ESPAÑA: FASCISTA Y KAFKIANA.

Todavía me rondan por la memoria los jubilosos balidos del aborregado vulgo hispano desgañitándose después de la inútil victoria en el mundial de fútbol con el soniquete triunfalista y no por ello menos absurdo de "¡yo soy español, español, español...español!...
Estaban orgullosos de serlo, y lo proclamaban como si el mero hecho de poseer dicha condición supusiese un mérito per se, por la intrascendente circunstancia de que una selección patria de un deporte amañado, embrutecedor y sin verdadera trascendencia deportiva (¿cuantos éxitos internacionales ha conseguido la selección española de fútbol en comparación con las de otros deportes...si el futbol no estuviera apoyado por el sistema y constituyera un sencillo medio de faccionalización irreflexiva y filofascistoide para millones de ignorantes que se creen grandes intelectuales por comprender la ridícula regla del fuera de juego y que pierden el tiempo en los bares bebiendo cerveza y sentando cátedra a gritos sobre los irrelevantes asuntos futbolísticos para luego ir a votar como los borregos que son con el mismo espíritu faccionalista y de hinchada enfervorizada sin haber dedicado ni un solo segundo a reflexionar mínimamente sobre lo que verdaderamente conviene o interesa al país; si no fuera por eso, decía, el peso específico del futbol en el universo deportivo español resultaría irrelevante, tanto como paupérrimos son sus logros en cuanto selección) había conseguido por primera vez en su historia un campeonato mundial.
Pero, una vez sentado el hecho irrefutable de que el triunfo aislado de la selección española de fútbol tras décadas de fracasos y ridículos en el mundial no constituye por sí solo un factor relevante de orgullo, cabe preguntarse si en otros campos más trascendentes y de mayor importancia podemos sentirnos orgullosos de ser españoles.
¿A la vista del panorama que nos rodea de verdad podemos salir a la calle gritando "yo soy español, español, español..." como si ello fuera motivo de orgullo?
Yo, que soy español y nacionalista ferviente, afirmo taxativamente que no. Que vivimos, como enuncia el título de este artículo, en un país fascista y kafkiano, una monarquía bananera arrumbada en un callejón sin salida no solo por sus políticos sino por el tono general de ignorancia, estupidez, fanatismo, torpeza e inmoralidad de la mayor parte de sus ciudadanos. Precisamente esa inmensa mayoría aborregada por el fútbol, o por gran hermano o por cualquiera de las falsas trincheras en las que militar irreflexivamente perorando a gritos en el bar sin preocuparse de asuntos verdaderamente importantes pero que, claro, exigen un esfuerzo de aprendizaje y reflexión y otro, todavía más difícil, de flexibilidad conceptual incompatible con el fanatismo ciego y seguidista del ruidoso borrego patrio. Hay que informarse, meditar, obrar rectamente y hablar con mesura...justo todo lo contrario de salir a la calle gritando "¡soy español, español, español..." por el mero hecho de que la selección de fútbol haya cumplido por una vez con las generalmente infundadas espectativas generadas por los medios afines al sistema y que rarísima vez, por no decir nunca, se dedican a explicar la causa de los fracasos de la selección, tan ligadas a las deficiencias organizativas del propio deporte que, por otro lado, no son otra cosa que mera consecuencia de las deficiencias generales del país.
Hagamos un recuento somero de hechos sucedidos en los últimos tiempos y luego juzguemos el panorama en que nos movemos.
Vivimos en un país donde todavía no se han reconocido los crímenes de la dictadura fascista que lo atenazó durante cuarenta años y que abarcan desde el genocidio premeditado y ejecutado con fría meticulosidad hasta el robo de niños pasando por todos los grados de perversión y crueldad y en el que los herederos ideológicos, y en muchos casos biológicos, de dicha dictadura tienen todavía la desvergüenza de erigirse en víctimas y criminalizar a quienes sufrieron esos crímenes por el mero hecho de defender la democracia y la justicia social. Un país donde se rinden honores de estado a un ministro franquista con las manos manchadas de sangre y se mantiene el cadáver del dictador en su mauselo mientras cientos de miles de asesinados siguen desperdigados por fosas comunes y cunetas y la justicia y gran parte de los medios no solo obstaculizan sino que directamente satanizan e insultan a quienes no tienen más interés que el de proporcionar una sepultura digna a sus familiares.
Vivimos en un país donde la corrupción, elevada a norma, especialmente por unas siglas determinadas (aunque el mal está tan generalizado que puede considerarse un elemento estructural de la monarquía tercermundista que es el régimen de 1978) hasta el punto de haber saqueado descaradamente las arcas públicas restando al estado en sus diferentes niveles capacidad de hacer frente a sus funciones, no solo se tolera sino que se premia en las urnas. Un país donde el juez que la investiga es acusado, y seguramente castigado, por aquellos a quienes investiga y en la que un reo objetivamente inculpado en graves delitos es absuelto por un tribunal popular donde, sin duda, predomina la adhesión fanática al líder frente al sereno raciocinio y el recto afán de justicia. Un país donde los corruptos y aquellos que hacen políticas contrarias a los intereses generales son premiados con mayorías absolutas y quienes exigen democracia verdadera y justicia social, a veces tan solo un poco de cordura, son ninguneados, ridiculizados y perseguidos.
En un país donde la justicia ni es igual para todos ni se pretende que lo sea.
Donde los recortes causados por el latrocinio de unos pocos llegan a todas partes, excepto a las subvenciones de la secta católica por el mero hecho de que aquí sigue alentando el eterno nacional-catolicismo de unos cuantos señoritos a los que el pueblo en lugar de derrocar, reverencia.
Vivimos en un país con cinco millones y medio de parados y ninguna revolución. Un país en el que los obreros en paro votan y jalean a sus verdugos y no tienen cojones ni vergüenza para acudir a las movilizaciones de protesta y mucho menos para parar el país hasta que se apliquen los cambios necesarios que son aquellos que benefician a la mayoría y no a un reducida oligarquía (1400 indiviudos controlan el 80% de los recursos económicos en un país de más de 40 millones de personas)...
Y podría seguir...pero ¿para qué?...España, y es lástima decirlo, es un país atrasado, inculto, fascista y kafkiano.
NOTA.- La fotografía es de RozSheffield.
EL GOLPE NEOLIBERAL SE HA CONSUMADO.

En otros países el golpe neoliberal que el gran capital internacional, la mafia bancaria de especuladores y fanáticos de la Escuela de Chicago, está dando contra las democracias occidentales, se ha perpetrado por otras vías, siempre alejadas de la voluntad popular pero a través de instituciones parlamentarias que han demostrado muy a las claras su inadecuación como vehículo de la voluntad popular y, por lo tanto, de la soberanía nacional que es la base de todo sistema democrático junto con la justicia social. Es el caso de Grecia o de Italia. En España, y es un dato que debemos tener muy en cuenta, se ha producido también a través de los mecanismos parlamentarios en un contexto en los que ninguna de las instituciones del estado sirven ya para representar la voluntad popular sino para legitimar los manejos dictatoriales de una oligarquía corrupta y confabulada con el gran capital extranjero contra el bien común de los ciudadanos y, en consecuencia, instrumentos de una dictadura encubierta que ignora y puentea la soberanía nacional que es la única referencia válida de un sistema verdaderamente democrático. Sabemos ya, después de lo sucedido en toda Europa y también en España, que si queremos una verdadera democracia deberemos construirla fuera del régimen vigente. Las actuales instituciones, si alguna vez lo estuvieron, ya no están al servicio del pueblo y del bien común, se han convertido en un simple escenario en el que se representan farsas para ocultar los verdaderos manejos tras el telón. Nos enseñan a los actores, ignoramos quien dirige el teatro aunque sabemos que nos han desvalijado la casa cada vez que termina una función y regresamos a nuestros domicilios.
Es importante señalar también que el golpe se ha verificado en España en dos tiempos y pilotado por ambos partidos mayoritarios del amañado turnismo que estructura la escenificación de la partitocracia parlamentarista del ilegítimo y antidemocrático régimen vigente. Primero fue el PSOE y después, no cabía esperar otra cosa, el PP.
