este tipo de negocios las cosas nunca suceden por casualidad y desde luego que a dos años de unas elecciones que se preven ganadas por el PP (y su programa de privatización salvaje ya demostrado durante el aznarato y confesado abiertamente por Rajoy al decir que iba a aplicar medidas similares a las que están llevándose a cabo en Inglaterra) aparezcan empresas de sanidad privada posicionándose en el mercado a través de anuncios de televisión no resulta nada tranquilizador. Máxime porque ya sabemos que en lo que toca a política de beneficio al sector privado PSOE y PP caminan siempre de la mano con apoyo además de las derechas periféricas (CiU, PNV, PAR...)...de modo que debemos preocuparnos, y mucho, por la que se nos avecina en cuanto al mantenimiento de la sanidad pública.

Y plantearnos seriamente si también vamos a tolerar ese desafuero.

NOTA.- La fotografía es de David Shankbone.

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SOBRE LA VISITA DEL PAPA.

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No hace mucho escribí un artículo titulado "El Nacional-catolicismo Se Retrata" en el que se hacía una radiografía de esa poderosa lacra social en relación con las jornadas de adoctrinamiento juvenil que la secta papista pretende perpetrar el año que viene en nuestro país.

En estos días la visita del papa a Santiago de Compostela y Barcelona nos ha permitido trazar otra exacta semblanza de semejante mal sin tener que detenerse en un análisis demasiado exhaustivo. De hecho podemos resumir lo visto y vivido en muy pocos y sencillos puntos.

1º- La identificación protofascista de la secta en cuestión que, en palabras de su máximo dirigente,  ha tenido la desvergüenza de hacer apología del golpismo fascista de 1936 y de sugerir una radicalización similar de sus seguidores para hacer frente al progreso social que, como es lógico y natural, abisma a la secta en la más pura y llana marginalidad. No es nada nuevo. El Vaticano lleva más de treinta años haciendo santos a fanáticos que murieron por arengar el golpismo fascista y secundar las políticas de exterminio aplicadas, con inspiración de la iglesia, contra aquellos que propugnaban políticas laícas. En 2010 la posición del catolicismo sigue siendo la misma que en 1936 y además sus jerarcas y muchos de sus seguidores tienen la absoluta desvergüenza de declararlo abiertamente.

2º- La evidencia de que la oligarquía española, beneficiaria directa y depositaria de los valores del franquismo, sobre ser responsable  no solo de la crisis actual sino de las malas políticas económicas y sociales que se han llevado a cabo en España en los últimos treinta años, nucleada en torno al PP, utiliza su poder y sus recursos no solo privados sino también institucionales cuando alcanzan el gobierno en algún lugar (sea el estado, una autonomía o un ayuntamiento) para prevaricar a favor de la iglesia católica facilitándole enormes e ilícitas plusvalías. La geografía entera de España, y toda su historia desde 1978, está plagada de este tipo de estafas al estado y al pueblo para enriquecer fraudulentamente a la iglesia. Y en este sentido no deja de llover sobre mojado y podemos afirmar que toda la política económica española desde al menos 1876 ha implementado toda suerte de triquiñuelas en ese sentido.

3º-Y en directa concatenación con lo anterior la sobrexposión mediática de unos actos sectarios por lo demás irrelevantes con el agravante vergonzoso de ver a la propia televisión pública sumándose a los actos propagandísticos de la secta católica, lo que demuestra bien a las claras el poder excesivo de esa jerarquía arcaizante e insolidaria (y afortunadamente en muy poco afín a los católicos de base) en este país y la constante usurpación de medios y bienes públicos para favorecerla.

4º-El constante uso y abuso tanto de la censura como de los medios de represión del estado para acallar las protestas de los disidentes. Podemos recordar el acto vergonzoso de un impresor impresentable que debería ser duramente penado (no solo como estafador e incumplidor de contrato, también por un delito contra la libertad de expresión) que se negó a entregar para su difusión una revista que criticaba el viaje del papa, o la censura ejercida contra la propaganda de un libro ateo...(y son solo dos ejemplos, podríamos encontrar más). Y hemos visto también como los antidisturbios cargaban en Santiago contra aquellos que se manifestaban contra la visita del Papa en un sucio remedo de un pasado no tan lejano...en fin: el mismo talante dictatorial y totalitario de siempre.

5º-El total desinterés del pueblo por la visita del papa a pesar del inmenso esfuerzo propagandístico.

No es que España, como dijo Azaña, haya dejado de ser católica, es que nunca lo fue. Estuvo sojuzgada por la secta católica (no olvidemos los más de 300 años de inquisición) pero jamás fue católica. En cuanto hay un poco de libertad esta verdad indiscutible se pone de manifiesto. Como se pone de manifiesto el enorme poder y los excesivos privilegios que la iglesia católica disfruta todavía en España y cómo los intereses de la oligarquía, de sus representantes políticos y de la iglesia siguen en nuestros días íntimamente unidos y amenazando de facto y directísimamente la democracia.

NOTA.- La fotografía es de Chuck Rogers

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REFLEXIÓN A LA HORA DEL TÉ.

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Lo confieso: suelo tomar té. Es mi desayuno y acostumbro a repetir a media tarde. Pero dadas las circunstancias está empezando a repugnarme. Cada vez que me lo preparo pienso en esos fascistas teócratas de los Estados Unidos y acabo sufriendo ardor de estómago.

En fin, sin preámbulos: hay tesis que vengo manteniendo desde el principio en este blog y que día a día se confirman. Una de las más difíciles de asumir tanto por mi como, seguramente, por muchos de mis lectores, en general gente de bien y con sinceras preocupaciones sociales y convicciones democráticas, es el hecho de que el sistema "democrático" actual no sirve para alcanzar la verdadera democracia.

Para ello resulta indispensable hacer saltar por los aires las estructuras fácticas de poder establecidas y conseguir una profunda mutación en la mentalidad de la plebe (un pueblo corrompido por la superstición semita y la ideología de la oligarquía dominante no es sino populacho, pura y despreciable plebe) y ello no es posible dentro de un sistema periódico de elecciones orientado habitualmente hacia un bipartidismo inoperante en el que ambas opciones mayoritarias acaban manejadas por los invisibles pero firmes hilos de poderosos lobbys e intereses mostrencos.

La democracia, tal como está establecida, solo sirve para perpetuar ideologías obsoletas y permitir la progresiva radicalización derechista de sectores sociales cada vez más amplios.

