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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2011.

OBSCENIDAD DECADENTE

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Hace unos meses tratábamos ya este mismo asunto en artículo titulado Chistes Malos, pero es preciso volver a él dada su importancia intrínseca y el escaso calado que ha alcanzado en la opinión pública.

En Chistes Malos nos referíamos a una situación mundial, en este vamos a limitar el dato exclusivamente a España, pero sin perder de vista que se trata de un fenómeno global.

Resulta que en plena crisis, cuando el obsoleto modelo económico y social que padecemos nos ha arrastrado a los abismos, cuando el paro se dispara del mismo modo que los desahucios, cuando los "mercados" dictan políticas que implican la pérdida de poder adquisitivo y de derechos sociales de la mayor parte de la ciudadanía, cuando la inmensa mayoría tenemos que apretarnos el cinturón y nos vemos constreñidos a ceder derechos y pagar colectivamente el cuantioso precio de unas prácticas económicas inmorales y perjudiciales para el conjunto de la sociedad y que solo benefician a unos pocos, esos pocos siguen ganando dinero.

No es un fenómeno nuevo. Ya se vio en la supuesta refundación del capitalismo en 2008 cuando tras décadas de desrregulación y de bandolerismo bancario y de las grandes empresas, el gran capital, abocado a la catástrofe por sus propios excesos e inconsecuencias (demostración más que suficiente de que el mercado no es capaz de regularse por sí mismo y necesita un férreo control estatal) se acordaron momentáneamente de Keynes para que los estados, es decir: los ciudadanos, empobrecidos, explotados y perjudicados por sus prácticas inmorales durante décadas, pagasen los enormes agujeros que habían creado y que siguen sin explicarse ni castigarse debidamente. Ese dinero se repartió obscenamente entre los altos ejecutivos como beneficios y al año siguiente se volvió al ajado discurso del no intervencionismo que no significa otra cosa que "dejadnos robar, explotar, engañar y saquear a gusto y tened controladas a nuestras víctimas, el conjunto de la sociedad"...una sociedad constituída en rehén de unos estados que han perdido su sentido (el servir a la sociedad) para convertirse en instrumentos represivos al servicio del gran capital y de sus arcaícas, ineficientes, injustificadas, insolidarias y desastrosas políticas que, en conjunto, solo pueden definirse como una forma de latrocinio y estafa legal.

España en esto, como en casi todo, no ha sido diferente. Nuestras élites económicas, procedentes directamente del más acendrado franquismo (y por lo tanto incompatibles en su perduración con una verdadera democracia) e incardinadas en la tupida tela de araña del capitalismo imperialista anglosajón ha seguido en todo las doctrinas emanadas desde los círculos de poder del gran capital. Los ricos han seguido enriqueciéndose a costa de empobrecer al conjunto de la población, se ha cerrado el grifo del crédito para estrangular a los pequeños negocios y favorecer así a las grandes empresas, para estafar a los compradores de pisos (el bien inmueble deberá ser pagado en su conjunto y con los abusivos intereses estipulados pero volverá al banco que podrá revenderlo en iguales condiciones abriendo un nuevo ciclo en el que seguramente acabará recuperando por segunda o tercera vez dicho bien inmueble lo que de facto constituye una estafa: vender tres veces la misma cosa a sabiendas de que los compradores no van a poder pagarla porque el propio vendedor o sus intermediarios crearán las condiciones necesarias para que eso suceda), para llevar al límite a la clase trabajadora obligándola a aceptar políticas sociales más restrictivas aún que las del mismísimo franquismo...y, además, esas mismas élites destructivas son las que dictan las políticas del gobierno, ciego y sordo a cualquier otro criterio que no provenga de los poderosos.

 En efecto, mientras todos nos vemos estafados una vez más con la prolongación artificial de una crisis que se concibió desde el principio como una nueva oportunidad de negocio para los ricos, estos han aprovechado a fondo las circunstancias para arrebatarnos nuestros derechos, empeorar nuestras condiciones de vida y de trabajo y seguir enriqueciéndose. Mientras todos perdíamos nuestras élites, los mismos ricos fascistas de siempre, ganaron un 27 % más en 2009 y un 9 % (acumulable al 27 anterior) en 2010...así es fácil pedir a los demás que se ciñan el cinturón.

La pregunta, como siempre, es hasta cuando la sociedad (y ojo, aquí todos, salvo una exigua minoría dirigente, todos somos proletarios) va a seguir tolerando este estado de cosas. Necesitamos una democracia para vivir y ello implica un campo en el que todos juguemos en igualdad de condiciones. Cuando el estado ha llegado al punto actual en que solo beneficia a los inmensamente ricos perjudicando a todos los demás deben cambiarse las reglas de juego. El actual estado de cosas ya no nos sirve y solo con acciones decididas y valientes podremos cambiarlo.

El actual régimen es obsceno y está en decadencia puesto que es insostenible. Si lo dejamos a su aire acabará por pudrirse y venirse abajo por sí solo dentro de unas décadas pero para entonces el desastre será de tal magnitud que todos habremos perdido demasiado y muchos habrán quedado definitivamente por el camino. Si queremos salir medianamente bien parados del inevitable colapso al que nos arrastran nuestras élites dominantes (tan arraigadas en el latrocinio y la estafa cuanto en la estulticia estructural de su miopía congénita) es preciso que actuemos antes de que las cosas vayan a peor.

Cuando el sistema es decadente y perjudicial hay que cortar por lo sano lo antes posible.

(Lástima que vivamos en una sociedad de ignorantes, cobardes y lameculos que seguirán estrujando la boina entre las manos delante de los señoritos mientras estos arruinan el país y nos arrastran a la debacle. En realidad no vivimos en una España muy diferente a la que retrata, por ejemplo, Los Santos Inocentes. Es triste decirlo, pero es así. Por desgracia la mayor parte de vosotros tenéis el espíritu de Pepe el Bajo, y así nos luce el pelo.)

NOTA.- La fotografía es de Izuen Gordelekua.

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04/01/2011 14:37 disidenteporaccidente Enlace permanente. disidencias No hay comentarios. Comentar.

LA PUERTA DE ATRÁS DEL TOTALITARISMO.

