Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2010.

LA INMENSA ESTUPIDEZ DEL CATALANISMO.

Cualquiera que haya seguido estas páginas o que conozca mínimamente mi pensamiento político, sabe de sobra que me opongo frontalmente al centralismo "españolista" generado por la oligarquía liberal mesetaria durante el siglo XIX. En España el ideario, la organización territorial y la legislación liberal son un exotismo impropio, contraproducente y en todo contrario a la idiosincracia política española que es plural aun dentro de la unidad y pasa, indefectiblemente, por el reconocimiento y la vigencia social e institucional de la historia, la cultura y el sentimiento territorial.

España no es, ni puede ser, la Castilla sometida a la corona, latifundista y ultracatólica, que se inventaron los Austrias ni su heredera realmadridista implementada por los señoritos surgidos al socaire de los desórdenes institucionales devengados de la nunca tan denostada cuanto se debe constitución de Cádiz.

España solo puede ser España en la diversidad coordinada de sus territorios y su historia. Esto es así y es la idea que se defiende constantemente en estas páginas.

Por desgracia el liberalismo y el auge de las oligarquías surgidas a su sombra nos ha dejado monstruos diversos con los que lidiar en las Españas. Uno, evidentemente, la oligarquía centralista. Otros, no menos perjudiciales y nauseabundos, las oligarquías periféricas y su nacionalismo de vía estrecha inventado para mantener sus privilegios territoriales, y enfrentarse a la oligarquía articulada en torno a Madrid.

Ambos, el nacionalismo "españolista" de la oligarquía mesetaria y los nacionalismos separatistas de las periféricas son monstruos similares generados por la indebida implantación del liberalismo anglosajón en la historia constitucional consuetudinaria española. Monstruos que deben ser combatidos y aniquilados para retornar a la verdadera vía hispánica.

Curiosamente, se da el caso que esos nacionalismos inventados por las oligarquías periféricas en el XIX para defender sus intereses frente a Madrid y sus privilegios sociales (así como su ideología conservadora) frente a sus propias poblaciones, han adquirido en el XX, y mantienen en el XXI, un envoltorio (el fondo, por mucho que disguste a los nacionalistas radicales que se creen de izquierdas es siempre burgues y derechista) con apariencia de izquierdismo y progresismo cristalizando a menudo en partidos que se reclaman de izquierdas y olvidan el ingrediente internacionalista, básico para luchar contra el capital, sustituyéndolo por un localismo que, en la práctica, sirve tan solo para mantener los privilegios de las oligarquías locales.

Eso sucede tanto en Galicia como en las Provincias Vascas cuanto en Cataluña y otros lugares de la geografía patria.

Pero en estos días tenemos un ejemplo especialmente llamativo y nocivo precisamente en Cataluña a cuenta del Estatut. Ejemplo que demuestra, sobre todo, y como enuncia el título de este artículo la inmensa estupidez del catalanismo, especialmente de aquel que se disfraza de izquierdismo.

En un momento como este, tan crítico, en el que la sociedad entera, más allá de cualquier frontera existente o imaginaria, está sufriendo una ataque brutal, salvaje y planetario por parte del capital. En un momento en el que más que nunca hay que unirse por encima de fronteras, de patrias reales o supuestas, de siglas y de consideraciones mezquinas. En un momento como este, el catalanismo militante demuestra su estrechez de miras, su estúpido paletismo, su supeditación a los intereses de la oligarquía local que es tanto como decir al capital internacional, desviando la lucha por la unidad en la defensa de los intereses generales del pueblo, de todos los pueblos, en aras de las conveniencias institucionales de unos pocos apoltronados escondidos tras discursos reaccionarios (los de la oligarquía local por mucho que se tiñan de izquierdismo aparente) y en todo caso irrelevantes frente al crítico momento mundial.

La cosa es tan grave, y tan estúpida, que da incluso lugar a esperpentos tristemente cómicos, como el hecho de que en una manifestación, como la habida el otro día en Barcelona, en la que se trata de reclamar los derechos de la clase obrera, que no es de aquí ni de allí sino un todo sometido a los designios mundiales de unos intereses globales de explotación y latrocinio, los muy memos saquen una pancarta nacionalista. ¿Cataluña es una nación?...¿y qué, imbéciles? la lucha es y solo puede ser internacional. Si no comprendéis eso, no comprendéis nada. Y desde luego carecéis por completo de formación izquierdista.

Por cierto que Cataluña no sería nada sin la enorme inmigración andaluza, murciana y de otras partes de España. El catalanismo fue siempre, en el contexto social, el marchamo de identificación de la burguesía catalana explotadora de los despreciados charnegos. Que estos o sus descendientes, que deberían haberse impregnado de conciencia social en lugar de falsa conciencia nacional, asuman los presupuestos ideológicos de sus explotadores no tiene nada que ver con el izquierdismo, tan solo con un profundo complejo servil que se identifica con los puntos de vista de sus amos.

Naturalmente que España debe articularse pluralmente desde el respeto a la cultura y la historia de sus diferentes elementos constituyentes. Pero ahora urge la unidad, ocuparse de lo fundamental para después preocuparse de lo accesorio. Hacer lo contrario es simplemente estúpido.

Y el catalanismo militante, convertido en una especie de secta retroalimentada por sus propias pajas mentales y conducido por politiquillos de tres al cuarto más pendientes de evidenciar lo superficial que de atender a lo fundamental, está demostrando, desde hace mucho, pero en gran medida estos días, un enorme, inmenso, grado de estupidez autosuficiente.

Los políticos de Madrid son un asco, los de Barcelona, por desgracia, muchísimo peores.

Y, para que nadie se llame a engaño: yo soy aragonés y tengo todavía peor concepto de los políticos de Zaragoza que de los de Barcelona. Pero ese es ya asunto para otro artículo.

PD- Eso que llamáis Senyera es el Signo Real de Aragón, recuerdo permanente de que los condados catalanes jamás constituyeron una unidad orgánica y que en cualquier caso acabaron formando parte subordinada no de la corona catalano-aragonesa, invento espúreo de la historiografía catalanista, sino del Reino y posterior Corona de Aragón. Lo digo más que nada por precisión histórica. Ya que los catalanistas sois proclives a alterar la historia e incluso la geografía a vuestra conveniencia dentro de unos esquemas de imperialismo de vía estrecha que os convierten en pequeños nazis regionales.

 

Etiquetas: , , , ,

01/07/2010 16:20 disidenteporaccidente Enlace permanente. disidencias No hay comentarios. Comentar.

¿REGULAR EL DERECHO DE HUELGA?¿AHORA?...¿CASUALIDAD?

20100703060823-mr-beaver.jpg

Estos días recuerdo mucho a cierta anfitriona que conocí. Cuando la visitabas, siempre te sacaba una enorme bandeja de galletas y te incitaba a comer. Pero en cuanto osabas coger la primera, recogía la bandeja. Hacía la oferta por falsa cortesía, pero acababa pudiéndole la realidad: su tacañería.

Algo muy parecido sucede en los modernos estados "democráticos": nos dicen que somos libres y que tenemos derechos pero en cuanto empezamos a querer ejercer la libertad o a materializar nuestros supuestos derechos, descubrimos enseguida que nos retiran la bandeja, que ni somos tan libres ni tenemos tantos derechos ni están dispuestos a dárnoslos. Es decir: que la propaganda de las autoproclamadas democracias occidentales, dentro de ese tan alabado como mendaz "sistema de libertades" que es el liberal-capitalismo, es absolutamente falsa.

Ni somos ciudadanos ni somos libres ni tenemos derechos, cosa que la práctica demuestra bien a las claras.