Un ejemplo claro de ello lo tenemos últimamente en los Estados Unidos donde, como suele suceder, la alianza reformista que se nucleó en torno a Obama se ha disuelto en el desencanto esteril y la movilización ultraconservadora ha conseguido presentar un voto monolítico que ha dejado el poder en manos de los republicanos. En España sucederá lo mismo en las próximas elecciones: la izquierda y los derechistas menos radicales atomizarán su voto y acabará triunfando el PP que entrará en el gobierno como un huracán neoliberal y ultraconservador dando al traste con los últimos avances sociales que quedan en pie en este país. Si se observa de cerca es un hecho habitual en todos los regímenes liberales.

El único medio de conseguir el necesario cambio y avance social es quebrando las estructuras de poder dominantes y reprogramando la mentalidad de la plebe para convertirla en pueblo, en la suma de ciudadanos concienciados que cualquier democracia necesita. Eso no puede hacerse dentro de un sistema pendulante en el que la oligarquía siempre va a conseguir movilizar hacia la derecha al populacho inculto y desesperado y tampoco mediante buenas palabras y mejor voluntad. El cambio requiere una mano de hierro: fuerza, decisión y poder coercitivo. No es nada nuevo, la historia nos enseña que ya en la Grecia clásica para pasar de un sistema aristocrático a uno democrático se necesitaba un periodo de tiranía. Las cosas no han cambiado.

Hoy, más que nunca, si queremos cambiar el mundo, necesitamos procesos revolucionarios.

La alternativa no es buena. Consiste en seguir igual, más explotados, más estafados, en peores circunstancias, hasta la próxima crisis que acaso sea la definitiva. El sistema de gestión de recursos del capitalismo es estúpido e insostenible, basado tan solo en el consumo y en un supuesto crecimiento continuo y eso, junto con la globalización, nos llevará al desastre, a un cataclismo mundial de subsistencias. Y solo hay un medio de evitarlo: cambiando el sistema. E, insisto, no puede hacerse pacíficamente y por las buenas. La revolución es una necesidad absoluta de supervivencia y si los militares fueran la mitad de patriotas de lo que suelen pregonar, después de haber deshonrado sus propios uniformes durante todo el siglo XX apoyando los intereses de las oligarquías dominantes, deberían empezar a pensar en honrarlos poniéndolos al servicio de la verdadera democracia. No sucederá, seguirán siendo fuerzas de represión al servicio de los bancos, las multinacionales y las sectas semitas. Pero la izquierda, si de verdad quiere hacer algo útil, debe abandonar definitivamente los cauces parlamentarios, que son un juego trucado para que siempre ganen los mismos (que no se presentan precisamente a las elecciones aunque suelen financiar a quienes lo hacen) y comenzar una campaña de concienciación ciudadana no solo dirigida a los civiles, también dentro de las fuerzas represivas que deben transformarse en instrumentos de la conformación de la verdadera democracia.

Los estados son entes inoperantes e ilegítimos destinados tan solo a sostener ideologías obsoletas y los intereses de las oligarquías dominantes. El capitalismo los ha vaciado de sentido y significado y lo hará todávía más en los próximos años con sus medidas de destrucción de los mismos. El único medio de cambiar las cosas es conquistarlos y transformarlos. La revolución no solo es una obligación moral empieza a ser también una necesidad para la supervivencia de la especie.

El tiempo de la sumisión ha pasado. Una nueva era nos aguarda.

 

NOTA.- la fotografía es de Modomatic

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LOS CHULOS Y LAS PUTITAS RESPETUOSAS

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Esto de almorzar con los amigos de vez en cuando se está convirtiendo en los últimos años en un continuo escuchar quejas. No es ya solamente la crisis y sus consecuencias laborales y económicas, los resultados de los turbios manejos de nuestros corruptos políticos, la radicalización derechista de algunos sectores sociales...es que, además, las grandes empresas, siguen con sus habituales prácticas fraudulentas y mafiosas rebañando, al amparo de leyes que les permiten el ejercicio de la estafa y que perjudican conscientemente al ciudadano para favorecerlas a ellas.

Todos conocemos el sindios que las leyes (y por lo tanto el estado, que, no me cansaré de repetirlo, no está al servicio del ciudadano sino del gran capital y que por lo tanto es ilegal e ilegítimo y debe ser derribado como tal y sustituido por una república ciudadana donde el bien común impere sobre la codicia individual y no se legalice ninguna forma de robo ni estafa) permiten en sectores como los seguros, las telecomunicaciones, los bancos...allí donde hay un modo de estafar al pobre (y en ese aspecto lo somos casi todos) allí que se legisla para que las grandes empresas tengan la sarten por el mango y puedan exprimir a fondo a sus clientes.

Basta examinar las leyes y los reglamentos de todo tipo emanados de nuestros parlamentos y elaborados por nuestros ministerios, consejerías y ayuntamientos bajo cualquiera de las siglas integradas en el vigente turnismo para darse cuenta de que da lo mismo quien mande y quien gobierne. Se hace ruido mediático en torno a algunas leyes accesorias que pueden resultar polémicas, enfrentando a diversos territorios, a creyentes con no creyentes...pero la inmensa mayoría de las leyes que realmente importan, las que regulan el trato de los ciudadanos con las grandes empresas, las que permiten la proliferación de la especulación y la explotación, las que dan carta blanca a las grandes corporaciones para hacer de su capa un sayo y ROBAR y ESTAFAR a su sabor y bajo el paraguas de la legalidad, esas pasan en silencio y siempre benefician a los mismos.

La filosofía del gran capital es sencilla: explotarnos al máximo en cuanto productores (y ahí se cuentan los autónomos y los pequeños empresarios a quienes perjudica la tolerada competencia desleal de los grandes) y estafarnos y robarnos en cuanto consumidores. En ambos casos cuentan con la connivencia del estado y los políticos títeres amamantados a las ubres de ese gran capital.

Por ese motivo cuando los sindicatos y demás colectivos sociales salen a la calle, sea en huelgas raquíticas y casi vergonzantes como la última de España o como en Francia, con mayor valor y decisión, exigiendo la reforma de tales o cuales medidas, resulta que esas huelgas siempre son parciales y limitadas en sus objetivos. No solo debemos ocuparnos de evitar alguna reforma laboral o el retraso de la edad de la jubilación.

Necesitamos una revolución total que ponga el estado al servicio de los ciudadanos arrancándolo de las garras de los especuladores.

No solamente tenemos que exigir que dejen de explotarnos y defender el estado del bienestar. Hay que llevar las reformas hasta el punto en que no se les permita estafarnos y robarnos prácticamente a mano armada.

El ciudadano debe estar por encima del beneficio del gran capital. Esta es la gran revolución pendiente.

Y mientras la hacemos (que lo dudo) tenemos que tener bien claros varios conceptos, a saber:

1-Un estado que no está al servicio de los intereses comunes y permite el latrocionio y la estafa de los grandes es un estado ilegítimo, ilegal y tiránico en todas sus formas y manifestaciones.

