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EL BEOWULF COMO MEDIO DE PROPAGANDA CRISTIANA

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 Hemos visto ya en estas mismas páginas como en muchos casos, y de hecho supuso una práctica habitual, la violencia fue utilizada como medio principal de expansión de las sectas cristianas. Desde el incendio de Roma en tiempos de Nerón o los frecuentes motines en las calles de Antioquía y Alejandría todavía en época imperial romana hasta las cruzadas contra los pueblos que permanecían libres en el paganismo (la represión en zonas como Lituania alcanzó el siglo XIX) el asesinato, a menudo masivo, el asalto, el linchamiento, el incendio, la esclavitud, el sometimiento y la persecución de los disidentes fue el medio principal de la imposición del sectarismo cristiano a poblaciones con una cultura y una civilización propias, en todo superior a la devengada de la superstición semita y que conviene en todo caso reivindicar y recuperar. La identidad de Europa no es medieval y cristiana, por mucho que se empeñen en hacernoslo creer, sino ancestral, pagana y de raíz indoeuropea (aunque este indoeuropeismo incorporó ,y es bueno tenerlo en cuenta, gran cantidad de elementos previos).

Pero además de la violencia los sectarios cristianos utilizaron otros muchos medios para conseguir la aculturación de las sociedades sometidas pervirtiendo sus tradiciones culturales con una reinterpretación cristiana impuesta desde los monasterios y obispados cuando estos lograban convertirse, siempre manu militari, en centros de imposición ideológica.

Existen muchos ejemplos de semejante artimaña. En este artículo nos centraremos en uno concreto que seguramente resultará sobradamente conocido al lector.

No deja de ser curioso que escribiendo desde un medio meridional e hispánico y dirigiéndome a un público mayoritariamente hispánico también deba recurrir a un ejemplo anglosajón. Pero hay que ser consciente de la profunda influencia que el medio audiovisual tiene actualmente en nuestro vagaje cultural y admitir que al lector medio le sonará más Beowulf que otros ejemplos españoles que pudiera traer a colación. No implica esto que no los pongamos de manifiesto en un futuro más o menos cercano, pero conviene empezar por un punto que nos suene a todos. Y que yo recuerde, cito a bote pronto, este personaje y su historia, aparte de algún que otro videojuego, ha inspirado en los últimos años varias películas. Por supuesto la famosísima de Robert Zemeckis con Angelina Jolie haciendo de la madre de Gréndel en 2007, pero también la dirigida por Graham Baker en 1999 (aquí la madre de Gréndel era Layla Roberts), la de Sturla Gunnarson en 2005 o la de Scott Wegener también en 2007...de modo que no cabe duda de que el personaje y su historia le resultaran conocidos a la mayor parte de los lectores.

De modo que no nos entretengamos más y entremos en materia.

El texto de este poema, del que en realidad no conocemos ni el título (no aparece en el manuscrito) auqnue se denomina comunmente con el nombre de su protagonista, ha llegado hasta nosotros en un solo manuscrito, el Cotton Vitellius A XV datable en el siglo XI y obviamente copiado en el scriptorium de un monasterio (ignoramos cual, el manuscrito no aparece en las fuentes históricas hasta el XVI) en un momento anterior en todo caso a la invasión normanda de 1066. No es de extrañar, pues, que contenga elementos cristianos. Se ha resaltado, incluso, el hecho de que en muchos pasajes basta sustituir la palabra dios por wyrd (destino) para cambiar el significado cristiano y obtener un sentido plenamente pagano del texto argumentándose precisamente que los copistas monásticos hicieron eso mismo pero al revés: tomaron un poema pagano y lo cristianizaron con pequeños y convenientes retoques aquí y allá. Es obvio que este proceso existió como forma de adapatación de extensos pasajes, pero en modo alguno debe considerarse que fue toda la adaptación a la ideología que pretendía transmitirse, más tarde veremos por qué.

Habida cuenta del misterio que envuelve al único manuscrito que nos ha llegado y al vivo interés que el poema suscitó en los estudiosos anglosajones en particular y nórdicos en general es lógico que existan opiniones para todos los gustos sobre su origen, sentido y fecha de datación. En este artículo prescindiremos de cualquier tipo de enunciación erudita alusiva a la multitud de estudios, estudiosos, afinidades y discrepancias. Sería una tarea superflua y ajena a las dimensiones e intenciones del medio en el que nos movemos.

En realidad el asunto de la autoría y la datación es mucho menos vidrioso de lo que pudiera parecer. La épica es por definición un género a la vez cambiante y fosilizador. Los materiales se reacondicionan constantemente para atender a nuevas necesidades e intenciones pero la misma naturaleza mítica de lo narrado (de valor folklórico y extensamente conocido por el público receptor) y el condicionamiento técnico generado por el verso, menos alterable que la prosa, hace que situaciones y argumentos sobrevivan, con cambios mínimos, durante largos periodos de tiempo, a veces durante más de un milenio.

Y es evidente que en el Beowulf concurren materiales antiquísimos, precisamente de un momento, el siglo VI, en el que el género, la épica germánica, surgido en torno a las cortes de los grandes reyes (por supuesto en la del godo Ermanarico, no en vano nos costa que los godos que cruzaron el Danubio en 377 ya llevaban consigo poemas épicos referidos a sus héroes nacionales, por ejemplo Vidigoya, pero sobre todo en la de Atila, origen de todo un ciclo cultural y épico que no se cerraría al menos hasta comienzos del siglo VII), se encontraba en pleno auge y con algunas de sus futuras grandes figuras (por ejemplo Teodorico el Grande o el propio Hygelac del poema que nos ocupa) todavía vivas. De eso no cabe duda ninguna. El propio texto narra la muerte de rey de los gautas (de la Gotland sueca) ,el citado Hygelac, en una incursión pirática en el reino de los francos, concretamente en la desembocadura del Rin. Y coincide que otra fuente, también contemporánea, nos informa de que esa incursión es un hecho histórico. La Historia de los Francos de Gregorio de Tours nos informa de que en el 516 un rey escandinavo llamado Chocilaicus (la latinización de Hygelac) asaltó el reino subiendo por el Rin hasta el territorio de los francos chatuarios donde fue derrotado y muerto. Probablemente los primeros cantos alusivos a este hecho surgirían en las cortes germánicas del norte muy poco después de esa fecha. Por entonces la épica cumplía también la función de noticiero.

Es más: el poema describe funerales reales propios de una época muy concreta y un territorio preciso. Nos referimos a los enterramientos de barcos, extendidos en la Europa nórdica precisamente a finales del siglo V o comienzos del VI y extendidos hasta finales de la época vikinga, a comienzos del XI. Pero si tenemos en cuenta que el poema que nos ocupa está compuesto en anglosajón y para un público anglosajón aunque se refiera casi por completo a Dinamarca y el sur de Suecia y determinamos que los últimos funerales reales paganos en la isla no se realizaron más allá de mediados del siglo VII podemos fijar otro jalón en la datación temprana de muchas de las partes del poema.

A ese respecto existe incluso otro dato más revelador. Se trata del hecho de que el poema se refiera a las tierras de origen de los anglosajones que después se trasladaron a Inglaterra. Si ese universo les resultaba todavía familiar e interesante se debía, sin duda, a que no hacía demasiado que esa emigración había tenido lugar y, sobretodo, al hecho de que a las dinastías que estaban empezando a conformar reinos más o menos estables en Gran Bretaña les convenía resaltar su vinculación con héroes y dinastías anteriores de las que afirmaban proceder. Tal circunstancia nos sitúa también en la horquilla entre los siglos VI y VII y, desde luego, antes del VIII cuando comenzaron las invasiones vikingas que, por fuerza, hubieron de cambiar la percepción que los ingleses tenían de los escandinavos. Mientras antes del asalto a Lindisfarne en 793 (inicio convencional de la era vikinga) Jutlandia y Escandinavia se consideraban con nostalgia como tierras de los ancestros, después de esas fechas se convirtieron en el lugar de origen de los odiados y temidos invasores. El Beowulf, necesariamente, debía proceder de antes de esa fecha.

Si tenemos, además, en cuenta que narra el final del reino de los gautas a manos de los suecos, hecho que ocurrió a mediados del siglo VI podemos establecer una ventana temporal que nos centra su redacción entre mediados del siglo VI y finales del VIII.

Es obvio, además, que guarda recuerdo vivo de la religiosidad pagana (el hecho de que Gréndel y su madre vivan en una laguna alude directamente a las creencias del paganismo germánico) pero está orientado a difundir la ideología cristiana. Cabría preguntarse si habría algún periodo en la historia inglesa que permitiese esa doble naturaleza del material épico: su perfecto conocimiento de la tradición pagana y el intento de aculturación de esta en favor del cristianismo. Y, claro, lo hay.

 A mediados del siglo VI el territorio dominado por la Heptarquía Anglosajona pertenecía plenamente al universo germánico del norte y eso, lógicamente, implicaba la pervivencia de la religión tradicional de estos pueblos. El cristianismo que había penetrado en la isla tímidamente bajo el dominio romano había ido quedando arrinconado en los reinos residuales de los celtas que lo mantenían como sinónimo de romanidad y en aras de una ayuda, jamás llegada, desde las Galias, era su forma de reivindicarse como romanos frente a los bárbaros invasores de ultramar.

Pero el universo germánico incluía en esa época también a los poderosos reinos surgidos en el sur entre los cuales no era el de menor prestigio el de los Merovingios. Más allá de las diferencias religiosas contaban en ese universo los enlaces dinásticos. Enlazar con una dinastía poderosa y famosa como la que regía el reino de los francos significaba un reconocimiento y una potenciación del prestigio para cualquier otra y estos enlaces estaban a la orden del día. Además un matrimonio ventajoso podía suponer una magnífica alianza contra enemigos cercanos. Y estos no faltaban en la Heptarquía Anglosajona.

La invasión de Britannia no fue llevada a cabo por una sola oleada de gentes bien organizadas, antes al contrario fue la suma del traslado de pequeños grupos pertenecientes a diversos pueblos (anglos, sajones y jutos principalmente, pero tabién hubo contingentes de warnos, de frisones y hasta de francos que se mezclaron con alamanes y sármatas llegados con anterioridad) llegados como mercenarios o invasores y depredadores de pequeñas comarcas. Todo ello a lo largo de una largo periodo de tiempo que abarcó gran parte de los siglos V y VI. Obviamente los estados tardaron en cristalizar y fueron durante siglos inestables, en cualquier momento una batalla podía convertir en vasallo sometido a un reino poderoso y cualquier dinastía acabar en la nada. En ese medio azaroso cualquier alianza externa era bienvenida, especialmente  si procedía de un reino poderoso y una dinastía prestigiosa como la de los Merovingios.

La introducción del cristianismo en el mundo anglosajón procedió precisamente de una audaz jugada política llevada a cabo por uno de aquellos reyes ambiciosos y amenazados por la ambición de sus vecinos: Aetelberth de Kent (que acabaría convirtiéndose en San Adalberto).

Adalberto llegó al trono de Kent en 565 contando para encumbrarse como monarca indiscutible entre los suyos y aspirante al dominio universal en la Heptarquía con una baza política inmejorable: estaba casado con Berta, hija del rey franco Cariberto I. Tuvo, sin embargo, mala suerte. Este murió sin hijos varones en 567 dejando sin efecto la alianza concertada, sobre todo habida cuenta de los problemas que iban a afectar en las décadas sucesivas a los francos (léase el anterior artículo sobre Brunegilda). El rey de Kent, desamparado por sus cuñados del continente, tuvo que continuar su lucha solo basándola exclusivamente en el prestigio político-religioso de su propia dinastía, los Oscingos, oficialmente descendientes nada menos que de Odín y de Hengist, según la tradición anglosajona el jefe de la primera oleada que cruzó el Mar del Norte desde Sajonia.

