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MÁS TONTO QUE ABUNDIO

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Suele decirse: "Eres más tonto que Abundio que cuando fue a vendimiar se llevó uvas para el postre". Agotando de este modo en sí mismo el tema dando una explicación lógica y plausible a la primera parte del dicho que, de otra manera, quedaría en el aire con la constante pregunta: ¿por qué era tan tonto el tal Abundio?...Sin embargo este refrán completo es fruto de la tradicionalización del original "Más tonto que Abundio" y consecuencia última del olvido del verdadero origen de la locución proverbial.

Para conocerlo debemos retrotraernos a la Córdoba del siglo IX.

En aquel tiempo la mayor parte de España se encontraba bajo el dominio político del Emirato, pronto Califato, de Córdoba, estado nominalmente musulman pero fruto, más  que  de una escueta invasión yihadista, de una guerra civil entre godos donde triunfó un modelo de gobierno: el aparentemente islámico, que bajo la pátina coránica permitía el desempeño de una informal libertad de creencia que beneficiaba en grado sumo a los restos nunca apagados del todo del primitivo arrianismo godo y, permitía, sobre todo, escapar a la mayor parte de la población de las leyes emanadas de los Concilios de Toledo, leyes en la más pura tradición de dominio eclesiástico que legitimaban la servidumbre del pueblo y dividían la sociedad en una clase dominante compuesta por nobles que debían supeditarse a los obispos y abades y una clase dominada sin libertades ni horizontes. El establecimiento del emirato supuso, de facto, una liberación para gran parte de la sociedad. Máxime cuando una oportuna conversión al islam, sobre disolver el peso del dogma cristiano y sacar de la servidumbre, libraba a priori del pago de impuestos.

La parte mala era que grupos árabes y bereberes aliados de los vencedores en la guerra civil alcanzaron la península y trataron de aprovechar la situación en beneficio propio constituyéndose en una nueva oligarquía basada en la doctrina coránica, cosa que trajo numerosas guerras y que jamás consiguieron plenamente.

Puede afirmarse que hasta la invasión de los almohades Al-Andalus distó mucho de ser un país verdaderamente islámico y mucho menos dogmático. Es cierto que los califas Omeyas, cuya legitimidad dinástica dependía de la aceptación del islam como religión, hicieron lo posible por asentarlo y promocionarlo, pero se trató de un proceso lento y poco efectivo. Bastaba, a lo largo de los siglos VIII, IX y X, hasta la dictadura de Almanzor, con ser discreto y respetar públicamente la ideología del trono para poder vivir con libertad y tranquilidad.

 La instauración del emirato de Córdoba supuso en la práctica un beneficio tangible para varias generaciones de españoles.

Naturalmente no faltaban los fanáticos, tanto entre los musulmanes como entre los cristianos. Especialmente entre estos últimos que persistían en unas leyes y en unos usos sociales y dogmáticos que se habían demostrado sobradamente perjudiciales para el conjunto de la sociedad.

Pues bien, a mediados del siglo IX, se extendió entre los mozárabes (españoles cristianos dentro del estado nominalmente musulman) una absurda fiebre martirial semejante a la que ahora vemos en los terroristas suicidas del integrismo musulman.

El estado, oficialmente islamico, debía castigar a quien injuriase a Mahoma. Pero esta norma no se aplicaba con radicalismo ni vesánicamente. Bastaba con un simple acto de contricción pública para salir del paso sin ni siquiera tener que pagar una multa. De hecho la cuestión religiosa en el Al- Andalus de aquella época era tan poco relevante que conocemos casos, y no pocos, de personajes con hasta tres nombres: uno islámico para desempeñar sus labores públicas, especialmente al servicio del emir o califa, otro de origen romano para asistir a título privado a la iglesia y el germánico de índole familiar. Se comprenderá que en ese contexto el integrismo en cualquier sentido se veía con desagrado y representaba una amenaza real para la convivencia general. Una convivencia pacífica basada en convencionalismos públicos, hipócrita si se quiere, pero infinitamente mejor que los fanatismos exacerbados que podían verse al norte de los Pirineos o en Oriente.

Así las cosas, cuando impulsados por obispos y abades fanáticos, una minoría de mozárabes radicalizados en su fe comenzaron a insultar pública y conscientemente a Mahoma negándose después a retractarse y obligando a los poderes públicos a terminar ejecutándolos, tanto los inductores como los candidatos a mártires fueron vistos con desprecio y preocupación en todo Al-Andalus, incluyendo a la mayoría de los mozárabes que eran moderados.

 Por lo tanto en 852, el obispo de Sevilla, Rocafredo, convocó un concilio en el que se decretó que buscar obstinadamente el martirio como lo estaban haciendo algunos exaltados equivalía a un suicidio y, en consecuencia, el mártir, lejos de serlo e ir al cielo, se condenaría definitivamente en el infierno. No por ello se amedrentaron los fanáticos, encabezados por el alucinado obispo Samuel de Córdoba y el no menos fanático San Eulogio que cuenta como corona de gloria, entre otras bonitas perlas, el haber llevado a la muerte a una joven, Leocridia, hija de padres musulmanes a la que convirtieron al cristianismo entre él y la monja Liliosa induciéndola a escaparse de su casa. Una vez detenidos y solucionado el problema, allá por el 859, el futuro santo y ciudadano mucho menos que ejemplar, fue conducido ante el emir para una de las usuales y civilizadas retractaciones. Se lo dijeron bien claro: "pronuncia una sola palabra y luego sigue la religión que te plazca"...él se empeñó en seguir con sus insultos a Mahoma y acabó siendo mártir y arrastrando al martirio a la incauta jovencita. Un ejemplo más de lo peligroso que resulta el fanatismo para el conjunto de la sociedad, especialmente si se basa en la superstición semita.

El caso es que Samuel de Córdoba contradijo el concilio de Sevilla con otro celebrado en su sede en el 857 y que desde el 858, los benedictinos francos, que enviaron a uno de los suyos, Usuardo, a comprar reliquias de mártires a Córdoba (En 859 el propio Carlos el Calvo enviaría para lo mismo a otro monje: Mancio) y ejercer de agitador, les alentaron en su demencial actitud generando, de paso, un lucrativo mercado de reliquias al que se sumaron también los reyes de Asturias.

En semejante contexto tiene lugar la anécdota de San Abundancio, sucedida en 854.

Abundancio era uno de tantos fanáticos seguidores del obispo Samuel de Córdoba y San Eulogio. También él le acabó costando la vida a un joven musulman al que catequizó (San Abdalá) y también él tuvo su oportunidad de retractarse. De hecho le dieron nada menos que once ocasiones y en todas ellas la cagó. Claro, acabó ejecutado y, salvo en los círculos más radicales, la opinión general sobre su actitud fue clara: el tipo era tonto.

De ahí surge la expresión "ser más tonto que Abundio."

Ah, por cierto, su festividad se celebra (no se le debe confundir con otro San Abundancio, italiano del siglo V) el 11 de julio y es patrón, si no recuerdo mal, de la villa cordobesa de Hornachuelos que pasa por ser su patria chica.

 

 

 

NOTA,. la foto es de Orange County Girl.

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01/01/2010 12:16 disidenteporaccidente Enlace permanente. palabras, dichos No hay comentarios. Comentar.

COPYRIGHT Y DECADENCIA CULTURAL

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Tratan de convencernos de lo contrario hablándonos constantemente de libertad y poniendo ante nuestros ojos periódicas parafernalias electorales pero lo cierto es que el capitalismo liberal es un sistema totalitario dentro del cual solo hay lugar para una visión del mundo. Lo vemos cada día cuando se trata de abordar los problemas causados por esa misma ideología y forma de hacer y ver el mundo (léase la crisis, por ejemplo) sin reconocer los fallos del propio sistema ni tener en cuenta otras recetas que aquellas que proceden de la ortodoxia liberal-capitalista por mucho que la experiencia haya probado reiteradas veces su incompetencia como solución. Ello hace que muy a menudo, demasiado a menudo en realidad, la presión propagandística de los poderes establecidos que controlan los medios de comunicación nos dificulten la adquisición de una perspectiva objetiva sobre la realidad. Tan solo existe la subjetividad conveniente a los intereses dominantes casi siempre en conflicto directo con los intereses generales y una de las características que definen como totalitario el sistema es, precisamente, ese discurso monocorde difundido por todos los resquicios de los aparatos propagandísticos para justificar movientos legislativos injustificables desde el punto de vista del interés general pero perfectamente lógicos dentro de una dinámica de explotación y dominio de unas minorías rectoras sobre el conjunto de la población.

No he de insistir mucho en el hecho cierto de que ese planteamiento en el que los intereses de unos pocos priman no solo sobre el de la mayoría sino incluso sobre la razón y la lógica resultan perjudiciales para todos y, por lo tanto, inadecuados e inmorales. Lo hemos repetido, y seguiremos haciéndolo mientras sea necesario, en estas páginas hasta la saciedad.

Pues bien, uno de los mejores instrumentos para alcanzar una visión objetiva, libre de prejuicios, sobre el presente y el futuro es el conocimiento de la historia. No en vano uno de los objetivos a derribar por las oligarquías dominantes desde que tomaron el poder total a la caída del bloque soviético han sido las humanidades. Antiguamente los intelectuales eran encarcelados o quemados, ahora basta con silenciarlos, desprestigiarlos y privarles de fondos. Pero, a pesar de ello, el conocimiento de la historia es uno de los más caústicos elementos revolcionarios que se conocen. No hay secta, poder establecido o lugar común que pretenda erigirse en verdad universal indiscutible que resista el escrutinio de la historia. Por eso, en estos momentos de disputas en torno al copyright, de hiperactividad de la SGAE y de conflicto abierto entre la industria manejada por los de siempre, esos que aquí llamamos oligarquía dominante, y el conjunto de la sociedad conviene que volvamos los ojos atrás y hagamos un poco de historia cultural y legislativa antes de extraer conclusiones evidentes sobre el sistema que pugnan por imponernos de un modo fascista dentro del global totalitarismo capitalista que nos aflige.

Cuando un crecido número de cantantes populares (y el calificativo se refiere a su condición de intérpretes de música popular, en muchos casos meros subproductos industriales de una industria que solo adquirió su actual fisonomía y posicionamiento en el mercado y la sociedad a partir de los años sesenta con el fenómeno fan y la radio fórmula explotando la ignorancia e incultura de los adolescentes crecidos en los nuevos suburbios surgidos con la industrialización y que por lo tanto apenas tiene galones culturales ni históricos para presentarse como referente de nada) se reunen, como sucedió el pasado 2 de diciembre de 2009, delante, curiosamente, del ministerio de industria (no de el de cultura) y , haciendo de correa de transmisión de las discográficas y la SGAE, empresas a las que están ligados por contratos e intereses, se ponen a gritar que la música, incluso la que ellos hacen, es cultura y presentan al ministerio (insisto, de industria) un manifiesto nutridísimo de firmas parece que vivimos una época apocalíptica y que estos nuevos cruzados de la civilización defienden verdades eternas, inexorables, un modo de hacer las cosas que siempre ha sido igual y que, en caso de cambiar, hundirá para siempre la civilización en un caos más horrible que la caída del imperio romano y el inicio de la edad media.

Sí, el mundo se hunde...los discos (por cierto repletos de infumables e indignas reediciones de éxitos pasados que otros cantantes, en épocas en que los discos se grababan en cintas y las canciones de la radio sin que nadie se mesase los cabellos, interpretaron mejor) se copian ilegalmente, la gente se niega a pagar precios desorbitados por esas magnas contribuciones a la cultura mundial...y lo mismo sucede con el cine (en este campo, sobre todo en la industria por antonomasia, Hollywood, lo del remake mediocre y edulcorado, bien tamizado por la corrección política del neoconservadurismo anglosajón, es ya una epidemia malsana) y no tardará en suceder con los libros, especialmente con los folletones desechables de la industria del best seller. Sí, parece que el mundo se hunde. ¿Pero realmente estamos hablando de cultura al referirnos a todo ese pastiche de subproductos industriales destinados únicamente al consumo? ¿Realmente la cultura se verá negativamente afectada si esos engendros desaparecen del mercado dejándolo abierto a nuevas y más libres y rompedoras formas de expresión y de relación trovador-juglar-público?...La respuesta es obvia: perderán las multinacionales, ganaremos todos. Porque, amigos, hay otras formas de hacer las cosas, incluso cine. Simplemente hay que mirar desde otro punto de vista. Y estamos empezando a hacerlo. Consciente o inconscientemente la sociedad está desbordando el modo capitalista de rentabilizar la cultura y ello abrirá nuevos espacios, nuevas formas de creación y representación cultural que, inapelablemente, marcharán de la mano de nuevas formas de organización social y de reparto de la riqueza. Y ahí es donde les duele.

Pero no quiero insistir en ese aspecto del asunto. Habíamos hablado de echar un vistazo a la historia para adquirir una mirada objetiva sobre el problema que nos ocupa. Hagámoslo.

 Para empezar es preciso constatar que la percepción sobre los derechos de autor y el tratamiento de una obra artística no siempre tuvo el mismo sentido patrimonialista y obscenamente exhibicionista de nuestros días, concepto procedente tanto de la mentalidad romántica en el que la individualidad supuestamente genial del artista aparecía ante el público con mucho de narcisismo, como de los intereses comerciales de los impresores. Sin embargo hay que recordar que obras cumbres de la literatura mundial (pienso por ejemplo, y sin ir más lejos, en el Lazarillo de Tormes o en el Poema del Mio Cid son pura y simplemente anónimas porque proceden de un tiempo y de una mentalidad en los que la exaltación individual del autor era menos importante que la obra en sí, sobre todo porque esta solía acabar modificada por el uso y la intervención de diferentes autores. Circunstancia que ya en el siglo XIV molestaba a algunos autores como el Infante Don Juan Manuel que en su Conde Lucanor se quejaba de ello y de los malos copistas e invitaba a acceder al original corregido y contrastado de su obra allí donde lo había depositado y que otros autores, cuyo nombre también conocemos, tal el Arcipreste de Hita tomaban con humor y naturalidad. El propio arcipreste en su Libro del Buen Amor dejó escrito:

"Cualquier hombre que lo oiga, si bien trovar supiere,

puede más añadir y enmendar si quisiere,

ande de mano en mano a quienquiera que lo pidiese,

como pella las dueñas tómelo quien pudiere.