2-La rebelión es legítima contra la tiranía.

3- Existen culpables concretos, delincuentes por acción u omisión, cómplices y colaboradores necesarios cuyos nombres conocemos. El gran capital y sus títeres políticos no son entidades abstractas sino personas concretas bien identificadas que deberan responder de sus actos como traidores, estafadores y ladrones.

4-Que todo acto de oposición directa o indirecta a ese estado ilegítimo y a las grandes empresas que lo manejan es justa y legítima puesto que el pueblo se encuentra en la más extrema indefensión y traicionado por las leyes e instituciones que estructuran el estado alejándolo de la verdadera democracia.

5-Que la inacción es también culpable.

6-Que permitir a los grandes robar a manos llenas para tener la oportunidad de robar nosotros un poco es también una forma de contribuir a la ilegitimidad (no podrían mantenerse los grandes ladrones y explotadores sin la connivencia de los infinitos pelanas que a menor escala imponen su interés personal sobre el modo correcto y democrático de hacer las cosas...sí, me refiero a vosotros, hienas de poca monta, no tengo que enumeraros, aquí nos conocemos todos)

7-La ignorancia y la desunión favorecen los manejos de las grandes empresas y de los políticos que las apoyan. Es preciso, por lo tanto, crear cauces alternativos de información y fomentar la unión civil para lograr enfrentarse a un estado corrupto y al gran capital que lo maneja en perjuicio de todos y beneficio de unos pocos.

8-La alternativa a esa movilización general y ciudadana es ser explotados y a la vez timados por los que ya controlan nuestros destinos. La inacción, la sumisión y la cobardía nos llevará a lo que vulgarmente se llama ser puta y poner la cama. (Y aún tendremos que pagar la colada de las sábanas y la renta del cuarto)...

Desgraciadamente la mayor parte de vosotros/as sois simples y dóciles putitas respetuosas. Algunos/as incluso con alma de proxeneta.

NOTA.- la fotografía es de Lady Pain

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ESOS FACHAS RUIDOSOS DE LOS DESFILES

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El 28 de enero de 1977, aprovechando el funeral de dos policías y un guardia civil asesinados por los GRAPO, grupos de la ultraderecha, entre los que se contaban numerosos altos mandos del ejército franquista, se concentraron dando gritos de "ejército al poder". El entonces vicepresidente del gobierno y teniente general del ejército, Gutierrez Mellado, presente en el acto, hubo de imponer orden plantándose ante los alborotadores y dando la orden:

-¡Todo el que lleve uniforme, firme!

A lo cual un capitán de navío (de cuyo nombre no quiero acordarme) le respondió, muy ufano y asaz agresivo, que el honor estaba por encima de la disciplina. Lo que en la práctica venía a justificar todos los desafueros cometidos por los africanistas (empeñados en llamar honor a sus propios intereses) desde al menos 1936 cuando después de dar un golpe de estado e iniciar una guerra civil tuvieron la desfachatez de juzgar a los representantes de la legitimidad democrática como culpables de rebelión militar y la poca vergüenza (esta gente nunca la ha conocido) de afirmar que su levantamiento, a la par que una cruzada, era un plebiscito...armado, eso sí.

Hoy, 12 de octubre de 2010, los mismos (o sus hijos o nietos) en lo que empieza a ser ya una tradición, han vuelto a ampararse en un acto del ejército (que les trae el bello recuerdo de los africanistas sublevados) y en la bandera (que desean detentar en exclusiva) para abuchear al presidente del gobierno. En esta ocasión la excusa era el paro, la crisis...pero es indiferente. La realidad de los abucheos no está sujeta a cuestiones reales sino a siglas y estrategias. Los fachas que van a gritar contra Zapatero en un acto de todos que pretenden monopolizar (para ellos solo los individuos de ideología franquista son buenos españoles, los demás rojos despreciables) lo hacen simplemente porque representa a unas siglas que se les antojan excesivamente de izquierdas. Cualquier cosa que hiciera un presidente del PSOE les parecería mal, son así de estúpidamente maniqueos y simples. Nada nuevo, por otra parte, ya se sabe que el nivel mental de los ultraderechistas tiende a ser ínfimo. A menudo ser fascista es una de las manifestaciones de encontrarse en el límite de la normalidad, quizá un poco por debajo.

Sin embargo, detrás del odio furibundo y gratuito de esos radicales procedentes del más astrado franquismo sociológico, se esconde una aviesa estrategia de la ultraderecha turnista, del PP. Están tan ansiosos de apoderarse del gobierno para dilapidar lo poco que queda de España, para malbaratar nuestros últimos cartuchos y lanzarse al robo, la malversación, la corrupción, la prevaricación y la liberalización (que todo es uno y lo mismo)...tan desesperados por hacerse con el poder para imponer las leyes del cristianismo ultramontano y entregar nuestros derechos y estado del bienestar a la trituradora del gran capital extranjero, que no dejan una sola treta sucia que jugar.

Por supuesto se han convertido en los reyes de la demagogia barata: ese victimismo constante de proclamarse perseguidos por el gobierno cada vez que un juez les desmonta un chiringuito corrupto (y son tantos: Baleares, Murcia, Valencia...no hay un solo lugar donde hayan gobernado donde no se hayan dedicado a corromper el estado y utilizarlo en beneficio propio sin respeto a la ley ni a los ciudadanos), ese proclamarse (y hay que tener descaro) como el partido de los trabajadores, cuando todos sabemos lo que son en realidad, ese lanzarse contra los inmigrantes cuando fueron ellos quienes trajeron a la mayoría porque así les interesaba a quienes manejan los hilos...

Y también de las triquiñuelas propagandísticas. Y esos abucheos cíclicos en el desfile de las Fuerzas Armadas al presidente del gobierno, no dejan de ser una más.

Pero ha estado bien, porque esa gentuza ha demostrado su verdadera cara.

Suelen tachar de malos españoles a quienes no son de su partida. Les gusta figurar como patriotas, como únicos detentadores de valores...pura hipocresía. En realidad solo piensan en trincar a costa del común y vendiéndonos si es preciso al enemigo (tenemos en Aznar un caso señero de lo que digo) e imponer las leyes dictadas por la secta radical a la que pertenecen. Todo lo demás les importa un pito. Y hoy lo han demostrado.

Durante el acto de homenaje a los caídos por España no han cesado los abucheos y los gritos. Es este el acto más solemne que puede celebrarse institucionalmente tanto a nivel del estado en su conjunto como del ejército en concreto, ese ejército que dicen idolatrar y admirar (y que tratan como se vio con lo sucedido con el YAK-42) pero han demostrado que solo les importa una cosa: sus estrategias electorales y sus odios viscerales.

