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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2014.

EL ABORTO Y LA EXCOMUNIÓN

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Hay cosas, pequeñas cosas, que a uno le hacen sonreir (y mucho).

La última ha sido la extemporánea intervención pública del portavoz de la Conferencia Episcopal (ese a modo de sínodo permanente que aspira a ocupar el puesto de los fenecidos concilios toledanos de la era católica del reino visigodo) amenazando de excomunión a todo aquel que participe de algún modo en un aborto.

Se trata de una intervención cómica sobre todo por lo que tiene de anacrónica. Lanzar esa amenaza implica una mentalidad que necesariamente vive en el pasado. O bien en el pasado medieval cuando una excomunión podía significar (aunque la historia demuestra que los curas rara vez lo conseguían) convertir en un marginado absoluto, en un apestado, al excomulgado al tiempo que autorizaban a cualquiera a robarle y matarle sin por ello cometer pecado o delito; O bien a la no tan lejana época franquista cuando el estado nacional-católico y por lo tanto dictatorial exigía para cualquier trámite civil o judicial un aval del párroco de turno asegurando que el ciudadano en cuestión cumplía con los prefectos de la Santa Madre Iglesia. Y también tuvieron que acabar envainándosela en ese aspecto, y mucho antes de 1975.

No obstante, a pesar de la mentalidad arcaizante de la jerarquía católica, no pueden ser tan estúpidos como para pensar que una amenaza de excomunión puede tener algún efecto disuasorio en una sociedad afortunadamente cada vez más descristianizada ( y por lo tanto más sana) en la que la inmensa mayoría de los ciudadanos ni va a misa ni se confiesa ni comulga...y no por odio a la secta católica sino por pura indiferencia hacia ella.

¿Entonces?

Eso es lo más gracioso de todo. El mensaje del portavoz de los obispos no va dirigido a la inmensa mayoría de la sociedad española que pasa absolutamente de la iglesia sino a sus propias bases, lo que indica bien a las claras que la jerarquía, compuesta por talibanes de extrema derecha (fruto de las décadas de pontificados retrógrados bajo los que solo eran promocionados los más extremistas) y las bases sociales de la iglesia piensan cosas distintas. 

La pregunta que cabe hacerse a este respecto es la siguiente: ¿Quién es la iglesia? ¿Los obispos, que ya no son nombrados por los fieles? ¿O los fieles mismos?

Y es una pregunta pertinente toda vez que ha habido obispos extremistas en España que descontentos por el rumbo pontifical del nuevo papa han osado vulnerar el dogma de la infabilidad del mismo asegurando que la iglesia está por encima del obispo de Roma (lo que representa un regreso al desastroso conciliarismo del siglo XV a la par que una desobediencia y una herejía). Pues bien: si los obispos pueden plantearse la superioridad del concilio (formado por ellos) sobre el papa los fieles no solo pueden sino que deben plantearse activamente quién debe dirigir la iglesia: los jerarcas ultras promocionados por papas talibanes que gobernaron de espaldas a su propio rebaño o las  comunidades  de base que en su mayor parte están compuestas por personas con dos dedos de frente, moderadas y que, en el fondo, no están tan alejados en cuanto a manera de pensar del resto de la sociedad. 

Claro que a mí, como pagano convencido, lo que puedan hacer o decir los cristianos me resulta indiferente (salvo por el peligro de imposición dictatorial e inquisitorial que siempre representan). Me limito a disfrutar los chistes de sus obispos, como es el caso.

NOTA.- La fotografía es de See-Ming Lee.

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UNIDAD, COMBATE Y REVOLUCIÓN

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Que la unidad de todas las fuerzas sanas de la sociedad frente al régimen es imprescindible para derribarlo y establecer una verdadera democracia resulta tan evidente, tan obvio que escribirlo es casi una ordinariez. Que esa unidad debe concretarse sin resquicios ni renuencias en las próximas citas electorales a pesar de que estas deban ser consideradas, en justicia, ilegítimas al ser convocadas dentro de un orden ilegítimo parecería innecesario (si no fuera porque a pesar de los pesares la desunión y la confrontación persiste).

Traer a colación que solo la unidad oceánica de la extrema derecha (que comienza en los liberales y continúa por los democrata-cristianos, que nadie se llame a engaño con centrismos ilusorios) bajo las mismas siglas permitió que esa inmensa y corrupta minoría social que en una democracia debería ser rea de atimia y reeducación obtuviera las mayorías parlamentarias absolutas de las últimas décadas me parece incluso obsceno, porque debería ser ya una lección bien aprendida.

