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LAS CUALIDADES DEL HÉROE.

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Informan los medios de que el agresor del profesor Jesús Neira va a poder salir de prisión pagando una fianza. Algunos, incluso, coquetean abiertamente con el amarillismo buscando el consabido escándalo que aumente las ventas generando problemas donde no los hay (en eso políticos, abogados y periodistas son verdaderos profesionales) y otros aprovecharán la tesitura para incrementar su sempiterna campaña fascistoide en favor del incremento del autoritarismo con la manida excusa de la falta de dureza del sistema penal. Nada que se salga de la norma ni que me preocupe especialmente. Todos nos conocemos ya a estas alturas de película y estamos curados de espantos.

Mi reflexión al conocer esta noticia ha sido otra. Menos evidente si se quiere, menos candente, incluso mucho más humilde, pero que no solemos hacernos. Vivimos muy a gusto ingiriendo la papilla masticada que nos ofrecen a modo de carnaza informativa los medios de comunicación y tendemos a no reflexionar más allá de lo especificado y prefabricado para nuestro consumo. Somos así (y así nos va). Pero esta mañana, mientras mojaba los churros en el café con leche al tiempo que leía la prensa, me ha venido la pregunta a la cabeza. ¿Qué cualidades son necesarias para convertirse en un héroe?...¿basta con obrar decididamente del modo que la sociedad mayoritariamente considere correcto? ¿basta con efectuar una acción meritoria?...Es evidente que no. Se necesita también que la misma se publicite y hasta se magnifique. Y ahí entramos en otra dimensión. Importa poco que seamos seres ordinarios o extraordinarios, que obremos por impulso o meditadamente, que nuesta acción sea útil, casual o fruto de un error. Lo importante es que quieran vernos y que nos vean.

La acción del profesor Neira, que hemos de suponer virtuosa, le convirtió inmediatamente en un héroe nacional. Muy posiblemente merecía serlo. Pero no hemos de olvidar el hecho de que se trata de un español de raza blanca y clase alta que, debido a su empleo de profesor universitario puede pasar por un intelectual y que, además, sostiene unas determinadas ideas políticas que pueden convertirle en un activo muy interesante para determinadas operaciones de propaganda en medios de la ultraderecha que trabajan para difundir el ideario neoconservador en este país. No olvidemos tampoco el hecho de que existen sospechas de mala práxis en un sistema sanitario, el madrileño, que, de naturaleza  pública, está siendo paulatinamente desmantelado por la acción de un gobierno radicalmente neocon y que resulta para dicho gobierno regional mucho más conveniente atribuir las graves lesiones del señor Neira a la agresión sufrida a manos de un individuo prejuzgado sin posibilidad de réplica como drogadicto y maltratador que a las deficiencias de un sistema sanitario deliberadamente abandonado a su suerte en beneficio no de los ciudadanos sino de las empresas privadas que tratan de medrar en el mismo sector. Porque de hecho eso es lo que está sucediendo en Madrid, la imposición por la puerta de atrás de un modelo sanitario desrregulado al modo estadounidense que desproteja a la población pero beneficie a cuatro o cinco grandes empresas que cobren millonadas por lo que hasta hoy era gratuito.

Todas estas condiciones: raza, estatus social y profesional, conveniencias políticas confluyeron para convertir una acción sin duda meritoria (aunque quizá prepotente y causa de los prejuicios, no debemos olvidar que la supuesta maltratada ha negado reiteradas veces el mero hecho de haberlo sido en aquella ocasión) en un acto heróico que todos hemos conocido y a su autor en un héroe mediático que, por cierto, no ha tardado en desacreditarse a sí mismo con sus palabras y actitudes.

El matiz viene cuando hace unas pocas semanas se produce en Valencia una situación muy similar.

Una mujer es perseguida por su ex- pareja cuando se dirige al trabajo. Este hombre sí que es un agresor constatado, tanto es así que porta un enorme cuchillo con el que pretende asesinarla, son hechos probados. La mujer apresura el paso, logra alcanzar el bar en el que trabaja como camarera y refugiarse en él. Su ex- pareja la sigue al interior cuchillo en mano y en ese momento interviene el dueño del bar que es apuñalado reiteradamente quedando malherido, al borde de la muerte.  Es rápidamente hospitalizado y la naturaleza de sus heridas hacen temer que, aunque salve la vida, sufrirá graves secuelas durante mucho tiempo. Apenas hemos visto su cara y no sabemos su nombre. Puede que muchos ya le hayan olvidado. Y sin embargo su acción es al menos tan meritoria como la de Neira. ¿Entonces por qué no lo han convertido en un héroe?...¿Será porque se trata de un simple ciudadano chino propietario de un humilde bar de barrio?...¿Porque no tiene los contactos adecuados en las altas esferas ni puede resultar útil a los intereses de los poderosos?....

Hace unos años se produjo un hecho incluso más grave en el metro de Madrid. Unos niñatos gamberros (por cierto: españoles) asaltaron a una chica que se encontraba sola. Nadie, y mucho menos un español (a saber donde queda la legendaria caballerosidad que nos hacía altivos y orgullosos pero también honrados, vaientes y solidarios), la ayudo. Es decir sí: un inmigrante argelino, creo recordar que ilegal, que, para más inri, estaba en el paro. Los gamberros dejaron a la chica pero le apalearon a él arrojandole a la vía cuando llegaba el tren. El hombre salvó la vida de milagro pero perdió las piernas. Y, sí, salió en televisión un par de veces y le otorgaron el permiso de residencia. Pero no lo convertimos en un héroe,  yo mismo he olvidado su nombre y hasta su nacionalidad, estoy casi seguro de que era argelino pero acaso me equivoco.

Lo cual me lleva a mi primera reflexión. En los tiempos que corren, cuales son las condiciones precisas para convertirse en un héroe: ser virtuoso y realizar una acción heroica parece no ser suficiente, puede que ni siquiera indispensable. Por lo visto hay que ser del color y de la clase social adecuadas y resultarle útil a algún interés bastardo como elemento publicitario y demagógico.

Yo no me puedo quejar, al menos dispongo de un tercio de los requisitos necesarios para ser aplaudido por cualquier acción meritoria que el azar me depare: soy blanco. Y español de pura cepa.

Resumiendo: por si no lo habían notado vivimos en una sociedad clasista, racista y profundamente hipócrita.

¡Qué triste es ser pobre y del color equivocado!

NOTA.- la fotografía es de Vicquinda.

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