Vivimos en un sistema totalitario y autoritario organizado para favorecer los intereses de los ricos y poderosos. Esa es la única verdad. De vez en cuando se nos tolera alguna protesta aislada dirigida por sindicatos domesticados a fuerza de subvenciones y poco más. Pero la tolerancia del estado ante la disidencia y la protesta disminuye exponencialmente en cuanto la cosa va en serio. No hace falta que insista mucho en ello. Me remito a los ejemplos del artículo de estas mismas páginas titulado: "¿Criminales, no activistas?"...el capitalismo es un sistema totalitario de explotación que no tolera la crítica y mucho menos el activismo, aunque sea reformista. Su verdadera cara se muestra en los momentos en que es seriamente cuestionado. Entonces recurre indefectiblemente al fascismo, a la dictadura y a la represión salvaje para protegerse. A la historia del siglo XX me remito.

Ya expliqué en el artículo citado, que vivimos en medio de una guerra de cuarta generación que tiene como finalidad última preservar e incluso aumentar el poder y la riqueza de los que ahora gobiernan realmente el mundo en detrimento de todos los demás. Expliqué también que una de las armas de ese tipo de guerra es la utilización de la legislación para criminalizar al disidente, al descontento, al que protesta.

Por eso me pregunto, al ver que al gobierno y a los partidos les entra prisa por reformar el derecho de huelga precisamente ahora ¿es casualidad?...

...Y os respondo: en absoluto. Estamos en guerra, y va siendo hora de que nos demos cuenta de ello. 

NOTA.-la foto es de Mr.Beaver.

Etiquetas: , , , , , , , ,

EL NACIONAL-CATOLICISMO SE RETRATA

20100704201241-yosi.jpg

 A Unamuno le dolía España, a mi me cansa y me irrita a partes iguales. Ese constante revolcarse en el lodo de la historia, ese no avanzar, esa omnipresencia de lo más oscuro y detestable de nuestro pasado, ese perdurar del peor de los inmobilismos, ese perpetuarse del sectarismo religioso más integrista...que en pleno siglo XXI tengamos que seguir dándole vueltas a los mismos problemas sociales, políticos y de progreso y libertad que en el XIX...cansa, harta y enfurece.

España tiene un gravísimo problema pendiente con dos componentes básicos: una oligarquía mediocre, paleta y fundamentalista (en la defensa de sus privilegios y de sus creencias sectarias) y la poderosa secta que vertebra su ideología aprovechándose de esa preeminencia para disfrutar de un poder ilegítimo e inmoral que ha disfrutado en todos los órdenes de la vida. En conjunto ambos problemas reciben el nombre de nacional-catolicismo. Y no por casualidad.

Fue la iglesia católica la que se inventó el corporativismo fascista a partir de la mal llamada encíclica social De Rerum Novarum destinada a perpetuar el oscurantismo religioso dentro de un marco de sumisión a los intereses de las clases altas expresado en un sistema social y político radicalmente clasista y autoritario que se expresó en su plenitud después del golpe de estado de 1936 y la sangrienta cruzada fascista que extendió sus asesinatos y torturas hasta 1975. El franquismo no fue una anécdota histórica, un paréntesis entre dos periodos democráticos, fue la destilación perfecta del maridaje de la teocracia católica con la ficción hispánica de las oligarquías mesetarias, apoyadas en este punto por gran parte de las periféricas cuya naturaleza ideológica, fuera del puro y simple localismo, nunca fue diferente a las centralistas. 

 Y todo ello nos podría traer sin cuidado si en España hubiéramos avanzado algo desde 1975, pero no ha sido así. El nacional-catolicismo sigue ahí, enquistado en el poder político, económico y social, manipulando el país y amenazando con retomar abiertamente las riendas conduciéndonos de nuevo a los años 50 del siglo XX, a lo peor del franquismo que algunos añoran, aplauden y tratan de recuperar. El peligro existe, es claro y acuciante, por ese motivo conviene analizarlo, evidenciarlo, ponerlo delante de los ojos de aquellos menos formados o prevenidos y en estos días de julio de 2010- ¡2010 y seguimos como en 1956, como en 1923, como en...!-se han presentado los acontecimientos de tal modo, tan sin rebozo, con tanto descaro y obscenidad mediática, que podemos decir que el nacional-catolicismo, esa abominación política y social, se ha retratado a la perfección haciendo posible que lo mostremos al público sin excesivas complicaciones.

Procedamos, pues.

Podemos empezar constatando el hecho indiscutible de que en un país en el que miles de familias siguen teniendo a sus familiares desaparecidos, enterrados de cualquier manera en cunetas y en fosas comunes cerca de donde fueron fusilados por los asesinos golpistas al servicio de la iglesia y las oligarquías afines, donde el primer juez que ha tenido el valor de intentar, no ya castigar a los culpables o sus herederos, sino, simplemente, permitir el entierro decente de esos ciudadanos asesinados por los fundamentalistas cristianos y los señoritos de siempre (que se caracterizan a la par que por su estulticia por su fundamentalismo) ha sido defenestrado y tenido que marchar al exilio. Un exilio bien pagado, es cierto, en una prestigiosa institución, pero exilio al fin y al cabo. En un país que tiene que soportar semejante ignonimia, en el que los asesinos y sus instigadores eclesiásticos tienen todavía la desvergüenza de presentarse como víctimas perseguidas, como los buenos (cuando fueron ellos quienes se sublevaron sin otra intención que asesinar vilmente a sus detractores para mantener sus privilegios y establecer una teocracia más estricta) la iglesia católica se permite el lujo de insultar al pueblo, a la democracia y a la verdad histórica, dedicándose a canozizar a sus "mártires" a los que presentan como víctimas de la persecución religiosa cuando, y hay que recordarlo constantemente, fueron ellos quienes se sublevaron para imponer su criterio teocrático fascistoide a una sociedad que comenzaba a despertar y avanzar hacia su liberación.

El mensaje es claro: en España prima y se hace cumplir con dureza, la versión maniquea y falsa del nacional-catolicismo en la que los golpistas asesinos son los buenos y aquellos a quienes ellos asesinaron son los malos. Y cualquiera que trate de restablecer la verdad es perseguido, combatido, aniquilado, porque el nacional-catolicismo no es en este país un residuo pestilente de la historia reciente sino un poder real que domina en el mundo militar, judicial, económico y político. Aquí nos guste o no seguimos siendo franquistas por la gracia de dios. Ellos hicieron una cruzada redentora y son los buenos (y los que mantienen privilegios ilegítimos) y todos los demás somos los malos. Querer una democracia verdadera en España es adorar al diablo, ser un pervertido...y lo han dejado muy claro al perseguir a Garzón. En España, por la gracia divina del nacional-catolicismo, los ciudadanos decentes asesinados por la iglesia y sus adléteres siguen enterrados en las cunetas y sometidos al olvido, los asesinos golpistas son héroes y serán santos.

Bien es cierto que una sociedad que calla y tolera semejantes insultos (sea por connivencia con los asesinos, sea por pura ignorancia o desidia) se merece que le pasen estas cosas. Porque el toro de España al que clamaba Miguel Hernandez, lo he dicho ya en alguna ocasión y desgraciadamente tendré que repetirlo, hace tiempo que se convirtió en un borreguito bobo, conformista y cobarde. Porque los españoles, amigos míos y convecinos, gritáis y os acaloráis mucho cuando se trata de ganar un campeonato de fútbol, pero vivis callados y con la cabeza agachada cuando se trata de luchar por cosas importantes. Os habéis convertido en simples esclavos...ergo ya no sois españoles y constituís una vergüenza histórica.

Pero la desfachatez del nacional-catolicismo no queda ahí, llega, por supuesto, mucho más lejos.

Andan ahora, otra vez, sublevados contra la ley del aborto acompañados por sectarios aún más nauseabundos y peligrosos que ellos, cual son los evangelistas (indeseables fundamentalistas que solo la nociva ideología liberal, tan incompatible con el progreso humano, ha dejado prosperar en estas tierras). Se presentan, haciendo uso de su habitual hipocresía y su acostumbrada santa desvergüenza, como defensores de la vida cuando en realidad se limitan a defender preceptos puramente religiosos. Para esta gente, enferma de superstición teocrática, la vida es obra de su dios y por lo tanto un concepto superior a cualquier otra consideración como la dignidad, la calidad de vida o el pleno desarrollo personal. Para ellos, como la vida la da dios solo él puede quitarla y si esta vida es miserable a causa de malformaciones o enfermedades, debe soportarse como voluntad divina.