Durante el siguiente cuarto de siglo el argumento religioso al servicio de los intereses expansionistas de Adalberto de Kent fue el odinismo que incitaba al combate y la conquista. Resultó un rey afortunado y hacia el 595 ya se había erigido en jefe hegemónico de toda la Heptarquía. Había llegado el momento de cambiar de registro y volver a mirar al continente para importar un modelo que permitiese a los Oscingos perpetuarse como jefes indiscutibles de un estado a ser posible unido. El mejor ejemplo a copiar en ese instante era el de los Merovingios que gracias a su alianza con la iglesia católica habían llegado a convertirse en la dinastía más poderosa, rica y famosa de Europa. No es de extrañar pues que Adalberto, a través de sus contactos francos, se comunicase con Roma para recibir misioneros y estableciese en Inglaterra los primeros obispados y abadías. En otro artículo, más adelante, nos ocuparemos de los pormenores de este proceso que no dejan de tener algunos lances graciosos. Ahora resumiremos al máximo.

El cristianismo se extendió sin dificultad por Inglaterra mientras Adalberto estuvo vivo. Luego, tras su muerte en 616, hubo una fuerte reacción pagana y una larga serie de guerras entre reinos y dinastías. Pero a mediados del siglo VII el cristianismo se había convertido en la religión oficial de los reinos anglosajones. Incluso el concilio de Whitby (664) logró poner de acuerdo a los monjes irlandeses y escoceses con los llegados desde Italia estableciendo la unidad eclesiástica antes discutida por las ambiciones y costumbres de unos y de otros. Las motivaciones políticas de los reyes que acabaron imponiendo el cristianismo en Inglaterra no fueron diferentes de las de Adalberto.

Pero se quiera o no en Inglaterra, como en todas partes, la extensión del cristianismo no dejó de ser una imposición llevada a cabo mediante la fuerza y la represión por una minoría beneficiada por la nueva superstición en detrimento de un pueblo que perdía literalmente su libertad (además de su cultura y su ethos) con dicha imposición. Había, pues, en la medida de lo posible, que convencer a los vencidos y se procedió para ello a diversos modos de aculturación entre los que se contó la manipulación de las tradiciones épicas y folklóricas heredadas del pasado. Ahí precisamente es donde adquiere sentido la versión del Beowulf que ha llegado hasta nosotros.

Debió, pues, reescribirse en medios eclesiásticos utilizando materiales previos, de la cultura y tradición pagana, entre la definitiva cristianización de Inglaterra a mediados del siglo VII y las oleadas vikingas a finales del VIII. Y su manipulación del fondo ideológico del poema no por sutil debió dejar de ser efectiva.

Analicemósla someramente, especialmente en lo referido a la primera parte del poema, para darnos cuenta de la hábil manipulación ideológica que llevaron a cabo los taimados propagandistas cristianos.

Para empezar debemos comprender que aunque parezca lo contrario, este poema no es propiamente una narración histórica, aunque efectivamente contenga datos históricos. Tampoco un relato de aventuras a pesar de que estas sean la trama principal de su desarrollo y la parte más evidente para el lector actual. El tiempo y el desconocimiento de la tradición cultural en la que surgió, han desbiertuado su verdadero significado ocultando su naturaleza a la práctica totalidad de los modernos lectores, incluyendo en esa categoría a todos los que ha tenido desde que el manuscrito Cotton Wegelius A XV se recuperó para el gran público, sacándolo de su sueño de siglos monacal, a mediados del XVI. En realidad el transfondo del Beowulf más que mítico, histórico o épico es religioso, espiritual. No acometeremos aquí un análisis pormenorizado de ese primigenio y profundo sentido (sería otro artículo) pero sí lo pondremos de manifiesto con breves pinceladas.

El Beowulf es en realidad la unión de dos poemas con el mismo protagonista. El primero narra una aventura de juventud: cuando el héroe va a Dinamarca a combatir a Gréndel y liberar al Hérot, el palacio real del rey Hrodgar, de los asaltos nocturnos del ogro. En este, además, se nos cuenta otra aventura en la que luchó durante días contra monstuos marinos en el mar, sin divisar tierra y siendo arrastrado ocasionalmente a las profundidades. En el segundo se narra su muerte, siendo ya anciano, en lucha contra un dragón al que logra también matar arrebatándole su tesoro. La interpretación de todas estas hazañas, que nosotros vemos como simples aventuras sin mayor trascendencia, tenía para los germanos que escuchaban la primitiva recitación de ambos poemas un profundo significado espiritual lleno de simbolos religiosos paganos sobre el más allá. De ahí la importancia que tuvo para los propagandistas cristianos apoderarse del texto y adulterarlo a su conveniencia poniéndolo al servicio de las ideas religiosas que pretendían imponer.

Los tesoros en la época de las migraciones, cuando surge el núcleo del poema, tenían una doble vertiente. Por un lado puramente material. Fue un periodo de intensa tesaurización. La población del norte, hasta no hacía mucho compuesta por granjeros alejados del lujo, fue descubriendo en contacto con Roma la afluencia de metales preciosos y su efecto en la transformación de la sociedad. Cualquier guerrero que cumpliese un servicio como mercenario en el limes y acumulara su paga (generalmente transformaban las monedas en anillas ) podía regresar a su tierra natal convertido en un potentado capaz de comprar tierras y reunir en torno a sí, mediante el reparto de sus ahorros, a un grupo de fieles para defender sus intereses. Era, en definitiva, la vieja dialéctica de la emigración: salir de un terruño pobre, sacrificar unos años al servicio de una economía más avanzada y regresar para disfrutar de una situación de ventaja sobre los que no emigraron o no tuvieron suerte haciéndolo. La acumulación y reparto de riqueza servía para promocionar socialmente a los indivoduos pero también para asentar a las dinastías. No tardaron en surgir poderosos reinos germánicos (empezando por el de los marcómanos) que basaban su poder precisamente en la acumulación de grandes tesoros y su reparto entre clientelas fieles al monarca. Consecuentemente los tesoros reales, sobre ser una realidad, pasaron a adquirir un función política y simbólica. Por un lado representaban la legitimidad monárquica. El rey legítimo, en un mundo de sucesión poco reglada, era quien poseía el tesoro real y podía hacer uso de él. Pero también adquirió otro significado más religioso. La experiencia demostraba que muchos grandes hombres e incluso reinos eran abatidos por sus enemigos pasando sus tesoros a multiplicar los de sus rivales. Parecía evidente que unos eran favorecidos por la fortuna ( o los dioses) y otros no. De modo que los tesoros pasaron a convertirse también en una prueba de la protección divina. Del mismo modo que la mentalidad campesina (que perduró hasta la tardía cristianización de Suecia en el siglo XI) consideraba que una prolongada sequía o una plaga eran prueba del odio de los dioses hacia el rey y este era eliminado mientras que una época de buenas cosechas investía al monarca de un prestigio religioso que le convertía en popular e invulnerable, se consideró que los grandes tesoros reales que se repartían oportunamente entre los adictos al rey, eran una muestra de la proteccíón divina, de la naturaleza semidivina del rey. Pronto surgieron las leyendas en las que un príncipe, a menudo fundador de una dinastía, conseguía su tesoro matando a un dragón que lo guardaba en una cueva. Y en ese conexto hay que tener en cuenta que la cueva era también, desde muy antiguo, un ámbito numénico, lugar de contacto con el mundo espiritual. Así que la leyenda del rey que mata a un dragón (animal fabuloso de profundo significado espiritual) y consigue el tesoro que guarda dentro de su cueva no se sitúa exactamente en la épica, aunque también, sino en un territorio crepuscular a medio camino entre la realidad, la mitología y el más allá.

Lo mismo sucede con la aventura de Gréndel y el Hérot.

Incluso puede decirse que en este caso, en lo que respecta al primer poema de los que constituyen el Beowulf, el elemento mistico-religioso y el simbolismo espiritual es todavía más profundo y acentuado. Resumiremos puesto que un estudio en profundidad requeriría, como ya se ha dicho, un artículo ad hoc. Nos limitaremos a señalar los elementos simbólicos más relevantes y orientar mínimamente sobre su significado.

La historia, es de todos sabido, habla de la construcción de un palacio real llamado Hérot (ciervo) cuya vida nocturna, las fiestas, molesta a un habitante previo y de naturaleza mítica (Gréndel, que se nos presenta como un ogro o un gigante). Este, enfadado, espera al fin de los banquetes celebrados por los hombres del rey Hrodgar y cuando se duermen entra en la sala principal y se lleva a parte de los comensales. Y eso todas las noches durante doce años. Finalmente un héroe ajeno venido del otro lado del mar, Beowulf, que llega a la isla de Seeland procedente de Gotland, derrota al monstruo dentro de la sala y este huye al fondo de la  laguna que habita con su madre que acude a la sala para vengarle. Es también derrotada por el héroe que la persigue hasta el fondo de su laguna donde mata a ambos: a Grendel, que agonizaba, y a la madre. Luego, premiado por su hazaña, regresa al mar y se ausenta para siempre del reino danés. De todos modos el Hérot está condenado y pasado el tiempo, ni siquiera una generación, será incendiado y desaparecerá en el transcurso de una cruenta guerra civil entre daneses.

Pues bien, todo en esa historia tiene un profundo significado. En toda la mitología germánica (también en la céltica) el mar representa el más allá, la frontera entre el mundo real y el espiritual. Lo que viene del mar, viene del más allá y lo que se pierde en él regresa al otro lado. De ahí que los reyes y grandes personajes fueran enterrados precisamente en barcos, para que pudieran realizar su último viaje. El mitema estuvo tan extendido y alcanzó tal importancia en las creencias precristianas europeas que todavía asoma por casi todos lados, desde la ubicación ultramarina de la céltica Avalon o el grecorromano Elíseo, hasta la procedencia marina de infinidad de cristos y vírgenes que tachonan el litoral cantábrico con sus leyendas. Así las cosas Beowulf, el héroe de ultramar, que se presenta como una criatura cuasi-marina (por cierto hay que recordar que la dinastía Merovingia pretendía descender de un ser muy similar: un héroe marino apareado con una diosa del mar) capaz de derrotar a los monstruos acuáticos en su propio medio tanto en una aventura anterior como después, cuando persiga a la madre de Gréndel al fondo del lago, es en realidad más que un héroe, es un enviado del "otro lado" para proteger a un rey, Hrodgar, que también se nos presenta asociado a un origen marino a través del origen de su dinastía, los Skyildingos. Y no por casualidad el héroe enviado es un príncipe que llegará a ser un rey.

En realidad el poema nos habla de la ruptura de un tabú religioso, y de sus consecuencias, en un momento de cambio social, político y religioso dentro del paganismo escandinavo. Un periodo que verá la aparición y el auge del odinismo en detrimento de las anteriores creencias de naturaleza agraria y preponderancia cultual femenina.

Existe en la mitología escandinava una época dorada llamada la Paz de Frodi, en la que no existían reyes ni guerras y que viene a coincidir con una época, bien conocida arqueológicamente, que puede definirse como preestatal en la que las pequeñas comunidades aldeanas se dedicaban casi excluivamente a labores agropecuarias desconociendo por completo la guerra y el comercio. Eso empezó a cambiar con el intento de expansión del imperio romano más allá del Rin que generó la aparición de comitivas guerreras y de los primeros estados monárquicos (ya citamos el marcómano) que generaron un mundo completamente nuevo. Y tales novedades influyeron en el culto. Las deidades agrarias fueron pospuestas paulatinamente por las guerreras y el sacerdocio femenino sustituido por el masculino. Incluso hubo diosas que acabaron convertidas en dioses.

La Paz de Frodi, según la propia mitología escandinava, concluyó cuando apareció un "rey del mar" que destruyó el palacio de Frodi trayendo la guerra y las comitivas guerreras. En el Beowulf Hordgar se presenta como un miembro de la dinastía Skildinga, bisnieto de un rey del mar que llegó efectivamente desde el mar y luego, en su enterramiento de barco, volvió a su lugar de origen. Es, sensu estrictu, el representante de esa nueva forma social y religiosa, el primero capaz de construir un palacio real, lógicamente en el emplazamiento más sagrado del territorio, cerca de la laguna sagrada consagrada previamente al culto agrario. Rompe así el tabú religioso del lugar al convertir en centro de celebración guerrera y masculina lo que era hasta entonces santuario de culto pacífico y femenino. El poema nos habla de como el odinismo y las instituciones sociales y políticas a él asociadas (comitivas guerreras, reyes, palacios...) colisionan con el estado anterior vulnerándolo y siendo víctimas de una mancha religiosa que debe limpiarse.

El mismo poema nos informa de que Gréndel se siente ofendido por las fiestas que los guerreros recién llegados al recién construído Hérot y reacciona contra el atentado que sufre la laguna sagrada en la que habita.

