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VAMPIROS QUE CONOCÍ

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He comprobado en estos días que con chicas de cierta edad decir "nena, yo tengo un blog" sirve para ligar. Luego, en los últimos años de carrera y no digamos ya cuando cumplen los treinta, se limitan a mirarte con piadoso desdén, pero hasta entonces el truquito parece servir.

Claro que la cosa tiene sus inconvenientes. Si no te dan puerta en la primera noche se interesan por lo que escribes, lo leen, opinan...y, llegados a cierto punto de confianza, solicitan. Antiguamente estaban de moda las dedicatorias radiofónicas ahora parece ser que empiezan a imponerse los post dedicados.

Voy a confesar algo: he llegado a esos niveles de confianza con una chica preciosa lo suficientemente mayor como para no crear problemas legales ni escándalo social pero lo suficientemente joven como para embobarse con majaderías tales como la saga Crepúsculo. Y sí: lee, aplaude, opina...y pide. Lleva más de una semana poniéndome ojitos tiernos para que escriba algo sobre vampiros y he terminado claudicando. ¿Acaso podía esperarse otra cosa?...quienes me conocen saben que mi debilidad fueron siempre las mujeres, a poco que me mimen...

Eso sí, en un rapto de orgullo quise hacer algo digno, orientarlo por el lado antropológico, histórico, contar por ejemplo como llegó el vampirismo a los Balcanes en el siglo IV...pero al proponérselo torció el gesto afectando fastidio y aburrimiento. De modo que me comprometí a escribir sobre vivencias personales, cosas que me sucedieron de verdad. Aceptó.

Probablemente la voy a decepcionar pero uno tiene las experiencias que tiene y no todo el monte es Hollywood.

Mi primer contacto con el vampirismo ,o con algunas de sus extrañas y marginales formas sociales, comenzó hace bastantes años (yo todavía tenía pelo y estaba en forma) al amanecer en cierta playa de las Rías Bajas no demasiado frecuentada. Tenía en aquella época la costumbre, si estaba cerca del mar, de comenzar los días o acabar las noches, según conviniera, nadando un rato al quebrar de la aurora. Era un ejercicio tonificante y relajante que me dejaba un ánimo sereno para el resto de la jornada.

Aquel día apenas había comenzado a serlo, la espuma de las olas brillaba tenuemente a impulsos de un sol aún oculto resaltando oníricamente sobre el piélago negro de lo que poco más tarde llegaría a ser un mar cristalinamente verde  con anhelos de esmeralda melancólica, el cielo mostraba la profundidad de un zafiro turquí ansioso de rosicleres y los volúmenes se distinguían como imágenes de un sueño perpetuo. Solo el fragor de las olas rompiendo contra la playa en constante querella profanaba el silencio profundo de lo que quería dejar de ser noche sin conseguirlo todavía.

Confieso que, apoyado en unas rocas, dudaba si lanzarme al agua o esperar algunos minutos , a que hubiera un poco más de luz. En esas cabilaciones estaba cuando sentí que la sangre se me helaba. Incluso antes de verla presentí una sombra que salía de la más profunda oscuridad y avanzaba lentamente hacia el mar. Se trataba de una oscura silueta emcapuchada. Al principio creí que mis ojos me engañaban, que mirando a las tinieblas creaban ilusiones sin sentido. No tardé en convencerme de lo contrario y me apreté sigiloso contra las rocas para guarecerme en su sombra y pasar desapercibido.

La sombra siguió caminando sin percatarse de mi presencia y, al pasar a mi altura, pude comprobar que era perfectamente corpórea, incluso humana. Vi unas piernas desnudas que fulguraban con una fosforescencia pálida semejante a la espuma de las olas y me tranquilicé. Al menos no se trataba de un ente paranormal y las piernas eran bonitas. Seguí agazapado pero ya con más curiosidad que miedo.

Aquella silueta se trataba, en efecto, de una mujer joven que caminaba desnuda debajo de una capa negra con capucha. Al llegar al agua alzó los brazos confirmando este extremo, pronunció algunas jaculatorias que no pude entender a causa de la distancia, se quitó la capucha dejando fulgir a la dudosa luz de la incipiente aurora una espectacular melena pelirroja, hizo nuevas invocaciones y dejó finalmente caer la capa para entrar en el agua y entretenerse en una serie de abluciones rituales. Ahí fue donde me enamoré. Era joven y preciosa ¿qué podía importar que fuera algo rarita?...

La chica siguió a lo suyo creyéndose sola y yo barajé en segundos mil posibilidades para entablar conversación y resultarle agraciado. Al final determiné trazar un círculo en la arena, llenarlo de símbolos ocultistas (que conocía bien) y fingir a mi vez algún género de rito. Fue efectivo: acabamos desayunando juntos, en su casa que no se encontraba lejos de allí.

Mi anfitriona, que además de un cuerpo de escándalo y rostro bonito tenía unos enormes y expresivos ojos verdes,  se me presentó simple y llanamente como bruja. Claro está que le seguí la corriente. Estuvimos horas y horas hablando de magia, ánimas, estantiguas...y acabó dejando que me quedara con ella.

Fueron días intensos y apasionados que tuvieron también sus puntas y cabos de pintoresco surrealismo puesto que la hermosa pelirroja no renunciaba a sus invocaciones ni a sus rituales y tan pronto encendía una hoguera en el jardín para bailar desnuda (tenía una cierta propensión a encuerarse litúrgicamente) como se ponía a recitar mantras sobre una calavera o salía al bosque a recoger hierbas, correr bajo la luna o soplar extraños polvillos contra aislados caseríos. Pero también hubo tiempo para hablar y en una de esas sesiones de confidencias a media voz y a la luz de la chimenea (en algunos aspectos se dejaba llevar por los gustos yanquis) me hizo la gran confesión: su hermano era un vampiro.

 -Ah....-fue todo lo que atiné a decir. Estuve a punto de preguntarle si su padre era un hombre lobo, si no había nadie normal en su familia, de, simplemente, reírme pero con un esfuerzo sobrehumano logré ahogar toda expresión de escepticismo y sorna. Con todo, mi  semblante quedó congelado en un rictus delator que ella interpretó a la perfección.

-¿No me crees?

-Sí, mujer...¿cómo no voy a creerte?...

Pero se empeñó en demostrármelo. Y así fue como conocí al primer vampiro de mi vida.

Fue en Vigo, por supuesto de noche...y de marcha. En aquel primer contacto no pude constatar si el tipo bebía sangre o no pero quedé convencido de su afición al ron con coca cola. Por lo demás Ricardito, que así se llamaba, daba perfectamente el tipo: desgalichado, seco, feo, orejudo, ojeroso...podía ser un vampiro o un ídolo perdido de la bohemia del ruralex decadente. Se rapaba la cabeza a lo Nosferatu, no se había cortado las uñas en diez años (aunque se las pintaba, quiero pensar que era laca de uñas, en catafalco satinado) y vestía rigurosamente de negro. Además había que verlo bailar. Se le adivinaba su desmedida admiración por Locomía con un cierto entrecruzamiento de Raphael y la muñeira. Me cayó bien.

Ya al sexto cubata, con más confianza, le pedí que me enseñara los colmillos.

-¡Que yo no tengo de eso!-me respondió casi escandalizado.

Parece ser que era un vampiro bueno y como no había matado a nadie pues no se le habían desarrollado los colmillos. Asentí con aire convencido, dando a entender que era un estúpido al no haber pensado en eso. Me perdonó con un gesto de principesca indulgencia y empezamos a hacernos amigos.

Al octavo cubata me contó como, a los doce años, empezó a colarse en el cuarto de su hermana para olerle y lamerle el cuello...decía el tipo que le inducía el ansia de sangre pero yo torcí el gesto casi sin querer y ella se ruborizó un tanto y desvío la conversación.

 Hubo una novena andanada y Ricardito, con no pocos problemas de verticalidad y en rápido tránsito de la exaltación de la amistad a los cantos regionales con su pizca prematura de depresión, acabó de contarme su historia. A los trece, sin perder la querencia por el cuello fraterno, probó por primera vez la sangre durante la matanza que hacían en el pueblo. Parece ser que se amorró al cerdo en cuanto lo pincharon, cosa que no hizo demasiada gracia a sus padres, sin duda unos seres primitivos y poco comprensivos, tal y como afirmaban ambos hermanos (yo me preguntaba si serían primos), y el pobre Ricardito acabó teniendo que visitar asiduamente al psicólogo.

Este profesional, excelente sin duda, logró erradicar las visitas nocturnas de Ricardito al cuarto de su hermana y que la espiara en la ducha pero agravó sus tendencias vampíricas. A los dieciseis dejó de salir de día y a los dieciocho se instaló en el trastero del sótano del bloque de sus padres que amuebló con un ataud y otros complementos convenientes a su condición. Hasta se había comprado una capa aunque, según declaró, todavía no había conseguido volar. Era de hecho, y lo admitía con pesar mientras su hermana ponía gesto compungido, un vampiro imperfecto: sin colmillos, incapaz de volar, de trasformarse en nada...para colmo resultó vegetariano. Necesitaba beber sangre para vivir (decía) pero por lo demás todo verduras, hortalizas y frutas.

Me interesé por el modo en que conseguía la sangre y si era humana.

-No, sangre humana solo he bebido un par de veces...de mi hermana...se hizo unos cortes con unas cuchillas y me dejó beber...pero casi siempre es de animal.

-¿Y como la consigues?

También la hermana que, al parecer, cobraba verdaderos potosíes por oficiar determinados rituales de magia no muy blanca en los que sacrificaba gallinas y otros pobres animales de granja.

Soy paciente y suelo tener mucha manga ancha con las manías y rarezas de la gente, pero debo confesar que tanta confidencia estaba haciéndome llegar al límite. La chica era guapa, sí, pero su vivencia diaría me podía. Empecé a buscar el modo de hacer un mutis elegante pero resultaba algo complicado teniendo en cuenta que mi equipaje estaba en casa de ella, en mitad del campo. Disimulé, pues, y dejé que la noche pasara.

Media hora antes del amanecer hubo que correr...ya saben que los vampiros y el sol...resultó dificil, demasiados cubatas en la sangre pecadora de nuestro vampiro, tuve que llevarlo a cuestas mientras deliraba sobre la inmortalidad, la oscuridad y sembraba periódicamente de vómitos la vía pública. Llegamos a su cuchitril a tiempo de que el sol no le ofendiera.

Una vez allí intentó acostarse en el ataud en el que solía dormir pero fue imposible, estaba demasiado borracho. Le dejamos en el suelo.

Como he dicho, el antro era un trastero del sótano con las paredes cubiertas de terciopelo negro, un ataud colocado sobre un pequeño túmulo funerario decimonónico, una televisión, un aparato de música, un frigorífico toscamente pintado de negro y posters de Bela Lugosi y Christopher Lee debidamente caracterizados. Allí vivía debidamente custodiado por su madre y su hermana, que hacían a turnos de Igor. Cosa muy necesaria ,según colegí de ciertos vagos comentarios, debido a la animadversión provinciana de los vecinos poco amigos de semejantes extravagancias.

El resto de la historia puede imaginarla perfectamente el lector: regreso a la casa de mi anfitriona, glorioso polvo de despedida y desbandada veloz y a la francesa.

Pensé que nunca más encontraría a alguien con la manía de ser un vampiro pero me equivoqué.

Hubo una época en la que mi amigo CC-Madrid, el mismo que tenía una novia canaria que me invitó a cenar viejas en escabeche y al que ya he citado en estas páginas, adquirió la costumbre de invitarme a cenar cada vez que visitaba la capital de España. Era una época anterior a la de la novia canaria y las cenas no eran caseras sino en restaurantes aceptables  y su gracia última consistía en presentarme cada vez a alguien más raro. Ignoro como mi amigo hacía esas amistades pero no dejaba de superarse. Recuerdo a un mamporrero vocacional, a una violinista amnésica, a un portero de discoteca que leía a Platón durante sus turnos y vivía obsesionado por el multiverso y la antimateria, a un abogado cleptómano, a un bizco que usaba bombín y monóculo, a una ninfómana frígida...en fin...

Claro está que mi amigo CC-Madrid (no confundir con C-La Nuit) conocía la historieta antecitada de la bruja pelirroja y Ricardito el vampiro, por eso, unos siete años después de la aventura viguesa, consideró muy divertido traer a una de aquellas cenas a otra vampira confesa. Anticipo ya que fue una experiencia traumática.

La chica vestía con aparatosa estética gótica, incluyendo un apretado corpiño de cuero que no me dejó indiferente, llevaba lentillas rojas y, esta sí, colmillos de vampiro cinematográfico (falsos y que resultaron un cómico engorro a lo largo de nuestra prosaica cena) y se hacía llamar Tiniebla Sangrienta. Impelido por la educación y curado de espantos ante la ya acreditada costumbre de mi amigo de traer gente rara a nuestras cenas, la traté con la mayor naturalidad, como si no advirtiera nada extraño en su aspecto.

Pronto mantuvimos una conversación exclusiva, aparte de los otros comensales. Yo le hablaba de Lovecraft, de Poe, de Dante, de las Noches Lúgubres, de cierta tumba visigótica del Pirineo francés que albergaba un niño al que habían atravesado el corazón con una estaca...y ella me escuchaba extasiada mientras iba creciéndome, gustándome y recreándome en mi propia y latosa erudición. Llegué a pensar que había ligado, y no me digustaba nada la idea de montármelo con una chica con semejante aspecto...hay que variar de vez en cuando ¿no?...lanzarse a lo exótico...y aquel corpiño...además, bien estudiada, no estaba nada mal...

Resumiendo. Acabada la cena, mientras salíamos del restaurante en dirección a  un local de copas, me susurró al oido que los demás la aburrían y que le gustaría que la acompañara a su casa. No me hice de rogar.

Tiniebla Sangrienta vivía en un piso normal, un quinto, por más señas. Y tenía una amiga.