Pues es de buen amor, prestadlo de grado,

no desmintáis su nombre ni lo déis refectado,

no lo déis por dinero vendido ni alquilado

que no hay placer, ni gracia ni buen amor comprado."

Se trataba, en definitiva, de una concepción diametralmente distinta de la literatura y del juego artístico en general. Una concepción en que la obra, una vez salida de las manos de su autor, se hacía universal y servía de base para nuevas reelaboraciones que podían ser acertadas o no, pero que pertenecían a la colectividad. En general, puede verse facilmente en la evolución del género épico que pasó a romances sueltos y de ahí a romancillos de ciego tradicionalizados y reducidos a su mínima expresión artística y máxima popular, este sistema acababa siendo perjudicial para la cultura puesto que ponía una obra a menudo culta y elevada en manos del pueblo que la manipulaba hasta desdibujarla. No lo defiendo, aunque tampoco lo condeno. Simplemente lo señalo como muestra de que la actual concepción sobre la obra de arte y su posesión no es una verdad absoluta sino sujeta a unas determinadas condiciones ideológicas y económicas (por cierto también perjudiciales para la cultura) que pueden y deben cambiar.

Pero no hemos de retrotraernos a la edad media para encontrarnos con un panorama de propiedad intelectual abierta ni siempre el juego artístico se planteaba en la dialéctica autor culto- manipulación degradante popular. Todo el Siglo de Oro español muestra precisamente la corriente contraria: grandes autores (Lope de Vega, Cervantes...) bebiendo de las fuentes populares, ya fueran los cantares de ciego (antiguos romances) o las obrillas populares (autos sacramentales primitivos, novelas de caballerías) para generar grandes obras de la literatura mundial. Temas y personajes pasaban de mano en mano reinterpretándose constantemente (piénsese en el Don Juan: Tirso de Molina, Moliere, Da Ponte, Byron, Zorrilla...) sin que eso supusiera un drama para nadie. De hecho podemos afirmar que ese concepto abierto de la creación fue una suerte para la cultura que engrandeció el acerbo de nuestra civilización en periodos en los que todavía, libre de las manos de los simples tenderos, era dinámica, creaba y avanzaba.

Pondré dos ejemplos de plagio culto que sirvieron para mejorar modelos anteriores y generar dos obras insustituibles del bagaje cultural mundial. Para alejarme de la posible interacción popular me centraré en un campo que requiere un alto grado de preparación técnica y que siempre se mantuvo alejado de las intervenciones populares: la ópera.

En 1776 Mozart, que estaba interesado en crear una ópera alemana alejada de los parámetros de la italiana, encargó a Gottlieb Stephanie un libreto en alemán sobre el que componer su música. Este, lindamente, recurrió a un libreto ya compuesto y representado sin demasiado éxito en el teatro titulado Belmont und Constanze, lo enmendó mínimamente y se lo entregó a Mozart para que compusiese a partir de él El Rapto en el Serrallo. Bretzner, el autor de Belmont Und Constanze, viendo el éxito de la ópera protestó de su autoría en los periódicos y a día de hoy se le reconoce como coautor del libreto. Pero su obrita de teatro se hubiera olvidado por completo si Mozart no la hubiera utilizado para su obra.

El propio Da Ponte, el mejor libretista que tuvo Mozart, no tuvo inconveniente en "fusilar" a Moliere, a Beaumarchais y Goldoni para elaborar los libretos que dieron origen a Don Giovanni, Las Bodas de Fígaro o Cosí Fan Tutte. Era el modo de trabajar en la época.

Y eso siguió siendo así en el siglo XIX.

 En 1816 Rossini estrenaba en el Teatro Argentina de Roma El Barbero de Sevilla con el título de La Inútil Precaución. Esta primera representación supuso un gran escándalo. El público gritó, abucheó, pateó y el propio Rossini tuvo que poner pies en polvorosa ante el temor a ser linchado. ¿La causa de semejante tumulto?...En 1782, en San Petersburgo, el también famoso compositor (a finales del XVIII gozaba de una fama similar a la que Rossini o Mozart puedan tener ahora) Paisiello, había estrenado con gran éxito su propia versión de El Barbero de Sevilla (que por cierto también les recomiendo conocer) que en ese momento se consideraba un clásico. Este señor, ya anciano, vivía en Roma retirado y era idolatrado por el público. El mero hecho de que un jovencito como Rossini quisiera enmendarle la plana suponía un insulto no solo para él sino para todos sus seguidores. El día del estreno de La Inútil Precaución, Paisiello acudió al Teatro Argentina para contemplar como sus fans pateaban y boicoteaban el estreno de Rossini. Fue un escándalo monumental. Al día siguiente sin embargo, ya con Paisiello en su casa,  el éxito de Rossini fue apoteósico y no ha cesado hasta nuestros días. Tanto es así que en los últimos doscientos años ha sido bastante dificil ver representado el Barbero de Paisiello mientras que el de Rossini es conocido, al menos en determinados fragmentos, por la mayor parte del público. No obstante, tanto el libretista del uno como del otro, se limitaron a adaptar al italiano la obra de Beaumarchais del mismo nombre.

Eran, en efecto, otras formas de trabajar, de disfrutar el arte y de conceptuar su realización y desarrollo. Formas que, evidentemente, han cambiado generando otras, las actuales, amenazadas por el cambio tecnológico y social y que se defienden con mensajes apocalípticos presentándose como única realidad posible cuando, como hemos visto a lo largo de este artículo, ninguna verdad es absoluta y todas, absolutamente todas, son transitorias. El momento del copyright está comenzando a pasar y es bueno que así suceda porque, como también hemos visto más arriba, su vigencia resuta perjudicial para el desarrollo de la cultura. En esto, como en todo, el capitalismo, convertido en un sistema ideológico totalitario y anquilosado, ha colisionado con la realidad y la dinámica social y natural convirtiendo en obsoleta una forma de hacer las cosas que quizá tuvo su utilidad en el pasado pero que, de cara al futuro, supone una rémora.

Pero ¿como se llegó a ese dominio del concepto de copyright dentro del mundo artístico y cultural?...analicémoslo y quizá extraigamos conclusiones interesantes.

 En lo tocante al manejo de los derechos de autor existieron en Europa dos escuelas o corrientes separadas y, hasta cierto punto, incompatibles: la continental y la anglosajona.

El origen de la escuela continental se encuentra en el año 1777 cuando el ya varias veces citado Beaumarchais y otros dramaturgos franceses decidieron asociarse para proteger la integridad de sus obras de las arbitrariedades de los directores teatrales que, especialmente en provincias y dependiendo de la composición de sus compañías, acostumbraban a poner y quitar personajes y modificar el texto a su libre albedrío generando a menudo verdaderos engendros en abierto contraste con la obra original. Ese movimiento de proteger la propia obra, su integridad e identidad, se extendió pronto a Alemania y luego a todo el continente quedando sancionado legislativamente mediante una ley de derechos de autor promulgada por la república francesa en 1791. Se trataba básicamente de eso: de asegurar la integridad e identidad de la obra y de los derechos morales del autor sobre la misma.

La escuela anglosajona, que ha acabado imponiéndose, tenía orígenes e intereses muy diferentes.

En Inglaterra no fueron los autores sino los libreros, los editores y distribuidores, quienes se movilizaron para asegurar intereses sobre las obras y estos no eran artísticos sino económicos. Los libreros buscaban el monopolio de copia sobre los textos que editaban. Les daba igual que fueran novelas, guias de viajes o manuales de buenas costumbres. Para ellos el libro no era en sí una obra artística o intelectual sino una mercancía de la que lucrarse. Fue así como en el Estatuto de la Reina Ana, en 1710, consiguieron que se legislase la exclusividad del derecho de copia, el copyright.

Desde su mismo origen el copyright fue nocivo para la cultura por el hecho ya comentado de que no contemplaba el libro como un producto artístico o cultural sino como simple mercancía cuyo único interés era el beneficio económico que pudiera aportar a su distribuidor.

Pero en el mundo anglosajón jamás cambió ese concepto del producto artístico o cultural como simple mercancía negociable ni de la exclusividad del derecho de copia. Hubo, ya en 1774, un contencioso entre dos libreros (Donaldson contra Becket) en el que se llegó a definir la extinción del copyright al cabo de un periodo de tiempo que osciló con las diversas legislaciones pero nada más.

En 1790, los Estados Unidos, que son una extensión de Inglaterra en lo tocante a leyes, concepción del mundo y modo de hacer, legislaron sobre el asunto copiando directamente la legislación inglesa en el Copyright Act.

Durante gran parte del siglo XIX se mantuvieron las diferencias entre la escuela continental y la anglosajona que quedaron más o menos en pie de igualdad cuando la Convención de Berna de 1886 sobre protección de obras literarias y artísticas pretendió el establecimiento de una legislación internacional al respecto.

Y así se mantuvieron las cosas hasta que la Segunda Guerra Mundial dio a los Estados Unidos la hegemonía sobre una parte del globo. Desde ese momento se impuso en ese área de dominio la mentalidad anglosajona, sus leyes y su forma de hacer y ver el mundo. La propia ONU no ha sido a lo largo de las décadas otra cosa que un amplificador de las tesis legislativas de la superpotencia capitalista. Fue así como en 1967, con la creación por parte de la ONU de la Organización Mundial de la Protección Intelectual (OMPI), cuando la escuela continental quedó relegada y se impuso urbi et orbe el modelo anglosajón capitalista de derecho de copia (copyright) extendido no solo a libros sino también a fonogramas, películas y demás soportes artísticos convertidos definitivamente en simples objetos de consumo destinados a la masa sin otra finalidad que el enriquecimiento de los detentadores de sus licencias.

Mientras se mantuvo en pie el bloque soviético esa concepción crematística y empobrecedora del arte fue hegemónica pero no única. Sin embargo, después de la caida de la Unión Soviética, el capitalismo totalitario se exacerbó y se lanzó a la imposición de sus tesis como únicas verdades posibles e indiscutibles. Fue así como en 1994 se impuso el anexo 1c del tratado de la Organización Mundial del Comercio (completado con leyes internacionales subsidiarias como el tratado sobre interpretación o ejecución y fonogramas de 1996) que hacía del modelo de copyright una verdad legal, cultural, social y económica indiscutible que desde entonces ha estado tratando de imponerse al conjunto de la población sin posibilidad de discusión ni aceptación alguna de alternativas posibles en una cruzada totalitaria para la defensa de unos intereses comerciales y económicos que distan mucho de ser culturales. En ese marco es donde debemos contemplar los excesos de la SGAE en España, las leyes sobre descargas en internet o el énfasis dictatorial de los Estados Unidos, portavoz de las mayores multinacionales del sector, en la protección del copyryght identificándolo pérfida e inapropiadamente con la cultura.

Pero hay que afirmarlo: cultura y copyright no son sinónimos, son ,de hecho, antagónicos puesto que el derecho de copia no protege la obra artística sino el objeto comercial convirtièndolo en un producto más, lo que implica banalización de la obra, homogeneización ideológica, pulirle las aristas críticas y, en definitiva, adaptarla a la complacencia de la ideología dominante para perpetuar su dominio.

El copyright es causa directa de la decadencia cultural y basta examinar lo que han sido el cine, la literatura, la música y el arte desde 1994 para convencerse de ello.

Solo desde el cinismo o la estupidez puede un artista defender el derecho de copia como garantía de la supervivencia cultural. Su existencia solo garantiza la preponderancia de una cierta industria a la que quizá el artista reivindicante pertenezca, pero perjudica de hecho al conjunto de la civilización. Hay, pues, que cambiar ese sistema sin que ello lesione los intereses del artista sobre su propia obra. En otras palabras: abandonemos la escuela anglosajona que en esto como en todo es dogmática, parcial, anticuada y perjudicial y retomemos la continental abriéndonos sin miedo a un futuro nuevo en el que, necesariamente, las estructuras económicas y sociales habrán de cambiar para beneficio general.

El capitalismo y sus formas de hacer y pensar, aunque dominen el mundo, son el pasado. Ideologías caducas del siglo XVIII y yo, si he de decir la verdad, quiero vivir en el XXI.

NOTA:- la foto es de MikeBlogs.

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LA RESURRECCIÓN DEL TÍO BOLISER

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Sucedió en la comarca del Aranda a mediados del siglo XIX. No puedo precisar más puesto que mi fuente es oral y se basa en viejos recuerdos de comarcanos transmitidos de generación en generación, pero me aseguran que la historia es auténtica y yo la difundo en parte porque me hizo reír y en parte por si algún historiador o etnólogo local o forano decide liarse la manta a la cabeza e investigar más a fondo. En lo que a mí toca, cumplo con intentar entretener con estas líneas a quienes quieran leerlas.

 El Tío Boliser era un labrador relativamente acomodado. No era rico, pero disponía de suficientes tierras, cereal y viña, como para ir tirando con cierta holgura. Incluso podía valerse con cierta frecuencia de los servicios de algunos jornaleros y temporeros. Ello, no obstante, no le eximía de la obligación de frecuentar sus campos y de trabajarlos personalmente. A menudo salía al amanecer de su casa para ocuparse en solitario de estas labores y cierto día, ya cerca de la hora de comer, unos vecinos le encontraron tumbado en una cuneta, junto al camino, en la linde exacta de uno de sus campos. Parecía dormido pero ulteriores averiguaciones demostraron que no respiraba. Le dieron por muerto y lo trasladaron al pueblo con la intencìón de prepararle un funeral en condiciones acorde con las costumbres de la época.

