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¿A QUIÉN FAVORECE EL INDEPENDENTISMO?

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La respuesta a la pregunta del título resulta tan obvia que ni siquiera sería preciso argumentarla. El independentismo favorece única y exclusivamente a las oligarquías que vienen parasitando al pueblo español a través de los sucesivos regímenes liberales desde el siglo XIX.

2011 fue un año de esperanza. Por fin, frente al corrupto e ilegítimo régimen colonial de 1978, el pueblo se organizaba y se movilizaba para derribarlo y estructurar desde la base una nueva democracia. En ese momento sobre todas las cosas era precisa la unidad, la confluencia, un proyecto unitario de futuro, articular la lucha social, la lucha de clases, para avanzar en la yugulación de las oligarquías y el establecimiento de unos cimientos sólidos sobre los que construir una verdadera democracia. No fue posible. Desde el primer instante el proyecto común,el camino de unidad hacia la democracia, del pueblo frente a las oligarquías central y periféricas, se vio quebrado por el activismo separatista, de los indocumentados (o infiltrados) que ponían el asunto territorial y secesionista (y por lo tanto defendían los intereses de las oligarquías periféricas) sobre el proyecto social. Los que defendían el soberanismo prefabricado frente las verdaderas necesidades del pueblo.

Hoy seguimos igual: amparándose en las legítimas reivindicaciones democráticas del pueblo unos cuantos aprovechan para sembrar la disensión, para enturbiar deliberadamente la dialéctica de oposición social a las oligarquías corruptas con reivindicaciones que no son sociales ni democráticas sino deudoras de la demagogia sostenida por las oligarquías periféricas a través del poder que el fracasado y contraproducente sistema liberal les ha permitido mantener en la educación, los medios propagandísticos y económicos. 

Al introducir el irrelevante asunto del independentismo en el movimiento popular, cosa que viene sucediendo desde 2011, los catalanistas (y otros en menor medida) han venido a pervertir el ilusionante movimiento democrático surgido el 15 de mayo de 2011 para llevar a cabo la realización de los intereses de la corrupta oligarquía barcelonesa. Una Cataluña independiente, todos lo sabemos, sería el imperio de la oligarquía corrompida de Barcelona, sería una inviable república bananera que haría inmensamente más ricos a los catalanes que ya lo son (y desde generaciones) conduciendo a la miseria a las clases medias y trabajadoras. Eso es una realidad indiscutible que los independentistas no quieren ver porque va en contra de los intereses políticos y económicos de quienes les manipulan entre bambalinas, de la oligarquía barcelonesa cuyo grado de enmerdamiento solo llega a intuirse con la observación del Caso Pujol. 

Así las cosas puede afirmarse que los infiltrados independentistas que han estado practicando el entrismo en el movimiento social del 15-m desde el mismísimo 2011 y que se envuelven en los pliegues de sus pancartas y banderas para utilizarlos de caballo de Troya contra la indiscutible unidad de España son en realidad enemigos del pueblo y de la democracia, títeres de la oligarquía que introduciendo un discurso ajeno al de unidad popular frente a los privilegios, latrocinios y dominación de esa misma oligarquía y enturbiando deliberadamente las aguas están liquidando el movimiento democrático y las justas demandas del pueblo.

Los independentistas catalanes han enterrado el movimiento democrático en España poniendo el país en manos otra vez de las oligarquías que habían llegado a tambalearse en 2011 con la unidad del pueblo exigiendo verdadera democracia.

Ahora solo pueden suceder dos cosas. O bien Cataluña se independendiza en cuyo caso las oligarquías catalana y centralista saldrán fortalecidas respecto a los dos segmentos de pueblo español divididos por fronteras artificiales y consiguientemente ambos segmentos acabaran empobrecidos y debilitados frente a Madrid y Barcelona o, lo que es mucho más probable, el pulso se zanjará con un nuevo acuerdo entre facciones mafiosas (y más o menos ruido mediático, institucional y acciones represivas que lejos de perjudicar a los aparatos oligárquicos servirán para justificar la desmembración de los embriones de movimiento democrático surgidos en 2011) y todos, el pueblo en su totalidad, saldremos empobrecidos y debilitados frente a las oligarquías reconciliadas dentro del corrupto estado liberal.

Por lo tanto puede afirmarse que todo ciudadano no oligarca que en Cataluña se suma a las movilizaciones independentistas no solo está tirando piedras contra su propio tejado sino también ayudando a sepultar el movimiento democrático español que solo puede ser unitario y articularse en un horizonte de confluencia popular frente a la oligarquía, en un marco social y no territorial. 

Consecuentemente los independentistas pueden y deben ser tenidos como enemigos de la democracia, de la regeneración social y política y como enemigos del pueblo. Y como tales deberán ser tratados si la ruptura llega y nos vemos obligados a enmendarla con una acción expeditiva que deberá ser al mismo tiempo  de liberación y unificación popular y destinada al establecimiento de una verdadera democracia en todo el ámbito español, combatiendo por igual a todas las oligarquías y a sus títeres independentistas y nacional-católicos. 

NOTA.- La fotografía es de Mario Antonio Pena Zapata. 

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