No han sido necesarios los tanques (tan solo reprimir salvajemente algunas manifestaciones de protesta ciudadana, imponer unas cuantas multas injustas, identificar en la brigada de información, quién sabe con que ulteriores intenciones, a unos cuantos manifestantes díscolos) ni grandes conmociones institucionales (el régimen está lo suficientemente carcomido y parasitado por la oligarquía como para no necesitar cambios bruscos en la fachada) para llevar a cambio el golpe: tan solo violar el pacto constitucional para dar por concluida la siempre azarosa neutralidad ideológica del régimen poniéndolo al servicio de una ideología totalitaria. Primero se modificó la constitución de 1978, vaciándola de todo significado, para incluir como dogma constitucional el control del déficit, lo que equivale a dejar obsoletos todos y cada uno de los artículos de carácter social de dicha constitución que, por lo demás, lo sabemos también, no venían siendo otra cosa que alharacas propagandísticas, puro y simple papel mojado. El segundo paso lo ha dado el actual gobierno del PP llevando el dogmatismo neoliberal al código penal con la criminalización del déficit.
Naturalmente habrá gentes bienpensantes, los clásicos borreguitos gregarios, que no entiendan la gravedad del asunto. Dirán, y se creeran en la indiscutible posesión de la verdad a través de un más que dudoso sentido común, que no se puede ni se debe gastar más de lo que se tiene. Y ese sería un argumento sensato y válido si la historia, los últimos veinte años, no nos hubieran demostrado la rapacidad de los mismos que hacen las normas. En España hemos vivido un saqueo inacabable de las arcas públicas, un despilfarro constante y la implementación de toda una caterva de absurdas medidas económicas conducentes a desmantelar el estado y empobrecer a la población para enriquecer a la oligarquía que ahora nos impone esa supuesta contención presupuestaria. La experiencia nos enseña que cuando hablan de ahorro no hablan de dejar de robar a manos llenas el patrimonio común con políticas de pura y simple rapacidad, con estafas legitimadas por leyes elaboradas en instituciones que no representan al pueblo sino los intereses de los ricos y los especuladores extranjeros. También nos enseña que se empecinan en el ahorro para no verse expuestos a contribuir al bien común de España con sus impuestos. Aquí solo pagamos impuestos los pobres, los ricos, especialmente los muy ricos, solamente roban del erario público, jamás contribuyen a él. En resumen: sabemos que cuando hablan de contención presupuestaria no están haciendo un ejercicio de responsabilidad política sino de hipocresía y atentando directamente contra los derechos del pueblo y contra el espíritu social de la constitución más o menos vigente.
Lo que ha sucedido en España con la reforma de esa constitución bajo el gobierno de Zapatero y con las leyes de estabilidad presupuestaria del gobierno de Rajoy ha sido un simple y llano golpe de estado neoliberal que ha impuesto por ley las premisas económicas de la Escuela de Chicago. Premisas que ,lo sabemos, se ha experimentado hasta la náusea cada vez que se han puesto en práctica, solo crean recesión y pobreza, deterioran la democracia y la libertad ciudadana y sirven únicamente para que unos pocos, muy pocos, y a menudo extranjeros, se llenen unos bolsillos que ya tenían a rebosar.
Y cuando llegan las protestas ciudadanas, como corresponde a una dictadura innoble, ilegítima y corrupta, aparece la represión. Y no una represión blanda como la que hemos visto en 2011. LLegan los muertos, las torturas y las desapariciones como sucedió en Chile, en Argentina...pero también en los Estados Unidos...esa es la verdadera cara del régimen dictatorial que ha convertido en zombis a nuestras instituciones supuestamente democráticas.
Pero es una buena noticia. Ellos han roto la neutralidad ideológica, a partir de ahora ya no tenemos necesidad moral de respetarla. Cuando el pueblo derribe el régimen y tome el poder podrá llevar adelante una verdadera reforma democrática proscribiendo las políticas antisociales que solo producen ruina económica y déficit democrático y castigar por ley a quienes se las impusieron alevosamente . Después del golpe de estado neoliberal de 2011-2012 ya no hay marcha atrás. Se acabó la claudicación constante, llega la hora del establecimiento de una democracia verdadera que pasa, indefectiblemente, por estrictas reglas comunitarias de reparto de la prosperidad y contra la indebida acumulación de poder y recursos en unas pocas manos. Estamos solo a una revolución de conseguir un mundo mejor.
NOTA.- la fotografía es de Fito.
LA NUEVA ESTAFA DEL FMI

Que no estamos viviendo una crisis sino una estafa a nivel planetario lo saben ya hasta los más tontos. Que el gran capital internacional está creando escenarios ficticios para que las clases medias y bajas de los países del primer mundo vean saqueados sus activos y pierdan sus derechos como ciudadanos, trabajadores y consumidores es un hecho incontrovertible.
Ahora nos enfrentamos a una nueva fase de ese inmenso acto de piratería financiera, una nueva etapa en el golpe de estado neoliberal que estamos padeciendo.
El tinglado se estructura así:
1.- El Banco Central Europeo, como sabemos, tiene prohibido por ley prestar directamente a los estados europeos que, por otro lado es la función principal de cualquier banco central en un sistema financiero sano y sensato. En lugar de eso presta el dinero al 1 % a la banca privada para que los bancos privados se enriquezcan indebidamente prestando a su vez ese dinero a los estados al 3, 4, o5 %. Cuantas más dudas se siembren en el ambiente sobre la solvencia de los países más usura pueden aplicar los bancos. Es ahí donde entran las agencias de calificación de deuda soberana (que solo son tres, estadounidenses y manejadas por idénticos accionistas que también lo son de los bancos prestatarios) bajando las calificaciones, desestabilizando los mercados y poniendo en duda la solvencia de los estados para que la prima de riesgo suba artificialmente y los bancos prestatarios puedan multiplicar sus beneficios con la especulación. Es un negocio redondo cuyo origen se encuentra en la malversación del dinero público: en imponer por ley que el Banco Central Europeo en lugar de cumplir con sus funciones regale dinero público, detraido de los bolsillos de las clases medias y bajas que son las que realmente pagan impuestos en Europa, para que los bancos privados puedan enriquecerse fraudulentamente a costa de todos.
2.- Para colmo los bancos privados retienen gran parte del dinero público regalado (al 1% para que puedan cobrar intereses del 5 o el 6%) propiciando una sequía del crédito que estrangula lentamente a la economía europea arrastrándola indefectiblemente a la recesión en un escenario absurdo en el que el dogmatismo neoliberal de los gobiernos europeos, meras marionetas del gran capital para el que trabajan en detrimento de sus propios ciudadanos, impone un papel pasivo de las instituciones públicas en el desarrollo económico de la eurozona convirtiéndose dichas instituciones, parasitadas por zombis de la banca privada y fanáticos irredentos de la Escuela de Chicago, en cómplices del estrangulamiento económico y social de los pueblos de Europa por el simple hecho de que la crisis está resultando un gran negocio para el gran capital, hay una minoría ínfima de oligarcas, mucho menor del 1% que suelen enunciar los carteles, que se está enriqueciendo y no solo eso: asegurando unas condiciones futuras de predominio absoluto mediante la estafa aquí descrita. La llamada crisis está sirviendo para que el dinero se concentre todavía más en unas pocas manos a costa de que se vacíen los bolsillos de quienes consiguieron sus parcos ahorros con el trabajo y el esfuerzo personal y no mediante la usura, la estafa y el robo. Y, por si fuera poco, los zombis neoliberales que han parasitado las instituciones otrora democráticas de Europa sirven a sus amos favoreciendo no solo esa concentración de capital en pocas manos, que es un modo eufemístico de referirse a un robo sin precedentes, sino que se aseguran de que las condiciones se perpetúen de modo que el robo y la estafa se prolonguen indefinidamente.
3.- Las políticas descritas tienen una sola consecuencia posible: la recesión económica. Y ahí es donde la estafa alcanza un refinamiento tan maquiavélico que puede, incluso, ser tildada de arte. Sin crédito y con los estados sometidos a la especulación de la deuda soberana, llega el ahogamiento total, para sobrevivir deben recurrir al FMI (bastaría nacionalizar la banca, reformar el BCE, enviar a la cárcel, o al paredón, a los banqueros, especuladores, usureros y títeres políticos que han favorecido la estafa, pero esa posibilidad no se contempla porque son ellos quienes controlan unas instituciones falsamente democráticas y quienes controlan las leyes y la policía) y este les presta dinero a cambio de que impulsen con más fuerza las medidas de la ortodoxia de la Escuela de Chicago, las mismas que nos han llevado a la ruina. Pero la gracia del caso reside en que el FMI ha creado, acaba de anunciarlo, un fondo de rescate de 390 000 millones de euros de los cuales 200 000 millones (más de la mitad) han sido o serán aportados por la propia Europa, es decir: por los ciudadanos de las clases medias y bajas que pagan impuestos mientras las grandes fortunas de la especulación no lo hacen. En resumen: que nos llevan a la ruina para prestarnos nuestro propio dinero a intereses exorbitantes y con la condición de imponer leyes y medidas que sigan empobreciéndonos, arrastrándonos a la esclavitud y permitiendo que los que están robándonos puedan seguir haciéndolo en un marco de total déficit democrático.
