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LA ESTRUCTURA DEL GOLPE EN CURSO

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Ya explicamos en estas mismas páginas que la estructura de golpe que se pretendía el 23 de febrero de 1981 era un calco de la llamada Operación De Gaulle, que sirvió para instaurar en Francia una nueva república con firme predominio derechista y militar. Parece ser que en cuestión de golpes de estado está ya todo inventado y que cualquier movimiento golpista de la actualidad, especialmente dentro del espectro liberal-capitalista, busca referencias, ejemplos en el pasado. Por eso resulta interesante estudiar a fondo la historia y ver los derroteros por los que nos conducen nuestros ilegítimos gobernantes para mantener los privilegios de la oligarquía cleptocrática y parasitaria que padecemos y debemos derribar y castigar para establecer una verdadera democracia.

Pues bien, analizada la historia, el modelo del golpe en curso parece ser el mismo que el llevado a cabo por Mussolini a partir de 1922.

Nuestras nociones de la historia suelen ser superficiales y rara vez los documentales de la televisión (siempre interesados), las películas, las novelas históricas (que provienen del aparato propagandístico del régimen y suelen tener una intención ideológica clara) y en muchos casos los propios libros de divulgación histórica, todavía más politizados, sirven para mostrarnos la realidad. Antes al contrario juegan conscientemente a la desinformación y a abusar de la ignorancia del común de los mortales sobre temas concretos y a menudos complejos.

Por ese motivo nuestra idea del golpe fascista en la Italia de 1922 suele concluir en la Marcha Sobre Roma, que condujo al poder a Mussolini y al fascismo con, como no, la connivencia de la corona. 

Sin embargo el golpe de estado fascista fue un proceso, exactamente igual que el que estamos sufriendo en España desde 2011.

En nuestro caso el equivalente de la Marcha Sobre Roma fue el cambio constitucional, el momento en el que los partidos turnistas vulneraron todavía más la soberanía nacional supeditando nuestra política y nuestro desarrollo económico y social al pago de una deuda ilegítima (una deuda privada que se convirtió en pública por los ilegítimos gobernantes de la satrapía alemana en que han convertido a España) que, desde luego, no debe pagarse. No al menos con fondos públicos y con la pérdida de derechos sociales y libertad política de los ciudadanos españoles. 

El golpe fascista fue institucional. No radicó en el parlamento, pero fue sancionado por el rey. En nuestro caso también fue institucional, perpetrado por el parlamento y los partidos turnistas y aceptados por todas las instituciones del estado lo que las deslegitima a todas para seguir ejerciendo sus funciones. 

Pero, como decíamos, el golpe fascista fue un proceso, no concluyó ni de lejos con la llegada al poder de Mussolini.

En los primeros años se limitó a crear milicias voluntarias para reprimir violentamente al pueblo y elaborar una ley electoral que premiase a las mayorías. Estos pasos resultaban innecesarios en la España del siglo XXI porque para la primera función el estado dispone ya de la policía política (información y antidisturbios, entre otros) acostumbrada desde tiempos inmemoriales (desde 1939 acaso, porque no existió un cambio real ni en 1978 ni después) a los montajes, las falsas acusaciones, las torturas y la represión salvaje de la legítima protesta ciudadana. En cuanto a la ley electoral se pergeñó a la perfección para mantener el turnismo y favorecer el voto conservador, como ha quedado claramente demostrado.

El siguiente paso del golpe de Mussolini consistió en cerrar la red, en asfixiar todo resto de oposición y ello se llevó a cabo con una acelerada carrera legislativa, de nuevas leyes que podemos resumir así:

Limitación de la libertad de asociación (26 de noviembre de 1925), pérdida de control del ejecutivo por el parlamento (24 de diciembre de 1925), capacidad legislativa para el ejecutivo (31 de enero de 1926), supresión del autogobierno de municipios y provincias (4 de febrero de 1926), confinamiento policiaco de los opositores al régimen (6 de noviembre de 1926), instauración de un Tribunal Especial para la Defensa del Estado y restablecimiento de la pena de muerte (25 de novviembre de 1926) y, ya por fin, el 9 de noviembre de 1926 se expulsó a la oposición del parlamento.

Como vemos la estructura del golpe que estamos sufriendo en España desde 2011 sigue punto por punto la del golpe de Mussolini.

Primero el hecho de fuerza. Entonces la Marcha Sobre Roma ahora el cambio constitucional. Luego, una vez asegurado el poder, una batería de leyes que de facto ahogan toda posibilidad democrática. 

En España la pérdida de control del ejecutivo por el gobierno no se ha legislado, ni hace falta, se produce de facto a causa de una mayoría absoluta ilegítima (conseguida con menos de un tercio de los votos posibles gracias a la amañada ley electoral) y la capacidad legislativa del ejecutivo se ha implementado a base de decretos leyes e indultos.

Luego tenemos leyes como la Ley Mordaza, la de educación, la del aborto, la de ayuntamientos, etc. que en la práctica vienen a cumplir los mismos objetivos que la batería legislativa de Mussolini en 1925-1926. Tampoco necesitamos un tribunal especial para la defensa del régimen porque ya existen y están férreamente controlados por el poder político (Tribunal Supremo, Audiencia Nacional).

Tal es la realidad que estamos viviendo y ahora, después de estas líneas, la estructura del golpe en curso ya no debe resultar un misterio para nadie. Estamos viviendo un golpe de estado institucional, eso ya es evidente, y el modelo aplicado para el mismo es el fascista.

¿Lo váis a consentir?¡Sublevaos!...Porque empieza a ser tarde.

NOTA.- La fotografía es de CassAnaya.

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