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¿POR QUÉ SE ESCRIBÍA EN VERSO EL TEATRO DEL SIGLO DE ORO?

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 En un país tan profundamente inculto como España, tan ignorante de sus clásicos que una mayoría de sus licenciados universitarios los desconocen abiertamente y tan colonizado por los modelos anglosajones que la mayor parte de la población sabe quien es y hasta logra citar el título de alguna de las obras de Shakespeare pero ignora todo en cuanto a Lope de Vega, Quevedo o Cervantes, un país como el nuestro que ha olvidado su Siglo de Oro, su historia en general, el hecho de que de pronto se haga y promocione una película sobre Lope o los tercios de Flandes no deja de ser una buena noticia.

Cierto que este tipo de cine dista de ser fiel a la historia, a la cultura y carece por completo de calidad siendo subproductos asimilables a las mal llamadas novelas "históricas", simple entretenimiento de consumo fácil para mentes poco formadas. Lo típico en una sociedad de la ignorancia, el entretenimiento y la colonización anglosajona como la que hemos formado. Una sociedad de iletrados orgullosos, de ignorantes con títulos cuyas referencias culturales y artísticas no van más allá de las que promocionan los mercaderes anglosajones, de gentuzilla despreciable que timbra su españolidad por los triunfos de la selección de futbol antes que por la impresionante y vibrante herencia cultural e histórica recibida.

Así se comprende que lleguen a tener éxito peliculillas como la supuesta biografía de Lope de Vega que estos días anda promocionando la televisión y el visionado de cuyos trailers basta para advertir que sus realizadores no tienen la más mínima idea de lo que fueron y cómo fueron los siglos XVI y XVII. Solo el vestuario indica ya que nos encontramos ante una obra inferior, despreciable, propia de una sociedad enferma de ignorancia y estulticia.

No obstante, hasta engendros como ese tienen a veces resultados inesperados y despiertan vocaciones por descubrir el pasado o, simplemente, preguntas interesantes al respecto.

Una de ellas es la que da título a este artículo. No es mía, me la hicieron ayer mismo. La clásica estudiante medio pedorrilla habitante de un limbo moral y estético entre el pijerío y ciertos visos de chonirismo (permítaseme el neologismo) que fue a ver Lope con su novio de turno y luego, ya conmigo, comentándola, tuvo el genial arranque de hacérmela. Se lo expliqué y, haciéndolo, me di cuenta de que era buena materia para un articulillo de este blog. Después de todo a mis asiduos les gusta que les aburra.

De modo que, concluido el exordio inicial, centrémonos en tratar de responder a la pregunta:¿por qué se escribía en verso el teatro del Siglo de Oro?

Tiende a creerse que existe una continuidad temporal entre el teatro de la época clásica y el surgido a finales de la edad media. Es falso. El cristianismo asumió desde el principio una tarea de destrucción de la cultura clásica, su toma del poder a finales del siglo IV es la verdadera causa de la llegada de la edad oscura que duró hasta el renancimiento y pugna por perpetuarse desde la reforma protestante. El cristianismo, en cuanto secta judía, odiaba cuanto representaba la civilización y en cuanto tuvo oportunidad (en eso todas las sectas semitas son iguales) prohibió la música, el baile, el deporte, el teatro y hasta bañarse (de ahí que las grandes plagas y epidemias apareciesen justo cuando los cristianos se hicieron con el poder)...todo lo que significaba cultura, diversión y alegría fue prohibido y perseguido durante más mil quinientos años, hasta que empezaron a perder poder. De modo que el teatro moderno hubo de partir de una tradición cultural diferente a la clásica.

Prohibir es una simple cuestión de poder. La iglesia pudo prohibir el teatro clásico porque dispuso de ese poder dentro del imperio. Más aún: tuvo excelentes aliados en las élites locales asfixiadas por los impuestos y las obligaciones cívicas entre las que se contaban precisamente costear los espectáculos públicos. Si estos devenían inmorales y se prohibían, se ahorraban una pasta, ergo se hicieron cristianos y apoyaron las denuncias de los obispos. Además los teatros, abandonados, sucumbieron pronto a la especulación inmobiliaria de la época. Empezando por la iglesia, todos los que pudieron se apropiaron del terreno que ocupaban para dedicarlo a nuevas actividades lucrativas.