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A menudo los gritos (y suele haber muchos) no nos dejan escuchar la música de fondo. Y es precisamente esta la que marca el compás de nuestro devenir futuro. En otras palabras, y como ya se explicado muchas veces en estas mismas páginas, es preciso prestar atención a los pequeños detalles para comprender el terreno, cada vez más inestable, en el que nos movemos. Avanzamos a pasos agigantados hacia una dictadura encubierta y no nos percatamos de ello. Cada vez resulta más difícil ocultar la realidad del sistema en el que vivimos y su abismal distancia con una verdadera democracia y el Poder (los bancos y las grandes corporaciones que manejan como títeres a los políticos que supuestamente nos representan) está afilando sus cuchillos para mantener sus privilegios y aumentarlos a costa del común de la sociedad. Cuando el engaño no funciona, y está empezando a dejar de funcionar, se recurre a la represión. Una represión hipócrita, disfrazada siempre de legalidad e implementada sobre una retórica moralista, paternalista y tan autoritaria  como aparentemente (solo aparentemente) llena de buenas intenciones. No se trata de un fenómeno que desconozcamos. De un modo u otro aunque formalmente se nos diga que no existe la censura todos sabemos que los límites de la expresión están recortados por los intereses dominantes y que, sencillamente, hay cosas que no se pueden decir o hacer sin pagar un alto precio político perfectamente sancionado por las leyes. Y, curiosamente, entre los nuevos delitos implantados por el reciente Código Penal, encontramos nuevos recortes de la libertad de expresión en relación con las grandes corporaciones. Ya no puede uno criticar al rey ni a la iglesia ni al ejército ni a la policía pero tampoco a los bancos o las multinacionales. Claro, la medida se disfraza de protección contra la difamación en asuntos bursátiles ¿pero cuanto tiempo tardarán las grandes empresas en utilizar ese resquicio para imponer una feroz censura contra sus críticos?...El verano pasado se hablaba, y se hará, de reformar el derecho de huelga para, naturalmente, restringirlo, este mes de diciembre hemos asistido a medidas excepcionales (y fascistas) para facilitar la privatización (el lucro privado a costa de un servicio público) de AENA, ahora se nos dificulta la crítica a bancos y multinacionales...la cosa pinta mal. Pero existen detalles todavía más preocupantes.

Por un lado está el cúmulo de nuevos delitos que están apareciendo de la nada y que se castigan durísimamente "por nuestro propio bien"...un cúmulo de nuevos delitos en apariencia centrados en la convivencia y en el ansia de salvar vidas pero que pueden anteceder (y esconder) la tipificación de otros menos neutrales y, desde luego, mucho más enfilados al establecimiento de un totalitarismo bancario y empresarial sobre la sociedad. Tampoco es un escenario que no tengamos ahora presente y activo: no ha habido ley ni reglamento en las últimas tres décadas que no haya colocado a bancos y multinacionales en una situación abusiva sobre el consumidor y a este limitado en sus derechos hasta el punto de haber convertido el país en una magnífica estafa piramidal en la que siempre se benefician los mismos y salimos perjudicados la mayoría y ello con el respaldo de la ley y el estado que sirve solo al Poder.

Él último zarpazo, y uno de los más comentados, en ese sentido fue la de momento finiquitada Ley Sinde destinada a favorecer a las grandes distribuidoras de productos de entretenimiento (mal llamados culturales). Ley que, no nos engañemos, encalló únicamente por la hipocresía del PP, empeñado en ganar votos como sea para, una vez alcanzado el poder, implementar políticas ultraliberales mucho más radicales y salvajes al modo de los neocon norteamericanos. Pero ley, sigamos sin engañarnos, que se llevará a efecto con uno u otro nombre en un futuro no muy lejano y convirtiendo en delincuente al ciudadano para solaz y abuso de las multinacionales que de momento son las que mandan en nuestra supuesta democracia. Pero no nos engañemos. La Ley Sinde no es algo nuevo. Como he dicho las últimas tres décadas están repletas de leyes y reglamentos que en la práctica nos han vendido a los bancos y las grandes corporaciones empeorando de facto nuestra calidad de vida y nuestras posibilidades de progreso. Nuestra mal llamada democracia, todas las basadas en el capitalismo neoliberal, está organizada así y no hay más que hablar. El pueblo solo se ve como una fuente de ingresos para los bancos y las multinacionales y se pretende que sea una masa amorfa y manejable absorta por el egoismo personal y el consumismo compulsivo, y a fé que lo han conseguido. Pero está llegando el tiempo de la reacción, de la confrontación para recuperar nuestros derechos y nuestro ser de ciudadanos dejando atrás las cadenas de esclavos del interés de los poderosos.

Y para ello hay que ser conscientes de las redes que van tejiendo a nuestro alrededor y que podrán cerrarse en un futuro yugulando nuestra legítima protesta y convirtiéndonos en siervos de un estado totalitario al servicio de los intereses de las grandes multinacionales y de los bancos.

Como decíamos: en los últimos meses estamos asistiendo a la tipificación de una enorme cantidad de nuevos delitos en lo que representa el inicio de un alud de prohibiciones y limitaciones que a la larga conformarán un entramado legal que nos encerrará dentro de una encubierta dictadura en la que se votará periódicamente para que siempre manden los mismos (como ya sucede ahora, por otro lado). Y en ese sentido es tan preocupante como aleccionador darse cuenta de cómo los nuevos delitos y las leyes que los definen se saltan a la tolera, ignoran olímpicamente, principios jurídicos básicos como la presunción de inocencia bajo la excusa de ofrecer protección a determinados colectivos. Es la clásica táctica que los neocon estadounidense han empleado siempre para imponer sus leyes más restrictivas. La hipocresía es un arma poderosa que los ultraconservadores ( beatos ignorantes y vociferantes empeñados en dominar el mundo y en arrastrarlo de nuevo al siglo XIII) lógicamente manejan muy bien. La hipocresía es el resultado natural de la imposición de la absurda mentalidad semita sobre la naturaleza y la razón. Las leyes dictatoriales de estos individuos, destinadas indefectiblemente a mantener su posición de poder sobre la sociedad, siempre se presentan como un instrumento para la protección de colectivos vulnerables, especialmente la juventud y la infancia cuyo control les conviene mantener para lavarles debidamente el cerebro.