Nos la encontramos, pálida, esquelética, rígidamente tumbada en una cama con los brazos cruzados sobre el pecho, envuelta en una sábana a modo de sudario...por lo visto a Tini (ya la llamaba así, por acortar e ir creando confianza) le ponía mirar mientras sus amantes se montaban números de fingida necrofilia con su amiga que era, además, lo supe después, su  sumisa.

La verdad, no me animé. Fue peor, la "muerta" se mosqueó, se sintió ofendida, se levantó, me insultó y se largó dando un portazo. Le sonreí a Tini y ella se encogió de hombros y suspiró diciendo:

-Pues habrá que pasar directamente al fin de fiesta.

Se acercó, me ilusioné. Me abrazó, le eché mano a la nalga derecha. Me miró a los ojos, le pedí que se quitara las lentillas rojas...sonrió...y rugiendo con furia animal se lanzó contra mi cuello. Por fortuna sus colmillos falsos no eran de buena calidad y se rompieron en el envite pero ella no se amilanó, siguió sujetándome y tratando de morderme el cuello al grito de "¡sangre!¡quiero tu sangre!"...el alboroto atrajo a la "muerta" que se lanzó también sobre mi tratando de sujetarme y aseguro que tuve que abrirme paso hasta la puerta empleándome con rudeza.

Logré al fin huir y me lancé escaleras abajo (no quise esperar el ascensor) mientras desde su puerta me insultaban y gritaban:

-¡Violador!¡violador!

En el tercer piso me crucé con un vecino que salía a tirar la basura en pantalón de pijama y camiseta de tirantes. Pasé a su lado como un rayo y el buen hombre aprovechó para gritarme:

-No les haga caso, están locas.

-Ya lo veo...- le respondí a gritos alcanzando ya el segundo piso.

Y así concluyó mi segunda experiencia con un vampiro. Es decir, no: busqué al amigo CC-Madrid y estuve a punto de saldar nuestras cuentas con violencia. Pero se reía tan a gusto que no pude sino perdonarle.

El tercer y último vampiro que conocí era de unas características muy diferentes. En su juventud, y eso ya dará una idea de su edad, cuando vivía en París alternando su jornada de mecánico en la citroen con sus galas de travesti imitador de Lola Flores y Edith Piaf, había visto la película Spérmula y se la había creido interpretándola a su manera. Decía ser un vampiro gay que no se nutría de sangre sino de semen y pretendía, con esa excusa, chupar cuantos miembros masculinos se le ponían a tiro. Aseguraba haber agotado hasta la extenuación extrema a magníficos garañones...y llevaba una cuenta de los fluidos recolectados que alcanzaba las tres cifras en litros desde 1976...No encontré mejor manera de quitármelo de encima que un buen exabrupto cuartelero a la vieja usanza del machismo castrense. Funcionó.

Bueno, estas son las experiencias vampíricas que puedo aducir a mi curriculum...supongo que mi nueva y adorable amiga no quedará satisfecha con ellas, pero ya lo dije al principio: no todo el monte es Hollywood...y la gente está zumbadísima por esos mundos, sobre todo aquellos que se definen como vampiros.

NOTA.- la foto es de www.Nebulaskin.com

 

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SIN-BRAGAS-PARTIES Y LOS MUNDOS SECRETOS DE J.

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Un viernes que comienza con una bella mujer telefoneándote para decir que te echa de menos y tiene ganas de verte solo puede invitar a soñar. Cuando en esa tesitura propones una cena y unas copas y te responde que ya tiene compromiso y que solo puede aceptar un café después de comer y quizá alguna caña a la hora de la merienda la cosa se tuerce un poco pero queda todavía lejos de amenazar con volver a ser una de esas extrañas noches en las que el mundo parece haberse vuelto loco de remate y los dioses confabulados para reírse de ti. Una de esas noches al final de las cuales uno acaba preguntándose por qué conoce a semejante tropa y como, vistos de día, pueden aparentar tanta normalidad y cordura. Por eso, debo admitirlo, ni siquiera lo sospeché. No tenía planes, mi interlocutora es agradable, guapa y queda entre nosotros una entrañable complicidad heredada de unos meses apasionados que, insospechadamente, al concluir, no se despeñaron en el odio.

-Vale.- acepté.- Pues un café a media tarde.

-Nos vemos, un beso.

 Al cabo estuvimos cuatro horas juntos. Charlamos, bromeamos, reímos...lo pasamos bien. En un momento dado, ya avanzada la tarde, entramos en el terreno de las confidencias y entonces, con el derecho que me dan la amistad presente y la intimidad pasada, indagué sobre la causa última que nos impedía cenar juntos.

-¿Algún hombre quizá...?-aventuré.

Rompió a reír. Por lo visto los hombres ya no le interesan. Su opinión sobre nosotros es poco halagüeña. Además, según me informó, empezamos a ser un género perfectamente prescindible en casi todos los órdenes. ¿Qué mujer necesita hoy en día ser mantenida, protegida o cuidada por un individuo inmaduro, egoista, falocéntrico y que si no lo es llegará a ser calvo y barrigudo?...

-Mujer...-casi me ofendí.

Siguió ilustrándome: el mundo está cambiando y las formas de sexualidad femenina también.

-Como debe ser...-quise hacerme el simpático y el progre.

Ya se acabó la vergüenza, la dependencia, el pudor innecesario...Me explicó que había habido tres hitos encadenados que llevaban a un nuevo horizonte a la sexualidad femenina: las sin-bragas-parties. Empezó todo con la ruptura de inhibiciones que supuso la moda de ir en grupo a ver espectáculos de boys. LLegó después la popularización de los juguetes sexuales femeninos subiéndose otro escalón con las reuniones de tuppersex. Y ahora lo que empezaba a estar de moda eran precisamente una consecuencia lógica de esos avances: las ya citadas sin-bragas.parties. Sin ir más lejos ella tenía una aquella noche y por eso ni podía ni quería salir conmigo.

Quise hacerme el hombre de mundo, fingir que estaba al cabo de la calle, aparentar que sabía de sobra qué era eso de una sin-bragas-party, pero ella me conoce bien y adivinó mi ignorancia, así que me lo explicó con tono didáctico.

Las chicas se reunen en grupos, la fiesta es más divertida cuanto mayor es el número, mi interlocutora me dijo que esa noche iban a ser cinco en su casa, disponen perfectamente limpios y ordenados todos sus adminículos orientados a la autocomplacencia sexual, se despojan de la ropa (o al menos de la parte inferior de la misma) y dedican varias horas a jugar conjuntamente con sus respectivos arsenales. Mi informante me aseguró que la cosa no tiene ningún matiz lésbico, tan solo se trata de amigas hetero reunidas para masturbarse en grupo, un a modo de evolución, y sigo citando a mi informante, de las antiguas fiestas de pijamas adaptadas a los tiempos, las nuevas tecnologías y los avances en inhibición y socialización de las féminas occidentales.

Claro, y este es un aspecto que me interesa sobremanera, que estas reuniones que empiezan a multiplicarse por nuestra geografía tienen otros aspectos de índole social mucho más sórdidos y basados en la competencia y el consumismo. No todo es masturbarse alegremente para alcanzar orgasmos diversos en la buena compañía de unas amigas. En estas reuniones todo se escruta, todo se analiza y todo se critica (después y a espaldas de la interesada) desde la calidad de unas ingles brasileñas de pericia dudosa a la marca, precio y nivel de uso de la lencería interior pasando por la posible presencia de indeseada celulitis, la cantidad y calidad de los elementos del arsenal erótico de cada una o cualquier otro aspecto de la morfología física considerado siempre desde la crítica y nunca desde la afición. En otras palabras, que estas reuniones, en su mayoría de jóvenes profesionales, tienen tanto o más de ostentación social  cuanto de inocente conciliábulo de solteras decididas a la paradójica labor de compartir sus placeres solitarios.

Además, como cualquier otra fiesta, acaban dando lugar a confesiones incómodas (no falta el alcohol antes de comenzar los juegos ni en sus intermedios y pueden aparecer otras drogas) y al encumbramiento individual por aptitudes en principio poco susceptibles de proporcionar brillo social. En el primer caso, y siempre de acuerdo con los comentarios de mi amiga, puede situarse a una asistente a las primeras reuniones más tarde marginada tras confesar en estado etílico que se había enrollado con varias chicas en el instituto y en la universidad y por mirar libidinosamente a sus circunstantes y en el segundo a cierta abogada multiorgásmica que apenas empieza a trabajarse el clítoris...y no para de encadenar estallidos hasta altas horas de la madrugada, sus compañeras la admiran y hasta acaban jaleándola mientras sigue y sigue (han empezado a apodarla La Duracell) o a una funcionaria de nivel A capaz de reproducir diferentes ritmos musicales con los reflujos gaseosos acumulados en su interior durante la penetración del látex. A esta la llaman la Beethoven porque su primera demostración de rítmica aerofagia vaginal fue con el famoso "tatatachán, tatatachán" de la Novena, si no me equivoco de sinfonía, aunque su especialidad es la canción "Escándalo" de Raphael.

 A eso de las nueve nos despedimos mi amiga y yo. Ella se dirigió a su moderna fiesta de chicas y yo enderecé el camino hacia mi casa. Seguía sin tener planes ni barruntos de lo que me aguardaba.

Sabido es que en Zaragoza cruzar la Plaza de España y el Paseo de la Independencia es arriesgarse a encontrarse con cualquier conocido, especialmente a esas horas de un viernes. No otra cosa me sucedió. A la altura de El Corte Inglés topé con A.T. que hubiera podido llegar a convertirse en un gran director de cine de no ser por su compulsiva necesidad de saludar constantemente a cámara, lo que, obviamente, le estropeaba todas las escenas. Intentó hacer dos cortos y en ambos aparecía asomándose en el noventa por ciento de los planos por un lado de la cámara y saludando. No se le comprendió.

A.T. me cae bien, hemos pasado muchas horas juntos hablando de cine (sin mentar nunca su aciaga obsesión) y se dirigía a una sesión de tapas y cañas con un grupo de amigos, me invitó a unirme a ellos y acepté. En eso pasé las tres horas siguientes, se trataba de gente simpática y divertida, lo pasé bien.

A media noche me despedí y traté otra vez de volver a casa. Había llegado ya a la Plaza de Aragón cuando topé con un nuevo conocido: Jay el Coes. Jay (de Jaime), Coes porque perteneció al Cuerpo de Operaciones Especiales y presume constantemente de ello.

De hecho Jay no solo perteneció a las COES, fue abanderado de compañía. Es un tipo enorme, de casi dos metros, musculoso, con mandíbula cuadrada y perfil pétreo de centurión romano, un tipo que jamás sonríe, al que he visto enviar al hospital a un antiguo campeón de los pesos pesados de la URRS en un combate sin reglas del que salió sin ni siquiera sangrar, un tipo que jugó al rugby profesional en Francia y me enseñó a segar una yugular con un filtro de cigarrillo...venía vestido de mariachi y con uno de esos diminutos guitarricos en las manos. Le interrogué con la mirada y suspiró al darme una respuesta ya demasiado repetida en estos meses:

-La crisis, chico.

No hice comentarios, me limité a preguntarle si sabía tocar el instrumento aquel que parecía desaparecer entre sus enormes manos de hombre de acción.

-Ah, es fácil-respondió-pones estos dedos así...y con la otra mano pellizcas  las cuerdas así: pim, pim, pim...

Es obvio que no podía dejarle marchar sin darle la oportunidad de contarme las cuitas que le habían llevado a integrarse en un mariachi, le invité a unas copas. Y así me planté en las cuatro de la madrugada.

A esa hora inicié de nuevo el camino a casa. Tuve que callejear para evitar las omnipresentes obras del tranvía y al dar la vuelta a una esquina me topé de manos a boca con J., que se encontraba, al parecer, en medio de uno de sus jueguecitos. Iba acompañado por dos chicas que a pesar de las bajas temperaturas de la noche de diciembre iban ataviadas muy a la ligera. Concretamente llevaban unas minúsculas minifaldas de cuero negro, unas camisetas de tirantes que les cubrían escuetamente las protuberancias mamarias dejando al descubierto sus ombligos y riñones, altas botas del mismo material que las falditas y largos guantes por encima de los codos, creo que de látex. Al cuello llevaban unos collares con una cadena que acababa en la mano de mi amigo.

El pobre J. al verse sorprendido en pleno disfrute de sus fantasías tuvo un instante de sonrojo petrificado que, debo decirlo, compartí incómodo. Al cabo optamos por la naturalidad, era lo más inteligente. Después de todo las aficiones de mi amigo no son ningún secreto para mí. Le tendí la mano sonriendo como si no adviritera en absoluto la violenta situación en que se encontraba, me la estrechó con timidez. Miré a las chicas, no sabía si era correcto saludarlas o no. Me sonrieron pero no se adelantaron a besarme, de modo que las ignoré. Solo me gusta romper las reglas de los juegos en los que participo.

En un momento semejante, iniciar una conversación siempre es difícil, de modo que me refugié en lo obvio, excelente aliado, junto con los lugares comunes, para soslayar la incomodidad social.

-Así que paseando ¿eh?.-Dije.

J. asintió. Me explicó, y era ya más de lo que deseaba saber, que como había puente aquellas dos sumisas que le reconocían por amo habían llegado de otras ciudades para verle. Se hospedaban en su casa y parte de sus entretenimientos consistían en paseos nocturnos como aquel en los que, como si fueran perras, las sacaba a orinar en la calle. Por lo visto se trataba de una excitante forma de humillarlas y, ya de paso, martirizarlas mediante el frío porque, como se empeñó en demostrarme levantándoles las falditas y las camisetitas, las pobres no llevaban ningún tipo de ropa interior. Me interesé en sus explicaciones como se interesa el turista en las de un guía que le muestra la elaboración de algún producto artesano y, al finalizar, le pregunté si no había tenido algún problema paseando por la ciudad de aquella guisa.