Sin embargo la iglesia chocó de plano con las cortes bárbaras donde adquirió poder pero no tanto que pudiera desalojar las costumbres de los grandes señores. Entre otras razones porque a estos les salía barato mantener bufones y juglares diversos y podían utilizarlos para acrecentar su prestigio. Entre los siglos IV y IX se estaba gestando toda la épica germánica que partía de pequeños romances referentes a hechos y personajes concretos y fue creciendo hasta adquirir caracter de universo mitológico-cultural. Aunque la iglesia lo intentó (y se recuerdan casos de enfrentamientos entre obispos y juglares en el siglo VI, como el de Martin Dumiense con el del bufón del rey de los suevos) no logró desalojar a los juglares de su puesto en las cortes bárbaras.

 Consta que ya los godos tenían cantos dedicados a sus reyes y héroes legendarios en el siglo IV. Muchos de estos poemas entre épicos y mitológicos narraban hechos que abarcaban desde el origen legendario del pueblo godo hasta los últimos incidentes de la corte de Hermanarico pasando por los hitos que apuntalaron el encumbramiento de la dinastía de los Amalos al trono a lo largo del siglo III. Parece, por lo tanto, que la épica goda estaba ligada al poder real, a una conciencia nacional y a las nuevas instituciones y situaciones políticas y sociales aparecidas en el tránsito de la Cultura de Wielbark a la de Cernjakov extendiéndose más adelante, a partir del siglo IV, con la emigración goda al sur del Danubio, a las otras naciones bárbaras (consta, por ejemplo, que Atila disponía de juglares en su corte panonia). Dichos cantos, surgidos en una sociedad ágrafa y adaptados a la música, eran necesariamente de naturaleza métrica y rítmica con lo que ello implica de rima.

A lo largo de los siglos IV al IX dichos cantos épicos con su adyacente función propagandística, se extendieron por toda la Europa occidental sin que la iglesia se les pudiese oponer. Se trataba de una costumbre nobiliaria y guerrera y el cristianismo no pudo penetrar en esa esfera hasta que logró imponer el espíritu de cruzada allá por el siglo XI.

Carlomagno se apoyó en el papa para alcanzar indebidamente el rango imperial en el año 800 y su hijo Ludovico Pío otorgó demasiado poder a la iglesia dentro del imperio, lo que acabó arruinándolo. Conquistadas nuevas áreas de poder, el cristianismo logró imponer más enérgicamente sus presupuestos ideológicos y cercenó en seco el dinamismo creativo de la épica germánica pero no pudo poner freno a la existencia de juglares de todo tipo que deambulaban por cortes y mercados transmitiendo los antiguos cánticos que en fecha tan tardía como los siglos XI al XIII lograron, en gran medida, incluso ser escritos escapando así al olvido al menos en versiones tardías.

Tampoco pudo la iglesia frenar la función propagandística de la poesía juglaresca que resurgió, de la mano de trovadores cultos, en el siglo XI en Occitania, región feudal donde habían surgido a partir del siglo X numerosas casas nobiliarias de origen dudoso y necesitadas de dar lustre a sus miembros y donde la iglesia, aunque en apariencia fuerte, carecía, como demostró la rápida extensión del catarismo, de verdadera influencia social. Surgió de este modo todo un nuevo ciclo de poesía que hundía sus raíces en la cultura pagana y solo aparentemente se mostraba como cristiana y, desde luego, en modo alguno lo era en su fondo ideológico.

Pero el hecho es que tanto los cantares de gesta como la poesía trovadoresca eran tan populares en la edad media (mucho menos cristiana y obsesionada con la religión de lo que los cronistas eclesiásticos nos han querido hacer creer) que la iglesia no fue capaz ni de prohibirlas ni de ahogarlas, de modo que procedió, como suele hacer, a mixtificarlas en beneficio propio. Surgieron así los clérigos dedicados a elaborar poemas aparentemente en sintonía con la moda triunfante pero subrepticiamente propagandísticos, los que aprovechaban el interés de los nobles meridionales, ya plenamente prerranacentistas, por la civilización romana para esconder su propia doctrina dentro de poemas pretendidamente doctos...y a captar el interés de las masas iletradas con la incorporación de la poesía dentro de los actos litúrgicos.