En España la presunción de inocencia se ha vulnerado en las disposiciones legales contra los maltratadores y se ha hecho supuestamente para proteger a las mujeres maltratadas. Pero el hecho es que ahora basta una simple denuncia para que un hombre sea encarcelado, pierda la patria potestad de sus hijos y cuanto le pertenece de los gananciales acumulados por la pareja porque, sin remedio, la mujer se quedará con la casa, el coche...con todo, al menos mientras no se celebre un juicio que puede tardar años. Y basta, vuelvo a insistir, una sola denuncia. ¿Es preciso defender a las mujeres maltratadas? Por supuesto ¿pero es correcto hacerlo vulnerando uno de los más acendrados principios de nuestro derecho, la presunción de inocencia?...pero, sobre todo ¿qué consecuencias puede llegar a tener ese desprecio por un principio tan básico? Porque en derecho la costumbre acaba convirtiéndose en ley y si admitimos que es lícito prescindir de la presunción de inocencia por cualquier causa que sea, admitimos que dicho principio desaparezca, cuando convenga de nuestro ordenamiento jurídico. De ahí a las desapariciones o los Guantánamos (que por cierto tampoco son fruta exótica en nuestro jardín) existe un solo paso. ¿Cuanto tardará el Poder en sacarse de la manga nuevos delitos en los que, por nuestro bien (es decir: el suyo) se pueda prescindir de dicha presunción de inocencia?...una vez vulnerado este, restituirlo será dificil y sabemos quién hace las leyes y para beneficiar a quién ¿podemos permitirnos una irresponsabilidad así?...sé que sobran los optimistas, los ignorantes que no ven más allá de sus narices y que se creen los telediarios y las películas...no perderé el tiempo en tratar de convencerles. Simplemente les diré que se documenten en lo sucedido en los Estados Unidos desde 1981 pero sobre todo desde 2001 y verán cómo bajo el manto de la democracia se puede acabar viviendo en una dictadura feroz.

Otro ejemplo preocupante lo hemos tenido estos días en la Ley Antitabaco que favorece las denuncias anónimas y, con ellas, la delación.

Una vez más la introducción sea en el ordenamiento jurídico sea en los usos sociales y legales de instrumentos propios del totalitarismo es absolutamente preocupante no por el momento actual sino por el recorrido futuro que ello pueda llegar a tener. En los países anglosajones, especialmente en los Estados Unidos, ejemplo de criptofascismo que siguen nuestras élites, la figura del delator está perfectamente definida y utilizada a fondo desde el delincuente al que se le perdona la pena por denunciar a otros (o al hijo al que se estimula para denunciar a sus padres) hasta el sicofante privado que se dedica a delatar a sus vecinos cuando estima que no se ajustan a las directrices ideológicas o morales que le son gratas al Poder y que predicadores y medios de comunicación se encargan de convertir mediante técnicas propagandísticas en supuesto consenso social.

Parte de ese entramado de censura totalitaria ejercida desde el sector privado procede de asociaciones numerosas en cuanto al número de siglas, escasas en número de asocidados, destinadas a protestar por lo que no se ajusta a la norma en la televisión, el cine, la literatura e incluso los libros de texto. O de aquellos que peinan las bibliotecas públicas para hacer retirar de las mismas libros "peligrosos" cuya consulta, en cualquier caso, ha de notificarse, al menos en Estados Unidos, al FBI. Otros son los que se dedican a escrutar internet para denunciar a los disidentes de cualquier tipo y, desde luego, con la aplicación de las leyes patrióticas en Estados Unidos después de 2001 ha habido gente que ha terminado en prisión por comentar entre sus amigos un mínimo desacuerdo sobre la política nacional. No son inventos, son cosas que llevan sucediendo más de una década en Yanquilandia y que debemos, a juzgar por la deriva de las nuevas leyes en nuestro país, comenzar a temer. Y no podemos ser ilusos, los cacareos del PP en ese sentido no implican una diferencia ideológica con el gobierno, aquí, como en todas las supuestas democracias capitalistas, todas las siglas responden a un mismo poder: el de los bancos y las multinacionales. Las alharacas peperas son solo un efluvio más de su inmoralidad intrínseca, un modo demagógico de ganar votos para regresar al poder y aplicar la misma política con muchísima más dureza y mayor cinismo. Dentro del actual estado de cosas no existe solución. La única solución efectiva es cambiarlo.

El sistema se sostiene, siempre que es posible, con el engaño. Cuando este ya no sirve comienza la represión. La crisis ha terminado con el encantamiento del mago, ahora estamos inaugurando una nueva etapa: el criptofascismo de las grandes corporaciones no tardará en abatirse sobre nosotros y es preciso que seamos conscientes de ello. Y sería bueno que nos movilizáramos para tratar de liberarnos de semejante yugo.

PD (a 7 de enero de 2011).- Para variar una nueva ley que tipifica nuevos delitos (la de igualdad de trato) y que, curiosamente parte también del negociado de la Pajín (hay que denominarla ya así, como estrella del criptofascismo que es) vuelve a vulnerar lindamente la presunción de inocencia. ¡Más madera!...

NOTA.-La fotografía es de Azrainman

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SOBRE LA REFORMA DEL SISTEMA DE PENSIONES.

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La reflexión que haré en esta entrada sobre la tan cacareada necesidad de la reforma del sistema de pensiones será breve y concisa.

La motivación esgrimida por los partidarios de la misma es puramente demográfica: crece la población pasiva mientras disminuye la activa. Este es un hecho contrastado que no cabe discutir. Pero sí es necesario plantearse su origen.

¿Por qué disminuye la población activa en España?...naturalmente el primer factor es el desequilibrio generado por las políticas natalicias del franquismo. Políticas inspiradas en el integrismo católico dominante en aquellos tiempos. Aquel "babyboom" de los sesenta trajo los lodos que ahora padecemos y es importante tenerlo en cuenta en una época como la actual en la que el integrismo de la superstición semita en varias de sus formas (catolicismo, evangelismo, islamismo) amenazan de nuevo con acabar controlando la sociedad y sus políticas. La superstición semita, nunca me cansaré de repetirlo, es incompatible con la sensatez y la razón, parte de apriorismos absurdos y demenciales y solo conduce al desastre. Tomarla, por lo tanto, como guía de la legislación o la política es una soberana, absoluta y total estupidez. Hay que barrer de los centros decisorios a los cristianos, musulmanes y judíos militantes. Este también es un hecho irrebatible y contrastado (y solo desde el fanatismo religioso puede intentar discutirse con demagogia y mentiras, que son sus armas hasta que pueden recurrir a la represión.)

Una vez establecido que las equivocadas e irresponsables políticas natalicias del franquismo nacional-católico son un factor determinante en la mayor parte de los problemas sociales y económicos que actualmente padecemos, es preciso ahondar en el análisis.

Otro hecho contrastado e indiscutible es que desde 1978 la natalidad ha descendido retrasándose la edad de paternidad, y sobre todo de maternidad, hasta límites casi insostenibles. ¿Cual es el motivo de ello?...si escuchamos a los retrógrados portavoces del siempre latente nacional-catolicismo y a sus adléteres del integrismo cristiano extranjerizante (los emergentes evangelistas que suponen una amenaza de no menor calado que el islamismo radical o el propio integrismo católico) se debe precisamente al abandono de las anquilosadas y contraproducentes estructuras morales que condujeron a la excesiva natalidad de los sesenta. Por supuesto mienten y se equivocan haciéndolo.

