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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2011.

EN PORTUGAL HA VUELTO A SUCEDER.

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Ya conocemos los resultados electorales en Portugal y, como era de esperar, no son ninguna sorpresa: la derecha ultraneoliberal ha vencido. Se trata de un escenario ya conocido y que, en su reiteración, al menos desde 1933, demuestra bien a las claras el hecho incontrovertible de que la democracia parlamentaria liberal es incompatible con el progreso social y moral de las sociedades que la padecen.

La cadena de hechos, lo estudiábamos hace poco en estas mismas páginas, es siempre la misma: los ciudadanos más conscientes y preparados, aquellos que deberían pilotar el avance social, las necesarias transformaciones económicas, sociales y políticas para sacar a la sociedad del anquilosado, obsoleto, perjudicial, despreciable y arcaíco sistema del capitalismo burgués (que siempre fue contrario al progreso humano, no se olvide que desde su mismo comienzo anduvo de la mano con el más reaccionario fundamentalismo religioso, el que condujo a la reforma protestante que no fue una reacción contra la corrupción de la iglesia romana, como pretenden hacernos creer sus defensores, sino contra los avances civilizatorios del Renacimiento, que siguen combatiendo con saña) toman conciencia del déficit de legitimidad que aqueja al sistema. Un sistema básicamente al servicio de las oligarquías que suele expresarse con un más o menos forzado bipartidismo en el que las siglas tan solo marcan diferencias puramente estéticas o, todo lo más, entre un conservadurismo escasamente moderado y un ultraconservadurismo radical y obsceno.

Dentro del sistema liberal parlamentario no existen más opciones. Desde su origen es profundamente antidemocrático, restrictivo y destinado al inmovilismo social y político que favorece el enriquecimiento cada vez más abusivo de unas élites a costa del conjunto de la sociedad. Es todo lo que hay. Luego, en función de las luchas sociales, de las estrategias geopolíticas, de la estética del momento, el parlamentarismo liberal puede adquirir una fisonomía más o menos populista, más o menos "humana", incluso más o menos participativa, pero los límites del juego se encuentran siempre perfectamente acotados para que el sistema mantenga sus constantes, siga beneficiando a los mismos y perjudicando a la mayor parte de los ciudadanos y, cuando existe el riesgo de que esos límites se rompan el sistema acaba recurriendo siempre a la represión y la violencia. De hecho el sistema parlamentario liberal es poco más que la dictadura encubierta de una oligarquía ilícitamente enriquecida y sobredimensionada en su poder por unas reglas del juego hábilmente amañadas.

Cuando los elementos más sanos de la sociedad advierten esta condición inmovilista y de estafa perfectamente estudiada del sistema,decíamos, y ello suele ocurrir más intensamente en momentos cruciales donde se lucha por cambiar la historia, se aleja del mismo, bien con un desencanto crítico y pasivo o buscando fórmulas de desbordamiento que el propio sistema, esa dictadura disfrazada de democracia que padecemos, se encarga de reprimir en cuanto alcanza algún tipo de legitimación en las urnas, y eso suele suceder enseguida porque existe un núcleo enfermo de la sociedad lo suficientemente numeroso como para aupar al poder a partidos de derechas cuando la abstención de izquierdas crece. Se trata de individuos cuyo sistema de valores está mediatizado por los reiterados lavados de cerebro de las sectas semitas y que en consecuencia votan en contra de sus propios intereses al dictado de sus líderes sectarios (en España y Portugal serán decenas de miles, sino millones, los votantes que esta primavera hayan votado a la derecha, vendiendo su propio futuro, siguiendo el adoctrinamiento de obispos y párrocos católicos), de burguesillos de clase media que votan en contra de sus propios intereses (no llegan a comprender que en el fondo ellos también forman parte del proletariado) cegados por la ilusión de pertenecer a la oligarquía con cuyos valores estúpidamente se identifican, de iletrados diversos manipulados por ideologías elementales y viscerales (principio de orden, sentimientos deportivos, odios irracionales sembrados desde los medios de comunicación...)

En fin, que constatado que el sistema es una dictadura encubierta y una estafa piramidal los elementos más sanos y mejores de la sociedad se apartan del mismo mientras que la grey más despreciable vota en masa y lo hace a la extrema derecha poniendo el poder en manos de aquellos que con más saña van a destruir el futuro del país desguazándolo en beneficio de los especuladores corruptos de siempre. Y así, de nuevo, el sistema parlamentario cumple con su papel de perpetuador del dominio oligárquico.

Si suciera otra cosa y emergiera una verdadera opción de cambio tampoco sucedería nada. Para eso están los "mercados" para desestabilizar cualquier intento de gobierno díscolo hasta dominarlo o conseguir su cambio. O bien, si esto falla, resta el ejército para establecer una dictadura y proceder a la represión salvaje de los elementos más sanos y mejores de la sociedad. Lo hemos visto suceder muchas veces en las últimas décadas y no se trata de una opción tan lejana como pueda parecernos en esta Europa nuestra tan hipócrita y llena de falsas apariencias. No hace mucho la CIA manifestaba que si la resistencia de los griegos a la imposición del criminal plan de "rescate" neoliberal impuesto por el FMI y la UE (instituciones que practican el terrorismo social y económico y que deben ser combatidas sin contemplaciones) "temía" la posibilidad de un golpe de estado. El año pasado, en conversaciones con representantes sindicales, Durao Barroso, presidente de la comisión europea y ejemplo magnífico de esos políticos corruptos, despreciables y traidores a sus propios pueblos, sucios lacayos del imperialismo yanqui y sayones del gran capital, advertía sin rubor de lo mismo: o los países del sur tragaban con las medidas de austeridad impuestas desde Wall Street o la alternativa era la dictadura militar. Ese es el verdadero rostro de la "democracia" que dicen que tenemos, del sistema parlamentario liberal.

Se trata evidentemente de un estado de cosas que no se puede tolerar, que debe cambiarse en aras de una verdadera democracia que beneficie a la mayoría y no a la oligarquía de siempre.

El problema es que una y otra vez se repite el mismo esquema: descontentos los elementos progresistas se vuelcan hacia la abstención, los fanáticos, iletrados e ignorantes votan en masa a la derecha y cualquier movimiento reformista surgido al margen del sistema vigente acaba reprimido y disuelto. Sucedió en Francia después de mayo de 1968, en Estados Unidos en 1972 y de nuevo en 1980, en España el 22 de mayo pasado y ayer mismo en Portugal. Son algunos ejemplos de un esquema reiterado y que deberíamos meditar en profundidad.

El hecho es que dentro del sistema liberal parlamentario no hay cambio posible y que ningún reformismo puede llegar muy lejos intentando actuar en los márgenes tolerados del mismo. La única opción de cambio real es una revolución en toda regla: o conquistamos el estado y el poder, y en un número significativo de países, o estamos abocados a una nueva represión y una perpetuación de la misma dictadura corrupta que padecemos. Y ahora la cosa va muy en serio porque el gran capital nos lo quiere quitar todo. Ahora ya solo hay dos opciones: o conquistamos nuestro futuro, o seremos esclavos tercermundistas.

NOTA:-la fotografía es de Publikacción.es

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INSTANTÁNEAS DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL.1

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En los tiempos que corren no estará de más ir recogiendo pequeños apuntes de cómo funcinan las cosas para acabar construyendo un gran fresco esclarecedor. Porque, a pesar de los pesares, todavía hay gente que duda o continua obnuvilada por la propaganda neoliberal. Ocupémonos, pues, de ello.