-No-me respondió.-A estas horas, como no hay niños...y ellas son mayores de edad...como mucho la policía nos pide la documentación y ya. Es peor si me pillan cuando las chicas están orinando, en ese caso no nos libra de la multa ni el papa. Pero no suele suceder.

-¿Y la gente?

-Bah, hemos avanzado mucho en estas cosas. La mayor parte se limita a mirarnos de reojo, otros nos aplauden y jalean. Claro, siempre hay algún patoso...pero Mónica (y me señaló a una de las chicas que saludó coqueta y sonriente) es cinturón negro, así que no hay problema.

-Ah.

Me quedaba una última duda. Me consta que J., que a pesar de sus excentricidades no deja de ser un hombre responsable, vive con su padre. Un anciano de más de noventa años gravemente enfermo y con sólidas convicciones morales ,como corresponde a un antiguo y destacado militante falangista y funcionario del franquismo, al que cuida con celo. En la conversación me había dicho que sus sumisas se alojaban en su casa. Quise saber qué decía su padre, el rectísimo moralista de antaño.

-Está encantado.- me respondió.- eso de tener a mujeres guapas paseandose en cueros por la casa...y gratis...

Además J. había encontrado un método para animar al pobre viejo que hasta entonces estaba postrado y casi ausente, con un pie en la tumba.

De vez en cuando le vestía a las chicas de falangistas sexys (camisa azul mahón bien ceñida y anudada bajo el pecho, gorra roja, medias, liguero y zapatos de tacón negros) hacía sonar el Caralsol y el Novio de la Muerte a todo volumen y hacía que las chicas desfilaran a paso legionario delante del viejo moribundo que iba animándose hasta acabar sacando de un armario una bandera de Fet y de las Jons que guarda con mimo y colocarse de abanderado en el desfile. Unas veces va delante marcando el paso, otras detrás, admirando las desnudas nalgas de sus reclutas y eso le quita cincuenta años de encima. En ocasiones incluso consigue el ímpetu necesario para intentar reverdecer laureles donjuanescos.

Evité hacer comentarios. Miré con preocupación mi reloj, advertí que se me hacía tarde y me despedí con la mayor urbanidad y celeridad posibles.

De nuevo camino de mi casa fui considerando varios asuntos. En primer lugar la certeza, arraigada desde mis primeros años, de que las familias más cristianas y decentes son las que guardan los secretos más sucios y decadentes y las más proclives a los comportamientos sexuales más absurdos y pintorescos. Mi amigo J. (que en su juventud casi comete varios asesinatos y un suicidio cuando se enteró de que una de sus hermanas no llegaba virgen al matrimonio) es buen ejemplo de ello.

Otra reflexión, esta más triste, fue que casi todo el mundo se divierte más que yo. Definitivamente mi vida no es nada interesante. Quizá por eso me dedico a escribir chorradas en un blog.

NOTA.- la foto es de Remolacha.Net

 

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GIBRALTAR.

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Era lo que me quedaba por ver: un ministro español pidiéndole disculpas a las "¿autoridades?" de Gibraltar.

Deberíamos mirar atrás y hacer un poco de historia para adquirir la exacta perspectiva sobre Gibraltar, sus autoridades legítimas, el derecho internacional y las aspiraciones inglesas y gibraltareñas expresadas en los últimos tiempos en conseguir, con el amparo de las instituciones europeas (UE, OTAN) que jamás han respondido a los intereses geoestratégicos, políticos o históricos de España (algo hablaremos de eso en el futuro) sino a los del imperialismo anglosajón (Inglaterra, Estados Unidos), el establecimiento de un estado independiente sobre un territorio que es español. Un territorio que han estado ampliando ilícitamente desde el principio de su ocupación y para el que han acumulado, siempre por la fuerza, aprovechándose de la debilidad española en los últimos dos siglos (que, desgraciadamente, persiste entre otras razones por el empeño en desarrollar un estado liberal al gusto anglosajón pero en todo contrario a la idiosincracia política de España) nuevos privilegios contrarios al derecho entre los que se incluyen las actuales pretensiones de aguas territoriales.

Conviene recordar a este respecto que la única autoridad legítima de Gibraltar es su ayuntamiento que no desapareció con la ocupación inglesa sino que se retiró con toda la población a La Línea de la Concepción hasta que les fuera posible regresar. Más tarde el gobierno inglés repobló ilegítimamente el Peñón con colonos venidos de otras colonias que no representan en modo alguno la legitimidad histórica ni pueden constituir autoridades válidas. La institucionalidad legítima de Gibraltar reside en España, la población gibraltareña, instrumento de una ocupación ilegal, no puede ser admitida como parte ni sujeto de ninguna negociación. Por lo tanto, hay que decirlo con claridad: el territorio de Gibraltar es español y debe revertir a España y en esa realidad jurídica, política y geoestratégica indiscutible, los actuales habitantes de Gibraltar no tienen absolutamente nada que decir. Cuando llegue la reunificación es lógico que se les permita seguir ocupando sus viviendas si aceptan sin cortapisas la soberanía española sobre un territorio que es histórica y legítimamente español pero en caso contrario su única opción será abandonar la roca. La españolidad de Gibraltar no es discutible bajo ningún parámetro salvo el de los intereses imperialistas ingleses y el nacionalismo ilícito de unos ocupantes sin derecho a estar donde están y mucho menos a negar la soberanía española sobre Gibraltar y pretender una independencia basada, como hasta ahora ha sido su ocupación, en el desconocimiento de las leyes y el ejercicio de actividades abiertamente delictivas desde el contrabando y la piratería a la habilitación de un paraiso fiscal para el blanqueo de dinero del narcotráfico y otras actividades mafiosas.

Las impropiamente llamadas "autoridades" gibraltareñas han venido siendo un cáncer para la legalidad vigente en España y un acicate para la delincuencia internacional desde el primer instante de su ocupación. Actualmente siguen siéndolo y no cambiarán en el futuro si no se les obliga. Por ese motivo, por pura higiene social, es inatendible cualquier pretensión de legitimidad o de permanencia. De hecho tan solo les protege el todavía vigente poder imperial anglosajón. Terminado este la argumentación de seguridad colectiva para desgajarlos de su nido de piratas brillará como debe.

Claro, los más enterados me hablarán del tratado de Utrech y lo fijarán como fundamento legal de la actual situación. Bien, al respecto hay dos cosas que decir: primero que este tratado no contempla en modo alguno la independencia de Gibraltar ni la existencia de unas supuestas "autoridades" legítimas más allá de las fuerzas de ocupación inglesas y , además, que el peñón debe regresar a España cuando cese en él la ocupación británica. Utrech cierra en todo caso la posibilidad de independencia y de permanencia de una población ilícitamente asentada en un territorio español ocupado por los ingleses. A lo que están jugando ahora el gobierno de Londres y el ilegítimo de Gibraltar es a burlar el tratado de Utrech, a burlar la legalidad vigente, y hacer de su capa un sayo.

Y ahí entramos en el segundo aspecto que debemos tener en cuenta sobre Utrech.

Inglaterra fue, desde el siglo XVI una nación que jamás respetó el derecho internacional. Siendo un pais católico desacató al papa en 1537 para que la monarquía pudiera hacer su voluntad. Hay que recalcar este punto: todo el movimiento protestante, más allá de ser una reacción provinciana y oscurantista contra el Renacimiento, ha sido desde el principio una revuelta contra la legalidad vigente. Yo no soy cristiano y abogo por la destrucción de todas las formas de superstición semita pero como observador objetivo lo digo abierta y claramente: la única legalidad religiosa en el cristianismo occidental es el papa de Roma. Todas las demás sectas son simples hatajos de rebeldes. Otro de los puntos fundamentales de la legalidad internacional era el Tratado de Tordesillas y la Bula Inter Caetera sancionando el reparto de las nuevas tierras encontradas tras los viajes de Colón. Y esa legalidad vigente nunca fue respetada por Inglaterra de modo que cualquier legalidad emanada posteriormente e impuesta por la fuerza carece de legitimidad legal. Es como si en un barrio la mafia impusiera sus propias leyes y luego pretendiera que fueran reconocidas como ley legítima en lugar del código previo. Puesto que Inglaterra es un país que ha actuado ilegítimamente y en contra de la ley desde al menos 1537 todas sus regulaciones y cualquier tratado firmado con sus gobiernos son de facto ilegales e ilegítimos, sin ninguna aplicación ni validez. Sucede lo mismo con su ideología, surgida de la ilegitimidad protestante y orientada a sostener los intereses imperialistas de una nación de hecho ilegítima desde la implantación de la reforma de Enrique VIII. Reforma, por cierto, y conviene no olvidarlo, que fue en contra de los intereses legítimos de una princesa española: Catalina de Aragón. Todo el desarrollo del estado ilegítimo de Inglaterra desde el siglo XVI fue en contra de España, principal representante de la legalidad y el orden legítimo en Europa en esos momentos.

Más aún: no fue España quien firmó el tratado de Utrech, sino los Borbones, dinastía que se impuso en España mediante una guerra civil y que si alguna vez tuvo algún derecho dinástico o de otro tipo al trono lo perdió de facto al ser la causa principal de la destrucción del imperio español. Después de los decretos de Nueva Planta (1713) que clausuraban la idiosincracia política tradicional española imponiendo un centralismo de corte francés y absolutista en todo contrario a la naturaleza política de España, de la pérdida del imperio continental americano (1824), al insular asiatico-americano (1898) y a las legítimas expulsiones de 1868 y 1931 los Borbones perdieron cualquier derecho que pudieran tener. Y no debemos olvidar a este respecto que la restauración de 1975, nunca ratificada con un referendum, es fruto de un régimen fascista y de facto ilegítimo aunque al gusto del imperialismo anglosajón, y se basa en una ley fundamental, la constitución de 1978 continuación de la de 1876 y por lo tanto contraria a la idiosincracia política de España.

Ningún acto de los Borbones puede considerarse vinculante para el estado español, menos aún desde que en 1833 y bajo la influencia del imperialismo inglés y al ansia de enriquecimiento, establecieron un régimen liberal centralista, caciquil y corrupto (seguimos igual, bajo los Borbones ni tuvimos ni tendremos otra cosa) y contrario a la constitución plurinacional y plurisinodal española.

Por lo tanto, se mire como se mire, la postura de Inglaterra y las aspiraciones de los ilegítimos ocupantes de Gibraltar son insostenibles. Si aceptamos Utrech porque la roca debe volver a España y quedar de nuevo bajo el ayuntamiento exiliado en la Línea. Si no lo aceptamos porque no debemos ninguna lealtad a tratados firmados por una dinastía extranjera y perjudicial en defensa de sus propios intereses, no los españoles, con una nación instalada en la ilegalidad.

Sea como fuere, y en previsión de lo que pudiera suceder en un futuro quizá no tan lejano, es preciso afirmar que cualquier gobierno español que aceptase, si quiera como posibilidad, el reconocimiento o la negociación con una supuestas "autoridades" gibraltareñas que no sean las herederas directas del ayuntamiento exiliado, que reconociese la supuesta legitimidad de la ocupación inglesa o la posibilidad de una independencia de la colonia ilegítimamente establecida en Gibraltar estaría contrayendo una gravísima responsabilidad no solo histórica sino criminal. Serían traidores a España y como tales se les debería tratar.

Somos un país sometido al imperialismo anglosajón desde 1833 pero conviene que no olvidemos nunca que nuestra realidad es otra y que nuestro futuro debe corresponderse con nuestra verdadera identidad y en modo alguno con ideologías e imposiciones foráneas. Una de las partes irrenunciables del cambio que necesitamos es el fin de modelos políticos y económicos procedentes del imperialismo protestante anglosajón y la recuperación (evolucionada) de nuestra personalidad histórica, cultural, política y jurídica.

NOTA.-la foto es de Wexdub.

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ROSAMUNDA, OTRO CULEBRÓN DEL SIGLO VI

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Rosamunda era hija del rey gépido Cunimundo y en 565 ignoraba todavía el trágico y novelesco destino que la aguardaba.

Cuando los godos se trasladaron desde el Vístula a la llanura esteparia contigua al Mar Negro, arrastratron consigo numerosos contingentes de etnias diversas y empezaron a relacionarse con el entorno, geográfico y político, que representaba su nueva realidad de modos diversos que el establecimiento de la dinastía de los Amalos a mediados del siglo III y la consecución de su hegemonía política, cristalizada a mediados del siglo IV por el enorme imperio del rey Hermanarico, acabaría cohesionando y homogeneizando hasta cierto punto.

Una de las principales consecuencias del nuevo asentamiento fue que los godos asumieron el modo de vida de los pueblos que encontraron en su nuevo territorio, especialemente los sármatas que en ese periodo estaban experimentado un profundo cambio social y militar que afectaría sobremanera a los propios godos en su adaptación a la estepa.

