Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2009.

AFGANISTAN

Hay que decirlo con rotundidad: la guerra de Afganistán no se puede ganar y eso ya se sabía con absoluta seguridad antes de que comenzara. Donde no pudieron vencer ni el Imperio Británico  ni la Unión Soviética es practicamente imposible que ganen los Estados Unidos por mucho que se rodeen de tropas auxiliares y desplieguen todo su potencial tecnológico. Ni existe ni ha existido nunca ningún ejército regular, por muy poderoso que fuera, capaz de derrotar a un movimiento guerrillero motivado (y el fanatismo religioso es motivación inmejorable), veterano, bien entrenado, no mal aprovisionado y bases seguras en las que retirarse y organizarse. Esta verdad la aprendieron dolorosamente los asirios en la baja Mesopotamia hace tres mil años y no ha dejado de estar vigente hasta nuestros días. Los propios Estados Unidos han tenido sus amargas experiencias al respecto en Cuba, Vietnam y Somalia. Seguramente por ese motivo adoptaron la cobarde táctica que describiremos más abajo.

Es preciso aclarar también que el cerdadero motivo de la invasión estadounidense de Afganistán no es la lucha contra los talibanes o Al Qaeda. La cosa viene de más atrás, del siglo XIX.

Estados Unidos es, desde 1945, el heredero directo de los intereses coloniales británicos y, en menor medida, franceses. En consecuencia se ha visto inmerso en dinámicas iniciadas mucho antes de que se conviritera en potencia hegemónica. Baste pensar, por ejemplo, que en Vietnam intervino como relevo de la derrotada francia de Dien Bien Fu. Lo mismo sucedió, en este caso como heredero de Inglaterra, con Afganistán.

Dos eran los grandes temores del Imperio Británico en el siglo XIX con respecto a Rusia: que consiguiese una aceptable salida al mar convirtiéndose en una potencia marítima y que su expansión por el interior de Asia la llevase a las fronteras mismas de la India. Evitar ambas cosas se convirtió en designio indeclinable de la política exterior británica que denominó al prolongado conflicto "El Gran Juego".

En 1856, tras vencer con ayuda de Francia y Turquía en la Guerra de Crimea, Inglaterra consiguió cerrar la salida al Mediterráneo de Rusia. Más tarde, apoyando a los japoneses en la guerra de 1905, conseguiría barrer la presencia rusa en el Pacífico.

Mientras tanto se jugó una larga y complicada partida de ajedrez en todo Asia en un teatro que abarcaba desde el Cáucaso a Corea en el que ambas potencias trataban de obstaculizar los progresos de la otra y Afganistán fue convirtiéndose cada vez con mayor claridad en el escaque central del tablero en disputa.

Inglaterra desde sus posiciones en la India pugnaba por someter a las tribus independientes afganas mientras que Rusia las ayudaba a mantener su libertad. Al cabo, terminada la Tercera Guerra Anglo-Afgana en 1919, la recién nacida Unión Soviética (directa heredera de los intereses coloniales zaristas) se convirtió en el primer estado en reconocer la independencia de Afganistán.

Hasta 1939 el Gran Juego continuó disputándose en toda Asia. Mientras en China Inglaterra y sus aliados apoyaban a los nacionalistas, los soviéticos apoyaban a los comunistas. En la India e Indochina Inglaterra y sus aliados pugnaban por prolongar el dominio colonial y los soviéticos apoyaban a los independentistas. Lo mismo sucedía en Persia y Oriente Medio. En este último escenario los territorios arrebatados a Turquía en la I Guerra Mundial se dividieron entre Francia e Inglaterra que optaron para estabilizar su dominio colonial por establecer y sostener dinastías ultraortodoxas (Saudíes, Hachemitas) mientras la Unión Soviética apoyaba el socialismo baazista.

La II Guerra Mundial supuso un paréntesis y hasta 1956, con la derrota en Suez, Francia e Inglaterra pudieron seguir soñando que eran potencias de primer orden. Después de ese momento resultó evidente que los Estados Unidos les había heredado. En cualquier caso el Gran Juego continuó.

Por mucho que el triunfante liberal-capitalismo pretenda lo contrario, hay que reconocer dos cosas: primero que el imperialismo occidental es el principal responsable del actual auge del fundamentalismo islámico. Las potencias occidentales, aunque aparenten lo contrario, son (y esto es especialmente cierto en lo tocante a los Estados Unidos) estados dirigidos por élites integristas en lo religioso y ultraconservadoras en lo social que solo se encuentran a gusto entronizando oligarquías afines. De ahí que tanto ingleses y franceses como yanquis estableciesen para dirigir sus estados clientes a las minorías más poderosas y despreciablemente ultramontanas de las que se pudiera disponer. En el caso de los países musulmanes se apostó explícitamente por las opciones más integristas y ancladas en la edad media. Y claro, de aquellos lodos..Frente a eso el imperialismo soviético supuso siempre una opción de modernización y progreso, es un hecho constatado y constatable, no abundaré en él. En segundo lugar hay que reconocer que durante muchos años, al menos en Asia, la Unión Soviética llevó la iniciativa siendo la potencia triunfadora. Solo su debacle en Afganistán supuso el ocaso de esta política de triunfos.

Hubo empate en Corea pero la Unión Soviética venció claramente a los Estados Unidos en China e Indochina, consiguió una India independiente y no sometida los Estados Unidos (aunque estos se las arreglaron para dividirla y crear Paquistán, un estado islámico ultraconservador en cuyas madrasas se adoctrinaron generaciones de niños hasta constituir el caldo de cultivo en el que surgieron los talibanes), el establecimiento de regímenes baazistas en Siria e Iraq y en 1979 el derrocamiento del Shah de Persia, tirano proamericano a sueldo de las multinacionales petrolíferas.

Bien es cierto que en este último país, los soviéticos aprendieron una lección que los americanos tardarían aun un par de décadas en asimilar: no se puede tener ningún tipo de tolerancia con la ideología teocrática porque esta es impermeable a la razón y a las influencias y acaba instrumentalizando a los poderes que la toleran. Los soviéticos se aliaron con los clérigos chiitas en Irán y estos acabaron barriéndolos del mapa creando una realidad teocrática, ese engendro despreciable que es la república islámica, ajena a la influencia de los Estados Unidos pero también de la Unión Soviética.

A pesar de todo quedaba de nuevo por jugar la casilla de Afganistán y no es casualidad que fuera precisamente en 1979, mientras los yanquis seguían ocupados con Irán, cuando los soviéticos invadieran este país.

Tampoco resultaron novedosas las estrategias adoptadas por las potencias en liza a lo largo de esta nueva batalla del Gran Juego.

La Unión Soviética adoptó una política de laicismo y modernización a la que los Estados Unidos (principales responsables de la extensión del oscurantismo por el mundo) opusieron otra, la habitual en ellos, de apoyo a las facciones más ferozmente retrógradas e integristas disponibles. Que se eligiera un sunní wahabita bien relacionado con la corte saudí (Bin Laden) para organizar y dirigir la insurgencia yihadista caía en este caso, como vulgarmente se dice, de cajón.

