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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2012.

UN PAR DE PREGUNTAS A CUENTA DEL TEMPORAL DE FRÍO SIBERIANO.

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Nos estamos congelando, eso es un hecho en el momento en que me siento a escribir este humilde artículo. Hace tanto frío, vivimos la ola de más bajas temperaturas en lo que llevamos de siglo, lo que en la práctica y teniendo en cuenta que en estos últimos doce años hemos contado los diez más calurosos desde que se tienen registros, no es decir demasiado, y han muerto ya 200 personas en Rusia, Ucrania y los Balcanes lo cual me lleva a hacerme dos preguntas cruciales en estos tiempos de apoteosis capitalista y totalitarismo neoliberal. Son dos preguntitas cortas, sencillas y muy fáciles de responder, a saber:

1ª- ¿Esos 200 muertos a causa del frío en la Europa oriental a qué clase social pertenecen?¿Son ricos o pobres? o, dicho con más precisión: ¿Pertenecen a la escueta y corrupta clase que ha acumulado la mayor parte de los recursos de los países orientales desde la caída del comunismo o a la creciente clase de los desposeidos, de los arrojados a la indigencia precisamente por la avaricia de esos nuevos ricos y su afán de acaparar aun a costa de provocar y difundir la pobreza?...

La respuesta parece clara, y nos conduce a la segunda:

2ª.- ¿Se hubieran producido esas muertes bajo el denostado (por el totalitarismo neoliberal) régimen soviético?...

La respuesta es también sencilla: no. Bajo el socialismo real, que tuvo errores que deberemos enmendar en el futuro, no había personas sin hogar, sin seguro médico, sin recursos porque el estado cumplía con su función redistributiva y de protección del pueblo. No debemos olvidar a ese respecto que no hace mucho leíamos una encuesta que informaba de que la gran mayoría de los rumanos vivían mejor bajo Ceaucescu, y eso que el régimen de este tiranuelo balcánico era una de las expresiones más nítidas de los errores del socialismo como sistema.

Estas son un par de verdades que debemos tener muy en cuenta en estos tiempos de glorificación del "paraíso" capitalista. Un paraíso totalitario, injusto, inmoral, ineficaz, destructivo y genocida.

Y añadir: el futuro o es socialista o no será.

NOTA.- La fotografía es de Supercoco.

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03/02/2012 18:04 disidenteporaccidente Enlace permanente. disidencias No hay comentarios. Comentar.

LA SOSPECHOSA POLÍTICA ÁRABE DE ESTADOS UNIDOS Y SUS VASALLOS EUROPEOS

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Ya sabemos que los Estados Unidos y sus vasallos europeos de la OTAN son los buenos, líbrennos los dioses de pensar otra cosa. Bajo esta premisa de la ortodoxia totalitaria del imperialismo capitalista anglosajón todas las acciones violentas e ilegítimas del imperio y sus estados vasallos se nos presentan como necesidades objetivas indiscutiblemente avaladas por una moral incontestable. Sea: admitamos pulpo como animal de compañía ya que las circunstancias nos fuerzas a comulgar con indigestas y absurdas ruedas de molino.

Y sin embargo...

No deja de ser curioso y mucho más que significativo el hecho de que el imperialismo anglosajón, de raigambre furibundamente teocrática por mucho que se esfuerce en negarlo, lleve desde comienzos del siglo XX, desde la época rectora de Inglaterra, antes de que los Estados Unidos heredaran su papel metropolitano después de 1945, impulsando los regímenes más arcaizantes, retrógrados y teocráticos del islam sunnita como medio de extensión de su poder. Arabia Saudi y los restantes principados del Golfo Pérsico son un inmejorable ejemplo de ello.

Acabada la Primera Guerra Mundial y puesto que el Sultanato Otomano había apollado a las derrotadas potencias centrales, los poderes coloniales europeos, Francia e Inglaterra especialmente, ocuparon su puesto en Oriente Medio y reorganizaron la zona en torno al más recalcitrante integrismo sunní, reinstaurando el poder saudí en Arabia y realojando a los Hachemitas de La Meca, en Siria, Iraq y Jordania como medio de imponer su dominación colonial tan profundamente radical y teocrática en el aspecto cristiano como el integrismo sunní en el islámico.

En ese escenario el nacionalismo árabe, no confesional y contrario a la dominación colonial, se convirtió en el gran enemigo del imperialismo anglosajón buscando sus aliados entre los enemigos de este: Bérlín, primero; más tarde: Moscú. Fue así como el Baasismo logró imponerse en diferentes países de la zona y expandirse por el mundo árabe con todas sus limitaciones y con variaciones locales pero con el designio incontestable de defender la independencia del mundo árabe frente al imperialismo anglosajón y de conducir esa independencia por caminos de laicidad y modernización en todo contrarios a los paradigmas teocráticos defendidos por los regímenes pro-americanos.

 Tampoco deja de ser curioso y mucho más que significativo que las bases del imperio yanqui se estructuren en una estrecha alianza con los regimenes más atrasados y teocráticos del mundo islámico  en torno a los intereses petrolíferos y que precisamente el ímpetu de las clases más radicales de dichos regímenes hayan permitido al totalitarismo estadounidense tanto expandir sus fronteras de dominio imperial bajo la bandera del integrismo islámico (como sucedió en Afganistán y no solo en los tiempos de la invasión soviética sino como justificación de la propia invasión yanqui del territorio) como justificar sus atroces recortes de libertades públicas con la excusa de "proteger" al pueblo americano de los peligros del terrorismo islámico. Un terrorismo, el de Al Qaeda, acaudillado por un fiel peón de la CIA como fue Bin Laden.

En efecto: el integrismo islámico es un magnífico y dócil aliado del imperialismo yanqui y ambos comparten la esencia de su pensamiento teocrático que quieren imponer al mundo.

Por el contrario el nacionalismo árabe, sea bajo las estructuras del Baaz o bajo distintas siglas, se ha opuesto siempre al vasallaje proamericano.

Así las cosas no deja de ser sospechoso que toda la política del imperialismo yanqui y sus vasallos europeos desde la caída de la Unión Soviética haya ido encaminada a deshacerse de los regímenes nacionalistas árabes en beneficio de la imposición de regímenes teocráticos sunníes.

Lo sucedido en Iraq ya lo conocemos. Pero no debemos despreocuparnos de la ofensiva desatada en 2011 bajo el triunfalista epígrafe, acuñado y difundido a bombo y platillo por los medios de comunicación occidentales, siempre afines al imperialismo yanqui, de "primavera árabe". Ese año los regímenes nacionalistas de Tunez ,Libia y Egipto fueron derrocados por medios más o menos indirectos para abrir paso a la toma del poder, vía urnas o golpe militar, al integrismo teocrático musulmán. ¿Quién sino el integrismo sunní ha tomado el poder en esos países después de las teledirigidas revoluciones padecidas el año pasado?...item más: ahora, en 2012, el nuevo objetivo es Siria y no tardará en serlo Irán.