En un momento de unidad y recogimiento como ese, en el que todos, aunque solo sea por respeto a nuestro pasado y a los que entregaron su esfuerzo, su dolor y hasta su vida en defensa de España (desde todos los bandos y convencido cada uno de ellos de estar haciendo lo mejor para la patria), debemos permanecer en silencio y meditando sobre el modo de superar las divisiones absurdas y la forma de aprender de nuestros héroes (la sangre de algunos de los cuales, por cierto, es todavía reciente), hacer electoralismo a voz en grito...es simplemente nauseabundo.

Esa gente ha descubierto hoy su verdadera cara. Y es asquerosamente fea.

Lo malo del caso es que todavía habrá muchos de vosotros tan estúpidos como para votarles. Mal anda España.

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UN LARGUÍSIMO Y TRISTE SUEÑO

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 En noviembre de 1913, siendo profesor de instituto en Baeza, quizá inspirado en el clima electoral de aquel otoño (tocaban elecciones municipales), Antonio Machado escribió unos versos inscritos en el llamado Poema de un Día que reflejaban una conversación cualquiera en una tertulia de aquella España polvorienta y triste del caciquismo y el turnismo, de la corrupción omnipresente y de la ignorancia sempiterna con predominio de la iglesia. Aquella España hundida de la constitución de 1876, en la que una burguesía egoista y cruel se enriquecía a base de explotar al pueblo. Aquella España en la que, si se era pobre, había que acostumbrarse al hambre, temer a la guardia civil y al cura, obedecer en silencio y asistir resignado al lujo y los excesos de los ricos. Aquella España liberal-conservadora del turnismo canovista, de los Borbones parlamentarios, aquella España tenebrosa que acabaría impulsando la sublevación militar de 1936 para que los de siempre siguieran manteniendo sus privilegios a costa de machacar a la inmensa mayoría del pueblo.

En el retrato de un día cualquiera de su vida provinciana  Machado nos propone un retazo de charleta de rebotica entre amigos con el telón de fondo de las elecciones próximas o recientes. Y es interesante recordarlo, evocar los versos de don Antonio y reflexionar sobre ellos.

Dicen así:

" (...)

-Yo no sé,

Don José,

cómo son los liberales

tan perros, tan inmorales.

-¡Oh, tranquilíciese usté!

Pasados los carnavales,

vendrán los conservadores,

buenos administradores

de su casa.

(...)"

Si donde dice liberales decimos socialistas y donde dice conservadores, populares, y situamos la conversación en cualquier bar, tasca, terraza, oficina o cena de España en la época actual comprobamos que palabras, ideas y argumentos son los mismos. Cambia el vestuario y los decorados, pero la obra es tristemente similar.

Conviene meditar al respecto.

En realidad, aunque pensemos lo contrario, España no ha despertado de ese triste y larguísimo sueño. Pudo haberlo hecho, pero el golpe de 1936 lo impidió. Franco dio un largo rodeo para llevarnos de nuevo a 1876 y la España de hoy no difiere apenas de la de entonces. Es muy importante que tomemos conciencia de ello. Porque debemos despertar.

 NOTA.- La fotografía es de Arkano3

 

 

 

 

 

 

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UNA EXCELENTE PREGUNTA

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Cómo es lógico en un día como el de ayer, de huelga general, dediqué un buen rato a husmear por la prensa extranjera sin dejar de prestar atención a los foros de los diversos periódicos. Esta actividad resulta siempre interesante y aleccionadora pero no voy a perorar ahora al respecto. De todo lo que vi y leí ayer por esos mundos foranos voy a quedarme tan solo con una pregunta que se hacía un lector de Le Monde, perplejo, y demostrando mucha mejor voluntad que conocimiento del medio hispano.

El buen gabacho ( y utilizo aquí el vocablo con cariño y hasta aprecio) recurriendo a un simple pero sólido razonamiento se preguntaba públicamente porqué los españoles protestábamos contra unas medidas contenidas en el tratado de la Constitución Europea que votamos masiva y mayoritariamente. Puesto que habíamos aceptado dicha norma en referendum, lógicamente debíamos estar curados de espantos y aceptar las consecuencias de lo que con tanto entusiasmo europeísta aceptamos. Me pareció una pregunta excelente porque pone de manifiesto el mayor problema al que se enfrenta España en estos tiempos difíciles en los que el fascismo patronal, el capitalismo salvaje, arremete con furia denodada contra los legítimos derechos e intereses del pueblo, contra el equilibrio económico y la necesaria justicia social: la baja calidad de su ciudadanía. España no cuenta en general con verdaderos ciudadanos sino con rebaños ignorantes y serviles acostumbrados a obedecer y seguir ciegamente al caudillo de turno. Y así nos va.

¿Por qué protestamos contra aquello que votamos? Por la sencilla razón de que votamos sin saber el qué. Los partidos y los medios, despreciables correveidiles de los intereses del gran capital, de esa codiciosa y corrupta oligarquía que es quien realmente manda en este país, se encargaron de decirnos que debíamos votar que sí para ser más guays y más modernos, más europeístas y más chics y una masa ignorante y descerebrada se lanzó a las urnas a obedecer la voz de sus amos sin saber lo que hacía, tan sencillo como eso. Muy pocos nos molestamos en leer el panfleto, por lo demás hábilmente mutilado, que hicieron circular para información (sesgada y limitada) de los votantes. ¿Para qué?...existen grandes bolsas de perezosos intelectuales, de irresponsables sociales y políticos, de ignorantes orgullosos, de simple plebe manipulable por el poder que acaba haciendo siempre lo que le dicen que haga. Por eso nos pasa lo que nos pasa y por eso mismo España no está capacitada para vivir en democracia. España necesita acometer profundos cambios estructurales en lo social, lo económico y lo político y no es posible mientras las decisiones queden en manos de esa masa de plebeyos seguidistas e ignorantes, analfabetos funcionales (muchos incluso con estudios superiores) que ni siquera conocen el suelo que pisan y a los que se engaña y manipula a través de la propaganda desinformativa de los medios, manejados por el gran capital y convertidos en elementos de aleccionamiento político y social.

En las actuales condiciones el sistema de votaciones periódicas que nos venden como democracia solo puede concebirse como un encubierto fascismo populista y demagógico sostenido por masas iletradas asimilables a rebaños. Así las cosas no debemos extrañarnos de que cada día con más desvergüenza la propaganda derechista asome sin rebozo a radios, periódicos y televisiones (sin ir más lejos, la información de Telecinco sobre la huelga puede tacharse de pura desfachatez fascista e indigna propaganda ideológica de la ultraderecha oligárquica, no hablemos ya de otros medios más abiertamente fascistoides) y que una mayoría de paletos obtusos acaben adoptándola como ideología propia.