Los sármatas habían heredado de sus antecesores en la zona, los escitas, un modo de vida nómada propio de los pueblos de las estepas y basado en la caballería ligera. Ello implicaba que las clases altas solo podían distinguirse del resto por el uso de joyas y sus posesiones en ganado así como por la presunción genealógica de modo que en la práctica existía un mayor igualitarismo que implicaba una mayor libertad de los individuos y una menor capacidad de control social y económico de las élites. Además, el escaso precio del equipo militar (en la estepa el caballo era un bien común) hacía que ricos y pobres tuvieran similar importancia militar. Incluso las mujeres, herederas de un estatus social superior procedente de regímenes agrarios, podían participar, y de hecho participaban, en las tareas militares dando origen al mito de las amazonas. Eso empezó a cambiar en el siglo III con el establecimiento del imperio parto que basaba su poder militar en una fuerte caballería pesada que recibía tierras estatales para mantener su equipo al estilo del posterior feudalismo europeo. También los romanos, en eterna guerra con los persas, adoptaron enseguida la innovación técnica que representaban los cataphractari y de este modo se convirtió en la forma moderna y más efectiva de hacer la guerra. Un pequeño grupo de jinetes acorazados que actuasen conjuntamente y bien coordinados podían derrotar facilmente a un número mucho mayor de jinetes ligeros. Tal circunstancia hizo que los nómadas de las estepas adoptaran también rápidamente el modelo de caballería pesada que tuvo, además, profundas consecuencias sociales y políticas en sus sociedades. En primer lugar apartó a las mujeres de la guerra ya que el peso del equipo era excesivo para ellas de tal modo que los restos de prestigio social y político que guardaban de la época previa se difuminó rápidamente permitiendo un mayor asentamiento del poder detentado por los grupos netamente guerreros masculinos al modo de lo que sucedía en el cercano mundo germánico. En segundo, el precio del nuevo equipo permitió marcar estrictas diferencias sociales entre quienes podían costeárselo y los que no de modo que el antiguo igualitarismo dejó paso al establecimiento de una nobleza que se distinguía por su riqueza y por su eficacia militar lo que le permitía reivindicar el protagonísmo político.

Los godos llegaron a las estepas en el momento en que se estaba produciendo este cambio social y militar y lo encararon de diversos modos. Aquellos que darían origen a ostrogodos y visigodos adoptaron el modelo de caballería ligera. Un pequeño grupo, los que llegarían a convertirse en los gépidos, el de la caballería pesada.

La diferencia entre los sármatas y los godos es que los primeros, salvo en casos puntuales y periféricos (el de los alanos asentados más allá del Don), no fueron capaces de establecer reinos centralizados mientras que los segundos, que habían copiado el modelo político de los marcómanos en cuyo complejo entramado estatal llegaron a integrarse en algún momento del siglo I, tenían perfectamente asimilada la idea de monarquía y la centralización de fuerzas y recursos que esta suponía.  De hecho fue la monarquía y su enorme enriquecimiento con las razzias piráticas del siglo III la que dio a los godos, y especialmente al conglomerado de estados y étnias que dominaban los Amalos, la supremacía en las estepas de Ucrania y el sur de Rusia.

 Insospechadamente alcanzó el poder un estado basado en la caballería ligera y ello convirtió a los gépidos, incorporados al imperio de los Amalos en el siglo III o comienzos del IV, en una figura exótica digna de la rechifla de sus primos godos que se burlaban de ellos por su escasa movilidad. Corrió el chiste de que los gépidos siempre llegaban tarde a los sitios y semejante chiste se trasladó incluso a los mitos fundacionales del pueblo gótico. Por Jordanes sabemos que la leyenda decía que los godos venían de Escania y que llegaron al Vístula en tres barcos. Los dos primeros tripulados por ostrogodos y visigodos, el último por los gepidos, que llegaron tarde, como siempre. Se trata de una evolución tardía de la leyenda fundacional aparecida probablemente en las postrimerías del siglo V cuando se dibujaron definitivamente estos tres grupos. Y, es ocioso decirlo, carece por completo de validez histórica. Todos los pueblos germánicos, o la mayoría de ellos, tienen una similar leyenda fundacional que les hace proceder del otro lado del mar, de una isla fantástica, la llamada Escania. Eso hizo que durante siglos se creyera que todos estos pueblos procedían de Escandinavia y recordaban su llegada al continente mediante el cruce del Báltico. Es falso. El mito de atravesar el mar para comenzar a existir como pueblo alude más bien a un origen primigenio. Para estos pueblos, como para los celtas, el mar representa la frontera con el más allá y atravesarlo representa morir o nacer según en la dirección en que se transite. Pero a finales del siglo V ostrogodos, visigodos y gépidos eran ya arrianos y hacía mucho que se había perdido el significado primigenio de sus mitos fundacionales y esto es más cierto en Jordanes, godo y obispo católico en cuyos escritos percibimos una decidida voluntad de derribar creencias heredadas del todavía cercano pasado pagano.

Sea como fuere, tras la destrucción del reino de los Amalos en 375, los gépidos quedaron durante ochenta años bajo el dominio de los hunos y no les fue mal. En 451 nos encontramos a Ardarico, rey de los gépidos, dirigiendo todo un ala del ejército de Atila en los Campos Catalaúnicos y, poco después, en 454, durante las disensiones sucesorias entre los hijos del gran rey huno, el propio Ardarico dirigirá una revuelta de los gépidos que derrotará a los hunos en la batalla del Nedao.

Después de eso los hunos fueron expulsados por los gépidos de sus tierras en Panonia y Arderico logró establecer allí un reino independiente tras pactar con los romanos la liberación de los ciudadanos de esa nacionalidad esclavizados por los hunos y, especialmente, de los habitantes de Aquilea que volverían a Italia para fundar Venecia.

El reino y la dinastía establecida por Ardarico duraron poco más de un siglo llegando hasta el ya citado Cunimundo que sería el último rey de este pueblo.

 Curiosamente, el destino del reino de los gépidos iba a gestarse muy lejos del Danubio, en las fronteras del imperio chino. Los chinos, en su afán por extender las fronteras de su dominio hasta las tierras improductivas de la estepa, pasaron gran parte de su historia en pugna con las grandes confederaciones tribales que se conformaban en dichas fronteras. Allí, siempre en conflicto con China cuyo centro político y económico se encontraba mucho más al interior que actualmente y en perfecta realción con la ruta de la seda y los contactos comerciales con Persia, India y Roma, los imperios se construían y destruían dejando a su paso una estela de refugiados obligados a emigrar. Los Yuan-yuan sucedieron a los hunos y fueron a su vez aniquilados por un imperio naciente: el de los turcos celestiales, a mediados del siglo VI.

Obligadas a huir de sus triunfantes enemigos algunas de las tribus que habían formado parte de la oligarquía yuan-yuan, marcharon hacia occidente agrupándose bajo el nombre de ávaros. En su avance englobaron numerosos grupos menores que se acogieron a su denominación, incluyendo a gran número de búlgaros, de protohúngaros y otras poblaciones ugro-finesas, restos de grupos alanos y de antiguos integrantes del conglomerado de los hunos y se presentaron en el Danubio presionando sobre el imperio bizantino.

Su presencia puso también en jaque al reino gépido que, en buenas relaciones con Constantinopla, había llevado una existencia estable y próspera desde la destrucción del imperio de Atila en 454. Pero, precisamente esa fidelidad a Bizancio iba a convertirle en incomodísimo enemigo de los ávaros. Establecidos estos en el curso bajo del Danubio y enfrentados a la superviviente Roma oriental, tener en el curso medio un reino aliado de Constantinopla les suponía una amenaza enorme. Por ese motivo, apenas se asentaron, los ávaros buscaron el modo de destruir el reino gépido y encontraron el instrumento perfecto en un pueblo hasta entonces menor, sin excesivo protagonismo histórico y en la práctica satélite del poderoso reino gépido: los longobardos.

 Estos eran a la vez un pueblo antiguo y primitivo. Según el Origen del Pueblo Longobardo escrito por Pablo Diácono, su origen se encontraba en Escania, al otro lado del mar desde donde llegaron a la desembocadura del Elba. Ya sabemos que este era un mitema común a todos los pueblos germánicos que los propios longobardos debieron adoptar tardíamente, quizá una vez asentados ya en Italia y como medio de asimilación con antecesores más prestigiosos como los ostrogodos.Conocemos, sin embargo, otra versión de su origen más acorde con la realidad histórica, la del Códex Gothanum. Según esta fuente los longobardos vivían primitivamente en las orillas del río Vindelico en la frontera de las Galias en un periodo anterior a la odinización religiosa y social, incluso a su germanización, cuando se denominaban winnili. Hay que explicar a este respecto que los conceptos "celta" y "germano" fueron en muchos casos, por no decir en todos, fruto de modas culturales que abarcaron a pueblos concomitantes y a menudo emparentados pero no necesariamente con orígenes y composiciones comunes. Conocemos datos históricos de pueblos celtas germanizados con el paso del tiempo tales como los lugios que acabaron conformando parte del conglomerado vándalo o los boios que devinieron bávaros. El propio celtismo fue producto de un cambio político y económico en la última edad del bronce que se extendió durante la del hierro celtizando grupos diversos. Lo mismo sucedió con la germanización y los longobardos son un excelente ejemplo de ello.

Ignoramos cuales fueron los factores determinantes de su emigración, pero podemos intuir que estuvo relacionada o bien con las incursiones de Ariovisto o, más probablemente, con la invasión romana. Sea como fuere, el siglo I de la era los encuentra establecidos ya en la desembocadura del Elba donde se verán afectados por los intentos romanos de desplazar su frontera desde el Rin a ese río. Sabemos que no lo consiguieron, pero sus intentos atomizaron los pueblos preexistentes transformando su ideología previa hasta convertirlos en sociedades jerárquicas basadas en principados erigidos sobre clientelas guerreras y con una ética agonística relacionada con el culto a Odín-Wotan.

El odinismo, como religión e ideología, surgió entre las tribus que habitaban el interfluvio Rin-Elba durante el siglo I y en relación directa con las sangrientas y constantes guerras desarolladas contra Roma a veces por brillantes caudillos como Arminio que portaba un nombre teóforo originario de un dios anterior, Thyr, que pasaría en breve a aplicarse a Odin con un evidente cambio de sentido espiritual e ideológico.

 Los longobardos conservaban vivo en sus tradiciones el recuerdo de su odinización y lo vinculaban directamente con un periodo de guerra.

Sus leyendas recordaban perfectamente un periodo anterior en el que les gobernaba una reina, Gambara, es decir, una época de ideología agraria y religión relacionada con entidades femeninas de la fecundidad, la propia Gambara se nos presenta como sacerdotisa de la diosa Freya. Las circunstancias hicieron cambiar esa ideología. La leyenda nos habla ya de que Gambara fue sucedida por dos hijos: Ybar y Aio que se vieron obligados a pelear contra los vándalos que tenían como deidad superior a Wotan. La tradición decía que siendo los vándalos más numerosos y más apreciados por el dios de la guerra en cuanto a guerreros probados, la diosa Freya aconsejó a los hijos de Gambara que pusiesen barbas a sus mujeres de modo que hiciesen bulto y, de paso, fingiesen ser un ejército de aguerridos varones. Eso llamó la atención de Wotan que les dio la victoria sobre los vándalos quedando de este modo como dios principal de los longobardos, nombrados así por las "largas barbas" de sus "guerreros" en aquella batalla que venían a imitar la probervial del propio Wotan.

Ya en el siglo I los longobardos se habían odinizado y entrado a formar parte del entramado de pueblos germánicos como demuestra que estuviesen sometidos al reino de Marbod y que más tarde ayudasen al nieto de Arminio a recuperar su trono. Dejaron más tarde el Elba y trataron de asentarse sin éxito dentro del territorio romano. Los siglos siguientes, dada su escasa entidad numérica, vivieron azarosamente pasando de una integración parcial en el entramado de tribus suevas a caer bajo el dominio de los emergentes sajones contra los que se sublevaron bajo el mando de su rey Agelmundo. Durante el siglo IV conservaron precariamente su independencia hasta caer bajo dominio huno en el V. Acabado el imperio de Atila recuperaron su independencia y su monarquía pero como simples satélites de estados más poderosos como los gépidos y, sobre todo, los ostrogodos establecidos en Italia.

Fueron precisamente las guerras de los bizantinos contra los ostrogodos las que permitieron a los longobardos prosperar económica y políticamente. Necesitados de tropas facilmente transportables a Italia, los bizantinos recurrieron a la monarquía longobarda, establecia aproximadamente entre las actuales Austria, Chequia y Baviera. Muchos nobles longobardos se enriquecieron luchando en Italia primero y en Asia Menor después con sus clientelas armadas bajo generales bizantinos. De pronto estar en buenas relaciones con el rey de los longobardos se convirtió en una buena baza para prosperar y fue así como a partir del 550 muchos nobles de pueblos circunvecinos (jutos, suevos, sajones...) fueron amalgamándose en torno a la monarquía longobarda aumentando su poder. Tres lustros después, con los ostrogodos aniquilados y los bizantinos ocupados en sus sempiternas guerras con los persas y presionados por los ávaros y los eslavos en el Danubio, se presentó ante los longobardos la oportunidad de conquistar las tierras de Italia mucho más ricas y codiciadas que las que poseían en ese momento. Solo tenían un problema: el reino de los gépidos, aliado de los bizantinos.

Lo solucionaron facilmente: se aliaron con los ávaros recién llegados y atacaron a los gépidos por dos frentes distintos. La guerra fue corta y terminó cuando Cunimundo, el rey de los gépidos, murió en combate el año 567.

Y precisamente ahí, comienza la historia de su hija, Rosamunda.

 Alboino, el rey de los longobardos, que al núcleo original de su pueblo había unido contingentes apreciables de otros vecinos (sajones, jutos, turingios, warnos, suevos, hérulos, rugios...) y recibido de los ávaros otros no menos importantes de búlgaros (que acabarían constituyendo su propio kanato en torno a Cantalupo) y eslavos, necesitaba contar también con los gépidos. En parte para aumentar aún más las filas de su ejército pero, sobre todo, para evitar que eligieran un nuevo rey y reiniciasen la lucha. Por este motivo contrajo matrimonio con Rosamunda, hija del difunto Cunimundo, convirtiéndose por ese medio en rey de los gépidos.

