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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2014.

EL PETRÓLEO ESPAÑOL

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Hasta el 2011 la política de estado española era apostar por las energías renovables lo que en la práctica conducía hacia la necesaria e irrenunciable soberania energética, eso cambió radicalmente con el acceso al poder (mediante unas eleciones ilegítimas, ninguna celebrada en España puede considerarse  legítima desde el cambio constitucional de los partidos turnistas para convertir el pago de la deuda falsa impuesta por el imperialismo extranjero sobre el pueblo español que fue de este modo esclavizado y privado de sus libertades y haberes, lo que en la práctica representa un casus belli, una causa revolucionaria sancionada por un imperativo moral de primer orden) del golpista Rajoy y su troupe neoliberal y neofranquista de indignos vendepatrias cuyos delitos contra el pueblo requerirán, resulta evidente, ejemplares y durísimos castigos cuando España, la verdadera España, sea restaurada. 

¿Por qué este cambio de rumbo?

Existen dos respuestas a esta pregunta, ambas perfectamente compatibles y ensambladas.

1ª.- Porque el imperialismo es siempre contrario a que los países satélites avancen en su independencia en cualquier ámbito. Ya la moratoria nuclear de 1982, más allá de ninguna otra justificación de carácter ecológico o ideológico tuvo como finalidad última someter a España a la tiranía del petróleo. En ese campo la izquierda, como suele suceder (y por eso, por su ceguera y su absoluta falta de sentido de estado y de concepción nacional y nacionalista del hecho social español así como por su total ausencia de flexibilidad táctica), fue engañada, manejada hábilmente y convertida en la mejor propagandista de los intereses imperialistas contra España. 

2ª-Porque desde hace dos décadas la política del imperialismo yanqui se mueve en una sola dirección: dominar y controlar todas las fuentes de producción petrolífera y convertir en monopolio más o menos evidente y directo el mercado del oro negro yugulando de raíz cualquier otra alternativa energética hasta que no se encuentren en condiciones de controlarla también (y ello parece complicado en el caso de las renovables). Si a ello le añadimos la indebida (y culpable) privatización de Repsol por el gobierno Aznar y su conversión en una "multinacional" al servicio de los amiguetes del PP y plenamente integrada en el cartel de la industria petrolífera manejada por los anglo-saudíes, las piezas del rompecabezas se unen por sí solas. 

El ilegítimo gobierno colonial español comandado por el sátrapa y enemigo del pueblo Rajoy sesga de cuajo cualquier posibilidad de independencia energética española (en lo que constituye un crimen de traición al pueblo y a España) y procede a la destrucción ecológica y económica (porque se está atentando contra el turismo, la más cierta y productiva fuente de ingresos de las zonas afectadas) de algunas comunidades autónomas para A) enriquecer a los amiguetes del gobierno apoderados indebida y piráticamente de la empresa nacional y pública Repsol y B) poner a España al servicio de los intereses del imperialismo yanqui y su imposición del modelo de energías fósiles que pugnan por dominar en régimen de monopolio. 

El empeño del gobierno intruso del ilegítimo régimen que padecemos y por cierto todavía no hemos derribado (lo cual se apuntará en nuesto debe ante la historia) por impulsar prospecciones petrolíferas en Baleares y Canarias es un acto de traición. Una consecuencia no solo de la ilegitimad del régimen sino de su inmoral sumisión a intereses extranjeros en necesario conflicto con los del pueblo español.

Las consecuencias morales y políticas de esta situación son evidentes. No os las voy a escribir aquí, la censura arrecia y no es cuestión de darle pábulo. Cada cual conoce ya su deber. 

NOTA.- La fotografía es de Stig Nygaard.