Lo instalaron en la cama de su dormitorio vestido de gala, como en las grandes ocasiones de las fiestas patronales, velaron el cadaver toda la noche, le rezaron letanías y rosarios, le lloraron...se bebió anís y se comieron pastas, hubo cotilleo, se le declaró a menudo como la mejor persona del pueblo, se aseveró unas diez mil veces que siempre se van los mejores y que no somos nada...y, ya amanecido, se procedió al sepelio propiamente dicho.

El Tío Boliser tenía posibles, ya lo he dicho, y, aunque no era el más rico del pueblo, su familia pudo organizarle un entierro vistoso, con su cruz de plata, sus monaguillos portando hachones y el párroco, Mosén Babil, rezando en latín con sus mejores arreos fúnebres. En señal de respeto, y también porque se carecía de carroza apropiada, se trasladó el féretro a hombros de seis vecinos hasta el cementerio que, como suele ocurrir, se encontraba algo apartado de la población.

Llevarían recorrida la mitad del trayecto cuando de pronto empezaron a escucharse ruidos extraños dentro del ataud. Primero fueron unos gemidos casi inaudibles que hicieron dudar a algunos de los portadores, ya cansados y sudorosos. Luego un murmullo como de movimiento que les hizo mirarse intranquilos. Enseguida llegaron golpes fuertes, dados con el puño y los pies y gritos intranquilos convertidos casi en alaridos:

-¡Abrid, abrid, que estoy vivo!

Los portadores soltaron al unísono su pesada carga que cayó al suelo haciéndose añicos y pusieron pies en polvorosa. El séquito, al verles correr con los rostros desencajados y habiendo escuchado también los gritos y los golpes, no les anduvo a la zaga y sus componenetes salieron a escape hacia el pueblo. Cada cual corría cuanto y como podía. Los jóvenes como gamos, los viejos apoyándose en sus bastones y el Cojo Graciliano a saltos con la pata chula y adelantando incluso a algunos jóvenes rezagados, lo que no dejó de darle cierta fama en la comarca. El sacristán, que llevaba la cruz, y los monaguillos que llevaban los hachones, soltaron también sus atributos y huyeron a la carrera. En un principio intentaron dirigirse al pueblo pero como ello implicaba atravesar el camino junto al destrozado ataud, rectificaron y se fugaron hacia el cementerio.

Tan solo Mosén Babil, el misal en la mano, el birrete torcido, la expresión presa de un sardonismo entre el asombro y el pánico, quedó en su lugar, petrificado, mirando con los ojos fuera de sus órbitas el cúmulo de tablas astilladas y quebradas bajo el que se adivinaba el bulto oscuro del inconstante difunto.

 El Tío Boliser se quejaba y se movía con cierta dificultad. Al cabo de un rato, cuando ya algunos de los miembros de la comitiva alcanzaba sin casi tocar el suelo las primeras casas del pueblo, logró incorporarse, la mano en los riñones, doliéndose del golpe.

-¡Madre, que tozolada!- Dicen que dijo mientras trataba de ponerse en pie.- ¡Que Tozolada!...

Y miró al párroco, que seguía cerúleo e inmóvil en medio del camino.

-¡Que susto, Mosén, que susto!...¡Y que me iban a enterrar!....Yo no sé qué me pasó...estaba en el campo, hacía calor...me dormí...y me desperté dentro de la caja...si no me ando listo...

El cura no era precisamente un ser sofisticado, ni siquiera se le ocurrió pensar en un episodio de catalepsia. Cuando por fin pudo reaccionar, mientras el Tío Boliser se sacudía el polvo y comprobaba la flexibilidad de sus articulaciones, gritó:

-¡Esto es un sindios! ¡Masón, ácrata, modernista!

El resucitado le miró perplejo, no alcanzaba a entender lo que sucedía. Mosén Babil continuó con su sacro enojo:

-¿Qué te has pensado?-le espetó al Tío Boliser.- ¿Que aquí cada uno puede hacer lo que le venga en gana?...

-Hombre yo...es que me iban a enterrar y...

-¡Silencio, réprobo!...

-Pero Mosen...

-Ni peros ni hostias...(aquí, dándose cuenta de la barbaridad proferida miró al cielo contrito, se santiguó y continuó su discurso)...A mi no me resucita ningún muerto por mis...(volvió a mirar al cielo y a santiguarse, había sido capellán castrense y lo de los tacos y frecuentar putas se le habían quedado como malos hábitos)...¿Tú crees que ha llegado la resurrección de los santos?

-Pues, no sé...yo estaba en el campo, hacía calor, me entró sueño...

-¡Pues no ha llegado!...¿Ha acabado el mundo?...¿Has visto regresar a Nuestro Señor sobre una nube de fuego?...

-...Y me desperté en la caja...¡que me iban a enterrar!...

-Ni los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, ni nada...El mundo no se acaba y por lo tanto los santos, y menos tú que eras un perillán, no pueden resucitar.

-Pero...

-¡Calla, masonazo, modernista!...¡Si es que ya no sabéis qué hacer para llevar la contraria y atacar a la Santa Madre Iglesia!...¡Pero conmigo no!...¡A mí no me resucita ningún librepensador para poner en entredicho el Orden Natural y Divino!¡A ti te entierro por mis santos c...! (Y volvió a mirar contrito al cielo santiguándose)...

Sin dilación tomó la cruz procesional de plata arrojada al polvo del camino por el sacristán y comenzó a golpear al Tío Boliser, este trató de huir hacia el pueblo pero el cura continuó persiguièndole mientras le golpeaba e insultaba. Al final le hizo caer con un barrido de la cruz y, ya inmovilizado en el suelo, usó la cruz a guisa de hacha hasta que, después de abrirle varias brechas, se la dejó clavada en la cabeza. Así terminó la resurrección del Tío Boliser.

Mosen Babil se negó a enterrarlo en sagrado por réprobo y, cito literalmente, masonazo, y acabó en una fosa fuera del cementerio, sin lápida, sin cruz y sin remedio.

 

 

NOTA.-la foto es de Uriarte de Izpicua.

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10/01/2010 13:41 disidenteporaccidente Enlace permanente. cosas que pasan No hay comentarios. Comentar.

LA SEÑORA ROBINSON

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¡Otro escándalo en las filas ultraconservadoras del protestantismo más carca!¡Otra talibán cristiana cogida en flagrante pecado!...Y es que la carne es débil y el ser humano pecador. Pero puede arrepentirse, arrodillarse, llorar y salvarse...porque Cristo salva y perdona siempre y cuando te humilles y satisfagas las espectativas de sumisión social y conducta "moral" de sus portavoces....Obedecer y creer ciegamente en unas normas salidas directamente de una superstición que parte de la base de que el mundo, el cuerpo y las normales funciones físicas son malvadas, promovidas y mantenidas por el demonio, una superstición estúpida que niega sencillamente la naturaleza y la libertad humanas.

Ni siquiera voy a molestarme en ser elegante: ¡que les den!...

La cosa es clara y es triste que tenga que repetirse una y otra vez a estas alturas, pero es que siguen ahí y siguen pretendiendo imponernos leyes y formas de comportamiento salidas de la mierda absurda que tienen en el cerebro. Todos los seguidores de la superstición semita, da igual que sean protestantes, católicos, chiítas, sunnitas o judíos: entes totalitarios que predican necedades incompatibles con la libertad, la felicidad y la naturaleza misma del ser humano y que pretenden imponer por la fuerza (aunque sea de las leyes, por cierto: ninguna ley basada en la superstición semita es moralmente vinculante para nadie) al conjunto de la sociedad cuando ellos, siempre, indefectiblemente, son una minoría gritona y fascistoide que trata de secuestrar al estado en beneficio propio.

Claro, como las normas que difunden son estúpidas, contrarias a la razón, a la sensatez y a la naturaleza, siempre se vulneran. Viene entonces la hipocresía de los poderosos (que claman por el castigo ajeno cuando sus vidas son infinitamente mas sucias que las de los "pecadores" que no se adaptan a sus normas. Pensemos en este caso cuantos homosexuales llevarán una vida mil veces más honesta que la de esta beata desvergonzada que les ataca  desde la caverna del oscurantismo), la condena de los débiles, perseguidos hasta extremos absolutamente inhumanos por su inadecuación a esa norma estúpida, y la babosa proclamación de perdón divino previa sumisión a las normas totalitarias de la secta de turno que lanzan indefectiblemente los jerifaltes de las mismas.

De verdad que estoy harto.

Harto de que el siglo XXI siga siendo una prolongación de la edad media, de que mulás, sacerdotes, pastores y rabinos sigan predicando estupideces y atentando constantemente contra la razón, la libertad y el progreso humano, de que siga habiendo gente tan estúpida como para seguirles...harto de que se les siga permitiendo imponer leyes, determinar conductas y seguir sorbiendo el seso a los ignorantes y débiles.

Lo he dicho mil veces y lo vuelvo a repetir: la democracia es incompatible de facto con determinadas creencias. Y va siendo hora de que esta verdad incontrovertible se ponga en práctica. La neutralidad social y estatal en este campo es culpable.

NOTA.- la foto es PPCC Antifa.

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CRECY Y LAS INDISCUTIBLES VERDADES OFICIALES

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Cuando estudiaba historia en la universidad tenía una profesora que detestaba la historia militar. La suponía un subproducto de la testosterona masculina combinado con la endémica inmadurez de los hombres siempre ansiosos de seguir jugando a batallitas incluso en su edad adulta. En esto, como en otras cosas, se equivocaba. En realidad analizar una batalla, una guerra o un ejército es uno de los mejores medios de llegar a entender un momento concreto o una sociedad determinada. Más aún si se analiza también el modo en que cada bando entiende y cuenta la conflagración o el destino de sus personajes más relevantes. Incluso, y es el camino que va a seguir este artículo, analizando la historia militar pueden llegar a comprenderse las grandes líneas del avance social y del pensamiento predominante en cada momento, como se genera, como funciona y como cambia y, una vez averiguado, extrapolar los resultados al resto de campos de interés para comprender mejor la situación presente. Y ello es más interesante e importante si cabe en un momento como el actual en el que existe una pugna entre un pensamiento dominante que trata de imponerse al conjunto de la humanidad, los diversos brotes de disidencia y, lo que es más importante, la realidad objetiva que, como veremos, no suele ser un factor de relevancia en la elaboración de las indiscutibles verdades oficiales.

Entremos en materia. Empezaremos por la batalla de Crecy.

El estamento nobiliario en Europa se había identificado con la posesión de uno o varios caballos al menos desde el siglo V y alcanzó una ideología propia que vinculaba el ejercicio armado de la caballería con una serie de derechos y obligaciones que conformaban un sistema ideológico cerrado a lo largo de los siglos XII y XIII cuando militarmente la carga de la caballería feudal pesada se demostró un medio infalible de victoria y el sistema económico generado por las nuevas roturaciones y las cruzadas parecían confirmar plenamente el dogma ideológico de la orgullosa y poderosa caballería centroeuropea, especialmente la francesa.

A comienzos del siglo XIV sin embargo todo estaba cambiando rápidamente. Los campos cada vez producían menos, estaban llegando a su agotamiento progresivo, el control de la costa levantina se había perdido por completo y con él los beneficios del comercio, las ciudades alcanzaban un periodo de esplendor en contraste con la cada vez más precaria situación de los nobles y por doquier surgían nuevas formas de combate ajenas a la caballería pesada y capaces de derrotarla fácilmente procedentes de ámbitos antes marginales y ahora en progresivo desarrollo en consonancia con las  nuevas formas sociales y económicas.

Sin embargo, en Francia, donde la funcionalidad militar de la caballería pesada estaba indefectiblemente ligada al poder y el prestigio de una clase dirigente, la nobleza feudal, no se quisieron ver los cambios que estaban sucediendo en el mundo y, especialmente, en el aspecto militar. El dogma social era que los caballeros feudales franceses eran, y siempre serían, invencibles en la batalla. Sus cargas eran imparables.

Así fueron transcurriendo las décadas hasta que el 26 de agosto de 1346, llegó la batalla de Crecy.

Franceses e ingleses estaban enfrentados en la guerra de los Cien Años y el rey de Inglaterra, Eduardo III, desembarcó en el continente en defensa de sus señoríos feudales en Francia y sus derechos al trono francés.

Como no podía ser de otro modo, los franceses trataron de resolver la batalla con una carga frontal de su caballería pesada que, según el dogma social vigente, era invencible. Los ingleses, en cambio, que habían cambiado sus criterios militares durante las guerras de conquista en Gales, se fortificaron y confiaron el grueso del combate a sus eficaces arqueros. Al final del día el rey de Francia, Carlos III, huía de Crecy dejando en el campo más de 10000 muertos, incluyendo a su hermano Felipe de Alençon, a Juan de Luxemburgo, rey de Bohemia, otros once príncipes y más de 1200 nobles integrantes de la impresionante carga de caballería pesada. La demostración de que ese tipo de estrategia había periclitado era más que evidente.

 Cabría pensar que ante semejante demostración, inapelable y sangrienta, el dogma social en Francia cambiaría. Pero no sucedió así. No debemos olvidar la cantidad de intereses económicos, sociales y políticos que estaban ligados a la supuesta invulnerabilidad de la caballería pesada feudal. De modo que el error de Crecy se repitió una y otra vez a lo largo de los doscientos años siguientes.

