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CÓMO LLEGAR A SER UN PRESO POLÍTICO EN UNA "DEMOCRACIA" LIBERAL PARLAMENTARIA

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Por supuesto los regímenes liberales que, como todos los totalitarios, se basan, además de en la represión, en la hipocresía y la propaganda para mantener los privilegios de una minoría a costa de arrebatar los derechos del pueblo niegan que existan presos políticos en sus cárceles y se esfuerzan, con la complicidad de los cuerpos represivos (policías diversas y jueces adictos y convenientemente crédulos), en difundir la idea de que en las celdas del régimen solo acaban aquellos que delinquen (transgrediendo unas leyes que en muchos casos están pensadas única y exclusivamente para impedir la disidencia política y la movilización ciudadana, como sucede con la nueva ley de seguridad ciudadana y el código penal que está pergeñando el gobierno intruso de Rajoy en España) y solo después de que se les juzgue con las "máximas garantías jurídicas". Nos venden también que ni antes, ni durante, ni después de su detención los prisioneros son agredidos, torturados o sufren merma alguna de sus derechos.

En suma es el clásico "quien no ha hecho nada no tiene nada que temer" del franquismo que otorga carta blanca al estado parasitado por la oligarquía para reprimir a cualquier opositor porque en la mente de sus vecinos desinformados queda la idea de que "algo habrá hecho". Además es útil que los disidentes y opositores al régimen tengan antecedentes policiales por delitos "comunes" así resulta más sencillo desacreditarlos cuando se les vuelve a detener. Ya se les puede presentar no como ciudadanos luchando por las libertades y los derechos del pueblo frente a una oligarquía corrupta sino como delincuentes y "alborotadores profesionales" aplicándoles alguna etiqueta criminalizadora tal como "comunista" , "anarquista", "kaleborroca" o "radical antisistema". Esta última es la más útil puesto que da por sentado que el sistema es bueno y quién se enfrente a él es malo y sin embargo no presenta una vertiente política clara, cosa que sirve para dar a entender que las supuestas libertades políticas del régimen existen y se respetan. Se puede ser comunista, anarquista, lo que sea, siempre y cuando el pensamiento no se convierta en acción.

Por lo demás, y frente a la propaganda del régimen, las cárceles liberales están llenas de presos políticos. Es un preso político el que delinque por falta de oportunidades sociales, el que forzado por la injusticia del sistema debe recurrir a la violencia, el que por la usurpación de los medios del estado ve truncadas sus posibilidades de formación y promoción quedando reducido a la marginalidad. Todos esos son presos políticos del régimen. Pero no faltan los activistas conscientes que pagan el precio de su rectitud moral y su compromiso social con la cárcel.

En ese sentido ya se ha explicado en estas páginas que alzarse del modo que sea contra un régimen ilegítimo (y los liberal-capitalistas lo son) es una obligación moral y democrática de todo ciudadano. Por ese motivo cualquier acto tipificado por leyes destinadas a la sumisión o el desconocimiento de cualquier "autoridad" que de por sí, por la ilegitimidad del régimen, es ilegítima y debe ser considerada como fuerza de ocupación es un acto político y legítimo y convierte al detenido por cometerlo en preso político.

 Pero la voracidad represiva del totalitarismo liberal va más allá siendo táctica frecuente la fabricación de cargos ad hoc contra activistas molestos y disidentes políticos por muy pacífica que sea su labor. Recomiendo a este efecto instruirse sobre el Programa de Contrainteligencia del FBI, no resulta difícil, la información es fácilmente accesible en internet. 

La secuencia de hechos funciona más o menos así:

1.- El ciudadano, consciente de que se encuentra inmerso en un régimen totalitario e hipócrita destinado a perpetuar y aumentar la riqueza y los privilegios de unos pocos, a menudo extranjeros, y que ello solo puede conseguirse a costa de mermar los derechos y libertades de la mayoría del pueblo y de hipotecar su futuro condenándolo a la miseria, se activa. Comienza a acudir a manifestaciones, movilizaciones y actos. Mientras el régimen no se siente amenazado la represión es mínima. Si los manifestantes piden permiso para protestar, acatan los horarios, recorridos y caprichos de la "autoridad" y se dedican a corear lemas durante un par de horas, no pasa nada. La liturgia es incluso beneficiosa para la propaganda del régimen que puede vanagloriarse de la "libertad de manifestación y de expresión". Cuando las movilizaciones ponen contra las cuerdad al régimen, la cosa cambia. Es entonces cuando la represión política se intensifica. 

2.- El ciudadano convertido en activista llama la atención de la policía política (que nadie se engañe: existe aunque la llamen de otro modo) y se elabora un dossier sobre él que se engrosa hasta el momento en que se considera oportuno "desactivarlo" o bien ponerlo al servicio de la represión como topo, inductor o delator. 

3.- El ciudadano-activista concurre a una manifestación. En ella hay infiltrados de la policía política que le marcan ante los antidisturbios uniformados. Estos proceden a la provocación para hacerle perder los nervios y tener una excusa para detenerle por desacato a la autoridad o bien hay otros infiltrados más o menos relacionados con la policía política (no tienen por qué ser directamente policías, pueden pertenecer a grupos civiles pagados o manipulados por topos o inductores) que generan disturbios. Entonces el ciudadano-activista marcado es detenido aunque su actitud sea pacífica y acusado de hechos que no ha cometido.

4.- En comisaría se le someterá a todo tipo de presiones para declarar o firmar declaraciones prefabricadas que no le permitirán leer, es posible, incluso, que en su mochila aparezcan "mágicamente" piedras, recipientes con líquido incendiario o que si lleva una bandera su asta se considere un arma camuflada. El caso es que la policía política no escatimará artimañas para cargar años de condena sobre el ciudadano-activista que ha pasado ya a ser un delincuente. Un delincuente convenientemente fabricado, pero delincuente al cabo. 

5.- En la inmensa mayoría de los casos el juez, adicto al régimen y generalmente con una ideología clasista y jerárquica adquirida en la facultad y en los años de ejercicio, atenderá únicamente a los trucados informes policiales y sentenciará al ciudadano-activista sea inocente o no. Llegan entonces las multas o la cárcel. Las primeras arruinan al activista que debiendo pagar el precio por la manifestación en la que ha sido cazado y detenido se pensará mucho acudir a otras. La segunda es una oportunidad excelente para ir cargando condenas sobre el activista y, en cualquier caso, sirve de escarmiento: un precio demasiado alto por no haber hecho nada y la sensación de poder ser enviado allí en cualquier momento por un nuevo montaje de la policía política.

6.- Una vez condenado el ciudadano-activista pasa a ingresar en la casta de los sospechosos habituales y por lo tanto a permanecer expuesto de por vida al acoso de la policía política que, si le conviene al régimen, se extenderá a todos los aspectos de su vida y de la de sus amigos y familia e incluirá denuncias y testimonios falsos de los propios policías acusándole de todo tipo de delitos comunes. Vuelvo a recomendar a este fin al lector que se informe sobre el programade contrainteligencia del FBI y de los informes de sus seguidores en la España del siglo XXI filtrados en internet. 

Esa es la democracia en la que vivimos. 

NOTA.- La fotografía es de David Shankbone.

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