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EL HERMANO "FILIPINO" DE FRANCO

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Que Nicolás Franco Salgado-Araújo, el padre del dictador Francisco Franco, era un mujeriego de marca mayor no es ningún secreto. Que siendo de talante liberal y declarándose librepensador nunca acabó de llevarse bien con su católica esposa  (deberíamos puntualizar: primera esposa, porque durante la república contrajo matrimonio civil con otra mujer, Agustina Aldana, matrimonio anulado por las leyes impuestas por su hijo al alcanzar el poder, y casi podríamos preguntarnos freudianamente qué porcentaje de clericalismo y cuanto de venganza personal hubo en la implementación de dichas leyes) a la que abandonó cuando sus hijos eran todavía pequeños.

Don Nicolás fue marino militar de carrera, estuvo destinado en Cuba y Filipinas y de regreso a Galicia, allá por 1890, con 35 años, contrajo matrimonio con Pilar Bahamonde, de 25, ya a pique de quedarse solterona según los cánones de la época e hija de un oficial de la armada. A grandes rasgos se trató de un matrimonio de conveniencia entre un capitán regresado a la península en edad de "sentar la cabeza" por el qué dirán y en abono de sus futuros ascensos y una joven de El Ferrol, de su misma clase y entorno social, necesitada de "colocarse" a la mayor brevedad. Y, claro, salió mal.

El capitán Franco Salgado- Araújo había visto mundo, tenía una mentalidad abierta, estaba acostumbrado a la libertad (y acaso el libertinaje) y doña Pilar era una provinciana educada en las faldas de los curas. El matrimonio no podía funcionar y no funcionó.

Agonizó durante algún tiempo dando lugar al nacimiento de una recua de hijos legítimos: Nicolás (1891-1977), Francisco (1892-1975), Pilar (1895-1989), Ramón (1896-1938) y María de la Paz (1898-1903) cuyas andanzas y biografías son bien conocidas.

Nicolás fue ingeniero naval, militó en el Partido Agrario durante la II República y durante la dictadura de su hermano ejerció de embajador en Portugal y procurador en cortes, fue ascendido a general y aprovechó sus contactos dentro del régimen para enriquecerse con una larga serie de negocios privados.

A Francisco ya lo conocemos: militar y dictador.  

Ramón, el más heterodoxo, pasó de servir en Regulares al cuerpo de Aeronáutica Militar alcanzando la fama como piloto con el vuelo del Plus Ultra (1926) y participó en un golpe de estado republicano que su indecisión hizo fracasar en 1930. Durante la II República fue candidato a diputado por el Partido Republicano Revolucionario y como independiente federalista y consiguiendo finalmente el acta por Esquerra Republicana de Cataluña (sí, ERC) en 1931 pero en 1936 se pasó al bando de su hermano muriendo durante la guerra civil en un mal aterrizaje nunca exento de polémica. 

Pilar contrajo matrimonio en 1914 con un militar con el que tuvo diez hijos y llevó una vida acorde con el papel que se esperaba de una mujer de su condición. 

Comenzado el siglo XX Don Nicolás rompió definitivamente con su beata esposa y marchó a Madrid donde rehizo su vida o "se amancebó" según el lenguaje clerical de la época con Agustina Aldana, mujer con la que contrajo matrimonio en la república después de divorciarse de la primera. Alcanzó el generalato y no parece que viera con muy buenos ojos la subida al poder de su hijo Francisco en 1939. 

Murió en 1942 recibiendo un funeral manejado por el Caudillo y del que se excluyó tanto a Agustina Aldana como al hermano bastardo y "filipino" del dictador.

Porque cuando Don Nicolás regresó a España en 1890 había dejado un hijo ilegítimo en Manila. 

Allí, en Filipinas, el apuesto marino había tenido una joven amante, Concepción Puy, hija de un compañero de armas de origen español, a la que dejó embarazada cuando tenía catorce años. 

Don Nicolás reconoció al niño: Eugenio Franco Puy, que nació en Cavite el 28 de diciembre de 1889 pero no contrajo matrimonio con su madre que casaría más tarde con otro militar del que tendría nuevos hijos. Apenas nacido el niño el padre del futuro caudillo regresó a España y se instaló en El Ferrol donde llevó a cabo el infortunado enlace con Pilar Bahamonde. 

Eugenio Franco Puy permaneció en Filipinas hasta 1898, año en que la pérdida de la soberanía española sobre las islas condujo a la repatriación del personal militar en ellas establecido. En lo sucesivo vivió en Madrid y mantuvo contacto con su padre biológico que le concedió el preceptivo permiso para contraer matrimonio en 1918. 

Eugenio intentó seguir la carrera militar en la marina pero acabó dedicándose a la topografía civil en el Instituto Topográfico de Madrid, donde desarrolló toda su vida profesional.

De ideología progresista fue partidario de la república y durante la guerra acompañó al gobierno republicano a Valencia. Terminada la contienda en 1939 logró evitar el fusilamiento sin recurrir a sus hermanos "legítimos" que aparentaban ignorar, sobre todo Francisco, su existencia, y tras someterse a un expediente de depuración continuó su labor en el Instituto Topográfico de Madrid hasta su jubilación.

Murió en Madrid, ya jubilado, en 1966, tras sufrir una caída en la Avenida de la Reina Victoria.

Nunca se puso en contacto con su hermano el dictador ni le pidió ningún favor manteniéndose prudentemente distanciado de un régimen que no coincidía en absoluto con sus ideas.

El que sí aprovechó el parentesco fue su yerno (siempre tiene que haber un yerno, un cuñado o un primo que nos avergüence y traicione nuestra dignidad, es ley de vida).

Eugenio, que como sabemos había contraído matrimonio en 1918, tuvo una hija, Concepción Franco, que en 1947 casó a su vez con un bibliotecario: Hipólito Escolar (1919-1989), antiguo alumno de Antonio Machado (en el instituto)y fundador de la Editorial Gredos (1944) que tras combatir en el bando franquista y obtener plaza en el Cuerpo de Archivos y Bibliotecas fue destinado a Almería, destino que no le gustaba en absoluto. Por ello escribió a Franco recordándole que tenía un hermano bastardo y que él era sobrino bastardo político por vía de Concepción Franco, lo que le sirvió para ser destinado a Madrid en 1952 con el encargo de dirigir la Biblioteca de Iniciación Cultural. Más tarde, en 1962, fue elevado a la Comisión de Publicaciones Infantiles y Juveniles, promocionado en 1968 para asesorar a Brasil en la fundación de la Biblioteca Nacional de Brasilia y en 1975, en uno de los últimos actos de Franco, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de España, que dirigió hasta su jubilación en 1985. Siendo, y sin querer restarle méritos profesionales, el gran beneficiado del vínculo familiar entre su suegro y el dictador. 

NOTA.- La fotografía es de Momadic Lass.

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17/10/2014 18:26 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

UN EJEMPLO TEMPRANO DE CAPITALISMO: EL ASESINATO DE CARLOS I DE FLANDES.

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El capitalismo es esencialmente criminal y desde su mismo origen a los únicos que ha favorecido y los únicos que se han sentido cómodos en él han sido los sinvergüenzas, los criminales, la gentuza de peor calaña que es la que ha prosperado llegando a dominar el poder político y social imponiendo su maldad intrínseca y su falta de principios al conjunto del pueblo.

Dado que como muestra sirve un botón, vamos a poner un ejemplo temprano de la verdadera naturaleza del capitalismo y de quienes se benefician del mismo y lo defienden. Contaremos los hechos escuetos y dejaremos que sea el propio lector quien los juzgue y extrapole sus conclusiones a otras y más recientes circunstancias.

Hablamos, como bien ilustra el título, del asesinato del conde Carlos I de Flandes a manos de los burgueses especuladores del clan Erembald nada menos que en el año 1127, concretamente el miércoles 2 de marzo, en la ciudad de Brujas.

En principio Carlos, llamado el Bueno, no estaba destinado a ser conde de Flandes, ni siquiera a ser flamenco. Nació, hacia 1080, en Dinamarca, hijo del rey danés Canuto IV y de Adela de Flandes, nieta del rey de Francia e hija del conde Roberto I de Flandes, conocido como Roberto el Frisón.

Canuto IV dirigió toda su política a fortalecer la figura monárquica en estrecha alianza con la imposición de la iglesia lanzando varias cruzadas en el Báltico contra pueblos fineses todavía paganos y combatiendo el latente paganismo de los propios daneses que se sublevaron en 1086 tanto para librarse de su totalitarismo sectario como para evitar que les arrastrara a una larga guerra contra Inglaterra, que pretendía conquistar. El rey fue asesinado en el altar mayor de una iglesia en la que se refugió y su viuda y su hijo, el futuro Carlos I de Flandes, todavía niño, lograron huir marchando al exilio. Naturalmente se acogieron a la protección del abuelo materno del muchacho, el conde Roberto el Frisón.

Fue así como Carlos de Dinamarca creció en la corte de Flandes convirtiéndose en un noble flamenco.

Aquella época, finales del siglo XI, principios del XII, vio la aparición de un fenómeno nuevo en toda Europa: las comunas.

La economía se encontraba desde hacía más de un siglo en un ciclo de crecimiento continuo y ello favoreció el comercio y el crecimiento de centros urbanos libres del control real, feudal y episcopal que rápidamente se organizaron como repúblicas autónomas dentro de los mismos reinos y estados feudales.

El fenómeno, no podía ser de otro modo, llegó también a Flandes donde sirvió para la consolidación de una temprana élite burguesa, enriquecida con el comercio de paños y en torno a la cual se gestaría todo el ideario liberal y capitalista que florecería siglos más tarde con el calvinismo.

Concretamente la burguesía de Flandes vio fortificada su posición por el vacío de poder generado por los propios condes de Flandes.

Ya en 1092 Roberto I marchó a Tierra Santa como peregrino dejando a su hijo, el futuro Roberto II, como regente. Este, a su vez, se unió a la Primera Cruzada en 1095 dejando tras de sí, en Flandes, un consejo de regencia que en la práctica favoreció un vacío de poder que espoleó las ambiciones de las oligarquías urbanas del condado, especialmente en Gante y Brujas.

Hay que explicar a este respecto que la marcha a las cruzadas, más allá de su significado religioso, que era la excusa, tenía un profundo significado económico. Se buscaba ocupar los terminales de la Ruta de la Seda y hacerse con ese comercio sustituyendo a los bizantinos (y subsidiariamente a los venecianos) que se habían dejado apartar del mismo por los turcos. Conquistar Tierra Santa tenía una gran resonancia propagandística pero sirvió sobre todo para enriquecer sobremanera a los nobles franco-normando-alemanes y a la iglesia. Fue con el dinero traído de allí con el que se financió el gótico.

Por lo tanto, marchar a las cruzadas merecía la pena para el conde Roberto II de Flandes, para su peculio particular, aunque ello supusiera algún desorden interno en su estado.

No obstante, y al contrario que otros muchos cruzados, Roberto II no se quedó en los nuevos estados cristianos de levante, regresó a Flandes sin que ello significase un reforzamiento del poder condal. Durante su ausencia el emperador había tratado de hacerse con el dominio de Flandes y a su regreso tuvo que luchar contra él implicándose después en las guerras entre franceses e ingleses en torno a Normandía, lo que le distrajo del asentamiento de su poder en Flandes hasta su muerte en 1111.

Le sucedió su hijo Balduino VII, que siguió enredado en las guerras normandas hasta su muerte en 1119, a resultas de las heridas recibidas en una batalla. Al carecer de hijos fue él mismo quien designó como heredero a su primo Carlos de Dinamarca.

Fue así como Carlos I, llamado el Bueno, llegó a ocupar el condado de Flandes.

El panorama con el que se encontró no podía ser más desolador: las oligarquías burguesas habían tomado por completo el poder en las grandes ciudades del condado (Brujas, Gante) aplicando políticas nétamente capitalistas de explotación y  especulación cuya nocividad se hizo evidente durante la época de malas cosechas de 1124 a 1126.

Durante esos años de hambruna, las oligarquías de las ciudades flamencas, en un típico juego especulativo que todos conocemos, se dedicaron a comprar y acaparar granos para revenderlos a mucho mayor precio al coste de dejar morir de hambre a miles de campesinos y pobres.

El conde Carlos el Bueno se escandalizó con esas prácticas y las combatió decididamente desde un primer instante. Por ejemplo: prohibió fabricar cerveza, alegando que se necesitaba todo el grano para fabricar pan, lo que privó a los especuladores de un mercado en el que el grano se vendía a mayor precio y de un signo externo de riqueza (beber cerveza cuando los pobres morían de hambre sin hallar siquiera pan) poniéndoles en su contra. También criticó y trató de remediar que los oligarcas de Gante dejaran a los campesinos pobres morir, literalmente, de hambre en las puertas de la ciudad mientras ellos negociaban y especulaban con un grano escaso.

Finalmente se enfrentó a la oligarquía de Brujas, encabezada por el clan de los Erembald, que se estaban enriqueciendo precisamente a costa de estancar el grano para encarecer todavía más su precio y obtener mayores beneficios dejando morir de hambre a los pobres. Carlos I se mostró tan indignado con ellos que determinó arrebatarles sus posesiones y convertirlos en siervos. Era su gran apuesta para garantizar la vida de millares de sus súbditos más desfavorecidos.

No pudo lograrlo. El miércoles santo de 1127, 2 de marzo, Bertulf Fitz Erembald, su sobrino Bosiard y otros cómplices le decapitaron mientras rezaba en la principal iglesia de Brujas.  Y con él asesinaron a su consejero: Walter de Locker.

La jugada no les salió bien. El conde era popular y hubo una revuelta de las clases populares que, aliadas con los barones, asaltaron la ciudadela de Brujas acabando con el régimen de los Erembald y sus cómplices. Bertulf murió en la batalla, a su sobrino Bosiard lo clavaron en un árbol dejándolo morir así.

Otros cómplices de los Erembald huyeron a Escocia donde su rey, que disponía de la lana, los acogió para que fundaran empresas de confección de telas como las existentes en Flandes. Allí dieron lugar a importantes familias como los Douglas y los Rutheford que, a pesar de alcanzar la nobleza, siguieron manteniendo su mentalidad burguesa.

En un primer instante el más beneficiado por los acontecimientos de 1127 fue el rey de Francia, que pudo imponer su control sobre el condado de Flandes, al lograr entronizar a Guillermo Clito, hijo del duque de Normandía, pero a la larga la lucha por la posesión del lucrativo comercio flamenco daría lugar a la guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra (con participación indirecta de Castilla, que también tenía intereses en la industria de la lana) y la peripecia flamenca de los Habsburgo españoles convirtiéndose en el eje del desarrollo político y económico de Europa.

Durante todo ese tiempo el poder de los burgueses flamencos y más tarde renanos no dejó de crecer y con él su ideología basada en la explotación, la especulación, el fanatismo religioso y el racismo (se creían los elegidos de Dios, la raza más pura y más bendecida por el creador, cosa que se expresaba principalmente por su riqueza) transmitiendo esa mentalidad a la Reforma Protestante y a los estados a ella adscritos a partir del siglo XVI convirtiéndola en la ideología dominante del mundo moderno, sobre todo después de su triunfo, convertida en liberalismo al modo anglosajón, en los siglos XVIII y XIX. Todavía hoy padecemos esa plaga.

 NOTA.- La fotografía es de Max Kipp.

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16/05/2013 16:23 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

ABDICACIONES

Conste que para quien esto escribe la abdicación de Juan Carlos I no representa ninguna solución. El problema en España no es el rey titular, sino la monarquía en sí. Necesitamos una república verdaderamente democrática, de profundo sentido social y comunitario y que anule los privilegios de casta y de secta para poder avanzar, para poder librarnos de nuestros problemas y nuestras rémoras seculares y conquistar el futuro que el pueblo español, como sujeto histórico y soberano, merece y necesita.

Ello no obstante, y puesto que el concepto de abdicación parece erigirse en tabú político en ciertas facciones, las más inmobilistas,  del régimen (otras, no necesariamente menos reaccionarias y nocivas, apuestan por el relevo generacional y hasta por una república criptofascista al modo estadounidense), me parece interesante volver la vista atrás y hacer testigo a la historia de las iniquidades e hipocresías del presente.

Tratan de convencernos que la abdicación nunca fue costumbre ni entre los Borbones ni entre otros reyes españoles.

Veamos que dice la historia al respecto. Lo haremos estableciendo una sencilla cronología.  

1808.- Carlos IV, Fernando VII y el infante Carlos María Isidro abdicaron de sus derechos al trono en la persona de Napoleón Bonaparte que abdicó a su vez en su hermano José Bonaparte. Este no abdicó porque jamás fue reconocido y además fue expulsado del país en 1813.

1845.- Carlos María Isidro, en su condición de Carlos VI, abdica en su hijo Carlos Luis.

1860.- Carlos Luis, en su condición de Carlos VII, pretendiente carlista al trono, abdica. Junto a él lo hace también su hermano Fernando.

1868.- Isabel II es expulsada del trono español.

1870.- Isabel II abdica en su hijo Alfonso XII.

1873.- Amadeo I, rey de la Casa de Saboya, abdica y regresa a Italia.

1931.- Alfonso XIII, hijo de Alfonso XII, es expulsado del trono por su mal gobierno y sus manejos fascistas.

1933.- Alfonso Pío y Jaime Leopoldo, hijos de Alfonso XIII, renuncian a sus derechos sucesorios.

1941.- Alfonso XIII abdica sus derechos en su hijo Juan, el conde de Barcelona.

1975.- Javier de Borbón-Parma, pretendiente carlista a la corona, abdica en su hijo Carlos Hugo.

1977.- Juan, conde de Barcelona, abdica en su hijo Juan Carlos I, que llevaba ya dos años reinando oficialmente.

En otras palabras y teniendo en cuenta la línea de reyes oficiales:

Carlos IV.- abdicó.

Fernando VII.- abdicó.

Isabel II.- fue depuesta y abdicó.

Amadeo I.- fue expulsado y abdicó.

Alfonso XII.- murió de tuberculosis poco después de su golpe de estado.

Alfonso XIII.- fue expulsado y abdicó.

y, si nos fijamos en la línea carlista:

Carlos V.- abdicó, dos veces.

Carlos VI.- abdicó.

Juan III.-

Carlos VII.-

Jaime III.-

Alfonso Carlos I.-

Javier I.- abdicó.

Ergo...

29/01/2013 18:21 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

¿ESCRIBIÓ MAHOMA EL CORÁN?

Nada hay más despreciable que la teocracia y el sectarismo. Y ambas son las características principales de todas las ramas de la superstición semita (judaísmo, cristianismo e islam). Todas ellas sin excepción, unas con más disimulo, otras con menos, son sectas teocráticas que se imponen a la libertad de la sociedad que parasitan imponiendo sus puntos de vista, sus aberraciones morales y sus estúpidos mitos al tiempo que persiguen en la medida de sus posibilidades a la disidencia. Allí donde la civilización ha podido frenarlas su poder es menor y las sociedades disfrutan de mayor libertad y esperanza de futuro. Allí donde la ignorancia y la incultura, como ha sucedido en el mundo islámico, han prevalecido, el sectarismo teocrático ha alcanzado niveles de delirio.

La gran catástrofe que supuso el islam para la humanidad es que fue expandido mediante la guerra por tr¡bus ignorantes y racistas que persiguieron y marginaron la cultura de las grandes civilizaciones que sometieron (Roma, Grecia, Persia, India...) para imponer el dogmatismo coránico y de la sunna. Frente a los sirios, los persas y los "romanos" cultos, los árabes ignorantes se sentían inferiores, lo eran culturalmente hablando. Por ello, en la medida de sus posibilidades, los fueron marginando a través del fundamentalismo y la ortodoxia religiosa favoreciendo el auge de tribus y pueblos todavía menos civilizados y más ignorantes (bereberes, afganos...) sobre los que el pedigrí arábigo podía imperar orgulloso sin topar con la enojosa competencia de los pueblos más civilizados.

Es cierto que durante un cierto periodo de tiempo, la expansión islámica favoreció un renacer cultural en medio oriente que acabó ilustrando a todo el mundo. Sin embargo no fue este renacer un impulso premeditado de la expansión islámica sino un efecto secundario en absoluto bien visto por los árabes conquistadores y los musulmanes devotos. Sucedió que el imperio Omeya borró fronteras centenarias entre mundos paralelos permitiendo que sabios de Grecia, Egipto, Siria, Persia, India y hasta Asia Central se reencontrasen lejos del enfrentamiento entre bizantinos y sasánidas y liberados del control de la ortodoxia cristiana generando un inmenso renacimiento cultural que la propia ortodoxia islámica se encargó de ir acotando y apagando en favor del sectarismo más exacerbado.

Un fenómeno muy extendido y que todas las sectas han acabado conociendo y manipulando a su favor es que los pueblos atrasados, incivilizados e ignorantes son más dóciles y devotos que los cultos. El conocimiento diluye la fe ciega y con ella la ortodoxia y el poder de los radicales de la secta. Por ese motivo estos últimos siempre favorecen a los ignorantes convirtiéndose cualquier religión, y muy especialmente las de origen semita, en un camino hacia la involución humana, hacia el oscurantismo, la ignorancia, la superstición  y la teocracia.

El islam no solo no fue una excepción sino que, a día de hoy, es uno de los mejores y más acabados ejemplos de dicha regresión. Por eso resulta conveniente revisar de nuevo sus orígenes y los mitos musulmanes sobre los mismos para contrastarlos con la realidad histórica. Nosotros, que todavía disfrutamos de una cierta independencia con respecto a la teocracia totalitaria islamista, tenemos la obligación moral de encender el foco y tratar de llevar algo de luz a la absoluta oscuridad que reina en millones de seres humanos a quienes la poderosa secta ha venido lavando el cerebro desde su mismo nacimiento.

Porque no debemos pasarlo por alto ni callárnoslo: los usos musulmanes, desde los rezos diarios mirando a La Meca, hasta el lenguaje cotidiano repleto de alusiones religiosas, desde la preponderancia social de los fundamentalistas hasta el empecinamiento yihadista que se traduce incluso en la imposición de sus absurdas costumbres en Europa, están orientadas al lavado de cerebro de sus adeptos y tienen todas las características del mismo. Si fueran menos poderosos y numerosos nada evitaría que las autoridades de los países avanzados declararan el islam una secta destructiva.

Por eso mismo, porque lo es, hay que combatirlo. Y el mejor modo de hacerlo es con la verdad histórica. Y es ahí donde adquiere extraordinaria vigencia la pregunta que titula este artículo: ¿Escribió Mahoma el Corán?...

Para responderla examinemos la historia de dicho libro y las vicisitudes del primer islam. Llegaremos así a una conclusión elocuente y cargada de consecuencias morales, políticas y jurídicas.

En primer lugar es preciso tener muy presente el hecho de que Mahoma no era en absoluto una excepción en la Arabia del siglo VI. Por el contrario el territorio estaba lleno en aquellas fechas de una infinidad de "profetas" que, influenciados por las poderosas comunidades judías establecidas en el país y por los coptos de Abisinia predicaban el monoteismo en una sociedad todavía politeista y que, influidos también por los nestorianos de Siria y, sobre todo, el actual Iraq, proclamaban que Jesús no era Cristo, es decir: que siendo un profeta no era ni podía ser hijo de dios. Les influían también los maniqueos con su doctrina que prolongaba la era de los profetas más allá de Cristo. Los maniqueos afirmaban que el profeta final y definitivo era Manes, su fundador, y Jesús tan solo un precursor más junto con Moisés o Buda. Del mismo modo, al igual que haría Mahoma, muchos de los "profetas" árabes del siglo VI se presentaban como los verdaderos profetas finales relegando a Jesús, sin negarlo, a la simple categoría de precursor. Exactamente como hizo Mahoma, insisto, y como ha quedado con respecto a él consignado en el islam.

Por supuesto todos estos profetas contemporáneos de Mahoma predicaban, daban discursos inspirados por los ángeles y escribían sus suras tal y como él hacía. Era la moda. Era la forma de funcionar siendo profeta en la Arabia del siglo VI. Todos, a la postre, venían a decir lo mismo y de un modo parecido así que no debe extrañarnos que muchas de las suras después recogidas en el Corán procedan de una diversidad de autores.

Porque el Corán, no lo olvidemos, no es un libro escrito de principio a fin por Mahoma. La propia tradición islámica admite que este escribió las suras individualmente, por separado y en diferentes lugares y momentos de su vida siendo el Corán una recopilación de todas estas suras hecha por terceros. Hasta el punto de que a mediados del siglo VII existían varias versiones del libro en distintos lugares. Dos en concreto absolutamente divergentes y de gran importancia: la que guardaba la viuda de Mahoma en Medina y la de los califas Omeyas en Damasco. Teniendo en cuenta que no disponemos de ningún ejemplar del Corán anterior al siglo IX en realidad no podemos saber en que se diferenciaban ambas versiones ni cual era la más afín a las predicaciones de Mahoma. Es más: ni siquiera es seguro, como hemos visto, que todos los capítulos del Corán pertenecieran a la autoría del Quraysí.

El Corán fue desde el principio hijo de mil padres (y por lo tanto no puede reclamar la calidad de libro revelado a un solo profeta elegido por la divinidad) y sus diferentes versiones respondían a los diversos intereses políticos en pugna en el islam primitivo. El propio Mahoma, la misma tradición islámica lo reconoce así, en un momento de negociación con los Omeyas llegó a admitir la existencia de algunos dioses y diosas del panteón de La Meca dentro del mismísimo Corán.

No olvidemos que La Meca estaba controlada por la tribu de Qurays controlada por el linaje de los Omeyas que basaban su poder y su riqueza en el control del santuario de la Kaaba, que Mahoma mantuvo dentro del islam, en cuyo recinto se adoraban varios cientos de dioses. Mahoma también pertenecía a la tribu de Qurays aunque provenía de un linaje menor, más pobre y con menos poder político. Sus primeras predicaciones tenían como finalidad socavar el poder de los Omeyas en La Meca y mejorar su posición personal. De ahí que sus primeros adeptos fueran individuos de baja condición social, incluso algún que otro esclavo de origen africano.

Los Omeyas, al principio, persiguieron a Mahoma para mantener incólume su poder y solo cuando el partido de este alcanzó tal entidad que amenazó con arrebatarles el poder en La Meca accedieron a negociar. Mahoma tenía cerca lo que pretendía: la promoción social y se avino a vulnerar el férreo monoteismo que predicaba admitiendo algunos dioses y diosas del santuario de La Meca para no entorpecer el negocio de sus primos Omeyas. Más tarde, con los vaivenes políticos y de la guerra, su decisión fluctuó y al cabo terminó habiendo un solo dios, Alá, aunque se hizo obligatoria la peregrinación a La Meca, que llenaba los bolsillos de los Omeyas. Estos, por su parte, vieron muy pronto en el islam una vía de alcanzar más poder político y económico y se sacaron de la manga la yihad, la guerra santa, para alzarse con el poder no solo en Arabia sino incluso en Siria y más allá. Fue precisamente esa instrumentalización de las predicaciones de Mahoma la que le erigió en único profeta de Arabia. Los Omeyas, con la excusa del islam, combatieron y sojuzgaron al resto de las tribus árabes conviertiendo en falsos profetas a los demás predicadores y asentando como único verdadero al que a ellos les convenía: Mahoma.

A la muerte de este llegaron las luchas de poder entre las diferentes facciones del islam y cada una hizo su propia recopilación de suras según le convenía para sustentar sus derechos al mando. Por un lado la viuda de Mahoma y su hija, que apoyaban la candidatura de Alí, el marido de esta, que se establecíeron en Medina originando con el tiempo la rama chií del islam, por otro los triunfantes Omeyas establecidos ahora en Damasco y que hicieron todo lo posible por debilitar el papel político y social de las mujeres dentro del islam para combatir los evidentes derechos sucesorios de la viuda y la hija de Mahoma y que acabarían dando origen a la rama sunní del islam.

De modo que podemos afirmar taxativamente que Mahoma no escribió el Corán sino parte de sus capítulos y que no todos los que aparecen en el libro son de su autoría siendo el Corán una recopilación interesada por motivos políticos hecha con toda probabilidad en Damasco bajo el dominio Omeya y que por lo tanto no puede reconocerse como un libro revelado ni sagrado. A partir de ahí la teocracia islámica simplemente pierde cualquier base y queda convertida en lo que es: una secta destructiva, atrasada y en todo contraria a la civilización y el progreso humano que debe ser combatida con energía y sin pausa hasta su completo exterminio y que, desde luego, carece de cualquier base moral para obligar a los individuos y dominar las sociedades.

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HISTORIA CRIMINAL DEL IMPERIALISMO YANQUI (BREVE CRONOLOGÍA)

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La historia criminal de un régimen básicamente represor y genocida como el estadounidense se remonta incluso a épocas anteriores a su propia independencia y continua sin apenas interrupción a lo largo de más de dos siglos y medio (a nadie se le oculta, por ejemplo, la guerra de exterminio y usurpación que llevaron a cabo contra los pueblos indígenas) pero, con la finalidad de resumir, comenzaremos esta breve cronología en la Segunda Guerra Mundial.

 1941.- El gobierno de los Estados Unidos organiza un golpe de estado contra el presidente de Panamá, Arias Madrid, democráticamente elegido y que durante su primer año de mandato había cometido excesos "subversivos" tales como reglamentar la banca y el comercio, crear un seguro social, emitir moneda y oponerse al control colonial ejercido por USA en el país. Nada nuevo, una más de las muchas intervenciones imperialistas de los Estados Unidos en América del Sur. En 1948, también con la connivencia de los USA, Arias Madrid, de nuevo candidato a la presidencia, será víctima de un pucherazo que le arrebatará el triunfo en las elecciones de ese año aunque el fraude será demostrado en 1949.

1941-1945.- Participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en la que, junto a los británicos y otros aliados menores asumirán el hipócrita papel de justos y buenos salvadores del mundo frente a la barbarie de alemanes, italianos y japoneses. Sin embargo estos aliados practicarán desde el primer momento la desaparición de prisioneros alemanes (las famosas "cajas negras" de detención en Inglaterra), crímenes de guerra entre los que se incluyen bombardeos contra la población civil sin otra finalidad que causar muerte y destrucción (por ejemplo en Dresde) y asesinato de prisioneros a sangre fría tales como la masacre de Biscari (ejecución por las tropas estadounidenses de un centenar de prisioneros italianos en 1943) o la masacre de Dachau (ejecución de setenta y cinco prisioneros alemanes en 1945).