En otras palabras: que por sus absurdas creencias, que siempre tratan de imponer al conjunto de la sociedad impidiendo su progreso hacia parámetros racionales de organización social y formación personal, condenan al sufrimiento a millones de personas y cercenan la libertad de la sociedad toda.

Y ello con dos agravantes: que esa intromisión en las libertades personales y en las leyes de sociedades que siempre adolecerán de déficit democrático mientras toleren la interferencia teocrática en su legislación, va destinada a defender el absurdo, irracional y obsoleto, así como incompatible con la evolución de la especie (véase Evolución y Familia Cristiana en estas mismas páginas), modelo de familia cristiano, un modelo de raigambre teocrática que atenta directamente contra la libertad y la pluralidad de los ciudadanos y sus decisiones personales.

La segunda agravante mencionada es todavía más siniestra y tiene que ver con eso que publicitan como "redes de apoyo a la maternidad y a las adopciones como alternativa al aborto" que nos retrotraen directamente al bien montado y omnipresente sistema de extorsión y robo de niños que el nacional-catolicismo habilitó desde los inicios del franquismo (sino antes) con la finalidad de arrebatar los niños a las madres en situación de exclusión social (provocada por el mismo nacional-catolicismo mediante leyes injustas de cariz religioso y una injustísima organización social autoritaria y favorecedora de la injusticia y la explotación que sigue constituyendo su ideario político) y redistribuirlos, mediante lucro, entre "familias bien", es decir, integrantes de la oligarquía y sus adléteres: integristas católicos beneficiados económica y socialmente por la situación política. Se ha investigado muy poco, por no decir nada, ese oscuro capítulo de nuestra historia en el que curas y monjas, parasitando hospitales que obraban como lugares de caridad y no como servicios públicos, se dedicaron abiertamente al tráfico de niños abusando de la debilidad de mujeres pobres y a menudo estigmatizadas por las leyes franquistas. Ello entra directamente dentro de los crímenes contra la humanidad y tendrían muchas explicaciones que dar, pero claro, si las familias de los fusilados por ellos no pueden ni siquiera reclamar los cuerpos de sus deudos sin ser perseguidos, qué podemos esperar con respecto a estos sucios crímenes.

Pero hay que decirlo alto y claro: la iglesia católica no solo abusó de miles de niños sometidos a su control y ejercitó con ellos todo tipo de violencia, injusticias y aberraciones sexuales, también es culpable del robo de muchos recién nacidos y del tráfico con ellos. Y algún día será preciso exclarecer esos crímenes y castigar severamente a sus responsables sean directos sean institucionales.

Por si lo dicho fuera poco, resulta que, como era esperable, los herederos políticos directos del nacional-catolicismo, los tipos del Patido Popular, pestilente reencarnación del franquismo en nuestros días, utilizan su poder territorial para desconocer las leyes nacionales. Ello sucede porque no sirven al pueblo, ni siquiera al estado, sino a su secta y, como hemos visto en otros artículos, a los intereses imperialistas del capital extranjero al que está subordinada la oligarquía española, cosa que les convierte abiertamente en traidores al pueblo y a España. Enemigos de la evolución social democrática, radicales incompatibles con la vida institucional de una verdadera democracia y perjudicialísimo cáncer de corrupción. Porque los casos de corrupción de todos estos políticos democrata-cristianos, es decir: sectarios del nacional-catolicismo, que no solo militan bajo la bandera de la gaviota sino bajo otras de índole regional, en beneficio de la iglesia, entendida no como conjunto de creyentes sino como entidad anónima, piramidal y jerárquica defensora de unos intereses económicos y políticos facticos concretos, es decir: en cuanto secta peligrosa y destructiva, son la norma en toda nuestra geografía. Cualquiera puede reunir varios casos flagrantes en su ciudad y en su comunidad sin pensar demasiado. Todo ello multiplicado a escala nacional nos da una idea exacta del monto de esa corrupción generalizada a favor de la secta católica que se multiplica a su vez por mor de los privilegios económicos y politicos que todavía se le conceden por ley y que deben ser eliminados a la mayor brevedad y desde luego no extendidos a otras sectas igualmente nocivas y peligrosas como pretenden los torpes y derechistas progres, quintaesencia del liberalismo más absurdo y ridículo, que componen los equipos dirigentes del PSOE.

Pero no acaban ahí los desmanes sectarios del nacional-catolicismo español que en estos días se han manifestado públicamente. Por desgracia podemos seguir acumulándolos.

Uno de los más queridos privilegios de cualquier secta semita es el de influir en la "educación" de los jóvenes, es decir. en su adoctrinamiento puesto que las funciones educativas de dichas sectas se basan en el control mental y en el lavado de cerebro a fuerza de vender como verdades indiscutibles sus fantasías mitológicas y teocráticas, imponer sus desviados valores morales como paradigma de lo bueno y de lo normal e inclulcar en sus víctimas la idea de pecado que les permitirá manipularlos y controlarlos el resto de su vida. Ya el emperador Juliano, que conocía muy bien el peligro que esa gentuza representaba para la juventud y hasta que punto significaban una forma de corrupción de los jóvenes (y no me refiero aquí a los constantes abusos sexuales asociados a la prepotencia autoritaria de la institución eclesiástica, sino a una corrupción efectiva, nuclear, del criterio personal hasta su total enrarecimiento y desviación de la naturaleza y la razón) prohibió no solo que los cristianos se dedicaran a la enseñanza, sino incluso que se acercasen a los jóvenes.

Sin embargo estos sectarios, no solo los católicos, todos los procedentes de la superstición semita que son igual de siniestros y perjudiciales, tienen una querencia especial por la infancia y la juventud. No resulta difícil de comprender: las ideas que se inculcan en una personalidad sin formar son las que a la larga perduran y permiten la manipulación del individuo. Por ello deberían reeditarse en todos los países verdaderamente democráticos las cautelas de Juliano. No se hace así por la sencilla razón de que no existen verdaderas democracias sino sistemas parlamentarios de cariz liberal que toleran e incluso fomentan el intrusismo sectario. Lo que habitualmente conocemos como democracias occidentales son en realidad formas degradadas de teocracia semita donde las diferentes sectas se mueven a sus anchas imponiendo sus puntos de vista al conjunto de la sociedad, impidiendo su evolución y corrompiendo más o menos directamente a los jóvenes.

Eso es especialmente palpable en España, donde sigue permitiéndose la poderosa presencia de la iglesia católica en la enseñanza y se pretende, para disimularla, abrir campos similares para otras sectas igualmente destructivas como los evangelistas o los musulmanes. Es decir: en lugar de erradicar un mal evidente se pretende, bajo la excusa de la neutralidad religiosa del estado (que es en sí misma culpable), extenderlo y diversificarlo.

Pues bien, decíamos, que el nacional-catolicismo tiene entre sus designios más queridos controlar la formación (en este caso: deformación) de la infancia y juventud para con ello mantener su preeminencia y sus privilegios en el futuro.

De ahí que la secta católica, dedique enormes esfuerzos para conseguir ese objetivo crucial para su supervivencia. Y entre esos esfuerzos no son los menos peligrosos aquellos propagandísticos que tratan de presentar dicha influencia como algo normal, masivo e incluso deseable. Me refiero a eventos tales como las llamadas Jornadas Mundiales de la Juventud que precisamente entre el 16 y e 21 de agosto del 2011 se pretenden celebrar en Madrid con el inconcebible permiso del gobierno (en una democracia real jamás se permitiría un acto así) con el patrocinio de numerosas empresas españolas y la culpable connivencia de sus timoneles, egregios representantes de las élites nacional-católicas que todavía dominan este país.

Élites, no lo olvidemos, a las que debemos el desmantelamiento del sistema del bienestar, la pérdida de derechos sociales, la crisis, la burbuja inmobiliaria, nuestra sumisión a intereses extranjeros...todo aquello que nos debilita y nos perjudica. Gente a la que solo puede tenerse por traidores al pueblo, individuos supeditados como tales y como clase a los intereses del capital imperialista anglosajón y a los de la secta en que militan. Tipos, por lo tanto, indeseables e incompatibles con una España verdaderamente democrática.