Para atraer combatientes voluntarios a Afganistán los Estados Unidos permitieron y alentaron diez años de continuas arengas yihadistas en todas las mezquitas del mundo que tuvieron como resultado la ideologización de extensas capas de la población y el establecimiento de redes y estructuras que más tarde seguirían su lucha yihadista contra occidente.

Además, para financiar las guerrillas que luchaban en Afganistán, los Estados Unidos recurrieron a un sistema que ya habían utilizado en Indochina durante la guerra de Vietnam y que covirtió ciertas partes de aquel territorio en el triángulo dorado de la droga. En afganistán los yihadistas comenzaron a plantar opio, a refinarlo y a distribuirlo ganando rápidamente mercados en el propio Afganistán, en Paquistán, India e incluso en las repúblicas asiáticas de la Unión Soviética lugares que hasta entonces no habían conocido el problema de la drogadicción. No deja de ser irónico que precisamente los Estados Unidos, principal adalid de las absurdas políticas prohibicionistas y que utiliza en América el argumento de la lucha contra e narcotráfico como vía de penetración colonial, siguiese en Asia la estela del Imperio Británico (otro día hablaremos de las Guerras del Opio) financiando sus operaciones con el tráfico de drogas.

En 1989  los soviéticos fueron derrotados en Afganistán como lo serán los estadounidenses no tardando demasiado. En 1991 cayó la Unión Soviética y los yanquis aceleraron el Gran Juego. De ahí las dos guerras del golfo, la de Chechenia, la de Georgia...y, claro está, la de Afganistán.

La guerra de Iraq hizo ricos a muchos tiburones cercanos al círculo de Bush (cuya familia no por casualidad tiene profundos vínculos comerciales con los Bin Laden) pero tampoco se podía ganar. Resultaba también evidente. De haber podido analizar la situación seguramente Napoleón hubiera encontrado muchas concomitancias con su error en España en 1808. Ahora vemos una retirada que, como la napoleónica de 1814, solo con mucha indulgencia puede no tildarse de humillante. En Afganistán acabaremos viéndola también.

Los soviéticos apostaron en Afganistán por la modernización del país y confiaron en los señores de la guerra del norte que, temerosos de los pastunes del sur, les brindaron su apoyo y se convirtieron en sus aliados hasta que el poder soviético amenazó su independencia. Entonces se pasaron de bando y ayudaron al triunfo taliban. Esos mismos señores de la guerra son los que ahora apoyan la presencia yanqui y del mismo modo la traicionarán cuando amenace sus intereses. Estratégicamente la guerra de Afganistán es un disparate desde el minuto uno. Y los disparates se pagan muy caros en la guerra y en la política internacional.

A pesar de todo, y aunque pueda parecer lo contrario, los estrategas yanquis tomaron muy buena nota de las duras lecciones aprendias por los soviéticos entre 1979 y 1989.

El despliegue de estos fue modélico: una fuerza paracaidista ocupó Kabul, la capital nacional, mientras dos columnas mecanizadas convergían en pinza, desde el este y el oeste, sobre Kandahar, la capital del integrismo pastún. A partir de ahí comenzó la verdadera guerra, la de conquista del territorio pastún cuyas fuerzas guerrilleras, integradas cada vez por mayor número de yihadistas extranjeros disponían de bases seguras y continuas líneas de aprovisionamiento desde Paquistán, feudo estadounidense e integrista.

Los rusos jamás lograron dominar el sur de Afganistán y su creciente poderío en el resto del país fue poniendo en su contra a los señores feudales que en un primer momento les apoyaron y que poco a poco empezaron a pasarse a los talibanes. Conocemos el resultado final de ese flujo de lealtades.

Poco después de 1989 los estadounidenses aprendieron la lección que los soviéticos habían aprendido diez años antes en Irán: apoyar a ideologías teocráticas acaba generando poderes incontrolables y enemigos de todos. Otro gallo les hubiera cantado de haber leido a Maquiavelo que enseña a luchar con los enemigos sin aumentar el poder de aliados potencialmente peligrosos, pero la formación de los americanos, fundamentalmente bíblica, tiene sus limitaciones y eso se nota a todos los niveles. Son uno de los países más incultos y oscurantistas del mundo y esa ignorancia acabará por destruirles.

Sea como fuere, cuando les tocó el turno de intervenir en Afganistán sabían que la guerra no iba a ser un paseo militar si no todo lo contrario: larga, sangrienta y dura. Aunque llegaron a creer que podrían ganarla. La soberbia es también un modo de fatuidad.

De todos modos, de cara a su opinión pública, orquestaron una operación de marketing que ocultara la realidad de los hechos permitiéndoles presentarse como vencedores de una guerra corta, sencilla y justa.

En primer lugar se procedió a una campaña de desinformación y propaganda para galvanizar los ánimos, exacerbar el patriotismo y sepultar las críticas por muy justas y sensatas que pudieran llegar a ser. Difundir la voladura de los Budas de Bamiyán fue un primer paso pero sin ningún lugar a dudas los atentados contra las Torres Gemelas supusieron un impacto mucho más efectivo. No puedo asegurarlo pero estoy convencido de que llegará el día en que descubriremos la complicidad del gobierno Bush o de alguna de sus dependencias secretas en el 11-S.

Una vez soliviantado el pueblo, anuladas las críticas e implementado el más abyecto totalitarismo, se procedió a las operaciones militares.

En ellas los Estados Unidos se reservaron el papel menos oneroso y con más rédito propagandístico: la ocupación de Kabul y la captura de Bin Laden, que obviamente no se ha conseguido. De este modo podían anunciar rápidamente el final victorioso de la guerra y ocultar la realidad subsiguiente (su continuación) con la connivencia de unos medios de comunicación que son propiedad de la oligarquía beneficiada por el imperialismo capitalista yanqui. Más o menos lo que se hizo en Iraq después de la toma de Bagdad.

Pero, claro, tanto en Iraq como en Afganistán una cosa era la propaganda mediática y otra muy diferente la realidad. Y es ahí donde entran los países aliados.

La intención de los Estados Unidos era que mientras ellos se llevaban la gloria los demás les hiciéramos la guerra. Tan sencillo como eso.

Pero el problema de base seguía y sigue subyaciendo: no se puede dominar un país que cuenta con facciones armadas poderosas de lealtad movediza ni se puede derrotar a una guerrilla motivada, experta, bien adiestrada y aprovisionada y con apoyo popular como la de los talibanes. La guerra está perdida desde el principio. Más o menos igual que sucedió en Somalia en 1993, la situación es similar y el resultado no diferirá.

Ahora el general McChrystal, comandante en jefe de las llamadas Fuerzas Aliadas en Afganistán, estadounidense, experto en contrainsurgencia, veterano de iraq donde dirigió la captura de Sadam Hussein, recomienda al presidente Obama modificar la lucha contra Al Qaeda y los talibanes. Quiere entrenar tropas afganas para que lleven el peso de la lucha contra ellos y pide en su informe "una mayor unidad en el esfuerzo". En otras palabras: más tropas auxiliares que les hagan el trabajo sucio a los americanos y mayor subordinación a sus intereses de los países de la coalición.

Nosotros, los españoles, y no solamente nosotros, estamos siendo presionados para enviar más tropas...pero los talibanes se mueven ya en los alrededores de Kabul y las elecciones, de resultado dudoso y transparencia escasa, no han descuajado el poder de los señores territoriales cuya lealtad puede variar en cuestión de días según sus intereses.