Sabemos, los historiadores romanos nos lo dicen y la arqueología lo confirma abundantemente por todo el norte de Europa, que el culto a las lagunas estaba extendidísimo entre los germanos que arrojaban allí numerosas ofrendas (al igual que otros muchos indoeuropeos, incluyéndonos a nosotros que seguimos arrojando monedas a determinadas fuentes para pedir deseos sin ser demasiado conscientes de lo que hacemos) destinadas a deidades femeninas relacionadas con la fertilidad. Estas deidades femeninas estaban frecuentemente asociadas a otras masculinas, consideradas hermanos o hijos, de ciertas características guerreras que permitían el acceso al culto del sector masculino de la población. Tal asociación nunca era hostil sino beneficiosa y de tal importancia que trascendió a diferentes ramas de la mitología surgida en aquellos siglos de transición. Pienso, sin ir más lejos, en Lanzarote del Lago que precisamente vivía en el fondo de un lago con su madre...es la misma figura trasladada al ciclo artúrico.

Los ataques de Gréndel no se debían pues a su naturaleza maligna o a su calidad de "monstruo" sino a la defensa de un lugar sagrado frente a la intrusión de unos hombres que lo profanaban con sus nuevas actitudes odinistas. Lo que originariamente contaba el poema, surgido casi con toda seguridad como medio de propaganda de las nuevas cortes y las nuevas ideas odinistas que se expandieron al norte del Rin especialmente a partir del siglo III, es el enfrentamiento entre la nueva religiosidad guerrera y la antigua agraria y como la primera se impone a la segunda mediante la violencia.

Más tarde una nueva forma de religiosidad, la cristiana, se apoderará de este medio de propaganda para reutilizarlo según sus intereses. Será el origen del poema tal y como lo conocemos hoy en día.

La táctica habitual de la iglesia para desacreditar a las antiguas deidades era demonizarlas. No se negaba su existencia, pero se afirmaba que se trataba de demonios que se hacían adorar de los ignorantes (y la secta cristiana asumía así el papel de autoridad social y cultural) a los que engañaban. Esto sucede claramente en el Beowulf donde no deja de afirmarse que Gréndel y su madre descendían de Caín, que habitaban en la laguna no como seres protectores sino como refugiados a causa de su pecado, de su naturaleza demoniaca, se les describe como malditos y proscritos y se afirma sin ambages que estaban "incitados por el mal". Por supuesto la Inglaterra del siglo VII quedaba muy lejos de la laguna sagrada de la isla de Seeland que dio origen a la leyenda, importaba poco. Toda la geografía pagana ( y en esa época esta no se limitaba a los reinos oficialmente paganos sino a muchos rincones de los que contaban con reyes cristianos) estaba repleta de lagunas sagradas que convenía desacreditar. Y resultaba sencillo hacerlo asimilando a Gréndel y su madre con las deidades adoradas en estas lagunas. Como los protagonistas del poema los predicadores podían asegurar que los dioses de la laguna local también descendían de Caín, eran proscritos y malditos a los que movía el mal dada su naturaleza de demonios.

Tal transformación afecta también a la descripción de la laguna. Mientras que por ejemplo en Lanzarote del Lago este y su madre viven en un palacio de cristal dentro de una apacible laguna, imagen más acorde con el originario sentido del culto pagano, en el Beowulf Gréndel y su madre lo hacen en una laguna hirviente, oscura y llena de sangre.  Como dice el propio poema: " habitaba las gélidas aguas de un lúgubre lago desde el día en que Caín muerte con la espada a su hermano le dio." y, cuando habla de la muerte de Gréndel: "murió en un fangal sin contento ninguno y se llevó al infierno su alma pagana."

El texto insiste a menudo en la demonización no solo de Gréndel y su madre sino en la de toda su raza, por ejemplo, refiriéndose a los gigantes, nos dice: "tuvieron mal fin, era gente alejada del rey celestial y por eso en castigo les envió el diluvio el dios poderoso."

Por otro lado, tratando de sorprender la ignorancia de los campesinos, el poema comete el anacronismo intencionado y nada inocente de suponer a los reyes daneses del siglo VI ya como perfectos cristianos al modo de los reyes que estaban surgiendo en la Heptarquía Anglosajona en aquellas décadas finales del VII.Incluso se permite utilizar tal mentira para hacer recapacitar a su auditorio: " el señor a los hombres también entonces regía. Conviene por ello que todos mediten, se ocupen del alma." Bien es cierto que esta ficción, dificil de mantener a causa de la naturaleza misma del poema, oscila a menudo dentro del mismo texto. Por ejemplo el poema acepta que en el reino gauta había "ancianos sabios" que examinaban los augurios en función de los cuales se tomaban las decisiones. Y hasta reconoce que los daneses hacían ofrendas a los dioses paganos aunque solo para advertir a su auditorio que eran marcados del demonio y concluir: "triste de aquel que en horrible desgracia entrega su espíritu al abrazo del fuego, alivio no espere, ya nunca saldrá."

Paralelamente a Beowulf, el protagonista del poema, el héroe semidivino, se le presenta como enviado y protegido por el dios cristiano: "fue dios celestial quien le puso en la sala de guardián contra Gréndel..." y acude a un argumento de autoridad para convencer a los oyentes:"...lo decían los hombres." Es decir: la asamblea de guerreros considerada como fuente de autoridad y verdad todavía en aquellos reinos en los que la monarquía trataba de afianzar su absolutismo a través del cristianismo y su teoría del origen divino del poder. Y se insiste en la idea cuando los gautas ( o wedras) derrotan a Gréndel: "el señor les fue favorable, su ayuda dio a los wedras y así consiguieron vencer al maligno (...)la verdad se mostró: que dios poderoso siempre ha regido a los seres humanos." Y vuelve a insistir en muchos otros lugares: "él siempre socorre al que solo se encuentra."; "Es tan maravilloso como benigno, dios poderoso. A los seres humanos da entendimiento, tierras y renombre. ¡Él todo lo puede!"...y así una y otra vez. 

 No es preciso que alargue mucho más este artículo. Queda demostrado que los propagandistas cristianos usaron el poema de Beowulf como vehículo de sus maniobras de control social y aculturación e ilustrado un procedimiento frecuente del que se tiene escasa noticia.

Quede aquí por el momento.

 

NOTA.- la fotografía es de Dioboss

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03/11/2009 22:44 disidenteporaccidente Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

GRAN HERMANO

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A menudo, casi siempre de hecho, toda la información política que le llega al gran público se resume en el griterío sesgado, malintencionado, escasamente constructivo y absolutamente artificial de las grescas partidistas o las alharacas gubernamentales en perfecta fusión con las monsergas institucionales destinadas a publicitar una cierta idea de estado y sistema económico, político y social que beneficia a las élites perjudiacando a la mayor parte de la población. Nunca, o muy dificilmente, en las televisiones, los periódicos, las radios o incluso en los libros publicados y distribuidos con profusión se abordan los verdaderos problemas de fondo que nos afectan, lo que realmente está ocurriendo. Vivimos en la ignorancia y lo peor de todo es que no solemos darnos cuenta porque nos creemos rodeados de noticias que no son otra cosa que fuegos de artificio para ocultar las mareas de fondo. El cotorreo mediático y partidista es siempre una cortina de humo destinada a mantenernos en la ignorancia.

Ocurre, sin embargo, que muy de vez en cuando la impericia de alguna de las partes (y en este caso el PP se está comportando con absoluta torpeza desde el punto de vista político) tratando de defender lo indefendible (la mala gestión y la ineptitud de su plana mayor) acaba ofreciendo a la opinión pública una perspectiva demasiado reveladora del transfondo que como parte privilegiada del sistema, como bailarina que se agita en el escenario para que no nos intrigue lo que sucede entre bambalinas, debería estar interesada en ocultar.

No otra cosa ha ocurrido estos días a cuenta de los chapoteos desesperados del PP por escapar a las arenas movedizas de las múltiples tramas internas que le aquejan y especialmente de la trama de corrupción que estudia el caso Gürtel. Tratando de restar validez a las escuchas telefónicas que la acusación pretende presentar ante los jueces, los peperos han acusado al gobierno de utilizar el sistema Sitel que permite localizar a cada persona a través de su teléfono movil, grabar sus conversaciones, cruzar sus llamadas con las de otras personas, saber qué páginas visita en internet o las operaciones económicas que realiza. Naturalmente, como sucede siempre en estos casos, la excusa para disponer de esta tecnología es la de nuestra seguridad. Se habla de combatir el terrorismo, el tráfico de drogas...pero analizando las circunstancias de la habilitación de este sistema nos encontramos con otra cara de los hechos mucho menos gloriosa.

Sabemos, no es un secreto puesto que ellos mismos lo publicitaron con desvergüenza goebblesiana, que el origen de la adquisición del sistema se fecha en 2001, año que marcó el asalto al totalitarismo fascista de determinadas elites encabezadas por el presidente Bush hijo.

Los atentados del 11-S le dieron a Bush y su banda (que representan intereses económicos e ideológicos muy concretos y nada democráticos ni afines a la libertad) la excusa perfecta para implementar una ley, la USA Patriot Act del 26 de octubre de 2001, que, so capa de combatir el conveniente terrorismo islamista, restringió las libertades civiles de los ciudadanos americanos hasta límites inconcebibles. Cualquier comunicación podía ser interceptada sin permiso judicial, cualquier hogar allanado, cualquier persona confinada prácticamente en régimen de desaparición (no le falta experiencia a las agencias estadounidenses en esas tácticas que ya emplearon en los años 70 y 80 en América del Sur)...De nuevo, como siempre, la coartada de combatir a un enemigo peligroso e indeseable, el miedo (en tiempos del nazismo eran los judíos, ahora los terroristas, los traficantes de droga...) sirvió para que unos grupos secuestraran el estado y lo pusieran al servicio de sus intereses económicos y sus designios ideológicos y religiosos arrebatando de facto la libertad de la sociedad en su conjunto y de los indivíduos en particular. Por otra parte nada nuevo en el largo curriculum de guerra de baja intensidad que se le puede atribuir a esas mismas élites como rectoras del imperio americano.

Todo imperio se caracteriza por asentar su estructura en una serie de élites supeditadas periféricas que en los estados satélites acaparan el poder de un modo similar al de las élites centrales. En ese sentido todos los estados europeos de economía capitalista, es decir: todos, son colonias de los Estados Unidos y todo su sistema político se basa en la idea general de seguir siéndolo. Importa, pues, muy poco quien lleve las riendas del gobierno y el vaivén de mayorías parlamentarias, la corriente de fondo es siempre la misma: sumisión a los intereses geoestratégicos, políticos e ideológicos de los amos estadounidenses.

España en ese sentido no es diferente a ninguno de los países de su entorno. Somos una colonia de los Estados Unidos y nos rige una oligarquía económica que para defender sus intereses en contra de los intereses de la mayoría de la población, del pueblo, recurre a la protección de la oligarquía dirigente en el imperio. Da lo mismo quien gobierne, lo mismo Franco que Suarez, González, Aznar o Zapatero. La verdad de fondo es intocable.

Pero en el 2001 coincidió que el gobierno español estaba en manos de la facción más radicalmente afín al asalto totalitario, al subrepticio golpe de estado, liderado en Washington por Bush y su equipo. Me refiero naturalmente a Aznar y su partido. No niego (aunque lo dudo) que en determinadas circunstancias el PP pudiera llegar a ser un partido moderado y civilizado, pero el hecho es que nunca lo fue y menos bajo el liderazgo de Aznar que procedente del extremismo derechista más radical (nunca ha negado, porque no ha podido, hay pruebas, que en su juventud fue falangista) se prestó a ser el delegado de los manejos políticos de sus amos en España. No en vano después de perder el poder fue recompensado con su placita docente en Georgetown, con su asesoría en el grupo mediático de Murdoch, con la entrada de su yerno en algunos negocios lucrativos como la Fórmula 1...la traición al pueblo siempre está bien pagada por las élites imperialistas.

En ese contexto político de virtual golpe de estado mundial contra la libertad colectiva e individual, habilitar el sistema Sitel estaba muy lejos de ser un gesto inocente. Se trataba ni más ni menos que de un salto cualitativo hacia el control totalitario de España.

Y es en ese punto donde debemos empezar a reflexionar.