Insistir en que la llamada socialdemocracia (el PSOE, los sindicatos pactistas) no es izquierda, ni siquiera centro-izquierda, sino derecha más o menos solapa, también.

Que dentro del sistema liberal-parlamentario-capitalista no podemos avanzar hacia la democracia aunque es una obviedad sigue sin resultar evidente para muchos. Y he ahí un amplio campo de empeño didáctico en el que todos debemos implicarnos.

Sin embargo, y a pesar de los pesares, hay que insistir en todo lo dicho: unidad social y electoral al margen de los partidos turnistas como herramienta indispensable para el cambio social y político. Participar en el ilegítimo régimen para derribarlo. 

Y hay que ir más allá. Solo con obtener mayorías parlamentarias no se avanza hacia la democracia. Insisto de nuevo: es preciso participar en el ilegítimo régimen pero solo para derribarlo. 

La unidad debe ir más allá de la vacua liturgia electoral. La democracia no es un juego de mayorías sino una opción moral, un estado de cosas.

La unidad necesaria no debe limitarse al juego electoral y tampoco al ejercicio legislativo una vez alcanzado el poder. La unidad tiene como función la transformación social, la creación de una democracia verdadera donde los servicios públicos sean gestionados por el estado al servicio del bien común y quien pretenda convertirlos en negocios privados (o lo haya hecho) sea considerado como enemigo del pueblo, del estado, y castigado como tal. Donde el mismo trabajo tenga siempre la misma remuneración y los mismos productos  y servicios tengan siempre los mismos precios indefectiblemente al margen de la especulación y de la usura que deberán considerarse y tipificarse como delitos de traición al pueblo y conculcación del orden democrático, donde la enseñanza, considerada un servicio público, no esté en modo alguno en manos de sectas teocráticas sino al servicio de la democracia con la finalidad de formar ciudadanos conscientes, honrados y libres. Donde los medios de comunicación y culturales no permanezcan en manos de una élite sino nacionalizados y colectivizados al igual que los bancos, donde no quede resquicio alguno para la oligarquía ni para el imperialismo extranjero. 

La unidad es necesaria no solo para copar las ilegítimas instituciones del ilegítimo régimen sino para derribar este e instaurar una democracia verdadera.

De nada sirve la unidad si no conduce a la revolución y no existe revolución sin confrontación y combate. Ese es el horizonte que la parte sana de la sociedad debe ir asumiendo ya. No hay lugar para las medias tintas. La alternativa al actual estado de cosas no es una versión descafeinada de la misma ideología si no un mundo completamente diferente.

No hay que temerle a las ruinas, y tampoco es preciso que nombre a quien estoy citando, porque llevamos un mundo nuevo y mejor en el corazón.

De modo que: unidad (que no existe ni parece que vaya a existir, sois así de tristes y vergonzosos, camaradas y compañeros), combate y REVOLUCIÓN.

Hay que ganar las próximas elecciones, pero ese no es ni de lejos el final del camino.

¡SUBLEVAOS!

PD.- Lo que está sucediendo estos días en Venezuela es una muestra clara de que no puede ni debe pretenderse un cambio político y social dejando intactos los cimientos del parlamentarismo liberal y sin atacar rápida y definitivamente las bases económicas y de poder de la oligarquía. Si se dejan espacios a la reacción esta se producirá y el proceso democratizador (y por lo tanto revolucionario) se verá en grandes aprietos e incluso detenido y derrocado. Debemos tomar nota de ello. Desde luego hay que ganar las próximas elecciones pero con la idea clara de un cambio inmediato y profundo que debe cursar con la debida agresividad desde el minuto uno con una presión combinada en las instituciones y en la calle. Cualquier otra pretensión, cualquier otro escenario es comprometer culpablemente el proceso democratizador ( e, insisto, por lo tanto revolucionario). 

NOTA.- La fotografía es de Román P.G.

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¿QUÉ HEMOS APRENDIDO DE LO SUCEDIDO EN CEUTA?

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La realidad es la gran maestra de la vida, su análisis el camino hacia la verdad. Por tal motivo conviene observar con atención cuanto sucede a nuestro alrededor y tomar debida cuenta para engrosar nuestra formación y anticiparse a desastres futuros. 