Reunido un gran contingente militar y solucionado el problema político-dinástico con los derrotados gépidos, en la primavera del 568, Alboino partió del lago Balaton con toda su gente. Un año después había conquistado ya Milán y se encontraba asediando Pavía. Esta ciudad resistió el cerco longobardo durante tres años, hasta 572. Una vez conquistada Alboino pudo considerar finalizada su campaña y controlado todo el valle del Po. Procedió entonces a agradecérselo a los dioses y, en especial, a Wotan. Los longobardos eran todavía paganos en esa época. Parte de la ceremonia consistió en que el rey y la reina bebieran de un recipiente sagrado: el cráneo del rey Cunimundo convertido en copa ceremonial. Se trataba de una costumbre de origen céltico muy antigua, ya Tito Livio  nos cuenta hablando sobre los boios del norte de Italia en 216 a.n.e.: "Los caudillos de los boios llevan en triunfo al templo que entre ellos es el más venerable los despojos del cuerpo y la cabeza cortada. Luego de que, como tienen por costumbre, han limpiado cuidadosamente la cabeza adornan el cráneo con oro y la utilizan como vaso sagrado con el que hacen las libaciones en sus solemnidades así como de copa para los sacerdotes y encargados del templo." Y no de otro modo procedieron por esas fechas con el cadaver del cónsul Póstumo Albino cuyo cráneo fue convertido en copa sagrada. Casi ochocientos años más tarde los longobardos conservaban idéntica costumbre y en este caso la cabeza utilizada como copa fue la del rey Cunimundo. Cosa que, como podemos comprender, ni le hizo demasiada gracia a su hija Rosamunda ni iba a perdonar con facilidad.

Fue a partir de ese instante, de esa ceremonia que para ella debió resultar terrible por dos motivos: su educación como arriana y su relación filial con el difunto convertido en reliquia, cuando Rosamunda se lanzó a conspirar abiertamente contra su forzado marido. Contaba para sus manejos con los gépidos que la seguían desde el antiguo asentamiento y una facción de los longobardos aglutinada en torno a Helmiquio, que se había convertido en su amante. De este modo, antes de que acabara el año 572, el de la rendición de Pavía, Helmiquio y un destacado guerrero gépido, Peredeo, asesinaron a Alboino mientras  dormía la siesta.

El complot incluía la coronación de Helmiquio como nuevo rey de los longobardos que legitimaría su posición casándose a su vez con Rosamunda, transmisora ahora no solo de la legitimidad monárquica gépida también de la longobarda. Pero Alboino era un jefe querido por sus triunfos y la mayor parte de los longobardos, apoyados por los ávaros, no aceptaron la coronación de Helmiquio a quien apoyaban los bizantinos y este, junto con Rosamunda y su séquito encabezado por Peredeo, se vieron forzados a huir a Rávena, capital del exarcado bizantino de Italia. Se llevaron con ellos a Alspvinda, la única hija de Alboino, tenida en un matrimonio anterior con una princesa merovingia, y el tesoro real, que representaba la legitimidad y la personalidad misma del pueblo. Los longobardos tardaron diez años en poder elegir un rey común después de semejante golpe.

A los golpistas tampoco les fue demasiado bien.

Una vez en Rávena, Helmiquio y Rosamunda contrajeron matrimonio pero ella se enamoró del exarca bizantino, Flavio Longino, y quiso enviudar para poder vivir libremente su amor. Para conseguirlo optó por la vía rápida: envenenar a su ya incómodo marido. Cierto día le "especió " el vino que bebía. Helmiquio, trasegada media copa, comprendió lo que sucedía y obligó a su esposa a beber el resto. Murieron los dos.

Flavio Longino, que ni por las armas ni por la traición había logrado evitar la invasión longobarda, fue destituido de su cargo en 573.

Peredeo fue trasladado a Constantinopla donde se distinguió ante el emperador y se convirtió en un personaje famoso, popular incluso, matando un león en el circo. Su popularidad le pareció peligrosa al emperador Justino II que le mandó cegar no fuera a utilizarla en contra de la politica bizantina en la propia Constantinopla o en Italia. Peredeo, ya ciego, se acercó al palacio imperial rogando hablar con el emperador sobre importantes asuntos italianos. Justino no se atrevió a recibirle, en su lugar le envió dos patricios que el gépido, aun sin ver, asesinó a puñaladas. Después de eso fue ejecutado.

Así concluyó la historia de los gépidos y se vio gravemente alterada la de los longobardos y esta es la novelesca vida de la última princesa gépida.

NOTA.- la fotografía es de Sebastiá Giralt

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12/12/2009 18:02 disidenteporaccidente Enlace permanente. historia No hay comentarios. Comentar.

FAMILIA CRISTIANA Y EVOLUCIÓN

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El modelo de familia defendido y fomentado por el cristianismo es aberrante, contrario a la razón y a la naturaleza basado en la superstición y procedente de un primitivo objetivo sectario: destruir los antiguos lazos gentilicios de la sociedad pagana para aislar a los individuos y poder lavarles más fácilmente el cerebro convirtièndolos en peones de los dirigentes de las diferentes sectas cristianas que se apropiaban de sus mentes y sus haberes convirtiéndolos en dóciles esclavos que instrumentalizar como elementos de producción en régimen de explotación (no otra cosa fueron en origen las comunidades y monasterios cristianos). Hoy las cosas han cambiado poco. El manteniemiento, a  menudo secuestrando las leyes que deben regular las relaciones generales de una sociedad diversa y no servir para imponer al conjunto de una sociedad sojuzgada los principios ideológicos de una secta numerosa, de ese modelo familiar, indisolublemente asociado a una determinada definición de los papeles sexuales ( y sociales) y a una determinada y contraproducente moral basada en la idea de pecado que debe erradicarse sin contemplaciones en aras de una mejor formación personal y comunitaria, tiene como finalidad última mantener el poder sectario en la sociedad, poder íntimamente relacionado con la desigualdad social y el acopio ilegítimo de bienes comunes así como con un sistema de producción incompatible con la supervivencia de la especie.

En efecto, el modelo cristiano de familia está destinado a perpetuar una sociedad autoritaria y clasista en la que la sumisión de esposa e hijos al cabeza de familia sirve de base para un diseño piramidal que permita el dominio económico, social y político de una élite en la que se entremezclan ideología de explotación y acumulación ilegítima de recursos y riqueza y sancionamiento teocrático de dicha organización asimétrica. Ya solamente por eso podría considerarse inmoral, indeseable y contraproducente dicho modelo sostenido tan solo mediante la fuerza (la imposición del cristianismo se ha basado siempre en la mentira, el secuestro del estado en favor de la secta y en la represión) y evidentemente contrario a los intereses generales de la humanidad.

Pero hay más.

 Los individuos formados dentro de ese esquema aberrante e indeseable sufren graves mermas en su desarrollo autónomo y en su apreciación de la realidad motivadas por las tareas de control mental y lavado de cerebro que los cristianos llaman educación y no son otra cosa que adoctrinamiento sectario.

En primer lugar hay que tener en cuenta la imposición de los papeles sexuales desde la infancia y de la idea de pecado que vienen a cercenar no solo la libertad del individuo limitando su campo de experiencia y de desarrollo personal, social y sexual sino también, como se ha dicho, a grabar en la maleable conciencia infantil los conceptos de jerarquía, sometimiento y pecado induciéndole a buscar y soportar una supervisión externa el resto de su vida que será directa o indirectamente controlada por la secta para perpetuar sus propios intereses y seguir infectando a nuevas generaciones. En ese sentido cualquier relación de los cristianos ( o los musulmanes o los judíos) con la educación debe ser erradicada sin contemplaciones y  tampoco debe admitirse el sofisma de que los padres son libres de educar a sus hijos en sus creencias. Del mismo modo que no se toleraría que les contagiasen el tifus o les impidiesen aprender a leer debe impedirse que les contaminen con ideologías oscurantistas contrarias al progreso y la libertad. Los miembros de sectas semitas se han dedicado durante siglos a corromper la sociedad y conviene evitar que sigan haciéndolo.

Cristianismo, islam y judaísmo son sectas procedentes de una mentalidad anclada en la edad del bronce y basadas en la superstición que no son ni pueden considerarse respuestas aceptables para encarar la evolución humana y por lo tanto carecen de derecho al respeto o la neutralidad. Que sean muchos y muy poderosos no implica que tengan razón. De hecho son un cáncer ideológico y social que debe combatirse aun desde la minoría y la debilidad. Y ese combate debe comenzar en la educación, apartando a los niños de su nociva influencia ideológica y moral, y continuarse en la transformación de las leyes para que no vengan a amparar puntos de vista sociales irracionales y contrarios a la evolución del ser humano como individuo, sociedad y especie.

La moral semita crea individuos enfermos y sociedades autoritarias y paranoicas instaladas en la hipocresía y en la represión de una naturaleza que no se puede negar. Por lo tanto podemos decir que todas las sociedades basadas en las ideas semitas son básicamente aberrantes y deben cambiarse.

El modelo cristiano de familia con los papeles sexuales y sociales muy definidos desde el superego sectario inculcado en la "educación" tiende a la formación de indivíduos lastrados, incompletos, absolutamente alejados del ideal de autosuficiencia que debe presidir la verdadera educación. No hace falta elucubrar mucho al respecto, tenemos los efectos de esa educación delante de nuestros ojos. Basta mirar a las personas de edad suficiente para haber pasado toda la vida bajo el dominio absoluto de una secta cristiana, en el caso de España la católica. Miremos a nuestras abuelas y a nuestros abuelos. Ellos, por lo general, incapaces de valerse por sí mismos en casa, sin saber cocinar, coser o planchar, ellas completamente inoperantes en la calle, sin saber hacer una gestión o valerse por sí mismas. Cuanto más ha influido la ideología cristiana en una familia más cierto es lo que digo. Ni siquiera tengo que argumentarlo: el ejemplo está ahí, delante de nuestros ojos, solo hay que querer mirar.

Se me dirá que las cosas han cambiado, que se ha evolucionado...y es cierto, pero no gracias a las sectas semitas sino precisamente a su decaimiento durante algunas décadas del siglo XX. Semitismo y evolución son incompatibles. Importa poco la imagen de conveniencia que las diferentes sectas adopten en cada momento para hacerse soportables por la sociedad, en cuanto toman el poder su rostro es siempre el mismo.

Con todo lo dicho quedaría perfectamente claro que los modelos familiares, morales y educativos patrocinados por las sectas basadas en la superstición semita son aberrantes, inmorales e indeseables y que es preciso eliminarlos a la mayor brevedad y sin tener en cuenta la opinión, mediatizada, manipulada y miope de los individuos infectados por esas ideologías sectarias ya que su criterio está nublado por el lavado de cerebro y el condicionamiento social (de hecho quienes van a misa, llevan sus hijos a colegios religiosos o perpetuan ritos sectarios como el bautismo, la comunión, la circuncisión u otros similares deberían perder el derecho al voto y la ciudadanía en cuanto entes enfermos hasta que recuperasen la cordura liberándose de la influencia de las sectas en su mentalidad y comportamiento). Pero queda un último punto que tratar al respecto.

Puesto que la evolución es la principal exigencia moral y ética de la humanidad resulta evidente que la sociedad debe habilitarse sobre esquemas que favorezcan esa evolución. Y el modelo cristiano que propugna el apareamiento exclusivo de un solo macho y una sola hembra, perjudicando a la variabilidad de mezclas genéticas, viene a perjudicar y retardar la evolución de la especie desde el punto de vista genético. También cualquier sistema poligámico en el que varias hembras queden bajo el espectro reproductor de un solo macho. Conviene recordar a este respecto que la idea de matrimonio y uniones permanentes no es natural en el ser humano sino sobrevenida en relación directa con la defensa de intereses patrimoniales y por lo tanto consustancial al surgimiento de las primitivas oligarquías y sistemas injustos de perpetuación de poder y acaparamiento de bienes previamente comunales. Quizá el sistema cumplió un papel útil en el neolítico pero ha quedado obsoleto, sobre todo partiendo de la base de la aceptación de nuestra condición de monos evolucionados con la obligación moral de seguir mejorando. Hay que acabar con esos modelos caducos de familias férreamente estructuradas tendiendo hacia modelos más laxos, variados y comunales. Modelos que no partan de la superstición, que declinen conscientemente la idea de pecado y las interdicciones físicas y sexuales en la educación posponiendo definitivamente la promociòn de papeles sexuales y sociales preconcebidos y artificiales.

En otras palabras y para terminar: la moral y el modelo de familia cristiana (y semita en general) son conceptos caducos, obsoletos e indeseables que están perjudicando la evolución del ser humano como individuo, como sociedad y como especie y que deben tender a la erradicación para el establecimiento de modelos más acordes con la exigencia moral básica de la humanidad: su evolución.

NOTA.-la foto es de Loci Lenar

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15/12/2009 18:57 disidenteporaccidente Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

TRES SOCIALISMOS QUE NO LO SON

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El socialismo es una meta irrenunciable de la humanidad. El futuro será socialista o no será. Es la vía lógica de evolución social, económica, política y personal basada en valores de cooperación, de libertad, de igualdad y de razón y  en abierto contraste con la actual preponderancia de los valores de avaricia, explotación, irracionalidad y dominio promovidos por el triunfante liberalismo capitalista y las opciones teocrático-totalitarias que ,en muchos casos (wahabismo saudí, republicanismo estadounidense, democracia-cristiana en Europa y América...), vienen a ser lo mismo.

Por ese motivo conviene definir adecuadamente qué es socialismo y qué, utilizando propagandísticamente su nombre, está lejos de serlo conduciendo indefectiblemente a efectos perversos y tan indeseados como indeseables.

 Actualmente existen tres importantes focos mundiales en América que enarbolan pomposamente la bandera roja del socialismo y que pretenden encarnar las esencias de este movimiento construyendo lo que demagógicamente se denomina "Socialismo del siglo XXI" en un perverso ejercicio de manipulación del lenguaje y de la historia que debe denunciarse y tenerse muy en cuenta de cara al futuro. El verdadero movimiento socialista no debe contaminarse en ningún momento con las ideas, actos y tendencias encarnadas por dichos focos "revolucionarios" so pena de perder su verdadera esencia de progreso modernizador y caer en el abismo de la regresión estulta y la promoción de modelos sociales, ideológicos y políticos caudillistas y contraproducentes.

Evidentemente los focos a los que me refiero son Venezuela, Brasil y Bolivia.