Evidentemente el partido socialista no ha desandado el camino que transitó el PP. Incluso ha dado algunas vueltas de tuerca como la obligación de registrar todos los teléfonos móviles de tarjeta prepago. La excusa, claro está, es combatir el terrorismo pero quizá sería interesante recordar que a los terroristas del 11-M se les pudo localizar fácilmente en un momento en el que no existía ese registro. De nuevo, pues, la excusa de combatir plagas sociales encubre intereses mucho más oscuros. No debe extrañarnos. Ya hemos visto que todo el sistema político en Europa se reduce a perpetuar el dominio imperial de las élites estadounidenses y el beneficio de las periféricas que se asocian a ellas y son las verdaderas rectoras de los diferentes estados y de esa nueva realidad que es la Unión Europea.

Podemos afirmar, por  tanto, que la tramoya que nos han enseñado los torpes dirigentes del PP en sus espasmódicos intentos de defensa judicial es una amenaza de la que nunca se habla en los medios de comunicación pero que debe preocuparnos mucho, muchísimo: nuestra libertad como ciudadanos está en peligro, el Gran Hermano de Orwell más cerca que nunca. Nos dejarán seguir votando cada cuatro años para mantenernos contentos, pero seremos monitorizados. Cualquier disidencia, cualquier gesto fuera de programa podrá ser detectado y neutralizado. Muchos de nosotros, yo mismo, nos creemos alejados de ese peligro por nuestra misma insignificancia. Pero establecido un sistema totalitario nadie es tan insignificante que no sea detectado, perseguido y reprimido.

Mientras los políticos gritan y se pelean por cuotas de poder y agitando debates que a nadie interesan, el hecho es que tras el escenario las fuerzas que los manejan se están moviendo contra nosotros. Nuestros verdaderos problemas no son abordados, hacerlo supondría perjudicar los intereses de las oligarquías. Pensemos en el paro, las hipotecas, la precariedad en el empleo...todo ello son consecuencias de un sistema económico equivocado, es decir: pensado para que unos pocos saqueen la riqueza del estado en perjuicio de la mayoría. Bastaría cambiar el sistema y sustituirlo por otro pensado para beneficiarnos a todos para hacerlos desaparecer. Es así de sencillo, pero no lo oiremos en ninguna televisión, en ninguna radio, en labios de ningún político, de ningún sindicato subvencionado...no lo leeremos en ninún periódico, en ningún libro facilmente asequible. Tal circunstancia, la inadecuación del sistema a los intereses generales, solo puede generar descontento y cualquier protesta que pudiera organizarse debe ser yugulada de raíz. De ahí el interés por controlarlo todo, especialmente ámbitos que hasta ahora han sido ámbitos de libre expresión y de libre organización, como internet.

Cuando la Unión Europea legisla que la conexión a internet  de cualquier indivíduo puede ser cortada sin orden judicial por bajarse música o películas piratas no está defendiendo el arte ni la libertad de expresión sino un determinado modo de explotarlos procedente de la mentalidad capitalista anglosajona (el copyright) que opta por tratar las creaciones artísticas e intelectuales como cualquier otra mercancía. Para los defensores del copyright no hay diferencia entre una ópera de Mozart, una película, un libro,  una maceta o una bebida refrescante. Todo son productos de los que sacar beneficio aun a costa de rebajar su calidad al máximo. Son los réditos económicos lo único que importa. Pero además de eso, la Unión Europea está abriendo un cauce peligroso para poder aplicar esa misma doctrina de la excepción judicial a cualquier otra conducta que en su momento perjudique los intereses comerciales, económicos o políticos de esas oligarquías dominantes que integran el verdadero núcleo del poder. Un poder muy alejado de las elecciones y los cambios de gobierno dentro del sistema.

Por otro lado son conocidos los intentos (a veces bastante torpes y hasta ridículos) de agencias como el FBI o la CIA para infiltrarse en las redes sociales y controlarlas a su gusto. No son ningún secreto tampoco las medidas restrictivas de determinados gobiernos sobre la libertad en internet ni las ambiciones en ese sentido de los gobiernos llamados occidentales.

En resumidas cuentas: lo que la impericia del PP nos ha desvelado estos días es la verdadera amenaza de fondo que nos acecha: el establecimiento de un totalitarismo solapado al sevicio de las grandes multinacionales y de los grandes bancos, los mismos que nos han arrastrado a la peor crisis económica del último siglo y nos están conduciendo al cataclismo ecológico tan solo para defender sus intereses en el campo de los hidrocarburos.

Este artículo se refiere en su título a un personaje del muy famoso y poco leído libro de Orwell sobre el totalitarismo, 1984, y va a acabar con la alusión a una famosa película de 1991 basada en otra novela de Thomas Harris publicada en 1988: El Silencio de los Corderos.

Esa es la pregunta y la refleción final que propone este artículo: ¿Nos dejaremos arrastrar al matadero como corderos dóciles y silenciosos?

NOTA.-la foto es de Loving Earth

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AZNAR Y LA ÉTICA POLÍTICA

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Una de las características de las sectas totalitarias es que crean su propia realidad, una fantasía más poderosa cuanto más poder son capaces de acumular, y hacen vivir en su interior a sus acólitos primero y a cuantos ciudadanos son capaces de sojuzgar mediante el secuestro de las instituciones públicas después. Son organizaciones que representan de hecho una amenaza para el progreso de la humanidad y para la libertad de los individuos. Cuando el poder económico y político de estas sectas alcanza el punto en que les permite presentarse, mediante el desarrollo de instituciones de prestigio intelectual como puedan ser universidades o la influencia en las legislaciones nacionales, como detentadoras de una legítima y fundamentada visión del mundo (que ellos siempre van a aspirar a imponer como única a propios y extraños) el problema es gravísimo.

Por eso que los correligionarios del nacionalcatolicismo de Aznar le busquen un empleo excelentemente remunerado a él y sus secuaces (vulgo ex-ministros) no pasaría de ser una anécdota intrasectaria de no perfilarse como un medio de propaganda ideológica (desinformación sectaria, las sectas basadas en la superstición semita, orientadas al totalitarismo teocrático basan su propaganda en la desinformación primero y en la imposición autoritaria después) destinada en primer lugar a presentar sus absurdas supersticiones y su deliberadamente injusta y totalitaria ideología política con un prestigio institucional e intelectual del que naturalmente carecen (basta analizarlas con detalle para ver su insustancialidad filosófica, su incompatibilidad con la realidad y su anacronismo permanente, las ideas cristianas supusieron un retraso intelectual ya en el momento de su aparición y su imposición representó la regresión de la civilización a estadios propios del neolítico suponiendo siempre una rémora que todavía arrastramos para el avance moral de la sociedad hacia un futuro de libertad, racionalidad y justicia) y en segundo para captar jóvenes, a menudo ya corrompidos por décadas de educación sectaria y clasista recibida en colegios religiosos, creando cuadros con una visión deformada y espúrea de la realidad.

Lo verdaderamente preocupante del caso es que el cúmulo de universidades confesionales que pergeñan la cátedra de la que será titular el señor Aznar y que se situará, significativamente, en el monasterio de los jerónimos, no están solas. Cuentan con el aval de otras como la Complutense, la de Bolonia o la de Harvard que en principio deberían presentarse como adalides de la razón y de la justicia frente a los delirios teocráticos de las universidades sectarias. Tal colaboración nos dice mucho del mundo en el que vivimos y de la poca confianza que podemos tener en las vigentes instituciones como agentes de progreso social y personal.

Ya se ha explicado en estas páginas, y seguirá haciéndose hasta que nos cierren el chiringuito (que lo harán), que lo que llamamos democracia en Europa dista mucho de serlo. Se trata tan solo de un sistema electoral cerrado en el que no existe lugar para la disidencia (ningún partido claramente contrario al sistema encontraría financiación en los bancos ni aquiescencia en los medios de comunicación encontrándose así con un muro insalvable para ganar las elecciones) y en el que todo está pensado para mantener el dominio de las oligarquías locales e imperiales y difundir su ideología que es la que a ellos les conviene, no la que más conviene al conjunto de la sociedad y mucho menos la más acorde con las verdades racionales. En otras palabras: nos mienten y utilizan para hacerlo no solo los parlamentos y los mítines, también los periódicos, las televisiones, las asociaciones y las universidades. Y una prueba clara de ello es esta colaboración entre entidades presumiblemente públicas y aconfesionales y órganos de propaganda y desinformación sectaria como las universidades pontificas y católicas. Visto con esa perspectiva incluso casos como el de hace unos años en que algunas de estas universidades presuntamente aconfesionales abrieron sus puertas y prestaron su prestigio para que los creacionistas estadounidenses diesen sus charlas de captación deja de ser una lamentable anécdota para convertirse en un serio toque de atención para una sociedad anestesiada que debe retomar cuanto antes el timón de su destino so amenaza de volver a lo más crudo y oscuro de la edad media.

Sé que muchos me tacharán de alarmista, de visionario, de exaltado, de antisistema (tengo amigos peperos que lo hacen constantemente)...pero tal percepción procede solo de la ignorancia y de un erróneo concepto de tolerancia y libertad. Queremos ser tan progres y tan buenos y nos creemos tan listos (y en ocasiones las supersticiones de nuestros padres y las que nos inculcaron en el colegio tuvieron un efecto tan asolador en nuestra formación) que nos pasamos media vida cogiéndonosla con papel de fumar y la otra media comulgando con ruedas de molino. Pero, como he dicho, va siendo hora de despertar y comprender la exacta naturaleza del régimen totalitario, corrupto y oscurantista en el que nos movemos. De ingerir la pastilla del color adecuado y tomar conciencia de la realidad que se esconde tras las apariencias.

Dicho esto que a buen seguro habrá escandalizado a unos cuantos, hecho sonreír a otros y aburrido a la mayoría (la eterna prepotencia estúpida e ignorante de los bienpensantes adocenados, puedo insultarles impunemente, ya no me estarán leyendo), es tiempo de pasar a un análisis más pormenorizado de la ética política del señor Aznar y sus correligionarios.

No me remontaré muy atrás, ni siquiera a la cruzada nacionalcatólica de 1936 para destruir los avances sociales, culturales y morales que representaba la Segunda República para defender los intereses de la clase dominante y la dictadura de la iglesia católica.

Nos centraremos solo, y someramente, en lo que es pública y notoria trayectoria política de este nuevo catedrático de ética política y humanidades desde que llegó al liderazgo de su partido en 1989. Cabría recordar que desde ese momento hasta aquel en que logró ganar las elecciones tanto el señor Aznar como sus seguidores hicieron gala de una absoluta deslealtad institucional y constitucional lanzando una campaña de acoso y derribo al gobierno de la época con la única intención de hacerse con el poder. Esa campaña, indigna y demagógica, suponía de facto una traición a España puesto que a sus precursores y actores no les importaba deteriorar el estado, destruirlo incluso, si el resultado era apoderarse del mando e imponer desde él su ideología y las leyes basadas en su superstición. No debe extrañarnos, la derecha, cualquier derecha, no es nunca leal al estado, si entendemos el estado como la expresión de la sociedad, sino a las sectas que nutren sus partidos (católicos, evangelistas, musulmanes...son todos la misma gentuza oscurantista y teocrática) y especialmente la española ha venido distinguiéndose por su espíritu levantisco destinado siempre a sepultar las aspiraciones de progreso, libertad y justicia del pueblo. En este punto sí que conviene recordar 1936 y la larga sucesión de intentos de golpes de estado que ciertos sectores más recalcitrantes del ejército llevaron a cabo durante todos los años ochenta.

