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DEJA VU (LOS PÁNICOS FINANCIEROS DE 1819 Y 1857 EN ESTADOS UNIDOS)

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Los que mandan, la oligarquía bancaria y sus políticos a sueldo, son unos estafadores que se aprovechan de la desinformación de las clases populares para hacer de su capa un sayo. Una de las más útiles mentiras que manejan es la de conceptuar lo que está sucediendo en nuestros días como un acontecimiento único e incomparable del que solamente se puede salir de un modo: con las políticas que a ellos les convienen.

Ya lo hemos dicho: tal concepción de la crisis actual es, sencillamente, mentira. En realidad estamos viviendo un ciclo habitual en los mecanismos de especulación financiera y estamos gestionándolo del peor modo posible: aquel que concentra riqueza y poder en unas pocas manos extendiendo la pobreza, la miseria incluso, y la pérdida de derechos sociales y políticos entre la mayor parte de la población. Tan es así que los ejemplos disponibles para la demostracíón del ciclo perverso del capitalismo son infinitos. Nosotros, en este artículo, nos centraremos únicamente en dos: los pánicos de 1819 y 1857 en Estados Unidos. A ver si las causas y los mecanismos le suenan a nuestros lectores.

EL PÁNICO FINANCIERO DE 1819

Las guerras napoleónicas y el año sin verano (1815) habían convertido en deficitaria la agricultura europea abriendo una importante ventana para la especulación en ese campo que la oligarquía financiera estadounidense decidió aprovechar para enriquecerse.

Los mecanismos políticos se pusieron de inmediato en marcha y en 1817 lograba crearse el Segundo Banco Nacional (después de que el Primero hubiera acabado en bancarrota y boiciteado políticamente en 1811). La operación especulativa tenía una doble vertiente: por un lado se abría el grifo del crédito para conseguir el establecimiento de nuevos colonos en territorios yermos y luego se compraba a bajo precio su producción cerealística para revenderla en Europa a precios de carestía consiguiendo ingentes plusvalías. Lógicamente se creó una burbuja tanto de crédito como comercial. Y esta burbuja no tardó en estallar.

Para 1818 los efectos del año sin verano y de las guerras napoleónicas estaban remitiendo en Europa y los precios del grano bajaron dando al traste con el negocio de los 100 inversores que manejaban la mayor parte de los depósitos del Segundo Banco (entidad privada que gestionaba el crédito del gobierno federal vendiéndole de paso el dinero que emitía) de modo que los depósitos en oro y plata del mismo dejaron de cubrir las emisiones de papel moneda. Más aún: a ser infinitamente menores que los vales emitidos. Tal circunstancia generó una inflación galopante que aumentó cuando al ser destituído el director del banco (W. Jones) se descubrió que tanto él como sus directivos habían incurrido en lucrativos fraudes y robos de depósitos que, enriqueciéndoles a ellos, conducían al banco (privado) y al gobierno, que dependía de él, al borde de la quiebra.

El nuevo director del Segundo Banco, Langdon Cheves, tuvo como principal interés contener la inflación para salvar el valor nominal del papel moneda en manos de los 100 inversores de la entidad que constituían la aristocracia financiera de los Estados Unidos. Para contener la inflación sin evidenciar la desproporción entre papel moneda y depósitos de oro y plata ni perjudicar los intereses de los grandes inversores recurrió a la restricción del crédito causando una profunda recesión que agudizó el desempleo entre las clases desposeídas del país y llevó a la ruina a los pequeños propietarios, especialmente a los colonos agrícolas cuyas adquisiciones de tierras se habían llevado a cabo en papel moneda prestado por el propio banco que ahora exigía los pagos en metálico, en oro y plata.

Para 1822 la situación financiera del Segundo Banco ya se había estabilizado pero el director Cheves mantuvo el control del crédito que ahora generaba artificales plusvalías para los grandes inversores.

En 1823 Cheves fue destituido a causa del descontento popular, pero su sucesor: Biddle, siguió al servicio de los mismos intereses, los de los grandes inversores que se habían enriquecido a costa de la ruina de los pequeños propietarios y los trabajadores. Biddle abrió el crédito de nuevo pero concentrándolo en los intereses industriales de los grandes inversores que se lanzaron así a aventuras empresariales que generaron una revolución industrial en el marco de la cual los trabajadores quedaron más sojuzgados y dependientes del capital que ellos manejaban y los pequeños inversores de antaño en su mayor parte fueron proletarizados mientras se creaban latifundios a costa de las pequeñas propiedades expropiadas.

La política financiera del banco continuó en la misma línea hasta que en 1832 ganó las elecciones presidenciales un representante de los pequeños agricultores que retiró en 1833 lós créditos estatales del Segundo Banco llevándolo a la ruina pero no sin que dejara tras de sí una poderosa élite de grandes capitalistas enriquecidos mediante la especulación del trigo y el papel moneda y los créditos industriales entre 1817 y 1833.

EL PÁNICO FINANCIERO DE 1857

Dicha élite siguió operando en un contexto de absoluta libertad bancaria que favorecía la especulación con el papel moneda, cada vez más desacreditado (de ahí la importancia histórica de las diversas fiebres del oro que sufrió el país, especialmente la de California en 1848: la gente común solo tenía acceso al papel moneda de los bancos, de valor dudoso cuando no nulo, y necesitaba oro y plata para estabilizar su situación económica, y estos circulaban poco y eran extraordinariamente caros habiéndose convertido casi en monopolio de la élite inversora, de ahí también la abundancia de asaltos a bancos y trenes que los transportasen) y la tesaurización de los metales preciosos.

Rápidamente la inversión en las compañías de ferrocarril y de seguros crearon una nueva burbuja que estalló al arruinarse en 1857 la Ohio Life Insurance.

De nuevo la necesidad de convertir masivamente el papel moneda de dudoso valor en metales preciosos generó un pánico financiero que perjudicó los beneficios de los grandes inversores del norte que se habían enriquecido con el Segundo Banco Nacional.

Hacia 1859 la crisis se econtraba ya estabilizada pero había supuesto una drástrica disminución de las plusvalías de la oligarquía financiera del norte. La solución fue sencilla: en 1861 se desató la guerra civil que bajo la loable excusa de acabar con la esclavitud perseguía el insidioso objetivo de poner los estados del sur bajo la dependencia financiera de la oligarquía del norte. En 1863 se estableció la Ley Nacional de Banca, que estabilizó el sistema financiero volviendo a la senda del crédito a los industriales del norte arrastrando, junto con los efectos de la guerra y de la creciente inmigración, a gran parte de la masa estadounidense a la condición de proletarios cada vez peor pagados.

Solo en 1877 se redujo tres veces el sueldo de los trabajadores del ferrocarril para aumentar y garantizar las plusvalías de las compañías ferroviarias. Se produjo entonces una gran huelga del sector que los oligarcas acabaron a tiros mediante mercenarios y policías. Comenzó así en los Estados Unidos la represión del movimiento obrero que acabaría conduciendo al totalitarismo liberal-capitalista de después de la Segunda Guerra Mundial que todaví apadecemos y constituye la principal amenaza para la libertad y los derechos civiles y sociales de los ciudadanos tanto en Estados Unidos como en Europa.

 

NOTA.- La fotografía es de Fallingwater 123.

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21/11/2012 17:38 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.

EL SUCIO TRUCO DE LIBERALIZAR EL COMERCIO.

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El capitalismo se basa en la mentira y la estafa. Es un timo a gran escala en la que unos pocos privilegiados utilizan a secuaces en los diferentes nichos de poder (políticos corruptos, propagandistas a sueldo, jueces, policías y hasta militares al servicio del capital y no del pueblo) para robar impunemente a la mayor parte de la población al tiempo que restringen sus libertades políticas para evitar que puedan incluso protestar por el latrocinio innoble del que se les hace víctimas.

De todas las mentiras que el capitalismo incluye en su panoplia propagandística la más extendida y la más falsa de todas, junto con la identificación de capitalismo y democracia, es la del libre comercio. Esa, la del libre comercio, es la bandera más enarbolada por los liberal capitalistas desde que se lanzaron a la piratería contra España y su imperio. Porque, no hay que olvidarlo, el origen del capitalismo dominante en estos tiempos es, fundamentalmente, el delito: la piratería y el pillaje de ingleses, franceses y holandeses contra España. Y los ladrones, lo hemos dicho ya en otro artículo reciente, dificilmente cambian.

El libre comercio en el sistema capitalista es una falacia por el simple hecho de que el mismo está en manos de unos pocos que controlan y manipulan los mercados en perjuicio de todos, también de los pequeños y medianos actores. La realidad económica del capitalismo es la especulación y la usura. Todo lo demás es palabrería, publicidad, hipocresía.

En ese sentido cualquier desregulación del comercio favorece siempre a los poderosos y arruina a los pequeños y medianos empeorando la calidad de los productos y encareciendo su precio de cara al consumidor. Por lo tanto podemos afirmar que cualquier liberalización del comercio es, simple y llanamente, una estafa y que los políticos que las acometen incurren en prevaricación, quedando democráticamente deslegitimados y como reos de traición al pueblo.

Sin embargo la desregulación, la liberalización de los mercados, es el mantra recurrente de todos los políticos del régimen y, muy especialmente, de los adscritos a la extrema derecha (PP, CiU, PNV, etc)...

¿Cual es el resultado de semejante pulsión liberalizadora, de semejante estafa continuada?...es fácil de comprobar: la destrucción del pequeño y mediano comercio, de la pequeña y mediana industria que daban vida a la economía de España, la deslocalización de empresas, el abaratamiento de mano de obra por la competencia desleal de inmigrantes y la hegemonía de muy pocos grupos de distribución acompañados por una constelación de negocios detallistas de origen, financiación, finalidad y mantenimiento mucho más que dudosos y que, en última instancia, contribuyen a extender los males del modelo de negocio impuesto por los corruptos políticos prevaricadores: empeoramiento del producto, deslocalización del empleo, fin de la autonomía económica y de la soberanía a todos los niveles.

La desregulación de los mercados, la liberalización del comercio, no solo es un error económico, social y político, es también un atentado consciente contra la libertad, la supervivencia y los derechos del pueblo. Una traición que deberá ser castigada con la máxima dureza.

Pero nuestros políticos obedecen a sus amos extranjeros y nos venden por miserables platos de lentejas consustanciados en lucrativos retiros en empresas privadas, dádivas y prebendas de todo tipo...

Ahora bajo el  gobierno intruso, golpista y terrorista del ilegítimo régimen vigente, vuelve a llover sobre mojado.

Mediante decreto ley (el 20/2012 de 13 de julio), su pulsión dictatorial es tan intensa que no acueden al parlamento ni disponiendo de una mayoría absoluta conseguida con menos de un tercio de los votos, han impuesto una nueva liberalización del sector comercial, otra más.

Y precisamente ahora que por sus malas políticas económicas (no equivocadas sino deliberadamente destinadas a empobrecer a la mayoría para enriquecer todavía más a los especuladores que les pagan) el pequeño y mediano comercio, la pequeña y mediana industria están viniéndose abajo, cerrando en masa y mandando a decenas de miles de trabajadores al paro, a un paro que no les van a permitir cobrar mientras hacen que suban los precios con el aumento del iva, les limitan la asistencia sanitaria y educativa, les dificultan los alquileres poniéndolos en manos de usureros de cuarta, precisamente ahora, en una escalada más del terrorismo social del gobierno intruso  y criminal de Rajoy, se procede a la "liberalización" del comercio.

¿Las consecuencias de semejante acto?...exactamente las que buscan: más paro, más destrucción de comercios y empresas medianas y pequeñas, mayor auge de la competencia desleal de negiocos dudosos y una fabulosa concentración de capital en muy pocas manos: las de los especuladores y usureros que causaron la crisis y se están beneficiando de ella a costa de todos.

¿Váis a seguir consintiéndolo?....¡Sublevaos!...la democracia se conquista y pasa por la destrucción de la oligarquía y el castigo de sus títeres.

NOTA.- La fotografía es de ds-photo:bembelkandidat.

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26/08/2012 20:43 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.

LO QUE RAJOY NO SABE (Y DEBERÍA SABER) SOBRE EL CAPITALISMO.

El ilegítimo gobierno intruso de Rajoy no solo es reaccionario y golpista, además, y hasta puede considerarse peor, está compuesto por incompetentes. Tipos (y tipas) tan adoctrinados y fanáticos que son incapaces de comprender la esencia misma del injusto e ineficaz sistema económico y social que propugnan y defienden.