Estamos viviendo momentos cruciales y esa grey manipulable y excitable supone un enorme peligro para el futuro de España. No solo el capitalismo salvaje, codicioso y corrupto, amenaza nuestro futuro, sobre todo lo amenaza la enorme, oceánica, estulticia e ignorancia de eso que llaman pueblo y en su gran mayoría no es otra cosa que populacho.

Mal, muy mal nos vamos a ver. 

NOTA.- la fotografía es de Garryknight

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PEQUEÑA REFLEXIÓN PREVIA A LA HUELGA GENERAL

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En un día como hoy, previo a una huelga general, es lógico plantearse si sumarse a ella o no, barajar argumentos, sopesar opiniones, opciones...

Personalmente no soy demasiado partidario del actual sistema sindical ni especial simpatizante de las grandes centrales sindicales. Tampoco encuentro demasiado sentido a huelgas generales de un solo día sin otro objetivo que el pataleo y la protesta cuando la necesidad última es cambiar el sistema, frenar la estafa piramidal que representa esto que llaman capitalismo. De modo que a priori podría llegar a pensarse que sería bastante indiferente a la convocatoria de huelga del 29 de septiembre.

Sin embargo, viendo pasar los días y las horas, estando atento, he econtrado un excelente argumento para secundarla. Importa poco lo que nos gusten las grandes centrales sindicales, el alcance real de una huelga limitada en sus objetivos, el dato definitivo es otro.

¿Qué me ha inducido a apoyar esta descafeinada huelga general?...no otra cosa que el pánico que se trasluce en el gran capital y las muestras de radicalización protofascista que ya muestran muchos de sus representantes.

Basta con ver la televisión, escuchar la radio, leer la prensa, adentrarse en los foros de las ediciones on line de los principales periódicos para percatarse del enorme esfuerzo de empresarios y capitalistas en desprestigiar a los sindicatos y la movilización, en camuflar sus argumentos propensos a los sindicatos libres de pésima memoria, en amenazar subrepticiamente a quienes decidan ejercer la huelga...

Es evidente que el mayor temor de esa gentuza, esos ladrones con corbata cuya avaricia y estulticia nos han llevado a la ruina y que pretenden aprovecharse de la misma para empobrecernos y debilitarnos más y, por lo tanto, enriquecerse y hacerse más poderosos a nuestra costa, es que los ciudadanos de bien, los que realmente constituimos el tejido productivo de la sociedad, los trabajadores de toda clase y condición, nos mantengamos unidos y dispuestos al combate, a defender nuestros derechos y tratar de cambiar el sistema a mejor.

El capital ha jugado a la intoxicación informativa, a la coacción, a la amenaza, a la propaganda sucia, a dividir al pueblo (volviendo a funcionarios contra trabajadores de la privada, convenciendo a los autónomos y pequeños empresarios de que sus intereses están con el gran capital y la patronal y no con el resto de los trabajadores), recurrirá a la represión y al victimismo. Hará cualquier cosa con tal de hundir el espíritu de lucha de la sociedad contra la injusticia, la explotación  y sistemas económicos que no son otra cosa que una organizada y legalizada forma de latrocinio.

Estoy de acuerdo en que las grandes centrales sindicales necesitan cambiar, modernizarse, radicalizarse, integrar por igual a todos los trabajadores (obreros, autónomos, pequeños empresarios, funcionarios, profesionales liberales....) y en que esta huelga es solo un pequeño parche muy alejado del radical cambio que necesitamos. Pero si asusta a los poderosos, si les moviliza contra ella hasta el punto que estamos viendo en todos y cada uno de los medios de comunicación, hay que secundarla, apoyarla, unirse a ella. Mientras nos teman podremos seguir luchando por nuestros derechos, aunque sea de forma parcial e incompleta. Quebrar la cerviz de los sindicatos solo beneficia a la patronal y el gran capital.

De modo que no queda otra, salvo los cabrones, los imbéciles, los traidores a España y los cobardes, todos debemos hacer huelga el 29 de septiembre.

Por desgracia estoy convencido de que la huelga fracasará, este país está repleto de ignorantes, imbéciles, traidores, cabrones y cobardes. Es lo que hay.

NOTA.- La fotografía es de Charly Morlock. Creo inútil explicar al avispado lector a quien representa.

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LA DERECHA GANA EN SUECIA.

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 Algunos estarán dando palmas con las orejas al enterarse de que la derecha (es curioso que los titulares distingan entre un supuesto centro-derecha y la extrema-derecha, toda derecha es siempre extremista e indeseable) ha repetido triunfo electoral en Suecia. Otros, muchos, puede que ni lleguen a enterarse de la noticia. Yo solo quiero resaltar el hecho de que en Suecia, como en todas partes, los argumentos de triunfo de la derecha (y los que la prensa, sospechósamente incluso la que se dice de izquierdas, se empeña en resaltar) son dos: la supuesta eficacia en la gestión económica y la reacción popular frente a los excesos de inmigración permitidos por la "izquierda", ese socio-liberalismo descafeinado fiel defensor de la economía de mercado que tratan de vendernos como tal. En realidad se trata de dos mitos, dos falacias propagandísticas que la gente cree y que el Poder utiliza para manipular a los electores en beneficio de opciones políticas que representen más descarnadamente sus intereses.

Por ese motivo, y como ambos argumentos se repiten constantemente en cada elección que tiene lugar en Europa, considero interesante analizar la realidad de ambos.

El primero, el de la mejor gestión económica de la derecha (que en España el PP, a pesar de los interminables escándalos por corrupción que le atenazan y el terrible legado que dejó el gobierno de Aznar, se empeña en enarbolar como banderín de enganche electoral) es simplemente falso. No hace falta ser muy listo para comprenderlo.

La "gestión económica" de la derecha se basa en vender el patrimonio común del país, privatizarlo todo de tal modo que, lógicamente, consigue superhábit a corto plazo. Un superhábit insostenible puesto que, liquidados los activos, no existe modo de ganar más. Es decir: dilapidan los bienes comunes. Hacen como esos herederos manirrotos que monetarizan todos los bienes que reciben y luego lo gastan todo sin molestarse en crear las bases de nuevos ingresos. Por lo tanto esa afamada "gestión" es en realidad la destrucción del estado, su transmisión a manos privadas, su feudalización que se acompaña siempre con recortes de los derechos sociales y laborales, el recorte en el estado del bienestar y la imposición de leyes que dejan al trabajador desprotegido frente al capital explotador.

