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EL ABORTO Y LA EXCOMUNIÓN

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Hay cosas, pequeñas cosas, que a uno le hacen sonreir (y mucho).

La última ha sido la extemporánea intervención pública del portavoz de la Conferencia Episcopal (ese a modo de sínodo permanente que aspira a ocupar el puesto de los fenecidos concilios toledanos de la era católica del reino visigodo) amenazando de excomunión a todo aquel que participe de algún modo en un aborto.

Se trata de una intervención cómica sobre todo por lo que tiene de anacrónica. Lanzar esa amenaza implica una mentalidad que necesariamente vive en el pasado. O bien en el pasado medieval cuando una excomunión podía significar (aunque la historia demuestra que los curas rara vez lo conseguían) convertir en un marginado absoluto, en un apestado, al excomulgado al tiempo que autorizaban a cualquiera a robarle y matarle sin por ello cometer pecado o delito; O bien a la no tan lejana época franquista cuando el estado nacional-católico y por lo tanto dictatorial exigía para cualquier trámite civil o judicial un aval del párroco de turno asegurando que el ciudadano en cuestión cumplía con los prefectos de la Santa Madre Iglesia. Y también tuvieron que acabar envainándosela en ese aspecto, y mucho antes de 1975.

No obstante, a pesar de la mentalidad arcaizante de la jerarquía católica, no pueden ser tan estúpidos como para pensar que una amenaza de excomunión puede tener algún efecto disuasorio en una sociedad afortunadamente cada vez más descristianizada ( y por lo tanto más sana) en la que la inmensa mayoría de los ciudadanos ni va a misa ni se confiesa ni comulga...y no por odio a la secta católica sino por pura indiferencia hacia ella.

¿Entonces?

Eso es lo más gracioso de todo. El mensaje del portavoz de los obispos no va dirigido a la inmensa mayoría de la sociedad española que pasa absolutamente de la iglesia sino a sus propias bases, lo que indica bien a las claras que la jerarquía, compuesta por talibanes de extrema derecha (fruto de las décadas de pontificados retrógrados bajo los que solo eran promocionados los más extremistas) y las bases sociales de la iglesia piensan cosas distintas. 

La pregunta que cabe hacerse a este respecto es la siguiente: ¿Quién es la iglesia? ¿Los obispos, que ya no son nombrados por los fieles? ¿O los fieles mismos?

Y es una pregunta pertinente toda vez que ha habido obispos extremistas en España que descontentos por el rumbo pontifical del nuevo papa han osado vulnerar el dogma de la infabilidad del mismo asegurando que la iglesia está por encima del obispo de Roma (lo que representa un regreso al desastroso conciliarismo del siglo XV a la par que una desobediencia y una herejía). Pues bien: si los obispos pueden plantearse la superioridad del concilio (formado por ellos) sobre el papa los fieles no solo pueden sino que deben plantearse activamente quién debe dirigir la iglesia: los jerarcas ultras promocionados por papas talibanes que gobernaron de espaldas a su propio rebaño o las  comunidades  de base que en su mayor parte están compuestas por personas con dos dedos de frente, moderadas y que, en el fondo, no están tan alejados en cuanto a manera de pensar del resto de la sociedad. 

Claro que a mí, como pagano convencido, lo que puedan hacer o decir los cristianos me resulta indiferente (salvo por el peligro de imposición dictatorial e inquisitorial que siempre representan). Me limito a disfrutar los chistes de sus obispos, como es el caso.

NOTA.- La fotografía es de See-Ming Lee.

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gravatar.comAutor: Fernando Busto de la Vega

Fe de erratas: donde escribí (pésimo mecanógrafo) prefectos quise escribir preceptos.

Fecha: 11/09/2014 20:15.


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