La liberación de la mujer de su sometimiento al exiguo papel que le otorga la superstición semita ( simple reproductora supeditada al varón dentro de una estructura social piramidal y enfermizamente patriarcal surgida de la estricta interpretación de textos supuestamente sagrados que apenas transmiten otra verdad que la estulticia de sus autores, que representaban ya en su época el atraso de mentalidades incompatibles con la civilización e ideas propias de la edad del bronce cuando la de hierro estaba dejando paso a nuevas realidades) y el retroceso del malsano concepto de familia emanado de la ideología judeo-cristiana no son factores realmente determinantes en el retraso de la maternidad.

La verdadera causa se encuentra en el sistema económico y social de explotación para beneficio de unos pocos que la oligarquía dirigente ha impuesto al conjunto de la sociedad con la complicidad de la clase política.

Cuando el paro, la temporalidad y la inestabilidad laborales se ceban en los jóvenes, cuando los horarios abusivos y los sueldos pequeños se conjugan con la constante pérdida de derechos y ayudas sociales, cuando un embarazo conlleva de facto un despido y la imposibilidad de conseguir trabajo durante años, cuando los precios son abusivos y suben constantemente en todos los sectores comerciales concebidos como campos especulativos para unos pocos tiburones amparados por el poder político y el ciudadano sufre indefensión constante en cuanto consumidor y productor, cuando se fomenta no solo la especulación sino la inflación sostenida e injustificada que ello conlleva (especialmente en el sector de la vivienda, pero tampoco pueden obviarse otros, como el de la automoción o los servicios básicos indebidamente privatizados)...cuando las cosas son así los jóvenes dificilmente pueden permitirse el lujo de tener hijos y cuando lo logran (si lo logran) es tardíamente y con tantas dificultades para mantenerlos que muy raramente pueden lograr permitirse más de uno.

Ergo la culpa de la situación demográfica que justifica la reforma de las pensiones es del sistema mismo. Una nociva consecuencia más de la perjudicial estructura social, económica y política que padece España. Pero claro, como de costumbre, la solución propuesta por los políticos consiste en preservar dicha estructura obsoleta e insostenible y cargar el peso del desequilibrio sobre los débiles, sobre el ciudadano de a pie.

El problema que conduce a esa draconiana reforma de las pensiones que nos van a imponer por la fuerza y de modo tiránico (en este caso el gobierno de Zapatero, pero sabemos que las siglas son indiferentes en esta supuesta democracia que padecemos y en la que todos los partidos sirven al mismo amo) sería innecesaria si se reformara el viciado y perjudicial sistema impuesto por la oligarquía dominante que debe ver quebrada su cerviz para la salud nacional. En lugar de eso se mantienen las cosas como están y seremos el grueso de los ciudadanos quienes paguemos los excesos especulativos y el constante enriquecimiento de los que ya son ricos. Como de costumbre.

A eso lo llaman democracia.

Nota.- La fotografía es de Mike Baird.

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OBRAS EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS.

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Andan estos días mosqueados los fotógrafos de prensa que trabajan en el Congreso de los Diputados por las nuevas obras que se están realizando para confinarlos en una "jaula" que dificulte sus movimientos y tiros de cámara, en otras palabras: su libertad de trabajo. Puede parecer este un asunto menor, pero no lo es. Volvemos a ese examen de los pequeños detalles que tan a menudo esgrimimos en este blog para tratar de comprender la realidad que nos rodea y el modo en que está cambiando, y no precisamente para bien.

El hecho es que tanto las instituciones como los cargos públicos se alejan cada día más del pueblo y de la opinión pública. Cada vez hay menos espacio para el contacto y la réplica y se tiende cada día más a la elaboración de productos cerrados que obran como publirreportajes en detrimento de ruedas de prensa o comparecencias públicas que, cuando se producen, son siempre mítines o actos institucionales, en cualquier caso, representaciones propagandísticas impermeables a la crítica o a la expresión del descontento ciudadano. Por otro lado, cada día es más difícil que un ciudadano cualquiera pueda acceder a un cargo público en ejercicio. No pensemos ya en presidentes del gobierno o ministros, fijémonos en alcaldes, concejales, consejeros de gobiernos autonómicos, en los mismos centros oficiales. Con la excusa de la seguridad lo cierto es que cada vez se ponen más barreras entre los ciudadanos y sus supuestos representantes.

Y no es casualidad sino síntoma cierto de un mal propio de todas las llamadas democracias occidentales.

El mundo en el que viven los políticos y el de los ciudadanos son completamente diferentes y se rigen no solo por normas diversas sino por intereses antagónicos. Lo cierto es que ningún banquero, industrial o terrateniente tiene dificil el acceso a los despachos de cargos oficialmente públicos, tampoco, lo hemos visto recientemente gracias a las filtraciones de Wikileaks, los representantes del imperialismo dominante. Sin embargo es prácticamente imposible que un ciudadano de a pie acceda a esos mismos despachos, y mucho menos si es para protestar. Los políticos viven en un cómodo empíreo cuyas normas determinantes no emanan de la calle ni de las urnas sino de las sombras putrefactas del alcantarillado financiero. En ese paraíso artificial el ciudadano o el informador son entes molestos, peligrosos, indeseados y tanto los cargos políticos como las instituciones, trabajan para, poco a poco, ir librándose en lo posible de semejantes molestias.

El sistema vigente, aunque se empeñe en decir lo contrario, dista mucho de ser democrático y abierto. Por el contrario es cada vez más autoritario, cerrado y corrupto y por ello tiende al secretismo y al elitismo. En ese sentido un hecho anecdótico como pudieran ser las obras del Congreso de los Diputados en relación con la libertad de movimiento de los fotógrafos, deviene en realidad  un síntoma, un signo cierto del alejamiento entre el mundo político (orientado al servilismo caciquil y a los intereses del gran capital) y el del pueblo y, por lo tanto, del deterioro acelerado de la llamada democracia. No puede existir democracia sin luz y taquígrafos, sin transparencia, sin contacto íntimo entre gobernantes y gobernados. Tampoco debe olvidarse a este respecto que los "gobernantes", si de democracia hablamos, son simples delegados, empleados si se quiere, de los "gobernados"...es muy difícil que quienes se mueven en coche oficial, con escoltas, rodeados con séquitos de personas con "cargo de confianza" cuya permanencia en el mismo depende de la voluntad del vip (ministro, presidente, alcalde, consejero...tanto da) y que tienden por lo tanto al halago y el puro pelotilleo servil, acostumbrados a cebarse en los mejores restaurantes a costa del contribuyente mientras se codean turbiamente con banqueros y financieros, mantengan la conciencia de que son servidores del pueblo y no sátrapas apoltronados en sinecuras ilícitamente lucrativas. Pero cuando esa conciencia se pierde, y dudo que haya existido alguna vez en España desde 1978, la realidad muta rapidísimamente de la democracia al autoritarismo. Y en eso estamos: los políticos no quieren vernos ni oírnos ni quieren que les veamos ni oigamos. Necesitan el ocultamiento para tratar de esconder todas sus miserias y, entre todas, la mayor: que han dejado de ser servidores del pueblo para convertirse en sicarios encorbatados de los banqueros y los especuladores. Que el sistema democrático hace tiempo que ha dejado de serlo. Que tan solo son tiranuelos al servicio de la tiranía absoluta del capital.