Evidentemente, al olor de la sangre, acuden enseguida los oportunistas. Eso que la derecha llama "oportunidades de negocio" consiste básicamente en que unos tiburones favorecidos por el poder político compran a bajo precio los activos del estado y especulan después con ellos obteniendo enormes e ilícitas (aunque legales puesto que las leyes de los estados capitalistas protegen la estafa y la prevaricación y venden al ciudadano de a pie) aprovechándose de paso de la precarización de la situación laboral para explotar a los ciudadanos convertidos en encubiertos siervos. Todo ello genera una falsa sensación de prosperidad y, ciértamente, una pequeña parte, ya bien situada a priori, de la población se enriquece con la especulación y la explotación pero al precio de empobrecer a la inmensa mayoría.

No se debe olvidar tampoco el hecho de que los gobiernos derechistas favorecen siempre la especulación bursátil y el manejo poco claro de todo tipo de productos y mercados financieros consiguiendo grandes repuntes en las bolsas que se traducen en el enriquecimiento de las empresas pero no de los ciudadanos.

De hecho toda la política derechista se basa en poner las leyes y el estado al servicio del enriquecimiento de unos pocos a costa del empobrecimiento de la mayoría. Se crea una falsa sensación de prosperidad con las subidas búrsatiles, los repartos de dividendos empresariales, la proliferación de un empleo precario y mal pagado, las cifras de superhábit y de creciemiento de renta per cápita o de PIB que en modo alguno hablan nunca de un enriquecimiento generalizado sino de un acumulo de beneficios concentrados en pocas manos y el constante corifeo propagandístico de los medios de comunicación que, no debemos olvidarlo nunca, pertenecen precisamente a quienes se benefician con ese anómalo e inconcebible estado de cosas.

Por lo tanto podemos decir que quienes votan a la derecha solo pertenecen a dos categorías de personas: los imbéciles y los hijos de puta.

Pero nos queda tratar la enorme hipocresía de la derecha con respecto a la inmigración y el modo en que manipulan con ella a la población para obetener su voto.

 Es el liberalismo capitalista con su afán de aislar al individuo para dominarlo mejor, de romper para ello los lazos de solidaridad nacional, cultural e histórica, de atomizar el cuerpo social quien propugna e impulsa la inmigración para debilitar a la soiedad. Cuantos más inmigrantes y de más ínfima condición concurran a un país más se debilita la posición de los nacionales, más se agudiza la necesidad de trabajo y más baja el nivel de exigencia en cuanto a la calidad del mismo. Para el capital los inmigrantes no representan ningún problema ya que se amontonan en barriadas obreras abandonadas a su suerte y de las que aquellos nacionales que pueden huyen activando el especulativo mercado del ladrillo. De hecho, para el capital, para la oligarquía, la inmigración representa una larga serie de ventajas, tantas cuantos problemas acarrea a la población natural. Es el liberalismo, con su ideología hipócrita y malsana el que justifica esa inmigración y convierte a los nacionales en ciudadanos de segunda tachándoles de racistas si tratan de defenderse del acoso de unos nuevos pobladores que llegan en manadas y con la intención clara de apoderarse de infraestructuras urbanas y beneficios sociales que se arrebatan a la población nacional, de hacerse los amos a costa de unos nacionales convertidos en ciudadanos de segunda por las leyes y políticas de su propio estado destinado no a servirles a ellos sino a los bastardos intereses del Poder. Cuando, como es lógico, el descontento de los nacionales cunde, la derecha, haciendo gala de su habitual hipocresía, activa el discurso xenófobo y manipula al electorado para, de cualquier modo, mantener la sarten institucional por el mango.

Como en el caso anterior solo los estúpidos y los muy estúpidos pican ese anzuelo y votan a partidos vociferantes y aparentemente xenófobos que en la práctica defienden los mismos intereses que los "moderados", es decir: los del Poder.

Resumiendo: el sistema político, económico y social del liberalismo capitalista es una farsa organizada para el perjuicio del común de los ciudadanos y el beneficio de unos pocos oligarcas corruptos, traidores al pueblo y desaprensivos.

La solución no radica en votar unas siglas si otras no han cubierto nuestras espectativas. Sino en cambiar el sistema. Hoy mejor que mañana.

NOTA.- La fotografía es de Izuen Gordelekua

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LO DE TURQUÍA Y ESOS FANTOCHES DE LA UNIÓN EUROPEA.

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Personalmente estoy plenamente convencido de que los dirigentes europeos, los pilotos de la Unión Europea, rozan la deficiencia mental y constituyen un ejemplo destacado de incompetencia y estupidez política. Peor aún: de irresponsabilidad y sumisión a intereses económicos muy alejados de los ciudadanos y que les ciegan a la hora de tomar decisiones.

Lo único que le importa a esa pandilla de cenutrios encorbatados es la creación de un amplio espacio sin aranceles para la libre circulación del gran capital sin tener en cuenta sus consecuencias sociales o políticas a medio y corto plazo. Quieren ampliar rápidamente y a cualquier precio para que quienes les gobiernan en la sombra (el gran capital, no siempre de procedencia europea pero con un importante peso del alemán, el francés y el italiano secundados a menudo por comparsas de estados satélites) puedan enriquecerse más rápidamente y con menos cortapisas. Hace tiempo que la Unión Europea dejó de ser un instrumento útil (si es que alguna vez lo fue) para los pueblos europeos y se convirtió en una herramienta de especulación económica y represión social en manos de una élite de ricos ultraconservadores y sin conciencia que, además, carecen de perspectiva política.

Lo único que les importa es el beneficio a corto plazo, lo que puedan ganar entre hoy y mañana en la bolsa o en un quinquenio invirtiendo en países pobres en los que el desembarco masivo  de su capital supone una ventaja que les permite posicionamientos de oligopolio más o menos encubierto tolerados y hasta fomentados por gobiernos débiles y necesitados de la aquiescencia internacional. Así, de paso, se favorece la inmigración desde los estados pobres a los ricos y se consiguen dos efectos que les benefician: mantener el status quo en los países pobres y debilitar la cohesión social en los ricos, lo que en ambos casos mantiene y aumenta su poder relativo en sendos escenarios. No es una estrategia nueva, ya se hizo en Alemania, y en otros países de la UE, durante los 50 y 60 llevando inmigrantes españoles, portugueses, italianos y turcos en grandes masas. De este modo se protegían regímenes satélites necesarios para la inversión especulativa y la lucha contra el comunismo y se quebraba la capacidad de exigencia de los sindicatos centroeuropeos introduciendo una competencia desleal y poco inclinada a la protesta. No ha cambiado nada en ese sentido. Solo, quizá, la procedencia de los inmigrantes.