1944.-Imposición de los tratados de Bretton Woods para la reorganización de la economía mundial después de la guerra. En cumplimiento de estos tratados se desarrollarían posteriormente instituciones como el FMI o el Banco Mundial que todavía rigen los destinos económicos del mundo aplicando un estricto dogmatismo neoliberal y ultracapitalista cuya finalidad última consiste en desproteger por completo a los ciudadanos desmantelando el estado y conviertiendo todos los servicios públicos en simples negocios privados manejados por un escaso número de manos. Los tratados de Bretton Woods establecieron además un sistema económico deliberadamente asimétrico que permitía a unos pocos controlar especulativamente los recursos y flujos económicos de todo el planeta. Estos tratados y las políticas de las instituciones destinadas a desarrollar sus políticas son los principales responsables de las grandes hambrunas padecidas por el tercer mundo desde entonces, de hecho de la existencia y permanencia del tercer mundo, de la desprotección de los trabajadores del primer mundo, de las crisis financieras, de combustibles y alimentarias que hemos padecido en los últimos sesenta años, incluyendo la de 2008. De modo que podemos decir que los tratados de Bretton Woods y las políticas a ellos asociadas son, de facto, terrorismo capitalista destinado a la excesiva acumulación de poder y riqueza en unas pocas manos a costa de empobrecer, a menudo hasta la miseria, a millones de seres humanos. Se trata de políticas genocidas, de crímenes de estado mucho más sucios, duraderos y gravosos para la humanidad de lo que, por ejemplo, significó el tan cacareado holocausto.

1944-1974.- Durante estos treinta años se llevaron a cabo en los Estados Unidos miles de experimentos nucleares secretos sobre la población civil que incluyeron la exposición deliberada de la población a lluvias radioactivas, la liberación deliberada de radiación en grandes ciudades (Chicago, Seattle...), inyecciones de plutonio y de uranio a pacientes de hospitales sin consultarles ni informarles, inyecciones de yodo radiactivo a recién nacidos sanos, también sin consultar ni informar a los padres, la exposición de mujeres embarazadas a materiales radiactivos así como la aplicación de los mismos a los testículos de prisioneros en las cárceles...

 1945.- Lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki que produjeron la muerte inmediata de 220 000 civiles y centenares de miles de casos de cáncer y malformaciones en la población civil japonesa en las décadas posteriores. Cabe recordar que estos bombardeos se produjeron en un escenario en el que los aliados habían estado utilizando salvajes e indiscriminados bombardeos incendiarios en Europa sobre ciudades alemanas sin otra finalidad que causar destrucción y muerte.

1946.-A) Comienzan las primeras operaciones de stay-behind en Europa occidental: el reclutamiento de elementos nazis y fascistas para la organización de escuadrones de la muerte destinados a la guerra sucia contra el comunismo y el izquierdismo en general en la Europa occidental, convertida en una colonia del imperialismo yanqui donde, como de hecho sucedió, se pretendía establecer regímenes similares al estadounidense: aparentemente democráticos pero realmente dictatoriales.

B).- Ese mismo año se abre en Panamá la Escuela de las Américas. Academia militar estadounidense destinada a la formación ideológica de los militares hispanoamericanos que difundirá por todo el continente las tácticas de guerra sucia y terrorismo de estado contra las poblaciones civiles de los distintos países. Tacticas, por otro lado, que, como veremos, el mismo gobierno de los Estados Unidos aplicará contra sus propios ciudadanos disidentes.

1946-1948.- Experimentos con prisioneros en Guatemala inyectándoles sífilis.

1947.-A) Se organiza la Comisión de Actividades Antiamericanas destinada a la persecución de intelectuales y artistas de ideología izquierdista dentro de los Estados Unidos. Suele utilizarse como excusa de estas purgas el miedo al auge de la URRS pero en realidad solo era la extensión a los intelectuales de la represión que desde las huelgas de ferrocarriles de 1870 se estaba llevando a cabo contra los activistas de izquierda. Represión que ya recurría a muchos de los métodos de terrorismo de estado que se volvieron a aplicar después de la Segunda Guerra Mundial: hostigamiento, acoso policial, detenciones ilegales, palizas, extorsiones, desapariciones, difamación, encarcalemientos injustos...en los Estados Unidos era una práctica habitual que la policía disparara contra los manifestantes o quemase vivos a los huelguistas que se encerraban en sus fábricas...a los políticos e intelectuales de izquierdas se les venía persiguiendo al menos desde 1910 y varios candidatos a la presidencia de los Estados Unidos por parte del partido socialista acabaron en la cárcel acusados de diversos delitos. No es casualidad que el régimen estadounidense sea bipartidista y se mueva dentro de criterios estrictamente liberal-capitalistas: el terrorismo de estado se encargó de tallar a sangre y fuego ese panorama a lo largo de todo el siglo XX.

B).- Plan Marshall:- con la excusa de reflotar la economía europea, los Estados Unidos someten al continente a su política económica creando estados vasallos fieles a sus consignas políticas, económicas y de guerra sucia hasta nuestros días. No es una casualidad ni la integración de dichos países en la OTAN ni en la Unión Europea ni el hecho de que sus gobiernos y sus instituciones federales desarrollen al pie de la letra el dogmatismo liberal-capitalista impulsado por los Estados Unidos ni que Europa Occidental se convierta en uno de los escenarios de la guerra sucia estadounidense durante las siguientes décadas. Ya en esta época se estaban llevando a cabo operaciones de stay-behind en diversos países europeos.

1948.-A) La CIA  asesina al candidato progresista a la presidencia colombiana Gaitán. Es interesante el método seguido porque idéntico esquema se verá en el caso del presidente Kennedy: el asesino, relacionado con los servicios secretos estadounidenses, no llega a juicio porque es asesinado a su vez en los días subsiguientes al magnicidio. La aplicación del mismo modus operandi en el caso de JFK permite suponer que lo llevaron a cabo los mismos conspiradores, es decir: la CIA.

B).- Primeros pasos para la creación del Consejo de Europa que se convertirá en el andamiaje sobre el cual se constituirá el dominio colonial del imperialismo yanqui hasta nuestros días.

C).- Inicio del programa Mockingbirde para controlar los medios de comunicación y acabar con la libertad de información. El éxito fue tan completo que como se puede constatar fácilmente todavía hoy: las televisiones y principales periódicos estadounidenses obedecen las consignas del gobierno silenciando lo que se les ordena (por ejemplo no mostrando la repatriación de caídos en combate en Afagnistán) y repitiendo una y otra vez las consignas que se les encarga difundir. El resto de los medios de comunicación de occidente no están, en ese aspecto, libres de control. En cada país se oculta y se dice lo que conviene al Poder en cada momento.

1950-1953.-A) Intervención imperialista de los Estados Unidos en Corea durante la cual cometieron el habitual rosario de deliberados crímenes de guerra contra la población civil tales como la Masacre de Nogun-ri en la que centenares de mujeres y niños coreanos fueron detenidos y concentrados en una explanada para que los bombardeara la aviación estadounidense,como la matanza de refugiados en Pohang en la que el destructor norteamericano DeHaven bombardeó un campo de refugiados coreanos asesinando a centenares de mujeres y niños, como el bombardeo de Yongsan en el que perdieron la vida 1600 civiles o la voladura del puente de Hanggang mientras lo estaban atravesando varios millares de refugiados civiles.

 B).- Durante ese mismo periodo la puesta en marcha de los proyectos Artichoke, Bluebird y Mkultra, procedentes de uno anterior, el Proyecto Chattec de 1947, consistente en convertir forzosamente a los prisioneros de guerra y políticos en adictos a las drogas con la finalidad de poder aprovechar el "mono" para interrogarlos y quebrar su voluntad. Proyectos especialmente sucios si tenemos en cuenta que fueron y son precisamente los Estados Unidos los primeros y más feroces promotores del prohibicionismo en general y de las drogas en particular. Décadas más tarde, en las zonas económicas especiales del tercer mundo, también promoveran el uso de estimulantes prohibidos para aumentar la productividad de los obreros-esclavos controlados por las multinacionales yanquis.

1950.- Ley McCarran-Nixon autorizando la persecución política contra ciudadanos estadounidenses dentro de los Estados Unidos. Los disidentes acabarán en el exilio o encerrados en campos de concentración. También se encarga la represión contra los sindicatos para evitar que sean instrumentos de clase o defiendan ideologías de cambio social y político. Se reprime igualmente a partidos políticos de izquierdas, cosa que ya venía haciéndose, como hemos visto, desde el término de la guerra de secesión.

1950-1954.- Caza de Brujas contra artistas e intelectuales de izquierdas dirigida por el senador McCarthy desde la presidencia del Comité de Actividades Antiamericanas. Se pretende la aniquilación y el descabezamiento de los partidos y sindicatos de izquierdas, la ideologización de las masas e infundir miedo a los disidentes. Será una política efectiva: del millón de votos conseguidos por el candidato socialista a la presidencia de los Estados Unidos en 1932 se pasará a apenas 2000 en 1956.

1952.- La CIA apoya el golpe de estado de Batista en Cuba, que de inmediato aplicará las políticas de guerra sucia y represión que están utilizando y promocionando los Estados Unidos.

1954.- la CIA prepara el golpe de estado en Guatemala contra el presidente Arbenz que pretendía llevar a cabo una reforma agraria que perjudicaba los intereses de la iglesia católica y de la United Fruit.

1955.-A) Comienza el movimiento por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos porque en este país existían leyes racistas y de apartheid. Durante la Segunda Guerra Mundial el lider del partido socialista de los Estados Unidos fue encarcelado por reclamar la igualdad entre negros y blancos.

B).-Se crea en Europa el Comité Clandestino Aliado que dependía directamente del mando militar de la OTAN (ostentado siempre por un militar norteamericano) con la finalidad de coordinar todas las redes de guerra sucia en los diferentes países de la Europa occidental. Es el comienzo de la llamada Red Gladio cuyas primeras organizaciones, como hemos visto, empezaron a coordinarse en 1946 en Alemania, Italia y Francia con la finalidad de acosar a los partidos y movimientos de izquierda. El principal papel de estas redes consistía en llevar adelante tácticas como las del programa de contra inteligencia del FBI en los EEUU (véase a continuación) y, en última instancia, neutralizar cualquier triunfo electoral de la izquierda ejecutando a los máximos dirigentes de los partidos y sindicatos así como a intelectuales y activistas destacados si llegaba el caso, preparando de este modo un golpe de estado fascista. La influencia de la Red Gladio no solo se sustanció en el acoso más o menos directo contra organizaciones izquierdistas en Europa y en la organización de diferentes golpes de estado (Grecia-1964, Italia (golpe Borghese)-1970, Turquía-1980) y en una larga lista de masacres terroristas (piazza Fontana-1969, masacre de Peteano, 1972, masacre de la estación de Bolonia-1980, masacre de la plaza Taksir-1977...etc) sino en la política parlamentaria de los diferentes partidos. Por ejemplo en Italia, el famoso pentapartido que permitió el predominio de la democracia-cristiana durante cuarenta años y con ella de la omnipresencia de la corrupción y la mafia, formó parte de estas tácticas de guerra sucia contra la verdadera democracia impidiendo a cualquier precio la llegada del partido comunista al gobierno.

Descubierto el Comité Clandestino Aliado y la Red Gladio a comienzos de los años noventa la OTAN se apresuró a decir que habían sido cerrados pero basta repasar la política de la Unión Europea en los últimos veinte años para comprender que se han mantenido los mismos tics y las mismas políticas que antes del descubrimiento de estos métodos de guerra sucia y terrorismo de estado, razón por la cual podemos sospechar que la política en Europa sigue regida por instancias ocultas ajenas al juego democrático y a los pueblos de Europa lo que convierte en ilegítimos y simples herramientas del imperialismo yanqui tanto a los estados como a la Unión Europea misma.

C).- Fusión de los sindicatos AFL y CIO en los Estados Unidos ambos de ideología conservadora y capitalista, contrarios a la lucha de clases y destinados a tomar el papel de un sindicato vertical fascista dentro del entramado institucional estadounidense para barrer y sustituir a los perseguidos sindicatos de izquierda.

1956-1971.- Funcionamiento del Programa de Contrainteligencia del FBI, que desde su fundación es, sobre todo, una policía política como pudieran serlo la Gestapo, la KGB o la Stasi por mucho que los medios propagandísticos (entre los que no han tenido la menor influencia el cine y la televisión) nos lo presenten como una meritoria organización destinada a la represión de la delincuencia.

 Los métodos utilizados por el FBI eran, en esencia, los propios de la guerra sucia y del terrorismo de estado, es decir: los mismos que venían utilizando las autoridades policiales estadounidenses desde finales del siglo XIX para reprimir a los grupos disidentes y conseguir un bipartidismo electoral que en el fondo defiende los mismos intereses y la misma ideología: infiltración en las organizaciones para crear división y generar facciones violentas que desprestigien el movimiento (en otras palabras: fomentar conscientemente el terrorismo para poder justificar la represión, más o menos lo que se hizo con Al-Qaeda), difusión de falsa propaganda con el mismo objeto de denigrar a los movimientos disidentes, el acoso a los militantes y su entorno (llamadas anónimas amenazantes, represalias contra familiares y amigos en el campo laboral y académico, difamación, palizas, torturas, desapariciones, asesinatos...), constante acoso judicial y policial mediante la criminalización de los actos y opiniones de los disidentes e inventándose delitos (se recurrió masivamente al perjurio y a la falsificación de pruebas para justificar  detenciones ilegales y encarcelamientos injustos...)

En un primer momento esta guerra sucia, este terrorismo de estado, se dirigió contra el partido comunista pero enseguida se extendió al partido de los trabajadores socialistas, a los panteras negras, a la nación del islam, al movimiento nueva izquierda,  los nacionalistas portorriqueños e indígenas...en fin,contra todo el que protestaba. Es más: como esta ideología camina de la mano del integrismo religioso, la represión llegó a extenderse contra los activistas de la revolución sexual a finales de los sesenta y comienzos de los setenta identificando, por ejemplo, a los productores de pornografía con la mafia y la instigación a la violación.

En 1971 estas tácticas se hicieron públicas gracias a que un grupo de militantes de izquierdas accedieron a una sede del FBI, consiguieron documentación y la hicieron pública (en un claro antecedente de Wikileaks) neutralizando las tácticas secretas del terrorismo estatal estadounidense. Se convocó incluso un comité de investigación del senado que hizo poco más que dar fe de que se habían llevado a cabo diciendo textualmente que: "el FBI condujo una sofisticada operación de vigilancia con la intención directa de impedir el ejercicio de la libertad de expresión y asociación (...) por la frustración a causa de los fallos de la corte suprema limitando el poder represivo del gobierno."

Naturalmente después de hacerse públicas estas tácticas (exportadas también al exterior dentro de las zonas dominadas por el imperialismo yanqui) se cerró oficialmente el Programa de Contrainteligencia. Pero lo cierto es que siguieron (y siguen) utilizándose más o menos las mismas tácticas por las diferentes agencias gubernamentales de los Estados Unidos contra los grupos disidentes.

 1957.- Tratado de Roma que dio origen a la Unión Europea institución, ya lo hemos visto, destinada a sostener el vasallaje de los países europeos frente al imperialismo yanqui (no es casual que el tratado se firmara después de la derrota de Inglaterra y Francia en Suez, 1956) y con la intención de establecer y asegurar la estabilidad de regímenes similares a los Estados Unidos: liberal-capitalistas en lo económico y profundamente conservadores en lo moral y social. No en vano los principales impulsores de la UE fueron católicos radicales de la extrema derecha (eso que llaman democracia cristiana). La otra funcionalidad de la UE era la de acabar generando un amplio espacio de especulación financiera que es en lo que se ha convertido hoy. Por ese motivo la UE es un régimen vasallo de los Estados Unidos, en absoluto democrático y que obra en contra de los intereses de los pueblos de Europa y debe ser desgajado con la máxima celeridad para crear una realidad nueva verdaderamente libre y democrática.

1960.- Intento de golpe de estado en Cuba para derrocar el régimen socialista de Fidel Castro. Fue el inicio de un largo ciclo golpista impulsado por la CIA en todo el continente sudamericano que culminaría con la sistematización del terrorismo de estado con la Operación Cóndor.

1963.- A).- Asesinato del presidente de los Estados Unidos J.F. Kennedy que sigue el mismo esquema que el realizado por los servicios secretos norteamericanos contra el candidato colombiano Gaitán en 1948, lo que permite suponer que procedía de los mismos conspiradores, sobre todo teniendo en cuenta a quienes abrió el camino del poder en Washington y el giro político que se llevó a cabo en Sudamérica y, sobre todo, Vietnam.

B)La CIA organiza un exitoso golpe de estado en Ecuador.

1964-1975.- Intervención imperialista de los Estados Unidos en Vietnam. Según el tribunal Russell compuesto por importantes personalidades intelectuales y políticas de todo el mundo durante esta guerra los Estados Unidos cometieron un acto de agresión injustificada contra un país soberano, bombardearon sistemáticamente y a gran escala a la población civil con agentes químicos (que siguen causando malformaciones en miles de descendientes de los vietnamitas que padecieron la intervención yanqui), cometieron ataques reiterados contra centros médicos, aldeas desprotegidas, colegios, iglesias, pagodas, colonias de leprosos y monumentos históricos y culturales, utilizaron armas prohibidas, torturaron sistemáticamente a prisioneros, sometieron a la población civil a tratos inhumanos y prohibidos por el derecho internacional y pueden ser considerados culpables de genocidio contra el pueblo de Vietnam.

1964.- La CIA organiza un golpe de estado en Brasil instaurando una dictadura militar que duraría hasta 1985 y que inauguraría un ciclo represivo de intensidad desconocida hasta entonces en todo el cono sur americano. El presidente depuesto, Goulart, pretendía acometer una reforma agraria, nacionalizar el petróleo y restringir la excesiva libertad que las leyes otorgaban a los especuladores financieros.

1965.- Los Estados Unidos invaden la República Dominicana en apoyo de los terratenientes, la iglesia católica y los partidarios del dictador Trujillo para impedir que el Partido Republicano Democrático, que había ganado democráticamente las elecciones y establecido un programa de reforma agraria y de secularización de la sociedad (aprobando, por ejemplo, el divorcio) y que habían sido derrocados por un golpe de estado derechista en 1963 recuperasen el poder por las armas en 1965. Al triunfo de las armas estadounidenses siguió la habitual represión dictatorial utilizando la guerra sucia y el terrorismo de estado, que son los métodos constantes del imperialismo yanqui hasta nuestros días.

1966.-La CIA lanza una campaña contraguerrillera en Guatemala bajo la premisa, recogida en documentos del departamento de estado, de que:" Para eliminar unos pocos cientos de guerrilleros habrá que matar un mínimo de diez mil campesinos inocentes."

1967.- Golpe de estado en Grecia que instaura la dictadura de los coroneles (1967-1974), uno de los actos más espectaculares de la Red Gladio y el Comité Clandestino Aliado a las órdenes del mando militar de la OTAN.

1967-1973.- Operación Chaos de la CIA en Vietnam se trata de utilizar masivamente los métodos de guerra sucia y terrorismo de estado que estaba utilizando el FBI contra la población estadounidense contra la población vietnamita.

1967-1972.- Programa Phoenix de la CIA en Vietnam.- Consiste en el asesinato extrajudicial de dirigentes políticos y activistas de izquierda vietnamitas. Se produjeron unas treinta mil ejecuciones.

1968.-A) Asesinatos de Martin Luther King, activista de los derechos de los negros y de Robert Kennedy, hermano de J.F. Kennedy y candidato a la presidencia de los Estados Unidos que, de ganar las elecciones, podría desenmascarar a los asesinos de su hermano y que, con el magnicidio, se habían asegurado el control total sobre el gobierno americano.

B).-La CIA organiza los primeros Escuadrones de la Muerte en Centroamérica.

C).- Matanza de Tlatelolco. El gobierno mejicano, a instigación de la CIA, aniquila a 500 estudiantes en la Plaza de Tlatelolco justo antes del inicio de los Juegos Olímpicos. Es un modo de acabar con el movimiento estudiantil mejicano que, a imitación de lo sucedido en Francia ese mismo año, exigía avances democráticos y sociales.

1969.- Atentado de la Piazza Fontana en Milán por miembros de la Red Gladio. Comienza la Estrategia de la Tensión que tendrá como fin inminente la justificación de un golpe de estado que fracasará: el Borghese. La estrategia continuará no solo en Italia sino en toda la Europa occidental durante toda la década de los setenta para desligitimar a los movimientos de izquierda en cuyo nombre muy a menudo realizaban los atentados. Ello permitía, además, inculpar y encacelar o justificar la eliminación extrajudicial de activistas de izquierdas dentro de regímenes supuestamente democráticos.

1970.- Golpe de estado Borghese en Italia, intento de establecer una dictadura a manos de la Red Gladio y del Comité Clandestino Aliado a las órdenes del mando militar de la OTAN. En este golpe participó la logia P-2 dirigida desde 1969 por Licio Gelli, antiguo fascista y bien relacionado con los círculos peronistas de los que surgiría posteriormente la Triple A aunque esta participación quedó deliberadamente ensombrecida hasta 1991. Silvio Berlusconi, fue miembro de esta logia.

1970-1989.- Operación Cóndor.- Operación de guerra sucia y terrorismo de estado dirigida por la CIA en el cono sur americano para el "seguimiento, vigilancia, detención, tortura, desaparición y asesinato" de personajes considerados subversivos. En un primer momento solo las dictaduras militares de Brasil y Paraguay formaron parte de esta red a la que se irían sumando nuevos estados a lo largo de los años setenta según la CIA fuera estableciendo dictaduras en ellos.

1972.-A).- El presidente Nixon, cabecilla del movimiento fascista que dirigía en exclusiva la política de los Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ordena el registro ilegal de la sede del Partido Demócrata en el hotel Water Gate en el clásico estilo de la guerra sucia que llevaban treinta años promocionando por todo el mundo. Descubierto el hecho significará el fin de su carrera política y un grave golpe al predominio político de ese sector en el gobierno. Junto con la derrota en la guerra de Vietnam y la salida a la luz de los documentos de contrainteligencia del FBI en 1971 y la revolución moral, política y sexual iniciada en 1968 este hecho hará tambalearse la estrategia de represión y terrorismo de estado que venían utilizando desde el inicio de esta sucinta cronología.

B).-Masacre de Relew: militares argentinos fusilan a una serie de dirigentes de izquierda que, encarcelados, habían tratado de huir de su prisión en Rawson. Prueba de que las acciones terroristas impulsadas por la Operación Cóndor no necesitaban de una dictaduta formal para producirse.

1973.- A).- La CIA organiza un golpe de estado en Chile contra el presidente Allende que pretendía nacionalizar la industria del cobre. Inmediatamente el nuevo dictador introduce a Chile en la Operación Condor para el exterminio de ciudadanos izquierdistas.

B).- La CIA organiza un golpe de estado en Uruguay de inmidiato la nueva dictadura introduce al país dentro de la Operación Condor.

C).-El FBI asalta Wounded Knee donde se han reunido los siux para reclamar sus derechos. La batalla dura 73 días.

1973-1975.- El FBI reprime el nacionalismo siux con tácticas de guerra sucia y terrorismo de estado. Durante ese periodo hay setenta asesinatos y casi centenar y medio de desapariciones de nacionalistas siux.

1976.-A).-La CIA organiza un golpe de estado en Argentina utilizando a la Triple A y a elementos relacionados con la Red Gladio europea y la logia P-2 de Licio Gelli. De inmediato la nueva dictadura se suma a la Operación Cóndor iniciando una ola de represión, guerra sucia, desapariciones y asesinatos extrajudiciales.

B) Asesinato extrajudicial de Ulrike Meinhoff en su celda alemana. Parte de la guerra sucia de la OTAN y sus estados vasallos contra la insurgencia de izquierda en Europa.

1977.-A) Asesinato extrajudicial de Andras Baader y Jan-Carl Raspe en su celda alemana. Nuevo ejemplo de la guerra sucia de las supuestas democracias europeas contra la disidencia izquierdista.

B).- Arranca oficialmente la Revolución Conservadora en los Estados Unidos. La ideología del imperialismo yanqui es el neoliberalismo radical en lo económico y lo social y el ultraconservadurismo radical en lo moral. Ambas ideologías representan dos caras de la misma moneda. El cambio de ideología social, las conquistas de la libertad sexual producida en la década de 1968-1977 había caminado de la mano de la evolución de un pensamiento más democrático, libre y progresista en lo político. De ahí que el totalitarismo yanqui (esencialmente conformado por un integrismo calvinista de caracter prácticamente talibán) pretendiese contrarrestar los avances tanto de la revolución sexual como de los avances democráticos puesto que son una y la misma cosa. Por otro lado, como la propia historia de los Estados Unidos ha demostrado, no hay mejor antídoto contra el progreso social y la evolución del pensamiento (que solo puede ser hacia el socialismo y la democracia) que la Biblia que impone un fanatismo ciego y una censura tanto política como moral a la sociedad permitiendo convertir al progresista no solo en un disidente político, también criminalizarlo y demonizarlo. En ese orden de cosas no es de extrañar que la CIA haya procurado la expansión de las sectas radicales evangelistas no solo dentro de los Estados Unidos sino en todo su ámbito de influencia y, especialmente, en América del Sur. Dicha expansión es en sí misma criminal porque perpetúa un pensamiento arcaizante, ridículo y enfermizo que lastra psicológicamente a quienes caen bajo él, especialmente a los niños y adolescentes educados en el mismo y cumple funciones de lavado de cerebro y de condicionamiento social que convierten al futuro adulto en un pelele dócil y acomplejado. La verdadera democracia pasa por desterrar el pensamiento semita y sus métodos de imposición educativa (la pedagogía tóxica) de la sociedad en su conjunto y de los menores en especial.

1978.-A).- Secuestro y asesinato de Aldo Moro, presidente de la Democracia Cristiana italiana en apariencia por las Brigadas Rojas pero con fundadas sospechas de que detrás del magnicidio se escondiese la Logia P-2 y, por lo tanto, la Red Gladio, que le habría asesinado por su intención de llegar a acuerdos con el partido comunista.

B).- Elección y extraña muerte de Juan Pablo I relacionada al parecer con su intención de desenmascarar los manejos secretos de la CIA y la logia P-2 en el Banco Ambrosiano (que quebraría en 1982) y que dirigía el cardenal Marzinkus. Además, su muerte abrió paso al nombramiento del ultraconservador y títere de los americanos, cardenal Wojtyla, que tomaría el nombre de Juan Pablo II. Ese mismo año fue asesinado por un comando de la extrema derecha (Red Gladio) el fiscal que investigaba los extraños movimientos del Banco Ambrosiano.

1979-1988.- Después de que los sandinistas derribasen en Nicaragua la dictadura proamericana de los Somoza que duraba desde 1934, la CIA organiza una guerrilla contrarrevolucionaria (la Contra) que lleva a cabo una guerra civil con los métodos habituales de estas organizaciones.

1979-1992.- Intervención de los Estados Unidos en la guerra civil de El Salvador. La CIA organiza batallones de la muerte.

1979-1989.- La CIA apoya a los radicales islámicos que luchan en Afganistan contra la revolución socialista. De esas unidades que ellos arman, financian y entrenan y que practican los habituales métodos terroristas utilizados por la CIA surgirá Al Qaeda.

1980-1988.- Guerra Iran-Iraq, los Estados Unidos venderán armas químicas a Sadan Hussein para que luche contra la República Islámica de Irán y que también utilizará contra los kurdos. Mientras tanto, utilizando al principio el Banco Ambrosiano, la administración Reagan venderá armas convencionales a Irán para financiar a la Contra nicaragüense.

1980.- Golpe de estado en Turquía, promocionado por la Red Gladio al servicio del mando militar de la OTAN. En él participará la organización derechista Lobos Grises uno de cuyos integrantes perpetrará al año siguiente un atentado contra Juan Pablo II.

1981.-A) Atentado contra Juan Pablo II tratando de involucrar en el magnicidio a la Unión Soviética. Operación de bandera falsa de la Red Gladio para difamar al bloque comunista y justificar la represión y la guerra sucia contra las organizaciones y los activistas e intelectuales izquierdistas y ecologistas en Europa. No les salió bien (por fortuna, de haber funcionado el plan serían incontables los asesinados y desaparecidos en las "democracias" de Europa occidental). Sirvió, sin embargo, para promocionar la figura ultrarretrógrada y fiel a la revolución conservadora de Juan Pablo II y convertirlo en un icono del anticomunismo (casi íntegramente ultraderechista, como ha demostrado la historia) de Polonia. El autor material de los disparos era Ali Agca, un turco perteneciente a la ultraderechista organización Lobos Grises, uno de los brazos de la Red Gladio.

B).- Comienza la ofensiva neoliberal del presidente Reagan llevando a la práctica el dogmatismo neoliberal de Milton Friedman y la Escuela de Chicago lo que desde entonces ha causado el empobrecimiento, la pérdida de derechos sociales y civiles y la desprotección de millones de personas a lo largo y ancho de todo el globo.

 1982-1996.- La CIA participa en el tráfico de drogas dentro de los Estados Unidos para financiar sus operaciones de guerra sucia en el extranjero (Nicaragua, El Salvador...). Los escándalos de los años setenta y la presidencia del demócrata Carter habían producido cambios en las leyes de los Estados Unidos que impedían a la CIA los asesinatos y el resto de operaciones de guerra sucia y terrorismo de estado. Para continuar con ellas el presidente Reagan y su vicepresidente Bush recurrieron entre otros actos ilegales al tráfico de drogas dentro del país, eso sí: en barriadas empobrecidas por sus políticas económicas y pobladas de minorías raciales no anglosajonas. En ese sentido no es de extrañar que los cárteles del narcotráfico en América Latina, especialmente en países aliados y fieles de los Estados Unidos, como Colombia, alcanzasen en esa época su edad de oro o que las zonas de Afganistán controladas por los radicales religiosos opuestos a la revolución afgana se convirtieran en zonas productoras de drogas, situación que dura hasta nuestros días. Curiosamente durante la guerra de Vietnam la producción y comercio de la droga se concentraba en países a la retaguardia del ejército yanqui, como Thailandia o Birmania.

1986.- Asesinato de Olof Palme, primer ministro sueco. Todavía no aclarado pero seguramente relacionado con su oposición a la política neoliberal y ultraconservadora propugnada por la administración Reagan y su peso moral en la comunidad internacional. De confirmarse que la CIA estuvo detrás de su misterioso asesinato probablemente sería perpetrado por elementos de la Red Gladio.