Más tarde, cuando perdieron el poder por su propia ceguera (el fanatismo y la prepotencia no les dejaron ver que la mayor parte de la sociedad, que les había soportado cuando estaban en minoría y forzados a la mesura, se oponía a sus posicionamientos maximalistas) y la tan torpe como torticera gestión del 11-M, volvieron a dar muestras de su falta de ética política cuestionando de nuevo no solo la evidente voluntad popular sino a instituciones fundamentales del estado: la policía, los jueces. Es evidente que para esa gente la vida institucional y constitucional carece de sentido, solo piensan en el dominio y el control. Por eso tampoco debe extrañar que hayan estrangulado durante años la legítima renovación de los más altos estratos de la judicatura para evitar perder el poder que se les había escapado en las urnas y en la calle o que sus presidentes de comunidades autónomas, miembros de ese partido "nacional" que clama por la unidad de España, hayan fomentado la división y aun la quiebra del país para oponerse a leyes aprobadas por mayorías parlamentarias en defensa bien de sus creencias sectarias (por ejemplo aquellas destinadas a desparasitar la educación del adoctrinamiento cristiano) o de los intereses especulativos de determinadas oligarquías regionales (por ejemplo en todo lo que tiene que ver con el transvase del Ebro). O que siempre hayan hecho de altavoz para las campañas subversivas de la iglesia que se empeña en desconocer la legitimidad de la legislación democrática fomentando campañas de objección de conciencia, es decir: de simple desacato de leyes legítmas con argumentos basados en la superstición. Esta gente ni cree en el pueblo, ni en la libertad ni en la convivencia ni en el estado. Carecen por completo de ética política (y no deja de ser gracioso que usen el concepto como bandera propagandística), para ellos solo existe el dominio de unos pocos y la obediencia ciega de los más que, además, deben dejarse explotar humildemente por los pocos dominantes y aceptar sin discusión los modos de vida y las ideas que, procedentes de sus creencias, insisto: basadas en el mito y la superstición, tengan a bien imponerles.

Eso aparte hay que recordar en que consistió la política de estos individuos en el poder, en lo que consistirá siempre: precarización del empleo, anulación de derechos sociales (su gran sueño es que sanidad, educación y demás servicios básicos sean negocios privados), vinculación a sus homónimos imperialistas yanquis (ya vimos algo de eso en el anterior artículo) aun a costa de llevarnos a políticas y guerras no solo ilegítimas sino contrarias a nuestros intereses...¡Que esa gente hable de ética política!...realmente resulta vomitivo.

No comentaré los múltiples casos de corrupción, las burlas al sistema y a la volvuntad electoral (son los mayores adalides del transfugismo y basta pensar en cómo Esperanza Aguirre llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid...)...No lo haré porque no es preciso que me extienda. Todos sabemos lo que hay.

Y cabría preguntarse hasta cuando lo toleraremos.

 

 

NOTA.-la fotografía es de Vituh.

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TENER CLASE

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Mi abuela siempre decía que cualquier palurdo podía tener dinero si vendía un campo o era avispado en los negocios pero que la clase se llevaba en la sangre. Para ella se trataba de una herencia intangible que se transmitía por los genes y se pulía con la educación. Algo que diferenciaba definitivamente entre los que "de bien descendemos" y todos los demás. Para ella había pocas cosas más despreciables que un nuevo rico sin modales, sin distinción natural, sin clase.

Claro, el concepto de "tener clase" de mi abuela era muy clasista. Es lo que sucede cuando se paran mientes en esas cosas. Por mi parte debo decir que, seguramente porque soy pobre, lo suscribo al cien por cien. El dinero no marca la diferencia, la clase sí.

Disquisiciones pomposas aparte, lo cierto es que siempre me intrigó el origen de esa locución, de dónde venía eso de "tener clase"...¿qué era la clase, ese bien intangible tan evidente cuando existe, tan difícil de describir?...

La respuesta quizá le resulte sorprendente a muchos de mis lectores y espero que les agrade a la mayoría.

Hay que retrotaerse nada menos que al siglo VI a.d.C., a la Roma monárquica. La todavía nueva ciudad estaba aun organizándose y gestando los instrumentos que forjarían su glorioso destino. Naturalmente ese proceso iba a hacerse con los ojos muy atentos a los ejemplos externos, principalmente a las ciudades etruscas que a su vez estaban imbuídas de influencias griegas y fenicias. La influencia etrusca en Roma se hace evidentísima a través de la arqueología hasta el punto de que las panoplias más antiguas encontradas en el Lacio apenas pueden distinguirse de las procedentes de la cultura villanoviana.

Aparte de eso, los ejemplos griegos y fenicios no estaban demasiado lejos de los ojos romanos y el primitivo ejército de la monarquía, sin olvidar el legado etrusco, se organizó mediante un esquema a medio camino entre la falange griega y la sintagmata cartaginesa.

Evidentemente, al contrario de lo que sucedería más adelante y en consonancia con lo que era normal en las ciudades griegas, el estado no sufragaba el equipo del soldado-ciudadano que debía costearlo enteramente a su costa. Tal circunstancia creó una primera división militar que era también social: los que podían mantener un caballo para la guerra (aproximadamente un diez por ciento de la población) y los que no. Andando el tiempo, bajo el reinado de Servio Tulio, la infantería se dividió a su vez bajo criterios económicos. Se establecieron seis clases. La primera incluía a los ciudadanos que disponían de más de cien mil ases. Estos estaban obligados a costearse un equipo completo de infantería pesada con escudo redondo, coraza y yelmo de bronce, grebas y lanza. Tales infantes pesados ocupaban la vanguardia del ejército. Les auxiliaban los de la segunda clase, aquellos cuyo peculio estaba entre los setenta y cinco mil y los cien mil ases. Estos carecían de coraza y portaban un escudo rectangular de madera mucho más económico y picas en lugar de lanza. La tercera clase, compuesta por los ciudadanos con bienes valorados entre los cincuenta mil y los setenta y cinco mil ases llevaban solo escudo rectangular, espada y yelmo. Los de la cuarta, con haberes entre veinticinco mil y cincuenta mil ases, ocupaban la última fila de la formación de combate y se equipaban tan solo con escudos cuadrados de madera recubiertos de cuero. Los de la quinta, aquellos que podían acreditar más de diez mil ases de patrimonio, conformaban la infantería ligera y los cuerpos de músicos y auxiliares. Finalmente aquellos que no llegaban a los diez mil ases estaban excluidos del ejército, y en la práctica de la ciudadanía, y se les consideraba infraclases, es decir: no tenían clase asignada y estaban por debajo de aquellos que sí la tenían. Se marcaba de este modo una acentuada diferencia social entre unos y otros tan estricta y feroz como la que existía entre patricios y plebeyos.

Dos mil quinientos años más tarde y después de haber caído la monarquía, la república y el imperio romanos, de la llegada de los bárbaros, del nacimiento de los nuevos estados, después de todo lo que ha llovido, esa diferencia social sigue existiendo. Ha perdido su naturaleza económica pero perdura su connotación social.

NOTA.- la foto es de Esparta.

 

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11/11/2009 01:33 disidenteporaccidente Enlace permanente. palabras, dichos No hay comentarios. Comentar.

PATRIAS

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El gran arma demagógica de las oligarquías dominantes es siempre el patriotismo. Cuando los pobres van a la guerra para defender los intereses de los poderosos y mantener el sistema de explotación y desigual reparto de la riqueza, de economía especulativa que favorece los intereses de los ricos en contraste con la economía real, que favorece a todos, es siempre por patriotismo.

Un buen ejemplo de esto lo tenemos en los Estados Unidos cuyo sistema, grandilocuentemente llamado democracia y mundo libre, hemos imitado por decreto en Europa. En este país los pobres llevan al menos un siglo luchando por los intereses de las grandes multinacionales y del gran capital en un escenario en el que el socialismo (no hablo ni siquiera de comunismo) es una herejía política perseguible y en el que el pueblo ha carecido siempre de derechos sociales. No hay más que ver lo que sucede con el sistema sanitario, convertido en un negocio más o la educación, también un negocio privado en el que se permitió el desembarco de las marcas de comida rápida y bebidas refrescantes en detrimento de los comedores públicos a lo largo de los años noventa. O el origen de la actual crisis, causada por un sistema financiero orientado a la especulación y al enriquecimiento fácil de los que ya son ricos y, por lo tanto, por un medio corrupto más propio de las repúblicas bananeras que esos mismos Estados Unidos han fomentado en casi todo el ámbito de su dominio imperial (y no estoy muy seguro de que Europa sea una excepción).

En cualquier caso las soluciones que desde el Poder se ofrecen a la crisis consisten en más de lo mismo. En seguir primando los intereses privados sobre los públicos y en identificar la patria, la nación, con los intereses de los poderosos en lugar de con las necesidades del pueblo.

Tal política solo tiene un resultado: la desaparición del estado en beneficio de los intereses oligárquicos. Podría poner muchos ejemplos, pondré solo uno de máxima descomposición institucional: la Italia de Berlusconi.  Y este ejemplo nos sirve también para  poner de manifiesto la incapacidad de orquestar soluciones dentro del sistema parlamentario. La oposición, cualquier oposición, dentro de los marcos constitucionales establecidos, será siempre una quimera, un deuteronomista necesario en un juego de cartas marcadas. En el fondo unos y otros defienden siempre la misma patria, los mismos intereses que les financian sea legal o ilegalmente (y la legalidad es siempre un criterio brumoso y relativo no necesariamente concordante con la justicia o la ética).

Quizá deberíamos empezar a replantearnos el concepto de patria, a reclamar, como ciudadanos libres y no como súbditos, un sistema institucional en el que los intereses generales y el sentido común primen sobre las ansias predatorias de los ricos, la avaricia ciega y la especulación desmedida. Cambiar de verdad las cosas para conseguir una democracia verdadera y un mundo mejor.

El estado no tiene ninguna justificación, ni ninguna viabilidad, sino es un patrimonio común de todos los ciudadanos y se expresa democráticamente no solo como un sistema de votación regular sino como garante de la justicia social y el desarrollo sostenible. Y eso, queridos amigos, tenemos que conseguirlo nosotros. Las soluciones no nos vendrán ni del capital ni de los políticos mercenarios que le sirven.

Tenemos miedo y pereza, es lógico. Pero también tenemos hijos y conciencia. Hoy por hoy hay un desafío sobre la mesa y nos corresponde a nosotros, ciudadanos normales y honrados , estar a la altura de las circunstancias. No se trata de seguir consignas antiguas y rebasadas por los acontecimientos sino de hacernos dueños de nuestro propio destino y encauzarlo debidamente para nuestro bien y el de nuestros hijos.

Ninguna supuesta revolución armada en un país del tercer mundo ni ningún cambio fundamental en el imperio van a cambiar las cosas. Eso solo lo podemos empezar a hacer los ciudadanos europeos, desde nuestra situación privilegiada, y pacíficamente. La revolución, el cambio que necesitamos, es ciudadano y rabiosamente democrático. Se resume en lo ya dicho: reclamar que la democracia y la patria son los intereses generales y no los particulares, la economía real y sostenible, no la basada en la especulación y la explotación. Que la justicia y las leyes tienen como finalidad última establecer y defender los derechos de los ciudadanos frente a los intereses de los poderosos.

Hace veinte años que cayó el muro de Berlín. Eso nos enseñó que ningún régimen dura para siempre si el pueblo lo rechaza. Nosotros podemos cambiar el mundo a mejor, si nos atrevemos a intentarlo.

NOTA.-la foto es de Alessio 85

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LA IGLESIA TIENE RAZÓN

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En estos días en los que los católicos españoles andan, como siempre, sublevados contra el progreso social y haciendo ruido, como es habitual, mientras llaman a la asonada, que es lo suyo, hemos tenido ocasión de ver a un obispo clamando al anatema, invocando la herejía y amenazando con la excomunión. Y no, no era una representación dirigida a ningún parque temático del oscurantismo medieval, es que esta gente no ha evolucionado nada en dos mil años. Es lo que tiene el fundamentalismo teocrático: se fosiliza en un bucle eterno e inamovible. Por ese mismo motivo todos los fundamentalistas religiosos están constantemente en conflicto con el mundo que les rodea: primero porque sus ideas no parten de la razón y de la realidad sino de conceptos preconcebidos basados en la superstición y en segundo porque aun suponiendo, y es mucho suponer, que en algún momento hubieran tenido un ápice de razón, las circunstancias, siempre cambiantes, se la hubiera arrebatado a causa de su ciego inmovilismo.