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LA FRUTA Y EL CAPITALISMO

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El capitalismo es un sistema económico ineficaz que solo puede mantenerse con trampas, con la intervención estatal en apoyo de la iniciativa privada cuando conviene. Es decir: poniendo el dinero público al servicio de los intereses privados cuando es preciso socializando de este modo las pérdidas mientras se privatizan avariciosamente los beneficios. Esta es una realidad tan evidente que no necesita demostración pormenorizada. Basta con seguir con ojos atentos el desenvolvimiento de los "mercados". Podemos por lo tanto afirmar que el capitalismo es una estafa, una mentira conceptual impuesta como espejismo para favorecer los intereses de unos cuantos, de los oligarcas. Y, naturalmente, la conclusión evidente es que el capitalismo resulta incompatible con una organización eficiente, justa, democrática y moral de la sociedad y por lo tanto cualquier régimen basado en el capitalismo debe ser considerado una tiranía inmoral y derribado sin olvidar el castigo de sus fautores, beneficiarios, propagandistas e ideólogos.

Pues bien, en estos días la crisis del embargo ruso está poniendo de manifiesto una vez más tanto esa ineficacia del sistema capitalista (y la errónea concepción del sistema de producción y distribución agraria) como la equivocada política del ilegítimo régimen colonial español al servicio de los intereses de la potencia imperialista a la que se ha sometido: los Estados Unidos. 

El asunto ucraniano, que es a la postre lo que ha desatado todo el problema, no incumbe en absoluto a España y si le incumbe es para mostrarse en contra de toda forma de independentismo por la cuenta que nos tiene, por el contrario estamos, como sucedió en Yugoslavia, también al servicio de nuestros amos americanos y en contra de nuestros propios intereses, apoyando a los nazis ucranianos por el mero hecho de que los Estados Unidos están llevando a cabo una política de acoso a Rusia, de debilitamiento de su potencia rival aniquilando los régimenes a ella afectos (Libia, Iraq, Siria, lo que no deja de favorecer la extensión del yihadismo) y suscitándole enemigos en sus propias fronteras, tal el nuevo régimen nazi de Ucrania. Rusia, es obvio, se defiende y responde a los ataques de naturaleza económica con otros de similares características como el veto a la entrada de productos de los países satélites de su enemigo en sus fronteras. Medida por lo demás lógica y natural ¿o es que de verdad pretendíamos atacarles, bloquearles, acosarles financieramente y que siguieran dejándonos vender en su país?

Asi las cosas el principal responsable (y culpable) del veto ruso a la fruta española es el gobierno intruso del ilegítimo régimen colonial que padecemos. Gobierno que, es ocioso repetirlo, no está al servicio de los intereses del pueblo español sino de sus amos extranjeros en una actitud persistente que solo puede ser considerada, juzgada y castigada como traición al pueblo y a España. 

Ahora bien, dicho esto, que no por ser evidente conviene menos poner de manifiesto, es preciso que analicemos el escenario creado a raíz del veto ruso y el modo en que demuestra la ineficacia del capitalismo como sistema de producción y distribución y la necesidad de una reforma a fondo no solo del agro sino de todo el entramado económico de la nación. 

A saber: Rusia, inmersa en una guerra con los Estados Unidos y sus vasallos, entre los que desgraciadamente se encuentra España, veta los productos de estos dentro de sus fronteras. Ello hace que millones de toneladas de fruta sean devueltas a España donde los productores, en su mayor parte latifundistas, prefieren quemarlas para evitar las bajadas de precios y a la vez solicitan subvenciones estatales para resarcirse de las pérdidas sufridas cuando, es evidente, hubieran atesorado sin compartir en absoluto, los beneficios. Es más: esos beneficios hubieran ido destinados a aumentar el latifundio y por lo tanto en detrimento de los pequeños agricultores. Hubieran tenido como función el gasto inútil del lujo y el aumento del desequilibrio en los pueblos que sustentan la producción de fruta y por lo tanto el aumento de la pobreza general a cambio de que unos pocos se enriqueciesen. 

Tal es el mecanismo capitalista y asociada a él, no lo olvidemos, corre la ideología de la no intervención del estado en los asuntos privados...excepto cuando los poderosos fracasan por el motivo que sea en sus negocios en cuyo caso se recurre de inmediato al estado para que subvencione su avaricia privada o, incluso, como sucedió en España con Bankia, para que asuma como pública una deuda privada. Entonces sí es bueno el estado y entonces sí se requiere su intervención procurando, de paso, que empeoren las condiciones sociales y de trabajo de los sectores explotados por los productores que, además de recibir dinero público utilizan al parasitado estado para aumentar a su favor el desequilibrio social y económico existente y provocado por su avaricia privada. 