En Siria existe un régimen no más tiránico y dictatorial que el de los aliados del imperialismo yanqui en el golfo, que es baasista: nacionalista, laico y dirigido por una minoría no sunnita: los alahuitas (que no deben confundirse con la dinastía marroquí). ¿Qué está sucediendo en torno a Damasco?...Un nuevo episodio de la "primavera árabe" que derribará un régimen laico y moderno para imponer una dictadura teocrática fiel a los designios de Washington.

Y luego se atacará al díscolo chiismo iraní.

Tal cúmulo de circunstancias debería hacernos pensar sobre lo que realmente está ocurriendo en los países árabes, máxime en una tesitura como la actual en la que el golpismo neoliberal está maniobrando en todo el mundo, y muy especialmente en Europa, para perpetuar el conglomerado de intereses económicos y políticos sobre los que se basa el imperialismo yanqui: predominio del petróleo como combustible, de las nucleares sobre las energías renovables, del complejo militar-industrial y de la guerra cíclica como medio de mantener el poder de unas élites que han demostrado no ser democráticas ni eficientes ni justas...

Los pueblos europeos deben levantarse contra los regímenes vasallos del imperialismo yanqui surgido en Bretton Woods y tomar las riendas de su libertad y su destino y eso será más difícil de hacer si, como ha sucedido en los últimos meses, los últimos reductos de independencia nacional árabe caen bajo la bota del integrismo sunní leal al imperialismo yanqui y los viejos usos económicos, sociales y de explotación de recursos que desde 2008 se han demostrado no solo ineficaces sino también perjudiciales para la mayoría.

 

NOTA.- La fotografía es de Sean Granier.

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LA REFORMA LABORAL: PUNTO DE NO RETORNO EN EL GOLPE DE ESTADO EN CURSO.

La oligarquía española (apenas un 0,003 % de la población, unos 1300 individuos) amparándose en el golpe global del gran capital contra la democracia está ejecutando un subrepticio golpe de estado aprovechando las deficiencias del sistema parlamentario liberal que nunca funcionó democráticamente sino como una pantalla turnista tras la que los oligarcas barrían siempre para sus intereses en detrimento del bien general (que debe ser el único fin del estado democrático considerándose antidemocrática y constitutiva de alta traición al pueblo y al estado cualquier disposición, maniobra o proposición en contra de ese axioma básico e indiscutible) para instaurar una encubierta dictadura que parasite el entramado institucional del vigente régimen liberal parlamentario (que no democrático, nunca se insistirá suficiente en ello) con el fin de que esa ínfima minoría hereditaria, corrupta, insolidaria, traidora y dictatorial esclavice al restante 99’ 07 % de la población. Y, obviamente, el moralmente execrable y políticamente suicida triunfo electoral de la maquinaria política representante de la ideología e intereses de ese 0´03 % al que votan un enorme número de franquistas residuales emergidos de la ignorancia supina de gran parte de la adocenada población hispánica, narcotizada por la iglesia, el fútbol, el periodismo del corazón, los realitys y los "nodos" en que se han convertido los medios de comunicación mayoritarios, ha puesto en bandeja el asalto de esa indeseable y nefasta minoría al núcleo del estado. Ahora no van a necesitar un general inculto, fascista, teocrático y ambicioso para imponer sus leyes, les bastará con dominar el ilegítimo régimen parlamentario para conseguirlo. Y esas leyes, lo estamos viendo ya, conducen únicamente a un fin: la dictadura de la oligarquía sobre el pueblo, de la minúscula minoría sobre los intereses generales que, tampoco se insistirá nunca suficientemente en ello, son el único objetivo moral de cualquier sistema democrático. La prosperidad de todos y no la acumulación de riqueza en unos pocos (circunstancia que siendo los recursos limitados representa indefectiblemente el empobrecimiento de muchos) es el signo de una verdadera democracia. Lo contrario, con uniformes y desfiles o sin ellos, es siempre fascismo de la peor calaña y se articula más o menos explícitamente en un sistema autoritario y totalitario como estamos viendo que sucede actualmente en todo el mundo occidental y, especialmente, en España. Luchar contra ese asalto de la oligarquía a la conquista del estado es luchar contra el fascismo, la injusticia y el mal de la mayoría. Es, en definitiva, luchar por la verdadera democracia que debe ser social (y socialista) y jamás puede engolfarse en las pútridas aguas del egoísmo individual tal y como pretende el salvaje y dictatorial capitalismo que el imperialismo yanqui está imponiendo injustamente sobre el mundo.

Pero el hecho incontrovertible es que es precisamente esa ideología antidemocrática, traidora y corrupta la que nos están imponiendo desde yanquilandia y nazilandia a golpe de especulaciones financieras y llamadas a una innecesaria austeridad presupuestaria que viene únicamente a esconder una privatización de los últimos servicios públicos del estado para enriqueciemiento de las oligarquías dominantes. Y que estamos viviendo un oculto golpe de estado acelerado con el ilegítimo triunfo electoral del PP en noviembre de 2011.

En el orden de acontecimientos de dicho golpe la innecesaria, ilegítima y nociva reforma laboral es el punto de no retorno.

Por fortuna a estas alturas no tengo que explicar demasiado de la misma, su atrocidad y su ruptura con el ya de por sí viciado status quo anterior es de tal calado que incluso la prensa al uso ha puesto de manifiesto sus inaceptables excesos. Todos los conocemos. También hemos visto lo que le sucedió a los 600 primeros valientes que salieron a protestar: fueron agredidos por las fuerzas de represión del régimen que les golperaron, provocaron y practicaron detenciones con dos finalidades evidentes: amedrentar al pueblo y criminalizar cualquier movimiento de disensión en un marco en el que, ya lo hemos visto en los últimos meses, el poder judicial es un cómplice culpable y totalitario del golpismo oligárquico.

Pero los hechos son lo suficientemente graves como para que solo los borregos y los memos sigan cruzados de brazos. Después de tan inconcebible ataque contra la esencia misma de la democracia el único camino posible para restablecerla es derribar el régimen. Frente a eso los sindicatos pactistas mayoritarios han adoptado una postura tímida y casi colaboracionista. Lo único que se les ha ocurrido es recurrir la "supuesta inconstitucionalidad" del decretazo en cuestión cuando es evidentemente anticonstitucional y antidemocrático y sabemos que el Tribunal Constitucional estará siempre de parte de los oligarcas golpistas y aun en el mejor de los casos si llega a declarar la inconstitucionalidad del decreto será dentro de más de un lustro sin establecer reparaciones contra los daños sufridos por los trabajadores en ese periodo ni confiscación de las indebidas plusvalías acumuladas por la oligarquía corrupta, explotadora y traidora. También han amenazado con la consabida huelguita "general" de un día...

