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LA CHORRADA DE LA ESPAÑA FEDERAL

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El PSOE es una secta de oportunistas desnortados, una gangrena supurante que amenaza con corroer las entrañas de España y de la que no puede esperarse sino un cúmulo de toxinas que acaben por envenenar un organismo ya moribundo a causa de la iniquidad culpable y criminal de los vendepatrias oligárquicos del PP.

El PSOE es un partido (ya el mero hecho de ser un partido lo situa en la antidemocracia, en el intento de secuestro del bien común por parte de una facción dentro del amañado sistema del sufragismo liberal) de derechas que no quiere, por pura estética, parecerlo. Es la reencarnación del Partido Liberal en el neoturnismo del ilegítimo régimen de 1978 y lucha con todas sus fuerzas por ocultar su verdadero papel institucional (tan alejado de la democracia y de su origen como elemento dinamizador del asalto de la mayoría social al reducto del poder oligárquico) y por encontrar una "personalidad" propia que lo diferencie de su gemelo: el Partido Popular. En ese campo el erigirse en adalid de "lo progre" ojo: no del progreso ni del progresismo, ni siquiera de la modernidad o la vanguardia ideológica o social, solo de la impostura "pogre" de los burgueses (y asimilados) de mentalidad atrasada y conservadora, defendiendo un laicismo descafeinado, un feminismo radical pero viciado de ideología puritana y reaccionaria y con instintos filonazis aplicables después al conjunto de la legislación y la acción política, con la repetición de mantras y eslóganes vacíos de significado real y la cesión a los intereses oligárquicos tanto centralistas como periféricos le confiere un perfil en apariencia más moderado y diferente al del PP.

Pero, precisamente, esa necesidad de presentar una faz diferente para la misma realidad ideológica, social y política es lo que convierte al PSOE en un zombi, en una aberración política de la que no cabe esperar sino desgracias y decisiones que conduzcan al desastre de España.  

Ahora, en esa deriva absurda, peligrosa (y colindante con la traición a España y al pueblo y que deberá ser juzgada y castigada con dureza cuando se restablezca el orden en este país) le ha dado a sus jerifaltes por defender una España federal, lo que en la práctica es ceder a las fabulaciones históricas (e histéricas) de las oligarquías periféricas, especialmente la catalana y la vasca, y ahondar en el fracaso del estado liberal del que el PSOE es partícipe, fautor y cómplice. 

Ya explicamos esto hace poco en estas mismas páginas en un artículo titulado Los Pujol y la Falacia del Independentismo. No obstante resumiremos de nuevo la idea general. 

Los nacionalismos catalán y vasco nacen de una contradicción de intereses económicos entre los oligarcas de esas regiones y los de Madrid. Mientras estos últimos ,con una base económica eminentemente agraria, defendían el libre comercio y la caída de aranceles para enriquecerse con las crisis de la Guerra de Crimea, la filoxera y aún la Primera Guerra Mundial, los otros, cuya base económica eran las manufacturas, defendían el proteccionismo para no tener que competir con las industrias extranjeras (especialmente inglesas, francesas y alemanas). 

Para sustanciar su oposición a la oligarquía de Madrid las periféricas procedieron a reinterpretar la historia (es decir: a inventársela directamente) sobre las bases liberales y conservadoras del romanticismo creando unas fabulaciones que décadas, ya más de un siglo, de propaganda han convertido por el método goebbliano de repetir las mentiras hasta que son tomadas por verdades y de lavar el cerebro de las masas con esas mentiras desde la escuela y mediante todos los aparatos de propaganda posible (universidad, medios de comunicación, etc...) hasta que se convierten en dogma de fe, en realidades indiscutibles. 

Es en eso: en la repetición e imposición de las mentiras "históricas" en lo que se basan el nacionalismo catalán y vasco. Y esos nacionalismos encubren, simplemente, los intereses mafiosos de las oligarquías beneficiadas por ellos (como enseña perfectamente el caso de los Pujol). Por lo tanto cualquier cesión al poder de esas mentiras en la calle o las instituciones es un acto de traición a España y al pueblo y un error político inaceptable. 

Negar la independiencia de una parte de España pero ceder al poder oligárquico regional proponiendo una articulación federal del país es una abdicación de la verdad histórica, de los deberes patrióticos y de la integridad moral y política. Al hacerlo el PSOE demuestra su ceguera, su oportunismo y su inadecuación como instrumento de avance político. 

Por supuesto que el centralismo monolítico que defiende la oligarquía mesetaria no es una opción de futuro pero ceder a los intereses de las oligarquías periféricas tampoco. 

Aquí el problema no es de nacionalismos, secesiones y articulaciones territoriales, el problema es social y político: hablamos del fracaso del estado liberal en España, de la necesidad de sustituirlo y del absoluto imperativo democrático de eliminar a las oligarquías central y periféricas bajo nuevas bases de acción y unidad popular y socialista. 

Hemos de construir un estado nuevo, una democracia verdadera que como tal no puede ser liberal ni capitalista sino socialista e igualitaria y que desde luego no debe admitir la imposición de las fabulaciones ideológicas e "históricas" de las oligarquías que instrumentaron el fracasado estado liberal. Hemos de alcanzar un nuevo horizonte de unidad social y de avance político y ello pasa, indefectiblemente, por destruir el ilegítimo régimen de 1978 (incluyendo la tolerancia con los nacionalismos secesionistas) y establecer, por las malas si es preciso (mal que nos pese la tiranía fue siempre la antesala de la democracia), un nuevo discurso político, social y nacional. 

NOTA.- La fotografía es de Qsimple y es una buena metáfora sobre el bipartidismo del régimen: una morena y una rubia para vendernos la moto, o el coche, que tanto da.

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