Lo dicho: esta guerra está perdida de antemano y es bueno que nos vayamos preparando para la derrota e inteligente no comprometer demasiados recursos en la campaña. La derrota debe ser de nuestros amos americanos, no nuestra y quizá de este modo podamos convertirla en una victoria para nosotros.

Pensémoslo.

Etiquetas: , , , , , ,

OBJETIVOS DEL MILENIO

20090925113219-onu.jpg

Realmente estoy harto de campañas contra la pobreza, de ONG´s solidarias y de todo tipo de asociaciones dedicadas a la caridad. Y estoy harto porque detrás de toda su palabrería bienintencionada y de sus parvas acciones solo encuentro demagogia y desinformación. Ninguna, y mucho menos las amparadas o impulsadas por las Naciones Unidas, señala jamás con el dedo la base del problema que es sobradamente conocida.

La pobreza existe por un ordenamiento político y económico concreto surgido de los acuerdos de Bretton Woods en 1944. Estos acuerdos, de los que emanaron instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, establecieron un sistema, el de los Estados Unidos, destinado a favorecer a las élites triunfantes de la Segunda Guerra Mundial.

Es falso que falten recursos, es mentira que los estados poderosos, las multinacionales y los ricos estén preocupados por la miseria de enormes contingentes de la humanidad. El sistema en el que vivimos está diseñado para que unos pocos sean muy ricos a costa de que  la mayoría sean muy pobres.

¿Queremos erradicar la pobreza?...Es muy sencillo: acabemos con el sistema surgido de Bretton Woods y con la nauseabunda ideología (el liberalismo capitalista) que lo sustenta. Todos nos beneficiaremos de ello, incluso los que vivimos en el primer mundo y pensamos que la injusticia e ineficacia del sistema no nos afecta (el sistema, no lo olvidemos, es el responsable de una crisis que sucede a otras y que antecederá a otras más y en cada crisis los poderosos salen más fortalecidos y el pueblo con menos derechos y posibilidades) y solo unos pocos tiburones con las carteras llenas pero las manos manchadas de sangre desde hace generaciones, verán hundirse sus imperios ilegítimos.

Insisto: estoy harto de demagogia y de paños calientes. No quiero saber nada de ninguna campaña ni de ninguna ONG ni de ningún filántropo. Son gentuza, lobos con piel de cordero, en el mejor de los casos bobos útiles o cobardes con ansias de figurar.

Solo hay una palabra que me satisfaga: justicia y solo un camino para conseguirla: la destrucción de las instituciones surgidas de Bretton Woods y la ideología que las sustenta. Resumiendo en otra palabra: revolución.

Necesitamos un mundo nuevo y podemos conseguirlo.

Sé de sobra que actualmente a los que pedimos la revolución se nos mira como a ilusos, incluso la derecha tiene la desverguenza de llamarnos retrógrados y totalitarios.  Hay muchos que se han tragado ese anzuelo...eppur si muove.

NOTA-la fotografía es de Lolo Le Begood1

Etiquetas: , , , , , , ,

EL DISEÑO INTELIGENTE Y LOS PITUFOS.

20090925114204-pitufo.jpg

 Ciencia y superstición son incompatibles. Este es un hecho incuestionable. Cuando se mezclan es siempre en detrimento de la razón y en beneficio de la superstición.

Para poder abordar con tranquilidad este asunto evitaremos el espinoso asunto de dios y pondremos un ejemplo menos polémico pero igualmente elocuente: los pitufos.

Supongamos que en un momento determinado de la historia se impone la creencia en la existencia real de los pitufos. Es una estupidez, todo el mundo sabe que los pitufos no existen pero los sectarios creyentes consiguen hacerse con el poder e imponer esa creencia mediante la coacción, el lavado de cerebro, el asesinato, la tortura y otros medios totalitarios propios de las sectas destructivas triunfantes. Con el tiempo dominan el poder y con él las leyes, los medios para hacerlas cumplir, la educación, la opinión...todo. Y durante siglos utilizan ese poder para imponer su creencia en todos los ámbitos de la sociedad, cualquier signo de disidencia es acallado mediante la tortura y la hoguera.

A pesar de todo es inevitable que la razón se imponga. Hay crisis sociales y económicas que permiten emerger el pensamiento crítico y este avanza con rapidez poniendo en evidencia lo absurdo de las creencias pitufiles que solo pueden sostenerse mediante la fe en la existencia real de los pitufos y la fuerza. Pero la fe y la fuerza no son suficientes para contener el avance de la razón. De pronto ya no hay vuelta atrás, queda demostrado que los pitufos son un mito, una absurda fantasía que no debe tener ninguna repercusión sobre la vida y el desarrollo de la humanidad y, para colmo, el público se ha acostumbrado a ver los hechos respaldados por razonamientos lógicos y datos objetivos. La fe ya no sirve como argumento porque la fuerza ya no puede aplicarse (nunca hubo fe sin coacción o lavado de cerebro) ¿qué hacer?...

En teoría parecería que el dominio de la superstición pitufil ha concluido.

Pero no: el poder de los creyentes es todavía enorme y su mentalidad fanática es impermeable a la razón. El fanatismo tiene este efecto: una vez instalado en la mente nunca puede ser eliminado y menos mediante la razón. Un fanático religioso es un enfermo mental irrecuperable.

La ciencia y la razón han desmontado el mito de los pitufos, hay que moverse, hacer algo para reinstaurarlo y mantener todos los usos sociales, redes clientelares y sistemas de valores a él asociados y que, curiosamente, benefician económica, política y socialmente a sus más fervientes defensores. Nunca hubo fe sin beneficio de quienes pretenden mantenerla y propagarla.

Se adopta entonces una estrategia perversa : utilizar el lenguaje científico, convenientemente manipulado con una dosis de adecuada demagogia y santa desverguenza, aprovechando los escasos conocimientos técnicos de la mayor parte de la población, para presentar la superstición como un hecho científico. Incluso se genera toda una paraciencia avalada por prestigiosos centros educativos y sonoros nombres de propagandistas disfrazados de científicos a los que se colma de menciones en los medios, de premios y de halagos...y se lanza una campaña con todos los medios disponibles, incluyendo a menudo un estado parasitado por los fanáticos, para seguir defendiendo lo indefendible: la existencia real de los pitufos y la subsiguiente vigencia del estado de cosas que esa supuesta existencia ha generado a nivel social, político, legal...

Llegados a este punto los fanáticos pituferiles se han convertido ya en una amenaza para la civilización, el progreso y la evolución humana.

Bien...ahora donde dijimos pitufos digamos dios. Tal es la situación.

La publicación del libro El Origen de las Especies de Darwin en 1859 supuso un mazazo para la superstición bíblico-coránica empeñada en defender el mito de la creación por un dios personal activo que hizo al hombre a su imagen y semejanza. El tiempo y la ciencia fueron dando la razón al evolucionismo darwinista. No tenemos ninguna evidencia tangible de la existencia de ese supuesto dios creador pero en cambio los museos están atestados de fósiles que demuestran la evolución y que por lo tanto el mito de la creación es absurdo al igual que el resto de los mitos, creencias y usos sociales derivados de él. Para colmo, unas pocas décadas después, la ciencia empezó a comprender el verdadero origen del universo y su devenir dinámico dejando al creacionismo y al antropocentrismo a él asociado reducidos a la nada.

