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EL GOLPE NEOLIBERAL Y TRES EXPERIMENTOS PSICOLÓGICOS CLÁSICOS SOBRE OBEDIENCIA Y CONFORMISMO.

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¿Desde 2008 cuantas veces hemos manifestado o escuchado manifestar asombro por la quietud social, por la ausencia de movilizaciones realmente significativas y por el predominante conformismo de una sociedad sometida a un expolio político, jurídico y económico que justificaría e incluso obligaría moralmente a cualquier tipo de acto revolucionario?...innumerables. Nosotros, pobres e ignorantes mortales, estamos asombrados ante la condición borreguil de nuestros conciudadanos (y la nuestra) y vemos caer sobre nosotros plaga sobre plaga, ignonimia sobre ignonimia, mal sobre mal sin remedio, sin reacción y sin poder comprender qué está sucediendo. Pero nada es casual, nada sucede porque sí. Conocer los mecanismos y los fundamentos teóricos del golpismo neoliberal es fundamental para poder eludirlos. El conocimiento es poder. Por eso en este pequeño artículo vamos a reflexionar, siquiera superficialmente, sobre algunos conocidos experimentos psicológicos cuyas conclusiones se están aplicando al control social desde la oligarquía golpista y con bastante éxito, lo cual dice muy poco en nuestro favor en cuanto especie y, lo que es peor, como individuos y ciudadanos. 

Lo que está sucediendo es muy sencillo de entender, es más: todos lo sabemos. En 1991 cayó la URRS dejando a la oligarquía capitalista y sus redes clientelares sin un enemigo al que temer, de inmediato procedieron a aprovechar la coyuntura para hacerse con los escasos pedazos de tarta que todavía no le habían arrebatado a la mayoría social. En 1994 decidieron, en la Organización Mundial del Comercio, que todos los servicios públicos, especialmente europeos (donde durante la guerra fría se habían hecho concesiones a las clases populares para alejarlas del comunismo mediante el desarrollo del llamado estado del bienestar), debían pasar a manos privadas. Dejar de ser servicios públicos para convertirse en negocios privados de la minoría dirigente. El efecto inmediato de esta decisión, al menos aquí en España, fue la fiebre privatizadora (y especulativa, cuando no abiertamente delictiva) de los gobiernos de Aznar, que desde 1996 se dedicaron a regalar y malvender las empresas públicas haciendo ricos a sus amiguitos y correligionarios. No obstante, la puesta en marcha de la llamada globalización generó un enérgico movimiento de protesta ciudadana que llegó incluso a comprometer las cumbres de los dirigentes golpistas y sus amos, los oligarcas, vieron la necesidad de implementar un adecuado marco totalitario y represivo. Llegaron así los atentados del 11 de septiembre de 2001 y las consiguientes leyes que permitieron la tortura, las detenciones ilegales y el control masivo de la población, que todavía sufrimos. El siguiente paso, una vez asegurado el control total de los estados instrumentalizados como medios represivos por la oligarquía, era culminar el robo masivo: que la escasa riqueza de la que disponía la mayoría de la población pasara a las escasas manos que ya disponían de la mayor parte de la riqueza y, ya de paso, la laminación de los derechos sociales, políticos y laborales de esa mayoría ciudadana expoliada y sometida a un nuevo y feroz totalitarismo enmascarado tras la fachada democrática, tras una serie de elecciones periódicas que no deciden nada porque todos los candidatos electos obedecen en realidad a los intereses de la oligarquía (que paga sus campañas) y no a los del pueblo. 

Cabría pensar que un golpe semejante, una instauración criptodictatorial de tal calado, produciría vivas reacciones en contra en la ciudadanía, en el pueblo. Pero sus responsables sabían que no. Tanto la caída de la URRS como las dos décadas de represión y propaganda de la oligarquía, habían desestructurado los grupos disidentes y críticos anulando su voz social y su capacidad de movilización. Los ciudadanos quedaban abandonados a su propia naturaleza social de homínidos primitivos y poco evolucionados social y moralmente. Y es ahí donde entran en juego los experimentos citados en el título de este artículo y cuyo análisis nos servirá para comprender en parte lo que está sucediendo a nuestro alrededor y por qué nosotros mismos actuamos como actuamos. 

I.- EXPERIMENTO DE MILGRAM.- En 1961 el psicólogo Stanley Milgram desarrolló unas pruebas destinadas a estudiar el grado de obediencia y despersonalización de los sujetos bajo la acción de la autoridad tratando de explicar así parte de la sociología represiva del nazismo. 

El experimento, bien conocido, consistía en reclutar sujetos a los que se situaba en una escala media de poder. En la cumbre se encontraba el experimentador, el científico que dirigía el estudio. A sus órdenes directas y con una misión concreta el sujeto de estudio y bajo este un "alumno" que podía y debía ser castigado en caso de no cumplir los objetivos asignados, en este caso dar las respuestas adecuadas a unas preguntas previas.

El "alumno" era situado en una especie de silla eléctrica separado por un cristal del sujeto, convertido en "maestro" que podía verle y escucharle perfectamente. 