Esa panda de traidores al pueblo, de terroristas sociales, de franquistas poco encubiertos, de despreciables títeres de la banca y los especuladores, se han creído a pies juntillas los dogmas de la Escuela de Chicago y toda su capacidad política y técnica se reduce a aplicarlos mimética y milimétricamente: destrucción de los derechos sociales y políticos del pueblo para someter a sus individuos a la salvaje explotación del capital, desmantelamiento del estado para que no exista ningún contrapeso a los excesos del capital, represión y criminalización de las justas protestas del pueblo, promoción del sectarismo semita...ya sabemos qué es y cómo funciona el totalitarismo neoliberal.

Piensan, estos inútiles, que obedeciendo al pie de la letra la doctrina neoliberal, inmolando España ante la avaricia insaciable de esos especuladores con nombres y apellidos que se esconden tras el aséptico concepto de mercados, van a conseguir su beneplácito y su apoyo financiero. A eso se reduce la mágica receta que decían poseer para sacarnos de la crisis.

Y, sin embargo, no consiguen nada. Cuanto más dan de comer al monstruo más comida pide este y menos afloja su llave asfixiante. Y tanto Rajoy como sus incompetentes popes económicos, ya reos de traición al pueblo y de terrorismo social, culpas que sin duda deberán pagar con la máxima dureza posible, contemplan atónitos esta aparente incongruencia de los hechos. Obedeciendo al pie de la letra la doctrina neoliberal no obtienen alivio sino todo lo contrario: se estrecha el cerco. Y no atinan a comprender las causas.

Es porque en su estulticia dogmática ni siquiera aciertan a comprender el sistema que defienden y en el que tratan de medrar.

Naturalmente los especuladores repudian cualquier control pero es preciso tenerlos controlados para encauzar sus malos hábitos y conseguir un cierto beneficio del obsoleto y erróneo sistema capitalista. El secreto del crecimiento no radica en obedecer al capital sino en controlarlo. He aquí una verdad evidente que Rajoy y sus cómplices ignoran.

Otra, todavía más importante, es que el secreto de la inversión no se halla en la obediencia doctrinal, sino en el beneficio. Digan lo que digan los propagandistas del totalitarismo neoliberal, convertido en una religión con dogmas y por lo tanto irracional y escasamente flexible ante la evolución de la realidad, la base de la inversión no está en la desrregulación ni en el empobrecimiento de la sociedad sino en la esperanza de obtener beneficios.

¿Quieres inversores, quieres una prima de riesgo baja? genera riqueza, tejido productivo, distribuye la riqueza para que exista consumo...en resumen haz cualquier cosa menos obedecer al pie de la letra los dogmas neoliberales.

Y ese es uno de nuestros más graves problemas actualmente: que nuestros dirigentes no solo son unos traidores indignos, unos terroristas sanguinarios, además son unos ignorantes y unos incompetentes que, declarándose capitalistas, ni siquiera llegan a comprender los mecanismos básicos del capitalismo.

Nos gobierna una panda de fanáticos inmorales e ignorantes. De modo que, pase lo que pase, nos dirigimos hacia el abismo.

Acabaría este artículo gritando ¡sálvese quien pueda!...pero creo que nadie podrá si continuamos con los mismos incompetentes al mando.

NOTA.- La moraleja del vídeo es evidente: si das trigo, vienen los pájaros y puedes manejarlos. Bailemos, pues.

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25/05/2012 15:18 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.

LA NUEVA ESTAFA DEL FMI

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Que no estamos viviendo una crisis sino una estafa a nivel planetario lo saben ya hasta los más tontos. Que el gran capital internacional está creando escenarios ficticios para que las clases medias y bajas de los países del primer mundo vean saqueados sus activos y pierdan sus derechos como ciudadanos, trabajadores y consumidores es un hecho incontrovertible.

Ahora nos enfrentamos a una nueva fase de ese inmenso acto de piratería financiera, una nueva etapa en el golpe de estado neoliberal que estamos padeciendo.

El tinglado se estructura así:

1.- El Banco Central Europeo, como sabemos, tiene prohibido por ley prestar directamente a los estados europeos que, por otro lado es la función principal de cualquier banco central en un sistema financiero sano y sensato. En lugar de eso presta el dinero al 1 % a la banca privada para que los bancos privados se enriquezcan indebidamente prestando a su vez ese dinero a los estados al 3, 4, o5 %. Cuantas más dudas se siembren en el ambiente sobre la solvencia de los países más usura pueden aplicar los bancos. Es ahí donde entran las agencias de calificación de deuda soberana (que solo son tres, estadounidenses y manejadas por idénticos accionistas que también lo son de los bancos prestatarios) bajando las calificaciones, desestabilizando los mercados y poniendo en duda la solvencia de los estados para que la prima de riesgo suba artificialmente y los bancos prestatarios puedan multiplicar sus beneficios con la especulación. Es un negocio redondo cuyo origen se encuentra en la malversación del dinero público: en imponer por ley que el Banco Central Europeo en lugar de cumplir con sus funciones regale dinero público, detraido de los bolsillos de las clases medias y bajas que son las que realmente pagan impuestos en Europa, para que los bancos privados puedan enriquecerse fraudulentamente a  costa de todos.

2.- Para colmo los bancos privados retienen gran parte del dinero público regalado (al 1% para que puedan cobrar intereses del 5 o el 6%) propiciando una sequía del crédito que estrangula lentamente a la economía europea arrastrándola indefectiblemente a la recesión en un escenario absurdo en el que el dogmatismo neoliberal de los gobiernos europeos, meras marionetas del gran capital para el que trabajan en detrimento de sus propios ciudadanos, impone un papel pasivo de las instituciones públicas en el desarrollo económico de la eurozona convirtiéndose dichas instituciones, parasitadas por zombis de la banca privada y fanáticos irredentos de la Escuela de Chicago, en cómplices del estrangulamiento económico y social de los pueblos de Europa por el simple hecho de que la crisis está resultando un gran negocio para el gran capital, hay una minoría ínfima de oligarcas, mucho menor del 1% que suelen enunciar los carteles, que se está enriqueciendo y no solo eso: asegurando unas condiciones futuras de predominio absoluto mediante la estafa aquí descrita. La llamada crisis está sirviendo para que el dinero se concentre todavía más en unas pocas manos a costa de que se vacíen los bolsillos de quienes consiguieron sus parcos ahorros con el trabajo y el esfuerzo personal y no mediante la usura, la estafa y el robo. Y, por si fuera poco, los zombis neoliberales que han parasitado las instituciones otrora democráticas de Europa sirven a sus amos favoreciendo no solo esa concentración de capital en pocas manos, que es un modo eufemístico de referirse a un robo sin precedentes, sino que se aseguran de que las condiciones se perpetúen de modo que el robo y la estafa se prolonguen indefinidamente.

3.- Las políticas descritas tienen una sola consecuencia posible: la recesión económica. Y ahí es donde la estafa alcanza un refinamiento tan maquiavélico que puede, incluso, ser tildada de arte. Sin crédito y con los estados sometidos a la especulación de la deuda soberana, llega el ahogamiento total, para sobrevivir deben recurrir al FMI (bastaría nacionalizar la banca, reformar el BCE, enviar a la cárcel, o al paredón, a los banqueros, especuladores, usureros y títeres políticos que han favorecido la estafa, pero esa posibilidad no se contempla porque son ellos quienes controlan unas instituciones falsamente democráticas y quienes controlan las leyes y la policía) y este les presta dinero a cambio de que impulsen con más fuerza las medidas de la ortodoxia de la Escuela de Chicago, las mismas que nos han llevado a la ruina. Pero la gracia del caso reside en que el FMI ha creado, acaba de anunciarlo, un fondo de rescate de 390 000 millones de euros de los cuales 200 000 millones (más de la mitad) han sido o serán aportados por la propia Europa, es decir: por los ciudadanos de las clases medias y bajas que pagan impuestos mientras las grandes fortunas de la especulación no lo hacen. En resumen: que nos llevan a la ruina para prestarnos nuestro propio dinero a intereses exorbitantes y con la condición de imponer leyes y medidas que sigan empobreciéndonos, arrastrándonos a la esclavitud y permitiendo que los que  están robándonos puedan seguir haciéndolo en un marco de total déficit democrático.

4.- Porque, la duda ofende, nadie nos va a consultar, nadie va a tener en cuenta nuestra opinión, ya nuestro voto es prescindible porque las decisiones no se toman en los parlamentos nacionales sino en instancias blindadas frente a la opinión pública y, cuando protestemos, cuerpos armados y pagados con nuestros impuestos, con el dinero que nos roban para enriquecer a la banca, se dedicarán a reprimirnos sin contemplaciones.

Esa es la estafa que padecemos y la nueva fase que vamos a experimentar en un futuro no muy lejano.

Y solo hay un camino para cambiar las cosas. Frente a la tiranía: revolución.

NOTA.- La fotografía es de Kit Kath Ruiz y procede de los chicos de teatro de la Universidad de Carabobo (Venezuela).

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OBSTINACIÓN RECALCITRANTE (Y SUICIDA)

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El debate de investidura del señor Rajoy en las ilegítimas cortes españolas ha sido una charlotada vulgar y deleznable  , un simple alarde de ceguera dogmática, un empecinarse en el fundamentalismo ideológico a despecho de todas las pruebas que la historia ha acumulado en contra de la utilidad de las nocivas tesis neoliberales. Y lo peor de todo no ha sido el hecho, esperable, de que la mediocridad analítica y la escasa capacidad de iniciativa de la derecha (tanto extrema: PP, CiU, PNV, UPyD como moderada: PSOE) haya conducido a la defensa de lo indefendible, a insistir en políticas que se saben perjudiciales desde el siglo XIX, sino que la izquierda moderada (en nuestro parlamento no existe verdadera izquierda, tan solo formaciones socialdemócratas más o menos domesticadas) ha mostrado similar adocenamiento filosófico limitándose a suplicar medidas keynesianas y a proclamar su lealtad hacia unas instituciones disfuncionales, ilegítimas, en absoluto democráticas y sin verdadero peso político en lugar de dedicarse a ayudar en la irrenunciable e inaplazable tarea de construir un contrapoder verdaderamente social y democrático en la calle, una iniciativa que ayude a derribar un régimen caduco y demostradamente incapaz de defender los intereses de la mayoría de los ciudadanos aupando uno que cumpla precisamente esa función: la de gestionar la implementación de los intereses generales del pueblo frente a la dogmática ortodoxia neoliberal propia del régimen vigente y que solo favorece al gran capital internacional y a sus secuaces, entre los que se cuentan la inmensa mayoría de nuestros políticos.

Las tesis defendidas en dicho debate por el flamante nuevo presidente del gobierno no representan ninguna novedad. De hecho son la escenificación de una ideología antigua, caduca e inoperante, que se aplica una y otra vez con obstinación recalcitrante y suicida a pesar de su probada ineficacia para generar prosperidad y progreso social.

Tanto el señor Rajoy como el resto de las grandes lumbreras neoliberales que en el mundo son están imponiendo por la fuerza una mentalidad atrasada, propia del siglo XVII, que no se ha modernizado nada desde entonces y que ya desde el siglo XIX ha sido científicamente desenmascarada y no solo por el pensamiento marxista. Una mentalidad errónea y perjudicial que sus seguidores no esgrimen como fórmula contrastada por la realidad sino como simple fe, como dogma indiscutible. El neoliberalismo hace tiempo que dejó de ser una ideología política para convertirse en una religión inmune a cualquier proceso racional de crítica. De hecho podemos afirmar que el neoliberalismo ha acabado convirtiéndose en poco más que en una secta destructiva, una ideología dogmática y totalitaria cuyos acérrimos seguidores viven fuera de la realidad, necesitando urgentemente una desprogramación mental para poder tener alguna posibilidad de convertirse en ciudadanos de bien, en personas sensatas y útiles para la sociedad.

El ansia de desrregulación de los mercados procede de los siglos XVI y XVII. En esa época España mantenía el monopolio comercial de la mayor parte de América y los protestantes codiciosos de Inglaterra, Holanda y Francia, impregnados de fanático antipapismo y devorados por la avaricia, clamaban por la libertad de comercio para justificar sus actos de piratería, sus robos, saqueos, asesinatos y violaciones en la América hispana. No han cambiado nada desde entonces. El liberalismo sigue siendo la misma amalgama de odio racial y religioso entreverada con avaricia ciega y desvergüenza total.