Y coincide que en el evento del 2011 se dan gran parte de los factores denunciados en este artículo como propios del perjudicial dominio de nacional-catolicismo en este país. En las Jornadas Mundiales de la Juventud a celebrar en Madrid el año que viene, el nacional-catolicismo se retrata con absoluta nitidez: utilizando los recursos del estado para permitir un acto propagandístico de una secta destructiva y perjudicial para la sociedad, avalando a una secta culpable de crímenes contra la humanidad desde sus mismos inicios y que tiene las manos ensangrentadas desde siempre pero especialmente, hablando de España, desde 1936 y que tiene la desfachatez de enaltecer y santificar a sus asesinos y los cómplices de estos mientras niega que las familias decentes recuperen a sus muertos, asesinados por ellos. Generando enormes gastos suntuarios cuando para todo lo demás se recurre al recorte (no hay dinero para pensiones o educación pública  pero sí para fastos eclesíasticos) y todo ello con la connivencia del estado, de los partidos turnistas y el apoyo de una oligarquía causante de todos los males de la sociedad y que no aparece aquí como un ente abstracto sino con nombres y apellidos bien concretos.

Hay gente como Emilio Botín (del Santander), César Alierta (de Telefónica, antigua empresa pública privatizada para beneficio no del pueblo sino de los especuladores patrios y extranjeros) Antonio Vázquez (de Iberia, tres cuartos de lo mismo), Borja Prado (de Endesa, idem), Baldomero Falcones (de FCC), Juan Miguel Villar-Mir (de OHL), Gerardo Díaz Ferrán (presidente de la CEOE, defensor del abaratamiento del despido, de la pérdida de derechos de los trabajadores y empresario con dotes y maneras sobradamente conocidas), grupos como PRISA, El Mundo, Vocento...

En resumidas cuentas, que no ha cambiado nada desde 1975, lo que quiere decir que no ha cambiado nada desde 1876 y que seguimos en pleno turnismo caciquil con una indebida preponderancia de la iglesia en la vida ciudadana.

Dicho de otro modo: necesitamos cambiar ya, evolucionar, hacer saltar por los aires el nacional-catolicismo dominante, hacer pagar con la máxima dureza a sus representantes todos sus crímenes contra la libertad y el pueblo y, en resumidas cuentas: instaurar una república verdaderamente democrática hoy mejor que mañana.

NOTA.-la fotografía es de Yosi

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

CUBA...¿LIBRE?

20100713194828-david-shankbone.jpg

Si la alternativa al castrismo en Cuba es la iglesia católica, su ideología fundamentalista, capitalista y corrupta, un nacional-catolicismo a la cubana, mal vamos si es que deseamos una Cuba libre y verdaderamente democrática. Si la alternativa al castrismo en Cuba son los furibundos franquistas partidarios de Bush acantonados en Miami, mal pinta el futuro de isla tan hermosa y país tan entrañable desde este lado del Atlántico. Si la alternativa al castrismo en Cuba es la instauración de un turnismo bipartidista al modo de las mal llamadas democracias occidentales en las que el capital sea el verdadero poder en la sombra atacando los derechos sociales del pueblo engañado con la irrelevante ceremonia de votaciones periódicas que nunca cambian nada, mal anda el futuro de Cuba.

¿Es Cuba libre?...probablemente, no. ¿Lo será con las alternativas expuestas que son una y la misma? Con toda seguridad: no.

NOTA.- la fotografía es de David Shankbone.

Etiquetas: , , , ,

13/07/2010 19:48 disidenteporaccidente Enlace permanente. disidencias No hay comentarios. Comentar.

DESTRUYENDO EL PATRIMONIO COMÚN.

20100713064254-spaceninja.jpg

¡Qué bonito lo de la Roja!¡Qué bonito lo del Mundial de fútbol!¡Qué emotivos cantos a la unidad y a la colaboración!¡Cuanta bella alusión a España como "marca en alza" como "pueblo que puede conseguir grandes metas"!...cuanta mentira. Nos siguen vendiendo humo narcótico cuando no habilmente alucinógeno y nosotros nos lo fumamos encantados, sin percatarnos de la realidad que nos rodea, de los intereses de aquellos que nos emboban con bonitas imágenes de rojo hipnótico mientras nos sodomizan ladinamente...es el viejo truco de la chica de grandes senos y atrevida camiseta que se deja magrear en el autobús o el ascensor mientras su socio nos roba lindamente la cartera.

Por ello, porque seguimos muy necesitados de grandes dosis de realidad, de información, de percatarnos del terreno que pisamos y puesto que el humo (ya sea el de los éxitos deportivos, ya el de los estúpidos enfrentamientos territoriales, ya el opiáceo de la religión o los dogmas económicos vendidos como "necesidades ineludibles") nos hurta  la vista, es preciso que, dejando atrás la resaca de la celebración de algo en la práctica tan irrelevante como haber ganado un campeonato deportivo, aterricemos y tentemos el terreno que pisamos mientras nos siegan la hierba bajo los pies.

Nos están vendiendo algo que no existe, que ellos mismos (políticos, banqueros, caciques de toda laya supeditados a los intereses extranjeros) llevan casi treinta años destruyendo, malbaratando, arrebatándonos del mismo modo que nos están robando el futuro. Seamos realistas por un momento y analicemos qué están haciendo con esa España que, es evidente, todos (menos ellos) llevamos en el corazón y que ha dejado de ser nuestra, que han enajenado no siempre al mejor postor para beneficio de unos cuantos y perjuicio general.

Nada de lo que está sucediendo actualmente en la economía es inevitable, necesario y ni siquiera casual, esa es la gran mentira a la que nos someten para manipularnos. Corresponde todo a una muy concreta doctrina político-económica que tiene como finalidad última desarticular los estados y debilitar a las sociedades que estos deberían proteger, para de este modo poder imponer los intereses de la oligarquía hegemónica sobre los de unos pueblos reducidos a la nada, a simples individualidades impotentes frente a los poderosos. En la práctica se trata de un regreso consciente a las épocas oscuras de la formación del feudalismo cuando, destruido el imperio romano, el estado y el derecho se privatizaron (instituyéndose la ley del más fuerte, no lo justicia) y los individuos, desprovistos de cualquier personalidad jurídica y en un marco general de inseguridad y parcelación étnica (el intenso aumento de la inmigración está lejos de ser inocente, responde siempre a una estrategia para debilitar la unidad social) debían buscar la salvación con el sometimiento a los poderosos de turno. Ahora el gran capital busca generar un marco similar: anular al estado como entidad protectora y gestora de los intereses de la sociedad y desarticular esta para que al individuo no le quede otro remedio que someterse sin condiciones a los dictados de los poderosos pasando de ser un ciudadano con derechos a simple esclavo al que explotar y exprimir. Ese es el juego que el gran capital y nuestros políticos, vendidos al mismo, están jugando desde hacer treinta años y es bueno que lo sepamos, que adquiramos conciencia de ello.

Comenzó todo a mediados de los setenta, cuando tras diez años de deriva hacia una sociedad mejor, más libre y más justa a la que, en Europa, se estaba llegando por los cauces institucionales y democráticos: la revolución de 1968 abrió un esperanzador periodo de evolución hacia la verdadera democracia y la efectiva justicia social dentro del esquema keynesiano, los representantes del gran capital decidieron lanzar una campaña reaccionaria, un ataque brutal y directo contra todos los avances conseguidos en Europa desde 1945 y, sobre todo, desde 1968. La idea era desmantelar a la sociedad organizada que avanzaba en la dirección de liberarse del poder fáctico del imperialismo liberal-calvinista anglosajón e imponer en Europa los mismos parámetros económicos, sociales y políticos que regían en Estados Unidos: imposición de una moral ultraconservadora en un marco de economía desrregulada, es decir: en la que nada se oponía a las maniobras abusivas e indebidas de los poderosos. Sistema que, no lo olvidemos, sobre generar miseria (para que unos pocos acumulen hasta el disparate muchos deben perder incluso lo imprescindible) es el causante de crisis cíclicas que empobrecen más a los que ya son pobres ayudando a concentrar la riqueza y el poder en los que ya los poseen. En otras palabras: que si permitimos que resuelvan esta crisis a su gusto la próxima, dentro de diez o quince años, será mucho peor, más profunda y significará el fin definitivo de nuestros derechos sociales tan duramente adquiridos mediante décadas de lucha y tan malbaratados por nuestra generación, llena de estúpidos, ignorantes, cobardes y conformistas.

