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PACO EL INFALIBLE.

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Al nacional-catolicismo militante e integrista que domina este país a viva fuerza y a sangre y fuego (recordemos los crímenes de la inquisición, el genocidio iniciado por ellos en 1936, etc.) le gusta hacernos comulgar con ruedas de molino e imponernos sus absurdos y retorcidos usos ideológicos y morales (véase la reforma del código penal llevada a cabo por ese opusiano integrista que es Ruiz Gallardón y el modo en que nos retrotrae dictatorialmente a los años cincuenta del siglo XX) que, como sabemos, están fuera de toda lógica y toda justificación racional.

Entre los dogmas más convenientes para el totalitarismo sectario del nacional-catolicismo y menos justificables desde el punto de vista filosófico e incluso teológico está el de la infalibilidad del Papa. Este dogma se impuso en el I concilio del Vaticano, allá por 1870, para reforzar la autoridad del papa-monarca sobre un mundo que iba escapándosele de las manos en pleno auge del "modernismo" y de la unificación italiana, que acabaría despojándole de su condición de jefe de estado terrenal hasta que se la devolvió, sin por ello hacer grandes concesiones territoriales, el católico (y por ello fascista) Mussolini. 

Que la supuesta infalibilidad de un tipo al que aconseja una palomita blanca bajada del cielo tan solo en virtud de un cargo electivo al que llega al final de su vida es una chorrada como un piano no se le oculta a nadie, pero ha sido un dogma incontrovertible para los integristas católicos desde que se impuso como tal a finales del siglo XIX (y no antes). 

De modo que los integristas nacional-católicos creen a pies juntillas en la infalibilidad del papa y deben obedecerle. 

¿Qué sucede? Que cuando el papa no es de su agrado, como se da con el actual, el tal Francisco, que les está saliendo rana medio centrista, empiezan a gritar, a insultar y a desacatar (como siempre: es su vena totalitaria y talibanesca que no pueden ni quieren controlar, son fascistas por la gracia de su dios y su cerrazón mental y moral es absoluta. Saben y apetecen imponer, incluso por las armas, sus retorcidas y contraproducentes ideas pero ni quieren ni saben obedecer y respetar a quien les lleva la contraria, aunque se su jefe infalible) y a retorcer el colmillo para zafarse de la obediencia debida. 

Pero despreciados integristas nacional-católicos: os jodéis. Hay que estar a las duras y a las maduras. Si el papa es infalible, lo es siempre y en todo momento incluso cuando os desautoriza y os obliga a bajaros de la burra. De modo que ajo y agua y a cambiar...(cosa que no haréis porque ni creeis en vuestro dios ni en vuestra iglesia, solo en vuestro totalitarismo sectario y eso, si tuvieséis algo de vergüenza y de verdadero sentido religioso, os debería hacer pensar). 

NOTA.- La fotografía es de Mara earth light free potential. 

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