4.- Porque, la duda ofende, nadie nos va a consultar, nadie va a tener en cuenta nuestra opinión, ya nuestro voto es prescindible porque las decisiones no se toman en los parlamentos nacionales sino en instancias blindadas frente a la opinión pública y, cuando protestemos, cuerpos armados y pagados con nuestros impuestos, con el dinero que nos roban para enriquecer a la banca, se dedicarán a reprimirnos sin contemplaciones.
Esa es la estafa que padecemos y la nueva fase que vamos a experimentar en un futuro no muy lejano.
Y solo hay un camino para cambiar las cosas. Frente a la tiranía: revolución.
NOTA.- La fotografía es de Kit Kath Ruiz y procede de los chicos de teatro de la Universidad de Carabobo (Venezuela).
SINDICALISMO PACTISTA Y FUTURO SOCIAL.
Si hay algo que se aprende en la infancia, antes incluso de cumplir los diez años, es que con los matones no se contemporiza. Toda negociación es inútil con un matón, conduce únicamente a cesiones cada vez más duras y vergonzosas, a convertirse finalmente en un esclavo aterrotrizado del matón. Esto es un hecho que todos conocemos. La única forma de conservar la dignidad y la libertad frente al matón de turno es frenarlo en seco: utilizar sus mismas armas para ponerlo en su sitio y destruir su amenaza. Si los matones se unen y se rodean de cómplices serviles debe aplicarse la misma política mediante alianzas de los que sufren sus abusos. Solo la firmeza y el miedo mantienen a raya a los malvados, a los abusones, a los sinvergüenzas. Y esta es una lección que sirve para el resto de la vida tanto a nivel individual como colectivo, privado como público.
Esta realidad indiscutible se traduce, cuando le conviene al Poder, en la frase "no negociamos con terroristas"...y es una buena medida. ¿Pero qué sucede cuando el terrorismo procede de ese Poder, de la oligarquía y los mercenarios a su servicio en los ámbitos político, judicial, represivo y propagandístico?...pues debe aplicarse idéntico principio: negociar y ceder es perder, solo resistir y vencer sirve para mantener impoluta la democracia y la justicia social, que son conceptos solidarios e indisolubles el uno del otro.
En cambio la actitud de los sindicatos mayoritarios españoles, UGT y CCOO, ha sido exactamente la contraria a la norma evidente aprendida en la infancia desde la instauración del régimen de 1978. Cosa que no debe extrañarnos pues ambas formaciones, sostenidas y promocionadas por el régimen al que concurren con idéntica función que el sindicato vertical franquista, nacieron domesticadas por el capital. Ya hemos estudiado en los artículos dedicados a la Historia Secreta de la Democracia Española como la UGT fue financiada y dirigida desde la Fundación Ebert (una sucursal encubierta de la CIA) para asimilarse al domesticado y desideologizado sindicalismo alemán de posguerra y como CCOO fue minada desde el principio por elementos católicos, derechistas y eurocomunistas hasta convertirla en un instrumento dócil de la oligarquía.
Desde los Pactos de la Moncloa ambos sindicatos colaboracionistas se han dedicado a negociar con el abusón, a ceder, ceder y ceder...a ceder los derechos de los trabajadores y los ciudadanos mientras sus líderes en la mayor parte de los casos prosperaban y resolvían su futuro personal. Esto también es una realidad indiscutible.
Aun admitiendo que el pactismo sindical de UGT y CCOO desde 1977 no procediera de la corrupción de sus dirigentes sino de su estupidez y falta de preparación, el resultado es el mismo. Si cedes ante el chantaje una vez, deberás hacerlo siempre. Si cedes ante el matón, te esclavizará. El pactismo es un error táctico que solo lleva a la debilitación de las posibilidades de resistencia.
Hoy en día esto no solo ha quedado en perfecta evidencia sino que nos encontramos en un momento crítico frente a los ataques del terrorismo capitalista, y los sindicatos pactistas, adocenados por décadas de prebendas y buena vida, no quieren darse cuenta de su error, y mucho menos repararlo porque ello implicaría, entre otras cosas, la pérdida de poder y prestigio de sus dirigentes corruptos o estúpidos. Junto al pactismo UGT y CCOO están desarrollando un cobarde negacionismo de la evidencia a la par que un despreciable proceso de ataque y desprestigio a cuantos les exigen reaccionar, abandonar sus posiciones erradas para hacer frente al asalto neoliberal. De ambos sindicatos llegan todo tipo de excusas e insultos, pero ninguna solución, solo continuismo.
Pero la situación exacta en la que nos encontramos es la siguiente: en un contexto de golpe de estado neoliberal para saquear el estado y arrebatar sus derechos a las clases medias y bajas, la patronal está lanzando un órdago con la connivencia mafiosa del gobierno de turno y del gran capital extranjero. La CEOE se niega a cualquier cesión porque el gobierno del PP ya ha advertido que, llegados a cierta fecha, si no hay acuerdo, impondrá sus reformas, que son las de la patronal y, de paso, las agencias de calificación estadounidenses presionan advirtiendo a su vez que si la reforma laboral no se aplica bajarán la nota crediticia de España. Es decir: se trata de una imposición por la fuerza, un atraco a mano armada que ni deja ni pretende dejar resquicio para la negociación. La pregunta es: ¿resulta verdaderamente necesaria esa reforma laboral y otras tantas encaminadas a la destrucción del estado del bienestar y la precarización de las condiciones laborales y económicas de los ciudadanos para crear empleo?...La respuesta es no. Durante treinta años el pactismo suicida y culpable de CCOO y UGT ha conducido a constantes renuncias, a cíclicas claudicaciones bajo idénticas premisas y jamás han servido para crear más empleo. Solo para que la patronal exija más y busque medios de realizar lock-outs encubiertos (como patronal y banca están haciendo desde la crisis de 2008) que hagan todavía más precaria la situación de los ciudadanos no solo como trabajadores, autónomos o pequeños empresarios, también como consumidores y ciudadanos.
El pactismo sindical, lo demuestran tres décadas de concesiones inútiles, únicamente nos arrastra hacia la miseria y la esclavitud. Y hemos llegado a un punto de no retorno. O cambiamos de rumbo ahora o no podremos rectificar nunca, habremos labrado nuestra propia esclavitud.
Desgraciadamente cuando se trata de hacer ver esta realidad a miembros destacados de los sindicatos pactistas se encastillan en la moderación, tachan a su interlocutor de radical antisistema (utilizando significativamente un modo de hablar netamente neoliberal que demuestra hasta que punto ha carcomido su mente la ideología de los golpistas) y optan por el desdén o la burla, lo que deja muy poca esperanza en la renovación de ambos sindicatos convertidos desde 1977 en meros apéndices de la oligarquía, sindicatos amarillistas sin ideología de clase ni conciencia ciudadana ni democrática. Enemigos, en suma, del pueblo, y tan ilegítimos como el régimen mismo que sustentan.
Pero, hay que insistir en ello, nos encontramos en un punto de no retorno en el que el pactismo resulta culpable y suicida. Si los sindicatos mayoritarios no abandonan su complicidad con el capital y la oligarquía deberán ser arrumbados al basurero de la historia y deberá crearse una nueva estructura sindical unitaria que aune los intereses de las clases bajas y medias frente a los de la oligarquía en una estrategia consciente de reivindicación y confrontación que ya no podrá contentarse con pactar con el ilegítimo régimen de 1978 sino sustituirlo por otro verdaderamente democrático e igualitario en el que la riqueza ,lejos de concentarse en unas pocas manos empobreciendo al resto, fluya y se redistribuya generando una común prosperidad que no tiene por qué ser estrictamente homogénea pero sí evitar conscientemente el poder excesivo de unos pocos.