GRECIA.- Después de que el dogmatismo neoliberal arruinara el país, el gran capital europeo, comandado por la oligarquía alemana, ha forzado al gobierno a aceptar un "rescate" que consiste en la aplicación salvaje de las eternas medidas del FMI (institución internacional sin otra función que imponer a escala mundial el dogmatismo ultraneoliberal que permite el enriquecimiento de las elites mundiales a costa del empobrecimiento de los pueblos, institución dedicada en exclusiva al terrorismo económico y social que es incompatible con el progreso y la justicia social, institución, en definitiva, encargada de hacer cumplir los designios imperialistas de la gran oligarquía mundial so capa de imparcialidad técnica e inexorabilidad burocrática). Dentro de esas medidas se encuentra el desmantelamiento del estado (no solo del griego, de cualquier estado: en España el gobierno de Aznar se encargó de llevar a cabo esta política de desmantelamiento en favor del sector privado  en un acto criminal de prevaricación consciente y traición al pueblo) que se decidió como política clave del nuevo orden mundial en 1994. En esa fecha el FMI y la Organización Mundial del Comercio acordaron que las empresas y los servicios públicos debían privatizarse para beneficiar a las grandes corporaciones consiguiendo de paso que los estados perdiesen capacidad de oposición a los manejos de la especulación (y ya sabemos a donde nos ha conducido esa política). Dentro de esa estrategia, el habilitar un gran espacio económico para la especulación (como es la Unión Europea) donde rija una moneda que favorezca los intereses del Gran Capital y de las élites continentales (especialmente alemanas y francesas) a costa del empobrecimiento de sus respectivos pueblos y, sobre todo, de los estados y sociedades periféricas es un simple paso más. Ahora Grecia está padeciendo la imposición salvaje de esa política imperialista y depredadora. Y hemos asistido a dos lances reseñables: el pueblo, como es natural, protesta y se echa a la calle recibiendo enseguida un recadito de la CIA: si no tragáis con la colonización, con el robo y la esclavización, tendréis un golpe de estado y seréis barridos, tortutados, hechos desaparecer, por una dictadura. Y el gobierno comienza a privatizar las empresas públicas para beneficio de los buitres especuladores que acechan. Se "vende" (es un decir porque estas privatizaciones siempre se regalan a precio de saldo en operaciones que son pura corrupción y prevaricación) en primer lugar la empresa de telecomunicaciones griega...¿quién se la adjudica?...exactamente: la Deutsche Telekom. De este modo el circuito se completa y queda meridianamente claro todo. Los mismos que urgen a la demolición del estado son los que van a quedarse con sus restos a módico precio. Esa es la verdadera naturaleza de la Unión Europea y su verdadero sentido.

Como anécdota señalaré que unos diputados liberales alemanes (el liberalismo es hoy por hoy una de las ideologías más despreciables, perjudiciales e inaceptables que existen) "aconsejaron" el año pasado al gobierno griego que para saldar su deuda privatizaran sus islas: que vendiesen a precio de saldo partes del territorio nacional para lucro de especuladores privados. Y ese consejo es algo que debemos tener muy en cuenta en España con una isla de Mallorca llena de alemanes y con gobiernos despreciables vendidos por completo a los intereses del Gran Capital y capaces de cualquier cosa con tal de complacer a sus amos, los mismos que les premiarán cuando dejen la carrera política con altísimos y muy bien remunerados puestos en el sector privado. ¿Veremos algún día a Alemania forzándonos a vender Mallorca a inversores alemanes?...Hace unos años esta posibilidad parecía incluso ridícula, ahora...

PERU.- Gana las elecciones un candidato nacionalista insólitamente apoyado por grupos de izquierda (el curriculum de Humala como ex-alumno de la Escuela de las Américas, de una universidad católica y como ex-golpista y participante en la guerra sucia del estado contra Sendero Luminoso le hace poco recomendable como compañero de viaje de ninguna opción izquierdista) y de inmediato baja dramáticamente la bolsa de Lima porque los especuladores pretendían el triunfo de la hija de Fujimori y el restablecimiento del corrupto régimen que este implantó al servicio del imperialismo yanqui y su totalitarismo neoliberal. Así funcionan las cosas: cuando un pueblo trata de recuperar el control sobre su futuro y sus recursos se le sabotea hasta arruinarlo, se promocionan dictaduras...lo que sea para que triunfen los corruptos al servicio del Gran Capital. Los sistemas especulativos en la economía (empezando por e incluyendo especialmente a la bolsa) son instrumentos de sometimiento al dominio del Gran Capital. Por lo tanto es imprescindible, a la mayor celeridad, si pretendemos retomar el control de nuestro destino, establecer verdaderas democracias, acabar con dichos sistemas. Cerrar las bolsas es una necesidad histórica y política de primer orden, tan imprescindible como renacionalizar las empresas de sectores estratégicos y servicio público y nacionalizar los bancos. (Así como juzgar a los cómplices de ese sistema y del predominio imperialista del Gran Capital).

FRANCIA.- El presidente Sarkozy, que ya dio muestras más que sobradas de sus ansias represivas contra los movimientos populares que están organizándose en Europa contra los intolerables ataques del Gran Capital, contra la ejecución de las políticas implementadas por el FMI y la OMC en 1994 y que se están imponiendo salvajemente en toda Europa con la excusa de la crisis de 2008, acaba de prohibir que en la televisión y la radio se pronuncien los nombres de Facebook y de Twitter, precisamente las redes sociales que permitieron las revoluciones árabes y han permitido la organización de las movilizaciones españolas y su internacionalización en Europa. Oficialmente se trata de evitar con esa prohibición la publicidad para dos grandes empresas...pero hay que tener en cuenta que en Francia también han proliferado las acampadas, que la policía las ha desmantelado con métodos más que expeditivos (ha habido palos, gases lacrimógenos... represión en general), que las movilizaciones se extienden por el país...y que precisamente estas movilizaciones se están organizando a través de Facebook y Twitter y a través de estas mismas redes están en contacto con las movilizaciones del resto de los países. De modo que más que una medida de protección a empresas menos poderosas como tratan de hacernos creer esta prohibición es una forma encubierta (y torpe) de censura para alejar a quienes todavía permanecen desinformados de los cauces por los cuales pueden informarse.

Seguiremos trazando estampas instantáneas del nuevo orden imperialista y neoliberal en futuras entregas.

NOTA.- La fotografía es de Beverly and Pack.

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SOBRE LA LEGITIMIDAD DE LAS INSTITUCIONES

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En estos días los de siempre, los políticos corruptos que lejos de servir a su pueblo se dedican a traicionarlo, a legislar y gobernar en favor de los banqueros y especuladores, a cumplir inexorablemente con el programa establecido por el FMI y la OMC (instrumentos del imperialismo yanqui y de las élites que lo controlan) en 1994 y que consiste en la destrucción total de los estados, en su malbaratamiento en beneficio de las grandes corporaciones y la total pérdida de derechos sociales y políticos de los diferentes pueblos, y en este caso concreto del español, andan lanzando espumarajos por la boca contra quienes se atreven a protestar por su indigno, culpable, delictivo y traicionero proceder y sacando pecho "democrático" esgrimiendo el peregrino argumento de que ellos son los verdaderos representantes del pueblo porque han obtenido un poder desproporcionado con respecto a su número de votantes, inferior en cualquiera de los casos al número, nunca tenido en cuenta, de quienes se abstuvieron o votaron en blanco.