La función del "maestro" consistía en hacer preguntas al "alumno" y oprimir un botón que le propinaba descargas eléctricas si este se equivocaba. Las descargas comenzaban con una intensidad de 15 voltios e iban intensificándose hasta los 450, que significaban la muerte del "alumno". Naturalmente, aunque el "maestro" no lo sabía, estas descargas eran ficticias. Sin embargo el "maestro" estaba plenamente persuadido de lo contrario. 

Por supuesto, era parte del experimento, el "alumno" se equivocaba a menudo provocando que la intensidad de las descargas fuera incrementándose. 

A partir de los 75 voltios la mayoría de los "maestros" empezaron a mostrarse remisos en su misión, algunos, por encima de los 100, incluso llegaron a pedir que se detuviese el experimento ofreciendo devolver el dinero recibido por participar en él. A cada objección el experimentador respondía taxativamente, presionando al "maestro" para que continuase. Este solía hacerlo. Hasta tal punto fue así que el 65% de los "maestros" llegaron a aplicar la máxima descarga al "alumno" lo que significaba su muerte. 

Los resultados, que no solo sirven para comprender la maquinaria represiva del nazismo sino la de todos los totalitarismos, incluyendo el liberal-capitalista que, ahora lo sabemos, puso a sus militares, médicos y psiquiatras a torturar a disidentes no solo en las dictaduras impuestas en Sudamérica sino también en Guantánamo y otras cárceles secretas. 

Y sirve también para comprender el mecanismo que conduce a los cargos medios e inferiores, amenazados además por la pérdida de su empleo y su estatus, a convertirse en cómplices de la explotación capitalista (que debe entenderse como una forma de tortura y totalitarismo) y en la pérdida de derechos sociales de quienes se encuentran por debajo de ellos en el organigrama de la empresa o en la pirámide social. 

La explicación de ese fenómeno es doble. Por un lado nos encontramos con la Teoría del Conformismo, según la cual un sujeto sin habilidad ni conocimientos para tomar decisiones se deja llevar por las directrices de la jerarquía establecida, convirtiéndose en dócil instrumento de sus designios y acatando sus tesis aunque sean claramente equivocadas y contrarias a sus deseos e intereses. Máxime sometido a mecanismos de control social propios de todo sistema totalitario y que son ampliamente utilizados por el liberal-capitalismo y que abarcan desde la constante imposición propagandística del discurso dominante, el que justifica los actos de la entidad totalitaria, hasta injustas leyes que penalizan la disidencia y la desobediencia. 

Crean, además, estos mecanismos de control social una conciencia de grupo que ya se estudió en el experimento de Asch de 1951 en el que un individuo aislado sostenía una opinión correcta (sobre la longitud relativa de unas líneas) que modificaba bajo la presión de un grupo previamente organizado para hacer estimaciones claramente erróneas con el sorprendente resultado de que, una vez aislado de nuevo, el sujeto, en lugar de retornar a sus conclusiones acertadas, mantenía las erróneas impuestas por el consenso mayoritario del grupo. 

La segunda explicación de lo sucedido en el experimento de Milgram es la Teoría de la Cosificación, compatible con la del conformismo, según la cual el individuo elude su responsabilidad individual considerándose como simple instrumento de una autoridad superior a la que no puede oponerse. 

El colorario del experimento de Milgram se produjo en el año 2009 cuando se repitió el experimento en el marco de un programa televisivo de producción franco-suiza, titulado El Juego de la Muerte, y en el que la autoridad del "científico", del "experimentador" era sustituida por la del presentador del programa. Los efectos y porcentajes fueron similares a los del experimento de 1961 con el añadido de que nadie del público expreso ningún reparo ante lo que estaba sucediendo. 

Aplicando lo que este experimento nos muestra de nosotros mismos al contexto de golpismo neoliberal que estamos sufriendo queda demostrado que aquellos que estén un escalón por encima de los ya hundidos aceptarán mayoritaria y sumisamente el discurso y las acciones del poder estatuido e instrumentalizado en el golpe sin preocuparse por el daño y el sufrimiento que sus actos, que no solo tolerarán sino que incluso estarán dispuestos a ejecutar, puedan hacer a otros ni llegar a comprender que, eliminados los del escalón inferior, ellos mismos pasan a ocupar esa posición razón por la cual luchar por la justicia y los derechos de los del último escalón es también un modo de luchar por los de aquellos que se encuentran en los escalones intermedios. 

Pero lo que demostró el experimento de Milgram y los golpistas están aplicando concienzudamente es nuestro pulsión de obediencia y de sometimiento. Solo sabiendo que están utilizando este procedimiento de control seremos capaces de liberarnos y cambiar nuestra tendencia natural para defender nuestros propios derechos y libertades enfrentándonos al poder estatuido que no representa el bien común y por lo tanto el discurso mayoritario sino los intereses de una minoría corrupta y perjudicial y por lo tanto un discurso minoritario aunque hegemónico. 