El pactismo suicida y culpable de los sindicatos mayoritarios solo nos depara un futuro social de esclavitud y miseria. Si deseamos libertad, democracia, prosperidad y justicia para nosotros y nuestros hijos deberemos conquistarlas en la calle...este año.
PD (16 de enero de 2012).- Claro que si existe el pactismo sindical es porque la clase trabajadora vive instalada en el derrotismo y el conformismo. Hay que repetirlo siempre: los principales responsables de la situación en la que nos encontramos somos nosotros mismos. No estaríamos donde estamos si no nos hubiéramos dejado arrastar por la codicia y el egoismo convirtiéndonos en unos desclasados que aceptaron con los ojos cerrados la ideología de nuestros explotadores que son los mismos que nos timaron, ni estaríamos donde estamos si la mayor parte de los trabajadores en lugar de hacerse los suecos hubieran tenido los cojones de no delegar y luchar por sus intereses y los de sus hijos...no estaríamos donde estamos si no viviéramos en una sociedad enferma de ignorancia, cobardía y codicia. Si los orgullosos españoles de antaño no se hubieran convertido en una tropa ridícula de lameculos cómplices del patrón...los típicos mindundis con la boina entre las manos diciendo sí a todo y robando lo que pueden de la despensa. Y el verdadero problema que tenemos es ese: no el pactismo de sindicatos que muy bien pueden dejarse al margen como artefactos obsoletos, si no la cobardía, el derrotismo y el conformismo suicida de un cúmulo de desclasados con el cerebro lavado por la ideología de sus amos y sin testículos para erigirse en rectores de su propio destino.
Hasta ahora lo único que esta sociedad ha sabido hacer ha sido lloriquear en las plazas rogando a sus amos que no sean malos...y aun así, en un país con cinco millones de parados, los que salimos a lloriquear no alcanzamos ni el millón. ¿Puede sentirse algo que no sea desprecio y asco por vosotros?...
LOS AEROPUERTOS COMO SÍNTOMA DE ESTUPIDEZ (POLÍTICA)

Los aeropuertos regionales en España están de capa caida. No resultan rentables y hay que ir cerrándolos uno a uno, y eso en el caso de que hayan llegado a funcionar. ¿Supone esto una sorpresa?...evidentemente solo para los más estúpidos entre los que se cuentan, tampoco resulta un dato sorprendente, la inmensa mayoría de nuestros egregios dirigentes. España es un país demasiado pequeño para tener que recurrir al transporte aéreo interregional, tan sencillo como eso. Con una buena red de carreteras y ferroviaria vamos servidos.
¿Entonces por qué en la última década y media nuestros políticos se lanzaron a la construcción de innecesarios e inviables aeropuertos regionales? Obviamente una parte importante de esa pulsión radicaba en las comisiones, en la pura y simple corrupción que caracteriza al ilegítimo régimen de 1978 y a la inmensa mayoría de sus gestores. A todos, en realidad, porque en este país el político que no trinca, calla para seguir amarrado a la poltrona y poder prosperar. Es así aunque luego traten de hacernos ver lo contrario, de decirnos que los corruptos son una minoría cuando de hecho la corrupción es la esencia misma de un régimen que nació corrupto. Otra parte no desdeñable del problema es la necesidad de prestigio y el ansia de emulación vecinal como medio de desviar la atención sobre los tejemanejes sucios y dudosos del jerifalte de turno. Un alcalde o un presidente de comunidad autónoma puede hacer de su capa un sayo si cuando los vecinos levantan una torre él construye otra más alta para que el orgullo local y regional quede intacto. Es tan triste como eso. Dejamos que nuestros próceres nos mangoneen, nos roben y nos engañen con tal de poder quebrarle el ojo al vecino. Y en ese sentido tan culpables son los políticos corruptos como la plebe ignorante que los jalea.
Pero la causa más importante de esa innecesaria proliferación de aeropuertos inviables es la inmensa incultura política de nuestra clase dirigente, su ineptitud congénita que les lleva a imitar, sin crítica ninguna, todo lo que ven hacer en la metrópoli imperial, en los Estados Unidos. Su estúpido y nocivo mimetismo con los modelos del a menudo inoperante y contraproducente desarrollismo norteamericano. Copian igual modelos de desarrollo económico y urbanístico cuya inadecuación está demostrada desde hace treinta años en los propios Estados Unidos (por ejemplo fomentar las grandes superficies en detrimento del pequeño y mediano comercio y de la producción local y el abandono de los núcleos históricos para erigir urbanizaciones residenciales, que multiplican la contaminación, el gasto, el endeudamiento y contribuyen junto con la implantación de las grandes superficies a arruinar las ciudades) como otros que son útiles en territorios en todo diferentes a los españoles y por lo tanto inadecuados para España.
En Estados Unidos los aeropuertos regionales funcionan y tienen utilidad por el mero hecho de que las distancias son enormes y el transporte aéreo es económicamente competitivo y ahorra muchísimo tiempo. Pero España (504 645 km cuadrados) es más pequeña que Texas (696 241) y solo un poco más grande que California (423 971), cálculese la extensión añadida de todos los demás estados. Por lo tanto, el modelo de aeropuertos regionales, que es extremadamente útil en los Estados Unidos, resulta por completo inadecuado e inviable en España y solo la incompetancia y la estupidez pueden conducir a adoptarlo como propio.
Por desgracia el de los aeropuertos regionales no es una excepción sino un síntoma, una muestra clara de la generalizada corrupción e ignorancia de nuestra clase política y de como esa estupidez afecta directamente a los ciudadanos. Estamos como estamos en gran medida por el mimetismo ciego y suicida de nuestros políticos con modelos e idearios exógenos.
España debe administrarse y gobernarse con criterios propios, adaptados a nuestras necesidades y posibilidades, no copiando estúpidamente lo que hacen otros u obedeciendo a intereses foráneos. Empieza a ser necesario que impongamos esta máxima como clave rectora de nuestro comportamiento político.
Y que castiguemos con la máxima dureza la estulticia, la corrupción y el seguidismo sajonizante de nuestra corrupta e inepta clase política.
NOTA.- La fotografía es de Garry Knight.
YA LES CONOCEMOS

Bueno, si alguien tenía alguna duda de lo que iba a dar de sí el ilegítimo gobierno del PP han bastado unos pocos días para ilustrarle. Ya no caben ambigüedades, medias tintas ni vacuas demagogias, tampoco fanatismos y fés trasnochadas. La realidad ha quedado bien patente. Ya les conocemos. Incluso sus propios votantes han comenzado a conocerles.
En primer lugar basta examinar la procedencia de sus ministros para comprender no solo su vinculación con intereses ilegítimos e incompatibles con la prosperidad común sino también su inadecuación e incompetencia para pensar ni de lejos en que puedan tomar medidas adecuadas para sacarnos del hoyo cuando ellos pertenecen precisamente a los que nos arrojaron a él y se benefician de nuestra desgracia. Trabajan para esa minoría de especuladores y banqueros corruptos que siguen enriqueciéndose (un 6% más en 2011) a costa de que todos los demás nos empobrezcamos y perdamos derechos, igualdad y oportunidades. Son hombres de paja de nuestros verdugos, nuestros verdugos mismos en muchos casos.
Empezando por el ministro de economía, Luis de Guindos, antiguo jefe de Lehman Brothers en España y Portugal hasta que esa firma, basada en la estafa y la mentira, en la especulación y la concentración de capital en pocas manos a costa de empobrecer a los pequeños inversores, quebró. Por si ello fuera poco ejercía de consejero de Endesa, lo que le convierte en títere de los nefandos intereses de una industria, la energética, que constituye la quintaesencia del desafuero liberal capitalista ya que consiste en gestionar privadamente recursos comunes para enriquecerse fraudulentamente con un servicio público que debería ser gestionado públicamente. Además, y vamos sumando, era también partícipe del Banco Mare Nostrum, antigua Caja de Murcia y, por lo tanto, artífice y beneficiario en uno de los actos de estafa más conspicuos y vergonzosos de los últimos años contra los intereses del pueblo: la conversión de las cajas de ahorros en bancos de inversión en muchos casos tras reflotarlas con dinero público. En otras palabras: un robo consistente en utilizar el dinero de todos para proporcionar un medio de enriquecimiento especulativo al gran capital privado a costa de perjudicar los intereses de los pequeños ahorradores. Y no debemos olvidar tampoco que fue también consejero de la editora de El Mundo (periódico cómplice en el asalto al gobierno del Aznarismo, que no dudó en poner contra las cuerdas al estado con el único fin de conseguir el poder y principal impulsor de las teorías conspiranoicas sobre el 11-M que sobre constituir un insulto directo contra el pueblo y su inteligencia estuvieron a punto de servir para un golpismo revanchista muy propio de esas atrasadas y primitivas mentalidades fascistas) y de Expansión (órgano de la propaganda más aciaga del neoliberalismo hispano). En resumidas cuentas, que el individuo designado para dirigir las políticas económicas del país más que en el gobierno o el parlamento, si viviéramos en una verdadera democracia, debería estar en la cárcel y sometido a reeducación intensiva como traidor al pueblo. Y no es el único.