Para estos indivíduos, más acostumbrados a cenar y tomar copas a costa del erario público con banqueros y empresarios que a codearse con el pueblo, que cada día que pasa se encastillan más y más en sus palacios de cristal convirtiendo en cotos privados edificios que en la práctica son públicos y pertenecen al pueblo, la democracia se reduce a que un pueblo desinformado y a menudo manipulado e ignorante cumpla con el rito de votar cada cuatro años para legitimar su tiranía civil que siempre están dispuestos a apuntalar con métodos de represión policial o militar.

Hasta ahora andaban presumiendo de trajes caros, de poder y privilegios, pavoneandose ante un pueblo sumiso y desorganizado como si fueran próceres de la patria a la que no han hecho otra cosa que empobrecer y vender y ahora que se les piden responsabilidades se encabritan gritando (a menudo incluso con los ojos en blanco de furia, ellos y los mercenarios que les sirven en los medios de propaganda del régimen: periódicos, televisiones, radios...) que en ellos reside la legitimidad institucional y democrática y quienes no reconozcan este hecho son poco menos que golpistas y peligrosos antisistema.

Sin embargo hay que tener en cuenta el hecho de que cuando un pueblo anteriormente sumiso e incluso apático, llega a tal grado de hartazgo que se une para salir a la calle proclamando que ni los políticos ni las instituciones le representan es que algo habrán hecho mal esos políticos y esas instituciones.

En 1981, después del golpe de estado del teniente coronel Tejero, hubo una manifestación multitudinaria en la que el pueblo mostró su adhesión a las instituciones y el régimen vigente. En 2011 eso ha cambiado. Cientos de miles de personas están saliendo a las calles, con el apoyo de la mayor parte de la población, proclamando que esas mismas instituciones han dejado de representarles. Y los políticos no pueden seguir viviendo de aquel lejano respaldo de 1981. En estos treinta años algo ha sucedido que, sencillamente, ha restado legitimidad a las instituciones, las urnas, los cargos públicos y los políticos mismos. Claro: la opción fácil es contentar a los verdaderos amos de los políticos, los banqueros y especuladores, la oligarquía corrupta y antipatriota, y lanzar a la policía contra quienes protestan. Reprimir manu militari a un pueblo al que se ha traicionado después de lanzar sobre él el anatema y la difamación.

Pero hay que reconocer que ese pueblo no estaría en la calle, antes al contrario seguiría participando en las instituciones, si estas no hubieran sufrido un gravísimo déficit de legitimidad en las últimas décadas.

¿Cual es la causa de dicho déficit?...ya la hemos expresado en estas mismas líneas: que las elecciones han dejado de tener sentido porque se conforme la mayoría que se conforme siempre se hacen las mismas políticas: las que enriquecen más y más a la oligarquía corrupta a costa de empobrecer más y más al pueblo. Nuestros políticos han dejado de ser servidores públicos para convertirse en lacayos del gran capital, en simples mercenarios dedicados a demoler el bienestar del país para enriquecer a unos cuantos tiburones financieros que, en su mayor parte, ni siquiera son españoles. Constatado esto a lo largo de los años, y especialmente desde la artificial crisis de 2008, es lógico que la población haya dejado de considerar legítimas unas instituciones que los propios políticos han corrompido y prostituido.

Ahora, cuando les decimos a esos impresentables, a esos traidores con corbata, a esos proxenetas del bien común, a esos prevaricadores que no nos representan porque prostituyeron durante años su sagrada condición de representantes del pueblo y gestores de los intereses comunes, se engallan, se suben frenéticamente a la parra y reclaman para sí la sacralidad institucional como sinónimo de democracia.

Pues bien, hay que recordarles un pequeño axioma democrático: en democracia la soberanía reside en el pueblo, no en las instituciones, ni siquiera en aquellas elegidas mediante sufragio, y estas instituciones, al igual que quienes las encarnan, solo son legítimas mientras cumplen fielmente con sus funciones que son las de garantizar eficazmente la libertad y el bienestar del pueblo. Cuando se convierten en instrumentos para facilitar la esclavización y el empobrecimiento de ese mismo pueblo a manos de unas oligarquías corruptas y avaras, pierden toda su legitimidad.

Por mucho que los políticos griten y se rasguen las vestiduras en estos días de protestas, por mucho que se quieran envolver en los minoritarios votos recibidos (y que incomprensiblemente les proporcionan crecidas mayorías) y aparecer como legítimos representantes del pueblo lo cierto es que con sus acciones han dejado de representar al pueblo al que han traicionado. Las instituciones solo son legítimas mientras cumplen su función. Cuando se convierten en instrumento de tiranía la soberanía revierte al pueblo y tanto las instituciones como quienes las encarnan pierden toda legetimidad, se convierten en simples y llana tiranía.

Hoy España se encuentra en esta situación. Las instituciones y quienes las encarnan han caido en el mayor descrédito y por lo tanto la soberanía ha revertido al pueblo.

Por supuesto las oligarquías y sus lacayos insisten en sacralizar a las instituciones confundiéndolas intencionadamente con el estado y con la democracia. Pero las instituciones y las formas de gobierno son accidentales mientras que la soberanía popular es en sí misma eterna y representa la verdadera naturaleza del estado y de la democracia. Estamos en nuestro perfecto derecho de cambiar las instituciones y a quienes las detentan porque han dejado de servirnos, de sernos útiles, de representar nuestros intereses. Y este es un hecho objetivo e incontrovertible.

Las oligarquías y sus lacayos mercenarios quieren ampararse en la fuerza de los votos para justificar su tiranía. Pero ese es un argumento inservible. Cuando los votantes están lo suficientemente alienados como para votar a corruptos manifiestos y son tan ignorantes que sustentan con sus votos a quienes han traicionado al país, al pueblo y a sus propios intereses, no pueden ser considerados ciudadanos sino populacho. Y los votos del populacho no merecen consideración.

 La verdadera democracia está en la calle, los de los escaños y los despachos no representan al pueblo, son simples tiranos al servicio de la oligarquía corrupta  y quienes les han votado merecen exactamente la misma consideración que los que aclamaban a Hitler, a Franco o a Stalin en sus momentos de triunfo.

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TREINTA DÍAS DE INDIGNACIÓN

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Hoy hace exactamente un mes que la indignación salió a la calle, que se produjeron las manifestaciones que dieron lugar a lo que se ha venido llamando el Movimiento 15-M. Hace un mes y, sin embargo, parece un año. Han pasado tantas cosas...y, si nos paramos a considerarlo, tan pocas...por ese motivo me parece interesante, aprovechando este primer hito conmemorativo, echar la vista atrás y reflexionar un poco sobre el origen y el destino de este estallido social que nos involucra a tantos y que, se mire como se mire, ha hecho avanzar la historia, después de un prolongado estancamiento,varias décadas de un solo salto, aunque no sepamos todavía muy hacia dónde. De hecho, el acontecimiento crucial de estas últimas semanas y que todavía persiste, es la lucha interna por definir el movimiento y su naturaleza futura dentro de un marco de horizontalidad parcial donde determinados grupos organizados (ojo: de signos ideológicos contrapuestos) tratan de capitalizar el estallido social en beneficio de sus propios intereses.