Ya el siglo XVII presentó los primeros ejemplos de burbujas capitalistas periclitadas que traían la ruina y el empobrecimiento de la mayoría al precio de concentrar poder y capitales en unos cuantos. En ese sentido es famosa la burbuja de los tulipanes en Holanda (que explotó en 1637), primer ejemplo de lo que, precisamente por seguir aplicando las mismas políticas económicas, financieras y sociales del siglo XVII, estamos viviendo en nuestros días.

Más tarde, en 1862, el economista francés Clement Juglar publicó un libro fundamental en el estudio científico de los ciclos capitalistas y de cómo las crisis que empobrecen a la mayor parte de la población concentrando el poder y el capital cada vez en menos manos, no son una casualidad sino una constante inevitable del liberalismo capitalista. El libro en cuestión se titulaba: Las Crisis Comerciales Y Su Reaparición Periódica en Francia, Inglaterra Y Estados Unidos. Desde entonces existe una demostración científica de que las medidas que los actuales neoliberales proponen para arreglar la crisis únicamente acaban generando más crisis y mayor pobreza. Sin embargo, continúa el dogmatismo ciego y suicida.

Puesto que las críticas de Juglar y otros economistas lúcidos no fueron tenidas en cuenta y la inercia del capitalismo salvaje, de la especulación y de la desrregulación condujo a la terrible crisis de 1929, fue preciso que nuevos estudiosos  intentaran corregir los evidentes fallos de la ortodoxia liberal. Fue así como en 1936 Keynes publicó otro libro fundamental: Teoría General Del Empleo, El Interés Y El Dinero.

Keynes, acaso por cobardía, condicionado quizá por la necesidad de desarrollar su carrera en el núcleo duro del capitalismo salvaje, no se atrevió a llevar hasta las últimas consecuencias filosóficas la evidencia que guiaba su trabajo: el hecho de que la ortodoxia liberal capitalista es básicamente errónea y no genera prosperidad y progreso, sino una miseria creciente mientras se concentran el poder y el capital cada vez en menos manos generando una asimetría social que acaba convirtiendo, lo estamos viendo perfectamente en nuestros días, en imposible la democracia.

Keynes se limitó a aceptar el imperfecto y perjudicial capitalismo que constituía la base ideológica del mundo imperialista anglosajón en el que se formó, buscando medios de rectificar las nefastas consecuencias de la total libertad de eso que llaman mercados para no nombrar al gran capital. Desarrolló así una teoría en la que el estado, lejos de cumplir su función democrática de defender y gestionar el bien común, se convierte en un rehén de los intereses del capital ofreciéndose como regulador en tiempos difíciles a través, en última instancia, de socializar las pérdidas del gran capital privatizando en su favor todas y cada una de las plusvalías generadas por la economía del pueblo mediante la regulación sesgada del estado a favor del capital.

El keynesianismo era un elemento de estabilidad para el capitalismo pero se oponía al dogmatismo totalitario de los capitalistas irredentos del nuevo imperio en auge, los Estados Unidos, y fue por ello apartado imponiéndose con furia el nefando fundamentalismo de los nuevos amos del mundo.

Fueron estos quienes, mediante los tratados de Bretton Woods en 1944, impusieron el dogma neoliberal sobre el mundo creando, de paso, un entramado de instituciones internacionales y una "legalidad internacional" que no vienen a ser otra cosa que organismos mafiosos para imponer por la fuerza dicho dogmatismo.

Que los organismos y la "legalidad" internacional solo sirven para proteger los intereses del gran capital, y que son medios de imposición de los mismos y su dogmatismo totalitario al mundo, nos lo demuestra cualquier análisis, siquiera somero, de su funcionamiento. La ONU, por ejemplo, a través de sus políticas de desarrollo agrario lleva medio siglo favoreciendo los intereses de las grandes corporaciones aun a costa de arrojar a la miseria a millones y millones de pequeños campesinos. No hace mucho (¿se acuerdan de la gripe A?) vimos como la OMS se utilizó para llenar los bolsillos de una multinacional farmaceutica vinculada a miembros del gobierno de los Estados Unidos, los mismos que, con similares intereses bastardos, forzaron la invasión de Iraq...estamos hartos de ver como el FMI siempre que interviene es para empobrecer a la población, recortarle sus derechos y favorecer a las grandes corporaciones permitiéndoles enriquecimientos ilegítimos. Hartos de comprobar como la OMC ataca el sector público en todos los países para convertirlo en negocios privados que favorezcan a las grandes corporaciones, como la Unión Europea sigue el mismo camino...

Toda la legalidad internacional es un fraude, todos los organismos internacionales son eslabones de la misma cadena mafiosa. No hay salvación para el pueblo dentro de esa ortodoxia inamovible. Eso es un hecho y cualquier político que pretenda mantenernos afectos a esos mecanismos es un estúpido o un traidor, en cualquier caso un individuo indeseable y perjudicial para la sociedad que pretende dirigir. De hecho también empezamos a estar hartos de ver como los políticos después de empobrecer a sus pueblos y de arrebatarles sus derechos son premiados en el sector privado, acumulando puestos, sueldos y prebendas por parte de las grandes corporaciones que han favorecido culpablemente...

Y, sí, lo que vimos en el debate de investidura de Rajoy no excedió esos límites. Tanto la ultraderecha como la derecha moderada y la pseudo-izquierda representadas en el congreso se limitaron a escenificar una danza macabra enmarcada en ese escenario perjudicial y predeterminado de la ortodoxia neoliberal. Triste, muy triste...

Y seguramente lo más triste de todo fue contemplar al señor Cayo Lara invocando medidas keynesianas, es decir: de total acatamiento al capitalismo, en el marco de un anticuado discurso económico sin duda válido para épocas anteriores a la deslocalización y que no apuntó en ningún momento contra los verdaderos enemigos del pueblo ni presentó soluciones para escapar a su control, si esa es la izquierda que nos espera...estamos muertos.

En fin, solo queda un camino: construir la alternativa en la calle y desde la calle. Y luego tomar el poder y desconocer conscientemente la llamada "legalidad internacional"...llegan tiempos de lucha o sometimiento total. Habrá que elegir.

NOTA.- La fotografía es de Pink Sherbet Photography

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20/12/2011 19:53 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.

LA SOLUCIÓN AL PROBLEMA BANCARIO (beneficiando a la mayoría)

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Hace tres años, cuando la especulación financiera puso a los bancos contra las cuerdas demostrando que en realidad ni sus dirigentes ni sus cuadros medios sabían hacer su trabajo y que la codicia y la avaricia en connivencia con una serie de estafas consentidas, avaladas y hasta fomentadas por las leyes de unos regímenes corruptos gobernados de espaldas al pueblo y de acuerdo con las conveniencias de los estafadores que se encuentran al frente de esos mismos bancos, la única solución que se quiso contemplar desde los estamentos políticos, compuestos por paniaguados hombres de paja al servicio de la banca, fue utilizar dinero público para reflotar dichos bancos y que sus dirigentes pudieran seguir no solo disfrutando de enormes e indebidos beneficios privados en lugar de arruinarse y ser procesados, sino también manteniendo sus abusivos usos contra los ciudadanos en cuanto ciudadanos, en cuanto consumidores y en cuanto productores. No solo se salvó a los banqueros, se les permitió seguir robando y estafando. Más aún: los políticos siguieron ciegamente sus consignas para empobrecer hasta la inanición a los ciudadanos y privarles de sus más esenciales derechos y conquistas sociales. La excusa que se nos dio a los ciudadanos para acometer semejante desafuero, pura prevaricación desde el punto de vista jurídico y absoluta traición al pueblo desde el político, fue que no se podía dejar caer a los bancos porque estos cumplían un papel fundamental en el sistema económico: el depósito de haberes y el préstamo (con usura).

De acuerdo, admitamos tal sofisma: necesitamos los bancos para depositar nuestro dinero y para obtener préstamos. Pero, y aquí está el meollo de la cuestión, ¿es imprescindible que para cumplir esa función sigan siendo privados, que sigan en manos de los estafadores que nos condujeron a la crisis y que la aprovechan para seguir estafándonos, que sigan siendo maquinarias de usura y avaricia centradas en la especulación?...La respuesta es evidente y perfectamente clara: no.

Es más: no solamente no es imprescindible sino que resulta contraproducente. Conceptualmente es lo mismo que dejar una mujer violada al cuidado de su violador o la pistola en manos del asesino. Si algún político, juez o policía a sueldo del violador o del asesino nos propusiera semejante solución ¿qué diríamos?¿qué haríamos?...Pues en el caso de los bancos la lógica nos exige similar comportamiento.

Si aceptamos el sofisma de que los bancos son necesarios como organismos de depósito y préstamo debemos aceptar también que no pueden seguir siendo elementos de lucro privado, hay que reconvertirlos en organismos de servicio público. En otras palabras: NACIONALIZARLOS y convertirlos exactamente en aquello que los hace útiles y necesarios. Todo lo demás es alentar la estafa, la especulación, el robo y la destrucción del estado de derecho.

Mientras no se proceda a la nacionalización de la banca, su unificación como organismo público y su puesta al servicio del pueblo como órgano de servicio al bien común y no de lucro privado seguiremos en la misma mierda.

Y no os equivoquéis: eso no va a hacerse dentro del sistema partitocrático liberal capitalista. El régimen debe ser derribado.

 

NOTA.- La fotografía es de Marfis 75.

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TOMA DOS TAZAS (LAS CAJAS DE AHORRO Y EL ABUSO DEL DINERO PÚBLICO PARA BENEFICIO PRIVADO)

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 Cada día que pasa comprendo mejor a Catón el Viejo. Recordemos que después de la Segunda Guerra Púnica y durante más de veinte años, cada intervención pública que hacía, fuera ante el pueblo, fuera ante el senado de Roma, la concluía con la misma frase: "Ceterum censeo Carthaginem esse delendam"...algo así como: "Y, por cierto: hay que destruir Cartago." No se trataba de un capricho ni de una obsesión: era una necesidad indeclinable para la supervivencia y la grandeza de Roma. Permitir la pervivencia de Cartago era actuar en contra de los intereses romanos, condenar a la república a su propia decadencia y destrucción. Se sabía que la guerra iba a ser larga y terrible pero afrontarla y ganarla era el único camino del que disponía Roma para continuar su existencia como estado independiente y alcanzar la cima de su poder. No hacer la guerra resultaba más cómodo, más popular, significaba navegar a favor de corriente, pero implicaba, a la larga, la destrucción del estado, por lo tanto no cabía otro camino que lanzarse al combate y así lo estuvo predicando Marco Porcio Catón durante dos décadas hasta que la república hizo aquello que debía y no lo que le resultaba más cómodo. 

 Mi papel, desgraciadamente con mucha menor influencia, viene a ser el mismo: excitar al pueblo a tomar las responsabilidades y las incomodidades precisas y denunciar las políticas erróneas que, a la larga, son destructivas para todos y solo vienen a beneficiar los intereses de especuladores corruptos que deberían ser castigados con la máxima dureza y que, sin duda, lo serían si viviésemos en una sociedad evolucionada, civilizada y decente y no en esta tiranía calvinista y atrasada que llamamos liberal-capitalismo donde precisamente los más ladrones, los más sinvergüenzas, las hienas hediondas, marcan las normas y establecen usos inmorales que, sin embargo, son sancionados por las leyes y los ilegítimos estados surgidos al calor de su perversa y contraproducente ideología, que es la mayor rémora para el progreso humano en todos los campos.

El neoliberalismo es una ideología totalitaria y, lo que es peor, equivocada. Sus mismos fundamentos son falsos y está demostrado científicamente desde al menos mediados del siglo XIX. Sin embargo esos enunciados, evidentemente falsos, que la fundamentan se repiten una y otra vez como verdades incontrovertibles convirtiéndose en los mimbres de políticas económica, ecológica y socialmente desastrosas que siguen enriqueciendo siempre a los mismos, una exigua minoría, mientras perjudican a la mayoría, a todos nosotros.

Las políticas equivocadas tan solo pueden conducir a la catástrofe y es preciso abandonarlas a la mayor brevedad. No sucede así, sino todo lo contrario (en gran medida por la estulticia y la cobardía del pueblo, de vosotros, los que me leéis, que no merecéis siquiera el nombre de ciudadanos ya que os comportáis como siervos, que permite y tolera el dominio de aquellos que, en beneficio propio, y contra el pueblo, imponen dichas políticas una y otra vez.)...