Pero el fanatismo es renuente a reconocer la evidencia, se obceca en su creencias y se agarra como una sucia garrapata a cualquier resquicio para seguir parasitando y corrompiendo la sociedad.

Conviene que los artículos de un blog no se extiendan demasiado, de modo que no cansaré al paciente lector con toda una cascada de nombres, fechas y datos históricos. Resumiré.

La cuestión del creacionismo es crucial: si puede demostrarse, y se ha demostrado, que no existe un dios creador la totalidad del ordenamiento cultural, político y social derivado de esa premisa se viene abajo.

Durante siglos el creacionismo sostuvo que por el mero hecho de existir ese dios creador existían una serie de normas sociales y morales previas a la existencia misma del ser humano que no podían discutirse ni cambiarse precisamente a causa de su origen divino. De este modo justificaban el ordenamiento social (piramidal y clasista) y una moralidad basada en la absurda idea de pecado que todavía rige muchas de nuestras leyes y nuestros usos sociales. Si no existe un dios creador todo ese entramado se viene al suelo y tanto el ordenamiento social que beneficia a determinadas élites como el moral y legal predispuesto a la imposición subrepticia de los presupuestos teocráticos, deja de tener vigencia. El mundo cambia y las sectas hasta ahora poderosas se convierten en fantasmas del pasado.

Obviamente no quieren consentirlo. Y, como siempre, han decidio dar la batalla allí donde más sencillo es lavar el cerebro de la gente: en la educación. En el siglo IV el emperador Juliano, que los conocía bien, prohibió a los cristianos no solo dedicarse a la enseñanza si no acercarse incluso a los niños y los jóvenes por considerarlos corruptores de la juventud. No han cambiado.

Por ese motivo la batalla más fuerte que siempre cabe esperar de las sectas bíblicas es la de la educación. Si pueden programar la mente de una persona en su edad infantil la podrán manipular siempre.

En este campo, los creacionistas de los Estados Unidos, aprovechando el triunfo de su facción con la llegada a la Casa Blanca de Reagan en 1980, pisaron el acelarador.

Primero intentaron conciliar la literalidad bíblica con los conocimientos científicos. Obviamente fracasaron. Más tarde trataron de imponer por las buenas el creacionismo como única enseñanza en las clases de ciencias en escuelas e institutos. Se lo impidió el Tribunal Supremo en 1987. De modo que en 1989 se sacaron de la manga un manual de texto titulado Los Ponis y las Personas donde sustituían las palabras creación y creador por diseño inteligente y diseñador inteligente y siguieron adelante.

En 1991 fundaron el Intituto Discovery con el fin declarado de "derrotar el materialismo científico y su destructivo legado moral, cultural y político." y "reemplazar las explicaciones materialistas por la concepción teista de que la naturaleza y los seres humanos han sido creados por dios." Y en ello siguen.

Con el tiempo y el apoyo de la administración Bush consiguieron que el evolucionismo se enseñase en escuelas e institutos como "una simple teoría" en pie de igualdad con el diseño inteligente y hasta han tenido la desverguenza de venir a predicar en universidades europeas.

La gran lucha del siglo XXI será la dicotomía entre razón y oscurantismo. O damos un salto adelante y nos libramos de la superstición bíblico-coránica o volvemos a la edad media. Hay que elegir.

 NOTA.-la fotografía es de Magoexperto.

Etiquetas: , , , ,

EL OBISPO DE MARGUS

20090925003936-danubio.jpg

Como soy un friqui de la historia me pareció buena idea aprovechar la celebración de la mostra cinematográfica de Venecia para rememorar el origen histórico de tan hermosa como singular ciudad pero mientras preparaba el artículo comprendí que resultaría más interesante hablar del causante de la cólera del "Azote de Dios" que la historiografía eclesiástica presentó como motivada por los pecados del pueblo que todavía no se sometía absolutamente a sus designios teocráticamente totalitarios presentándose a su vez falsamente como remedio efectivo contra las incursiones de ese castigo divino que era el famoso y poderoso Atila, rey de los hunos. Y, de paso, exponer ante el lector un buen ejemplo del modo en que la historiografía eclesiástica, y los historiadores confesionales hasta nuestros días, retuercen los hechos objetivos de la historia hasta convertirlos en propaganda.

Para empezar es preciso advertir de que tenemos una idea muy equivocada de lo que significaron Atila y su reino. Los consideramos bárbaros salvajes obsesionados con la destrucción y el saqueo, enemigos irreconciliables del imperio romano, simples bandas violentas entregadas al pillaje. Nada más falso. De hecho Atila era un delegado del poder imperial romano y su administración en Panonia y Mesia contaba con altos funcionarios romanos que le servían porque era servir al imperio, entre ellos cabe citar a Orestes, el padre del que sería último emperador romano de occidente: Rómulo Augústulo. Y, desde luego, distaba mucho de ser un bárbaro inculto. En su efímera capital trató de imitar las ciudades romanas iniciando la construcción de algunos edificios de piedra propios de la cultura greco-romana y trataba de alentar una cierta vida cultural que, ciertamente, era más pobre que la de las ciudades provinciales del imperio y contaba con elementos exóticos que en ese momento eran una novedad y acabarían generando todo un ciclo cultural en la Europa central. Fue en la corte de Atila donde surgió y se desarrolló lo que sería la poesía épica germánica (más exactamente una mezcla de elementos germánicos, hunos y sármatas) desde Arturo a los Nibelungos y desde los restos míticos en Jordanes hasta las sagas islandesas. Un aporte cultural distinto del greco-romano pero igualmente fundamental en el desarrollo de la identidad de la Europa moderna.

Conviene ahora que analicemos someramente los orígenes del reino de Atila para comprender su exacta naturaleza.

Hacia el año 350 los godos habían constituído un imperio que abarcaba desde el Mar Negro hasta el Báltico y desde los Cárpatos hasta el Mar de Azov. Lo regía una dinastía, la de los Amalos, encarnada en esos momentos por Hermanarico, rey tan poderoso e importante que en el siglo XIII las sagas islandesas todavía le recordarían y se referirían a él. Naturalmente este imperio no estaba conformado solo por godos sino que integraba gran cantidad de pueblos diferentes estructurándose en principados y entidades más o menos autónomas. Al parecer uno de estos principados, el de los hérulos, entró en conflicto con el poder central y aprovechó la cercanía de los hunos para aliarse con ellos en su rebelión. Estos, rechazados en sus intentos de penetrar en Persia, acababan de destruir el reino de los alanos, adyacente al de los godos y, enriquecidos con el botín y las nuevas tierras conquistadas, vieron con buenos ojos continuar la guerra contra Hermanarico que era ya viejo.

En 375 Hermanarico murió, la presión huna generó enfrentamientos por la sucesión dentro del imperio godo, se activaron tendencias centrífugas y el estado forjado durante dos siglos en las llanuras ucranianas saltó por los aires arrastrando a muchos refugiados de diferentes naciones hacia el Danubio.

