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SOBRE LA HUELGA DE BASURAS DE MADRID (RECORDANDO LA CANADIENSE)

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La memoria histórica va, o debería ir, más allá del recuerdo y el castigo (ya meramente simbólico) de los crímenes cometidos por la oligarquía, el ejército y la iglesia durante el plan de genocidio de clase iniciado en 1936. Si de verdad deseamos que el recuerdo sea útil es preciso, e incluso debería convertirse en una asignatura escolar que sustituyera, por ejemplo, a la inútil, nociva y alienante de religión,  extenderlo al conocimiento de la lucha obrera y los hitos sindicales (y hablo de verdaderos sindicatos, no de esos adocenados y vendidos a la ideología liberal que ahora proliferan con alma vertical y no de clase) que condujeron a las conquistas sociales, a que un mínimo equilibrio, siempre insuficiente (los golpes de 1923 y 1936 y la cantidad de años que se gobernó España al margen de las garantías constitucionales no solo durante las dictaduras explícitas sino durante los gobiernos monárquicos de Alfonso XIII y los de la CEDA en la república, no permitieron más), se introdujese en el concierto social frenando la avaricia y la tendencia al latrocinio y la explotación de una clase dominante que ahora, libre de contrapesos y sin miedo (factor siempre conveniente) ni pudor, está volviendo a las andadas en este malhadado comienzo del siglo XXI.

En efecto, los males de antaño empiezan a reproducirse a un ritmo alarmante por culpa, principalmente, de la laxitud de unos sindicatos sin memoria histórica, sin sentido de su principal función y claramente traidores a su obligación social y política, que es la organización de la clase obrera (todo el que no pertenece a la oligarquía, le guste o no pertenece a la clase obrera, eso de las "clases medias" que tanto les gusta esgrimir a los liberales y social-demócratas es poco más que un espejismo destinado a dividir al pueblo en sectores y tramos de renta y a imbuir en amplios sectores los valores e intereses de la clase oligárquica) para la consecución de sus metas que no son otras que la consecución de una verdadera democracia que, como tal, únicamente puede ser igualitaria y de carácter social. 

La amnesia social y sindical, inducida por décadas de control de la información y de propaganda liberal-capitalista, ha borrado no solo el proceso de adquisición de las conquistas sociales (que ahora la oligarquía nos presenta como graciosas concesiones en tiempo de bonanza) y la idea de que el conflicto, en un escenario asimétrico de derechos sociales y reparto de la riqueza, es una vía necesaria y valiosísima para establecer al menos un equilibrio social y político que frene la rapacidad de los caciques de siempre. Y esto es una realidad indiscutible al menos desde que los trabajadores de las pirámides en el antiguo Egipto inventaron la primera huelga de brazos caídos para obtener mejores condiciones de trabajo o desde que, mucho después, la plebe romana abandonó Roma negándose a regresar hasta que los patricios depusieron su actitud rapaz y totalitaria. Del mismo modo,la historia del movimiento obrero es la historia de sus conflictos, de sus luchas y de su solidaridad frente al poder de la oligarquía (plasmado en un estado ilegítimo, al servicio de los ricos y no de la totalidad del pueblo) por eso es inconcebible que en un escenario de golpismo neoliberal como el que estamos viviendo en estos años iniciales del siglo XXI acontecimientos como la huelga de los empleados de la limpieza de Madrid se gestionen, tanto por los sindicatos mayoritarios como por la sociedad en general, como simples asuntos particulares entre unos trabajadores y su empresa. No, las cosas no son así y no deben gestionarse de ese modo.

El ataque sufrido por los empleados de la limpieza de Madrid no es un asunto exclusivamente suyo, es un ataque contra toda la clase obrera, contra todo el pueblo (sea cual sea su nivel de renta) que no pertenece a las cincuenta familias más poderosas de este país, a la corrupta y nociva oligarquía que ha parasitado el estado desde el golpe borbónico de 1874 y sigue utilizándolo como aparato represor y antidemocrático. Se trata de la aplicación pura y dura de la ortodoxia neoliberal a un sector social y abarca desde la indebida y culpable (algún día habrá que juzgar a los responsables, instigadores e ideólogos de las privatizaciones y castigarlos con la máxima dureza) privatización de un servicio público convertido en negocio privado a la pérdida de derechos de los trabajadores obligados a asumir despidos y reducciones salaries justificadas solamente por el ansia de plusvalías de empresas enriquecidas a costa del desmantelamiento del estado. Por lo tanto el conflicto es común a toda la clase obrera, a todos los trabajadores y como tal debería ser tratado. 