No es ese el camino. La huelga ha de ser inmediata, indefinida y revolucionaria y no consistir solo en un cese del trabajo también en un cese del consumo, en ocupaciones, colectivizaciones y redistribuciones de bienes y no cesar hasta el restablecimiento de la democracia lo que significa un cambio de régimen y hacer comparecer a todos y cada uno de los responsables del presente golpe de estado y de actos pasados que condujeron hasta esta situación ante tribunales del pueblo que los castiguen con la mayor dureza.

Frente al golpismo de la oligarquía no caben ya medias tintas. Tarde o temprano deberemos iniciar una revolución bajo la certeza de que la pervivencia de esa oligarquía es incompatible con la verdadera democracia y de que capitalismo y democracia resultan términos antagónicos.

Desgraciadamente ni los sindicatos mayoritarios defienden la verdadera democracia ni la mayoría de vosotros, gentuza aborregada, tiene los cojones de defender sus derechos y de salir a la calle para conseguir un mundo mejor para vosotros y vuestros hijos.

Quien sabe: a lo mejor conviene ir rescatando el concepto marxista-leninista de una vanguardia revolucionaria. Ahora bien: el resultado de esa estrategia es el establecimiento de una nueva oligarquía afín al partido dominante. Quizá no merezcáis otra cosa que ser esclavos. Pero la libertad y la justicia las tenéis al alcance de la mano: en la calle y luchando todos juntos por el bien común.

PD.- Los golpistas han abierto la veda. Puesto que dificultan hasta casi la imposibilidad el derecho de huelga y muchos de vosotros no tendréis el valor de ser los primeros en salir a la calle, ha llegado el momento de la acción directa. Desde la entrada en vigor de la reforma laboral podemos considerarnos en un país ocupado y la resistencia activa y pasiva contra el invasor es un deber moral. Ni siquiera es preciso que corráis grandes riesgos ni que incumpláis la ley, pero está claro que la productividad no debe crecer y que en cualquier caso la solidaridad democrática exije que decrezca, que aumenten las pérdidas, las averías...todo aquello que transmita este mensaje: sin justicia social no habrá crecimiento...ni paz social...ni tranquilidad para nadie. Cada cual puede tomar las iniciativas que considere más efectivas y ajustadas a su capacidad de acción y combate. Pero no olvidéis que estamos en guerra y que el patrón es el enemigo. Se ha convertido en tal con la nueva reforma laboral. Tampoco que cualquier acción contra el golpismo está moralmente justificada.

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NOTA INFORMATIVA

El golpismo que sufrimos, el asalto fascista a las instituciones y la sociedad tiene muchas caras y está activo a muchos niveles. A ninguno de nosotros nos resulta ajeno. Ayer, viernes 17 de febrero de 2012, este blog, que denuncia dicho golpismo y aboga por la conquista de una verdadera democracia tanto en España como en el mundo, estuvo sufriendo ataques durante horas. Hubo desconocidos que pretendieron hackearlo, introducirse en su área de administración con pretensiones desconocidas pero fácilmente adivinables. Pudimos resistir.
A pesar de tratarse de un problema interno quien esto escribe considera el hecho de suficiente relevancia como para informar del mismo a sus lectores. Amigos: se ve que molestamos. Eso nos hace grandes: a continuar la lucha.


Fernando Busto de la Vega.

18/02/2012 13:26 disidenteporaccidente Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA CATADURA MORAL DEL RÉGIMEN ESPAÑOL

La asimetría de la represión es un hecho indiscutible en este país cristofascista y kafkiano. Viene siéndolo desde siempre, pero en estos últimos meses en los que todos hemos tenido los ojos y los oídos más abiertos ha quedado definitivamente patente ante el conjunto de la población.

Ya vimos el verano pasado como una manifestación legal contra el excesivo predominio de la secta católica en España era hostigada por agresivos reventadores radicales de esa misma secta aprovechando las fuerzas de represión los altercados y agresiones protagonizados por los talibanes católicos para cargar contra los manifestantes pacíficos y autorizados y, además, para criminalizarlos con la habitual batería propagandística de acusaciones y testimonios falsos de agentes y mandos que no por constituir norma dejan de ser un delito tipificado y una de las formas más sutiles y despreciables del terrorismo de estado.

Esta semana hemos visto otro ejemplo, más sangrante incluso, de esa represión selectiva y orientada siempre hacia los mismos, hacia los no franquistas, de las fuerzas represivas del ilegítimo, inmoral y protofascista régimen español.

Unos chicos de Valencia, afectados por los recortes en educación consustanciales al proceso golpista neoliberal que estamos sufriendo, salen a la calle para protestar por las ínfimas condiciones educativas en las que se encuentran y la policía antidisturbios interviene de inmediato no tanto para dispersarlos cuanto para amedrentarlos en medio de insultos (muchos de tipo claramente político, lo que demuestra que cualquier ínfula democrática es considerada por la madera como constitutiva de falta cuando no claramente delictiva) y tratos vejatorios. Se convocan en los días siguientes manifestaciones pacíficas para protestar por esos excesos y las fuerzas de represión inundan las calles valencianas de efectivos en actitud chulesca y dando patadas por lo bajo al tiempo que insultaban a los manifestantes, siempre en voz baja, para que alguien perdiera la paciencia y tener justificación para nuevos actos de violencia y nuevas detenciones. No lo consiguieron ,a pesar de lo cual hubo detenidos. Tampoco así amedrentaron a los valientes muchachos de la secundaria valenciana que concurrieron a las protestas durante un tercer día para ser acorralados por las fuerzas represivas y sometidos a identificación masiva para castigar su valor cívico y democrático con multas a mansalva, táctica que ya se utilizó contra el 15-M y que resulta absoluta, total y sonrojantemente anticonstitucional puesto que el derecho a reunión pacífica está recogido en la constitución y es además un valor básico de la democracia. Razones por las cuales tanto los agentes que participan en estas identificaciones como sus mandos directos y políticos y los jueces que tramiten la multas pueden ser  no solo tachados de represores sino también acusados de prevaricación.

Paralelamente, en Madrid, una horda de talibanes católicos lanzaba cócteles molotov contra una galería de arte y se concentraba en su puerta conculcando activamente los dos principios que los gobernantes peperos han esgrimido siempre como excusa para atacar las concentraciones y acampadas del pueblo en demanda de una verdadera democracia (el derecho de paso y los intereses comerciales) y tratando de censurar un evento artístico y con él la libertad de expresión y la libertad religiosa consagradas ambas en la constitución. Y no hubo ni intervención policial, ni identificación de los concentrados, ni cargos políticos vituperando actuaciones claramente criminales y lesivas de la legislación vigente cuando lo habitual es que cada mínimo movimiento de la parte mayoritaria y más intelectual, social y moralmente avanzada de la sociedad española sea criminalizada por esa caterva de franquistas enquistados en las instituciones españolas.