En 2008 cuando los errores de la ideología neoliberal se hicieron mundialmente patentes con la crisis económica de alcance mundial, se nos prometió una "refundación" del capitalismo que en la práctica no era otra cosa que volver al keynesianismo, una forma de sostenimiento de la ideología liberal capitalista que acepta la irremediable inadecuación de la ideología y las formas de dicha corriente estableciendo los adecuados mecanismos de corrección de los desequilibrios inherentes al viciado sistema. Mecanismos que convierten al estado en actor subordinado a los intereses privados del gran capital pero con la ventaja sobreañadida desde las filas socialdemócratas de la implementación de un sistema de bienestar social que benefice al conjunto de la población.

En la práctica esa "refundación" se olvidó pronto y los únicos extremos del keynesianismo que se aceptaron fueron los que beneficiaban al gran capital, a los bancos.

Vemos por doquier como se está demoliendo, sin necesidad, solo por un exacerbado totalitarismo ideológico, el estado del bienestar en un marco donde la socialdemocracia, que alguna vez resultó un instrumento útil, se ha pasado con armas y bagajes al enemigo, a los especuladores salvajes y sin escrúpulos, justificando su traición y su rendición a los intereses de ese gran capital con el argumento del imperativo de los mercados. En una palabra: los bancos y especuladores dictan sus normas y los políticos de toda laya las siguen a rajatabla en lugar de trabajar para el pueblo y frenar los abusos de esa minoría perjudicial y detestable, lo cual les convierte en tiranos y traidores y a los estados liberales en ilegítimos e inmorales.

 Como estamos quietos, callados, llenos de temor e ignorancia en lugar de salir a la calle y exigir el establecimiento de una verdadera democracia, un estado al servicio del bien común y no de una élite de hijos de puta, los designios de esa pandilla de cabrones se están llevando hasta las últimas consecuencias.

Ya en 2008 se vio que la única regulación keynesiana que políticos y financieros estaban dispuestos a poner en marcha era la utilización del dinero público en beneficio de esas élites especuladoras y nocivas partidarias, en cualquier otra circunstancia, de la total desrregulación, es decir: de que el estado no obstaculice sus latrocinios y sucios manejos, que deje de proteger al ciudadano en cuanto productor y consumidor, que lo abandone a su suerte con la privatización de todos los servicios públicos...y que solo intervenga, puntualmente, cuando los excesos y errores de dichos magnates hijos de puta, les lleven al borde de la ruina. Entonces el dinero de todos debe utilizarse para permitir que sigan siendo ricos y jodiendo sin trabas al conjunto de la sociedad.

 Y así seguimos.

En estos días hemos visto como, con la connivencia de los sindicatos mayoritarios (bien domesticaditos desde hace décadas por la oligarquía a través de subvenciones públicas) se han acometido reformas laborales y de pensiones en perjuicio de la inmensa mayoría de los ciudadanos y en beneficio del gran capital extranjero, ahondando nuestra condición de colonia y de siervos, mientras se pretende una reforma de las cajas de ahorros consistente en, por un lado, convertirlas en bancos para eliminar el lastre de la obligación de sus labores sociales, es decir: convirtiéndolas en plenos instrumentos de especulación financiera, y por otro recapitalizarlas con dinero público para que a la postre se beneficien de ello los especuladores privados. A esa jugada algunos cínicos la han denominado nacionalización cuando la nacionalización implica poner el capital privado ilegítimamente adquirido al servicio de la sociedad y no regalar el dinero público para favorecer a los intereses de los especuladores. Se trata, simplemente, de un acto más de la verificación de la política neoliberal: aprovechar el estado para beneficiar a los especuladores al tiempo que se debilita al mismo en cuanto instrumento del bien común y se perjudica al conjunto de la sociedad. Nada que no se venga viendo en España desde las privatizaciones de 1986 y el desguace del sector público abordado por el aznarismo durante su dominio político (véase a este respecto Destruyendo El Patrimonio Común, en estas mismas páginas).

Resumiendo castizamente: ¿No querías arroz?...¡Pues toma dos tazas!

Y sí: debemos destruir Cartago, hoy mejor que mañana.

NOTA.- La fotografía es de Talke Photography.

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28/01/2011 17:53 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.

HEATHROW, LA NIEVE Y LAS PRIVATIZACIONES.

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Sin ningún lugar a dudas Inglaterra, desde la época de la señora (algo hay que llamarla y no me gusta insultar) Tatcher, es el mayor ejemplo europeo de neoliberlaismo y capitalismo salvaje que puede encontrarse en Europa. El adalid máximo de las erróneas políticas económicas y sociales que se están imponiendo desde el Poder, adscrito dogmáticamente a la Escuela de Chicago y sus desvaríos, y faro a seguir por todos los gobiernos colaboracionistas (es decir: absolutamente todos) de la UE. Y como tal no deja de aportar ejemplos de lo nocivas que dichas políticas resultan.

No me molestaré en hacer una larga enumeración. Pero basta recordar lo sucedido con las tasas universitarias recientemente, la privatización de todo lo privatizable, incluidos los parques nacionales...en fin, que las políticas doctrinarias en vigor han enriquecido a unos pocos en detrimento de la mayoría y no han ayudado en nada al desarrollo real del Reino Unido. En conjunto hoy se vive peor allí que hace treinta años y no es por casualidad. Entre otras cosas, y es muy importante que lo tengamos en cuenta, la privatización de cualquier servicio conlleva siempre e inevitablemente un empeoramiento de dicho servicio. La machacona propaganda noeoliberal que está al servicio de los intereses del gran capital que se enriquece indebidamente con dichas privatizaciones dice inexorablemente lo contrario, pero miente conscientemente.

Un ejemplo clarísimo lo encontramos en los aeropuertos de gestión privada de Europa en estos días invernales donde la nieve, meteoro natural en semejantes regiones y fechas, ha causado un caos aéreo impensable y intolerable hasta hace apenas unos pocos años y en este caso, como en otros semejantes, Inglaterra, Londres, es el foco señero donde mirar y comprender los extremos a los que conduce el dogmatismo neoliberal y lo importante que resulta ponerle freno.

¿Qué ha sucedido en Heathrow?...Muy sencillo: su gestión es privada y, consecuentemente, la inversión de la empresa gestora (por cierto: filial de la española Ferrovial, una de las cuarenta "grandes" invitadas por Zapatero a la Moncloa para aconsejarse sobre como "salir de la crisis" aplicando por supuesto más nociva política neoliberal que favorezca a este tipo de "grandes" perjudicándonos a todos) insuficiente. La filosofía de las empresas privadas no es la calidad del servicio ni la responsabilidad social sino el lucro a cualquier precio, lo que de facto precariza la seguridad y empeora cualquier servicio que asuman. En el aeropuerto de Londres han invertido, según cifras de los propios medios de comunicación ingleses, una décima parte de lo que hubiera sido necesario para mantener abierto el aeropuerto bajo la nieve. Eso es todo: una simple consecuencia de la gestión privada de un bien público y el empeoramiento de servicio que ello implica.

Habrá integristas del capitalismo salvaje que aduzcan la imposibilidad de luchar contra "olas de frío y temporales de nieve" (que así vienen definiendo los medios de comunicación el invierno últimamente)...pero el hecho es que el aeropuerto de Estocolmo que padece más frío y más nieve que Londres lleva medio siglo sin cerrarse. Ignoro si el aeropuerto sueco está gestionado privadamente o no, pero en cualquier caso, el hecho es que en circunstancias meteorológicas mucho más duras que el de Londres no se ha cerrado nunca y el viernes pasado Heathrow, con apenas tres centímetros de nieve en las pistas se colapsó por falta de la inversión necesaria que hubiera disminuido los beneficios (está claro que aumentados abusiva e indebidamente) del gestor privado. Otro gallo hubiera cantado si la gestión de este aeropuerto hubiera sido pública y funcionado con criterios de responsabilidad social, seguridad y excelencia.

Las privatizaciones enriquecen a unos cuantos buitres carroñeros pero en conjunto empobrecen a las naciones y empeoran los servicios perjudicando a los ciudadanos. Es preciso tenerlo en cuenta en estos tiempos que corren.

NOTA.- La fotografía es de David.Niconvscanon.

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22/12/2010 08:01 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.

LA ESTRATEGIA DE LOS ESTADOS UNIDOS.

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Estados Unidos es un imperio en decadencia que aspira a perpetuarse a cualquier precio, sobre todo si lo pagan los demás. Durante más de medio siglo se ha vendido la útil mentira de que los Estados Unidos y la Europa occidental son aliados y amigos. Y muchos europeos, estúpidamente, llegaron a creérsela.

Ya se ha explicado varias veces en estas mismas páginas lo que realmente sucedió después de 1945 en Europa. La zona occidental, retórica y también falsamente llamada "libre"(solo los estúpidos y los hijos de puta confunden electoralismo liberal-capitalista con libertad), quedó bajo el subrepticio dominio del nuevo imperio occidental, el de Washington. Ya en 1944 los Estados Unidos se habían asegurado su superioridad económica aprovechando los estragos de la guerra en Europa, sacándose de la manga los llamados acuerdos de Bretton Woods (basados en el capitalismo salvaje y en una asimetría premeditada que revertía en favor de los americanos anglosajones) e impusieron unos sistemas políticos y económicos que garantizaban el predominio de dicho imperio sobre la parte de Europa que controlaban.

La propaganda derechista (liberal-conservadora, cristiana y reaccionaria que esa fue la ideología impuesta en la Europa occidental desde 1945 hasta nuestros días) hablaba de democracia, de soberanía y de libertad. Siempre fue mentira. En todos los países de la Europa sojuzgada por los Estados Unidos hubo tramas organizadas y dirigidas desde un organismo central de la inteligencia yanqui para establecer dictaduras allí donde algún partido verdaderamente izquierdista alcanzara el poder. Hablaremos de ello en un próximo artículo. Aparte de ellos, hay que recordar que, como sucedió en otros países extraeuropeos, el imperialismo estadounidense sostuvo y fomentó regímenes dictatoriales con tal que le fueran fieles (el franquismo en España, el Estado Novo en Portugal, ambos cortados por el patrón de la Italia fascista o de la Francia de Vichy)...ergo, nunca fue la democracia una verdadera aspiración del imperialismo yanqui, sino un argumento conveniente para su predominio.

Se daba además la circunstancia de que Europa era la principal frontera con el comunismo, lo que obligaba a mantener contenta a la población de la zona occidental. De ahí que mientras en el resto del planeta los Estados Unidos propagaban las ideas económicas de la Escuela de Chicago y todos sus despropósitos (principales responsables, junto con el sistema de enriquecimiento asimétrico impuesto en Bretton Woods) de las grandes catástrofes de la segunda mitad del siglo XX (las grandes hambrunas, las dictaduras, las masacres, el hundimiento del tercer mundo, el crecimiento de la deuda, las guerras civiles...) en Europa aplicasen un cauto keynesianismo que permitiese la mejora del nivel de vida de las clases medias y bajas.

La caida de la URRS  dejó obsoleta esa política. Los Estados Unidos no necesitan desde 1991 tener contentos y tranquilos a los europeos, que ya no cuentan con una superpotencia a la que recurrir para librarse del imperialismo yanqui. En consecuencia desde esa fecha, y cada vez con más intensidad, han impuesto, a través de los gobiernos títeres de Europa y de las elites locales sojuzgadas a los intereses de las dominantes anglosajonas, las mismas políticas que en el resto del mundo. De ahí que cada vez tengamos menos derechos, menos libertad, una mayor presencia de legislación ultraconservadora, menos seguridad para el obrero y el pequeño y mediano empresario (solo se beneficia a las multinacionales), menos protección social...para el Poder, para el imperialismo yanqui, conviene que Europa se convierta en una nueva África, un territorio empobrecido donde existan amplios ámbitos de especulación y explotación para las empresas que controlan y escasos derechos y posibilidades para los naturales. Esa y no otra es la política que se ha venido haciendo en Europa en los últimos veinte años y para eso han servido nuestros gobiernos nacionales o europeos. Los políticos son simples títeres del imperialismo estadounidense y lo son porque venían siendolo desde 1945. Las instituciones y estados surgidos entonces solo son estados vasallos sin realidad soberana. Destinados a obedecer los dictados del Poder y no a servir a sus propios ciudadanos. Es por ello que resultan ilegítimos y que deben ser derribados y sustituidos. El pueblo, los diferentes pueblos de Europa, deben tomar conciencia de la realidad, asaltar los estados y poner fin a la Europa liberal y capitalista que es la que nos hará esclavos. La libertad y la verdadera democracia así como nuestra futura prosperidad parte de la conquista de los estados vasallos y la instauración de nuevas realidades políticas no manejadas por el capitalismo dominante anglosajón.