Por supuesto, mal que nos pese, nos corresponde a nosotros cambiar ese estado de cosas y restablecer una verdadera democracia. Lástima que, como han demostrado los hechos, seamos la más penosa generación que han visto los últimos siglos.

Para finalizar recordaré algo: solo es esclavo quien no merece ser libre. Si queréis una verdadera democracia debéis ser dignos de ella. Y no hay truchas a bragas enjutas.

NOTA.- La fotografía es de Mike Baird

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MAMADAS ASESINAS.

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 Hay chicas que tienen un peculiar sentido del humor, no cabe negarlo. Días pasados cierta preciosa señorita cuyo nombre me reservaré porque soy discreto y buena persona, lanzando su melena sobre el hombro izquierdo con un delicioso movimiento de cabeza y adoptando una graciosa mueca que incluía una traviesa exhibición de la lengua sobre el labio, justo en el instante de disponerse a a su delicada tarea, sonrió diciendo:

-Bueno, espero que después de esto no me tengan que apodar la Pompas Fúnebres.

Admito que en ese instante no me encontraba en condiciones de apreciar chistes rebuscados ni de atender a razones y, además, desconocía la anécdota a la que se refería dicha ironía en concreto, de modo que no presté demasiada atención al comentario. No obstante la frasecita se quedó rondando por mi cabeza y, algunas horas después, me lancé a hacer averiguaciones descubriendo no solo una de esas historias curiosas de la Historia sino la biografía, me atrevo a decir que prodigiosa, especialmente desde una perspectiva amarillista que hubiera hecho las delicias de los actuales programas televisivos especializados en casquería rosa, de una de esas mujeres sin duda mucho más desconocidas de lo que sería menester.

Por supuesto, localizado el origen de la broma de mi preciosa amiga (que no es la de la foto, ojo) le remití un mensaje entre sarcástico y reprensivo al que ella respondió diciéndome:

-No te quejes, al menos te he dado material para tu blog, que últimamente anda siendo demasiado serio, aburrido y obsesivo en lo tocante a la política.

Tuve que darle la razón (y las gracias, que fue lo que más hirió mi orgullo).

Horas más tarde, ya de madrugada, le remití otro mensaje diciéndole que pensando, pensando en sus bromitas se me había ocurrido un bonito argumento para un cuento erótico-psicopático: el de una mujer mutante con la saliva corrosiva que se dedicaba a felar hombres para vengarse de una pasada traición amorosa. Ya por la mañana, a la hora de mi café con croissant, recibí su respuesta:

-¡Que asco! No escribas eso.

Tenía razón de nuevo, de modo que me vi forzado a darle las gracias otra vez.

Pero en fin, sin más preámbulos: centrémonos en la Pompas Fúnebres y su increible historia.

La merecedora de semejante apodo no es otra que Marguerite Japy, más conocida por su apellido de casada: Steinheil, y se lo ganó el 16 de febrero de 1899 cuando le estaba realizando tan excelente y magnífica felación al presidente de la República Francesa del momento, Felix Faure, que el pobre hombre sufrió una congestión cerebral que le llevó derechito a la tumba. Por desgracia para ella, y suerte para nuestra mal disimulada morbosidad, el hecho no pudo disimularse. El servicio acechaba al otro lado de la puerta, algunos de sus miembros escucharon el golpe del cuerpo presidencial al caer agonizante y sus estertores de muerte, irrumpieron en la habitación y encontraron a Madame Steinheil arreglándose la ropa a toda prisa y al eximio estadista con la bragueta todavía abierta. A las pocas horas el suceso corría como la pólvora por todo París y no tardó en alcanzar los teatros donde no se ahorraron chistes ni cancioncillas burlescas imponiéndose desde ese instante el ominoso mote de la Pompas Fúnebres para referirse a Meg, como la apodaban cariñosamente los que la conocían íntimamente y que, según parece, fueron muchos.

De todos modos, ese no fue el único hecho escandaloso ni relevante en la vida de Meg y, ya puestos, conviene que hagamos un breve repaso de su vida.

Marguerite Japy nació en el seno de una acaudaladísima familia protestante en 1869 y dedicó su infancia y la primera parte de su adolescencia a la música, aprendiendo a tocar el violín y el violonchelo. A los dieciseis años entró en sociedad y, prácticamente sin solución de continuidad, comenzó un asuntillo amoroso con cierto joven y apuesto oficial que no contaba ni con fortuna ni con la simpatía de su padre, de modo que este la envió a Bayona en 1889 para poner distancia entre ambos amantes. Y fue peor.

En Bayona conoció Meg al que sería su primer esposo: el pintor Steinheil.

Adolphe Steinheil tenía por entonces cuarenta años y ningún éxito artístico (parece que tampoco demasiado talento), de modo que se ganaba la vida haciendo miniaturas y restaurando vidrieras en las catedrales. De hecho eso estaba haciendo en Bayona, restaurar las vidrieras de la catedral, cuando conoció a Meg, que acababa de cumplir los veinte.

La boda fue casi inmediata y resultó un buen negocio a medias para el pintor que pudo salir de la miseria y del ostracismo artístico gracias al dinero de la familia de su mujer. Meg se aburría en provincias, dejando pasar el tiempo mientras su artístico esposo arreglaba vidrieras medievales y ganaba unos pocos francos con sus miniaturas, de modo que se reconcilió con su padre y consiguió que este le sufragara una vida al nivel al que estaba acostumbrada. Fue así como Meg y su marido recalaron en París y se establecieron en un curioso chalecito cercano a Montparnasse a cuyo salón empezó a acudir toda la buena sociedad parisiense del momento desde Ferdinand de Lesseps hasta Emile Zola  pasando por todo el elenco artístico y cultural entonces en el candelero, lo que, de facto, abrió a Steinheil las puertas de un paraíso intelectual y artístico que hasta entonces le había estado vedado.