Dicho esto hay que admitir que, dentro de su lógica, la iglesia católica tiene razón al amenazar con la excomunión a cualquiera de sus seguidores que vote a favor del aborto pues, de facto, están vulnerando un dogma de la secta. Sabemos que es un dogma estúpido, como todos, y que por mucho que presuman de defender la vida procede en realidad de la creencia (científicamente rebatida hace tiempo, lo que sitúa a quienes se empecinan en ella en el ámbito de la ignorancia y del cerrilismo además de mostrar bien a las claras su ridícula condición de fanáticos irredentos) en un dios creador, dueño y señor de todo lo creado y del destino de los mortales que le deben obediencia y acatamiento (y sobre todo a sus representantes humanos, que se lucran de ello) por el hecho de haberles dotado de un alma que le pertenece a él. Por eso esta gente se opone a la eutanasia, a la eugenesia y a los métodos anticonceptivos de todo tipo. No es por humanismo ni en defensa de la vida ni de los débiles ni de la dignidad humana...todo eso son bonitos ropajes para una verdad que, desnuda, resulta nauseabunda: la idea de que el ser humano debe someter su destino a la voluntad de un ser superior que sabemos que no existe. Es simple totalitarismo teocrático que esas perversas sectas semitas (cristianos, judíos, musulmanes) aspiran a imponer al conjunto de la sociedad.

Ese el motivo fundamental por el cual estas sectas procedentes de la superstición semita son de hecho inmorales en todos los extremos de su discurso ideológico, porque conculcan el verdadero sentido ético de la existencia humana.

Los seres humanos, como todo lo existente en la naturaleza, somos fruto de la evolución y nuestra exigencia moral de base es, simplemente, seguir evolucionando, mejorando. No somos esclavos de ninguna entidad superior ni dueños de nuestro entorno sino seres fundamentalmente libres que deben mantener el equilibrio del medio que les sustenta para garantizar su supervivencia y la continuidad de su progreso como individuos, como sociedad y como especie. Esa es la verdadera naturaleza moral de la humanidad y la ideología procedente de la superstición semita, negando esa libertad absoluta del hombre y clamando por su sumisión a una entidad inexistente, propugnando un modo de relación con el medio que niega la evidencia de la pertenencia al mismo en pie de igualdad con el resto de los seres vivos y comprometiendo con ello el desarrollo sostenible y en aras del progreso necesario que es, además, la principal exigencia moral de la humanidad, se presenta de hecho como una ideología inmoral que debe ser combatida a cualquier precio y no tolerada en modo alguno dentro de una sociedad sana.

 Pero inmoral o no, la iglesia tiene razón cuando exige a sus adeptos cumplir con sus estúpidas y ridículas doctrinas.

Lo inaceptable es que determinados grupos políticos defiendan que se puede ser a la vez cristiano ( o musulmán o judío) y votar o actuar en contra de los absurdos dogmas de esas sectas. Puede aducirse para explicarlo tolerancia religiosa, disociación entre las posiciones oficiales de dichas sectas y los sectores "progresistas" de las mismas...conozco todas las excusas. Tengo amigos católicos en todos los partidos y sindicatos pretendidamente de izquierdas.

Sin embargo la única verdad es que la superstición semita en todas sus formas y grados es incompatible con la verdadera naturaleza moral del ser humano y por lo tanto con la verdadera democracia que debe partir de la idea de la libertad absoluta del ser humano en relación con inexistentes entidades sobrenaturales y legislar y organizar sus sistemas políticos, éticos y sociales desde ese presupuesto irrebatible. Contemporizar es actuar contra natura, retener el progreso, alejarnos de nuestra verdadera finalidad. Vivir, en fin, en la barbarie.

Y debéis admitirlo: somos bárbaros.

 

 NOTA.- la foto es SantiMB.

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FRACASANDO CONTRA EL HAMBRE

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La noticia no supone ninguna sorpresa: ha fracasado otra nueva cumbre de la FAO contra el hambre en el mundo que sigue extendiéndose como una plaga en apariencia irresoluble y de modo mucho más constante y atroz que en los peores momentos de la edad media. En esa época las hambrunas podían prolongarse varios años en determinadas comarcas, eran coyunturales. La actual viene durando desde los procesos de descolonización en África y Asia, se extiende por varios continentes afectando a veces, aunque de modo subrepticio, a determinados ámbitos del primer mundo y es estructural. Por eso cualquier cumbre para solucionarla resulta fallida o se presenta como una mascarada de buenas palabras hueras pronunciadas para tranquilizar la mala conciencia de los ciudadanos ahítos y a la vez preocupados y vagamente solidarios del primer mundo.

Sin embargo toda la palabrería desplegada a propósito de esta catástrofe planetaria mucho más terrible que el convenientemente cacareado holocausto judío y que convertiría a los responsables de crear y mantener la situación en crimininales contra la humanidad cien veces peores que los nazis juzgados en Nuremberg, todas las buenas intenciones expresadas, no pasan de ser simple demagogia.

Incluso cuando el director de la FAO, Diouf, solicita la inversión de 44000 millones de dólares al año para paliar los efectos del hambre de aquí a 2015 sabe que está hablando para la galería, justificando su sueldo ,sin duda crecido, como propagandista al servicio de la imagen de un organismo, las Naciones Unidas, presentado al mundo como gestor de posibles utopías pero en realidad al servicio de los oscuros intereses de los estados hegemónicos. El señor Diouf sabe de sobre que nunca le van a dar lo que pide, aunque lo pida y que, aunque se lo den, ese dinero no es en realidad la solución al problema que, como hemos dicho, es ESTRUCTURAL.

Como ya se ha explicado alguna vez en estas páginas, el problema de base se halla en los tratados de Bretton Woods que en 1944, todavía en plena Segunda Guerra Mundial, sirvieron para organizar el mundo de la posguerra de forma que los Estados Unidos, emergidos como verdadera gran potencia, no solo pudieran dominar colonialmente al resto de los países sino acaparar asimétrica y avariciosamente la riqueza y los recursos del planeta. Es un sistema concebido para hacer inmensamente ricos a unos pocos a costa de extender la pobreza y el hambre sobre continentes enteros. Un sistema lucrativo para las elites hegemónicas del imperio y para aquellas periféricas que están a su servicio, perjudicial para todos los demás, incluídos los ciudadanos del primer mundo a menudo identificados con los posicionamientos ideológicos de sus elites rectoras sin llegar a comprender que su relativo bienestar es fruto de una coyuntura económica que los define como mercados, de ahí que se les permita un cierto nivel de vida, pero que puede cambiar según los intereses del capital ( y todos conocemos las consecuencias de la deslocalización y de la inmigración descontrolada) y acabar convirtiéndolos en nuevos parias.

Durante algún tiempo, durante la guerra fría, el antagonismo de la Unión Soviética, frenó un tanto los más nocivos efectos de ese sistema artificial y sustituible diseñado en Bretton Woods pero la caída del régimen soviético en 1991 rompió todos los diques, llegó entonces, con la firma del GATT en 1994 y otros similares y derivados, la aplaudida globalización que no es sino el apurado a fondo de las dinámicas imperialistas estadounidenses comenzadas en 1944. La crisis de 2008, que evidenció muchos de los puntos débiles de dicho sistema en cuanto economía de especulación, levantó una vaharada de demagogia y buenas intenciones. Se nos dijo que las cosas iban a cambiar, se reunió una cumbre multitudinaria para, en palabras de los dirigentes que asistieron a ella, reformar un sistema injusto, ineficaz y peligroso. Sabemos lo que sucedió: ayudas públicas para los grandes bancos, para las grandes multinacionales, para los magnates que llevan décadas atacando el papel del estado cuando sus recursos se dedican a corregir mínimamente los efectos terribles del capitalismo salvaje, alguna reforma cosmética y el mantenimiento puro y duro del sistema vigente. Nada cambió, nada cambiará si dejamos que nuestro rumbo siga regido por las elites dominantes y sus políticos a sueldo.

 La esencia del sistema, su finalidad última, es permitir el enriquecimiento desmesurado de unos pocos y su control total sobre los recursos mundiales ,que tratan con estrategias especulativas, a costa de la miseria de millones de seres humanos. Acaparar para subir los precios, manipular los mercados, frenar el progreso (no es de extrañar que paralelamente haya fracasado un intento de reducción de los gases con efecto invernadero, los intereses petrolíferos estan incrustados en el meollo mismo de los intereses económicos de esas élites dominantes y seguirán manteniendo el status quo que les beneficia sea cual sea el precio que deba pagar el planeta)...Esa es la única verdad.

Pero toda esa retórica vacua de los líderes políticos no es la única que puede observarse en estas cumbres de la FAO, las hay todavía más indignas y perjudiciales.

Justo un mes después de que uno de los prohombres del Vaticano saliese a la palestra para señalar el neomaltusianismo como una de las amenazas más horribles, el papa Benedicto XVI, dándoselas de líder carismático y preocupado por los pobres (conocemos el chiste desde hace suficiente tiempo como para comentarlo), intervino en esta cumbre de la FAO con la intención de presentarse como referencia moral frente a los desalmados líderes políticos en un claro movimiento demagógico de cara a la galería. Subió a la tribuna y afirmó, muy ufano, que la tierra puede nutrir a todos sus habitantes, "lo  cual se confirma con la deplorable destrucción de alimentos en función del lucro económico." Pero estaba mintiendo y defendiendo no a los hambrientos del mundo sino su idea sobre la anticoncepción y el aborto basada en la superstición semita que sustenta su religión y expresada en el conocido mito según el cual el dios creador de la misma le dijo a las criaturas que creó "creced y multiplicaos" siendo ese un mandato divino que debe cumplirse a cualquier precio.

El papa mentía al hablar en la cumbre de la FAO (como mintió al afirmar que los preservativos eran causa de la expansión del sida) y lo hacía conscientemente y con una intención determinada: promocionar las absurdas ideas de su secta para imponerlas a la sociedad. Es cierto que se producen enormes destrucciones de alimentos en el primer mundo para mantener altos los precios de venta y rentables los mercados pero el reparto de esos excedentes no acabaría ni de lejos con el hambre en el mundo, podría paliarlo algo...y no seré yo el que defienda la destrucción de esos alimentos en lugar de su reparto. Pero la mentira de fondo no solo del papa sino de todos los credos afines (en general todos los originados en la superstición semita, pero sin perder de vista el budismo) es que la tierra puede mantener a todos sus habitantes sean cuantos sean. Pretender eso es estúpido, afirmarlo para defender una concepción del mundo que procede de la edad del bronce, suicida y criminal a un tiempo.

La tierra posee unos recursos limitados y, nos guste o no, hemos de adaptar nuestro número a esos recursos. Somos demasiados y ya empieza a llegar el momento en el que cualquier reparto sería inútil. Necesitamos reducir nuestro número a la mitad o, si se me apura, a un tercio, y eso solo se puede hacer con medidas anticonceptivas. La alternativa es dejar que los recursos se agoten y el colapso sea total e irrecuperable.

Les guste o no a los poderosos y a los creyentes es preciso que disminuyamos nuestro número y que nos adaptemos a métodos de explotación de los recursos que sean sostenibles. Y eso pasa por acabar con el actual sistema económico y establecer la cooperación por encima de la competencia, la creación de una riqueza sólida y real bien repartida en lugar de la actual especulativa, cíclica y acaparada, con arrumbar al olvido viejas supersticiones y abrir nuestras mentes y nuestros sistemas sociales a ideas más racionales, nuevas y renovadoras. Ni el hambre ni la miseria son necesarios ni inevitables. Todo lo contrario: la prosperidad de todos, dentro de un marco racional de explotación de los recursos, es la base de una riqueza estable que beneficie al conjunto sin perjudicar a los individuos.

Soy plenamente consciente de las dificultades que esos cambios conllevan pero la principal es la de cambiar nuestra perspectiva. Todo gran viaje comienza con un simple paso y ese, el más difícil, debemos darlo nosotros, en nuestra mente. Hemos de cambiar de actitud: hacernos dueños de nuestro futuro. Y, vaya, voy a citar a un presidente de los Estados Unidos: podemos hacerlo.

NOTA.- la foto es de Daquella Manera.

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CENSURA (INTRODUCCIÓN)

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La censura es inadmisible e intrínsecamente inmoral en todas sus formas y caracterizaciones, provenga del estado, de lobbys económicos o ideológicos o de asociaciones militantes que con sus gritos pretendan imponer sus criterios al resto de la sociedad. Este es un principio indeclinable que siempre se defenderá desde estas páginas y con toda la energía posible.