De hecho, y es algo que no se puede negar, uno de los cabos primitivos del 15-M radica en ciertas maniobras de grupúsculos radicales neoliberales, de sectores peligrosos e indeseables de la oligarquía patria financiados tanto por capital privado como por fondos secretos de la CIA para llevar a cabo una campaña de desestabilización que instrumentalice el descontento popular para conseguir una desligitimación de las instituciones democráticas que conduzca a la radical minimización del estado permitiendo así la imposición de la más ansiada política de la oligarquía que gobierna el mundo y que se encuentra detrás tanto de la crisis como de su aprovechamiento económico y político en  propio beneficio. En la práctica se trata de una táctica de guerra de cuarta generación que ya se ha verificado con éxito en otros países y que se emparenta, por ejemplo, con la estrategia de la tensión que desarrolló en los años setenta la Red Gladio en Europa con la finalidad, conseguida, de inducir a la población a un deseo de endurecimiento del control estatal sobre la sociedad que permitiera la habilitación de leyes represivas para desarticular a la izquierda y que se pudiera avanzar, como de hecho se hizo, en la imposición del modelo neoliberal y ultraconservador de la Revolución Conservadora.

Me consta que a muchos de los participantes genuinos en las movilizaciones del 15-M no les gusta escuhar esto y que incluso prefieren desdeñar la posibilidad tachando de conspiranóicos a quienes la ponen de manifiesto. Y, sin embargo, todos hemos visto a los mercenarios de la oligarquía campando por las acampadas e incluso usurpando activamente los papeles de portavoces y moderadores de asambleas mientras asaltaban silenciosamente las comisiones más importantes, aquellas de naturaleza organizativa y política, especialmente en Sol. Todos hemos debatido hasta la saciedad presencialmente y por las redes sociales con gente que expresaba un discurso común, empobrecedor y dirigido exclusivamente contra la clase política (olvidando la culpabilidad de la financiera), destinado únicamente a la consecución de unos pocos cambios cosméticos que no afectasen a la estructura económica y social del país. Es más: incluso lograron imponer un "consenso de mínimos" cuyas proposiciones son, simplemente, ridículas e inaceptables ni siquiera como mínimos. Muchos de estos tipos fueron rápidamente desenmascarados por la gran labor de muchos ciudadanos que los identificaron, denunciaron y hasta fotografiaron neutralizando en gran medida su labor, que se extendió en muchos momentos incluso hasta el sabotaje y la censura de las redes sociales del movimiento.

Junto con estos y colaborando muy estrechamente con ellos, no sé si consciente o inconscientemente, en el núcleo mismo de Democracia Real Ya se encontraba un grupúsculo de "jóvenes" derechistas estrechamente ligados al PP (algunos de los cuales ejercieron también como portavoces de DRY en Madrid) que se movían entre dos aguas igualmente deleznables: la de hacerle el juego a los anteriormente citados y la de agitar el río en contra del PSOE y a favor del PP e incluso de las reformas "a la americana" (o mejor "a la Tea Party") que pretende introducir en España cuando alcance el poder. Pero esto no representa ninguna sorpresa, ya viene expresado en el mismo manifiesto de DRY que convocó las manifestaciones del 15-M en el que se decía abiertamente que los convocantes eran gentes de todo tipo (creyentes y no creyentes, de derechas y de izquierdas...lo que en román paladín ha significado siempre "de derechas y ultracatólicos").

En este punto creo necesario hablar en primera persona y explicar la razón de mi adhesión a ese manifiesto entendiendo su encabezamiento al modo en que lo acabo de explicar, nunca fui tan ingenuo como para dejarme envolver por una retórica blanda y engañosa cuya resbaladiza ideología podía muy bien arrastrar a cualquier movimiento al "lado oscuro" de la política de asalto al estado de los neoliberales y neofranquistas más recalcitrantes amparados por las siglas del PP.

Cualquiera que entre en este blog puede constatar fácilmente que comenzó su andadura a finales del verano de 2009 y con unos presupuestos ideológicos muy claros: tratar de desarrollar una labor pedagógica que despertase las conciencias de sus lectores mostrándoles el exacto terreno en que se movían más allá de los decorados que él Poder les ponía delante de los ojos para engañarles y conducir hacia la conclusión lógica frente a esos engaños que tratan de ocultar la estafa dictatorial en la que el imperialismo yanqui, expresión del gran capital mundial, ha convertido a Europa desde 1945. En otras palabras: abrir conciencias y exhortar a la revuelta social, al cambio (a ser posible pacífico) de las cosas para construir una verdadera democracia tanto en lo político como en lo social.

Resultaba evidente que había que provocar una movilización a cualquier precio y, sin embargo, no parecía posible. Las condiciones objetivas en lo social, económico y político fueron empeorando a lo largo de 2010 y, sin embargo, nada parecía moverse. Durante algunos meses Zapatero trató de mantener un rumbo medianamente social de su gobierno hasta que las presiones del gran capital internacional, expresadas en instituciones deplorables que deben ser destruidas (FMI, UE...), y la famosa llamada del mismísimo Obama le obligó a dar un volantazo y alinearse con la línea dura y oficial de la internacional neoliberal empeñada en aprovechar la crisis mundial para acaparar la totalidad del poder político y económico esclavizando al resto de la humanidad. La alternativa a la sumisión fue dejada bien clara: desestabilización de la economía española por los "mercados" y "rescate" al modo griego dejando bien entendido, como hizo el presidente de la comisión europea, Durao Barroso, ese mismo 2010 y la propia CIA este año con insinuaciones sobre la resistencia del pueblo griego al "rescate" que cualquier desviación, cualquier esfuerzo por mantener la independencia nacional y los legítimos derechos del pueblo, conduciría a una dictadura al modo de las hispanoamericanas de los años setenta (nada que no estuviera previsto, por otro lado, en la Operación Gladio que, como los hechos demuestran, sigue en marcha por mucho que nos dijeran que se había concluido en los noventa). Es más: ni siquiera estoy del todo seguro de que muchas de las cosas que están sucediendo en relación con el 15-M no sean encubiertas operaciones de corso dentro de una "estrategia de la tensión" para justificar un vuelco represivo después del triunfo del PP en las próximas elecciones generales. Y no hablo a humo de pajas, deberíamos tener muy en cuenta esta posibilidad porque se trata de una táctica habitual de la CIA y sus adléteres que ya han utilizado en otras ocasiones. De hecho, llegados al punto al que hemos llegado, ya no existe alternativa: o vencemos con una revolución total y efectiva o vamos hacia una dictadura más o menos encubierta, mucho más restrictiva, aplastante y agresiva que el actual modelo. El verano y un eventual adelanto de las elecciones al otoño están en nuestra contra para conseguirlo, pero ya no podemos desandar el camino: o crecemos, nos internacionalizamos y vamos directamente a tumbar el sistema a escala mundial o estamos bien, pero que bien jodidos. (Y perdón por la expresión).

En fin que necesitábamos una movilización para renovar la democracia social y política española (y europea) y esta, según transcurría 2010, no se veía por ningún lado. Ni siquiera se atisbaba la posibilidad. En ese contexto el obligado giro a la derecha de Zapatero supuso un punto de inflexión. Quedaba claro que el pueblo no podía esperar nada ni del estado ni de su gobierno, que mandara quien mandara siempre iban a beneficarse los mismos: la oligarquía nacional e internacional a costa del pueblo. De hecho la característica más evidente del asalto al poder del gran capital mundial es que todos los sectores nacionales(en todos los países) acaban proletarizándose. A la tradicional dicotomía entre clase obrera y burguesía ha sucedido un escenario en que todos somos proletarios frente a una oligarquía mucho mayor y más poderosa. Los pequeños y medianos empresarios, los profesionales liberales, los medianos y pequeños propietarios, todos sin excepción, se han visto arrojados por los acontecimientos al otro lado de la línea. Ahora ellos también son estafados y explotados por el sistema y de ahí que se indignen también, como llevan décadas, siglos acaso, cabreados los obreros. Ahora por primera vez en la historia grandes sectores de la clase media e incluso alta experimentan lo que significa ser un explotado, un excluido, un proletario...y reaccionan del mismo modo que todos los proletarios y excluidos de la historia: rechazando el sistema que les excluye y lanzándose a la reivindicación de sus derechos.