El hecho de que los trabajadores de la limpieza de Madrid (o de los conductores de autobuses urbanos de Zaragoza) se declaren en huelga y el resto de la sociedad permanezca cruzada de brazos y sin actuar solo conviene a la patronal, a la oligarquía y a sus títeres políticos. El ataque sufrido por un solo trabajador es un problema general de toda la clase obrera y, por lo tanto, los sindicatos, si en lugar de dedicarse a la dolce vita y a firmar sumisamente pactos con la patronal, cumpliesen con su deber, deberían estar exportando la mediática y justa huelga de los trabajadores de la limpieza de Madrid a otros sectores. Todos debemos solidarizarnos con ellos, su lucha es la nuestra, la de todos, hay que ir, por lo tanto, a una huelga general, total y con un solo objetivo: derribar el régimen ilegítimo que padecemos o, al menos, restablecer en él un equilibrio hoy perdido. 

Eso, por la desidia, el miedo, la ignorancia y hasta la cuestionable ideología de los sindicatos mayoritarios y de la sociedad en general no se está haciendo. Y el que esto firma no puede dejar de lamentar la profunda incultura, el insondable desconocimiento tanto de los sindicatos como de la sociedad en general sobre nuestra propia historia y el modo en que se consiguieron los avances sociales. No puede evitar recordar la huelga de La Canadiense, tan fundamental en nuestra historia (consiguió entre otras cosas el establecimiento de la jornada de ocho horas en España) y tan poco conocida por casi todo el mundo. Es más: que levanten la mano quienes, sindicalistas o no, hayan oído hablar de dicha huelga o tengan una ligera idea de cómo transcurrió.

No pasa nada, entre otras cosas para eso está este blog: para instruir e ilustrar sobre aquellas partes de nuestra historia que el dominio político de la oligarquía tanto en las prolongadas dictaduras como en los periodos de parlamentarismo liberal-capitalista (que no debemos confundir con la democracia) nos ha hurtado. 

Recordemos, pues, la huelga de La Canadiense. 

La Canadiense era una de las dos compañías que en 1919 suministraban energía eléctrica a Barcelona. Estaba, como su propio nombre indica, gestionada por capital extranjero lo que significa en la práctica que el gobierno parlamentario liberal-capitalista de Alfonso XIII, había dejado un servicio público estratégico en manos de los intereses privados y abierto a los intereses especulativos del capital extranjero a cuya voracidad se sometían los derechos sociales y laborales de los españoles pobres, lo cual representa desde su misma concepción un acto anti-español, anti-democrático y profundamente inmoral que no por ser norma de la ortodoxia capitalista dominante merece menos repudio político y filosófico. 

Pues bien: el gerente de la empresa, un gringo de cuyo nombre no quiero acordarme, tuvo una brillante idea: hacer fijos a sus trabajadores eventuales a cambio, claro está, de una sustanciosa reducción del sueldo. Había en La Canadiense un sindicato en ciernes, formándose, y sus impulsores se negaron a aceptar ese cambio (que no fue propuesto sino impuesto). ¿El resultado?...los ocho fueron despedidos el 5 de febrero de 1919. Inmediatamente el otro centenar de compañeros se declararon en huelga, abandonaron la sede de la empresa y marcharon a hablar con el gobernador civil de Barcelona buscando amparo. Este los despachó con buenas palabras, prometiéndoles que lo arreglaría si volvían al trabajo. Ellos le creyeron pero, al regresar a La Canadiense, la empresa estaba tomada por la policía, que les impidió entrar en el edificio. Poco después todos ellos, sin excepción, eran también despedidos. 

inmediatamente recurrieron a la CNT que organizó un comité de huelga y una caja de resitencia que reunió, con aportaciones obreras, 50 000 pesetas de la época en una semana. 

La situación obligó a las autoridades a forzar al patrono canadiense a la negociación. Se fijó una reunón el día 17 de febrero pero el gestor gringo, al enterarse que algunos de los miembros del comité de huelga pertenecían a la CNT, se negó a dejarles entrar en las instalaciones de la empresa abortando el intento negociador. 