Hay que citar también al ministro de hacienda y administraciones públicas, Montoro, procedente del Instituto de Estudios Económicos, uno de los órganos propagandísticos de la CEOE y por lo tanto portavoz y títere de las erróneas y nefastas ideas que los grandes empresarios pretenden imponer al pueblo. Prácticas consistentes en la pérdida de derechos laborales, de libertades ciudadanas y como consumidores y en la precarización de la situación de las clases medias y bajas para aumentar las plusvalías de una menguada clase parasitaria e ineficaz cuya situación de privilegio y poder ha servido en las últimas décadas únicamente para empobrecer al pueblo y atrasar al país en relación con el necesario horizonte de formación y progreso que su propia incapacidad les incapacita para ver en su calidad de beneficio común para todos: contratantes y contratados. Una minoría parasitaria, en suma, cuya ineficacia y avaricia la haría acreedora a la exoneración en cualquier sistema medianamente democrático y sensato y que sin embargo, dentro del ilegítimo régimen de 1978, no ve confiscados o colectivizados sus medios de producción sino que, para más inri, es elevada a la condición de timonel de las políticas sociales y económicas.
Tampoco podemos olvidar al ministro de defensa, Morenés, procedente del lobby armamentístico, quizá no tan decisivo en la política interior española, pero determinante en el núcleo duro de la revolución neocon que padecemos, en los Estados Unidos, siempre en perfecta concatenación con el lobby del petróleo y la energía nuclear y en relación directa con la preocupante privatización de las fuerzas armadas y policiales (piénsese en el papel de agencias privadas de mercenarios como Blackwater en la invasión de Iraq, precisamente para apoderarse de su petróleo y hacer negocio con su reconstrucción o en el papel que las empresas de seguridad privada están asumiendo en los Estados Unidos en la construcción y puesta en marcha de eventuales campos de concentración, pequeños Guantánamos, para encarcelar sin juicio a ciudadanos disidentes). A ese respecto el señor Morenés añade a su curriculum el inquietante dato de ser presidente de Seguribérica, una empresa de seguridad privada que, de momento, está haciendo La Habana con la protección de los atuneros vascos en el Índico, es decir: con el desempeñó privado de una tarea pública que correspondería al ejército o la marina. No es mucho pero ya representa un ejemplo claro de hacia donde van los tiros, nunca mejor dicho. Y poner en manos de mercenarios sin ningún control democrático el orden y la defensa públicas es siempre, a la par que una muy mala idea, incompatible en cualquier caso con la democracia, un acto absolutamente preocupante para la libertad del pueblo y su necesaria lucha por la justicia social y el imprescindible encausamiento de quienes ejercen la usura, la explotación y la tiranía contra la mayoría para concentrar poder y capital en unas pocas manos.
Y tampoco podemos olvidar a Fernandez Díaz, el ministro del interior, un peligroso fanático de la más influyente y peligrosa secta con la que debe lidiar la democracia española: el catolicismo, al que parece se convirtió clamorosamente hace dos años alineándose con el sector más feroz y radicalmente nacional-católico, más próximo a la teocracia y el fascismo. Si bajo un gobierno de centro-derecha como el del PSOE y con un ministro del interior formalmente laico los que se atrevieron a manifestarse contra la carnavalada papista de las JMJ fueron salvajemente apaleados por una policía clerical que permitió las provocaciones de los fanáticos sectarios de la iglesia y las aprovecharon para agredir a los pacíficos manifetantes de una sana ciudadanía que únicamente pedía la separación efectiva entre la iglesia y el estado y el fin de los inconcebicles privilegios de los jerarcas católicos, podemos imaginar qué no sucedera bajo el mando de un furibundo y peligroso converso como este.
Y así podríamos seguir con toda la lista de ministros. El nombramiento de uno solo de los cuales invalidaría moralmente cualquier gobierno que lo admitiera en su consejo, tanto más el nómina completa.
Y, claro, la acumulación de nombramientos innobles como síntoma de una ideología nauseabunda solo puede conducir a la implementación de políticas moralmente despreciables y técnicamente inadecuadas. Lo hemos visto con las primeras medidas del ilegítimo gobierno del señor Rajoy que si no fuera ilegítimo de raíz (por motivos harta y largamente explicados en estas mismas páginas) se ilegitimaría precisamente por ese cúmulo de actos contra el bien común.
Sus primeras medidas (y son solo el principio del principio en palabras de la vicepresidenta) han constituido un ataque en toda regla contra las clases medias y bajas, un acto de piratería de clase, de terrorismo fiscal, con la única función de socializar las pérdidas, es decir: de hacer pagar los excesos y desmanes de la parasitaria clase oligárquica a las clases medias y bajas, al pueblo. No de otra forma se puede conceptuar la congelación del salario mínimo interprofesional sin ninguna repercusión contable para el estado pero que viene a colmar los más sucios deseos explotadores de la patronal a la que se seguirá satisfaciendo con una reforma laboral absolutamente innecesaria para la creación de empleo y solo útil para el aumento de las plusvalías patronales, en suma: se empobrece al pueblo y se le quitan derechos con la única intención de que los ricos se hagan más ricos con el mismo esfuerzo e idéntica inversión. En otras palabras: se favorece la concentración de capital en pocas manos dentro de un escenario de empobrecimiento general. Los muy ricos se harán más ricos con esas medidas y los demás nos empobreceremos y perderemos derechos. Ese es el verdadero alcance de la congelación del salario mínimo y de la reforma laboral que está por venir.
Más aún: se han subido los impuestos desde la premisa, puro terrorismo fiscal y social, de que los pobres y las clases medias carguen con el grueso de la deuda. Esto no representa una novedad, el impuesto de la renta lleva décadas expoliando con más severidad a los menos afortunados e ignorando a los más ricos. Es una constante innoble, ilegítima y altamente ineficaz de la ortodoxia neoliberal que padecemos. Ahora se ha agravado esa tendencia haciendo que las rentas del trabajo carguen con 2/3 del esfuerzo fiscal, pero, lo que resulta todavía más despreciable (y acabará constituyendo un delito de lesa patria cuando cambie el régimen) se tiene la desvergüenza de implementar un supuesto impuesto sobre el capital, alardeando además hipócritamente de que es equitativo en virtud de su cacareada progresividad y que, por lo tanto, afecta por igual a ricos y pobres, haciendo que los primeros paguen más. Es mentira. Desde el momento en que dicho impuesto debe tributarse desde el primer euro ahorrado no se trata de un impuesto sobre el capital sino sobre el ahorro. Y desde el instante en que la progresividad concluye en los 24000 euros no afecta por igual a familias ahorradoras y capitalistas sin escrúpulos. Una vez más, proporcionalmente la mayor carga cae sobre los pequeños y medianos ahorradores pasando de largo por los grandes capitalistas y, de nuevo, se aprovecha para expoliar a las clases medias y bajas con baratas excusas demagógicas. Somos los pobres los que estamos pagando los errores de los ricos, y lo estamos haciendo porque nos dirigen vicarios de los caciques de turno. Dentro del actual régimen no podemos esperar otra cosa. En él solo somos comparsas a los que explotar y esquilmar en beneficio de los verdaderos beneficiados de la estafa piramidal que constituye: los oligarcas, los caciques de siempre cuya posición política y social, hay que repetirlo hasta la saciedad, es incompatible con la existencia de una verdadera democracia.