El escenario en el que esta jugada no por habitual menos inmoral y despreciable está sucediendo es uno en el que los propios desequilibrios e ineficiencias del capitalismo han generado unos niveles de miseria desconocidos en España en los últimos sesenta años. En un escenario así la existencia de fruta barata y asequible resultaría de gran ayuda para subvenir a la alimentación de miles de familias que apenas pueden comer. De hecho en un sistema eficiente y justo la producción y distribución de alimentos debería orientarse desde el minuto uno a colmar las necesidades de la población y no al enriquecimiento de los productores o al mantenimiento de explotaciones paupérrimas incapaces de sostenerse por sí solas en las fluctuaciones del mercado libre. 

Ergo, y no cabe otra, es preciso reformar a fondo el sistema de producción y distribución agraria superando los ineficaces cauces ideológicos del capitalismo para establecer un sistema público y nacional en el que las necesidades generales del pueblo se pongan por encima de la avaricia de los particulares. Ello requiere la nacionalización y colectivización inmediata de las tierras y los medios de distribución y orientar la producción y la distribución hacia las necesidades del pueblo español sin perjuicio de comercializar los excedentes a condición de que las plusvalías obtenidas reviertan en la mejora de la producción o, en su defecto, engrosen partidas destinadas a otros capítulos de interés social y nacional. 

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COMO ALCALDE VUESTRO QUE SOY...

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El debate político en España adolece, entre otras muchas cosas, de una profunda ignorancia sobre la historia y la tradición política del país. Y ello convierte la mayor parte de las discusiones en diálogos insulsos entre bobos sin conciencia, "repitemonas" que únicamente atinan a reproducir lo que sus asesores han leído en manuales de ideologías desarrolladas lejos de nuestras fronteras y que nadie se ha molestado en adaptar a nuestra peculiar historia jurídica, social e institucional.

Lo que está sucediendo estos días con la pretendida reforma de las elecciones municipales por parte del PP tiene mucho de eso. 

Dejaremos a un lado la evidente intención de los peperos de modificar las leyes para perpetuarse en el poder y el hecho de que eso sea una actitud antidemocrática y golpista por otro lado típica del sistema liberal-parlamentario que nos venden falsamente como democracia y que ha mantenido, con todo tipo de triquiñuelas y timos similares, a las élites en el poder en todos los países que han adoptado dicha forma de tiranía camuflada. Eso ya lo sabemos, y el que no lo sepa puede dedicarse a estudiar la persistencia de los burgos podridos en el parlamentarismo inglés o el movimiento cartista y su represión y los trucos de los republicanos para ganar las elecciones en los Estados Unidos en los últimos cincuenta años, por no ir más lejos. Es posible, incluso, que este otoño escribamos un artículo al respecto en estas páginas y os sirvamos la lección bien masticadita. Pero no es de esto de lo que vamos a ocuparnos ahora. 

Hay cosas peores, de fondo, en dicha pretendida reforma que seguramente no habréis advertido y que conviene tener muy en cuenta. 

Para entender adecuadamente lo que voy a decir hay que retrotraerse a uno de los momentos más repugnantes, asquerosos y despreciables de un caudillo pepero que hayamos vivido en los últimos tiempos: aquel aciago día en que la marquesa-lideresa, la estomagante individua conocida como Esperanza Aguirre, fue a lamer pollas al parlamento británico. Al parlamento de un país, no lo olvidemos, que sigue ocupando parte del territorio español y que por lo tanto es nuestro enemigo aunque no nos encontremos en un periodo de guerra abierta, a un país que fue el principal responsable (a través de la ideología liberal, la piratería, el boicot y la masonería) de la desmembración de España en el siglo XIX. Un país que es, en todo, la antítesis de España. Y acudió allí a proclamarse admiradora de lo británico y, por lo tanto, enemiga de lo español y, por ende, traidora a España y al pueblo. Un acto así debería haberle acarreado la atimia primero y un enérgico castigo después. No sucedió nada porque, entre otras cosas, hay una profunda falta de patriotismo, de españolismo y de conciencia de nuestra historia y nuestro ser nacional tanto en la oligarquía que parasita el régimen como en todos los estamentos políticos y culturales del mismo. 