Decíamos que a mediados de los setenta el gran capital inició conscientemente la demolición de los estados democráticos europeos que en su evolución desde 1968 amenazaban con zafarse definitivamente de su control económico, social, moral y político.

Si hemos de fijar una fecha de inicio de esta reacción puede ser muy bien la de 1976, que vio la consagración de Milton Friedman y la Escuela Económica de Chicago como paradigmas doctrinarios indiscutibles del mundo económico-político donde la consigna era la destrucción del keynesianismo solo tolerado en Europa después de los tratados de Bretton Woods (1944) como prevención frente al avance socialista.

1976 es el de la llegada al puesto de primer ministro de Francia de Raymond Barre,bajo la presidencia derechista de Giscard d ’Estaing, comenzando un feroz periodo de represión social (relanzamiento de la censura, por ejemplo) y de neoliberalismo económico derrotado, en cualquier caso, dados sus evidentes excesos, en 1981, con la llegada al Elíseo de Miterrand. Fue, sin embargo, un aldabonazo a tener en cuenta. La guerra había comenzado.

La continuó Margaret Tatcher después de alcanzar el poder en Inglaterra en 1979 contando con el inestimable apoyo desde 1981 de Ronald Reagan. La receta era sencilla: imponer un criterio moral ultraconservador basado en el talibanismo semita (en este caso de corte cristiano) y aniquilar los estados europeos privándoles de su condición de reguladores económicos y sociales para poner a las indefensas sociedades a los pies del gran capital todo ello procurando, además, quebrar la unidad étnico-cultural de los diferentes países, mediante políticas masivas de inmigración que generasen división.

Enseguida, toda Europa, dirigida por políticos corruptos al servicio del gran capital siguió esa misma política. Francia, de nuevo en manos de la derecha, se lanzó a ella en 1986, Italia en 1992...Alemania secundó con entusiasmo dichas políticas pero sin acabar de seguirlas. No en vano es una potencia económica a cuyas oligarquías capitalistas les conviene retener un amplio margen de maniobra para competir con las anglosajonas. Y, además, en aquellos momentos, con el país dividido, la amenaza del comunismo estaba demasiado cerca. Debían andarse con pies de plomo.

España no fue una excepción. El Felipismo, con toda su parafernalia obrerista, era en realidad una infiltración del neoliberalismo más salvaje y radical en un país siempre sometido al imperialismo anglosajón primero mediante la dictadura franquista, desde 1975 con la reconstrucción del sistema turnista-canovista y caciquil que todavía padecemos y que consagró la vergonzosa constitución de 1978.

Aquí las privatizaciones comenzaron en 1985, en relación directa con el ingreso en la Unión Europea y con la excusa de la reconversión y de mejorar la gestión de las diferentes compañías y se hicieron de manera algo más que culpable, porque el estado no solo se desprendió de patrimonio común, de empresas públicas rentables a menudo vinculadas a sectores estratégicos, sino que además lo hizo sin ingresar dinero en las arcas, antes al contrario: regalándoselo a las empresas privadas. Un caso proverbial es el de SEAT que en 1986 se regaló a Volkswagen después de haber invertido 340 000 millones de pesetas en modernizarla y mejorar su eficiencia. Ese tipo de privatizaciones reprochable, irresponsable cuando no abiertamente criminal, se extendió hasta 1991 y tuvo efectos catastróficos.

No solo se debilitó el estado, su capacidad económica y su capacidad de regulación económica dentro de nuestras fronteras así como de proyección exterior, también contribuyó a la entrada de enormes montantes de capital extranjero que, lejos de significar inversiones efectivas en la riqueza y el desarrollo nacional, sirvieron para convertir al estado, y por ende a la sociedad, en rehenes de los intereses del gran capital extrangero que mueve su dinero en nuestro país con objetivos globales, es decir: sin que le importe lo más mínimo España ni su sociedad. En otras palabras: la política de privatizaciones felipistas (consistente en reformar con dinero público empresas públicas que luego simplemente se regalaban a inversores privados, a menudo extranjeros) sirvió para empobrecernos de hecho y ponernos en manos de los especuladores y tiburones financieros nacionales y extranjeros. Supuso, pues, un atentado en toda regla, una traición directa al pueblo y a España que algún día deberá cobrarse.

Se da además la circunstancia de que las multinacionales tienden a concentrar las actividades con mayor valor añadido y mayor índice de desarrollo (I+D, alta dirección, diseño, marketing...) en sus sedes centrales convirtiéndo a sus tentáculos en otras naciones en simples piezas secundarias, prescindibles y dependientes. Con lo cual, cualquier privatización lleva aparejada la periferización del país que la emprende. En otras palabras: al entregar la propiedad y el poder de decisión sobre un bien económico español a una empresa extranjera se contribuye a convertir a España en un país secundario, en una provincia, en una zona sin capacidad de decisión sobre su propio futuro. Y eso se estuvo haciendo durante todos los años ochenta del modo que ya se ha dicho: gastando dinero público en reflotar y modernizar empresas públicas que luego se regalaban a inversores extranjeros.

Además, cuando una multinacional adquiere una empresa local, no suele estar interesada en esta sino en, primero, quitarse del mercado un rival y, segundo, hacerse con sus redes de distribución nacionales y sus carteras de clientes con lo cual la riqueza real que representa esa empresa, sus equipamientos, su capacidad de producir materiales comercializables y de crear empleo, acaba siendo desmantelada. En ese sentido puede pensar el lector en cuantas veces ha visto plantas de empresas españolas en poder de multinacionales cerradas con fútiles pretextos dejando a comarcas enteras sin recursos y mandando al paro a centenares o miles de personas...y luego tienen la desvergüenza de decirnos que el paro lo genera la rigidez del despido...en esto, como en todo, nos mienten, nos manipulan, nos traicionan y nos perjudican conscientemente para beneficiar a un cúmulo de hijos de puta con traje, corbata, yates, mansiones y coches de alta gama. Y lo triste es que nosotros les dejamos hacer, calladitos y obedientes. ¡Qué triste!...

Es más: las multinacionales establecen precios internos de intercambio de componenetes y productos entre sus filiales que alteran el mercado beneficiando sus intereses pero perjudicando los generales. Ejemplo: si usted fabrica tornillos y las multinacionales que los compran disponen de filiales que los fabrican y se los venden a precio de costo, usted, en el mercado libre, verá bajar el precio de sus tornillos, anulado su margen de beneficio y, finalmente,  irá a la quiebra aumentando el número de parados con los empleados que deje en la calle. Tal es el precio real de las privatizaciones, y sus consecuencias que cada día, es evidente, padecemos más agudamente.

Pero la cosa no terminó en 1991, a partir de 1992 empeoró.