El siguiente paso fue el corte de suministro. Los trabajadores procedieron a boicotear (acto lógico, normal y legítimo) los servicios de la empresa explotadora (y extranjera, no se olvide) dejando media Barcelona a oscuras. La otra media era alumbrada por otra empresa, también privada. 

Ante esa circunstancia el gobierno borbónico y parlamentario en lugar de defender a los obreros españoles se puso de parte del explotador de turno, de la multinacional (¿les suena la copla?), haciendo que el ejército español, concretamente el 4º Regimiento de Zapadores, ocupara la fábrica para garantizar su producción y los beneficios del patrón extranjero. En otras palabras: los recursos públicos del estado se pusieron al servicio no de los derechos del pueblo sino de los intereses privados y de clase de una multinacional extranjera. Es lo que se sigue haciendo en el actual régimen, copia y heredero de aquel, en lo que solo puede considerarse como un acto de traición, una forma de convertir España en una colonia y a los españoles en esclavos. 

De paso se envió un nuevo gobernador militar a Barcelona, el asesino Martínez Anido, principal impulsor del pistolerismo de los sindicatos libres, inductor del asesinato de Salvador Seguí, en 1923, y posterior ministro de gobernación, con Franco en los peores años de la represión franquista. 

¿Cual fue la estrategia del pueblo bajo la organización sindical de CNT ante semejantes desafueros?...ampliar la huelga. 

El 23 de febrero se sumaron a la huelga, en solidaridad, los trabajadores de la otra empresa suministradora de electricidad a Barcelona, lo que dejó a esta ciudad sin suministro, el 26  los trabajadores de las empresas de gas y luz, el 3 de marzo los de la central eléctrica de Sant Adriá del Besós...

Mientras tanto la represión se ponía en marcha y comenzaban las detenciones, las palizas, los acosos por parte de la policía, del ejército y de los pistoleros de los llamados sindicatos libres.

El 5 de marzo el capitán general de Cataluña, Milans del Boch (sí, siempre son los mismos apellidos, las mismas familias) militariza a todos los trabajadores en huelga entre los 21 y los 38 años. Eso significa que, sino obedecen órdenes y acuden al trabajo, serán juzgados como desertores y sus penas pueden llegar al fusilamiento. Ninguno de los huelguistas acude a cajas, ninguno acepta su movilización, se multiplican las detenciones, las palizas, los acosos...la policía, el ejército y los pistoleros "libres" se emplean a fondo. 

El 13 de marzo, como los huelguistas siguen en sus trece, el ejército, bajo Milans del Boch y Martínez Anido, ocupa Barcelona, la represión se intensifica. Pero al cabo el gobierno tiene que negociar. Los obreros, el pueblo, han puesto al ilegítimo estado borbónico de rodillas. Todos serán readmitidos sin represalias, las medidas que originaron la crisis, serán anuladas. La mayor parte de los obreros son puestos en libertad, pero no todos, de modo que la huelga, tras unos pocos días de paréntesis, se reanuda el 23 de marzo. El 24 el ejército ocupa de nuevo la ciudad, el 27 se suspenden las garantías constitucionales y empieza a aplicarse la ley de fugas, el famoso "paseillo"...es decir, para mis lectores más jóvenes: que a los sindicalistas que interesaba quitar de en medio se les detenía, se les llevaba a comisaría dando un rodeo por las afueras y se les ejecutaba alegando que habían tratado de huir. 

Por esos días se organiza en Barcelona la Federación Patronal Española (antecedente directo de la CEOE, que ha heredado su ideología y sus métodos) y exige, para readmitir a los obreros, que entreguen sus carnets de la CNT, ninguno acepta. 

Finalmente la huelga acaba, de nuevo sin represaliados, el 12 de abril. El 13 de ese mismo mes el gobierno, forzado por las circunstancias, decreta por ley la jornada de 8 horas. Fue así cómo se conquistó en España, gracias a la CNT y al valor y sacrificio de los obreros de Barcelona. 

El 1 de diciembre los patronos de la Federación antecitada organizan un cierre patronal. No dejan entrar a los obreros a las fábricas hasta que no entreguen sus carnets sindicales y acepten la negociación individual de sus condiciones salariales. De nuevo la respuesta obrera es colectiva y solidaria y el lock-out termina el 26 de enero de 1920 con el triunfo total de los obreros. 

Así se hacen las huelgas y para eso sirven. ¿A qué estáis esperando? El futuro os pertenece ¡CONQUISTADLO!

NOTA.- la fotografía es de Lara604.

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