No debe extrañarnos, ya hemos explicado en estas páginas en más de una ocasión que la mayor parte de la oligarquía de nuestro país tiene raíces extranjeras y llegó a España a lo largo de los siglos XVIII y XIX con una sola cosa en la cabeza: expoliarlo. Arrebatar la riqueza pública y enriquecerse a costa de España y del pueblo. Lo hicieron, lo siguen haciendo. 

Esos extranjeros nos convirtieron en una colonia, lo seguimos siendo y eso se nota en nuestra total falta de conciencia nacional. Somos como los niños de las reservas indias de los Estados Unidos cuando ven películas del oeste y abuchean a los indios y aplauden la llegada del séptimo de caballería. Hasta ese punto nos han manipulado. 

Con esas oligarquías mayoritariamente extranjeras y que nos han convertido en una colonia de nuestros enemigos, llegó su ideología: el liberalismo. Fue el liberalismo quien en 1833 quiso borrar de raíz la identidad de los antiguos territorios históricos españoles creando las provincias y dando carpetazo a la tradicional organización política de España (si ello se revirtió en parte se debió en gran medida al foralismo carlista y la necesidad de conjurarlo). Fue también el liberalismo el que llevó a la privatización de los terrenos comunales de los municipios para enriquecer a los capitalistas extranjeros establecidos en España y a sus cómplices, quien dió al traste con los montepíos para intriducir la usura de los bancos (con capitales mayoritariamente extranjeros)...y así todo.

No debemos olvidar que una de las costumbres más dañinas y constantes introducidas por esas oligarquías de raíz extranjera y que todavía se perpetúa es empeñarse en hacer estudiar a sus vástagos en el extranjero donde se les programa en la ideología de nuestros enemigos y se les enseña a despreciar nuestra esencia española, a desconocer nuestra historia política, institucional y jurídica. Un individuo formado en un colegio o en una universidad anglosajona o germánica nunca, bajo ninguna circunstancia, puede ser considerado un buen español y existe el grave riesgo de que se convierta, como Esperanza Aguirre y tantos otros, en un traidor a España y en un opresor del pueblo, al que no entiende como propio sino como ajeno, una mano de aborígenes de la que lucrarse. 

En ese escenario de colonización intensa, de profunda aculturación y de pérfida manipulación de lo español no debe extrañarnos que cada medida de los enemigos del pueblo encarnados en la ideología liberal (sean cuales sean las siglas que la escondan) lleve tanto a la perpetuación de la tiranía oligárquica como a la vulneración del ser histórico español.

La aberración municipal que ahora pretende imponer el PP, sobre golpista, impúdica e inmoral, representa un paso más en el consciente desconocimiento de la historia política de España. 

Esa gentuza sajonizante, esos enemigos de España enquistados en un régimen corrupto e ilegítimo, sucesor de una larga serie de regímenes corruptos e ilegítimos que también parasitaron, pretende ahora instituir unos ayuntamientos presidencialistas o, al menos, en tránsito hacia el presidencialismo olvidando que el municipio, como institución fue siempre en España, desde la época de los romanos, un órgano colegiado en el que el alcalde solo ganó protagonismo desde la imposición del autoritarismo real y centralista que condujo al absolutismo con el aplastamiento de la legitimidad que podemos definir como foral (en Villalar en 1523, en Épila en 1592, en los decretos de Nueva Planta en 1707, en la introducción de las provincias en 1833...) Se trata de una tendencia inveterada pero no por ello más legítima.

El municipio es la expresión de la entidad territorial como república (y res pública) y por lo tanto como organismo autónomo, tendente a la horizontalidad o cuanto menos al equilibrio social, con aspiración universalista y plural. El municipio es la verdadera expresión de la democracia, de la gestión de los asuntos públicos por el pueblo y en ese sentido debe ser lo más abierto y participativo posible prescindiendo de figuras impuestas desde el autoritarismo externo, como es la del alcalde concebido como jefe político único y más o menos delegado del gobernador civil o del jefe del movimiento (o del partido) regional de turno. 