El caos fue total y en 378 las tropas del imperio de oriente, con su emperador, Valente, a la cabeza, fueron aniquiladas en la batalla de Adrianópolis, por los refugiados que habían cruzado el Danubio.

Aprovechando el hundimiento del imperio godo, los hunos avanzaron hacia el oeste en bandas separadas. Algunos siguieron pretendiendo cruzar el Cáucaso y penetrar en Persia, otros se establecieron como señores en el antiguo solar de los Amalos que siguieron combatiendo algunos años más. Un tercer grupo se trasladó a la zona del Danubio y se dividió. Algunos contingentes cruzaron el río entrando a servir como auxiliares en el ejército romano, que se rehacía rápidamente tras el desastre de Adrianópolis, otros fueron desplazándose hacia las llanuras de Panonia donde las condiciones geográficas eran más adecuadas para su tradicional forma de vida.

En 394, Teodosio, el nuevo emperador de oriente, decidió convertirse en único emperador e invadió Italia con gran parte de su ejército entre el que se contaban gran número de godos y de hunos. Tuvo éxito, derrotó a Eugenio, el emperador occidental, y unificó el imperio pero solo para morir al año siguiente y dejar de nuevo el imperio dividido entre sus hijos: Arcadio en Constantinopla y Honorio en Milán (más tarde trasladó la capital a Rávena). 

Honorio era todavía un niño y quedó bajo la tutela de Estilicón, hijo de un senador romano y una princesa vándala y casado con Serena, sobrina e hija adoptiva del emperador Teodosio y por lo tanto, en la práctica, cuñado de ambos nuevos emperadores.

Estilicón fue, durante trece años, el dueño y señor del imperio de occidente y centró gran parte de su actividad tanto en tratar de extender inutilmente su poder a oriente como de contener las invasiones de pueblos del otro lado del Rin y del Danubio. Cada vez eran más y más las bandas hunas que llegaban a Panonia y Mesia y cada vez más los pueblos que huían hacia el interior del imperio para escapar de sus depredaciones y su dominio.

En 408 el emperador Honorio, harto de la tutela de Estilicón le hizo asesinar en el transcurso de un golpe de estado. Gran parte de los auxiliares bárbaros que habían llegado a occidente con Teodosio abandonaron Italia tras el asesinato de Estilicón. Los de estirpe más o menos germánica huyeron hacia Alarico que se había proclamado rey de lo que serían los visigodos y se movía en las actuales Eslovenia y Croacia. Los de estirpe más o menos esteparia, singularmente los hunos, se refugiaron al otro lado del Danubio, más o menos en la actual Hungría y norte de Austria, donde alentaban ya otras muchas bandas hunas.

No sabemos muy bien como se desarrollaron los hechos en Panonia pero sí que poco después del asesinato de Estilicón surgió al otro lado del Danubio un jefe huno, Uldín, que tuvo el suficiente poder para amenazar al imperio. Presuntamente había reunido a todos los grupos hunos al norte de la frontera bajo su autoridad y actuaba para vengar la muerte de Estilicón lo que hace pensar que era uno de los jefes de tropas auxiliares huídas de Italia y que la unión de las tribus hunas fue circunstancial y contó con escasa coordinación lo que convirtió su masa más en un problema logístico que en una ventaja táctica. Pero era un primer aviso.

Poco después, en 410, cuando Alarico asediaba Roma, pudo enviar a su cuñado Ataulfo al Danubio y conseguir tropas hunas que le auxilaron en su ataque contra el régimen resultante del asesinato de Estilicón.

En 423 en el transcurso de un nuevo golpe de estado contra ese mismo régimen, el nuevo y circunstancial emperador, Juan, pudo enviar también a uno de sus generales, Ecio, al Danubio para reclutar grandes contingentes de hunos y para entonces sabemos ya que estos contaban con una monarquía doble encarnada por dos hermanos: Ruhas y Munzak. Tío y padre, respectivamente, de Atila.

Las bandas dispersas de hunos que venían llegando a Panonia desde finales del siglo IV y que en 408 Uldín había unificado brevemente estaban hacia el 420 unidas bajo el dominio de una sola familia real, la de Atila.

Juan fue derrotado por la dinastía de Teodosio, pero Ecio, gracias a sus auxiliares hunos y a su amistad con los reyes de este pueblo (en su juventud había sido rehen de los godos y de los hunos) pudo mantener su poder en occidente durante un cuarto de siglo.

Durante ese tiempo el reino de los hunos en Panonia y  Mesia se asentó y se estructuró como una dependencia del gobierno imperial de occidente con numerosos funcionarios pertenecientes a la nobleza romana de la zona a la que, por vínculos familiares, también pertenecía el propio Ecio. Eran tiempos difíciles para el imperio, con grandes reinos federados pero no siempre leales creciendo en su interior (visigodos, suevos, francos, burgundios, vándalos) y numerosas amenazas acechando en las fronteras mientras los recursos disponibles disminuían velozmente. Disponer de un estado vasallo que defendiera la peligrosa frontera del Danubio con sus propios medios era una gran suerte para el estado en general y que los dirigentes de dicho reino fueran aliados políticos de Ecio, siempre enfrentado a la dinastía teodosiana, toda una garantía de supervivencia no solo política sino incluso vital para él. Surgió así una alianza estable beneficiosa para ambas partes.

El reino de los hunos no solo englobaba contingentes de esta etnia, en el nuevo reino había godos diversos, alanos, gépidos, hérulos, esciros, romanos, taifales...decenas de grupos controlados gracias a la superstructura huna establecida en Panonia a comienzos del siglo V y que apoyaba, dentro del imperio, el partido de Ecio del mismo modo que los visigodos apoyaban al de la casa teodosiana. Los hunos formaban parte del entramado estatal y político del imperio de occidente, eran aliados de Rávena y lo demostraron del modo más evidente que eso podía hacerse.

En la tradición esteparia la legitimidad real se definía por el control de un determinado y escueto territorio que incluía las tumbas reales. En el centro de Asia este centro real coincidía con el dominio de cierta montaña sagrada en la cordillera de Altai, lejos de ese centro del mundo, los túmulos reales tomaban su papel. Ya en el siglo VI a.d.C. cuando los persas querían sojuzgar a los escitas y les acusaban de huir constantemente estos les respondieron que si llegaban a las tumbas de sus reyes les verían pelear sin dar un solo paso atrás.

El cementerio real era el centro mismo de la legitimidad dinástica y los hunos de Panonia, demostrando su voluntad de paz y entendimiento, lo situaron a orillas mismo del Danubio, frente a una ciudad fronteriza romana: Margus (la actual Pozarevac en Serbia). En aquel tiempo los cementerios reales consistían en agrupaciones de grandes túmulos, colinas artificiales en cuyo interior se enterraba al personaje real rodeado de sus tesoros. Estas colinas artificiales se divisiaban perfectamente desde Margus como una permanente declaración de paz.

Y aquí es donde entra en juego el obispo de Margus.