Pero el hecho es que los Estados Unidos ya no se conforman tan solo con agredirnos en cuanto sociedades e individuos, en quitarnos nuestros derechos y nuestra protección social, las premisas que hicieron ricas y prósperas a nuestras naciones. Ahora atacan también incluso a los estados vasallos que ellos mismos crearon. No se trata ya de poner de rodillas a los europeos, sino también a sus estados.

Estos días está teniendo lugar una decisiva batalla en una de las más importantes (al tiempo que detestables e ilégítimas ) instituciones surgidas de Bretton Woods: el FMI.

Uno de los mayores temores de los Estados Unidos, máxime en tiempos de crisis y recesión (de las que son culpables sus inadecuados métodos económicos, no lo olvidemos), es la competencia de Europa. Si Europa resurge de sus cenizas antes que los Estados Unidos (cosa difícil en tanto en cuanto nuestras elites económicas permanecen vinculadas y en gran medida supeditadas a las elites hegemónicas nucleadas en torno a Wall Street, motivo por el cual son obsoletas y perjudiciales y deben ser cambiadas) la decadencia de ese país se acentuará irremisiblemente declinando su poder y acabando su imperio. Pretenden evitarlo a cualquier precio y el mejor modo es debilitando a Europa. Desde 2008 hemos visto todo tipo de juego sucio procedente de los paises anglosajones en esa misma dirección. Se busca quebrar a los paises más débiles de la Unión para hundir a la Unión misma. Se ataca constantemente al euro para que no compita ventajosamente con el dolar...

Los Estados Unidos se han sacado de la manga el concepto de paises emergentes para opacar el verdadero peso y papel de Europa en el mundo. Se dice que estos paises (muchos de ellos con verdaderos desequilibrios internos desde el punto de vista social y económico, empezando por China, y con una viabilidad a largo plazo más que dudosa) están minando la importancia económica de Europa cuando en realidad simplemente constituyen nuevos y grandes mercados para los productos estadounidenses y centros de producción barata con sociedades pobres y poco desarrolladas donde no se tienen en cuenta ni los derechos ni la protección social mientras que en Europa estos constituyen la base del éxito económico y político.

Pues bien, en estos días, y con la intención de debilitar más a Europa, los Estados Unidos están utilizando la conveniente excusa del aumento de la representatividad de los estados emergentes, especialmente de China, para debilitar un poco más la posición de Europa.

El FMI está regido por una comisión con 24 miembros, 9 de los cuales son europeos. Alemania, Inglaterra y Francia disponen de escaño propio y los otros seis se adjudican por turno a España, Italia, Dinamarca, Bélgica, Holanda y Suiza. Ahora los Estados Unidos pretenden que Europa ceda dos de estos asientos a "paises emergentes" que no harán sino cumplir la voz de su amo americano quedando de este modo dinamitada parte de la influencia de Europa en el mundo.

Teniendo en cuenta la condición de títeres vasallos del capitalismo anglosajón que tienen nuestros políticos, se presenten bajo las siglas y etiquetas que se presenten, es de suponer que cederan a las pretensiones de Washington y acabaran dilapidando nuestro poder en la dirección económica del mundo. Una institución, en cualquier caso, detestable que debe ser aniquilada para el bien común de la humanidad.

Ahora la pregunta es: cuanto tiempo vamos a seguir aguantando los europeos que nuestros gobiernos gobiernen al dictado de un imperio extranjero y cuando vamos a plantarnos y a reconstruir el mundo. Las instituciones surgidas en 1945 solo sirvieron para generalizar el hambre y la miseria y para enriquecer a unos pocos que jugaban, y juegan, con las cartas marcadas. La historia, y mucho más los acontecimientos de los últimos años, nos han enseñado que no ganamos nada y perdemos mucho con las actuales normas de juego. Solo hay un camino: romper la baraja.

NOTA PARA MIS LECTORES NO EUROPEOS.- Aunque pueda parecer lo contrario, este artículo no habla de la supremacía de Europa sino de modelos económicos y sociales antagónicos. Uno, el que todos conocemos, potenciado por los Estados Unidos como potencia hegemónica y que se basa en los tratados de Bretton Woods y las instituciones surgidas de los mismos y todavía vigentes. Un sistema económico asimétrico que permite la proliferación de ciertas clases dominantes locales, generando una riqueza acumulada en pocas manos, a base de promover la pobreza y la explotación de la mayor parte del pueblo. Un sistema que conocemos demasiado bien y cuyas consecuencias son nefastas. Frente a ese sistema existe el que se desarrolló en Europa desde 1945 hasta 1991 y que desde esta última fecha sufre constantes ataques por parte del capitalismo salvaje. En este modelo el crecimiento económico camina de la mano de los derechos civiles y sociales generando un crecimiento armónico que extiende el estado del bienestar a todas las capas de la sociedad. Ahora el gran capital trata de destruirlo en Europa y de evitar que se aplique en otras partes del mundo. La tesis defendida en este artículo, en estas páginas en general, es precisamente la contraria: necesitamos, a nivel global, un crecimiento sostenible y equilibrado que exporte el estado del bienestar a todos los continentes y países. Ello exige la pérdida de hegemonia de los Estados Unidos y las élites locales a ellos sufectas y un replanteamiento de los sistemas económicos. Pero se trata de un obhetivo posible y viable siempre y cuando el pueblo, los diferentes pueblos, no confundan la riqueza abusiva de unos pocos con el bienestar general. No hablo pues de la supremacía de Europa sino de exportar un buen modelo económico y social al resto del mundo.

NOTA:- la fotografía es de Hakan Dahlstrom.

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31/08/2010 19:32 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.

DESTRUYENDO EL PATRIMONIO COMÚN.

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¡Qué bonito lo de la Roja!¡Qué bonito lo del Mundial de fútbol!¡Qué emotivos cantos a la unidad y a la colaboración!¡Cuanta bella alusión a España como "marca en alza" como "pueblo que puede conseguir grandes metas"!...cuanta mentira. Nos siguen vendiendo humo narcótico cuando no habilmente alucinógeno y nosotros nos lo fumamos encantados, sin percatarnos de la realidad que nos rodea, de los intereses de aquellos que nos emboban con bonitas imágenes de rojo hipnótico mientras nos sodomizan ladinamente...es el viejo truco de la chica de grandes senos y atrevida camiseta que se deja magrear en el autobús o el ascensor mientras su socio nos roba lindamente la cartera.

Por ello, porque seguimos muy necesitados de grandes dosis de realidad, de información, de percatarnos del terreno que pisamos y puesto que el humo (ya sea el de los éxitos deportivos, ya el de los estúpidos enfrentamientos territoriales, ya el opiáceo de la religión o los dogmas económicos vendidos como "necesidades ineludibles") nos hurta  la vista, es preciso que, dejando atrás la resaca de la celebración de algo en la práctica tan irrelevante como haber ganado un campeonato deportivo, aterricemos y tentemos el terreno que pisamos mientras nos siegan la hierba bajo los pies.

Nos están vendiendo algo que no existe, que ellos mismos (políticos, banqueros, caciques de toda laya supeditados a los intereses extranjeros) llevan casi treinta años destruyendo, malbaratando, arrebatándonos del mismo modo que nos están robando el futuro. Seamos realistas por un momento y analicemos qué están haciendo con esa España que, es evidente, todos (menos ellos) llevamos en el corazón y que ha dejado de ser nuestra, que han enajenado no siempre al mejor postor para beneficio de unos cuantos y perjuicio general.

Nada de lo que está sucediendo actualmente en la economía es inevitable, necesario y ni siquiera casual, esa es la gran mentira a la que nos someten para manipularnos. Corresponde todo a una muy concreta doctrina político-económica que tiene como finalidad última desarticular los estados y debilitar a las sociedades que estos deberían proteger, para de este modo poder imponer los intereses de la oligarquía hegemónica sobre los de unos pueblos reducidos a la nada, a simples individualidades impotentes frente a los poderosos. En la práctica se trata de un regreso consciente a las épocas oscuras de la formación del feudalismo cuando, destruido el imperio romano, el estado y el derecho se privatizaron (instituyéndose la ley del más fuerte, no lo justicia) y los individuos, desprovistos de cualquier personalidad jurídica y en un marco general de inseguridad y parcelación étnica (el intenso aumento de la inmigración está lejos de ser inocente, responde siempre a una estrategia para debilitar la unidad social) debían buscar la salvación con el sometimiento a los poderosos de turno. Ahora el gran capital busca generar un marco similar: anular al estado como entidad protectora y gestora de los intereses de la sociedad y desarticular esta para que al individuo no le quede otro remedio que someterse sin condiciones a los dictados de los poderosos pasando de ser un ciudadano con derechos a simple esclavo al que explotar y exprimir. Ese es el juego que el gran capital y nuestros políticos, vendidos al mismo, están jugando desde hacer treinta años y es bueno que lo sepamos, que adquiramos conciencia de ello.

Comenzó todo a mediados de los setenta, cuando tras diez años de deriva hacia una sociedad mejor, más libre y más justa a la que, en Europa, se estaba llegando por los cauces institucionales y democráticos: la revolución de 1968 abrió un esperanzador periodo de evolución hacia la verdadera democracia y la efectiva justicia social dentro del esquema keynesiano, los representantes del gran capital decidieron lanzar una campaña reaccionaria, un ataque brutal y directo contra todos los avances conseguidos en Europa desde 1945 y, sobre todo, desde 1968. La idea era desmantelar a la sociedad organizada que avanzaba en la dirección de liberarse del poder fáctico del imperialismo liberal-calvinista anglosajón e imponer en Europa los mismos parámetros económicos, sociales y políticos que regían en Estados Unidos: imposición de una moral ultraconservadora en un marco de economía desrregulada, es decir: en la que nada se oponía a las maniobras abusivas e indebidas de los poderosos. Sistema que, no lo olvidemos, sobre generar miseria (para que unos pocos acumulen hasta el disparate muchos deben perder incluso lo imprescindible) es el causante de crisis cíclicas que empobrecen más a los que ya son pobres ayudando a concentrar la riqueza y el poder en los que ya los poseen. En otras palabras: que si permitimos que resuelvan esta crisis a su gusto la próxima, dentro de diez o quince años, será mucho peor, más profunda y significará el fin definitivo de nuestros derechos sociales tan duramente adquiridos mediante décadas de lucha y tan malbaratados por nuestra generación, llena de estúpidos, ignorantes, cobardes y conformistas.

Decíamos que a mediados de los setenta el gran capital inició conscientemente la demolición de los estados democráticos europeos que en su evolución desde 1968 amenazaban con zafarse definitivamente de su control económico, social, moral y político.

Si hemos de fijar una fecha de inicio de esta reacción puede ser muy bien la de 1976, que vio la consagración de Milton Friedman y la Escuela Económica de Chicago como paradigmas doctrinarios indiscutibles del mundo económico-político donde la consigna era la destrucción del keynesianismo solo tolerado en Europa después de los tratados de Bretton Woods (1944) como prevención frente al avance socialista.

1976 es el de la llegada al puesto de primer ministro de Francia de Raymond Barre,bajo la presidencia derechista de Giscard d ’Estaing, comenzando un feroz periodo de represión social (relanzamiento de la censura, por ejemplo) y de neoliberalismo económico derrotado, en cualquier caso, dados sus evidentes excesos, en 1981, con la llegada al Elíseo de Miterrand. Fue, sin embargo, un aldabonazo a tener en cuenta. La guerra había comenzado.

La continuó Margaret Tatcher después de alcanzar el poder en Inglaterra en 1979 contando con el inestimable apoyo desde 1981 de Ronald Reagan. La receta era sencilla: imponer un criterio moral ultraconservador basado en el talibanismo semita (en este caso de corte cristiano) y aniquilar los estados europeos privándoles de su condición de reguladores económicos y sociales para poner a las indefensas sociedades a los pies del gran capital todo ello procurando, además, quebrar la unidad étnico-cultural de los diferentes países, mediante políticas masivas de inmigración que generasen división.