¿Más aún?...por supuesto que sí. Se sigue atacando la posición de los funcionarios, ratoneándoles los emolumentos y disminuyendo su número con un solo pensamiento en mente: debilitar los servicios públicos, empeorar su calidad y acabar teniendo una excusa para su privatización para que una vez más los capitalistas privados, los caciques parasitarios que manipulan los hilos, puedan lucrarse a costa del bien común tal y como marcan las directrices de la OMC desde 1994 y eso, amigos míos, como ya he explicado en más de una ocasión en estas mismas páginas, es pura y simple prevaricación. Y la prevaricación es un delito con pena de cárcel.
Aparte de lo dicho se paraliza la ley de dependencia, se congelan las pensiones (actualizarlas un 1% con una inflación del 2 o más y tras la congelación de los últimos años y con un cambio restrictivo en la tributación del IRPF es más que congelarlas, es menguarlas), se apuntan recortes sanitarios y educativos...otra vez para favorecer los negocios privados del gran capital...se ataca el alquiler fomentando de nuevo la burbuja inmobiliaria cuyos nefastos efectos todos conocemos...
Pero eso sí, se gastan millones en gases lacrimógenos y en pelotas de goma para combatir las legítimas protestas del pueblo contra el robo del que está siendo víctima, se legisla permitiendo que las cajas de ahorro eludan leyes que las apartarían del control de los bancos financieros que han creado, se siguen otorgando millones de euros a la secta católica, a los bancos que nos han arrastrado a la recesión...
Sí, ciertamente ya los conocemos, ya no pueden quedarnos dudas de que son enemigos del pueblo y del bien común, de que no van a sacarnos de la crisis sino a agudizarla para favorecer el enriquecimiento de los oligarcas. Ya sabemos que la alternancia dentro del régimen partitocrático de 1978 no sirve para el cambio. Que solo tenemos un camino para restablecer el orden, la democracia, la libertad y la justicia...este es el momento de hacernos dueños de nuestra propia historia, de demostrar lo que valemos.
Personalmente pienso, y los acontecimientos lo han demostrado, que la mayor parte de vosotros valéis muy poco. Espero equivocarme.
UN SÍMBOLO ELOCUENTE
Hay que tomar nota de lo que se ve, de los detalles, lo digo siempre, porque en ellos se esconde el subtexto de la demagogia política, la verdad que nos escamotean en los discursos y la constante propaganda del régimen sea abierta o encubierta en los medios informativos controlados por el Poder.
Y hoy, en la inauguración de la X legislatura del régimen de 1978, esta partitocracia mal llamada democracia y que ha perdido toda legitimidad al convertirse en un medio tiránico de imponer los intereses del gran capital sobre las necesidades del pueblo, el lucro privado de unos pocos sobre el bien general de todos, hemos asistido a un símbolo muy elocuente sobre la realidad en la que nos movemos.
Hoy, como parte del acto institucional y complemento de las proclamas en el parlamento, cuya sede, lo hemos visto con nítida claridad este año de respetuosas y fundadas protestas ciudadanas, está vetada al pueblo marcando una evidente diferencia entre los supuestos representantes del mismo (que hacen el trabajo sucio del gran capital) y la ciudadanía a la que se multa, golpea y agrede con medios públicos (la policía) si trata de acceder en sus protestas si quiera a los aledaños de un edificio que no es, o no debería ser, una institución aparte de aquellos que se suponen en ella representados, hoy, decía, han culminado los actos institucionales con un desfile militar delante del parlamento.
El símbolo, y más después de lo que llevamos visto estos meses, está bien claro: las instituciones del régimen no son patrimonio de la soberanía nacional sino del régimen y quienes lo manejan en la sombra sin someterse al arbitrio electoral del pueblo en un esquema partitocrático destinado a dar una pátina de legitimidad democrática a decisiones que consisten básicamente en vender el país a los intereses privados y esclavizar al pueblo. Cuando el pueblo protesta se acumulan antidisturbios en las puertas del parlamento para disolverlo a palos o dedicarse a multar indebidamente a quienes reclaman justicia, patriotismo y democracia. Cuando los próceres convocan sus aquelarres ceremoniales es el ejército el que desfila por unas calles vetadas de ordinario a la protesta popular a guisa de tan elocuente como tácita advertencia.
En los próximos años el ilegítimo gobierno salido de las ilegítimas elecciones de noviembre de 2011 dejará de contratar funcionarios salvo en las ramas del ejército y la policía. ¿Por qué?...porque las instituciones del régimen ni nos representan ni pretenden hacerlo, forman una superestructura ajena al pueblo cuyos magnates están dispuestos, como ya vimos en Cataluña, a imponer su desvergüenza y su falta de patriotismo de un solo modo: por la fuerza de las armas. Esa es su democracia.
Urge, por lo tanto, que nos movilicemos para hacer valer la soberanía popular e implantar una verdadera democracia, del pueblo y para el pueblo.
NOTA.- El vídeo que ilustra este artículo corresponde al día de la hispanidad, pero el mensaje viene a ser el mismo. Igual que se reitera en el de al constitución.
OBSTINACIÓN RECALCITRANTE (Y SUICIDA)

El debate de investidura del señor Rajoy en las ilegítimas cortes españolas ha sido una charlotada vulgar y deleznable , un simple alarde de ceguera dogmática, un empecinarse en el fundamentalismo ideológico a despecho de todas las pruebas que la historia ha acumulado en contra de la utilidad de las nocivas tesis neoliberales. Y lo peor de todo no ha sido el hecho, esperable, de que la mediocridad analítica y la escasa capacidad de iniciativa de la derecha (tanto extrema: PP, CiU, PNV, UPyD como moderada: PSOE) haya conducido a la defensa de lo indefendible, a insistir en políticas que se saben perjudiciales desde el siglo XIX, sino que la izquierda moderada (en nuestro parlamento no existe verdadera izquierda, tan solo formaciones socialdemócratas más o menos domesticadas) ha mostrado similar adocenamiento filosófico limitándose a suplicar medidas keynesianas y a proclamar su lealtad hacia unas instituciones disfuncionales, ilegítimas, en absoluto democráticas y sin verdadero peso político en lugar de dedicarse a ayudar en la irrenunciable e inaplazable tarea de construir un contrapoder verdaderamente social y democrático en la calle, una iniciativa que ayude a derribar un régimen caduco y demostradamente incapaz de defender los intereses de la mayoría de los ciudadanos aupando uno que cumpla precisamente esa función: la de gestionar la implementación de los intereses generales del pueblo frente a la dogmática ortodoxia neoliberal propia del régimen vigente y que solo favorece al gran capital internacional y a sus secuaces, entre los que se cuentan la inmensa mayoría de nuestros políticos.
Las tesis defendidas en dicho debate por el flamante nuevo presidente del gobierno no representan ninguna novedad. De hecho son la escenificación de una ideología antigua, caduca e inoperante, que se aplica una y otra vez con obstinación recalcitrante y suicida a pesar de su probada ineficacia para generar prosperidad y progreso social.
Tanto el señor Rajoy como el resto de las grandes lumbreras neoliberales que en el mundo son están imponiendo por la fuerza una mentalidad atrasada, propia del siglo XVII, que no se ha modernizado nada desde entonces y que ya desde el siglo XIX ha sido científicamente desenmascarada y no solo por el pensamiento marxista. Una mentalidad errónea y perjudicial que sus seguidores no esgrimen como fórmula contrastada por la realidad sino como simple fe, como dogma indiscutible. El neoliberalismo hace tiempo que dejó de ser una ideología política para convertirse en una religión inmune a cualquier proceso racional de crítica. De hecho podemos afirmar que el neoliberalismo ha acabado convirtiéndose en poco más que en una secta destructiva, una ideología dogmática y totalitaria cuyos acérrimos seguidores viven fuera de la realidad, necesitando urgentemente una desprogramación mental para poder tener alguna posibilidad de convertirse en ciudadanos de bien, en personas sensatas y útiles para la sociedad.
El ansia de desrregulación de los mercados procede de los siglos XVI y XVII. En esa época España mantenía el monopolio comercial de la mayor parte de América y los protestantes codiciosos de Inglaterra, Holanda y Francia, impregnados de fanático antipapismo y devorados por la avaricia, clamaban por la libertad de comercio para justificar sus actos de piratería, sus robos, saqueos, asesinatos y violaciones en la América hispana. No han cambiado nada desde entonces. El liberalismo sigue siendo la misma amalgama de odio racial y religioso entreverada con avaricia ciega y desvergüenza total.