Pero el hecho es que desde la caida de la URRS y el asalto neocon para dominar el mundo, los dirigentes de la UE han perdido del todo la cabeza y se dedican a dar pasos cada vez menos sensatos y más perjudiciales para el conjunto no solo de Europa sino de sus vecinos con el ideario ultra-liberal y de sumisión a los intereses estadounidenses por bandera y el enriquecimiento especulativo y desvinculado de la creación de riqueza real, que es la que repercute en la sociedad, como único objetivo.

Podríamos decir (si fuéramos malvados) que roban y trapichean sin pensar en el mañana y, desde luego, pensando lo indispensable en el pueblo para convertirlo en una masa de individuos fácilmente explotables y controlables. Y concluir que dicha actitud tendrá pésimas consecuencias para todos. Pero no queremos pecar de malvados, de modo que no lo diremos.

Ahora bien, hay que convenir que desde 1991 los pasos en falso de esa gentucilla que nos rige son cada vez más nocivos y perjudiciales para el común de los europeos.

Primero vino el esperpento de la guerra de los Balcanes, donde se propició la atomización de un país (bien es cierto que formado artificialmente a comienzos del siglo XX) y favoreció la permanencia y asentamiento del islam en Europa, lo que representa no solo un insulto a la historia y civilización de este continente, sino un peligro evidente para el conjunto de Europa, con la única intención de conseguir países más pequeños y manipulables que incluir en la Unión sin apenas requisitos de tal modo que el gran capital europeo y sus amiguitos pudieran especular a su placer en ellos. ¿Ganó algo el ciudadano europeo con esa guerra?...evedientemente, no. Pero representó una excelente inversión para ciertas fortunas, especialmente alemanas.

El mismo mecanismo llevó a comienzos del siglo XXI a admitir en la Unión Europea a más y más países que no alcanzaban ni de lejos los parámetros de desarrollo político, social y económico que, por ejemplo, se le exigieron a España para su ingreso en 1986. Ahora ya no hay que esforzarse para entrar en la UE, basta con ofrecer rentabilidad al gran capital. Cierto es que allí donde entra la UE con su ideario ultraliberal y neocon el estado desaparece en beneficio del capital extranjero, España sabe mucho de eso (véase Destruyendo El Patrimonio Común), pero ahora ya ni siquiera se molestan en exigir al país colonizado de turno una cierta e hipócrita condición de desarrollo. Basta con que resulte apetitoso. Así se ha extendido la UE recientemente a una serie de países atrasados, desorganizados y cercanos a la miseria y la bancarrota como Rumanía o Bulgaria que no aportan nada, salvo inmigrantes problemáticos, a la ciudadanía europea pero resultan un excelente coto de especulación y colonización económica para el capital que utiliza a las instituciones de Bruselas en beneficio propio alejándolas del servicio que debían prestar a los ciudadanos.

Dichas ampliaciones han debilitado a la UE, nos perjudican a todos y lastran de muerte a las instituciones y el sistema financiero de Europa, pero se llevaron a cabo de cualquier modo porque sirven para enriquecer a corto plazo a quienes ya son inmensamente ricos y utilizan la Unión como finca particular para sus lances especulativos.

Llegó también el euro que no es sino una forma subrepticia de someter a toda Europa al dictado de la economía alemana, una trasliteración del marco, que solo ha conseguido dificultar nuestra capacidad de exportación y disparar la inflación en la mayor parte de los países en los que, para colmo, la balanza comercial se desequilibró peligrosamente a causa de la fortaleza monetaria de la UE, solo beneficiosa para quienes se dedican a la especulación bursatil o a la inversión en países pobres, es decir: al tantas veces citado gran capital (que, ojo, tiene nombres y apellidos y cabrá en el futuro pedirle responsabilidades) que dicta y establece normas y modos de hacer que le benefician perjudicándonos, estoy harto de repetirlo en este blog, a todos.

Con la aparición de la crisis, se potenció la ideología ultraliberal tratando de arrancar, con la inestimable ayuda de un elevado número de inmigrantes del tercer mundo, los derechos sociales y sindicales de los ciudadanos europeos y procurando mantener las divisiones entre ellos con torpes argumentos racistas y nacionalistas (la prensa alemana fue, en ese sentido, un modelo de manipulación de las conciencias no muy alejado de maniobras y credos propios de otro Reich no tan lejano) y encima se siguió especulando en contra de "socios" de la propia UE aun a riesgo de hundir el propio sistema bancario alemán (recuérdese los ataques sufridos por la deuda griega cuya caida hubiera arrastrado sin remedio a los propios bancos alemanes).

Para no extenderme más de lo necesario: el último capítulo de esa estupidez ultraliberal suicida de los dirigentes europeos ha tenido lugar en relación con el referendum habido en Turquía y en el que un gobierno islámico se las ha apañado para aprobar la reforma de una constitución que dejaba al ejército la tutela de la república. Un ejército, ojo, heredero de las tesis modernistas y laicistas de Mustafá Kemal. En otras palabras: nuestros egregios y estúpidos líderes, presas de su fundamentalismo liberal, han aplaudido un acto externamente democrático pero realmente muy peligroso ya que abre el camino hacia la islamización de Turquía.

Si alguien se ha molestado en mirar las imágenes de las mesas electorales turcas el día del referendum se habrá percatado de la gran cantidad de mujeres que había en ellas, y que no vestían con pañuelos y prendas islámicas sino plenamente a la europea. Es el resultado de noventa años de laicismo y civilización. El aplaudido referendum al que nos referimos puede llegar a acabar con eso. Quizá dentro de veinte años veamos a las mujeres turcas obligadas a portar el velo islámico. Ya sucedió en Irán, en Iraq...

Resumiendo: los líderes de Europa no solo no trabajan para los ciudadanos sino que además están ciegos de avaricia y fundamentalismo neocon y ultraliberal. Hace al menos dos décadas que no dan una a derechas...va siendo hora de plantarse, de cambiar las reglas del juego y de jugadores.

NOTA:- la fotografía es de Aullie Caulfield.

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ESE ANETO CATALÁN.

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Y mira que tengo primos catalanes, y amigos catalanes y hasta he tenido novias catalanas y, en general, siento simpatía y aprecio por los catalanes. Pero llevamos una temporada...No hay semana que no tenga que sentirme molesto por las actitudes, declaraciones y actos chulescos o estúpidos de ese facherío catalanista que está perdiendo rápidamente el contacto con la realidad a base de inventarse la historia y la geografía a su conveniencia y que avanza rápidamente hacia un peligroso género de nazismo catalanista basado en una mitología absurda de lo catalán, de una Cataluña que jamás existió como ellos la cuentan, y que imponen dictatorialmente en la enseñanza (me gustaría saber qué genio político les ha dejado meter baza en asunto tan delicado) y en todos los sectores de la sociedad en los que pueden tener mando, que, por desgracia, incluso para la propia Catañuña, son cada día más.