Enseguida, toda Europa, dirigida por políticos corruptos al servicio del gran capital siguió esa misma política. Francia, de nuevo en manos de la derecha, se lanzó a ella en 1986, Italia en 1992...Alemania secundó con entusiasmo dichas políticas pero sin acabar de seguirlas. No en vano es una potencia económica a cuyas oligarquías capitalistas les conviene retener un amplio margen de maniobra para competir con las anglosajonas. Y, además, en aquellos momentos, con el país dividido, la amenaza del comunismo estaba demasiado cerca. Debían andarse con pies de plomo.

España no fue una excepción. El Felipismo, con toda su parafernalia obrerista, era en realidad una infiltración del neoliberalismo más salvaje y radical en un país siempre sometido al imperialismo anglosajón primero mediante la dictadura franquista, desde 1975 con la reconstrucción del sistema turnista-canovista y caciquil que todavía padecemos y que consagró la vergonzosa constitución de 1978.

Aquí las privatizaciones comenzaron en 1985, en relación directa con el ingreso en la Unión Europea y con la excusa de la reconversión y de mejorar la gestión de las diferentes compañías y se hicieron de manera algo más que culpable, porque el estado no solo se desprendió de patrimonio común, de empresas públicas rentables a menudo vinculadas a sectores estratégicos, sino que además lo hizo sin ingresar dinero en las arcas, antes al contrario: regalándoselo a las empresas privadas. Un caso proverbial es el de SEAT que en 1986 se regaló a Volkswagen después de haber invertido 340 000 millones de pesetas en modernizarla y mejorar su eficiencia. Ese tipo de privatizaciones reprochable, irresponsable cuando no abiertamente criminal, se extendió hasta 1991 y tuvo efectos catastróficos.

No solo se debilitó el estado, su capacidad económica y su capacidad de regulación económica dentro de nuestras fronteras así como de proyección exterior, también contribuyó a la entrada de enormes montantes de capital extranjero que, lejos de significar inversiones efectivas en la riqueza y el desarrollo nacional, sirvieron para convertir al estado, y por ende a la sociedad, en rehenes de los intereses del gran capital extrangero que mueve su dinero en nuestro país con objetivos globales, es decir: sin que le importe lo más mínimo España ni su sociedad. En otras palabras: la política de privatizaciones felipistas (consistente en reformar con dinero público empresas públicas que luego simplemente se regalaban a inversores privados, a menudo extranjeros) sirvió para empobrecernos de hecho y ponernos en manos de los especuladores y tiburones financieros nacionales y extranjeros. Supuso, pues, un atentado en toda regla, una traición directa al pueblo y a España que algún día deberá cobrarse.

Se da además la circunstancia de que las multinacionales tienden a concentrar las actividades con mayor valor añadido y mayor índice de desarrollo (I+D, alta dirección, diseño, marketing...) en sus sedes centrales convirtiéndo a sus tentáculos en otras naciones en simples piezas secundarias, prescindibles y dependientes. Con lo cual, cualquier privatización lleva aparejada la periferización del país que la emprende. En otras palabras: al entregar la propiedad y el poder de decisión sobre un bien económico español a una empresa extranjera se contribuye a convertir a España en un país secundario, en una provincia, en una zona sin capacidad de decisión sobre su propio futuro. Y eso se estuvo haciendo durante todos los años ochenta del modo que ya se ha dicho: gastando dinero público en reflotar y modernizar empresas públicas que luego se regalaban a inversores extranjeros.

Además, cuando una multinacional adquiere una empresa local, no suele estar interesada en esta sino en, primero, quitarse del mercado un rival y, segundo, hacerse con sus redes de distribución nacionales y sus carteras de clientes con lo cual la riqueza real que representa esa empresa, sus equipamientos, su capacidad de producir materiales comercializables y de crear empleo, acaba siendo desmantelada. En ese sentido puede pensar el lector en cuantas veces ha visto plantas de empresas españolas en poder de multinacionales cerradas con fútiles pretextos dejando a comarcas enteras sin recursos y mandando al paro a centenares o miles de personas...y luego tienen la desvergüenza de decirnos que el paro lo genera la rigidez del despido...en esto, como en todo, nos mienten, nos manipulan, nos traicionan y nos perjudican conscientemente para beneficiar a un cúmulo de hijos de puta con traje, corbata, yates, mansiones y coches de alta gama. Y lo triste es que nosotros les dejamos hacer, calladitos y obedientes. ¡Qué triste!...

Es más: las multinacionales establecen precios internos de intercambio de componenetes y productos entre sus filiales que alteran el mercado beneficiando sus intereses pero perjudicando los generales. Ejemplo: si usted fabrica tornillos y las multinacionales que los compran disponen de filiales que los fabrican y se los venden a precio de costo, usted, en el mercado libre, verá bajar el precio de sus tornillos, anulado su margen de beneficio y, finalmente,  irá a la quiebra aumentando el número de parados con los empleados que deje en la calle. Tal es el precio real de las privatizaciones, y sus consecuencias que cada día, es evidente, padecemos más agudamente.

Pero la cosa no terminó en 1991, a partir de 1992 empeoró.

Con la excusa del Plan de Convergencia, que apuntaba ya al euro, en el fondo un medio discreto de poner la economía europea, especialmente la de los países menos fuertes como España, bajo el dominio monetario y financiero de Alemania que de ese modo alcanzaba una largamente deseada hegemonía convirtiendo en colonias efectivas a los estados de la Unión dentro de un marco político que ya era un designio conservador e imperialista en la fundación misma de la Comunidad Europea, en la práctica no otra cosa que la creación de un amplio espacio de circulación libre de capital para favorecer la acumulación del mismo en pocas manos y con ello del poder en detrimento de la independicia económica, social y política de los diferentes estados. Dicho de otro modo: un ataque en toda regla del neoliberalismo salvaje contra el estado con la finalidad última de desproteger rápidamente a las sociedades europeas desestructurándolas con la inmigración (no otra cosa sucedió en los años 50 y 60 en Alemania con la llegada de italianos, españoles y turcos y no otra cosa sucede en todas partes con la llegada de los inmigrantes que sean) y doblegándolas, sin descorrer el telón de la representación nacional y parlamentaria, a los intereses del gran capital. En efecto, todo el cuento de la Unión Europea no es sino una maniobra para destruir los estados nacionales en beneficio del imperialismo capitalista, de ahí que los neoliberales persigan con tanta saña y denigren constantemente el nacionalismo, única fuerza que, asumiendo un contenido netamente social, puede enfrentárseles.

 Decíamos que el Plan de Convergencia, con la excusa de acortar los diferenciales macroeconómicos (que rara vez coinciden con la realidad social y de la economía efectiva) mediante la contención del déficit público, inició una nueva ola de privatizaciones, en este caso mediante la obtención de beneficios que sirvió realmente para poco. En primer lugar los beneficios fueron mucho más escasos de lo que pudiera esperarse y, en segundo, el dinero que viene fácil, se dilapida mucho más fácilmente, máximo en un escenario tercermundista e infame de corrupción generalizada.

Además de lo dicho, ha de tenerse en cuenta que lo de la disminución del déficit era apenas una excusa, lo que latía detrás de las privatizaciones posteriores a 1992 era algo mucho más sucio, criminal incluso (y espero que algún día los responsables paguen muy cara su culpa), que conviene explicar con absoluta nitidez.

Detrás de esas privatizaciones se encontraban los intereses de los grandes bancos españoles, que buscaban hacer negocio con ellas, especialmente el BBVA y el Santander (en ese contexto no debe extrañarnos la oportuna intervención política de Banesto en 1994 que tenía una doble virtud, eliminar un competidor emergente de los bancos susodichos y una figura como la de Conde que aspiraba a desbancar a Aznar como cabeza de la derecha turnista, y, por cierto, nos presenta bajo otra luz la intervención de Rumasa en 1983, cuando convenía tener activos que privatizar para hacer negocios) que oficiaron culpablemente como sumos sacerdotes tanto de las privatizaciones como de la nefasta burbuja inmobiliaria cuya explosión todavía padecemos.

Ambos bancos, BBVA y Santander, jugaron con las privatizaciones a generar plusvalías: compraban a bajo precio, de ahí que los beneficios obtenidos por el estado fueran escasos, y luego vendían caro o muy caro obteniendo grandes beneficios a costa de la malversación del patrimonio común de España. Junto a ellos se beneficiaron en sumo grado los llamados bancos de negocio (nidos de especulación del mismo modo que los "convencionales" lo son de usura) que asesoraban y hacían de intermediarios en todas estas lucrativas operaciones. Fueron estos los que crearon lobbys influyentes y se ocuparon de generar toda una presión mediática que publicitaba lo que les convenía callando lo demás, que sigue haciéndolo.

Además de lo dicho, los gestores de ese desmantelamiento del estado sucedido a partir de 1992 buscaban la aplicación en España de la doctrina Thatcheriana del capitalismo popular: canjear los derechos sociales como la sanidad, la educación o las pensiones por la posesión de pequeñas carteras de acciones. Esto puede parecer razonable e incluso deseable pero encierra una trampa evidente: el pequeño inversor carece de la información adecuada y de la necesaria capacidad de maniobra, recurre por lo tanto a los asesores privados que trabajan de consuno con las grandes entidades financieras acumulando mediante su "asesoramiento" grandes masas de dinero con las que especular sin que el pequeño inversor tenga que salir necesariamente beneficiado. De hecho la actual crisis demostró desde el principio que dicho sistema solo beneficiaba a los grandes suponiendo una estafa generalizada para los pequeños. Es decir: que los grandes bancos, con el permiso del gobierno, no solo especularon y malversaron con bienes públicos indebidamente entregados al sector privado sino que, además, estafaron consciente y culpablemente a los pequeños inversores que, ignorantes hasta el fin, se dejaron y se dejan manipular como corderillos timoratos y estúpidos.

Evidentemente, todos los aspectos adversos para la economía del país y para los ciudadanos que describimos en el primer periodo de privatizaciones, se intensificaron en este segundo, agravándose por el hecho del fomento de la burbuja inmobiliaria, las estafas bursátiles y el endeudamiento generalizado del sector privado todo ello promovido de mala fe con la única intención de desmantelar al estado, robar al pueblo, arrebatarle su protección y establecer el dominio absoluto del gran capital.

Y quiero insistir en ello: bancos, especuladores y políticos corruptos, actuaron de mala fe pudiendo ser acusados directamente de ladrones, estafadores y traidores al pueblo. Yo lo hago desde aquí y clamo por su castigo...

Pero la cosa todavía podía empeorar y, por supuesto, lo hizo después de que en 1996 el felipismo cayera en desgracia cediendo el paso al aznarismo.

El aznarismo es la más salvaje y despreciable evolución de la ultraderecha española, verdadera encarnación de las nuevas formas y relaciones de la oligarquía franquista encastrada a causa de la llegada de capital extranjero y la consiguiente provincialización de España en los engranajes ideológicos y estratégicos del gran capital anglosajón. Las privatizaciones acentuaron la condición de España como colonia y quienes detentaban el poder financiero y económico, los que se habían hecho todavía más ricos y poderosos con el malbaratamiento del patrimonio común de los españoles, habían entrado con más fuerza en las redes clientelares de las élites hegemónicas adoptando sus intereses, sus maneras y su ideología. No otra cosa es el aznarismo sino el franquismo pasado por el neoliberalismo ultraconservador anglosajón y sometido a él como se demostró en la reunión de las Azores y la subordinación de España a la criminal política imperialista de los Estados Unidos, lo que convierte de facto a Aznar y a quienes le siguieron y ayudaron en traidores a España y en criminales de guerra. Pero dejando eso aparte, es bueno que analicemos esta tercera fase de privatización del patrimonio común español.