España debe abanzar hacia la democratización librándose de su condición de colonia extranjera, eliminando a la oligarquía parasitaria de origen extranjero ( y su ideología liberal) y retornando a su propia historia institucional que nada tiene que ver con el constitucionalismo liberal ni hunde sus raíces en una fecha tan inmediata como el siglo XIX sino que puede rastrearse en muchos casos hasta época prerromana. 

Así las cosas la reforma municipal que pretenden los traidores del PP además de golpista y antidemocrática es radicalmente antiespañola y justo lo contrario  de aquello que dedemos hacer. Un paso más hacia nuestra desaparición. 

Y lo triste es que váis a permitirlo. 

NOTA.- La fotografía es de Iwillbehomesoon.

LOS PUJOL Y LA FALACIA DEL INDEPENDENTISMO.

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¿Quedarán independentistas en Cataluña después de la irrupción del Caso Pujol en la vida pública? Es evidente que sí. El fanatismo y la estupidez dificilmente atienden a razones y los memos tienden a abundar más que las personas sensatas sobre todo cuando el estado liberal ha tolerado durante demasiado tiempo un régimen escolar de lavado de cerebro y adoctrinamiento antiespañol en las escuelas, institutos, universidades y medios propagandísticos controlados por la oligarquía catalana.

No obstante el Caso Pujol permite contemplar en toda su impudicia el funcionamiento mafioso de la oligarquía catalana y comprender los verdaderos motivos que subyacen en sus demandas de independencia. 

Si la independencia catalana efectivamente se produjera ni los Pujol ni sus cómplices se verían en la tesitura de responder ante nada ni ante nadie. No existirían contrapesos a su poder, no habría instancias superiores que pudieran contralarles, jueces y policia (el cuerpo de los mozos de escuadra tiene todos los componentes de una policía política, corrupta, protofascista y represora al servicio de los intereses de la oligarquía catalana y, por lo tanto, destinada a sojuzgar al pueblo) estarían bajo el directo control de los mafiosos, como lo estarían todos los medios de propaganda y el fanatismo del falso nacionalismo catalán serviría para acallar cualquier voz disidente. 

La independencia que la oligarquía catalana desea y que muchos estúpidos de clase media y obrera aceptan comulgando con ruedas de molino es la instauración de un régimen tercermundista en el que las veinte o treinta familias de siempre acumulen todos los privilegios, manejen toda la riqueza y dominen despóticamente al resto de la población convertida en simples súbditos con obligaciones pero sin derechos.

Una Cataluña independiente se parecería más a la República Centroafricana de Bokassa que a cualquier país europeo, así nos lo indica con perfecta nitidez el Caso Pujol y todos los demás de corrupción que afectan no solo a CiU sino a todo el entramado independentista. 

Así las cosas la inevitable guerra que seguiría a la declaración independentista sería sobre todo una guerra de liberación popular y de saneamiento democrático que indudablemente exigiría la eliminación directa de cualquier elemento corrupto, la confección de una tábula rasa sobre la que volver a construir una región (que no debería denominarse Cataluña, a fin de cuentas nombre contingente, innecesario, que no significa históricamente otra cosa que la acumulación de condados sometidos a los carolingios en la Marca Hispánica que luego pasaron a ser controlados por Aragón y que ha quedado desacreditado a causa de su utilización "nacionalista" por la mafia oligárquica catalana para justificar sus desafueros) democráticamente sana, igualitaria, justa y libre de las miasmas de las falsedades históricas del llamado nacionalismo de la corrupta oligarquía barcelonesa, el puñado de familias que, en beneficio propio, vienen ensuciando y pudriendo la españolidad de Barcelona y su entorno desde el siglo XIX.

Naturalmente ese proceso sería enérgico y doloroso, tendría un elevadísimo precio en vidas, sacrificios y bienes materiales por eso es conveniente, en la medida de lo posible, evitarlo. 