Con la excusa del Plan de Convergencia, que apuntaba ya al euro, en el fondo un medio discreto de poner la economía europea, especialmente la de los países menos fuertes como España, bajo el dominio monetario y financiero de Alemania que de ese modo alcanzaba una largamente deseada hegemonía convirtiendo en colonias efectivas a los estados de la Unión dentro de un marco político que ya era un designio conservador e imperialista en la fundación misma de la Comunidad Europea, en la práctica no otra cosa que la creación de un amplio espacio de circulación libre de capital para favorecer la acumulación del mismo en pocas manos y con ello del poder en detrimento de la independicia económica, social y política de los diferentes estados. Dicho de otro modo: un ataque en toda regla del neoliberalismo salvaje contra el estado con la finalidad última de desproteger rápidamente a las sociedades europeas desestructurándolas con la inmigración (no otra cosa sucedió en los años 50 y 60 en Alemania con la llegada de italianos, españoles y turcos y no otra cosa sucede en todas partes con la llegada de los inmigrantes que sean) y doblegándolas, sin descorrer el telón de la representación nacional y parlamentaria, a los intereses del gran capital. En efecto, todo el cuento de la Unión Europea no es sino una maniobra para destruir los estados nacionales en beneficio del imperialismo capitalista, de ahí que los neoliberales persigan con tanta saña y denigren constantemente el nacionalismo, única fuerza que, asumiendo un contenido netamente social, puede enfrentárseles.

 Decíamos que el Plan de Convergencia, con la excusa de acortar los diferenciales macroeconómicos (que rara vez coinciden con la realidad social y de la economía efectiva) mediante la contención del déficit público, inició una nueva ola de privatizaciones, en este caso mediante la obtención de beneficios que sirvió realmente para poco. En primer lugar los beneficios fueron mucho más escasos de lo que pudiera esperarse y, en segundo, el dinero que viene fácil, se dilapida mucho más fácilmente, máximo en un escenario tercermundista e infame de corrupción generalizada.

Además de lo dicho, ha de tenerse en cuenta que lo de la disminución del déficit era apenas una excusa, lo que latía detrás de las privatizaciones posteriores a 1992 era algo mucho más sucio, criminal incluso (y espero que algún día los responsables paguen muy cara su culpa), que conviene explicar con absoluta nitidez.

Detrás de esas privatizaciones se encontraban los intereses de los grandes bancos españoles, que buscaban hacer negocio con ellas, especialmente el BBVA y el Santander (en ese contexto no debe extrañarnos la oportuna intervención política de Banesto en 1994 que tenía una doble virtud, eliminar un competidor emergente de los bancos susodichos y una figura como la de Conde que aspiraba a desbancar a Aznar como cabeza de la derecha turnista, y, por cierto, nos presenta bajo otra luz la intervención de Rumasa en 1983, cuando convenía tener activos que privatizar para hacer negocios) que oficiaron culpablemente como sumos sacerdotes tanto de las privatizaciones como de la nefasta burbuja inmobiliaria cuya explosión todavía padecemos.

Ambos bancos, BBVA y Santander, jugaron con las privatizaciones a generar plusvalías: compraban a bajo precio, de ahí que los beneficios obtenidos por el estado fueran escasos, y luego vendían caro o muy caro obteniendo grandes beneficios a costa de la malversación del patrimonio común de España. Junto a ellos se beneficiaron en sumo grado los llamados bancos de negocio (nidos de especulación del mismo modo que los "convencionales" lo son de usura) que asesoraban y hacían de intermediarios en todas estas lucrativas operaciones. Fueron estos los que crearon lobbys influyentes y se ocuparon de generar toda una presión mediática que publicitaba lo que les convenía callando lo demás, que sigue haciéndolo.

Además de lo dicho, los gestores de ese desmantelamiento del estado sucedido a partir de 1992 buscaban la aplicación en España de la doctrina Thatcheriana del capitalismo popular: canjear los derechos sociales como la sanidad, la educación o las pensiones por la posesión de pequeñas carteras de acciones. Esto puede parecer razonable e incluso deseable pero encierra una trampa evidente: el pequeño inversor carece de la información adecuada y de la necesaria capacidad de maniobra, recurre por lo tanto a los asesores privados que trabajan de consuno con las grandes entidades financieras acumulando mediante su "asesoramiento" grandes masas de dinero con las que especular sin que el pequeño inversor tenga que salir necesariamente beneficiado. De hecho la actual crisis demostró desde el principio que dicho sistema solo beneficiaba a los grandes suponiendo una estafa generalizada para los pequeños. Es decir: que los grandes bancos, con el permiso del gobierno, no solo especularon y malversaron con bienes públicos indebidamente entregados al sector privado sino que, además, estafaron consciente y culpablemente a los pequeños inversores que, ignorantes hasta el fin, se dejaron y se dejan manipular como corderillos timoratos y estúpidos.

Evidentemente, todos los aspectos adversos para la economía del país y para los ciudadanos que describimos en el primer periodo de privatizaciones, se intensificaron en este segundo, agravándose por el hecho del fomento de la burbuja inmobiliaria, las estafas bursátiles y el endeudamiento generalizado del sector privado todo ello promovido de mala fe con la única intención de desmantelar al estado, robar al pueblo, arrebatarle su protección y establecer el dominio absoluto del gran capital.

Y quiero insistir en ello: bancos, especuladores y políticos corruptos, actuaron de mala fe pudiendo ser acusados directamente de ladrones, estafadores y traidores al pueblo. Yo lo hago desde aquí y clamo por su castigo...

Pero la cosa todavía podía empeorar y, por supuesto, lo hizo después de que en 1996 el felipismo cayera en desgracia cediendo el paso al aznarismo.

El aznarismo es la más salvaje y despreciable evolución de la ultraderecha española, verdadera encarnación de las nuevas formas y relaciones de la oligarquía franquista encastrada a causa de la llegada de capital extranjero y la consiguiente provincialización de España en los engranajes ideológicos y estratégicos del gran capital anglosajón. Las privatizaciones acentuaron la condición de España como colonia y quienes detentaban el poder financiero y económico, los que se habían hecho todavía más ricos y poderosos con el malbaratamiento del patrimonio común de los españoles, habían entrado con más fuerza en las redes clientelares de las élites hegemónicas adoptando sus intereses, sus maneras y su ideología. No otra cosa es el aznarismo sino el franquismo pasado por el neoliberalismo ultraconservador anglosajón y sometido a él como se demostró en la reunión de las Azores y la subordinación de España a la criminal política imperialista de los Estados Unidos, lo que convierte de facto a Aznar y a quienes le siguieron y ayudaron en traidores a España y en criminales de guerra. Pero dejando eso aparte, es bueno que analicemos esta tercera fase de privatización del patrimonio común español.

Hay que decir que el aznarismo actuó rápido y con criterios claros llegando incluso a privatizar el ejército que al convertirse en profesional pasó a ser un instrumento al servicio de los intereses de la oligarquía dejando de ser un instrumento de defensa del pueblo. Siempre ha sido así: un ejercito popular acude allí donde le interesa al pueblo, uno de mercenarios a donde le conviene a quien le paga que en este caso es el estado, pero ya sabemos que quienes rigen el estado no están al servicio del pueblo sino del capital extranjero. Ya se preveía una etapa de agresiones imperialistas en beneficio de los amigos de Bush, que deseaban controlar el petróleo de Iraq y los oleoductos presentes y futuros de Afganistán, de ahí que Aznar suprimiera rápidamente el servicio militar, haciéndose eco de campañas demagógicas que ya se habían venido potenciando desde mediados de los ochenta, convirtiendo el ejército español en una entidad de mercenarios (soldados profesionales) que podría hacerse servir allí donde conviniese a la oligarquía dominante, es decir: donde quisiesen los amos de la misma. Se acentuaba de este modo la condición de colonia de España con respecto al gran capital hegemónico mundial.

En lo tocante a las privatizaciones de empresas el aznarismo, con los mismos argumentos que el último felipismo, los procedentes de Bruselas, las abordó furiosamente y del modo más infame que imaginarse pueda. Volvió a jugarse, no podía ser de otro modo, a generar plusvalías: se vendía muy barata la empresa de turno a amigos políticos y se permitía que estos revendiesen a precios altísimos, lo que de hecho está tipificado como prevaricación. Y hay que decirlo: todos los gobiernos españoles desde 1985 han practicado la prevaricáción conscientemente y en beneficio de grupos económicos muy definidos que han adquirido un poder enorme e impropio a costa del empeoramiento de las condiciones sociales y laborales del conjunto del pueblo. Un pueblo lerdo e ignorante que aplaude y vota a los mismos que le roban y que le traicionan sabiendo muy bien lo que hacen.