La parte mala del negocio no solo era haberse convertido en un notorio mantenido, sino el hecho, esperable por otro lado, de que Meg se aburrió pronto de su bohemio esposo dedicándose a ponerle los cuernos a diestro y siniestro con toda una larga lista de amantes, eso sí: famosos, ricos y poderosos que, en compensación, hacían encargos al pintor.

Entre esos amantes poderosos se contó, por supuesto, el presidente Faure que lo era desde 1895 y que conoció a Meg en Chamonix allá por 1897. Por entonces el presidente, que tenía cincuenta y cuatro  años, llevaba menos de cinco casado con su segunda esposa, Antoinette Berge, que estaba para cumplir los veinticuatro. Meg apenas tenía 28.

Según la costumbre, Adolphe Steinheil, el complaciente marido, enseguida empezó a ser protegido por el poderoso amante de su esposa que le encargó un monumental cuadro patriótico que se expuso y fue premiado en el más prestigioso salón artístico parisino valiéndole semejante obra la concesión de la Legión de Honor concedida por el mismo presidente poco antes del "incidente".

Lo curioso del caso es que después de la mortal felación presidencial del 16 de febrero de 1899, Madame Steinheil no perdió su atractivo para con los hombres (quizá la leyenda que la acompañaba lo aumentó) y, según consta, continuó aumentando su ingente lista de amantes contando entre ellos algunos tan egregios como exóticos (por ejemplo cierto rey de Camboya).

Pero no habían acabado los escándalos en la vida de Meg. Ya hemos dicho que su nombre anduvo durante años en solfa por los teatrillos y cafés-cantantes de París, diremos también que hubo quien rumoreó que en realidad no había finiquitado al presidente Faure con sus artes amatorias sino envenenándolo porque este se negaba a reabrir el polémico Caso Dreyfus.

Apenas empezaba a olvidarla el gran público cuando, menos de diez años después del colapso de Faure en el transcurso de la ya histórica mamada asesina, el 30 de mayo de 1908, su criada se encontró con un espectáculo dantesco cuando bajó de su cuarto en la buhardilla del coqueto chalecito cercano a Montparnasse para hacerse cargo de sus tareas domésticas.

Ese día, contra lo acostumbrado, todas las puertas del piso noble estaban abiertas y se percibía un cierto desorden. Casi de inmediato la criada topó con  Madame Japy, la madre de Meg, que yacía muerta en el suelo, más tarde se supo que a causa de un ataque al corazón. También Steinheil, el pintor, estaba muerto: le habían estrangulado. Meg, sin embargo, apareció viva, atada y amordazada en una cama. Cuando la policía la interrogó declaro que durante la noche habían entrado en la casa tres hombres y una mujer vestidos de negro. Buscaban documentos secretos del presidente Faure relacionados con el Caso Dreyfuss y acabaron asesinando a Adolphe mientras que Madame Japy moría del sobresalto. Pero, curiosamente, Meg no solo estaba viva sino que no mostraba señal alguna de violencia, eso la hizo sospechosa del crimen.

Las sospechas aumentaron cuando a lo largo de los meses siguientes fue contradiciénse más y más en sus subsiguientes declaraciones y cambiando de versión cada vez que era preguntada. Acabó encarcelada y se la juzgó en 1909. Durante el juicio el juez, tras escucharla, le espetó que resultaba evidente que había lanzado una sarta de mentiras al tribunal. Ella no lo negó, se limitó a responder que lo hacía para proteger su vida íntima de mujer...y, cosa de los tiempos, el argumento coló: fue exonerada y marchó tranquilamente a Londres donde acabó contrayendo matrimonio con Robert Brooke Campbell Scarlett, VI barón de Abinger que murió en 1927, a los diez años de matrimonio, dejándola millonaria y con el título de Lady.

Meg murió en su mansión inglesa en 1954, con setenta y cinco años. Sin embargo su presencia en la política francesa perdura, no en vano fue modelo de su marido uno de cuyos encargos fue el de una estatua con los senos desnudos para la que ella posó y que continua instalada en el edificio del senado francés.

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25/01/2011 19:13 disidenteporaccidente Enlace permanente. cosas que pasan No hay comentarios. Comentar.

TOMA DOS TAZAS (LAS CAJAS DE AHORRO Y EL ABUSO DEL DINERO PÚBLICO PARA BENEFICIO PRIVADO)

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 Cada día que pasa comprendo mejor a Catón el Viejo. Recordemos que después de la Segunda Guerra Púnica y durante más de veinte años, cada intervención pública que hacía, fuera ante el pueblo, fuera ante el senado de Roma, la concluía con la misma frase: "Ceterum censeo Carthaginem esse delendam"...algo así como: "Y, por cierto: hay que destruir Cartago." No se trataba de un capricho ni de una obsesión: era una necesidad indeclinable para la supervivencia y la grandeza de Roma. Permitir la pervivencia de Cartago era actuar en contra de los intereses romanos, condenar a la república a su propia decadencia y destrucción. Se sabía que la guerra iba a ser larga y terrible pero afrontarla y ganarla era el único camino del que disponía Roma para continuar su existencia como estado independiente y alcanzar la cima de su poder. No hacer la guerra resultaba más cómodo, más popular, significaba navegar a favor de corriente, pero implicaba, a la larga, la destrucción del estado, por lo tanto no cabía otro camino que lanzarse al combate y así lo estuvo predicando Marco Porcio Catón durante dos décadas hasta que la república hizo aquello que debía y no lo que le resultaba más cómodo. 

 Mi papel, desgraciadamente con mucha menor influencia, viene a ser el mismo: excitar al pueblo a tomar las responsabilidades y las incomodidades precisas y denunciar las políticas erróneas que, a la larga, son destructivas para todos y solo vienen a beneficiar los intereses de especuladores corruptos que deberían ser castigados con la máxima dureza y que, sin duda, lo serían si viviésemos en una sociedad evolucionada, civilizada y decente y no en esta tiranía calvinista y atrasada que llamamos liberal-capitalismo donde precisamente los más ladrones, los más sinvergüenzas, las hienas hediondas, marcan las normas y establecen usos inmorales que, sin embargo, son sancionados por las leyes y los ilegítimos estados surgidos al calor de su perversa y contraproducente ideología, que es la mayor rémora para el progreso humano en todos los campos.

El neoliberalismo es una ideología totalitaria y, lo que es peor, equivocada. Sus mismos fundamentos son falsos y está demostrado científicamente desde al menos mediados del siglo XIX. Sin embargo esos enunciados, evidentemente falsos, que la fundamentan se repiten una y otra vez como verdades incontrovertibles convirtiéndose en los mimbres de políticas económica, ecológica y socialmente desastrosas que siguen enriqueciendo siempre a los mismos, una exigua minoría, mientras perjudican a la mayoría, a todos nosotros.