Lo cual evidencia claramente que en el vigente e ilegítimo régimen español existen dos raseros para medir los actos dependiendo de la ideología política y religiosa y de la clase social a la que se pertenezca. Si un derechista de clase alta y misa como mínimo semanal crea una red de corrupción política o vende el estado a los intereses privados o siembra la muerte y la miseria con indebidas e injustas reformas sanitarias o laborales o lanza cócteles molotov contra un cine o una galería de arte el poder sonríe comprensivo y modera hasta la anulación a sus fuerzas de represión. Si un ciudadano tiene la osadía de exigir pacífica y respetuosamente sus derechos básicos...¡Pobre de él!

Ello implica que en este régimen existen ciudadanos de primera (los que ganaron la guerra y siguen beneficiándose de ello) y los que la perdieron (condenados al ostracismo y la represión). Esa es la verdadera naturaleza moral del ilegítimo régimen que padecemos.

Y la cosa no sería tan repugnante, podría incluso resultar un simpático uso folclórico al modo de las fiestas de moros y cristianos en las que siempre pierden los mismos, si las pútridas entrañas del estado no carecieran por completo de pudor y evitaran exhibir su despreciable naturaleza a cada paso.

No voy a recordar aquí ejemplos bochornosos, propios de la más asquerosa y salvaje dictadura como la guerra sucia contra ETA de los años setenta y ochenta, ni siquiera a poner sobre la mesa el trato que los inmigrantes ilegales están recibiendo en los centros de detención. A fin de cuentas, y eso es lo peligroso, la mayor parte de la sociedad española tiene los sentidos embotados en esos ámbitos. Total solo son terroristas y negros que vienen a quitarnos el trabajo (aunque quienes nos lo quitan todo, lo estamos viendo, no son los inmigrantes sino los señoritos de trajes caros, corbatas de seda y sonrisa cínica que escudados en leyes injustas, políticos corruptos y cuerpos de represión filofascistas y agresivos se dedican a robar y dilapidar los haberes públicos y a recortar nuestros servicios y derechos). Una sociedad así, que admite la suspensión de la universalidad democrática, jamás álcanzará la condición de verdadera democracia...y la culpa no será de la oligarquía dominante sino de la ignorancia y falta de altura moral de unos ciudadanos embrutecidos hasta el nivel de abyecto populacho.

Aquí, para ilustrar la catadura moral del ilegítimo régimen que padecemos, solo pondré dos ejemplos recientes y mucho más que elocuentes, como elocuente ha sido la falta de reacción de una sociedad abismada en el lodo del protofascismo burgués y casi por completo aislada de las exigencias morales de la verdadera democracia.

El primer ejemplo había sido silenciado tercamente por la inmensa mayoría de los medios de comunicación empeñados, por mor de sus amos, en establecer un estricto cordón sanitario entre la realidad y la percepción que de ella tienen los ciudadanos. En otras palabras: dedicados a la desinformación, la ocultación interesada de la verdad y la propaganda política del régimen. Incluso cuando llegó la sentencia del Comité Contra La Tortura de la ONU, los medios, en su gran mayoría, se limitaron a comentarlo con la boca pequeña y mirar rápidamente para otro lado. No interesa poner el foco sobre cómo actúan nuestras fuerzas represivas en nuestras fronteras. Y tampoco el homo hispánicus, caracterizado por lo rudimentario de su mente poco inteligente y lo limitado de su altura moral, por su panzismo innoble y por su egoísmo inveterado, tiene demasiado interés en ello. No se da cuenta, el inepto y devaluado homo hispánicus, de que la catadura moral de cualquier institución armada y respaldada por unas leyes flexibles (nunca han sido ni son iguales para todos) y un estado que se arroga (aunque sea ilegítimamente) el marchamo de legitimidad, se demuestra precisamente con los más débiles y desprotegidos. Y que lo que se permite en los márgenes grises apartados del centro de atención social es algo a lo que tarde o temprano el ciudadano deberá enfrentarse en su propia vida cotidiana. Si se permite la tortura y el asesinato de negros indocumentados o de pordioseros o de terroristas tarde o temprano esa violencia antidemocrática y contraria a toda moral alcanzará al ciudadano. La verdadera democracia no admite grados ni componendas. Los derechos y las leyes son los derechos y las leyes siempre, en todo lugar y en aplicación a todos los individuos. No puede admitirse que estos derechos y estas leyes se apliquen en función del nivel social del individuo concreto porque, llegados a ese punto, resulta que unos serán siempre más iguales que otros. Los derechos se reservarán, como vemos que está sucediendo, para una porción cada vez más reducida de la sociedad y la inmensa mayoría de los ciudadanos, reducidos a la condición de súbditos primero y de siervos después, acabaremos siendo tratados como los negros sin papeles y los pordioseros más desprotegidos. O como terroristas si es que osamos reclamar nuestros derechos.

Y no nos engañemos, aunque la catadura moral del régimen burgués-partitocrático (en absoluto democrático) que padecemos sea esa y no otra, solo la complicidad de una sociedad ignorante y egoísta ha permitido que las cosas lleguen hasta los extremos que están llegando y que llegarán en un futuro.

Si cuando la guardia civil pincha el salvavidas de un senegalés que está intentando entrar ilegalmente en España a nado y lo arroja al agua a pesar de que este advierte de que no sabe nadar y lo deja ahogarse  nosotros no nos indignamos. Nos encojemos de hombros y hacemos un chiste o pensamos: "¡Bah, otro negro menos, que se joda." O nos olvidamos de inmediato del incidente estamos permitiendo que el régimen pierda calidad democrática y esa pérdida de calidad democrática acabará cayéndonos encima a todos. En el incidente referido el caso del senegalés ahogado llegó a un juzgado de Ceuta y los jueces hicieron lo que siempre se ha hecho en este país con las actuaciones de la guardia civil o de la policía cuando afectaban a pobres o desvalidos del sistema: mirar para otro lado. Los guardias civiles implicados en lo que como mínimo puede tildarse de homicidio imprudente, se fueron de rositas. Años después  ha llegado la exigencia del Comité Contra la Tortura de la ONU de que el caso se investigue debidamente y se castigue a los responsables del delito cometido (delito es aunque lo haya cometido personal uniformado) y todos seguimos encogiéndonos de hombros. Sí: algunos rojelios han armado un poco de revuelo en los periódicos un día, y luego nada. Porque a fin de cuentas seguimos sin creer en la igualdad de todos los hombres ni en el estado de derecho. Porque somos una sociedad inculta y atrasada que es incapaz de comprender siquiera el modo en que la desidia intelectual y moral nos afecta a nosotros mismos en cada instante de la vida cotidiana y por lo tanto permitimos que el régimen, ya de por sí ilegítimo y escasamente democrático, vaya pervirtiéndose poco a poco hasta que su podredumbre amenaza con ahogarnos a nosotros.

Y eso nos conduce al segundo ejemplo elocuente de la ínfima catadura moral del régimen español vigente.