Conviene que los analicemos siquiera sea someramente para comprender mejor su naturaleza en todo contraria al verdadero socialismo.

Claro, enseguida saltarán las voces acérrimas y sempiternas clamando sobre Cuba. Pero ese es un asunto distinto que se sintetiza con absoluta sencillez: el comunismo en todas partes funciona igual, creando una oligarquía compuesta por los dirigentes del partido que viene a sustituir a la oligarquía previa y acaba reproduciendo sus esquemas de desigualdad e injusticia en perjuicio del pueblo. El comunismo hace décadas que dejó de ser una referencia para el socialismo al que, en general, traicionaron todas las oligarquías comunistas establecidas en el mundo (la Unión Soviética no cayó por la acción del bloque capitalista sino porque las políticas de Gorbachov tendentes a acabar con la corrupción de las altas esferas y los privilegios del Aparato, no convenían a la oligarquía soviética que hizo caer la Unión para seguir disfrutando sus prevendas y su enriquecimiento ilícito. China ha seguido un modelo similar pero más sucio y desvergonzado en el que manteniendo el entramado represivo del partido y del estado se ha adoptado el capitalismo en beneficio de los miembros de la oligarquía establecida)...Cuba no es una excepción. Sin embargo hay que reconocer que es el único estado americano que ha escapado durante más de medio siglo al colonialismo estadounidense, que sus sistemas públicos de formación y sanidad son mejores que los de sus vecinos, incluídos los Estados Unidos, y que la pobreza no es culpa del régimen sino del intolerable embargo de los gobiernos yanquis. Y admitir que la oposición "democrática" ,especialmente la que se nuclea en torno a Miami, representa un mal peor para Cuba y el mundo que el castrismo. En conjunto son una hechura ultraderechista del ultraderechismo republicano y su llegada al poder, que sucederá, será una pésima noticia para el pueblo cubano, para la independencia del país y para el conjunto del desarrollo mundial. Tendremos mandando en La Habana pequeños Bush, pequeños Aznares o pequeños Berlusconis cuyo poder tendremos que lamentar. Y Cuba acabará con una independencia similar a la de Puerto Rico.

Zanjado el tema de Cuba, centrémonos ahora en el que nos ocupa.

De los tres ejemplos propuestos, el mejor valorado internacionalmente es sin duda el brasileño. Brasil es una potencia emergente bien valorada en los círculos de la globalización mundial y que asciende puestos en el reconocimiento internacional como ha demostrado recientemente la concesión de los juegos olímpicos. Basta este dato, la complacencia del capitalismo internacional, para señalarnos que no nos encontramos en modo alguno ante una política verdaderamente socialista ni revolucionaria.

Puede que Lula Da Silva fuera socialista alguna vez pero sus concurrencias electorales acabaron por domesticarle. En 1989 perdió las elecciones presidenciales en gran medida por el juego sucio de la derecha (en todo el mundo, y siguiendo el ejemplo de los Estados Unidos, la derecha utiliza la mentira, el victimismo, la demagogia y los trucos más indignos para conservar o alcanzar el poder conculcando deliberadamente el ideario y la legalidad democráticos) pero también por el temor de la clase media a su pasado sindicalista. Más triste fue lo de 1994 y 1998 cuando perdió las elecciones frente a un socialdemócrata. Resultaba evidente que si quería ganar las elecciones debía moderar mucho su discurso y sus ambiciones sociales. Y eso hizo. Cuando por fin ganó las presidenciales de 2003 acabó poniendo al frente de la economía brasileña, del Banco de Brasil, a Meirelles, que procedía de la banca privada estadounidense y representaba la ideología ultracapitalista y globalizadora más pura. Con esa medida y otras similares Lula se presentó ante el mundo como un remedo de los políticos socialdemócratas europeos, portadores de un programa más o menos social pero absolutamente domesticados por un capitalismo internacional del que forman parte sirviendo como elementos de equilibrio coyuntural pero sin verdaderos deseos de cambio.

Por supuesto, la política de Lula solo puede calificarse de exitosa en muchos puntos: la pobreza disminuye, los programas sociales, antes inexistentes, se habilitan y prosperan, Brasil es escuchado internacionalmente...pero el Partido de los Trabajadores abandonó hace mucho tiempo cualquier vía al socialismo y, desde luego, deja mucho que desear como factor de transformación social como demuestra el hecho de que sea precisamente en Brasil donde mayor dinamismo han alcanzado en su expansión y asentamiento las sectas evangelistas y neopentecostalistas portadoras de la más teocrática, arcaizante, derechista y oscurantista ideología procedente de la superstición semita. Una sociedad en la que el fanatismo religioso, especialmente de base semita, es fuerte y no combatido jamás podrá alcanzar la libertad ni la igualdad y permanecerá perennemente bajo la amenaza de la involución moral y mental. En ese sentido podemos afirmar que la presidencia de Lula es solo un paréntesis útil al capitalismo triunfante ( y neocon) que fomentará algo el reparto de riqueza tan solo para evitar males mayores pero cortará de cuajo cualquier posible evolución hacia modelos más racionales y evolucionados de mentalidad y organización social. Por lo tanto, el experimento brasileño dista mucho de constituir una vía al socialismo y considerarlo así servirá tan solo para que la ultraderecha teocrática pervierta y domestique un movimiento, el socialista, que siempre ha existido y solo puede existir como antagonista de dicha ideología de control social y moral y explotación económica.

De modo que el socialismo de Lula no es en realidad socialismo ni lo será nunca.

Pasemos a Venezuela.

El propio Chávez ha declarado que no empezó a pensar seriamente en el socialismo hasta que trataron de derrocarle militarmente en 2003. Y sigue sin pensar. Una cosa es que esgrima la palabra como una amenaza terrible contra la oligarquía tradicional venezolana y para alentar la adhesión a su causa de los sectores más desfavorecidos de la población y otra que esa su verdadera ideología.

No olvidemos que la supuesta "revolución" de Chávez es ante todo bolivariana y que el bolivarianismo fue desde comienzos de los setenta la ideología en la que militó el espadón caribeño.

Entramos así en el vidrioso asunto de las identidades nacionales de la América hispana y su dependencia de modelos decimonónicos no superados que alentando un nacionalismo militante han frenado de facto el avance de esas sociedades.

De hecho, y aunque viniendo de un español la idea pueda paracer ofensiva, la causa última del atraso y decadencia política así como de la injusticia social en la América hispánica no se encuentra tanto en la época de la colonia cuanto en la incapacidad y desinterés de los estados subsiguientes a lo largo de dos siglos de independencia bajo tutela de las potencias anglosajonas.

Los criollos que se sublevaron contra España, independientemente de cual fuera su retórica demagógica, no lo hicieron movidos por grandes ideales sino por míseros y concretos intereses de clase. Traicionaron a su país (España) y se convirtieron en títeres de una nueva potencia colonial (Inglaterra primero, Estados Unidos después) pensando exclusivamente en su prosperidad económica y política como clase social y en cuanto medro personal no como patriotas. Importa poco cual fuera la situación anterior a 1808, lo cierto es que desde 1824 los estados que se consolidaron en la América hispana se basaron en una rígida división social y en una ideología de origen calvinista, el liberalismo, que favoreciendo el enriquecimiento de unos pocos, condenaba a la mayoría a la simple condición de elementos explotados. Debe añadirse a ello la corrupción propia de un movimiento basado en el liberalismo (que es un sistema corrupto per se) y la sujección a los intereses colonialistas de Inglaterra y Estados Unidos que generaron la frustración del desarrollo social de los nuevos estados convirtiéndolos en semicolonias cuya ideología consistía en favorecer a las clases altas, aliadas de los intereses coloniales, sin favorecer en nada a la mayoría de la población. Toda la retórica de los "libertadores" era mentira y ,cuando no, quedó en agua de borrajas. Eso sin contar con que la ambición personal de unos y de otros, los parcialidades regionales y la dinámica misma de la guerra engendró una larga serie de provincianos imitadores de Napoleón devenidos en próceres y dictadores que en nada beneficiaron a sus conciudadanos legando una larga y perjudicial tradición de caudillismos salvapatrias que bajo toda su demagogia siempre venían a resolverse en lo mismo: la imposición de una facción de la oligarquía sobre otra manteniendo todo exactamente como estaba.

En ese sentido uno de los grandes desafíos que tienen los países de la América hispana para dar el salto adelante que necesitan y convertirse en estados verdaderamente viables y al servicio del común de sus ciudadanos es replantearse toda la retórica heredada de sus libertadores, ponerla en perspectiva y acabar comprendiendo que el patriotismo no pasa por la simple exaltación nacionalista de determinados conceptos y personalidades, por lo demás de signo liberal-conservador y claramente al servicio de la oligarquía, sino de reconocer abiertamente los fallos y errores y luchar por subsanarlos aunque ello implique conculcar tradiciones y leyendas que bajo el patrioterismo esconden en realidad la sumisión a potencias extranjeras y el beneficio de los menos con el sacrificio de los más. El verdadero socialismo en América debe afrontar esa labor. No se trata de desandar el camino andado ni mucho menos de volver al siglo XVIII, sino de saltar definitivamente hacia el XXI. La independencia se hizo como se hizo y, no podía ser de otro modo, fue hija de su tiempo. Ahora hay que superar sus errores y desterrar sus dogmas abriéndose a caminos nuevos que mejoren la suerte de unos países que merecen mejor suerte de la que sufren y eso solo puede hacerse modificando sus bases ideológicas fundacionales hacia una mayor eficiencia (y eso quiere decir entre otras cosas mayor igualdad y justicia social) en cuanto estados.

Desde el mismo momento en que Chávez se proclama bolivariano se hace heredero directo de esa tradición ideológica patriotera (que no nacionalista), liberal ( y por lo tanto sometida a los intereses de las potencias anglosajonas) y basada  en la explotación y la corrupción que tanto daño han hecho a América y que tanto importa desterrar. Así las cosas la verdadera faz de su "revolución" se enmarca en la lucha fáctica de la oligarquía venezolana una parte de la cual, perjudicada por los pactos de Punto Fijo (1958) y la subsiguiente estabilidad bipartidista, buscaba imponerse por medios alternativos.

Dentro de esa dinámica, la manipulación de las masas descontentas con la política neoliberal de Carlos Andrés Perez (propia de la sumisión a los intereses estadounidenses de la oligarquía venezolana) y la capitalización del Caracazo de 1989, fue tan solo una finta coyuntural que, tras el fallido golpe de 1992 y el subsiguiente triunfo electoral de Chávez, se ha mantenido en el tiempo como arma eficaz de la facción oligárquica emergente contra la derrotada. Pero dista de ser sincera.

De hecho cuando Chávez plantea que el "socialismo del siglo XXI" debe basarse estrictamente en el cristianismo y que su bolivarianismo se basa en la economía autosostenible (es decir: la autarquía) y deja al pueblo una participación en el sistema basada especialemente en el referendum y en ciertas prácticas plebiscitarias controladas en realidad está trazando un panorama idológico mucho más cercano al franquismo o al peronismo que a cualquier forma de socialismo conocida o por conocer.

Así que podemos afirmar que la supuesta vía al socialismo de Venezuela, lejos de serlo es más bien una reedición de los peores fantasmas del fascismo hispánico a ambos lados del Atlántico con un formato diferente y mucho, muchísimo cinismo.

Para terminar nos ocuparemos de Bolivia.

En este país la palabra socialismo esconde en realidad un revuelta india que lejos de encarnar valores de progreso y evolución eleva a categoría de objetivo la universalización del arcaismo de unas culturas escasamente evolucionadas. Sé que muchos "progres" bienpensantes y pacatos se horrorizarán con mis palabras y me tacharán de racista pero del mismo modo que existe un fundamentalismo cristiano o musulmán, existe un fundamentalismo indígena alejado de la modernidad, descolgado hace siglos de la evolución civilizatoria y anclado en presupuestos superados hace tiempo en el resto del mundo. En estas páginas se repite a menudo que la ideología semita nos retrotrae a la edad del bronce. La indígena, hay que decirlo, al neolítico y es, por lo tanto, igualmente inviable como constituyente del socialismo transformador.

Independientemente de la necesidad de establecer una justicia social interracial que incluya a los indígenas en toda América y especialmente en paises donde son numerosos, y aceptando el hecho de que las especifidades culturales deben salvaguardarse y protegerse, el hecho es que las mentalidades indígenas no son elementos transformadores ni propiciadores de la necesaria evolución. Su propio anclarse en la tradición las convierte en perpetuadoras de estereotipos sociales contrarios a la modernización.

Lo que está sucediendo en Bolivia es posible que arrebate el poder a los blancos para ponerlo en manos de los indígenas, pero hará muy poco en favor de la evolución social hacia nuevos modelos de ordenación, especialmente en lo tocante a la liberación de la mujer y la superación de esquemas familiares periclitados basados en el patriarcado y sus efectos jerárquicos indeseables. El triunfo de la revuelta indígena boliviana significará de hecho el alejamiento de Bolivia de los estándares occidentales de civilización y por lo tanto una regresión moral que retrasará la evolución conjunta del país a niveles propios de sociedades preindustriales. Una verdadera lástima y nítida constatación de que el romanticismo indigenista tan querido por muchos sectores sentimentalmente progresistas pero intelectualmente decadentes no es sino otra cara del oscurantismo, una rémora indeseable para el necesario y cada vez más urgente progreso humano.

Los indios necesitan modernización y aggiornamento antes de poder hablar de socialismo y, desde luego, de pretender marcar el camino a los demás. Es triste pero es así.

Por lo tanto, y a pesar de la retórica demagógica de sus aparatos propagandísticos, ni Brasil ni Venezuela ni Bolivia son vías válidas al socialismo y sus modelos se encuentran en abierto contraste con la necesaria evolución social amenazando con desarrollar efectos aberrantes perjudiciales para la marcha de la humanidad hacia su fin moral ineludible.