1990-2003.- Primera intervención imperialista de los Estados Unidos contra su antiguo aliado Iraq y subsiguiente embargo. Durante las operaciones militares se bombardeó a la población civil y se cometieron crímenes de guerra tales como enterrar vivos a decenas de miles de soldados iraquíes en sus trincheras, a menudo después de haberse rendido. Durante los doce años de embargo Unicef calcula que murieron medio millón de niños iraquíes a causa de las privaciones que este provocó.

1991-1999.- Intervención imperialista de los Estados Unidos, con apoyo de sus vasallos de la OTAN en Yugoslavia con la finalidad de desmembrar el país y conseguir una serie de aliados más débiles en la zona que fortalezca su posición de avance frente a Rusia y en sus ambiciones por controlar el centro de Asia y las enormes reservas mundiales de petróleo que posee (lo que conducirá también a las guerras contra Iraq y a la intervención en Afganistán). Durante los bombardeos y operaciones de la OTAN murió gran cantidad de población civil serbia, llegando a bombardearse deliberadamente (1999) columnas de refugiados. Además se forzó al éxodo a millones de personas con las catastróficas consecuencias sociales y sanitarias que ello conlleva.

1994.- Genocidio contra los Tutsis en Ruanda. Los hutus, elite gobernante del país, asesinaron a un millón de tutsis con el beneplácito y el aliento de los Estados Unidos y sus vasallos de la OTAN que necesitaban un regimen militarista, poderoso y monolítico, a la vez que dócil, para utilizarlo como fuerza de choque en su intervención imperialista sobre el Congo con la intención de apoderarse de las minas de coltan para el beneficio de sus multinacionales. Por cierto que ese genocidio se llevó a cabo con fondos del FMI y del Banco Mundial.

1995.- Creación de la Organización Mundial del Comercio. Derrotada la URRS el imperialismo yanqui trata desde entonces de imponer el sistema éconómico delineado en los tratados de Bretton Woods (véase 1944) a todo el mundo. Ya sabemos que se trata de un esquema de explotación de recursos insostenible y que prima la concentración de los beneficios en muy pocas manos empobreciendo a la mayor parte de la población y depredando el planeta hasta el límite de la destrucción. Se trata de un género de explotación económica tan suicida como genocida incompatible con la libertad ciudadana, el reparto de la riqueza y la supervivencia de la especie. Por lo tanto mantenerlo y promocionarlo como lo hace la OMC es pura y simplemente un crimen contra la humanidad que debe ser castigado con la máxima dureza y que justifica cualquier acto de rebeldía contra ese estado de cosas.

1996-hasta nuestros días.- guerra civil en el Congo. Ruanda invade el país para controlar las minas de coltan que luego vende a precio de coste a las multinacionales europeas y, sobre todo, norteamericanas.

2001-hasta nuestros días.- Guerra contra el terrorismo. Con la excusa de los atentados contra las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 (casi con toda probabilidad una operación de badera falsa de la propia CIA) los Estados Unidos comenzaron un nuevo ciclo de guerra sucia, terrorismo de estado y represión de la libertad que todavía continúa. Desde la Ley Patriótica que permitió restringir los derechos de los ciudadanos estadounidenses a los niveles del peor stalinismo (el imperialismo yanqui no deja de ser una forma de stalinismo capitalista) y volver públicamente a los habituales métodos de tortura, secuestro, desapariciones, detenciones ilegales, cárceles secretas...que el imperialismo yanqui lleva al menos sesenta años utilizando contra todos aquellos que osan oponerse a su dominio. Justificó también dicha "guerra" una segunda intervención imperialista en Iraq todavía más sangrienta y desastrosa que la primera y una nueva incursión en Afganistán donde, con la excusa de combatir a los talibanes y Al Qaeda, el imperialismo yanqui busca el control del centro de Asia y sus recursos petrolíferos.

Con esta breve cronología queda demostrado que el imperialismo yanqui es un régimen totalitario, genocida y represor cuyas armas son la explotación y el sometimiento, el lavado de cerebro y el terrorismo de estado. Un mal para toda la humanidad que debe ser combatido por cualquier medio posible. Después de todo cualquier método que se utilice para derrocar a la tiranía es lícito.

NOTA.- La fotografía es de jrmyst

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UN FEUDO NAVARRO EN ZARAGOZA (1118-1306)

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En vista de la buena acogida que ha tenido el artículo sobre los señores feudales de Zaragoza en los siglos XII y XIII me ha parecido una buena idea completarlo con la historia de otro feudo constituido dentro de las murallas zaragozanas a raíz de su reconquista en 1118 y que acabó siendo heredado por la casa real de Navarra creándose un enclave navarro dentro del caserío de Zaragoza que se prolongó hasta comienzos del siglo XIV. Resto toponímico de semejante situación jurídica es la existencia, todavía en nuestros días, de una calle llamada Don Teobaldo, en recuerdo de su último poseedor real navarro: el rey Teobaldo II de Navarra.

Sin embargo el origen del feudo, que se extendía al este de las posesiones de Gastón de Bearne entre la Puerta del Ángel y la del Sol en el barrio donde se alzan, y no por casualidad, como veremos, la iglesia de San Nicolás y el convento del Santo Sepulcro, se creó en principio para recompensar los servicios de otro señor francés estrechamente emparentado con la familia real aragonesa y que participó en la reconquista de Zaragoza a las órdenes de Alfonso I el Batallador.

El siglo XI fue de gran efervescencia entre los señores feudales franceses. Todas las casas, ya sólidamente asentadas, buscaban aumentar sus posesiones, su poder y su riqueza a través de las únicas actividades que a los nobles les estaban permitidas: la guerra y los matrimonios. Europa entera se pobló de aventureros moviéndose de frontera en frontera con sus pequeños grupos de combatientes vasallos buscando el modo de enriquecerse. En ese contexto las cruzadas fueron tan solo un desarrollo lógico de la inquietud de dicha clase social ahogada en muchos casos por unas posesiones feudales no demasiado grandes ni excesivamente lucrativas que, a menudo, las herencias fragmentaban menguando su extensión y su poder.

Dos de estas familias inquietas de la nobleza francesa fueron la Casa de Montdidier y la de Chateaudun que durante casi un siglo, el que abarca de 1066 a 1144 hicieron cuanto les fue posible por aumentar sus territorios y rentas precisamente mediante la guerra y los matrimonios.

Ya en 1066 Jófre II del Perche, perteneciente a la Casa de Chateaudun,  participó en la conquista de Inglaterra por Guillermo de Normandía recibiendo a cambio de su participación algunos señoríos en la isla que le permitieron contraer matrimonio con Beatriz de Montdidier, hija del conde Hilduino de Roucy, cuya posición feudal en Francia era superior a la suya al tratarse de un vasallo directo del rey  francés.

A Hilduino le sucedió al frente del condado de Roucy su hijo Eblo II que, a pesar de su buena situación dentro del círculo de vasallos directos de los Capeto, sintió la necesidad de aumentar sus tierras y sus ingresos en campañas lejanas. Para ello, al año de heredar el condado, acudió a la cruzada contra Barbastro (1064) donde no encontró grandes beneficios pero sí logró establecer estrechos lazos con el rey de Aragón a la sazón Ramiro I y, sobre todo, con quien sería su heredero: Sancho Ramírez.

Precisamente en 1076 Sancho Ramírez tuvo la necesidad de utilizar la fuerza armada para imponer su dominio sobre Navarra y Eblo II de Roucy se apresuró a socorrerle. Tampoco esta vez logró señoríos ni rentas de los que lucrarse pero sí algo casi tan bueno: que el rey casase en segundas nupcias con su hermana, Felicia de Roucy. De los tres reyes aragoneses que se sucederían en el trono, dos (Alfonso I y Ramiro II serían sobrinos suyos). La Casa de Montdidier había, al menos, logrado emparentar con la Casa Real de Aragón y Navarra. Eso sin duda era una importante fuente de prestigio nobiliario y feudal pero no resolvía los problemas económicos de Eblo II que en 1081 buscó nuevos horizontes en Italia. Allí, en el sur, la Casa de Hauteville, encabezada por Roberto Guiscardo, estaba labrándose un impresionante señorío que abarcaba la totalidad de Sicilia y del sur de Italia y estaba empezando a extenderse por las islas griegas a costa del imperio bizantino.

Los Hauteville eran una familia de la nobleza normanda que había tenido que abandonar Normandía después de enfrentarse a los duques que gobernaban dicho señorío. Los condes del Perche, a pesar de haber medrado al servicio de los duques de Normandía, mantenían sin embargo buenas relaciones con los Hauteville, lo que permitió a Eblo II de Roucy, a la sazón cuñado del conde Jofré II del Perche, ser bien recibido en el sur de Italia donde consiguió, nada menos, que contraer matrimonio con Sibila de Hauteville, una de las hijas de Roberto Guiscardo. La Casa de Montdidier logró emparentar así también con la Casa Real de Nápoles y Sicilia. Después de eso Eblo II de Roucy jugó un papel muy escaso en Aragón pero para entonces ya había abierto camino en este reino para el hijo de su cuñado Jofré II del Perche, Rotrou, que sería primo segundo de Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje.

La primera vez que quien sería Rotrou III del Perche, llamado el Grande, pisó tierra aragonesa fue casi en su niñez, cuando acompañó a su tío Eblo II de Roucy en la expedición para apoyar al rey Sancho Ramírez en Navarra en 1076. Debía tener entonces unos catorce años y se encontraba en plena formación siguiendo una antiquísima costumbre según la cual era un tío materno quien daba la educación militar al noble adolescente.

Lo siguiente relevante que sabemos de Rotrou III es que en 1096 marchó a la I cruzada y que, encontrándose en Jerusalén, allá por 1100 heredó el condado del Perche a la muerte de su padre. De inmediato regresó a Francia, pasando sin duda por Italia y la ciudad de Bari, para encontrarse metido de lleno en plena guerra de sucesión entre Enrique Beauclerc  y Roberto Courtheuse, hijos ambos de Guillermo el Conquistador que se disputaban el trono de Inglaterra. Sin duda Roberto tenía más derecho a la herencia quizá por ello, pensando en la recompensa, el nuevo conde del Perche, apoyó a quien sería Enrique I de Inglaterra recibiendo como pago en 1103 a una de sus hijas ilegítimas: Matilde, con la que se casó. Fue así como la Casa del Perche emparentó con la Casa Real de Inglaterra a la que debía fidelidad tanto por sus posesiones en Francia como por las recibidas en Inglaterra.

En cumplimiento de esa fidelidad feudal, Rotrou III se unió a Enrique I de Inglaterra en su guerra contra los franceses en 1111.

No le fue bien. Derrotado y apresado aquel mismo año vio como su capital era conquistada e incendiada y se vio forzado a pagar un enorme rescate para recuperar la libertad. En 1112 Rotrou III del Perche estaba prácticamente arruinado, por ese motivo no tuvo más remedio que buscar restablecer su patrimonio en las guerras de frontera que mantenía su primo el rey Alfonso I el Batallador de Aragón, fue así como volvió al sur de los Pirineos donde, por cierto, no pudo permanecer demasiado tiempo. Su derrota y su ausencia excitó la ambición de su vecino Guillermo III de Gouet que trató de apoderarse del Perche. Rotrou se vio obligado a regresar al norte de Francia y pelear para salvar sus posesiones durante tres años.

En 1115 estaba todavía, si cabe, en peor situación económica que en 1112. Por lo tanto regresó a Aragón donde ayudó a Alfonso el Batallador en la reconquista de Zaragoza en 1118 recibiendo en recompensa el feudo de una parte de la ciudad, precisamente el que nos ocupa en este artículo.

Con esta base logró restablecer su situación en Francia siempre estrechamente vinculado a Enrique I de Inglaterra hasta la muerte de este en 1135 cuando estalló una nueva guerra sucesoria entre Esteban de Blois y Jofré Plantagenet. Una vez más Rotrou III del Perche escogió adecuamente el candidato y apoyó al primero, que acabaría quedándose el trono inglés, sin embargo, una vez más, la guerra iba a mostrarle su cara más oscura. Rotrou III sublevó Normandía en favor de Esteban de Blois y hubo de sufrir la invasión del ducado por Jofré Plantagenet muriendo en 1144 mientras defendía Ruán de su asedio.

A la muerte de Rotrou su señorío en Zaragoza pasó a su hija Margarita, casada a la sazón con García Ramírez el Restaurador que a la muerte de Alfonso el Batallador se había erigido en rey de Navarra. Fue así como el señorío de los condes del Perche se convirtió en un enclave feudal navarro dentro de las mismas murallas de Zaragoza. Y como tal pasó a la Casa de Champaña cuando Teobaldo I heredó el reino de Navarra en 1234.

En 1270 Teobaldo II de Navarra murió de peste en Trápani en el transcurso de una desastrosa cruzada que, sin obtener ningún resultado, le costó la vida, debido a dicha plaga, a un elevado número de señores franceses, entre ellos al propio rey Luis X. Al no tener hijos legítimos el reino de Navarra y el condado de Champaña pasaron a su hermano menor, Enrique I, que murió en 1274 siendo heredado por su hija Juana I que estaba casada con el sucesor de Luis X, Felipe IV de Francia. Fue así como a su muerte en 1304 el reino de Navarra pasó a convertirse en una posesión de la Casa Real de Francia.

Sin embargo a la muerte de Teobaldo II de Navarra el feudo navarro en Zaragoza se desgajó de la herencia principal de la Casa de Champaña pasando a Marquesa Gil de Rada, una hija natural del rey Teobaldo I que había contraído matrimonio en segundas nupcias con Pedro Fernandez de Híjar, a su vez hijo ilegítimo del rey de Aragón Jaime I el Conquistador.

Pedro Fernández de Híjar, que participó activamente en la vida política y militar de la Corona de Aragón, recibió en 1268 las baronías de Híjar y Urrea como sustento de su posición nobiliaria y se convirtió en cabeza de algunos de los linajes más importantes de la nobleza de Aragón. Su boda con Marquesa Gil de Rada atrajo al ámbito de la Casa Real de Aragón el feudo navarro en Zaragoza que tras su muerte en 1300 y, sobre todo, la de doña Marquesa en 1306, acabó integrándose en el realengo acabando en gran medida con la división feudal establecida dentro de las murallas zaragozanas tras la reconquista de la ciudad en 1118.

Ya dijimos que en ese enclave zaragozano subsiste como resto toponímico del dominio navarro la calle de Don Teobaldo y añadimos que hasta bien entrado el siglo XIX existió también el callejón de Contralperche en recuerdo de los primeros señores del mismo. Pero no es el único resto vivo del peculiar pasado feudal de este barrio que todavía podemos localizar entre la Seo y San Vicente de Paúl.

Precisamente entre las calles Sepulcro y Don Teobaldo podemos encontrar todavía la iglesia de San Nicolás y el convento del Santo Sepulcro que no están ahí por casualidad sino como expresión de las relaciones e intereses mediterráneos de los diferentes señores de dicho cantón.

El culto a San Nicolás fue uno de los fundamentos propagandísticos del expansionismo mediterráneo y cruzado de la Casa de Hauteville identificándose su culto con el ideal cruzado del momento y, por lo tanto, con los intereses de los normandos en oriente, de ahí el gran predicamento que llegó a tener en todo el norte de Europa y que todavía sea él quien trae los regalos de Navidad en Francia, Alemania, Estados Unidos...

Bari se había convertido en capital de los dominios bizantinos de Italia después de la pérdida de Rávena a manos de los longobardos. Pero en 1002 esta ciudad se sublevó contra los bizantinos alcanzando su autonomía casi completa con un estatus similar al de Venecia en 1018. En 1071 fue conquistada por la Casa de Hauteville en su proceso de conquista del sur de Italia. Se trataba de un puerto importantísimo , sobre todo de cara a la expansión a costa de los bizantinos en el Adriático y el Egeo, por eso los Hauteville le dedicaron una muy especial atención creando un culto nuevo y poderoso con la compra en Alejandría de los supuestos restos de San Nicolás que fueron establecidos en Bari en 1087 iniciándose de inmediato la construcción de una importante basílica para su culto donde en 1098 se convocó un concilio presidido por el papa Urbano II y al que asistieron casi doscientos obispos. Ya para entonces Bari se había convertido en uno de los puertos claves de partida hacia las cruzadas y, por lo tanto, el culto a San Nicolás se internacionalizaba rápidamente haciendo crecer el prestigio de los Hauteville.

A este respecto conviene recordar que Rotrou III del Perche, señor de la parte de Zaragoza que nos ocupa, viajó al sur de Italia uniéndose a las tropas de Roberto Guiscardo, cabeza en ese momento de los Hauteville y contrayendo matrimonio con su hija Sibila. De este modo se asoció al prestigio de la Casa Real de Sicilia y se dedicó a difundir y explotar los fundamentos propagandísticos del mismo, especialmente el culto a San Nicolás. En 1100 la basílica dedicada a este santo en Bari ya era una referencia para toda la Europa cruzada y en 1133, como consecuencia natural del prestigio adquirido por el santo y los Hauteville, el conde del Perche fundó la iglesia de San Nicolás de Bari en su dominio de Zaragoza aumentando de paso el control político sobre el dominio al arrebatarle el eclesiástico a parroquias que no dependían directamente de él ni se encontraban dentro de su feudo zaragozano. Esos fueron los motivos de la fundación de la iglesia de San Nicolás en Zaragoza y los orígenes de una tradición que sigue viva todavía en nuestros días: las visitas peticionarias al santo.

A San Nicolás la propaganda cristiana y de los Hauteville, lo convirtió en un santo milagrero que otorgaba favores si se peregrinaba a su santuario a solicitárselos. Se trataba de una sucia añagaza para llevar gente a Bari, las peregrinaciones siempre supusieron un excelente negocio para los reyes y nobles que las controlaban. Además, una vez en Bari, centro cruzado por excelencia, era sencillo convencer a muchos de los peregrinos de continuar hasta Jerusalén donde existían también enormes intereses tanto del papado como de los Hauteville y otros señores franceses relacionados con las cruzadas y las peregrinaciones. Fue esa fama de concededor de deseos la que convirtió a San Nicolás en el regalador universal del centro y norte de Europa en Navidad.

Rotrou III del Perche, por su parte, decidió aprovecharla para convertir su iglesia zaragozana en un pequeño centro de peregrinación que le proporcionase influencia, prestigio y algunos réditos en el valle del Ebro e impulsó una peregrinación similar hacia la iglesia de San Nicolás de Bari en Zaragoza iniciando una tradición que todavía hoy perdura entre los zaragozanos devotos que en su inmensa mayoría ignoran el interesado origen crematístico y político de una tradición en la que creen a pies juntillas. Cosas de la fe, imagino.

Tampoco es casualidad, sino causalidad feudal, que junto a la iglesia de San Nicolás se alce el monasterio del Santo Sepulcro.

Pedro Fernández de Híjar participó en 1269 en una frustrada cruzada encabezada por su padre Jaime I el Conquistador. Se trataba, en última instancia, de adelantarse a los planes de expansión mediterránea de Luis X de Francia y su brazo mediterráneo: la Casa de Anjou. La cruzada aragonesa no tuvo un final mejor que la francesa de 1270. Si esta fue destruida por la peste, aquella lo fue por los elementos. La flota aragonesa fue aniquilada por una terrible tempestad. La galera que transportaba a Jaime I pudo dar la vuelta a tiempo y regresar a España. La de Pedro Fernández de Híjar alcanzó en solitario el puerto de San Juan de Acre. Allí el bastardo de Jaime I se hizo investir como caballero del Santo Sepulcro.

Trece años más tarde, en 1282, la Corona de Aragón lograría poner coto al expansionismo angevino erigiéndose en cabeza del partido gibelino y haciendo valer los derechos sucesorios de los Staufen en el sur de Italia y conquistando Sicilia, campaña en la que también participó Pedro Fernández de Híjar. Pero esta es una historia que ahora no hace al caso.

El hecho es que, al regresar de San Juan de Acre en 1270, con el hábito de caballero del Santo Sepulcro, el primer barón de Híjar se convirtió en protector de dicha orden en el territorio aragonés. Mecenazgo al que se sumó su segunda esposa, Marquesa Gil de Rada, que fundó un convento de la misma, lógicamente femenino, en sus dominios del enclave zaragozano que nos ocupa. Muerto Pedro Fernández de Híjar en 1300 ella, viuda, se retiró al convento que había fundado junto a la iglesia de San Nicolás de Bari y a su muerte en 1306, poco después de que Champaña, Brie y Navarra pasaran a los Capeto, fueron los reyes de Aragón quienes se hicieron cargo de la protección de dicho convento como un medio más para afianzar la extensión del realengo sobre aquel barrio que desde 1118 había sido un señorío feudal ajeno a la corona.

En el siglo XV la orden del Santo Sepulcro fue disuelta pero precisamente como expresión del mecenazgo real aragonés se consiguió, de un papa también aragonés, que el convento de Zaragoza fuera excluido de la extinción siendo el único de la misma que perdura a día de hoy en el mundo.

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07/04/2011 18:05 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

LOS SEÑORES DE ZARAGOZA.

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A menudo todo lo que sabemos de la Zaragoza aragonesa es que la reconquistó Alfonso el Batallador en 1118 y que desde "siempre" fue la capital de Aragón. Es poco.

Lo cierto es que durante el primer siglo de pertenencia de Zaragoza al reino de Aragón tanto su importancia  como su propia adscripción política estuvo en prolongado entredicho y solo tardíamente y tras muchos avatares y alternativas se definió el papel que iba a jugar en el futuro.

Es cierto que el papel histórico de la ciudad venía siendo relevante desde su misma refundación romana sobre un oppidum sedetano allá por el 25 a.d.C. Durante la época romana, como cabeza de convento jurídico y punta de lanza del antipompeyanismo, la importancia de Cesaraugusta fue indiscutible extendiendo su autoridad hasta predios tan alejados como Irún o Alcalá de Henares. Al final del imperio llegó a ser sede más o menos imperial albergando la corte de Constante el hijo del usurpador Constantino y más adelante vio al emperador Mayoriano organizar desde ella su fracasada expedición contra los vándalos. Durante la época visigoda conservó su importancia y hasta la acrecentó tanto por su importante escuela episcopal como por su situación estratégica frente a los invasores francos y vascones. Llegados los árabes se convirtió en la capital de la Marca Superior, de la frontera norte de Al-Andalus y, con la llegada de las taifas, acabó deviniendo en la capital de uno de los más importantes reinos musulmanes de España. Se trataba, por lo tanto, de un objetivo relevante y apetecible, de una gran ciudad cuyo esplendor no podía sino deslumbrar a los dirigentes de los pequeños reinos pirenaicos.

Si a eso se le añade la condición de cabeza metropolitana de Zaragoza desde el siglo IV y el brillo legendario adquirido tras el fallido intento de conquista de Carlomagno en 778, se comprenderá la importancia no solo estratégica de dicha conquista para el reino de Aragón.

Sin embargo la reconquista arruinó la floreciente Saraqusta musulmana. La gran mayoría de la población, en virtud del tratado de capitulación, pudo salir, y con todas sus pertenencias, de la ciudad donde apenas quedaron los mozárabes oficialmente liberados y nucleados en torno a su templo ancestral de Santa María (que acabaría siendo el Pilar) llegando su barrio como mucho hasta la Puerta de Toledo (en el actual Mercado Central), los judíos, en su barrio propio, situado entre las calles Don Jaime y el Coso Bajo y un pequeño grupo de musulmanes que, en virtud del tratado, hubo de abandonar el recinto amurallado y asentarse al otro lado del Coso, frente a la Puerta Cineja.

La conquista había diezmado la población de Zaragoza, que dejó de ser una gran ciudad para convertirse en un núcleo semideshabitado y, para colmo, Alfonso el Batallador se vio precisado, tanto por ideología como por circunstancias económicas y políticas, a repartir los despojos de la conquista mediante un método feudal propio de la mentalidad transpirenaica. Nada extraño si tenemos en cuenta que en ese momento el reino de Aragón tenía más arraigo e intereses en la vertiente norte de la cordillera que en el sur.

De este modo Zaragoza se repartió entre diversos poderes feudales, especialmente de índole eclesiástica pero también quedó convertida en un señorío. Todo aquello dentro de las murallas que no pertenecía a los obispos de Huesca o Zaragoza se constituyó en una posesión feudal ,en principio alodial y hereditaria, en manos de la casa de Bearne. En tanto que el rey se reservaba, entre la Puerta de Toledo y el Palacio de la Aljafería, un territorio propio para erigir un poblado de realengo para aprovechar los cultivos y posesiones abandonadas por los musulmanes y que no quedaban dentro de la jurisdicción del Señorío. Con el tiempo ese territorio acabaría convertido en el barrio de San Pablo. Volveremos sobre él un poco más adelante.

Ahora conviene que nos ocupemos de la Zaragoza feudal, del señorío.

No fue casualidad, nunca lo era en estos casos, que el señorío de Zaragoza se le entregase a Gastón IV de Bearne. Este no era un vasallo cualquiera. En aquellos momentos el vizcondado de Bearne era uno de los más importantes estados vasallos del reino de Aragón y uno de sus puntales dentro de su presencia al norte de los Pirineos. De hecho el contingente de bearneses en el asedio de Zaragoza fue prácticamente tan importante y numeroso como el de aragoneses y navarros.

Además Gastón IV de Bearne estaba casado con Talesa Sanchez de Aibar, hija de Sancho Sanchez, conde de Aibar y Javierrelatre e hijo natural de Sancho I de Aragón, hermanastro por tanto de los reyes Pedro I, Alfonso el Batallador y Ramiro II. No solo era un importante vasallo, también un destacado pariente.

Sin embargo, a pesar de la obligada donación, Alfonso el Batallador no estaba dispuesto  a abandonar tan fácilmente una presa como Zaragoza que, una vez reactivada y repoblada, podía volver a alcanzar, como de hecho sucedió, su importancia pasada. Cedió el señorío de la ciudad a Gastón de Bearne pero no dejó de minar su poder desde el primer instante. Como primera medida, ya lo hemos dicho, se reservó un espacio para crear una población de realengo que creció bastante deprisa y como su mismo trazado acredita todavía en nuestros días, no fue fruto de la improvisación y de la llegada azarosa de distintos grupos sino perfectamente planificada y diseñada al modo en que los señores de Aquitania levantaban nuevos núcleos de población para poner en explotación tierras antes marginales. Además, en 1119, el rey concedió a los habitantes de la Zaragoza de realengo el Privilegio de Veinte que les permitía defender sus intereses, incluso con las armas, frente a cualquier poder (excepto el real) que les dañase de algún modo. Con el tiempo este privilegio se utilizaría de diferentes modos pero en 1119 iba dirigido directamente contra el dominio señorial de la Casa de Bearne que estableció su poder en el antiguo barrio mozárabe, seguramente en el castillo de la Zuda, junto a la Puerta de Toledo (donde con toda probabilidad había estado acuartelado el Cid mientras sirvió al rey musulmán de Zaragoza), y con sede ritual y eclesiástica en el templo de Santa María.

 Es interesante esta distribución del poder porque iba a tener largos ecos y muchas implicaciones en el futuro de la ciudad llegando algunas de ellas hasta bien entrado el siglo XX. Por ejemplo la tradicional rivalidad entre los habitantes del Gancho (San Pablo, el primitivo poblamiento de realengo) y los de la Magdalena (herederos de los pobladores del Señorío) cuyo origen bien puede rastrearse hasta esos primeros momentos de división jurisdiccional. Otro tanto sucede con la oposición entre la Seo y el Pilar. Mientras los vizcondes de Bearne trataban de favorecer, como núcleo de su poder, el templo mozárabe de Santa María, el arzobispo Pedro Librana y sus sucesores consagraban la antigua mezquita principal de Saraqusta (que ocupaba el solar del antiguo templo principal pagano de la época romana) y la convertían en una catedral independiente del poder señorial y enfrentada a él. Esta dicotomía iba a general enfrentamientos y hasta tumultos sangrientos hasta bien entrado el siglo XVII cuando se llegase a una concordia mediante la cual ambos templos, el Pilar y la Seo, compartían la condición de catedrales.

Pero la labor de zapa de Alfonso el Batallador frente al recientemente instituído señorío de la Casa de Bearne, no cesó con la proclamación del Privilegio de Veinte. Por el contrario en 1126, tras una exitosa expedición a Andalucía que culminó  con la llegada al mar en Marbella, se trajo un elevado número de colonos mozárabes andaluces para repoblar su barrio de realengo en Zaragoza, lo que representaba un tremendo golpe para Gastón de Bearne que veía limitadas sus posibilidades de repoblación a causa de su propia situación política. Él era señor de un territorio en la vertiente norte de los Pirineos  relativamente importante en relación con el tamaño del Reino de Aragón anterior a las últimas conquistas. Recuérdese que en 1096, cuando Gastón IV partió a la I cruzada, los reyes de Aragón todavía no habían conquistado Huesca. Eso le hacía comparativamente muy  poderoso. Treinta años más tarde la frontera aragonesa se situaba muy al sur del Ebro y disminuía su importancia relativa. Además, las nuevas tierras exigían gran número de repobladores, existía por lo tanto una gran competencia para atraerlos y él no podía movilizar a un elevado número de sus vasallos bearneses so pena de descoyuntar la economía de sus estados norteños. Eso le colocaba en una gran inferioridad en cuanto capacidad repoblatoria sobre todo teniéndose en cuenta el hecho de que emigrar para acabar bajo el dominio feudal de un señor particular no resultaba tan atractivo como hacerlo a un territorio de realengo, donde se adquirían mayores derechos y libertades.

Por si todo lo dicho fuera poco, en 1129 Alfonso el Batallador otorgó privilegios a los ganaderos de Zaragoza. Los vasallos de Gastón de Bearne eran mayoritariamente agricultores (los mozárabes) y comerciantes o dedicados a las profesiones liberales (los judíos), luego el privilegio venía encaminado a beneficiar la economía del nuevo poblado de realengo (futuro barrio de San Pablo).

Las espadas estaban en todo lo alto entre Alfonso el Batallador y Gastón de Bearne en lo que a la repoblación de Zaragoza se refiere, cuando el vizconde murió en 1130 dejando como heredero a un niño (Céntulo VI) que no había cumplido aún los cuatro años, y que no llegaría a los diez. Por supuesto su madre, doña Talesa, que ya había asumido la regencia de Bearne mientras Gastón IV marchó a Tierra Santa, se hizo de inmediato cargo de la tutela de su hijo. Y lo hizo bien, pero las circunstancias estaban en contra de la Casa de Bearne.

En 1134 la exitosa carrera militar de Alfonso el Batallador terminó ante los muros de Fraga. El rey aragonés fue derrotado y perdió la vida junto con muchos de sus vasallos, entre ellos Céntulo VI de Bearne, que murió también sin haber cumplido los siete años. El vizcondado de Bearne pasó a Guiscarda, hija de Gastón IV que estaba casada con Pedro II de Gabarret cuyo hijo heredó a su vez ambos vizcondados.