Ahora bien, esta gente, estos nuevos proletarios, carecen de  formación ideológica o política. Durante toda su vida han comulgado con las ruedas de molino del sistema, con el neoliberalismo capitalista que hasta hace unos pocos meses les permitía beneficiarse del sistema de explotación y estafa colectiva. Muy poco en relación con las grandes corporaciones, es cierto, pero lo suficiente para prestarles su aquiescencia culpable. Lógicamente no podía esperarse que este estrato social depauperado y tradicionalmente corrompido en sus relaciones sociales y políticas entendiese de pronto su nueva condición de proletarios y, por lo tanto, aceptasen la habitual retórica revolucionaria de la izquierda. Estaban dispuestos a sumarse a una movilización siempre y cuando esta no pareciese una revolución porque a pesar de haber sido estafados y proletarizados por el sistema, persisten en un peligroso síndrome de Estocolmo hacia la oligarquía. No en vano, acaso durante toda su vida, han compartido sus ideas y métodos de explotación, especulación y espolio. Para movilizarlos y conducirlos a la revolución era preciso un lenguaje moderado, "centrista" y subrepticiamente derechista. De ahí que el manifiesto de DRY resultara un anzuelo genial. Porque iba dirigido en realidad a engañar a los excluidos de siempre pero podía utilizarse para arrastrar a la parroquia (nunca mejor dicho) de aquellos que lo lanzaban. Ese es el motivo por el cual me uní con entusiasmo al mismo y lo publicité cuanto me fue posible en los meses de marzo, abril y mayo.

Ahora bien: me mantuve al margen de las acciones concretas. Apoyé y difundí cuanto me fue posible pero no participé activamente en la organización de las manifestaciones consciente como era de qué intereses se escondían detrás. Después de todo resultaba más cómodo y tácticamente más eficaz dejar que los nuevos proletarios de la burguesía y los peones de la ultraderecha neoliberal nos organizaran la revolución. Debo decir a este respecto que en mi ciudad, Zaragoza, imagino que como en muchas otras, los que hicieron ese trabajo de organización no fueron mercenarios de la banca ni infiltrados de la derecha sino personas normales, que alcanzaron gran mérito con un trabajo que siguen desarrollando hoy en día, y que se sumaron a la convocatoria, al igual que otros muchos miles, porque estaban convencidos de una verdad evidente: necesitamos un cambio y este no va a llegar espontáneamente. Con todo, y a pesar del gran aprecio que experimenté y experimento por todos ellos, procuré mantenerme al margen limitando mi colaboración a la publicitación de la manifestación del 15-M, a tratar de establecer ciertos contactos entre los organizadores y algunos colectivos que podrían redirigir la ideología del movimiento en una dirección adecuada y participar en la manifestación de aquel emocionante domingo de mediados de mayo.

Por lo demás DRY, según avanzaban los días, empezó a presentar algunas características que confirmaron mis sospechas. Una de ellas, la más intrigante, era su acendrado centralismo, absolutamente extraño en un movimiento horizontal comenzado en la red y que pretendía ser espontáneo. Todo se canalizaba desde Madrid (por ejemplo: para auxiliar a los organizadores de provincias, en su mayor parte gente sin experiencia organizativa, era desde Madrid desde donde les llegaban las instrucciones y hasta los cuestionarios e impresos que debían rellenar) y resultaba que en Madrid los "jóvenes estudiantes" que habían iniciado el cotarro eran expertos en casi todos los complejos recovecos legales y organizativos inherentes a un proyecto como el que nos ocupa. Bien: yo observaba, cumplía mi función publicitaria y sonreía esperando acontecimientos.

Y así llegó el domingo 15 de mayo, la prueba definitiva para averiguar tres cosas clave: si el movimiento tenía verdaderas posibilidades de evolución ulterior, el grado de implicación del estado en el mismo y la personalidad ideológica que el acúmulo de gente deseosa de movilizarse por un cambio necesario le había imbuido. En otras palabras: qué posibilidades en cuanto revolución tenía el movimiento teledirigido con el que había estado colaborando con la intención de desbordarlo y convertirlo en una verdadera revolución anticapitalista.

La primera y tercera dudas se disiparon enseguida, en los primeros veinte minutos de manifestación. Y la respuesta era positiva: podía resultar útil. Desde el volantazo de Zapatero mucha gente de izquierda se había visto arrojada a la intemperie del sistema y habían concurrido masivamente al llamamiento de DRY, quien sabe si con las mismas intenciones e idéntico pensamiento que yo. El movimiento era consistente y en su mayor parte sabía muy bien quien era su enemigo más allá del telón político: la oligarquía financiera.

En cuanto a la segunda, fueron necesarias algunas horas para despejarla.

Pero se despejó sin dificultad. La manifestación de Madrid, la más numerosa y de lejos la más mediática y políticamente determinante (el centralismo en España es un hecho por mucho de que a menudo pensemos lo contrario) sufrió la infiltración de la policía y estos infiltrados causaron deliberadamente disturbios para provocar brutales detenciones y desacreditar al movimiento. Era un primer síntoma: si utilizaban los habituales métodos de infiltración y desprestigio es que no estaban en el juego (de hecho estaban jugando a otra cosa:a la rutinaria represión de todo movimiento público de disidencia en nuestras "democracias" capitalistas). Más aún: aunque la noticia pasó desapercibida esa misma tarde en Barcelona se encontró una bomba casera, sin carga, en un autobus justo en coincidencia con la manifestación en la segunda capital española: otra añagaza de los servicios secretos para, llegado el caso, colgar a los disidentes el cartel de violentos y terroristas. Después, con los primeros acampados en Sol, se produjo el corte de la señal wifi en la plaza y, al cabo, la enorme torpeza política del primer desalojo impulsado por la intolerancia derechista de la presidenta y el alcalde peperos de Madrid. Era evidente que el estamento político y estatal no solo no estaba detrás del 15-M sino que, además, permanecía por completo ayuno de información y considerándolo un fenómeno fácilmente controlable y reprimible. Era un buen síntoma.

En los días siguientes, antes de las elecciones, estuve hablando con amigos metidos en política, algunos con ciertos cargos de responsabilidad. Puede comprender que ni entendían nada ni sabían a qué atenerse. A alguno y alguna incluso le sorprendí algún brillo en la mirada indicativo de que les ilusionaba lo que estaba sucediendo y que acaso se hubieran sumado de no mediar sus esperanzas de futuro político. Hablé también con algunos amigos de la policía: lo mismo. La mayor parte se mostraban  ilusionados con lo que estaba sucediendo y hasta hubo uno que me explicó, confidencialmente, que la brigada de información "ya se había puesto las pilas"...o sea: que no, que el estado no estaba detrás de nada.

Y después de la manifestación llegó lo inesperado: las acampadas.

Ese sí que fue un movimiento completamente espontáneo. De pronto, tras la represión programada de la manifestación de Madrid, cuarenta "locos" decidieron permanecer en Sol. La voz se corrió por la capital y a lo largo del lunes se les fueron sumando uno a uno, dos a dos, otros "locos" hasta alcanzar el número de doscientos o trescientos. Era consecuencia lógica del choque emocional provocado por las manifestaciones de aquel domingo. Después de tantos meses, años quizá, de desesperación, de vivir en el aislamiento y en la soledad de una realidad gris e inamovible, de pronto, todos nos dimos cuenta de que éramos muchos, de que éramos millares, millones con las mismas inquietudes, con los mismos sueños, de que éramos un pueblo después de todo, una unidad a la que intereses espúreos trataban de mantener separada para manejarla mejor. Empezó así la reflexión, la confraternización...y llegó la cerrazón del estado y de la derecha política y económica lanzando a las fuerzas policiales al desalojo de Sol. Fue un error para sus intereses, una estupidez.