Hay que decir que el aznarismo actuó rápido y con criterios claros llegando incluso a privatizar el ejército que al convertirse en profesional pasó a ser un instrumento al servicio de los intereses de la oligarquía dejando de ser un instrumento de defensa del pueblo. Siempre ha sido así: un ejercito popular acude allí donde le interesa al pueblo, uno de mercenarios a donde le conviene a quien le paga que en este caso es el estado, pero ya sabemos que quienes rigen el estado no están al servicio del pueblo sino del capital extranjero. Ya se preveía una etapa de agresiones imperialistas en beneficio de los amigos de Bush, que deseaban controlar el petróleo de Iraq y los oleoductos presentes y futuros de Afganistán, de ahí que Aznar suprimiera rápidamente el servicio militar, haciéndose eco de campañas demagógicas que ya se habían venido potenciando desde mediados de los ochenta, convirtiendo el ejército español en una entidad de mercenarios (soldados profesionales) que podría hacerse servir allí donde conviniese a la oligarquía dominante, es decir: donde quisiesen los amos de la misma. Se acentuaba de este modo la condición de colonia de España con respecto al gran capital hegemónico mundial.

En lo tocante a las privatizaciones de empresas el aznarismo, con los mismos argumentos que el último felipismo, los procedentes de Bruselas, las abordó furiosamente y del modo más infame que imaginarse pueda. Volvió a jugarse, no podía ser de otro modo, a generar plusvalías: se vendía muy barata la empresa de turno a amigos políticos y se permitía que estos revendiesen a precios altísimos, lo que de hecho está tipificado como prevaricación. Y hay que decirlo: todos los gobiernos españoles desde 1985 han practicado la prevaricáción conscientemente y en beneficio de grupos económicos muy definidos que han adquirido un poder enorme e impropio a costa del empeoramiento de las condiciones sociales y laborales del conjunto del pueblo. Un pueblo lerdo e ignorante que aplaude y vota a los mismos que le roban y que le traicionan sabiendo muy bien lo que hacen.

En fin, el caso es que el aznarismo malversó lo que restaba del patrimonio industrial del estado español teniendo la desfachatez de "vender" en la mayoría de los casos las empresas a sus equipos directivos, a quienes ellos mismos habían colocado allí con criterio político, a sus delegados para que estos se beneficiaran especulando con un bien que había sido público y que se había privatizado sin necesidad. Todo ello, por supuesto, sin dejar fuera del negocio a los bancos.

Así, en muy poco tiempo, se liquidó, con las excusas ya expuestas, los sucios métodos ya conocidos y las pésimas consecuencias sociales y económicas de siempre, lo que restaba del patrimonio industrial español. Sin entrar en mayores detalles, me limitaré a hacer una pequeña lista anual de lo vendido para que el lector adquiera una perspectiva adecuada del fenómeno:

1996: Gas Natural, Sefanitro.

1997: Almagrera, Sodival,Surgiclinic plus, Sodisa, Auxi,Elcano, Ferroperfil,Aceralia...y otras, incluyendo dos de las más lucrativas y estratégicas: Repsol y Telefónica.

1998: Inespal, Infoleasing, Irima...y otras incluyendo dos joyas de la corona, dos empresas fundamentales en el entramado económico español: Endesa y Argentaria.

De ahí, de este desmantelamiento del estado surgió el tan cacareado superhábit conseguido por el gobierno de Aznar que, como ha venido sucediendo constantemente desde 1992 con este tipo de operaciones, fue parco (se vendió siempre a bajo precio para favorecer el negocio de los "amigos" en el sector privado) y se esfumó muy rápido, como sucede siempre que se vende un bien generador de riqueza sin sustituirlo por otro. Es bien sencillo de entender: si usted tiene una tienda y la vende dispone de un dinero que puede gastar en lo que quiera, quizá en adquirir una vivienda, pero ha perdido una fuente regular de ingresos, más modestos, pero constantes. Eso mismo sucedió con las privatizaciones: subió momentáneamente la cuenta pero se acabaron los ingresos. En resumen: pan para hoy (y para unos pocos) y hambre para mañana (y para la mayoría, que es lo que estamos viviendo).

 Pero el proceso de privatización del estado no terminó con la pérdida de poder del aznarismo. El Zapaterismo ha continuado con ella. De hecho cualquiera que llegue al gobierno dentro del sistema turnista vigente está sometido al indebido poder adquirido por el gran capital en España a causa de una política criminal y culpable impuesta desde fuera en relación con nuestro ingreso en la Unión Europea y la implementación del euro (de ahí que uno de los espectáculos más tristes que ha ofrecido España sea la masiva aprobación del Tratado de Lisboa en referendum sin que quienes votaron sí supieran ni siquiera lo que estaban aceptando. Se votó por consigna, como verdaderos borregos ignorantes...y ese es el gran problema de España: la enorme ignorancia de quienes se consideran ciudadanos sin ser otra cosa que masa)...

Con Zapatero hemos visto la imposición del Plan Bolonia, que no es otra cosa que la encubierta privatización de la universidad pública. La imposición de la TDT, que no busca otra cosa que beneficiar la capacidad de codificación de canales por las empresas televisivas privadas a las que se beneficia además dejando a la televisión pública sin publicidad y cuya autorización en 1990 no fue sino un aspecto más de la privatización generalizada de los servicios públicos. Hemos visto tantas cosas...y ahora, últimamente, la Ley de Cajas que, bajo la excusa de la modernización, consiste básicamente en dejar que los bancos y el gran capital en general se hagan con ellas. En otras palabras: más de lo mismo. Y ya conocemos cual es el resultado final y quién sale perjudicado.

O cambiamos de rumbo ya, o vamos a la ruina (salvo los bancos y el 1% de ricos que se benefician de este tipo de políticas).

España, para ser de los españoles, debe acabar con el turnismo canovista y caciquil consagrado por la constitución de 1978, con la sumisión al gran capital extranjero dentro de la Unión Europea, que deberá demolerse desde la izquierda para generar una entidad nueva al servicio de los ciudadanos y no de los bancos y multinacionales, juzgar y castigar durísimamente a toda la clase política corrupta de estos últimos treinta años, ejercer una activa política de nacionalizaciones y colectivizaciones y una evolución social y moral que se aleje de los esquemas de la superstición semita avanzando hacia otros basados en la razón y la libertad.

¿Será difícil?...Por supuesto, no van a dejarse derrocar tan fácilmente. Pero el poder es nuestro, si nos atrevemos a reclamarlo. La alternativa ya la habéis visto en este artículo: caminar poco a poco hacia la esclavitud.

NOTA.-La fotografía es de Spaceninja y refleja fielmente la verdadera naturaleza de nuestros políticos y sus amos en la sombra.

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17/07/2010 07:00 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.

APRENDIENDO CON LOS PREMIOS NOBEL DE ECONOMÍA-1ªPARTE (1969-1972))

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Corren tiempos difíciles y confusos en los que nada parece estar en su sitio mientras el mundo económico y financiero se agita como un mar embrabecido pintando con negros nubarrones nuestro futuro. El miedo cunde, la incertidumbre fomenta la acidez de estómago y hasta tengo un par de amigos, otrora prepotentes y afortunados inversores, que se han visto precipitados a la impotencia sexual con la merma de sus ganancias y la desazón propia de los persistentes azares bursátiles en concatenación malsana con la escasez de crédito y el acoso especulativo contra el euro y la economía española impulsados por esos viles oráculos interesados que son las agencias de calificación crediticia anglosajonas. Los pobres, antes tan orgullosos de sí mismos, tan seguros, tan ciegos a todo lo que no fuera inmediata ganancia, han palidecido, encanecido, perdido pelo, adelgazado y presentan un sempiterno rictus de airado hastío en sus rostros de sardinas con sueños de tiburón.

Las cosas van mal y todo indica que pueden empeorar. En un momento así interesa encontrar referencias, parámetros a los que atenerse y nada mejor para ello que recurrir a los popes de la sabiduría económica, en este caso concreto a los premios nobel de económia que el mundo y la Real Academia Sueca de Ciencias han dado. 

Naturalmente, el espacio del que disponemos, necesariamente limitado al tratarse de entradas en un blog, nos obligará a fraccionar nuestra investigación en varios artículos y aún así será preciso que nuestras indagaciones y conclusiones sean breves, superficiales incluso, un plan como el propuesto requeriría, para alcanzar sus últimas consecuencias, un grueso y apretado volumen en papel que acaso acabaría resultando indigesto, plúmbeo y de fatigosa lectura. Es posible, pues, que la forzada brevedad nos beneficie y estoy seguro de que al final de estos concisos apuntes habremos aprendido lo suficiente como para adquirir un perspectiva fructífera y clarificadora sobre el significado y devenir de los acontecimientos que estamos viviendo bajo el hiriente yugo de la crisis.

 En 1969, para celebrar el tercer centenario de su fundación, el Sveriges Riskbank, banco central sueco, propuso a la Real Academia Sueca crear el premio Nobel de economía cuya dotación cubriría el propio banco. Este primer premio lo recibieron, conjuntamente, el noruego Frisch y el holandes Tinbergen "por desarrollar y aplicar modelos dinámicos al análisis  de los procesos económicos" es decir: por estudiar los ciclos de expansión y recesión en los modelos económicos capitalistas en los que las crisis cíclicas son una necesidad estructural. Ya en 1863 Clement Jutglar había demostrado que las crisis no son fenómenos aislados sino parte de una fluctuación cíclica de la actividad bursatil e industrial debido a los intereses privados especulativos que buscan maximizar sus beneficios.

En otras palabras que desde hace siglo y medio se sabe con certeza científica que la crisis económica es parte de la estrategia de enriquecimiento del capital salvaje e incontrolado de modo que funciona mediante burbujas que acaban explotando y a través de maniobras desestabilizadoras destinadas a que unos pocos "tiburones" se lucren desmesuradamente provocando la ruina no solo de otros similares sino también la de países y sociedades enteras. Lo que llamamos crisis es un medio de concentrar aún más el capital y aumentar el poder de unos pocos en detrimento de todos. Es también un momento estratégico en el que el capital especulador aprovecha el poder que las estructuras económicas le otorgan (la posibilidad de aparentar un desplome económico mediante la manipulación de los mercados bursátiles y monetarios y la ralentización o parálisis de las actividades industriales) para debilitar las condiciones sociales y de trabajo del pueblo en beneficio de los poderosos. Con la excusa de la crisis (esperada y cíclica aunque nos la presenten como algo sorprendente y extraordinario) empieza a hablarse de "la necesidad" de reformar (precarizándolo) el empleo, de reducir prestaciones sociales...lo vemos cada día, no es preciso que trace el completo cuadro diagnóstico del mal que nos aqueja. Puedo decir en cambio que nos engañan. Ninguno de los recortes ni de los sacrificios que se nos exigen son realmente necesarios. Estamos viviendo una jugada, cíclica por cierto (y siempre picamos), en el que el capital especulativo se reestructura para fortalecerse (por cierto con dinero público) aprovechando la parafernalia montada por las bolsas, los gobiernos y los medios de comunicación para desmontar un poco más los estados y debilitar a los trabajadores, especialmente los europeos cuyo estado del bienestar, tolerado cuando la URRS era una amenaza, es ahora molesto para los "tiburones" financieros. Van a por él y a por nosotros. Con el capitalismo todos, también los europeos, tenemos mucho que perder. Desgraciadamente no nos damos cuenta de ello y seguimos quietos, callados, dejando que nos arrebaten aquello que nos pertenece y que debería ser un modelo exportable al resto del mundo. El sistema económico, para ser útil, debe exportar el estado del bienestar a los continentes desfavorecidos, no aceptar que la desprotección que estos sufren se traslade a Europa. Pero claro, nos dejamos engañar por torpes juegos de titiriteros que se aprovechan de nuestra ignorancia y así nos va...

La primera lección de los premios nobel de economía, y data ya de 1969, es que la crisis es una realidad estructural del capitalismo salvaje para recoger beneficios, deshacerse de competidores molestos y debilitar al pueblo (obreros, clase media...) en favor de unos pocos. Necesitamos, pues, cambiar el modelo económico y político para instaurar otro de economía real y estable al servicio del desarrollo armónico de la sociedad y dentro de un estricto conocimiento y respeto de los límites de nuestro planeta. Hay que terminar, mejor hoy que mañana, con el capitalismo y la democracia liberal y habilitar nuevos parámetros en los que economía y estado se pongan al servicio de los intereses generales y no sean instrumento de los de unos pocos especuladores.

En 1970 el premio recayó en el judío estadounidense Paul Samuelson, primero de los premiados relacionado con la Escuela de Chicago, centro difusor de la ortodoxia neoliberal que iba a convertirse en la ideología dominante del capitalismo asociada al neoconservadurismo político y moral dando origen al actual estado de cosas.