Doña Talesa quedó en poder del señorío de Zaragoza pero los problemas sucesorios del reino iban a acabar pasándole factura.

Alfonso el Batallador carecía de hijos y legó el reino a las órdenes militares que se estaban organizando en Tierra Santa: templarios, hospitalarios y caballeros del Santo Sepulcro. Tan extravagante legado generó muchos y graves problemas tanto a los nobles de Aragón y Navarra como a las propias órdenes militares. Para los primeros semejante herencia significaba una evidente pérdida no solo de libertad sino también de personalidad política ya que, bajo el dominio de las órdenes militares, el único papel del reino y de sus pobladores sería estar al servicio de los intereses de la defensa de Jerusalen, lo cual cercenaba de plano toda perspectiva económica y política de aragoneses y navarros, de modo que toda la nobleza se negó a dar cumplimiento al testamento de Alfonso I. Por otro lado ninguna de las jóvenes órdenes militares se encontraba en disposición de hacerse cargo de la herencia. Todavía eran pocos y estaban organizándose en torno a Jerusalén, hacerse cargo de dos reinos que, además, limitaban con el Islam y se encontraban en plena expansión quedaba muy lejos de sus intereses y posibilidades, de modo que se mostraron muy pronto dispuestas a la negociación.

Los problemas surgieron en torno a la sucesión efectiva del reino. Como se ha dicho, Alfonso el Batallador no tenía hijos. De hecho su familiar varón más cercano era un hermano, Ramiro, retirado desde su juventud a la vida monástica y sin deseo alguno de abandonarla. Los navarros aprovecharon la tesitura para separarse de la tutela de Aragón.

 El de Pamplona había sido el primer reino estatuido después de la invasión musulmana (los asturianos se sublevaron antes pero tardaron más en asumir el título regio), en el siglo X, mediante lazos dinásticos, había engullido al entonces condado de Aragón y a comienzos del siglo XI se había convertido en la máxima potencia de la España cristiana. Solo tras la muerte de Sancho el Mayor en 1035 se vio dividido entre sus hijos y, desde 1076 Navarra había pasado a depender de Aragón. Los navarros habían servido lealmente a los reyes aragoneses, que, después de todo, procedían de su misma casa real pero es comprensible que desearan recuperar su independencia. De modo que, aprovechando el vacío sucesorio de 1134, se agruparon para erigir en rey a García Ramírez, señor de Monzón y de Logroño, hijo de una de las hijas del Cid y de Ramiro Sánchez, a su vez nieto del rey García Sánchez III de Navarra.

Los aragoneses por su parte decidieron sacar a Ramiro del convento y convertirlo en rey con el nombre de Ramiro II. Fue este un movimiento con escaso consenso. El nuevo rey carecía de los conocimientos necesarios para hacerse cargo del reino (era incapaz de leer un mapa o de determinar una estrategia militar) y su nombramiento generó muchas desconfianzas. La mayor parte de la nobleza aragonesa se mostró desafecta al nuevo rey y este recurrió a la represión para afianzarse en el trono. Doña Talesa fue de las que se mostró contraria a Ramiro II y pagó su audacia perdiendo el señorío de Zaragoza.

Pero aún faltaba un invitado más a la fiesta sucesoria: Alfonso VII de León.

Alfonso el Batallador estaba casado con la reina Urraca de León, hija de Alfonso VI. Esta por su parte había estado casada en primeras nupcias con Raimundo de Borgoña de quien tenía un hijo (el futuro Alfonso VII). El matrimonio entre Alfonso el Batallador y Urraca de León se efectuó bajo el acuerdo de que el hijo del primer matrimonio, conocido entonces como Alfonso Raimundez (en la práctica Alfonso de Borgoña), quedaría apartado de la sucesión al trono leonés en beneficio de los hijos del nuevo matrimonio, que, como sabemos, no se produjeron.

Alfonso VII era rey de León desde la muerte de su madre en 1126 y a la muerte de su padrastro Alfonso I en 1134, aprovechó la debilidad transitoria que atracesaba el reino de Aragón para reclamar las conquistas llevadas a cabo por el Batallador con la excusa de que se habían logrado con la ayuda de recursos leoneses y castellanos. No podía aspirar a heredar en Aragón ni en Navarra pero sí a quedarse con el Regnum  Cesaraugustanum, las tierras zaragozanas conquistadas por el Batallador. De modo que, sin pensárselo dos veces, invadió el reino y conquistó Zaragoza. Ramiro II el Monje hubo de reconocer su soberanía sobre el Regnum Cesaraugustanum y pagarle tributo por ello. Ese es el motivo por el cual la bandera de Zaragoza presenta un león rampante como signo, en señal de la pertenencia del Regnum al dominio de León. Circunstancia transitoria que, sin embargo, ha dejado ese rastro permanente.

Reconocido como señor natural de las tierras zaragozanas y puesto que doña Talesa había perdido ya su señorío cuando él conquistó la ciudad, Alfonso VII de León tuvo las manos libres para nombrar un nuevo señor y designó como tal al conde Armengol VI de Urgel.

En principio este nombramiento puede parece extraño pero responde a una lógica aplastante. Armengol VI era nieto del conde leones Pedro Ansúrez, señor de Valladolid, que asumió su tutela cuando quedó huérfano siendo menor de edad. Más tarde, en 1118, participaría en la conquista de Zaragoza bajo Alfonso el Batallador y, por lo tanto, no era un desconocido en Aragón y contaba con la confianza del rey de León y Castilla. Por ese motivo se le otorgó tal señorío en un momento crucial de transición. De todos modos lo ocuparía por poco tiempo. En 1135 Alfonso VII nombraría como señor de Zaragoza al nuevo rey de Navarra, García Ramírez, que le rendía homenaje por ambos reinos y tenía más arraigo en el de Aragón y más capacidad militar sobre el terreno. A Armengol VI de Urgel se le compensó con un matrimonio que le entroncaba con los poderosos condes de Lara.

El nuevo poder se puso pronto a trabajar para asentarse en el terreno y desarrollar su nueva política. Así, por ejemplo, ya en 1136, se procedió a la fundación de la Cofradía Militar de Zaragoza, una medida propia de las repoblaciones leonesas que en algunos casos dio origen a órdenes militares autóctonas como la de Santiago. Era un medio de implicar a la nobleza local en la defensa de la ciudad dentro de un marco que imitaba conscientemente a las órdenes de Tierra Santa con la intención definida de sacralizar un servicio necesario para el rey. Convenía, además, generar un tercer polo cultual relacionado con la nueva soberanía. Frente a la iglesia de Santa María, todavía dependiente de los vizcondes de Bearne y la Seo episcopal, Alfonso VII necesitaba un nuevo foco religioso que promocionase y sustentase su dominio. Para ello se aprovechó el intento de los musulmanes de recuperar Zaragoza en 1137 para inventarse un milagro y promocionar el templo del Portillo. Era una buena jugada porque, además, se aprovechó el tirón propagandístico para recabar apoyo financiero para la reconstrucción de las murallas en todas las ciudades donde llegaba la noticia del supuesto milagro.

Pero las cosas estaban cambiando muy rápidamente en Aragón el predominio castellano-leonés en Zaragoza empezaba a tener problemas para perpetuarse.

Ramiro II, absolutamente inepto para reinar, cumplió con sus deberes dinásticos contrayendo matrimonio y engendrando una heredera, doña Petronila, a la que prometió de inmediato con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, hombre joven y de probada capacidad militar. Precisamente en 1137, conservando la condición real, Ramiro II se retiró de nuevo a la vida monacal dejando a Ramón Berenguer al frente del reino. Este de inmediato articuló de nuevo el poder del reino apuntando directamente hacia Zaragoza. En 1138 se ocupó de una nueva campaña de repoblación del poblado real (barrio de San Pablo) trayendo nuevos colonos y en 1140, sin dejar de pagar tributo a León, logró imponer un nuevo señor para la ciudad.

Se trataba de Rodrigo Abarca, un descendiente de Sancho Garcés II de Navarra pero perteneciente a la nobleza aragonesa. Su padre, Lope Abarca, había sido señor de Jaca y recibido la baronía hereditaria de Gavín. El propio Rodrigo, además de heredar esa baronía, figura en los documentos como tenente de Funes, Valtierra, Monzón y Zaragoza. De modo que, como vemos, contaba con igual importancia en ambos reinos: Navarra y Aragón de modo que podía ejercer el señorío de Zaragoza en nombre de Ramón Berenguer sin incomodar a Sancho Ramírez ni representar en realidad una ruptura con el teórico dominio navarro bajo señorío castellano.

El nombramiento de Rodigo Abarca como señor de Zaragoza era en realidad una compleja jugada política para ir traspasando a Aragón el dominio del Regnum Cesaraugustano mediante una transición plenamente legalista dentro del orden feudal imperante y sin desacatar abiertamente ni los derechos navarros ni los castellano-leoneses.

En los años siguientes Ramón Berenguer siguió su ofensiva sobre Zaragoza y en 1142 donó una lámpara perpetua a la iglesia de Santa María lo que representaba una forma de presión sobre doña Talesa que en 1144, sin poder sostenerse ya en lo que restaba del antiguo señorío de su marido, acabó cediendo todas sus posesiones en Zaragoza a los templarios que se establecieron por fin en la ciudad con grandes posesiones en la Almozara. 

 La política de Ramón Berenguer resultó tan efectiva que ya en 1156 el rey de Navarra, Sancho el Sabio, se vio obligado a asediar Zaragoza para tratar de recuperar su dominio sobre la misma. No lo consiguió.

En 1162 murió Ramón Berenguer IV y su hijo, Alfonso II de Aragón, asumió el trono con dignidad real dando por concluido el Regnum Cesaraugustano aunque todavía en 1164 nombró un nuevo señor de Zaragoza afín al dominio leonés: Ortí Ortiz, procedente de la nobleza zaragozana (era señor de Pina, su abuelo lo había sido de Fuentes) y que tras perder el señorío marchó a Castilla donde en 1167 aparece como alcaide de Toledo.

Ya en 1165 Alfonso II entregó la tenencia de Zaragoza a Blasco Maza, su mayordomo, señor vitalicio de Borja que heredaría a su debido tiempo Artal de Alagón.

En 1168 Alfonso II entregó la tenencia de Zaragoza a otro de sus mayordomos, Blasco Romeo, que la detentó hasta 1188 en que pasó a Berenguer de Entenza, IV barón de esa villa, nieto del que fue señor de Barbastro y que cambiaría el señorío de Zaragoza por el de Teruel.

Tras la marcha de Berenguer de Entenza no hubo nuevo tenente, la transición iniciada a mediados de siglo había concluido y toda la ciudad se unificó bajo el dominio de realengo de los reyes de Aragón.

La ciudad contaba con un Concejo de Mayores y Menores propio desde 1165, en 1177 los reyes de León renunciaron a sus derechos sobre ella y en 1207 se determinaba, por ley papal, que el rey de Aragón se coronase en Zaragoza, lo que equivalía a una proclamación de capitalidad que se vio completada con nuevos privilegios para los pobladores y el comercio de la ciudad en 1208.

Finalmente, en 1218, el mercado, anteriormente situado en la plaza de Santa María, en pleno corazón del barrio del señorío,  se trasladó a las afueras de la Puerta de Toledo, es decir: bajo la jurisidicción del barrio de San Pablo que veía de este modo recompensada su lealtad al rey. Todavía hoy el Mercado Central de Zaragoza permanece en el mismo lugar.

 

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06/02/2011 13:41 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

A PROPÓSITO DE LAS AMAZONAS.

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 El Museo Histórico del Palatinado, sito en la ciudad de Speyer, inauguró el pasado 5 de septiembre una muestra arqueológica sobre las amazonas. Exposición que no visitaré (no tengo tiempo ni dinero para desplazarme a Alemania en estos días que corren) y que en su publicidad juega con las palabras "misteriosas" y "enigmáticas" para atraer al público medio escasamente versado en historia y, por lo general, poco interesado en ella salvo que se le plantee como una charada o el resultado de una novela o película adornada de misterio y exotismo.

Este desinterés no deja de resultar un síntoma preocupante de los tiempos que vivimos. Nada teme más el totalitarismo, cualquier totalitarismo, y ahora estamos sufriendo el liberal-capitalista, que el conocimiento de la objetiva verdad histórica. Dicho conocimiento hace insostenibles las mentiras y las ideas prefabricadas que los beneficiarios del totalitarismo de turno utilizan para sostener y justificar su poder. De ahí el ataque que en todo el mundo están experimentando las ciencias humanísticas tanto en lo tocante al recorte de sus presupuestos como al desprestigio de su utilidad. Los tiranos, y en este caso lo son quienes manejan eso que se llama abstractamente "el mercado", no quieren que la plebe, el gran público, esté informado porque la verdad y el conocimiento destruyen la reverencia y el acatamiento. Por ese motivo se dejan languidecer las cátedras humanísticas, aquellas que pueden generar intelectuales que pongan en entredicho las "verdades" dominantes demostrando su futilidad y su interesada incoherencia así como su abierta falsedad, y se promociona el desconocimiento de la historia y la filosofía por el gran público.De este modo  lo que la gente conoce no es la verdad sino la propaganda del Poder o, en el mejor de los casos, un producto de consumo más vinculado a la ficción que a la realidad. De hecho es un malísimo síntoma con respecto a la calidad democrática de la sociedad que nos ha tocado vivir el desconocimiento y el desinterés del gran público por la historia en todas sus formas salvo en la de fantasía de consumo.

Pero ese es asunto para otro artículo.

El hecho es que hablé recientemente con un amigo entusiasta, fervoroso historiador en ciernes (acaba de licenciarse y prepara ya su doctorado), que estaba juntando gente para acercarse a Speyer y tuvo la deferencia de pensar en mi para sumarme a semejante expedición. Se lo agradecí y decliné la invitación. Ya he dicho que carezco de tiempo y prefiero guardar el dinero para otros menesteres en un panorama de crisis como el que todavía padecemos.

Sin embargo la conversación con él me hizo pensar en las amazonas, personajes mucho menos misteriosos de lo que en general se pueda pensar, y me pareció una buena idea presentar un pequeño resumen sobre ellas a un público como el que sigue y lee este blog en general bastante más interesado en las verdades históricas que en las ficciones propagandísticas o puramente comerciales.

 Lo verdaderamente interesante de las amazonas es que su estudio, más allá de las ideas folklóricas de la Grecia clásica, nos permite una mejor comprensión del origen y naturaleza de nuestra propia sociedad y de los mecanismos que la llevaron a ser como es.

Para los griegos las amazonas eran sobre todo un tema mitológico, un toque exótico para leyendas que conducían a sus propios héroes a escenarios que se antojaban remotos en los primeros tiempos de la navegación comercial y la exploración colonial. La mayor parte de aquellas narraciones que protagonizaban héroes viajeros hablaban en realidad del contacto con pueblos, estados y civilizaciones que empezaban a conocerse al final de la edad oscura de la Hélade y cuya realidad  se transmitía al futuro en la bruma de tradiciones heroicas que enmascaraban de significados morales o religiosos realidades concretas olvidadas tiempo atrás. Un ejemplo claro de lo que digo es la leyenda del Vellocino de Oro que oculta, tras su arcáico tufillo épico los contactos comerciales de los primeros navegantes griegos con el reino de Cólquide, en la costa caucásica, económica y culturalmente más avanzado que ellos en aquellos siglos. Puede, incluso, que se refiera a las relaciones entre el imperio micénico y el pujante reino anteriores a la crisis del 1200 a.d. C.

Con las amazonas sucedió más o menos lo mismo. Los navegantes y emigrantes griegos conocieron historias de mujeres guerreras e incluso es posible que entrasen en contacto con algunas y de regreso a la Grecia continental aquellas constataciones concretas quedaron arrumbadas a la condición de ingredientes exóticos para leyendas de héroes locales si bien algunas de las mismas, como la relacionada con el cinturón mágico de Hipólita, demostraban un contacto más íntimo y un conocimiento profundo de las creencias y la idiosincracia de las sociedades en las que medraban aquellas mujeres dedicadas a la guerra. Es posible incluso que las leyendas que nos hablan de sociedades puramente femeninas articuladas en torno a la guerra y vedadas al sexo masculino nos transmitan la existencia  de ciertas hermandades de caracter ritual y sagrado asociadas a cultos remotos, desgraciadamente no podemos saberlo con exactitud y mucho menos afirmarlo taxativamente.

Sea como fuere, las leyendas griegas transmitían a su modo la realidad que rodeaba a los griegos en el entorno que iban descubriendo en sus primeras expediciones comerciales y de colonización y deben entenderse siempre desde esa perspectiva tratando de interpretarlas con conocimientos procedentes de otras fuentes escritas y de las excavaciones arqueológicas.

Y en lo tocante a las amazonas sabemos bien a qué atenernos y hacia donde mirar.

La domesticación del caballo se produjo en las estepas pónticas, en el territorio de lo que hoy es Ucrania, permitiendo el desarrollo de sociedades pastoriles nómadas que gracias al nuevo medio de locomoción conseguido podían abarcar en sus desplazamientos amplios territorios que alcanzaban desde China hasta el Danubio. Parece seguro que los pueblos que adoptaron esta nueva forma de vida eran mayoritariamente indoeuropeos o con importantes componentes culturales y genéticos de esa naturaleza (es poco exacto hablar de pueblos puros incluso en épocas tan antiguas porque el mestizaje se remonta en la humanidad a la edad de piedra). Parece, a juzgar por el papel social que la arqueología y la mitología adjudican a sus mujeres, que estos pueblos mantenían mucho del ancestral sustrato matriarcal propio del primer neolítico. En cualquier caso, el propio modo de vida y, sobre todo, de combate adoptado por estos pueblos, que han pasado a la historia con el nombre de escitas, favorecía la igualdad entre los sexos. También la base ganadera de su economía que permitía la escisión de rebaños de un modo mucho más libre que el universo agrario donde la transmisión de la tierra exigía estructuras más rígidas y su defensa, frecuentemente menos basada en una caballería dificil de sostener en un paisaje agrícola, favorecía el desarrollo de modelos patriarcales.

Los escitas rara vez combatían cuerpo a cuerpo. Su táctica se basaba en la caballería ligera, que les aportaba gran movilidad, especialmente frente a los pesados carros de las civilizaciones agrarias de la edad del bronce o la infantería, y en el arco. Peleaban a distancia, haciendo huir a sus enemigos con lluvias de flechas y ello permitió la participación de las mujeres en las expediciones militares. Participación inducida además por la propia condición de propietarias con derechos políticos que, como demuestran gran número de tumbas encontradas a lo largo y ancho de toda la estepa, disfrutaban muchas de ellas.

La posesión y gestión de los recursos ha sido siempre la clave de la libertad personal y de la adquisición de derechos políticos y jurídicos y su mantenimiento se vio siempre ligado a la capacidad de defenderlos frente a agresiones exteriores. De ahí que una riqueza basada en el pastoreo nómada que permitía la excisión de los ganados mediante herencia o su usufructo colectivo y la táctica de guerra a distancia permitiera a las mujeres escitas disfrutar de un alto grado de consideración social avalado además por su participación en la guerra.

 Las primeras noticias ciertas que tenemos sobre los escitas en la historia proceden del siglo VIII a.d. C. cuando los asirios los incluyeron entre sus tropas como aliados y mercenarios para aprovechar la movilidad de sus unidades de caballería ligera. Eran ya para entonces  sociedades tribales bien estructuradas y asentadas con varios siglos de existencia a sus espaldas y con una herencia cultural que se remontaba quizá a un par de milenios.

En el VII a. d. C., los cimerios, sin duda una rama de los escitas, invadieron Anatolia permaneciendo en ella varias décadas. Era un momento en el que la colonización helénica ya había comenzado y se encontraba en plena expansión tanto en el Mediterráneo como en el Mar negro. Cabe suponer por lo tanto contactos más o menos frecuentes y directos entre ambos pueblos y que la presencia de mujeres guerreras entre los cimerios diera origen a la leyenda de que el reino de las amazonas se encontraba en el Ponto (en la zona noreste de la actual Turquía) y de sus numerosas conquistas en la península anatólica. Más aun: es muy posible que fuera por entonces cuando el vocablo que las definía llegase al idioma helénico. Con toda probabilidad la palabra escuchada por los comerciantes y viajeros griegos se asimilaría a la irania "ha-mazan" que vendría a significar mujer guerrera, no olvidemos a este respecto que los escitas hablaban uno o varios dialectos indoeuropeos estrechamente relacionados con el persa. Ese "ha-mazan" llegaría a Grecia como un cúmulo de sonidos sin sentido surgiendo más tarde la etimología popular "amazona" con el significado de "sin pecho" y la leyenda adicional de que las mujeres guerreras que campaban por Anatolia se cortaban el seno izquierdo para poder disparar mejor su arco.

La Odisea, aparecida en torno a un siglo antes de este contacto con los cimerios en Asia Menor,  describe a los cimerios habitando en la orilla norte del Mar Negro de donde, según las leyendas, serían expulsados por los escitas tiempo después. También las fuentes asirias del siglo VIII a.d. C. nos los presentan habitando al norte del Cáucaso. Su migración comenzaría con los primeros reclutamientos asirios y probablemente en consonancia con alguna derrota militar pero no debemos pensar en dos pueblos culturalmente diferentes al hacerlo en escitas y cimerios. Más bien en facciones distintas en competencia por los pastos. Los derrotados buscarían un medio de vida como mercenarios al servicio de Asiria primero y como conquistadores por cuenta propia después.

 Pero mientras los cimerios trataban de conquistar Anatolia y asentarse en ella, en su tierra de origen estaban sucediendo profundos cambios sociales y políticos que acabarían dando al traste con las amazonas en cuanto expresión de una posición social y políticamente igualitaria de la mujer en un mundo de pastores nómadas y fue precisamente el desarrollo griego el responsable directo de dichos cambios.

En general la polis griega era un sistema económico deficitario en productos básicos, especialmente en trigo. En parte se debía a los pequeños territorios de los que estas disponían y a la creciente población que aglomeraban en un marco de diferenciación de tareas que limitaba la mano de obra dedicada a la agricultura. Pero no debe desdeñarse tampoco el hecho de que la polis fue desde su origen un instrumento de las diferentes oligarquías para aumentar su poder local y, sobre todo, para enriquecerse más y más deprisa. Los latifundistas surgidos en la edad oscura descubrieron la navegación y el enriquecimiento con la venta del aceite de oliva en mercados a los que todavía no había llegado la producción del mismo. Dicho comercio dejaba enormes rentas a quienes lo realizaban pero exigía dedicar grandes parcelas de los escasos territorios disponibles a la producción del fruto lo que posponía la de cereales más necesarios para la comunidad pero menos lucrativos para los oligarcas que encontraron, además, un medio de aumentar sus fortunas introduciendo trigo extranjero en sus propias comunidades donde siempre era demandado.

De este modo los oligarcas griegos agudizaban la escasez de cereales en Grecia con la extensión de las plantaciones olivareras y se aprovechaban del desequilibrio y la necesidad que ellos mismos generaban, importando el grano desde mercados externos.

Fue así como se procuró y favoreció el desarrollo de zonas periféricas de producción cerealística. En muchos casos se trataba de colonias griegas trasplantadas a nuevas tierras más allá del mar. En otros se fomentaba la dedicación agrícola de determinados pueblos bárbaros, ajenos al universo helénico. Tal sucedió con los escitas de Crimea y las costas ucranianas.

 El Mar Negro venía siendo explorado por los griegos desde el siglo VIII a.d. C. y más o menos por esas mismas fechas se instalaron allí las primeras colonias. Con el tiempo la demanda de grano de las ciudades griegas fue creciendo y la inversión en el desarrollo de nuevas comarcas cerealísticas extendiéndose más allá de las sociedades helénicas. Fue así como los escitas ribereños comenzaron a abandonar el pastoreo nómada para asentarse como agricultores en directa relación con el mercado griego.

La sociedad escita distaba mucho de ser igualitaria. Tenía nobles, hombres libres y siervos. Tampoco lo fueron los asentamientos agrícolas que promocionaron los griegos. Resulta más sencillo negociar grandes envíos con señores que centralizan la producción y la distribución que con una constelación de pequeños productores. De modo que esta nueva producción se centralizó desde el principio en pocas manos.

De pronto la nobleza basada en la posesión de grandes rebaños  se vio sustituida por una nobleza, necesariamente más reducida, ligada a la tierra. La riqueza y el poder ya no se vinculaba a un ganado que debía moverse constantemente en busca de pastos y que a menudo exigía su división para su adecuación a los recursos disponibles. Ahora la base de la riqueza era la posesión de la tierra que podía y debía acumularse. Ello trajo cambios en las formas de herencia (un latifundio dividido acaba por no ser rentable y caer en manos de los vecinos) y con ellas en los hábitos sociales. Se tendió hacia la herencia del primogénito, lo que supuso un oscurecimiento del papel social de la mujer acentuado por un cambio crucial en la táctica militar: el paso de la antigua caballería ligera a la pesada.

En el 514 a. d. C. cuando Dario I trata de someter a los escitas cruzando el Danubio estos se presentan todavía como unidades de caballería ligera basadas en la huida y el arco. Sin embargo eso cambiaría pronto y, precisamente a imitación de la caballería persa, la nobleza escita empezaría a adoptar pesadas y lujosas armaduras símbolo de su superior estatus cuyo peso apartaría a las mujeres del combate, al menos en las unidades de mayor prestigio sumándose esta pérdida de legitimidad militar a los cambios jurídicos y familiares vinculados a la sedentarización de caracter agrario en relación con los mercados griegos.

Surgió así una nueva y más poderosa nobleza de caracter patriarcal que acabaría con el papel predominante de la mujer en aquella sociedad. Por supuesto las tribus de la estepa que continuaran dedicándose al pastoreo nómada mantendrían los antiguos usos pero perderían tambíén poder político y económico y prestigio social en relación con la nueva y poderosa nobleza agrícola que estaba apareciendo y que supondría el principal sostén de la unificación que llevaría a cabo, a finales del siglo V a.d. C., Atheas que estableció un imperio escita entre el Don y el Danubio que llegaría a amenazar la propia Grecia y sería derrotado por Filipo II de Macedonia en el 339 a.d. C. iniciando una progresiva decadencia que concluiría con su destrucción a manos de los sármatas, otro grupo de tribus iranias de las estepas,  en el siglo I a.d.C.

La mutación social, económica y política que supuso la aparición de aquella aristocracia agraria en la Escitia Póntica y el oscurecimiento del papel de la mujer asociado a ella, acabó con la existencia de las amazonas, las arqueras a caballo que combatían en las estepas.

Su existencia debió mantenerse, incluso varios siglos, en las tribus menos avanzadas y más ajenas a la agricultura y, ya en los primeros siglos de la era cristiana, se circunscribió al mero plano religioso.

La última vez que se oye hablar de mujeres combatientes entre las tribus esteparias es en el siglo III d. C. cuando en la batalla de Naissus, el año 268 d.C. los romanos capturen un contingente de jóvenes guerreras que constituían la guardia armada de un carro tirado por ciervos destinado al transporte de determinada deidad guerrera (a este respecto cabría recordar que los escitas solían adornar sus cascos con cuernos de ciervo)...apresadas fueron trasladadas a Roma para servir de deleite a las masas en el desfile del triunfo imperial. Más o menos por entonces se afianzaría en la estepa ucraniana la dinastía goda de los Amalos, portadora de una ideología guerrera plenamente masculina (era esa una época en que las antiguas diosas de la fertilidad germánica estaban cambiando de sexo para convertirse en dioses de la guerra o veían aparecer compañeros masculinos de función militar) y ya no hubo espacio para las mujeres guerreras ni siquiera en forma de guardias armadas de antiguas deidades. Ese fue el fin definitivo de las amazonas.

 

NOTA.- la fotografía es de Tiffa 130

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11/09/2010 12:44 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

COTILLEOS BORBÓNICOS

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Desayuné dias pasados con unas amigas que andaban entusiasmadas con el asunto del divorcio de la infanta Elena y entre profunda e irónicamente condolidas con la defenestración a la que estaba siendo sometido el pobrecito Marichalar que, después de cargar con...(no me haré eco de los chismes, juicios de valor y definiciones que le aplica el populacho a la duquesa de Lugo por dos motivos: en primer lugar porque no es mi estilo criticar a personas a las que no conozco personalmente, soy muy consciente de la cruel maledicencia patria, y en segundo porque en España, paradójicamente, escribir lo que todo el mundo dice, aunque sea a simple título informativo, puede llevarte a la cárcel o a una sustanciosa multa si el aludido tiene una gota de sangre borbónica en las venas, magnífico ejemplo por otro lado de la libertad de expresión de la que gozamos y de que unos somos más iguales que otros dependiendo de nuestra cercanía al poder)...frívolamente apenadas, decía, por la caida en desgracia del tal Marichalar. Yo, que no siento demasiado interés por estos asuntos mundanos, me guardé mi opinión sobre el hecho vergonzante desde el punto de vista político y de estructura económica básica (si desde una perspectiva verdaderamente democrática hablamos) de que el matrimonio con una persona de la familia real vaya acompañado no solo de cargos honoríficos sino de puestos en consejos de administración y oportunidades de negocio que se pierden de inmediato al perder la vinculación con la casa real, cosa que habla muy poco en favor de la transparencia y supuesta honradez de nuestro bonito régimen monárquico-constitucional, el tono de la conversación era mucho más ligero y, repito la palabra, frívolo, y pensé que sería más divertido, a la hora de entretener el desayuno, traer a colación otros chismes familiares más antiguos. Y lo cierto es que con los Borbones en general, y con los españoles en particular, hay donde elegir.

Mis amigas se rieron mucho con mis cotilleos históricos y me animaron a ponerlos por escrito en este humilde blog que, paradójicamente, aunque digan lo contrario, sé que no leen (de hacerlo me hubieran crucificado a cuenta del artículo Feminismo para Progres Bobas y ni siquiera hicieron una minima alusión)...y, bien considerado, no me pareció mal hacer un poco de memoria. El cotilleo, si está firmemente anclado en hechos históricos, es también una forma amena de conocer y comprender nuestro pasado.

Claro está que disponemos de poco espacio y que habrá que dejarse muchas cosas en el tintero, pero para pasar el rato habrá suficiente, espero, y lo demás, quede para veces sucesivas.