La esperanza había prendido en todos los que salimos a la calle el 15 de mayo, la emoción, profunda, liberadora, estimulante, hermanadora, había hecho mella en miles de corazones y la respuesta fue inmediata y espontánea: frente al desalojo de Sol llegó su reocupación multitudinaria y la de otras muchas plazas en toda España.  Había comenzado el movimiento 15-M.

De pronto miles y miles de personas de toda edad y condición nos reunimos en las plazas, reinaba la fraternidad, el respeto, la esperanza, un clima de ilusión y hermanamiento...¿qué os voy a contar?...si estáis leyendo esto seguramente lo experimentaríais y jamás lo olvidareis. Por mucho que nos quiten en el futuro siempre nos quedará al menos haber vivido esos días y esas noches, sobre todo esas noches, de comunidad, de unidad, de esperanza, de emoción a menudo hasta el llanto...¿quién nos podrá arrebatar nunca esos primeros diez días?...hace años yo escribía un poema preguntándome cual era mi patria verdadera. Ahora lo sé: fueron esos diez primeros días con sus noches. Y no pienso renunciar a ella.

Pero, claro, a pesar de la magia de aquellos días, los movimientos políticos continuaban.

De inmediato las acampadas se convirtieron en miel para  infinitas moscas de todo pelaje y toda intención, desde los infiltrados policiales hasta la más variopinta casta de gurúes más o menos esotéricos. Y, por supuesto, no faltaron los tentáculos de las más diversas formaciones y grupúsculos políticos. Por ejemplo: una imagen viva y simpática que guardo de aquella primera semana es la de mi amigo Edu corriendo constantemente entre la carpa electoral de IU y la contigua acampada frente a la delegación del gobierno en la plaza del Pilar con el corazón dividido pero la idea clara de hacer comprender a los acampados y visitantes que mucho de lo que pedían ya estaba en el programa de Izquierda Unida.

Pero sobre todo los que desembarcaron en Madrid fueron los mercenarios de las fundaciones neoliberales que habían previsto provocar movilizaciones sociales para desprestigiar y desligitimar al estado produciendo su adelgazamiento extremo y su práctica desaparición en beneficio del gran capital privado. Se les distinguía fácilmente por su aspecto y sus limitadísimas aspiraciones políticas y sociales y, sobre todo, porque jamás criticaban ni permitían que se criticara a los bancos, los especuladores y la oligarquía corrupta. Su presencia fue beneficiosa porque en la intención de sus jefes estaba instrumentalizar el movimiento y para ello lo potenciaron lo más posible. Se obtuvieron de este modo recursos que de otro modo hubieran sido impensables y quizá la tolerancia del ministerio del interior con respecto a las acampadas. Pero también llegó con ellos la censura, el sabotaje, la instrumentalización del movimiento y el intento de convertirlo en una "r-evolución" de corto alcance que sirviese a los intereses de sus amos.

No tardaron en ser desenmascarados y en desaparecer de las acampadas aunque curiosamente consiguieron imponer un ridículo "consenso de mínimos" de cuatro puntos que traiciona claramente el espíritu del pueblo y del movimiento y que, atención, los medios de comunicación siguen señalando muy a menudo, y con muy escasa inocencia, como la suma de las aspiraciones del 15-M.

Recuerdo aquellos quince segundos días del movimiento como de absoluta y subrepticia confrontación dialéctica tanto contra infiltrados ¿policiales? que exhortaban a la violencia como contra estos pijos de la ultraderecha neoliberal que se habían hecho con el poder de algunas de las áreas más decisorias de Sol. Recuerdo haber sido baneado en más de una página de Facebook (aunque les sirvió de poco porque me las apañé para seguir colándome por las rendijas)...ahora este es un peligro que parece definitivamente conjurado.

Los que continuamos en el movimiento sabemos quien es el verdadero enemigo y que cualquier "evolución" debe ser una efectiva revolución social, económica y política que tumbe al ultracapitalismo neoliberal. Ahora el peligro reside en ser utilizados en una estrategia de la tensión para justificar una ulterior represión (incluyendo el cambio de legislación) después de un eventual triunfo electoral de la ultraderecha pepera. ¿Cuales deben ser nuestros próximos pasos?...bien, lo trataremos en otro momento, este artículo es ya demasiado largo.

NOTA.- La fotografía es mía pero el dibujo corresponde a un espectacular grafiti cuyo autor o autores desconozco pero que aconsejo visitar a todos aquellos que tengan la oportunidad de hacerlo en Zaragoza. Se encuentra en la calle Refugio, torciendo a la izquierda en la primera bocacalle desde La Casa del Loco.

 

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Y EL 19 DE JUNIO OTRA VEZ TOMAREMOS LA CALLE.

Esta vez contra el Pacto del Euro que significa simple y llanamente el sometimiento de España y demás países periféricos a las oligarquías de Francia y Alemania, tirar por la borda nuestro futuro y convertirnos, todavía más, en una monarquía bananera bajo el directo dominio del capital extranjero y de su ortodoxia imperialista, neoliberal y ultraconservadora cuyos designios conocemos bien: sometimiento absoluto a intereses ajenos, desprotección total del ciudadano, privatización de los servicios públicos, creciente déficit democrático (ya vivimos en una dictadura encubierta, imaginad la que se nos viene encima si siguen recortando nuestras libertades), imposición de mentalidades arcaizantes y sectarias sobre la sociedad, y un estado de cosas en el que solo una ínfima minoría, los muy ricos, tengan derechos ciudadanos quedando los demás reducidos a simples siervos con una entidad jurídica muy similar a la de los medievales siervos de la gleba. Ese es su plan, esa su única finalidad: arrebatárnoslo todo y devolvernos a hace setencientos años creando una nueva nobleza cerrada e intocable: ellos.

Por ese motivo no podemos quedarnos en casa, por ese motivo debemos salir a la calle, todos, sin excepción, sin división de clases, ideas o sentimientos religiosos porque el ataque es global y generalizado contra el conjunto de la sociedad y la sociedad en conjunto debe defenderse, decir no, reclamar una verdadera democracia tanto en lo político como en lo social y económico. Si no protestamos, si no salimos a la calle y exigimos nuestros derechos, nuestra suerte (desgracia en realidad) estará echada y no habrá vuelta atrás.

Quizá algunos de vosotros estéis preocupados por algunos acontecimientos recientes. Temiendo que si acudís a la manifestación del domingo 19 de junio os veréis envueltos en altercados o relacionados con radicales peligrosos. No temáis, no va a suceder nada.

El Movimiento 15-M se ha convertido en un agente incómodo para el poder, para aquellos dedicados a la estafa legalizada en que se ha convertido España y que hasta hace un mes se movían en la más absoluta impunidad. Ahora el pueblo les reclama responsabilidades, les señala con el dedo, espera de ellos rectificaciones inaplazables y están nerviosos, asustados viendo que se les termina el chollo y tratan de defenderse ¿como?...carecen de argumentos, solo les queda la manipulación. De ahí que se hayan dedicado a infiltrar alborotadores para manchar nuestra imagen, para magnificar los aislados episodios de violencia que ellos mismos provocan para tener una excusa para reprimirnos con todos sus medios, que son muchos. Pero les hemos desenmascarado. No somos un grupo de exaltados cegados por su propio radicalismo ni un cúmulo de porreros ignorantes, somos la sociedad civil, compuesta por una pluralidad de personas de todo género y condición, de todo el espectro profesional y formativo, personas normales y corrientes, adultas y sensatas a las que no resulta sencillo engañar ni manipular. Ya no, ahora hemos abierto los ojos y sabemos lo que nos jugamos.

