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LA GRAN COALICIÓN EN ALEMANIA:¿ AUDI O VOLSKWAGEN?

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Todos los días la realidad nos proporciona lecciones que, bien aprendidas, nos muestran el camino correcto, hacia dónde orientarnos en el siempre proceloso maremágnum de la vida (no digamos ya de la política). Lo sucedido en Alemania con el SPD es una de esas lecciones a las que nos conviene prestar atención porque nos ilustra bien a las claras de la parafernalia del mercado y su cara oculta: la realidad industrial, permítaseme esta metáfora economicista que, como comprobará el lector, acabará siendo muy ilustrativa.

No debemos olvidar a este respecto que fue, precisamente, otra "gran coalición" entre democrata-cristianos (CDU-CSU) y social-demócratas (SPD) la que permitió el ascenso a la cancillería de Angela Merkel. En su segundo mandato esta nueva kaiser-fúhrer de la gangrena alemana de Europa se apoyó en un partido bisagra, el liberal, para seguir haciendo su política a favor de la oligarquía y el capital y ahora, aniquilado y fagocitado el FDP, vuelve a formar gobierno con su supuesto antagonista, que solo lo es en el terreno electoral no en el ideológico o político, el SPD. Nada nuevo bajo el sol, es el mismo mecanismo que conduce a los gobiernos de "unidad nacional" o que generó el pentapartido italiano que gobernó el país desde el restablecimiento del parlamentarismo liberal después de la Segunda Guerra Mundial hasta la berlusconización de la república que, en la práctica, supuso más de lo mismo. 

¿Qué lección nos enseña este tipo de maniobras?...pues una que no acabamos de aprender y que urge que interioricemos ya: que dentro del parlamentarismo liberal-capitalista no hay verdadera alternativa, existen marcas electorales con algunas diferencias de detalle entre sí pero en realidad vivimos en un régimen de partido único. Porque, no nos engañemos, bajo el gobierno de gran coalición alemana, continuarán las políticas de siempre: seguirá el expolio de los países periféricos para el sostenimiento de la banca privada alemana, seguirá avanzándose en programas de unificación bancaria y de tratados de libre comercio que solo benefician al capital especulativo llevando la ruina y la miseria a los pueblos, será todo igual porque no hay diferencias reales en los partidos que articulan el parlamentarismo liberal. Y no las hay porque desde su principio está pensado para que no las haya, para fingir una alternancia y una democracia que nunca es tal. 

Volvemos aquí a la metáfora economicista y automovilística que da origen a este artículo: por un lado está la parafernalia mercadotécnica de la venta de coches en la que se nos ofrecen unas cuantas marcas diferentes, sobre todo en apariencia y en su presentación comercial pero, si ahondamos un poco, comprobamos fácilmente que en realidad las diferencias son de detalle. Que a fin de cuentas el Audi 80 es un Volkswagen Passat o que un Audi 50 es un Volkswagen Polo. Tan solo cambia la envoltura, la marca y el sector social al que se dirige. 

Con los partidos políticos del parlamentarismo liberal-capitalista sucede lo mismo. Marcas hay muchas, pero la producción procede siempre de las mismas factorías y las diferencias entre ellas son únicamente cosméticas respondiendo en el fondo siempre a los mismos intereses, a los de los titiriteros ocultos que mueven los hilos en su propio beneficio: la oligarquía y el capital. 

Y la conclusión es sencilla: si deseamos una democracia verdadera que sirva a los intereses del pueblo y no a los de los especuladores el primer paso, indispensable, es periclitar el parlamentarismo liberal. Dentro de sus márgenes no hay respuesta, desbordémoslos pues. 

¡Sublevaos! ¡Derribad el régimen ilegítimo! ¡Solo tendréis democracia y justicia si las conquistais!

NOTA.- La fotografía es de Jeminke.

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