Ya el siglo XVII presentó los primeros ejemplos de burbujas capitalistas periclitadas que traían la ruina y el empobrecimiento de la mayoría al precio de concentrar poder y capitales en unos cuantos. En ese sentido es famosa la burbuja de los tulipanes en Holanda (que explotó en 1637), primer ejemplo de lo que, precisamente por seguir aplicando las mismas políticas económicas, financieras y sociales del siglo XVII, estamos viviendo en nuestros días.
Más tarde, en 1862, el economista francés Clement Juglar publicó un libro fundamental en el estudio científico de los ciclos capitalistas y de cómo las crisis que empobrecen a la mayor parte de la población concentrando el poder y el capital cada vez en menos manos, no son una casualidad sino una constante inevitable del liberalismo capitalista. El libro en cuestión se titulaba: Las Crisis Comerciales Y Su Reaparición Periódica en Francia, Inglaterra Y Estados Unidos. Desde entonces existe una demostración científica de que las medidas que los actuales neoliberales proponen para arreglar la crisis únicamente acaban generando más crisis y mayor pobreza. Sin embargo, continúa el dogmatismo ciego y suicida.
Puesto que las críticas de Juglar y otros economistas lúcidos no fueron tenidas en cuenta y la inercia del capitalismo salvaje, de la especulación y de la desrregulación condujo a la terrible crisis de 1929, fue preciso que nuevos estudiosos intentaran corregir los evidentes fallos de la ortodoxia liberal. Fue así como en 1936 Keynes publicó otro libro fundamental: Teoría General Del Empleo, El Interés Y El Dinero.
Keynes, acaso por cobardía, condicionado quizá por la necesidad de desarrollar su carrera en el núcleo duro del capitalismo salvaje, no se atrevió a llevar hasta las últimas consecuencias filosóficas la evidencia que guiaba su trabajo: el hecho de que la ortodoxia liberal capitalista es básicamente errónea y no genera prosperidad y progreso, sino una miseria creciente mientras se concentran el poder y el capital cada vez en menos manos generando una asimetría social que acaba convirtiendo, lo estamos viendo perfectamente en nuestros días, en imposible la democracia.
Keynes se limitó a aceptar el imperfecto y perjudicial capitalismo que constituía la base ideológica del mundo imperialista anglosajón en el que se formó, buscando medios de rectificar las nefastas consecuencias de la total libertad de eso que llaman mercados para no nombrar al gran capital. Desarrolló así una teoría en la que el estado, lejos de cumplir su función democrática de defender y gestionar el bien común, se convierte en un rehén de los intereses del capital ofreciéndose como regulador en tiempos difíciles a través, en última instancia, de socializar las pérdidas del gran capital privatizando en su favor todas y cada una de las plusvalías generadas por la economía del pueblo mediante la regulación sesgada del estado a favor del capital.
El keynesianismo era un elemento de estabilidad para el capitalismo pero se oponía al dogmatismo totalitario de los capitalistas irredentos del nuevo imperio en auge, los Estados Unidos, y fue por ello apartado imponiéndose con furia el nefando fundamentalismo de los nuevos amos del mundo.
Fueron estos quienes, mediante los tratados de Bretton Woods en 1944, impusieron el dogma neoliberal sobre el mundo creando, de paso, un entramado de instituciones internacionales y una "legalidad internacional" que no vienen a ser otra cosa que organismos mafiosos para imponer por la fuerza dicho dogmatismo.
Que los organismos y la "legalidad" internacional solo sirven para proteger los intereses del gran capital, y que son medios de imposición de los mismos y su dogmatismo totalitario al mundo, nos lo demuestra cualquier análisis, siquiera somero, de su funcionamiento. La ONU, por ejemplo, a través de sus políticas de desarrollo agrario lleva medio siglo favoreciendo los intereses de las grandes corporaciones aun a costa de arrojar a la miseria a millones y millones de pequeños campesinos. No hace mucho (¿se acuerdan de la gripe A?) vimos como la OMS se utilizó para llenar los bolsillos de una multinacional farmaceutica vinculada a miembros del gobierno de los Estados Unidos, los mismos que, con similares intereses bastardos, forzaron la invasión de Iraq...estamos hartos de ver como el FMI siempre que interviene es para empobrecer a la población, recortarle sus derechos y favorecer a las grandes corporaciones permitiéndoles enriquecimientos ilegítimos. Hartos de comprobar como la OMC ataca el sector público en todos los países para convertirlo en negocios privados que favorezcan a las grandes corporaciones, como la Unión Europea sigue el mismo camino...
Toda la legalidad internacional es un fraude, todos los organismos internacionales son eslabones de la misma cadena mafiosa. No hay salvación para el pueblo dentro de esa ortodoxia inamovible. Eso es un hecho y cualquier político que pretenda mantenernos afectos a esos mecanismos es un estúpido o un traidor, en cualquier caso un individuo indeseable y perjudicial para la sociedad que pretende dirigir. De hecho también empezamos a estar hartos de ver como los políticos después de empobrecer a sus pueblos y de arrebatarles sus derechos son premiados en el sector privado, acumulando puestos, sueldos y prebendas por parte de las grandes corporaciones que han favorecido culpablemente...
Y, sí, lo que vimos en el debate de investidura de Rajoy no excedió esos límites. Tanto la ultraderecha como la derecha moderada y la pseudo-izquierda representadas en el congreso se limitaron a escenificar una danza macabra enmarcada en ese escenario perjudicial y predeterminado de la ortodoxia neoliberal. Triste, muy triste...
Y seguramente lo más triste de todo fue contemplar al señor Cayo Lara invocando medidas keynesianas, es decir: de total acatamiento al capitalismo, en el marco de un anticuado discurso económico sin duda válido para épocas anteriores a la deslocalización y que no apuntó en ningún momento contra los verdaderos enemigos del pueblo ni presentó soluciones para escapar a su control, si esa es la izquierda que nos espera...estamos muertos.
En fin, solo queda un camino: construir la alternativa en la calle y desde la calle. Y luego tomar el poder y desconocer conscientemente la llamada "legalidad internacional"...llegan tiempos de lucha o sometimiento total. Habrá que elegir.
NOTA.- La fotografía es de Pink Sherbet Photography
EL ESCÁNDALO AMAIUR

En un escenario político en el que el PP con menos de un tercio de los votos posibles se considera legitimado para desmantelar el estado y arrebatar al pueblo los escasos derechos que le quedan en lo que no es otra cosa que la escenificación de un disimulado golpe de estado institucional al servicio del gran capital extranjero, el mero hecho de dejar a un grupo de diputados elegidos democráticamente como son los de Amaiur sin grupo parlamentario propio, cuando de hecho les corresponde, solo puede ser considerado un escándalo mayúsculo, un ejemplo más del déficit democrático del régimen de 1978.
No nos engañemos, en estas páginas seguimos defendiendo que dicho régimen carece de legitimidad, como poco desde el volantazo de mayo de 2010, y por lo tanto todos sus actos son ilegales e impuestos como simple tiranía, incluyendo las elecciones generales. En ese sentido no concedemos a los representantes de Amaiur más legitimidad que a los del PP o del PSOE. Pero el hecho es que el corrupto sistema todavía no ha sido derribado y que sus reglas de juego siguen rigiendo para quienes participan en él.
La principal de esas normas es la igualdad ante la ley. Ya sabemos que no se cumple, que ante la ley unos siempre son más iguales que otros y que precisamente uno de los más claros síntomas del citado déficit democrático es esa asimetría legal, el hecho de que las leyes se redacten para favorecer a una minoría en detrimento de la mayoría y de que se las interprete siempre aplicando la ley del embudo. El caso de Amaiur es tan solo un episodio más de una constante clamorosa e indecorosa que ensucia desde antiguo el régimen vigente.
La excusa para discriminar a los diputados de Amaiur impidiéndoles tener un grupo parlamentario propio es su vinculación con ETA (acusación socorrida que, por ejemplo, también se intentó para lanzar el anatema contra los indignados), la eterna criminalización del diferente, del disidente.
Personalmente no siento ninguna simpatía por el terrorismo etarra (que a menudo ha jugado un papel en exceso conveniente para la limitación del avance democrático en España sirviendo a los intereses de la extrema derecha) y no acepto ni filosófica ni históricamente el nacionalismo vasco, que como el centralista-castellanista y el catalán son una simple construcción de las respectivas oligarquías para defender sus privilegios locales, tampoco soy partidario de la independencia de ninguna parte de España (incluyendo a Gibraltar) pero sí soy un partidario radical de aquello que es justo y de la democracia.