Las políticas equivocadas tan solo pueden conducir a la catástrofe y es preciso abandonarlas a la mayor brevedad. No sucede así, sino todo lo contrario (en gran medida por la estulticia y la cobardía del pueblo, de vosotros, los que me leéis, que no merecéis siquiera el nombre de ciudadanos ya que os comportáis como siervos, que permite y tolera el dominio de aquellos que, en beneficio propio, y contra el pueblo, imponen dichas políticas una y otra vez.)...

En 2008 cuando los errores de la ideología neoliberal se hicieron mundialmente patentes con la crisis económica de alcance mundial, se nos prometió una "refundación" del capitalismo que en la práctica no era otra cosa que volver al keynesianismo, una forma de sostenimiento de la ideología liberal capitalista que acepta la irremediable inadecuación de la ideología y las formas de dicha corriente estableciendo los adecuados mecanismos de corrección de los desequilibrios inherentes al viciado sistema. Mecanismos que convierten al estado en actor subordinado a los intereses privados del gran capital pero con la ventaja sobreañadida desde las filas socialdemócratas de la implementación de un sistema de bienestar social que benefice al conjunto de la población.

En la práctica esa "refundación" se olvidó pronto y los únicos extremos del keynesianismo que se aceptaron fueron los que beneficiaban al gran capital, a los bancos.

Vemos por doquier como se está demoliendo, sin necesidad, solo por un exacerbado totalitarismo ideológico, el estado del bienestar en un marco donde la socialdemocracia, que alguna vez resultó un instrumento útil, se ha pasado con armas y bagajes al enemigo, a los especuladores salvajes y sin escrúpulos, justificando su traición y su rendición a los intereses de ese gran capital con el argumento del imperativo de los mercados. En una palabra: los bancos y especuladores dictan sus normas y los políticos de toda laya las siguen a rajatabla en lugar de trabajar para el pueblo y frenar los abusos de esa minoría perjudicial y detestable, lo cual les convierte en tiranos y traidores y a los estados liberales en ilegítimos e inmorales.

 Como estamos quietos, callados, llenos de temor e ignorancia en lugar de salir a la calle y exigir el establecimiento de una verdadera democracia, un estado al servicio del bien común y no de una élite de hijos de puta, los designios de esa pandilla de cabrones se están llevando hasta las últimas consecuencias.

Ya en 2008 se vio que la única regulación keynesiana que políticos y financieros estaban dispuestos a poner en marcha era la utilización del dinero público en beneficio de esas élites especuladoras y nocivas partidarias, en cualquier otra circunstancia, de la total desrregulación, es decir: de que el estado no obstaculice sus latrocinios y sucios manejos, que deje de proteger al ciudadano en cuanto productor y consumidor, que lo abandone a su suerte con la privatización de todos los servicios públicos...y que solo intervenga, puntualmente, cuando los excesos y errores de dichos magnates hijos de puta, les lleven al borde de la ruina. Entonces el dinero de todos debe utilizarse para permitir que sigan siendo ricos y jodiendo sin trabas al conjunto de la sociedad.

 Y así seguimos.

En estos días hemos visto como, con la connivencia de los sindicatos mayoritarios (bien domesticaditos desde hace décadas por la oligarquía a través de subvenciones públicas) se han acometido reformas laborales y de pensiones en perjuicio de la inmensa mayoría de los ciudadanos y en beneficio del gran capital extranjero, ahondando nuestra condición de colonia y de siervos, mientras se pretende una reforma de las cajas de ahorros consistente en, por un lado, convertirlas en bancos para eliminar el lastre de la obligación de sus labores sociales, es decir: convirtiéndolas en plenos instrumentos de especulación financiera, y por otro recapitalizarlas con dinero público para que a la postre se beneficien de ello los especuladores privados. A esa jugada algunos cínicos la han denominado nacionalización cuando la nacionalización implica poner el capital privado ilegítimamente adquirido al servicio de la sociedad y no regalar el dinero público para favorecer a los intereses de los especuladores. Se trata, simplemente, de un acto más de la verificación de la política neoliberal: aprovechar el estado para beneficiar a los especuladores al tiempo que se debilita al mismo en cuanto instrumento del bien común y se perjudica al conjunto de la sociedad. Nada que no se venga viendo en España desde las privatizaciones de 1986 y el desguace del sector público abordado por el aznarismo durante su dominio político (véase a este respecto Destruyendo El Patrimonio Común, en estas mismas páginas).

Resumiendo castizamente: ¿No querías arroz?...¡Pues toma dos tazas!

Y sí: debemos destruir Cartago, hoy mejor que mañana.

NOTA.- La fotografía es de Talke Photography.

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28/01/2011 17:53 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.

TUNEZ, EGIPTO...¿EUROPA?

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Si algo han demostrado los ciudadanos de Tunez y están a punto de demostrar los egipcios es que no existe régimen, por muy tiránico que sea, capaz de resistir ante la masiva contestación popular. Y esa es una excelente lección que los europeos debemos asimilar.

Claro: vivimos en nuestra burbuja de cristal creyéndonos superiores a todos los demás, mirando por encima del hombro a naciones que consideramos subdesarrolladas (y que, en efecto, lo son: pero por culpa en gran medida del injusto entramado geopolítico establecido por el imperialismo yanqui del que nuestros países también forman parte como colonias. Es el capitalismo salvaje y el sistema económico establecido en Bretton Woods en 1944 y que consiste en trucar las relaciones económicas mundiales para que la riqueza afluya en una sola dirección: la de los especuladores anglosajones y sus socios de las oligarquías locales, el que ha creado el concepto de tercer mundo y las características que lo describen) y a cuyos ciudadanos, obligados a emigrar, explotamos en nuestros propios países convirtiéndonos en cómplices miserables del gran capital. Y por cierto que deberíamos plantearnos en qué nos convierte apoyar un sistema basado en la explotación, la  estafa y el latrocinio a gran escala porque ello nos permite explotar y robar a pequeña. Pero decía que vivimos en nuestra burbuja europea sin darnos cuenta de que ni somos mejores ni distintos a los demás. Más aún de que el sistema ha abandonado definitivamente la careta utópica (e irreal, nunca existió esa voluntad) de que poco a poco los países pobres irían equiparándose con los ricos. Ahora se trata justo de lo contrario: de hundir a la clase obrera y eso incluye a prácticamente toda la clase media con sus profesionales liberales y sus pequeños y medianos empresarios de Europa, hasta el nivel de los países pobres. No son los chinos o los africanos los que van a vivir como europeos, sino los europeos los que perderemos derechos y capacidad adquisitiva hasta alcanzar los niveles tercermundistas que convienen al gran capital. Mal que nos pese TODOS SOMOS PROLETARIOS en los planes del gran capital y NADA ESTÁ SUCEDIENDO POR CASUALIDAD. La crisis, en la práctica, es una ficción interesada para quebrar definitivamente el estado del bienestar y poner lo poco que resta de la idea democrática del estado como servicio común a la sociedad a los pies de los caballos del neoliberalismo totalitario, de eso que llaman mercados y no es sino un cúmulo de hijos de puta que bien podrían definirse como terroristas sociales. Sabemos quienes son y qué pretenden, no es ningún secreto, de modo que podemos derrotarles tomando conciencia y plantándoles cara.