Hace apenas unos días me pude reír con la promoción del libro de un imbecil (no se le puede tachar con otro epíteto más caritativo) de cuyo nombre no quiero acordarme, que insistía en que Colón era catalán y encajaba su personalidad a martillazos en sus datos hasta el punto de afirmar que el descubridor había nacido nada menos que en 1414 con el fín de identificarlo con un Joan Colom que, en todo caso, murió en 1482. Nada extraño si uno se molesta en entrar en la página del absurdo y nada científico organismo propagandista de las ideas más ridículas del catalanismo radical al que pertenece (y de cuyo nombre tampoco quiero acordarme aunque tiene la desvergüenza de presentarse como un centro de estudios históricos) y cuya técnica declarada de análisis consiste en no tener en cuenta absolutamente nada, ningún hecho histórico constatado y constable, que contradiga sus premisas catalano-imperialistas. Este tipo de gentuza pseudo-intelectual obviamente no merece más que desprecio y causarían risa si no dispusiesen de crecidas subvenciones, cuota en los medios de comunicación, no se hubiesen infiltrado en los círculos de poder y aspirasen, con apoyo del gobierno regional, a sentar cátedra en la universidad.

Son del mismo género tonto y fundamentalista de aquellos concejales (también nacionalistas radicales, esta vez de la cuerda del nazi Arana) de Irún que se negaron a dar permisos de excavación arqueológica para buscar los restos de la ciudad romana sosteniendo el peregrino argumento de que en Guipuzcoa jamás hubo romanos. Evidentemente semejante sofisma es una estupidez absoluta y evidente dictada por la mitología de un nacionalismo sin verdadera base histórica, que manipula la realidad porque esta, tercamente, le niega la razón de la que carece. Obviamente cuando finalmente se pudo excavar en Irún se encontraron restos de una ciudad romana, prueba irrefutable de la futilidad de los argumentos de la "historicidad" nacionalista.

En general toda esa panda de cenutrios radicales están cortados por el mismo rasero y, como digo, solo merecerían burla y desprecio sino les apoyasen gobiernos locales, provinciales y regionales secuestrados por partidos radicales que se basan en una mitología falsa que han inculcado al populacho ignorante y que, por cierto, son la mejor prueba de que el concepto liberal de democracia no sirve como sistema de gobierno puesto que se basa en la ignorancia del populacho y no en la razón y la verdad. Es aquello de que un millón de moscas no pueden estar equivocadas y por lo tanto es bueno comer mierda. La mayoría de votos o de opinión no es un criterio válido de gobierno por la sencilla razón de que las mayorías suelen estar compuestas por iletrados manipulables que se rigen por sus creencias y no por la verdad y la razón.

Es por ello que la democracia liberal permite la perpetuación de sectas estúpidas y contrarias al progreso humano y de credos políticos que, analizados fríamente, dan risa.

Pero no es ese el asunto que nos ocupa.

La cosa es que cada semana el fascismo catalanista da una muestra más de su estupidez congénita, de su divorcio con la realidad y, lo que es más preocupante, de su naturaleza expansionista. Y ello con el apoyo de las parasitadas instituciones catalanas que deben ser purgadas a la máxima brevedad. En estas páginas se defiende continuamente un cambio de régimen, acabar con el turnismo canovista, corrupto e incompetente que nos aqueja para instaurar una nueva república foralista. Esto es: que arrumbe el centralismo liberal contrario a la constitución tradicional de España y recupere la ancestral diversidad política y cultural de las Españas. Pero eso sí: dentro de instituciones y panoramas políticos libres de nacionalismos alucinados y sin otra base que la mitología romántica que se inventaron las burguesías periféricas en el siglo XIX para defender sus criterios proteccionistas y mercantilistas. La nueva España debe suponer un salto cualitativo hacia adelante y para ello desprenderse del pésimo legado decimonónico tanto en la periferia como en el centro. Tampoco es de recibo ese nacionalismo españolista mesetario y excluyente.

Dicho esto, conviene que acabemos este artículo hablando sobre la tontería semanal del fascismo catalanista.

Parece ser que hace un cuarto de siglo que una expedición compuesta íntegramente por catalanes (habría que ver, lo ignoro, cuantos eran realmente de padres y abuelos catalanes hay por esos pagos infinidad de Sanchez, Gomez y demás fauna charnega que presume de catalanismo...incluso algún Carod aragonés) subió al Everest. Hazaña cuestionable cuando realmente para entonces medio mundo había escalado ya esa cima, pero en fin, hay que ser comprensivo con los orgullos regionales, y para conmemorarlo la televisión catalana propone a los excursionistas de su región escalar varias cimas de Cataluña. Y, claro, siguiendo los dictados del catalanismo extremo, incluyen entre estas al Aneto y a Vallibierna, situadas en pleno pirineo ARAGONÉS...la confusión, intencionada, no es nueva. Los catalanistas llevan décadas enseñando en las escuelas que el Aneto es una cima catalana y que la Corona de Aragón era en realidad el Imperio Catalán...estupideces pero que a fuerza de repetirlas y de enseñarlas en primaria están convirtiéndose en dogmas de fe al este de Alfarras. Y ya está bien.

Es preciso recordarle al fascismo catalanista que Aragón es una realidad diferente a Cataluña, que ninguna parte de su territorio es ni será catalán, que históricamente el Reino de Aragón dominó políticamente sobre el conjunto de condados catalanes (el rey de la Corona de Aragón, para serlo, debía ser coronado en Zaragoza, no en Barcelona y los asuntos catalanes se gestionaron hasta la llegada del liberalismo en el XIX en el Consejo de Aragón, no en el de Cataluña, que jamás existió) y que su interpretación de la historia sobre falsa y estúpida, lleva solo a un punto: la confrontación.

Cabría pedirles sensatez, si fueran inteligentes y razonables, pero son simples camisas pardas de la cuatribarrada que, por cierto, es el emblema real de Aragón, no el nacional de Cataluña.

En fin, lo dicho...Ya esta bien de gilipolleces, cojones.

PD:- No hay como protestar, apenas unas pocas horas después de publicar este artículo y ante las justas protestas aragonesas, la televisión catalana rebla (dejénme utilizar esta bonita palabra aragonesa) y modifica el título de su página excursionista aludiendo ya no solo a los picos más emblemáticos