Aunque los historiadores confesionales nos han transmitido la falsa imagen de que la expansión del cristianismo fue un proceso benéfico, voluntario, pacífico y libremente aceptado por la población que se beneficiaba del mismo, en realidad sucedió todo lo contrario. La imposición del cristianismo solo favoreció a los líderes de la secta (obispos y otros jerifaltes) que pasaban de encabezar grupos marginales a los que la sociedad civilizada greco-romana despreciaba del mismo modo que nosotros despreciamos a los talibanes (no eran otra cosa) a obtener poder y dominio que utilizaban para imponer sus leyes absurdas y su idea de pecado sobre el pueblo. Más aun: partiendo de la idea de que el poder viene de dios, apoyaron siempre la tiranía de los emperadores y el abuso de los poderosos siendo uno de los principales factores de esclavitud y exclusión social que afectaron las últimas épocas del imperio romano. Por si fuera poco, desde que el tirano Constantino les toleró y empezó a apoyarse en ellos, se dedicaron a organizar bandas enardecidas de fanáticos religiosos que asesinaban filósofos paganos, asaltaban templos de la religión antigua y los destruían torturando y asesinando a quienes se atrevían a defenderlos. Desde comienzos del siglo IV hasta bien entrado el VIII estas turbamultas de fanáticos saqueadores, torturadores y asesinos en nombre de Cristo poblaron Europa imponiendo su dominio teocrático a sangre y fuego.

El obispo de Margus a mediados del siglo V no era muy diferente a los demás obispos, ni siquiera en su absoluta falta de moralidad y ética (a este respecto me gustaría recordar, por ejemplo, el modo en que San Agustín y San Jerónimo participaron en el robo de los bienes de Melania y Piniano, actividad que hoy les hubiera llevado a la cárcel por estafa). Vamos a verlo.

Para este individuo repugnante que un cementerio pagano se levantase a vista de su sede episcopal resultaba un insulto insoportable y la certeza de que aquellas tumbas de un pueblo aliado estaban llenas de tesoros un acicate irresistible. ¿Qué hizo?...lo que tantos obispos de su época: organizó un tumulto de devotos fanáticos, cruzó el Danubio y profanó y saqueó las tumbas de los padres, tíos y restantes familiares de Atila. Este, en cumplimiento de su estatus de aliado, recurrió al emperador de oriente para que reparase el desaguisado. Pero Teodosio II estaba completamente dominado por los sectarios cristianos, su hermana Pulqueria había convertido la corte de Constantinopla en un monasterio en el que solamente se rezaba, se ayunaba y se hacía penitencia. El emperador, como solía ocurrir, no movió un dedo para castigar al obispo tumultuario, profanador y ladrón. Pero Atila no era un campesino indefenso como tantos que asesinaron durante siglos los cristianos ni un ciudadano al que se pudiera asesinar en cualquier callejón si no un rey poderoso que viendo que no se atendían sus justas reclamaciones comenzó una guerra.

El epílogo del caso es que el propio obispo de Margus, cuando vio que los hunos se acercaban a su ciudad, se la entregó a cambio de salvar la vida traicionando de este modo al mismo emperador que lo había protegido. Corolario mucho más que elocuente sobre la moralidad de estos que nos venden como santos.

Atila siguió atacando al imperio de Teodosio II y la misma iglesia que había provocado su ira la aprovechó para aumentar su poder haciendo correr la especie de que las destrucciones que este rey airado causaba al sur del Danubio no eran culpa de la iglesia si no de los pecados del pueblo que debía someterse aun más a los obispos y sus absurdas imposiciones morales y doctrinales para librarse de la furia de dios encarnada por el huno. El victimismo y achacar a la falta de sumisión y moralidad de quienes quieren sojuzgar son una táctica habitual de esta gentuza. La siguen utilizando y les sigue funcionando.

En cuanto a Venecia, que es el origen remoto de este artículo, resumiremos.

En el norte de Italia existía una importante ciudad llamada Aquilea. En 452 la saqueó Atila llevándose a sus 200 000 habitantes como esclavos al otro lado del Danubio. En 453 murió y 454 su imperio quedó destruído a causa de las luchas sucesorias de sus hijos. En Panonia surgió un nuevo poder, el de los gépidos, un pueblo germánico hasta entonces sometido a los hunos. Estos deseaban disfrutar de un estatus similar al que habían disfrutado los hunos y Orestes, romano de alta alcurnia hasta entonces al servicio de Atila y muy bien relacionado en Rávena, estaba casado con la hija del senador Rómulo, y futuro padre del que sería último emperador de occidente, aprovechó este deseo para exigirles determinadas condiciones a cambio de reconocerles como nuevos aliados de Rávena en Panonia. Entre estas condiciones se contaba la de liberar a los habitantes de Aquilea que en 455 pudieron regresar a su ciudad. Pero ya no se fiaron de sus murallas, que no les habían podido defender en 452. Por el contrario se asentaron en las marismas y las islas cercanas a la costa. Así surgió Venecia que tras la caída del imperio de occidente y la reconquista italiana de Justianiano quedó incluída en el exarcado de Rávena. Durante toda la edad media, hasta la caida de Constantinopla en manos de los turcos en 1453, tuvo la consideración jurídica de ciudad bizantina lo que le permitió mantener su independencia frente a los diversos poderes que se fueron constituyendo en Italia y disfrutar de amplios privilegios comerciales en el imperio bizantino que la enriquecieron e hicieron poderosa.

NOTA.- la fotografía representa el castillo de Golubac y es de Electrostatico.

Etiquetas: , , , , , ,

A UN AÑO DE LA CALLE

20090925003256-lujo.jpg

Tengo amigos a los que les va muy bien. Tienen buenos trabajos, bonitos adosados y excelentes coches (a menudo dos) que siguen pagando, sus hijos acuden a  colegios caros...son la imagen misma del éxito social tal y como se entiende en estos días que corren. Tanto es así que hasta tuercen el gesto cuando oyen hablar de subidas de impuestos, critican cualquier atisbo de política social y se dejan arrastrar por los cantos de sirenas neoliberales del PP. Es curioso porque a muchos de ellos los conozco desde hace años y los he visto sin un duro, en paro y dependiendo para subsistir de la ayuda económica de sus padres, de cualquier parvo subsidio estatal que recibían como agua de mayo o de trabajos ocasionales malísimamente pagados. Entonces, obviamente, tenían ideas muy diferentes.

Precisamente hoy he desayuno con uno de estos amigos, excelente tipo por lo demás y buen amigo al que deseo que todo siga marchándole como hasta ahora o mejor (entre otras cosas porque no trabajo para él ni parece que vaya a verme forzado a hacerlo en el futuro)...es buen amigo, excelente persona, pero un jefe explotador que paga poco, no hace un contrato fijo ni borracho y piensa que pagar las horas extras a las que obliga a sus empleados es la peor de las herejías. Y eso que conoció las penurias del obrero y tuvo que sufrir a muchos jefes como él antes de llegar a serlo.

Este amigo mío (obviaré su nombre) mira con ironía no exenta de encubierto desprecio lo que llama mis "trasnochadas ideas" y hace continua apología del ideario de explotación, desprotección y especulación que tan bien conocemos. Sin duda votará en el futuro al PP para que baje los impuestos sin importarle que ello suponga menos educación pública (sus hijos van a un colegio privado), menos subsidios de desempleo, menos sanidad para todos...y se le llena la boca con palabras pomposas como libertad y democracia cuando quiere decir robo e injusticia. Y hasta se cree sus propios argumentos, que es lo peor.