No estableceré una nómina exhaustiva de las veces que se repitió el error de Crecy pero sí de las ocasiones más espectaculares que, sin duda, hubieran debido bastar para hacer reflexionar a cualquiera.

Cuarenta años después de Crecy tuvo lugar en Portugal la batalla de Aljubarrota entre castellanos y portugueses. La guerra era, en cierto modo, una prolongación de la guerra de los Cien Años en la que Castilla era aliada de Francia y Portugal de Inglaterra. Y se repitieron las pautas de Crecy. Los portugueses, asesorados por los ingleses, se fortificaron y confiaron en los arqueros y los castellanos, asesorados por los franceses (el ascenso al trono de la Casa de Trastamara en 1369 había encumbrado a toda una nobleza nueva que buscaba emular el esplendor y prestigio de la vieja nobleza francesa imitando sus modos e ideología) optaron por una carga de la caballería pesada. Era el 14 de agosto de 1385...el destrozo sufrido por la nobleza castellana integrante de la carga fue tal que en la corte de Castilla hubo luto hasta 1387 y tardó en volver un nuevo enfrentamiento con Portugal donde la nueva Casa de Avis pudo afianzarse sin problemas tras esta batalla.

Pero la nobleza y la iglesia siguieron defendiendo un dogma que beneficiaba su dominio.

A finales de siglo, demostrando una vez más lo desfasado de su pensamiento y su ansia por retornar a los ya perdidos y dorados tiempos del siglo XIII, los franceses hicieron una cruzada contra los turcos. En Nicópolis, allá por 1396, lanzaron su habitual carga de caballería pesada contra la infantería eslava al servicio de los turcos. Nuevo desastre.

De vuelta a Francia y a la guerra de los Cien Años, hubo una nueva batalla entre los arqueros ingleses y la caballería pesada francesa que cargó según su vieja táctica procedente del siglo XII, en Azincourt, año de 1415. Y nuevo desastre francés.

Pero el dogma persistió y todavía despues de que los nuevos tercios españoles expulsaran a la caballería francesa de Nápoles a comienzos del siglo XVI, el rey Francisco I cometió la torpeza de lanzar su caballería contra la infantería española en Pavía (1525)...el resultado: nuevo desastre francés con el propio rey hecho prisionero.

Desde 1346 hasta 1525 el modelo militar desarrollado con éxito en el siglo XII demostró una y otra vez con constantes desastres su obsolescencia pero el dogma, vinculado como hemos visto a los intereses de la clase dominante y a su prestigio, mostró durante todo ese tiempo su falta de flexibilidad y se mantuvo incólume por encima de cualquier confrontación, a menudo sangrienta, con la realidad. Las indiscutibles verdades oficiales nunca cambian ni se ven realmente influidas por la verdad objetiva mientras sirvan al dominio de las clases dominantes. Si después de 1525 cambió el dogma en Francia fue porque la corona había dominado ya a la nobleza y las relaciones de poder habían cambiado estableciéndose una realidad nueva.

Conviene que de toda esta exposición nos quedemos con la certeza antedicha: el dogma social no cambia nunca, ni aunque la realidad objetiva demuestre una y otra vez su invalidez mientras la clase beneficiada por él permanezca en el poder. Y conviene también que la extrapolemos a nuestra actual situación de cíclicas crisis económicas causadas por una mentalidad política, social y económica obsoleta e ineficiente. Como los caballeros franceses estamos abocados a caer constantemente en nuevas crisis mientras no cambiemos la mentalidad dominante cosa que solo se puede hacer derribando a la clase beneficiada por el vigente dogma social abriendo nuevas vías de adaptación a la realidad objetiva que el liberal-capitalismo, obrando con ideas atrasadas propias del siglo XVIII o, como mucho, las más avanzadas, del XIX, solo es capaz de negar repitiendo errores una y otra vez.

Tan persistente es el error vinculado a un dogma social, a una indiscutible verdad oficial que sustenta el prestigio y el poder de una cierta clase que a pesar de la evidencia se perpetúa insistentemente reproduciéndose hasta la náusea.

Con el tiempo los miembros de la caballería inglesa, como los de otros cuerpos similares del resto de Europa, acabaron asimilando los valores y el sentimiento de superioridad de la antigua caballería pesada francesa incluso cuando la nobleza, después de la revolución francesa, parecía haber quedado definitivamente superada por la burguesía.

Tanto fue así que cuando, forzados por las circunstancias, los mandos ingleses, en plena Primera Guerra Mundial convirtieron las unidades de caballería en unidades de carros de combate, los oficiales de las mismas exigieron seguir combatiendo con las espuelas puestas como señal de su permanencia en la caballería. Más aún: acabada la guerra hubo prominentes estrategas y generales ingleses procedentes de la caballería que escribieron sesudos libros aseverando que esta jamás se vería superada por los tanques. Semejante doctrina, que se defendió tercamente hasta la Segunda Guerra Mundial, fue especialmente popular en Polonia, país que desde los Lanceros del Vístula adscritos al ejército de Napoleón tenía una larga y gloriosa tradición militar con la caballería como referencia. Allí, en la Polonia resurgida tras el tratado de Versalles de 1919, en pleno siglo XX, siguió cultivándose el dogma social mil veces desmentido por la realidad evidente, de la eficacia de la cabellería.

¿El resultado?...Es bien conocido: los heróicos lanceros polacos arremetiendo lanza en ristre contra las divisiones panzer alemanas en 1939 y siendo, obviamente, arrollados. Tal es la persistencia de las indiscutibles verdades oficiales y del dogmatismo ideológico de quienes detentan el poder.

En otras palabras: si no nos movemos y continuamos permitiendo que sigan mandando los mismos, con sus dogmas del siglo XVIII obviamente obsoletos pero elevados a indiscutibles verdades oficiales, nuestro horizonte será el que ya conocemos: cíclicas y constantes crisis que llevan aparejada la pérdida de ventajas sociales de las clases bajas y el aumento del poder de las oligarquías cuya actividad conducirá, indefectiblemente, a una nueva crisis...y así siempre.

A estas alturas de siglo la revolución (entendida como cambio y modernización de ideas y estructuras sociales y políticas) no es una cuestión de clases o de ideas es una necesidad básica para todos. Tenemos que cambiar y no podemos confiar para ello ni en los que detentan el poder fáctico aferrados tercamente a sus periclitados dogmas, ni en la inercia, ni en la confrontación con la realidad objetiva. El cambio que necesitamos solo puede venir de nosotros mismos. Y el primer paso consiste en tomar conciencia de la persistencia de los citados dogmas incluso cuando la realidad los desautoriza y dejar de creer en ellos.

Claro, que si a estas alturas no lo hemos hecho ya...

A lo mejor resulta que mi amigo C-La Nuit tiene razón y somos tan estúpidos y tan cobardes que no nos merecemos otra cosa que lo que tenemos. No sé...

 NOTA.- la foto es de Another VLL

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DE LOS JUEGOS DE INVIERNO Y LA ABSURDA SOCIOPATÍA CATALANISTA.

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Vaya por delante que considero una estupidez la pretensión de acoger unos juegos olímpicos de invierno tanto en Zaragoza como en Barcelona. Ello implicaría, y lo sabemos de sobra, un inmenso e innecesario gasto público cuyo montante se detraería de partidas más importantes y la continuación de una perjudicial política de fastos y relumbrón vacía de verdadero significado ciudadano que fomenta la especulación y va destinada a beneficiar a determinados empresarios bien relacionados con el poder de turno sin preocuparse por las verdaderas necesidades de la ciudadanía. En ese campo Barcelona todavía está recuperándose de los alardes del Forum mientras que Zaragoza tardará en quitarse de encima las secuelas de la Expo (con el agravante de que el alcalde Belloch ya se ha embarcado, sin encomendarse a dios ni al diablo en otra expo nueva, la famosa expo-nabo, que  se adjudicó a esta ciudad por la sencilla razón de que nadie más en este planeta la quería) que, bien mirado, no fue sino una mala copia del pelotazo barcelonés del Forum. Eso sin contar el profundo impacto ecoambiental que los proyectos olímpicos tendrían en el Pirineo, sea catalán o aragonés. La especulación del ladrillo, siempre voraz, siempre insinsible al problema ecológico, siempre anticuada y siempre corrupta amenaza ya con "marbellizar" a golpe de estación de esquí  y urbanizaciones un entorno magestuoso y hermoso tanto en el lado catalán como en el aragonés o el navarro. Se trata de un modelo de desarrollo que no deja de ser desarrollismo franquista de los sesenta lo promueva quien lo promueva (sea el PSOE, sea el PAR, CiU o ERC) y que aporta todas sus lacras incluyendo estupideces casi criminales tan enormes como el proyecto de Gran Scala. Con lo cual mi posición con respecto a la candidatura a los Juegos de Invierno de cualquier fecha tanto desde Zaragoza como desde Barcelona es contraria. Ni Aragón ni Cataluña los necesitan ni los catalanes ni los aragoneses se van a beneficiar con ellos, salvo un reducido grupo de políticos ansiosos de fama y su círculo de empresarios patrocinadores. Y, sí, estoy hablando abiertamente de estupidez y corrupción tanto en Cataluña como en Aragón.

 Vaya también por delante que no tengo absolutamente nada en contra ni de Cataluña ni de los catalanes. Al contrario. De hecho dispongo de buenos amigos catalanes, tengo toda una caterva de primos catalanes (creo que solo superados en número por los asturianos y los argentinos) y he tenido novias catalanas que llegaron a convencerme (yo era bastante escéptico) de que el catalán puede  resultar un idioma muy sexy en determinadas circunstancias. Pero precisamente por eso, por mi aprecio a Cataluña y a un elevado número de catalanes, creo conveniente reflexionar sobre cierto fenómeno sociológico, político y en cierto modo patológico ya antiguo entre Alfarrás y el Mediterráneo que ha vuelto a exacerbarse estos días con la artificial polémica sobre las candidaturas olímpicas de Zaragoza-Jaca y Barcelona-Pirineos, me refiero, claro está, al catalanismo provinciano y gañanesco de determinados sectores radicales e independentistas que haría reír sino tuviera esos visos fascistoides, imperialistas, agresivos y tan desubicados de la realidad que sus defensores acaban inmersos en una fantasía incoherente que les conduce a la condición de verdaderos autistas sociópatas peligrosos para todos pero especialmente perjudiciales para la propia Cataluña.

Su mentalidad es absolutamente infantil. Se comportan como matones, tratando de acaparar todo lo que no les pertenece, de compensar su complejo de inferioridad con una soberbia y una agresividad cercana al puro y simple gamberrismo, reelaborando la realidad a su conveniencia y despreciando y odiando cuanto no se pliega a su viciada percepción de la realidad en la que ellos y lo que ellos creen Cataluña son el ombligo del mundo, y luego lloriquean presas de un victimismo paranoíco según el cual todo el mundo les odia y les detesta. Son como el niño matón que pega a los demás para quitarles la merienda, que les insulta y escupe, que se relaciona con los mayores a golpe de pataleta y luego se pregunta por qué nadie le quiere.

En fin, cuando nadie te quiere suele ser por algo...

Y el problema de Cataluña con esta gente es el mismo que el que padecen las familias que tienen en su seno niños tan malcriados (por cierto que la mala educación de los niños suele ser culpa de los padres del mismo modo que la existencia de esos reductos de irredentismo fascistoide y proclive al autismo son culpa de la propia sociedad catalana o, para mejor decir, de sus políticos que con la excusa del nacionalismo y de hacer frente al españolismo han construído durante décadas un discurso altisonante que escondía a la perfección su incompetencia, su falta de conciencia social y su corrupción) y es que acaban estando mal vistas por sus vecinos.

Claro que Castilla no está exenta de elementos más o menos similares e igualmente molestos, perjudicialies y despreciables: los nacionalistas del centralismo liberal.

Por desgracia España entera esta llena de zopencos semejantes sean independentistas o unionistas. Precisamente una de las asignaturas pendientes en este país es correr a gorrazos a toda esa pandilla de paletos impresentables y gritones y ponernos a construir país desde el respeto mutuo, el aprecio de la diferencia y la certeza de la bondad de la colaboración y la cooperación. Relacionarnos desde la sensatez, no desde el infantilismo. Va siendo hora de que los mayores se impliquen en un proyecto común que nos favorezca a todos respetando las diferencias y de que mandemos a los niñatos de uno y otro signo a casa. El fanatismo irreflexivo puede tener su gracia en el mundo futbolístico pero no en asuntos importantes donde solo sirve para complicar las cosas, crear confusión y enfrentamiento y, en definitiva, para convertir en barreras y grietas cada vez más insuperables asuntos sin verdadera importancia. ¿Haríamos una guerra por defender que la butifarra es mejor que la longaniza o que la sobrasada es mejor que el chorizo de Cantimpalo o este mejor que el de Pamplona?...pues siguiendo a esa gente, a los nacionalistas histéricos de uno y otro lado, sí. Personalmente prefiero que cada zona elabore sus embutidos, sus vinos, sus quesos, su cultura, su folklore...sus peculiaridades enriquecedoras y apreciarlas y disfrutarlas todas, sin maximalismos.

Dicho esto, me parece interesante analizar algo que esos sectores de la paranoia catalanista han puesto de manifiesto al hilo de la coincidencia de candidaturas a los juegos olímpicos de invierno en Cataluña y Aragón. Y se trata de la supuesta indignación aragonesa ante la candidatura catalana y de la histérica interpretación victimista de la misma hecha por determinados sectores ya aludidos que la achacan al españolismo anticatalanista de lo que algunos llaman Mañolandia.

Vamos a ver. En primer lugar sería preciso aclarar que la polémica es absolutamente artificial, generada desde los medios de comunicación madrileños y no desde Zaragoza o Barcelona. Los que abrieron telediarios y diseñaron portadas afirmando la deslealtad de Barcelona con respecto a Zaragoza y el legítimo enfado de los agravadiados aragoneses fueron los medios madrileños siguiendo, incluso los progresistas, un arraigado tic centralista y de rivalidad con Barcelona.