Por eso hay que insistir en poner en evidencia la realidad para desengaño de ilusos: el nacionalismo catalán surgió a mediados del siglo XIX, sin ninguna base histórica, en la conjunción de carlistas que justificaban sus levantamientos impulsados por el fanatismo religioso con un desvaído foralismo y la burguesía barcelonesa, enfrentada a la castellana por causa de las disensiones sobre el proteccionismo y el libre comercio.

Los oligarcas que basaban su riqueza en la agricultura y en la atracción de capitales extranjeros, básicamente madrileños con intereses en Andalucía y otras regiones como Asturias, defendían el libre comercio. Los que basaban su fortuna en las manufacturas, especialmente los empresarios textiles catalanes, defendían el proteccionismo para no enfrentarse a los productos extranjeros, de mejor calidad y precio. Es decir: pretendían, aun proclamándose liberales, utilizar el estado para imponer sus productos caros y de mala calidad a un mercado cautivo. En otras palabras: estafar al pueblo parasitando el estado. No lo consiguieron. 

Y no lo consiguieron porque ceder a las intenciones de un sector minúsculo de la producción económica española hubiera significado un suicidio para España. Eran los tiempos de la Guerra de Crimea, de la filoxera, de la venta del azúcar y el tabaco cubanos...atender las demandas de los diez o quince productores textiles catalanes que por lo demás pretendían vender productos caros y de mala calidad, hubiera arruinado a la totalidad de la economía de España ( y del resto de Cataluña).

Fue a partir de ese momento cuando esos estafadores desairados comenzaron a conspirar, a "desespañolizarse" a odiar a "Madrid"...así surgió el nacionalismo catalán y todas sus falacias históricas, políticas y sociales, cada vez más elaboradas. 

La ineficacia y falta de patriotismo de los sucesivos regímenes liberales hicieron el resto permitiendo la propagación de ese cáncer. ¿Por qué? porque todos eran esencialmente clasistas y destinados a sostener los privilegios oligárquicos sobre los intereses del pueblo y de España como unidad nacional. Incluso el franquismo, que adoptó formas dictatoriales y pintorescas, llegando a perseguir las manifestaciones folclóricas del catalanismo, lo fomentó no desgajando de raíz a los oligarcas que lo impulsaban. Después de todo el franquismo iba dirigido contra el pueblo español en general no contra los oligarcas de cualquier condición. Si el franquismo hubiera sido verdaderamente patriótico y hubiera deseado una solución de los problemas españoles hubiera permitido a los catalanes seguir hablando en catalán si les parecía pero hubiera incautado y socializado o nacionalizado todos los bienes de la oligarquía desafecta y corrupta. De haber hecho eso hoy no existiría la "cuestión catalana".

En cuanto al régimen de 1978 apenas ha sido otro régimen liberal más y como tal absolutamente inoperante, ilegítimo, perjudicial y antiespañol, no ha servido sino para agravar los problemas históricos de España porque vino, como todos, a mantener en sus privilegios a los causantes de todos los problemas de España: los oligarcas centrales y periféricos. 

Lo bueno de una supuesta independencia catalana es que permitiría articular las fuerzas de renovación para eliminar esas células cancerígenas y restablecer una España saneada, del pueblo y para el pueblo, libre de oligarquías corruptas y mafiosas. 

No obstante, siempre es preferible llevar las cosas a cabo pacíficamente y con sensatez y para ello, en este caso, es preciso que los engañados por el sistema propagandístico y de lavado de cerebro de la mafiosa oligarquía catalana independentista recapaciten y sean ellos mismos los que le den la espalda a los "valores" prefabricados y falsos y a quienes los han impulsado volviendo al redil de la unidad y la concordia en un camino de convergencia que conduzca al restablecimiento de la verdadera democracia en España. 

Ahora ya habéis visto la podredumbre que se oculta tras la oriflama del independentismo, es hora de volver a la sensatez. 

PD.- Lo dicho aquí sobre Cataluña sirve también para las provincias llamadas vascas.

NOTA.- La fotografía es de Joan Sorolla.

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