Como somos amigos no discuto demasiado con él, me limito a sonreír y responder con ironía edulcorada a sus bromas sardónicas de filofascista proamericano. En mi fuero interno, sin embargo, le analizo con entomológico afán de observador incansable de la condición humana y su expresión social.

En el fondo mi amigo es víctima de un fenómeno muy frecuente a lo largo de toda la historia y que ha servido para sostener desde siempre los regímenes más absurdos e injustos: la identificación de las clases medias con el sistema de valores de la oligarquía. Piénsese, por ejemplo, que en el siglo XVII, cuando la oligarquía era de origen nobiliario, había comerciantes y labradores acomodados que se arruinaban solo para conseguir un título a pesar de que ese título les resultaba un perjuicio y el sistema en general iba en contra de sus propios intereses. Ahora sucede lo mismo con la pequeña burguesía que se identifica con los intereses de las grandes oligarquías dominantes en el mundo cuando ellos, aunque les vaya bien, pertenecen en realidad al proletariado.

Esa es una realidad muy poco estudiada y pensada en nuestros días pero una realidad al fin y al cabo. Hoy, dejando de lado las habituales bromas, he hecho cuentas con mi amigo tomando en consideración todos los factores en juego. Le he demostrado que hace falta muy poco, quizá algunos meses más de crisis y sequía financiera, para llevarle a la ruina. En el fondo mi amigo mantiene su estatus en precario y por pura suerte. Pero si vienen mal dadas está a menos de un año de quedarse en la calle, literalmente debajo de un puente. En su misma situación hay millones de integrantes de la clase media-alta en su mayoría férreos defensores de las políticas neoliberales que creen les benefician. Lo triste es que ni siquiera hace falta una crisis para que cada año miles de estos potentados con pies de barro caigan de bruces al fango que los sustenta. Durante un tiempo trabajé en los servicios sociales y conocí muchos casos similares. Hombres de cincuenta años con estudios universitarios (a veces dos o más doctorados, idiomas...) que habían tenido una vida laboral e incluso empresarial brillante y a los que las circunstancias lanzaron en cuestión de meses, pero de meses, a depender de los recursos públicos que hasta hacía nada clamaban por eliminar.

 Es triste pero es una realidad. La mayor parte de nosotros, aunque tengamos estudios y podamos comprarnos coches caros, casas bonitas, pagar exóticas vacaciones, llevar a nuestros hijos a colegios privados, vestir de marca...somos de hecho parte del proletariado y estamos a menos de un año de la calle si quedamos en el paro o nuestro negocio deja de funcionar.

Me parece interesante reflexionar al respecto.

Nota-la fotografía es de santimb.

Etiquetas: , , , , , , ,

20090925195650-copas.jpg

 

25/09/2009 18:36 disidenteporaccidente Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

PREOCUPACIONES ÁRTICAS

20090925003756-artico.jpg

Pues resulta que estoy perplejo.

Este verano de 2009 dos barcos mercantes holandeses, el Beluga Fraternity y el Beluga Foresight, han conseguido navegar entre la bahía coreana de Ulsan y el puerto de Rotterdam atravesando un Oceano Ártico deshelado ahorrándose con ello casi cinco mil kilómetros de ruta y evitando puntos conflictivos como la costa somalí y pagos ingentes como los devengados de atravesar el Canal de Suez. Prácticamente toda la prensa que se ha ocupado del hecho se ha encargado de repetir lo mismo: que esta era la primera vez que se conseguía transitar el Paso del Nordeste por mar y que ello se debía al deshielo del Ártico a causa del calentamiento global. En la práctica se limitaban a transcribir las palabras de la portavoz de la empresa propietaria de ambos mercantes (Beluga Group) que dijo exactamente eso. No debe extrañarnos, la prensa puede ser más o menos libre e independiente pero en general resulta poco crítica y tiende a reproducir mecánicamente lo que oye en las ruedas de prensa y entrevistas. Por ese motivo es tan fácil de manipular. Los periodistas viven en la urgencia de la próxima edición o de la próxima emisión (y a menudo en la precariedad y los sueldos escasos) y pararse a contrastar o juzgar las informaciones recibidas es un lujo prácticamente inasequible. Por otro lado las empresas, al margen de los poderes políticos o económicos a los que puedan servir, tienen más interés en rellenar contenidos que en informar adecuadamente, con rigor y profundidad. Pero este artículo no trata de la prensa. Centrémonos.

El caso es que la portavoz del Beluga Group atribuyó la hazaña de sus dos mercantes al deshielo producido por el calentamiento global y Melanie Duchin, la responsable de la expedición al Ártico de Green Peace, la secundó. Este mismo verano la asociación ecologista envió un barco a Groenlandia y confirma que los hielos remiten, que aumenta la masa de agua dulce superficial amenazando el funcionamiento de la corriente termohalina y que todo ello se debe al calentamiento global.

Bien...nunca he dudado de que los gases de efecto invernadero suponen un gran problema y afectan negativamente al medio ambiente (ya en el siglo XVIII, en Inglaterra, cerca de las ciudades señeras de la revolución insutrial, se observó que las mariposas del sauce, antes blancas, habían oscurecido sus colores para no destacar en árboles cubiertos de hollín) ni de que el dicho efecto afecte al equilibrio del ecosistema terrestre y de que sea preciso buscar nuevas fuentes de energía renovables (aunque algunas milagrosas conversiones como la de Al Gore que se ha convertido en fan de las nuevas fuentes de energía solo después de haber invertido millones en empresas del sector resulten muy sospechosas) y, claro está, la noticia de que el Paso del Nordeste hubiera podido ser navegado por primera vez en la historia a causa del deshielo polar me alarmó y me llenó de furia y pánico.

Luego hubo algo que  llamó mi  atención: la portavoz del Beluga Group estaba contenta, la empresa esperaba nuevos contratos y abrir una vía comercial regular por el Ártico.

Eso me hizo recordar una lejana noticia, busqué y sí...en 1991, antes de que el calentamiento global fuera una preocupación mundial, entonces nos preocupaba más el agujero de la capa de ozono, y aprovechando la caída de la Unión Soviética, un barco francés, el Astrolabe, ya había realizado un recorrido similar, aunque en sentido inverso, entre el puerto francés de Le Havre y el japonés de Hakodate. Recurrí a mi archivo (un enorme montón de papeles y noticias mal ordenadas desde mi última mudanza) y dí con una amarillenta hoja de periódico en la que se daba esta noticia. En ella los responsables del viaje afirmaban que la posibilidad de convertir aquella ruta recién abierta (también entonces era la primera vez que se transitaba) dependía de la capacidad y voluntad del gobierno ruso para explotar los recursos de Siberia y de modernizar los puertos siberianos para poner a punto una red de transportes y comunicaciones. Y había otro dato interesante. En 2009, los responsables del Beluga Group afirman que el paso, deshelado a causa del calentamiento global, era transitable durante unas seis u ocho semanas al año. Los franceses de 1991, en cambio, antes de que el deshielo se convirtiera en una preocupación mundial, afirmaban que se podía transitar sin problemas durante cuatro o cinco meses al año. Esa contradicción en los datos me pareció significativa y seguí indagando. No tardé en encontrar el  famoso artículo del Washington Post de 1922 en el que ya se hablaba del deshielo del ártico...