En fin, el caso es que el aznarismo malversó lo que restaba del patrimonio industrial del estado español teniendo la desfachatez de "vender" en la mayoría de los casos las empresas a sus equipos directivos, a quienes ellos mismos habían colocado allí con criterio político, a sus delegados para que estos se beneficiaran especulando con un bien que había sido público y que se había privatizado sin necesidad. Todo ello, por supuesto, sin dejar fuera del negocio a los bancos.

Así, en muy poco tiempo, se liquidó, con las excusas ya expuestas, los sucios métodos ya conocidos y las pésimas consecuencias sociales y económicas de siempre, lo que restaba del patrimonio industrial español. Sin entrar en mayores detalles, me limitaré a hacer una pequeña lista anual de lo vendido para que el lector adquiera una perspectiva adecuada del fenómeno:

1996: Gas Natural, Sefanitro.

1997: Almagrera, Sodival,Surgiclinic plus, Sodisa, Auxi,Elcano, Ferroperfil,Aceralia...y otras, incluyendo dos de las más lucrativas y estratégicas: Repsol y Telefónica.

1998: Inespal, Infoleasing, Irima...y otras incluyendo dos joyas de la corona, dos empresas fundamentales en el entramado económico español: Endesa y Argentaria.

De ahí, de este desmantelamiento del estado surgió el tan cacareado superhábit conseguido por el gobierno de Aznar que, como ha venido sucediendo constantemente desde 1992 con este tipo de operaciones, fue parco (se vendió siempre a bajo precio para favorecer el negocio de los "amigos" en el sector privado) y se esfumó muy rápido, como sucede siempre que se vende un bien generador de riqueza sin sustituirlo por otro. Es bien sencillo de entender: si usted tiene una tienda y la vende dispone de un dinero que puede gastar en lo que quiera, quizá en adquirir una vivienda, pero ha perdido una fuente regular de ingresos, más modestos, pero constantes. Eso mismo sucedió con las privatizaciones: subió momentáneamente la cuenta pero se acabaron los ingresos. En resumen: pan para hoy (y para unos pocos) y hambre para mañana (y para la mayoría, que es lo que estamos viviendo).

 Pero el proceso de privatización del estado no terminó con la pérdida de poder del aznarismo. El Zapaterismo ha continuado con ella. De hecho cualquiera que llegue al gobierno dentro del sistema turnista vigente está sometido al indebido poder adquirido por el gran capital en España a causa de una política criminal y culpable impuesta desde fuera en relación con nuestro ingreso en la Unión Europea y la implementación del euro (de ahí que uno de los espectáculos más tristes que ha ofrecido España sea la masiva aprobación del Tratado de Lisboa en referendum sin que quienes votaron sí supieran ni siquiera lo que estaban aceptando. Se votó por consigna, como verdaderos borregos ignorantes...y ese es el gran problema de España: la enorme ignorancia de quienes se consideran ciudadanos sin ser otra cosa que masa)...

Con Zapatero hemos visto la imposición del Plan Bolonia, que no es otra cosa que la encubierta privatización de la universidad pública. La imposición de la TDT, que no busca otra cosa que beneficiar la capacidad de codificación de canales por las empresas televisivas privadas a las que se beneficia además dejando a la televisión pública sin publicidad y cuya autorización en 1990 no fue sino un aspecto más de la privatización generalizada de los servicios públicos. Hemos visto tantas cosas...y ahora, últimamente, la Ley de Cajas que, bajo la excusa de la modernización, consiste básicamente en dejar que los bancos y el gran capital en general se hagan con ellas. En otras palabras: más de lo mismo. Y ya conocemos cual es el resultado final y quién sale perjudicado.

O cambiamos de rumbo ya, o vamos a la ruina (salvo los bancos y el 1% de ricos que se benefician de este tipo de políticas).

España, para ser de los españoles, debe acabar con el turnismo canovista y caciquil consagrado por la constitución de 1978, con la sumisión al gran capital extranjero dentro de la Unión Europea, que deberá demolerse desde la izquierda para generar una entidad nueva al servicio de los ciudadanos y no de los bancos y multinacionales, juzgar y castigar durísimamente a toda la clase política corrupta de estos últimos treinta años, ejercer una activa política de nacionalizaciones y colectivizaciones y una evolución social y moral que se aleje de los esquemas de la superstición semita avanzando hacia otros basados en la razón y la libertad.

¿Será difícil?...Por supuesto, no van a dejarse derrocar tan fácilmente. Pero el poder es nuestro, si nos atrevemos a reclamarlo. La alternativa ya la habéis visto en este artículo: caminar poco a poco hacia la esclavitud.

NOTA.-La fotografía es de Spaceninja y refleja fielmente la verdadera naturaleza de nuestros políticos y sus amos en la sombra.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

17/07/2010 07:00 disidenteporaccidente Enlace permanente. economía No hay comentarios. Comentar.

ABSURDAS CANCIONES HIPNÓTICAS DEL CINE ESPAÑOL- I

Hete aquí que en medio de ese duermevela "tourístico", causado por ciertas etapas del Tour de Francia, la buena comida, el pacharán y eso que una antigua criada andaluza llamaba "la caló", traspuesto en el sofá dejándome mecer por ese inconmensurable placer veraniego que va todavía más allá del dolce far niente...tuve un amago de absurda pesadilla cinematográfica que llegó de no sé dónde para inquietarme, despertarme conmovido y hacerme pedir el café (con hielo) a gritos.

Me encontraba en esa fase de la siesta en que la baba precede al sonoro ronquido que devuelve al mundo de los vivos cuando me encontré dentro de un coche rodeado de señores de mediana edad cantando una absurda e hipnótica cancioncilla que decía así: "tenemos un defecto, tenemos un defecto...¡que nos gustan las gachís!"...

-¡Leñe!-me dije, soy muy fino cuando despierto sobresaltado de la siesta-¡Qué sueño tan raro!

Y consideré que, de tener psicoanalista, este encontraría muy interesante y significativa semejante ensoñación de sobremesa. Casi de inmediato, ya en plenitud (o prácticamente) de mis facultades, caí en la cuenta: me había venido a la mente una escena de cierta película de los setenta intitulada Lo Verde Comienza en los Pirineos. Dirigida en 1975, si no recuerdo mal, por Vicente Escribá.

Fue entonces cuando comprendí que existen canciones que acaban calando, no se sabe muy bien por qué, en el inconsciente y marcando de por vida al inocente y desprevenido espectador. Es indiferente que la película sea mala o buena, que la canción tenga calidad o no...el hecho es que se instala en el disco duro cual virus malintencionado y perdura durante décadas emergiendo cuando menos cabe esperarlo, incluso en medio de una siesta veraniega.

Repasé entonces, mentalmente, cuantos de estos malwares cinematográfico-musicales me anidaban y elaboré una lista con la que no aburriré al lector pero que abarca desde ignonimias musicales (y a veces cinematográficas) como la banda sonora de La Garbanza Negra, Que En Paz Descanse y su obsesiva cancioncilla:"Obdulia, Obdulia, Obdulia..." o el inicio "musical" de Las Dos y Media y Veneno hasta piezas como Cuarenta Grados a la Sombra, Porque te Vas, de Cría Cuervos y otras que quizá vaya acumulando en este muladar de obsesiones que llamo blog.

Al menos mientras esté vago, "estivalítico" y sin ganas de hacer nada serio.

A fin de cuentas, es julio...

Etiquetas: , , , , , , ,

26/07/2010 18:35 disidenteporaccidente Enlace permanente. babayadas No hay comentarios. Comentar.

ABSURDAS CANCIONES HIPNÓTICAS DEL CINE ESPAÑOL-II

Por no hablar ya de Gracita Morales cantando aquello de "Para llegar a vampiresa hace falta preparación" en Operación Cabaretera, creo recordar. O lo de "Love, Love, Love" interpretado por los Hippiloyas en Ser Hippie Una Vez Al Año No Hace Daño...