Después de la crisis de 1929 se impuso el punto de vista de Keynes que parte de una evidencia palmaria conveniente e interesadamente olvidada hoy por la ortodoxia neoliberal imperante: que el sistema capitalista, lejos de lo que teorizaban los primeros ideólogos liberales en el siglo XVIII, no tiende al equilibrio por sí mismo. Antes al contrario, la teoría básica del capitalismo clásico (y anticuado) que sin embargo han vuelto a imponer los seguidores de la Escuela de Chicago con las nefastas consecuencias que todos conocemos, que sostiene que la producción es la base de la prosperidad (a más producción, dicen, mayor demanda) es más idealista que real y en condiciones normales y objetivas pierde pie abismándose en las crisis propias de la superproducción típicas del capitalismo liberal. Se trata de una teoría objetivamente falsa y errónea pero impulsada por el gran capital porque tiende a perpetuar la permanencia y concentración de este en unas mismas manos y a fortalecer, con medidas políticas, la posición de los poseedores en detrimento del resto de la sociedad.

Pero la crisis de 1929 había demostrado sobradamente la ineficacia económica y social de la teoría clásica del liberalismo capitalista y había permitido el crecimiento de las economías fascistas corporativistas modeladas bajo la ideología destilada de la Rerum Novarum al tiempo que el comunismo demostraba su viabilidad en la Unión Soviética, de modo que, para salvaguardar su situación de poder, la oligarquía, adoptó temporalmente el punto de vista keynesiano incluso en los propios Estados Unidos.

Más tarde, después de la Segunda Guerra Mundial, con el ejemplo de la Unión Soviética funcionando a pleno rendimiento, los Estados Unidos, que ya habían impuesto el sistema de Bretton-Woods a nivel mundial, pensaron que el mejor modo de mantener su poder en Europa occidental era renunciando al fundamentalismo liberal y reconociendo lo evidente: que Keynes tenía razón al decir que el capitalismo por sí mismo tiende al desequilibrio y a concentrar el poder y los privilegios en unas pocas manos empobreciendo a las demás y diseñó el nuevo sistema económico de Europa bajo esas premisas.

Sostenía keynes que para perpetuar el capitalismo y con él la posición privilegiada de los oligarcas era preciso introducir en el sistema un factor corrector: el estado. Correspondía al estado asegurarse de la redistribución de parte de la riqueza generada y moderar el comportamiento natural del mercado para minimizar sino evitar, las crisis cíclicas. Fue bajo esa idea general tendente a la social democracia y en función de que la fuerza principal que vino a sostener la nueva dominación estadounidense en Europa fue la democracia cristiana, con un origen ideológico en el corporativismo, que se desarrolló el modelo del desarrollismo y del estado del bienestar en Europa con la intención política última de defender el capitalismo del avance comunista en la frontera más sensible con la URRS.

Pero en el fondo la errónea ideología del liberalismo clásico, que había modelado el modelo económico, político y social de los Estados Unidos desde el siglo XVIII seguía alentando con fuerza en este país e incluso había servido de base para diseñar el modelo de su dominio imperialista y económico en la conferencia de Bretton Woods de 1944. Aunque por motivos de interés estratégico los Estados Unidos fomentasen el keynesianismo en Europa, su ortodoxia ideológica seguía siendo el liberal-capitalismo clásico procedente del siglo XVIII y la Escuela de Chicago vino a convertirse desde mediados del siglo XX en su mayor centro difusor.

La crisis del petróleo de 1973, provocada en gran medida por los errores estratégicos de las grandes corporaciones multinacionales estadounidenses y por los errores de base del imperialismo anglosajón en Oriente Medio, permitió a los teóricos del capitalismo clásico, los ultraortodoxos de la Escuela de Chicago, levantar la voz contra el keynesianismo y empezar a acosarlo en un contexto de reacción ultraconservadora que llevaría a la involución neocon iniciada a comienzos de los años ochenta en los países anglosajones y que todavía padecemos. El premio nobel a Samuelson en 1970 fue un primer aldabonazo, bien que tímido, de ese resurgir de la ortodoxia capitalista asociada en lo político y social al neoconservadurismo y cuyo fin último es la desrregulación total, la eliminación del elemento corrector a sabiendas de que la tesis de que el libre mercado tiende al equilibrio es errónea y falsa para permitir, precisamente, el desequilibrio consecuente a la hegemonía del libre mercado: la concentración de dinero, poder y privilegios en unas pocas manos a costa de la mayoría de la población y con métodos de explotación de recursos insostenibles, anticuados e ineficaces pero ya consolidados y en poder de esas pocas manos de tal modo que su sostenimiento tiende a perpetuar el poder establecido.

El premio nobel de economía de 1971 vino a abundar en el fomento de la creciente ortodoxia neoliberal impulsada desde los Estados Unidos dentro de la cual el estado del bienestar consentido en Europa occidental tan solo era una anomalía de intencionalidad política destinada a desactivar el descontento social consustancial al capitalismo permitiendo el desalojo de la nueva potencia imperialista anglosajona por su rival, la Unión Soviética. Se concedió el premio a un judío ruso que en 1922 había abandonado la URRS instalándose en los Estados Unidos convirtiéndose en uno de los propagandistas de su ideología fundamentalista del liberalismo capitalista: Kuznets.

El tal Kuznets sostenía una tesis deliberadamente equivocada que se basaba en la teoría, también interesadamente errónea, del liberalismo clásico asumida por el neoliberalismo anglosajón de que el libre mercado, dejado a su albur tiende al equilibrio. Sabemos que sucede todo lo contrario, pero a las oligarquías capitalistas les conviene difundir la idea contraria. Kuznets trabajó en ese sentido sosteniendo la tesis básica de que el crecimiento económico basta para reducir la desigualdad social. Según él la generación de empleo y el aumento de la productividad conduce a salarios más elevados y a una mejor distribución del ingreso. Obviaba deliberadamente en su análisis una realidad reconocida científica y generalmente por los propios teóricos del capitalismo: el exceso de producción genera crisis periódicas y además, como demostró Keynes, no es la producción la que determina la demanda sino al contrario. Es más, el propio Keynes, en su análisis objetivo del capitalismo al que deseaba salvar, enseñaba que el crecimiento basado simplemente en el aumento de la producción sobre no utilizar plenamente los recursos disponibles a causa de un sistema anárquico e irracional de organización económica y productiva, tiende naturalmente a la depresión y al ralentizamiento económico al generar una tasa excesiva de interés asociada al crédito que genera la producción y una pérdida de poder adquisitivo de los salarios afectados, a pesar de crecer nominalmente, por una inevitable inflación. En otras palabras: que Kuznets no era realmente un técnico objetivo sino un propagandista de los intereses de las oligarquías capitalistas anglosajonas y el hecho de que recibiera el premio nobel en 1971, justo despuès de Samuelson, dejaba bien claro hacia donde tendía la ortodoxia política. No hacia un sistema racional y comunmente beneficioso de explotación de los recursos y distribución de la riqueza, sino todo lo contrario: a defender y mantener un sistema ilógico, asimétrico, despilfarrador y mal concebido que, sin embargo, permitía a unos pocos acumular riqueza y poder en detrimento de la mayoría social a nivel planetario. Ni que decir tiene que de aquellos polvos proceden los lodos que estamos tragando ahora. Conviene tenerlo muy en cuenta. Las cosas no son como son porque no puedan ser de otro modo sino porque tal y como están benefician a los que tienen la sartén por el mango.

En 1972 los premiados parecían imbricarse en un perfil más técnico y neutro que sus antecesores demostrando que a pesar de la creciente influencia del neoliberaismo americano todavía el estado de cosas en Europa permitía la pervivencia de la tendencia keynesiana. De hecho, en Bretton-Woods (1944) los ingleses trataron de imponer un modelo mundial keynesiano más racional y funcional que el neoliberal pero este no respondía a los intereses imperialistas de los Estados Unidos ni a la avaricia de sus élites motivo por el cual fue desestimado en beneficio de un sistema puramente neoclásico que todavía padecemos. Fue la primera batalla que el keynesianismo perdió frente al neoliberalismo, pero la necesidad de imponer en Europa un estado del bienestar obligó a los Estados Unidos a permitir la existencia de fuertes partidos social demócratas que habían renunciado a las doctrinas socialistas adoptando el liberalismo keynesiano que todavía en esa época, justo antes de la gran crisis del petróleo, disfrutaba de la suficiente vitalidad como para ser tenido en cuenta. Fue así como se premió al británico Hicks que sostenía, sin embargo, una evolución del keynesianismo tendente hacia la Escuela de Chicago asegurando que la economía se basaba en un equilibrio entre tres factores: dinero, consumo e inversión. De hecho, en 1980, ya con el mundo en pleno viraje hacia el binomio neoliberalismo-neoconservadurismo, abjuró de sus tesis keynesianas abrazando la ortodoxia imperante en un momento en el que el Tatcherismo comenzaba a dinamitar el estado del bienestar en Inglaterra y Reagan se hacía con el poder al otro lado del Atlántico. De todos modos, ya en 1972 hubo de compartir el premio nobel con otro judío norteamericano vinculado a la Escuela de Chicago: Arrow, que trabajó en la "demostración" sobre modelos matemáticos apriorísticos de la eficiencia del mercado que tiende por sí mismo y sin regulación hacia el equilibrio. Axioma que sabemos falso pero útil a los intereses de las oligarquías dominantes y que, precisamente por ese motivo, siguen vendiéndonos como realidad científica inapelable cuando no pasa de ser un dogma de la ortodoxia dominante destinado a mantener la concentración de poder, privilegios y riqueza en unas pocas manos. Concentración que se acrecenta con cada crisis cíclica, presentada al pueblo como episodio traumático y excepcional, habiendo llegado a crear una polarización tal que el núcleo duro de poder privado es en sí más poderoso que la mayor parte de los estados en los que opera estableciendo relaciones de dependencia colonial que subordinan los intereses públicos de la colectividad a los privados de esa pequeña élite ayudada en sus manejos, además, por los mecanismos irracionales de los mercados de valores que pueden manipular a sus anchas originando bajadas que acentúan virtualmente cualquier crisis sin que la economía real se vea en realidad afectada aunque sí, mediante la estretágica paralización de la producción, la situación de los obreros (entre los que deben incluirse, en el nuevo marco mundial, a las clases medias y, en determinada medida medias-altas). En otras palabras: la crisis se ha convertido en un instrumento de dominación colonial de un pequeño grupo de tiburones financieros que desde 1945 gracias al sistema económico establecido en Bretton Woods han ido ganando poder y haciéndose con el control mundial y todas las medidas y sacrificios que se exigen al pueblo, a los diferentes pueblos, son tan solo una cortina de humo para afianzar dicho control colonial e ir desmantelando el estado del bienestar para avanzar en la desrregulación, es decir: en un escenario en lo que el capital pueda hacer su santa voluntad y el pueblo quede desprotegido por completo y absolutamente dominado por el poder y los intereses privados.

Cuando nos hablan de paro inevitable, de la necesidad de bajar los salarios, de eliminar o reducir los servicios sociales, cuando se retrae el crédito como medida de "precaución"...simplemente nos están mintiendo. Las cosas no son así por necesidad. Lo son porque les conviene a unos cuantos que acentúan la crisis para afianzar su poder y atentar contra el interés público precarizando la situación de los trabajadores. El estado del bienestar del que disfrutó Europa desde la segunda guerra mundial fue una concesión estratégica por temor a la expansión de la influencia de la URRS, ahora solo podemos esperar una cosa del capitalismo dominante: que nos lo arrebate. Y solo podemos responder de un modo: quebrando el sistema neoliberal de Bretton Woods y creando una nueva realidad económica y social. Desgraciadamente nuestros gobiernos, nuestros sistemas políticos, no van a trabajar para nosotros en eso. El estado (incluyendo en ese concepto a la Unión Europea) no está a nuestro servicio sino al del capital internacional. Hemos visto en estos años con absoluta nitidez que las únicas medidas que se contemplan para solucionar la crisis son las propuestas por la ortodoxia neoliberal de la Escuela de Chicago: es decir socializar las pérdidas y privatizar el beneficio. Tenemos que hacer algo que vaya más allá de dar unos cuantos gritos en la calle, parar un par de días como protesta y cambiar de partido en el gobierno (todos son iguales y responden a los mismos intereses). Llegados a este punto la revolución, el cambio de sistema, no es ya cuestión de ideología sino de lógica e higiene.

nota.-La fotografía es de 1suisse.

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15/05/2010 11:25 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.