Comenzaremos en 1722 cuando Luis, el heredero de la corona, hijo de Felipe V, primer Borbón que gobernó en España, teniendo quince años contrajo matrimonio con Luisa Isabel de Orleans,de doce, hija de Felipe de Orleans, regente de Francia y nieto de Luis XIII.
La época de la regencia de Luis XV (1715-1722) destacó en toda Europa por la licencia de costumbres y las grandes orgías que el regente, Felipe de Orleans, solía celebrar en el mismísimo palacio real con sus favoritos. Consecuentemente su hija no llegó demasiado domesticada a España y tampoco especialmente instruida en buenas costumbres. Dada la juventud de los cónyuges, se determinó que, a pesar de estar casados, no debían cohabitar. Esto desesperó al mozalbete Luis y aburrió a la joven francesita que adquirió la costumbre de pasearse completamente desnuda por el Real Alcázar insinuándose ante los soldados de la guardia y levantando ostensiblemente una pierna, apretando un puño y poniendo el nalgatorio en posición de disparo cuando se topaba con un cura o un noble a los que solía saludar con sonoras y pestíferas ventosidades a decir verdad muy poco versallescas.

Por aquellos tiempos las noches de la corte española solían ser muy divertidas. La princesita de Asturias se paseaba por los pasillos en cueros buscando guerra, el príncipe, salidísimo y protocornudísimo, detrás lloriqueando y rogando para que le permitiesen cumplir su deber conyugal, los soldados de la guardia se las pasaban  huyendo de sus puestos y escondiéndose de la francesita para no verse puestos en incomodísimos bretes, los curas y monjes acechaban en las esquinas para exorcizar la maldad de la Orleans o seguían al futuro Luis I recomendándole resignación y continencia y, mientras tanto, la mayor parte de la nobleza y la servidumbre se las veía y deseaba para lidiar con el rey, Felipe V, que tan pronto se tumbaba en la cama proclamando a grandes voces que estaba muerto y ordenando que le velasen con cuatro candelabros y después le enterrasen como salía a deambular, también él, por los pasillos, pretendiendo montarse en los caballos de los cuadros.

Dos largos años duró semejante verbena. Al cabo, en 1724, y después de que Luisa Isabel de Orleans se pasase sus temporaditas encerrada en celdas del sótano del Real Alcazar, hubo que declarar loco e incapaz a Felipe V y proclamar como rey a su hijo, Luis I. La entronización acabó con la moratoria conyugal y el mozo tomó con tal ímpetu sus deberes que acabó enfermando de viruela y muriendo ese mismo año lo que obligó a rehabilitar a Felipe V y permitió, con gran alivio general, devolver a la princesa Luisa Isabel a Francia.

Hacía apenas dos décadas que la pacata corte española se había escandalizado con un joven Felipe V que besaba apasionadamente en la boca y en público a su esposa antes de partir para Italia donde le aguardaban largos años de guerra. Ahora aquel primitivo escándalo quedaba a la altura del chiste después de haber vivido lo que se había vivido en el Alcázar entre 1722 y 1724.

 Pero al Real Alcazar, residencia real desde hacía más de doscientos años, le aguardaban tiempos mucho más duros. En la Nochebuena de 1734 el descuido de uno de los pintores llegados con los Borbones desde Francia, lo incendió hasta los cimientos. El fuego duró varios días y al acabar se encontraron los objetos de plata y de oro fundidos en el lugar que habían ocupado. De paso se quemaron también una ingente cantidad de cuadros de Velazquez, Rubens, Tiziano, Tintoretto, Veronese, El Bosco, El Greco, Leonardo Da Vinci...que hubieran a buen seguro doblado los fondos del actual Museo del Prado. Y es que los Borbones fueron en España una plaga desde el mismo momento de su entronización (nos costó Gribraltar y Menorca) y su reinado le hizo perder a España las posesiones italianas a comienzos del XVIII (por no hablar de los fueros aragoneses y catalanes), las de América en el XIX...y, en resumen, no pararon hasta llevarnos a la ruina. Pero ese no es el asunto que se quiere tratar aquí.

Aquí vamos de cotilleos frívolos.

Y del siguiente que tenemos que hablar, en lo tocante a escándalos generados y chismes familiares, es del infante Don Luis de Borbón y Farnesio, hermanastro del difunto Luis I, hijo de Felipe V y de Isabel de Farnesio y protagonista de una de las mayores campanadas de la familia en el XVIII.

Nacido en 1727, en 1735 era ya arzobispo de Toledo, primado de España y cardenal a lo que en 1741 se añadió el arzobispado de Sevilla con lo que a los catorce años se le podía considerar ya la máxima autoridad de la iglesia española. Ejerció como tal hasta 1754, año en que sorprendió a propios y extraños, y escandalizó a no pocos, cuando manifestó su deseo de abandonar la carrera eclesiástica. Su hermanastro, era hijo de la primera mujer de Felipe V mientras que él lo era de la segunda, Fernando VI, le permitió hacerlo y en la práctica no tuvo grandes problemas hasta la muerte de este rey en 1759.

En ese momento se generó un problema político de no pequeño calado. Fernando VI, último hijo de la primera esposa de Felipe V murió, como su hermano Luis I, sin descendencia. Carlos, el primero de la segunda, era rey de Nápoles y Sicilia y Felipe, el segundo, estaba llamado a reinar en Parma. Eso dejaba a Luis como el hijo de Felipe V más asentado en España, cosa que no hubiera tenido importancia real de seguir siendo eclesiástico pero, como laíco, podía llegar a reinar. En condiciones normales Carlos de Nápoles hubiera podido enviar a uno de sus hijos a reinar en España quedándose él en Italia sin mayores problemas, pero existía una cláusula en el tratado de Utrech, que puso fin a la Guerra de Sucesión, que impedía reinar en España a cualquiera que no hubiera nacido en la península lo que, de facto, inhabilitaba a los hijos del rey de Nápoles como reyes de España. Tuvo que ser el mismo Carlos quien abdicara en su segundo hijo hábil, Fernando (existía otro, Felipe, considerado retrasado mental y excluido de toda posible sucesión) y regresase a España coronándose como Carlos III. Trajo consigo a su primogénito, el futuro Carlos IV.

Así las cosas, el antiguo cardenal resultaba un grave peligro político, una baza que cualquier potencia extranjera podía utilizar en provecho propio, de modo que era preciso neutralizarle.

Carlos III, quien por cierto, vivía atemorizado por la locura que padeció su padre y padecía su hijo, y se sometía para evitarla a un obsesivo y metódico modo de vida, arrebató a su hermano el infante Luis todos los honores y títulos, le obligó a contraer un matrimonio morganático con quien le fuera designada y determinó que los hijos de dicho matrimonio no llevarían el apellido Borbón ni serían considerados parte de la familia real.

Tan menguado de honores y apartado de la corte quedó el infante Don Luis que se vio forzado a comprarle a su hermano Felipe, que había marchado a reinar en Parma en 1748, el condado de Chinchón  en 1761  y con ese escueto título vivió desterrado en su palacio de Arenas de San Pedro hasta su muerte en 1785.

Se le hizo contraer matrimonio en 1776 con la zaragozana Teresa de Vallabriga, hija de un militar y perteneciente a la pequeña nobleza. Tuvieron tres hijos: Luis, Teresa y Maria Luisa, que llevaron el apellido Vallábriga durante la primera parte de su vida.

Muerto Don Luis en 1785, Teresa y Maria Luisa fueron encerradas en un convento para evitar que contrajeran matrimonio con algún noble y allí estuvieron encerradas hasta que la reina Maria Luisa de Parma tuvo necesidad de una consorte de rango para su amante Godoy e intrigó para que su marido Carlos IV les devolviera el apellido Borbón y las llevara a la corte. Fue así como Teresa de Borbón y Vallábriga contrajo matrimonio con Godoy en 1796, tras pasar toda su vida en el destierro y una década encerrada en un convento. Esta boda, que devolvió honores y horizontes a los hijos del infante Don Luis, generó a su vez un nuevo escándalo del que nos ocuparemos más tarde y sirvió para que el hijo varón, Luis de Borbón y Vallábriga, iniciara una exitosa carrera eclesiástica como arzobispo de Toledo. Con el tiempo sería el único miembro varón de la familia real que permanecería en España durante la invasión francesa (1808-1814). Se mostró partidario de la constitución de 1812 y en 1820 del golpe de Riego teniendo la suerte de morir en 1823, antes de la liberación de Fernando VII, escapando así a un seguro castigo. Su hermana Teresa, que aprovechó el Motín de Aranjuez para separarse de Godoy, vivió con él todo ese tiempo debiendo marchar al exilio en Francia en 1824. Allí vivía ya desde 1808 su otra hermana, casada con uno de los próximos colaboradores de Godoy.

Carlos III, tan metódico, tan aburrido, dio poco que decir, salvo en lo tocante al escándalo antecitado del destino de su hermano Luis.

Su hijo Carlos IV fue harina de otro costal o, para mejor decir, su esposa, Maria Luisa de Parma, hija del infante Felipe que había vendido el condado de Chinchón al antiguo cardenal Don Luis. Su madre era Isabel de Francia, hija de Luis XV, y parece ser que a través de su círculo, especialmente el abate Bonnet de Cordillac, que se encargó de su educación y tenía fama de libertino, heredó algunas de las modas y costumbres de la corte francesa, especialmente las relacionadas con la regencia de Felipe de Orleans.

De joven Maria Luisa fue una mujer de aspecto agradable, incluso guapa, aunque el tiempo y los numerosos partos deterioraron su físico. Cuando llegó a ser reina consorte de España en 1788 tenía ya 37 años, una pila de hijos y aparecía prematuramente envejecida.

Carlos IV, que no era especialmente inteligente pero tenía gran ansia de poder, desconfiaba de la influencia de los hábiles y poderosos ministros de su padre a los que deseaba posponer en aras de un favorito propio que se lo debiera todo a él viéndose así forzado a la lealtad y el agradecimiento. Maria Luisa, como es sabido, aprovechó para encumbrar a un joven guardia de corps del que se había enamorado: Manuel de Godoy, dieciseis años más joven que ella. En 1792, con apenas 25 años, el afortunado favorito alcanzó el puesto de ministro universal, equivalente al de primer ministro, que, con diversas incidencias, mantuvó, acumulando siempre nuevos poderes y honores, hasta el motín de Aranjuez de 1808.

Los amoríos entre la reina y el favorito eran públicamente conocidos y hasta se decía que el infante Francisco de Paula, nacido en 1794, era hijo de Godoy. Actualmente hay historiadores que tratan de negar este extremo pero basta mirar sendos retratos del Príncipe de la Paz y del infante para corroborar el bochornoso parecido entre ambos.

Con el tiempo el infante Francisco de Paula se haría famoso, además de por su posible filiación, por ser involuntario protagonista de la sublevación del 2 de mayo en 1808 cuando el pueblo de Madrid se alzó en armas para evitar su traslado a Bayona, en 1815 trató de buscarse un destino en América, gracias a su pertenencia a la masonería (lo que de facto constituía una traición a España ya que los masones en esa época eran peones de los intereses ingleses y además, enemigos de sus hermanos Fernando y Carlos) negociando con los rebeldes rioplatenses un posible reino con capital en Buenos Aires. Más tarde, de acuerdo con su tendencia liberal, apoyaría a Isabel II contra las reclamaciones de Don Carlos y su primogénito, Francisco de Asís, acabaría contrayendo matrimonio con la reina, lo que generaría algún otro sabroso chisme.

Aparte de la comidilla cotidiana que suponían las relaciones adúlteras entre Godoy y la reina y el consentimiento o la ceguera de Carlos IV, Godoy generó otros escándalos, especialmente tras contraer matrimonio con la condesa de Chinchón, hija del infante Don Luis. Sabemos que ello significó la rehabilitación pública de toda la familia del ya difunto ex-cardenal lo que no dio poco que hablar. Pero sucedió que, a pesar de que doña Teresa de Borbón y Vallábriga,  era una mujer aceptablemente atractiva, el matrimonio era de conveniencia y, a partir de 1800, Godoy tuvo otra amante fija, aparte de la reina: Pepita Tudó, a la que se llevó a su casa conviviendo ambas, esposa y amante, juntas. Existe un escandalizado comentario en el diario de Jovellanos en que, invitado a comer en casa del favorito, cuenta como Teresa y Pepita se sentaban a la mesa una a la derecha y otra a la izquierda de Godoy. Ambas le dieron hijos, Teresa una hija, Luisa Carlota, que acabó casada con un italiano apellidado Rúspoli. Pepita dos hijos varones.

Teresa aprovechó la caida de Godoy en 1808 para abandonarle y marchar a Toledo con su hermano, arzobispo de dicha ciudad. Al acabar la guerra de la independencia, Fernando VII, les confinó a ambos allí hasta que muerto él en 1823, ella se exilió a Paris con su otra hermana. Murió en 1828. La reina Maria Luisa, a la que Godoy había seguido a Roma, murió en 1819 y él acabó contrayendo matrimonio con Pepita Tudó quien, con la excusa de defender sus intereses en España, le dejó en Paris, donde se habían instalado, y marchó a Madrid donde se quedó hasta el final de sus días.

Fernando VII, hijo de Carlos IV y Maria Luisa de Parma, creció conociendo las públicas relaciones de su madre con Godoy y odiándolos a ambos, y a su padre, por consentidor. Todo ello le llevó a encabezar el motín de Aranjuez de 1808, que derribó al favorito, a marchar a Bayona para negociar con Napoleón, lo que de facto causó la invasión francesa y a no dejar de perseguir a Godoy durante lo que le restaba de vida. Cuando regresó a España en 1814 mantuvo el exilio de sus padres en Roma hasta que murieron en 1818 y 1819 respectivamente y mantuvo la confiscación de todos los bienes, títulos y honores del antiguo favorito.

Según queda consignado en las crónicas, Fernando VII se distinguía por disponer de un miembro viril de dimensiones desproporcionadas. Era tan grande y tan grueso que, cuando iba a realizar el acto sexual, un servidor debía colocarle una almohadilla para que no resultase doloroso ni dañase los genitales de su consorte. Aunque tardó en encontrarle utilidad. Contrajo matrimonio en 1802, a los 18 años, con su prima Maria Antonia de Borbón-Dos Sicilias, hija de Fernando I de las Dos Sicilias, el hijo que Carlos III había dejado reinando en Italia al volver a España como rey. Y sabemos, por las cartas que ella le enviaba a sus padres, que el entonces Príncipe de Asturias, que le resultaba muy aburrido y antipático, la visitaba por las tardes en su habitación, se sentaba sin hablar, y la miraba sin saber muy bien qué hacer. Con el tiempo aprendió aunque no fue hasta su regreso de la prisión en Valençay, allá por 1814, que se aficionó sobremanera a las prostitutas frecuentando a las de Madrid indistintamente de su categoría, igual le conocieron las cortesanas de alta como las de más baja estofa.

Sin embargo consta también que durante todo su encierro en Valençay ni su hermano Carlos ni él recibieron visitas femeninas a pesar de que los oficiales franceses se las ofrecieron discretamente. Prefirieron pasar aquellos seis años (1808-1814) bordando primorosos tapetes.

Fernando VII casó cuatro veces. La primera, lo hemos visto, en 1802, enviudando en 1806. Volvió  a casarse con Isabel de Braganza, princesa de Portugal  e hija de su hermana Carlota Joaquina, en 1816 enviudando de nuevo en 1818 cuando ella y su hija neonata murieron en el transcurso de una cesárea mal realizada. Una tercera boda, en 1819, con una princesa alemana, nieta por vía materna del rey de las Dos Sicilias, iba a poner en ridículo al rey. La novia, María Josefa de Sajonia, que tenía 16 años y acababa de salir de un convento, se negó a mantener relaciones sexuales con su marido. Decía que era viejo, gordo, antipático y que olía mal...tuvo que intervenir el papa para que la muchacha aceptase cumplir con sus deberes, puede imaginarse el recochineo internacional subsiguiente. La de Sajonia murió en 1829 sin lograr dar un heredero al rey que tuvo que casarse por cuarta vez con una sobrina suya de la casa de las Dos Sicilias, María Cristina con quien, por fin, tuvo dos hijas, la primera de las cuales sería Isabel II.

Fernando VII murió el 29 de septiembre de 1833 y su viuda, y regente de España en un momento en el que el infante Don Carlos reclamaba el trono y estaba a punto de comenzar la primera guerra carlista, contrajo matrimonio con un alabardero de la guardia real, Agustín Muñoz Sánchez, el 28 de diciembre de ese mismo 1833. Tuvo ocho hijos con él.

Fue precisamente el duque de Riánsares, título que el tal Muñoz recibió al contraer matrimonio con la reina regente (un matrimonio que se matuvo en secreto varios años) quien descubrió las posibilidades de corrupción y enriquecimiento que el nuevo régimen liberal otorgaba a la corona y sus allegados. Él, concretamente, hizo una fortuna con el negocio de los ferrocarriles. Los gobiernos otorgaban las licencias y aprobaban los planes y como los gobiernos, a pesar de las cortes, subían y caían merced a las maniobras de la reina regente, el hecho era que todas las licencias acababan beneficiando al duque de Riánsares lo cual tuvo efectos duraderos en la economía española. Solo un ejemplo: el carbón andaluz era más barato de extraer y de mejor calidad que el asturiano, y dejaba mayor beneficio debido a su cercanía a Gibraltar, pero los gobiernos liberales promocionaron el asturiano porque el duque de Riánsares tenía socios con concesiones para explotarlo y espectativa de negocio en la creación de ferrocarriles que lo transportasen a Gijon y al interior. Todavía hoy el estado sigue subvencionando las minas de Asturias.

Puesto que María Cristina de Borbón- Dos Sicilias se encontró con la oposición de Don Carlos a que su hija Isabel II subiese al trono, y el interés por los negocios de su segundo marido, se inclinó por los liberales estableciendo un régimen de dichas características. Tal circunstancia limitaba mucho las opciones de matrimonio de su hija que acabó casándose con su primo el duque de Cádiz, hijo del infante Francisco de Paula, el supuesto hijo de Godoy. Pero que nadie se alarme, parece que ni una sola gota de la sangre de Godoy corre por las venas de Juan Carlos I. Al duque de Cádiz quienes le conocían bien le apodaban Doña Paquita y decían que mantenía un apasionado romance con Doña Rosita la Pastelera, esto es: el poeta, dramaturgo y destacado ministro liberal Martínez de la Rosa. Es más: el duque de Cádiz se veía forzado a orinar sentado a causa de una malformación de sus órganos genitales que le incapacitaban para la procreación. Casi con toda seguridad Alfonso XII no era hijo suyo y se hablaba de algún que otro militar de buena planta y allegado a la reina Isabel II.

Pero cese aquí. Ya seguiremos cotilleando otro día.

NOTA.- la foto es de P.Medina.

 

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13/02/2010 23:34 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

ROSAMUNDA, OTRO CULEBRÓN DEL SIGLO VI

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Rosamunda era hija del rey gépido Cunimundo y en 565 ignoraba todavía el trágico y novelesco destino que la aguardaba.

Cuando los godos se trasladaron desde el Vístula a la llanura esteparia contigua al Mar Negro, arrastratron consigo numerosos contingentes de etnias diversas y empezaron a relacionarse con el entorno, geográfico y político, que representaba su nueva realidad de modos diversos que el establecimiento de la dinastía de los Amalos a mediados del siglo III y la consecución de su hegemonía política, cristalizada a mediados del siglo IV por el enorme imperio del rey Hermanarico, acabaría cohesionando y homogeneizando hasta cierto punto.

Una de las principales consecuencias del nuevo asentamiento fue que los godos asumieron el modo de vida de los pueblos que encontraron en su nuevo territorio, especialemente los sármatas que en ese periodo estaban experimentado un profundo cambio social y militar que afectaría sobremanera a los propios godos en su adaptación a la estepa.

Los sármatas habían heredado de sus antecesores en la zona, los escitas, un modo de vida nómada propio de los pueblos de las estepas y basado en la caballería ligera. Ello implicaba que las clases altas solo podían distinguirse del resto por el uso de joyas y sus posesiones en ganado así como por la presunción genealógica de modo que en la práctica existía un mayor igualitarismo que implicaba una mayor libertad de los individuos y una menor capacidad de control social y económico de las élites. Además, el escaso precio del equipo militar (en la estepa el caballo era un bien común) hacía que ricos y pobres tuvieran similar importancia militar. Incluso las mujeres, herederas de un estatus social superior procedente de regímenes agrarios, podían participar, y de hecho participaban, en las tareas militares dando origen al mito de las amazonas. Eso empezó a cambiar en el siglo III con el establecimiento del imperio parto que basaba su poder militar en una fuerte caballería pesada que recibía tierras estatales para mantener su equipo al estilo del posterior feudalismo europeo. También los romanos, en eterna guerra con los persas, adoptaron enseguida la innovación técnica que representaban los cataphractari y de este modo se convirtió en la forma moderna y más efectiva de hacer la guerra. Un pequeño grupo de jinetes acorazados que actuasen conjuntamente y bien coordinados podían derrotar facilmente a un número mucho mayor de jinetes ligeros. Tal circunstancia hizo que los nómadas de las estepas adoptaran también rápidamente el modelo de caballería pesada que tuvo, además, profundas consecuencias sociales y políticas en sus sociedades. En primer lugar apartó a las mujeres de la guerra ya que el peso del equipo era excesivo para ellas de tal modo que los restos de prestigio social y político que guardaban de la época previa se difuminó rápidamente permitiendo un mayor asentamiento del poder detentado por los grupos netamente guerreros masculinos al modo de lo que sucedía en el cercano mundo germánico. En segundo, el precio del nuevo equipo permitió marcar estrictas diferencias sociales entre quienes podían costeárselo y los que no de modo que el antiguo igualitarismo dejó paso al establecimiento de una nobleza que se distinguía por su riqueza y por su eficacia militar lo que le permitía reivindicar el protagonísmo político.

Los godos llegaron a las estepas en el momento en que se estaba produciendo este cambio social y militar y lo encararon de diversos modos. Aquellos que darían origen a ostrogodos y visigodos adoptaron el modelo de caballería ligera. Un pequeño grupo, los que llegarían a convertirse en los gépidos, el de la caballería pesada.

La diferencia entre los sármatas y los godos es que los primeros, salvo en casos puntuales y periféricos (el de los alanos asentados más allá del Don), no fueron capaces de establecer reinos centralizados mientras que los segundos, que habían copiado el modelo político de los marcómanos en cuyo complejo entramado estatal llegaron a integrarse en algún momento del siglo I, tenían perfectamente asimilada la idea de monarquía y la centralización de fuerzas y recursos que esta suponía.  De hecho fue la monarquía y su enorme enriquecimiento con las razzias piráticas del siglo III la que dio a los godos, y especialmente al conglomerado de estados y étnias que dominaban los Amalos, la supremacía en las estepas de Ucrania y el sur de Rusia.

 Insospechadamente alcanzó el poder un estado basado en la caballería ligera y ello convirtió a los gépidos, incorporados al imperio de los Amalos en el siglo III o comienzos del IV, en una figura exótica digna de la rechifla de sus primos godos que se burlaban de ellos por su escasa movilidad. Corrió el chiste de que los gépidos siempre llegaban tarde a los sitios y semejante chiste se trasladó incluso a los mitos fundacionales del pueblo gótico. Por Jordanes sabemos que la leyenda decía que los godos venían de Escania y que llegaron al Vístula en tres barcos. Los dos primeros tripulados por ostrogodos y visigodos, el último por los gepidos, que llegaron tarde, como siempre. Se trata de una evolución tardía de la leyenda fundacional aparecida probablemente en las postrimerías del siglo V cuando se dibujaron definitivamente estos tres grupos. Y, es ocioso decirlo, carece por completo de validez histórica. Todos los pueblos germánicos, o la mayoría de ellos, tienen una similar leyenda fundacional que les hace proceder del otro lado del mar, de una isla fantástica, la llamada Escania. Eso hizo que durante siglos se creyera que todos estos pueblos procedían de Escandinavia y recordaban su llegada al continente mediante el cruce del Báltico. Es falso. El mito de atravesar el mar para comenzar a existir como pueblo alude más bien a un origen primigenio. Para estos pueblos, como para los celtas, el mar representa la frontera con el más allá y atravesarlo representa morir o nacer según en la dirección en que se transite. Pero a finales del siglo V ostrogodos, visigodos y gépidos eran ya arrianos y hacía mucho que se había perdido el significado primigenio de sus mitos fundacionales y esto es más cierto en Jordanes, godo y obispo católico en cuyos escritos percibimos una decidida voluntad de derribar creencias heredadas del todavía cercano pasado pagano.

Sea como fuere, tras la destrucción del reino de los Amalos en 375, los gépidos quedaron durante ochenta años bajo el dominio de los hunos y no les fue mal. En 451 nos encontramos a Ardarico, rey de los gépidos, dirigiendo todo un ala del ejército de Atila en los Campos Catalaúnicos y, poco después, en 454, durante las disensiones sucesorias entre los hijos del gran rey huno, el propio Ardarico dirigirá una revuelta de los gépidos que derrotará a los hunos en la batalla del Nedao.

Después de eso los hunos fueron expulsados por los gépidos de sus tierras en Panonia y Arderico logró establecer allí un reino independiente tras pactar con los romanos la liberación de los ciudadanos de esa nacionalidad esclavizados por los hunos y, especialmente, de los habitantes de Aquilea que volverían a Italia para fundar Venecia.

El reino y la dinastía establecida por Ardarico duraron poco más de un siglo llegando hasta el ya citado Cunimundo que sería el último rey de este pueblo.

 Curiosamente, el destino del reino de los gépidos iba a gestarse muy lejos del Danubio, en las fronteras del imperio chino. Los chinos, en su afán por extender las fronteras de su dominio hasta las tierras improductivas de la estepa, pasaron gran parte de su historia en pugna con las grandes confederaciones tribales que se conformaban en dichas fronteras. Allí, siempre en conflicto con China cuyo centro político y económico se encontraba mucho más al interior que actualmente y en perfecta realción con la ruta de la seda y los contactos comerciales con Persia, India y Roma, los imperios se construían y destruían dejando a su paso una estela de refugiados obligados a emigrar. Los Yuan-yuan sucedieron a los hunos y fueron a su vez aniquilados por un imperio naciente: el de los turcos celestiales, a mediados del siglo VI.

Obligadas a huir de sus triunfantes enemigos algunas de las tribus que habían formado parte de la oligarquía yuan-yuan, marcharon hacia occidente agrupándose bajo el nombre de ávaros. En su avance englobaron numerosos grupos menores que se acogieron a su denominación, incluyendo a gran número de búlgaros, de protohúngaros y otras poblaciones ugro-finesas, restos de grupos alanos y de antiguos integrantes del conglomerado de los hunos y se presentaron en el Danubio presionando sobre el imperio bizantino.

Su presencia puso también en jaque al reino gépido que, en buenas relaciones con Constantinopla, había llevado una existencia estable y próspera desde la destrucción del imperio de Atila en 454. Pero, precisamente esa fidelidad a Bizancio iba a convertirle en incomodísimo enemigo de los ávaros. Establecidos estos en el curso bajo del Danubio y enfrentados a la superviviente Roma oriental, tener en el curso medio un reino aliado de Constantinopla les suponía una amenaza enorme. Por ese motivo, apenas se asentaron, los ávaros buscaron el modo de destruir el reino gépido y encontraron el instrumento perfecto en un pueblo hasta entonces menor, sin excesivo protagonismo histórico y en la práctica satélite del poderoso reino gépido: los longobardos.

 Estos eran a la vez un pueblo antiguo y primitivo. Según el Origen del Pueblo Longobardo escrito por Pablo Diácono, su origen se encontraba en Escania, al otro lado del mar desde donde llegaron a la desembocadura del Elba. Ya sabemos que este era un mitema común a todos los pueblos germánicos que los propios longobardos debieron adoptar tardíamente, quizá una vez asentados ya en Italia y como medio de asimilación con antecesores más prestigiosos como los ostrogodos.Conocemos, sin embargo, otra versión de su origen más acorde con la realidad histórica, la del Códex Gothanum. Según esta fuente los longobardos vivían primitivamente en las orillas del río Vindelico en la frontera de las Galias en un periodo anterior a la odinización religiosa y social, incluso a su germanización, cuando se denominaban winnili. Hay que explicar a este respecto que los conceptos "celta" y "germano" fueron en muchos casos, por no decir en todos, fruto de modas culturales que abarcaron a pueblos concomitantes y a menudo emparentados pero no necesariamente con orígenes y composiciones comunes. Conocemos datos históricos de pueblos celtas germanizados con el paso del tiempo tales como los lugios que acabaron conformando parte del conglomerado vándalo o los boios que devinieron bávaros. El propio celtismo fue producto de un cambio político y económico en la última edad del bronce que se extendió durante la del hierro celtizando grupos diversos. Lo mismo sucedió con la germanización y los longobardos son un excelente ejemplo de ello.

Ignoramos cuales fueron los factores determinantes de su emigración, pero podemos intuir que estuvo relacionada o bien con las incursiones de Ariovisto o, más probablemente, con la invasión romana. Sea como fuere, el siglo I de la era los encuentra establecidos ya en la desembocadura del Elba donde se verán afectados por los intentos romanos de desplazar su frontera desde el Rin a ese río. Sabemos que no lo consiguieron, pero sus intentos atomizaron los pueblos preexistentes transformando su ideología previa hasta convertirlos en sociedades jerárquicas basadas en principados erigidos sobre clientelas guerreras y con una ética agonística relacionada con el culto a Odín-Wotan.

El odinismo, como religión e ideología, surgió entre las tribus que habitaban el interfluvio Rin-Elba durante el siglo I y en relación directa con las sangrientas y constantes guerras desarolladas contra Roma a veces por brillantes caudillos como Arminio que portaba un nombre teóforo originario de un dios anterior, Thyr, que pasaría en breve a aplicarse a Odin con un evidente cambio de sentido espiritual e ideológico.

 Los longobardos conservaban vivo en sus tradiciones el recuerdo de su odinización y lo vinculaban directamente con un periodo de guerra.

Sus leyendas recordaban perfectamente un periodo anterior en el que les gobernaba una reina, Gambara, es decir, una época de ideología agraria y religión relacionada con entidades femeninas de la fecundidad, la propia Gambara se nos presenta como sacerdotisa de la diosa Freya. Las circunstancias hicieron cambiar esa ideología. La leyenda nos habla ya de que Gambara fue sucedida por dos hijos: Ybar y Aio que se vieron obligados a pelear contra los vándalos que tenían como deidad superior a Wotan. La tradición decía que siendo los vándalos más numerosos y más apreciados por el dios de la guerra en cuanto a guerreros probados, la diosa Freya aconsejó a los hijos de Gambara que pusiesen barbas a sus mujeres de modo que hiciesen bulto y, de paso, fingiesen ser un ejército de aguerridos varones. Eso llamó la atención de Wotan que les dio la victoria sobre los vándalos quedando de este modo como dios principal de los longobardos, nombrados así por las "largas barbas" de sus "guerreros" en aquella batalla que venían a imitar la probervial del propio Wotan.