Todos habréis visto ya el famoso vídeo de Barcelona donde los mossos infiltrados son detectados por los manifestantes y aislados para evitar que cumplan sus designios provocadores. Ya conocemos su táctica, estaremos todos ojo avizor y con el convencimiento absoluto de que nuestro único camino, la única posibilidad real de conseguir nuestros objetivos es el pacifismo más acendrado. Solo a través de la no violencia podremos eludir las ansias represivas del Aparato y por eso no vamos a responder a ninguna provocación, no vamos a tolerar ningún desafuero. Nos jugamos cosas demasiado importantes como para permitirnos cometer de nuevo ciertos errores del pasado.

De modo que todos podéis acudir tranquilamente, en paz y en familia, con vuestros hijos, vuestros padres, vuestros amigos a las manifestaciones del próximo domingo, porque no va a pasar nada, porque todos, también vosotros, conocemos nuestro trascendental papel de ciudadanos responsables y actuaremos con la máxima responsabilidad. Si sirve de acicate a quienes duden diré que yo acudiré a la manifestación de mi ciudad con mi madre octogenaria y apenas recuperada de un derrame cerebral...¿cabe mayor muestra de confianza en que nada sucederá?...

 Claro está que no debemos pasar por alto el hecho de que en Barcelona los agentes provocadores encontraron un caldo de cultivo muy predispuesto a dejarse provocar. Es un hecho objetivo que resultaría estúpido e hipócrita negar. Sé que algunos de los que os habéis unido al movimiento estáis muy cabreados, y seguramente con sobrados motivos, que ansiais una evolución rápida y determinante de los acontecimientos...lo sé, he hablado con muchos de vosotros y a todos os he dicho lo mismo que voy a escribir aquí y que me parece el mejor argumento para la sensatez y el pacifismo. Supongamos que admitamos, yo estoy dispuesto a hacerlo, la legitimidad de una rebelión violenta...¿qué sentido tiene comenzar una guerra que no podéis ganar y que significará la tumba de todas vuestras esperanzas y legítimas aspiraciones y del movimiento en su conjunto?...ninguno. Y sabéis que no podéis ganar esa guerra, todo lo más provocar altercados y disturbios que acabarán siendo reprimidos por la policía y que darán argumentos al Aparato para intensificar la represión contra todo el movimiento. De modo que si queréis una revolución solo puede ser pacífica. Os pida lo que os pida el corazón (y os garantizo que el mío también bulle de rabia a menudo) debéis obedecer a la cabeza. Y la sensatez, lo sabéis muy bien, dicta un solo camino: civismo y no violencia.

Nos vemos el domingo en las calles de España. Salud y democracia verdadera a todos.

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¡EL BOSQUE DE BIRNAM SE MUEVE!

"¡Oh, Macbeth! Puedes ser feroz y sanguinario, ningún nacido de mujer podrá dañarte mientras no veas al bosque de Birnam moverse de su lugar." Este fue el augurio de los espíritus convocados por las brujas cuando el usurpador Macbeth les preguntó por los límites de su poder. Y la conclusión del tirano pareció lógica: ningún bosque ha cambiado jamás de sitio ni existe fuerza mágica que pueda conseguir semejante milagro, por lo tanto la interpretación del augurio era que podía hacer lo que le viniera en gana puesto que los dioses le garantizaban la completa inmunidad por sus actos. 

Fue así como comenzó un largo reinado de opresión y sangre, de engaños y corrupción. Un reinado que parecía eterno, inamobible, inmune a todo descontento. Porque el rey hacía lo que le venía en gana: robaba, mataba, encarcelaba...todo en la mayor impunidad. Hasta que los descontentos, los oprimidos, los indignados de su reino se reunieron en el bosque de Birnam y decidieron avanzar sobre la capital del tirano para poner fin a su opresión y al régimen corrupto. Para cubrir su avance y camuflarse entre la niebla de la madrugada decidieron arrancar cada uno de ellos una rama y situarla delante para que no les vieran salir a campo abierto desde las torres del castillo de Macbeth. Fue así como este, en la niebla del amanecer, asomado a su ventana, vio avanzar al bosque de Birnam: el presagio se cumplía. En efecto el descontento de los oprimidos, la indignación de los sojuzgados, había hecho que el bosque de Birnam se moviese. La tiranía llegaba a su fin.

Hoy el metafórico bosque de Birnam vuelve a moverse y hay una caterva de Macbeths con los ojos desorbitados contemplando cómo se acerca su fin. El tirano se defendió espada en mano. Ellos también lo harán (con todas las armas que tengan a su alcance), pero el bosque de Birnam ha empezado a moverse...los dioses vuelven a estar con nosotros. Nada nos detendrá.

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HACIA UN PERIODO CONSTITUYENTE.

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Pocas cosas hay que les molesten más a los políticos que los ciudadanos les pidan cuentas de sus actos. Durante demasiado tiempo han vivido tranquilos en su empíreo de mármoles y buenos restaurantes, codeandose con los banqueros y empresarios y autoconvenciéndose de representar una casta aparte integrada dentro de la clase alta. Durante demasiado tiempo, al menos desde que los jerifaltes del felipismo empezaron a autoconsiderarse "beautiful people" y no representantes del pueblo y a enriquecerse indebidamente con la "cultura del pelotazo" allá por los ochenta, esa gente ha considerado la política no como un servicio público sino como un medio de medrar social y económicamente. Y así nos va a todos.

Estos indivíduos (e indivíduas) están demasiado acostumbrados a considerar que el voto emitido (independientemente de la abstención, siempre elocuente termómetro del desapego popular al régimen) es un cheque en blanco para sus tejemanejes y que el futuro de sus carreras políticas y privadas no se encuentra en manos del pueblo sino dentro de una estructura jerárquica y caciquil que manipulan los barones territoriales de cada partido y manejan en la sombra los poderes financieros expresados en la ya tradicional y siempre despreciable, ilícita y perjudicial para la sociedad figura del cacique local o nacional.

Por ese motivo cuando los ciudadanos expresan su descontento y les exigen explicaciones de sus, cuando menos turbios, manejos, se encabritan (por no decir que se encabronan), ponen el grito en el cielo y tienen la desvergüenza de plocamarse sacrosantos representantes del pueblo amparándose en el hecho de que algunos cientos de miles de ciudadanos obedientes y a menudo desinformados, han votado la lista de unas siglas en las que un jerifalte del partido, por lo general emporcado con negocios escasamente limpios de los caciques locales, les ha colocado para que, una vez alcanzado el escaño de turno, obren como simples autómatas del juego parlamentario votando acríticamente lo que se les ordene votar. Algunos, los más afortunados, los más avispados o los menos escrupulosos, logran ascender en la jerarquía y alcanzar puestos de mayor responsabilidad llegando a convertirse, incluso, en nuevos jerifaltes de los partidos en la misma íntima y sucia concordancia con los intereses de la oligarquía que sus antecesores.