Cuando pensamos en censura solemos volcar nuestras miradas hacia regímenes abiertamente totalitarios e indeseables como el de China o los de los países islámicos. Pero no debemos confundirnos. A nosotros, ciudadanos de supuestas democracias, también nos afecta. Nunca veremos en los periódicos ni en las televisiones ni oiremos en las radios los problemas que verdaderamente nos afectan, ni se nos presentarán objetivamente alternativas ideológicas a las hegemónicas. Los medios de comunicación en su conjunto están orientados no a informarnos sino a dirigir nuestro pensamiento. Y no existe la prensa libre. No existe desde el momento en que los medios de comunicación pertenecen a grandes grupos económicos. Del mismo modo la concentración y alianza de grandes editores o productores con grandes distribuidores es una amenaza directa contra la libertad y la disidencia en todos los niveles del arte, la literatura y el mundo intelectual. Si alguna vez existió la contracultura ha quedado amortizada por las estrategias de mercado. En ese contexto la empecinada defensa del copyright (no propiamente de los derechos de autor, que son otra cosa) por parte de esas mismas grandes compañías no hace sino defender su situación de primacía y perjudicar de hecho a la renovación cultural y artística. En ese sentido puede afirmarse que si no es una forma de censura contribuye al menos a fomentarla.

Pero también en el irónicamente llamado Mundo Libre, el formado por las democracias liberal-capitalistas, existe la censura propiciada por el estado. Se defiende con la excusa de que emana del ordenamiento legal pero se oculta el hecho de que este no es neutral, antes al contrario responde a los concretos intereses de las élites dominantes. Así, por ejemplo, se protegen de la opinión y del escrutinio público instituciones de dudosa legitimidad o utilidad como, por ejemplo, en el caso español, la monarquía y las acciones de su titular, o se imponen por la fuerza ciertas premisas morales que solo son admisibles desde la perspectiva de un mal disimulado ultraconservadurismo que no ha dudado en mentir y fingir supuestas demostraciones científicas y difundirlas ad nauseam como verdades inapelables para dar cerrojazo a avances sociales de gran importancia que estaban gestándose en los años setenta del siglo pasado.

La excusa más habitual para establecer y mantener la censura es la de protegernos o, al menos, a la infancia y la juventud.

La realidad es muy diferente. Los motivos de la censura siempre son los mismos:

1-Acallar la disidencia con respecto a cualquier tipo de poder, sea político, social, económico o religioso.

2-Mantener la hegemonía social, económica y política de los poderosos.

3-Imponer a la sociedad los prejuicios morales de esas mismas oligarquías.

4-Mantener un discurso ideológico único, especialmente dirigido a la infancia y la juventud de tal modo que asimilen los valores e ideología de las oligarquías dominantes y al crecer sean adultos domesticados, sin atisbo de pensamiento propio, crítico o autónomo.

Allí donde el estado no se atreve a llegar, y puede llegar muy lejos puesto que dispone de infinidad de medios para legitimarse (la medicina, la ley...ámbitos que controla y que rara vez son contrarios al poder establecido), se impone la censura de las grandes empresas y cuando no la de asociaciones "representativas" que se dedican a alborotar y gritar en defensa de grandes principios y a menudo en "defensa de la juventud y la infancia" para detener en seco cualquier atisbo de disidencia ideológica. En ese campo deben inscribirse también las coacciones sociales del tipo de lo políticamente correcto o de la lucha contra las palabras "malsonantes"...son formas de censura cotidiana que tienen la misma finalidad que el resto del entramado represor.

Si la censura no fuese todavía hoy, en nuestros días y en nuestro entorno social, una amenaza presente, permanente y creciente, no habría motivo para preocuparnos por ella. Como la situación es justamente la contraria, es necesario que la estudiemos, la observemos y la denunciemos. Ese es el motivo por el cual abrimos esta sección en Disidenteporaccidente.

Periódicamente traeremos a colación diversos ejemplos de censura, antigua o moderna, y los analizaremos para ir descubriendo su finalidad última, sus mecanismos y, frecuentemente, su estupidez palmaria rayana en el ridículo cuando no directamente adscrita a un surrealismo perverso y arcaizante.

Espero sinceramente que el esfuerzo merezca la pena y llegue a alcanzar alguna utilidad.

NOTA.- la foto es de Entropyer.

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20/11/2009 17:32 disidenteporaccidente Enlace permanente. censura No hay comentarios. Comentar.

EL ÚLTIMO DÍA DE CANCHO ROANO

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El palacio-santuario de Cancho Roano, sito en la extremeña localidad de Zalamea de la Serena, fue descubierto por Maluquer en 1978. Se trata de una estructura de planta cuadrada de 25 metros de lado situada sobre un alcor en medio de una dehesa, orientada al este y con un edificio central de 4 metros de altura construido con ladrillos de adobe y en forma de U cuyos brazos rodean un patio central delantero en el que se excavó un profundo pozo. El patio estaba flanqueado por dos altas torres con misión a la vez defensiva y monumental dando acceso a un pasillo superior transversal que daba acceso a la zona residencial y a los almacenes.

El conjunto disponía de una amplia terraza, de almacenes con ánforas que contuvieron vino y aceite y parece que dispuso al menos de un pequeño conjunto estatuario en bronce.

Desde 1978 hasta nuestros días se han ido encontrando en el entorno de Cancho Roano otros edificios similares propios de la colonización tartesia hacia el Guadiana cuyo vértice norte podría encontrarse muy bien en el cerro de Medellín (donde actualmente se encuentra el castillo) que controlaba el cruce del río y disponía a sus pies de un activo barrio comercial.

Las excavaciones arqueológicas que comenzó el propio Maluquer y que se han extendido hasta hace pocos años nos han permitido conocer el devenir de este espectacular edificio y de su entorno deparándonos la sorpresa de conocer sus últimos y dramáticos momentos. Historia que merece una mayor divulgación de cara al público de la que tendría manteniéndose en los libros especializados en arqueología tartésica. De ahí que le dediquemos estas pocas líneas en estas páginas.

Tartessos surgió como estado con la aparición de los fenicios en las costas de Cádiz y Huelva allá por el siglo X a.n.e. Para entonces esta zona estaba poco poblada y su desarrollo económico era secundario y marginal en relación con las tierras del interior en las que se desarrollaba una activa economía ganadera (que daría origen al mito de los bueyes de Gerión)  controlada por una serie de linajes principescos enriquecidos por el control de las tierras y los ganados y la práctica de la guerra que han dejado su impronta en las estelas de guerreros del suroeste. Parte del prestigio de estas oligarquías nobiliarias se amparaba en el uso de adornos de plata y oro procedentes de minas sitas en su territorio. Los primeros navegantes orientales (es probable que micénicos pero sobre todo chipriotas precedieran a los fenicios) dieron a conocer la riqueza en materias primas de la zona y ya entre el 1000 y el 900 a.n.e. se establecieron en Cádiz para poner en explotación industrial las hasta entonces artesanales minas de lo que sería Tartesos.

Tal proyecto, extraordinariamente lucrativo tanto para los intermediarios fenicios como para los príncipes ganaderos del interior, exigió una transformación radical del universo económico, político y social de aquel territorio. Era preciso concentrar mano de obra en las minas y alimentarla así como proveer a las necesidades materiales de los navegantes. Las oportunidades económicas abiertas por las minas en explotación intensiva atrajeron a una enorme cantidad de población diversa, llegada en parte incluso de la meseta central, que quedaría en dependencia política de los nobles tartesios que pospondrían sin eliminarla la producción ganadera para roturar y hacer producir extensas zonas agrícolas donde también se fijaría una densa masa humana, en ocasiones llegada desde el otro lado del Mediterráneo, en dependencia de esas mismas oligarquías catapultadas ahora a la condición de acaudalada y poderosa clase nobiliaria jerarquizada en torno a una incipiente monarquía.

 El modelo político adoptado para organizar y dar sentido a la nueva entidad que estaba formándose rápidamente en el bajo Guadalquivir con ramificaciones hacia Huelva y Sierra Morena fue el fenicio basado en un sistema dinástico sacralizado por un templo que inventaba e imponía nuevas tradiciones religiosas y reinterpretaba los mitos preexistentes en beneficio del poder estatuido. Algo muy similar a lo que sucedió, también copiando el modelo fenicio, con el reino judío y el naciente templo de Jerusalén que, en su primera versión, sería contemporáneo del dedicado en Cádiz a Melkart.

El experimento resultó un éxito y Tartesos se asentó llegando a convertirse en un estado fuerte y rico que a lo largo del siglo VI a.n.e. incluso buscó deshacerse de la tutela fenicia buscando la alianza de los comerciantes griegos y enfrentándose militarmente a la colonia de Cádiz que, finalmente, acabó venciendo y destruyendo el antiguo estado disgregado a partir de entonces en una serie de principados locales basados en ciudades estado que iría evolucionando hacia los posteriores pueblos históricos de túrdulos y turdetanos cuyo influjo desencadenaría en el litoral mediterráneo el fenómeno ibérico deudor a la vez de los contactos de cada zona con los navegantes orientales y la influencia de las transformaciones del mundo tartésico después de la desintegración del estado.

Pero mucho antes de que esa desintegración se produjera, el pujante "imperio" tartésico alcanzó cotas de dinamismo comercial, político y demográfico que le llevaron hacia el interior de la península extendiéndose, en el siglo VII a.n.e. hacia el Guadiana y el curso medio del Tajo. Fue esa la época en que los centros sacro-palaciales al estilo de Cancho Roano fueron extendiéndose a lo largo y ancho del sur de Extremadura. Los restos arqueológicos demuestran que se trató de un avance pacífico.

Desde antes de la creación del estado tartésico los linajes nobiliarios que acabarían conformándolo tenían en aquella zona importantes contactos e intereses, no debe descartarse incluso un estrecho contacto étnico y familiar. La expansión ulterior del modelo tartésico en gran medida no sería sino la exportación al interior de un modelo que estaba rindiendo importantes beneficios más al sur. Probablemente las oligarquías locales, emparentadas con las tartésicas, se incluirían en sus redes clientelares pasando a integrarse como principados autónomos dentro de la federación estatal organizada bajo la monarquía unitaria que generó el estado y adoptarían un modelo político y económico que las enriquecería con el comercio y la diversificación de sus recursos y las fortalecería con la evolución desde la jefatura tribal al principado territorial con refrendo divino.

El proceso se aprecia muy bien en Cancho Roano donde existía un pequeño santuario, apenas una cabaña, anterior a la influencia tartésica sobre la que se construyó el primer edificio en el siglo VII a.n.e (Cancho Roano C) produciéndose de este modo el cambio ideológico, político y social en pleno tránsito de la nobleza local hacia la instauración de un principado territorial integrado en el "imperio" tartésico. A lo largo de los ciento cincuenta años en que perduararía el nuevo santuario se reconstruiría otras dos veces (Cancho Roano B y A) cada vez con más lujo y magnificencia y siempre en consonancia con los cambios rituales que podemos encontrar en el Valle del Guadalquivir.

Con el tiempo, cuando los fenicios destruyeron la unidad de tartesos, el principado nucleado en torno a Cancho Roano, como los del valle del Guadalquivir y otros periféricos, se independizaría alcanzando su mayor grado de enriquecimiento y desarrollo. Durante un siglo más el modelo funcionaría y perpetuaría el estado de prosperidad y paz que había traido a la zona. Luego, en torno al 400 a.n.e., todo cambiaría.

En esa fecha los centros postartésicos del entorno del Guadiana fueron abandonados y muchos incendiados. De pronto las armas, hasta entonces desconocidas, se tornan omnipresentes en todos los registros arqueológicos y la población, antes albergada plácidamente en establecimientos del llano carentes de innecesarias murallas, se arrisca a partir de esa fecha en alturas y farallones protegiéndose con murallas. Han nacido los oppidum que conocerán los romanos.

No podemos definir exactamente lo sucedido pero todo habla en favor de una irrupción de gentes del norte, procedentes con casi toda seguridad de la meseta, que arrasarían los pacíficos principados postartésicos dando origen a los pueblos que conocerían los romanos, especialmente los lusitanos y los celtíberos de la Beturia. Casi con toda seguridad, y guiándonos por lo que suele ser habitual en la historia, hablar de invasión sería erróneo. Los estados más evolucionados suelen remediar sus necesidades de mano de obra, especialmente  la menos cualificada, recurriendo al aporte exógeno de pueblos más pobres y menos evolucionados. Cabe pensar que los príncipes postartésicos del Guadiana, como harían luego los turdetanos en época histórica, recurrirían a bandas de guerreros del norte como mercenarios y que estos grupos, una vez asentados, y como suele suceder, acabarían derrocando a la decadente oligarquía propietaria de la tierra y estableciendo sus propios estados. El paso definitivo en ese cambio político sería la aniquilación de los centros políticos y de legitimación dinástica y religiosa representados por los palacios-santuarios como Cancho Roano.