El ilegítimo gobierno de Rajoy acaba de indultar a cinco mozos de escuadra condenados por detención ilegal y torturas a un ciudadano rumano al que confundieron con un atracador y a su esposa, embarazada de tres meses. Los hechos, hay que repetirlo, fueron probados más allá de toda duda y los policías condenados a penas de prisión por haberlos cometido. Ahora el gobierno no solo los saca de la cárcel sino que, además, los reinserta en el cuerpo. ¿Por qué?...claro: por la connivencia entre PP y CiU, entre la ultraderecha centralista y la ultraderecha catalanista que marchan juntas en su golpe de estado contra el pueblo. Están tomando medidas injustas y perjudiciales para la mayor parte del pueblo, saben que no van a poder justificar su terrorismo social y que la calle va a arder...y necesitan represores sin demasiados escrúpulos, torturadores en potencia, tipos dispuestos, si llega el caso, a repetir el organizado y premeditado genocidio franquista de 1936 o a imitar los premeditados y organizados genocidios del golpismo neoliberal en la Hispanoamérica de los años setenta y ochenta contra un pueblo que exije justicia y democracia.  

Esa es la verdadera catadura moral del ilegítimo régimen vigente. Eso es lo que está sucediendo estos días en España, eso es lo que se está preparando mientras la inmensa mayoría de los medios de comunicación miran para otro lado. Y solo hay un modo de pararlo: por supuesto saliendo a la calle masivamente y con la decisión absoluta de condudir el país hacia una verdadera transición que concluya en una democracia real. Pero también sacudiéndonos la modorra, la ignorancia, la vagancia, el desinterés, el relativismo moral y exigiendo al régimen y sus apéndices represivos (políticos, jueces, cuerpos armados) y propagandísticos (medios de comunicación, una vez más políticos instalados en la desvergüenza, la corrupción y la mentira) una conducta democrática impoluta.

La democracia no es una cuestión de números y mayorías sino de higiene moral.

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LAS UNIDADES ESPECIALES DE LAS POLICÍAS MUNICIPALES Y LOS LÍMITES DEMOCRÁTICOS DEL RÉGIMEN VIGENTE.

Hace unos años, en plena eclosión de la especulación inmobiliaria, me contaba una amiga que en cierto pueblo de los alrededores de Zaragoza cuyo nombre callaré por carecer de pruebas concretas de lo que voy a contar, dispongo tan solo del testimonio de la amiga referida del que, por otro lado, no dudo, miembros de la policía local fueron utilizados por el alcalde de turno a guisa de matones para "ablandar" las posiciones de un concejal opositor que interfería en los manejos urbanísticos del cacique-alcalde que aspiraba a enriquecerse fraudulentamente aprovechando la cercanía de la capital del Ebro para recalificar terrenos en su término municipal. Nada, por otra parte, que no haya sido el pan nuestro de cada día a lo largo y ancho de esta martirizada piel de toro de nuestros dolores y pecados.

Reconozco que en ese momento ¿2006, 2007? no presté demasiada atención a esta historia. Simplemente la anoté como anécdota.

Como tampoco presté demasiada atención a los diversos, y no siempre bien divulgados, sueltos periodísticos que iban dando cuenta de los excesos de determinadas policías locales y, sobre todo, de los de determinadas unidades especiales de las mismas a lo largo y ancho de España.

Confieso que no pensé seriamente en ello hasta que, como en los años ochenta con la UVE, empezó a recorrer Zaragoza un clamor popular contra los excesos y costumbres parafascistas de la UAPO, unidad especial de la policía local de Zaragoza, en cierto modo sucesora de la UVE y heredera de sus métodos, pidiendo su disolución.

Vino entonces a mi mente uno de esos datos almacenados durante décadas en la mente sin utilidad concreta pero que, con el tiempo, acaban encajando y permitiendo la comprensión de un fenómeno específico que a menudo nos pasa desapercibido. Este dato en cuestión es el hecho de que una inmensa mayoría de los jefes de policías locales de la transición procedían o bien del ejército o bien de la guardia civil y la policía armada. Circunstancia que se tradujo en muchos casos en la conformación de fuerzas locales no exactamente encaminadas a sus estrictas funciones municipales sino hacia objetivos políticos muy determinados y poco coincidentes con las aparentes pretensiones de la transición.

Acto continuo me percaté de la cantidad de unidades especiales de las policías locales que desde mediados de la primera década del siglo XXI han proliferado en España y el modo en que prácticamente todas repiten el mismo modelo (por ejemplo una sede propia, funciones represivas que fácilmente pueden llevar a la extralimitación, uniformidad propia, emolumentos y turnos específicos...etc) que ya se ha acreditado inoperante y muy nocivo en décadas pasadas y que siempre que se reproduce suele conducir al mismo lugar: poner un número de fascistas violentos, completamente irrespetuosos con los derechos del ciudadano y humanos en general y a menudo proclives a la corrupción,en la calle, uniformados y en contacto con los ciudadanos.

Obviamente no se puede generalizar y hasta es muy posible que muchas de estas unidades especiales de las policías locales que se están creando desde el 2000 cumplan a la perfección con sus deberes sin extralimitarse. Pero el peligro está ahí y es bueno que lo analicemos históricamente para percatarnos de sucesos que a menudo nos pasan desapercibidos y que resultan extremadamente perjudiciales para la democracia y nuestra integridad en cuanto ciudadanos.

Por supuesto un artículo de blog es un marco insuficiente para trazar estudios globales pero sirve a la perfección para poner ante el público atento apuntes lo suficientemente detallados como para permitirle continuar sus propias indagaciones y sacar sus propias conclusiones.

Tal haremos aquí en este caso. Pondremos ante los lectores una serie de datos históricos contrastados que marcan una tendencia indudable y hasta ahora ignorada por periodistas e historiadores en su conjunto y dejaremos que cada cual saque sus propias conclusiones.

La extendida delincuencia juvenil de los años setenta y comienzos de los ochenta en España tenía una causa social evidente: la aplicación de políticas neoliberales a partir del plan de estabilización de 1959. Entonces como ahora, los chicos de la Escuela de Chicago de lo único que se preocupaban era de generar plusvalías a la oligarquía al precio de empobrecer al conjunto de la población con el efecto de arrastrar a la miseria a las clases más vulnerables que en aquel momento fueron los jornaleros campesinos que debieron desarraigarse del campo para apelotonarse, sin derechos políticos ni sociales y por lo tanto convirtiéndose en carne de explotación, en los aledaños de las grandes ciudades. Una parte de ellos logró acabar integrándose en las clases obreras de las mismas pero, como siempre sucede con políticas de ese tipo, quedaron grandes bolsas de excluidos con bajísimo nivel de ingresos, de atención y de formación, abandonados a su propia suerte cuya segunda generación se vería abocada en muchos casos a la delincuencia como única salida a la miseria en el marco de una marginalidad propiciada por las propias condiciones sociales creadas por unas políticas erróneas e injustas. Y, como siempre sucede, la única respuesta que el estado capitalista estaba dispuesto a dar a los problemas causados por los propios desequilibrios e injusticias sociales que sus políticas económicas y sociales crean era la de la represión.