2.- EXPERIMENTO DE ROBBER´S COVE.- El psicólogo turco Muzafer Sherif, que ya había llevado a cabo en 1935 un experimento precursor del citado de Asch, llevó a cabo en 1954 un experimento sobre la dinámica y el enfrentamiento de grupos.

El experimento consistía en crear y hacer coexistir en un mismo territorio dos grupos diferentes compuestos por varones de 11 años. Cada individuo se autoidentificaba con su grupo, compuesto por otros individuos a los que no había conocido previamente, sometiéndose a la jerarquía y los valores desarrollados dentro del mismo y desarrollando un intenso antagonismo hacia el otro grupo. 

Sherif quiso darle un matiz esperanzador al experimento haciendo que en su última fase ambos grupos colaborasen para borrar los antagonismos y llegar a la unificación de ambos grupos, sin embargo la base instrumental del experimento de Robber´s Cove se cimenta en las primeras fases del mismo.

La oligarquía, aunque poderosa, es por definición muy minoritaria. Para poder imponer su discurso y sus intereses necesita fragmentar a la mayoría social, con esa finalidad fomenta, desde los medios propagandísticos (prensa, publicidad, ficciones literarias, cinematográficas o de otro tipo) y legales (en ese sentido las leyes de edad de consentimiento legal, sobre todo cuando se elevan más allá de la pubertad, buscan más la separación generacional que la protección de los menores, es un ejemplo), la división de la sociedad en grupos de edad, de afinidades deportivas o musicales, en facciones políticas enfrentadas entre sí pero leales al sistema de dominio, fomenta los antagonismos étnicos...todo lo que sea preciso para que los subgrupos, afectados negativamente del mismo modo por las acciones egoístas de la oligarquía, en lugar de unirse para restablecer el bien común gasten sus energías en el enfrentamiento con otros grupos similares por circunstancias irrelevantes y anecdóticas. 

Una sociedad dividida en facciones y aquejada de prejuicios es siempre más manejable y puede someterse mejor a las consecuencias extraídas del experimento de Milgram. Porque, y se demostró así durante el susodicho experimento, la resistencia a ser instrumentalizado por el poder totalitario es mayor cuando la víctima tiene algún tipo de afinidad con el cómplice. Así, un parado español o griego y uno alemán, si tuviesen ocasión de hablar y entenderse, no aceptarían las políticas que dañasen a uno de ellos porque se identificarían entre sí. Ahora bien, diviendo los grupos sociales (eficazmente gracias al idioma, la distancia y la acción de los medios propagandísticos) y convenciendo a unos de las malas cualidades de los otros se consigue por ejemplo que el parado alemán, al que se han imbuido oportunamente una serie de prejuicios raciales y racistas, permita que la oligarquía expolie a los españoles o los griegos y, más aún, a él mismo con la excusa de que la culpa de la rapacidad oligárquica no viene de su codicia y del desarrollo de un deliberado golpe de estado sino de los defectos raciales y morales de los meridionales. 

En este sentido es muy importante prestar atención a la educación, y de ahí la feroz batalla que la oligarquía da siempre en ese campo, que es el momento y el espacio en el que los prejuicios y las divisiones, así como los valores jerárquicos y el discurso dominante de la casta hegemónica, se imprimen en la mentalidad de los futuros ciudadanos convirtiéndolos en ulteriores especímenes manejables dentro del esquema de fragmentación social y enfrentamiento entre facciones y grupos. 

3.- EL EXPERIMENTO DE LA CÁRCEL DE STANDFORD.- Se llevó a cabo en 1971 en la Universidad de Standford bajo la dirección de Philip Zimbardo. Consisitió en dividir a los estudiantes voluntarios en presos y guardianes y ponerlos a interactuar en una reproducción de un establecimiento penitenciario establecida en los sótanos de la misma universidad. El experimento hubo de ser detenido a los pocos días porque los estudiantes interiorizaron sus papeles de semejante manera que los guardianes, para mantener el orden, siempre en peligro según su percepción, llegaron rápidamente a las vejaciones y la tortura y los prisioneros a someterse rápidamente. 

En otras palabras: asumimos rápidamente los papeles que se nos asignan lo que explica no solo la contundencia represiva de los encargados de esa labor al servicio de la oligarquía, también los perjudicados por el reparto de papeles que tienden al sometimiento y a aislar a los "revoltosos" porque "crean problemas" al intentar subvertir la situación. 

Estos tres experimentos, sucintamente explicados aquí, y sus consecuencias y aplicaciones a la gestión de la sumisión social en el transcurso del golpe de estado neoliberal que estamos padeciendo son de la máxima importancia e invito al lector a profundizar más en ellos y en los mecanismos de control social y mental. Cuando descubrimos el truco, se acabó la magia. 

NOTA.- La fotografía es de @doug88888

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gravatar.comAutor: aprendiz

Para mí, un ejemplo de como cambia la sociedad psicológicamente, es que cada vez hay más discusiones entre la gente y en seguida se monta bronca por malos entendidos (segundo experimento), cuando antes la gente aguantaba más.

Fecha: 13/11/2013 19:00.


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