PD (a 22 de diciembre de 2009).- Prueba definitiva y absolutamente nítida de que ninguno de los regímenes descritos en este artículo es verdaderamente socialista y sí portadores de valores retrógrados y contrarios al progreso humano es su comportamiento en la cumbre del clima de Copenhague.

Hoy en día socialismo y ecologismo son una misma cosa. No se puede avanzar socialmente sin incorporar a la mentalidad política y la organización social y económica el respeto al medio ambiente y las medidas necesarias para garantizar la viabilidad de nuestra civilización y nuestra supervivencia en el planeta.

Y en Copenhague hemos visto a Brásil negociando con los Estados Unidos y China en un golpe de mano contra las propuestas de reducción de la Unión Europea guiándose por intereses bastardos anclados en el más anticuado y regresivo capitalismo ultraliberal, convirtiéndose en cómplice de los regímenes más retrógrados y nocivos de la tierra, los mayores enemigos del progreso y la libertad, en defensa de una oligarquía emergente movida por la ambición y no por la inteligencia. Nada nuevo por otro lado si tenemos en cuenta las políticas de deforestación del Amazonas y de gestión rapaz e insostenible de la naturaleza propias de los diferentes gobiernos brasileños. Así las cosas podemos decir que Brasil no solo no es una vía al socialismo sino que esconde una política netamente neoliberal y, por lo tanto, inviable y perjudicial para el planeta y la sociedad. Brasil, a niveles ideológicos y de responsabilidad se ha puesto al nivel de Estados Unidos y China y debemos suponerle, por lo tanto, su misma calaña moral y peligrosidad social y ecológica.

Del mismo modo Venezuela y Bolivia, con su obsceno obstruccionismo en Copenhague jugaron a emular el papel de los países árabes en cuanto detentadores de yacimientos de combustibles fósiles y, por lo tanto, perpetuadores de un sistema político y económico periclitado y tan ultraliberal como nocivo. Todo por defender intereses particulares en detrimento del bien común. Por lo tanto cabe afirmar también que, detrás de toda su demagogia, esconden tan solo aspiraciones propias de mentalidades neoliberales ya superadas por las nuevas propuestas de avance social en las que se concatenan justicia social y sostenibilidad ecológica. Así que digan lo que digan Chávez y Morales no son distintos de los jeques del golfo o el amiguito Bush. Cualquier cosa menos socialistas y opciones de progreso y futuro.

Gentuzilla demagoga de tres al cuarto risibles si no supusieran un peligro para el progreso y el bien común. En definitiva caudillos tercermundistas absolutamente prescindibles.

Una lástima, yo que casi me había ilusionado con ellos...

NOTA.- la foto es de Webgol.

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POLLACHUNGA: EL HOMBRE DEL PENE GAFE

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Le conocí en el instituto y aunque realmente nunca hemos sido amigos, las circunstancias me han permitido seguir la cadena de desgracias culminadas días pasados con esta última que parece definitiva. No he visto nunca tan mala suerte y tan constante insistencia de accidentes en un mismo apéndice corporal. Y, sí, hay que admitirlo, este pobre tipo (cuyo nombre obviaré) tiene el pene gafe.

Comenzó todo cuando estábamos en el instituto. No debíamos de tener más de quince años. Se acercaba el verano, los días soleados sin temperaturas excesivas invitaban a pasear, amar y comunicarse con la naturaleza y los exámenes finales parecían todavía una vaga amenaza lejana. Nuestro sujeto tenía una novia, acaso la primera, y durante una excursión (teníamos un profesor de ciencias naturales loco que nos llevaba a los Monegros a cazar escorpiones) se las apañó para apartarla del grupo, encontrar una discreta umbría (quien conozca los Monegros admirará su habilidad o su suerte) y perderse allí con su amada, una chica algo rolliza de pelo corto y negro, amplia sonrisa y extremadamente generosa con los apuntes.

Todavía hoy no sabemos a ciencia cierta a qué se dedicaban los tortolitos entre los matorrales pero varios extremos parecen comprobados. Se hallaban tumbados, el uno junto al otro. La bragueta del tipo estaba bajada y su miembro expuesto y en erección y entonces aparecieron no una ni dos: tres enormes avispas que dieron en rondar con desconocidas pero preocupantes intenciones el descubierto glande del enamorado. La chica se asustó, quiso espantarlas con las manos logrando tan solo enfurecerlas y que varias ,sino todas, descargasen su furia con el excitado y malhadado pene de nuestro sujeto.

El pobrecillo rompió a gritar y los circunstantes llegamos antes de que pudiera adecentarse. Ya entonces empezaba a notarse la hinchazón. Hubo que trasladarlo de urgencia al hospital.

Obviamente él no quería, pero todo el instituto pasó a verle por allí y casi nadie pudo aguantar la risa. Lo tenían tumbado bocarriba, desnudo y con una especie de enorme mosquitera cubierta por una sábana que protegía la zona afectada. De sus labios entreabiertos se escapaba un quejido constante y su expresión era propiamente la de un nazareno agonizante.

Mi amigo Javier B., que llegó a ser un excelente abogado y ya entonces era un cabronazo muy hábil con la mentira y pocas ideas buenas, tuvo la malévola de presentarse muy serio ante el convaleciente y decirle que se lo estaban ocultando pero que había pocas posibilidades de salvar el miembro agredido. El veneno de las avispas lo había gangrenado y era preciso cortar por lo sano.

-La próxima vez que te pinchen- explicó- será para sedarte, te llevarán al quirófano y...se acabó todo.

El enfermo fingió no creerle pero todos los presentes pusimos cara de circunstancias y guardamos compungido silencio.

Poco después vino a echarnos una enfermera, era la hora de la medicación o de la cura o de algo así y nosotros sobrábamos.

Fuimos disciplinados, abandonamos la habitación y marchamos en silencio hacia el ascensor. No habíamos dado tres pasos cuando nos adelantó, el culo al aire, las manos sosteniendo el enorme bulto de las vendas, gritando como una nena y corriendo con las piernas cómicamente combadas a causa de los aparatosos apósitos, el afectado. Le perseguían la enfermera, cara de asombro, jeringuilla en ristre, su madre y un cura con boina que paseaba por los pasillos vio el tumulto y se sumó a la caravana. No lograron alcanzarle. El tipo ganó las escaleras y se lanzó como alma que lleva el diablo hacia la calle. Estábamos en la octava planta, no lograron cazarle hasta la tercera y para ello tuvo que hacerle un duro placaje cierto celador robusto y cejijunto.

Después de eso le tuvieron siempre atado a la cama. Y creo, no puedo asegurarlo, que nunca nos perdonó.

En cualquier caso el tiempo pasó y aquel triste incidente de las avispas empezó a quedar en simple anécdota del pasado, en hecho aislado sin trascendencia hasta que la desgracia vino a abatirse de nuevo sobre el pene de nuestro protagonista.

De nuevo un lugar apartado, la presencia de una novia, el amor convertido en tragedia.

Tendría entonces unos diecinueve o veinte años, acababa de comprarse su primer coche y fue a aparcarlo, una noche de sábado, al Cabezo Cortado, inveterado lugar de revolcones motorizados desde hacía ya tres décadas. Eligió un mal sitio, en cuesta, pero solía suceder si se llegaba demasiado tarde al lugar. Tampoco era una circunstancia que hasta ese momento pudiera juzgarse trascendente.

En este caso concreto los hechos están un poco más claros. Es practicamente seguro que la chica, se trataba de una novia diferente a la de las avispas, se aplicó en practicarle una felación al desgraciado sujeto.

Lo que ignoramos es qué sucedió un par de cientos de metros más arriba, en otro vehículo aparcado en la zona con las mismas intenciones que las de nuestro sujeto. Sabemos que la pareja, era una pareja, tenía las luces apagadas, los cristales empañados, que estaban a medio vestir y que alguno de sus gimnásticos movimientos acabó soltando el freno de mano. El coche, lentamente, comenzó a descender en punto muerto por la cuesta y sus ocupantes, distraídos en sus tareas, no se percataron del hecho hasta que la velocidad fue ya demasiada para poder reaccionar.

Tuvieron suerte y puntería. Impactaron contra la parte trasera del vehículo de mi amigo, le llamaré así, y eso les frenó.

El problema es que impactaron con suficiente fuerza para desplazar a la chica de su posición reclinada en el asiento y, dado que tenía el enhiesto miembro de su novio en la boca, el repentino movimiento acompañado de un acto reflejo de los músculos de la mandíbula que la cerraron, convirtió sus dientes en un inesperado cepo que hirió profunda y circularmente el órgano viril del chico que comenzó de inmediato a gritar y sangrar.

Una vez más hubo que trasladarlo de urgencia al hospital y estuvo a punto de perder el pene. Le cortaron la hemorragia, le cosieron las heridas y le tranquilizaron pero la boca humana es un foco peligrosísimo de infección y algunas bacterias transferidas de los dientes de su amada a sus tejidos desgarrados le crearon nuevos, dolorosísimos y preocupantes problemas que, finalmente, los médicos, a fuerza de antibióticos, lograron solucionar.

Por segunda vez salvaba el sujeto su integridad física, pero estaba lejos de imaginar que sus problemas continuarían en los años siguientes.

Alguien, imagino que con buena intención, le recomendó, para recuperar un tanto su maltrecho instrumento, recurrir a baños de sol y agua marina, de modo que nuestro pobre gafado comenzó a frecuentar playas nudistas donde después de exponer, imagino que bien embadurnados de factor protector, sus atributos al astro rey, solía dejarse flotar durante horas alejado de la playa, con la cabeza y los brazos apoyados en una almohada hinchable mientras las corrientes masajeaban suavemente el maltratado y malhadado pene. Y de esta costumbre surgió su tercera desgracia.

Me contaron, yo no estaba presente, que el buen hombre estaba dormitando con los brazos y la cabeza sobre su colchoneta a una distancia prudencial de la costa, lejos de los molestos bañistas dedicados a juegos ruidosos, cuando un pez de especie desconocida (no se le logró atrapar y las huellas que dejó en el objeto de su deseo no sirvieron para identificarle, creo que ningún experto quiso mirar con detenimiento aquel miembro sanguinolento) confundió el apéndice amoroso con algún genero de gusano marino y arremetió contra él presa de incontenible apetito. Desde la playa empezaron a oir los gritos, ver brotar la sangre...y todo el mundo corrió tierra adentro, pensando en un tiburón. Durante varios minutos mi antiguo compañero de instituto tuvo que luchar en solitario contra aquella bestia marina que se negaba a soltarle y tiraba hacia abajo ondulando el cuerpo para conseguir llevarse su presa. Finalmente, cuando la lancha de la guardia civil llegó hasta donde se encontraba mi amigo y sus tripulantes empezaron a subirlo a bordo, el pez soltó y se escabulló dejando en las retinas de los rescatadores apenas un fulgor plateado en medio del  agua ensangrentada.

De nuevo el pobre gafe fue enviado a un hospital y de nuevo debió pasar varios meses sometido a cuidados y labores de restauración necesariamente dolorosas y poco envidiables.

Pero se recuperó de nuevo, y hasta volvió a tener novia.

 Recuperó la ilusión hasta el punto de intentar jueguecitos exóticos y de nuevo, unos dos años después de su incidente marino, volvió a ser presa de la mala suerte. La información en este punto es escasa porque el interesado procuró mantener los hechos en secreto pero, llevado por la curiosidad, he logrado averiguar lo suficiente como para reconstruir la concatenación de acontecimientos que le llevó de nuevo al hospital (donde ya le apodaban el Pollachunga) con el pene fracturado.

Era verano y vivía en plena efervescencia pasional con su novia (encontrarlos por las terrazas de la ciudad era casi como asistir al preludio de un espectáculo pornográfico y en ocasiones la urgencia les llevaba a culminar en cualquier portal o parque), también era un apasionado de la fruta. Cierto día se encontraban solos en casa de ella, entregados a sus íntimos deleites cuando, no puedo determinar con exactitud a cual de los dos, se le ocurrió intentar un jueguecito nuevo en el que intervenía un melón. La idea era agujerear la dulce y jugosa cucurbitácea, excitar de diversos modos el malhadado falo y, cuando estuviese en condiciones, que la penetrase mientras la sujetaba y manipulaba su novia. Así lo hicieron y, parece ser, que al principio todo funcionó bien.

Desgraciadamente no tuvieron en cuenta dos factores determinantes en los que, a decir verdad, nadie pensaría sin una experiencia previa: que el melón con un solo agujero hacía efecto ventosa (me dicen que para este tipo de prácticas es preciso abrir dos orificios uno a cada lado de la fruta para evitar tan incómodo suceso) y que el miembro, con la excitación, aumenta de tamaño llegando a abotargarse si la sangre no puede fluir debidamente encontrando una vía de reflujo. En otras palabras: que el Pollachunga se quedó atascado en el melón, en plena erección y sin poder maniobrar.

La novia no se preocupó demasiado. Supuso que agrandando un poco el agujerito...lo intentó con las manos pero no lo consiguió. Quiso recurrir entonces a un cuchillo pero nuestro protagonista había sufrido demasiados percances como para admitir semejante riesgo. Prefirió adoptar un método percusivo. Ella pensó en un martillo pero el Pollachunga se negó también, los carga el diablo, sobre todo cerca de su pene gafado. Optó, finalmente, por golpear el melón contra la pared con ayuda de la chica. Funcionó mal. Al principio los golpes débiles y cuidadosos resultaron incluso placenteros pero una vez alcanzada la culminación del acto y cuando el miembro había pasado de estar enhiesto a inflamado se tornaron dolorosos, incluso dolorosísimos, con el inconveniente de no afectar para nada a la integridad estructural del melón. La novia decidió que había que golpear más fuerte. El Pollachunga quiso negarse, disuadirla...lloró, rogó...todo inútil. La joven ya había tomado una decisión y no iba a dejarse frenar. Sujetó el enorme y engorroso fruto con firmeza y los estrelló furiosamente contra el quicio de una puerta dos o tres veces mientras su novio gritaba con desesperado desafuero.