Y, claro, con esta clase de obsesiones se entiende que cierta joven y preciosa periodista en la que pienso mucho más de lo que debiera (anda ahora viviendo con un tipo bien enchufado en la empresa de su papá) insistiera en llamarme friqui mientras se asomaba a la pantalla de mi ordenador por encima de mi hombro, justo antes de reír traviesa y besarme cariñosa.

Ah, sí, la recuerdo muy a menudo, su melena castaña agitada por el viento, sus deliciosas formas femeninas, su ternura, su humor cáusticamente inteligente...

...La recuerdo...pero por alguna extraña razón esa dulce remembranza se contamina inopinadamente con otro recuerdo mucho más cutre.

¿Por qué, en esta tarde de finales de julio al pensar en ella se me cruza el recuerdo del Cisne Capitolino contándome que las aureolas de su novia de entonces, una presentadora de cierta televisión local andaluza, eran como lonchas de mortadela mientras yo le daba conversación para distraerle en tanto el Pequeño Copacabana, ese mandril insaciable, se fugaba con la tetuda indivídua que ambos se disputaban en aquel congreso literario de hace ya más de un lustro?...Quizá porque estábamos en un local nocturno, actuaba un grupo musical infame (Doctor Tua y los Licenciados) y tengo el recuerdo hipnótico de la única fan del grupo, una oronda, orondísima, cincuentona embutida en un vestido de lentejuelas que bailaba enloquecida mientras el canoso cantante nos invitaba a gritos a afiliarnos al partido comunista...

Sí, como decía, si tuviera psicoanalista este estaría seguramente muy contento con todos mis traumas, que no son pocos ni leves. ¡Qué triste es la vida!

Etiquetas: , , , , , , ,

26/07/2010 18:35 disidenteporaccidente Enlace permanente. babayadas No hay comentarios. Comentar.

UN ACTO DE PROFUNDA INCULTURA.

20100729125426-bizantine.jpg

Conste que soy antitaurino, y lo soy desde que con cinco años mi padre, que en su juventud, antes de ingresar en el ejército y muchísimo antes de dedicarse a negocios ruinosos y a la pintura figurativa, fue torero, me llevó a la primera corrida de toros en la plaza de la Misericordia de Zaragoza, con sus doscientos años a cuestas.

Ello no obstante, solo puedo calificar lo sucedido en el parlamento catalán, la prohibición de las corridas de toros en dicha región (sí, región, nada de nación), con la frase que da título a este artículo: un acto de profunda incultura.

¿Por qué?...por muchos y variados motivos que trataré de resumir, hace calor, estamos a últimos de julio y no tengo demasiadas ganas de trabajar.

Por supuesto, y como más evidente, por la motivación última de dicho acto: el deseo del trasnochado y provinciano (hay que decirlo: son un hatajo de paletos) nacionalismo catalán de distanciarse de los símbolos de España y de recibir palmaditas en la espalda de los amos anglosajones. De hecho es triste ver como el complejo de inferioridad (los de superioridad propios del nacionalismo indebido siempre esconden profundas carencias) de esa gente les lleva a convertirse en monos de feria que saltan en su jaula de oro cuatribarrada para recibir el aplauso de un distraído público colonialista al que prefieren complacer en lugar de asumir su indiscutible españolidad y caminar hombro con hombro con el resto de los pueblos de España. Nada hay más despreciable y patético que un catalanista intentando parecer "europeo" cuando, por cierto, Europa se forjó en el Mediterráneo y la koiné norteña que ahora parece la referencia cultural no es sino fruto del provincianismo oscurantista del clero centroeuropeo que se inventó el protestantismo como reacción taliban frente al renacimiento. Seguir ese código de "civilización" es apostar por la prolongación de la barbarie. España, y esta denominación incluye a todos sus pueblos, debe seguir su propia senda, atender a su verdadera naturaleza que no hunde sus raices en el protestantismo ni en sus derivados ideológicos (liberalismo, capitalismo...)

E incluye también esta verdad a los ecologistas españoles, tristes progres sin ideas propias que en este punto, como en muchos otros (la importación del feminismo ultraconservador anglosajón que están imponiendo nuestras incultas ministras "socialistas"), se limitan a mimetizarse con la ideología dominante, imperialista, procedente de los núcleos de poder sin pararse a analizarla críticamente ni mucho menos contextualizarla en el universo hispano que habitan. Y el asunto de los toros es uno de esos en los que más se demuestra la estulticia del elemento progre-liberal que con su estupidez profunda resulta a menudo más dañino que el derechismo más rancio y agresivo.

Que un guiri, que en su cultura ancestral nunca ha tenido nada que ver con los toros (al contrario que los mediterráneos, y remito a antiquísimas pinturas cretenses, a mitos y datos históricos de la más absoluta antigüedad) no comprenda lo que sucede en un encierro o en un ruedo, pase. Que un español se sume a su ignorancia es, simplemente, ridículo. Y puede aplicársele el mismo cuento que líneas arriba dedicábamos a los nacionalistas catalanes. Igual de paletos que estos son los eco-progres, mimetizándose con ideas anglosajonas absolutamente incompatibles con España y que nacieron, entre otras cosas, contra España.

Pero es que, además, es demostrar una profunda ignorancia ecológica, sobre el medio ambiente autóctono.

Por ejemplo: ¿a algún eco-progre se le ha ocurrido pensar qué ocurriría con el toro de lidia de cesar esta?...Se trata de un endemismo, de una especie única que solo se ha mantenido gracias a la lidia, a los encierros, a las vaquillas y demás suertes de la tauromaquia. Prohibirlas es condenar la especie a su extinción, llevar a la desaparición toda una raza bovina autóctona y atentar gravemente contra la diversidad biológica (y cultural) del mundo. En otras palabras: hacerle el caldo gordo al imperialismo globalizador anglosajón. ¿Se puede ser más memo y más contrario a las propias ideas e intereses?...insisto constantemente en estas páginas : los progres, con su ignorancia y su falta de criterio, son una plaga social mucho peor que los derechistas.

Otro pequeño asunto a considerar: resulta que los toros de lidia se crían en la dehesa, en un ecosistema que desaparecería de no existir ese uso económico. Y son 500 000 hectáreas. Medio millón de campos de fútbol que se arrumbarían a la desertización o la expansión del ladrillo y los campos de golf, mucho más dañinos para el medio ambiente que todas las corridas de toros de la historia. Ergo apoyar el prohibicionismo taurino representa no solo ir contra la propia cultura, lo cual ya es de por sí estúpido y despreciable, sino contra los intereses ecológicos no solo de España sino del mundo.

El papel de cualquier ecologista consciente de España es explicar a los incultos y horrorizados guiris esta realidad y, en última instancia, enseñarles que nosotros no tenemos por qué regirnos ni en esto ni en nada, por los criterios anglosajones, que son quintaesencia de la barbarie e incompatibles con el progreso social, cultural y moral de la humanidad. Desgraciadamente no existe atisbo de pensamiento independiente en España tan solo un vergonzoso mimetismo procedente de la incultura más absoluta lo que lleva a actos, como el comentado, de profunda y total incultura.

PD-(a 6 de agosto de 2010).- Un pequeño y curioso dato para la reflexión. Leo en la prensa catalana del día que la Diputación de Tarragona presenta la nueva plaza de toros de Tarragona recién remodelada. Los responsables políticos afirman que aunque podrían hacerlo hasta el 2012 no van a celebrar en ella ningún festejo taurino porque la plaza mira hacia el futuro y no hacia el pasado. Bien. Ha quedado amortizada, a pesar del inmenso gasto público, como escenario de la odiada fiesta española. Incluso, con un cateto espíritu modernizador le han cambiado el nombre. Ya no es la plaza de toros de Tarragona sino la TAP, la Tarraco Arena Plaza ¿cabe mayor y más estúpido mimetismo con los Estados Unidos?...Prohibimos los toros y nos ponemos un nombre que imite el de los estadios americanos, eso es modernidad y reivindicación de la cultura catalana...¡Paletos!

NOTA:- la fotografía es de Bizantine.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,