El totalitarismo capitalista, en aquellos tiempos enmascarado en España de totalitarismo falangista, jamás reconoce sus culpas: criminaliza a quienes las ponen de manifiesto sea delinquiendo sea evidenciándolas mediante la disidencia. De ahí que la policía en todos los países capitalistas sea a la vez un instrumento de represión del crimen (independientemente del origen de ese crimen que en gran medida es causado por el empobrecimiento de la población a causa de los latrocinios, traiciones y estafas que la ley permite a la oligarquía) y de la disidencia política. Máxime en un periodo como la transición en el que el poder establecido, el de la oligarquía, se puso en entredicho. Finalmente pudieron reconducir la situación y mantener sus privilegios y mucho de ese éxito lo consiguieron en la calle: con técnicas mafiosas y de terrorismo de estado. Utilizando a la policía y a grupos más o menos afines para aterrorizar, apalear y en ocasiones hacer desaparecer a "radicales".

Por lo demás esa técnica de represión callejera llevada a cabo por elementos "incontrolados" más o menos afines a las fuerzas de orden y protegidos por las autoridades políticas y judiciales no era nueva. De hecho representaba toda una tradición política del caciquismo español desde las Partidas de la Porra organizadas en 1870 por Felipe Ducazcal para combatir la oposición al reinado de Amadeo I con asaltos a las redacciones de periódicos opositores, palizas a líderes políticos destacados y contrarios, disolución de reuniones de partidos de la oposición, atemorizar a los simpatizantes...bajo el canovismo estas mismas técnicas se utilizaron para acosar al naciente sindicalismo obrero. Más tarde, a partir de 1919 y de nuevo dirigidas contra el sindicalismo, especialmente el de la CNT, surgieron los Sindicatos Libres con idénticos métodos y el respaldo de la policía y los jueces como sucedía en Barcelona bajo el desempeño del gobierno civil de Martínez Anido o, en general en toda España, con el respaldo de la dictadura de Primo de Rivera. Más tarde, durante la II República, fueron los pistoleros de la Falange quienes asumieron el desempeño de esa tradición de represión callejera de cualquier disidencia social o democrática. Acabado el franquismo era natural que los oligarcas de siempre recuperaran las técnicas habituales utilizadas en periodos de mayor contestación a su dominio. De ahí surgieron los numerosos grupúsculos de ultraderecha que sembraron el terror en las noches españolas desde finales del franquismo hasta bien entrados los noventa y que luego se aglutinaron en torno a ciertos gimnasios, ciertas empresas de seguridad privada, etc. y que, curiosamente, vuelven a salir periódicamente a la calle cada vez que el pueblo vuelve a clamar por sus derechos y por la democracia. Basta que la gente se movilice para que se multipliquen los asaltos neonazis, obsérvenlo: es una constante histórica y muy significativa de la supuesta democracia que padecemos.

En ese escenario las policías locales constituyeron a menudo, como ya hemos dicho, un frente oculto de la máxima importancia. Nadie habla de la policía municipal más allá de los límites del municipio, al menos por regla general, y determinadas actuaciones de la misma pueden quedar en la sombra si no se ocupan de ella los medios locales que suelen ser propiedad de la oligarquía local y obedecer a intereses económicos e ideológicos muy concretos. Por eso habrá que escribir algún día un profundo estudio sobre las policías municipales y la represión política entre 1975 y al menos 1990 y resultará extraordinariamente difícil allegar datos para hacerlo.

Hasta donde alcanza mi parco conocimiento, la decana de las unidades especiales de las policías locales españolas fue la Sección 26 de la Policía Local de Valencia, fundada en 1972 bajo el alcalde Vicente López Rosat, falangista y ex-miembro de la División Azul, por su jefe de policía local Manuel Jordán, que detentó el cargo desde 1969 hasta 1986.

La 26 se planteó como un relevo generacional dentro de la policía municipal de Valencia cuyos miembros procedían en su mayoría del ejército franquista que conquistó la ciudad en 1939 y que en lugar de regresar a sus depauperados campos extremeños (la mayoría procedían de Extremadura) buscaron acomodo en dicho cuerpo, por completo reestructurado tras la guerra. Lógicamente esta vieja guardia no estaba para muchos trotes a mediados de los setenta y se buscó no solamente el antecitado relevo generacional sino también de funciones de cara a las nuevas circunstancias políticas que se avecinaban. Los nuevos policías eran en su mayor parte también hijos de la inmigración meridional (cuando ellos se autoglorificaban comparándose con los Hombres de Harrelson, cuyo uniforme negro copiaban, el gracejo popular los motejaba como los Hombres de Jaen Son) y procedentes, como suele suceder en estos casos, de las mismas clases depauperadas a las que iban a reprimir. Sus condiciones laborales no eran en absoluto envidiables: debían compatibilizar su trabajo nocturno con otro diurno para mantener a sus familias (lo que explica que muchos de ellos pronto sucumbiesen a la corrupción y a dejarse sobornar por traficantes de drogas y proxenetas centrando su acción represiva en los activistas políticos de izquierdas, en los mendigos y en lo punkies, reeditando la vieja guerra tribal e ideológica entre estos y los skinheads que en este caso llevaban uniforme) carecían de seguridad social y hasta debían comprarse sus propias armas, unos fardones smith and wesson del 38, muy peliculeros.

El papel de la sección 26 se acrecentó en Valencia cuando la conflictividad social inherente a la transición (donde se mezclaban aspiraciones políticas con reivindicaciones sociales exacerbadas con la crisis de 1973) centró a los efectivos de la Policía Nacional en tareas de represión (léase antidisturbios al modo valenciano) apartándolas de las patrullas nocturnas que quedaron exclusivamente en manos de esta sección de 80 hombres.

Resulta significativo que habiendo llegado el PSOE a la alcaldía de Valencia en 1979 la sección, ya entonces desacreditada por sus usos fascistoides y su acoso y persecución a los elementos izquierdistas y públicamente encanallada en la connivencia con traficantes de drogas y proxenetas, se mantuviera siete años más al igual que el mandato del jefe de la policía municipal, Manuel Jordán, que fue nombrado en 1969, en pleno franquismo y por un alcalde que era a la vez jefe provincial del Movimiento.  Al parecer influyó en esta decisión el interés demostrado por muchos ayuntamientos de España, en su mayor parte del PSOE, lo que dice mucho de la legitimidad democrática de este partido, como veremos un poco más abajo al hablar de la UVE de Zaragoza, por reduplicar la 26 en sus cuerpos de policía municipal y el hecho de que la reconversión de los Altos Hornos de Sagunto en 1983 recrudeciera las protestas sociales requiriéndose toda la fuerza del CNP para reprimirlas y restaurar eso que llaman "orden público" y suele representar el triunfo injusto de la oligarquía sobre el pueblo.