Es cierto que el modo de actuar del señor Hereu fue en general desconsiderado hacia Zaragoza rayando incluso en el desprecio al advertir que había lanzado su candidatura una vez rechazada la de Madrid y sin darse por enterado de que existía una muy similar a la suya en Aragón. Y es cierto que semejante desconsideración ha generado malestar en Aragón, entre otras cosas porque, y precisamente a causa de esos descerebrados del radicalismo catalanista, llueve sobre mojado. Conviene, por lo tanto, que hagamos un poco de memoria para calibrar la exacta naturaleza de ese malestar aragonés en cualquier caso absolutamente sobredimensionado por los medios políticos y periodísticos  no solo madrileños sino barceloneses y zaragozanos. Hemos entrado ya en la dinámica de la matraca demagógica para beneficio electoral de unos y otros y perjuicio general del común de los ciudadanos.

 El catalanismo radical posee dos aspectos especialmente repugnantes: su imperialismo irredentista y la constante negación de la historia (y hasta de la geografía) para arrogarse méritos que distan mucho de ser propios y, en general, exclusivos, como sucede, por ejemplo, con la patrimonialización de la bandera con las barras de Aragón que reclaman como exclusiva de Cataluña cuando es un patrimonio común a toda la Corona de Aragón, que esa es otra. Los pseudohistoriadores catalanistas se han sacado de la manga una supuesta Corona de Cataluña-Aragón gobernada por reyes de Cataluña-Aragón...que es un disparate histórico, absolutamente ridículo sino tuviera consecuencias prácticas en la realidad actual. En este sentido hay que recordarles constantemente, pero no aprenden, que el reino, la institución estatal de mayor rango y mayor consistencia era Aragón a la que Cataluña, que jamás fue reino, se unió como un conglomerado disperso de condados más o menos vinculados directamente a la casa condal de Barcelona por la unión dinástica de esta con la Casa de Navarra, reinante en Aragón. Más aún: siendo el catalán un simple dialecto occitano cuya naturaleza subdialectal es diversa y solo con buena voluntad asimilable bajo la etiqueta de "catalán" ellos lo convierten en una supuesta singularidad cultural (he llegado a leer la inmensa estupidez de que en los Pirineos catalanes nunca se habló latín pasándose milagrosamente de una lengua prerromana a esta lengua claramente románica sin intermediación ninguna) justificativa de una entelequia política del imperialismo catalán, los llamados Países Catalanes, destinada a justificar el expansionismo del catalanismo radical allá por donde les place. Es así como en Aragón, reino que jamás se definió por la lengua (actualmente se habla mayoritariamente el castellano, pero también existe un idioma propiamente aragonés y amplias comarcas en el que se habla un dialecto catalán pero también, debido a la inmigración, se habló habitualmente el francés hasta bien entrado el siglo XIX y a causa de la población morisca un dialecto árabe) sino por el derecho y la conciencia histórica, se asiste a la sistemática presentación de candidaturas de partidos independentistas catalanes en la franja oriental con el claro propósito de acabar incorporando estos territorios, ancestralmente aragoneses, a Cataluña, pretensión reforzada por la propia enseñanza catalanista que afirma cosas como que el mayor pico de Cataluña (es decir: de esa entelequia imperialista que denominan Países Catalanes) es el Aneto, situado en territorio aragonés...

Desde Aragón, la percepción que se tiene del catalanismo radical es precisamente esa: la de una mentalidad fascista con el claro designio de arrebatar a Aragón su historia, sus símbolos históricos y culturales, parte de su territorio y hasta su propia identidad como realidad histórica definida por un territorio y un derecho propios.

Y por si fuera poco, hay décadas constantes de depredaciones catalanas sobre intereses aragoneses que han dejado muy claro a este lado del Segre lo que puede esperarse de unos vecinos imbuidos de semejante mentalidad. En los setenta y los ochenta Aragón tuvo que soportar la pretensión catalana de condenar a la nada los necesarios regadíos aragoneses, una tierra empobrecida y azotada por el despoblamiento, para potenciar la industria catalana, a la sazón rival de la aragonesa. Luego los constantes intentos de patrimonialización y desmembración del Archivo Histórico de la Corona de Aragón (que no de Cataluña-Aragón), el robo de los bienes de la Franja y la negativa a devolverlos a pesar de las sentencias civiles y eclesiásticas...No voy a hacer un memorial de agravios, todos los conocemos.

Es lógico, pues, que Aragón no pueda estar a gusto ni contenta con el vecino catalán. Y, como se ha dicho, la desconsideración del alcalde Hereu es una gota más en un vaso que amenaza con colmarse.  Pero, claro, los catalanistas radicales, fieles a sus costumbres adoptan la bandera del victimismo, del nadie me quiere y ahora me voy dando un portazo...para justificar lo injustificable.

En resumidas cuentas, lo mismo de siempre: rapacidad, insolidaridad, negación de la realidad y de la historia, avaricia y victimismo. Todo lo cual engendra desconfianza y antipatía dificultando algo que sería normal y deseable: la colaboración entre territorios vecinos y, aunque a algunos les pese, hermanos.

Hay que hacerse mirar lo de la sociopatía nacionalista. Tanto la catalana como las otras de España y, como he dicho más arriba, mandar a los niñatos a casa a gorrazos y empezar a gobernarnos con madurez y sensatez.

NOTA.- la foto es de Blai Server

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DE RAJOY A RAJOY PASANDO POR VIC

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La desvergüenza de la derecha en general y de la española en particular es proverbial. Por estos lares ibéricos dicha característica viene sancionada nada menos que por el mismísimo Josemari...(el bufón infecto de Escrivá de Balaguer, que entre sus muchas incoherencias y estupideces sectarias vomitó algunas perlas que permiten comprender a la perfección el pensamiento profundo de los curas furibundos de la Gran Escuela hoy representada por Rouco Varela, entre ellas aquella que afirmaba que la Santa Desvergüenza es una cualidad del servidor de los intereses eclesiásticos)...y se puso en práctica numerosas veces, empezando por 1936 cuando los espadones africanistas y clericales se sublevaron, dieron un golpe de estado contra el estado legítimo y luego fusilaron a los ciudadanos decentes, defensores de la democracia, muchos de los cuales no habían visto un arma en su vida, acusándolos, precisamente, de rebelión armada.

Insisto: la derecha española nunca conoció la vergüenza. Como demuestra hasta la saciedad el devenir político de su partido por excelencia en los últimos treinta años, el PP, dedicado a la demagogia destructiva y a generar problemas en la oposición y a corromperse, destruir el tejido social y el medio ambiente en beneficio de una de las oligarquías más incultas y despreciables de Europa cuando está en el poder. Oligarquía "nacional" en todo el negativo sentido de la palabra que lleva desde 1833 sometida a los intereses imperialistas de Inglaterra y Estados Unidos hasta el punto de llegar a convertir, si por ellos fuera, a España en una vulgar monarquía bananera.

Por eso, por esa falta de vergüenza congénita, por esa demagogia permanente y por su constante oportunismo político más propio de hienas al acecho que de servidores públicos con verdadera voluntad de mejorar el país, no debe sorprendernos, y de hecho no nos sorprende, que ahora el señor Rajoy, a cuenta de la decisión de Vic de no empadronar a los inmigrantes ilegales y buscando pescar votos airados en las revueltas aguas de la crisis y el paro creciente, critique en estos días una ley que él mismo elaboró siendo ministro de administraciones públicas allá por 1997. Cualquier cosa con tal de alcanzar la poltrona y poder abrir las compuertas de la privatización, de la desprotección social, de la desigualdad, de la corrupción, del apoyo al sector más oscurantista de la secta católica...nada que no conozcamos ya.

Sin embargo ese cambio de postura del señor Rajoy y de su partido, como las antedichas perlas de Balaguer, nos permite asomarnos a la estructura profunda del pensamiento de esa gente. Nadie tema, no voy a prolongar demasiado este artículo abismándome en disquisiciones psicológicas o casuística diversa. La cosa es sencilla.

Sabemos que en 1997 el señor Rajoy, como ministro del PP, implementó esta ley que ahora critica. ¿Qué ha cambiado en estos trece años aparte de la coyuntura política?...Muy sencillo: en 1997, la ley era un instrumento autoritario que servía a un gobierno como el del señor Aznar, de raíces fascistoides y simpatías ultraconservadoras al estilo de Bush y su golpe totalitario con excusa del atentado de las Torres Gemelas, para controlar a los indocumentados y poder descargar sobre ellos las políticas represivas que se estimase oportuno. Ahora, en cambio, esa misma ley sirve para garantizar los derechos sociales de los inmigrantes aunque sean ilegales. El PP tiene como política base socavar hasta la eliminación los derechos sociales (empezando por la libertad personal y acabando por la sanidad y la educación públicas) incluso de los propios españoles que lo somos por nacimiento y ley, cuanto más con las de sospechosos individuos que poseen, además, seamos claros, un desagradable tono de piel que no suele ser aquel al que los distinguidos diputados y jerifaltes peperos están acostumbrados a ver en sus carísimos y elitistas colegios de pago dependientes de la iglesia católica donde se enseña, entre otras cosas, que a los negritos y a los chinitos se les ayuda con limosnas y no con justicia social e igualdad.

Resumiendo: las leyes son buenas para el PP cuando sirven como instrumento autoritario a favor de los intereses oligárquicos, en claro contraste con los generales y nacionales, y son malas cuando sirven para beneficiar a las clases más desprotegidas. Es bueno tenerlo en cuenta.

PD:- Por cierto que no deja de ser curioso que el emblema del PP sea precisamente la gaviota, uno de los pájaros más rapaces y acostumbrados al robo y la rapiña, más crueles y despiadados de la naturaleza. A lo mejor eso también deberíamos tenerlo en cuenta.

NOTA.- la foto es dsevilla.

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CENSURA: L´ESSAYEUSE (FRANCIA, 1976)

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En condiciones normales L´Essayeuse no hubiera pasado a la historia del cine. Su argumento era repetitivo incluso para 1976 (una mujer casada, burguesa, de edad madura pero en buen uso  físico que inducida por una amiga "liberal" y liberada comienza a practicar sexo a diestro y siniestro dejando atrás las convenciones morales impuestas por el cristianismo dominante en su clase), su género se encuadraba dentro de una primitiva corriente del porno cercenada de raíz por la aparición de los circuitos especiales de exhibición en la que los números de sexo real se incardinaban sin solución de continuidad dentro de un argumento con diálogos, desarrollo y pretensiones más allá de la simple pornografía. Y sus números pornográficos tampoco aportaban demasiadas novedades ni siquiera en su fecha de realización. De hecho, apenas nadie se acordaría de esta película de no haber sido condenada a las llamas inquisitoriales por una vigorosa campaña en defensa de la "moralidad" (cristiana, se sobrentiende) dirigida por un furibundo obispo francés...en Francia. De este modo una película que no hubiera trascendido apenas su explotación comercial acabó entrando en la historia de la censura y de la lucha por las libertades contra el totalitarismo de las sectas semitas en un momento en que, a nivel mundial, comenzaba a gestarse la reacción oscurantista y medievalista que a partir de la señora Thatcher y el presidente Reagan se conocería como Revolución Conservadora y que actualmente sigue en ciclo de pleamar sin haber alcanzado su cota máxima. Es una guerra en la que todavía estamos inmersos y que siguen ganando las posiciones más contrarias a la naturaleza, la razón y el progreso: los émulos más o menos disimulados de Savonarola.

Por ese motivo es bueno que nos ocupemos, siquiera sumariamente, de las circunstancias que llevaron a la prohibición y destrucción de esta película.

Para ello hay que prestar atención a un político mediocre y resentido que se lanzó a la senda de la traición con el único objetivo de alcanzar el poder en su grado constitucional máximo, la presidencia de la república: Valery Giscard D´Estaing.

El General De Gaulle cuya única discrepancia política con Petain era no aceptar la rendición de Francia en 1940 adoptando, por tanto, la misma idea nacional-católica del viejo mariscal en el fondo tan similar a la franquista, como ideario base de sus creencias políticas, abandonó el gobierno en 1946 cuando se decidió dar cabida en él a los socialistas. Probablemente ese hubiera sido el final de su carrera política de no mediar la disolución del imperio francés. Entre finales de los cincuenta y principios de los sesenta Francia perdió Indochina, se enfrentó a la sublevación de Argelia y tuvo que dar la independencia a sus colonias africanas bajo la presión de los Estados Unidos y la Unión Soviética a través de las Naciones Unidas todo ello en un marco de perpetua inestabilidad ministerial de la IV República provocada por un excesivo protagonismo de un parlamento fragmentado donde se gestaban alianzas frágiles y rápidamente fungibles.

En ese marco el descontento del ejército aumentó provocando en 1958 un encubierto golpe de estado: aviones de paracaidistas franceses destinados en Argelia salieron hacia París con intenciones poco claras, De Gaulle se presentó en semejante tesitura ante el parlamento y consiguió que este depositara en él plenos poderes presidenciales ante la amenaza que suponía la asonada militar (en 1981 el golpe de Tejero y Armada trató de imitar el esquema en España) acabando de este modo con la IV República y dando origen a la V, todavía vigente, sobre bases ideológicas estrictamente derechistas: valores cristianos y de libre mercado dentro de una Europa conservadora bien vigilada en el terreno político y moral.