Y el revuelo generado con la actuación de la Guardia Civil contra los inmigrantes que trataban de alcanzar a nado las playas españolas en Ceuta los pasados días viene como anillo al dedo para meditar y extraer conclusiones.

En síntesis, y sin entrar en otras valoraciones, lo sucedido es lo siguiente:

1.-Las fuerzas capitaneadas por el ministerio del interior del gobierno intruso actuaron al margen de la ley y desconociendo los derechos humanos. Tal actuación considerada "normal" se pasó en silencio y hubiera quedado en la sombra de no mediar la actuación de entidades no gubernamentales que denunciaron los hechos.

2.- Una vez que las actuaciones de la Guardia Civil no pudieron ser escondidas, se procedió a una campaña de desinformación (pésimamente orquestada, los jerarcas del gobierno intruso son unos absolutos inútiles y ni siquiera saben cumplir bien con lo más elemental de su papel que consistiría, entre otras cosas, en dar una cobertura eficaz a las fuerzas que ellos mismos instan a saltarse la ley, el entusiasmo con que los componentes de estas lo hagan es harina de otro costal) basada en informes y pruebas amañadas, que acaso deberían verse afectadas por la tipificación de falsedad documental en documento público, al menos en lo tocante a los informes policiales sesgados.

3.-Forzado por la indignación pública y las conveniencias parlamentarias en año electoral de otros partidos turnistas, el ministerio acaba sacando a la luz la integridad de unas imágenes previamente manipuladas. Una integridad que demuestra las mentiras de la cadena de mando desde los primeros escalones a las alturas ministeriales.

Todo ello durante el trámite de una ley golpista que, entre otras cosas, va a prohibir grabar las actuaciones policiales para favorecer las mentiras de estas y los políticos que las dirigen.

¿Qué hemos aprendido de lo sucedido en Ceuta?

Sencillo: que en cuestión de represión las fuerzas armadas del régimen no se atienen a la ley ni respetan demasiado los derechos humanos siempre y cuando quienes tengan enfrente sean del color equivocado (negros, o rojos). Su única guía es la mano dura, el jarabe de palo y el tentetieso con posible montaje ulterior protegido por informes sesgados y una cúpula política complaciente, tan solo interesada en mantener su dogmatismo ideológico y los privilegios de la oligarquía de la que forman parte a menudo subalterna. 

Frente a ese estado de cosas la opinión pública resulta molesta y debe ser anulada ¿de qué modo? evitando a toda costa que la verdad resplandezca por encima de los montajes policiales y políticos. La versión oficial (a menudo manipulada y falsa) debe prevalecer sobre la verdad en un entorno político de acatamiento y disciplina social, en otras palabras: de una dictadura parlamentaria no por tal menos totalitaria y fascistoide.

Por cierto: ¿Hemos escuchado a algún sindicato policial criticar esa deriva antidemocrática?¿Exigir que las actuaciones policiales puedan ser grabadas y sometidas al público y democrático debate?¿Negarse a obedecer órdenes antidemocráticas e inmorales?...Aquellos que no lo hayan hecho pueden ser lícitamente tenidos por cómplices del golpismo y sicarios de la oligarquía corrupta y parasitaria que está convirtiendo España, cada vez más, en una satrapía colonizada. Traidores, por lo tanto, al pueblo y a España. 

Para acabar, y a colación del acatamiento de órdenes. Si un legado dejó el golpecillo del 23 de febrero de 1981 fue una jurisprudencia perversa en la que la "obediencia debida" exculpa al mercenario uniformado (sea de verde, sea de azul) de toda responsabilidad. El régimen de 1978 se basa desde entonces en la impunidad del sicario y tenemos para demostrarlo la enorme cantidad de indultos de policías de toda procedencia que, aún castigados por la justicia, lo que no resulta de por sí nada habitual ni sencillo, son indultados por el gobierno de turno. ¿Es esto democrático?...Evidentemente, no. 

Una democracia no puede basarse en absoluto en la opacidad de la acción de las fuerzas represivas (la represión asume siempre una condición política porque es de naturaleza social) y mucho menos en la impunidad de sus ejecutores. Por lo tanto podemos afirmar que el régimen español dista de ser una verdadera democracia y que, de hecho, nos encaminamos a una fase más oscura y dura de la dictadura liberal parlamentaria vigente. 

¿Vais a consentirlo?...Por desgracia, sí. Seréis esclavos por el mero hecho de que no merecéis ser libres. 

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