Hubo que esperar a la jubilación de Manuel Jordán en 1986 para que su sucesor en el cargo, Pedro Calderón y el alcalde el PSOE desde 1979, Ricard Pérez Casado se decidiesen por fin a eliminar la ya muy desprestigiada Sección 26 utilizando un método que luego sería también muy imitado en la disolución de este tipo de grupos especiales: extendiendo la turnicidad nocturna a toda la plantilla del cuerpo aislando a los miembros de la unidad disuelta en el conjunto del cuerpo.

Obviamente cuando el PP volvió al poder en Valencia en 1991 el nuevo concejal de policía, Juan Cotino se apresuró a tratar de resucitar a la Sección 26. Es un típico tic autoritario del caciquismo hispano que ya hemos estudiado en su dimensión histórica párrafos arriba.

Como hemos visto, el modelo de la Sección 26 se extendió a las policías municipales de muchos ayuntamientos "democráticos" en el transcurso de la transición. Entre ellos al de Zaragoza, que pasaremos a estudiar ahora a guisa de ejemplo.

En 1979 el PSOE ganó la alcaldía de Zaragoza. El nuevo alcalde de la ciudad sería Ramón Sáinz de Varanda y su número dos nada menos que Luis Roldán, sí, en efecto, el futuro y famoso director de la Guardia Civil implicado entre otras cosas en la guerra sucia contra ETA durante el periodo del GAL.

El ayuntamiento de Zaragoza, como todos los de la España franquista, había sido una entidad absolutamente endogámica en manos no ya de la alta burguesía local sino de un sector muy determinado e ideologizado de la misma. Esa endogamia no desapareció con las primeras elecciones municipales ni con el hecho de que los nuevos ediles figurasen ahora bajo nuevas siglas. De hecho el nuevo alcalde zaragozano de 1979 pertenecía al núcleo duro del mencionado sector de la burguesía dominante habiendo llegado durante el franquismo al decanato del colegio de abogados de Zaragoza y entroncando con la familia del anterior alcalde franquista Cesáreo Alierta (1966-1970) cuyo hijo, y cuñado de Sáinz de Varanda, Cesar Alierta ha ganado fama posterior al participar, después de una carrera de tiburón financiero comenzada en 1970, en las indebidas y moralmente dudosas privatizaciones del Aznarato.

Ni Sáinz de Varanda ni Luis Roldán formaron parte del PSOE ni de la UGT antes de 1976 y el jefe de policía local que nombraron, Primitivo Cardenal, acabó afiliado al PP. Esto nos dará una idea clara de la "renovación", el "progresismo" y la "calidad democrática" de aquella primera corporación municipal zaragozana de la "democracia" en la que la inveterada corrupción que había venido padeciendo el ayuntamiento durante el franquismo se perpetuó hasta institucionalizarse durante el nuevo régimen de 1978.

Con esos mimbres no es de extrañar que se llegara al desarrollo de una unidad como la UVE (Unidad de Vigilancia Especial).

En el caso de Zaragoza existía una Unidad de Vigilancia Nocturna desde 1974, año en que se extinguieron los serenos pasando a integrarse en la policía local. Desde 1977 esta unidad disponía de tres vehículos de patrulla (SEAT 127) y funcionaba con razonable eficacia. Pero se limitaba a ser una simple unidad de policía local, sin mayor relieve y no era eso lo que la nueva corporación "democrática" tenía en mente.

El alcalde Sáinz de Varanda, apenas llegado al sillón municipal, lanzó una campaña de "modernización" de la policía local creando una serie de unidades especiales con finalidades y perfiles mucho más que significativos. Sus dos creaciones señeras fueron el Grupo de Seguridad de la Alcaldía, un servicio de guardaespaldas a disposición directa del alcalde, y la Unidad de Vigilancia Especial (UVE) a imagen de la sección 26 de Valencia cuyos integrantes la instruyeron.

La UVE se instituyó en 1980, en 1981 se había contratado un profesor de artes marciales para entrenar a sus miembros y se nombraba un nuevo jefe de policía local: el ya citado Cardenal.

Esta nueva unidad especial no tardó en empezar a cumplir con sus deberes especializándose en el acoso a los militantes de izquierdas (sindicalistas hubo llevados a los Pinares de Venecia para ser apaleados), la extorsión a pequeños traficantes de drogas y proxenetas (de quienes obtenían tanto droga como servicios sexuales a guisa de soborno cuando no mediante el robo y la imposición), el acoso a los mendigos (retenidos, desnudados, duchados con agua fría en pleno invierno, apaleados en los Pinares de Venecia y abandonados a su suerte), el acoso a los jóvenes "descarriados" llegando a asaltar por la fuerza, porra en mano, algún que otro concierto y convirtiendo en un peligro, junto con los niñatos franquistas de las "zonas nacionales" las noches de Zaragoza, especialmente si se andaba metido en cosas malas como la música, los fanzines o las militancias "subversivas" que eran todas aquellas que se escoraban mínimamente hacia la izquierda. Y también cumplieron funciones al servicio de determinados intereses privados que utilizaban la corporación municipal para el enriquecimiento personal.

Lógicamente la UVE se hizo rápidamente impopular en la ciudad y no tardaron en organizarse campañas para su disolución, especialmente después de que su prepotencia y desacato a los derechos constitucionales y humanos se pusieran espectacularmente de manifiesto en sucesivas fiestas de octubre. Finalmente, en 1990, el nuevo alcalde de Zaragoza (desde 1986), también bajo las siglas del PSOE pero sin que se hubiera producido ninguna renovación ni limpieza interna (de hecho también él terminó envuelto en asuntos de corrupción), Antonio González Triviño, acabó disolviendo la UVE.

Ello trajo una cierta calma a las noches zaragozanas. Hasta que en 2008 un nuevo alcalde bajo las siglas del PSOE, pero de convicciones ambiguas, Juan Alberto Belloch, con la excusa de la Expo y en medio de tejemanejes urbanísticos tan enrevesados como los que supusieron los del Plan ACTUR en tiempos de Sáinz de Varanda, decidía sumarse a la moda de creación de "unidades especiales" de las policías locales surgida a comienzos del siglo XXI en un momento de absoluta decadencia democrática, organizando la UAPO, entrenada por antiguos miembros de la UVE y que, según parece, ha reeditado sus peores comportamientos.

Pero la Sección 26 de Valencia y la UVE o los UAPO de Zaragoza son solo unos ejemplos de un mal extendido por toda la piel de toro. Podemos citar casos clamorosos como los de la policía municipal de Jesus Gil en Marbella durante los noventa o el grupo Titán en Almería hasta el año pasado, incluso el sonado escándalo de la policía de Coslada...y eso sin profundizar demasiado.