Giscard D´Estaing, gaullista convencido y político ambicioso que veía en la implantación de la V República y el dominio político del gaullismo una senda cómoda para su ascenso al empíreo ministerial e incluso, a largo plazo, presidencial, medró con facilidad en el nuevo escenario. En 1962 era ya ministro de finanzas y economía. Pero los acuerdos internacionales de Francia, especialmente los relacionados con la Comunidad Económica Europea, y la situación del país, con las colonias perdidas y varias guerras a sus espaldas, no hacían precisamente fácil el cargo. Era preciso adoptar medidas anti-inflaccionistas (en 1960 se creó el franco nuevo para remediar el bajo valor del franco que valía un 1% del nuevo) y estas no eran precisamente populares. El resultado fue que en las elecciones presidenciales de 1965 De Gaulle estuvo a punto de perder precisamente por la impopularidad de su política financiera. ¿La solución?...sencilla: prescindir de su muy impopular ministro de finanzas: Giscard.

De pronto el ambicioso político se vio en la calle y con toda posibilidad de ascenso cortada. Su carrera política había concluido, nadie daba un franco, ni siquiera de los viejos, por él.

¿Qué hacer?...Si De Gaulle te cierra las puertas nada mejor que traicionar a De Gaulle.

En general la derecha nunca es simpática cuando gobierna, demasiado autoritarismo, demasiada gazmoñería, demasiada retórica y práctica aracizante...por ese motivo la baza habitual de todos los políticos derechistas que quieren ganar unas elecciones es presentarse como centristas, esto es: derechistas, burgueses y conservadores, pero sin alharacas ni excesos. El centrismo ha sido siempre una máscara light para el derechismo y un suicidio lento para la izquierda.

De modo que De Gaulle abandonó el gaullismo, organizó su propio partido, la Federación Nacional de Republicanos Independientes, algo así como un grupo de gaullistas sin De Gaulle, y  se dedicó a proclamar que el presidente y sus adléteres eran representantes conspicuos de la derecha mientras que él era un moderno y moderado centrista que asumía todos los valores de la nueva república (la democracia-cristiana como base ideológica, el libre mercado) pero con cierto grado de aperturismo. Simple maquillaje electoral que no le hubiera llevado mucho más allá de no encontrarse con los acontecimientos políticos y sociales que sacudieron a Europa y al mundo en la segunda mitad de la década de los sesenta y que arrastró al "centrismo" de Giscard hacia piélagos revolucionaros dificilmente imaginables en 1965.

Primero llegaron los famosos acontecimientos de mayo de 1968 que se quiera o no provocaron un profundo cambio en la mentalidad social no solo de Francia. Aunque las alteraciones ciudadanas fracasaron dejaron un legado ideológico de cambio que la derecha no pudo empezar a contrarrestar hasta finales de los setenta y contra algunas de sus consecuencias mejor asentadas sigue empeñada en combatir. En 1969 Dinamarca autorizó la pornografía, cosa que puede parecer anecdótica pero que en realidad tiene gran trascendencia. No en vano toda la política procedente de la superstición semita se muestra obsesionada por la "moralidad" y apegada a la censura de los comportamientos y representaciones sexuales, eróticos o simplemente de la exhibición del cuerpo. Esa ideología parte de la idea de que el cuerpo es malo por sí mismo y que el placer es simple y llanamente pecado, una sencación sucia y malvada prohibida por su dios y ha sido, es y será siempre virulentamente prohibicionista. Por ese motivo la pornografía, abarcando desde el simple desnudo a los más elaborados y multitudinarios actos sexuales, les horroriza, porque ataca directamente y disuelve con la normalización y el ejemplo la estúpida idea de pecado. De hecho es mejor arma revolucionaria para transformar la sociedad  que la guerrilla armada.

En todo el mundo derechista, en cuanto se autorizó la pornografía en Dinamarca, se miró a los Estados Unidos, bastión feroz del más rancio oscurantismo semita, para contar con una reacción legitimadora de una nueva represión (los americanos siempre cuentan con excusas médicas y psiquiátricas elaboradas por profesionales afines a las sectas semitas para justificar una represión "moral" de raíces puramente ideológicas y, desde luego, con los mejores aparatos represivos del mal llamado "mundo libre") pero el cálculo falló. Nixon trató de zanjar el asunto con una comisión presidencial que determinara que la pornografía generaba violaciones, violencia y todo tipo de males apocalípticos, sin embargo, contra todo pronóstico, dicha comisión se mostró favorable a la legalización y ya en 1970 se estaba realizando pornografía legal e industrialmente en San Francisco. Hubo un nuevo intento de cruzada en 1972, dirigida contra la película Garganta Profunda, pero se volvió a fracasar. Hubo que esperar al mandato de Reagan y a una nueva comisión presidencial en 1985 para llegar a las conclusiones que se esperaban en 1969.

Entre tanto, la carrera de Giscard se relanzaba al plantarse frente a De Gaulle en el referendum que terminó con su carrera política y en su afán de mostrarse moderno para ganar las elecciones no tenía más remedio que mostrarse afín a los cambios que estaba experimentando la sociedad.

Finalmente, en 1974 ganó las elecciones y presa de su propia retórica electoralista se vio forzado a autorizar la pornografía en Francia.

De hecho 1974 fue un año de libertad y liberación sexual en Francia, no en vano es el año de Emmanuelle (cuya segunda parte fue prohibida en Francia produciéndose el fenómeno contrario al experimentado con la primera en la que los españoles, todavía bajo las leyes del franquismo, pasaban a Francia para verla, en 1977 fueron los franceses los que tuvieron que pasar a España) o de la famosa exposición de Irina Ionesco en la galería Nikon de París.

Pero, claro, se trataba de un espejismo. La derecha, a la que Giscard pertenecía así como todos sus colegas de diversas siglas en el gobierno, nunca fue y nunca será sincera a la hora de aceptar los avances sociales en lo tocante a la emancipación con respecto a la "moral" procedente de la idea semita de pecado. Evidentemente no podían quitarse la careta ante la sociedad sabiendo que tarde o temprano iban a tener que enfrentarse a las urnas, necesitaban que su paso atrás viniera demandado por la propia sociedad o ,al menos, por un enorme clamor que pudiera hacerse pasar por mayoría moral de la misma.

Es ahí donde se buscó el apoyo de las asociaciones "civiles" subrepticiamente manejadas por las sectas semitas, en este caso básicamente por la iglesia católica.

El modelo, como no, ya había probado su eficacia en los Estados Unidos. Allí, con la televisión prosperando rápidamente y con el Código Hays de censura a punto de caer, se fundó en 1962 la Asociación por la Moralidad en los Medios de Comunicación que iniciaron, como en un chiste, un cura católico, un rabino judío, un pastor luterano y un pope ortodoxo y que hasta el día de hoy sigue estando sufragada y protegida por el ministerio de justicia y el congreso de los Estados Unidos. Esta moderna forma de censura e inquisición privada de las sectas semitas justifica, como siempre, su totalitarismo coercitivo partiendo de que su viciada moral es la Moral, la única cierta y verdadera, y que debe protegerse a la infancia y la juventud de la inmoralidad, es decir, de los usos e ideas que consideran ridícula la idea de pecado y la certeza supersticiosa de que el cuerpo y el placer son obra del demonio. Con esa excusa estas asociaciones se dedican a imponer lisa y llanamente una censura que los estados modernos, al menos hasta no hace mucho, no se atrevían a imponer directamente.

En Francia, para revertir el modernismo estratégico de Giscard, era necesario un escándalo y el bullicio mediático de un elevado número de siglas que pudiera presentarse como una parte importante de la sociedad (algo así como cuando aquí los antiabortistas salen a la calle arropados por el griterío mediático de las televisiones, radios y periódicos de la derecha, juntando un montón de asociaciones y reuniendo 50000 manifestantes traídos a Madrid desde todos los rincones de España y luego dicen que "solo" en Madrid se han manifestado un millón y medio de personas...hablábamos ya en el anterior artículo de la Santa Desvergüenza)...y la película escogida para armarla fue, precisamente, L´Essayeuse.

L´Essayeuse, ya hemos dicho que una película convencional en su género, se estrenó en un cine normal con clasificación para mayores de 18 años cumpliendo la legislación vigente en Francia en ese momento. Enseguida llegaron las protestas de los sectores conservadores encabezados por un obispo furibundo (cuyo nombre olvidaré voluntariamente), los Scouts de Francia (ya hablaremos de esta perjudicial asociación en su momento) y la Confederación de Asociaciones de Familias Católicas diciendo que esta película atentaba contra la familia e incitaba al vicio.

Las protestas consiguieron, en primer lugar, la creación de la categoría X que neutralizaba el efecto liberalizador de la pornografía reduciéndola a un ambiente marginal y restringido que reclamaba su condición pecaminosa y perjudicial. De hecho soy firme partidario de eliminar la clasificación X que considero como pura y simple supervivencia de la censura semita.

Pero esto no fue suficiente y el 15 de octubre de 1976 la película, su director y sus autores fueron formalmente denunciados por el increíble delito de apología del vicio (por cierto que declarar delito las "apologías" de lo que no gusta al poder es otra forma tolerada de censura y de atentado contra la libertad de opinión, expresión y pensamiento) y condenados, los jueces suelen ser conservadores y estar al servicio del poder establecido que es el que les paga, a multas de entre 400 y 10000 francos. Por supuesto apelaron, pero fue peor. La nueva sentencia aumentó sus multas a cantidades de entre 3000 y 18000 francos y determinó que la película y todas sus copias debían ser quemadas, se fechaba el 10 de junio de 1977.

Al año siguiente se reformaba el código penal francés poniendo fin a la modernidad estratégica de Giscard, en 1979 llegaba al poder en Inglaterra Margaret Thatcher y en 1980 Reagan en los Estados Unidos. La Revolución Conservadora que todavía sufrimos se había iniciado formalmente.

NOTA.- La foto es de Lumiago.

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21/01/2010 13:52 disidenteporaccidente Enlace permanente. censura No hay comentarios. Comentar.

UNA BÚLGARA ENJAULADA Y TRES TRISTES TRÍOS

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El año se anima. Después de un par de fines de semana sin demasiadas cosas que contar este último ha venido cargadito de acontecimientos y confidencias que puedo subir al blog a modo de cotilleos erotico-festivos.

Empezaré por J. que andaba enfadado conmigo por contar sus escarceos sadomasoquistas. De hecho desde que publiqué lo de sus paseos nocturnos con sumisas semidesnudas con cadena al cuello y las terapias golfo-falangistas de su padre había dejado de llamarme. Al parecer amigos comunes que le reconocieron a pesar de mi circunspección se dedicaron en los últimos días de 2009 a frecuentar los alrededores de su casa a altas horas de la madrugada, cuando regresaban de sus salidas nocturnas , para ver si eran ciertas mis revelaciones y parece que la cosa derivó en verdaderos tours turísticos guiados (ojo,no por mí) que convirtieron al bueno de J. en una celebridad local a la que se aplaudía, a veces hasta desde las ventanas. A cualquier otro tal popularidad le hubiera hecho feliz, pero el amigo J. no solamente es pudoroso, además, como buen conservador, adora la hipocresía razón por la cual sus pequeñas travesuras secretas, una vez convertidas en diabluras públicas, además de avergonzarle, han dejado de satisfacerle. Ser un pervertido deja de tener gracia si todo el mundo lo sabe y a nadie le importa. Nada más triste y menos peligroso que un pervertido convertido en fenómeno social.

La cosa alcanzó tal notoriedad que hasta su párroco (figura extinta en la mayor parte de la sociedad española pero que todavía pugna por subsistir en algunos submundos) se le presentó en casa para regañarle, confesarle e interesarse por el vestuario de las sumisas desfilantes (dice J. que la expresión con la que el cura manoseaba las medias de seda no era precisamente santa y que después de la visita notó la falta de un par junto con su correspondiente liguero...)

En fin, para no extenderme. Que J. estaba enfadado conmigo y había decidido no volver a hablarme. De hecho en la tarde de Nochevieja le encontré por la calle y volvió ostensiblemente la cara para denotar sin lugar a dudas que no quería ningún trato conmigo.

Y así estábamos hasta la madrugada del pasado sábado cuando, inopinadamente, recibí una llamada suya que ignoré. Si buscaba reconciliación no eran horas de molestar. Además le conozco bien y supuse que a hora tan avanzada de la madrugada de un festivo no debía andar demasiado sereno respondiendo su llamada muy probablemente a un rapto de exaltación alcohólica de la amistad que con la resaca le resultaría incómodo y quizá vergonzante. Así que apagué el móvil sin ninguna contemplación y, puesto que no me encontraba en mi casa, me importó poco que pudiera llamar al fijo.

Le olvidé por completo hasta pasadas las tres de la tarde del domingo cuando me levanté, encendí el móvil y encontré un sinfin de llamadas perdidas procedentes de su número. Evidentemente, puesto que algunas de las llamadas eran muy recientes, la cosa era importante y no tenía nada que ver con su habitual borrachera de los sábados. Le telefoneé y me pidió que le visitara. Algo grave sucedía.

Me acerqué a su casa y, tras llamar al timbre, me entreabrió la puerta sacando al exterior su cabecilla calva para mirarme con ojos escrutadores.

-Me tienes que prometer que no lo vas a contar.- Fue su saludo.

-¿El qué?

-Lo que ha pasado.

- Ah, pues si no lo puedo contar....- E inicié el regreso hacia el ascensor.

-¡Espera, espera!...

-¿Qué quieres?

-Es que tengo un problema.

-¿Grave?...

-Hombre...

-Si la cosa me hace gracia la contaré, eso te tiene que quedar muy claro.

-Que somos amigos...

-Nunca lo hemos sido.