En ese universo jerárquico y corrupto, en ese empíreo de mármoles, coches oficiales, buenos sueldos, mejores comisiones y plácido consenso ideológico ( en los despachos e instituciones de nuestras llamadas democracias no existe más que una ideología: la liberal) el ciudadano no es nada, no representa otra cosa que una masa informe a la que manipular para establecer cada cuatro años las mayorías que marcarán la correlación de fuerzas de las distintas facciones dentro del mangoneo y el trinque institucionalizado del parlamentarismo caciquil que siempre fue la esencia última del sistema liberal.

Y cuando el pueblo reclama y exige explicaciones, estos señores ( y señoras) engreidos hasta el máximo de su condición jerárquica y desagradablemente sorprendidos por la evidenciación de que sus jefes no son los barones de sus partidos ni su auditorio político los caciques con los que se codean sino que ambas categorías corresponden a los ciudadanos, sufren un choque traumático con la realidad. De pronto su consenso ideológico de salón entra en conflicto con la realidad social y política y ellos optan, es una reacción psicológica muy habitual, por negar la realidad afirmando terca y orgullosamente su creencia: la ortodoxia fanática. Hemos tenido ejemplos numerosos de ello en este mes de junio de 2011 que ya va tocando a su fin.

El Aparato del régimen lleva semanas cacareando sobre la legitimidad de las instituciones "democráticas" y defendiendo que los votos recibidos les legitiman frente a cualquier exigencia posterior de la ciudadanía. Ni siquiera quieren entender que el mismo ciudadano que les votó para que hicieran una determinada serie de cosas puede indignarse y salir a la calle para protestar y exigirles que rectifiquen si, como es habitual, resulta que han mentido en la campaña electoral y, una vez alcanzado el poder se dedican a hacer justamente lo contrario. Por cierto, un dato interesante a ese respecto: uno de los puntos más fuertes del consenso ideológico de la clase política y caciquil es la necesidad de la austeridad presupuestaria, en aras de ese sofisma se han dedicado y piensan seguir dedicándose a eliminar y privatizar todos y cada uno de los servicios públicos, sin embargo, una vez ganadas las elecciones del pasado mayo es un hecho que el 90 % de los alcaldes de España se han subido el sueldo, en muchos casos incluso doblándoselo cuando todo lo demás son recortes. Si sus propios votantes tratan de pedirles explicaciones ¿alguien duda de lo que harán estos alcaldes?...Exactamente: se proclamarán legítimos representantes del pueblo, se ampararán en los mismos votos que han traicionado y ordenaran a la fuerza pública (en realidad de represión) que dispersen a palos a quienes protestan. Incluso se efectuarán detenciones y los detenidos serán acusados de desobediencia a la autoridad, de desórdenes públicos y en algunos casos en los que la desvergüenza y el fundamentalismo de los políticos y jueces de turno alcance la compulsión sociopática propia del tirano, incluso de sedición. Así vivimos.

Es por ello que considero necesario recordarles a esos indivíduos (e indivíduas) y a los rebaños que les siguen, así como a los caciques corrompidos que los manejan, algunas básicas nociones sobre teoría del estado democrático que les conviene aprender rápidamente.

En primer lugar, y es muy importante tenerlo en cuenta, hay que explicar que parlamentarismo liberal y sistema democrático no son sinónimos por mucho que el extendido consenso político dominante en el mundo pretenda convertirlos en tales.

El parlamentarismo liberal procede de las instituciones estamentales medievales que fueron tomadas y transformadas por la burguesía emergente al socaire de las revoluciones industrial y francesa. Los parlamentos se forjaron en la edad media como órganos más o menos consultivos de la monarquía en los que estaban representados los tres estamentos más poderosos de la sociedad del momento (clero, nobleza y burguesía) pero del que quedaba excluido el grueso del pueblo sometido todavía a servidumbre.

A raíz de la revolución francesa, la burguesía desplazó al clero y a la nobleza de los parlamentos pero ello no significó una democratización del concepto parlamentario tan solo un asalto totalitario de la burguesía (y su ideología egoista, avarienta e insolidaria) al poder institucional. No en vano las primeras expresiones del parlamentarismo liberal fueron censitarias. La burguesía liberal nunca buscó un sistema democrático sino un medio de control político y social. Con el tiempo y la lucha obrera el censitarismo original tuvo que ir cediendo paso al sufragio universal pero siempre dentro de un marco jerárquico y excluyente donde, por ejemplo, las mujeres fueron excluidas del voto el mayor tiempo posible.

 Pero conseguir el sufragio universal no significó convertir el parlamentarismo liberal en un sistema verdaderamente democrático. Esa nunca fue su naturaleza, no lo es y nunca lo será. Simplemente fue una concesión necesaria hacia la galería que enseguida empezó a rectificarse por otros cauces. Tanto es así que a finales del siglo XX se llegó a la situación en la que ahora nos encontramos: el voto del pueblo ha dejado de tener importancia, las más cruciales decisiones políticas no se toman dentro de los cauces democráticos sino en instancias cerradas sin representatividad ninguna y que son manejadas y dirigidas por poderes que nada tienen que ver con el pueblo y que, desde luego, obran en su contra y en beneficio propio. Es por ello que el parlamentarismo liberal que nunca fue verdaderamente democrático ha terminado convirtiéndose en una dictadura encubierta que debe ser derribada para establecer una verdadera democracia del pueblo y para el pueblo. Es por ello también que la lucha que nos aguarda es la misma que siempre se ha llevado contra los estados dictatoriales y totalitarios, porque esa es la naturaleza misma del régimen liberal capitalista que padecemos. Nos encontramos frente a una dictadura y debemos asumirlo.

Bien: una vez aprendida esta primera lección (que el parlamentarismo liberal no es propiamente un sistema democrático) conviene añadirle el corolario evidente: que las formas democráticas de gobierno no tienen que coincidir necesariamente con la ortodoxia del parlamentarismo liberal. Porque el consenso ideológico y totalitario que domina a las clases dominantes del actual sistema no es necesariamente la verdad. Es más: se trata de una mentira evidente.

Llegados a este punto conviene abordar la segunda lección básica sobre teoría del estado democrático.

El enunciado de esta segunda lección es muy sencillo: la soberanía reside en el pueblo que, según la propia ideología liberal, la delega en las instituciones representativas y ejecutivas con el mandato imperativo de que deben servir a los intereses del pueblo siendo reemplazables si quedan obsoletas o dejan de cumplir su función primordial. Y ese es el quid de la cuestión. Nuestros fulleros políticos están tratando de basar su legitimidad en el voto cuando lo que les otorga la legitimidad como representantes del pueblo no es el voto (por muy numeroso que sea) sino el MANDATO IMPERATIVO. Recapitulemos: el pueblo delega su soberanía en las instituciones para que estas gobiernen y legislen en beneficio del pueblo. En el mismo instante en que estas instituciones se empleen en contra del pueblo y para favorecer intereses espúreos pierden su legitimidad y se abre un periodo constituyente orientado a construir unas nuevas instituciones que cumplan con dicho mandato imperativo.

No otra cosa está sucediendo estos días en todo el occidente liberal. Las instituciones parlamentarias han traicionado por completo su función. No sirven a los intereses del pueblo sino los de la banca y los llamados "mercados" que son puros y simples especuladores con nombres y apellidos que en su momento deberán ser juzgados y castigados con la máxima dureza. Por lo tanto, independientemente de que una porción de la población siga votando, dichas instituciones, al traicionar el mandato imperativo, han perdido su legitimidad y deben ser sustituidas.

El periodo constituyente se hace política, social y moralmente inevitable.

NOTA.- La fotografía es de Johannesen y muestra una parte de los medios que el Poder utilizará, y de hecho ya utiliza, para impedir el necesario avance hacia el perido constituyente.

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