En favor de la novia hay que admitir que la cucurbitácea estalló en mil pedazos liberando el miembro atrapado. En su demérito que la violenta operación quebró en dos el abotargado pene produciendo a su propietario una dolorosísima lesión por la que de nuevo se vio forzado a ingresar en el hospital donde el Pollachunga se había convertido ya en toda una leyenda de mala suerte dentro del servicio de urgencias, leyenda que escuchaban incrédulas todas las enfermeras novatas  y que, supongo, sigue transmitiéndose de generación en generación.

 La recuperación fue lenta y dolorosa pero se produjo sin embargo y, una vez más, nuestro sujeto superó una dolorosa y traumática prueba de la vida retomando la normalidad con fe y moderado optimismo.

No había vuelto a saber nada de él hasta hace apenas dos días.

De pronto, y contra todo pronóstico, amaneció nevando, circunstancia no excesivamente frecuente en esta ciudad. Tenía tiempo libre y, sin ni siquiera afeitarme, cogí la cámara y salí a inmortalizar las postales más bonitas que pudiera encontrar. Recorrí kilómetros bajo los copos, buscando mantas blancas sobre los parques y tejados con estampa navideña y, casualmente, me topé con el Pollachunga a la salida del Parque Primo de Rivera, junto al Canal Imperial (no lejos de donde sufrió su segundo percance). El tipo estaba paseando su perro, un enorme y malencarado rottweiler. Nos reconocimos y la hipocresía social nos forzó a pararnos y charlar con la mayor confianza como si fuéramos íntimos. Por supuesto no le pregunté si había sufrido nuevos accidentes en los años que perdimos el contacto, aunque la curiosidad, si he de ser sincero, me devoraba.

Estábamos en esto, informándonos de nuestras respectivas situaciones laborales y civiles (él se ha casado, no con la novia del melón, parece que aquel incidente acabó con su relación, con una sucesora) cuando se acercó a nosotros una chica joven que paseaba un diminuto caniche con su abriguito y unos lacitos en las orejas. El rottweiler del Pollachunga se lanzó inopinadamente sobre el otro perrito y pensé de veras que iba a destrozarlo entre sus mandíbulas, sin embargo el adorable caniche se revolvió bravamente, extravió la mirada, rompió a gruñir, llenó su hocico de espesa espuma y arremetió contra su formidable adversario que inició una cobarde huida aullando de pánico. Tan impulsivo resultò su movimiento de evasión que hizo resbalar en el hielo a su dueño que cayó sentado al suelo llamando la atención del enloquecido caniche. Este, sin ni siquiera descomponer sus adorables lacitos y mientras su dueña contemplaba horrorizada (las manos enguantadas en las mejillas) la escena, arremetió contra el descabalgado Pollachunga que excitó más su furia tratando de apartarlo con los pies. De algún modo el falderillo enojado logró burlar las patadas de mi amigo y pudo llegar al cuerpo a cuerpo...nuestro sujeto seguía sentado en el suelo...excuso decir donde fue a agarrar el diabólico perrito...

Lo siguiente es mejor no detallarlo. El Pollachunga lanzaba horribles gritos mientras el bicho, mordiéndole de firme, tiraba y se revolvía con saña. La sangre comenzó a manar, la dueña pataleaba en el suelo diciendo que aquello no era propio de su Fifí y que, en realidad, no estaba sucediendo. Yo, durante algunos instantes cruciales, quedé petrificado por la sorpresa, cuando pude reaccionar traté de separar al enajenado animal de su presa...fueron segundos eternos...Al cabo de un rato llegaron la policía y la ambulancia. Dicen los médicos que muy posiblemente esta vez el Pollachunga no tenga tanta suerte como en desgracias anteriores.

No sé...

NOTA: la foto es de Alejandro Cortés.

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22/12/2009 21:22 disidenteporaccidente Enlace permanente. cosas que pasan No hay comentarios. Comentar.

MADRID TOMADA POR LOS TALIBANES (CRISTIANOS)

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El mayor avance de España en los últimos treinta años, aquel del que debemos estar más orgullosos y que con más mimo debemos cuidar es, precisamente, el de la convivencia. El hecho, milagroso en la historia de este país cainita, de que personas de diferentes ideologías, derechistas e izquierdistas, cristianos y no cristianos, taurinos y antitaurinos, podamos convivir con civismo, normalidad y tranquilidad y no solo eso: llegar incluso a ser amigos. Si hay algo de lo que me precio es precisamente de eso, de tener amigos, incluso muy queridos, entre aquellos que piensan de un modo diferente al mío o entre aquellos otros que viniendo de otras partes del mundo a trabajar y llevar una vida ordenada se han establecido aquí en un momento en el que, por fortuna, podemos recibir inmigrantes en lugar de emigrar.

La falta de crispación en la sociedad es total. Cada cual hace lo que le da gana sin molestar al de al lado y todos tan contentos. El noventa por ciento de los católicos que se declaran como tales ( y que van a misa de pascuas a ramos) viven su condición sin maximalismos y sin desconectarse de la marcha de una sociedad viva en constante progreso de la que naturalmente forman parte sin desentonar y los que no somos católicos, ni siquiera cristianos, vivimos en el respeto de las libertades ajenas procurando abrir caminos para que estas sean cada vez mayores en la certeza evidente de que un derecho no es nunca una obligación. Hace tiempo que dejamos de creer, si es que lo hicimos alguna vez, en ideas monolíticas y monodimensionales pasando a desarrollar una sociedad multidimensional en la que todos cabemos y todos podemos convivir. Hace tiempo que no nos escandalizamos de nada y dejamos que los demás vivan su vida a su manera. La diversidad sin discriminación ni exasperación es el fruto más inmediato de la libertad. La convivencia en el respeto la expresión máxima de una sociedad madura y civilizada. Esa es la España en la que he vivido en los últimos treinta años y esa es la España en la que deseo seguir viviendo en el futuro.

Desgraciadamente esa sociedad plural, libre y respetuosa dista mucho de vivir libre de amenazas. De hecho, cada minuto que pasa se encuentra más asediada por el resurgir de planteamientos oscurantistas y totalitarios que pugnan por destrozar ese espacio de libertad para sojuzgar a la mayoría social en beneficio de una minoría sectaria teocrática e irracional. En ese campo, sin duda el cada vez más extendido integrismo islámico y la amenaza que representa el crecimiento de las sectas evangélicas y protestantes de diversa laya (sin olvidar la implantación y expansión de determinadas mentalidades y supersticiones hechiceriles vinculadas al asentamiento de atrasadas comunidades inmigrantes de procedencia africana o americana) son los aspectos más llamativos y exóticos y, por ese mismo motivo, más preocupantes. Sin embargo la verdadera amenaza que se cierne en estos días sobre la convivencia en libertad y paz de la sociedad española es la de ultraderecha de siempre, la caverna tardofranquista y nacional-católica que nunca desapareció y desde hace más de una década, impulsada por el auge neocon de los Estados Unidos, se ha despojado de la legítima vergüenza que sentía por su papel en la historia para lanzarse de nuevo a la conquista del estado y al secuestro del poder y la capacidad legislativa y coercitiva para imponerse de nuevo al conjunto de un pueblo que siempre les despreció y en el que SIEMPRE fueron minoritarios (incluso en los años cuarenta, tras centenares de miles de asesinatos y casi un millón de expulsiones).

Han vuelto y conviene ir haciéndoles frente.

Son una minoría indeseada y lo saben, saben que no tienen absolutamente nada que ofrecer a una sociedad que hace mucho que les dio la espalda y que su única vía de ascenso es la agitación, el victimismo, la mentira y, en última instancia, como siempre, la violencia. Por ese motivo su ocupación favorita es alborotar y generar ruido mediático para dar la impresión de que son mucho más numerosos y con mucho más peso político del que realmente disponen.

El asalto comenzó en el campo político con la ocupación de la cúpula del Partido Popular.

Hace veinte años el PP se encontraba en una encrucijada: podía decantarse hacia el desempeño de una opción de centro-derecha moderada y constructiva o abismarse abiertamente en la involución. La toma del poder dentro del partido por parte de Aznar y su corte decidió la balanza en favor de la opción más retrógrada y destructiva. Desde entonces la radicalización derechista del PP ha sido constante y, con un poco de suerte, cabe la posibilidad de que acabe pasándole factura electoral. Porque en  este tiempo ya hemos visto todo lo que da de sí esa opción neconservadora y ultraliberal filofranquista y probushista. En la oposición, como carecen de propuestas interesantes y constructivas (toda su política es liberalizar, destruir el estado del bienestar, imponer la mentalidad ultraconservadora, desproteger al pueblo, robar y prevaricar) se dedican a esparcir mierda y generar conflicto buscando exacerbar y radicalizar los ánimos en aras de votos procedentes del miedo, del rencor o del descontento. No les importa comprometer al estado, llevarlo incluso a las puertas de la destrucción si ello les da el poder. Lo demostraron en su asalto a la Moncloa desde 1989 a 1996 y lo han vuelto a demostrar desde que perdieron las elecciones tras su intento de semigolpe de estado en 2004. Generan conflictos donde no los hay solo para llegar al poder prometiendo mano dura y lograr de este modo imponer su programa, que esconden celosamente, de destrucción del estado y habilitamiento de legislaciones retrógradas.

 Un ejemplo claro de lo que digo es su afición por amenazar con la ruptura de España cuando son ellos, con su radicalismo centralista y castellanizante, quienes más han hecho por el crecimiento de las opciones independentistas y cuando son precisamente las autonomías gobernadas por ellos las que menos acatan las leyes generales y más hacen por desestructurar la unidad estatal en aras de unos intereses bastardos cuales son los del ultracatolicismo filofascista que acaudilla ese figurón siniestro y repugnante que es el llamado Rouco Varela.

Tampoco deja de ser gracioso que siempre tengan, demagógicamente, la palabra libertad en la boca cuando ellos son la mayor amenaza para dicha libertad como demuestra, entre otras cosas, su gestión de las licencias de medios de comunicación cuando han podido repartirlas estando en el poder. Sabemos, es un hecho, que las han puesto en manos de medios sectarios (como la COPE) o claramente fascistoides y neoconservadores (como Intereconomía) marginando injustamente a medios centristas y no digamos ya izquierdistas. Llevan la mentira y la dictadura en la sangre y no desean otra cosa que una sociedad autoritaria levantada sobre los mimbres del nacionalcatolicismo y con un ligerísimo barniz democrático expresado en insulsas elecciones periódicas que no cambien nada. Eso buscan.

Es lógico por tanto, que una vez alcanzado el poder promocionaran los sectores más radicales del catolicismo ultraconservador dándoles pábulo para erigirse falsamente en los portavoces del sentir general de los católicos e, indirectamente, de la sociedad, de su parte "sana"...de ahí viene, de ese bastardo apoyo político, mediático y económico (un dinero que sale en gran medida de las arcas del estado, del dinero de todos) el hecho de que esa facción ande crecida y medio sublevada empeñada en la conquista del estado o, en su defecto, en chantajearlo hasta conseguir sus propósitos en perjuicio del conjunto de toda la sociedad y de la convivencia que hemos construido durante estos treinta años de democracia.

Hay que decirlo: Rouco y sus acólitos son minoritarios incluso dentro de la iglesia española que aspiran a dominar (de los 115 obispos que hay en España apenas fueron capaces de reunir a 30 en su pachanga madrileña del pasado domingo, pachanga, por cierto, muy similar a las concentraciones del franquismo, de los varios millones de católicos confesos apenas arrastraron a 40000) y representan los sectores más nocivos y destructivos de la misma en perfecta comunión con grupúsculos como el Opus y los Neocatecumenales que deberían ser de una vez por todas definidos legalmente como lo que son (sectas destructivas) y perseguidos como tales.

Nadie, salvo una minoría agresiva, torva y sanguinaria quiso nunca el nacionalcatolicismo que impusieron en 1939 y que la dictadura franquista perpetuó hasta 1975. Nadie, salvo una minoría manipulada mediante métodos sectarios de control mental y lavado de cerebro o abierta coaccíón quiere hoy en día volver al nacionalcatolicismo, a que los párrocos tengan la potestad de expedir certificados de buena conducta a los ciudadanos en función de si asisten o no a misa y del dinero que dejan en el cepillo (cosa que, no lo olvidemos, sucedía bajo el franquismo), a que el derecho de familia sea el derecho eclesiástico, a que todo tenga que ser de un solo color (gris sucio)...esa no es la España que hemos construido entre todos (católicos o no)  y que amamos y debemos defender.  Nuestra España es la de la pluralidad en paz, la de la convivencia, la de la libertad...y hay que gritarlo bien alto.

El pasado domingo una panda de talibanes cristianos, apoyados por un gobierno autónomo ultraneocon y algunos medios de comunicación cercanos al neofranquismo tomaron Madrid, la capital que fue y debe seguir siendo de la España moderna, alegre y libre, plaza mayor en la que todos tenemos hueco, para defender el oscurantismo y la teocracia de siempre. No podemos dejarlo pasar. Con los talibanes (aunque sean cristianos) solo cabe la tolerancia cero, callarse y mirar para otro lado acaba trayendo consecuencias como las que podemos ver en Afganistán o Irán.

Hay que pararles los pies ahora so pena de involución...

Y deberían empezar a hacerlo los propios católicos, los moderados que son mayoría y se están dejando arrebatar el control de sus propios destinos y de su voz. Deberían hacerlo dentro de la iglesia (claro que eso solo sería posible si esta fuera una institución democrática que tuviera en cuenta a sus propias bases, cosa que no sucede) y desde luego deben hacerlo en las urnas dando la espalda al PP. De lo contrario ellos serán los máximos responsables de la talibanización de España. Porque dicen hablar en su nombre.

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