Ya en el siglo I los longobardos se habían odinizado y entrado a formar parte del entramado de pueblos germánicos como demuestra que estuviesen sometidos al reino de Marbod y que más tarde ayudasen al nieto de Arminio a recuperar su trono. Dejaron más tarde el Elba y trataron de asentarse sin éxito dentro del territorio romano. Los siglos siguientes, dada su escasa entidad numérica, vivieron azarosamente pasando de una integración parcial en el entramado de tribus suevas a caer bajo el dominio de los emergentes sajones contra los que se sublevaron bajo el mando de su rey Agelmundo. Durante el siglo IV conservaron precariamente su independencia hasta caer bajo dominio huno en el V. Acabado el imperio de Atila recuperaron su independencia y su monarquía pero como simples satélites de estados más poderosos como los gépidos y, sobre todo, los ostrogodos establecidos en Italia.

Fueron precisamente las guerras de los bizantinos contra los ostrogodos las que permitieron a los longobardos prosperar económica y políticamente. Necesitados de tropas facilmente transportables a Italia, los bizantinos recurrieron a la monarquía longobarda, establecia aproximadamente entre las actuales Austria, Chequia y Baviera. Muchos nobles longobardos se enriquecieron luchando en Italia primero y en Asia Menor después con sus clientelas armadas bajo generales bizantinos. De pronto estar en buenas relaciones con el rey de los longobardos se convirtió en una buena baza para prosperar y fue así como a partir del 550 muchos nobles de pueblos circunvecinos (jutos, suevos, sajones...) fueron amalgamándose en torno a la monarquía longobarda aumentando su poder. Tres lustros después, con los ostrogodos aniquilados y los bizantinos ocupados en sus sempiternas guerras con los persas y presionados por los ávaros y los eslavos en el Danubio, se presentó ante los longobardos la oportunidad de conquistar las tierras de Italia mucho más ricas y codiciadas que las que poseían en ese momento. Solo tenían un problema: el reino de los gépidos, aliado de los bizantinos.

Lo solucionaron facilmente: se aliaron con los ávaros recién llegados y atacaron a los gépidos por dos frentes distintos. La guerra fue corta y terminó cuando Cunimundo, el rey de los gépidos, murió en combate el año 567.

Y precisamente ahí, comienza la historia de su hija, Rosamunda.

 Alboino, el rey de los longobardos, que al núcleo original de su pueblo había unido contingentes apreciables de otros vecinos (sajones, jutos, turingios, warnos, suevos, hérulos, rugios...) y recibido de los ávaros otros no menos importantes de búlgaros (que acabarían constituyendo su propio kanato en torno a Cantalupo) y eslavos, necesitaba contar también con los gépidos. En parte para aumentar aún más las filas de su ejército pero, sobre todo, para evitar que eligieran un nuevo rey y reiniciasen la lucha. Por este motivo contrajo matrimonio con Rosamunda, hija del difunto Cunimundo, convirtiéndose por ese medio en rey de los gépidos.

Reunido un gran contingente militar y solucionado el problema político-dinástico con los derrotados gépidos, en la primavera del 568, Alboino partió del lago Balaton con toda su gente. Un año después había conquistado ya Milán y se encontraba asediando Pavía. Esta ciudad resistió el cerco longobardo durante tres años, hasta 572. Una vez conquistada Alboino pudo considerar finalizada su campaña y controlado todo el valle del Po. Procedió entonces a agradecérselo a los dioses y, en especial, a Wotan. Los longobardos eran todavía paganos en esa época. Parte de la ceremonia consistió en que el rey y la reina bebieran de un recipiente sagrado: el cráneo del rey Cunimundo convertido en copa ceremonial. Se trataba de una costumbre de origen céltico muy antigua, ya Tito Livio  nos cuenta hablando sobre los boios del norte de Italia en 216 a.n.e.: "Los caudillos de los boios llevan en triunfo al templo que entre ellos es el más venerable los despojos del cuerpo y la cabeza cortada. Luego de que, como tienen por costumbre, han limpiado cuidadosamente la cabeza adornan el cráneo con oro y la utilizan como vaso sagrado con el que hacen las libaciones en sus solemnidades así como de copa para los sacerdotes y encargados del templo." Y no de otro modo procedieron por esas fechas con el cadaver del cónsul Póstumo Albino cuyo cráneo fue convertido en copa sagrada. Casi ochocientos años más tarde los longobardos conservaban idéntica costumbre y en este caso la cabeza utilizada como copa fue la del rey Cunimundo. Cosa que, como podemos comprender, ni le hizo demasiada gracia a su hija Rosamunda ni iba a perdonar con facilidad.

Fue a partir de ese instante, de esa ceremonia que para ella debió resultar terrible por dos motivos: su educación como arriana y su relación filial con el difunto convertido en reliquia, cuando Rosamunda se lanzó a conspirar abiertamente contra su forzado marido. Contaba para sus manejos con los gépidos que la seguían desde el antiguo asentamiento y una facción de los longobardos aglutinada en torno a Helmiquio, que se había convertido en su amante. De este modo, antes de que acabara el año 572, el de la rendición de Pavía, Helmiquio y un destacado guerrero gépido, Peredeo, asesinaron a Alboino mientras  dormía la siesta.

El complot incluía la coronación de Helmiquio como nuevo rey de los longobardos que legitimaría su posición casándose a su vez con Rosamunda, transmisora ahora no solo de la legitimidad monárquica gépida también de la longobarda. Pero Alboino era un jefe querido por sus triunfos y la mayor parte de los longobardos, apoyados por los ávaros, no aceptaron la coronación de Helmiquio a quien apoyaban los bizantinos y este, junto con Rosamunda y su séquito encabezado por Peredeo, se vieron forzados a huir a Rávena, capital del exarcado bizantino de Italia. Se llevaron con ellos a Alspvinda, la única hija de Alboino, tenida en un matrimonio anterior con una princesa merovingia, y el tesoro real, que representaba la legitimidad y la personalidad misma del pueblo. Los longobardos tardaron diez años en poder elegir un rey común después de semejante golpe.

A los golpistas tampoco les fue demasiado bien.

Una vez en Rávena, Helmiquio y Rosamunda contrajeron matrimonio pero ella se enamoró del exarca bizantino, Flavio Longino, y quiso enviudar para poder vivir libremente su amor. Para conseguirlo optó por la vía rápida: envenenar a su ya incómodo marido. Cierto día le "especió " el vino que bebía. Helmiquio, trasegada media copa, comprendió lo que sucedía y obligó a su esposa a beber el resto. Murieron los dos.

Flavio Longino, que ni por las armas ni por la traición había logrado evitar la invasión longobarda, fue destituido de su cargo en 573.

Peredeo fue trasladado a Constantinopla donde se distinguió ante el emperador y se convirtió en un personaje famoso, popular incluso, matando un león en el circo. Su popularidad le pareció peligrosa al emperador Justino II que le mandó cegar no fuera a utilizarla en contra de la politica bizantina en la propia Constantinopla o en Italia. Peredeo, ya ciego, se acercó al palacio imperial rogando hablar con el emperador sobre importantes asuntos italianos. Justino no se atrevió a recibirle, en su lugar le envió dos patricios que el gépido, aun sin ver, asesinó a puñaladas. Después de eso fue ejecutado.

Así concluyó la historia de los gépidos y se vio gravemente alterada la de los longobardos y esta es la novelesca vida de la última princesa gépida.

NOTA.- la fotografía es de Sebastiá Giralt

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12/12/2009 18:02 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

EL ÚLTIMO DÍA DE CANCHO ROANO

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El palacio-santuario de Cancho Roano, sito en la extremeña localidad de Zalamea de la Serena, fue descubierto por Maluquer en 1978. Se trata de una estructura de planta cuadrada de 25 metros de lado situada sobre un alcor en medio de una dehesa, orientada al este y con un edificio central de 4 metros de altura construido con ladrillos de adobe y en forma de U cuyos brazos rodean un patio central delantero en el que se excavó un profundo pozo. El patio estaba flanqueado por dos altas torres con misión a la vez defensiva y monumental dando acceso a un pasillo superior transversal que daba acceso a la zona residencial y a los almacenes.

El conjunto disponía de una amplia terraza, de almacenes con ánforas que contuvieron vino y aceite y parece que dispuso al menos de un pequeño conjunto estatuario en bronce.

Desde 1978 hasta nuestros días se han ido encontrando en el entorno de Cancho Roano otros edificios similares propios de la colonización tartesia hacia el Guadiana cuyo vértice norte podría encontrarse muy bien en el cerro de Medellín (donde actualmente se encuentra el castillo) que controlaba el cruce del río y disponía a sus pies de un activo barrio comercial.

Las excavaciones arqueológicas que comenzó el propio Maluquer y que se han extendido hasta hace pocos años nos han permitido conocer el devenir de este espectacular edificio y de su entorno deparándonos la sorpresa de conocer sus últimos y dramáticos momentos. Historia que merece una mayor divulgación de cara al público de la que tendría manteniéndose en los libros especializados en arqueología tartésica. De ahí que le dediquemos estas pocas líneas en estas páginas.

Tartessos surgió como estado con la aparición de los fenicios en las costas de Cádiz y Huelva allá por el siglo X a.n.e. Para entonces esta zona estaba poco poblada y su desarrollo económico era secundario y marginal en relación con las tierras del interior en las que se desarrollaba una activa economía ganadera (que daría origen al mito de los bueyes de Gerión)  controlada por una serie de linajes principescos enriquecidos por el control de las tierras y los ganados y la práctica de la guerra que han dejado su impronta en las estelas de guerreros del suroeste. Parte del prestigio de estas oligarquías nobiliarias se amparaba en el uso de adornos de plata y oro procedentes de minas sitas en su territorio. Los primeros navegantes orientales (es probable que micénicos pero sobre todo chipriotas precedieran a los fenicios) dieron a conocer la riqueza en materias primas de la zona y ya entre el 1000 y el 900 a.n.e. se establecieron en Cádiz para poner en explotación industrial las hasta entonces artesanales minas de lo que sería Tartesos.

Tal proyecto, extraordinariamente lucrativo tanto para los intermediarios fenicios como para los príncipes ganaderos del interior, exigió una transformación radical del universo económico, político y social de aquel territorio. Era preciso concentrar mano de obra en las minas y alimentarla así como proveer a las necesidades materiales de los navegantes. Las oportunidades económicas abiertas por las minas en explotación intensiva atrajeron a una enorme cantidad de población diversa, llegada en parte incluso de la meseta central, que quedaría en dependencia política de los nobles tartesios que pospondrían sin eliminarla la producción ganadera para roturar y hacer producir extensas zonas agrícolas donde también se fijaría una densa masa humana, en ocasiones llegada desde el otro lado del Mediterráneo, en dependencia de esas mismas oligarquías catapultadas ahora a la condición de acaudalada y poderosa clase nobiliaria jerarquizada en torno a una incipiente monarquía.

 El modelo político adoptado para organizar y dar sentido a la nueva entidad que estaba formándose rápidamente en el bajo Guadalquivir con ramificaciones hacia Huelva y Sierra Morena fue el fenicio basado en un sistema dinástico sacralizado por un templo que inventaba e imponía nuevas tradiciones religiosas y reinterpretaba los mitos preexistentes en beneficio del poder estatuido. Algo muy similar a lo que sucedió, también copiando el modelo fenicio, con el reino judío y el naciente templo de Jerusalén que, en su primera versión, sería contemporáneo del dedicado en Cádiz a Melkart.

El experimento resultó un éxito y Tartesos se asentó llegando a convertirse en un estado fuerte y rico que a lo largo del siglo VI a.n.e. incluso buscó deshacerse de la tutela fenicia buscando la alianza de los comerciantes griegos y enfrentándose militarmente a la colonia de Cádiz que, finalmente, acabó venciendo y destruyendo el antiguo estado disgregado a partir de entonces en una serie de principados locales basados en ciudades estado que iría evolucionando hacia los posteriores pueblos históricos de túrdulos y turdetanos cuyo influjo desencadenaría en el litoral mediterráneo el fenómeno ibérico deudor a la vez de los contactos de cada zona con los navegantes orientales y la influencia de las transformaciones del mundo tartésico después de la desintegración del estado.

Pero mucho antes de que esa desintegración se produjera, el pujante "imperio" tartésico alcanzó cotas de dinamismo comercial, político y demográfico que le llevaron hacia el interior de la península extendiéndose, en el siglo VII a.n.e. hacia el Guadiana y el curso medio del Tajo. Fue esa la época en que los centros sacro-palaciales al estilo de Cancho Roano fueron extendiéndose a lo largo y ancho del sur de Extremadura. Los restos arqueológicos demuestran que se trató de un avance pacífico.

Desde antes de la creación del estado tartésico los linajes nobiliarios que acabarían conformándolo tenían en aquella zona importantes contactos e intereses, no debe descartarse incluso un estrecho contacto étnico y familiar. La expansión ulterior del modelo tartésico en gran medida no sería sino la exportación al interior de un modelo que estaba rindiendo importantes beneficios más al sur. Probablemente las oligarquías locales, emparentadas con las tartésicas, se incluirían en sus redes clientelares pasando a integrarse como principados autónomos dentro de la federación estatal organizada bajo la monarquía unitaria que generó el estado y adoptarían un modelo político y económico que las enriquecería con el comercio y la diversificación de sus recursos y las fortalecería con la evolución desde la jefatura tribal al principado territorial con refrendo divino.

El proceso se aprecia muy bien en Cancho Roano donde existía un pequeño santuario, apenas una cabaña, anterior a la influencia tartésica sobre la que se construyó el primer edificio en el siglo VII a.n.e (Cancho Roano C) produciéndose de este modo el cambio ideológico, político y social en pleno tránsito de la nobleza local hacia la instauración de un principado territorial integrado en el "imperio" tartésico. A lo largo de los ciento cincuenta años en que perduararía el nuevo santuario se reconstruiría otras dos veces (Cancho Roano B y A) cada vez con más lujo y magnificencia y siempre en consonancia con los cambios rituales que podemos encontrar en el Valle del Guadalquivir.

Con el tiempo, cuando los fenicios destruyeron la unidad de tartesos, el principado nucleado en torno a Cancho Roano, como los del valle del Guadalquivir y otros periféricos, se independizaría alcanzando su mayor grado de enriquecimiento y desarrollo. Durante un siglo más el modelo funcionaría y perpetuaría el estado de prosperidad y paz que había traido a la zona. Luego, en torno al 400 a.n.e., todo cambiaría.

En esa fecha los centros postartésicos del entorno del Guadiana fueron abandonados y muchos incendiados. De pronto las armas, hasta entonces desconocidas, se tornan omnipresentes en todos los registros arqueológicos y la población, antes albergada plácidamente en establecimientos del llano carentes de innecesarias murallas, se arrisca a partir de esa fecha en alturas y farallones protegiéndose con murallas. Han nacido los oppidum que conocerán los romanos.

No podemos definir exactamente lo sucedido pero todo habla en favor de una irrupción de gentes del norte, procedentes con casi toda seguridad de la meseta, que arrasarían los pacíficos principados postartésicos dando origen a los pueblos que conocerían los romanos, especialmente los lusitanos y los celtíberos de la Beturia. Casi con toda seguridad, y guiándonos por lo que suele ser habitual en la historia, hablar de invasión sería erróneo. Los estados más evolucionados suelen remediar sus necesidades de mano de obra, especialmente  la menos cualificada, recurriendo al aporte exógeno de pueblos más pobres y menos evolucionados. Cabe pensar que los príncipes postartésicos del Guadiana, como harían luego los turdetanos en época histórica, recurrirían a bandas de guerreros del norte como mercenarios y que estos grupos, una vez asentados, y como suele suceder, acabarían derrocando a la decadente oligarquía propietaria de la tierra y estableciendo sus propios estados. El paso definitivo en ese cambio político sería la aniquilación de los centros políticos y de legitimación dinástica y religiosa representados por los palacios-santuarios como Cancho Roano.

Centros que en gran medida habían dejado de tener sentido con el cambio de las redes comerciales acaecido en la península a causa de hechos sucedidos al otro lado del Mediterráneo. La conquista por el imperio asirio de la costa fenicia quebró el comercio previamente existente entre ambas orillas sumiendo a las colonias fenicias occidentales en un largo periodo de crisis al final del cual emergería Cartago como gran potencia económica, militar y política. Pero durante ese tránsito, que duró más de una centuria, las antiguas estructuras comerciales se vinieron abajo llevando a los complejos sacro-palaciegos del interior a una quiebra económica que precipitaría a la larga su desaparición. Los tiempos habían cambiado e iban a arrastrarlos con ellos.

Una vez perdida su utilidad económica, el prestigio político y religioso de los poderes que lo controlaban quedaría en entredicho permitiendo a las aristocracias guerreras conformadas por los mercenarios meseteños dar el golpe de gracia a la aristocracia postartésica y comenzar una realidad política y económica nueva que siglo y medio después encontrarían los romanos. De hecho, esta sustitución de élites explicaría el panorama social lusitano que se encontraron los romanos al llegar a la península. Un panorama en el que unos pocos terratenientes acaparaban la posesión de la tierra situándose sobre una masa de campesinos desheredados dentro de un marco en el que se mantenían los viejos contactos con el valle del Guadalquivir y la ancestral cultura ganadera junto con las innovaciones agrícolas introducidas por el nuevo sistema tartesio en el siglo VII a.n.e. y la exaltación guerrera de ética agonística de las nuevas élites en guerra constante por ampliar dominios previamente fragmentados con la descomposición del sistema postartésico a finales del siglo V a.n.e.

 El fin de los centros postartésicos del Guadiana no fue rápido, se prolongó a lo largo de algunas décadas en las que los registros arqueológicos dejan constancia de la progresiva restricción de la llegada de materiales de lujo, especialmente los de origen griego tan importantes en el ritual de los centros sacro-palaciegos. Estos materiales, especialmente cerámicas áticas, llegaban a la costa gaditana en naves fenicias y el colapso comercial causado por la caída de Tiro en manos de los asirios no dejó de afectar a los circuitos comerciales empobreciendo los aportes de objetos importados en el interior y fomentando con ello una cascada de destrucciones y abandonos en los que los centros más estratégicos, como Medellín, se colapsarían antes que los más periféricos, caso este último de Cancho Roano, que fue de los últimos en sucumbir debido a su relativo aislamiento, a 40 kilómetros del Guadiana y alejado de las principales rutas de comercio. De hecho Cancho Roano debió ser un centro secundario a pesar de su auge y monumentalidad. Ello le permitió contemplar el fin de un sistema  político y económico del que había formado parte desde la expansión tartesia hacia el norte.

 El sistema religioso establecido en estos palacios-santuario, más que popular era de legitimación dinástica y solidaridad aristocrática. La espiritualidad, sin excluir las obligaciones tributarias y de culto del pueblo, se concentraba en la glorificación de los valores aristocráticos y de su dominio, expresado precisamente en la ocupación y reorientación de un santuario previo de carácter más humilde y colectivo. El rito fundamental de ese estado de cosas, el que más glorificaba el dominio político, económico y religioso de la nobleza y establecía las jerarquías que las articulaban comenzando por la primacía dinástica del príncipe local era el simposio. La reunión de los aristócratas en el templo para celebrar banquetes rituales regados con vino, en la práctica todavía un producto elitista y a menudo de importación que se bebía en cerámicas de procedencia ática. Es decir: en una vajilla cara y de gran prestigio simbólico que ganaría en valor con la quiebra del comercio fenicio de tal modo que los objetos dejaron de renovarse y pasaron a conservarse como verdaderos tesoros. Cada noble debía presentarse en el banquete con su kilix (cáliz), copa para beber vino, pero, como demuestran posteriores enterramientos ibéricos, solo el dinasta local tenía derecho (o capacidad) para poseer la crátera ( o el caldero de bronce, según los sitios) donde ese vino se mezclaba, a la manera griega, con miel y con agua, lo que servía también simbólicamente para marcar la más importante jerarquía nobiliaria, la que definía al primero de los nobles con respecto a los demás y legitimaba tácitamente el estatus dinástico seguramente dentro de un marco que reuniría linaje y clientela.

Ese ritual del simposio definía al grupo aristocrático como tal y servía como reafirmación de su poder y sus valores. Un poder y unos valores que se estaban deteriorando muy rápidamente en la segunda mitad del siglo V a.n.e. Muchos otros centros similares del entorno de Cancho Roano fueron cayendo en esas décadas y el dominio de los grupos que venían dominando el territorio desde hacía dos siglos, se diluía por momentos. Esto debió de ser muy evidente para los nobles que habían hecho de este santuario su centro religioso. Cada vez les resultaría más difícil sostenerse...y, como seguramente ya esperaban desde hacía tiempo, llegó el final.

Cancho Roano no fue atacado y saqueado por un poder externo. Simplemente se clausuró, lo cerraron sus propios usuarios en una impresionante muestra a la vez de impotencia, serenidad y lucidez.

 Sencillamente había llegado el final y los nobles, con su último príncipe a la cabeza, se reunieron por última vez en el santuario para celebrar su postrer banquete. En este, que se celebró en la parte de atrás del patio sagrado, se consumió el vino que quedaba en las ánforas del almacén y se degustaron más de cincuenta animales (ovejas, cabras, ciervos, vacas, cerdos y, lo que resultaba una excepción: un caballo, la más valiosa posesión del noble y su mejor definición hasta tal punto que posiblemente este animal estaba asociado al culto como parece demostrar la existencia de una estatua equina de bronce dentro del santuario). Concluido el banquete, las sobras y la vajilla utilizada en el mismo se arrojaron al foso que circundaba el palacio-templo (donde los encontrarían 2400 años más tarde los arqueólogos) y se procedió a reunir todo el moviliario en el interior del edificio, donde se quemó. Posteriormente se cegaron las puertas y ventanas del templo y los descendientes de los linajes que llevaban dominando la comarca desde al menos el siglo VII a.n.e. simplemente abandonaron su antiguo centro sagrado esfumándose en la historia. Así fue el último día de Cancho Roano.

NOTA.-la foto es de Rafael Jimenez y representa una maqueta de Cancho Roano.

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21/11/2009 23:19 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

BRUNEGILDA, UN CULEBRÓN DEL SIGLO VI

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 El tránsito entre la antiguedad tardía y la plena edad media, en definitiva entre la agonía del imperio romano y el afianzamiento del carolingio, fue una época agitada, convulsa, llena de alternativas políticas, militares y hasta religiosas que resulta por ello profundamente apasionante aunque, por desgracia,  muy poco conocida para el gran público.

El resultado más evidente de aquellos siglos azarosos y terribles es su efecto sobre las biografías de quienes tuvieron que vivirlos. Pocas vidas hay de los siglos IV al VIII que no resulten apasionantes. Es cierto que solo conocemos un puñado, el de los grandes personajes que dejaron huella en las crónicas, pero basta esa relativamente pequeña muestra para situarnos ante un panorama susceptible de causar viva impresión en el lector moderno y de entusiasmarle con peripecias biográficas dignas de figurar entre las grandes aventuras y los mejores dramas que podamos evocar. Ese es el motivo por el cual en estas páginas dedicaremos un espacio a recordar algunas biografías de personajes destacados de aquellas épocas en la seguridad de que el moderno lector encontrará, además de un mundo que desconoce y que le entusiasmará, el placer profundo de las buenas historias. Y que nadie se equivoque, no se limitarán estas semblanzas a constituir un catálogo de batallas y egregios guerreros...las crónicas de esos siglos hablan también de grandes mujeres cuyas vidas nada tienen que envidiar en profundidad y emoción a las de sus coetáneos. Nos ocuparemos también, quizá sobre todo, de ellas.

De hecho vamos a iniciar esta serie con la vida de una mujer extraordinaria, arrojada por las circunstancias a un mundo hostil y despiadado en el que supo defenderse con valor y determinación a pesar de su derrota final. Nos referimos, claro está, a la dama que da título a este artículo: la reina Brunegilda.

 Después de la derrota en la batalla de Vouillé (507) el reino visigodo sufrió casi setenta años de profunda crisis. De la noche a la mañana perdió a manos de los francos (apoyados por bandas de fanáticos católicos encabezados por sus obispos que se echaron al campo en toda la Aquitania para perseguir y asesinar a los odiados godos arrianos) la práctica totalidad del territorio que poseían en las Galias incluida su capital, Toulouse. Tan solo pudieron hacerse fuertes en la Narbonense y eso en medio de una gran confusión y con la amenaza cierta de ser aniquilados por completo. Alarico II, el rey, murió en la batalla. Tenía un heredero legítimo, Amalarico, habido de una hija de Teodorico el Grande de los ostrogodos, era, pues, a la vez descendiente de los Baltos y de los Amalos, las dos grandes familias de la realeza goda, pero todavía un niño y el reino necesitaba un buen general al frente del ejército por eso, mientras un grupo de visigodos reconocía al niño como heredero, otro más numeroso, que contaba además con la legitimidad de controlar el tesoro real, optó por elegir como rey a Gesaleico, hijo ilegítimo del difunto rey, ya adulto. El asunto de la ilegitimidad en ese momento no revestía especial importancia, los usos morales y legales impuestos por el cristianismo todavía no se habían asentado y primaban en los reinos germánicos las leyes consuetudinarias. El hijo de un rey era hijo de rey y candidato al trono aunque su padre no hubiera contraído matrimonio canónico con su madre. La misma madre de Amalarico era hija ilegítima, según los criterios cristianos, de Teodorico pero no por ello la filiación amala del joven príncipe era menos efectiva, prestigiosa y brillante.

Gesaelico, en una situación angustiosa, con más de la mitad del reino perdido a manos de los francos y con lo que le quedaba poco seguro, se aplicó de inmediato a minimizar los efectos de la terrible derrota sufrida en Vouillé. Cruzó los Pirineos para establecer su capital en un lugar más fácilmente defendible: Barcelona, y desde allí organizó la resistencia. No fue sencillo, los francos presionaban con fuerza en Aquitania y el valle del Ebro distaba mucho de estar pacificado. No hacía mucho (496) un noble hispanorromano, Burdunelo, había dirigido una sublevación con centro en Zaragoza que persistió más o menos activa hasta prácticamente la derrota de Vouillé. En 504 Alarico II había tenido que presentarse en Zaragoza para tranquilizar los ánimos y hacer sentir su poder y todavía en 506 la rebelión persistía, dirigida por otro hispanorromano, Pedro, en Tortosa. Mientras tanto parte de la Bética escapaba el control de los godos y los suevos, en el noroeste de la península, se preparaban para sacar partido de la situación. Pero lo peor de todo era la oposición de los partidarios de la entronización de Amalarico manejados desde Rávena por el abuelo de este, Teodorico el Grande. Así las cosas, Gesaleico hubo de ejecutar a varios nobles de los que le rodeaban solo para ser asesinado a su vez por el duque Ibbas cuando regresaba de África donde había viajado para recavar el apoyo de los vándalos contra los francos.

Fue así como en el 511, asesinado Gesaleico, llegó al trono visigodo Amalarico, niño todavía. Bien mirado se trataba de una baza para la supervivencia mejor que la de su hermanastro. Mientras que aquel solo contaba con su valía personal y militar, este facilitaba la protección del poderoso reino ostrogodo. El precio era perder la independencia pero no estaba mal a cambio de asegurarse la supervivencia.

Una vez en el trono su nieto Amalarico, Teodorico el Grande asumió la regencia de lo que restaba del reino visigodo ejerciéndola a través de la prefectura del pretorio de Arlés (a la que legalmente debían obedecer también los francos de Clodoveo) y de gobernadores presenciales.

Quince años, hasta la muerte de Teodorico en 526, se prolongó aquella sumisión al reino ostrogodo. No fue un periodo sencillo. El ostrogodo y su administración impusieron un durísimo régimen fiscal extremadamente oneroso y postergaron a la nobleza visigoda en la toma de decisiones. Ello provocó el descontento de grandes sectores que fueron conformando un partido nacionalista partidario de la independencia y que en momentos de gran tensión llegó a tomar medidas extremas como el fallido atentado contra el prefecto del pretorio de las Galias, Liberio, que estuvo a punto de morir asesinado por ellos y que más tarde dirigiría la invasión de Hispania por las tropas bizantinas.

Muerto Teodorico, Amalarico se hizo con el control efectivo del reino mientras que en Italia su primo Atalarico, bajo regencia de su madre Amalasunta, hacía lo propio con el reino ostrogodo.

La presión franca continuaba y se tomó como medida conciliatoria un matrimonio de estado, un enlace dinástico del rey con una princesa merovingia que asegurase la paz. Así se hizo, pero existía un problema grave: la religión. Los francos eran católicos desde hacía un cuarto de siglo y su alianza con la iglesia católica desde la traición de San Remigio contra Flavio Siagrio en Soissons les había rendido muy buenos beneficios, razón por la cual habían cedido al fanatismo de los obispos galos y a sus ansias de cruzada antiarriana contra los godos. La princesa que llegó de los francos era una fanática que se negaba a abjurar del catolicismo, ello generaba un grave problema político porque la unidad goda se basaba, precisamente, en el arrianismo. De modo que la presión sobre la princesa merovingia para que abjurara y abrazase la religión de estado visigoda no cesó de crecer...ella se quejó a sus hermanos, los herederos de Clodoveo, y estos tuvieron la excusa perfecta para intervenir de nuevo contra los visigodos. Resultaba evidente, ya a esas alturas, que el matrimonio lejos de ser una ocasión de paz había sido una trampa de los francos para poder acabar de destruir el reino visigodo. Amalarico dejaba de ser una garantía política de supervivencia y pasaba a convertirse en una amenaza para la supervivencia del reino. La respuesta de la nobleza no se dejó esperar: en 531 fue asesinado.

Amalarico no tenía hijos, tampoco familiares cercanos. Era el último de los Baltos, la dinastía en torno a la cual se había conformado el pueblo visigodo en tiempos de Alarico I. Su muerte sumía al reino en una crisis institucional gravísima. Se había terminado con la dinastía legítima y no había un repuesto claro. Mirar hacia Italia no era una solución. Los visigodos no querían repetir la experiencia de la regencia y, además, los Amalos pasaban por graves problemas políticos. Atalarico seguía siendo un niño bajo regencia de su madre Amalasunta cuya posición política y su amistad con Constantinopla no era bien vista por la nobleza ostrogoda poniendo al reino al borde de la guerra civil. Los ostrogos estaban dejando rápidamente de ser el poderoso pueblo que habían sido en vida de Teodorico.