En el siglo XII la iglesia, con las ventajas económicas y sociales que le proporcionaban las cruzadas y el auge de las peregrinaciones, avanzaba rápidamente hacia nuevas cuotas de poder que alcanzarían su cénit en el XIII. Debía, por lo tanto, no solamente ejercer su nuevo dominio sino convencer de la legitimidad del mismo. Fue así como, en un dispendioso esfuerzo por captar las voluntades populares que abarcó desde los programas iconográficos de las iglesias hasta el impulso de la música sacra (se habla de la aparición de la polifonía a partir de esas fechas pero se trata tan solo de la evolución de la música sacra, y por lo tanto conservada, desde modelos judáicos de recitación monódica hacia otros netamente musicales, la música profana, se comprende fácilmente, nunca fue un coñazo equiparable al gregoriano) incluyendo, claro está, la poesía.

Frente a la épica militar y laica surgió una épica eclesial destinada a catequizar a la gente. Como los cantares de gesta, esta nueva épica incluía partes narrativas y diálogos. Es muy probable que por una simple cuestión económica, los juglares laicos cantasen narración y diálogo con una sola voz. Pero la iglesia, en aquellos momentos, podía permitirse el lujo de pagar a varios recitadores. De este modo una voz narraría y otras encarnarían los diferentes personajes de los diàlogos. De ahí a la caracterización y a la acción de los actores hay un paso muy pequeño que tardaría, de todos modos, mucho tiempo en darse.

Fue a partir del siglo XIV que la iglesia se vio necesitada de nuevos ímpetus propagandísticos. Para entonces había perdido el enriquecedor comercio con Tierra Santa, había perdido representatividad en las nuevas y pujantes ciudades, sus modelos teocráticos se habían venido abajo con la crisis económica de finales del siglo XIII...necesitaba recuperar la iniciativa propagandística, se pasó entonces de la recitación a la actuación. Empezaron a surgir los diferentes autos del Corpus y otras festividades que se articulaban ya teatralmente.

¿Cual fue el problema que le surgio a la iglesia?...Que para dichas representaciones necesitaba un personal cualificado al que no podía pagar todo el año con la finalidad de que trabajasen solo uno o dos días al año. Habían pasado los tiempos de bonanza económica y ni siquiera la iglesia podía permitirse un dispendio semejante. Para poder disponer de esa mano de obra especializada en determinadas fechas la iglesia debía permitir que se mantuvieran por sí mismos el resto del año. Se vinieron abajo de este modo parte de las reservas morales sobre el teatro que había mantenido la iglesia desde el siglo IV y apareció un limitado marco de tolerancia que en cualquier caso permitió la tímida aparición de un teatro profano.

No obstante, aquel incipiente teatro profano que en su inmensa mayoría desconocemos, no podía escapar, si pretendía ser atendido por un público acostumbrado a las viejas reglas de la poesía épica, a las normas de esta, adoptadas a su vez, como simple evolución de la misma, por los autos eclesiásticos. El teatro no era sino un embellecimiento de la poesía que venía recitándose desde el siglo IV, debía por lo tanto cumplir sus mismas reglas incluyendo la versificación.

Más adelante, ya en el XVI, la nobleza interesada en la antigüedad clásica, con una iglesia acostumbrada a ese teatro popular desde hacía al menos un siglo, pudo dar el paso y tratar de recuperar el teatro greco-romano. Para ello debió contar con el personal especializado que había en aquel momento y tanto autores como actores tenían una escuela clara anclada en la versificación. Por ese motivo el teatro profano que surgió en el renacimiento y alcanzó su esplendor en el XVII se escribiría en verso.

Y la costumbre perduraría hasta bien entrado el siglo XIX, portador de nuevas ideas y formas de ver el teatro.

 

 

NOTA.- la fotografía es de Bizantine.

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.comAutor: anonimo

Podrian haber puesto la respuesta directamente al grano, me he dejado los ojos leyendo todo este tocho tan grande

Fecha: 12/05/2011 20:57.


gravatar.comAutor: Fernando

¿Y lo que has aprendido mientras leías?...¡Y completamente gratis! No te preocupes, ya me lo agradecerás con el tiempo.

Fecha: 13/05/2011 17:42.


Autor: anónimo

¿Y al final la respuesta es...?

Fecha: 14/06/2011 17:55.


gravatar.comAutor: Fernando.

Que necesitas desarrollar mayor capacidad de comprensión lectora.

Fecha: 14/06/2011 19:59.


gravatar.comAutor: Cervino

uuh que no lees bien se te pasoo

Fecha: 14/09/2011 05:47.


gravatar.comAutor: alejandro

lol

Fecha: 24/10/2014 03:46.


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