Y, por mucho que le pese a la derecha española, empezando por el rey (que mostró la más pésima educación democrática en su recibimiento al representante de Amaiur en la Zarzuela) tan democrática y legítima fue la elección de los diputados de la coalición nacionalista vasca como la de los vendepatrias del PP, de Foro Ciudadano o de UPyD (a quienes, precisamente por representar opciones derechistas, se les ha permitido forzar el reglamento parlamentario para constituir un pastiche con derecho a grupo propio). No debe olvidarse que Amaiur recibió aproximadamente el 20 % de los votos en Álava y Vizcaya, el 15 % en Navarra y el 35 en Guipuzcoa...y que, independentistas o no, los ciudadanos que emitieron esos votos siguen siendo ciudadanos españoles con el mismo derecho que todos los demás a ver representado su voto en el parlamento. Aplicarles la consabida ley del embudo, aparte de una torpeza monumental (el independentismo se combate mejor con la justicia, la equidad y el consenso que con la imposición, el caciquismo y la prestidigitación política), es sencillamente un insulto a la democracia. Una prueba incontrovertible de que el régimen partitocrático de 1978 no es más que la prosecución del franquismo por otros (y amañados) medios.
Así que lo dicho: la injusticia sufrida por los diputados de Amaiur en el congreso de los diputados no solo es escandalosa, es un síntoma de la putrefacción del régimen, un acto estúpido y antidemocrático que, si cabe, resta todavía más legitimidad a un régimen ya de por sí tiránico e incompetente en cuanto sistema democrático.
NOTA.- La fotografía es de bizantine.
A LO MEJOR ES QUE SOMOS TONTOS (OTRA VIÑETA DE LA REPRESIÓN EN ESPAÑA)

Una de las mejores secuencias de la película American History X es aquella en la que el compañero de prisión negro le cuenta al nazi en proceso de redención los motivos de su detención y condena. Si no recuerdo mal, la cosa venía a ser más o menos así: el negro, pequeño delincuente, había robado un televisor y huía con él cuando fue interceptado por un policía (blanco, por supuesto) que le apuntó con la pistola intimidándole para que levantara las manos. Él, obviamente asustado, sabiendo como las gasta la policía fascistoide de los Estados Unidos, obedeció de inmediato: levantó las manos dejando caer el aparato de televisión sobre el dedo gordo del pie del policía que le acusó, nada menos, que de intento de asesinato, motivo por el cual cumplía una larga condena de cárcel.
Confieso que esa historia me hizo sonreír cuando vi la película. También pensar. Ayer leí una muy parecida en los medios de comunicación y no sé si estuvo más cerca de hacerme llorar o de enfurecerme hasta la náusea. Desde luego la sonrisa se me congeló en los labios en un rictus de asco y amargura.
La historia es conocida, imagino que no cogerá de nuevas a ninguno de mis lectores. Sucedió en Leganés donde un grupo de personas decentes trataba de evitar inútilmente otro desahucio más, otra oportunidad fraudulenta para un banco de poder vender dos o más veces el mismo bien destrozando por el camino la vida de una o varias familias, una consecuencia más de la estafa piramidal que llaman democracia y no es otra cosa que un régimen de latrocinio consentido a la oligarquía y el capital.
Por supuesto ese acto innoble y despreciable (aunque legal) contó con todos los beneplácitos del estado, de ese régimen corrupto que nos venden como democracia y es simple dictadura del capitalismo salvaje, de los más avariciosos, corruptos y despreciables sobre la buena gente. Allí estaban los representantes de eso que llaman "justicia" y, cómo no, las "fuerzas del orden"...los antidisturbios, cuyas maneras de actuar empezamos todos a conocer demasiado bien.
El desahucio no pudo pararse, la gente presente protestó contra la injusticia cometida, algún mando se puso nervioso, sintió hervir en su sangre el hálito fascistoide tan común en muchos uniformados, le salió el "mandoporcojones" y el "aquísecallatodoel mundoporquesoylaautoridad"...y optó por pasarse la libertad de expresión por el arco del triunfo, defecar sobre el más elemental concepto de democracia y exhibir su innata chulería de brigada chusquero poniendo a quienes protestaban contra la pared y procediendo a identificarlos sin otra intención que la de amedrentarles a ellos, la de sembrar el terror en cualquier otro ciudadano díscolo (la policía lleva desde el 15 de mayo ejerciendo un terrorismo de estado de baja intensidad, pero terrorismo de estado a fin de cuentas contra los ciudadanos que se limitan a pedir democracia verdadera y el fin del latrocinio tolerado por el estado) y, ya de paso, la de putearles (utilicemos esta expresión coloquial) asegurándoles una multa por el mero hecho de protestar contra la injusticia y atreverse a cuestionar el inmoral papel de la policía dentro del entramado del trinque consentido y del insulto a la vergüenza y la decencia que es el régimen actual.
Pero no quedó ahí la cosa. Hubo detenidos. En concreto un fotógrafo, Eduardo León, al que cierto policía acusó de haberle agredido...¡con su máquina fotográfica!...cosa que cuanto menos parece poco plausible. Cualquiera que practique la fotografía a cierto nivel o tenga amigos fotógrafos sabe que con el material no se juega, es carísimo. De modo que cuando alguien afirma haber sido golpeado por un fotógrafo con su cámara hay que dudar, y mucho. Cuando ese alguien es un policía en un operativo antidisturbios después de haber visto este verano como se dedicaban a apalear impune y salvajemente a los indignados, a los laícos, a todos esos que con un vocabulario propio de neonazis peligrosos tildan de guarros y tenían la poca vergüenza de contar heridos entre los suyos (armados y protegidos hasta los dientes)...en fin, la credibilidad del argumento es poca por no decir ninguna. Viene a ser como el cuento del intento de asesinato por soltar un televisor que comentábamos al inicio de este artículo o cuando los americanos, deseosos de callar a la prensa crítica con su latrocinio iraquí, asesinaron de un cañonazo a José Couso argumentando que se habían creido amenazados por un supuesto lanzagranadas.
Básicamente esa sería la impresión que le quedaría a cualquiera con dos dedos de frente escuchando ese zafio intento de inculpación que por otra parte habla muy a las claras de la susceptibilidad casi psicopática del denunciante, de su bajo umbral de resistencia al dolor y de su escasa inteligencia , circunstancias, al menos las dos primeras, que deberían bastar para excluirle del servicio. Sin embargo hay más, mucho más.
Resulta que Eduardo León no es un desconocido para la policía de Madrid, es un reportero valiente que lleva todo el año documentando las redadas racistas y por lo tanto anticonstitucionales y contrarias a los derechos humanos que este cuerpo realiza en la capital, hay que suponer, por lo tanto, que le tenían ganas y que aprovecharon que también estaba documentando la ignonimia de los desahucios para vengarse de él.
Lo triste es que según los usos vigentes la palabra del policía es la que se creerá en el juzgado por tener el tipo rango de autoridad (independientemente de la dignidad, probidad y buen sentido con que la ejerza) y el periodista será castigado por el mero hecho de tratar de ejercer su libertad de expresión. Esa es la mierda en la que chapoteamos y que quieren vendernos como democracia.
Y más triste aún es que nos toman por tontos y acostumbrados a que comulguemos con piedras de molino pretenden también colarnos esta. Si no por las buenas ya se encargarán de hacerlo a palos o con multas...aquí hay que creer, bajar los ojos y obedecer. Aquí solo los ricos, los políticos corruptos, los uniformados y los curas tienen derecho a hablar. Los demás debemos callar, dejar que nos roben, que nos humillen, que nos apaleen y nos arrebaten nuestra dignidad humana y nuestra condición de ciudadanos.
En fin, otra viñeta más de la represión en España.
NOTA.- En cuanto a la foto, corresponde a una pintada callejera con intenciones más que claras. La incorporo porque el pensamiento que expresa viene a resumir perfectamente el de la oligarquía y los mercados con respecto a los ciudadanos. Es exactamente lo que pretenden de nosotros, y que nos pongamos en posición docilmente y bien calladitos. Han privatizado nuestros esfínteres, o pretenden hacerlo.