La respuesta a los problemas del reino visigodo debía proceder de sus propias filas. Pero nadie era lo suficientemente poderoso ni prestigioso para llenar el hueco dejado por la dinastía desaparecida. Finalmente asumió el poder Teudis, un ostrogodo que había gobernado el reino durante la regencia de Teodorico y que en ese periodo había contraído matrimonio con una noble hispanorromana probablemente natural del valle del Guadalquivir, quedándose a vivir en Hispania, casi con toda seguridad en Sevilla, ciudad que se convirtió a partir de 531 en un a modo de capital oficiosa de los visigodos.

Teudis, que contaba con el prestigio procedente de su anterior etapa de gobierno, no contó sin embargo con recursos públicos para desarrollar su nueva labor regia. Antes al contrario, hubo de sustentar su poder en un ejército privado de 2000 hombres sostenidos con los recursos de su mujer. Gobernó así hasta 548.

En 541, los francos, aprovechando la debilidad en la que seguía el reino visigodo, cruzaron los Pirineos y avanzaron por el valle del Ebro. Llegaron a conquistar Pamplona pero Teudis los frenó en las blancas murallas de Zaragoza. Cuando se retiraban por Roncesvalles, Teudiselo, hijo de Teudis, les tendió una emboscada similar a la sufrida en 778 por Carlomagno y les infligió una derrota lo suficientemente severa como para impedir nuevas invasiones en los años siguientes.

Muerto Teudis, su hijo Teudiselo le sucedió de manera automática pero un sector de la nobleza visigoda no estaba dispuesto a tolerar el establecimiento de una dinastía procedente de Teudis. De modo que Teudiselo fue asesinado en su palacio de Sevilla al año de subir al trono (549).

Surgía de nuevo el problema sucesorio. Por lo pronto el trono recayó en Agila, cabecilla del sector contrario a Teudiselo. Otro grupo adicto a este se sublevó en Córdoba, en 550 Agila se dirigió contra esta ciudad sufriendo una severa derrota en la que perdió un hijo y el tesoro real. Huyó a Mérida, donde se hizo fuerte, y en Sevilla fue elegido rey uno de los nobles de la facción de Teudiselo: Atanagildo. Iniciándose una guerra civil entre ambas facciones que se prolongó hasta 554.

En esta guerra los bizantinos, encabezadas sus tropas por Liberio, el antiguo prefecto del pretorio de Arlés casi asesinado por los visigodos nacionalistas, apoyaron a la facción de Atanagildo contra la de Agila pero enseguida se hizo evidente que su verdadera intención, como había sucedido en África y empezaba a suceder en Italia, era destruir los reinos bárbaros y recuperar la unidad del imperio romano. Ello obligó a la conciliación de las facciones. Agila fue asesinado por los suyos que reconocieron a Atanagildo como rey y este, con todos los godos unidos, dirigió sus armas contra sus antiguos aliados bizantinos luchando por arrebatarles el territorio que habían ido conquistando durante los años que le habían apoyado.

Y es aquí donde entra en danza la protagonista de nuestro artículo: Brunegilda.

La situación política de Atanagildo era muy comprometida, rey sin legitimación dinástica, enfrentado a sus antiguos aliados bizantinos y con la nobleza dividida en facciones no necesariamente amistosas entre sí y leales a su persona, necesitaba poderosos aliados extranjeros para asegurar su permanencia en el trono (y de paso su vida y la de su familia). Y había muy pocas opciones entre las que elegir. El reino vándalo de África había desaparecido bajo el impulso bizantino veinte años atrás, el ostrogodo acababa de seguir su misma suerte tras la derrota de su último rey, Teya, en Monte Lactario (553) frente a los bizantinos...solo los francos quedaban como reino poderoso y dinastía asentada. A ellos tuvo que recurrir en busca de alianza.

La dinastía merovingia, que regía los destinos francos, era mucho más nueva que las de Baltos y Amalos pero a mediados del siglo VI era mucho más prestigiosa por la sencilla razón de que les había sobrevivido atesorando cada vez más poder y forjando un reino extenso y reconocido por Bizancio. No hay que olvidar que Clodoveo detentó el consulado en 507 y desde entonces el prestigioso título romano de Patricio les pertenecía a él y sus descendientes por derecho propio. Muerto Clodoveo en 511 su reino se dividió entre sus hijos pero con el tiempo volvió a reunirse en la persona de uno de ellos: Clotario I que en sus cincuenta años de reinado (511-561) tuvo tiempo suficiente para ir heredando de diversos modos las partes de sus hermanos. Sin embargo también él repartió el reino entre sus hijos.

Surgieron de este modo cuatro estados merovingios: Neustria, en la que reinó Chilperico I; Borgoña, en la que reinó Gontrán; París-Aquitania, que heredó Cariberto I y Austrasia en la que reinó Sigeberto I.

Atanagildo tenía dos hijas: Brunegilda y Galsvinta y pudo acomodarlas a ambas en sendas bodas con reyes merovingios.

Brunegilda casó con Sigeberto I de Austrasia y Galsvinta, poco después, con Chilperico I de Neustria. Por supuesto ambas abjuraron convenientemente del arrianismo paterno y abrazaron el catolicismo de sus maridos.

Brunegilda causó buena impresión en el reino de los francos. El obispo y cronista Gregorio de Tours, que la conoció personalmente, nos la describe como joven de modales elegantes, hermosa figura, honesta y decente en sus costumbres, de buen consejo y agradable conversación. Nada hacía suponer las terribles experiencias que la aguardaban en su largo periplo franco.

La muchacha tenía unos once años cuando su padre Atanagildo llegó al trono en 554 y contrajo matrimonio en 565, a una edad bastante avanzada para la época. Suele decirse que nació en Toledo dando por sentado que esta ciudad era ya la capital de los visigodos pero eso no sucedió hasta el reinado de Leovigildo de modo que es más probable que viera la luz en la corte de Teudis, en Sevilla. Tras su boda se estableció en Metz, capital de Austrasia.

En 566 fue su hermana Galsvinta la que viajó a Francia, concretamente a Soissons, capital de Neustria que se trasladaría a París al año siguiente.

Chilperico I de Neustria estaba casado con una noble franca, Audovera, con la que tenía cuatro hijos. No obstante la alianza con los visigodos era una excelente baza política y no dudó en repudiar a su primera esposa para contraer matrimonio con Galsvinta, lo que no hizo fue dejar a su amante Fredegunda.

Fredegunda tenía entonces unos veintidos años, procedía de la región de Picardia y había entrado en la corte como criada labrando su futuro de un modo bastante clásico: seduciendo al rey. Al parecer podía competir en hermosura, sino en educación, con las hermanas visigodas y no estaba dispuesta a dejarse arrebatar la ventajosa posición adquirida a través de sus relaciones amorosas con Chilperico. Eso, naturalmente, creó tensiones entre la nueva esposa del rey y su amante, que no se caracterizaba precisamente ni por su bondad ni por su dulzura de caracter. La situación se enrareció rápidamente y Galsvinta no tardó en quedarse sin triunfos.

567 fue un año decisivo. Cariberto, rey de París- Aquitania, murió y su jugosa parte del reino pasó a su hermano mayor, Chilperico de Neustria, que se convertía así en el más poderoso y rico de los tres hermanos supervivientes. Si la soberbia y la ambición de Fredegunda eran antes grandes, con la nueva adquisición se hicieron desmesuradas. Galsvinta trató de desalojarla de la corte pero la antigua criada era la amante elegida libre y apasionadamente por el rey mientras que ella contaba solo como una baza política. Como mujer tenía su atractivo, pero no podía competir con Fredegunda. Visto lo cual decidió lanzar un òrdago monumental: rompió con Chilperico y decidió regresar a Hispania. Tuvo mala suerte, por el camino se enteró de que su padre acababa de morir. Atanagildo no tenía hijos de modo que el nuevo rey no sería hermano, ni siquiera pariente suyo. Estaba sola en el mundo, tan solo podía contar con el apoyo de su hermana Brunegilda cuya situación era ahora tan quebradiza como la suya. Por si fuera poco, las dudas de la nobleza en torno a la elección del nuevo rey volvieron a amenazar de extinción al reino visigodo y Gontrán de Borgoña, otro de los hermanos reyes merovingios, se atrevió a atacar a los visigodos llegando a conquistar la importantísima ciudad de Arlés (sede oficial de la prefectura del pretorio de las Galias desde 407). Tal circunstancia decidió las cábalas sucesorias. El ejército godo se concentró en la Narbonense y Liuva, dux de dicha provincia, con el apoyo del mismo, fue elegido como rey. Estaba casado, de modo que no podía contraer matrimonio con la viuda de Atanagildo (la madre de Brunegilda y Galsvinta) buscando una continuidad dinástica más o menos legitimista. Fue su hermano Leovigildo quien casó con ella pasando de inmediato, como rey adjunto, a poner orden en Hispania. Todo ello no benefició en nada a Brunegilda y Galsvinta, abandonadas a su suerte.

Galsvinta ya no tenía ningún valor político, ni siquiera tenía hijos (su hermana Brunegilda, en Metz, empezaba a tenerlos precisamente ese año de 567 y seguramente eso fue la que la salvó de compartir su destino) y Chilperico no tenía ningún motivo para seguir casado con ella, menos aun teniendo en cuenta la situación de extrema debilidad que padecía el reino visigodo. Por lo tanto se dejó convencer por Fredegunda y acabó asesinando a la joven visigoda. Nació en ese instante un odio mutuo e inextinguible entre Brunegilda y Fredegunda, un odio que iba a marcar la historia de la dinastía merovingia durante el medio siglo siguiente.

Desde el primer instante Brunegilda, respaldada por su condición de madre de hijos sanos y el cariño (sino el amor) que había sabido granjearse de su marido, exigió de este, Sigeberto I de Austrasia, que vengase el asesinato de su hermana. El rey de Metz se mostró reticente a iniciar una guerra contra su hermano, el rey de París. Siguiendo la costumbre germánica, intentó llegarse a un acuerdo económico. Chilperico I entregó a Brunegilda una serie de ciudades en Aquitania (entre ellas Burdeos) que debían servir como pago de la contraída guerra de sangre. Momentáneamente pareció que iba a evitarse la guerra. Pero Fredegunda siguió intrigando y en 575 consiguió que su ya marido (muerta Galsvinta ella contrajo matrimonio con el rey de Neustria convirtiéndose legalmente en reina) invadiera las ciudades que había entregado a Brunegilda. Naturalmente Sigeberto I se vio forzado a actuar en defensa de los intereses de su esposa y estalló la guerra civil.

Sigeberto I avanzó victorioso por el reino de Neustria, incluso llegó a ocupar la capital, París, mientras Chilperico I huía sin poder hacerle frente (en el intento de conquista de las ciudades antecitadas su ejército había sufrido una severa derrota que  incluso le costó la vida a su hijo mayor: Teodeberto) y parecía tenerlo ya todo perdido. Pero entonces intervino Fredegunda del modo que mejor se le daba hacerlo: mandó sicarios que asesinaron a Sigeberto I con lo cual su ejército se desbandó puesto que el único  hijo  varón del rey muerto, Childeberto II, era todavía un niño.

Brunegilda quedó abandonada de los austrasianos en París. Logró hacer huir a su hijo, el aludido Childeberto II, que fue coronado rey en Austrasia pero ella y sus dos hijas, Clodosinda e Ingunda, tuvieron que quedar en París cayendo en manos de Chilperico I y Fredegunda cuando regresaron a su capital.

No debe extrañarnos que la nobleza austrasiana abandonase a su reina en manos de sus enemigos llevándose a un rey necesitado de tutela (Childeberto II era un niño de apenas seis o siete años) y librándose de la regente natural su madre, por otro lado una advenediza visigoda sin grandes apoyos al sur de los Pirineos a la que despreciaban por mujer y por extranjera, se garantizaban el crecimiento de sus respectivos poderes y patrimonios en detrimento de los intereses reales. De hecho, toda la vida que le restaba a Brunegilda iba a ser una lucha contra el ascenso político de la nobleza austrasiana que acabaría encumbrando a los Pipínidas, estrechamente aliados con la iglesia católica.

Abandonada en París con sus dos hijas y caída en manos de su más feroz enemiga, la suerte de Brunegilda parecía definitivamente echada. Tuvo la fortuna de no ser ejecutada de inmediato. En lugar de eso se la encerró en un monasterio de Ruán. En realidad eso solo significaba un aplazamiento de su condena, se trataba de una jugada política ya antigua y muy conocida: esperar a que se calmasen los ánimos, a que el triunfador limpiase de seguidores del derrotado el horizonte y entonces aquel moría oscuramente en su encierro monástico de "enfermedad". De modo que la situación de Brunegilda en aquel 575 no podía ser más desesperada. Pero tuvo suerte.

Los hijos de Audovera, la primera esposa de Chilperico I, odiaban a Fredegunda tanto o más de lo que pudiera hacerlo Brunegilda y uno de ellos, Meroveo, decidió aprovechar la ocasión para asestar un golpe familiar, político y militar a su padre. No se trataba tampoco de nada nuevo, hacía apenas quince años que Cram, uno de los hijos de la segunda esposa de Clotario I, hermanastro por tanto de Sigeberto, Chilperico y Gontrán, se había sublevado contra su padre en Aquitania y Bretaña. Acabó derrotado y muerto, pero no sin antes tener opciones de triunfo.

La acción de Meroveo representó toda una sorpresa: se presentó en Ruán con un grupo de fieles, liberó a Brunegilda, en la práctica su tía, e hizo que el obispo de la ciudad, Pretextato, les casara. Él tenía diecisete años, ella treinta y dos...les unían la política y el odio común a Fredegunda pero parece que no dejó de existir entre ellos atracción, pasión y quien sabe si amor arrebatado. Brunegilda era una mujer hermosa, culta y agradable capaz de despertar la pasión de cualquier jovencito de sangre caliente.

Sea como fuere, las fuerzas vivas del reino se pusieron enseguida en marcha contra el nuevo matrimonio. Por un lado en Neustria la acción de Meroveo solo podía interpretarse como una insurrección en toda regla. Sublevación que quizá su padre podría llegar a perdonar pero en modo alguno Fredegunda. Por otro, en Austrasia, nadie quería ver a Brunegilda respaldada por un príncipe merovingio regresando al reino para asumir la regencia de su hijo. Pero quien verdaderamente desenterró el hacha de guerra fue la iglesia católica. En aquellos tiempos las costumbres sociales que propugnaba el cristianismo basándose en su absurda y despreciable moral no se habían asentado en la sociedad, cosa que los furibundos y fanáticos obispos y abades del momento no podían soportar ni tolerar y aprovecharon la debilidad de Brunegilda para saltarle a la yugular en un asalto feroz al poder en el que pretendían, como siempre hacen, imponer sus puntos de vista sociales y morales al conjunto de una sociedad que ni los necesita ni gana nada adoptándolos. Lo que le restaba de vida a nuestra reina iba a ser también una guerra sin tregua contra las aspiraciones totalitarias de la iglesia franca. 

Obispos y abades, recurriendo a la biblia, se rasgaron las vestiduras proclamando a los cuatro vientos que aquel matrimonio aunque lo hubiera efectuado un obispo (obispo que pagaría cara su osadía siendo asesinado por Fredegunda) era de hecho un abominable incesto. La idea convenía políticamente tanto en Neustria como en Austrasia y en ambos reinos la nobleza y la realeza se hicieron eco del griterío cristiano. Meroveo y Brunegilda se convirtieron en apestados sociales, en prófugos odiados y perseguidos con saña.

Chilperico I de Neustria hizo anular el matrimonio, con lo cual ambos cónyuges incurrieron además en la falta de concubinato (que entonces no tenía mayor importancia salvo para la estúpida moral eclesiástica que en este caso se convirtió en la voz de toda la nación franca por evidentes intereses políticos). De todos modos Brunegilda logró ser acogida en Austrasia no así Meroveo que, rechazado por la nobleza de ese reino, hubo de retornar a Neustria donde, apresado por su padre, fue tonsurado y encerrado en un monasterio. Ya sabemos lo que eso significaba, él también, así que se escapó del mismo en 577 y acabó suicidándose al verse acorralado y a punto de caer en manos de Fredegunda.

Obviamente, una vez en Metz, Brunegilda reclamó la regencia sobre su hijo Childeberto II pero la nobleza austrasiana se negó a concedérsela. Tras sufrir un atentado por parte de sicarios de Fredegunda que pudieron llegar hasta ella sin que la nobleza de Austrasia hiciera nada para impedirlo, Brunegilda tuvo que refugiarse en Borgoña, en el reino de su cuñado Gontrán, que tenía su capital en Orleans. Durante su estancia allí pudo ganarse el favor y la alianza de este y, con esa garantía, regresar a Austrasia, a Metz, donde asumió por fin la regencia de su hijo en detrimento de la levantisca nobleza. Más aun en 577, y habida cuenta de que Gontrán carecía de hijos vivos, consiguió que nombrase como heredero de su parte del reino a su hijo: Childeberto II, lo que significaba un fuerte golpe político tanto para la nobleza austrasiana como para los intereses de Neustria que dejaría así de ser el reino merovingio más fuerte. Por si fuera poco, en 579, casó a su hija Ingunda con Hermenegildo, hijo del rey visigodo Leovigildo que, como sabemos, había casado con su madre a la muerte de Atanagildo. Ya no estaba sola y aislada en el concierto de las naciones germánicas. En apenas cuatro años había pasado de estar despojada y a las puertas de la muerte a convertirse en toda una potencia política dentro del universo merovingio.

Pero la nobleza de Austrasia seguía conspirando contra ella y en cuanto Childeberto II cumplió los trece años le convencieron para que asumiera personalmente el gobierno del reino expulsándola de la regencia. Corría el año 583.

Al año siguiente los acontecimientos se precipitaron en Neustria. El matrimonio de Fredegunda con Chilperico I se había convertido en un obstáculo para la ambición de la antigua criada convertida en reina. Ella quería ahora todo el poder y, a ser posible, acabar con su antigua enemiga: Brunegilda. Juntó sus dos deseos en uno y asestó uno de sus típicos golpes: asesinó a Chilperico I asumiendo la regencia del hijo que habían tenido en común y que todavía era joven para reinar, Clotario II, y culpó a Brunegilda del crimen mandando de nuevo sicarios para "vengar" la muerte de su difunto esposo. Una vez más la visigoda supo salir viva del atentado que se repitió dos años después, en 586, cuando Fredegunda trató de asesinar no solo a Brunegilda sino también a su hijo, Childeberto II, y al primogénito de este, el que sería Teodoberto II.

Pero el enemigo no estaba solo en París, en la misma Metz, el poder y la vida de Brunegilda y su familia se veían amenazados. En 587 la reina hubo de frenar las maniobras golpistas de la nobleza austrasiana haciendo asesinar a varios duques. A largo plazo el contragolpe supuso una mala decisión: no solamente la hizo más impopular además la eliminación de aquellos conspiradores abrió el camino a otros mucho más peligrosos: Pipino de Landen y su consuegro, el obispo Arnulfo de Metz, que llegaría a santo de la iglesia católica. Pero, de momento, la reina no podía hacer otra cosa.

La tensión siguió creciendo entre Austrasia y Neustria pero la paz se mantuvo hasta el 593. Ese año murió Gontrán, su parte del reino pasó a Childeberto II de Austrasia, el hijo de Brunegilda, y este, convertido en el rey más poderoso del ámbito merovingio, atacó  de inmediato a su primo Clotario II de Neustria. Tres años se prolongó la guerra, hasta que Fredegunda logró envenenar a Childeberto II en 596.

Esta vez Brunegilda, que había eliminado a parte de la facción levantisca de la nobleza austrasiana en 587, no tuvo dificultades para hacerse con la regencia de sus dos nietos: Teodoberto II, que heredó Austrasia, y Teodorico II, que heredó Borgoña. Tuvo además la suerte de que Fredegunda murió en 597 dejando desamparado a su hijo de trece años, Clotario II. Brunegilda trató de destronarlo, pero falló en el intento.

La guerra entre Austrasia- Borgoña y Neustria se reavivó y continuó en los años siguientes.

Corría el año 599 cuando Pipino de Landen y el obispo (San) Arnulfo de Metz, pudieron dar por fin un golpe contra la regente. Se apoderaron de Teodoberto II y Brunegilda hubo de huir a Autun, la nueva capital de Borgoña, con su otro nieto, Teodorico II. La regencia de Austrasia quedó en manos de la nobleza y la de Borgoña continuó en manos de la visigoda.

La nobleza austrasiana, nueva dueña de la situación, hizo que Teodoberto II firmara la paz con Clotario II de Neustria que pudo así concentrar todas sus fuerzas contra Borgoña. Mientras tanto en Autun la iglesia católica seguía su campaña contra Brunegilda.

No hemos de olvidar que esta era, originariamente, arriana y que ello implicaba una mentalidad más abierta y más en consonancia con las costumbres consuetudinarias del mundo germánico en clara contraposición a la moral y el derecho que los católicos intentaban imponer sobre la sociedad. Consecuentemente, obispos y abades tenían a Brunegilda en su punto de mira, necesitaban destruirla, para introducirse en su corte hasta entonces libre de molestas y gazmoñas influencias y someterlas a sus delirantes dictados. Desiderio (que también llegó a santo), obispo de Autun, fue quien se erigió en punta de lanza de ese asalto eclesiástico al poder insultando desde el púlpito domingo sí y domingo también a Brunegilda y las costumbres que regían en la corte de su nieto Teodorico II (en Austrasia, donde los intereses de Pipino de Landen caminaban de la mano del obispo Arnulfo de Metz, ya se había impuesto la dictadura eclesiástica desde la expulsión de Brunegilda) y contó entre sus aliados a verdaderos ingratos como un abad que también llegaría a santo: Columbano el Joven, desarrapado monje escocés acogido y protegido en Francia que se negó a bendecir a los bisnietos de Brunegilda porque su padre no estaba casado por la iglesia con su madre...claro que no se atrevió a hacerlo antes de que el rey de los longobardos, Agilulfo, se convirtiese al catolicismo y le llamase a su reino para dirigir el cotarro eclesiástico.

En 612, Brunegilda incitó a su nieto Tedorico II a que atacase a su hermano Teodeberto II, convertido en una marioneta en manos de la nobleza austrasiana y de la iglesia católica. Este fue facilmente derrotado, tonsurado y encerrado en un monasterio donde, naturalmente, murió aquel mismo año. Al  siguiente el audaz golpe de Brunegilda fue contrarrestado, no se sabe a ciencia cierta si por el destino o por alguna trama oculta. Sea como fuere el caso es que Teodorico II murió a su vez en 613, obligando a Brunegilda a luchar de nuevo por una regencia, en este caso la de su bisnieto Sigeberto II.

Fue derrotada. Pipino de Landen y (San) Arnulfo de Metz le arrebataron la regencia y se vendieron a Clotario II de Neustria permitiéndole invadir el reino. La reina, con todo perdido, trató de huir al otro lado del Rin, donde las tribus alamanas sometidas a los francos tenían un enemigo común con ella: la iglesia católica empeñada en cristianizarlos con sus métodos habituales: torturas, asesinatos...no pudo llegar. La propia nobleza austrasiana le dio caza y la entregó al hijo de Fredegunda.

Este hizo que la torturasen cruelmente durante tres días, la paseó luego desnuda a lomos de un camello para someterla a las burlas de su corte y acabó ordenando que fuera desmembrada viva atada a cuatro caballos. Tal fue el final de esta extraordinaria mujer.

NOTA.- la fotografía es de Antiquité Tardive.

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26/10/2009 01:32 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

HIPATIA Y LOS MÁRTIRES PAGANOS

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 Lo que llamamos historia cristiana se basa sobre todo en la mentira y la propaganda. Desde el mismo intento de hacer pasar por históricos libros como los evangelios, que son simples recopilaciones folklóricas relativas al mito de la existencia de Jesucristo y que ya en el siglo III el médico Celso, enfrentado a los propagandistas de las sectas cristianas en defensa de la civilización pagana, definió acertadamente como "invenciones" demostrando que los cristianos los corregían y cambiaban a conveniencia cuando sus detractores les hacían notar sus contradicciones y sus estupideces (y aun así siguen siendo contradictorios y estúpidos) hasta las últimas y más recientes producciones "historiográficas" con refrendo universitario que siguen enfangadas en la misma trayectoria de la mentira propagandística propia de estas tan peligrosas como poderosas sectas.

Sé que muchos católicos y miembros de otras sectas numerosas se ofenderán por el hecho de que yo denomine a las organizaciones a las que pertenecen como sectas, pero no existe otro apelativo posible. Estas asociaciones parten de la superstición, atentan contra la razón, la libertad y el progreso, son fanáticas y tienen como objetivo último la imposición de un totalitarismo teocrático al que pretenden someter toda la sociedad. Así las cosas, numerosas o no, mayoritarias o no, solo pueden ser tenidas por lo que han sido siempre: sectas. Y sectas nocivas, peligrosas para la salud mental de sus miembros y la evolución moral y social de la humanidad. Por lo tanto, como este es un foro de libertad y un reducto dispuesto a concienciar del principal deber moral del ser humano como individuo y como colectividad: dejar atrás sus estadios primarios (de los que surge la superstición semita) y avanzar con paso firme hacia formas superiores, jugar en definitiva a favor de la evolución y no como elementos involucionistas, mantendré el vocablo aun a sabiendas de que incluso amigos míos a los que aprecio se molestarán por él.

De hecho, la finalidad última de este artículo es recordar que las sectas cristianas fueron desde su origen  destructivas y que entre sus estrategias de expansión y dominio se contaron siempre la mentira, la estafa y el terrorismo.

La historiografía confesional y mucha de la aparentemente neutral vende la idílica imágen de unos pobres cristianos bondadosos y amables, únicamente interesados por el bien de la humanidad y por cantar alabanzas a su dios perseguidos por unos perversos paganos que no podían soportar su elevación moral y que llenaron los tres primeros siglos de existencia de ese grupo de mártires y sangre. Venden también que el cristianismo se impuso por ser una "religión y una forma de civilización superior" y que la gente se convertía libremente porque ello suponía una mejora en su vida. Todo mentiras.

Si las sectas cristianas estuvieron alguna vez bajo el escrutinio de las autoridades romanas se debió a sus propias actividades: captaban incautos, les hacían donar a la comunidad (esto es: a sus dirigentes) todas sus posesiones y luego, bajo el nombre de monjes, los retenían en sus posesiones como fuerza de trabajo gratuita, haciéndoles ayunar y mortificarse mientras cantaban himnos, escuchaban las alocuciones de sus líderes y trabajaban de sol a sol en su beneficio. Es decir: el prototipo típico de cualquier secta destructiva. Hoy por hoy cualquier asociación que se comportase de ese modo no tardaría en ser desmantelada por la policía en bien del conjunto de la sociedad. Pero no quedaba ahí la cosa. Los cristianos se jactaban de odiar el mundo y a la humanidad y conspiraban constantemente por destruir la sociedad que les albergaba. En todo el oriente imperial se dedicaron desde muy pronto a conspirar contra Roma con el enemigo persa y, además, se sumaron a todas las insurrecciones judías (en origen no eran sino ramas del judaísmo) que muy a menudo derivaban en asesinatos masivos de paganos (como sucedió en Chipre o en Cirene en el siglo II donde los judíos y los cristianos aniquilaron a toda la población, centenares de miles de personas, no yahvista y saquearon y destruyeron cuantos templos y bibliotecas encontraron a su paso) o en atentados directos contra el estado y la sociedad siendo el caso más conocido el incendio de Roma en tiempos de Nerón. La propaganda posterior de la secta triunfante atribuyó el mismo a este emperador pero sabemos por fuentes independientes que durante y después del incendio no solo admitieron ser los responsables del mismo, también presumían de ello. El terrorismo, hay que insistir, ha sido siempre un elemento básico de las sectas cristianas en sus campañas por conseguir y mantener el poder. ¿Qué fue la inquisición sino terrorismo de estado para combatir a los disidentes? ¿Qué, por ejemplo, la guerra civil española de 1936 sino una "santa cruzada" para exterminar a sus detractores?...

También son muy propensos a la propaganda y a la mentira, utilizando muy especialmente (y en esto no son muy diferentes de sus ancestros judíos) el victimismo.

Fue así como se sacaron de la manga toda esa fábula de los pobres mártires cristianos que todavía esgrimen como supuesta verdad histórica para beneficiar su imagen. Pero se trata de una mentira. No estoy diciendo que hubiera menos mártires de los que ellos cuentan o que muchos de los santos mártires del santoral sean pura invención. Digo que no hubo mártires cristianos. Afirmarlo es mentir y hacerlo conscientemente.

Mentía conscientemente Eusebio de Cesárea, llamado "historiador" por los cristianos, cuando escribía sobre los supuestos mártires, sus supuestas torturas y los supuestos milagros acaecidos durante los martirios. Publicó sus fábulas cuando ya el cristianismo estaba haciéndose con el poder y los paganos le pidieron que mostrara pruebas de lo que decía. Naturalmente no pudo hallar ni un solo acta en los archivos imperiales o locales porque contaba mentiras, de modo que se excusó diciendo que Diocleciano había hecho quemar aquellos papeles por verguenza, papeles oficiales de procesos públicos al servicio de una autoridad legítimamente constituída...se comprenderá la endeblez de la excusa. Pero ya que no había papeles, le pidieron que presentara testigos de hechos acaecidos hacía menos de veinte años y que decía en algunos casos haber sido observados por setenta mil personas...solo pudo aportar uno, y era criado suyo. Nunca hubo una sola prueba de los martirios cristianos porque jamás existieron. Y eso lo llegó a reconocer hasta el propio papa San Gregorio I, que en el siglo VI quiso reunir documentación y no encontró nada.

Hubo, eso sí, cristianos culpables de traición, de robo, de estafa, de actos terroristas que evidentemente cayeron bajo la justicia imperial. Pero no eran mártires, eran delincuentes...y de los más peligrosos.

 De lo que no suele hablarse (ya la historiografía cristiana durante siglos de dominio omnímodo se encargó de echar tierra sobre el asunto) es dela  inmensa cantidad de mártires paganos que sufrieron torturas y muerte bajo las turbas cristianas que no se diferenciaban en mucho de los actuales talibanes, y eran mirados con idénticos ojos que nosotros miramos a estos por la gente sana y normal de aquella sociedad en decadencia precisamente a causa del avance del cristianismo.