Centros que en gran medida habían dejado de tener sentido con el cambio de las redes comerciales acaecido en la península a causa de hechos sucedidos al otro lado del Mediterráneo. La conquista por el imperio asirio de la costa fenicia quebró el comercio previamente existente entre ambas orillas sumiendo a las colonias fenicias occidentales en un largo periodo de crisis al final del cual emergería Cartago como gran potencia económica, militar y política. Pero durante ese tránsito, que duró más de una centuria, las antiguas estructuras comerciales se vinieron abajo llevando a los complejos sacro-palaciegos del interior a una quiebra económica que precipitaría a la larga su desaparición. Los tiempos habían cambiado e iban a arrastrarlos con ellos.

Una vez perdida su utilidad económica, el prestigio político y religioso de los poderes que lo controlaban quedaría en entredicho permitiendo a las aristocracias guerreras conformadas por los mercenarios meseteños dar el golpe de gracia a la aristocracia postartésica y comenzar una realidad política y económica nueva que siglo y medio después encontrarían los romanos. De hecho, esta sustitución de élites explicaría el panorama social lusitano que se encontraron los romanos al llegar a la península. Un panorama en el que unos pocos terratenientes acaparaban la posesión de la tierra situándose sobre una masa de campesinos desheredados dentro de un marco en el que se mantenían los viejos contactos con el valle del Guadalquivir y la ancestral cultura ganadera junto con las innovaciones agrícolas introducidas por el nuevo sistema tartesio en el siglo VII a.n.e. y la exaltación guerrera de ética agonística de las nuevas élites en guerra constante por ampliar dominios previamente fragmentados con la descomposición del sistema postartésico a finales del siglo V a.n.e.

 El fin de los centros postartésicos del Guadiana no fue rápido, se prolongó a lo largo de algunas décadas en las que los registros arqueológicos dejan constancia de la progresiva restricción de la llegada de materiales de lujo, especialmente los de origen griego tan importantes en el ritual de los centros sacro-palaciegos. Estos materiales, especialmente cerámicas áticas, llegaban a la costa gaditana en naves fenicias y el colapso comercial causado por la caída de Tiro en manos de los asirios no dejó de afectar a los circuitos comerciales empobreciendo los aportes de objetos importados en el interior y fomentando con ello una cascada de destrucciones y abandonos en los que los centros más estratégicos, como Medellín, se colapsarían antes que los más periféricos, caso este último de Cancho Roano, que fue de los últimos en sucumbir debido a su relativo aislamiento, a 40 kilómetros del Guadiana y alejado de las principales rutas de comercio. De hecho Cancho Roano debió ser un centro secundario a pesar de su auge y monumentalidad. Ello le permitió contemplar el fin de un sistema  político y económico del que había formado parte desde la expansión tartesia hacia el norte.

 El sistema religioso establecido en estos palacios-santuario, más que popular era de legitimación dinástica y solidaridad aristocrática. La espiritualidad, sin excluir las obligaciones tributarias y de culto del pueblo, se concentraba en la glorificación de los valores aristocráticos y de su dominio, expresado precisamente en la ocupación y reorientación de un santuario previo de carácter más humilde y colectivo. El rito fundamental de ese estado de cosas, el que más glorificaba el dominio político, económico y religioso de la nobleza y establecía las jerarquías que las articulaban comenzando por la primacía dinástica del príncipe local era el simposio. La reunión de los aristócratas en el templo para celebrar banquetes rituales regados con vino, en la práctica todavía un producto elitista y a menudo de importación que se bebía en cerámicas de procedencia ática. Es decir: en una vajilla cara y de gran prestigio simbólico que ganaría en valor con la quiebra del comercio fenicio de tal modo que los objetos dejaron de renovarse y pasaron a conservarse como verdaderos tesoros. Cada noble debía presentarse en el banquete con su kilix (cáliz), copa para beber vino, pero, como demuestran posteriores enterramientos ibéricos, solo el dinasta local tenía derecho (o capacidad) para poseer la crátera ( o el caldero de bronce, según los sitios) donde ese vino se mezclaba, a la manera griega, con miel y con agua, lo que servía también simbólicamente para marcar la más importante jerarquía nobiliaria, la que definía al primero de los nobles con respecto a los demás y legitimaba tácitamente el estatus dinástico seguramente dentro de un marco que reuniría linaje y clientela.

Ese ritual del simposio definía al grupo aristocrático como tal y servía como reafirmación de su poder y sus valores. Un poder y unos valores que se estaban deteriorando muy rápidamente en la segunda mitad del siglo V a.n.e. Muchos otros centros similares del entorno de Cancho Roano fueron cayendo en esas décadas y el dominio de los grupos que venían dominando el territorio desde hacía dos siglos, se diluía por momentos. Esto debió de ser muy evidente para los nobles que habían hecho de este santuario su centro religioso. Cada vez les resultaría más difícil sostenerse...y, como seguramente ya esperaban desde hacía tiempo, llegó el final.

Cancho Roano no fue atacado y saqueado por un poder externo. Simplemente se clausuró, lo cerraron sus propios usuarios en una impresionante muestra a la vez de impotencia, serenidad y lucidez.

 Sencillamente había llegado el final y los nobles, con su último príncipe a la cabeza, se reunieron por última vez en el santuario para celebrar su postrer banquete. En este, que se celebró en la parte de atrás del patio sagrado, se consumió el vino que quedaba en las ánforas del almacén y se degustaron más de cincuenta animales (ovejas, cabras, ciervos, vacas, cerdos y, lo que resultaba una excepción: un caballo, la más valiosa posesión del noble y su mejor definición hasta tal punto que posiblemente este animal estaba asociado al culto como parece demostrar la existencia de una estatua equina de bronce dentro del santuario). Concluido el banquete, las sobras y la vajilla utilizada en el mismo se arrojaron al foso que circundaba el palacio-templo (donde los encontrarían 2400 años más tarde los arqueólogos) y se procedió a reunir todo el moviliario en el interior del edificio, donde se quemó. Posteriormente se cegaron las puertas y ventanas del templo y los descendientes de los linajes que llevaban dominando la comarca desde al menos el siglo VII a.n.e. simplemente abandonaron su antiguo centro sagrado esfumándose en la historia. Así fue el último día de Cancho Roano.

NOTA.-la foto es de Rafael Jimenez y representa una maqueta de Cancho Roano.

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21/11/2009 23:19 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

JUNCOS ENVENENADOS

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Todos conocemos el viejo axioma oriental del junco flexible que se inclina ante el viento para no quebrarse sobreviviendo así a las tormentas. Y nos lo hemos creído. Claro que suele ser efectivo y no conviene descartarlo, pero en este mundo de ladrones, explotadores y sinvergüenzas con traje y corbata que hablan desde los púlpitos verticales e inconmobibles del poder hay que tener mucho cuidado con lo que escuchamos y con lo que creemos. Para decirlo sin rodeos: la verdad no existe, solo los despreciables intereses de unos pocos envueltos en innobles cantos de sirenas repetidos una y otra vez para convertirlos en supuestas verdades al modo en que Goebles, el ministro de propaganda de Hitler, decía que había que hacerlo.

Nos mienten y nos presentan como únicas salidas posibles medidas que benefician a los que rigen el mundo y, una vez más, como siempre, nos perjudican a la mayoría, a los que conformamos el pueblo.

En estos días tenemos en España al presidente del Banco Central Europeo, señor (es un decir, a todos estos jerifaltes hay que empezar a apearles de los tratamientos de respeto para aplicarles los que verdaderamente se merecen) Trichet. El buen hombre (de nuevo la ironía) viene a decirnos que tenemos que aceptar que bajen los sueldos para que se recupere la economía. De sobra está decir que los alquileres, las hipotecas y demás gastos no disminuiran, incluso aumentarán. En otras palabras viene a decirnos que debemos empobrecernos para que las multinacionales, los bancos y los muy ricos sigan ganando dinero a nuestra costa. Porque no habla de los grandes sueldos, no nos engañemos, sino de todos y en especial de los más bajos. Yo conozco cajeras de supermercado que trabajan doce horas por seiscientos euros. La receta de Trichet es que cobren quinientos o cuatrocientos por el mismo trabajo.

Además, en su dircurso, el tipo este se ha permitido alabar el sistema financiero español definiéndolo como "fuente de fuerza y orgullo nacional." Es decir: los mismos que nos han arrastrado al abismo hinchando irresponsablemente para forrarse la burbuja inmobiliaria, los mismos que nos ahogan con las hipotecas y han cortado el crédito de raíz cuando era más necesario...esos son los buenos, los que hay que ayudar, los que tenemos que ayudar todos nosotros sientiéndonos además orgullosos...

Aprovechando la visita de Trichet, el jefazo del Banco de España, Fernandez Ordoñez, ha salido a la tribuna pública para recordar que hay que flexibilizar las condiciones de contratación y los convenios colectivos para que se adapten a los ciclos económicos...ciclos económicos propios del capitalismo, del sistema que tienen montado y que alterna deliberadamente prosperidad y crisis aprovechando los ciclos alcistas para especular y las recesiones para recortar derechos sociales que luego no se recuperan. Ciclos perfectamente evitables con otros sistemas de organización económica pensados para la prosperidad común en lugar de para el enriquecemiento de unos pocos.

En otras palabras, después de la bonita retórica del año pasado en aquella cumbre que nos vendieron como la "refundación del capitalismo" no ha cambiado nada. A las grandes multinacionales y a los bancos se les ha dado todo el dinero necesario (cuando sus magnates y paniaguados llevaban décadas exigiendo la destrucción del estado y de su sistema de leyes y ayudas sociales) y ahora a nosotros, que somos el pueblo, el verdadero fundamento de la democracia, nos vienen a contar que para que estos señores que nos niegan el derecho al paro, a la sanidad y a la educación pública, sigan enriqueciéndose a nuestra costa debemos trabajar más horas, en peores condiciones laborales y por menos dinero sin dejar de pagar nuestras hipotecas ni protestar. Así es como arreglan el mundo.

Naturalmente los sindicatos protestarán, lo justo para quedar bien, y luego se callarán para no perder sus subvenciones. Incluso puede que se atrevan a plantear un día de huelga general...¿pero cambian algo las huelgas generales sino son revolucionarias? ¿si no paralizan la economía para cambiar la sociedad haciéndola más justa y democrática?...es evidente que no.

Sindicatos y políticos son lo mismo: títeres de los que hablan de una democracia en la que no creen. Porque no puede existir verdadera democracia sin verdadera justicia social y sabemos, lo sabemos de sobra, que esos jerifaltes del gran capital no creen en la justicia social: solo en seguir explotándonos y sacándonos los cuartos sin controles ni límites.

A estas alturas de película está mucho más que claro que ni la Unión Europea ni los estados que la componen (no hablemos ya de los de otras partes del mundo)  están al servicio del pueblo y por lo tanto, aunque se vote en ellos periódicamente, no son democracias.

Para beneficiar a esos ladrones con corbata y nula vergüenza nos lo están quitando todo. Incluso la universidad la han adaptado a sus intereses, que no son los nuestros, con el Plan Bolonia. Y nos hemos callado. Nos bajarán los sueldos, y nos callaremos, nos quitarán el paro y la educación y votaremos como borregos a quienes no tienen otro objetivo en sus programas.

¿Quién tiene la culpa de todo lo que nos pasa y de todo lo que nos pasará y que será mucho peor de lo que hemos conocido hasta ahora? Nosotros. Por cobardes, por ignorantes, por callarnos y encogernos de hombros. Verdaderamente me da pena y asco esta sociedad de ovejas obedientes y acojonadas...peor: en muchos casos de ovejas miserables y avariciosas que por defender una zanahoria dejan perder todos los pastos...

Existen otras posibilidades, otros mundos. Pero hay que conquistarlos. Y no tenéis cojones de hacerlo.

NOTA.- la foto es de chhhh

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