Llegados a este punto recurrí a un arma de comprensión del presente y del futuro a menudo muy poco valorada: la historia.

Descubrí algunos datos que ni son secretos ni difíciles de descubrir, se encuentran al alcance de cualquiera, incluso en la wikipedia, pero que no suelen sacarse a colación cuando los intereses empresariales y el desinterés crítico de la prensa se mezclan en este mundo nuestro de ignorancia, información escasa y omnipresente propaganda de multinacionales, gobiernos y grupos de poder.

El hecho es que ya en el siglo XVI los rusos empezaron a explorar el Ártico para encontrar un paso entre su puerto de Arkangelsk y el Pacífico. Les siguieron muy de cerca los ingleses y los holandeses razón por la cual en 1619 los rusos cerraron conscientemente esa posible vía para evitar la competencia de esas potencias en un mar y posible paso que consideraban de su exclusiva propiedad (¿recuerdan cuando en el artículo sobre Afganistán hablábamos del Gran Juego?, ya entonces estaba jugándose). En 1648 Alekseev y Dezhnev, marinos rusos al servicio del zar, lograron por primera vez doblar por mar la Península de Chukchi pasando desde el Ártico al Pacífico y el danés, también al servicio del zar, Bering, logró hacer el mismo recorrido en sentido contrario en 1725. En 1878 el sueco-finés, en un momento en el que el Ducado de Finlandia se encontraba bajo dominio ruso, Nordenskiold volvió a ser el primero en pasar por el Paso del Nordeste de oeste a este y en 1915 el ruso Vilkitsky (que acabó como agrimensor en el Congo Belga) fue de también otra vez el primero en pasar en sentido contrario (eso sí: con una flota de dos rompehielos).

Entre 1877 y 1919 hubo abierta una ruta comercial marítima en la zona destinada a la exportación de los productos agrícolas de Siberia. Se trataba de una ruta difícil, es cierto, más de la mitad de los barcos que la intentaban se perdían pero un porcentaje significativo lograba sus objetivos, los suficientes para mantenerla abierta durante cuarenta años.

En 1932 Yulievich logró por primera vez realizar el tránsito entre Arkangelsk y el estrecho de Bering en el mismo verano y en 1935 parte de la flota soviética del Báltico siguió esta ruta pasando sin percances reseñables al Pacífico para defender las costas asiáticas soviéticas de un posible ataque japonés.

 Ante este cúmulo de datos contradictorios es lógico que uno quede perplejo, sin saber qué pensar.

Ahora bien, en el fondo estamos hablando de política y de comercio y en esos campos pensar mal suele ser el mejor camino para acertar.

Quizá de todas las declaraciones que hemos expuesto en este artículo las más sinceras y esclarecedoras sean las que hicieron los armadores del Astrolabe en 1991. Todo dependía de la voluntad y la capacidad del gobierno ruso para explotar los recursos de Siberia y de modernizar sus puertos. Los noventa fueron años de indudable crisis y efectiva deriva para Rusia pero eso ha cambiado, con Putin y los grupos de poder que le sustentan ha surgido un nuevo nacionalismo proclive al tradicional imperialismo ruso (y que puede llegar a ser muy útil cuando no definitivo en la lucha contra la expansión del islam radical en el centro de Asia) dispuesto no solo a potenciar todos los recursos del país sino a beneficiar con ellos a una élite determinada,la misma que, procedente del PCUS, hizo caer el comunismo para preservar sus privilegios. Se invertirá cuanto sea necesario y se recurrirá a las alianzas que sean precisas para obtener el mayor nivel de negocio posible.

Siberia, aunque de clima inmisericorde, es una tierra extraordinariamente rica, no es casualidad que tanto el zarismo como el comunismo se esmerasen en llenarla con mano de obra esclava a través de la represión política: su explotación es difícil y cara pero muy lucrativa. Siberia tiene minas de niquel, de oro, de plomo, de molibdeno, de diamantes, de plata, de zinc...y grandes bolsas de petróleo y gas natural que se extienden también bajo las aguas del Oceano Ártico. Para los rusos el deshielo de este mar distaría mucho de ser una catástrode, todo lo contrario. Previendo esa perspectiva ya en el 2001 el gobierno ruso reclamó más de la mitad del área marina cercana al polo norte. No fueron los únicos: Estados Unidos, Canadá, Noruega, Dinamarca...todos los países ribereños se han dedicado en la última década a cartografiar el Ártico y reclamar el dominio de extensas parcelas del mismo. Para estos países el deshielo producido por el calentamiento global es más un motivo de esperanza que de temor. Las ganancias crematísticas que se esperan y que revertirán en su mayor parte en bolsillos que ya están llenos, grandes multinacionales y élites dirigentes bastan para cegar conciencias y éxamenes objetivos y racionales de la situación y las posibles consecuencias de los daños ambientales. Lo que se dibuja en el Ártico no es una guerra distinta, es una nueva batalla entre actores que ya conocemos, es continuar la misma guerra que vivimos al menos desde 1945.

Esta guerra puede favorecer más a unas oligarquías que a otras pero solo potenciará las políticas ya existentes y que conocemos de sobra. Será una brutal prolongación del liberal capitalismo que seguirá manteniendo sus esquemas de explotación y exclusión social con el añadido de que los ejes políticos y económicos se desplazarán convirtiendo cada vez más a Europa en una zona marginal y, por lo tanto, prescindible. El desafío al que nos enfrentamos es extremo y no somos conscientes de ello.

Nuestro problema es doble. Por un lado, lógicamente, geopolítico pero también subsiste el problema ambiental. Y ahora ya no podemos estar seguros de nada de lo que escuchamos o creemos saber.

A los detractores del cambio climático (impresentables como Bush o Aznar) ya los conocemos y les tenemos calados. Pero me temo que estamos siendo demasiado cándidos con los llamados líderes que se disfrazan de ecologistas y hacen propaganda de un cambio climático presentado como una realidad ya imparable. Hasta ahora pensábamos que eran gente bienintencionada, que eran los buenos...pero, cuidado, son "buenos" que nadan a favor de corriente y en defensa más o menos encubierta de poderosísimos intereses políticos y comerciales. Sus armas no serán diferentes de las de los "malos" porque son como ellos, forman parte de las mismas élites.

Los "malos", lo sabemos de sobra, usan la mentira y la desinformación como armas de control social y estrategia política y económica recurren para ello a cuantos instrumentos pueden controlar: medios de comunicación, universidades, científicos (los científicos tienen un gran prestigio y presumen de independencia pero seamos francos: ningún científico tiene reconocimiento público ni financiación si va en contra de los poderes dominantes)...lo que sea para hurtarnos la verdad, manipularnos y seguir haciendo de su capa un sayo. Los "buenos" no se comportarán de modo diferente. A partir de ahora será difícil saber a quien creer y no podremos confiar en nadie.

Lo dicho: estoy perplejo.

 Nota- la fotografía es de KENYAI.

Etiquetas: , , , , , , , , ,