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CAN VIES: UNA INTERPRETACIÓN DEMOCRÁTICA.

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La omnipresencia de la demagogia propagandística del ilegítimo régimen liberal que padecemos tiende a hacernos olvidar los verdaderos fundamentos de la filosofía política democrática, de ahí que sea preciso recordarlos de vez en cuando.

La propaganda del régimen nos habla constantemente, en referencia a Can Vies, de un centro "okupado" por "radicales" en una férrea defensa del concepto capitalista de sacralización de la propiedad privada (aunque esa propiedad resulte contraproducente para el bien común, planteamiento absolutamente antidemocrático) y subsidiariamente de apología de la especulación urbanística (si Can Víes no se hubiera encontrado en Sants a lo mejor seguiría abierto...y todos lo sabemos) al tiempo que insiste en la criminalización del desacato de la vertical visión social impuesta por la criptodictadura liberal-capitalista. Todo el que disienta, todo el que no se humille ante el poder establecido por la oligarquía y sus estrechos moldes socio-políticos es un "radical", un "terrorista", un "guarro"...

Pero no debemos olvidar que el centro de Can Vies albergaba nada menos que cincuenta entidades ciudadanas. Era, por lo tanto, un nódulo social y cultural, y en consecuencia político, de primer orden. Más, seguramente, que un ayuntamiento acartonado y corrupto al servicio de la oligarquía barcelonesa y sus sucios intereses repletos de insolidaridad, avaricia y resentimiento contra el pueblo. 

 El asunto, mirado desde una perspectiva verdaderamente democrática (y no liberal) es muy diferente. 

Recapitulemos los principios democráticos que ya conocemos. A saber:

1.- La soberanía reside en el pueblo, no en las instituciones que solo son legítimas si permanecen al servicio de la democracia (y por ende de la equidad, de la libertad y de la justicia social) y se convierten en tiránicas y consecuentemente ilegales si sirven a intereses fácticos (es decir: facciosos). 

2.- Así las cosas, si el pueblo decide poner al servicio del bien común un equipamiento abandonado y regirlo autogestionariamente, el ayuntamiento solo tiene un camino democrático a seguir: aceptarlo e integrarlo en el esquema municipal. Lo contrario es un acto antidemocrático.

De hecho hay que afirmar que lo que ha sucedido en Can Vies, la actuación de las instituciones y la ulterior fiebre represiva de las mismas ante el descontento del pueblo, solo puede tildarse de criptofascismo. Después de una actuación semejante el ayuntamiento de Barcelona ha evidenciado su condición antidemocrática y por en consecuencia ilegítima y el paso subsiguiente sería la creación de una comuna democrática en Barcelona con poder constituyente para restablecer el orden democrático en la ciudad. 

Y, de paso, no estaría mal que el ejemplo cundiese por el resto de nuestra sojuzgada piel de toro llegando a materializar el periodo constituyente que de facto existe en España desde 1939.

Esa es la interpretación verdaderamente democrática de lo sucedido en Can Vies.

Porque no nos engañemos: democracia y liberal-capitalismo son términos antagónicos. 

NOTA.- La fotografía es de Otto Normalverbraucher.

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