Es cierto. Nuestra relación nunca ha sido propiamente de amistad. Nos conocimos rivalizando por dos mujeres y además coincidió en que una de sus esclavas (muy indiscreta) fue amante mía por un tiempo. Fuimos contrincantes desde el principio. Tenemos amistades e intereses comunes, hemos coincidido en cenas, comidas, fiestas, intrigado el uno contra el otro en diversos lances de seducción femenina...y ello generó una cierta relación. Durante un tiempo, por cuestiones laborales, hasta dimos en almorzar juntos con asiduidad y hemos jugado a menudo al ajedrez, pero de ahí a ser amigos...Él ha hecho siempre todo lo posible por perjudicar mis avances amorosos y yo no veo motivo para tratarlo como a un amigo. Se lo expliqué así y le recomendé que para solucionar su problema recurriera a alguno de sus verdaderos amigos o a alguna de sus sumisas. No le pareció buena idea.

-Mis amigos no lo comprenderían.- respondió.- Tú al menos eres un hombre de mundo.

En un tipo con una mentalidad tan decimonónica eso de que te llame "hombre de mundo" es todo un halago, me dejé enternecer y regresé a la puerta. Hizo ademán de abrir, le detuve.

-Asume que lo voy a contar todo.- le advertí...estaba lo suficientemente desesperado como para aceptarlo.

Entré en la casa, me hizo transitar por el pasillo en silencio (su anciano y enfermo padre dormía) y me llevó al salón donde había apartado los muebles, instalado un cabestrante en el techo del cual pendía, sujeta por una cadena, una pequeña jaula cuadrada en la que se agazapaba ,incomodísima, una chica desnuda que gimoteaba y maldecía en un idioma eslavo. Me asusté, ¿cabía la posibilidad de que J. estuviese llevando sus fantasías demasiado lejos?¿de que hubiera secuestrado a aquella preciosa rubia para colmar sus deseos sádicos y ahora no supiese cómo salir del embrollo?...Enseguida me tranquilizaron. La chica era una voluntaria, habían estado jugando con su consentimiento. Puesto que a causa de mis humildes artículos J. ya no podía salir a jugar a la calle, había pensado innovar indoor. Se compró la dichosa jaula, que le costó un riñón, mandó instalar el gancho en el techo, la polea...todo y de modo que se pudiera instalar los fines de semana recogiendo el domingo por la tarde y dejándo el salón como si nada hubiese sucedido. Conoció a la chica en un círculo especializado, se le llevó a casa, hicieron sus cositas...y con la pasión perdieron la llave de la jaula. J. había buscado por toda la casa pero no la encontraba. Sencillamente había desaparecido y la pobre chica, una bonita búlgara, no podía salir. Llevaba encerrada desde la madrugada y hacía horas que la cosa había dejado de tener gracia. Ninguno sabía ya qué hacer y, vaya usted a saber por qué, J. pensó en mí.

Mis soluciones fueron poco efectivas. Solo se me ocurrió volver a buscar la llave, sin éxito. Intentar forzar la cerradura de la jaula, con menos éxito todavía, ni J. ni yo valemos para ladrones, intentar limar los barrotes...pero se conoce que los constructores alemanes de jaulas para el sado utilizan buenos materiales, no hubo tampoco forma...Al cabo fue inevitable recurrir a un profesional. Aunque J. no quería, la chica se impacientaba y había perdido ya toda vergüenza. Lo único que deseaba era salir de su prisión, salir de la casa y no volver a ver al pobre J. Y para conseguir todo esto solo habia un medio: llamar a un cerrajero de urgencia. J., pensando en el escándalo, se resistía pero ella le amenazó con denunciarlo por detención ilegal y secuestro si no transigía y hubo de ceder.

Naturalmente me quedé a ver terminar el espectáculo.

El cerrajero, a decir verdad, no se tomó las cosas con demasiada urgencia. Apareció pasada la hora de la cena y, al ver la tarea que le esperaba, quedó boquiabierto, nos miró con suspicacia y se negó en redondo a hacer nada sin la presencia de la policía. La chica, desesperada, le pedía por favor que abriera la jaula pero él seguía negándose bajo el argumento, cierto, de que todo aquello era muy extraño. J. , al borde del llanto, suplicaba también pero sin conseguir resultados. Al cabo de media hora, el cerrajero accedió a telefonear a su jefe. Este no daba crédito a lo que escuchaba. Quiso hablar con J., con la búlgara...ambos se deshicieron en explicaciones, relataron con detalle todos los pasos que les habían conducido a tan incómoda situación y rogaron para ser ayudados...como la negociación no avanzaba intervine para prometer un sustancioso suplemento económico que, naturalmente, saldría de las arcas del anfitrión. Este, tacañísimo, quiso negarse, pero la rabia desconsolada de su cautiva acabó por convencerle.

Pasadas las once de la noche el cerrajero se puso manos a la obra. Veinte minutos después la pobre búlgara, entumecida, con los barrotes marcados en las piernas y con harta urgencia de visitar el lavabo, lograba arrastrarse al exterior de la jaula. Mientras estaba ausente, el cerrajero rellenó su factura, se la entregó a J. y exigió cobrar en el momento y en efectivo. No hubo problemas, J. guardaba dinero suficiente en casa para satisfacer sus demandas.

Una vez fuera del baño, la chica se vistió deprisa y se marchó sin despedirse. Yo la dejé alejarse y luego me fui también. J. me interceptó ya cerca de la puerta:

-¿Vas a contarlo en el blog?

-Ya te dije que sí.

-Eres un cabrón.

Me encogí de hombros, le aparté con suavidad, y salí al rellano para llamar el ascensor. Había sido un domingo entretenido, no lamentaba haberlo perdido casi por completo entre aquellas cuatro paredes del lujoso piso ya algo anticuado del pobre J.

Camino de casa fui repasando las novedades blogueables del fin de semana. Sin duda lo de la jaula y la búlgara era lo más llamativo pero también me habían contado otras tres historias que merecía la pena añadir al cuento, como efectivamente voy a hacer.

 Desde el viernes al domingo me contaron tres aventuras con un denominador común: tríos fracasados y, aprovechando la unidad temática voy a plasmarlos sucesivamente en estas humildes páginas.

Empezaré por Guiller, que el viernes por la noche me contó parte de sus miserias con la esperanza de que las postease sin, por supuesto, delatar en demasía ni su identidad ni la de sus parteneres femeninas.

Hasta el otoño pasado Guiller era como una barra de pan poco tostada: todas las mujeres lo miraban, algunas lo manoseaban pero ninguna se lo quedaba. En octubre, sin embargo, su suerte parecía próxima a cambiar. Lo recuerdo por aquellos días y el tipo estaba verdaderamente radiante, entusiasmado, pero se cuidaba mucho de explicar el motivo. Este no era otro que una pequeña aventurilla en el entorno laboral o, para ser más preciso, dos. Había una secretaria soltera como de treinta y pocos y una becaria recién llegada con las que el muy pillín andaba tonteando. Como no compartían despacho, Guiller podía mover sus piezas aquí y allá para ir ganando posiciones en los dos asedios sin que ninguna de las dos cortejadas pudiera sospechar nada del doble juego. Las cosas se complicaron un tanto cuando las chicas se hicieron amigas. Entonces las cartas de Guiller quedaron al descubierto pero el flirteo no concluyó, simplemente se hizo más interesante. Y así, jugando, jugando, ocurrió lo impensable. Sucedió una tarde de viernes, al final de una semana de trabajo duro, casi febril. Solo quedaban ellos en la oficina, se acercaba la hora de cenar, el fin de semana...las chicas coqueteaban abiertamente, quizá para deshacerse de la tensión de los últimos días, él se mostraba audaz y, de pronto, llegaron los primeros besos a tres. Pocos minutos más tarde la pasión se descontrolaba. La mesa de reuniones empezó a servir para confrontaciones más físicas, la ropa comenzó a volar hacia los rincones, los abrazos y las caricias nublaban ya las mentes de los tres, que se entregaban sin reservas al placer cuando de pronto, oh sorpresa, irrumpieron en el despacho la de la limpieza, una cincuentona malencarada, y el de seguridad...

...Si la vida real fuera una película porno muy probablemente el lance se hubiera resuelto en orgía, pero la vida real suele ser mucho más prosáica. La de la limpieza, que había visto la luz y escuchado ruidos extraños en el despacho, se había asustado y llamado al de seguridad y este, aunque irónico y tolerante, se vio en la obligación de cumplir con su deber vedándoles todo acto lascivo en la oficina mientras que la señora del mocho arrugaba la nariz y clamaba contra la inmoralidad de la juventud. Total, y en versión corta: que les cortaron el rollo y les echaron.

Luego ya no fue lo mismo, ni siquiera tuvieron ganas de cenar juntos, cada cual se fue a su casa.

Como no podía ser de otro modo el de seguridad, para no verse traicionado por la enfadada limpiadora, informó de lo sucedido y la cosa derivó en una enojosa bronca por parte de los jefes, amenaza de despido y recochineo general. Porque es sabido que en las empresas los secretos duran poco.

Pero lo peor no fue eso. Lo peor es que la becaria tenía una tosecilla desde el miércoles, los besos a tres esparcieron los vacilos y resultó ser gripe A en un momento en que esta enfermedad se creía casi mortal de necesidad. Acabaron los tres hospitalizados, monitorizados y asustados ante la posibilidad, al parecer cierta, de la muerte cercana. Todo esto sin haber pasado de los preliminares.

Así de triste es la vida.

Ahora  Guiller lo recuerda y, aunque no hace tanto, puede ya reírse a cuenta de la anécdota y permitir que yo la cuente.

 Su historia, narrada en segundo plato de una cena entre amigos, hizo reír de lo lindo a otra amiga mía cuyo nombre obviaré que buscó un momento posterior de la noche para hacer un aparte conmigo y contarme su peculiar fiasco trilateral.

Actualmente mi amiga lleva unos seis años casada. Hace dos, y recién superada una crisis matrimonial, su marido y ella notaron que habían caído en la rutina sexual. Habían hecho y repetido todo lo que les gustaba y podían hacer en pareja y ya ni si quiera se motivaban. Pasaban las semanas y los meses sin que les apeteciese mantener relaciones sexuales entre ellos aunque, según parece, los extraños sí les excitaban. Una infidelidad descubierta en ese momento delicado podría haber dado al traste con el matrimonio y tenían demasiadas deudas para poder permitírselo. De modo que hablaron entre ellos y decidieron que lo mejor era probar un trío. La esposa se negó en las negociaciones subsiguientes a aceptar en la cama nada que no fuera un segundo hombre y el marido hubo de ceder. Eligieron a un buen amigo de ella, uno con el que en varias ocasiones había estado a punto de cometer adulterio en los meses anteriores. Lo hablaron con el tipo, este se mostró interesado en lo del menage a trois, se citaron...y ocurrió la catástrofe.

Mi interlocutora es una mujer muy atractiva, joven, agradable, con un cuerpo bien proporcionado y mejor torneado, con un rostro entre dulce y pícaro con facciones de belleza clásica y unos ojos grandes y expresivos...nunca en toda su vida ha tenido la menor dificultad en conseguir que los hombres se estimulasen ante la idea de pasar un rato de intimidad a su lado. De modo que supuso que la noche de autos nada se interpondría en la consecución de su designio placentero. No contaba con el nerviosismo de sus parteneres, su timidez, su intento de vencerla a través del alcohol y las nefastas consecuencias para la erección de ambos de todo ello. Acabó desnuda en una cama con dos hombres y por más que se esforzó no consiguió que a ninguno de los dos se le levantara.

-Desde entonces-concluyó su relato- no hemos vuelto a intentarlo. Simplemente le pongo los cuernos al imbécil de mi marido y santas pascuas.

Precisamente me encontraba con ella cuando el pesado de J. empezó a llamarme el sábado de madrugada.

Para terminar este artículo traeré a colación otra historia de menage a trois acabado en falso que me contó otro amigo mío, médico con cierta experiencia en urgencias. En ella intervienen un chico con piercing en el pene, una chica con aparato dental y otra chica con pendientes grandes de aro. Según llegó a colegir mi informante, el drama se produjo en dos tiempos. En un primer momento, en el transcurso de una felación, la chica del aparato dental se quedó de algún modo enredada en el piercing del joven. Hizo algunos intentos de desasir los hierros pero todos ellos sin éxito, cada vez se enganchaba más. La otra chica trató de ayudar, quiso ver de cerca los adminículos enredados y, sin darse cuenta, mientras trataba de maniobrar, el pendiente de su oreja derecha quedó enredado también en el amasijo de hierros agravado por la disminución de la erección del asustado chico que complicaba mucho más la maniobra...no les quedó más remedio que llamar a urgencias y a la policía para que derribara la puerta del domicilio donde se encontraban. Ya en el hospital pudieron desengancharles, pero este artículo se está prolongando demasiado, el modo exacto lo contaré otro día.

 

NOTA.- la foto es de Alberto Lazo.

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27/01/2010 00:04 disidenteporaccidente Enlace permanente. cosas que pasan No hay comentarios. Comentar.

DOBLAN LAS CAMPANAS...Y DOBLAN POR NOSOTROS

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Hay en el mundo instituciones muy prestigiosas, verdaderos oráculos, que en realidad tan solo son órganos de propaganda de un sistema determinado (el de Bretton Woods) deliberadamente concebido para sustentar el poder de unas determinadas élites y la difusión de una ideología dogmática encargada de mantener, potenciar y prestigiar dicho sistema. Pienso en el Fondo Monetario Internacional, en el Foro de Davos, en determinadas agencias destinadas a catalogar el supuesto crédito de una economía concreta...

Lo que defienden todos estos órganos de la mentira, la especulación y la explotación  es siempre lo mismo: favorecer los beneficios de las grandes empresas (es decir: el robo legalizado a costa de los recursos de un país y de una sociedad) y desproteger por completo a los obreros y, aunque sus miembros no suelan darse cuenta, también a las clases medias e incluso medias-altas que, en realidad, dentro del esquema de economía global capitalista forman también parte del proletariado. Exigen que el gobierno, el estado, cuya función primordial (si es legítimo) consiste en defender los intereses del pueblo que representa, se convierta (como de hecho sucede) en herramienta de las multinacionales para el robo y la especulación y en órgano represor del descontento así como agente armado de la estafa colectiva que pretenden.