Decía que nada sucede por casualidad y es así. Todo lo que está ocurriendo obedece a un plan que ni siquiera es secreto. El desequilibrio que se arrastra entre el primer mundo y el tercero desde el final de la segunda guerra mundial es artificial. A menudo se nos habla de los años sesenta y setenta como de las décadas de la descolonización, es mentira: una interesada manipulación de la historia reciente. En realidad fueron los años de la sustitución del colonialismo directo de las metrópolis europeas por el indirecto del capitalismo estadounidense con la particularidad de que la propia Europa (y pujantes naciones de otras partes del mundo como Argentina y otras hispanoamericanas llamadas antes de 1939 a convertirse en grandes potencias y arruinadas después por el capitalismo imperialista yanqui con la triste connnivencia de las oligarquías locales) quedaron también bajo la férula imperial.

Esos regímenes europeos establecidos en 1945 (en algunos paises periféricos como España mucho más tarde aunque la sumisión al imperio procedía de mucho antes) y que nos venden como democracias son en realidad teatrillos con votaciones periódicas en los que siempren ganan los mismos (porque, no me cansaré de repetirlo, da igual quien gane) y todo permanece bien atado en beneficio del gran capital anglosajón y las oligarquías locales a él subordinadas. Del mismo modo que todo está pensado para que la riqueza del llamado tercer mundo afluya sin remisión a las arcas yanquis y de sus socios, todo se mantiene en Europa en beneficio de ese mismo dominio imperial e ilegítimo del que son cómplices culpables las grandes empresas y los grandes bancos y las familias que los poseen y manejan a su antojo a los políticos. Todo es mentira y todo está dispuesto en perjuicio de la mayoría sin que el sistema político establecido sirva en realidad para cambiar nada. Incluso la tan traída y llevada crisis que está resultando en realidad una útil artimañana para doblegar a la sociedad e imponerle las medidas supuestamente indispensables (en realidad fruto de una ideología determinada y encaminadas a fortalecer el dominio de los poderosos y empobrecer al común de la sociedad) para superar una crisis orquestada en gran medida y tan artificial como el sistema económico emanado de Bretton Woods. Lo que está pasando no pasa porque sea inevitable sino porque le interesa al gran capital. Nuestros problemas, las deficiencias de la economía, sus inclongruencias podrían subsanarse de otro modo, de uno que nos beneficiase a todos, más democrático, pero claro: eso impediría el dominio totalitario de los magnates, por eso los títeres políticos que nos gobiernan (sucios traidores, asqueoros mercenarios del gran capital contratado para hacer la santa voluntad de este en perjuicio de la inmensa mayoría de los ciudadanos) tratan de hacernos creer ( y lo triste es que hay una mayoría borreguil que les cree) que las cosas no pueden hacerse de otro modo y que hay que solo existen dos opciones: o sumisión a los mercados o debacle, cuando en realidad, como ya se ha dicho existe otra: más democracia, mayor justicia, mayor raciocionio y equilibrio en las políticas sociales y económicas. Que unos pocos, por muy poderosos que sean, no puedan imponerse a la mayoría.

Los ciudadanos de Tunez y de Egipto se han sublevado hartos de la tiranía y de la corrupción que conlleva. Y no son diferentes a nosotros. Cierto es que les ha tocado una posición peor en el reparto geoestratégico mundial y su posición económica y política es mucho más desesperada que la de los europeos, pero no diferente. Además, es preciso resaltar la hipocresía infinita tanto de los regímenes europeos como de su cabeza rectora, el imperio yanqui, en lo referente a dichos regímenes que han mantenido y alentado con la excusa de la lucha contra el terrorismo (siempre el terrorismo o la moral como excelentes excusas para mantener un imperialismo ilegítimo), piénsense que el dictador de Tunez fue admitido en la internacional socialista por esos mismos partidos socialdemócratas europeos que se fingen de izquierdas pero han abrazado de facto las políticas del gran capital (por ejemplo el PSOE español), o que Mubarak fue durante décadas el ojito derecho de los Estados Unidos y que ahora tanto estos como sus esclavos europeos, ante hechos irremediables, han cambiado de chaqueta empezando a hablar de democracia y de derechos de los ciudadanos sublevados en un claro intento de reconducir las revoluciones hacia regímenes partitocráticos bien domesticados como son los europeos. Para, en suma, mantener el dominio y el status quo cambiando la cara del dominio con el fin de que este persista.

Nosotros, los europeos, somos víctimas de las mismas manipulaciones y mentiras, de la misma gentuza. Disfrutamos de un capitalismo atenuado por el keynesianismo mientras el imperio yanqui temió a la Unión Soviética, la consigna desde 1991 es aplastar el estado del bienestar europeo y arrastrarnos a una situación tercermundista y a ella se han aplicado nuestros propios gobiernos en la práctica tan corruptos e ilegítimos como las tiranías tercemundistas porque no trabajan en la defensa de los intereses del pueblo sino de los intereses del gran capital. No existe en realidad diferencia entre Mubarak o Merkel: son dos títeres del imperialismo anglosajón, del capitalismo salvaje...y lo mismo indeseables como Aznar o Blair...Europa vive un totalitarismo capitalista y una sumisión al imperio yanqui mal disimulada por votaciones periódicas entre opciones que no suponen diferencia alguna. Jamás se toleró que la disidencia llegara al poder en la democracia liberal (piénsese en la red gladio, sin ir más lejos). En la práctica las "democracias" europeas son poco más que repúblicas bananeras y es preciso que vayamos tomando conciencia de ello.

En suma: Europa también necesita librarse de sus tiranos y la lección del norte de África es que el pueblo, unido, puede quebrar cualquier tiranía y labrarse un destino nuevo.

Así que Tunez, Egipto...¿y Europa?...

 

NOTA.- la fotografía es de Sebastiá Giralt

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