El hecho es que el régimen de 1978 (lo vimos ya en el artículo anterior) es propenso a las zonas grises en cuestiones de derechos humanos, represión de la disidencia y las protestas ciudadanas, acoso y criminalización a los más desfavorecidos (mendigos, prostitutas, toxicómanos, inmigrantes) aplicando los prejuicios de su ideología burguesa capitalista que le convierte no en un sistema democrático sino en un régimen totalitario y subjetivo donde todo se consiente a las "fuerzas del orden" con tal de que los señoritos y quienes estúpidamente se identifican con ellos tengan un bonito decorado de opiniones unánimes que oculte sus errores y sus latrocinios de guante blanco. Y que en mucha mayor medida de lo que queremos creer determinadas unidades de las policías locales se ponen al servicio de ese totalitarismo subrepticio del inveterado caciquismo hispano con tácticas y maniobras indefectiblemente incompatibles con la democracia y los derechos humanos, aunque plenamente arraigadas en la mentalidad de la oligarquía dirigente, y que ello no solo supone una merma clara de la calidad democrática que pone en entredicho los límites democráticos del actual régimen sino que, además, acaba convirtiendo a dichas unidades en corruptas porque a fin de cuentas la corrupción es el verdadero rostro del caciquismo y cala desde las altas esferas hasta los más ínfimos niveles de sus instrumentos de represión convirtiendo a España en un despreciable régimen bananero.

Urge, pues, que dignifiquemos y vivifiquemos nuestra democracia y que lo hagamos en todos los frentes, también en este.

 

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A PROPÓSITO DE LOS ALTERCADOS EN BARCELONA.

Sin ningún lugar a dudas, para acabar con el golpe de estado neoliberal que estamos experimentando llegará el momento en que sea preciso ocupar los centros de poder político para derribar el régimen corrupto y establecer una verdadera democracia. Y esto deberá hacerse en concurso con un cierre inmediato de los centros de especulación financiera (como las bolsas) y una ocupación de los medios de propaganda oligárquicos (televisiones, radios, etc.) y  de producción para nacionalizar los bancos convirtiéndolos en un servicio público y renacionalizar las empresas indebida y culpablemente privatizadas por el Aznarato al tiempo que se colectivizan los restantes medios de producción apartando del proceso económico a una oligarquía objetivamente corrupta, incompetente, traidora al pueblo y nociva para el desarrollo social, económico y político de España. Con casi toda probabilidad ninguna de estas acciones podrán llevarse a cabo de manera pacifica puesto que las fuerzas represivas del estado (entre las que se incluye el ejército) difícilmente harán causa común con el pueblo. Antes al contrario, como ha demostrado la historia a lo largo de prácticamente un siglo, permanecerán fieles al poder oligárquico vigente lanzándose a reprimir al pueblo primando el concepto de "orden" (es decir: sumisión) de la oligarquía por encima de los conceptos de justicia social, soberanía popular y democracia real. Ya sabemos como se las gastan: habrá torturas, detenciones, muertes...lo habitual. De hecho ya existe un germen ideológico de estas actuaciones futuras en los constantes intentos de criminalización de las movilizaciones ciudadanas por parte de la extrema derecha pepera. Es una vieja táctica del Poder: criminalizar y deshumanizar al ciudadano, al "enemigo", para justificar una represión salvaje y seguir reteniendo el poder político, judicial, económico, ideológico y propagandístico.

Cada vez que un representante de la oligarquía en cualquiera de sus ramas tacha a los ciudadanos que se movilizan de acólitos de ETA, de alborotadores a sueldo, de radicales antisistema, de enemigos...se está buscando un clima de confrontación y criminalización que, llegado el caso, permita actos represivos tan aconstitucionales como crean conveniente (y debemos recordar que Guantánamo sigue abierto sin que se haya siquiera juzgado a sus ideólogos, del mismo modo que no se ha juzgado a los responsables últimos de represiones salvajes como fueron la Operación Cóndor y otras similares). Como venimos estudiando en los artículos anteriores, los limites democráticos del régimen oligárquico vigente son más bien escasos y siempre proclives a menguar más. Si el poder se ve realmente en peligro la represión aumentará hasta alcanzar los límites necesarios para la represión total del movimiento ciudadano. Debemos tenerlo absolutamente claro y asumido.

Por eso mismo lo último que los ciudadanos debemos hacer cuando demandamos democracia, justicia social y soberanía popular es ponérselo fácil al Poder para justificar sus medidas represivas. Las manifestaciones y movilizaciones deben ser absoluta y exquisitamente pacíficas y pacifistas. La ciudadanía debe presentar sus demandas sin caer en el disturbio ni en las provocaciones.

Las tácticas del Bloque Negro siempre fueron propias de infiltrados o de estúpidos y deben desecharse por completo.

¿Qué se gana quemando contenedores o motocicletas o fomentando disturbios?...desde el punto de vista de la estrategia ciudadana para conseguir frenar el golpe de estado neoliberal nada en absoluto. Antes al contrario se justifica la represión oligárquica. Por ese motivo lo sucedido hoy en Barcelona no debe volver a suceder ni en esta ciudad ni en ninguna otra. Los ciudadanos deben ser una masa pacífica, festiva y altamente cívica porque están demandando lo que es justo y democrático.

Con un comportamiento ejemplar y pacífico se desarma la lógica represiva y la propaganda oligárquica. El vandalismo conduce a la deslegitimación y el cese traumático de los movimientos ciudadanos ¿O es que no habéis aprendido nada?

 PD (a 1 de marzo de 2012).- Por cierto: es muy posible que algunos de vosotros os sintáis muy orgullosos por el hecho de estar practicando "guerrilla urbana" pero no os engañéis, lo que hacéis dista mucho de serlo. Es simple vandalismo estúpido y que da argumentos a las fuerzas represoras de la oligarquía.

A ver si nos vamos enterando: la guerrilla urbana es un acto de guerra revolucionaria destinado a liberar un entorno urbano de la ocupación por fuerzas invasoras o pertenecientes a un régimen ilegítimo con la finalidad de tomar el control de la misma y ponerlo bajo el de una junta revolucionaria que garantice tanto la aplicación de las medidas políticas y sociales necesarias como el orden y la seguridad de los ciudadanos mientras la revolución se extiende a otros núcleos amenazando con derribar el régimen ocupante. Es un acto extremo (al que solo ha de llegarse en caso límite), irreversible (se vence o se muere), organizado, dirigido y destinado a sustituir una autoridad ilegítima por otra de transición hacia la democracia. Por fortuna en el momento actual estamos muy lejos de tener que recurrir a una estrategia semejante. Todavía podemos arreglar las cosas pacífica y cívicamente. En este contexto, tenedlo muy claro, quemar contenedores y lanzar piedras no es guerrilla urbana, es simple vandalismo que nos perjudica a todos.

Insisto: ¿O es que no habéis aprendido nada?...

Un último inciso: los dioses nos libren a unos y a otros de tener que llegar a extremos que requieran una verdadera guerrilla urbana.

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