Estos oráculos, entre los que hay que incluir determinados periódicos anglosajones de todos conocidos, presentan sus tesis como argumentos de autoridad esgrimidos "científicamente" por "expertos" que no son otra cosa que portavoces de una ideología que ha dado reiteradas muestras de su rapacidad, de su inviabilidad y de su incapacidad (a este respecto recomiendo la lectura del artículo, sito más abajo, de Crecy y las indiscutibles ideologías dominantes) para gestionar el mundo. Una ideología que, se ha repetido hasta la saciedad en estas páginas, beneficiando a unos pocos, muy pocos, nos perjudica a todos.

Las soluciones de esta gentuza son siempre las mismas. Si proponen desde la ONU planes de "modernización agraria" de zonas depauperadas del tercer mundo su esencia consiste en crear grandes latifundios controlados directa o indirectamente por ellos (por ejemplo a través de la venta de semillas manipuladas genéticamente para dejar de ser productos naturales y pasar a convertirse en propiedad industrial de unas pocas marcas) y circunscritos a un mercado cautivo dependiente de la especulación en las grandes bolsas de valores y en los siempre manipulados bazares globales de productos primarios. Si a través del FMI prestan dinero a cualquier país en apuros la receta es siempre la misma: que el estado permita y fomente el latrocinio de las grandes empresas dentro de sus fronteras al tiempo que se hace cargo de una deuda siempre creciente (el FMI es básicamente una institución dedicada a la usura ) mientras condena por principio a la extinción los derechos sociales del pueblo. Allí donde entra el FMI se acaban la sanidad y la educación públicas, los derechos de los trabajadores, de los ahorradores, del pueblo en general. El país en cuestión se convierte en un émulo de las antiguas repúblicas bananeras y no vuelve a salir jamás del hoyo.

No tengo que argumentar ni poner demasiados ejemplos de lo que digo, salta a la vista de cualquiera que no sea estúpido (aunque lamentablemente hay muchos imbéciles sueltos por ahí que, cegados por el dogmatismo y la propaganda, no son capaces de ver lo que tienen delante de las narices).

Y no existen excepciones: la finalidad última del sistema vigente, de ese capitalismo neocon y globalizador es precisamente esa. Robar, explotar y seguir robando en beneficio de las reducidas élites que dominan el mundo.

Dentro de su interesado dogmatismo nada hay que vean con peores ojos que la disensión aunque sea respetuosa y tímida.

En estos tiempos que corren, donde la evidencia de su estulticia y rapacidad ha quedado al descubierto incluso dentro de sus feudos más fieles y manipulados (los países anglosajones) y pugnan por cargar el peso de sus culpas en otros hombros para no verse arrastrados por los fervientes deseos de cambio que recorren el mundo, andan a la caza de herejías y de cabezas de turco que machacar. Y España empieza a tener todos los números para convertirse en uno de sus objetivos favoritos. Por un lado está el odio ancestral, visceral, de raíces raciales pero sobre todo religiosas. El capitalismo anglosajón es ante todo la expresión de la más radical ideología calvinista del siglo XVI que jamás perdonó la preponderancia de una España católica y renacentista que se resistió a los manejos de los usureros y piratas calvinistas hasta la fatídica fecha de 1808. Pero, sobre todo, España es un país profundamente herético, con un gobierno empeñado en llevar adelante una política social en medio de la debacle económica causada precisamente en el santuario capitalista (los Estados Unidos) que se opone férreamente a todo lo que no sea explotación pura y dura y libertad de acción total para los usureros y especuladores que se benefician del sistema viciado e ineficaz que llamamos capitalismo.

 De pronto todo son advertencias y reconvenciones contra España.

Se acusa al país del estallido de la burbuja inmobiliaria y de la alta tasa de desempleo causada precisamente por un sistema económico en vigor desde los años cincuenta que es precisamente el que el capitalismo propone. Los problemas estructurales de España no los ha creado Zapatero sino más de medio siglo de capitalismo salvaje respaldado por poderes externos y por todos los gobiernos, incluidos los del señor González.

Se pone en guardia a los posibles inversores con índices elaborados sobre la base ideológica de que las políticas sociales son puntos muy negativos mientras que la desrregularización de los mercados son buenas noticas. Es decir: sobre bases dogmáticas.

En resumen: no estamos muertos pero igualmente nos van a enterrar.

Corremos el riesgo de que nos corten malévolamente el grifo de las inversiones exteriores obligándonos a endeudarnos con los organismos internacionales (léase FMI) expulsándonos de Europa y reduciéndonos a lamentables situaciones que ya experimentaron, y muy dolorosamente, otros países otrora ricos y llenos de posibilidades pero depredados vilmente por esa élite mundial dominante con la criminal connivencia de las élites locales que en su ciego seguidismo llegaron incluso a establecer dictaduras y masacrar sus propios pueblos.

La otra opción, menos espectacular pero igualmente mala, es que con su presión, sus acusaciones, sus discursos, sus maniobras, acaben instaurando el gobierno que desean. Bien logrando que ganen las elecciones siglas que todos conocemos como lacayas de sus intereses y verdugas de los nacionales o bien que permanezcan las siglas pero cambien las políticas.

Sea como sea las campanas doblan a muerto...y doblan por nosotros.

Y nosotros seguimos cruzados de brazos...

NOTA.- la foto es de DavidDMUir.

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ALGO HUELE A PODRIDO EN...ESPAÑA.

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Hay imágenes que sorprenden y llaman la atención. Ayer me sucedió con las de una manifestación de bomberos disuelta a viva fuerza por la policía. Pasaba casualmente por delante de un televisor a la hora de los informativos y me encontré con ambos respetables cuerpos dándose de palos. Me picó la curiosidad, presté atención y lo único de lo que el "informativo" me informó fue de que los bomberos coruñeses se manifestaban obstruyendo el tráfico en el centro de La Coruña y que las autoridades, velando por la libertad vial de los ciudadanos gallegos, enviaron a los antidisturbios para abrir avenidas y carreteras a golpe de porra. Ni una palabra de por qué salían a protestar los bomberos. Lo único importante era la anécdota inocultable pero, como suele suceder, se escatimaban los motivos y el verdadero transfondo de los acontecimientos.

No importó. Husmeé y llegué a enterarme del caso.

Sucede que la diputación provincial de La Coruña, por cierto dirigida por egregios miembros del PSOE, ha decidido privatizar los servicios comarcales de bomberos. Además de un modo muy propio en nuestros pagos: la administración pública pone los locales, los medios materiales, todo...y entrega el garito a una empresa privada que únicamente tiene que encargarse de gestionar el servicio y administrar el personal con criterios privados. En otras palabras: se entregaba un servicio público a la gestión privada sin que los empresarios beneficiarios tuvieran otro desembolso que el de aumentar sus márgenes de beneficios exprimiendo la "productividad" de los empleados con rebajas de plantillas, congelación de sueldos y aumento de horarios mientras cobraban por su "servicio" de la administración. Dicho de otro modo y se mire como se mire, una forma de poner los bienes y servicios del estado a rendir como sinecuras a favor de particulares en una maniobra justificada desde la ortodoxia capitalista pero que procede, en su esencia, directamente del pensamiento y la práctica feudales. De hecho, cuando los ultracapitalistas abogan por adelgazar el estado y ponerlo todo en manos privadas lo que reclaman en realidad es volver a los tiempos feudales en los que la nobleza (en origen una panda de matones) usurpó en beneficio propio los derechos y servicios del estado previo en detrimento de la mayoría de la población.

De modo que allí donde los estúpidos y los ladrones ven progreso, el historiador objetivo solo puede ver regresión.

En cualquier caso esta historia me recordó otra semejante en Aragón. Aquí el año pasado el gobierno autonómico (PSOE en alianza con un grupo "regionalista-nacionalista" que como en todas partes representa el viejo caciquismo y la más sucia corrupción...da igual que las siglas sean PAR o CC, que se hable de región o de nación, como CiU o PNV, todos estos partidos representan en el fondo lo mismo: intereses de las oligarquías locales que reproducen lo peor del caciquismo decimonónico) "externalizó"...es decir: privatizó descaradamente, otro servicio público, el de la petición de citas médicas. Hasta 2008 el ciudadano podía llamar directamente a su centro de salud fijando la cita sin otro coste que el de la llamada. Con la nueva medida el servicio pasa a ser pesquería exclusiva de una empresa privada con las consecuencias imaginables, entre ellas: el encarecimiento de un servicio que ha dejado de ser público y la pérdida de puestos de trabajo. Muchos interinos han dejado de ser necesarios en los centros de salud y la empresa ha abaratado costes e incrementado la duración de las llamadas robotizando la mayor parte de las mismas.

Nada extraño en una comunidad donde el gobierno ha condenado a la desaparición el comercio minorista y, de paso, la vida de barrios enteros, para favorecer la implantación de numerosas grandes superficies adoptando un modelo (el de Wal-Mart) que hace décadas se demostró como perjudicial para el tejido económico y social aunque, eso sí, beneficioso para los políticos corruptos que lo favorecen. En una comunidad en la que las leyes se modifican al gusto y conveniencia de determinadas empresas igualmente perjudiciales para el futuro de la comunidad pero que favorecen los intereses de políticos muy concretos (véase sin ir más lejos el proyecto Gran Scala)...

Podían ser pequeñas disfunciones de un sistema por lo demás justo y al servicio del ciudadano. Pero resulta que hoy mismo leo en la prensa el modo en que se está aplicando la ley de costas en Canarias.

En principio la ley de costas podría ser útil e interesante en su supuesto afán de combatir la corrupción urbanística y recuperar el paisaje de los parajes costeros destrozados por la especulación urbanístico-turística de los sesenta, setenta, ochenta...(y noventa y...) ...pero la realidad de su aplicación es muy distinta: resulta que las casas de los pobres, los antiguos barrios pesqueros, los suburbios surgidos en épocas de menos vigor económico y habitados por familias obreras se derriban a la carrera, muchas veces sin esperar siquiera a los recursos judiciales de los afectados. Por el contrario los grandes hoteles, las enormes moles de hormigón que verdaderamente destruyen el paisaje y afectan al medio continúan en pie. Nadie se mete con ellas y existen grandes posibilidades de que las casitas y barrios obreros destruidos por orden judicial acaben precisamente en manos de las mismas empresas propietarias de los grandes hoteles que, naturalmente, se beneficiarán de la encubierta reconversión urbanística construyendo más hoteles e instalaciones complementaria.

Nada raro tampoco, basta mirar a Valencia (donde se ha permitido la depauperación de un barrio entero, el Cabanyal, para acometer una recalificación similar que beneficiará a los de siempre dando al traste con las casas de familias de pescadores que llevan habitando el barrio, declarado de interés cultural, más de un siglo)....

Y podría poner ejemplo tras ejemplo hasta llenar varios volúmenes. Es innecesario, todos los conocemos. Nos basta asomarnos a la ventana para ver un ejemplo de persistencia del caciquismo, de feudalización del estado, de corrupción, de privatización....

Unos pocos están desmembrando España, usurpando los derechos y medios sociales de los españoles para, bajo el paraguas ideológico del liberalismo capitalista, lucrarse con el robo legal de lo que debe ser tejido común.

¿Cómo hemos llegado a esto?

Es muy sencillo. En realidad nada ha cambiado desde el siglo XIX. La constitución de 1978 es una copia modernizada (para incluir los intereses de determinadas burguesías poderosas como la catalana o la vasca y las estructuras de los sindicatos verticales franquistas convertidos en instituciones de pasado obrerista malversado por el cobro de subvenciones y la "pesebrización" de sus dirigentes consiguientemente bien domesticados) de la de 1876 pero el esquema político y social permanece.

Seguimos en manos de una monarquía esencialmente corrupta (los Borbones solo aceptaron cambiar el absolutismo por el dinero sucio de las especulaciones liberales) asentada sobre una burguesía más corrupta todavía, escasamente patriótica a pesar de sus aspavientos nacionalistas del orden que sean, expresada a través del caciquismo (las listas cerradas son una faceta más del poder caciquil) y del funcionamiento de unas instituciones supuestamente democráticas que se basan en las votaciones periódicas que permiten el baile de un par de partidos mayoritarios perfectamente conciliados en no tocar el núcleo del esquema mientras enrarecen el ambiente social con disputas accesorias que enervan los ánimos y apartan las miradas de lo verdaderamente fundamental.

Para poner en entredicho el esquema de 1876 fue necesario perder Cuba, Puerto Rico y Filipinas (1898), una guerra colonial que solo beneficiaba a los ricos, la de África (1909-1926), y una de las mayores derrotas del ejército español, la de Annual (1921)...el sistema trató de perpetuarse con un dictadura, la de Primo de Rivera (1923-1931) y acabó siendo derribado por la II República que venía a cambiarlo todo y airear el viciado aire del caciquismo liberal-conservador español.

La conclusión ya la conocemos: el golpe de estado de 1936, tres años de guerra civil, varias décadas de represión y, en el fondo, el retorno de las estructuras nunca derrotadas del sistema canovista que, con aggiornamientos necesarios, se reimplantó en 1978.

La verdadera transición está todavía por hacer. Y solo puede ser hacia una tercera república que modifique efectivamente las relaciones de poder y los modos de hacer. Una república para los ciudadanos y no un país para los caciques. Esa es la transición que nos falta y que necesitamos.

Hasta entonces es evidente, y cada vez lo será con más evidencia, que algo huele a podrido en España.

NOTA.- la foto es de Jaume d´Urgell.

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