No se debe olvidar a ese respecto que el triunfo del cristianismo supuso la prohibición del teatro, de la música, del deporte, de la higiene (eso de frotarse el propio cuerpo desnudo solo podía ser pecado)...la edad oscura subsiguiente a la caída del imperio romano no es obra de los bárbaros sino de los cristianos.

Durante siglos este aspecto violento de la imposición del cristianismo ha quedado silenciado y nadie, o muy poca gente, tiene una noción clara de esos cientos de miles, por no decir millones, de mártires paganos torturados y asesinados por los cristianos (encabezados por cerriles individuos oscurantistas, sanguinarios y fanáticos que ahora conocemos con el apelativo de santos). En estos días, con el estreno de la película Ágora de Alejandro Amenabar parece que este espinoso asunto sale tímidamente a la luz aludiendo, como excepción, al asesinato de Hipatia y la destrucción de la biblioteca del Serapeum de Alejandría. La oportunidad es excelente para informar al público, de modo necesariamente somero, de la verdad histórica, de como se impuso el cristianismo y de la cantidad de mártires paganos (esto es: no seguidores del fanatismo teocrático cristiano y sí de la civilización y el racionalismo de la sociedad helénica) que bañaron con su sangre Europa, Asia, África y varios siglos.

Hagamos un breve repaso de aquellos terribles acontecimientos.

La película aludida mezcla dos sucesos separados algunos años en el tiempo. Por un lado la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, llevada a cabo por un motín de monjes exaltados dirigidos por su patriarca, el obispo Teófilo, en el año 391. Y no puede considerarse un hecho aislado. Ya para entonces otro grupo de monjes fanáticos habían asaltado, incendiado y destruído la igualmente importantísima biblioteca de Antioquía asesinando a quienes encontraron en su interior y el propio papa San Gregorio I incendió a finales del siglo VI las dos más importantes que quedaban en Roma: la del Capitolio y la del Palatino. Otras de las falsas medallas que suelen colgarse los propagandistas cristianos es la de haber salvado la cultura antigua, es mentira: durante siglos se dedicaron únicamente a atacarla y destruirla. Empezaron quemando bibliotecas y asesinando filósofos e intelectuales paganos y siguieron a lo largo de los siglos hasta llegar al IX con las órdenes de Alcuino de York para destruir las obras supervivientes de Safo y Ovidio. Si algunos libros del pasado helenístico sobrevivieron se debió a dos factores: o servían a la propaganda cristiana o el celo de algunos elementos privados pagaron espléndidamente su copia a los monasterios que eran, después del siglo VI, los únicos centros con copistas especializados. Copistas al servicio de la reproducción de textos religiosos pero que representaban una excelente fuente de ingresos alquilados a particulares aunque fuera para copiar obras reprobadas y prohibidas.

El segundo caso que trata la película es el asesinato de Hipatia, astrónoma, matemática y filósofa pagana, defensora de la razón y contraria al fanatismo, que en 415, bajo la inspiración del nuevo patriarca de Alejandría, San Cirilo, sobrino de Teófilo, fue abordada en la calle por un grupo de monjes fanáticos, arrastrada a la catedral de la ciudad, desnudada, golpeada y descuartizada viva con ostraka (trozos de teja) y su cadaver quemado en las puertas de dicha catedral. Tampoco fue este un caso aislado.

 Hagamos un pequeño repaso de hechos puramente históricos.

Cabría decir que el primer motín exclusivamente cristiano que afectó al orden público y a la vida de ciudadanos no seguidores de esa religión en Alejandía se remonta al año 284 y que en lo sucesivo fueron muy frecuentes. Hay que decir también que estas revueltas no procedían exclusivamente de la masa sino que a menudo eran inspiradas por los propios jefes de las diferentes facciones que, una vez legalizado y protegido por el imperio el cristianismo, llegaron a protagonizar algaradas verdaderamente graves para defender sus intereses personales. Podría adjuntar una larga lista de ejemplos, pondré solo unos pocos ilustrativos. A saber: en el 366 San Dámaso aspiraba al obispado de Roma pero resultó elegido uno de sus rivales: Ursicio. El santo, sin pensárselo dos veces, reunió a sus seguidores e irrumpió en la basílica en la que estaban consagrando a Ursicio, que logró huir por los pelos, y disolvió la asamblea por las armas. Murieron casi trescientas personas pero San Dámaso consiguió el obispado de Roma y la santidad. Poco después, en Milán, para evitar altercados similares, las autoridades enviaron a la basílica de la ciudad una fuerza armada dirigida por el pagano Ambrosio. Este cercó el edificio y se hizo elegir obispo de Milán, con el tiempo y gracias a imponer su voluntad contra el emperador Teodosio al que obligó a hacer penitencia delante de la basílica de Milán, se convertiría en San Ambrosio. En Constantinopla los hechos alcanzaron, si cabe, mayor gravedad. En 341, aprovechando que el emperador se encontraba fuera de la ciudad, Pablo el Confesor,  encabezando una turbamulta furiosa de monjes egipcios, dio un golpe de estado eclesiástico para hacerse con el patriarcado de Constantinopla y, de paso, con el control de la capital imperial de oriente. El emperador envió algunas fuerzas mandadas por Hermógenes para poner orden y el buen patriarca, sirviéndose siempre de sus monjes tumultuarios, las atacó y las derrotó asesinando a Hermógenes. Al año siguiente el propio emperador, con todo su ejército, desatendiendo la frontera persa, hubo de volver a Constantinopla y conquistarla como si se tratara de un estado enemigo. El patriarca usurpador huyó a Roma para regresar en 346 y en esta ocasión mantuvo sublevada la capital imperial de oriente contra el emperador, cristiano, durante cuatro años. No fue el único, en 379 otro clérigo ambicioso, Máximo el Cínico, aprovechando la enfermedad del emperador Teodosio, se hizo con el patriarcado y la ciudad. Para su desgracia Teodosio se recuperó y como sus antecesores antes que él, dirigió hacia allí su ejército recuperando una capital que por tres veces le habían arrebatado los cristianos a los que él protegía.

Y estos no son casos aislados. El tumulto, el asesinato, el saqueo, la sublevación eran el comportamiento normal de los dirigentes de las sectas cristianas.

El cristianismo, como no podía ser de otro modo, permaneció prohibido durante mucho tiempo. Solo alcanzó tolerancia gracias a los intereses de un tirano despreciable y sanguinario (llegó a asesinar a toda su familia, incluyendo hermanos, esposas e hijos) llamado Constantino y apodado el Grande por la historiografía cristiana.

El siglo III había sido muy difícil para el imperio. Marco Aurelio quebró el sistema de emperadores electivos que había aportado estabilidad y prosperidad al imperio para imponer su propia dinastía, lo que encumbró a su hijo Commodo (exacto, el de Gladiator) e indujo a un golpe de estado para acabar con la tiranía de este. Ello dio origen a medio siglo de golpes y contragolpes que terminaron con el eficaz gobierno de Diocleciano que logró imponer la Tetrarquía, una forma de retorno al sistema de emperadores no dinásticos en el que el puesto no se consideraba patrimonial sino de servicio público. Los augustos dejaban el cargo pasado un tiempo y lo cedían a sucesores elegidos en virtud de sus méritos y experiencia.

Constantino era el hijo de uno de estos augustos temporales que habían ascendido por sus propios méritos a la cima del estado y no tenía ninguna posibilidad de conseguir algo similar, de modo que se sublevó militarmente e inició una larga guerra civil que le convirtió en tirano único del imperio. Ni la ley ni la moral le respaldaban y mucho menos garantizaban la supervivencia de su dinastía, para conseguir respaldo y continuidad recurrió a dos estrategias: el asesinato indiscriminado y la alianza con los cristianos que justificaban su ilegítima entronización diciendo que era voluntad de dios, un designio divino que solo los impíos podían discutir. Consiguieron de este modo hacerse con el poder y una patente de corso imperial para hacer lo que les viniera en gana.

Tanto es así que apenas unos años después de proclamarse el Edicto de Tolerancia de Milán (año 313) que hacía del cristianismo una religión legal, los monjes cristianos, encabezados por su obispo, asaltaron, saquearon e incediaron el templo de Apolo en Dídima torturando y asesinando impunemente a cuantos sacerdotes y fieles paganos encontraron en él. No tardaron en hacer lo mismo en el enclave sagrado del Monte Atos donde dejaron una guardia armada que es el origen de la actual acumulación de monasterios cristianos en ese enclave. Había comenzado la matanza, ya no se detendría.

En 326 asaltaron del mismo modo y destruyeron (con igual resultado de saqueo, torturas y asesinatos) y a instigación de Santa Elena, madre de Constantino, cristiana y, como tal, furibunda fanática, el templo de Asclepio en Aigai y el de Afrodita en Jerusalén. En 330, para decorar Constantinopla, Constantino saqueó los templos paganos. En 335 se decretó formalmanente la persecución de todos los "helenistas" esto es: los ciudadanos no cristianos que eran la mayoría de la población y ello dio alas a los sectarios cristianos para sus desafueros sangrientos, que alcanzaron a figuras relevantes como el filósofo Sopatro. En 341 se decretó la crucifixión de todos los "adivinos y magos" lo que equivalía a decir los sacerdotes de las religiones no cristianas e incluso de filósofos. En 353 se condenaba a muerte a quienes "sacrificaran a los ídolos" y al año siguiente se decretaba el cierre definitivo de los templos paganos y el establecimiento en sus cercanías de fábricas para convertir en cal el mármol de los edificios y de las estatuas. De paso se decretó también la ejecución de todos los sacerdotes paganos y en 359 se creó en Escitópolis un campo de concentraciòn y exterminio en el que se encerró a paganos procedentes del todo el imperio y que muy pocos lograron abandonar con vida. Mientras tanto los obispos fueron exentos de comparecer ante tribunales civiles y ello les permitió organizar y encabezar tumultos como los de Alejandría a lo largo y ancho de todo el imperio. Por ejemplo en  el 336 dos obispos que llegaron a santos: San Máximo, obispo de Tréveris, y San Atanasio, obispo de Alejandría, exiliado en ese momento por uno de tantos golpes armados dentro de su diócesis, dirigieron a una multitud exaltada de monjes y fieles contra el recinto sagrado de Altbactal en Tréveris que contaba con cincuenta capillas, un teatro y un santuario de Mitra y lo saquearon e incendiaron sin ahorrar muertes ni torturas a quienes pretendieron defenderlo. Esta práctica fue tan frecuente que aburriría al lector señalando todos los casos que conocemos.

Solo diré que a veces la cosa les salía mal a los obispos, como le sucedió en el 400 a otro obispo que llegaría a santo: San Vigilio de Trento, que dirigió la habitual turba de monjes asesinos para destruir una estatua de Saturno situada en los campos cercanos a su ciudad y acabó lapidado por los campesinos que la adoraban. Algo parecido le sucedió siglo y medio después a San Galo, tío de Gregorio de Tours, que asaltó y destruyó los santuarios paganos de Colonia provocando una reacción tal en la población pagana, todavía numerosísima entonces, que solo la intervención de las tropas del rey franco Teudeberto de Austrasia le permitió salvar la vida. Para entonces hacía ochenta años que había terminado el imperio romano de occidente pero la represión cristiana y sus asesinatos y coacciones continuaban.

En todas partes los monjes se instalaban en templos paganos (San Pacomio en uno de Serapis en Egipto, San Benito en uno de Apolo en Italia...) para impedir que continuase el culto, en el imperio de oriente se decretaba en 542 la confiscación de tierras y bienes a los paganos, tierras y bienes que se entregaron a la iglesia para que erigiera monasterios, en 580 se lanzó una nueva persecución contra los paganos que afectó incluso a gobernadores provinciales como Anatolio, gobernador de Siria, que fue empalado en el circo de Constantinopla y, estando todavía vivo tras varias horas de suplicio, despedazado por las fieras todo ello para regocijo del patriarca y sus fieles.

En occidente los concilios seguían legislando contra los paganos. Todos sin excepción, y hasta bien entrado el siglo VIII (por ejemplo uno de los últimos de Toledo celebrado en 695), ordenaban que los obispos debían destruir los santuarios paganos de sus diócesis y que las fuerzas de los nuevos reinos bárbaros debían apoyarlos y, de paso, continuaban legislando para establecer su dictadura sangrienta. Por ejemplo, el concilio de Macon en 585 ordenaba que se arrebataran los bienes de quienes no acudieran a misa los domingos y los "culpables" fueran, además, azotados públicamente.

...Y así continuamente durante siglos. Recordaré para terminar este artículo que ya se extiende demasiado el glorioso día para la cristiandad en el que Carlomagno hizo decapitar, e insisto: en un solo día, a 5000 sajones paganos que se negaban a bautizarse. Fue en el año 782 y desde el 313 no habían dejado de sucederse ni un solo año asaltos, saqueos, robos, asesinatos, coacciones y todo tipo de actos salvajes y terroristas protagonizados por los talibanes cristianos contra la población, más sana y numerosa, de la ecumené pagana. Y, por supuesto, esos actos no concluyeron en 782.

Puede afirmarse, entonces con total respaldo de los hechos históricos, lo que se afirmaba al principio de este artículo: las sectas cristianas son peligrosas organizaciones que proceden de la superstición más absurda y retorcida y defienden el totalitarismo teocrático usando para imponerlo y desde siempre todo tipo de métodos ilegítimos comenzando por la mentira y acabando por el terrorismo. Organizaciones sectarias incompatibles con la libertad y el progreso que deben ser despreciadas y combatidas aunque el número de sus seguidores sea elevado e incluso mayoritario. La democracia, por mucho que se empeñen algunos, no es una cuestión de mayorías sino de actitud. Pensemos, para tener una visión más objetiva, en Irán...allí se vota regularmente, ¿pero es la república islámica, cualquier repíblica islámica, una democracia?¿es compatible con la libertad, la felicidad y el progreso?...para conseguir una verdadera democracia, defender la libertad y el progreso humano es preciso destruir la república islámica y eliminar la influencia de los clérigos chiitas en la sociedad. Exactamente lo mismo sucede con los cristianos. El cristianismo en todas sus formas es incompatible con la verdadera democracia y, desde luego, con la civilización.

Hay que ser consciente de ello y saber que  aceptar sus posiciones ideológicas o incluso adoptar una postura neutral es sinónimo de complicidad con los crímenes de estas sectas y apoyar la involución humana vulnerando de este modo la principal exigencia moral de la humanidad: el progreso hacia formas superiores de conciencia personal y organización social.

PD.- Recomiendo al lector la lectura de Historia Criminal del Cristianismo, excelente trabajo historiográfico publicado por Karlheinz Deschner en 1970. Y me gustaría recordar que la públicación de este documentado y extenso trabajo todavía no superado, le valió enfrentarse a un juicio por difamación a la iglesia en 1971 (que ganó) seguido de una sorda y sórdida persecución contra él y su trabajo por parte de esas mismas sectas que continuan siendo totalitarias, terroristas y contrarias a la libertad y la civilización.

Nota.- la fotografia es de Mharrsch. Estatua de Serapis, uno de los dioses salvadores que copiaron los cristianos para inventarse su Jesucristo.

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06/10/2009 14:20 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

EL OBISPO DE MARGUS

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Como soy un friqui de la historia me pareció buena idea aprovechar la celebración de la mostra cinematográfica de Venecia para rememorar el origen histórico de tan hermosa como singular ciudad pero mientras preparaba el artículo comprendí que resultaría más interesante hablar del causante de la cólera del "Azote de Dios" que la historiografía eclesiástica presentó como motivada por los pecados del pueblo que todavía no se sometía absolutamente a sus designios teocráticamente totalitarios presentándose a su vez falsamente como remedio efectivo contra las incursiones de ese castigo divino que era el famoso y poderoso Atila, rey de los hunos. Y, de paso, exponer ante el lector un buen ejemplo del modo en que la historiografía eclesiástica, y los historiadores confesionales hasta nuestros días, retuercen los hechos objetivos de la historia hasta convertirlos en propaganda.

Para empezar es preciso advertir de que tenemos una idea muy equivocada de lo que significaron Atila y su reino. Los consideramos bárbaros salvajes obsesionados con la destrucción y el saqueo, enemigos irreconciliables del imperio romano, simples bandas violentas entregadas al pillaje. Nada más falso. De hecho Atila era un delegado del poder imperial romano y su administración en Panonia y Mesia contaba con altos funcionarios romanos que le servían porque era servir al imperio, entre ellos cabe citar a Orestes, el padre del que sería último emperador romano de occidente: Rómulo Augústulo. Y, desde luego, distaba mucho de ser un bárbaro inculto. En su efímera capital trató de imitar las ciudades romanas iniciando la construcción de algunos edificios de piedra propios de la cultura greco-romana y trataba de alentar una cierta vida cultural que, ciertamente, era más pobre que la de las ciudades provinciales del imperio y contaba con elementos exóticos que en ese momento eran una novedad y acabarían generando todo un ciclo cultural en la Europa central. Fue en la corte de Atila donde surgió y se desarrolló lo que sería la poesía épica germánica (más exactamente una mezcla de elementos germánicos, hunos y sármatas) desde Arturo a los Nibelungos y desde los restos míticos en Jordanes hasta las sagas islandesas. Un aporte cultural distinto del greco-romano pero igualmente fundamental en el desarrollo de la identidad de la Europa moderna.

Conviene ahora que analicemos someramente los orígenes del reino de Atila para comprender su exacta naturaleza.

Hacia el año 350 los godos habían constituído un imperio que abarcaba desde el Mar Negro hasta el Báltico y desde los Cárpatos hasta el Mar de Azov. Lo regía una dinastía, la de los Amalos, encarnada en esos momentos por Hermanarico, rey tan poderoso e importante que en el siglo XIII las sagas islandesas todavía le recordarían y se referirían a él. Naturalmente este imperio no estaba conformado solo por godos sino que integraba gran cantidad de pueblos diferentes estructurándose en principados y entidades más o menos autónomas. Al parecer uno de estos principados, el de los hérulos, entró en conflicto con el poder central y aprovechó la cercanía de los hunos para aliarse con ellos en su rebelión. Estos, rechazados en sus intentos de penetrar en Persia, acababan de destruir el reino de los alanos, adyacente al de los godos y, enriquecidos con el botín y las nuevas tierras conquistadas, vieron con buenos ojos continuar la guerra contra Hermanarico que era ya viejo.

En 375 Hermanarico murió, la presión huna generó enfrentamientos por la sucesión dentro del imperio godo, se activaron tendencias centrífugas y el estado forjado durante dos siglos en las llanuras ucranianas saltó por los aires arrastrando a muchos refugiados de diferentes naciones hacia el Danubio.

El caos fue total y en 378 las tropas del imperio de oriente, con su emperador, Valente, a la cabeza, fueron aniquiladas en la batalla de Adrianópolis, por los refugiados que habían cruzado el Danubio.

Aprovechando el hundimiento del imperio godo, los hunos avanzaron hacia el oeste en bandas separadas. Algunos siguieron pretendiendo cruzar el Cáucaso y penetrar en Persia, otros se establecieron como señores en el antiguo solar de los Amalos que siguieron combatiendo algunos años más. Un tercer grupo se trasladó a la zona del Danubio y se dividió. Algunos contingentes cruzaron el río entrando a servir como auxiliares en el ejército romano, que se rehacía rápidamente tras el desastre de Adrianópolis, otros fueron desplazándose hacia las llanuras de Panonia donde las condiciones geográficas eran más adecuadas para su tradicional forma de vida.

En 394, Teodosio, el nuevo emperador de oriente, decidió convertirse en único emperador e invadió Italia con gran parte de su ejército entre el que se contaban gran número de godos y de hunos. Tuvo éxito, derrotó a Eugenio, el emperador occidental, y unificó el imperio pero solo para morir al año siguiente y dejar de nuevo el imperio dividido entre sus hijos: Arcadio en Constantinopla y Honorio en Milán (más tarde trasladó la capital a Rávena). 

Honorio era todavía un niño y quedó bajo la tutela de Estilicón, hijo de un senador romano y una princesa vándala y casado con Serena, sobrina e hija adoptiva del emperador Teodosio y por lo tanto, en la práctica, cuñado de ambos nuevos emperadores.

Estilicón fue, durante trece años, el dueño y señor del imperio de occidente y centró gran parte de su actividad tanto en tratar de extender inutilmente su poder a oriente como de contener las invasiones de pueblos del otro lado del Rin y del Danubio. Cada vez eran más y más las bandas hunas que llegaban a Panonia y Mesia y cada vez más los pueblos que huían hacia el interior del imperio para escapar de sus depredaciones y su dominio.

En 408 el emperador Honorio, harto de la tutela de Estilicón le hizo asesinar en el transcurso de un golpe de estado. Gran parte de los auxiliares bárbaros que habían llegado a occidente con Teodosio abandonaron Italia tras el asesinato de Estilicón. Los de estirpe más o menos germánica huyeron hacia Alarico que se había proclamado rey de lo que serían los visigodos y se movía en las actuales Eslovenia y Croacia. Los de estirpe más o menos esteparia, singularmente los hunos, se refugiaron al otro lado del Danubio, más o menos en la actual Hungría y norte de Austria, donde alentaban ya otras muchas bandas hunas.

No sabemos muy bien como se desarrollaron los hechos en Panonia pero sí que poco después del asesinato de Estilicón surgió al otro lado del Danubio un jefe huno, Uldín, que tuvo el suficiente poder para amenazar al imperio. Presuntamente había reunido a todos los grupos hunos al norte de la frontera bajo su autoridad y actuaba para vengar la muerte de Estilicón lo que hace pensar que era uno de los jefes de tropas auxiliares huídas de Italia y que la unión de las tribus hunas fue circunstancial y contó con escasa coordinación lo que convirtió su masa más en un problema logístico que en una ventaja táctica. Pero era un primer aviso.

Poco después, en 410, cuando Alarico asediaba Roma, pudo enviar a su cuñado Ataulfo al Danubio y conseguir tropas hunas que le auxilaron en su ataque contra el régimen resultante del asesinato de Estilicón.

En 423 en el transcurso de un nuevo golpe de estado contra ese mismo régimen, el nuevo y circunstancial emperador, Juan, pudo enviar también a uno de sus generales, Ecio, al Danubio para reclutar grandes contingentes de hunos y para entonces sabemos ya que estos contaban con una monarquía doble encarnada por dos hermanos: Ruhas y Munzak. Tío y padre, respectivamente, de Atila.

Las bandas dispersas de hunos que venían llegando a Panonia desde finales del siglo IV y que en 408 Uldín había unificado brevemente estaban hacia el 420 unidas bajo el dominio de una sola familia real, la de Atila.

Juan fue derrotado por la dinastía de Teodosio, pero Ecio, gracias a sus auxiliares hunos y a su amistad con los reyes de este pueblo (en su juventud había sido rehen de los godos y de los hunos) pudo mantener su poder en occidente durante un cuarto de siglo.

Durante ese tiempo el reino de los hunos en Panonia y  Mesia se asentó y se estructuró como una dependencia del gobierno imperial de occidente con numerosos funcionarios pertenecientes a la nobleza romana de la zona a la que, por vínculos familiares, también pertenecía el propio Ecio. Eran tiempos difíciles para el imperio, con grandes reinos federados pero no siempre leales creciendo en su interior (visigodos, suevos, francos, burgundios, vándalos) y numerosas amenazas acechando en las fronteras mientras los recursos disponibles disminuían velozmente. Disponer de un estado vasallo que defendiera la peligrosa frontera del Danubio con sus propios medios era una gran suerte para el estado en general y que los dirigentes de dicho reino fueran aliados políticos de Ecio, siempre enfrentado a la dinastía teodosiana, toda una garantía de supervivencia no solo política sino incluso vital para él. Surgió así una alianza estable beneficiosa para ambas partes.

El reino de los hunos no solo englobaba contingentes de esta etnia, en el nuevo reino había godos diversos, alanos, gépidos, hérulos, esciros, romanos, taifales...decenas de grupos controlados gracias a la superstructura huna establecida en Panonia a comienzos del siglo V y que apoyaba, dentro del imperio, el partido de Ecio del mismo modo que los visigodos apoyaban al de la casa teodosiana. Los hunos formaban parte del entramado estatal y político del imperio de occidente, eran aliados de Rávena y lo demostraron del modo más evidente que eso podía hacerse.

En la tradición esteparia la legitimidad real se definía por el control de un determinado y escueto territorio que incluía las tumbas reales. En el centro de Asia este centro real coincidía con el dominio de cierta montaña sagrada en la cordillera de Altai, lejos de ese centro del mundo, los túmulos reales tomaban su papel. Ya en el siglo VI a.d.C. cuando los persas querían sojuzgar a los escitas y les acusaban de huir constantemente estos les respondieron que si llegaban a las tumbas de sus reyes les verían pelear sin dar un solo paso atrás.

El cementerio real era el centro mismo de la legitimidad dinástica y los hunos de Panonia, demostrando su voluntad de paz y entendimiento, lo situaron a orillas mismo del Danubio, frente a una ciudad fronteriza romana: Margus (la actual Pozarevac en Serbia). En aquel tiempo los cementerios reales consistían en agrupaciones de grandes túmulos, colinas artificiales en cuyo interior se enterraba al personaje real rodeado de sus tesoros. Estas colinas artificiales se divisiaban perfectamente desde Margus como una permanente declaración de paz.

Y aquí es donde entra en juego el obispo de Margus.

Aunque los historiadores confesionales nos han transmitido la falsa imagen de que la expansión del cristianismo fue un proceso benéfico, voluntario, pacífico y libremente aceptado por la población que se beneficiaba del mismo, en realidad sucedió todo lo contrario. La imposición del cristianismo solo favoreció a los líderes de la secta (obispos y otros jerifaltes) que pasaban de encabezar grupos marginales a los que la sociedad civilizada greco-romana despreciaba del mismo modo que nosotros despreciamos a los talibanes (no eran otra cosa) a obtener poder y dominio que utilizaban para imponer sus leyes absurdas y su idea de pecado sobre el pueblo. Más aun: partiendo de la idea de que el poder viene de dios, apoyaron siempre la tiranía de los emperadores y el abuso de los poderosos siendo uno de los principales factores de esclavitud y exclusión social que afectaron las últimas épocas del imperio romano. Por si fuera poco, desde que el tirano Constantino les toleró y empezó a apoyarse en ellos, se dedicaron a organizar bandas enardecidas de fanáticos religiosos que asesinaban filósofos paganos, asaltaban templos de la religión antigua y los destruían torturando y asesinando a quienes se atrevían a defenderlos. Desde comienzos del siglo IV hasta bien entrado el VIII estas turbamultas de fanáticos saqueadores, torturadores y asesinos en nombre de Cristo poblaron Europa imponiendo su dominio teocrático a sangre y fuego.

El obispo de Margus a mediados del siglo V no era muy diferente a los demás obispos, ni siquiera en su absoluta falta de moralidad y ética (a este respecto me gustaría recordar, por ejemplo, el modo en que San Agustín y San Jerónimo participaron en el robo de los bienes de Melania y Piniano, actividad que hoy les hubiera llevado a la cárcel por estafa). Vamos a verlo.

Para este individuo repugnante que un cementerio pagano se levantase a vista de su sede episcopal resultaba un insulto insoportable y la certeza de que aquellas tumbas de un pueblo aliado estaban llenas de tesoros un acicate irresistible. ¿Qué hizo?...lo que tantos obispos de su época: organizó un tumulto de devotos fanáticos, cruzó el Danubio y profanó y saqueó las tumbas de los padres, tíos y restantes familiares de Atila. Este, en cumplimiento de su estatus de aliado, recurrió al emperador de oriente para que reparase el desaguisado. Pero Teodosio II estaba completamente dominado por los sectarios cristianos, su hermana Pulqueria había convertido la corte de Constantinopla en un monasterio en el que solamente se rezaba, se ayunaba y se hacía penitencia. El emperador, como solía ocurrir, no movió un dedo para castigar al obispo tumultuario, profanador y ladrón. Pero Atila no era un campesino indefenso como tantos que asesinaron durante siglos los cristianos ni un ciudadano al que se pudiera asesinar en cualquier callejón si no un rey poderoso que viendo que no se atendían sus justas reclamaciones comenzó una guerra.

El epílogo del caso es que el propio obispo de Margus, cuando vio que los hunos se acercaban a su ciudad, se la entregó a cambio de salvar la vida traicionando de este modo al mismo emperador que lo había protegido. Corolario mucho más que elocuente sobre la moralidad de estos que nos venden como santos.

Atila siguió atacando al imperio de Teodosio II y la misma iglesia que había provocado su ira la aprovechó para aumentar su poder haciendo correr la especie de que las destrucciones que este rey airado causaba al sur del Danubio no eran culpa de la iglesia si no de los pecados del pueblo que debía someterse aun más a los obispos y sus absurdas imposiciones morales y doctrinales para librarse de la furia de dios encarnada por el huno. El victimismo y achacar a la falta de sumisión y moralidad de quienes quieren sojuzgar son una táctica habitual de esta gentuza. La siguen utilizando y les sigue funcionando.

En cuanto a Venecia, que es el origen remoto de este artículo, resumiremos.

En el norte de Italia existía una importante ciudad llamada Aquilea. En 452 la saqueó Atila llevándose a sus 200 000 habitantes como esclavos al otro lado del Danubio. En 453 murió y 454 su imperio quedó destruído a causa de las luchas sucesorias de sus hijos. En Panonia surgió un nuevo poder, el de los gépidos, un pueblo germánico hasta entonces sometido a los hunos. Estos deseaban disfrutar de un estatus similar al que habían disfrutado los hunos y Orestes, romano de alta alcurnia hasta entonces al servicio de Atila y muy bien relacionado en Rávena, estaba casado con la hija del senador Rómulo, y futuro padre del que sería último emperador de occidente, aprovechó este deseo para exigirles determinadas condiciones a cambio de reconocerles como nuevos aliados de Rávena en Panonia. Entre estas condiciones se contaba la de liberar a los habitantes de Aquilea que en 455 pudieron regresar a su ciudad. Pero ya no se fiaron de sus murallas, que no les habían podido defender en 452. Por el contrario se asentaron en las marismas y las islas cercanas a la costa. Así surgió Venecia que tras la caída del imperio de occidente y la reconquista italiana de Justianiano quedó incluída en el exarcado de Rávena. Durante toda la edad media, hasta la caida de Constantinopla en manos de los turcos en 1453, tuvo la consideración jurídica de ciudad bizantina lo que le permitió mantener su independencia frente a los diversos poderes que se fueron constituyendo en Italia y disfrutar de amplios privilegios comerciales en el imperio bizantino que la enriquecieron e hicieron poderosa.

NOTA.- la fotografía representa el castillo de Golubac y es de Electrostatico.

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